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BLOQUE 12. Normalización Democrática de España e Integración en Europa (desde 1975).

12.1. La Transición: alternativas políticas tras la muerte de Franco. El papel del rey y el
gobierno de Adolfo Suárez. El restablecimiento de la democracia: las elecciones de junio de
1977. La Constitución de 1978. El Estado de las Autonomías. El terrorismo durante la
Transición.
Introducción: muerte de Franco y coronación de Juan Carlos.
Continúa el Gobierno de Arias Navarro.
El Gobierno de Suárez: ¿reforma o ruptura?
La Transición: La ley para la Reforma Política.
Primeros pasos: procedimiento electoral y cesión de los
derechos dinásticos a Juan Carlos.
Legalización de los partidos políticos
Elecciones de 1977
La Constitución de 1977
Evolución política hasta octubre de 1982
El estado de las autonomías.

El 20 de noviembre de 1975 falleció Franco. Dos días


después, Juan Carlos de Borbón fue proclamado rey por EL PRESIDENTE ARIAS NAVARRO ANUNCIA EN TVE LA MUERTE DEL
DICTADOR FRANCISCO FRANCO
las Cortes. Su Gobierno era el que había dejado Franco,
con ARIAS NAVARRO a la cabeza. Pero para entonces la mayor parte de la sociedad era
consciente de que el régimen franquista difícilmente podía sobrevivir. España necesitaba un
sistema político democrático similar al de los países del entorno europeo, aunque casi nadie
deseaba que el cambio llegara mediante la violencia, pues estaba presente el recuerdo de la
Guerra Civil. El momento era difícil, ya que los efectos de la crisis económica se dejaban sentir
en el mundo laboral y el terrorismo no había dado tregua.

Arias Navarro, que ya había anunciado reformas


aperturistas cuando accedió a la jefatura del
Gobierno tras el asesinato de Carrero Blanco, no dio
ningún paso en ese sentido ni antes ni después de la
muerte de Franco. Dimitió en julio de 1976,
probablemente a instancias del rey, que nombró para
sustituirle a ADOLFO SUÁREZ. Este anunció que
elaboraría un programa de reforma política y lo
sometería a referéndum.

Por otra parte, por iniciativa del Partido Comunista,


varios partidos y personalidades de la oposición
habían constituido en 1974 la llamada JUNTA
JUAN CARLOS I JURA LAS LEYES DEL MOVIMIENTO DEMOCRÁTICA para provocar la RUPTURA del
régimen político. La REFORMA anunciada por Suárez
no inspiraba confianza en ese sector, que solicitó hechos concretos
sobre la voluntad y el alcance del cambio político. Estos hechos
llegaron con rapidez, pues en el mismo mes de julio de 1976 se
legalizaron los partidos políticos, se reconoció el derecho a
manifestación y reunión y se concedió una amnistía a los presos
políticos no implicados en delitos de sangre. En agosto se concedían
también libertades sindicales.

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En septiembre, el Gobierno hizo público su proyecto de LEY PARA LA REFORMA POLÍTICA, que
contemplaba la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes. Las Cortes franquistas
dieron luz verde a este proyecto, aceptando así su propia desaparición. El 15 de diciembre de

1976 se celebró el referéndum que arrojó una mayoría


aplastante a favor de la Reforma. Con ello se iniciaba el
proceso, propiamente dicho, de la TRANSICIÓN POLÍTICA.

Entre marzo y mayo de 1977 se dieron dos pasos


decisivos en el camino de la Transición. En marzo se
aprobó el procedimiento para la convocatoria electoral,
que establecía circunscripciones provinciales y dos
cámaras, con listas abiertas para el Congreso y cerradas
para el Senado. En mayo, don JUAN DE BORBÓN cedió a
Juan Carlos sus derechos dinásticos.

