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Aliados americanos

Publicado el 29 mayo, 2017 por laamericaespanyola

Fueron numerosos los aliados americanos que apoyaron a los españoles en el Nuevo
Mundo. Sin ellos, “la conquista” no se hubiera producido, dado su escaso número (y no
solamente al principio), por lo que muy probablemete la historia habría sido otra. También
se podría haber contado la historia de la conquista de América como la liberacion de los
pueblos americanos más débiles, sometidos por los mas fuertes. Pero esa también sería otra
historia.

El mismísimo Cristóbal Colón, que llegó a las nuevas tierras allá por finales del siglo XV
tenía clarísima la consigna de que había que entablar contacto con los nativos de forma
amistosa, saludarles, darles regalos y preguntarles por las rutas y productos existentes. Es
lógico que cuando se llega a un lugar sin saber nada o muy poco sobre el mismo tu mejor
guía, asesor y ayudante vaya a ser el que sí lo conoce.

Guacanagarix con Cristobal Colon

Ya en las islas del Caribe comenzaron muy pronto las alianzas. En la mayoría de
ellas siempre hubo tribus que se aliaron con los españoles como la del
cacique Guacanagarix en la isla de La Española y Agüeybaná y Caguax en la isla de San
Juan Bautista (Puerto Rico).

De los cinco caciques de la isla de La Española, cuatro se rebelaron contra los


españoles: Caonabo, Guarionex, Behechio y Cayacoa. La excepción
fue Guacanagarix, cacique del territorio de Marien, donde Colón desembarcó la primera vez
y con el que mantuvo siempre su alianza.
Agüeybana recibe a Ponce de león

En Puerto Rico, el cacique Agüeybanárecibió a Juan Ponce de León amablemente cuando


éste desembarcó en 1508 con la intención de asentarse en la isla, recibimiento que imitaron
otros muchos caciques. Luego, Agüeybaná auxilió a Ponce de León en sus exploraciones.
Los sucesivos intercambios entre ambos jefes reflejaban una alianza pacífica entre los
habitantes de la isla y los españoles. Agüeybaná, según las costumbres taínas, se convirtió
en guaitiao de los recién llegados, es decir, aliado o amigo de los extranjeros.

En el continente fueron numerosas y relevantes las alianzas, tanto al inicio de la conquista


como en años sucesivos, e incluso durante los procesos de independencia de las naciones
americanas.

En México, los pueblos sojuzgados por el Imperio Méxica no


dudaron en apoyar a Hernán Cortés para quitarse el yugo al que estaban
sometidos. Totonocas y Tlaxcaltecasfueron decisivos en las batallas sobre la capital del
Imperio, Tenochtitlan.

El cacique gordo de Cempoala (totonaca), ofreció su sobrina a Cortés como medio para
ratificar la alianza política establecida“. Los
pueblos xochimilcos, otomíes, huejotzingos, cholusenses, chinantecos y chalqueños, se
sumaron a Tlaxcaltecas y españoles.
totonacas

Antes de emprender el definitivo ataque contra Tenochtitlan, Cortés habló a su ejército y a


sus aliados en Texcuco:

” ...Ninguno de vosotros blasfemará del nombre de Dios ni de la Virgen María. Nadie armará
pendencias con sus compañeros, ni pondrá mano a su espada para ofenderles. Ninguno
hará violencia a mujeres, bajo pena de la vida. Nadie quitará la propiedad a su prójimo.
Nadie castigará a indio alguno salvo que sea su esclavo. Nadie se entregará al pillaje de
casa particular, a menos que el general lo disponga. Ningún español tratará mal a los
aliados americanos, antes al contrario, hará cuanto posible sea para mantenerse con ellos
en buena armonía”.

En el territorio de Nuevo León, la ayuda por parte de los Tlaxcaltecas fue notable. Desde su
alianza con Hernán Cortés se habían convertido en eficaces colaboradores de los españoles.

El virrey Luis de Velasco firmó capitulación con la República


de Tlaxcala (14 de marzo de 1591) para que cuatrocientas familias pasaran al norte,
concediéndoles iguales privilegios que a los españoles, tales como recibir mercedes de
tierras, usar armas, anteponer a sus nombres el tratamiento de don, montar a caballo, etc. Con
estas familias fue sistemáticamente establecida una cadena de pueblos: Mezquitic, Venegas,
Venado, San Luis Potosí, Guadalcázar y Santa María. En ese mismo año de 1591 fundaron,
en los aledaños de Saltillo, el pueblo de San Esteban.
Pedro de Alvarado, uno de los capitanes de Cortés, que había partido

en 1524 hacia el sur a la conquista de Guatemala, llevó en su


ejército Tlaxcaltecas y otros mesoamericanos. Una vez en territorio guatemalteco se alió con
los Cakchiqueles, uno de los pueblos mayas indígenas de las tierras altas del medio oeste
de Guatemala. Con su alianza derrotaron a los Quichés, los zutuhiles y los pipiles y
conquistaron la ciudad de Iximché.

