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Primera edició¡r: enero de 2004 fNuce

Colección dirigida por


GABRIELALBIAC
PRU-uoIo
QuÉ nNreNoEMos EN ESTE LIBRo PoR
«DEMOCRAC I A REALMENTE EXISTENTE>) ............... 15

Todo el mLmdo busca la democracia ............ 15


La democracia procedimental no es una democracia política 2l
Dos perspectivas para hablar de la democracia: fundamen-
talismo y funcionalismo z!9
Ideología y política real ........... JJ

CapÍruro I
EL rrnrroaN4eNTALISMo DEMocRÁTICo.
Quedan rigurosamente prohibidas, sin 1a autorización escrita de 1os titulares áe7 copyright, FrrNt»aN,mr.rrALISMo E INTEGRISMo ................... 35
bajo las sanciones establecidas en 1as leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cual-
quier método o procedimiento, comprendidos la reprografia y el fratamiento informático, y Sobre el fundamentalismo en general 35
la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.
La definición del fundamentalismó supone alguna clasifi-
38
O Fundación Gustavo Bueno,2004
@ La Esfera de los Libros, S.L.,2004
El <<momento genérico» y los «momentos específicos» de
39
Avenida de Alfonso XIII, 1, bajos

28002 Madrid Dos versiones del fundamentalismo democrático .............. 40


Teléf.:91 296A200 'Fax:91 2960206 El fundamentalismo y lo específico de la democracia ........ 42
Pág. web : www. esferalibros. com Definición dialécttcay metafísica del fundamentalismo de-
mocrático 43
Las dos alternativas de fundamentalismo oloárquico 44
Diseño de cubierta: Compañía 46
Sobre la «transición» democrática española ............
ISBN: B4-9734-154-6
Depósito legai: M. 51,.797-2003
CarÍruro II
Fotomecánica: Star-Co1or
Os¡Bflvo DE LIN «PANFLETo coNTRA
Fotocomposición: Versal AG, S.L.
LA DEMOCRACIA REALMENTE EXISTENTE» ............. 49
Impresión: Rigorma
Encuadernación: Mardnez
Impreso en España-Prínted in Spain Comunismo realmente existente 49
irrtli,,' I itr,li..','

l)os us¡rcct()s clc «lo rcall'ttcnto cxistcnte»


aa
l,rr lri¡rtilcsis tlcl ttrtlet'iltlisttlo Iilosr'rl'ir-:tr ll()
Sot.rrc ldcas Lrtópicas ........... 55 N crwton y Montescluicr-t 120
Sobre el «Progreso político» 58 Modclo canónico gcnórico de sociedad política 123
Cristianismo eterno y cristianismo temporal ............. 6l -Algunos comentarios al modelo t24
Motor perpetuo y motor temporal 63 La conexión entre la sociedad política y la sociedad civil .. r3r
Sobre el nombre <<Panfleto» 66 -Análisis reductivo de la sociedad política desde la so-
Ciencia constitucional y Teología dogmática ........... 68 ciedad civil ......... 133
Alcance de la crítica a la democracia contenida en este Pan- -El concepto espurio de «sociedad civil» 135
fleto ......... t6 -Crítica de «la doctrina de los tres sectores)) ................ 137
Orígenes de la Idea pura de democracia 79 Especificaciones del modelo genérico de la sociedad po-
Ejemplos conflictivos: abstencionismo activo y huelga ge- lítica........ 140
neral ........ 81
-Los dos sofismas de Pericles 141
Nuestro Panfl eto, como antipanfl eto .............. 83
-Critica de Platón a la idea de democracia de Pericles 142
-Las <<correcciones>> de Aristóteles a Pericles .............. 143

CnpÍruro III -Reinterpretación de Aristóteles: monoarquías, pauriar-


quías y poliarquías 144
Las oBl,locRACtAS EMPÍRIcAS
(o rosrrrvas) .............. 85 Retomo a la clasificación dicotómica 145
Sobre el poder de la demo-cratia 149
Sociedades democráticas y sociedades políticas ................ 85 Fórmulas algebraicas para el análisis de la sociedad po-
Democracias empíricas como democracias realmente exis- lítica ........ t50
tentes sin fundamentalismo 87 Sorteo, frente a elección, como procedimiento ideal de las
Las raíces materiales de una sociedad política 89 democracias fundamentalistas 153
Las sociedades políticas como «sociedades de conocimien- Esencia de la democracia 1s4
to» desbordadas por la realidad que ellas conocen ....... 9t Revolución y metamorfosis ......... 158

-El desbordamiento de los recuerdos (anamnesis) y de La democracia empírica y sus variedades 160
los planes y proyectos (prolepsis) 92 El «cuerpo de ciudadanos indiferenciados» r6l
-La systas¡¡ o <<constitución material» de la sociedad Democracias presidencialistas y no presidencialistas 162
política 92 La armadura reticular está intercalada en la annadura basal l6t3

-La Constitución escrita 94 Un análisis crítico de la democracia ateniense llt


La teoría fundamentalista de las democracias realmente -La democracia ateniense como «primer modelo» de
existentes 98 sociedad política democrática .............. 172
Sobre el origen de la doctrina de los tres poderes y su inserción -Concepción hiperidealista de la democracia ateniense 175
en el modelo canónico presupuesto de sociedad política 105 -De los esclavos como inconsecuencia a los esclavos
108 como premisa fornlal de la democracia ateniensc' .... t11
-Los modelos naturales ...............
Los modelos arliflciales .............. 110 -El animal político comenzó antes de la dentocracia ... l7r.i
Los modelos doctrinales ............... tt2 Maduracitin cxtcrnu clc la clenrocracia: la soliclariclltl
Lir pcrs¡"rccrtiva taxonólnica ......... |4 licrttc u lcrccros l7t)
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fnrtlce ---¡.IrlIlIF

Ltr lolcllrrrr'ilt lro r's vilttttl (lr'lll()('ll'llit'it. ltrllt t.'ttltlltltr


Lrt tlcclttlcltciir tlc lit tlcttrtlcritcia atctticltsc y cl tttt¡rt' ills ' " ' l.l
ltttctllt cstltt. 1tt'r:st'ltlc cll ll¡s tIe lltot't;rt
r

rial ismo l.naccdónico ............... I83


N()vetlutl tlc lu irlcir tlc kllcr¿tncia c()l'11() virtutl cs¡rccíficit
t,a plenitud histórica de la democracia:lademocracia de mer- 242
185 tlatl¿t ctr cl sistctlla dc las virtuclcs
cado pletórico ............
190 --L¿r tolcrancia prcsupone la situación de intoleranci¿t:
La ldea de «libertad objetiva» 243
es sLr negación ............
intolerancia y tolerancia 244
-Operaciones sintácticas entre
Capirulo IV de tolerancia 246
-Las características de la relación
Las coNTnaDICCIoNES dice causalidad """"' 247
-Tolerancia, además de relación,
DE LA DEMOCRACIA ............. 203 el espacio antropológico " 248
-Tres tipos de tolerancia en
250
Contradicciones genéricas y específicas 203 -Tolerancia circular: su historia
como impotencia y pseudo-
Figuras dialécticas para neutralizar la contradicción .'........ 205 -Tolerancia como desprecio,
253
tolerancia
Criterios para determinar las contradicciones democráticas 207
cero """"" 254
Contradicciones entre sociedades democráticas ...'..'.......... 209 -Tolerancia negativa, tolerancia
del primer tipo """""" 255
La pena de muerte como una contradicción no resuelta en la -Los tres géneros de tolerancia
257
2t6 A) Tolerancia de primer género (entre instituciones)
democracia políticas 251
-Tolerancia entre instituciones
-Contradicción entre abolicionistas y ej ecucionistas .... 216
lTolerancia entre un Estado y partes de este Estado 258
-La cuestión se plantea en la Edad Contemporánea .'... 217 26t
........ -Tolerancia entre las iglesias
-¿,Guerrilleros políticos o delincuentes comunes? 220
y la Iglesia 262
cuestión de los límites que la sociedad de personas -Tolerancia entre el E,stado
-La instituciones cultu-
debe establecer ......... 221 -Tolerancia del Estado ante
rales, morales, estéticas"' 263
-Decrepitud física y decrepitud ética o moral 221
B)Toleranciadesegundogénero:entreinstitucionese
Los conflictos en el orden público democrático ................. 224 264
individuos
Los partidos políticos democráticos y sus contradicciones: sus súbditos o ante
la contradicción entre el modelo «estatal>> y «social» de -Tolerancia del Estado ante
sus ciudadanos ...'......"' 264
los partidos 226
sus fieles """"""" 265
23r -Tolerancia de la Iglesia con
-Las «aristocracias políticas» padres, de maestros 265
reclasificación de los partidos políticos según los po- -Tolerancia de empresa, de
-La C) Tolerancia de tercer género: tolerancia entre indi-
los derecha-izquierda 232 265
viduos
-Nación política como principal referencia objetiva del pseudotolerancia en la relación entre indi-
concepto de izquierda ..............' 234 -La
viduos 266
-La unidad de la nación constituida como criterio de ads- El tributo democrático ..'...........
769
cripción a los polos Políti"óos 23s 712
Reconstrucción de un concepto objetivo de la oposi- -Tributo y confiscación ...........
político ).1\
ción izquierda y derecha Política 237 -Estructura tributaria y sistema
justo» como imposi-
[,as contradicciones de la igualdad ante la ley 239 -La idea de un <<sistema tributario
'lirlcrar cs of cndcr: democracia y tolerancia 241
ble político 274

il
l0
Planificación y trabajo individual en la democracia 275
277
La guerra entre las democracias ........"""
Otras contradicciones de la democtacia en las qus no en- A Gabriel Albiac, amigo de la verdad,
tramos 280 pero más arnigo de Platón'

Conflictos entre los tres poderes ............"' 280


interprete la
-Imposibilidad de que un único legislador
«voluntad general>> 280
283
-Los conflictos entre el ejecutivo y el legislativo """"'
y el poder ju-
-Los conflictos entre el poder legislativo
dicial 284

-Los conflictos entre el poder ejecutivo y el poder judi-


cial .......... 285
Conflictos en la caPa basal ....... 286
Conflictos en la caPa cortical 286
Confianzaen el lector de este Panfleto 288

FrNer
LRs oBtr¿ocnaclAs DE MERCADo
DE CONSUMIDORES Y USUARIOS
289

Economía y democracia .......'...... 289


El «plebiscito democrático cotidiano» .'....... 294
La «alquimia» democráúica ......... 298
La democracia como categoriahistórica 299

ApÉtulcP I. ...........". 309


ApÉNorcB II. ReencuenfoconlaclasificacióndeAristóteles 313
ApÉNntcp III. Especies de democracia política """"""""" 315
Nore gBLIocRÁFICA ............ 311

t2
Preludio

Qué entendemos en este libro Por


<<democracia realmente existente>»

Todo el mundo busca la democracia

«Todo el mundo» habla hoy de democracia y la opone al fascismo


o a la dictadura. Y al hablar de la «democraciarealmente existente»
podernos tomar como referencia principal la Itlea de «democracia avan-
zada>> que se cita en el Preámbulo de la Constitución española de. 1978
(Prerámbulo que fue redactado por los profesores Tiemo y Morodo); 1o
de <<avanzad»> parece que se puso para distinguir la nueva democracia
de otras formas de democracía, alasazón aún presentes en algún oasO,
y que habría que considerar como afrasadas (tal es el caso de las «de-
mocracias populares>> o de la <<democracia orgiánico-representativa-§e-
lectivo-jenárquicaD. La «democracia ayarzada>> es tarÚo como <<vida en
pazy enlibertaó>. Una üda en la cual, manteniendo siempre intactas sus
existencias privadas, como recintos sagrados, cada uno pueda conviVif
pacíflcay solidariamente con los demás y también hacer públicas sus
opiniones de forma que ellas, cualesquiera que sean, sean respetada§ por
los otros, por el simple hecho de ser opiniones personales. Vivir en de-
mocracia es <<vivir y dejar viür a los demas enpazy en libertad».
Incluso quienes recurren a la violencia, o a la guerra, aomo a un
arma política, 1o hacen en nombre de la democtacía, ya §ea en nom-
bre de su democracia poderosa y bien asentada; cuando se conside-
ra aÍfieflazada por un terrorismo procedente del exterior, ya sea en
nombre de 1a demo qacia que buscan para su pueblo (kurdo, va§so,
checheno) al que consideran, hoy por hoy, sometido a algún régi'
men al que acusan de fascismo, aunque se presente disfrazado de
demócrata, porque impide su autodeterminación.

15
( IIIF{TnVO ñlteno
t ot tlll;lt t':.1:ts ll;tt ltll;t:. tlt'l t'rlt
lirrlo cl nlulrrltl>> tlcscorrtunrltl algttttos tttillrlttes tlc ttttlsttltltlt-
,,. ¡rrtlt tlr..ft.tttlr.ll.r., sllto ¡lrnr rltr.ttttttl;tt rl
¡qi o dc hindúrcs- habla por tanto de democracia, y la invoca des- lit ro r.orrslrlrrt iolr;rl I lr r'sttlrlt'l,ilt tttits r'olttttll ltll totlsislltlo t'lt lt'ttt
r.r il-lr llr i'tit.lr, t'tltrrt) unl csl)ccic tlc ¡ratrtltlltt ctt¡'lltz,
tlc tlcttltltt'los ¡llrl
dc una determinad a ldea de democracia. Y desde esta Idea pura los
blclnlrs ptllíticrls.
más creen que la democracia ya ha sido alcanzada por ellos, aunque
no lo haya sido plenamente, porque quedan sin duda prácticas o ins-
lj¡ u¡a clcclantcitill sglelune difirndida por todos los nlcdios dc co-
l'nunicaci(xi cl día l5 clc junio de 2003, el dirigente del Partido So-
tituciones residuales de los tiempos del autoritarismo o del fascis-
cialista Obrero E,spañol señor.Iesús Caldera, intima a todas las ltrcr'-
mo. Sin embargo, y a pesar de este reconocimiento, los más creen que
zas sociales, y particularmente al Parlido Popula¡ a que, <<en nourb|c
la democracia ya existe sobre la tierra, y están orgullosos de perte-
de la Ética>>, exijan a los dos diputados socialistas de la comunidiltl
necer a una democracia, o bien quieren llegar a pertenecer a ella,
aunque sea atravesando como inmigrantes ilegales las fronteras de la
Autónoma de Madrid, señor Eduardo Tamayo y señora María'l'cre-
sa sáez, como desertores (otras veces, aunque de modo inadecuatlo"
democracia, en las condiciones más duras.
Porque, aun con sus defectos (que los expertos llamarán déficits),las
«tránsfugas») en el momento de la elección de presidente de la Asrtrrr
democracias nos preservan de las dictaduras o del hambre, y nos per-
blea de Madrid, la devolución de sus actas de diputados. En aqtrcl
momento tal devolución hubiera permitido la sustitución automítlicl
miten vivir <<en pazy en libertad» (si no fuera porque unos pocos per-
turban de vez en cuando esta paz y esta libertad con coches o aviones de los diputados que actuaron por su cuenta, al margen de la disci-
bomba, o con tiros en la nuca). Pero sólo si mantenemos firmemente la
plina de su partido, por otros dos nombres tomados de la «lista ce-
idea de democracia podemos esperar que estas sombras que empañan
rfaday bloqueada>>, lo que hubiera hecho posible, en una nueva vo-
nuestras democracias realmente existentes, aunque no perfectas, se des-
tación, que fueran elegidos los señores Francisco Cabaco y Rafircl
pejen poco a poco. Acaso el año próximo, cuando nuestro partido logre Simancas, como presidentes del Parlamento y del gobierno de la co-
volver al gobierno, muchos de los defectos de nuestra democracia munidad madrileña. respectivamente (otra cosa es que postcri()r'-
mente el señor Simancas, por motivos coyunturales, declarase quc n()
realmente existente podrán ser corregidos, y siemple por la aplicación
del mismo remedio: más democracia.
aceptariael voto, no ya de los «traidores>>, pero ni siquiera el de sLrs
Es contra esta idea de la democracia realmente existente (de la de-
eventuales sustitutos). El señor Caldera, portavoz del Grupo Parl¿r-
mocracia existente como realizaciónmás o menos ptrena de una idea mentario Socialista, dijo más: «El no proceder de este modo fen notn-
pura de democracia) contra 1o que se dirige este panfleto que el lec- bre de la ética] beneficiaría al PP>>, insinuando, acaso por mecánicil
tor tiene en sus manos. aplicación del principio quid prodest, qte, puesto que este episoditr
(producido en las filas del PSOE) terminaría benef,rciando al PP, óstc
Por lo demás, es obvio que la crítica a la Idea de democracia
habría tenido que tener parte en el comportamiento de los desertorcs'
realmente existente está estrechamente vinculada ala crítica a la de-
mocracia realmente existente. Dicho de otro modo: quien se decide La consecuencia es obviamente inadmisible, y sólo la conlusi(rn tlc
ideas, alimentada por los intereses partidistas, puede haber mt'rvitlo lrt
a someter a crítica a la democracia realmente existente está muy cel-
ca de someter a crítica a la Idea misma de democracia, en general. A
boca del señor Caldera. Que el Partido Popular obtiene un bctlcf icirr
raiz de las elecciones autonómicas del 25 de mayo de 2003 se han
político del escándalo socialista es evidente, pero su causa pro¡rirr y
<lirecta no es otra sino el mismo descalabro del PSOE, en cuatlttt ¡'xtt'
producido en diversos municipios y comunidades Autónomas espa-
ñolas hechos cuya nafixalezapolítica, y la simple circunstancia de su
tido de la oposición. Que el portavoz de un partido político rcc:r'lr.l'ir rr
posibilidad, descubre la artificiosidad de nuestro edificio democráti- la ética pala convencer a Sus rivales políticos de la convcnicntirt o llt'
co col-rstitt"lcional, así como la estrategia que parecen haber adoptado cesidad de favorecerle, ¿no tiene mucho de apelaci(rn a rtll <<¡rltcltr
Ios ¡lrrtitlos de izquricrcl¿r, al reaccionar ante estos hechos, no sólo entre cahalleros» (como propuso el scñor l-lanraz.arcs, de lzc¡tticrll

l1
l6
( IIIíIR\ro ñlrETro
I l;u ;tl l';tllttl() l'0¡rttl;tl. t'tl l(,tl() tlt¡(). (()lll() t'l lttt tl:ttl(|l \ l(-':'l't'ttsltlrlt'
los <<lllrctos crrtre citl¡¿tllcros» [icllcll (ltlc vcl lltlis ctltt la
(l¡itllr)'/ l,cl'ri
tlr'llt ttlsls lltllllttt'lottltl. \'. Poslt'tlollltt'ttlt'" ¡t'llt'l';lli;t lt ltttlsltl <l'' ¡"'¡
nroral quc con la ética.
f rrt..,s ;r lrls tli¡rrrtlrlos
rchcltlcs. r'ultnrlo totttltt'olt ¡ltlscsititt tlc st¡s cs
La apelación a la ética tiene aquí todo el aspecto del recurso a una
caños (cl 2-i tlc itrrlio), colllo si cl Ilccho tlc habcr sido clcgidos ¡-rot'<<cl
corlina que, con un nombre sublime, lo que busca es ocultar proble-
pr"rcblo» irlplicasc rttt -iuraucnto dc lldclitlad al particlo c¡uc los ¡"tt-c-
mas políticos de fondo. Principalmente estos dos:
scntó (inclustt cu¿lndo óstc partido introducía novedades sustitllcialcs
1. El problema derivado del supuesto de que los diputados de un
en su programa de pactos); pero de este modo, al declarar per-ittr.s rt
partido político (elegidos por el pueblo) tienen que acatar por disci-
los militantes expulsados, los diputados socialistas podían rasgarsc lits
plina las consignas de la cúpula del partido. Y como el análisis de este
vestiduras en la Cámara saliéndose de ella, y acusando de cómpliccs
supuesto podría hacer tambalear los fundamentos de nuestra partito-
con los llamados perjuros, y de indignidad, a quienes se quedaban crl
cracia (con sus listas cerradas y bloqueadas), lo mejor es evitar este
ella (los diputados del PP). Una maniobra de enmascaramiento dig-
análisis y zaryar la cuestión acusando a los diputados elegidos por el
na de sicof-antes atenienses que ((no se paran en barras» con tal dc tli-
pueblo de gravísima «falta de ética».
simular sus propias vergüenzas y destruir al adversario a cualc¡r"ricr
2" El problema derivado de la explicación extrapolítica que habría
precio. La importancia de esta crisis, aunque sea «puntual>> en la a¡Ir-
que ofrecer de esta «falta de ética»: que los diputados disidentes sólo
riencia, puede medirse si tenemos en cuenta que, a través de ella. sc
pueden haber actuado movidos por un sobomo económico (por par-
tambalea toda la doctrina de la democracia partitocrática y de la rc-
te, se dice en este caso, de empresas constructoras). En ningún caso,
presentación popular, en virhrd de aquel mecanismo que spencer lla-
por la razónpolítica por ellos alegada, a saber, que no estaban dis-
mó el <<asesinato de la teoría por un hecho».
puestos a aceptar la entrada de Izquierda Unida, en las condiciones
Muchas situaciones (conductas, actuaciones) calificadas por los
pactadas a última hora, en el Parlamento y gobierno de la comunidad
políticos como «atentados contra la ética» son, en realidad, col-tto
de Madrid. Estas razones no son tenidas en cuenta, en absoluto, y lo
h.*o, intentado demostrar, atentados a las normas morales o políti-
más grave es que larazónpor la cual se desestiman es la petición de
cas constitutivas de un grupo viviente. En efecto, el comportamiclt-
principio, por entero gratuita, en la que incurre la «cúpula dirigente»
to ético exigido a los militantes de un partido equivale mucho tnirs ¿t
y según la cual «el pueblo» que votó al PSOE y a IU votó <<ala iz-
lo que otras veces se llamaba cabctllerosidad, obien honradez, hrtnrtr'
quierda»; por tanto, que la <<voluntad popular» votaba «a 1a izquier-
o lealtad, que a requerimientos éticos. Porque todas las virtudcs ci-
Ja» (y, a pesar de ello, sólo sobrepasó al PP en un escaño: lo que de-
tadas son antes virtudes morales, propias del grupo, que virtudes o vil-
muestra que <<e1 pueblo» no tenía una opinión común). Pero
lores éticos propios de los individuos. La caballerosidad es un coll.l-
precisamente es la propia deserción de los diputados electos la que
portamiento propio de los caballeros, que han de mantener entrc sí
pone este supuesto en duda, puesto que muchos militantes del PSOE
relaciones de cortesía (llevadas a veces al extremo del «dispare ustctl
(y no sólo los desertores) son los que no querían el pacto con lz-
primero>>, en el duelo o en la batalla), evitando los golpes brjos. r'c-
quierda Unida, es decir, los que cuestionaban la supuesta unidad de
quiriendo el cumplimiento de los pactos, etc. Cuando el PSOIr rc-
la izquierda, que aquí se hace funcionar como unidad mítica. Queda
quiere al PP «en nombre de la Ética)), para que se solidaricc corl Úl'
pendiente, por tanto, la cuestió¡ del supuesto soborno (cuya resolu-
incluso para lograr conseguir que los diputados disidentes dc sus ll
oión se desplaza hacia los tribunales de justicia); pero si hubiera ha-
1as devuelvan sus actas, este requerimiento se hará en nonlbrc tlc
tltt
hido este sobomo, el delito comprometería en todo caso al PSQE, sin
«pacto entre caballeros». Un pacto que se supondrá implícitarttcrrlrr
pcr.juicio de que los sobomantes tuvieran algo que ver con el PP. Del
establecido, al menos, entre los dirigentes de los partidos políticos tlt'
n.roclo nriis cínico imaginable, sin embargo, la estrategia defensiva
la partitocracia, que habrían de mantcner cntrc sí [a ctlrlcsílt prtrllt-
rlcl I'arlitlo Soci¿rlista y dc Izquierda Unida ha consistido en presen-
le
lri
rfl!? v.'rllrwrl.ryE -

--r-tTrurnwrrnlenn
¡lr'¡li¡ rilil¡()s ntinllr()s s('r'\ i( i()s ltlttltl()s (¡ror t'jctttlllo. clt cttltttttl i'ltr.lrs. l't,1. lt.1l.t t'll, lrlrY t¡tlt't'9tt,..lrlll (lllt^ltltlo tr'rtlll'o tttotltl ¡rtt'
-y
S.l)()t)(' lirl lltlrlttleltlt' cl tespt'Io ;t llts ttttl ltllts i'lttlts: llltsllt t-ecoltllrt
l:t
lr sLrcldos. clictirs y pr ivilcgit)s. Ireccsi-rrianlctttc hottltlIogl[rlcs al nlar-
gcrr clc los cnficnl¿tnticntos políticos; tarnbién en cuanto a cortesías y irrslitrrciírn tlc llr rrrtr/¿,iltt Y.srlbr-c Ioclo, [ltsla t'ccol'tlltr llts [l¿ttlcllts lltlt-
f avores personales: «Hoy por ti y mañana por mí»; lo
que grosera- Irtls¡s tlc nt-lcstros días clLto, plra subsistir ctltntl talcs, trcccsitalt ltllttl-
ntcnte es percibido por la plebe frumentaria en la sentencia: <<Los tcncr con rigttr sus pro¡lias normas lnorales, las estrictas norlll¿ls qLlc
lobos de la misma manada no se muerden entre sí»). rcgulan la lealtad de los bandoleros a la banda, y castigan cotr lrt
Pero la cortesía parlamentaria es la virrud moral o política más de- nruerte fulminante (y no sólo con la expulsión del grupo) la traici(rrl
gradada en el hemiciclo de las Cortes de la democracia española de de los militantes (como ocurre con ETA o con las bandas de narco-
1918;laregla en ese hemiciclo son las acusaciones, exigencias, in- traficantes). Las normas morales de las bandas mafiosas no son nor-
mas éticas, sino normas orientadas a asegurar la eficacia (a
«levatr-
sultos, celadas, trampas, juicios temerarios sobre chapapotes o gue-
rras, tendidos por los caballeros del PSOE o de IU a los caballeros del tar la moral» de los individuos que constituyen el grupo) de lils
actividades más homendas, como son el asesinato por |a espaldrt
tr
pp en el gobierno. consideraciones análogas habría que hacer en
tomo al honor, a la lealtad, a la honradez o a la fidelidad o discipli- las masacres con coches bomba. Lo que no quiere decir que la c,oll-
denación de los responsables de estos asesinatos o masacres sólo
pr-rc-
na de partido.
da fundarse formalmente en motivos éticos (en la «violación de
los dc-
Pero ni la caballerosidad, ni el honor, ni siquiera la lealtad o la
honradez son por sí mismas virtudes éticas, sino viftudes morales, rechos humanos»). Porque la condenación ha de fundarse en motivps
deontológicas, ciudadanas o políticas, incluso virtudes propias de políticos. Así, en el caso de España, hay que tener presente que E'TA
una banda de cuarenta ladrones. En ocasiones, estas virtudes Se en- no sólo asesina a ((Seres humanos>>, sino que, selectivamente, lo c1t'tc
frentan incluso con la propia ética: el duelo a pistola entre caballeros asesina son ((seres humanos españoles», por lo que E'TA no es tanttr
contiene la posibilidad cle la muerte del otro, o de la muerte propia. enerniga de la humanidad, cuanto enemiga de España'
El médico de su honrtl se ve llevado incluso a inducir un asesinato, tr¡

en nombre de su honor. La traición o la desiealtad no son formal- J


ll
mente un crimen ético, sino moral o político. Por ello, suele ser itn- La democracia procedimental no es una democracia política
il
plícitamente admitido, que el traidor o el espía pueda estar movido I

precisamente por requerimientos éticos, tales como la salvación de su Cuando nos disponemos a hablar de las democracias realmentc
cnr-
vida o de su hacienda, o el cumplimiento de objetivos humanísticos existentes, nos referimos, por tanto, a las democracias avanzadas
o religiosos, que se dibujan más allá de los límites de un grupo, de píricas, que en el presente aparecen en un contexto de homologacio-
una nación o de una confesión religiosa. Ni el desertor del campo nes mutuas, que se establecen en función de esa Idea pura de Dc-
de batalla (ni siquiera el tránsfuga al ejército enemigo), el traidor, mocracia. Una idea que actúa como guía para perfeccionar osrls
democracias realmente existentes. Por «democracia realmenle
cxis-
atenta directamente contfa la ética (aunque pueda hacerlo indirecta-
mente, como «daño colateral>>, si su deserción contribuye a desmo- tente» entenderemos, por tanto, en el contexto de las democritcilts
empíricas homologadas, algo análogo a lo que, en otro contexto
tl]tty
ronar la frctneza del camarada de trinchera).
(lLrincc ()
Que un «Comité de Ética» haya heredado de hecho muchas de las
disiinto, el de los países cornunistas homologados de hace
l)c
flnciones de los antigttos tribunales de honor no es razón suficiente veinte años, se entendía como <<comunismo realmente existetrtc».
ltctl
p¿lra que la ética se confunda con la deontología, o con la caballero- hecho, la expresión <<democracia realmente existente» la honlos
ñado a la vista de la expresión <<comunismo (o socialismo)
rcrtltttctt-
siclacl. Es cierto que la mayor parte de los códigos morales se man-
ticnen a un nivel tal en el que no aparecen conflictos con las normas tc cxistentc)); Una expresión atribulida a Mi-¡aíl Suslov. cl grarr itlcti-

l0 ll
¡.rlle enlenoemoñ rn FflIr llnrtl IItII rrtIEIrlU

Iol'o rlt' llt Ilrttort Sorri'trtrt tlrrilnl(' llr ('llocrr lrllrl tle Sllrlirr o lrr tle l,t'lo ll¡ ('\l)t('lit()n ,rrlt'ttto( rir( til ¡rtot r'tltlltt'tlllll,,. t'olllo tlt'stl'ltll
tst'lto
t'ttllt tlt'rttt totttt'¡llo ttltiroto (t'l tolttt'¡lto ()l)t'lllt()l l() tlt'tttletlsttlll
.l I.t r".

Al habl¿rr dc «dcnrocr¿rcias re¿rlmente existentes» estamos diciendo tttt ltbtlstl tlcl lcrrutr;r.ie . (ltl('
lx)r. 1; ()¡s¡. ¡srl nrlyolillrlio>»). sitttc sicrltltl
también que no entenderemos, como referencias propias suyas, a cual-
sril¡ potllirr.¡trstiliclrsc crr cl supucsto dc cluc las clclttocracins pttlíli
quiera de los grupos sociales en cuyo comportamiento puedan consta-
c¿rs lucscl-t intet'¡lrctadas prccisamente Ctlt.t.lt'l Llll Cas() ¡lartictrllrr tlc
tarse (en el momento de nombrar representantes, seleccionar proyectos
sgcicclaclcs que se acogen en sus decisiones a las «reglas dc-ittcgtt"
o incluso establecer reglamentos) procedimientos decisorios por con-
del consenso mayoritario. (La concepción de la democracia quc ofic-
senso (mayoritario), si es que estos representantes, proyectos o regla-
ció Karl Popper se reduce, en realidad, al concepto de «democritcirt
mentos no tienen una materia dada a escala política. Una comunidad de
procedimental>>, a la que dota de propiedades «falsacionistas».)
vecinos, cuando nombra a su presidente, o decide arreglar la escalera de
Pero quien no comparle, como es mi caso, la <<teoría procccli-
la casa, procede ordinariamente por consenso mayoritario; y se dice, es
mental» de la democracia política, apreciará un abuso del lenguajc crr
ciefto, que ha procedido «democráticamente>>. Pero se dice con abuso quienes llaman, por metonimia, <<democrático» al procedimiento dc
del término «democrático)), en cuanto término del lenguaje político,
consenso mayoritario de nuestra sociedad de vecinos. Habría cltrc
sencillamente porque una comunidad de vecinos no es un demos de
llamar también democrático al procedimiento de un grupo de excur-
natvraleza política. Pretenderán otros, sin embargo, defender el carác-
sionistas que, tras deliberaciones prolijas, decide por consenso no
ter propio y no «abusivo>>, metonímico, del adjetivo «democrático» por imposición del más fuerte, o del guía de la excursión- tomar lit
-y
aplicado a la comunidad de vecinos acogiéndose a un concepto de «de-
dirección este en lugar de tomar la dirección oeste, o incluso establccc
mocracia procedimental», que tendría un carácter unívoco, aun cuando
unas reglas de juego convencionales relativas al reparto de vívercs tr
las materias a las que se aplicase fuesen muy diversas de las comuni-
al orden rotatorio en la fila. Y de aquí resultaría la metonimia clc
dades de vecinos (entre ellas las sociedades políticas).
vuelta, en virtud de la cual hablaríamos de la <<democracia política»
Cuando rechazamos conAristóteles la acepción unívoca de las de-
refiriéndonos al conjunto de las «reglas de juego» que se da a sí mis-
mocracias políticas derivada de su interpretación corno democracias
Í1a una sociedad política en lo que tiene de analogía con un ((grupo
procedimentales (Palítica, 7289a: «Hay quienes piensan que existe
de excursionistas». ortega llegó a inventar la <<teoría del origen dc,-
una única democracia y una única oligarquía, pero esto no es ver-
portivo del Estado>); aunque también es verdad que orlega en su ¿lr-
dad»), lo hacemos sin perjuicio de reconocer la posibilidad de con-
tículo de 1917, <<Democracia morbosa)), y en otras obras posteriorcs.
siderar a la <<democracia procedimental>> como referencia «tecnoló-
sobre todo en La rebelión de las rnasas,llamó la atención sobrc los
gica» que (unto con Ia «ciencia política») resulta ser indispensable
excesos de la democracia, derivados de extender la regla de la nrrt-
para la confrontación de las ideologías y de las filosofias de la de-
yoría a las más diversas categorías de la vida humana
mocracia (de la misma manera que la tecnología y la ciencia geo- -religiOsa,
científlca, militar, estética...-, excesos que transformarían la clcnlo-
métrica son referencias imprescindibles en el momento de la con-
cracia en una «hiperdemocracia>>.
lrontación de las ideologías y de las filosofias del espacio-tiempo). y
Presupondremos, en definitiva, que una democracia procctli-
csto, tanto si las ideologías (o las fllosofías) son democráticas, como
mental que no verse sobre materia política (sobre la organizacitirr tlc
si son antidemocráticas; y no sólo si tienen un signo derechista (en la
un clemos, de un «pueblo») no es sencillamente democraciit. y clLlc crl
línca de la Falsa.filosoJía de Fernando Zevallos, de Pío IX o de Do-
lugar de hablar de procedimientos democráticos convendría hahlar tlc
noso Clortés... por no citar a ideólogos reaccionarios más recientes)
procedimientos de consenso, o de <<consenso proceditncnlal>>. ¡-rttcs
conro si tienen un signo izquierdista (el del asambleísmo libertario o
to c¡ue la clavc de la democracia política no cstit, cotl.ltt t'l.lltlttctttlrclttos
cl tlc ll lcnirrista dict¿rdr-rra del proletariado).
c¡ cstc Iihrrl. cll los proccdirnicntos clc conscltsrt tttltytll'ititt'io (tlc cott
'lI
(.)lle t¡lltFnoem(lt §ll ctlr lllrrr lTrrt
( itt,,litvrr I lttt'lto

fll'llt'll (lll('
l,t.ro r.SllrS l0tllllr:; tlC t',rltttlltlsttt,,1,tt,tt'tlttttt'ttl:tl ¡roto
s('ns() pr.r,t'r'rlitttctrllrl), silro ctl llt lttlltct'ilt it lit cLl¿ll sc illllicart CSTOS s('ll);llllit'llt'll tll
\cl (()ll ('l ('{)llllllll\lll(} ('ll \ll t'sllit'ltr \(llli(l() l"rlitttt):
¡rrocerlirnie nl()s y, s()brc [odo, on las razol]e s por las que esta materia clc prtlttt0, los c:tltttttltisttt('s
catcgttr.ías trntr0¡ttlltiuicas clilcrcrltcs. l)tlr
n() r'ccibc ya dcsde fuera, como si fuesen convencionales «reglas de dcportiv.. c. cl
procedimientos de consenso sino que los requiere desde p..,...1i,.,.,",rta1cs enla lirmilia, en el campar-rcr-rto
f Lrcgo>>, los

dentro, en vifiud de su estructura interna.