Tras la legalización de los partidos políticos en julio de 1976, se fueron inscribiendo como tales
Alianza Popular, PSOE, PNV, PSP (Partido Socialista Popular), Unió Democrática de Catalunya,
UCD (Unión de Centro Democrático), liderada por el propio Suárez y otros grupos menores. La
mayor dificultad residió en la legalización del Partido Comunista, debido a los fantasmas que
despertaba en el Ejército y en los sectores conservadores.

Suárez asumió personalmente esa decisión, que provocó la dimisión de su ministro de Marina.
También hay que destacar el papel del rey en el control del Ejército que, por su estrecha
vinculación con Franco, se contemplaba como el principal obstáculo para la reforma política.

En las elecciones de junio de 1977 los grandes


ganadores fueron la UCD (34,6 % de votos) y el PSOE
(29,3%).

Obtuvieron también escaños el Partido Comunista,


Alianza Popular, PSP, Pacte Democràtic de Catalunya,
PNV, Unió Democrática de Catalunya, Esquerra
Republicana de Catalunya y dos candidatos
independientes. Tras ello los grupos del Congreso
designaron a siete diputados para elaborar un borrador
de la Constitución. Cuando estuvo listo se debatió en el
pleno de las Cortes y, posteriormente, se redactó el
texto definitivo. Fue sometido a referéndum el 6 de
diciembre de 1978 y aprobado con el 67% de los votos
emitidos.

Los PRINCIPIOS DE LA CONSTITUCIÓN de 1978 están recogidos en su artículo 1, que dice:


“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como
valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el
pluralismo político”. La Constitución se organiza en DIEZ TÍTULOS:

 Título I: Derechos y deberes fundamentales


 Título II. La Corona
 Título III. Las Cortes Generales
 Título IV. El Gobierno y la Administración

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 Título V. Relaciones entre el Gob. y las Cortes.
 Título VI. El poder judicial.
 Título VII. Economía y Hacienda.
 Título VIII. Organización territorial del Estado.
 Título IX. El Tribunal Constitucional.
 Título X. Reforma constitucional.

Tras la aprobación de la constitución, se disolvieron las


Cortes y se convocaron nuevas elecciones, que dieron
una nueva victoria a la UCD. La tarea que tenía por
delante el nuevo Gobierno era el desarrollo de los
preceptos constitucionales, algo que resultaba crucial
para la consolidación de la democracia. Un elemento
clave en esos años fue la ofensiva terrorista. 1980 fue el
año más sangriento del terrorismo de ETA, con unos
cien asesinatos, la mayoría militares, policías y guardias
civiles. Eso provocó un gran malestar en el Ejército y
agravó las tensiones internas que ya existían en el seno
del Gobierno de Suárez. En enero de 1981 éste anunció
su dimisión y el partido designó para sustituirlo a
Leopoldo CALVO SOTELO. El 23 DE FEBRERO, cuando se
votaba su investidura en las Cortes, algunos militares
intentaron un golpe de estado.

La necesidad de superar la inestabilidad política


provocada por el golpe propició un acercamiento entre la UCD y el PSOE. El Gobierno de Calvo
Sotelo dio pasos importantes como la firma de un acuerdo con los sindicatos por el empleo, la
promulgación de la ley de divorcio y el ingreso en la OTAN. Pero la UCD se fue desintegrando a
lo largo de esos meses y Suárez la abandonó. Las elecciones de octubre de 1982 dieron una
abrumadora victoria al PSOE.

Con esta alternancia en el poder se da por concluida la Transición.

En cuanto al Estado de las Autonomías, el artículo 2 de la Constitución establece “la indisoluble


unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y
garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la
solidaridad entre ellas”. Posteriormente, el título VIII marca el procedimiento para la
formación de comunidades autónomas y las competencias que estas pueden asumir. En
cuanto al procedimiento, existen dos vías diferentes: el artículo 146, conocido como la “vía
lenta” y el artículo 151 o “vía rápida”.