Kaqchikeles

La primera capital española de Guatemala, Tecpán Guatemala, fue fundada cerca


de Iximché el 25 de julio de 1524. Posteriormente también los Quichés se unirían a los
españoles.

En el Perú del Imperio Inca, antes de la guerra civil entre Huáscar y su hermano Atahualpa,
los pueblos Huancas, Cañaris y Chachapoyas vivían sometidos al Inca.

Durante dicha guerra civil, los Cañaris tomaron partido por Huáscar. Atahualpa había
conseguido el apoyo de la confederación norteña (Caranquis-Quitus-Puruhaes), y bajó a
Tomebamba para pactar una alianza con los Cañaris. Sin embargo estos ya habían tomado
partido por Huáscar, por lo que acabaron con la guardia de Atahualpa y a él mismo lo
apresaron.

Cañaris
Atahualpa consiguió escapar y volver a Quito, donde después de reunir a sus ejércitos,
regresó a Tomebamba, e hizo una masacre generalizada de todos los Cañaris, destruyendo
su ciudad.

Casi desde la misma llegada de los españoles a Tumbes, algunos curacas tallanes no dudaron
en apoyarles y en el viaje de Pizarro hacia Cajamarca, tanto ellos como los chimús les
advirtieron de que se cuidasen de Atahualpa.

Derrotado y hecho prisionero Huáscar por el ejército de Atahualpa, tanto sus seguidores
como sus aliados, decidieron unirse a Pizarro al que le aportaron apoyo logístico y militar
para derrotar a los incas rivales.

Después de que Francisco Pizarro capturase a Atahualpa en Cajamarca, los Cañaris fueron
a entrevistarse con el jefe español. Su odio contra Atahualpa era tan fuerte que serían el
primer grupo étnico del Imperio Inca en formar alianza con los recien llegados. Poco tiempo
después de que se unieran los Cañaris, Pizarro recibiría también el apoyo de
los Chachapoyas, de los Huancas y del huascarista Manco Inca.

Con todos ellos partió hacia la conquista del Cuzco. Durante el dominio español,
los Cañaris lo aceptaron y se convirtieron a la religión cristiana, guerreando durante años
contra los Incas rebeldes de Vilcabamba. Finalmente Cañaris y españoles derrotaron a los
Incas en la Batalla de Sacsayhuamán.

Los Cañaris también se unieron a las huestes de Sebastián de Benalcázar en su conquista


del reino de Quito. En la “Relación” de Tomebamba (localidad al norte del imperio inca), se
afirma que tanto la presencia de Benalcázar en estas tierras (primer español que lo hizo),
como la posterior de Almagro, fue motivada por el llamamiento que a ambos hicieran los
principales caciques Cañaris.

No hay dudas respecto a la actitud que adoptaron


estos belicosos pueblos del norte de Quito, enemigos de los descendientes del Inca Huayna
Capac, demostrado por las informaciones existentes, que fue igualmente absoluta su lealtad
a la Corona de España y otro tanto cabe decir de los Chachapoyas, no solo de los que estaban
presentes en el Cuzco a la llegada de Pizarro, sino de toda la población de la tierra explorada
por Alonso de Alvarado en 1535.
Como consecuencia de la enemistad de los Chachapoyas con sus vecinos, la alianza con los
españoles fue aún más firme. Cieza de León dice que cuando Alvarado llegó en compañía de
sus hombres, trece en total, a Cochabamba: “.. fueron bien recibidos de los naturales, porque
de toda la comarca los vinieron por los ver mostrándose como amigos…”. Cieza menciona
un ejército de tres mil guerreros indígenas confederados con Alvarado para someter a los
grupos indígenas de la región oriental de Chillao (en el centro del alto Marañón), que se
habían mostrado hostiles a los españoles y destaca la gestión decisiva de un principal de los
aliados, llamado Guamán, que logró avenir las voluntades de los belicosos defensores de
Chillao.

La política de establecer alianzas con los indígenas fue una estrategia que Alonso de
Alvarado cultivó con una prudencia que Cieza de León, tan crítico con la conducta de

algunos conquistadores, reconoce sin reservas. De la


firmeza de esas alianzas y de la lealtad de los indígenas que las sucribieron, da fe una relación
escrita por un indio “ladino”, natural de Cochabamba, hijo de un cacique principal, que
amplía la información de Cieza sobre el Guamán“embajador” de Alonso de Alvarado. A
cambio el indio hace una petición de mercedes a la Corona como recompensa por su larga
colaboración en las campañas de la conquista del Perú.