club,puedenacontecerenelámbitodeunasociedadpolíticaeapitlr-
Si estos procedimientos democráticos aun aplicados a materia listadetipoaristocráticoojerárquico.lnversamente,enunasocicdad
crl
las realizaciones de comunismo procedimental
política (por ejemplo, a la elección de representantes parlamenta- folítica comunista
el ámbito de ciertas comunidades circunscritas (en elámbito de la so-
rios) fuesen impuestos desde fuera (por ejemplo, desde la metrópoli como incompatibles, por
ciedad política) pueden ser consideradas
a las colonias), a una sociedad política determinada, cuya estructura
material no estuviese preparada, el resultado no podría considerarse su<<fraccionalismo>>,conlospostuladosdelcolectivismo.Ladialéc-
ticaentresoujosesy'koljoses,durantelosañostreintaenlaURSS,tie-
como democracia política, ni siquiera como ((democracia formal» por tanto' como
(concepto ambiguo en tanto que implica que puede existir una forma ne que ver con esto. Lo primero que se reconocerá'
comunista es que sc
actuando sin materia); estaríamos simplemente ante una pseudode-
,re""rario para hablar de una sociedad política
tome como referencia una sociedad política,
y que el comunismo
mocracia, ante una pseudomórfosis, del mismo modo a como diría-
procedimentalsenosmanifiesteafectandoaesasociedadpolíticaen
mos, ante una pella de sal común que haya sido tallada según la for-
ma de un cubo, que se trata de una <<cristalización formal», de una
suestrrrcturaglobal,yaunderivandointernamentedelacomposiciór]
de las Partes de esa estructura'
pseudomórfosis, o de un pseudocristal (por relación a la cristalización Ltr
otro tanto ocur-rirá con la <<democracia realmente existente>>'
hexagonal interna propia de las moléculas de cloro y sodio en diso-
primeroquenecesitamoseslareferenciadelosprocedimientosde-
lución conveniente). Ni siquiera lo que los cristalógrafos denominan sin olvidar que tam-
mocráticos a una sociedad política. Y esto dicho
«polimorfismo cristalográfico» tiene por qué ser interpretado como no democrática' sino' por
bién en el ámbito de una sociedad política
un fenómeno que pudiera ser derivado antes de la forma que de la ma- feudal del Antiguo
ejemplo, jerarquizada de acuerdo con el orden
teria. La razón por la cual el CO,Ca se presenta unas veces cristali- es el caso de la
negi*.rr, o incluso según el orden esclavista (como
zado en el sistema hexagonal (como mineral calcita) y otras veces pericles») podamos constatar círculos so-
llamada <<democracia áe
cristalizado en el sistema rómbico (como mineral aragonito) no está
en la diferenciación formal geométrica de esos poliedros, sino en las
cialesajustadosaprocedimientosdeconsensoprocedimental'quc
condiciones físicas de presión, temperatura, estructura atómica (y no "onfr"c.,enciaseráninterpretadoscomoexpresiones(inicialesoVes_
sólo molecular), no aleatorias, que el mismo carbonato cálcico tiene
tigiales)parcialesdet«espíritudemocrático».TalocutTía,dentrodcl
orden feudal, en los abiertos (llamados «democráticos») dc
en cada caso. "o,"..¡o, juntas de jefes de un ejércittr
aldeas o villas; o, sencillamente, en las
Del mismo modo, cuando hablamos de «comunismo político real- los térmirros
jerarquizado, convocados para decidir' por consenso'
mente existente>> nos referimos a las sociedades políticas que se or-
de alguna alternativa o disyuntiva práctica'
ganizan, o dicen organizarse, según el «modelo socialista (comunis-
Perotambiénesprecisoconstatarqueenelsenodelasstlcictla-
ta)», por ejemplo, la Unión Soviética. También cabría hablar de un
«comunismo procedimental>> referido al grupo de excursionistas de
desquesuelenSerreconocidascomodemocraciasrealnrcntccxis-
tentes actúan, y no como meras reliquias
o intrusiones.an(rtllalits'
nucstro anterior ejemplo, cuando compartían sus víveres o <<ponían en
sinocomoconstitutivasdesuestructura,organizacionesjcrirrqtticlrs
colnúrn>) sus equipos; o cuando nos referimos al «comunismo frailu- proccdirnctttrtl»'
incompatibles con cualquier tipo de <<democracia
no» rlc Ll1;r ('()munitlad de cartujos, o al <<comunismo familiar» cir- dc lttta IslcsiLt o tlc
collt() cs cl t:as() dc la <trganizaci(ln dc Lrn e.iército,
ctrnscrito u l¿t cotrtu'lidacl clc bicncs dornósticos.
),1
rrlFrnvo ñItcnr rJllé ellf ctl(lt'll'l(11 ell 8§TF llnro Por {(oEm(I(

unil ('t)ll)t'('slt illrluslrilrl o rucrclrtrlil. Algttttos tctiricos llcgurr illclustl lriel.rl¡. l,,s r.l t'lrs¡ rlq los ((('()n('L'l()s ltltit:tlos,, ltltlt'lttttls. tle los ltllltt
a ¿rlirrnar quc cstas cstrllcturas jcrárquicas detentan una pafie impor- ¡alcs rlc itg¡llsi o 1-xrsttls. cn los (luc sc rcgullttt ltls lt¡rt-tlvccltltlltit'tttt's
tarrte dc la uuforidad que compaften con la autoridad del Estado; lo o cuidaclos clc los biclies ctllnunales, las scxtalcrias. ctc. Ils1as tlc-
que equivale a decir que en la armadura de una democracia real- mocracias procedimentales, en materia de cooperación aldeana, ntr
mente existente habrá que reconocer la ef'ectividad de estructuras je- constituyen ningún germen de «populismo democrático ascenden-
rárquicas incompatibles con cualquier tipo de democracia procedi- te>>, puesto que sus procedimientos pueden encontrarse
plenamentc
mental. Susanne Strange se ha distinguido en este género de denuncias: ajustados a la estructura jerárquica descendente más rigurosa del po-
«[...] ninguna de las autoridades no estatales que han visto aumenta- der político militar (que reclam a, de vez en cuando, caballos, realiza
do su poder es gobernada democráticamente. Las empresas levas, demanda tributos especiales, etc.); un poder jerárquico quc
nuevos actores de la diplomacia económica transnacional- son je-
-los muchas veces verá con satisfacción que esa «autorregulación demo-
rarquías no democráticas. La responsabilidad múltiple de sus presi- cráficaaldeana» le descarga de enojosas responsabilidades ante asun-
dentes ante accionistas, bancos, empleados, proveedores y distribui- tos de menor cuantía. De minimis non curat praetor. Walter Ullmann
dores, por no mencionar a los aliados estratégicos, significa que al se aproxima, casi hasta identificarse con é1, a este esquema dualista
igual que los príncipes del Renacimiento pueden dividir y dominar» en su importante obra Principios de gobierno y política en la Edad
(La retirada del Estado,Icaria, Barcelona, 1996). Es cierto que Stran- Media(1961), en la que intentó mostrar de qué manera muchas de las
ge confunde aquí la democracia política y la procedimental, pero raíces del populismo (democrático) modemo habría que situarlas ya
también es cierto que no cabetrazar rura línea divisoria muy nítida en- en la época feudal. Sin duda, el esquema dualista (<<las concepciones
tre estas democracias en las sociedades democráticas realmente exis- ascendentes y descendentes del gobierno») de Ullmann, cuyo carác-
tentes. ter abstracto reconoce, tiene una gran utilidad para clasificar los ma-
Concluimos: el consenso procedimental tan sólo alcanzará signi- teriales históricos, pero tiene también el peligro de ser interpretado a
ficado político cuando se aplique a materia política, es decir, a una so- laluzde una hlosofia política de carácter dualista que suponga dada
ciedad política. Y la cuestión estriba en determinar el momento en el desde el principio, gratuitamente por no decir metafisicamente, l:t
que un círculo social comienza a ser considerado formalmente como confluencia de una corriente jerárquica descendente con otra co-
materia política. Por nuestra parte no nos parece que sea posible ofre- rriente populista ascendente, conviftiendo este enfrentamiento dua-
cer criterios unívocos, rígidos y permanentes, sino funcionales y lista en argumento de la historia.
cambiantes, dependientes de la posición que cada círculo social man- Por nuestra parte supondremos que la sociedad política (el Esta-
tenga con Ia que tomaremos como primer analogado de la materia po- do), cualquiera que sean sus formas prístinas, comienza ajustándosc
lítica, a saber, el Estado. De este modo, muchos círculos sociales que a una estructura jerárquica; los eventuales equilibrios alcanzados
por
en un momento dado, y aun regulándose por alguna forma de con- consenso por las sociedades preestatales confluyentes (en el terrcntr
senso procedimental, no poseen el significado de una materia políti- militar o en el del mercado) no pueden ser considerados como po-
ca, pueden llegar a adquirir este significado en otro momento del pulistas, ni como democráticos, puesto que los consensos no sc cs-
desarrollo o evolución de la sociedad política. Por ello considera- iablecen entre individuos sino entre grupos o jefaturas. Y l¿rs co-
mos gratuito interpretar <<de entrada>> esos círculos o grupos regula- rrientes o concepciones (ejercitadas, y sólo después representadtts tr
dos por consenso procedimental como insertos en la corriente de un teorizadas) que Ullmann llama populistas sólo pueden comct.rzar cltt-
supucsto ((proceso populista (democrático) ascendente)) que habría de rante el proceso de desarrollo de las sociedades políticas yrt cotrsti-
cstar confluyendo continuamente, y casi siempre de modo turbulen- tuiclas, y sólo en Ltn momento dado pueden conlcnzar it ctlbrltr tllt
tt), r:on una «corrienle dcscendente» (jerárquica) de ordenación y go- scntido tlcsbortlantc tlc stt círculo. ut-l scntido asccndcntc' lill clL'cto'
1'l
-l(r
(.)tté cltletttlclll()!¡ flll eRIF llnr() Plrl- rrtrFfrrrtr
( itt',lrtto Iltlr'tto

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(flt(.(.t ;¡t t,l lt,,/r, l't'r,, lnt llt:.o ttlltlttlt, ('l ((l)()(l('l ltstt'lltlt'lt(t'"
rlr.rc lirs s()cic(lil(lcs ll()lítiu¿rs c()nstituidils vayall illrplillll-
il nrc(li(lll
/ir lllt:i|1,ltrlr,.'lrtl0 r'llrlitltteltlt'¡lolittt'o (eottto ctt los t'llistttlios ¡ro¡rrt
dosc y hacióndose más complejas (ya sea por incorporación de otros
pueblos, a veces convefiidos en esclavos; por fundación de nuevas al- lisllrstlt.lltl(.,lttlttleAr.ltltltl.ltlt.llt.es.'ilt)..lrlst.tltllltlttlstlitil'i('1.()llSll
tittl stiltl ¡llttlt
deas o ciudades; o por el desarrollo en las ciudades de gremios, guil-
clr-tlr ill crrr¡'lcr-iltl0r- Sctlitltts popLtlusclLrc r()lllalltls
l)()nür lt llt t'itltllttl tlc
Roltlit u stts pies"'
das, fraternidades o comunidades) podrán comenzar a originarse, a
veces como refluencias de procesos sociales prepolíticos, mecanis-
mos de consenso procedimental, en determinadas áreas o círculos,
más o menos alejados de los vértices de la jerarquía política real, Dos perspectivas para hablar de la democracia:
feudal o papal. consensos procedimentales que llenarán los vacíos f'undamentalismo y funcionalismo
(en cierto modo, los vacíos que esos mismos círculos han creado en .fomamoscomoreferenciasdelasdemocraciasrealmentccris
el ámbito de la sociedad politica: ordenación de pastos para el gana-
do, sextaferias, escotes para fiestas...) a los que no alcanza el poder tentessociedades«empíricamentedadas>>ennuestrosiglo'C()llt'l
que se inicia el tercer milenio, como España, Francia'
Italia' lnglrrtt'
jerárquico, político o eclesiástico. hispiln'r
Según el alcance que la materia regulada por estos consensos rra, Alemania, Estados Unidos, México y las repúblicas
americanas... Estas sociedades se consideran
democráticas ante ttltltr
logre tener respecto a los intereses del poder político (por ejemplo,
la regulación de pastos fronterizos de las tierras comunales, de las porquesediferencianyaunseoponen,encuantosociedadespolíti-
(tiranías) tt
compensaciones por daños causados a las cosechas por el ganado .ur,'u otras sociedades consideradas como dictaduras
en el quc la
errante, del mercado de caballos que puedan ser útiles para la gue- como oligarquías. La dificultad aparece en el momento
democráticils
rra...), esa materia comenzará a cobrar un signif,cado político pre- denominación extema (etic) deestas sociedades como
(emic) que asumcl'r'
cisamente por su relación con el poder jerárquico que intenta con- no coincide con la denominación interna
que acuñó K' L' Pike' Ejemplo: desdc ll
trolarla. Lo que era materia económica o social del consenso lEmic/etices una distinción
de cristóbalcolón, de los Reyes católic:os
procedimental se transformará en materia política o potencialmeq- ierspectiva emic (infema)
te política. Y es ahora cuando los consensos procedimentales, al odequienesapoyaronlaempresadela«navegaciónhaciaclPrl-
confrontarse con el ordenamiento jerárquico, podrán adquirir un sig- niente»,puededecirsequeColónnodescubrióAmérica-Coltirl
creyó haúer llegado a Cipango o a Cathay-
y que la empresa no sc
nificado populista, precedente de los consensos democráticos. El etic (exterltrt),
mismo Ullmann reconoce que, «sin embargo, a pesar de todo, de- or[anizó para descubrirla. Pero desde 1a perspectiva
quc C'.lr'rrt
bemos prestar atención al hecho bastante interesante y paradójico ñ ., la iruestra, la de nuestra geografía, habrá que decir
descubrió América.l
lparadójico desde los supuestos dualistas] de que las manifestacio-
nes populistas en las ciudades convivían estrecha y quizábastante in-
Lasociedadpolíticacubana,presididaporFidelCastro'sccotr-
desdc litct'lr'
cómodamente con sus contrarias». El poder que ostentaba una co- sidera, desde dentro, como una auténtica democracia;
una república soviética |e -
munidad aldeana sobre los guardas y oficiales encargados de la desde Estados unidos, se considera como
Rccíprocit-
custodia y mantenimiento de setos, puertos, etc., se originaba <<des- sidual, o simplemente como una tiranía demagógica'
de abajo» y ellos eran responsables ante aquellos que los habían mente,lasdemocraciascapitalistasseránconsideradas,dcsdctlltlt
clegido. Para llevar a cabo sus negociaciones toda la comunidad se perspectivacomunista,comodemocraciasprocedimentalcs.fill.tltlt
rcunía en asamblea, ((ya que antes del siglo xIlI estas comunidades i.r, qu. ocultan una esüuctura real oligárquica'
lilostili
no cs1¿rban aún f'amiliarizadas con la idea de representación». De En cualqr-rier caso, cuando adoptamos ulla persPccliva
las socictlatlcs crl-lpíricas <<hotntlltlgatlas>> ctll'ntl
dcnltlcrliticlls (lllt'
Irltí c¡rre csus ¿tsanrblcas ntt fueran <<representativas» del todo, sino ca.
)()
)!
t.rtlr enlenot'mo§ en eSIe Ilnfo POI'((lenlOClll('ltl I'FIIllllCllfe (.\l¡{l(.nlr))

tlltll solllelitllts lr cstlt tlisytrttivlr cntrc cuyos t(,r-nrirros scr-¿r prcciso ///r),\, \'t'slrt rlt'lrtrlu lt (ltt('t'l l.rtlt, (lt,tf,,¡ ) t's lrll'¡ ¡lii:t (l¡('l;t:.¡llr;r l,
clcgir (., cabc ad.ptar una posición neutral): o fünclamentalismo t,rl (7r, lr) rlr' llrs ¡rlrrlt's. r, l', 1 l.tkr t's lrrrte rior l lls lxrrlcs>>, rlir'e z\ris-
o
funcionalismo. It'rlr'lr's.
l. Hablarem os defundamentalismo cuando esas sociedades polí- l'otlrilttntis cortclttit'r¡trc llr irlca prrra clc tlenlocnrcia c¡trc Aristrilc-
ticas sean consideradas como democracias en tanto se nos ofiecen Ics estri oli'cciónclon()s cn su laxonomía de las socicdadcs políticus cs
como realizaciones, más o menos plenas, de una idea pura de socie-
¡rrecisrrnrclrtc Ia idr::r dc una olourquía, yque desde esta idea csl¿i ilt-
dad democrática que se supone dada dentro del sistema taxonómico Icr¡rrctunclo la rcalidad empírica en la que no son todos, sino ntuchos
estricto de referencia- o lrr rniryoría, cluienes gobiernan. ¿Y cuántos sonmuchos, en cuantrl
El «sistema de referencia>> es, por lo demás, arguna versión del srrsce ptibles de ser diferenciados de los algunos, sobre todo en Ias si-
sistema ternario tradicional utilizado por los políticos de la antigüe- Iulcioncs dc las mayorías relativas, es decir, de las <<muchas rninor'írrs
dad clásica y expuesto por platón y, sobre todo, por Aristóteles, rr uryoritarias»?
que
agregó a los tres tipos primarios de sociedades políticas (Monarquía, ('oncluimos: la idea de oloarquia (la soberanía, poder o gohicr
Aristocracia y República [que también llama Democracia]) los tres rro dc la sociedad política por <<todo el pueblo que la constitrryc>>. o,
ti-
pos de sociedades de-generadas o desviadas (Tiranía, ('onro se dirá siglos después, por la «voluntad general») es cl contr.
oligarquía y
Demagogia [llamada en algún lugar Democracia]). La taxonomía rriclo (ideológico) fundamental («fundamentalista») de esa ldca prrrr
de
Aristóteles utlliza, nos parece, el mismo criterio lógico que inspiró tlc clemocracia desde la que se interpretan las sociedades empíricas.
su
teoría de las proposiciones cuantificadas, según la cual el predicado La Idea fundamentalista de democracia interpretará, en gencral,
universal o bien se aplica a un solo sujeto, o bien a algunos, o ll clistancia entre la Idea política pura y la realidad política empírica
bien a
todos: el predicado <<mandan> (o gobernar, o detentar la soberanía) concebida desde ella (como democracia realmente existente) cotno L¡n
o
bien lo posee uno (Monarquía), o algunos (origarquía) o todos (Re- tl(ficif que habrá que cargar en la cuenta de la realidad empírica. Por'
pública o Democracia). El criterio de la lógica proposicional t'iernplo, una constitución democrática empírica que mantenga la
com-
prende la doctrina de los silogismos, expresada en los primerrs irrstitución de la monarquía hereditaria (como la mantiene, en sur 'l'í-
ana-.
líticos, que contiene el principio del dictum de omni,como más tarde tulo II la Corona-,la Constitución española de 1978) po-
se denominará: <<Lo que se dice del todo se dice de cada
una de las
-De
rlría considerarse como una democracia con «déficit democrático». Y
paftes>> (partes que hay que suponer distributivas, partes csto por cuanto se exime a un ciudadano, al rey, de responsabilidatl
de un todo
,distributivo: precisión de la mayor importancia, al confrontarse (lrtículo 56.3: «Lapersona del Rey es inviolable y no está su.jctrr ir
con
la materia política, en la que las totalidades suelen ser atributivas rcsponsabilidad [...]»), y porque ningún ciudadano que no sea dc la l'a-
tanto o más que distributivas). ! por supuesto, el criterio lógico pro- nrilia Borbón podrá ser elegido rey (lo que está en contradicción con
posicional deberá experimentar una importante modulación para cl principio democrático de la igualdad de oporlunidades y de la no
el
caso de la predicación universal, porque en una sociedad política tliscriminación: «Los españoles son iguales ante la ley, sin quc puc
el «todos» (holoi) no puede tener er sentido aritmético riguroso (el rla prevalecer discriminación alguna por razón de nacinrienlo. nrzir.
del
rotal. pan), sino el de los <<muchos» (oi polloí),la mayoría. scxo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstuncirr
De este
rrrodo, los muchos, la mayoría, se opone alos algunos, aunque
des_ pcrsonal o social» 14-, il establecerse tambión c¡uc <<lrr
dc una perspectiva estrictamente lógico proposicion ar, argunos
y mu- ('orona de España es -artículo
hereditaria en los sucesores de S. M- I)orr .lr¡arr
t'ltrs (la nrayoría) se confunden hoy en el cuantificadorlxistencial. ('arlos I dc Borbón, legítimo heredero de la dinastía histtiric¿r 1...1,,
sirr cnrbargo, y éste es el punto central, los muchos de Aristóteles artícul«r 57.1--). Otra cos¿r es qLte cl graclo dc cstc «clú'llcit tlcnro-
cst¿rr¿irr rc¡rrcscrrtarrcio o suplicndo al foclo, a «todo cnitico>> sca vlrlor¿rrkr col'lto gravc, ntcnos grtvc tl lcvc; cs clccir. t¡rr...
el pueblo», ttl tJe_

i0
{Tl lSf ÍlVr t Ilt tt,t tr I (,)ltÉ Éillr,ll(lr'lll()H c11 cile llnr0 pol' tt0¡¡'11¡¡¡ncln renlnenle exlBIr

llts co¡tll.lttlit't'ioltes ettltc Irts:¡r.l icrrlos tlc l¿r ('onslittrcitirr cs¡lrñola clc ¡lt('()s r¡ttt' tottltollttt t,lltlt ¡r;ttlt' tlt' l;ts tlt't isioltt's poliltt'lts) t¡ttr.' st'
l97li scan considcradas couro gr¿lvos, monos graves o como pura- t'ol¡11;¡¡¡¡'r'¡¡r y sc rulrnticlrclr cn crltrilibrio tlilliitttictl. I llllt (lL]tll(rclil( iil
rnente gramaticales (o «semánticas»). (.s. st'p,inl cslrl, lit corrlltrcncil rlc clivcrsus pauriarc¡ltíits tlttc sc coll-
II. Hablaremos defuncionalismo cuando las sociedades políticas Ir.lr¡tcsrttt-
consideradas como democracias sean sociedades políticas empíricas I'«rl cl[r. tantbión desde la interpretación poliárquica, cabría ltitblitr
que, por de pronto, no estén ciasificadas como monarquías (en el tlt. tlcntocracias realmente existentes, si bien no en el sentidtl dc ltl
sentido aristotélico, por ejemplo, como monarquías absolutas no t¡uc lrr rcalidad permite enla aproximación a la Idea pura, sino cll cl
constitucionales) ni como oligarquías (por ejemplo, las sociedades se rrlitlo de 1o que la realidad posibilita en el proceso de alejamit'ttlt¡
feudales) sino como democracias que se acogen en sus decisiones tlcl clespotismo o de la tiranía.
políticas a las normas de las mayorías, y al equilibrio electoral de
las mayorías minoritarias, cuya regla de oro es el respeto a las mi-
norías y el reconocimiento de la posibilidad de que esas minorías Idcología y política real
puedan llegar a ser mayorías.
si mantenemos el nombre defundamenfalistas para las concep- Las diferencias en la interpretación de las sociedades políticrrs
ciones de las democracias empíricas como realizaciones deficitarias cnt¡tíricas, ya sea desde la perspectiva fundamentalista de la olo¿rr'
de la Idea pura de la oloarquía, podríamos, en efecto, lramarJuncio- r¡uía, ya desde la perspectiva funcionalista de la poliarquía, no clcri-
nalistas a las concepciones de las democracias empíricas como rea- van de operaciones meramente especulativas o metapolíticas dc las
lizaciones alternativas o posibles de la Idea pura d,e la poliarquía c¡Lrc pudieran inhibirse los políticos prácticos («1o imporlante es, por
(«gobiemo de los muchos»), que habría que oponer alas pauriarquías cicrnplo, conseguir el equilibrio de género en las magistraturas y no
(de pauros, en pequeño número). También las democracias empíricas, discutir si este objetivo democrático es fundamentalista o funcioltl-
en tanto realizaciones de la Idea de la poliarquia,habrian de consi- lista»). En efecto, y partiendo de la efectividad de las tareas positivas
derarse como democracias realmente existentes; sólo que las dife- dc los políticos prácticos (conseguir llevar adelante una ley orgeini-
rencias entre estas realizaciones empíricas ya no se considerarán ca, tratar de desalojar del ejecutivo al partido que detenta el podcr,
como déficits respecto a una idea pura, sino como realizaciones de- ctc.) hay que añadir que estas tareas positivas están siempre envucl-
terminadas por los hechos, por su <<encadenamiento sintagmático>>, [as, y en diversos grados de transparencia, por alguna de las dos idco-
por la Realpolitik. Por ejemplo, si la constitución española de l97g logías disyuntivas qLIe estamos intentando delimitar: la ideología
es monárquica, no lo sería a título de déficit democrático sino como lirndamentalista y la ideología funcionalista. Es cierlo que estas iclco-
condición efectiva para que esa constitución democrática hubiera Iogías, tal como las hemos dibujado, se mantienen en los extrernos dc
podido ser aprobada. Ltna gama de ideologías intermedias cuya gradación es casi indclllli-
En cualquier caso, la idea de la poliarquía, es decir, del equilibrio cla; sólo que esta muchedumbre de ideologías (o de conceptuacio-
dinámico entre minorías confluyentes (lo que aproxima las poliar- ncs ideológicas de la realidad política <<en marcha») puede consitlc-
quías a las pauriarquías) podría considerarse tanto mejor que a la luz rarse polarizada por las ideologías extlemas, fundamentalistrlo y
de la oloarquía, alaluz de la pauriarquía. según esto, una sociedad lirncionalistno, que intentamos establecer.
denrocrática, antes que como umarealización deficitaria de la oloar- Así pues, aLlnque las tareas políticas empíricas gozL.,n dc urr ultch0
c¡uía, habría que verla como un desarrollo evolutivo de las pauriar- Inargen de desarrollo en el terreno práctico inmediato, clc sttcrtc t¡ttt:
c¡uías, de las aristocracias (por ejemplo, en la forma de partitocracias) pucclcn llcvar adclantc sr-rs tareas lanto bajo el signo clel fitlttlrttllcrt-
t
o dc las oligarquías (por ejemplo, en la forma de los grupos econó- lirlisnltl c()nl() tlcl f rrncionalisn-lo, stt adscri¡-rcitin a tttllt tt tlll'lt illlel'

l.l
l)l'clllcl(lll. slll cllll)lll'gil, llo cs r:rttcnurrcnle llltlilr-'rclrtc lrl rrrotlo y lr llr ('lr¡littllo I
metodología del desarrollo de las tarcas, a su concatcn¿rciti¡ c()¡ otrirs.
y al alcance de sus estilos. o, inversamente, el modo de desarrollo,
concatenación, alcance o estilo de la política cotidiana pueden ser Ll I IL ncla rnolr tal i sllo dott-locrittictl.
indicadores de la adscripción a una política determinada. Furndamentalismo e integrismo
un fundamentalista en una democracia coronada tenderá siem-
pre a ver la monarquía como un arcaísmo incoherente con el que
será preciso transigir por razones prácticas, pero en el supuesto de
pensar siempre en su eliminación ((por principio», ya que las dis-
funciones de la democracia sólo se arreglan, dirá el fundamentalis-
ta, <<con más democracia>>; un funcionalista, en cambio, podrá in_
terpretar la institución monárquica, incluso sin perjuicio de su Sobre el fundamentalismo en general
incoherencia, no tanto como un fracaso, o como una concesión a
los «poderes facticos» (como se decía en los tiempos de la transi- La Idea pura de democracia en relación con la que hemos dcllrri-
ción), sino como un éxito y como un logro obtenido en circunstan- clo e1 fundamentalismo democrático contiene, Suponemos, implícitl
cias determinadas; un logro que no habría por qué tender a eliminar la tesis de que la Idea de democracia es el fundamento de toda s0-
por principio, sino cuando las fuerzas en concurencia lo reclamen ciedacl política: la democracia fundamental sería, según esto, la cott-
(está por demostrar que la monarquía constitucional sea una dis- cepción de la democracia como fundamento de cualquier sociedad
función en el sistema democrático). un fundament alista juzgará in- política. Y es acaso esta tesis la que lleva al fundamentalismo dc-
coherentes e intolerables las acciones de las centrales sindicales al nTocrático a una suerte de dogmatismo, definible por su intolerancia
convocar una huelga general como protesta por una ley promovida ante cualquier forma de sociedad política que no se ajuste a su ar-
por el partido del Gobierno en ejercicio, y aprobada por el parla- c¡uetipo; aunque esta sociedad política se llame a sí misma democrii-
mento: el fundamentalista aftrmará que las centrales sindicales de- [ica, como ocurre con la democracia popular de Cuba o con la dc-
berán esperar a que el «pueblo» se manifieste en las urnas, en las n'rocracia populista de Venezuela.
próximas elecciones, en lugar de manifestarse en la calle. un fun- Fundamentalismo, como es sabido, es el término que acuñaron cl-l
cionalista no verá incoherencia en estas acciones sindicales de pro- llstados unidos los hermanos Milton y Lyman Stewart (dos aboga-
testa si no ponen en peligro el equilibrio político der Estado (no ya dos californianos enriquecidos con los negocios petrolíferos), qtrc
del Gobierno en ejercicio), puesto que lo que en elas advierte será cn los años 1910- 1920 financiaron los dos volúmenes de una obr¿t ti-
la multiplicidad de corrientes sociales contrapuestas que confluyen tLrlada The Fundamentals; A Testimony to the Truth, en la que coltr-
en cada momento en el curso real de la sociedad política. boraron casi cien autores (obispos episcopalianos, presbiteriatros,
rnetodistas, evangelistas...), y que influyeron directamente en los lirn-
cladores de dos organizaciones de traductores de la Biblia a más clc
rrril cien idiomas: los Traductores Wycliffe (Instituto Lingüístico dc Vc-
rano) y la Misión Nuevas Tribus. Se trataba de una reacciótl contrlt la
tcología liberal protestante (que culminaría en l¿r Alernaniil tle los
Irños cu¿rrent¿r con el movimiento «desmitificación dc la tlitrli¿r)), ccrr-
traclo cn tonrr'¡ a Bultrnann) paralcla a la reacci(tn cat(llictr llc()csc()"'

l4
l'l fittttl¡ttrrt'ttl¡tlilttto rlclrtot't¡ilir'rr I r¡lrtlr¡rrt.¡lrrli:,trro r. ¡tlt.,,t i,,¡r¡

l;istrc¿¡ (la l'tr,t't't,tr¿li dc r)ío X contra


cr nroclcr.nisrrro). rlr ucrietiv«r
«fundamental» había sido ya utiriza<io por tl,'ttt,tlllllltttt ,,lt'0lt;t tlt'lrt0r'liilltlr tlt' llt tlt'lnt)\'til( til". (()ilt(, lIttr. | )tr
ios teórog.s cattiricos crc
principios del siglo xx, como por ejempro rrlr'rllL() lVlrrsli. t'rt st¡ lilllo l)t'tttt¡ltt.tt/i¿¡, l()()5. ('olllo r¡nlr teol ilr lrtr
rurqu.."y]¡y nopsis Theo-
logiae dogtnaticae fundamentaris. Er fundamentarismo ¡rtrctlc scl'llrtlltlttllr tlcrtlor:t'liticrt firnnlrlrncnlc sino, lr ltl sulr)o. ll()r.su
de los ste- trut(cl.irt cll cr,ty() c¿tso tunrbiún cabrit llantar tcoría de rrrtlcniticlr lr
wart es la culminación de Ia lramada «teorogía princeton»
de (Nue-
va Jersey) encabezadapor Samuel WakefielJ ruur Icor-í¿r c¡uc tratlr dc la denrocraci¿r aunque sc¿¡ desdc una pcrsl)cc
07gg_lgg5) y Charles livrr lro clcnrocrirtica , hay que entender que lo que Musti c¡uicrc rlc
Hodge (1823-1886).
Posteriormente er término fundamentarismo r'ir cs r¡ue lo c¡ue se propone desarrollar es una teoría lundanrcrrtllis-
se extendió ar islam,
no sin protesta de algunos (como Bernard lrr clc la democracia.
Lewis, en su libro sobre er
lenguaje político der Isram, rgg}),porque Acaso lo que ha ocur:rido es que la oposición, duranlc lr sucnrr
el respeto a la literalidad
del texto sagrado (que proclaman los fundamentulir,u, li'íu. entre los «países libres» y los «países comunistas>> sc lurlrrri itl.
protestantes,
frente a la teología liberal) no tendría paralelo strstitLryendo, tras 7a caída de la Unión Soviética, ¡-ror- lrr ()l)()si(-r()rl
en er islam, donde se-
mejante respeto se da siempre por supuesto enlrc los <<países democráticos» y los <<países no dcr.uoclrilit.t,r.,, I ,r
(ro que exigiria er ,amar
fundamentalistas a todos los musulmanes). ntistna oposición entre las izquierdas y las derechas ¡-rolílit.rrs t'r¡r,.
Los ilamados «funda-
mentalistas musurmanes» se diferenciarían r-irnentará una profunda conmoción cuando resulte quctlur srrlr.rtIr
de ros otros no tanto por
la defensa del Corán, sino por la defensa rurda a la oposición entre las democracias y las no democr¿rcirrs. t.s t['
de la sariya(ley sagrada),
su legislación, derecho, etc. A veces esta cir, cuando no sólo las «izquierdas» (o algunas izquierd:rs). sirro
distincrOn se *._
diante la oposición entre islamistas (ley sagrada) "rp..ru (urrbién la derecha se encuentren reconocidas en el seno dc l¿r <<rle
y musulmanes. En
el catolicismo se habla de integrismo más que rnocracia constitucional avanzada». Es entonces cuando la <<dcrcchrr
de fundamentalismo:
que busca mantener intacto er depósito rl em ocrática» preferirá pre sentarse cofl1o «centro derecha>>, p rcc i sr r
de ra fe, y no sólo sus funda_
mentos' Pero el fundamentalismo no imprica nrcnte para diferenciarse de la «derecha no democrática>> quc cnr lir
por sí mismo el dog- .
matismo o la intorerancia; el dogmatismo puede «derecha tradicional» (la llamada «derechona»); y este proccso sc
ser torerante.
El concepto de fundamentalismo puede extenderse gcneró sobre todo araiz del denumbamiento de la Unión Sovióticrr.
sin violencia
a otros muchos campos. José Manuel C'uando los partidos políticos considerados de derecha por la iz-
otero Novas ha escrito un ribro
en el que se ejercita sabiamente la extensión c¡uierda no aceptai la denominación, no es tanto porque prclcntlln
del concepto funda- ((cnmascaran) un derechismo antidemocrático, que goza clc cscirsil
mentalismo a muy diversos terrenos de la
vida política o cultural
(Fundamentalismos enmascarados. Los
extremismos de hoy,Arier, ¡ropularidad, sino porque efectivamente la derecha antidclnoc ri I i t.r r

Barcelona, 2001). cuando habramos ha desaparecido con el desarrollo del «Estado democrirtico tlc l¡it'rr
de fundamentarismo (porítico o
científico".) nos refbrimos principalmente no estan>; por ello prefiere la denominación de <<centro>>, dc lrr nusnrir
tanto al iniegrismo,
o a Lrn fanatismo intolerante, ni siquiera a un principiarismo rnanera que tampoco las izquierdas, en una <<democraciu ¿rvlrrrzrrtlrr,,
en su c¡ue pretende haber dejado de lado la «metodología de Iu violt'rrt.irr,,.
sentido lógico (la necesidad de unos principios,
ur, .."onociendo la ruc:eptará la denominación de izquierda radical o revoluciorur.irr. [ ]rr
posibilidad de cambiarros, según las consecuencias),
sino a la con-
vicción de que los propios principios (sobre lirndamentalista democrático se reconocerá ante todo porc¡uc i'l tit.
ra demácracia, sobre ra
ciencia...) son la fuente de todos los demás nc la convicción de que la democracia parlamentaria es I¿r lirrnur rruis
valores de la constelación
afectada por ellos. pcrfccta a la que ha podido llegar la sociedad política, consitlcnurtlo
En el terreno teórico un fundamentarista c¡rrc las sociedadcs no democrálicas son sociedacles atmsaclrrs, rucrri
democrático, o un de-
mócrata fundamentalista, es, por ejemplo, clls y ctt vílrs dc cxtincitilt; ctt rigtlr no scríun vcrrludcnrs socicrlrrtlt's
el que defiende lo c¡ue él
políliclrs. lil lilrtllrrrrelrlltlista tlcrnocnitic«r consitlcnrni e l título tle tlt.
( irrrlrrlrr llt¡r,rro l'l lirrtrllrrrrt.¡l¡rlisltro (l(.¡ror,'tllli('o lruttrltuttr'rtlrrlisltto t' itttt'¡lt.isttto

nr(icri-lta conr() la cx¡rrcsi(n dc orgrlllo y purczil política rnás elevado; l,,l <.rlrrr¡nlcrtlo gcrti'l-ico» y los <<lll(¡Iltcllltls cs¡rt'cilictls>r
decir <<soy demócrata>> significa para él casi como para el creyente «tt' r¡n:r socictl¿¡tl ¡tolilica
afrmar envoz alta «soy cristiano» o ((soy musulmán>>. Siendo de-
mócrata,lo demás se dará por añadidura, y lo que no se dé, por des- l)r:srle cl utourcnlo cn el que mantencuros una t¿lxotttttttía tlc ltts
vío o error, será en todo caso disculpable. La condición de demócra- r.,rt ictlirrlcs polítioas, habremos de distinguir el momen/tt gt'rtt;t'it't'
ta parece asegurar al que hace profesión de ella la garantía de persona ,lr' lrr socicdad poiítica de sus momentos específicos. Pero cl lno-
en principio irreprochable en la vida pública, en todos los proble- nrcnto genérico desempeña la función de materia política, y cl cs¡rc-
mas políticos o morales de que se trate. Importa reconstruir las líneas t'illco la función de forma. Esto permite introducir, como hicicrotl los
maestras de pensamiento de los demócratas fundamentalistas, aunque esc,olírsticos, desde un punto de vista estrictamente lógico, la tlistirr-
sea la de aquellos que «hablan en prosa sin saberlo». cirin cntre materia y forma en la sociedad política. Otra cosa cs e t'rlttrr
sc irrterprete ese «hilemorfismo)) político.
l,a tradición escolástica (cuyas pulsaciones todavía ai;tútatr crr lrts
La definición del fundamentalisrno supone ,,tlemocracias cristianas») llegó a aplicar a la sociedad polí1it'rr l;r
alguna clasificación de las sociedades políticas tloctrina aristotélica de las cuatro causas propias de cualquicr crrlitlrrtl
lrilcmórfica. Las dos causas intrínsecas serían la causa material (lrr str
Insistiremos en que el fundamentalismo democrático sólo puede cicdad humana prepolítica, ffiuy próxima a lo que después sc llanr.r-
definirse etic, no ya en función de una Idea absoluta de democracia l-ii la sociedad civil) y la causa formal (interpretada como la autt-¡riclatl
sino en función de una previa clasificación que reconozca la diver- o soberanía donde quiera que ella exista); como causa eficiente sc po-
sidad empírica o fenoménica, más o menos oscura, de las ideas po- nía a Dios (a fln de ajustarse a la sentencia de san Pablo: «No hay po-
líticas, es deci¡ de una doctrina taxonómica que reconoce, al menos tlcr sino el que procede de Dios»), ya fuera a través de los gobiernos
en el terreno de los hechos, la realidad de sociedades políticas no o del pueblo; y como causa final se ponía el bien común, o la fclici-
democráticas. En el sistema de la taxonomía de Aristóteles, al que rlad en el sentido político (muy próximo en sustancia, por cierto, a ltr
obligadamente hay que referirse (como se refieren de hecho, aun sin qr-re hoy entendemos como «Estado de bienestar»).
necesidad de nombrar a Aristóteles, la práctica totalidad de los poli- Ahora bien, aun dejando de lado la versión causal del hilemor-
tólogos), estas sociedades políticas no democráticas son las aristo- lrsmo político de la tradición escolástica, y ateniéndonos tan sólo ll
cracias (y su versión degenerada, las oligarquías) y las monarquías (y scntido lógico material de este hilemorfismo (centrado en torno a lit
su versión degenerada, las tiranías). clistinción género/especies), la cuestión más importante en fllosofll
Aristóteles distingue también, aunque con oscilaciones termino- política tendría que ver con la detetminación de la materia políticl
lógicas, las democracias (que a veces llama repúblicas) de las de- clue pueda corresponder al género «sociedad política». Y las altcrrrl-
magogias; esta distinción podía hacerla él sin dificultad, porque su tivas del género «sociedad política» en relación con Sus especics tlos
perspectiva no era la del fundamentalismo democrático. Desde la conducirían a la distinción entre el sentido porfiriano y el santitltt
perspectiva del fundamentalismo, una democracia, si realmente exis- plotiniano del género de referencia:
te, no puede ser demagógica porque la demagogia no será una forma
degenerada de democracia, sino que es, sencillamente, una parodia 1) O bien la materia común a las especies del género tietlc la cs[trlc-
suya, es tirania o aristocracia disfrazada. tura de un género distributivo @orfria¡o o linneano) exprcsatlo cotttrr
«socicdad política», cttyas cspccies dividirán itlmcdiatal.nc-ntc cl gc'ltcro.
lrn cstu hi¡'llcsis sc lthrclt ¡trirrciplrltncltte las o¡'rciorlcs sigtticrrles:
Olt§1llvai Illrt.rrrr lll nlnflnmenTRIlRl

