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Efesios 2:19

“Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos


de los santos y miembros de la familia de Dios,”

Nuestra identidad es ser hijos de DIOS.

Y esta condición nos la ha dado por gracia Dios Padre a través de la obra
redentora de Dios Hijo, el Señor Jesucristo y como nos lo expresa y nos
asegura el versículo leído ya no somos extraños ni extranjeros, sino que
somos conciudadanos de los santos y pertenecemos a la familia de DIOS,
le pertenecemos a Cristo que nos compró con Su Sangre.

Y como consecuencia de esta pertenencia, pertenecemos al cuerpo cuya


cabeza es Cristo, es decir pertenecemos a Su Iglesia y somos miembros de
la iglesia cristiana integral Casa sobre la Roca.

Y sabemos que DIOS nos ha traído a la tierra, y nos ha dotado de dones,


talentos, capacidades, habilidades y otras características que nos hace únicos,
para que a través de los diferentes roles que ejerzamos, aún en nuestros
años dorados, nos apropiemos de ellos y de las responsabilidades que
implican estos roles, para que con un buen sentido de pertenencia los
llevemos a cabo para honrar y glorificar a nuestro Dios.

Pero cuando nuestra identidad es desfigurada por diferentes situaciones ó


actitudes el impacto principal es sobre nuestro sentido de pertenencia y
dejamos de ejercer nuestro rol y nuestras responsabilidades, y fallamos como
miembros de la familia de Dios y de la iglesia.

Por lo anterior y haciéndole una asociación con nuestra característica de


sardinos con algunas arrugas, revisaremos que arrugas logran desfigurar
nuestra identidad, y le pediremos a DIOS que nos lave y aplanche esas
arrugas para que su obra santificadora en nosotros continúe y lleguemos a
tener nuestra identidad intachable y sin imperfecciones.

1.- Considerarnos extraños o extranjeros.

Efesios 2:19 “Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino


conciudadanos de los *santos y miembros de la familia de Dios,”
Si nos consideramos extraños, es decir no aceptados, en la familia de Dios ó
si nos sentimos como extranjeros, es decir que no disfrutamos de todos los
beneficios, es porque no hemos recibido la verdad en que siendo hijos de Dios
nuestra ciudadanía ahora es celeña.

Sin esta verdad, nuestra actitud frente a los demás puede ser el de aislarnos,
el de no compartir en familia, el de no asistir a las reuniones que la iglesia
programa diferentes a las del Domingo y el Miércoles.

Si conocemos a alguien que siendo hijo / hija de Dios se considera extraño ó


extranjero, debemos acercarnos con amor e invitarlo a que se integre a las
actividades programadas en la iglesia para la familia Casa Roca.

Si le pertenecemos a Cristo, no podemos hacer con nuestra vida lo que


nosotros queramos hacer o las circunstancias nos quieran llevar a hacer. El
pertenecerle a Cristo, Dios Hijo, debemos vivir a la manea que Dios quiere
que vivamos.
2.- Dar cabida al miedo
Romanos 8:15-16 15
Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los
esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite
clamar: «¡*Abba! ¡Padre!» 16 El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu
que somos hijos de Dios.
El miedo no nos permite dirigirnos a nuestro Padre Celestial, sino que nos
inmoviliza y nos paraliza. A nuestra edad el miedo viene a consecuencia de
saber que alguien se ha muerto, que los recursos económicos están
disminuyendo, que los achaques de salud pueden llegar, que vamos a
quedarnos solos en nuestra vivienda por unas horas o días.
En estos versículo DIOS nos recuerda que no hemos recibido un espíritu que
nos esclavice nuevamente al miedo, sino que el ESPÍRITU SANTO nos
recuerda que hemos sido adoptados como hijos, le pertenecemos, y que
podemos clamarle a nuestro Padre Celestial, y dirigirnos a él con mucha
confianza, sin irrespetarlo.

Debemos tener una mayor intimidad espiritual para recibir la verdad y la


afirmación del ESPÍRITU SANTO de nuestra pertenencia, de nuestra nueva
identidad
3.- Fijar la mente en la naturaleza pecaminosa
Romanos 8:5
5
Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los
deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan
la mente en los deseos del Espíritu.
Cuando Dios nos recibió en su familia, nos quitó la vieja naturaleza y nos dio
una nueva naturaleza, pero sigue estando como nuestra enemiga: la
naturaleza pecaminosa, y acá el apóstol Pablo nos indica que si fijamos la
mente en los deseos de esta naturaleza pecaminosa estaremos dando cabida
a una arruga que distorsiona nuestra conducta, que desfigura nuestra
identidad, y nos contrasta y nos exhorta para que fijemos la mente en los
deseos del Espíritu Santo y como consecuencia nuestra vida sea conforme al
Espíritu Santo, que nos moldea nuestro carácter y nos hace leales a sus
mandamientos.
Para complementar este punto, revisemos las consecuencias de vivir
conforme a la arruga de fijar la mente en la naturaleza pecaminosa en
contraste con las de vivir bajo la guía del Espíritu Santo:

Romanos 8:12-14
12
Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir
conforme a la naturaleza pecaminosa.13 Porque si ustedes viven conforme a
ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos
del cuerpo, vivirán. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios
son hijos de Dios.