Huancas bailando la danza huaylas

Los Huancas por su parte celebraron la venidadelos españoles (esperaban librarse de la


esclavitud de Atahualpa) y los consideraban sus salvadores, por lo que se unieron a
ellos. El 9º Inca Pachacuti les había infligido un enorme castigo por haberse sublevado
contra su imperio. Mandó cortar las dos manos a los hombres y la mano derecha a las
mujeres. Desde entonces habían estado sometidos al estado Inca.
Escudo otorgado por Felipe II al pueblo Huanca

Abastecieron y equiparon a sus nuevos aliados con ganados, comida y ropa. Y en su


momento, a la hora de enfrentar la última resistencia militar de las huestes que permanecían
leales a Atahualpa, españoles y Huancas decidiron jugarse el “todo por el todo”. Más tarde,
con miles de guerreros, contribuirían a combatir la resistencia de Manco Inca.

Fueron reconocidos por la Corona de España por su ayuda en la lucha contra los incas. Felipe
II les otorgó un blasón en señal de la unión entre ambas naciones. Los curacas y la nobleza
huanca recuperaron sus privilegios y el gobierno español mediante Real Cédula prohibió el
establecimiento de latifundios en territorio huanca.

La enemistad de estos pueblos en general con las autoridades incas había sido tradicional y,
desde el inicio de la marcha sobre el Cuzco, ya se ha dicho que acompañaron a los españoles.
El cronista Sancho de la Hoz, secretario de Pizarro, nos ha dejado importante información
sobre estos pueblos, que colaboraron en el asentamiento de los españoles en Xanxa, Perú:
“… celebrando mucho su venida, porque con ella pensaban que saldrían de la esclavitud en
que los tenía aquella gente extranjera (refiriéndose en este caso a los incas). El mismo
cronista nos informa también de que en Andahuaylas (al sur del actual Perú): “…hubo
gente procedente de comarcas vecinas que venían huyendo de las tropas quiteñas que desde
el Cuzco dominado por Quizquiz actuaban en toda la región en una campaña devastadora;
y desde luego ha sido suficientemente resaltado el apoyo que Manco Inca brindó en un
principio a los españoles“

Cuando Hernando Pizarro lideró la defensa del Cusco contra el asedio de Manco Inca,
doscientos soldados españoles estaban apuntalados por “más de treinta mil indios auxiliares”,
entre los que se contaban muchos Cañaris y Chachapoyas.

Poco más tarde, cuando los incas cercaron la ciudad de Lima, colaboraron en el
levantamiento del cerco los yungas de Lima (Lurigancho, Surco, Chilca), los huaylas de los
Andes Centrales y nuevamente sus vecinos, los Huancas. También vecinos de éstos,
los yauyos, los tarmas y los chankas, mostraron en otro momento su alianza con los
españoles.
El historiador peruano Waldemar Espinoza, en la destrucción del Imperio de los Incas, por
su parte, centra casi toda su atención en el papel descollante que, como aliados de los
conquistadores españoles cumplieron los Huancas de los ricos valles agrícolas de Jauja,
Concepción y Huancayo, en los Andes Centrales del Perú.

En otro momento de la historia, durante el proceso de independencia del Perú, los ejércitos
realistas tenían un numeroso componente de indígenas. Eran descritos por sus superiores,
como el general Pezuela, como soldados dispuestos a hacerse matar en sus puestos. Lo
curioso, es que después de tres siglos de presencia española en esos territorios, la mayoría de
esos indios no hablaba la lengua de Cervantes; sus lenguas nativas, siendo el quechua y
el aymara las mayoritarias, estaban protegidas por las leyes de la Corona, razón por la cual
muchos mandos medios españoles aprendían sus idiomas para darles instrucciones en batalla;
no es de extrañar que hubiera tal lealtad a España, que siempre fue muy respetuosa con las
tradiciones y culturas locales de sus súbditos.

En el Perú se conformó el regimiento de Nobles Patricios del Cuzco, cuyo cuerpo de


oficiales estaba compuesto por los descendientes de las 13 casas de sangre Inca. Es decir, en
plena guerra de independencia, los descendientes del imperio Inca continuaban con el estatus
de nobleza de sus ancestros dentro de la estructura social española.