('()lll() tl,.'st'iltt'toltt's tle


il) Lll t¡trc clcllelltlc l¿t cxistcrrcirr tlc un¿r socictlirtl llunl¿ru¿r
I)rc*ll()- ¡r¡lillt.lrs. I lrs,.'olrsitlclit ('()nl() ¡rt'e polilir'lts o
litica (a la que se relbriría acaso la definición del holnbre debida a pa- ll¡ lr¡lúrrtir.;r socicrllrtl polí(iclr" irrclrtst) c()lllo tle-ucttet'ltciottcs tlc llt
necio, como zoon koinonikón. el hombre es «animal sociable con Ionrlr geltttilut. listo t¿ttlltl cll cl Oltstl dc llrs irltcrprctacioncs ptlrfi-
cualquier otro hombre»), que habria que poner en correspondencia ¡ilrurs c()nt() clt cl crtstt dc las interpretaciones plotinianas del génc-
con algunas interpretaciones de la «sociedad civil», de suerle que su ro <<socictl¿rd ¡rolítica». E,n el último caso, el fundamentalismo podrá
materia precediera a las formas específicas (monarquía, aristocracia, tlrrr.sc cn clos vcrsiotres genéticas:
democracia) que serían las especies de sociedades políticas que se
habrían ido dando independientemente, según tiempos y lugares. a) que la forma democrática sea la primera
o bien suponiendo
b) La que defiende la tesis de que la sociedad humana es origi- f onna evolutiva de la sociedad política, en el terreno
de la génesis,
nariamente política (el zoon potitikón de Aristóteles: el hombre es en cuyo caso las demás formas de sociedades políticas se interpre-
«animal que vive en ciudades»), de suerte que el género «sociedad tarán como corrupciones o degeneraciones de la forma original, qttc
política» se da inmediatamente como monarquía, como aristocracia será preciso recuperar.
o como democracia. Además, se planteará aquí la cuestión de si las b) que la forma democrática será la definiti-
o bien suponiendo
especies de este género son disyuntas o pueden considerarse como al- va, la estructura madura de las sociedades políticas, después de quc
ternativas realizables enun genus pennixfum. la sociedad política haya atravesado las fases embrionarias de |a ti-
ranía o de la aristocracia, fases de una sociedad inestable cuyo equi-
2) o bien la materia es el mismo género protiniano <<sociedad librio f,rnal se encontrará en la democracia.
política», porque sus especies no se derivan inmediatamente del gé-
nero, sino unas por la mediación de ras otras: según unos ra demo- Para el fundamentalismo, por tanto, sólo la sociedad democráti-
cracia será la primera especie del género; según otros la primera es- r:a merece el nombre de sociedad política verdadera; las demás serían,
pecie será la aristocracia, la oligarqtia,latiraniao la monarquía, de Ir lo sumo, verdaderas sociedades políticas, pero sociedades políticas
suerte que la democracia se nos aparezca como una evolución o re- lirlsas o inestables. El fundamentalismo democrático rechaza, por
volución avanzada a partir de las formas anteriores. tirnto, cualquier posibilidad de una mezcla de formas políticas, de
Ut genus permixtum, en el sentido de la tradición que va de Platón a
l)icearco, Polibio o cicerón. El esquema del fundamentalismo, en e I
Dos versiones del fundamentalismo democrático scntido dicho, aunque con otro contenido, nos lo ofreció san Agustírr,
para quien la Ciudad política verdadera era la que se subordinaba a
La esencia del fundamentalismo democrático (o de la Idea l¡ Ciudad rle Dios. Roma es tan sólo una comrpción (Babilonia, lil
fundamentalista de democracia) podríamos también definirla por (iutlad terrena),y sólo en la medida en que se conforme por la Ciu-
medio de la tesis según la cual el fundamento de toda sociedad tlad de Dios llegará a poder ser considerada un Estado, y no una mcnl
política es la forma democrática de esa sociedad. Esta definición [¡anda de ladrones.
de fundamentalismo está, por tanto, expresada dialécticamente El fundamentalismo democrático es, sin duda, una ideología (tttt
cn relación con las otras alternativas de especies de sociedades sistema de ideas socialmente arraigadas en un grupo social enficntadtr
políticas. a 0tros grupos). Lo que no signifrca que todas las ideologías quc ptlc-
La traducción práctica, en la Realpotitik, más importante de este tlan constituirse en torno a la democracia hayan de ser de índolc firn-
concepto de fundamentalismo democrático es ésta: una democracia 'clull-rcntalista. Actúan lamhién, una y otra vez, las idcologías dc sig-
no [cc()nocc «cn pic dc iguraldad» l¿rs diversas especies de socicdades nrl iult itlcnr,',.¡¿i ic:tt y. lt() por cl l«1, itncla lnonla I i stas.
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Irl lirrrtlltrrrcttl¡tlirtlto rlt'lltot't'¡ltilo litrrrtlirrrrr'trlrrliqrrro r irrlrl,.risrrro

l,ll liulrl:¡¡¡lcnl:¡ lis¡ur¡ .v kr cs¡lct ilico rlt. l:¡ rlc¡r¡r¡cl.:rcil lilttltrllt,, lr ¡xrllir tlr'llts tlilir'ulllrtlcs tlc lrct'eso l lrrs ur.rurs, lo t¡rrc tLr.
Hasta aquí hemos definido el fundamentalismo crernocrirtico
lilt cucttIrt tlc llt clcv¿ttIlt lrhstcnc:itin rlc Nrrevir Yrlrl< liclltc ir llr lrlllr
cria-
¡r;rl it i¡rrrcirin tle ('lriclrgt,.
t
lécticamente respecto a otras especiñcaciones o categorías
de socie- lis decisivt), para conligurar la Idea del fundamcntalisn-lo tlcnro-
dades políticas. como hemos visto, el fundamentahsÁo
adoptará ras t'r'iilico. tcncr en cuenta:
posiciones del exclusivismo y, en ros casos más generales,
der pro-
selitismo propio de la mayoría de los fundamentalismos,
sobre todo I ) Que la democracia, como formapolítica, presuponga unl r)lir-
religiosos: «Todas las religiones serán verdaderas religiones;
pero teria política dada a un nivel praeterpolítico, que puedc poncrsc cn
sólo el catolicismo (en su caso el islamismo) es la religi-ón
verdade_ conespondencia con la llamada «sociedad civil», con r.ur¿r srlcictLrrl
ra, porque las demás son coffupciones derivadas de
rá refigión pri- civllizada compuesta de alfabetos, que viven en la ci r,1/¿¡,r,. crr lrr t.iu
mitiva revelada por Dios a los hombres.>>
dad, en la polis. El fundamentalismo podría rcclcflrrirsc conro r(lu('
Es preciso definir ahora ra «especificacióru> de la
democracia que lla concepción de la democracia que supone quc la corrs(itut.rorr tlt'
suele ser utilizadapor el fundamentalista democrático.
consiste esta mocrática es la constitución que se da a sí misrna unlr (ci()( r('(l;rrl
especificación principalmente en la idea de la «autoorganización
de civil>1, es decir, añadiremos, una sociedad con el nive I ceorlrlrrr.,,
la sociedad», del gobierno del pueblo por el puebro y puruel
pueblo. necesario para que la democracia pueda ponerse en Ia nlatcr iir -\ nr )
Y el pueblo , o demos, ha de entenderse aquí io*o conjunto
de los sólo en la foma de la sociedad política. La democracia no sc cnlcrr-
ciudadanos. El pueblo no será tanto el todo social "i
¡un ráttrespecto derá, por supuesto, como una <<forma separada».
al cual los individuos fueran <<accidentes») cuanto
el conjunto de los 2) Que la democracia introduzca una línea divisoria enüe cl inclivi-
ciudadanos. Pero no será necesariamente un conjunto
merarnente duo-ciudadano y el individuo-hombre; una distinción que suelc poncr-
cuantitativo o enumerativo, un <<total» (por),cuanto un
conjunto o un se en corespondencia con la distinción entre lo público y lo privackr.
todo que llega a estar por encima de cada parte, urguio. casos,
"r, 3) Que la democracia aparezca como forma positiva, pues aun
pero siempre en función de partes que han de concebirse
como indi_ cuando aparezca como negación de la aristocracia o de la tiraltí¿r,
viduos capaces dejuzgar, de seleccionar, de votar. por
ello este todo habrá que interpretar esta oposición como una <<negación de la nc-
(olon) puede estar representado por una mayoría
Qtoilous);pero ra gación».
mayoría siempre ha de representar ar todo, como támbién
las mino- 4) Que la democracia-olocracia vaya referida a una socicclarl
rías que gobiernan de un modo no degenerado han
de mirar al todo, concebida como solitaria en principio, al margen de otras sociecl¡clcs,
y no a sus intereses particulares. El fundamentalismo
considera ade_ sin perjuicio de que pueda mantener con ellas relaciones de alianzl
más que sólo puede «mirar ar todo» aquerla parte que
más se le apro- o de enemistad. Pero la democracia ha de suponerse ya establccitlrr
xima, a saber, la mayoría democrática. por elro, eifundamentalismo
en cada una de las sociedades que forman parte del conjunto gcrri'-
tiende a identificar la democracia con ra oloarquí a, y por
eso desca- rico de las sociedades democráticas"
lifica las oligarquías, las aristocracias, las tiranías y lu, *onu.qríu,
(tanto si <<miran al todo>>, como si no), en cuanto
sociedades políticas
cstables. Y por ello también, a ras teorías de la democ.a"ia
mis o me- Definición dialéctica y metafísica del fundamentalismo
,os próximas al fundameníalismo (como pueda ser el caso
del pro- democrático
li:sor Russell Hardin) se les presentan, como cuestiones
probremáti-
cas principales, todas aquellas que tienen que vff
con la «racionalidad cotrcxitin hay c¡uc csta[rlcc:cr cnlrc cl firnclaulcntllisnro rlt'-
clcl v.to» y con la expricación de ra abstención, que ¿,Qu('
tiende a ser <<jus- liltitlo tlillúctic¿rrncntc lientc l otrirs cs¡-rccics tlc socictlatlcs ¡r«rlíf ic;rs,
12
li
( lrt,tl,rvo I lrt,'lr,r l'l lurrrlrurrt'rtlrrli,ltno rl,'rrro, r;ilit,r I urrlrrltr'nlltli:rntn r' inlr'l,ti'lnto

p()r cl cxclusivisllto, y cl f undanrcntalisrno dclinido ntctallsic¿¡¡c¡- crr'rlrtl rlcrnot'r';ilit'lr rlr'llcs rttotlos r't¡ttilitltlr's" lt cfL'r'lo tle olllcrtcr lrr
te por la oloarquía? ¿Podríamos aceptar la posibilidad de que alguien ,(iu r[( )()r'!.rr I izirc iril I rlcl ¡tttcltlrl>>:
defendiera un fundamentalismo oloárquico, pero no exclusivista de
la democracia, y que reconociera ser compatible con la existencia |) () bicn clircctarnente en la asamblea (democracias asarnblcit-
de otros tipos de sociedades políticas? En este caso la oloarquía no se- rius ).
ría propiamente fundamentalista, sino simplemente metafísica. y 2) O bien a través de órganos socialmente establecidos (inslittr-
existen, sin duda, formas de esta Idea de democracia de la oloarquía ciones, gremios, sindicatos) de la sociedad civil a la que peftettecc cl
no fundamentalista. Pericles considera superior su democracia, pero ciud¿rdano: estamos en el caso de las democracias llamadas orglrni-
no la impone como la forma exclusiva de politeia (al menos en los lí- cas o corporativas, pero también en el de las democracias popular-cs
mites en que su pensamiento nos es ofrecido por Tucídides). Lo mis- (cuando los individuos contribuyen en calidad de lt'trbtrfrttktt'L',s'
mo diríamos de Platón, de Aristóteles y, en general, de los defenso- fue el caso, al menos en el papel, de la Il Rc¡'r[lhlicl cs¡rrr
res de Bn genus permixtum. Para un demócrata fundamentalista el -como
ñola- o de habitantes de barrios, municipios, cortsc-ios tlc I'rihlit;r ,r
género permixto es un círculo cuadrado. sóviets).
3) O bien a través de partidos políticos, es decir, dc ot'guttisttto:,
instituidos para que el individuo pueda participar en la polí1icu co-
Las dos alternativas de fundamentalismo oloárquico mún, como es propio de las llamadas democracias inorgánicas.

Situados en la perspectiva del fundamentalismo oloárquico po- Debemos advertir de que, desde el fundamentalismo, cualquicra
dremos volver a exponer las alternativas genéticas de las que antes tlc cstos canales es equivalente. En las democracias orgánicas es cicr-
hemos hablado: Io que el individuo no pertenece por sí mismo, sino a través de su fa-
rnilia, de su fábrica, de su sóviet, etc., a la sociedad política; sin em-
a) La alternativa del «género originario>>: la autoorganizaci1n hargo, en cuanto individuo podría eventualmente estar mejor
democrática se derivaría inmediatamente del encuentro entre indi- infbrmado de los intereses generales que el individuo, que actúa en
viduos que son racionales, como materia políticamente amorfa que ll democracia inorgánica. Desde la olocracia los partidos políticos
comienza a conformarse políticamente. Aquí situamos las teorías tcnderán a ser considerados como accidentales, como meros expc-
del pacto social, desde Rousseau hasta Rawls. rlicntes prácticos, y de ahí la tendencia al asambleísmo de tantas dc-
b) La alternativa del «género final>>: la autoorganización de- rnocracias. El fundamentalismo no explica, en efecto, fácilmentc cl
mocrática se alcanza después de superar, a veces de modo turbu- ¡rrirrcipio de la democracia de partidos. Si todos ellos conducen a lit
lento, la aristocracia, la oligarquía, la monarquía y la tiranía. pero sociedad política libre, las discrepancias de objetivo habrían dc scr
la génesis final es 1a que dará lugar a la plenitud de las sociedades nrínimas, y no afectarían a su constitución (que nosotros denominu-
políticas y, con ello, al «fin de la historia», tal como lo entendió r-cnros con el término estoico systasis a fin de difL'-
Fukuyama. -constitutio-
rr:r'rciar la constitución social, económica e histórica de la mera corrs-
titrrci(rn escrita). Dicho de otro modo, los partidos democrirticos
lrl lundamentalismo democrático, así definido, no es unívoco, por- lrirbrían de dejar de ser revolucionarios cuando tomemos cclm«r rcf c-
r¡rrc «la dcmocracia se dice de muchas maneras»; no es unívoco, al rcncia r"lna constitución cleurocrática.
nlctlos cn cualtto a los métodos o canales de su desarrollo práctico. En
cfccltl, los ciLldatlatttls podrían contrihtrir a lu c:onstitt¡cir'rn clc l¿r srl-

.t,l
Cr¡,tlrtr,o Ilrl,.rtrr lrl lirrrrl¡tutnll¡rli¡rrro rlcntrtt't'ñlir'o. Iitttttl¡ttttellltlllHlll() e llltcgrlftlllo

Sobl'c la «f r¿rnsicirill» tlc¡lrocl-¿iIicu trs¡lalrola llr,, rlt. l() i l. (lut.l)t('( l-lllllr('nlt'lrrrlrrlr rlcll,,tlltlo ll l:t lttoltlttt¡ttilt tlt'
.\ll,rllso \lll. y (lttt'll stl V('/ ¡lt.,luetlill tlt'ttlt t'ol¡re tlt' l.s(lrtlo, lit "slt
un lugar privilegiado para medir el alcance y la presencia del l,r¡rlrrrlrrr>, tlc Mlu'tilrcz ('lrnr¡los colllt'lt cl tlt-tlctl lcg,ítillro, l)illil lllLl
fundamentalismo nos lo depara la ideología «políticamente cor:recta>> ,lros (¡rt.l'o rlrtlu cvir,lerrtc tlrnr¡-lrlco ¡titra ltts pttristtts tlc lll cicltcilr
de la democracia derivada de la constitución española de 197g. ¡rolilrt'rr constituciortal), clc la I ItcpÚrblica. l-o clLrc lcgitirn(1, 1-rot-trtrt
Es un secreto a voces que si la transición democrática española t,r. lrr rrllr'«rbacitin de la nueva Cclnstitucitin, ¿,no lire, entrc otras co-
(1975-1978) fue posible no se debió tanto a las virhrdes terapéuticas :irs. unll sitLracirin que era, de hecho, ilegítima en su origen, pcro lc-
formales atribuidas a la estructura democráticaparacurar la enfbr- l rlinLrrlu -luríclicamente en su proceso, a sabeq la sucesión a título cle
medad política atribuida a la dictadura, sino a que en los años de la r,..y tlc clon .luan carlos de Borbón? Pero, además, ¿hasta qué pr-rnt0
dictadura franquista se habían desarrollado ya los gérmenes de una de la II RepÚrblicl'1
¡,rrctlc decirse que era ya legítima la instauración
sociedad de mercado de consumidores, que simbolizamos en el «uti- I rrs clccciones que la trajeron eran municipales, y la marcha dc A I

litario seat 600», que había alejado a la sociedad española de la si- Ionso XIII fue debida a la presión popular y no a un ploceso tlcttro-
tuación prerrevolucionaria en que se encontraba en los años de 1934 t rirticu regular. Sólo después fue legitimada en unas Cortes cotrsli
y de 1936. Sin embargo, la doctrina oficial der fundamentalismo Irr ycntes.
democrático reconstruirá de este modo su historia inmediata: Espa- ¿,Y qué pasó en la II República? Que en 1934 el
Frente Populitr'
ña llevaba durante cuarenta años soportando el peso de una dictadura ( I ll lP) inició la Revolución de Octubre, suponiendo que el nuevo go-

cruel, anacrónica y arcaica; una dictadura que se había impuesto l,icrno de la CEDApreparaba un golpe fascista al estilo Dollfuss. l.l
tras romper la legalidad republicana, instaurada er 14 d,e abril de :;rrlrosición podría estar en 1o cierto, pero la izquierda que se apoy(r ctt
1931, que puso punto final a la monarquía borbónica de Alfonso XIII. (.sl sullosición no tenía ya ningún derecho para n0 leconocer quc los
La dictadura franquista era ilegal, y éste fue su vicio de origen. por (luc sc alzaronen 1936 podían estat suponiendo que se avecinab¿t clt
ello habrá que saludar con alborozo el hecho de que la democracia I spaña una revolución comunista no democrática. Aferrarse a la lc-
que se instauró tras la muefte de Franco devolviese a España a la le- yitilniclad republicana, constituida para ocultar lo que realmentc cs-
galidad y, con ella llegaran la libertad y el progreso. Esta condena- trrhu en litigio, a saber, la revolución comunista o anarquista no dc-
ción, más bien jurídica (como ilegal), de la dictadura, aunque se rrrocrática (en sentido homologable), era sólo una ficción juríclica.
considera asentada sobre bases «científicas>> firmes, es sin embargo rrtil ¡"rara legistas, y a efectos propagandísticos"
superficial por no decir hipócrita. sobre todo cuando se acepta la le- Sobre todo porque todo el mundo que tenga dos dedos dc f r-cntc
galidad franquista como punto de partida de la nueva legalidad («de tomaron posicirr
¡rrrcclc saber hoy que si las potencias democráticas
la ley a la ley»), pues no puede olvidarse que muerto Franco, aldía ncs t3n la guerra civil española no fue, en modo alguno, para rcst:.ttt-
siguiente del 2a de noviembre de 19i5, fue proclamado sucesor rrrr la legalidad republicana, sino para luchar contra el comurlisrrto.
suyo, a título de rey, don Juan carlos de Borbón, y en nombre de las l,or.cllo, Inglaterra prestó desde el principio su apoyo a Franctt, trtrr
mismas leyes franquistas. Portanto, ennombre de la legalidad de las cor- t.l'ic,¿rz o más como el que Alemania o ltalia le prestaron. Est¿rllatll lrr
tes de la dictadura. Durante los años de la transición las cortes y la lrucrr¿t civil, como dos años antes había estallado la Revoluci(rlr tlc
oposición intema, exiliada."o encarcelada, prepararon la nueva cons- ( )cf rrbrc, toclo clependía del resultado de las armas. La dilcrcncirr cs
titr,rción; después vino el referéndum de 1978 que restableció la le- {rrvo, lcgitirnid¿rdes apafte, en que en 1934 las izquicrdas filcrott tlc-
gitinridad del nuevo régirnen. Pero la constitución, rr-otutlas y cn 193(t gan(l la derccha, ya lircra ayttdada por Ittullttct't'it
¿habíarestable-
ciclo la legitimidad de la República que el alzamiento conculcó? y LIt IJlJ tallto o nrhs cluc por l{rrsia o ntl: Ias aliatlzas cttetttlttt tltltlrr
('u:rlc¡uicra cliría c¡r-rc cn lc)78 volvió a restablcccrse (,¡ ¡¡¡ vict¡l'i¡ rnilit:rr conlo lus fitcrzlts itttcl-ltits. l)cs¡rtri's vilto llt
el ordcn lcgíti-

,l(r
Uuttñv0 ñu6t10

((t:xllt'csii(itl dcl ¡tuc[tlo>> legitirtriurtlo irl vcltccrlrlr (r'clL'rónclurn clc ('lpítulo ll


1947 , rel'eréndum de 1966). La ldea, mantenida por la izquierda ven-
cida (sobre todo por el PCE) de un pueblo sojuzgado por Franco y
Objctivo dc Lrn ((Pantleto contra la demr¡craoi¿l
dispuesto a levantarse en arrnas en cualquier momento, en cuanto el
fascismo europeo fuese derrotado, como lo fue en1945, eraunapura realmente existente>)
fantasía. El «pueblo» (por adaptación alarealidad, aunque ésta fue-
ra debida al miedo muchas más veces que debida al fervor) prefirió
el régimen franquista a las propuestas de alzamiento contra é1. y el
Parlido Comunista, inspirado sin duda por Stalin, retiró el principio
de la lucha armadaproclamando el principio de la <<reconciliación na-
cional». Reconstruir la historia de la demoqacia de 1978 sobre una
pauta de legitimidades jurídicas es asunto inexcusable para los le- (lomunismo realmente existente
gistas, que no por ello están autorizados a creer que las normas jurí-
dicas flotan sobre la realidad social y tienen fuerza por sí mismas. El objetivo de este «Panfleto contra la democracia realmente cxis-
tcllte)) no es otro que el de iniciar la trituración del fundamentalisnro
rlcmocrático, en tanto que éste se apoya en una Idea pura de denro*
cri¡cia considerada como núcleo y motor de las democracias empíri-
cas, en cuanto son Estados plenos de derecho. Por <<democracia real-
¡tcnte existente>> entenderemos, de acuerdo con 1o que hemos dicho
en el Preludio, aquello mismo que entiende quien usa la expresión
en

sU sentido «políticamente correcto>>, es decir, como designación


de un
tipo de sociedad política que siendo real existe a título de realiza-
ci(rn de la democracia fundamental, con todas las imperfecciones tr
rlóflcits que en una sociedadtalhabtán de advertirse'
se trata, por tanto, de una expresión que habrá que interpretar
rlcscle la perspectiv a emic de quien lauttlizaen ese sentido. cabría ad-
vcrtir, sin embargo, que la expresión <<democracia realmente exis-
tcnte>> (como la expresión «comunismo realmente existente>>) pu«:clc
ilc¿rso ser interpretada, en perspectiva emic, como portando
una itll-
plíoita e irrefrenada intención autocrítica. No es en ningún caso Lll'lil
cx¡.rresión neutra, o meramente denotativa de hechos de algú¡r tiptr
(lr-
tlarlo (como por ejemplo, <<planeta del sistema solar exterior a la
bita terrestre>>), sino que eS una expresión práctica resultante de unit
torna cle postura de los afectados ante las críticas radicales ¿l sLlS rcs-
¡rcctivas sociedades políticas. Por
ejemplo, quienes sostienen c1r'lc lts
rlcnrocracias cxistcntcs tiencn de democracia real solamentc la aplt-
r.icnciu, y clt-tc sLt lilrnia clcnrtlcrática oculta una oligarc¡uílr cf cr:tivlr. rc..

4B
fTtlr$fvn TíIIFnR ()lllcllv() fle lln «I'nRrlfiñ eon[rn ln flFmor

cillil'lilr c()ttlo t'csl)ut:stlt tlc los rf c'cflrrk)s (luLr lus socicd¿rrlcs rlclllrlcr'h1i- ,.,rllt.it.ltt'ilr lr¡rr',1,,lrtllr lr r';ttl;r ('sl)('('rirlrtllrtl). r'()ttst1'tttL':-('tttl tll\t'l tlt'lt-l¡
cas con las c¡r,rc cllos se identillcan no son, desde luego, democracias lr;r¡o irrlt'r'r'lrrrrlrillllc ¡lor ¡rt'olr'si()rrcs. r.rl)lt etlttclt,.:ititt lttlccttlrtllr. Ñt'.
perf-ectas, sino democracias reales, con déficits, corrupciones, erro- ( )llos, con'lorri Negri, irílul ntlrs lllli Lodirvíit: cl cottttll.tistlttl soviéti
res o desviaciones más o menos importantes; es decir, reconocerán lo lol'rrri ul'r rrrntl¡tt diantctralrncntc clpucsto a las dircctriccs clttc ltls
que la sociedad democrática que defienden no es una democracia ( it'ttntlt'i,t,vt' clc Marx habían indicado, puesto que ni siquiera sut"rvir-

idealmente existente, pero sí es una democracia (o un comunismo trir cl ordcn capitalista, al mantener a los trabajadores sometidos a la
en su caso) realmente existente, esto es, que ha sido posible llevar lcy dcl valor y a la objetivación capitalista del trabajo asalariado.
adelante, incluso mucho más adelante de lo que admiten sus críti- r.rryr auténtica fuente reside en la «subjetividad obrera>>, la única t¡trc
cos, que sólo son capaces de tomar como referencia una democracia ¡rtrcdc reconocer el signifhcado del valor de uso.
(o un comunismo) irrealmente existente, o sea, dotado de una mera lrn consecuencia, la Unión Soviética no podría considerarsc corllo
<<existencia ideal». uu comunismo realmente existente sino como una suplantacitill tlcl
Pocos años después de la victoria de la Revolución de octubre de ¡rroyecto comunista por un proyecto análogo al del sociallirscisrlt,r
1917,la mayoría de los soviéticos que participaron, y <<de buena fe», ('orrrunismo soviético y nacionalsocialismo quedaban prácticit lrtcr rt e
en la ejecución de los planes quinquenales de la época de Stalin, y so- ctlLriparados. «El fenómeno estalinista dice el propitl Santilgtr
bre todo tras la victoria en la segunda guerra mundial, manfuvieron -nos
('arrillo en sus Memorias,resumiendo tesis suyas de Euroc,¡ttttttti.s''
la confianza de que la unión Soviética estaba instaurando el primer ttro .y Estado- ha dado a este Estado flsoviético] formas totalitarias
modelo auténtico de sociedad comunista, a través de la plataforma del y una serie de rasgos formales semejantes a los de las dictaduras lhs-
<<comunismo en un solo país». Esta misma creencia era intensamen- c istas.>>
te compartida por la mayoría de los simpatizantes occidentales de la Quienes desde la identificación con la Unión Soviética recono-
Unión Soviética y era compufidatambién, aunque con horror, por sus cicron, Ltnayezconvencidos de que las esperanzas de Jruschov había
adversarios. sin embargo, la oposición intema, desde las posiciones rlrre de.jarlas atrás, por tanto, quienes aceptaron autocríticamente quc
trotskistas, fue impugnando esta tesis cada vez conmayor profundi- ll Unión Soviética, a los cuarenta años de vida, no podía considerarsc
dad, llegando a negar que el comunismo en un solo país fuese co- todavía ni de lejos como una sociedad comunista, pero al mismo
munismo en absoluto, porque lo que era, por ejemplo, no podía ser ticrnpo rechazabanenérgicamente la idea de la traición o la de la sur-
otra cosa sino una reedición modema del «modo de producción asiá- ¡
I a ntación, encontraron como fórmula adecuada para «diagnosti ca r»>
I

tico>>, o bien del «despotismo tártaro>> o de un «capitalismo burocrá- la sitrración de su sistema político en evolución la fórmula del «co-
tico de Estado». La desviación de la Idea pura de comunismo blo- ruunismo realmente existente>>. La Unión Soviética
queaba toda posibilidad de hablar de un comunismo realmente -diríamos
consolidada tras la victoria en la segunda guerra mundial, no poclrri
existente: lo que existía no era sencillamente comunismo. La «Re- l)onerse acaso como ejemplo del comunismo pleno, del ideal irrcali
volución de octubre» había sido traicionada, y con ella los proyec- zado y existente como ideal, pero sí como aquel comunismo qtte clcs-
tos o ideales genuinos de comunismo. dc sus fundamentos ha podido ser realizado hasta el momento cor.r'ro
Más tarde algunos, con Rudolph Bahro, no hablarían tanto de re- ln cr.tntunismo realmente existente y que se encuentra en el catnilttl
volución traicionada cuanto de «desviación burocrática>> de un pro- tlc la sociedad del futuro. Con lo cual, simultáneamente, qucdabatr
ycoto que mantenía los esquemas de la producción capitarista (re- llrrl¡ién neutralizadas las críticas trotskistas: «¿Dónde podóis tllirat.,
glarncntismo, sobretrabajo) y que sólo podía reconducirse tras una cn la superficie terrestre, fuera del territorio de la Unión Sovió1icir,
«rcvtl I uc i«in cultural» que, aprovechando la <<conciencia excedente» ¡iunr cl'tcrtt"tlrar una sociedad comunista por impcrfbcta cluc
clllt sclr'/
(r¡uc su¡'rucsl¿ulrcnte permanecía en los trabajadores, desbordando la A ltingírn laclo; srilo ¡'roclréis lltirar a utra ldca ltl¡stractlt, irt'cltl, il tlll c()-

5() 5l
IIWTNYT' DTITIIT ( )nlr¡ilv(l 0e lln r(1'nntlñIo eomTn m nFTRoerne ln r('nlnltYlle exlile

Iluilisill() it't'L'ttlnt<'nlt,t,ti,slt,ttlt,. cs tlccir-, r¡uc srilo cxisitc c¡ v¡cstras Iis t'r,irlclllr'. l)()t liull(). (lu('r':.lir ,,r('(()rr( rlrtt'ttltl.'t,rl llt tt'ltlltlrttl,,"
cabcz¿rs.»
., orr lo rcllnlr'lrtc erislcrrlc. rro tcrttlt'ilt crt ¡lr.irrci¡rirl cl sclttitlo tle tlltlt

rr'rrunt'ilr rrl rrrodelo iclcal, al dcbcr scr, cn bencflcio clc rut rttcro tlis-
f rrrte tlcl scr cnrpírico alcanzado (en la democracia o en cl cotltttllis-
Dos aspectos de <<lo realmente existente>> nro). l.a r-cconciliación con la realidad desde el fundamentalismo tcrt-
tlni cl scntido de un punto incesante de partida para el proceso dc
El componente ideológico de las expresiones que estamos anari- rt'lirnclición de la realidad existente con la irtealidad esencial de la
zando realmente existente>>, <<comunismo reaimente
-<<democracia Itlca pura que, sin embargo, parece ser la condición de aquella ntis-
existente>>- se hace patente de muchos modos. Examinemos
aquí la rrur rcalidad, en tanto ella es algo más que un hecho bruto o ernpíri-
cuestión desde cada uno de los aspectos o modos generales ,'o. El fundamentalismo no es entonces meramente un rigorismo dis-
desde
los que pueden concebirse estas sociedades realmenté existentes,
que ¡rrrcsto a abandonar el mundo porque no es perfecto, sin que cllo
dicen encamar Ideas arquetípicas puras: el primero tiene que rnrplique una disposición al relajamiento.
ver con
[,as cosas oculTen como si la esencia que confiere significado l
la realidad empírica de la sociedad considerada como democrática
(o
como comunista, en su caso); el segundo tiene que ver con
la irrea- lir cxistencia de la democracia (o del comunismo) realmente existcntu'
lidad empírica, reconocida a la idealidad esencial de la democracia ,'rigiera tener también una existencia irreal, pero esencial, sólo a
(o del comunismo) tal como lo entiende el fundamentalismo
demo_ ¡xrrtir de la cual fuera posible dar cuenta de la misma existencia brr,r-
crático (o el comunista). tl o empírica de la democracia (o del comunismo). Como si estuviesc
El primer momento lo ciframos en una suerte de reconciliación rrr¡uí actuando una modalidad de aquel argumento ontológico quc
con la realidad de los demócratas (o de los comunistas) que Ios frailes anselmianos atribuían a la esencia divina, a la Idea dc
no
quieren renunciar a la Idea esencial, al intento fundamentalista.
La l)ios; una Idea que, por naturaleza, exigia internamente su existen-
realidad empírica, la democracia real (o el comunismo real)
no tie- cir-r, por precaria que fuese. Ahora bien, estas Ideas esenciales que por
ne la plenitud o el brillo que el demócrata, o el comunista
conven- rurturaleza tienden a existir se parecen bastante a lo que, varios siglos
cido, podría esperar; la política real, o si se prefiere la <<prosa
de Ia rlespués, Alfred Fouillé describió. en el terreno puramente psicoso-
vida», ha llevado a situaciones repugnantes, bocho.náru, o ver- cial, como «Ideas fuerza>>. Y no pretendemos con esta asimilación
gonzosas que, sin embargo, es preciso aceptar. Si el
demócrata fun- tanto reducir las Ideas esenciales a la condición de «Ideas fuerza>>, en
damentalista reconoce la realidad de los déf,cits de la demo
cracia scntido psicológico, cuanto lo contrario, reducir las «ldeas fuerza>>,
real, lo hará no sólo a títuro de reconocimiento de hechos
impre- llgunas al menos, a la condición de Ideas esenciales.
vistos, o contingentes, ni tampoco a títuro de fracaso o crisis El segundo momento lo ciframos justamente en esa especie de sa-
de
fundamentos, sino a título de aceptación de las condiciones
nece- cr¿rlización experimentada por la Idea fundamental. Pues no se tratit
sarias, por duras que sean, para que la ldea de ra democracia
fun- stilo de reconocer la perfección de la Idea pura, distante, y dotada clc
damental (o la Idea del comunismo) puedan al menos arcanzar
una tll autosuficiencia que fuera posible olvidarse de ella. Una ldea lln-
mínima corporeidad política real («dos pasos atrás y uno
adelante»). tllr.nental que, como la Idea democrática fundamentalista (o la ldca
son las posiciones del «posibilismo». Será preciso enfrentarse conrunista en su caso), parece tener esa fuerza conformadora o ttttll-
con
Ia realidad empírica y, ed rugar de verla como ra negación
siste- tleadora que, al actuar fuera de su inmanencia ideal (no sólo lncrttal),
rnirtica de la Idea, de lo que debiera ser, habrá qu" .o.".,
zar a con- sc n'rucstra como imprescindible para dar sentido y orientaci(trt a llr
sidcrarla como condición del mismo ser o existencia real
de la de- rri'isrna rcalidad empírica, a la trisma política rcal, cs l"tna lclca (lttc tl()s
rlrocracia (o del comunismo).
envrrclvc y lr la c¡Llc lcnclrcn.los (prc rccon()ccr su c,tllttlicitin tlc vltlrlt

5',]
rcIFTIO ()nl§nvo oF llR «rnnTl§IR eonrffl IR oFmo(

r'cli-lcllrtlo elr los lllrrrirrlos r<v¿rlorcs tle la tlcnrtlcr'¿rci¿r». LJn


sul)r'r: nr(), Sol»'t' Itlclts ulri¡licrts
valor suprcrno qucr da sr:nLiclo a las realidades ernpíricas, y las eleva
sobre el prosaico ras de la tierra; porque el fundamento inspira una Nps e¡conll'ilnl()s arrlc ltr ctlnliorttltcitilt. tatttlts vr:ccs rcpl-()dttt:itllt,
orientación de futuro al flujo incesante de los instantes que compo- ,-.rrlt.t'ulllr lcltlitl¿rtl cttrpírica. lclltlllrcntlltigica y prosaica" y llr lclt:it
nen el ahora empírico, prosaico y sucio de la vida política cotidiana. ¡,rrnr lirrrtlitntcllt¿tl dcsdc la c¡uc tros refi:rinros a esa realidad
p¿lra o()11-