Siguiendo ese procedimiento, entre 1978 y 1983 se formó el mapa autonómico. Por la vía
rápida, Cataluña (1978), País Vasco (1979), Andalucía y Galicia (1981). Por la vía lenta, el resto
de comunidades, excepto Navarra, entre 1981 y 1983. Navarra se integró mediante la Ley
Orgánica de reintegración y amejoramiento del régimen foral de Navarra (1982). Los estatutos
de autonomía de Ceuta y Melilla se aprobaron mediante leyes orgánicas en 1995.

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12.2. Las etapas políticas de la democracia. Los gobiernos de la UCD. El golpe de Estado de 23
de febrero de 1981. La alternancia política: gobiernos
socialistas y gobiernos del Partido Popular.

Introducción: el fin de la Transición.


El desafío del golpismo.
El desafío del terrorismo.
Los gobiernos del PSOE (1982-1996).
El primer gobierno del PP (1986-1990).
Cambios sociales y económicos.
Cultura.
Mentalidades.

La llegada al poder del PSOE en octubre de 1982 se considera


como el final de la transición política que se inició en julio de
1976 con la Ley para la Reforma Política. Sin embargo, sobre
la joven democracia española todavía se cernían dos sombras
amenazadoras: el golpismo y el terrorismo.

El golpe del 23F de 1991 estaba aún muy reciente y, aunque se procesó a sus principales
responsables, parecía evidente que estos contaban con simpatías entre amplios sectores de las
fuerzas armadas y de orden público. Sin embargo, el peligro de un nuevo golpe se fue
disipando con el tiempo, que fue imponiendo la jubilación de los mandos más nostálgicos del
franquismo.

ETA continuó asesinando a una media de 40 personas al año entre 1982 y 1987. El gobierno
socialista emprendió una GUERRA SUCIA por medio de los GAL, pero no consiguió extirpar esta
lacra y sí que los terroristas aparecieran como víctimas en determinados ámbitos.
Posteriormente, el número de atentados fue disminuyendo, pero todavía hoy sigue
constituyendo un desafío al Estado y una amenaza para la sociedad española.

En las elecciones de 1986 el PSOE renovó la mayoría absoluta, lo que le permitió gobernar en
solitario. En 1989 y 1993 revalidó su victoria, pero ya sin mayoría absoluta. Los catorce años de
gobierno de FELIPE GONZÁLEZ fueron una época de estabilidad política, progreso económico,
mejoras sociales y creciente presencia internacional de España. En 1986 nuestro país entró a
formar parte de la Comunidad Económica Europea y en 1992 se celebraron la Exposición
Universal y los Juegos Olímpicos. Sin embargo, ya por ese año
comenzaron a salir a la luz varios escándalos políticos de gran relieve
(Juan Guerra, Filesa, Luis Roldán, Fondos Reservados, etc.) que
influyeron decisivamente en la derrota socialista en las elecciones de
1996.

El relevo en el Gobierno fue posible gracias a la formación del Partido


Popular en 1989. Este partido sustituyó entonces a Alianza Popular,
que nunca había llegado a superar un techo electoral del 27%. El
Centro Democrático y Social, fundado por ADOLFO SUÁREZ cuando
abandonó la UCD, quedó siempre muy lejos de los resultados
electorales que tuvo esa formación durante el periodo de la
Transición.

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José María Aznar formó Gobierno en 1996 con el apoyo parlamentario de CiU, PNV y Coalición
Canaria. Emprendió una política neoliberal encaminada a cumplir los criterios de convergencia
económica establecidos por la Unión Europea para formar parte del grupo de países que
pondrían en marcha la moneda única: disminución de la deuda y del déficit público, reducción
de la inflación y bajada de los tipos de interés. El auge económico permitió también reducir el
paro. En las elecciones del año 2000 Aznar renovó su mandato con mayoría absoluta.