Territorio Guaraní

En la región del Río de la Plata, los Guaraníes se aliaron con los españoles para
defenderse de sus grandes enemigos, los guaykurúes de la vecina región de Chaco y de
los ataques de los portugueses. Cuando a mediados del siglo XVI los primeros españoles
llegaron a tierras de los Guaraníes en el Paraguay, un gran número se aliaron con ellos. Los
españoles se integraron en la región utilizando el sistema tradicional de este pueblo, de
intercambio de bienes y mujeres. Muchos españoles tuvieron hijos con mujeres guaraníes,
y esos mestizos formaron una población criolla. Así fue como el idioma guaraní se hizo
general en zonas del nordeste argentino y del Paraguay, país donde aún hoy gran parte de la
población es bilingüe.
Mujer Guaraní

La mujer indígena, desde su rol de procreadora, se convirtió en el primer nexo de unión


entre Guaraníes y españoles, a la vez que integraba en el incipiente orden colonial a toda su
parentela, que enseguida les reconoció el estatus de tovayá o “cuñado”.

A través del matrimonio de sus hijas, los Guaraníessellaron una alianza, que tambien
incluyó a los mas ilustres de ambas naciones, como fue el caso de las uniones de los capitanes
Gonzalo de Mendoza con doña Isabel de Irala y Pedro de Segura con doña Ginebra de Irala
en los últimos años de su gobierno.

No por ello dejó de haber abusos, por lo que La Corona prohibió las rancherías en 1543, en
dos Reales Cédulas en las que se suspendían conquistas y descubrimientos en el Río de la
Plata: «…Por cuanto somos informados que en las nuestras Indias se han hecho y hacen
entradas rancherías […] y los naturales de ellas han recibido y reciben daño y queriendo
poner el remedio de ello […] mandamos que ninguno y algunas personas de cualquier estado
y condición que sean, sean osados a hacer entradas, rancherías.»

misiones jesuiticas

A partir del siglo XVII, los sacerdotes jesuitas instalaron varias misiones para aborígenes en
el Paraguay, el sur de Brasil y el nordeste argentino. Allí, muchos Guaraníes encontraron
protección contra los abusos. Las misiones constituyeron un importantísimo freno a las
aspiraciones expansionistas de los lusos, que liderados por los bandeirantesse dedicaban a la
caza de indios para venderlos como esclavos en São Paulo y Río de Janeiro.

Tras varias incursiones lusas en 1641, una gran tropa de bandeirantes paulistas fue vencida
en la batalla de Mbororé. Aunque volvieron a atacar en 1562 y en 1676 el Gobernador de
Paraguay consiguió detenerlos gracias a la participación de las milicias jesuitas.

Estos frecuentes ataques de los bandeirantes obligaron a una mayor militarización de las
misiones. Las reducciones empezaron a fortificarse y a formar milicias armadas con armas
de fuego y entrenadas en tácticas de guerra modernas, gracias al entrenamiento con veteranos
de las guerras europeas. De esta manera se constituyeron milicias permanentes a las que, a
cambio de participar en campañas convocadas por los Gobernadores de Asunción y Buenos
Aires, se les liberaba de la mita. Los Guaraníesaportaron numerosos contingentes de tropas
en las batallas por la Colonia de Sacramento en los años 1680, 1704 y 1735 con hasta 4.000
guerreros en cada ocasión.

Desde los primeros tiempos de la conquista de América, la corona española otorgó a los
indios o naturales americanos, el mismo estatus jurídico de hombres libres, equiparándolos a
los vasallos peninsulares. Esta era la condición que tenían los Guaraníes en el Virreinato del

Perú.

En Norteamérica, en La Florida, los Timucuas y los Apalachees fueron aliados de los


españoles ante los ataques de los ingleses y los Creek, que se recrudecieron a partir de 1700
desde Carolina del Sur. En 1793 los pocos centenares que quedaban, se marcharon con los
españoles cuando estos abandonaron Florida, y unos pocos restantes se unieron a los
seminolas.
yamasee

Los Yamasee que contactaron con los blancos por primera vez en 1521, con la expedición
de Ponce de León, no estuvieron libres de su influencia hasta el siglo XVII, cuando
decidieron ir hacia San Agustín, Florida, y ahí se vieron involucrados en las guerras entre
españoles e ingleses para dominar la región. Aunque inicialmente ayudaron a los españoles,
finalmente en 1687 se rebelaron contra ellos al permitir que los ingleses expulsaran a los
españoles de las Carolinas, a cambio de un asentamiento en la zona, cuyo nombre no quedó
registrado. Al firmarse el Tratado de París de 1763, por el que se cedía a Inglaterra el
territorio conocido como Florida, los Yamasee establecidos en él se trasladaron a Cuba con
los españoles.