¿Son las Ideas que puedan hacerse presentes como brillando más allá tt'¡rLLurlizurla. Iclcas quc, como las de la democracia o la del comtt-
de nuestro mundo en un mundo ideal o futuro, utópico o nrsrrro, s0 nos presentan como dadas en un orden distinto del ordcn dc
ucrónice las que -brillando
podrían servimos como guía de nuestro movimien- lrr concatenación de las partes de la realidad empírica: el orden clc las
to en el mundo real? Aunque estas Ideas fueran astros de un mundo escrrci¿rs o fundamentos metantéricos (es deciq de fundamcntos si-
inexistente, l,acaso no son tales Ideas, cuando actúan con su fuerza Iulclos rnás allá de las partes que constituyen la realidad cm¡"rít'icl y
intrínseca, las que podrían iluminar el mundo real? Pues no serían, en (luc por tanto sólo son accesibles a la teoría pura).
todo caso, Ideas creadas para evadimos del mundo real sino Ideas des- Y el modo más expeditivo de que disponemos para interprclrrt'lrt
tinadas a envolver al mundo real, orientando la política efectiva demo- rr..lrrción entre estos dos órdenes, de suerte que podamos alc'iarttos
créúica (o comunista) y logrando así que ella adquiera su sentido. .lt'l rnodo metafísico (que transfiere el orden ideal a un lugar rtrlttti-
Ahora bien: esto es lo que explica también la peligrosidad que esas t o, incluso a una mente divina), es el de la reducción psicológicl.
Ideas fundamentalistas sacralizadas pueden revestir cuando se enfren- Las Ideas conformadoras serán identificadas sencillamente con
ten con quienes niegan de plano que la realidad empírica pueda con- n¡cstros ideales psicológicos, con los proyectos, planes o programas
siderarse siquiera, por ejemplo, como democracia o como comunismo t¡ue brotan de las conciencias subjetivas (o de los cerebros, en su
realmente existente. Pues esto equivaldría a decirle, a quien está irn- l' rrso, da lo mismo) de los ciudadanos; las realidades empíricas seráll

pulsado por la Idea sacralizada, que la realidad en marcha en la que Ios materiales que sólo parcialmente habríamos logrado confonnar,
vive nada tiene que ver con su fundamento; equivale a desacralizar t)et.o que delatarán siempre la presencia de la Idea en función
de la
por completo la realidad, a negar la democracia al reducirla a su con- r rrul se conformaron. Acaso una presencia semejante resultará estar
dición de «oligarquía» (o de aristocracia enmascarada), o a negar el co- ir una excesiva distancia, en una lejanía que muchos considerarán in-
munismo realmente existente, mancillándolo al definirlo como capi- srrlvable. Ello no suprimiría la imporlancia de la Idea utópica de la
talismo burocrático de Estado, o como despotismo útrtaro. Quien rle nrocracia (o del comunismo en su caso). Porque la utopía, alaver,
mantiene estas negaciones, quien desvirhra de tal modo el principio vi- ,.1rrc sirve para interpretar las realidades empíricas que, con todas stts
tal de la democracia, o en su caso al menos, el principio vital del co- lnpurezas y defectos («déficits») se organizan bajo su inspiración,
munismo realmente existente, merece morir, aunque sea de un pique- sir-vc también de guía para nuestra acción en marcha, y de alimenttr
tazo, dado a traición, por quien todavía creía en la vida real del rlc nuestro horizonte futuro («principio esperanza»)'
comunismo militante (parece que Ramón Mercader, el asesino de Ahora bien, esta ramplona transcripción psicológica de la con-
Trotski, no actuó por dinero ni por miedo a una orden de Stalin, sino f I ontación entre realidades empíricas e Ideas, tan frecuentemente Ltti-

convencido de la necesidad de su misión parala causa del comurismo). lizlcla por los políticos en ejercicio como justificación de la inclr-rsitirl
Pero el fundamentalismo no es un integrismo, como hemos dicho, tlc Ia utopía en sus programas, no es sólo superficial sino también, por
y no exige, de por sí, que la realidad empírica deba satisfacer ínte- tlt',.irlo así, taitnada.
gramente el arquetipo (según el principio: bonum ex integra caltsa, Supcrlicial porque cierra en falso la cuestión dc la confiontacitin,
multtm ex quocumque defecto) para mantenerse ligado a los fun- ;rl rctlucirla a una c,onfiontación entrc proycctos «sttlr"iclivtls» y «rcll
dalncntos. lirlrrrlcs o[-r-ictivits» rc:sistctrtcs; lo t¡ttc Stll]onc tlat' por stt¡-rttcsto r¡tlc

5.1
r rulrrnvo nIIrRo
( )lrjclivo rlr.un ,,1'ittrllr'lo t'¡rnlr¡r lrt rlrtnot't¡tt irt tt'¡rltt¡t'ltlr't'ti:tlt'ttlr',,

llts ltlcas l)Lll'lls s()ll strb.ictivlrs, y quc


¡lnrceclcrr rle l¿rs c6¡cie¡cius ir- ttl\ (¡ ltttr':rll() (ir,.r() Llr lrllr'¡ rr;tlrt;r rlllrntt't t('ir tl()s l¡lrlr'll;t'ro rt lltl t('
dividuales. pero ra verdad es que son ros individuos
quienes son
1nis',6'- conformados por esas Ideas, que les anteceden en l,l;rnlt';lllit'lrlo tlc llr crresliirrr tle ll cottli'orttrtcirilt. lt tttt t.e¡rlltttlclr
-ellos
el proceso histórico sociar. La Idea pura que ul('nl() tlihujlrrlo iuttcs cn cl tct'rcno lrigictl Iltatct'ial y oh.jctivo tlc llr
inspira dice- al de- lrrslorirr r-clrl, r¡rrc cn cl te rrcno psicológico sub.ictivo.
mócrata fundamentarista más convencido no -se
es otra cosa sino una
jdealización de un Y es crr cstc tcrrcno l(tgict-r objetivo donde la confiontacit'rlt ctltl-c
modelo empírico mejor o peor comprendido y
transportado al futuro desde el pretérito. pero lrrs Itlcas y las rcalidades empíricas desligadas del marco dc las rcl¿r-
fu"u.o no es también ( r(!ncs sLricto/objeto se nos presenta como un caso particular cle ll
un supuesto dudoso el de quien aftrmaque las
«realidades objetivas
resistentes>> constituyen una materia prima , orrli-onlación gencral entre las series de términos concatcnitclos y
anterior, a la que quere-
mos conformar por las Ideas? (Los gigantes, or(l('nlrclos (por relaciones de menor a mayor, o de peor a rlre'lot', ¡rot
bajo la forma de mori-
nos de viento, no eran, si hacemos caso a l-Inamuno, r'l('nrl)l()) y los límites objetivos de estas series, sustantivados. colt li't'
meras Ideas r ucncia. como si fueran términos metaméricos. Por ejcnl¡-rlo, e I <,¡rtttt
creadas por la mente arucinada de Don
euijote, ni los planes quin- t,' tlc inllnito)) en el que se cruzan los lados paralelos dc ttlt Il'ir'utlu
quenales, bajo la forma de los más brutares
métodos áe coacción,
eran una simple creación de la mente alucinada 1,, lrir-rcctángulo la «Norma hipotética fundamental dcl ortlt'tt
de Stalin.) -o
¡rr itlico>> kelseniana- no tendrian por qué ser sustantivaclos trittrilt
Taimada porque, aun reconociendo er carácter
utópico de las ,l,rlos oomo si fueran un <<punto>) una ((norma)) (una nortttl lti
ideas fundamentaristas así entendidas, se
atreve a ofrecerlas (cu_ -o
briéndose la retirada, es decir, eximiéndose ¡,,,1t'tica no es una norma)- situado más allá (metaméricamentc) tlc
de toda responsabili- ,. rrrrltluier segmento finito de las rectas
dad, tras el inevitable fracaso) como ideares de los ordenamientos-
inarcanzibres pero -o
t ,r.cspofldientes, sino como la misma relación diamérica entre las
orientadores, sabiendo que muchas personas
están dispuestas a acep-
tar esa oferta de consolación. pero er puesto n()r'r)rirs o entre los puntos de las perpendiculares que cortan dos rec-
de ra utopía en la teo-
ria politica (y no sólo en ra práctica del masaje porítico t;rs ¡raralelas: decir que las rectas paralelas se cortan en un punto dc
de los psi- r¡rlirrito equivale entonces a decir que no se cortan, en ningún punttt
cagogos) es anál0go al puesto que coffesponde
a la contradicción en
la teoría matemática; una utopía, por definición, ,lt'lcrurinado, en los puntos determinados por cada perpendicular qr-rc
es lo que no puede
realizarse y, por consiguiente, es contradictorio rrr¡[¡¡ ¿ esas rectas; o bien, el primer cardinal transfinito, el ole¡tlt
e iniigno propo_ ( ('r o. uo tendría por qué ser sustantivado (como hacen tantos aficio-
nerla como un proyecto a las presentes o futuras
g"rr..uliores. (Es n;rtlos después de haber leído a Borges) como si fuera un cardinal
comprensible que en los años de ra caidade la
unián Soviética la re_ :-;rtrrrdo más allá (metaméricamente) de la serie inf,rnita de los nútnc-
vista teórica de un partido porítico de raigambre
marxista, pero que
había perdido su rumbo revolucion ario, reforzase r()s cilrdinales, sino como la relación diamérica entre los térmirtos
su titurá,' Nuestra rlt' cs¿r serie cuando se toman en su conjunto, confrontándolo colt
Bctndera. con el antetítulo Utopías.)
Sólo conocemos una alternativa al cailejón .tlos subconjuntos o partes suyas (como puedan serlo el conjttttltr
sin salida de las res-
puestas a la confrontación entre las realidades tlc los núrmeros pares y el conjunto de los números impares).
empíricas con las Ideas ('Lrando mantenemos esta perspectiva diamérica, la ldea purit. cl
fundamentales puras, que dicen actuar manteniéndose
en un lugar la norma hi¡-ro-
situado «más allá» o <<más atrás» de las partes ¡rurrto dc inf-inito o el primer cardinal transfinito
que se concatenan en -o
It'tica lirndamental-, deja de ser un «proyecto utópico subietivo» rr
csa realidad empírica: es,'ra alternativa que
comienzaaniquilando la
posibilidad metamérica misma de estas r¡rrrr I'icción.iurídica ingeniosa, a partir de la cual hayan podiclo cort-
ideas, a fin de restituirras a su
lugar natural, que no es otro sino el de la conex firrrnursc, dc modo deflcicntc, algunos <<segrnentos cmpíricos tlc t'cc-
ión diaméricahistó-
ric¿r cntrc las parles mismas de la tlr», ulgtrrlrs <<sucesiol-lcs cnrpiric:Lrs>> dc núrmcros rtatur¿tlcs o itlgtuuts
realidad empírica, de la Reatpori-
colrslilucioncs ¡rolíticas cf cctivas; ni r.rrlrrcllos scgnrcnlos, tticslits su-
( iusl;n,o llrrt.llo ( )lrit'(ivo rlc tttt ,,ltitltllt'lo t'rlltll¡t l¡t (l('lllu('l:lt'ilt trilltttt'ttlt't'tislcttlr"'

cesiones, ni estas constituciones, tendrán por qué ser interprctadas rlll(.1(.,1('! eprttt'¡itl¡s ¡() yll (()nt() liltit nllrsll t'ltirl ir'tr tl tlt's0lrlelllttllt
como <<realizaciones deficientes>> de las Ideas de punto de infinito, de ',llt, (()ltlo tttl c()slll()S ctt cl t¡tlc ltls scrcs (ltttllttrls, tlltllÚcttllts. tlrglt-
primer cardinal transfinito, o de constitución política democrática n r:ilrl( )s. vcgctltlcs, ¿iltitnalcs, htltninidtls, hotlbrcs
pritltitivos, hottr-
constituyente. Por el contrario, estas ldeas, que sólo podrían ser con- l,rr.:r ¡ivilizucfils. ciucladanos del futuro...) están ordenados según uttit
sideradas como utópicas cuando sustantivadas se las intenta situar ,. r( irlir ¡crárc¡Lrica de grados de pert-ección y de valor crecientc. [Jnas
en algún lugar infinitamente distante de las series finitas respecti- rt.r'r.s (Aristóteles) esta ordenación climacológica del universtl ttt-
vas, tendrían que ver con la estructura misma de la realidad empíri- rn;¡ ir lu firrma de una disposición eterna («estática»), de un cosrl1()s
ca, en tanto se comparan dialécticamente las unas con las otras. La l,rrrrlriún cterno, y en el que no cabe esperar transformación en la cli-
Idea de democracia, como la Idea de comunismo, resultaría según r,'t i'irin clc un «progreso global» (recordemos que éste es el rótLrlo tlc
esto de la confrontación entre las diferentes sociedades o institucio- nrtlvilrriento ideológico cultivado por una Institución ¡rrcsitlitlil
nes democráticas, o comunistas en su caso, pero no de la confronta- ',rr
l)()r ¡n cx presidente socialdemóctatadel
gobierno español)- l'ot't¡ttt'
ción entre las sociedades empíricas democráticas (o comunistas) con r I ,,1)l'()trreso global» es una expresión que carece de todo sctltitlo
(r'l
las Ideas puras de democracia (o de comunismo). dentro de regiones particttlat'e s tlt'
t)r{ )r,,t-cso sólo tendría significado
otra cosa es que <<en beneficio de la didáctica» (un beneficio muy l.r rr'rrlidad, es decir, como progreso particular; «progreso globitl>> cs
dudoso, y peligroso), ofrezcamos a los niños <<representaciones grá- un;r ('()nstruCción tan abSurda como «hierro de madera>: cabrá hablirl'
ficas>> del punto de infinito, o de los cardinales transfinitos o los motores de explosión, sc-
de las r lt.
¡)l-r)gfeSo especial en la sucesión de
constituciones democráticas constituyentes, mediante manchas de l,un slts rendimientos, pero carecería de todo sentido intentar siquic-
colores, o diversos espesores de líneas, o de presentaciones esceno- r.r t.stablecer una relación de progreso o de regreso entre el motor de
gráficas de ideales democráticos o comunistas situados en el Estado ,.r¡rlosión más perfecto hasta el presente y la perfección poética
final o definitivo (utópico) de la humanidad terrestre. ,nrrlrr¡lable, según algunos, del primer soneto de Los mansos de Lopc
,lt'Vcga).
( )tras veces, la ordenación climacológica del universo (de sus de-
Sobre el <<Progreso político>> rrrirrr-ggs y de sus obras), tomará la forma de un proceso dinámico,
,.i olrrtivo, desde los grados más bajos hasta los más altos, ya sea por
Nos parece que tiene el mayor interés, para el análisis de la Idea r irr i¡rnanente, ya sea como efecto de causas trascendentes, gener;rl-
democrática fundamentalista, entendida en función de las democra- rrre .tc asociadas a demiurgos creadores. También hay que tener
cn
cias realmente existentes, la comparación entre los procedimientos (.ucntir las ordenaciones climacológicas de signo regresivo, las tlr-
metaméricos que acabamos de denunciar, como componentes del ( I('rltciones degeneracionistas utilizadas ampliamente por
los nco-
pensamiento político utópico (por no decir indecente), y los proce- los pesimistas. cil-
lrlrrltinicos, y que gozan de gran actualidad entre
dimientos de la metafisica o cosmogonía climacológica que está en t:rstrof-istas y apocalípticos de nuestros días, tanto en el terrcrttt
el fondo de la Idea de progreso, que muchos partidos poríticos, y es- lrrolt'rgico como en el cosmológico.
pecialmente los llamados de izquierda, consideran consustancial con
l)c cualquier modo podemos afirmar que la ordenación de los clc-
sus programas políticos .f-a <<izquierda progresista>> suele imputar, ¡ussfro caso, los legisladores, o los pueblos clue lcgis-
en nritrrsos
eftcto, a la <<derecha», tendencias conservadoras, regresivas, invo- -s¡
lrrrr , scgún sr-r capacidad creadora, es una ordenación distrihtrliva crl
lutir,as o reaccionarias.
|r.utlos dc pcrf'ccción de su poder derniirrgico a partir dc stts tll-rras- Llt
«Metafísica climacológica» (de klimax, acos, escalade gradas, es- cllpacitladcs crcndoras stilo ptldrírr cxpli-
¡rer lccr:i(lt c:rccicntc cll cst¿ts
c:alcra) cs cualc¡uier tipo de concepción del mundo que considera ir-tlc trn línritc srrperitlr', ¡rttcsto tlttc sril«r tlltll ciltlli¿l cflciclttt-
sus r.llrsc ir ¡1rr1

5l(
( iutl¡tvo Ilut.rro ( )lrjclivo tlt' tttl ,,1'rttllr'lo conllt lrr rlt'nrot'rrrriir rr'rrltrrr.rrlt, r.tir.lt.rrlt.,,

inlinita podría dar cucnta de cs¿t disnrinucitin graclual clc lr c¡usa ¡r¡- r irttlt'losrtto(olcstle vlt¡rtlr-otk'cr¡rlosii»r.()llvilrrrrclllcscllir
l;r ll¡slot
terial en los diferentes grados de la escala ascendente. De otro modo, nos I,r :,rl;uttr'nte rlc cs['rozlu'llrs líncls gcrtcralcs clc ulr anírlisis c1rrc, cslirr'ílr
encontramos de lleno, y sin pretenderlo, utilizando tmtavezmás, y por lr¡r'rr rk' lrrgirr'haccr con ln¿tyor prolijidad cn cst¿r ocasi(rr-r.
vía causal, la regla áurea de lo divino que, sin duda, se utilizótambién
de otras muchas maneras, por ejemplo, de una manera esencial y no
causal. La regla que Aristóteles consignó en su sobre la ( 'r'isliunismo eterno y cristianismo temporal
filosofia, se
interpretará, en efecto, antes en el terreno de la esencia
suele decirse- que en el terreno de la causa: «siempre que -platónico,
hay algo l,ir distinción previa que habremos de tener en cucntu cs ll lris-
mejor, hay algo óptimo. Mas puesto que entre las cosas que son, una nr,r ;r llr que nos hemos referido anteriormente, la propur:stl ¡'ror l)ilic
es mejor que otra, habrátambién una cosa óptima, y ésta sería divina.» rrltr-' l¿rs perspectivas emic y las perspectivas e/icr utloplrrrllrs rrllt'nrr
Támbién cicerón, en el libro rr De natura deorum,y por boca de Bal- lrr rrrrcnte, no siempre disyuntivamente, por quiencs sc tl is¡rorrcn rrl
bo, o Séneca en sus Cuestiones naturales,utihzaronel criterio del Deus .rrrilisis de cualquierproceso operatorio. Laperspectivlt t'ttti,'llcr;r rr
nihil majus cogitari potesl en un terreno esencial. pero cuando hablamos r;rlro cl análisis tratando de situarse en elpunto de vistlr tlel ru',t'rrlt'.
de lo mejor en el sentido de la mayor perfección de un demiurgo (por ,lcl srrjcto operatorio; la perspectiva etic asume un punto rlc vislrr t'r
ejemplo, de un legislador) y le atribuimos a Dios, por la regla áurea, su It'rrrt) irI del agente (lo que no excluye la posibilidad de envolvcrlo. si
condición de creador, estamos indicando al mismo tiempo cómo la cau- , l ¡rrrrrtr) de vista etic asumido por él es más potente que el punto rlc
sa de los grados de perfección más altos o perfectos que otros dados han r rsll clcl agente: una persona adulta que contempla a distancia Ias
de tener su causa en otros grados más altos (y no más bajos). rnrrniol-¡ras de un niño que intenta disimular el objeto que ha sustraído
sin embargo, todos estos procesos de conformación de series cli- t['l lugar en el que aquélla lo había escondido como cebo, puedc
macológicas conducentes a un ser perfectísimo, en cuanto a sus capa- .rnrrlizar eticla conducta del agente infantil de modo que envuelva por
cidades demiúrgicas, y perfectísimo porque es definido como causa crrlcrr) los objetivos emic de la criatura).
creadora (como podía serlo el puebio capaz de darse a sí mismo su «(lristianismo etemo>r y «cristianismo realmente existente»: hc
constitución democrática), ¿son algo más que meras ordenaciones idea- ,rt¡uí rrna distinción inspirada enlos fundamentos de la fe:
les sin más trascendencia real que la que pueda tener una ordenación de
los polígonos regulares por el número de sus lados en una sucesión in- A) Desde su propia perspectiva, emic,los cristianos parlen cn
definida cuyo límite, que habría que situar más allá de la sucesión, fue- efecto del Cristo de su fe, de un Cristo que procedente de lo eterno,
ra el polígono de inflnitos lados? Es decir: ese Dios perfectísimo (ese del Cielo, de la segunda persona de la Trinidad, descendió a la 'l'ic-
Pueblo, voz de Dios, que anuncia la Humanidad futura) como causa de rra y se encarnó en el hijo de María.
los grados de perfección demiúrgica que actuanpor debajo de é1, a) Los cristianos militantes, que no pueden perder el ct'lr.rlucto
¿es
algo más que el polígono de infinitos lados? coll su fundamento, por tanto, los cristianos fundamentalistas, ve-
consideremos como ilustración de la dialéctica entre las Ideas pu- ríur el cristianismo necesariamente como una revelación histtiric:ir,
ras y las realidades empíricas envuelta por elras, desplegada en los cn su decurso temporal, iniciado por la persona de Jesúrs, pero clcr-
procesos climacológicos progresistas, a cuyos esquemas suelen aco- no cn sus contenidos religiosos (con sus implicaciones étic¿rs y lÍu)r-
gerse los análisis de la democraciay del comunismo, y de modo muy hión, gcncralmente, rnor¿rles y aun políticas).
sumario, dos ejemplos de muy diversa nattraleza(a fin de confirmar b) Pcro crr cl curso clc su cxistcncia [ristórica, atrriéndosc cunri-
la independencia de nuestro análisis histórico sociológico de los ejem- no cn rncdio rlc la ('irrtllcl tcrrcna, cl cristianisnro (y lrrrn l¿r nrisrnlr
plos políticos que venimos considerando): la historia del cristianismo hiogllrfilr rnlis ¡rrosuicir tlc .lcsírs) hlhni tlchirl() cnrziu'sc con ol llrs
(,u!{f ,lv() ItuBllr) Ohit'llvo tle tut ,tPtltfl-elrl crtttlrtt ln rlurrot'r¡rt'lu leulrrrenle exlslelrlr.rr

rrrÚrlti¡tles re¿tlitlrrtlcs it lits t¡uc lrlrlrni tcrrido r¡rrc crrf icrrlrusc. sollciu.o lr) I lr lrislrtl tr¡ tlt'l t rlllr:rtt:-nro. rlururlt' l,r:liil'lorr ¡roslr'r r()r(',,. \,r
plegarse. Y estas circunstancias habr¿in dctcmin¿ldo dcf brrnacior.rcs, rto lr'rttllli ¡rot't¡ttc lutltlizlrtsc conro llr lrislor-ii¡ stllrr-crtlrtrrllrl o slr¡rlllrlir
eclipses, desviaciones y hasta corrupciones de la Iglesia eterna, re- tlt'l rtrislcrio clc tuut ¡rasititt, rcplcla cle los «rnistcrios>> clc lrrs c:rlns,
conocidas por los mismos cristianos católicos; los protestantes, y lrtrllr.:s cltídrts, urriclas a Ilornentos dc rcslrrrccci(ln; silro conr() unl
hoy también muchos católicos, que vuelven sus ojos a la Iglesia pri- lrisloria natural de las vicisitudes de unas sectas o iglosias cn su lr¡,
mitiva, a la mítica Iglesia de Jerusalén, considerarán como línea de r:lrr por la vida fiente a otras iglesias, sectas o imperios polílicos,
fractura más profunda e1 «pacto» con el Imperio de la Iglesia cons- lristoli¿r natural que nos irá mostrando cómo se entrecruzau sr.ls pt-csr
tantiniana, que habría alienado a los cristianos más genuinos, trans- {irciones muttas, doctrinales o rituales, etc.
formándolos en ciudadanos de una Iglesia demasiado interesada por c) Según esto el cristianismo realmente exisfenlc scrii. dcstlc l¡e-
las circunstancias temporales y terrenas. (Lutero llegó a considerar go, el cristianismo histórico positivo, empírico, p()r(luc tro r.rrilt.
al papa León X como el Anticristo, a la manera como Trotski llegó otro. A partir de é1, el cristianismo eterno tendr¿i (luc s('r t'x plir. rrtlo rr
a ver en Stalin el Demiurgo destructor del comunismo.) partir del cristianismo realmente existente y no al rcv('s. lt.rrtlrr r¡rr,.
c) Sin embargo, y aun reconociendo que no es fácil exponer el scr explicado como una resultante de las confronl¿lci()ncs tlirunr'r r, ,r:,
desarrollo del cristianismo histórico (que no podría desprenderse de entre las diversas iglesias cristianas que se reprochan ntuluirnt('rtr' :rr,
sus obispos guefferos, de sus inquisidores siniestros, de sus fieles traiciones, pero que siguen enfrentadas con otras religitlrrcs n() ( r r\
prevaricadores) como si fuera el despliegue luminoso y sin sombras tianas o con ideologías no religiosas.
de1 cristianismo eterno, los cristianos militantes que no sean inte-
gristas podrán seguir viendo, desde sus fundamentos, la historia de
la Iglesia como la historia de un cristianismo realmente existente en \lr¡lr¡r perpetuo y motor temporal
el que se mantiene intacta la fe viva, dejando a los teólogos la pro-
fi.mdización de los «misterios de la Encarnación» y la delimitación de lrn cuanto al móvil eterno (el perpetuum mobile) y los rnotorcs
los ocultos designios de la Redención mediante la presencia continua r t'rrlrnente existentes, podríamos hacer estas consideraciones:

de Cristo en el interior mismo de la Iglesia pecadora.


B) Pero, desde una perspectiva etic,no cristiana militante (como A) Desde la perspectiv a emic del <<creyente» en la posibilidad clc
pueda serlo la perspectiva de un judío, un musulmán, o un «racio- f'abricación, y aun en la realidad del móvil perpetuo:
nalista», por no hablar de la perspectiva de un brahmán) las cosas po- a) Se comenzarápor establecer la Idea de este móvil, su eslruc-
drán verse de otro modo. tura fundamental, incluso sus especificaciones esenciales (móvil ¡rcr.
a) Por de pronto no se partirá ya del Cristo de la fe, sino del hijo de petuo de primera especie y móvil perpetuo de segunda especic). Irrs-
Maria, que vivió una determinada situación entre los judíos dominados pirados por esta Idea, docenas de presuntos inventores han ensuyatkr
por Roma; de las tradiciones hebreas, de los grupos políticos más ra- dilerentes <<modelos>> o prototipos tecnológicos, muchos de los crrir-
dicales, de los zelotas, de los esenios... y se buscará al Jesús histórico, les han sido presentados (no siempre admitidos) en las oficinas de ¡rr-
en la medida en que ello sea posible, investigando en los grados que al- ientes para su registro corespondiente.
canzó su instrucción en las prácticas mágicas , analizando sus parábo- b) Se constatará que los motores reales, incluso los modclos ¡rro-
las, su pasión y su muerte. Pero también se hablará del desarrollo y l<ltipos patentados, l1o son móviles perpetuos.
transformación de los recuerdos de los evangelistas, especialmente de c) Se concluirá que el móvil perpetuo realmentc cxistcnlc cslrr,
san Juan, y de los Apóstoles, sobre todo de san Pablo, considerado por t'It «parcialnrente rcalizado» en algúrn móvil concrcto c¡r"rc incor¡xlrir
muchos cristianólogos como el verdadero creador del cristianismo. Itl Irtolor parlc clc la cttcrgÍrt tlc su rlovirrricnto, uo cxigini, corrro si

62 (r I
Tfiirlrrvrillirerro Ohielivo rlc tttt rrPtlftllel() f(lllffll ln 06m0erneln renImenIF FxlFrF

lucra t¡tt rntcglislit, c¡trc cl rrt(lvilconclc[(), r'c¿rltncnlc cxislcltlc. clcl¡a r,l,.rr tlr. ¡¡ l)t'lttt¡tt ¡t,tl¡ifi 't^ri irtttlrl t'rtltlttlt, st' llt ttllllz;l t',,lllo lilrrtlt'
l)(,t
incorporar la energía total necesaria para que su rn.1or siga movién- rt.it'rlrtl1t lr los ¡rto(or cr ¡rosr(r\()s () rttt¡rir'icos- l.lr ltlclr lilrritt'll()s I)el
dose de un modo recurrente. Y como po<iemos poner en serie cre- rrrrlc. srllr¡c ttltlo, ul volvcr a los rrrtltol'cs ¡tttsitivtls, cstlttllcccl-llrs tlr-
ciente los motores ordenados según su potencia, podrá el creyente su- Ir'r('ne ils clltrc los filnciottarlliclltos dclicictrtcs atribLriblcs a l¿t cs-
poner también que todos estos motores son aproximaciones más o tructura tlc cacla ntottlr y los lírnitcs máximos dc llnciolt¿tlrlicltltt"
menos lejanas almóvil perpetuo. (¡rr'yit tro pgtlrán scr atribuidos a la imperf-ección de todtl tllotol'
B) Pero cuando miramos a la serie de estos motores positivos rt.rrlnrentc existente cuanto a su propia perfección, y a su depcndctr-
desde una perspectiva ajena (.etic) a la del ideólogo fundamentalista . rir (lc los componentes y condiciones materiales de la miic¡Lrinl. I:s
del motor perpefuo, entonces: l;r tonliontación diamérica de estos motores con la idea de Iltotor irr
a) Podemos considerar los motores reales, ya estén ordenados o rrrrivil previamente limitada la que puede dar lugar it rcstrltrttlos
no según el número de sus caballos, como motores construidos con rrlilcs.
total independencia de la Idea del móvil perpetuo que, en conse- 'lcrminamos: mientras que la Idea de motor perpcttto rttt irtllrt\ t'
cuencia, dejará de ser la Idea del móvil fundamental. Estos motores rlil-cctamente en los motores realmente existentes (a lo sttttto ¡rtttlo ltt
l lu ir cn la conducta de algunos «ingenieros» obstinados cll colls('l't
no se han fabricado a título de parlicipaciones deficientes de la Idea lrr

de motor inmóvil, ni son tampoco motores inmóviles realmente exis- rnr rn(tvil perpetuo mediante la supresión de roces, cotnplicrtcit'rrt tlr'
tentes. lriclus, obteniendo de paso una mejora en el rendimiento clc str irt-
b) Ni la historia de los motores positivos la interpretaremos como lr,rrio), en cambio la Idea de democracia pura la lclel tlt:
-como
tnarealización empírica y progresiva de la Idea del móvil perpetuo. ..ristiitnismo eterno o la del comunismo final- sí que puede inllLrir'.
c) Lo que no eximirá de la necesidad de analizar el origen de la v lra inlluido de hecho directamente en las democracias empíricas'
Idea del móvil perpetuo, y de su función. por supuesto, la Idea de este Y csto de varias maneras.
móvil habrá de ser considerada no como anterior o inspiradora de los tur primer lugar, mediante esa ((econciliación con la realidacl», clc
motores positivos sino como una Idea que deriva de ellos. y preci- lrr tlrrc ya hemos hablado, al lograr frenar el desencanlo de los intc-
samente de su confrontación, cuando se los dispone en serie cre- l ristas que creen fracasado su proyecto: no habrá por qué considcritt'
ciente de rendimiento. El móvil perpetuo es el límite de esta serie; un llrrcusada la democracia por la constatación de sus déficits; hay c¡trc
límite que el segundo principio de la termodinámica impide alcanzar. t t»rtrrr con estos déficits y tnatar de corregirlos.
Por ello será preciso detener, por anástasis, la serie infinita de mo- lrn segundo lugar, y a partir de la Idea-límite, se logrará tilttr-
tores cada vez más perfectos (anastasis equivale a una detención o lrii.n fl'enar los probables reproches del pueblo a sus dirigentes; prrrrr
involución dialéctica de un proceso antes de que alcance su límite). l()s gcstores de la democracia la Idea pura puede servirles dc ctxtr'
Pero esto no nos permitirá concluir que el único motor perfecto y el trrtlrr: <<No Se nos puede exigir más, y en todo caso no tenettlos l'cs
más fuerte sea el motor perpetuo (porque sería inmóvil, según de- lr,rrrsat"rilidad en cuanto al estado imperfecto en
el que hemos tlc.irr-
mostró Aristóteles). Por tanto rechazaremos la Idea de que los mo- tlo u l¿t sociedad gobernada por nosotros.>> La idea de democt'¡cirt
tores reales sean débiles o imperfectos, con déficit, porque ningún Irrntlatnental permanecerá intacta, y podrá seguir guiando liacia lrr
coll lotlos
motor puede ser más débil que el motor que no existe.
¡rcr.lccción política a las democracias realmente existentcs,
rlus rlcf cctos.
En conclusion: los motores reales, los motores realmente exis- lrn tcrccr lugar, la Idca ¡rurat dc democr¿rcia harh posiblc rcirltcl'
tentes, los motores temporales, no habrán de verse como realizacio- hayalt ptltlitlo
¡rrctrr¡ lss gra¡cles scrvicios c¡rrc rcgínrcncs clilcrcntcs
nes deficitarias de un móvil perpetuo y, sin embargo, no por ello la
¡rre st¡r' ¡ l¡s srlcicrlacle s. e rr olro ticntpo ttt'gltltizittllts tlligltrt¡rriclr o ti