Debemos ser conscientes que nuestra identidad como hijos de Dios, nos
permite disfrutar de la guía del Espíritu Santo y debemos dar muerte a los
malos hábitos.
4.- Tomar venganza

Romanos 12:19
19
No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de
Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré»,[a] dice el Señor.
Si alguien nos hiere, nos ofende ó nos maltrata, no debemos permitir la
arruga del tomar venganza, pues nos estaríamos dejar dominar por los
sentimientos y nos olvidaríamos de las instrucciones de Dios en Su Palabra:
“NO TOMEN VENGANZA…”, y le estaríamos diciendo a Dios, que ÉL no cumple
Su Palabra y que no sabe hacerlo.

Sabemos que este sentimiento de tomar venganza nace del hecho de no


tomar la decisión de perdonar a quien nos ha herido, ofendido o maltratado; y
hemos aprendido que cuando no perdono el más perjudicado soy yo mismo,
cuando tu no perdonas el más perjudicado eres tú mismo. Si mantengo mi
identidad como hijo de Dios sin desfigurar, cada mañana en mi devocional me
comprometo con Dios a tomar la decisión de perdonar a quien me cause
daño, y así me sostengo después de haber perdonado a todos los que me
causaron daño en mis pasados años de juventud y adultez.
5.- El afán y la ansiedad

(Mateo 6:25-27; 33-34) De nada sirve preocuparse


25
»Por eso les digo: No se preocupen por su *vida, qué comerán o
beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor
que la comida, y el cuerpo más que la ropa? 26 Fíjense en las aves del cielo:
no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre
celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? 27 ¿Quién de
ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso
de su vida?[a]
33
Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas les serán añadidas. 34 Por lo tanto, no se angustien por el
mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus
problemas.
Como sus hijos recibimos la bendición de ser liberados del afán y la ansiedad.
Para esto debemos someter nuestra vida a DIOS, y seguir el camino que DIOS
nos traza cada día, sin que necesariamente sepamos cuál es la meta final
acá en la tierra, de igual manera al someternos a DIOS esperaremos por Su
tiempo sin conocer cuándo será pero con la certeza que será en el momento
oportuno, ni antes ni después. Si confiamos en Dios y no tratamos de
manipular a otros, ni de forzar nuestra agenda, ni de controlar la situación, es
porque nos hemos sometido más y en lugar de tratar con más fuerza
decidimos depositar nuestra ansiedad y nuestra confianza en ÉL.
Debemos buscar en primer lugar el reino de DIOS y Su Justicia, no angustiarnos
por el mañana, y recordar la fidelidad de DIOS en los más de 50 años atrás.
Debemos decirle NO a las preocupaciones del comer, de la bebida, del
vestido, al afán, a la ansiedad, al estrés, a la depresión, y declararles que
nuestro Padre Celestial se encarga de satisfacer nuestras necesidades.

6.- Ser soberbios u orgullosos


Santiago 4:5-7
5
¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu
que hizo morar en nosotros?[a]6 Pero él nos da mayor ayuda con su gracia.
Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los
humildes.»[b] 7 Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de
ustedes.
Esta arruga, la soberbia ó el orgullo, desfigura nuestra meta de ser humilde
como el Señor Jesucristo lo es. Al ser humildes reconocemos nuestra
dependencia de DIOS y nos lleva a ser obedientes. La verdadera obediencia
está en un espíritu que se comunica permanentemente con el Espíritu Santo y
en lugar de hacer lo que la realidad, del mundo, nos empuja a realizar,
decidimos hacer lo que DIOS nos dice, nos revela, que hagamos.
La obediencia es una manifestación de nuestra fe en DIOS, de nuestra
confianza en ÉL, es una clara prueba de que le creemos y aceptamos que Su
Palabra es la Verdad.

Cuando no le obedezco a DIOS, es porque mi identidad está desfigurada por


el orgullo o la soberbia. Es porque considero que lo hago mejor que DIOS,
que mi manera es mejor que la de DIOS. En los versículos leídos hallamos
que DIOS se opone a los orgullosos, por lo tanto llevamos la de perder, así a
corto plazo no lo notemos, pero tener la oposición de DIOS nos lleva a no ser
fructíferos verdaderamente.

El versículo nos asegura que a los humildes DIOS les da Gracia, y es Su


Gracia la que acompañada con la autoridad recibida de ÉL nos permite creer,
pensar, sentir y accionar para ser instrumentos de DIOS acá en la tierra, ser
Sus embajadores.