Niño guajiro

En la frontera colombo-venezolana, los indios Guajiros históricamente han ocupado una


buena parte del territorio. En sus dominios, fueron una total maldición para las tropas
independentistas. Muchos de los refuerzos de los ingleses, entraron por esa zona al país y en
los anales de la historia militar británica hay volúmenes enteros que hablan de la feroz
resistencia de esos nativos a los que llamaban bárbaros, pero que los reconocían como
valientes y decididos por la causa del rey de España.

Caquetios de Coro, Venezuela

En Venezuela todavía resuena la feroz lucha de los indios Caquetios de Coro, que fueron
más realistas y españoles que numerosos criollos blancos. Estos indios fueron leales a España
desde la conquista, habían rechazado a los piratas ingleses y franceses durante los siglos XVI
y XVII y cuando llegó la guerra de la independencia, combatieron sin descanso a las tropas
de Francisco Miranda. Sus últimos reductos fueron finalmente derrotados en 1823. Su lealtad
fue castigada con sangre, ya que de los más de 8.000 indios Caquetios que habitaban la
localidad antes de la guerra, poco menos de 1.800 sobrevivieron al conflicto.
En Chile, los ofrecimientos de las tribus indígenas de
ayuda logística y militar a la causa del rey tuvieron un carácter permanente. En 1813 el
cacique Villacurá se declaró a sí mismo y a sus gobernados como leales al Rey y dispuso
todos sus recursos para combatir hasta el último hombre en la defensa de Chillán.

En 1817 media docena de caciques y otros tantos nobles ofrecieron al rey todos sus medios
para la lucha. Los jinetes Araucanos eran sumamente habilidosos y respetados por los
españoles, siempre combatieron con sus ropajes tradicionales, como lo hicieran los pueblos
nativos europeos junto a los romanos. A todos sus nobles se les daban posiciones de oficiales
en el ejército y vestían con el decoro propio de Europa.

mujer mapuche

Por su parte los Pehuenches combatieron a muerte en todo el territorio continental chileno y
en la Patagonia argentina contra las fuerzas independentistas. Su lucha fue tan extensa que
no fueron derrotados hasta el año de 1832, tiempo para el cual, las batallas por la
independencia como las de Ayacucho, Pichincha y Junín eran historia casi olvidada. En el
cono sur también los españoles contaron con el apoyo de
los lafkenches, wenteches, boroganos, reches y en general todo el mundo Mapuche.

Concluyo con un párrafo admirable de Carlos Arturo Calderón Muñoz en sus “Cartas
desde Colombia: Los indios del Rey”:

“Desde San Bonifacio de Ibagué, Colombia, el mestizo que esto escribe no puede aceptar
que los indios lucharan obligados a favor del Rey. España no tuvo colonias, sino provincias.
La madre patria era la tierra de seres alegres y orgullosos que desconocían el rigor del
mundo feudal de la edad media, eran libres, o arrogantes dependiendo quien los juzgue,
gracias a que habían aprendido a vivir bajo el cerco enemigo. No se rindieron, sino que
hicieron de la lucha por la subsistencia su actuar habitual, rendirse nunca ha sido su
costumbre. Eran herederos de Roma por lo tanto llevaban civilización, no arrasaban en
obras de saqueo masivo como suele hacerlo el Islam. El aymara, el quechua, el guaraní, los
múltiples dialectos mayas, las más de 65 lenguas indígenas de mi natal Colombia y muchos
otros cientos a lo largo del continente sobreviven al día de hoy porque fueron respetadas,
mantenidas y legalmente protegidas por La Corona.“

Fuentes consultadas:

Historia de Méjico. M. de Larenaudiére

http://www.historiadelnuevomundo.com/index.php/2013/03/leyenda-negra-los-espanoles-
eran-enemigos-de-los-indigenas/

http://elmiradorimpaciente.blogspot.com.es/2011/08/cultura-totonaca-ii.html

http://archivohistorico.monterrey.gob.mx/index.php/noticia/5636

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GuaraniesYEspanolesPrimerosMomentosDelEncuentroEnL-3740447.pdf

http://www.alertadigital.com/2016/05/12/cartas-desde-colombia-los-indios-del-rey/

https://www.forosperu.net/temas/aliados-de-la-conquista-o-traidores-huancas-huaylas-
chachapoyas-etc-etc.723156/

https://es.wikipedia.org/wiki/Ca%C3%B1ari

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Posted in ConquistadoresEtiquetado Agueybana,Almagro, Alonso de
Alvarado, Apalachees,Araucanos, bandeirantes, batalla de Mbororé, Batalla de
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