64
( iUll;rr,o Ilrrr.lro ( )lr¡t'livo tlt'ltt ,,1';tt¡llr'lo ( r)ltlt,l l.t rl¡.lt()( t;rr i,r rt.llrIr.lrlr.r.lr,,lt.lllt',,

riuric¿rnrcntc, intcrPrctiln«Jolasr la lrz clcl progrcso in«Jclj¡iclo hacia 1,, t':.olrtc t'l tlitltirlttlivo tltl sigrrilielrtlo lilrelo. l'¿urflcfo suclc scl cl
la democracia fundamental -
t( rlun() uliliz¿rtlo prru clcsignar Lur n-ri-rzo dc phginas indigcst:rs, tlue
En cuarto lugar, ra Idea pura de democracia permitirá
transfbrir a i i¡nlrt'nc ull¿t ¿trgulncntaci(tn Iárragosa de brocha gorda, cn la c¡uc sc
la democracia empírica la luminosidad de los
fundamentos de ra Idea rrrtr'ntrr tlcsprcstigiar, sobre todo en el terreno político, alguna insti-
pura; incluso permitirá atribuir a la democracia
muchos de los pro- Iut rtin" «r alguna persona. cuyo prestigio se considera inmarcesihlc.
gresos derivados de otras fuentes que muy
poco tienen que ver con I :,lt'scntido peyorativo acaso incorpora la supuesta inanidad de la ar-
la democracia.
:'rr¡rrcrrtución ofrecida (recuerdo que un libro mío de hace nriis dc
En quinto y último lugar, ra Idea pura de democracia
permitirá ho- Irr'urlr trños, El papel de lafilosofía en el coniunto del saber, cril co-
mologar, en sustancia, a todas las democracias
empíricas realmente r,,t'itlo ¡tor mis enemigos antropólogos como «el panllcto»). I)cr.rr
existentes, con todos sus defectos o déficits.
si ra constitución de- , '.t;r es la razónpor la que llaman también panfletos sr¡s ¿rdvcl.srrr.i.s
mocrática de Estados unidos mantiene la pena
de muerte, y si su .r los cscritos retóricos, en pro de alguien o de algo, escrilos rro rrrirr
abstención ronda allí el 35 por ciento, esto no ra
descalificará como r()sos,. sino laudatorios en exceso, llenos de aire pero vacíos rlt' srrs
democracia. Para el fundamentalismo, ra democracia
norteamerica- t,ure il, y desde luego, de sustancia científica.
na es tan democrática como ra República Federar
Alemana; sus de_ Ahora bien, si eliminamos las connotaciones valorativas, l)c_y()
fectos son accidentes, contingencias salvables
siempre que se esté r , rl rvus o ponderativas, del término panfleto, ya sea denigratorio. yrr
dispuesto aaplicar el mismo remedio: más democracia. '
:,('il cxaltatorio, y nos atenemos a sus contenidos, ocuffe que muchas
,lt' lus obras que son consideradas panfletos por sus enemigos esthn
rr'l)lctas de sustancia argumentativa, aunque ésta no sea científlca,
Sobre el nombre <<panfleto»
rrrur sustancia cuya fuerza los adversarios se niegan a reconocer. Y en-
l()nccs el panfleto es ante todo un argumentario, un conjunto o tot¿r-
¿Ypor qué llamar <.,anfleto» a una crítica a ra «democracia real- lrtlld de argumentos dirigidos en pro o en contra de algo o de al-
mente existente>>? Ante todo, en atención a la previsión
de que así lo lrricn. Y en este sentido el género literario del «manifiesto>>, en t¿rnto
lTamarán,probablemente con toda la connotación
peyorativa del tér- :rt' rlirige siempre a favor o en contra de alguien o de algo, se apro-
mino, los demócratas fundamentalistas, los mismos
<<demócratas r inra mucho al género del panfleto, y aun podría considerarse como
científicos» y aun los «científicos no demócratas», pues
un panfleto rurr especie suya. El Novum organum de Francis Bacon, e\Discur,:t¡
no es desde luego un escrito científico que pretende
ir probando to- ,1,,1 método de Descartes, el Manifiesto comunista de Marx y Engels.
dos sus puntos y citando todas sus fuentes.
t ;rr.tt't El.fin de la historza de Fukuyama, podrían valer como versio-
un panfleto es sobre todo un aregato partidista, tal como
es vis- ncs tliferentes del género panfleto. Y extender el término panflcto l
to por los del partido contrario; por ello también
es un escrito en pro otros géneros literarios (en este caso, a los manifiestos) tampoco r:s
o en contra de arguien: un panegírico suele
ser rlamado panfleto por lr;rcc,r algo inaudito. Hace ya casi dos siglos, Paul-Louis Couricr (cI
los enemigos del agraciado. Tampoco será necesario
que el escrito tlcscubridor del manuscrito de DaJnis y Cloe, con su famosa nranchu
panfletario sea breve (un libero), como parece
sugerirlo su etimolo- irrclLrida) propuso también, en su obra Pamphlet des pamphlcts. tlc
gía convencional («folle,to en ra palma á"
ru *urá >>, parme Jéuiilet) ll'i24. cxtender el nombre de panfleto a obras como las F'ilípictrs clc
canalizadapor vía inglesa (pamphret); lramamos
tamlien panfleto a I)crnr'rstcnes o las Pn¡vint:iulcs de Pascal.
un folletón combativo, a un infolio escorástico
, a ttntocho en perga- " Si rlcnominamos Punfleto cr¡nlru I.u rlcmtx,rut'iu rculncnlc c.t'i;i-
mino, como la Defensio fidei de Suárez contra el rey
Jacobo r, aca- /t'ttlt' al prcsentc itrguttre ltlatio tlirigido corrtra lit dcllocnrcilr fiurrlrr-
so por que la a de ra parabra, reforzada por er
pon titaritario, ¡rrcva- rttcntitl cs l)al'l ltttlici¡lrt'ttos lr lrr rlcrronrinircir'lrr t¡rrc los tle ntticnllrrs
(t(¡
TTTTHTNVÍTTlITflIN t)hlcllvo flF l¡n «rnnTlFTo ennlTn In tIFm(

fitlldalllctlt¿rlist¿ts tllu-rin ¡rt'obllhlerrrcnlc lr cslc li[rnr si lo lrojclur o lo ,1,.1 rl,.lt't'lr¡ r.¡ltslil¡t.r¡r¡rl. \'r'onlo no r's r-'slt't'l lttl',lrr olrolttttto lllttlt
leen a saltos. Y entre los fundamentalistas de Ia democracia hay quc l¡,rllrr r'ltlt. itsunt(), r¡trc lilg.it'lrntr'ttlr' cotlllct,ll e'tttt'ltt e tt llts t'tte stlollt's
contar a muchos de quienes cultivan la «ciencia jurídica constitu- rr¡irr ¡r.rrer.lrlcs irccr-elr tle llr rurttl';.tlczit gttttscoltigica tlc llrs tliscilllirrlrs
cional», y alcanzan en ella, por su propio esfuerzo, un lugar de me- . t.ir'rrt'ilrS jrr irlic:as (y ac¡Lrí rlcho rcllitirtrc, c()lllo obra l-lltsic¿t' al lillrrr
recido prestigio. ,lr..l¡sírs Vcga.1,o ldut tlc ciant:itt en ell)crecár.¡, Llibliotcca liilosofirt
,.rr t.spirñol. oviedo,200l), rne limitaré a esbozar una analogía, prti
lrrrrrll y pcrtinente, sin duda, en el contexto de una crítica a l¿r ldclr tlc
Ciencia constitucional y Teología dogmática tIr'rI)ocriloiá (obieto inexcusable de la ciencia política constittrciorlilI),
r.rrl|c la ciencia constitucional y la Teología dogmática. [il dcsrrt'Rrlltr
En el lenguaje académico y bibliográfico, la expresión «ciencia estit analogía requeriría también muchas páginas, ptte sto t¡tte st't.irt
rlr,.
política» (o «ciencia política constitucional»>, u otras pareciclas) se uti- lltrtlllit'ttr-'rt. tro str
¡,ret:iso estudiar los paralelos que estas disciplinas
liza ordinariamente como denominación de cátedras o de tratados de lrrrlcnte en SuS partes dogmáticas, sino también ell stls ¡tttt'lt"s lttsltt
<<Derecho político-constitucional»; así también, el adietivo «consti- t ¡('(t,\ y efisuspartes comparativcts (unatriparlicit'rrr c¡uc tollt:ttttos
tlr
tucionalista» designa al profesional o especialista que enseña o in- l,rich Rothacker). Lo que sigue se circunscribe, por t¿tnto, rl lrt t'r¡"'
vestiga en esta ciencia político-constitucional, a la manera como el :rrci(rn en esbozo de la analogía entre las dos disciplirlils o ticrttr't''
adjetivo «matemático>> o «químico» designa al científico que cultiva ,lcrrominadas Derecho constitucional y Teología dogmá1icil.
las respectivas materias científicas. Y por supuesto, nada tenemos que Ante todo hay que subrayar la nattxaleza positivtt (quc no t¡rrie
decir contra esa costumbre, que cuenta a su favor con el hecho de rc scr filosófica) de estas dos disciplinas. Ambas se refiercn ¡ iltrt-
que muchos de esos científicos son sabios, es decir, personas posee- tt't'ittles positivos, sociales históricamente dados, Y flo a ldcits ctll-
doras de un saber complejo, sutil y maduro.
¡llrr-c:ntadas con estos materiales
(como pudieran serlo la Idca tlc
Lo que no autoriza. sin embargo, a confundir (a <<identificar», a l)ios. en el caso de las materias teológicas, o la Idea de Dcrcchtr
«ecualizar»») en función de la condición de científicos que les es so- nrrtural, en el de las materias constitucionales). Por ello, ni la cicn-
cialmente otorgada y qire ellos asurnen con orguilo, a los «científicos r.iil constitucional ni la teología dogmática figuran como disciplirlas
del derecho constitucional» con los científ,rcos en materia física, ma- lil0sóficas (y por ello no hay que confundirlas, respectivamclttc,
temática o bioquímica. etin la Filosofía del Derecho o con la Teología Natural, c¡uc, sitt
Dejando de lado zonas comunes de intersección (principarmente tlrrda, han de ocuparse respectivamente de la Idea del Derecho y tlc
el dominio doxográfico relativo a la materia respectiva, más propia lrr ldea de Dios).
de su condición genérica de profesores sabios que a su condición es- La Teología dogmática no tiene propiamente como ob.icto lir|
pecífica de científicos) y atendiendo únicamente a los contenidos rrrirl [a ldea de Dios: su objeto formal eslarevelación,los rllúllti¡rlt's
objetivos propios de cada ciencia particular, hay que concluir que el ,logntas que han ido depositando las fuentes de la revelut'it'¡tt. l,¡
término «ciencia>> no es unívoco, y, por nuestra parte,hemos distin- ('iencia política no tiene como objeto la Idea del Derecho (o la ltlcrr
guido tipos muy diversos de ciencia y, por consiguiente, de científi- tlcl llstado) sino las leyes positiy¿7s, que han ido depositando las lirUt-
cos (véase La teoría del cierye categorial, tomos I y 2,unresumen tt,,s. tlel Derecho y especialmente las que tienen
qlle ver ctln cl lislrt-
en el opúsculo ¿Qué es ota ciencia? La respuesta desde la Teoría del tlo y cott su constitución jurídica (es decir, desde el puntcl tlc' visla tlcl
cierre categoríal). l)crccho). Se trata por tanto de dos disciplinas positivas; y. clr ctrlrrr-
'lL'ologil
La cuestión es, por tanto, determinar a qué tipo de ciencia (o de t0 ir su positivaci(ln, habría clttc hrtccr ctlnslar c¡ttc la clc lit
disciplina académicamente asirnilada) pertenece la ciencia política tl¡s¡lhlicu prcccclir'r a la clc la ('icnciu ¡lolíticl ctlnstitttcitlttltl. y lttttl
6ri
( )hit.livo rlr rrtr ,,Prrttflelo conlrrr lrt rlerrtocrnt'irr I'ettlntcnie exlnletlle»r

rr la dc l¿r ('icrrcilr.jtrr'ítlicl c¡l


scnerr-lrl (l(lrrl()livcr:l-e¡¡. c¡ 1,.'l l)t,t.t,
cho como hechr¡, recoge como lüentcs principalcs «ic las exprcsi..cs
r r(l;t l)or ,<l:t rlor'llinl)) l)()t los r'lr-'ttlilir'os tlr'l (l('l'('('ll() t'oltsltltlt'ioltltl
( Il;rrrrt'rtst' ItrtLtl Lrrhltrrtl o I Ilttts lr.clsell).
iustitict positiva o ius positivum algunos textos escolásticos, clesde
Altollt l¡icn, l¿t Ierlriit clcl cict'rc categtlrial rcchaza dc ¡rllttto llt
los comentarios de calcidio al Timeo de platón, hasta Abelardo o
I ()n('t' l)(:i(in ¡rnr¡-xrsiciot-talista, dc cstirpc aristotólica, c¡uc latc ctt cl
santo Tomás). otra cosa es que tanto la Teología dogmática como la
Irntlo tlc la idca dc Ias ciencias hipotético-deductivas; ptlr cottsi-
ciencia política constitucional puedan utilizar conceptos o Ideas to-
l,urt'ntc. y desde su punto de vista, no puede dar por buena (cot'tltt stt-
madas de otras ciencias o de diversos sistemas filosóficos para llevar
lrt icnlcn'lcr-lte profundo o, en todo caso, significativo para nucstro itt-
adelante sus tareas.
It'n(o crítico de la democracia) la explicación de la analogírt tlttc
La analogía entre las disciplinas que confrontamos podrá esta- ;rcrrhun-los de sugerir, sin que por ello pueda dejar dc rccoltoccllt'
blecerse en función de las metodologías gnoseológicas respectivas
( t('t'to alcance, pOr SuperfiCial que Sea. Pero el su¡-tttcsto ttlisllro tl,.'
que algunos de sus cultivadores les adscriben y, ante todo, a las que
(luc cxisten Cuerpos doctrinales que Se constitLrycll c()lrr() trrt tlrs
tienen que ver con las llamadas «metodologías propias de las ciencias
hipotético deductivas», metodologías basadas en una transfonlación ¡rlrcgue plural de un sistema originario de principios cs irr:trlrtttr.r
l,le, porque es la unidad de ese sistema la que no pr.tctlc tlltt'st' ¡r,,t :'tt
de la Idea de ciencia dibujada por Aristóteles en sus segunclos Ana-
líticos. De este modo cabría suponer que los principios (postulados o ¡rrrcsta. En efectO, aun cuando cada principio ftlcra ltxiolttitltt,r 1
axiomas) de cada una de estas ciencias ¡rrintero la composición de varios principios en un sistclllrt yir ll()
dogmática o cien-
-Teología ¡rtrcde ser axiomática, si es que los axiomas deben ser indc¡-rctldicll-
cia política constitucional- están dados de modopo sitivo,respecti- Ir's cn el sistema (en su sentido hilbertiano), 1o que es tanto ctltllo tlc-
vamente por la revelación o por la constitución (o si se quiere, por la
t'rr que es preciso reconocer la dependencia de la materia c1Llc, lrl
historia política constitucional); y que, supuesto este principio, la ta-
rea de cada una de estas ciencias consistiría en «deduci» io, teore- l)rrccer, «se deduce de ellos».
Sencillamente, los datos de la revelació¡z no desempeñan cl papcl
mas o conclusiones que pudieran extraerse de los correspondientes
tlc primeros principios de la Teología dogmática, en el sentido dc la
sistemas de principios.
,. «rncepción proposicionalista de la ciencia; correspondientcmctttc
Tanto los teólogos dogmáticos como ros constitucionalistas ha-
tlircmos lo mismo de los datos de la Constitución en la Ciellcirt ¡-ro-
blan de «la doctrina)) para referirse a esas construcciones supuesta-
lilica constitucional. Porque una ciencia no se ediflca sobre prop()si-
mente fundadas en una deducción de principios positivos; y en am-
ciones o sobre sistemas doctrinales (el propio Kelsen tuvo quc ¡ros-
bos casos hay que subrayar que <da doctrina>> no quiere reducirse a la
Irrlar unos principios metajurídicos ideales que habría que situar Itrris
condición de un mero <<subproducto académico>> (o especulativo) de
rllá de todo horizonte positivo) sino sobre términos, operaciottL',\ y tv
la vi<la de la Iglesia o de la del Estado, respectivamenie, puesto que
Ittt'iones. Los principios propios de cada ciencia son más bicrt cl It'
también las doctrinas respectivas serán reaplicadas una y otra vez al
sultado de una «axiomatización» de un cuerpo doctrinal quc habr'h itltr
mismo <(cuerpo de los principios» como guías para su reinterpretación
,-'volucionando por otras vías, y apartir de múltiples térmitlos y clrr-
y, en ocasiones, como puntos de partida paralacreación de nuevos
ses clc términos, de múltiples operaciones y de relaciones intct-¡-rttt's-
contenidos dogmáticos, ya sea a través de la proclamación solemne
lrrs cntre ellos.
por un concilio o por el sumo pontífice, como dogmas nuevos,
de al- SLrpondremos, en definitiva, que el objetivo de la Tcologíir dog
gunas proposiciones ya gstablecidas por los teólogos (llámense
Duns nuilica no es tanto el de deducir multiplicidad de conclltsiollcs rt
Escoto o Melchor cano), ya sea por medio de la incorporación a la
parte constitucional del ordenamiento jurídico, llevada a cabo por ¡xrrtir clc la unidad del sistema de principios silto, ptlr cl corrtrrtt'io,
el ¡xrr-ticnckr dc la murltiplicidad dc datos, dogntas, ctc., clttc vrtrt irttc
Parlamento o por el monarca, de alguna proposición de ley estable-
l',r'lntkl rrrr rnatcrial acunrulado pttr tlivcrslts itcnlcs (t¡ttc lttlt:tttlis si
f

t0 1t
(lrlrl¡tvo lllerro I )lrit.livo tlt, rttt ,,Pirttllt,lo t'oillll lrt rlrltrot'titr'i¡r tcrrlrtrr'rtlc ctislcttlr,'

gLlcll llralli-lttclt)), il-1l'atttlltltl tlc es(rt [¡lcccl'los ncx()s o lcl;rcioncs tlc rrrorlos tlc concrtt'ru rttle e stls tlogttuts ( ¡rol r' jcrtt¡rlrl, llt ,.'oltcr irjrt
e
concatenación, de semejanza, dejerarquía, que puedan cstablecerse r'nlrc li.t scgrrttrlu llcr-solla rlu lr'l'riniclud y la lrucarislíit), ctlttl't'tltt-
en este material, a fin de organizar un ((cueryo de doctrina» unitario. t:urtlo su sistcrna con los dc otras rcligioncs. crqcnci¿ts o cicncius tlc
Esto es lo que algunos, altratar de fijar el «Estatuto cle la Teología :rrrntonro, a lln dc situar sus posiciones ante ellas, asinrilhnrlolus
dogmática», perciben como un proceso de «racion alización de la ,r rlistanciándose de ellas o, en su caso, condenándolas. Y, sobrc
fe>>; una percepción que queda en la superficie porque la racionali-
totl«r, sc csiorzó por establecer un <<cierre» en ese sislcn-llr dtlctri-
zación escolástica del depósito de la fe conduce, por el contrario (al rurl. rrn perpetua reconstrucción, basado en estableccr conro lt¡tt-
menos según la escuela tomista), una y otra vez, a la constatación de tlrrrncnto para la conexión de sus partes la misma naluralczrt tle lirs
la naturaleza praeterracional (por no decir irracional) de los dog- li¡cntcs emic de la revelación, de suerte que fuera llt ¡-rt'o¡rir tr.'olo
mas, si tomamos como criterio de racionalidad determinados sis-
r,ír..junto con la autoridad eclesial, la que fijasc «clcsrlc rlc'rtllo, t'l
temas filosóflcos o científicos. La fundamentación teológica del
de la revelación (por ejemplo, la verdacl o vrtlitlr'z rlt' lor.
dogma eucarístico por santo Tomás no es tanto una <<racionaliza- 'rrrrbito
l('\f os evangélicos se fundará en las tradiciones lt¡rostt'rlrr ir\, ;r,r
ción filosófica>> orientada a disolver el dogma mismo en una teoría ('()nlo la verdad de estas tradiciones se fundamentttrit ctt los lt'rlor'
racional, cuanto una exposición de las líneas a través de las cuales ..'r,;urgélicos). De este modo, la Teología dogmátictt alciurz,rtt';i ¡u
el dogma eucarístico se muestra desbordando enteramente los lími- plopia inmanencia o, si se prefiere, su estado de «autisnro solrt'r'rt
tes del hilemorfismo (teoría de la cantidad, de la extensión, etc.) tal
r())), que sin embargo sólo se sostiene por los auxilios dc utur .ic-
corllo Aristóteles lo había desarrollado en su análisis de las morfo- r:u'cluía y de un poder ejecutivo que dispone de la potestad dc e x-
logías dadas en el mundo natural. ,.',rrnLrlgar, en caso de extravío, a quien se desvíe del sistcnlu
otro tanto habrá que decir, mutatis mutandis, de las leyes positi- rronnativo, al heterodoxo, ya sea cismático, ya sea apóstata. Uno
vas respecto ala doctrina construida por la ciencia constitucional. La
,[' los principales efectos de la Teología dogmática será el trazaclo
doctrina constitucionalista, en cuanto con strucción jurídica, desbor- (lc una línea divisoria entre los contenidos del depósito de las vcr-
da continuamente el terreno de las sociedades políticas históricas, y
rlrrtlcs fundamentales de la Iglesia católica y el cuerpo de los cort-
el de su evolución real, aunque ofrece criterios para interpretar esa tcrridos adyacentes, adventicios o permanentes (leyendas o ritLta-
evolución (en un sentido más que en otro) y paraintervenir de hecho cs ¡r i adosos, milagros no probados, <<reglamentos>> administrati vos
I

en la misma (cuando algunas líneas de ra doctrina sean asumidas ,lcl dcrecho canónico, etc.).
«nematológicamente>> por determinadas corrientes sociales
¿,Y cuál es el objetivo de la Ciencia del Derecho constitucional'/
catos, estamentos, partidos políticos, etc.- que actuan en la sociedad -sindi- I rnrdamentalmente, no sólo sistematizar las normas jurídicas quc lus
política e intervienen en la «evolución homogénea» de la propia rliversas fuentes del Derecho han ido acumulando en una socicdatl vi-
constitución política de esas sociedades). lie rrtc en el curso de los siglos hasta desembocar en la socieclacl tlc-
En el «depósito de la fe católica», administrado por la Iglesia rrrocrírtica sino, sobre todo, establecer la nafuraleza de las norlnits
romana, hay dogmas de muy diverso origen, social e histórico, y de
nrrrliante las que se constituye, de modo explícito («por cscrito»)
muy diverso alcance. Por ejemplo, el dogma de la Trinidad, el rrrrr sociedad política como tal, y especialmente si ésta es Lrna socic-
dogma de Ia unión hipostática, el dogma del corpus christi euca- .lrrtl rlcrnocréttica. Y así como la Teología dogmática trazaba la líttcl
rístico, ei dogma de la v,irgenMaría, el dogma de la inmortalidad tlivisoria cntre el depósito de los dogmas y cl cucrpo dc los cotttcrti-
del alma humana, del origen monogenista de todos los hombres, de
- rlos udyilccntes, en f'uncirin dc la ldea dc rcvcl¿rcitin, ltsí Ia ('icltt:ilt
la condición del papa como vicario rde cristo (y no sólo de pedro),
¡rolíticlr lraza lu línca clivisoria cntre cl dcptisil.tl dc las Ironnrs Lr()lrs-
el dogma de su infalibilidad, etc. La Teología dogmática ofrecía liluciolr¿r lcs firrrrl¿uncn(alcs y cl ctrcr¡ro tle llrs nonnlls.i rrt'ítl iclrs

72 t\
( irtclrrvo Ilrrt.lrrr
( )lrl,.livo (lr.lnl ,,l';ttrllr.ln t'otrlt¡ llt rlt'ltot trtt'i¡t tcltlltl,'tllr'r'tt:ilt'ttlt','

lldyllcclltcs (¡let'ttlattclttcs o lrdvclrticilrs), cn filrrciirlr tlc Iir lrlcrr rlc llr


rlrlrlt's.(()nr()lu,-'r'lt'lrsotlt'l lltlrtllt;rlrlr'(iltlltltiltstlellrlll(t'¡rírlrlr
Juridicidad, establecida tarnbién por [a propia doctrina y por la au- ( :t('sl)llrlolir. o tlcl 'l'r'iltt¡ttrtl ('olls(ilttcitllllrl tlc I()7|i.
toridad política competente (lo que está muy cerca de aquello que
l,rr eonstitLrci(ln -irrríclica l)r'csr.lponc Lanrbión clada unu ¡rlrtr-al itllrrl
carl Schmitt había percibido en su teoría decisionista de las normas ,lt' lr',ycs. clc norrnus, de tribunales; pero esta pluralidad intclttlrt-/t scr'
políticas constitucionales). Lo que la revelación es, por tanto, para el
rrrrrlicuda clcsdc el supuesto de que todas ellas son la manifcstlcitilt
depósito de la fe de la religión (es decir, de los ciudadanos de la ciu-
,lt'l <<¡-rrrcblo)), que es quien, a través de la Constituciórr, sc rccoll()cc
dad de Dios), es la juridicidad de la constitución para el depósito de
,r si rnisrro como Estado soberano, determinando cuálcs sot'l stts tir'-
las normas jurídicas de una nación, de los ciudadanos de la ciudad te-
lrnof; c instituciones encargadas de custodiar las leyes, intcrprctrtt'lrts
ffena. Por su condición de revelados (condición que, en nombre de la
r rlcsarrollarlas. Por ello, la Constitución democrática, itttttt¡tre ¡tt.t'
propia revelación, concede la jerarquía eclesiástica institucionaliza-
r,ul)()r'lc ya dado un depósito de leyes <<en marcha)) ctt r.nr ¡rtte hlo. v ¡ror
da) los dogmas se constituyen como un sistema cerrado y soberano,
trurto, las propias funciones legislativas, se presenta cotlt() cl t'rtllt,ll rlt'
con capacidad de crecimiento y reproducción inmanente gracias al
..':rlc dcpósito y de estas funciones, un canon medi¿lntc cl tlttt' tlr','.rt'
cierre postulatorio establecido por la atribución ad hoc a determina-
n:r los órganos autorizados para interpretar las riquczas tlc est' tlt'¡,r '
das actuaciones de las instituciones jerárquicas de su condición de re-
:rilo y crearunas leyes que habrán de atenerse desde cntottccs l ('1, l)t'
veladas (por ejemplo, el concilio, o el papa, cuando habla ex cathe-
t':;tc rilodo, la Constitución garantiza, frente a la indelcl'tsitirt y cxt't'
dra, a simplemente a los órganos que otorgan el imprimatur). De 'ros de los legisladores preconstitucionales, unos límites. l-a ('icrrcirr
este modo, el ordenamiento dogmático queda dotado de una inma-
¡rolítica considerará este cierre postulatorio constituyente ctlllro trlt
nencia autista y soberana.
l)r.occso de racionalización de la sociedad política. Esto suponc rtlut
Análogamente, por su condición jurídica, atribuida a las normas
r.trstantivación de la Constitución, en virtud de la cual el propio ¡rLrc-
constitucionales, como principio de un cierre postulatorio, el Estado
lrlo queda «positivizado». La Constitución comenzará a ser una lcy
de derecho se organiza como un Estado soberano, y producirá laapa-
lrnrclamental, juridifrcada (puesto que se establece que su inliaccitin
riencia de que el Estado democrático adquiere la capacidad de evo-
.'s lntijurídica), pues aunque ella no está producida por los órgitnos
lucionar dentro de su propia inmanencia jurídica y autista («de la ley
lcgislativos, sin embargo, a través del referéndum, se atribuye al l)uc-
a la ley»), principalmente mediante el ejercicio de la llamada «Justi-
lrlo (como la revelación a Dios); pero en cierto momento la Corrsti-
cia constitucional». Por ello, gracias a que una parte institu cionalizada
lrrci(rn se emancipa del propio pueblo, a saber, en el momenttl cn t¡ttc
de la sociedad política, y concretamente el órgano encargado de juz-
rrl sc ha manifestado en ella, y en ella se contienen las norrn¿ls scgíttl
gar la propia juridicidad de las normas, logra obtener la función ex-
lrrs cuales se organiza el Estado.
clusiva de discernir esta juridicidad, de la que él mismo se reconoce
I)e este modo, la «clase de los legistas» (1os «teólogos c:orrstiltr
y es reconocido como custodio. El cierre postulatorio del Estado de
, iorrales>), los legisladores, los jueces), desde la inmanenciit rttisrrrt
derecho queda de hecho en manos del poder judicial, que a su vez
:;ostcnida por parlamentarios, ministros, jueces, etc., podrá il' tlcs
está en manos del estamento de los legistas, bien sea en un sentido es-
r cgando una doctrin a co herent e mediante construcci ot-tcs
I u rí tl i crr s
¡ -i
tricto, a través de los tribunales ordinarios (según la tradición de Es- (lllü n() ternerán acudir a flcciones jurídicas cuandtr scll lleccsltl'irr
tados unidos: el juez Marshall, por ejemplo) o del Tribunal supremo,
¡rrnr rnantener el principio de la inmanencia positiva trnif icada clcl or'-
o bien sea a través de tt"ibunales ad hoc, ya dependan del ejecuti-
tle rurn-ricnto jurídico (al Estado, por ejemplo, se lc conf crir/r Irt cott-
vo la constitución francesa del año vIII- ya del legislativo
-encuyo caso el Parlamento actúa como juezy parte-, de órganos
tlre irin clc pcrsona-iurídica capaz de establccer, ntcdiantc st-ts ltho,ltrt-

-en tlos. ncgocios o adqrririr obligaciones rcspccto ¿t otras llct'sorllls ()


judiciales formados aparttr de todos ellos, en partes iguales o dcs- irrslilrrcioltcs; lrr:citlltcs írtilr:s ¡lrnr scr nlurtcnitlas hajtl cl cortllol tlcl
71
I ¡urr{tv(l Irilen() ( )hjt'tiv, rlr' rrrr ,,lt¡rtlllt'r. r'onrln l¡r rleltt*r,rrlr,r¡r rr.ll.rt.nrt. r,\lirr.,rrr.,,

I)()(lcl"itldici¿ll)' s,bl'c cstit i,llll¡ncrrcilr . irtrrisllr..j


rrr.ítlic. sc cclific¿r- l'rl t'ttltlt¡tticl'('itli() c¡ttetllt ltlrir'r'lr lrr t'l'ificir tlt'stlc cl Iiurrlalnclrll-
rá el cierre posturatorio de ra
ciencia potítica cánstitLrcionar, Itr'ttto il lits tlctlttlcl'ltcilts ctnpíricas o rc¿rlnrcntc cxistcntcs; u¡a r:r-í-
naturaleza sigue siendo, en cuya
todo caso, eminentementep ,irrrro. Irr'rr lrhtrrd¿ultc, dc lr¿rturalcza algunas veces sistemática, otras
vcccs
rnl; lricn alcatoria (cuando va referida a contingencias
Alcance de Ia crític a a la democracia l.*r. rlcsrrjustes, etc.- -corruptc-
individuales o de coyuntura).Lacrítica cle las
contenida ,l('rr()u'¿rcias realmente existentes equivale muchas veces a la
en este Panfleto con-
lr.rrlución de unos tipos de democracia desde la perspectiva dc
i rtr trs tipos de democracia realmente existentes (por
El argumentario de nuestro panfleto ejemplo, la crí-
crítica ala Idea democrática rr(', ¿r [a democracia presidencialista de Estados unidos desde la
sim,ar
pósito de la crític a d'el perpetrum ", fi:TiJ:::r;?ff:x".j: l)r'r'spcctiva de las democracias parlamentarias europeas, en las quc
mobile y de la crítica del cristia_ ,'l iclb del ejecutivo es nombrado por ra asamblea de diputados; ,
nismo realmente existente.
r.cí¡-rrocamente, la qítica a las democracias parlamentaristas cu-
¡()l)cas desde el presidencialismo democrático en el que el jefe dcl
A) Situémonos, en primer lugar, en
una perspectiva intema I sl¿rdo es elegido por el pueblo, actuando en gradaciones sucesivas,
(emic) ar fundamentalismo
demo"ráti"o. Desde esta perspec
«crítica a ra democracia realmente tiva 7a ¡,e ro independientemente de las elecciones parlamentarias). Desde
existente>) se corresponde lrs democracias republicanas suelen establecerse críticas a las de-
mente con la crítica que un demócrata obvia-
fundamentatista y no inte- rrocracias <<coronadas)) europeas, que consideran como meros ana-
grista puede llevar a cabo
contra esas democracias que
mente considera como realmente
á p.""i.u^ ('r1)nismos residuales de tipo ornamental. otras veces,
la crítica a las
existentes: rlcrnocracias realmente existentes se hará desde el interior de la
a) Er demócrata fundamentalista
«militante» en el«pensamien- rrrisma sociedad política: los partidos de oposición dudarán de la pu-
to políticamente correcto))
comenzará presuponiendo
ra definición rcza democrática de determinadas leyes o decretos de carácter fis-
de la Idea fundamentalista
de democracia como er model0 cul o laboral, emanados de un Parlamento con mayoría del partido
quico de ra sociedad porítica 0loár_
según er cual er control y er cn el Gobierno. Y, desde luego, la criticaa ra democracia realmen-
de esta sociedad comesponde
gobierno
al pueblo, a todos, o a la mayo tc existente se practicará cotidianamente en el terreno de las con-
caridad del «todo virtuar» ria, en
o de ia «voluntad general» (cuando
las t ingencias coyunturales, producidas en el curso
minorías acepten 10s resurtados de la vida de la so-
de las decisiones electorales). cicdad política (el watergate en la época de Nixon en Estados
puebl0 quien Es er
<<se da a sí mismo>> la constitución
controla sus apricaciones.
democrática y quien li.idos, el GAL o la corrupción económica en la época de Gonzír-
Es así como la sociedad política
ciudadanos alcanzanla 1ibeftad, y sus lcz en España).
la igualdad y la justicia. sin embargo, estas críticas no pretenden siempre alcanzar la «lí-
b) Ahora bien, esta concepción
axiomática de ra sociedad de- nca de flotación» de la Idea fundamentalista de democracia, que pcr-
mocrática va unida inmediatamente
ar reconocimiento de ras nranecerá intacta. Es una crítica a sus déficits, cuya solución es sienr-
ciencias o déficits que saldrán der-
al paso en las realizaciones
de la idea democrática' Las
empíricas ¡rre la misma: «Más democracia.»
deficiencias, desviaciones o
nes se ajustarán a tipolggías
diferentes, según épocas o "oñp.ro-
irán desde las condiciones primerizas lugares, que c) La crítica a las democracias realmente existentes permiti'ii
de ra democracia atenierrse
(que arrastraba todavía ra
escravitud) hasta ras deficiencias
- uita confiontación, desde luego, entre los diversos modclos clc
democracias contemporáneas. de las clcrrocraci¿r, y una valomcirirr cornparaliva clc las rrisrnas («ha_y tlc-
It'locl'acias lltslrltdits ¡-rtll'cl rccolrot'inlicrrttl tlc la
¡rcna clrpi(ul»).'lir¡r-
76
( iusfnvo lltreltn ohiellvrr tle ulr «Pnnflelo rrfinlr¡t ln ¿letuocrnr,ln renlmattle exlgleltte»»

[rió. pcrr,itir'h ulr¿r.riclrtaciti. para ll ¡rt.lirrros. unil ((('n(iu'n:rt'iilrr lt'ltlrttr'trlt'r,'rislcltlt'¡> tlt'llt


rnc.j.r.ir i¡rccs¿,rtc clc las c.Ic- itlt'lt tlt'tttot'tl't
mocracias realmente existentes bajo la guia llt lltxottotltill" c()l¡l()
de ros principios de la de- lielr silrtl en rlilcrclrciirrsc dc rltms stx:ictllttlcs tle
mocracia pura o esencial. y sobre todo una l¡s li¡¡rrilts, Ias oliglrcluí¿rs, hs aristocracias, clc. Ilabrli c¡ttc ltttltlizltr'
esperanza siempre reno_
vada de que las apricaciones de los principios c¡ cucll caso cl origeu dc cada sociedacl parlzlmetttaria, stts pccttlilrli-
de la demo cracia
podrán extenderse y perfeccionarse en
el futuro, porque sólo bajo claclos y sus diferencias con otras sociedades, siu introclucir ctl ¡rt itt-
su luz podrá alcanzar la historia su fin y plenitud
políticas. ci¡-rio y u ¡triori criterios de valoración comparativa segÚtn la dist¿ttr-
B) Situémonos ahora en una perspectiva externa (etic) cia a esa supuesta idea fundamental.
respecto
a los axiomas, y caben varias, para interpretar
el alcance que fueda c) No por ello habrá que desatender el análisis del proccso tlc
tener una crítica, aunque sea panfleta ria,
contrala democracia real_ constitución u origen de la Idea pura de democracia, como Itlcrr li-
mente existente.
mite. Y, sobre todo, el análisis de las funciones idcoltigicits r¡tre rr
a) La crítica tendrá que ser ahora mucho más radical puesto esta Idea límite puede corresponder al ser aplicada a h itllcrplt'lite trirr
que
va dirigida contra la misma <<línea de flotación»
de ra nave ideológi- de las democracias parlamentarias.
ca que parece transportar los «principios
fundamentales>> de la so_
ciedad democrática. sencilamente, las
críticas no van dirigidas aho-
ra contra las <<encamaciones empíricas»> de pura de democracia
ra Idea democrática sino ( )r'ígenes de la Idea
contra la Idea democrática misma. Los principios
del fundamentalis-
mo serán considerados como contradictorios,
como utópicos y otras [,os procesos de constitución u origen de la Idea pura dc dcnr()-
veces como meras ficciones jurídicas. La crítica (.r'¿tcia son muy diversos. Si el origen de la democracia se ponc crr
principal irá dirigi_
da ct mostrqr que no existe una rearidad sociar
que corresponda ar lrr ncgación de la tiranía o de la oligarquía, y se hace coincidir csta
«pueblo» en cuanto titurar de ra soberanía de la libertad política, entonces la democracia se n¡s
ra sociedad porítica, ni ncgarción con
;r¡rlrecerá históricamente como un proceso de «liberación políti-
existe ninguna voluntqd generar cuqndo
se estabrecen ros consenst.ts
electorales. La crifica contra ras democracias ('ir)) gradual cuyo límite cabriaponer en tra Idea pura de democr¿tciit
realmente existentes
no partirá de esas sociedades políticas, supuestamente ((luc se presentará además como la Idea positiva del autogotricrntr
tares,sino de
sociedades políticas reales, pero no como
encarlación de la ldea, t, tlc la autodeterminación de la sociedad política), de parecicltr
cuya propia estructura lógica se cuestiona.
nr«rdo a como el progreso gradual del rendimiento de los motorcs
b) Habrá que comenzar, por tanto, reduciendo llcva a la Idea límite pura del móvil perpetuo. En todo caso, l0 c¡ttc
esas democracias
realmente existentes del fundamentalismo
a la condición de socieda- rro 1-roclemos descuidar es el análisis del funcionalismo quc corrcs-
des políticas que se han constituido históricamente, que fuera su ot'igttt.
no como una en- ¡ronde a la Idea pura de democracia, cualquiera
carnación de la Idea democrática sino como
resultado de un proceso r.n cl curso ordinario de las sociedades políticas que Se consitlcl'ctt
secular de evolución y conflicto entre otras ('( ) nt0 <<democracias realmente existentes». Y este funciotla I i s tll r I
sociedades no democrá_
ticas (tiranías, oligarquías, etc.), cuando se ha
aceptado la regla de L's rn(rltiple.
las mayorías como método decisivo para
resorver ros problemu, d" ru Ante todo la Idea pura de democracia tiene una función u^llctl-
vida política' Estos procesos darán lugar a
un tipo de sociedades, no lrritkrra, con finalidades tranquilizantes, de la estructura rcal tlc Irt
unívocas, que son las/emocracias convencionales
(convencionales llrrrnutJa sociedad civil democrática, que es una socicdad estrtlcttt-
porque se ha acordado denominarlas así
en ra taxonomía). pero estas lrtl¿r sol"rre las diferencias de clases, de profesioncs, dc optlrttttlitlil-
democracias convencionares, en cuanto ar (l(.s pcl'soltalcs (cl prirrcipio dc la igr"raldad ds oportur-ricladcs cs crt
nombre, tienen sin embar-
go una realidad positiva por sí mismas, que
no consiste ya cu scr, rc_ r¡lrlirlutl un ¡'rrinci¡'rio llurl lcgitinrlr, por lit s¿rlicla, llt clcsigtllltlltl tlc

Itt
Olrirt ivo rle utt .rPnttflt lo cotllnt ln detttoerrrr'lrr rutlrrrelrle cx islr.lrle»