La sociedad española cambió profundamente durante el último cuarto del siglo XX. Se redujo
drásticamente la natalidad y comenzó un preocupante envejecimiento de la población. El saldo
migratorio dejó de ser negativo y arrojaba a final de siglo elevadas cifras de inmigrantes. En el
ámbito productivo, el sector servicios acaparó la mayor parte de la población activa, en la línea
de los países de nuestro entorno. La mujer se incorporó plenamente al mundo laboral. El
bienestar económico produjo unos elevados niveles de consumo.

El cambio cultural vino determinado tras la muerte de Franco por la extensión del ambiente de
libertad y la irrupción de nuevas generaciones en todos los ámbitos: literatura, cine, teatro,
música, arte, arquitectura, deporte, etc.

El cambio de las mentalidades, iniciado en los 60 con el crecimiento urbano y la irrupción de la


sociedad de consumo, se fue haciendo cada vez más drástico. En los años 80 la mayor parte de
la población había nacido después de la Guerra Civil y su mundo no tenía nada que ver con la
España de los años 40. Del miedo y el autoritarismo habíamos pasado a la libertad y a una
permisividad con pocos límites.

12.3. La integración de España en Europa. Consecuencias económicas y sociales. La


modernización de las infraestructuras. El Programa de Convergencia y la creación del euro.
Entrada en la OTAN
El proceso de incorporación a la CEE
Acuerdo de Schengen
El Tratado de Maastrich y la Unión Europea
La unión monetaria: el euro.
La fallida constitución europea y el Tratado de Lisboa.
Política Exterior y de Seguridad Común.
España en el mundo actual.
Misiones militares bajo mandato de la ONU.

La transición a la democracia abrió el camino para la integración de España en las instituciones


europeas. Tal integración era un deseo compartido por prácticamente todas las fuerzas
políticas. En 1977 se iniciaron negociaciones para el ingreso en la Comunidad Económica
Europea, que por entonces estaba formada por los seis países fundadores (Francia, Alemania,
Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo), más Reino Unido,
Irlanda y Dinamarca. En 1978 ingresamos en el Consejo de
Europa.

El gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo firmó la integración de


España en la OTAN en 1982, pese a no contar con el apoyo
de los partidos de izquierda.

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En marzo de 1986, ya gobernando el PSOE, se
celebró un referéndum sobre la permanencia
en dicha alianza, que se aprobó con un 52,5%
de los votos emitidos.

El 1 de enero de ese mismo año 1986 se hizo


efectiva la integración de España y Portugal en
la Comunidad Económica Europea. Desde
entonces, España está presente en todas las
instituciones comunitarias. A nivel político y
cultural, la integración sirvió para reforzar lazos
con Europa. A nivel económico, supuso la
entrada de fondos europeos. No obstante, algunos sectores agropecuarios e industriales se
vieron perjudicados.

FERNANDO MORÁN (MINISTRO DE ASUNTO EXTERIORES) Y FELIPE GONZÁLEZ (PRESIDENTE DEL GOBIERNO) FIRMAN EL
ACUERDO DE ADESIÓN EN LA C.E.E. EN EL SALÓN DE COLUNAS DEL PALACIO REAL DE MADRID EL 12 DE JUNIO DE 1985

En 1991 España subscribió el Acuerdo de Schengen para la eliminación de las fronteras


comunes y la unificación de criterios en los controles fronterizos externos. Actualmente
forman parte de dicho acuerdo Noruega, Islandia, Suiza y todos los países de la Unión Europea,
excepto Reino Unido e Irlanda.

La Unión Europea se constituyó en 1992 a partir del Tratado de Maastrich y suponía un paso
hacia la unidad de Europa más allá de lo puramente económico. Se sustenta sobre tres pilares:
− Las Comunidades Europeas: unión aduanera; mercado único y libre circulación de
personas, mercancías y capitales; unión económica y monetaria con moneda única y
Banco Central Europeo; unión política con ciudadanía europea, parlamento, comité de
las regiones y política social y regional.
− Política exterior y de seguridad común (PESC).
− Cooperación en justicia e interior.