Ios cir¡rllrrl¿rnos cn llr ilcu¿rtrir)y trc ct¡trrrihr-ios


ilrcsrr¡hrcs frirr:i¿rs rr rir ,1,'¡rr'rxlt'tttisllts vl¡scos o clrtrrllurt's, t¡rrt'tlrtttlrit'rr lllrlrllrtr crt nornlrt'r'tlr'
relación que haya poclido arcarzar ra pr.pia tlenr.cracia
co, or.ras ¡rlllrtcltt'los ¡r«lhlctrlrs tlc llr
l,r ,lr'ruot'l.lrcilr ). Sc lrlrtlu-ir crt torkl clrso clc
sociedades menos desarrolradas (principaimente
el Tercer Mundo). ,li'nrrlr't'lciir c()nl() tlrigitutclos l)()r citusr-rs tl circlursllurcilrs cxtr-lrtlcrno-
El entusiasmo por la libertad democrática interna,
acompañado de , r;i(rt'ls" L:()nro pucclan scrlo la acciiln de agcrrtu-s cxlranjcros o iltclu-
bienestar y de justicia progresiva y graduar,
hace qu" .udu uno de '., r lrr rrrisnra condición imperfbcta de la naturaleza humana («no sonr()s
los demócratas fundamentalistas tienda a d,ejar
de rado las condi_ , rrr r',t'lcs>> ).
ciones sociales sobre las que se asienta su democracia,
condiciones
que se hacen patentes de vez en cuando propósito
a de las crisis
económicas, de los procesos de inmigración
masiva desde el rercer l, jcrn¡rlos conflictivos: abstencionismo activo y huelga gencral
Mundo; sin embargo, desde la idea fundamentalista,
ros demócra-
tas podrán mantener ra esperunza de que
estas situaciones irán re- l'or ejemplo, si la democracia fuera ante todo la negacirirr tlc lrr
solviéndose a medida que la democracia vaya
extendiéndose y per- ,,ligrrrc¡uía, de la anarquía o del fascismo, ¿sería legítimo corrsirlt'
feccionándose.
riu corno extrapolíticos los movimientos abstencionistas uctiros
cabría hablar también de una función apotropaica
de ra idea fun_ 1r¡rrc rondan a veces el 50 por ciento) o el desinterés de los cirrtll
damentalista de democracia contra ros integristás:
la función de de_ ,lrnos por las cuestiones políticas? Las soluciones propuestas cn lu
fenderse de los temores de «involución» de ra
sociedad hacia las for_ lirrcu de «más democracia>>, ¿no son tautológicas? Es evidente c¡uc
mas precursoras de lal,jranía, de la oligarquía
o incluso de la anarquía. ';i lnrs una campaña de educación democrática los abstencionistas
Esta función apotropaica (una función propia
de los dioses protecto- :rr'livos y pasivos desaparecen, y los jóvenes entregados a sus «li-
res y, a veces, terribles) actuó también en la
ideología del comunis_ lre ltades individuales» comienzan a interesarse por los asuntos púr-
mo realmente existente: siendo el comunismo
lsegún er fundamen_ l,licos, se deducirá que la abstención dejará de ser un problerla
talismo comunista) la forma más perfecta de ra
sociedad política, :rlru'rnante.
habria que conjurar cualquier temor de un retroceso
hacia el fascis- lJna huelga general, aunque no sea revolucionaria, convocaclir
mo o hacia el capitalismo: er comunismo es irreversibre,
no tiene re- ¡xrr- los sindicatos contra un ejecutivo democrático elegido por m¿r-
torno, y ningún régimen comunista, se decía en
ros años treinta, cua_ l'or'ía absoluta, ¿no constituye una situación difícilmente explicablc
renta, cincuenta, sesenta y aun setenta der
siglo pasado, ha vuelto a ,|.:sde la idea democráticapura? Pues las reivindicaciones, sin ducla
recaer en el capitalismo, porque 10s defectos
del comunismo sólo
podrán superarse con «más comunismo>>. ¡rrstirs, de los huelguistas, ¿no deberianaplazarse hasta las próxirnas
t'lccciones parlamentarias, dejando que hablen las urnas?, ¿,cónro
sobre todo, y al mismo tiempo, ra Idea pura de
democracia ofre-
ce un criterio uniforme en el modo de plantear ¡rrrcclc hablar un «sindicato de clase>>, en nombre de la democraciu,
el análisis de los pro- ,'r¡rurclo organizauna huelga general para impugnar una ley votada por'
blemas políticos que vayan surgiendo en el
curso de la vida demo_ rur l)arlamento democráúico? Una huelga general, de un día de durra-
crática. un planteamiento que irá siempre
orientado a ra interpre tación t'irin, aunque formalmente sólo podría justificarse como dirigida corr-
de los problemas surgidos como contingencias
que ro .o-irometen lrir una empresa (artículo 28.2 de la Constitución de 1978, interpre-
en ningún caso a los fundamentos de ra
áemocraiiu ¡y esto incluso en lrrrlo por la sentencia del Tribunal Constitucional del 8 de at¡ril clc
el caso de que estas «contingencias» puedan
afectar, ior ejemplo, a la It)81 : «Es el derecho de los trabajadores a colocar el contrato do lra-
propia integridad de la so"ciedad política cuando
tales contingencias hrr.io crr una f¿rse de suspensión y de ese modo limitar la lihcrtacl clcl
tienen que ver con unos intereses independentistas
de grupos inte- r'nll)r'csilrio») puede significar un aviso al Cobierrro democr¿itico tlc
grados en la propia sociedad democrática,
como es er caso de ros in- rruryoría alrsoluta, c¡rrc lc atlvicrtc dc c¡rrc su gcslión no cr"rcucnlrir cc()
80
si I
_ fTUETrVTrTrIIeilo
( tlrit'livo tlr rrtr ,,llrrrrllt'lo r'otrllrl l¡r rlr'rtot'trr, rrr tt'rlnr,'trlt' t'tislr'ttlc,,

cll tlll¿l gl'illl lllllsil tlc ll0lllltcirirl t¡'lthirilrtlor.lr. l'r,l'o. clr lotlo c¿ls(). cri¿t
,,1,,,r1,'llrs lrut'll,lrs (llr('ir(r'ntiul irurtr'tlirrllurtcr)lr'r'ortlr-ir llt slrltttl ¡rt'rlllr
masa de població,, si participa clcl jucgo domocrático, cleboría cspc-
(.r('n sllts(r'ic(tl sclrlirkl sanitaIirl: rrrLr hrrclgu tlc [Irsrrrcros, ¡Irre'jr'rn
rar a las urnas para derribar el Gobierno, y no debiera pretender
de-
rribarlo, o hacer variar sus decretos, con ros que no se iáentifica, lil(l- s()slt:nitlu lt ltl largo dc días es una cotttingcncia qttc convicrtc llt
me- , rr¡rl;rtl crr rur cstcrot¡lcrcl de máximo riesgo; pero los vecinos t.to ticncrr
diante las manifestaciones en la calle. Tampoco tiene justificación
r.r r¡ui' tolcrar cclnvivir con el estercolero, y si las autoridadcs tnurr i-
decir que lamayoría de la pobración siguió ra huelga general, y ¡
no ya ( rl)irlt's, en nombre del respeto al derecho de huelga, no intervicncn, krs
porque esa mayoría supuesta no es conmensurable
no tra_ ( u r(lil(lunos recurrirán a un servicio altemativo que será consiclcrirrlo ¡xrr'
bajaron por temor a represalias, o simplemente porque -muchos
deseaban pa-
1,,:-, lrrrclguistas como esquirol, o como un golpe bajo y no tlcnt«rcllrli-
sar un día en laplaya- sino porque, aunque lo fuera,
el lugar y tiem_ r () il su derecho de huelga.
po de las manifestaciones poríticas es el rugar y tiempo
qu" o"rpu,
las urnas en el día de las elecciones.
Pero si una estricta huelga general de un día de duración puede
in- N ¡¡cstro Panfleto, como antipanfleto
terpretarse como una contingencia, una huelga general revoluciona-
ria ya no será una contingencia sino una enfermedad gravísima
del lt,l PanJleto contra la democracia realmente existenÍe c¡uc cl k't'lot
organismo político, puesto que lo que esta huerga prátende,
acaso Irr.rrc cr"r sus manos podría considerarse en realidad como urr r.rnti¡rrrrr
sin saberlo, es deribar no ya sóro al Gobierno, sinola constitución
en nombre de la que ha sido elegido. Ahora bien, una
ll,'(o clel panfleto fundamentalista continuamente pronunciado ¡ror los
huelga general .,,leruócratas convencidos» (que se reclutan muy especialmente cntrc
que no quiere ser revolucionaria sino que quiere mantenerse
dentro l,rs <<teólogos» del constitucionalismo), es decir, una crítica a la idcu
de la constitución democrática, cuando moviliza «piquetes
de ac-
ción coactiva>> (llamados con eufemismo «de información»), que ¡,rrrrllctaria (f,rndamentalista) de la democracia como sistema político
atenorizan a los demás ciudadanos mediant e amenazas, gritos, I)ur'o y susceptible de ser utilizado como canon de cualquier democrut-
in- r rr l'ool¡ que sirve, entre otras cosas, de justiflcación a quien aun sin-
terposiciones fisicas, petardos, etc. (y la presencia de estos piquetes
trr:urlose cómplice de los déficits de la democracia real no cree cluc
de trabajadores no se justifica por la acción de los llamados
metafó- , rc(lcn comprometidos sus principios democráticos, que permancccn
ricamente «piquetes de empresarios»), es una huelga
lr
¿no en la que ',r('nlllre a salvo, como los principios del cristiano, inmarcesibles ¿ttrtc
muchos de los huelguistas están movidos por recuerdos de
antiguas , I rlcsgaste de la prosa de la vida. El Panfleto contra la demtx't'tt< itt
huelgas revolucionarias que buscaban no ya soluciones dadas
en el t,'ttltnen.t€ existente no pretende ser otra cosa que una crítica dcnltllc-
ámbito de una democracia burguesa sino en el ámbito de la
dictadu- ,1, rr.rr ¿l las democracias fundamentalistas, a la Idea que la mayoría rlc llrs
ra del proletariado?
( lcnr()cracias de nuestro siglo, una vezbanidas de fascismos cn l:.r ¡-rli-
Los problemas suscitados por estas huelgas con una intención
ob- ,rrr^r'lr rlitad del siglo xx, y de comunismos, al menos eurclpcos, rlrr
jetiva revolucionaria,
¿pueden considerarse como contingencias de la
r;ur(c l¿r segunda mitad, mantienen sobre la esencia de la dernocrlciir.
democracia? Sólo en el supuesto, que pide el principio, de que
el mo_ I lrur lclca que les mueve una y otra vez aproclamarse demócratas corno
vimiento revolucionario antidemocrático esté conjurado de antema-
,,rrnurtíu de haber alcanzado el punto más alto posible de la concicnciir
no. Y las medidas policiales para reprimir los piquetes, interpretadas
como simples medidas de ordenpúb ico (porque las medidas ¡,rlilir:ir, ética y moral. Desde estas posiciones democrálicas luntlu-
cántra los rrrcntulistas de principio se tratará de reconstruir, -justificar o cx¡rlir:lu-
piquetes de empresarios, corren a cargo, si se demuestran,
de los tri- rrrrlr¡rrier ti¡ro clc crlrnportamicnto valorado posilivanrcnlc, y tlcstlc ('l
bunales de justicia), sólo de un modo muy lato pueden interpretarse "",
',,' irrstiflcur'¿r t¿rnlbiún e l atacpre a crralclrricr ti¡ro de cont¡'lor'lrurtir'rrltr
como medidas democráticas. Esto se advierte más claramentc
en el ,,rrrsitlct-lrlo irrtligrro rl r:r'ilniltitl.
til
*l',1 ltl lr.' llr.rr'1,, cllisir', st. tl,.li
f rrr, e I li ,1. rlc llr rlc,l,clucill
atcnicnsc», o bicri, 1(cs ('lr¡rítulo III
l)r'eciso crncren¿rr-cr 1cr-rol-isnro (rtacio.arista,
isiámico, anarquista, etc.) en nombre
de ra democracia>>. rbdas estas
declaraciones son meramente panfletarias
y propagandistas. El arte Las democracias empíricas
griego, tanto o más que ra ilamáda
democracia atenienre, fue fruto de
su aristocracia, o incluso de la tiranía;y (o positivas)
no hace farta aducir mi con_
dición de demócrata para condenar un
acto terrorista, el tiro en la
nuca que da un etarca a un ciudadano
que pasea por la calre.
un aristócrata, ün dictador y hasta un déspota ¿Acaso
no lo condena tam_
bién?Además, esta condición es un
modo de contribuir a enturbiar la
natur aleza de I prob I ema.
Más aún, muchos conflictos, incluso bélicos,
pueden considerar-
se.determinados por la dialéctica entre Sr¡cicdades democráticas y sociedades políticas
las democracias rearmente
existentes, en la medida en que eilas
se enfrentan con otras democra-
cias' Porque la democracia, y esto debía [,as democracias empíricas a las que nos referimos son rlcnr,r
recordarse constantemente, se
mantiene en el ámbito de una sociedad política, r rrL:i¿ls políticas, es decir, sociedades políticas realmente exislcrrtcs crr
de suerte que las re_
laciones entre dos sociedades políticas rrucstros días, que forman parte, ante todo, del círculo de las «clcnro-
democráticas no ti"nen por
qué ser democráticas; y las parodias r'rircias homologadas)) con los Estados del llamado Primer Mundo,
de democra.iu r"p."r"rtadas en
las votaciones de ra Asamblea Generar
de las Naciones unidas, en ¡r incipalmente (las democracias de la Unión Europea, de Estados
las que el voto de una democracia tlnidos, México, Chile, etc.). En el Preludio dijimos que considcra-
de doscientos cincuenta millones de
ciudadanos se supone equivalente rnos excluidas de la extensión del concepto de democracia política
al voto de una democracia de cin-
cuenta mil ciudadanos, es sólo una ficción jurídica, .r.¡rrr:llas sociedades o comportamientos sociales que, sin ser propia-
un mero caso de
democracia procedimental, cuyo funcionarismo rrcnte de naturalezapolítica, suelen, sin embargo, ser consideradils
poritico hay que bus-
carlo más allá de la Idea de democracia. ,,rlinariamente como democráticos. Hablaremos en estos casos, cour()
Los fundamentalistas se es_
candalizan de que el presidente de Ircnros dicho, de democracias procedimentales, pero no políticas.
Estados unidos esté dispuesto a
desencadenar un ataque contra determinadas Ils cierto que no faltan quienes defienden que una democraciu
potencias islámicas, in-
cluso aunque no cuente con la mayoría
de ras Naciones unidas. Los
¡rolítica no es otra cosa que un caso más de democracia procedi-
fundamentalistas, que aquí se nos revelan n rcnt¿rl aplicada a materia política (aplicada a decidir, por ejemplo, no
como formaristas, consi-
derarán esta actitud del presidente de v;r cl cambio de itinerario de una excursión sino el cambio de las rc-
Estados unidos como antide_
mocrática, lo que quiere decir que ellos l:rciones diplomáticas que el propio Estado mantiene con un vccino.
toman en serio la estrucfura
democrática de la Asambrea Generar ,leclarándole la guerra). Sin embargo, y aun partiendo ad hómincm tlc
de ras Naciones unidas, -'^--" inclui_
do el propio derecho de veto que detentan csrr definición procedimental de la democracia política, habrá r¡rrr:
fo, gru"J"r.
rcc()nocer la inconmensurable distancia que media entre la <<malcrilr
irrr'íslic¿r>> del procedimiento democrático utilizado por nuestros cx-
r'rrrsionistas, y la «materia política» del procedimiento democrhtico
rrli I izado por nuestros parlamentarios.
lis prccisarrcnte la materia, y no el mero proccdirnicnto, lu r¡rrc
tlcllnc urt¿r clcnrocracia ¡-rarllnrcnl¿rrit. O, dicho clc rur nlocl«r nr¿is ri-
f,r4
t;rt.,l,t\¡ lll(.trrr l ,t" (lr'1ilil( lilt irl'1 ,'tttl,itt, ,1" (o lro,lltt,t" )

guroso: lo que dil'crencia un¿l lncri-r dcnrocr-uciir 1'ltlcecl intcrrtlrl dc ,,t rt'tl;rtl tle rrtocritliclt lt«t lrity ¡rro¡riltttte ttle tcgllts tlt: itre g,o ltrlli
una dernocracia política es la dif'erencia entre el tipo de conex ión clue tr,rrir:j- sirto tle [crtltittittllts ltttr itttorcscs y lucrzls ob-ictivas; cl ¡lro-
media entre la materia no política y los procedimientos democráti- ,,-tlinricrrto hlr clc poder ser visto como un et-ecto de su estrltctltrit
cos y la materia política y sus procedimientos democráticos. La na- rrr:rtt'r.iul y no como una formalidad procedimental sobreañadicla ¿r

turaleza de la conexión entre el grupo de excursionistas que decide ,:.;r cstl-t-tctura.


cambiar su itinerario y el procedimiento democrático de la votación []na democracia material es, según lo dicho, una sociedad políti-
a mano alzada que ha utilizado es muy distinta de la naturaleza de t .r rl¡o, en función de la estructura de su propia materia, cs tlccit'. crt
la conexión entre la asamblea democrática de una sociedad política lrurción de su constitución material (sysfasls), asume, desdc tlcttlr'«r.
y el procedimiento que ha adoptado para tomar una decisión políti- r r.lr viftud de la codeterminación de sus partes, la estructt¡t':t tlcrlrrr
ca. Ante todo, porque la propia asamblea ya había sido elegida a su ( tittioa; y una de las cuestiones más importantes que tencttlos t¡rtt'

vez democráticamente, y sus decisiones políticas no se producen .lt'batir será la de la determinación de las circunstancias materi¿tlcs l)()r
del mismo modo a como se producen las decisiones de una <<demo- l.rs que una sociedad política ya dada evoluciona hacia la estrtrcltrtir
cracia directa>>. r lcrnocrática.

Aunque no sea la diferencia entre el procedimiento democrático


directo y el indirecto o por representantes lo que distingue la mera
democracia procedimental de la democracia política, es evidente l)emocracias empíricas como democracias realmente
que para que una sociedad política adopte, en determinadas cir- cxistentes sin fundamentalismo
cunstancias, los procedimientos democráticos, ha de reunir condi-
ciones materiales mucho más complejas que las que necesita reunir L,a critica al fundamentalismo democrático puede proceder dc
un grupo de excursionistas o de deportistas. Yno es nada fácil, si no irleologías antidemocráticas, ya sean de derecha (agustinismo políti-
queremos pedir el principio, determinar cuáles son estas condiciones. co. condenación de Pío VI a la declaración de los Derechos Huma-
Por ejemplo, pedir el principio es af,rrmar que la razón por la que una rros de la Revolución francesa, ((pensamiento reaccionario>>, críticas
sociedad política asume los procedimientos democráticos, en todo tlc Pío lX al liberalismo, etc.), ya sean de izquierda (principalmentc
cuanto concierne a su estructura polÍtica, no es otra cosa que la de comunistas consideran a las democracias avanzadas cottto
llevar adelante y litrremente su <<voluntad de autodeterminación»
-que
simples democracias burguesas- o analquistas «El intli-
-Durruti:
mediante la que la sociedad llega a darse a sí misma su propia Cons- viduo que vota anula su confianza en sí mismo porque delega su pcr
titución democrática. sonalidad en una segunda persona»)-. Ahora bien, las ideologírrs
En conclusión, el hecho de que una sociedad política asuma, antidemocráticas no pueden negar, al menos en el terreno de los fL'
por motivos internos, y no por motivos de imposición externa (que nómenos, en el tereno empírico, la realidad de las democracirls ¡-r,,
sólo dan lugar a democracias políticas fbrmales), procedimientos líticas avanzadas.
democráticos en aspectos esenciales dc- su curso requiere que lo Lo que llamamos democracias políticas materiales empíricas s.tt
expliquemos a partir de la evolución de Ia propia estructura ma- las mismas democracias realmente existentes a las que sc rcflcrc cl
terial de esa sociedad política; ev,olución que no se reduce al re- firndamentalismo democrático, una vez que hayan podido scr clirni-
sultado de meras decisiones voluntaristas decidió en nados todos Iits corrtponcntes ideológicos fund¿rmcntalistas tlc los
1978 darse a sí misma las reglas de juego -«España
en una Ctonstitución de- r-¡uc cllas están cmpltplrdas.
mocráticarr- que hahría quc cortsidüri.lr e()nl() unlt ('()nlingenuilr rr Ahoru hicn, lr lscgrcgrr', cn lu tnctlitllr tlc l«r ¡-rttsihlc, llt cottcc¡tciirtt
fbrnlalidacl sohrcañacl idl lt lrt csIruclur.ir nrrrlt'r.ilrl nrisnr:r. lrn rrlr filltrlltlttclttlrlistlr tlc llt tlcttl1¡ct'lreilr tt'¡tltttt'ttlt't'ristctttc sc llltt'e l'tt't i

s/
l,nR (lInlocfnclnñ emplIl(ltir lrt Pl'tñlllvll¡ I

s() stls(lttlll'los ¡lrilrci¡tios ltlrtr[¡rle rrlirf isll¡s rle lrr tlr.¡rror.r.lrr.ilr


¡rgr.rllres rrri.rrl¡l) Ls t',)nr() sr l'o¡l¡rt'r lrrrlrrt':.t';r¡rllt lttl,r lr llr ¡rolilit':r t'l ltltslll()
principios lirncionalistas, es dcci¡ csLableciclos cn lincitin dc l¿r rca- , I ll(.t ¡¡ (l¡L'¡lrliZ.t,;r l)t()l)()\tl(, rlt' llt ( l('ll( iil. I ;t lottltlt tlt' l.r t it'rlt ilr-
lidad misma de las democracias rearmente existentes, que ya no se in- ,i.l,rul l,o¡t¡rcr', no sL: lluttc tlc vcrdirrlcs cstltltlccicllts ctt liltlciirlr tle llr
terpretarán desde las premisas fundamentalistas. pero los principios rrr,rlr.¡ ilr, y, llor taltto, tittl-tptlco la lorma dcll-tocrática dcl gtlhicrltrr
sLrstitutivt-rs del fundamentalismo democrático pueden tomarse o bien li.rrrlr'ir ¡trtr c¡uó cxpresar ia «verdad del pr'reblo>>. Lcl que carrtctct'izlt
de la realidad de la materia, o estructura material misma de la socie- ,rl ¡rr rvilogio de la ciencia, liente a la metafísica, es su capacitlld tlc
dad política (resultante de una evolución histórica, determinada por i t ttyc
l, I s t r r. las proposiciones construidas teóricamente; I o uc cptlst
r
q
acontecimientos pretéritos), o bien desde alguna característica fun- rl ¡rrivilegio de la democracia frente a otros tipos dc gobicrrto se tirt
cional atribuida fonnal¡nente a la de¡nocracia. con independencia de ,rr cl¡-racidad de destituir del gobierno a los polílict)s (lr.rc li'rttrtsrtrt
la relación entre la materia misma de la sociedad política y la lbrma , rr str gestión.
democrática. El «materialismo denrocrático» pretende derivar la es- Ahora bien, sin duda la capacidad de ser destitLliclo tlll lr,olrit'rrtrr
tructura de la sociedad política de la estructura material de alguna es- , :r l)t'opia de la democracia, como es propia de la cicllciil ritr ( rrl)ir( I

pecie particular de sociedades políticas bien diferenciada de otras ,l:rtl cle desmentir, o demostrar la falsedad de las teorilts et'r'()rr("r:'
especies de sociedades políticas, y bien determinada en su propia | 't'r-tl aSí como las teorías Científicas se desmienten
porqtlc solr L't I ( )
es-
ttuctura material; una estructura que, por nuestra parte, y refiriéndo- nr'its, pero nO Son erróneas polque se desmientan, así tatl'l1-roco los
nos a las democracias modernas «homologadas»>, haremos consistir lohict.rtos (no ya los Estados) son derribados porque gobicnlrtrr rttrtl.
en cierto tipo de sociedad de mercado, la sociedad de mercado de
l)('r-() no gobieman mal porque sean derribados'
La falsacit'ln o lrr
consumidores. ,lcstitución son indicios de un error, pero no son la raíz dcl crrtlt'
Frente al «materialismo democrático» por supuesto, también .,irro sólo su desvelamiento. Y esto supone la verdad ola euluxiu'.lt¡
trente al fundamentalismo democrático- el -y,
formalismo <<teórico» de- ,¡rrc la verdad es a la ciencia esla eutaxia ala sociedad políticr' cs
mocrático pretende dar cuenta de las democracias realmente exis- ,lt'cir, la capacidad efectiva de seguir existiendo de modo recLlrrclr-
tentes no tanto a partir de la materia social (de la sociedad civil, del tt'. cn virtud del encaje objetivo de las parles; encaje necesario crr lrt
pueblo) como de alguna característica de nafiraleza más bien ne- i crclad científica y no necesario en la eutaxia política, que, pot'cllo,
gativa. y vinculada a la democracia procedirnental. c:or¡o pueda ser lr;ry que adscribir más al orden de la prudencia que al ordcn tlc ll
el mal rnenor (la democracia es la menos mala de las formas de go- .. rcncia.
bierno c'xistentes. con lo que quiere tlecírse que la explicación tle la
democracia tendría simplemente un carácter cle ensayo práctico) o su
misma fiagilidad. que preserva a ra sociedad de una tiranía o sim- l,as raíces materiales de una sociedad política
plemente de un mal gobierno inconmovible.
La teoria de la democracia que Karl popper diseñó pertenece a t)esde el materialismo filosófico rechazamos cl f tllltllttllt'ttlrtlrsrttrr
este tipo de explicación de' la dernocracia. según popper, la impor- ,lcnrocrático pero también el formalismo falsacionistrt tlclltot'r'rilit t,.
tancia de las democracias no hahría c¡ue ponerla en su supuesta ca- Sl trqué1 nos parece <<excesivamente metafísico>>, Ústc ltps l)rlrc(('
pacidad par¿r que «el gobien-ro» rL-presente al puc-blo (pues las elec- ,,erccsivamentc- positivo)), es decir, trivial, un sitt'lplc ¡llcottltsttttr
ciones. más que ser el espejo'donde el pueblo se manifiesra- son tle llt clcscripción de un fenómeno. E,xplicar y jr-rstiflclrr ll tlctttoct'rt
espejo de los partidos, de la propaganda, etc.) sino en su capacidad t.ilr ¡ror la capacidad de recurrencia dc stts proceclitnicllttls I'rrlslrt irr
de derribar a los gobiernos mediante el voto de censura o mediante rristrrs ¡l¡ cs r.rtra cosa sino pedir el princi¡-rio, por ltr vílr tlcl lrrt'trrlrlis
las elecciones (decimos nosotros, mediante ra dernocracia procecli- nrtl: <<l,u tlcnrocr¿rr:iu lirrrrul sc cxplica y sc.itrstillcit ctt vit'l lltl tle stt
(rtt',1,t\n llnr'r¡n |,r., r 1,.r r r.r,I rr, I¡¡¡,r,liílili¡¡ lir ¡
ro,,iI i r,:r,, )

pl-()Pia l'ccLlrrcllcill, tttilttticnc continuilnlerrtc lu esllct'1¡zit rlcl


cILIC ¡,r rrrt i¡rios cxtCt'lto solrlt'lttt,t,lr.l,,r. ,t l,r ltt:tlt'l lll. l)()l(ltle tlct ivltrt tle
pueblo.» Es una explicación y una justifrcaciirn. cn cl Rrndo psico- ,.ll;r ¡risltrlr, cs rlccir, llot'(lu(' llr l,rrrrr t'sl:'t ¿/¿'lt'r'rttitttttltt ¡ltlr llt ittlcl'-
lógica, de la democracia, análoga a esa explicación y justificación del ,r, t irilr tliaméric¿r dc las purtcs tlcl cottjutrto conlbrmado, sin
cxclttir'
diálogo como procedimiento para resolve¡ por vía pacífica, los con- l,r intct-¿tccitin con su entorno.
flictos políticos o incluso los conflictos personales, en general. Es l,rr rosolución, buscamos las razones por las que una detcrllli-
evidente que mientras una «sesión de diálogo» (entre sindicatos, par- Irrrtllr spcicdarJ ¡tttlítirra ya prr-existc¡rte (¡lrr-'sttpOnetttt'ls pttr [lttttrt
tidos, o personas individuales) concluya en la convocatoria de otra se- (luL) ulllt clcmocraci¿r tlcl brota directamcnte de las sOciedirdes llti-
sión de diálogo posterior, y asi ad infinitum, «no llegará ra sangre ar ,,,,,1"* sitto t1c' stlciedades httnranas no derntlcráticas) cytlluciottlt
río». Pero la verdadera cuestión estriba en determinar hasta qué pun- (.il su estructura material de tal suerte que se vea deternritlltdlt ¿t
to las «condiciones materiales» permiten convocar una vez más la ,rsunrir la estructura formal de una democracia'
mesa de negociaciones, y no obligan más bien a intemrmpir el diá-
logo y buscar soluciones perentorias por otras vías; porque si el diálo-
go se continuase indefinidamente lo que habría que concluir es que t,ils sociedades políticas como «sociedades de conocimitrrlto»
los problemas debatidos no tendrían por qué suponerse resueltos sólo rlt'sbordadas por la realidad que ellas conocen
por el diálogo, sino por otros motivos que están actuando fuera de la
mesa de negociaciones. Una democracia política material es, ante todo, una espccic cott
En cualquier caso, lo que se llama «democracia formal» es tan r lrvcrsas versiones o modulaciones de sociedad
política. Y toda socic-
sólo una pseudodemocracia, es decir, una sociedad política mate- ,i;rtl política es, sin duda alguna, una «sociedad de conocimiento», tlc
rialmente no democrática, pero que ha asumido una fachada demo- ( ()nocimientos s¡¿i géneris,es deciq una sociedad cuyos miembros' clr

crática bien sea por imposición de potencias externas (sin cuya asis- l,rirner lugar, deben conocer los planes
y los programas de sus c()ll-
tencia no podría mantenerse) bien por un disfraz de la sociedad (,rUdadanos en tanto constituyen un círculo de presente;han de col'lo-
política no democrática que se presenta a las demás como si fuera ,. e r- Lambién en lo posible los principales proyectos
de sus anteccs¡rcs
{¡x» cuanto éstos influyen continuamente en ellos, sin que a sLl
una sociedad democrática. El «gran cacique» de la Restauracjón vc7

monárquica española del siglo xrx, Romero Robledo, para organizar r.stos puedan influir en aquéllos) y han de conocer (o mejo¡ prcfigtrrilr'
las elecciones a coftes constituyentes que votaron la constitución de ( ) lnl"icipar el conocimiento), en la medida de lo posible, aqucllo (lr.rc sc
plenamentc. sitr t¡rt.'
1876, comenzó suspendiendo más de 6.000 ayuntamientos, para lrlryecta para sus sucesores (en quienes influyen
nombrar, a través de una Real Orden, otros tantos nuevos que le l,rrcclan en cambio recibir influencia
alguna de ellos)'
lin suma, una sociedad política es una sociedad que vivictttlo
(.'rr
eran adictos. En general, sospechamos que toda conceptualización
«hilemórfica)) que utilice las ideas cie materia y de forma como si se 'rrr presente conoce de algún modo, por anamnesis, stt pr-ct('t tlo' r
,rrrticipa rnediante prolepsis propias, su futuro. Ésta es ltt t'rtzirrt ¡r()t
lrr
tratasen de dos principios diferentes pero en posible composición es
muy peligrosa. Este tipo de conceptualizaciones sólo es adecuado (lile solamente en los hombres, en cuanto primates dotatlos tlc lt'tl
para determinadas situaciones: por ejemplo, aquéllas de las que par- lj,rrric articulado, es posible hablar de sociedades
políticrs- l..s llrr
tió Aristóteles para explicar la,tabricación de objetos artificiales (el rrrrtllrs .<sociedades políticas,, animales no lo son pr()pilllllt' llte ' silr
bronce, o materia, vertido en un molde con la forma de una espada; ¡re r iUiciit de
que en ellas podamos encontrarmuchas clavcs L:olllLlllr'§
el mármol, o materia, a la que el escultor le da la f,orma de Artemi- ..,r lrrs sociodadcs politicas humanas.
sa). Pero fuera de estas situaciones, por ejenrplo, las que plantean los
organismos vivos, las fonnas no prrcdcn Irutlrrse conr() si fircscn

il
rrflfr¡Tvn rTfitrnn I l,r rltttt,,r'l¡tr'irtr ctttlrIl'it'tlr (rr ¡to',ilit'tt',)

El desbordamiento de los recuerclos (anamnesis) y de los planes lrrrl,¡.. l;¡.; rlcrn;is irrslilut it)nr's n()rrr,rlrzrrtlrr:' ¡rolilrt'lts (rr'lrtlir':rs lr l:t ¡t'
y proyectos (prolepsis) rr(lur;r. lrl rolriel'rrrl) y soeirrlcs crr uener'lrl llirt'lttts tle ¡tnt¡tietllrtl. ¡tlr
r( nl('s((). li'crricr.ts tlc ¡'rt'oclr-rcci(1n...), y clt [a rllcdida cll tlLlc sc ilttcgt'lttt
El inexcusable conocimiento pragmático mediante el que se de- r
i un ('ur:r'l"lri tlotado clc una lníninra estabilidad eutáxic¿t, fbrlrlut llt
senvueive una sociedaci política en general y una democracia mate- r r /r n ¡,r' (Lt t io) de [a sociedad política. Bajo este témrino de,l'll'/¿¿-
rt,st il ttf
rial en particular no agota la realidad de esa sociedad, cuyos proce- ,,, rrcltrinlos. además de la constitución material escrita de una st'rcic-
sos desbordan continuamente el conocimiento de las influencias , L rr I
¡xrlítica y su «constitución interna» (referida a sus nol'mas o leycs,
recíprocas que constituyen el círculo del presente, así como también , ,r ritrrs cr no), los componentes basales (sociales, económicos) irll¡rli-
desbordan las anamnesrs (que sólo filtran, y etr general de un modo , r(los cn aquella Constitución, y recogidos ya de algún modo en cl cott'
,

ideológicamente distorsionado, una pafte de las influencias pretéri- , ,'¡rltr dc Politeia, tal como fue utilizado por Jenofonte o por Arislrilt'
tas) y las prolepsis (porque sabemos que nuestros planes y programas l, (.v por ciefto, más cuando usa eltérmino que cuando lo definc), o e rr
.r
influirá. decisivamente en nuestro futuro, pero no de qué modo). El , I t trrceptcr de Sociefas civilis de Francisco Suárez, y antes de c¡r"tc cr
c,rso de las sociedades políticas puede decirse, de algún modo, que
¡,lrt itamente estos componentes fueran reivindicados, a través del cort
es gobernado «desde dentro» por los hombres que las constituyen, r t'¡rlo de la «constitución real», propuesto por Fernando Lassalle cll str
y
no por los dioses; pero el gobierno que los hombres pueden ejercer , ,. le [rr-e conferencia de 1862, «¿,Qué es una Constitución?».
desde dentro en las sociedades políticas no es omnímodo, y por l:l concepto de s¡r/asrs que venimos utilizando no correspondc a
ello
no puede afirrnarse que mediante la vida política madura los hombres l, tluc en los últimos siglos, y sobre todo a partir de la primera guc-
«se determinan y aun dirigen su propia evolr-rción>>, ni menos aún r rr nrundial, se llama «Constitución» en el sentido jurídico, por tatl-
puede decirse que «los hombres eligen su propio destino». rrr. del «Estado de derecho»,'tal como es entendido en el llamado
Dicho de otro modo: las sociedades políticas se organizan de al- ,,tlerecho constitucional» (en España, araiz de la Constitución dc
gún modo mediante el conocimiento, en cuanto vinculado a la lSl2. en el llamado trienio liberal que estableció en 1821 la ensc-
vo-
luntad consiguiente, que sus miembros tienen de sí mismos; pero ritn/,a en las Facultades de Derecho, del «Derecho político conslitLr-
este conocimiento no agota la realidad de la vida política que ( ronal))). La relación que media entre la systasis de una sociedad, cn
se de-
senvuelve en gran medida por encima de las voluntades humanas. ,u st¡ntido filosófico político, y la constitttción en su sentido jurídic«r,
¡rorlría compararse con la relación que media entre una lengLra ha-
l,lrrrla (el latín, el español) y la grarnática escrita de esa lengua. La grrt-
za systasis o «constitución material» cJe la socieclacl política nrrrtica de una lengua no ((crea)) las normas lingüísticas, que ylt hlttt
rlt'cstar actuando en el lenguaje cotidiano (Jakobson habló clc tlrtrt
El conocimiento político culmina en el establecimiento de leyes es- ,, ltrnción gramatical>> del lenguaje ordinario); pero no por ello lrr grrr'
critas, porque sólo de este modo las nomas por las que se rige la rru'rtica de una lengua es ur¡mero pleonasmo de la misma. Stt obit'ltr
so-
ciedad política pueden alcanzar un significado eutáxico a escala secu- ..'s li jar un sistema de normas frente a otras lenguas, o frente a lrt 1'rl'tr
lar, es decir, más allá de ia escala de las vidas individuales o etológicas,
¡rirr lcngua oscilante, a fin de preservar lo que se considerc itnporlltltle
dotadas también de sus norrnas particulares. Las leyes escritas, emana- i t'sllhlecer un canon lingüístico. De la misma mancrll. tlllil c()l)sl¡-
das del poder capazde estableceilas cle hecho (un rey di'ino, una lrrcirin.jurídica no crea la constitución política o syslrrsi s, pcro litrtt
asam-
blea), no sólo incorporan las cosfumbres de un pueblo sino que las
rein- l)()co cs tm mero «sombreado)) suyo, puesto que su ob-ictivo c:s f i.¡lrr
telpretan desde la perspectiva de la eutaxia. Las leyes (que habrá que un sistcrtt¿t de norrnas, /rente ct otros (por ejemplo, las clcl pt't,¡ri., ¡rrt
defender, como decía lleráclito, t¿rnto o n,is c¡ue las nrurall¿rs),.jurrkr rrrtlo inlncdiato) y clc lhícl clu'lrclcr-guranlistu ¿rtri[rtritlo rt lrts cotlsli
co,

ll
Itltlortt's.¡ itlrtlr,..:t l)iltll tlt. llr (irtur l(t.rolut,ton. l;r (,r)nsltllt(.t()ntL.
rrr
¡roltltt'lt.,\"('ll (':lPr't lltl tlt':lll \l',\/¡/\i \, l)('lo si lllill. il ll;ttt"l
, ¡,,lrrtl tlt'
I)ubliciut¿l ['¡usc¡.r uscgut-lt-llrs r]ltr.iullílrs.¡ rl itlit.rrs (letlrlcs) rle ltrs nol. rrr I t'\ f r¡nrlluttr'lllltl. tolrsitlt'rrtl;r trlrrro llrl. un ('iurort ttl t¡rlt'tlt'l't'
mas reconocidas fiente a o1r¿rs norm¿ls, y espccialn-lcntc ficlrtc
a las r rr,rlrrsliuse lotllts lrls tlertuis lcyes, cet-t'r.trlrkr e I llttio, ¡r.,t t'ictll¡rlo' tlcl
normas del Antiguo Régimen; pero también frente a otras
ruentes '1, t,', ltt¡ ¡rrtlit itrl»> y distingLricndti ¡ror tttnto, lttt s(rlo cl
potlcr lcuis-
de normas capaces de alterar la estabilidad del sistema
de nonnas I rlrw rlr'l ¡roclcr,iuclicial, que aplica las nornras tundalncnt¿tlcs' siltt'
establecidas.
r ¡rrrl,ri'r) lirnilando el poder creador ilimitado del Parlanrcnto'
I rr ('onstitución escrita asume de este modo la funcitin dc crtttorr
,, l(.\ ('lnónica meta-nómica (re-flexiva), paralela a las rcglrts tttt'lrt
La Constitución crita lrr¡r,riisticas propias de la gramática de un <<lengr.ta.ic tritltrrrtlr> l slrr
es

,,rrtliciórrmeta-nómicay,portanto, jurídicamente an(llttltlrt (¡r:ttrt lor;


una constitución jurídica va dirigida tanto contra la autoridad ,,rtlcn¿rrrientos jurídicos preconstitucionales, por e.icnr¡rlo los tlt'l I )t'
de un déspota que emite decretos arbitrarios como contra
un parla- r,,lro romano), confusamentepercibida, llevó acaso lt lrls rt'tlltt lort ''
mento que, postulando su soberanía, no admite ninguna constitu- << I il r
, l, i; r (lonstitución española de 1978 a incluir bajo el cpígr.rr ¡'
r
¡

ción que limite su capacidad creadora, como ocu.,e en Gran Breta-


l. ¡rlcliminar)) sus nueve primeros artículos, en los quc sc cxl)r('§irrr
ña (lo que no quiere decir, obviamente, que el Reino unido
no tenga , ',,rs decisiones políticas básicas que, según Carl Schmitt, clcl'ittcrt tr
una constitución, en el sentido de la systasis),como todo tlcci
el mundo I,r('suponen la existencia política de un pueblo, es decir, esas
reconoce. A veces, para explicar esta <<inconsecuencia,
se recurre al ,,,rrcs mediante las que se establece lo que antes hemos llamado Cit'
concepto de «constitución interna» (ya utilizado por Jovellanos),
t rt' ¡tostulatorio (esdeciq no científico sino tecnológico-prudencial)
recurso muy torpe, a nuestro juicio, porque obliga a reinterpretar
,1,'l ordenamiento jurídico de un Estado de derecho.
las constituciones escritas (por ejemplo, en España la
constitución Sin embargo, la analogía entre la gramática de un lenguajc y la
de Cádiz de 1812, la constitución de Argüelles de 1g37,
o la primera r',rrrstitución de una socie«lacl política se detiene aquí, y 1a considc-
constitución republicana de 1g69, o la constitución de cánovas
de r:rcitin de las razones de este límite es tan ilustrativa coÍlo la consi-
1876, o la segunda constituciónrepublicana de 193i, o
la Ley or- rl.rrción de la analogía misma. Sin duda, la analogía cesaría cn cl
gánica del Estado de 1961, o la constitución democrátic
a de 197g, rnonrento en el que aceptásemos la opinión, corriente s¡tre los gril-
actualmente vigente) como si fueran <<externas>». pero las
constitu- ,,r;ilicos actuales, según la cual una gramática científica no cs llor'-
ciones escritas son constituciones formales y, por tanto,
internas, rrrrliva, puesto que sólo pretendería «reflejar» la esttuctura nlisltrlt tle
por cuanto sólo pueden ser establecidas ateniéndose a requisitos
l;r lcngua; pero la Constitución es normativa, es una ley (ya sc irrtcr
arraigados en las condiciones específicas de determinadas socieda- t¡ttt'
des políticas, y aun sin necesidad de que er objeto de
¡rrt'tc su normatividad con el alcance propio de cualquicr lcy,
se irt
sus normas ¡,rtlr'ía ser utilizada en su aplicación por el poder judicial, yrt
vaya referido al Estado, como es el caso de las norrnas que
se en- l('r.l)r-ete como norma que ha de aplicarse directamente al potlc| lc
globan en la llamada «constitución material» (aun cuando
no figu- lrslulivo, de donde emandr las leyes ofrecidas a los jueces; yrt se irr
re en la constitución escrita).
It'r'¡rrcte de ambas maneras de modo alternativo y no disyr-tllLivo¡-y'
Utilizando conceptos de la teoría del cierre categorial, podría-
¡,or consiguiente, la analogía con la gramática no podría ir rrlts
rrllri
mos formular el objetivo de una constitución escrita.á-o
orientado ,le ltr c¡ue alcanza la relación entre una nonna y una ntetáttrorl.t.tlt t¡ttc
a cerrar postulatoriamente un sistema de leyes establecido.
n() ne('csitase, a su vez, ser normativa.
una constitución no es el resultado del cierre categorial propio de
.. l)cro no es tan evidente aceptar la tesis de qr'rc la grlttttriiicrl tlc
una ciencia rigurosa. No pretende <<agotan> todas las normas y'
de [a so- rrrrrr lcngua (cuando utiliza como metalenguajc la pr«rpilt lcttgttlt

94 ti

il
l ,t' ,1,'tlt,rr'l;lr.'i¡¡r, ,'ltrltit ir''t.l I(i |ilr,,rlr\ r,)

l)()t liutl(). s(.ntiutll('t¡t.(.n l)(.t:_l)(.(.lt\;t t,ttnt /


¡rur.tl;r rlt.j:tt tlt.s(.t il()t.
nrilIivlr, si es t¡uc ((rcrjL.iir)) llr esllr¡t.rulr rlc llr lenttrr ,,'' t ,lt :.( l ttltir l',lttltltlílr lir'rtlt';t olr;l; lrlr.'rtlr's tlerttlor¿ts tlt'llol tnlts
r,irlt. t¡rrc es yrr
intrínsecamente normaliva (l,rat(r, ya r. c.rst¿rt(r ,r.irriht).
: l n()', rttttt, ur)lr t:ltt'luttílt tlc lrr ¡rlo¡rirr ('rlllstilucitirr, jrrrírliclrrrrclrlc
c¡r st_r (
La razón de ra limitación de Ia anarogía entre ra ,rl,rltttrtlltttle lttlttla, l)()r'clr.lc ésLa scrit dcsbclrdacla cuando las ci¡c¡rrs
Gramática dc
una lengua y la constitución de una sociedad porítica | ,r, r,r,. ¡rolílicls c histriricas así lo determinen.
reside en ra
circunstancia de que, a diferencia de las normas I rr t rrrlr¡rricr caso, por consiguiente, las sociedades políliclrs ntr
constitucionales, las
normas gramaticales no disponen de instituciones I ,,r( lr(' r() sio hayan dado una constitución jurídica, han dc carcccr
coactir,¿rs en c-l
momento de su creación por un poder re-eisrati\,'o (ras ,lr r I r/r/,\'/,\' y, dc hecho, de unasystasis o constitutio tan próxintir lr ltr rlt'
Acadc-*ias de
Ia Lengua, además de ser muy tardías. ,. prr...,r I r ,,,t it'tllrdcs con constitución escrita, que se confi.rndcn c.n cllir. St'
nrás a ras Fac,rta-
des de Derecho que a los parlamentos; y , rrrl)rcrrrlc por ello que Jovellanos, en los días en los clLrc se ¡rlrrt,rr
sin embargo, en la España
de las autonomías, las Academias de las lenguas I r l,r ('rlrstitución de Cádtz, se mostrase reticente a la rcrllrtt.i,irr ,1,.
rejiorales asumen
las funciones de un poder regislativo, cuando
el ejecutivo corres- 'rrr r('.nstituciónescrita, alegando que laNaciónpolítica cs¡'xu'r.lrr lt.
pondiente exige el uso de la lengua regionar rr,r !ir un¿r constitución histórica (en este sentido, Jovcllurros (. uil
normalizada a ros ciu-
dadanos afectados). Las normas gramaticales l,rr't ur.sof de Savigny). Se diría que Jovellanos está rechaz¿urtlo lor.
tampoco disponen de
un poder judicial, es decir, de una «corporación t,r, r\ t'c(os de una nueva Constitución escrita, pero no tanto en cl n.nr
de jueces>>, asistida
por el poder ejecutivo que hiciera posible el l,r, tle I absolutismo que la resiste, ni siquiera tampoco en norrrtrle
cumprimiento de sus
sentencias; la coacción de las normas lingüísticas , ' , lrsivo de unas <<leyes históricas no escritas>», sino en el nombrc clc
sL ej"rce de modo
difuso, no instituci onarizado o escasamente institucionalizacro lr llistoria, de laNaciónhistórica, desde la cual ve aEspaña c()nro
(por la
tb.milia, por la escuela, por los directores de los r,.r('c([ora ya de su propia constitución, expresada a través dc los
medios de comuni_
cación y sus Libros de Estilo). r( \ t( )s de nuestra tradición, tales como el Fuero Juzgo y las Partidu,:',

Mediante este cierre posturatorio la constitución ,, ,-l ( )rdenamiento de Alcalii. Dice (en el apéndice 12 ala Mem.ritt
porítica escrita
logra la definición material de su estructura jurídica, , rr , lt'f cns'a de la Junta central): «¿Qué otra cosa es una constitLrcit'rl
puesto que ésta
ya no habrá de subordinarse al mero origen ,¡ut't:l conjunto de leyes fundamentales que fijan los derechos clcl
de las o*-u. (el rey, el
juez,la asamblea) sino a las normas propuestas ,,,lrc.ano en los súbditos y de los medios saludables de prescrvur
como tales fiente a
cualquier otra norma susceptible de ser creada: ,nos y otros?» La Constitución de 1812 se redactó de hecho. mLrcr-
la constitución es
así un proceso de reflexión jurídica objetiva l. ¡,1¡ .f6vellanos, no como mero trasunto de la constitución liancc-
deciq de confron-
tacién de unas normas jurídicas con otra norma -eso metanorma, pos-
,,r rcvolucionaria, sino en gran medida a título de refi.rndición clc lls

tulada también como jurídica- mediante la cuar tr;rtliciones de los reinos de Castilla o de Aragón, del Fuero Juzgr, tlc
el Derecho se ((au_
tofundarnenta>> a sí mismo en ra constitución l¡s l'urlidcts o del Ordenamiento de Alcalá, como explícitamentc po-
meta-nómi ca, a ra
manera corno er barón de Münchausen se sostenía rlr.'n)()S constatarlo ieyendo el Discurso prelim.in.ar, escrito por Ar--
a sí mismo aga-
rrándose de sus propios cabellos. sin embargo, (Se ha suhrayado rnuchas \/eces, adc-nrás. cómo la CollstitLr-
gracias a esto, la so- 'iicllcs.
ciedad polÍtica consigue, apafte de ra posibiriaaJo.-.¡ucriciarizar , it'rr cle Cádi'z fle rnodelo, nn,bln de- la Constitución de portugul y
toda ,le lu de algunos Reinos de Italia, sino también de las constitue iones
la vida política (poniendo al poder judicial corno
últinra instancia de la
legalidad, a fin de conseguir con eilo una mayor tlc lus repúblicas americanas.)
«seguridad jurídi-
car>), un mayor conocimiento proréptico l)c lodos modos, aun cuando las socicclarlcs rlcrrlot li(ir.;l-r rr,,
de su prataforña juridica. Lo
que no significa en modo alguno que la rl.r'l'luts, sohrc todo a partir del flnal de Ia prirtrcrr J',u(.u,r nnrrtlr,rl ,.r,
constitución, además de una
«garantía de los de'echos>> (ar1ícuro r 6 dc Ia Itltylttt clltcltl utLt (lorrstiturciórr.i Llrídica, cl ltcclro tlt' rlr ,¡rr,r, | (1, rrr,r
[)ct:rttrt*iórz cic r 7g9) ( tlttstitucit'ltr jurícl iclr n() e()n\icl'tc lr csllts socit.tlrrrl,,,,.r¡ .rrr ¡r rl¡,1,
r )(r
I nii nillllncl'llcliln 0llllllrlrns I r1 [ll'rrll l\'¡l]i ,

-OriiirirriTliii.rlr
-
democráticas convencionales: basta citar el caso de la constitución :;r.t,t¡trl.t lltsr.,:t l,l¡l¡tllzt¡ l¡l;,,tlt'1,.'t lt¡tt:;¡t lltl¡'5ir (<rl',sl;ttlo liot iltl tlt'
soviética. ,lr'rt'tllo,r). A es(:rs lcyus llr tle rtlertetse, ert tl l',sllrtlo tlc tlel'eelto, tttr
sirlo tlcsrlc lrrego cl ¡rtldol lcgislativo c¡uc ltts pr.odr-rcc sirto [lrrttbiólr cl
¡rotlcr-c.jocutivo y el podcr-iudicial, que determilta en particular ol gr-lr-
La teoría fundamentalista de las democracias rlo tlc su culmplimiento, y señala los puntos que debe¡ ser rectillc;lt-
realmente existentes clos. En la medida en que las leyes, que se suponen derivadas do los
tirganos hjados por la Constitución, se consideran permalletrlcs y
Imporla entender al fundamentalismo democrático en lo que tie- -ir-rstas, el Estado de derecho tenderá a privilegiar el prirnaclo ¡rl'ric:li-
ne de exaltación de las democracias como formas genuinas y aún co del poderjudicial sobre el ejecutivo (que habrá de sonroto|sc rt sus
prístinas de las propias sociedades poríticas. Esto requiere entrar en sentencias en caso de conflicto) y aun sobre el legislativo, a [r'ltvt's rlt'
las cuestiones relativas a la definición doctrinal de la estructura in- un Tribunal de garantías constitucionales, cuya definición cs irrt it r

terna de esas democracias; no podemos limitamos a la doctrina «ofi- ta dentro de la teoría de los tres poderes (pues unas veces sc irrlcrrlrtrri
cial» concerniente al papel asignado al pueblo como fuente de todo reducirlo al ejecutivo, otras veces al legislativo irl
-convirticn(l()
poder político, basándonos prácticamente en la mera definición eti- Parlamento, como hemos dicho, en juez y parle-, otras veccs al.irr-
mológica de demo-cyacia (: poder del pueblo). dicial y otras veces a un Tribunal ad hoc en el que estén reprcscrrtrr-
Sin embargo, la doctrina del poder del pueblo, aunque es central dos 1os tres poderes), y aún del Tribunal Supremo.
en la teoría fundamentalista de la democracia, no es la única doctri-
na constitutiva de la teoría. La teoría fundamentalista de la demo- Estas tres doctrinas proceden unavez más de diferentes fucrrtcs;
cracia, que además es muchas veces considerada como una teoría lucntes modemas, al menos en cuanto a su formulación explícita.
científica (al menos, constituye un cuerpo doctrinal, una disciplina ('unviene, sin embargo, mantener vivo el punto de vista histórico'
¡rrcc i samente para atemperar las pretensiones del fundamenta
I i stn«r
académica que suele ser denominada «ciencia política>>), se com-
pone en realidad de tres doctrinas dit-erentes, relativamente inde- tlcrnocrático, que tiende a dar una v§ión sistemática intemporal dc cs-
pendientes, en el sentido de que cada una de estas doctrinas puede tos componentes de la doctrina democrática. En efecto:
ser utilizada en combinación con doctrinas opuestas a las otras dos.
A saber: A) La formulación más temprana y embrionaria de la doctrina clc
los tres poderes la encontramos en el siglo xvtt en el Ens'ayts ,s'ttl'¡t't' tl
A) La doctrina de los tres poderes (ejecutivo, regislativo y judi- gobierno civil de John Locke, publicado en 1689 (un año desptrús tlt'
cial) en cuanto poderes separables. la Revolución inglesa, que instauró la monarquía de Guillcr.rrr0 lll
B) La doctrina del origen popular de estos poderes. origen, aru- de Orange, de quien Locke fue maestro y consejero). Pero la li)|'riltrlrt'
de aquí no ya tanto a su principio «arqueorógico>> o histórico sino so- ción modema más madura se encuentra en el libro XI del E,s¡tit'iltr 'l''
bre todo a la fuente permanente y renovable de su'alidez. Todo po- las leyes de Montesquieu, publicado en 714l . La inspiraci(rn tlr'igi-
der deriva de un pueblo constituido por individuos libres (ciudadanos) naria de la propuesta de la separación de los tres poderes, Lilla ve7 l'e-
de los que los poderes reciben su fuerza y su legitimidad. conocidos como tales, vino, sin duda, del mismo e-iercicio rcvoltl
c) La doctrina del Estado de derecho, redefine todos los poderes ciouario orientado a segregar el poder legislativo clcl potlct tlcl r.e.y
políticos y las reglas de su formación, en función de las leyes cons- absolr-rto del Antrguo Régimen (las monarc¡r-lías dc los ['.sIurrtlos crt
titucionales en cuanto orientadas, en uua primera fase, a garanttzar l¡glaterra o la de los Borboues en llranci¿t). E,n plrlirtrr-lts tlc Moltlus
los «derechos individuales» («Estaclo libcral de clerccho») y cn tna r¡trictr. la separaciórr dc podcrcs busca antc lotlo clctclter cl tles¡rolis

(
):l
rilT§TITlTT ITfTflIN I n§ (lell-lot. rll(:lllri elT|PlnGFr-[-n rtrrlllvni,

¡lltl. dclllritlo ¡rot-ltt cott¡ttttt'irirterr lll rrrrr;rrr¡rrirr. tlt.l ¡rotlel r.lt'(lt(i\() tltr,ltt;t lt.llltrllt,r.l ¡rorlr'r (lu(' t¡il;t \(',/ lt'(llrttl() lt ¡tt'tltltt'tt'
tt0¡r¡¡¡.111'¡¡
y del poder legislativtl (incluso, cn cl custl dcl <<dcs¡rotisl.no horroro- tlc ¡ror vitlrr). ( rrltltron tlt'l;r llrrt:t llt't'o:t stl!,elir llr ¡r,rsrlrilrtllttl. ett
so» de Turquía, del poderjudicial). La separación ertre el legislati- ¡tlcrrtl siglo tvll, dc r¡trc llr rrrorurrt¡rrílr litcra clcctivlr. Sitt
cttthlrtgo. tli
vo y el judicial, aunque conocida, no habría alcanzado el lugar Suf rcz ¡i Llaldcrón (ni Locke ni Montesqttierr) sc dcllllicrotl t¡tl lo rc-
preeminente que en la doctrina ocupó la separación del ejecutivo lativo a la cr-restión del origen popular permanelte del ptldcr politi-
respecto al legislativo. Locke, muchas veces, ni siquiera enumera c(), es decir, de las personas que lo encarnan. Antes bien. pt'cstr¡rrr-
los tres poderes (en el libro II, §88, de la obra citada distingue tres po- siero[ que la monarquía era la forma más adecuada para canaliz¿rI c:l
deres en la sociedad política: el legislativo, eljudicial y el poder de poder ejecutivo; no afirmaron que este poder ejecutivo emallablt c«rrl-
lapaz y de la guerra) e incluso engloba otras veces (§91) las institu- tinuamente del pueblo, y más bien lo consideraron, junto cotl cl ¡rrr
cionesjudiciales en el poder legislativo. der legislativo, como una «dimensión social», heredada c ilrtlise r¡li
ble, de la sociedad política del presente. Lo que proclatrltrort Lot l't'
Montesquieu enumera explícitamente los tres poderes, si bien de o Montesquieu fue la necesidad de la separación del ejecttIivo 1' rlt'l
un modo sui géneris: «En cada Estado hay tres suertes de potestad: legislativo, sin por ello llegar a formular la tesis del origcrr ¡ro¡rttlrtt
la potestad legislativa, la potestad ejecutiva de las cosas qlle depen- político); fueron los escolásticos cs¡)ltit()lr':,
clel poder (de todo poder
den del derecho de gentes [que identifica con la potestad ejecutiva del quienes formularon la posibilidad de un legítimo regicidio, si bicrt e rr
Estado] y la potestad ejecutiva de las cosas que dependen del dere- condiciones muy restringidas.
cho civil f"llamamos a esta última la potestad judicial"].» Se diría que
Montesquieu ve aquí el poder ejecutivo como poder o potencia del La tesis del origen popular permanente del poder político s(rlo
Estado tiente a otros Estados, que tienen en común el derecho de llegó a ser formulada en el curso de la Gran Revolución, sinlultli-
gentes; mientras que el poder judicial será visto como poder delimi- rrt'urnente con la maduración de la Idea de la Nación política. L¿t N¿l
tado dentro del propit-r Estado, de sus leyes y costumbres. También t,itin, como conjunto de ciudadanos que la componen, será un n()lll-
Montesquieu ref-rere la separación de poderes, ante todo, contra el l,rc antiguo lleno de un nuevo sentido que, en el curso de los sLlocs()s
despotismo resultante de la unión del legislativo y el ejecutivo en Ir.vttlucionarios, vendría a incOrporar el anterior nombre de <<¡-rtlc-
una misma persona; pero a veces parece dispuesto a subsumir el po- lrlo». Pero mientras que, tradicionalmente, el pueblo no estaba colts
der judicial en el legislativo («de las ffes potestades de que hemos ha- ritrritlo directamente por individuos, sino por familias pcrtcttc
blado, la de juzgar es en cierto modo nula; quedan pues dos sola- ( r('rrtes, a su vez, a diversas regiones-, por profesioncs, ctc'' llr
mente»). Lo importante es por tanto que el rey no detente el poder Nrrción política (en virtud del proceso que en otro lugar llcttros tlt'
legislativo; sino que si la monarquía se mantiene esté sometida a la rrtlninado holización) se concebirá como constituida por totlos lo:r
Iey (lo que se llamará después monarquía constitucional). ( ur(llclanos individuales que la componen. Y esto con indcpe rrtle rtt'trt
rlt. su t-22&, familia, religión, sexo o estado: aristócratas y plcbcyos s.'
B) La doctrina del origen popular del poder ya fue defendida r rrr r c iudadanos. «Ya no hay bretones ni alsacianos, todos so tlltls
li rttr
por la escolástica española. Francisco Suárez, por ejemplo, insistió r t.scS.)) (San Pablo había dicho: «Ya no hay judíos ni gcntilcs, lotlos
el1 que el poderpolítico, aunque venía desde h-rego de Dios, llegaba l,»nr¿lntos parte del cuerpo de Cristo.») l,a Nación políticlr scr-rt lrr
a los reyes a través de1 pueblo, y éste era quien comunicaba a los re- lucrllc dc la soberanía.
yes el poder procedente de Dios, si bien este poder, una vez entre- l.u Nuci(rn política uo es, ¡rortanto, una entidad c¡uc puctlit cotr
gado, ya no podría ser reclamado por el pueblo (de la rnis,a ma.e- ,r,lr.l'ursc prcvilt lrl ltslaclo. Es cl Estado, y el llstadtl absoltttistrt. cl tle I

ra acolno el Concilio de los Padrcs clrrc cligcn lrl


¡ra¡rl ¡ror ins¡riraciti¡ ,,tlt.s¡trltisrno ilustnrrltt», cl c¡Lrc sc It-ltnslilt'lttltrli cl-t Nltci«'lrr lllctlirtlt(t'

100
r atIilit\i t.r 11Ilr:,t.tti
| ,r',,1,'llr,r( | l, l,l, r'llllrlll(.1r, (rr l)r' l(l\.1',1

tlllil l'c\tllt¡eitj¡l t'tlcllluetrilr('it,, (ltr('iunrliu'ir. rrrctlr;rnlt. llr


luill.(i¡¡,,. (')I'or lot¡rrcst'rr.'fi,.'rr'.¡xrr illlirro,rtllrtlor'lrirrtrtlell.:;lrrtlotle
las dos institucioncs lL¡rtlal¡lcnt¿rlcs dc lt r¡lor.lirlogía
tlcl ¡\¡rtiguo ltci_
girne,: elAltar a tral'és del cual Dios conrunic,ahu ,lt'rt',. lro. corrvicrrc Icnc¡ ert ctrenllt c¡ue csltt tlttctrittlt, t¡ttc ctltttcttzt'r lt
el p.der ar rcy. y
elTrono, que el Rc'1'ocupaba lornrrrllr¡sc cn lit scgut.ttlit clúc¿tda clcl sigltl xlr ('l-h. Wclcl<cr, lli l.i;
una'ez qre r. había re-
cibido con la bendición de la 'itaricia¡rlente.
lglcsia. I lr von Mohl, 1824), cs decir', después de Napoleólt y crt ulr «clirll¡
Pero no debe concluirse c¡ue ros ciudadanos lrellcliuno» clc la lcoría del Estado, puede considerarse corllo cl irl-
lrayan de. entu-nderse
corno indi'iduos previamente dados a ra Nació, te rr(o clctlnitivo de fijar y eternizar el nuevo orden político constittritltr
phíti.u, como prc-
tendieron algunos de-fbnsores de la fantástica tecliía ¡ror- los Estados nacionales estructurados, no sólo por la regla dc los
del cc)nrato so_
cial. Los ciudadanos no existen anteriormente a tr.cs poderes, sino también bajo la soberanía de los propios ciLrclrttllt-
ra Nación porítica;
por tanto no lbnrran parte de eila en cuanto rros de la nación, cuyos derechos están ya fundados y dcf clrtlitlos
hombres. pero tampoco
en cuanto aristócratas, o plebeyos, bretones
o alsacianos. Iabradores ¡rrir ia ley. Un orden jurídico que debería cubrir, sin vacíos, ttltlit ltt so
o abogados. F'onnan parte de la Nación porítica cicdad política mediante un sistema de principios que pudiel-il corr-
se¡rciilamente en
cuanto ciudadanos de esa Nacitin politica (en cuanto siclerarse saturado, sin contradicciones (coherente) y sin laguttits. \'
ciudactanos de
la «Nación fiansesa» y, a partir de rgl2. e¡r cuant. cn la medida (como ya hemos dicho) en que este sistema de prirrui
ciudadanos es-
pañoles «de ambos hemisfbri.s>», en fi.rnción pios legales se considere suficientemente maduro [1¡111¡
cre «céruras» de ra <<Na- -s¡¿¡ds
ción española»). transformación política pueda ser llevada a cabo «desde la ley has-
Por c-llo, la doctrina de ra nación política no
tienr,. necesariar.rentc.
ta la ley»- su custodia habrá de ser encomendada no ya al poder le-
una inspiración «indir,'idualista», porque sus gislativo, ni menos aún al poder ejecutivo, sino a1 poder judicial.
miembros no fi_euran en
ella crrnro meros indit'ichtos httmanrs (reconocidos Los jueces se convertirán así, en palabras de Gustav Radbruch, en los
en la Declaración
de los Dc-rechos de-l Honlbre) sino como t:it«letelanos. «guardianes de la Constitución».
y por tanto,
miembros de una nación política determinada (de
Francio. in. ejempro)
y no de otra (de España. por ejcrnplo). En cierto I e doctrina del Estado de derecho inspira rnuy de cerca la prác-
modo .ubrí, afinnar
que es la nerción ¡tctlíticu lu clue ¡<fuhricrt» r( ,r (lc las democracias homologadas .n"lu dir"..ión de la judiciali-
ct stts in|it,icltu¡s ttl ofrí_
buirlu .rus derecltos. truns.fbt'm(tn(ro u ro.s hombre:; en ,r, iirn de la vida política. Sin duda, lo esencial del Estado de derc-
citdacrtttrc.r.
Por ellc¡. en la asambrea revolucionaria se hizo , lr. cs poner la ley por encima del ejecutivo;pero si se encomienda
precisa la proclamació,
conjunta de los derechos del h.mbre y de los derechos r lrs -jueces la tutela de determinar cuando se sale el ejecutivo dc ll
dll ciucladano.
puesto qur- era imprescindible fijar el criterio l, r. cntonces el Estado de derecho termina siendo, teóricamentc ltl
en del cual ha_
bían cle en-elobarse en una unidad los ciudadanos 'irrud ,r('r)()s, un <<Estado de los jueces>>, del imperio del Poder Judicilrl.
de las diversas na-
ciones políticas: y este criterio fue la condición
cle «hornbre» atribui_
I ¡r listado en el que los jueces, con sus aliados, los legistas y ltts
da a todo ciudadano. pero una doctrina que rl)( )!udos, habrían logrado su objetivo prof-esional: el de <<elevar rt lrr
estabrece que los hombres
sólo alcanzan a trar,és cle la nación su contlición ,1,s los ciudadanos a la existencia jurídica>> controlada por los -ittce es
de ciudadanos, es de_
cir. de individuos políticos. no puecle consi{erars l'or supuesto se trata sólo de un ideal, porque en la realidad cl ¡rrr
e indi,icruttristu.
Er ín_
dividualisrno será sóro una interpretació, de ra ,l, r jrrclicial está siempre sometido al poder ejecutivo, qlle cs t¡ttiett
Re'orucii»r: ra inter_
pretacitin de los girondinos. a la que se opusierr'rn urricrulcntc puede ejecutar sus sentencias. Pero se comprcllclc c¡ttc
ros jacobinos. quL- se
enfrentaron también a l.s fbderalistas. empeñados , l jrrcz y los legistas ticndan a representarse la sociedad oolllo tlll lls-
en mantener ras lí_
neas dil'isorias de origc-n étnico o de cualc¡rier l:rtlo ¡rlcnt'r dc l)crccho. por parccidas razoncs a Ias clLlc lllLlc\/cll ll
otra í,dorc-. c¡ue pudic-
mn haber ernpañtrdo la unidad de la nación liancesa. l,,s lrrú'dicos si hucclt'ttls CtlSo a .l ttlcs [lolrtain a trittitl' tlc t'tltt-
r t'r lir lr lris citrrllrtltlt()s cn ult erllcr'lir,o tle <<cltfL'l-tttos (ltre se iglttll'ltlt,,.

lili
(lrrql¡rvrr Ilil,.ll,t I l'r r
i I (' i I I r i(.' t.; r t' i I t rt úilfiflflEf,i'Ffif-jfi-r [il i it tlt ]

ljl docttll'l(iltlcl. 1-rtttlo cr¡rcsiu.c()n slllisli¡r't.irll) ;r su t,olr.r:,; r lrs r.r. §ohre el origen de la doctrlnn dt los lrcs ¡rodcrcs
.y ru inserción en el modelo ctnónico prcsupuesto
sultados de su trabajo en la villa cle sulur-isclicci(», (crr
rrr crar, cr ho_
tel había terminado convirtiéndose en hospital, desdc rlc sociedad política
cr cuar, a las
diez de la noche, podían verse cómo se encendían las
Iuces de todas
las casas para que cinco mil termómetros se introdujeran St'1,írr ¡rtrcstra exposición, de las tres doctrinas que intervicncn crt
en ros res-
pectivos rectos de los cinco mir vecinos): «He lograáo l,r tt'or'íu firndaurentalista de la democracia, la doctrina de los trcs ¡ro-
elevar a todos
los ciudadanos de este puebro a la existencia médica.» rlt rt's es lu doctrina más opaca, es decir, la menos transparcntc.
Así también los
abogados y los jueces tenderán <<a elevar a todos
los ciudadanos de I lrry rluchas formas de dar cuenta explicar, de justificru'
la Nación a la existencia jurídica». -de
rl rn('nos cn el terreno pragmático, de la doctrina que asigna u los t'iu
La doctrina del Estado de derecho, compuesta por la ,l,rtlruros la función de establecer una constitución que enticrttlrr ,.'l
doctrina de
los tres poderes y por la doctrina de la nación de , rrtlt'rr político como responsable de la protección (por no dccil tlt' l:r
los ciudadanos,
puede considerarse como la base más firme del , r('irci(')n) de los derechos individuales; no hace falta, para ascsuriu
fundamentalismo cle_
mocrático. Decimos: <<compuesta (la doctrina del Estado
de dere-
, ,t;r tloctrina, regresar al terreno metafísico del «Estado dc Nitlurt
cho) por la doctrina de ra separación de los poderes y i, tu¡». on el que actuarían unos individuos conformados ya c()nt()
por la doctri-
na de la nación de los ciudadanos.» Ésta es la comporr.io, l)r'rson¿ls y capaces de «contratar)) un sistema social destinado ¿r tlc-
que en
resumidas cuentas viene a tener a la vista carl schmitt f ,'r(lcl-los, porque es suhciente parlir del proceso de desarrollo his
cuando resu_
me los dos principios que, según é1, estarían conformando r.r iq'1¡, social, cultural y económico de un tipo de individualidad apro-
ra idea de
un Estado democrático de derecho: un principio de .,unrrclamente equivalente al exigido por una sociedad políticrr.
organización (que
se concreta en la doctrina de ra separación
de poderes) y un principio lltsrrrollo del individuo en el seno de Tapolis, de una ciuclad yl
de distribución (que establece las ribertacres fundameniales. , orrstituida o en proceso de constitución (sys/asrs) como socicclutl
er reco_
nocimiento de Ios <<derechos individuales»). , rr il, para explicar y justificar, sencillamente pidiendo el princi¡.rio.
cuando hablamos de «composición» de doctrinas queremos , I t lcciente interés de esos ciudadagos ya existentes (incluso cott llts
ad-
vertir de que la doctrina del Estado de derecho podría ir t( n(lcncias «anarquizantes»> que Aristóteles les reconoce) no stilo
combinada
con una doctrina que no reconozca la separación l,.u;r rccubrir su vida privada con el escudo protector de las lcycs,
de poderes, pero sí
el imperio de una ley mantenida acaso por er dictadtr ,rrr,r también para garantizar su intervención, en cuanto micnlhr'«rs
(en las dicta-
duras comisariatres). pues todo Estado es Estado ,1..' lrr nación política, en la conformación y aseguramiento «lc csits
de derecho. hasta er
punto de que esta erpresión, como observó Kelsen, rrrir;rrurs leyes" Tarnbién hay muchas maneras de dar cuenllt, tlc t'r
es redundante.
Por ello, cuando hablamos de ra doctrina del Estado ¡rlitrr y deiustificar la excogitación de la Idea de un Estrtlo tlc tlt'
de derecho, en
composición con las otras dos doctrinas de refbrencia, r,'t lro. una r/ez que demos por reconocida, como condici(lr ¡lt-cvirt. lrr
conviene pre-
cisarla, como suele hacerse, mediante una formula lL'ctividad de las normas plurales (éticas, morales,.jurídicrrs). .y rro
como la de «Es_
tado pleno de derecho». y por supuesto, ra doctrina r('nlllr-c coherentes, pero sietnpre constitutivas esenci¿tlcs tlc unir ()
de los tres po-
deres separados podría rnantenerse en el contexto r rt'tlrrrl política.
de constituciones
aristocráticas (no democráticas), como era el caso Sin crlbargo, no conocemos ningún moclo o rrancra clc clttclttlt'l
de Montesquieu;
y la doctrina del Estado de los ciudadanos podría también l,r corrcxi(rn clue pueda mediar entre la ldea de una sttcictlrtl ¡rolítit'rr
mante-
nerse al margen de la doctrina del Estado de derecho. r lrr olglr-rización de su cstructura según los lrcs podct-cs cortsrthitlos
,l'or t¡trú trcs y rto cttatro o sictc'/ (Y no tlccillos cslo sollu)tenlt'¿r
ltt t()t ¡. silttl tclticlttlo cll ctrclrllr trlgunlts
('rinslitttciolres tlcrttocrilicrrs
I lr'. rlr'llr¡r't,tr'iltr ,r¡¡t¡lit l¡'trrl i" lr"lllli.l',i

let'lcllles' (()lll() ll¡ tlt' Vt'¡r(',/.tr.lir


11..' ¡t.¡r¡r¡, t¡rrr.rrrrttlt.lr Irs
res tradici,nalcs cl <<ptlclct-cit¡cllrcllrr,,
lr(. 1)()(lr.-
r,l, l,r nrr nur nlurcr-ll t¡rrt' lo:, nrt rlrr r)r. r( ( (,not irttl lltt'tllllttle s, ¡lolt'tt
lrc.erlc¡-. rle I <<¡r,rlcl. llr.r-¿rl>>
propuesto por Simón Bolívar_ , r,r,, () ¡ro(cstlrrlcs cll los ()rtilurisnros r,'ivicrttcs: l'lrcr-l ltlcl l«rctrrtto(tiz,
y el «poclcr elcctoral».)
Hay muchas maneras de aproximarnos
al entendimiento de esta ¡ rilt nt ir visivu, cl-c.), pero rto prccisatncnte tres y sólo trcs. Así, l)tt-
conexión' pero se nrantienen en er l, rrrlrr f , rrl h¿rbl¿rr de las partes potentiales summ.i Imperiicil-t. ttclc-
terre¡o de ras anar.gías. Por ejenr_
p lo' ¡rodríarnos compa rat' rrr,r:r tlc lu potestad legislativa y la potestad judicial, la potcstad (o
ra <<anatom ía trirne¡nbre»r irer or ganismo
político con ra «anatclrnía trimenrbre>» ,lr rt'r'lrr)) clc hacer la guerra, de nombrar ministros e incluso dc rc-
del .rganismo humano indi_
vidual, que lo dc'scompone c', cabeza, ,, l, r r rerrt¿rr la instrucción pública.
tronco y extremidades;y siem- r

pre que mantengalrr-rs ra comparación l.rr cr-ralquier caso, las sociedades políticas son muy variaclas. cort
en er temeno formal de su es_
tructura trimembre (es decir, sin
nc-cesiaad de intentar siquiera
, lr rrcturas muy diversas; y podría pensarse que algunas dc cllrts lrrr
proponer' de un modo gratuito, L (':ren organizado operatoriamente (pragmáticamente) su cot tsl i t r
correspondencias materiales como | r

7a cabeza con el poder legislativo


\, las extremidades ct_rn el c_jecuti_ , r(
'n. incluso la no escrita (sys/aszs), según una estructura trirt.tcttthrt'
vo, lo que obligaría a posfular mecánicamente \r,i ¡rtrcden querer hacérnoslo creer algunos historiadores qLlc itllcltlrui
la cnrrespo,clc,cia. va-
cía, del tronco y elpoderju«licial). , r¡rlicur la doctrina de Montesquieu como una suerte de transcri¡-rcitirr,
Lo ú¡nico qr".".íu,por¡Ul._ O._¿r_
cir de-esta comparación «anatómica)) , r ,(solnbreado teórico>> de 1a realidad empírica de la monarc¡ttílt lrt
es el reforzamiento «le la
sospecha dc- que la doctrina que ,,l.sir de los Orange. Pero tampoco es evidente la aflrmación clc t¡tre
estabrece ra estructura trimembre
de
Ia sociedad porítica, según los
tres poderes , ',tr r)ronarquía presentase precisamente y de un modcl explícito, lrt-
tai y obvia que parezca (y paraurguno, "orrut,iáor. fo..t..rr.r- Ir's tlc que Montesquieu las señalase, tres <<junturas naturales» (yl
c-s senc,ramentL, una cuestión
de hecho, pues muy pocos se
atre'ería, a decir qlle cs u,a cuestión r,rs l¡s¡nes referido al hecho de que Locke enumeró el poder lcgis-
deflnición, como es el.caso de la de
figura del triánguro <<constituido l.rtivo, el poder ejecutivo y el poder delapazy de la guera). Más pro-
por tres ángulos»), no tiene mavor l,,rlrlc es que fuera Montesquieu quien «arrojó» a la Inglaterra dc str
piofundidaa qr"" ta do.t.irru unu-
tómica que estabrece la c-st^lc,*, rr('n)llo, o a otros cuerpos políticos, la estructura trimembre de la so-
t.i-"-bre del organismo (cabeza,
tronco, extremidades). Sin que , r('(lrd política que se habría forrnado en él a través de lecturas Itttry
ello suponga negar todo significado
pragmático a esta estructuración. , lrr,clSas, entre ellas las de los clásicos griegos o romanos. cotno Aris-

Lo que ponemos en duda es su carácter l.tclcS, Polibio o Cicerón.