La unión monetaria propuesta en Maastrich exigió la convergencia entre los estados miembros
en temas como la deuda y el déficit público, la inflación y los tipos de interés. Para ello se

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impusieron recortes presupuestarios, ajustes salariales y privatización de las empresas
públicas. La unión monetaria entró en vigor de forma real el 1 de enero de 2002, cuando se
puso en circulación el euro. Desde ese momento los tipos de interés nacionales son fijados por
el Banco Central Europeo, así como la emisión de moneda circulante, las tasas arancelarias, la
tendencia a homogeneizar los impuestos, normas sobre la libre competencia comercial, etc.

La Unión Europea elaboró un proyecto de Constitución para avanzar en la unidad política. Este
proyecto fue sometido a referéndum en España en febrero de 2005, y aprobado aunque con
escasa participación. Sin embargo, le proyecto se paralizó tras el resultado negativo de los
referéndums de Francia y Holanda. En su lugar, se firmó el Tratado de Lisboa, que eliminaba
los aspectos más controvertidos de la fallida constitución, que eran los suponían pérdida de
soberanía de los países a favor de la UE. Este tratado entró en vigor el 1 de diciembre de 2009.

La PESC se ha encontrado también con serias dificultades por la resistencia de muchos países a
renunciar a una política exterior propia. La disparidad se puso claramente en evidencia en Irak,
con la declaración de independencia de Kosovo y, más recientemente, con la intervención
militar en Libia.

Además del frente europeo, que es el prioritario en política exterior, España mantiene como
prioritarias las relaciones con Iberoamérica y el Mediterráneo.

La presencia española en Iberoamérica se ha incrementado desde el fin del franquismo y se ha


avanzado hacia una relación menos paternalista. El Premio Cervantes, creado para acercar la
literatura de todos los pueblos de habla hispánica dio un nuevo impulso, así como la creación
de los Fondos de Ayuda al Desarrollo y numerosas ONG muy activas en esa zona del planeta.
La presencia española en las Cumbres Iberoamericanas, que desde 1991 reúne anualmente a
los jefes de estado o de gobierno de veinte países americanos junto a España y Portugal ha
consolidado las relaciones políticas y desde el punto de vista de la inversión económica,
España se ha convertido, detrás de EE.UU. en el principal inversor en Iberoamérica.

España se encuentra vinculada con los países mediterráneos europeos a través de sus socios
en la UE (Francia, Italia y Grecia) o de sus aliados militares en la OTAN (los tres citados y
Turquía). Con Marruecos se firmó en 1991 un Tratado de Buena Vecindad y Cooperación que
facilitaba las inversiones españolas en ese país a cambio de una mayor fluidez en el tráfico
comercial marroquí con destino a los países europeos. Con Marruecos y con Argelia se firmó
un acuerdo para la construcción de gaseoducto, terminado en 1996 para el suministro de
energía a nuestro país. Sin embargo, la creciente presencia del integrismo islámico y las
reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla son un obstáculo para el perfecto entendimiento. Con
respecto al extremo oriental, las buenas relaciones que siempre ha mantenido España con los
países árabes sirvió para que en Madrid se celebrar en octubre-noviembre una Conferencia de
paz árabe-israelí: paz a cambio de territorios que supuso el reconocimiento de la jurisdicción
interna de la Autoridad Palestina sobre Cisjordania y Gaza.

Las Fuerzas Armadas españolas iniciaron su participación en misiones internacionales en 1989.


Desde entonces, más de 100.000 militares españoles han sido desplegados en medio centenar
de operaciones en cuatro continentes. Actualmente participan actualmente en la operación
EUFOR-Althea en Bosnia-Herzegovina, en la Fuerza Internacional de Asistencia para la
Seguridad (ISAF) en Afganistán, en la Fuerza Provisional de Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL)
y en la operación Atalanta de la Unión Europea para luchar contra la piratería frente a las
costas de Somalia.