de <<hecho objetivo», es
decir' la realidad de unas <<junturas ¿,Y qué puede significar la investigación del «fundamento tc(rricti>>
naturales>> en ras que el <<buen
camicero>>, del quc'habra pratón,
hubiera despiezado el organi.mo. ,lt' la estructuración trimembre de la sociedad política denrocn'tlicrt
También hay que rL-conocer que t'.ie nrpre que presupongamos una concepción histórica de cstrt sot'it'
la ai.tur"* Jr;i."*f rutu.ur
(como pueda sc'r er orga,ismo ,l;rtl. coordinable con la concepción evolutiva de las especics «»'ul'uti
indiv,iduar) y su despie"" ui.,rtorri.o,
inspirado por motivos pragmáticos, , rrs) sino el intento de derivar del propio Género «Sociedacl ¡rolitit'rt,,
rrabrá cle ser mucho mayor quc-
distancia entre un campo curtural ra
(que es, ar menos en parte,. r-rbra l;t r',s'¡rccífica estructuración trimembre asignada ala socicclittl ¡iolíli
tperaciones et.ltigicas) y er crcspiece cle
, :r rlcllocrática? No sería necesario que el Género, en cu¿llt1() gÚttcttr
anak-rmi.o qr"
de erl. inspiraclo tambiár por fr.-,ti' t,..".r. r,..'rrcrudor, ofreciese ya diferenciados sus miembros segúrr cstrt Ir'icrr
motir,,os pr¿l_qxatrc.s (como sería
del dc-spiecc- der organi.sm. porítico.n er cas.
torrrílr (l-ampoco los dipnoos, o peces pulmonados, prescnttttt sus ltlc-
lo, tres pocreres). pero ro cier_
to es que no siempre ha sido anarizad.a t;rs lr lu rranera de las patas del tetrápodo; pero si los tctrit¡-rotl«rs sttt'
la sociedad política según
esta estructura trimembre. Sin lrt'r.orr porcvolución de los dipnoos, será posiblc vcr las ¿tlc(lts tle los
duda, ros crásicos reconocen «fácur_
tades>>, <<potencias» o <<potestades>>
aif'erentes en e r cuerpo porí1ic. .li¡rrrotis couro arc¡uriptcrigios así las vio Cicgcnblrtrr . cs tlccir'.
..,rrrrl o¡-igcn ¡-rt'ohlrblc dr: ltls lt¡rún«l iccs tlc ltts lctrii¡lotltls).
I06
I .ll¡ | ll:l I rl rL-l11t,-l 11ñ ul II lrl I lurrr-l ra-lfrf Fr rr !,r
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'l' l"', ¡rtililtt r':r ¡lot ltttltlot'i:t t t'lt lt"' lttt'tltt o:r "( llll¡illto
t tt I / I t l.t t I t,s

l',,r , ll,r lrt.¡r.¡¡lt lltilt) ¡tll)()tllrrrrlr t('(()tl(,eet llt (lll('l('ll(iil t¡tte st lltt'
Parliendo del supuesto dc la irnposibiridad
crc dcrrucir.crcr c.r_ ,l,rr, rrt¡, t,l¡rrirre t:rr llr l¡isl¡lr correc¡tci(rtt tlligirtlrl tlc ltls ot-gltrtistttos (,.'tr
cepto genérico de sociedad política la estmcturacirin
trinrcrnhrc. rú¡. r,rn(() ¡rlotlclos originalcs) cntrc l¿ts cclncc¡'lcioncs do ltls IllÚdicos lti
embrionaria, de ést, decir, partiencro der su¡ruc-st. de c¡uc, ra tl.c-
-esno puede 1, t r,rlrtt,s y llt clc los nlédicos galénicos.
trina de los tres ¡lodcres consiclerarse. c'n absolrto. co¡11o una I lr¡rric|ltcs, o su escuela, entendieron los organismos comtl ttltll
teoría científica, aunque suera estar incorporada
a ros tratados o ma- tr,l,r,lt.s Uniturias, cuyas partes dependían de un «principio cclltrltl>>
nuales de la llamada «ciencia política»-,
sólo nos queda acogefflos r,lt rrtrlicrrclo ¿t veces con el alma o la entelequia. Aristótclcs irrlt'r
al método de ras analogías (o si se que Organiz¿1 l.¡ ¡¡¡1¡lr't'irr.
¡rretiere-: de ras simuracio,es), l,r,.lrr esIc principio orgánico colno laforma
construyendo modero' que nos pennitan
descomporler en tr-es partes , rr , r[illto principio de su vida, y el hilemorfismo aristotólict, sit\ r,'
el material político de referencia, o bien.
agrupando en tres rúbricas ,l no(lc lo para una interpretación hilemórfica de la socicclittl ¡r' r l i t r
r
Ia multiplicidad de partes que en este
materi al aparezcan. , r r,r.qiln la cual la materia de esta sociedad sería el pueblo. lt'tit'rtlt ;r.,
En todo caso, este procedimiento ha sido
¡rr, lrrs funciones de forma única estaban a cargo de la
er habitual
para estruc- atrtolitlrrtl
turar los <<miembros>> de una sociedad porítica, colll() ciltt
si bien ros modelos ca_ r rrr¡ t.¡ando ésta, a Su VeZ, procedía de Dios, que actuaba
nónicos (heterológicamente distribuüvos)
han .ido ,nuy diversos. r ,.f it:icnte extrínseca). Pero la medicina galénica, más emparctrtil
Ante todo es oi"rrigado reseñar ros modero s
naturares io pretendi- ,l.r t on la doctrina pluralista de las almas (y más afín al materialismtr
damente naturales), y el primero del que
I rl,l.r'rf lco pluralista), concebía el organismo viviente no tanto
tenemos noticia, en nuestra tra- coll.lo
dición, se remonta al sigro v a.c., a ia época
de la Roma republicana, ,lr (ontpuesto hilemórfico sino (diríamos hoy) como un <<sistenra>>
cuando Menenio Agripa, enviado por Iás
patricios a apaciluar a ros , , ,rrslituido por diversos «subsistemas)) que sólo si se adaptaball ll-lLl-
plebeyos que se habían retirado al Monte
sacro a raíz dela institución r,r,urrcnte podrían dar lugar al organismo, colno totalidad. t.as dilc-
de la dictadura, compara la sociedad
romana con el organismo humano: r,,n('ilts entre estas dos concepoiones del organismo se reflejabar, crl
el estómago es el Senado, y ros miembros medicina: el mó-
der cuerpo l-os prebeyos. Me- 1, r,. 111¡5 métodos tradicionalmente reconocidos en la
diante este apólogo. se dicc. ros prcbelzos rc-
c.nrprenaieron ciuc- la in«rig- t, ,t l(} (le la medicina expectante, que efoera que la salud perdida sc
.aciri¡r c¡ue hat'ría producido en ellos la orrsen,ación
de qr-re toclos los ali_ i ill)efc espontáneamente por la vix medicatrix Naturae, y el dc lil
mentos qr¡L- procuraban a su cueq)o iban
a parar al esttrnago carecían ,,ri'tlicina interventiva, según la cual el médico se aproxima más al irr-
dc- justificació,: cor,¡,'c-ncric-ro,
que er estóma-eo no p",.r.rir.cía ocio_ ,,(.rrict.o, capaz de actuar sobre algunas piezas de la máquilla, o stts-
so sino que era él quien redistribuía los
arimentos, y que sólo así los bra_ rrruil-las por otras. No es, según esto, lo más interesante cultivrrl'.
zos, piernas, boca, etc., podían mantener y
su vigor. , orn() eS costumbre, la mera analogía global entre los orgitt'listllt's
un siglo después platón utirizóel modelo del
«organismo de tres al_ l,l. sooiedades políticas sino distinguir estas concepciones tlcl ot'grr
mas)) para construir su doctrina de ias
tres clases sociales que constitu_ l lllto enfrentadas entre sí, como se representan pol las figuras tlc I li-
yen la República: la clase de los campesinos
y aftesanos, Ia crase de los y de Galeno.
It'rr't'lltos
guefferos y la clase de los gobemantes.
Desde entonces, la utilización I'0r lo mismo, las concepciones políticas centralistas (o <<lrilc
de la analogía (o modero canónico) del organismo
individual para en- rloll'istas>>) propias <lel absolutismo utilizarían de buen grrrtlo lrts
tender la sociedad porítica ha sido corlstrnte.
conceptos co*o <<sarucl so_ , r r I r l tlgílts hipocráticas, mientras que las concepcioncs «clcscc tl t t'lt l i
cial»> (.salus popttri sur)remu rex
esto) o «corrupción porítica» han sicrcr ¡;rtLr:i)>, galénicas, del organismo agradecerán una visión ¡'rltrl-alistil tlt'
más que sirnples met¿ilbras tomadas dc-l (iirttlt'z
organisrno \¡i'iL-r.rte. y lc¡ ,ris- ,.:rle orgnnisn-ro y de la propia sociedad política. No cn vrtllo
mo se dice de la utilización de estas nretáfirrus
¡-xrnr,,cnlendcr lu li,rciti¡r l,t'r.e ir-rr. cl crcaclor clc la cloclrina dcl ¿rutotnatisnttl tlc lits hcslilts. lttt'
tlll lll¿'(lic() tle itts¡rit'lteitllt r,lrlcrr(ir, (oruo rilrlt'rritlrs luL.r'()¡ l;rs t.¡¡ \l,tl(.t()s,ltilisrlilit.rlr.'sr-'slltlrlr'tt'l llllll('()ll('iil).'lttlt'ttttlttottttll¡l.tlt't
lrr,lrr ritl rlt'llr nilVC
(lll('t'SltlVlt'St-'st'lllttlttlo tlt'l ''it'trtlir't' (l,el t'ottst'itt
cepciones cartesianas ctt tonro lr I lrorrr[rr-e nriir¡Lr irlr, (lue sisur¡.r'()n.
aun sin nombrarlo, al libro de aquéI, Anktnianu Murguriltr.
,1,, rl rt'iltlt's'/ ¿,cl clr¡lclll'rrr tlcl hlrt't:o'?)'
t¡Ltc
No faltan algunos neoescolásticos que hayan intentaclo encontr¿lr I I lrl()rle:10 tlcl burco ticnc, sitt 0tll[rargrl, tattLtl illLcrós ¡rtlt'ltl
((cll
(las Lros lunciones o podcres dcl [lstadtl
l.l-llll'-
en santo Tomás, en su análisis (Suma teológica,2,2, g. 49, a. 6, l,,rrt.t,r.tlctcr-lilinrr
el caráctcr ult's-
, lr,r,,) t'otltt) llor su capacidad inmediatapara advertir
ad. 3) de las fases implicadas en el proceso intelectual (individual) de
tl , tt tt )rrc cstc sistema de tres funciones
proyectado en é1, es dccir' dc
la ordenación resultante de ciertas cosas a un fin (a título de provi-
l,r ¡rroyccción en el barco de la doctrina de
los tres poderes' E'n cf cc-
dencia o prolepsis), el origen de la doctrina de los tres poderes, por perlccllttttt:ttte
l, r t s e vidente que sin perjuicio del funcionamiento'
cuanto la rectitud de estas prolepsis o providencias imporlarían la ni sic¡ttictlr st'
rectitud del consejo, la rectitud del juicio y la rectitu d del precepto, ,,,,,rtlirrado, de esos tres poderes la nave no avaÍrza'
sin vívct'cs y sirr
«sin las cuales no es posible ia recta ordenación al fin». pero ,.,rricrc f'lotante, sin coÁbr-,stible (o sin viento),
¿no es a otros barcos clLlc llilvt'lr'illl
más bier-r la aplicación de la doctrina política de los tres poderes, o al- ,rrl..tlitls de defensa o de ataque respecto
, rr ,';rr vecindad. Dicho de otro modo: parapoder
establcccr corr'('s
guna similar, lo que permite reinterpretar la doctrina de las prolepsis
política sct'r't pl t'
tomistas como una teoría de los tres poderes y no, en modo alguno, ¡
,,,rrtlcncias pertinentes entre el barco y la sociedad
desde la nave olros l¡ttt
recíprocamente? , ,,,,, lrasladar al modelo político conformado
, lrtrs coÍlponentes del barco que puedan ser
considerados ooll)()

¡r.rrtcs formales suyas


(como pudieran ser las velas' los motorcs tr
etc'' para lets
Los modelos artificiales l.:. r-clrlos, así como alrt"*u de señales, de cañones'
"t conceder' por tanto'
rrrtcracciones con los barcos vecinos)' Podemos
sobre el bar-
son los modelos arliñciales (o culturales), más que los modelos ,luc las tres funciones o poderes políticos proyectados
t r ) cn rllsrcha y «corroborados» por él como
modelo canónico cons-
naturales, aquellos que de un modo más plausibie podrían servirros
trluyen solamente una capa «conjuntiva>> de
la nave' pero que sólo
para aproximamos a la extraña reestructuración trimembre de la so-
con otras capts de órganos y de funcioncs
ciedad política. Y ello debido a que los modelos arlificiales, en su sen- ¡,rrccle existir entretejida
constituida por
tido más amplio, son a su vez un resultado, al menos parcial, de las ,,,,. .o*ponen e1 barco, como puedan ser la capa
constituida por las sc-
mismas operaciones racionales o lógicas que sin duda intervienen ,,,,,1,r."r,^"ombustibles, víveres, etc', y la capa
rrrlr-:s, artillería, etc., disponibles para
mantener 1a relación con otros
necesariamente en la constitución de una sociedad política.
Acaso el modelo artiflcial de mayor solera en el curso de la teo- llrrcos.
Ds evidente en efecto que la reducción dela constitución (rvs/rrr i r)
ría científica sea el de la nave, porque es este modelo el que ha dado
origen nada menos que al mismo concepto de «gobiern o» (kvberne- tlelanavealacapaconjuntiva,constituidaporlos«trespoderos))'ll()s
política, puesto qllo Por'
/es, timón). La rnetáfora se apoya en la visión histórica, dinámica, «en rLr una visión puramente idealista de la realidad
marcha>>, de una sociedad política que rodeada por otras <<naves>> (ya rrrtryrigurosoquefueraelfuncionamientodelasórdenesdeltirlrorlcl,
juicios sumarísimos que llcvtttr rt
sea en disposición cooperativa, ya agresiva, ya neutra) necesita en- tlcl acatamiento de las reglas, de los
Ios transgresoles a ser encerrados en los
calabozos o arrojzidoS itl ttgttit'
contrar y mantener un rumbo en el océano que, softeando los obstácu-
t.s clecir, por muy perfecto que fuera el
funcionamiento dcl <<[istlrtltl
los, le permita seguir navegando. Es obvio que er timonel (o el «Gran
tlc tlcrecho>> del barco, si éste careciera de
combustible o do vívorcs' «r
Timonel»), junto con sus ayudantes, se corresponde con el poder eje-
cutivo; no es muy forzada la correspondencia entre el legislativo y el sitltrdispusierademediosparadefendersedelosdenllrs,<rparltt.cci-
código de compoftamiento al que han de ateners,e ros tripulantes y los l',ir su iryr-rda, naufragaría o acabaría desarmándtlse'

lll
It0
'\lt,l't lrtt'lt l't t tlt'sll()ll (l( l,r¡tl,
ttcs ¡r.tl.t-es y r)() ct¡lrrr-, () sr('r(.'.) l)('rrirr(-((. ,rrir(.f ir ,,, 1),r i¡¡t¡ lut trlt s tlt l ¡rorlt'r torr lo,.r lrt':; ¡rotlt'r(':r (llt(' l;r rlor lritr;r ¡rolillt';r luo
r,rr.s sr r.r rr.trer, rre Iir rr¡r\/e
o1r'ece un siste¡na c,c trcs lr()s ,li rrr.r tr'(()tl()('(' |,l ¡rotlct lr'lisllrlito lutlr ilt r¡rrt ¡lolrr'r lo e n (()uL's
ll,rci,,cs, corrcsponcricrlcs r r.s trcs
deres poríticos, es porque previamente
habíamos proyectacro en ér
¡_1,_ l,rrrtlt nr'i;r r'tlrl el l'rrtlr.e, e l <<lcgisllrlol'tlcl [.] lriversrl» (ltls «lrlrtlrcs
anatomía trimembre del cuerpo ra ,1, l;r l'rrlrirr>> r¡rrc lurccrr las lcycs scríul'r rcllc.jos strytls). l,l Ili.io, rr
político, según;.;r-;", poderes.
¿De dónde ha podido sarir esta á,ratouriu. lur('n se lc lur clrcttn'tcndado la prcsidcncia en cl Juicio lri¡rlrl, ((lllt.l
estc- «despiece>> e, tres
miernbros. que encontramos ya tr./i,iu. a los v ivos y a los muertos>>, no podría dejar de malttc¡tcl'sc e n
dc-finido c, ra obra ¿. i¿ont..,¡uieur)
Desde luego, no es de ra realidad ( ()r ('sl)()udencia con el poder judicial. Y el Espíritu Santo, cu r:urrrr-
der cuerpo ¿. ru ro.i"¿ad porítica,
en cuanto i'depe.diente der
propio «trabajo anatómico». t. ¡rrrrrcipio activo y viviñcador, se correspondería con cl ptlrlt:l.r'ic
co de la de los nrodelos,r"oi,ri.o, ni tamp._ , rrtir,,ri. clue es (según dice Montesquieu) a quien corrcspotrtlt' lrr ini
sirnilaies rl d. i;;;\,,e que pu_
cliéranros aducir (sin perjuicio ( l vi r necesaria para mantener en movimiento el orglr n islr r o ro l i l co
r: r r
de ras ventajas qlre en crr rremos ¡
i

vertido para desbordar ra perspc-ctiva


jurídico ,trr,.""i"
ad- ¡('iirno no advertir que la doctrina de la Santísinrr 'l'r'initlrrrl ¡,.
a las ¡rosiciones propias del íue conduce t ,o¡'1li¡1¿ mejor con la concepción galénica (platónicu) rlr.'l crr..r¡r,r
id'ealisrno jurídico político).
1,,,1ílico, así como la doctrina del unitarismo teológico lirtlit.;rl (t.l
,,rrlilrinitarismo de Servet o de Newton) de estirpe arislolú'lit'rr. rr l;r
Lc,¡s modelos doctrinales ,lrrr.' sc atuvieron las sociedades islámicas, que con una concc¡rci(rr lri

¡,, rt'r'ritica (aristotélica) del cuerpo político, como entidad cor.r.r¡rucslrr


cabría dirigirnos, en cuanto posibles lrrlt'nrórficamente de una materia (el Pueblo) y una única./itt'ttrtr ,,t
fuentes de la doctrina de la
estructuración trimembre I'otlcr (la autoridad)? El Dios trinitario, cabría decir, es un Dios
der poá.. político, como -qu-
tesquieu' a moderos en si ;.;
mismos dáctrinares. Ante todo,
en Mon_ lirrrico galénico fue también Montesquieu- mientras c¡Lrc
fijados por Ia doctrina teológica. a model0s , l I )ios-como
del unitarismo era un Dios hipocrático. Lo que no quie rc dc-
¿ño ..t uo vigente durante siglos y ( r (lue la doctrina trinitaria de los tres poderes políticos, distilttos y
siglos la doctrina de san ouú,
nin est potestas nisi a Deo,por ro
nos desde er sigro rv, cuando me- ,nrr separados (aunque en la Trinidad las personas sean inscparlr-
constantino y luego t*a"i"
rraron el cristianis procra_ lrlcs), a layez que están unidos en un cuerpo político real, lejos dc scr'
groxvr,",*0"',TL',lTH*ffiHr;:1l.1"JJTi:U;itffi'"* rrrrr cloctrina «científica>>, ofrezca un misterio tan profundo cotno cl
fundamento de la Repribrica, l)r()pio misterio de la Santísima Trinidad.
r* p.f ri.io de mantener, en la misma
época del terror, el reconocimi"nio [)or otra parte se suele admitir la tesis de Dumézil segrin la crrrl
el Dios de Robespie*e iorítico de un Dios único,/ pero Ios rlioses indoeuropeos también se podían agrupar en tres catcgoliirs,
1el Dios del'Jcario saboyano de Ror.r.uu,
era un Dios lejano, simple ',t'r¡rrn las «funciones)) que tuvieran asignadas en su relaci(ln crln l,rs
y ocioso; es el Dios ¿.i¿.i.mo
necesario para calcular las uqr" r.,o .. lrornhres: funciones iegisladoras, funciones relacionadas corr lrr tl.'
reyes de ,a mecánica cereste>),
día seguir sirviendo de cúpuia aunque po- It'rrsrr del orden y funciones relacionadas con la produccirin () r('l)r (
ia.oiJgi"u pararamecánica re*estre )

y política' Er Dios de san ,lucci(rn de la vida natural y social. Habría, por tanto, «clioscs tlr' l:r
Fablo oo Dios aristotérico de Robes_
pierre; es un Dios más pratónico, ".-"r ¡rrirncra función» (Zeus" Júpiter, Odín), «dioses de la scgrrnrLr lirrr
es er Dios trinitario, el Dios
tres personas: padre, Hüo y de ras i rrirr>> (AreS, Mafte, Thor) y «dioses de latercera funci(tn» (l)ltrlirrr.
Espíritu Santo. «.Icrdo poder (político)
viene de Dios>>: por tanto, Irrrro, lircyrL). No es posible demostrar, sin entbargo, clLlc. sin ¡rcriui
el poder porítico podría
0..,_: bien del Hijo, o bien jelE.fion, venir o bien der pa_
, r,r tlc cnlretejimientos bien docr-rmentados (oracioncs c()nto <<crr cl
s*,o.
Yno parecerá gratuito estabrecer -rronrbr-c'clc Odín, dc'fhor y de fireya»). la'l'riniclad cutt'llicu [crrrirr
la coordinación entrc cstas
tres ,lur' \/cr con l¿ts «trinitlitdcs irtdocrlro¡'rcls» (cl ltspíritrr Slurlo l)r'o('r'
il2
7 f,Y\a-tttI0nn-
Lr, ,l,.trr,r( t t( t,t ,.t¡lrlf t, r. 1,, 1,,, f rr r.,)

tlct'ilt ltt¿is lliett tle llt t'oltslrlut irr¡ nu


nrr rlr. llr llilr'sirr r.rrlirlit.lr, r¡rrc
n¿Lda tienc qLl., vor con lus tr-ilriir¿rdcs irr,r,,cLrr-,,¡-rcas). , r() Illl 1,('tltl,l riit l:;tltlt t,il (,,1)( ( tr., ,rtrlr.:, tlU( (.()t¡l() lill l()(l() itlt
r)cr-, cs r.rLry I

probable que las trinidades indoeuropeas 'Lrll\.. ():'('il, ('()tlt() t¡tt cttel l)o cl tl(lur'ligutlilt
tengan mucho que ver con tl istiDt¿ls l)lltlr.s lll(.
la doctrina platónica de las tres crases ', rrri". (nrorlirlilqicrrs)o clctcrnrin¿rntcs 1fúncioncs). ), r¡L,ttn.<,(lu(, l(t\
sociares o poríticas re_
gisladores, los guardianes y los producfspss-, -los ' , 'rt)int(t\ l)()líl¡t,tt,¡' ltaraderas'de Platón..v.soltre lotht dt,,,1 t.i,¡,/t¡lt,lt,,¡
qr. ,. ."p.oducirá
en la Edad Media en ra doctrina
áe las tres clases: orafores, beilato_ ii: ,tt. f t(u'(t tlc,¡'t'ribir las'es:pecies clel género «sociedtrtl ¡toli/it,t,,,
res y laboratores. Estas tres clases t,, ¡ It /('t'ttt n(t(i()nes morJblógicas como Jfuncionales.
sociares suponen , t'
ru urupartición ¡

del cuerpo político (considerado como


una totalidad atributiva) que t ,rrrrlo Aristóteles distingue las tres especies de socicclltles ¡-r.-
no se corresponde con la división de rri,r:' lrrs n-ronarquías (con la desviación de las tiranías). rirs rrr.is
los poderes o funciones de este
cuerpo, sencillarnente porque ahora ' r.it irrs (cor, la desviación de las oligarquías) y las dcn).t.rrt'r;r:-
estamos hablando de partes in_
tegrantes (clases sociares) y no de i,,,rr l;r tlcsviación de las demagogias) está fijándose, t¿lnl, r,,r,r,
parfes determinantes (o funcio_
nales).
i , i', rlil'crencias establecidas según/i.riciones (pues cn (.tl:r rt.
Sin embargo, también es cierto que ',rl,irr r cJcberán darse parecidas funciones entre los quc etlbit.r.r rrn
las funciones del cuerpo po-
lítico no son enteramente independientes 1,, , q¡¡¡s obedecen), en diferencias establecidas según lus
de sus partes integrantes; ¡rrrr.tt.:.
por lo menos platón atribuía a los ii'';'riullcs que detentan la función de mandar («nrandar eor.r'(.\
arcontes principarmente ras fun_
ciones legislativas y ejecutivas, quienes "rrrl¡'¡¡ la función ejecutiva. pero también a la legislativu y. l)or
se servirán de los guardianes
como instrumentos suyos (ra referencia r1 r¡r-'¡,11¡, a la judicial»). Así, si manda uno (es decir, si los
de ra doctrina fiuioni.u u tu ¡-rorle'es
clase de los productores demuestra I rrrur«lo están concentrados en una persona) estaremcls untc lrr
de manera inequívoca que platón
no se circunscribió, en su doctrina política,
al análisis de ra pre- 1,,'t ie cle sociedades políticas que se llarnan monarquías, si cl P,
dominantemente jurídica 'l r ,t'toncentra en unos pocos, tendremos la especie de las urisr,-
diremos nosotros "apamás tar-
de- de la sociedad porítica -cor¡ritiva, i 1( r,r\. y si se reparte entre todos, estaremos ante las democ|ue ilrs.
[capa en ra que se dan ros tres poderes:
legislativo, ejecutivo y judicial] sino
que tiene en cuenta también las I , lrridad de la clasificación de Aristóteles tiene, sin cnrbrrr.sr.
capas basar y corticar de estas r t stilpe lógico formal más que materialpolítica: es la cl¿u-iclutl tle
sociedades, de ras qu" hubru.",,o,
más adelante' Lo que resulta incontestable r,lrslinción que rrredia entre los cuantiflcadores de ul,til p'tr¡'r.sj
es que ros tres poderes
<<jurídicos>> [mejor: conjuntivos], ,',r ri¡19¡i¿¡
que por sí mismos designan fun- particular o universal ttlrlos
ciones abstractas [paftes determinantesl, i', r()cstu claridad -uno-, -alguno-
se oscurece al ser aplicada al canrpo polítit.o, rr,
no podrían cobrar realidad
al margen de las paftes integrantes ''i,r r"ricuanto alaexten,siri¡2, sinotambiénen cuanto L1 lt ittr('tt,\ittu
o morfológicas de la sociedad po-
lítica [cualesquiera que sean ras líneas
de déspiece q,.r" * ellas se , | 1,rt'tl icado <<rnandar>>.
practiquel. I n cuantcl ala exlensidn, porque en é1, el «uno c¡Lrc rrlrrrtlrr,, ,.,-,
' rrl)rc Lilt gl-npo (con lo que la diferencia entre las rrorIU-r¡rrirrs r 1r,,,
'ir¡¡,r,r'dc las aristocracias o de las oligarquías se atcn[ur. cn (.rir,
La perspectiva taxonóm ico
"' ,r lir strstancra); y el toclos de las democracias es tarrrhii.n l)urr.
,r,'rrl. lcr'ir-ico, y en realidad es sólcl una interprctación clcl c«rrrt't.¡rl.
Ahora bien: es necesario tener en cuenta
la otra perspectiva des-
,i ttt,u'ot'ítt (dc los rnuchos, oi polloi).
de la que han sido tratacras tradicionalmente I n t'tuullo it ll inlcn,virír, porcluc cl «rlandlrr» (o cl ¡rotler.. o t'l
ras sociedades poiíti_
cas, a saber, laperspectira taxonórnica. ',,lrt'r'¡lrf r'>i: ¡trtlilcttnttt tl'<',sli lt¡ ltu'iott rott
Esta perspecti'a co,siclcra ra ltttl<,ott) n() sc r'('slrtl lr t: t.rr
idea de sociedad política como una lttl)t'itltl iltliclr. tli ctt tttt olurulisrnt, trnicti (<<llt rlrrllltizlrcir'rrr tle l ¡lo
totaridad, distributivr, cs dccir. ',r,r
I I tlt'lillt'lltlivo y tlt'l ttorrtlrlltlllit'nlo tle nllrL,isllttlos ¡lut.tlr-.st.r'olr
(lttstnvo llilclrr
I l" ,|,'tll,,( l lr'i¡l:, lrl|lirlril¡, (,, lr,'',rtir,r,)

glil't¡triclr, y llt tle los ll.ilrrlllrl('s. ir rslot r';rlit'll>,. tlit.e Alislolt.les


r.¡l rr
Política l3 l7a). luit'io rlr'esllrt l()zirtt(l() l;r ¡rcrs¡rt't'lir'rt ltll ihtllivrt, rtticttlr'lts t¡ttt'
l)r'r
lr ¡r, rs1rtt'livir t!c l'oli[rio tl la tlc ('iccrtin cs cluriut'tcn1c rtlibutivlr,
Y dado que e/ ¡ilondor corltic.e dir,ersa.s fl,ci.nes y, irrganos sc
r r r( lu(' ulilizunilo Ias cspecies distributivas de Aristóteles). Monlcs-
comprende bien, por tanto, que la ta.xonornía de Aristótcles puecla
,
tr¡r( u. ( ()n()ccdor de Aristóteles, habría utilizado de un ¡nodo r.r.lr.is o
conducir a un cuarto tipo de sociecrad política. mediante la «inte-
nr( l()s ctrrscicnte la doctrina de genus permixtum (que tant«r hlrbílr
gración de las especies a título de partes atributivas>> o, si
se prefie- rl.rrr.'ci(lo Bodino) como la habría leído en Polibio o Ciccriin, es
re, se comprende bien que la taxononría de Aristóteles pudiera
in_ ,1, r r, cn quienes presentaban las tres funciones como podcrcs sc¡'xr
terpretarsr- como el resultado de una des-integracirln de alguna
r rrlo:r, lr cf-ectos de «contrapesarse)) mutuamente.
sociedad política originaria en sus partes clistributivas u.specializadas.
Y eslo se prueba teniendo en cuenta que Montesquieu no sc r)liur
De hecho, la hipótesis de la desintegración podría dÁcumentarse
lrL lr(' (rr el terreno de la mera distinción de tres poderes o.fht'trll,r,l,',:.
con un texto de las Le.t'es (lll, 693e, etc. ) de platón: «La mayor par-
te de las constituciones políticas son una nlezcla de monarquía lr( l)udieran ejercerse independientemente aunque coordinadas e n un
, ,ri r l)o político (galénico) sino que se ocupa de ellas en tanto ¡-rtrctlt'rr
--que alcanza en los persas su más alta expresión- y de dc.mocra-
,l,rrsr' ucumuladas (o concentradas) en alguna parte integrantc o Ittor'
cia se realiza plenamente en los ¿fs¡ls¡sss-. La constitu-
-que
ción de los lacedemonios participa de ra tiranía, por los éforos,
r,ilrrica de la sociedad política, lo que equivaldría en ocasior.tcs rr
cuyo ,rrr,r rlcgeneración de esta sociedad. Pero Montesquieu, en realidad,
gobiento es tiránico; pero tambic{n es una demociacia, y
no podemos ,,1. noS habla de una forma auténtica de degeneración: el despotis-
negarle el título de aristocracia.»
,r, r l)()r ello reclasifica la taxonomía de Aristóteles en tres espc-cics
En cuanto a la hipótesis de ra integración será suficiente acor-
,1, :rociedades políticas: los gobiernos monárquicos o monarquías
darse del E{enu.r penni.rtutn del que habla cicerón (República.
r.29, r, r lrrs (rnonarquías según las leyes, constitucionales se dirá despuós).
45: quurfitttt tltrotklam genus reipuhliccre) y quc polibio ya
había en- 1,,'i r)r()¡rarquías desviadas o tiranías (quizás también las oligarquías)
contrado en la Repútrlica romana. Esta repírblica, dice polibio
(vl' l4)' se compone dr- tres po«leres que se contrapesan mutuamen- I,r()l)ius de los gobiernos despóticos, y los gobiemos republic¿tnos
IUL' cotrrprenden las aristocracias y las'ldemocracias). De aquí quc cl
((
te' c'l de los cónsr-rles (cuyos poderes ejecutivos pu....n propios
dc- la , ,1,¡e tivo constante de Montesquieu habría sido enseñar la necesiclrcl
monarquía). el del Senado (qr"re está encargado, adernás dc- legislar,
de ,1,' tu(tntener separados los poderes en dif'erentes partes morJológictr,:'
la adrninistración del tesoro pirblico)y clel pueblo. a quien potibio
no l,' I t ¡ t'{onismo social.
deja de relacionar con la «función judicial» 1«El pueblo
[los co,ri- Ll confusa idea de la separación de poderes (confusa poru¡trr: lir
cios] iuzga los crímenes que merecL-n un castigo considerable,
sobre ,( l)rr-roión puede afectar tanto a lasfttnciones dclcrtninrut
todo cuando el acusado ha ocu¡rado altas magistraturas»). -paftes
r "r corrro aTos órganos integrantes o morrttlógit'tr,s' (lur'
-partes
I r. crrcfirnan) podrá resolverse distinguiendofunciones' l)ut'(t,\'(¡rot['
r , r, i urcionales) y partes integrantes que las detentan (y c¡uc potlt'íru t r lt'
f
La hipótesis del materialismo filosófico
r r, )r r r i rlirrse potestades).

( ln¿r distinción que, de hecho, es reconocida,ya por víu tlcl r:ir:r-


Nuestra hipótesis acerca der modelo que pudo inspirar a Mon-
r rr r(). _yil por vía de la representación, por la mayoría dc los poliltilrr
tesquieu su doctrina de los tres poderes se basa en la dáctrina gene-
,,,.r (rcc:uérdcsc la distinción que Paul Laband propLrso. a llnlrles rlt'l
ral propia de la teoría de los todos y las partes del materialismo
fllo- ,,r,lo \rx, crrlrc o¡tcrocionas rt /ilncion¿¡ del Es1¿rclo lcgisllrtivrr,
sófico acerca de la intrincación entre las totalidades distributivas y
[as ,'l( ( ulivlr y.j trsticia y los (rrgunos cnclrguclos tlc l«ls ltsunlos rlr'l
totalidades atributivas (la taxonomía de Aristóteles es clistribuliv,.
| ',llrtlo). l'ol ctlrrsigr¡icrrte, ¡rotllli tlccilsc (luc cl (iribicrnti ¡'rut'tle lrstt.
I I (t
7
lllil ('ll tlllil sot'it'tll¡tl tlerltot'rrrlr(r l)rr(r,tlt.lrr ¡rolt,sl;rrl lr.t1lsllllir,lr, ltl l,rrlo tlt'l ¡it't'rttiVo y tlt'l,itttltt'llrl). r;r¡r;rt ttl;ttl t¡tlt' tt't'tlrt'tlitet'tltrrtt'tt
dict¿rr dccrclr)s lcles (crrtr t'iutg() tlu lr-r r.(rn (.it[.rcitllrtl derou¿rto¡.i¿r r, ,lt,llr ('pllslilrrciirlt (t'rt l.s¡rlrrr:r.;rllittrlp')/), silr rrcecsitllttl (lt'iltl-
.\
de otras leye-s), y estt) aurt cLrando rec¡uiriera cl co¡rtrol clc-l ('¡ngrcs6 t(,r r,/ir( iirrr leglr l; lo c¡ttc cx¡rlicrrt'ilt llr ¡ltisillilitliltl clc tlitt't-cglittttctttrls
rrrrlr,¡rt.rrrl iclltcs. Do hccho, la mayoría dc los constitucionalistlls
tlc
(que no es propiamente equivalente c-n España. por ejern¡rlo.
al con-
trol dc'l legislatir.o, es decir. de las cofic-s), pr¡c-sto que este control es. IIrt:rtr.oii rlías sc inclina hacialatesis de que la separación dc ¡-rtttlc-
a 1o sumo, requisito que forma parte del proceso de conformación r ', ilo sc aplica a los órganos; que hay que reconocer distintos órglr-
del
decreto ley. Diríamos, en consecuencia, que el poder legislativo rr, r:, ,<¡r¡ltiÍlncionales>>, así como también que las funciones pttcclctt
(como función) queda distribuido en dos potestades, la del parla- ,lr.,,t.rrr¡rcñálfse por diversos órganos (en la Constitución de 1c)71i, «Po-
mento (que lo ejerce por sí, o lo dele-ca en el Gobierno) y la del Go- r lr'r ¡, SC aplica sólo al poder
judicial, mientras que el pode r c-iccttlivo
rrU r;t.identif,rca con el Gobierno, a quien, eso sí, se asiglll't
llr lrllt
biemo, como potestad propia (durante el tiempo que precede a su
convalidación o derogación por el parramento); pero no dirernos que I r(,il L.iocutiva, y no en exclusiva, puesto que también se lo rcc()ll()('('
Aclministración, en la parte en la que es independientc tli'l irr
(
eslapofesttttllegislutit'rr la que se escinde sino el poder legislativo el , ll
que se distribuye en dos potestades, la del parlanrento y la del Go- l,rt'r r)o y con personalidad jurídica propia).
bierno (aunque la distribución del poder al Gobiemo esté limitada, l,rr ningún caso puede afirmarse que Montesquieu ofrecc tlttit lt'rr
rr,r tlcrnocrática de la sociedad política. Montesquieu del'e ntli(r
trtrrr
por ejem¡rlo. a los casos de perentoria y extraordinaria necesidad, y
no pue'da intervenir nunca en los casos en que haya reserva parla- ,l('t.lr.ina monárquica (sin repudiar siquiera la monarquía horctlitrr-
mr'ntar¡a de leyes orgánicas). rr.r). cabría afirmar que la doctrina de Montesquieu es claratncntc
(1o que tampoco qtric-
Y con c-sto estamos diciendo tanrbién qut'el concepto místico de 1,r,'«lcmocrática, por no decir no democrática
la «dil'isicin de poderes») es mLry confuso (tanto en Montesquieu conlo ,,' tlccir que sea antidemocrática).
en las constituciones democráticas)porc¡ue la dil,isión podría rel.erirse Ahora bien, entre lasfunciones puras y las partes integrantes ctt-
a las partes detenninantes (o flncionu-s) o bien a la sc-paración «le las l,r.rr distintos tipos de coordinación. Cabe establecer una coordinacititt
partes integrantes (u órganos). Ahora bic-n: la scparación <Je las par- l,ttutit¡oca 1a cada función una parte morfológica), cabe una coortii-
tes integ¡antes no conller,,a la separación de funciones sino. a Io sumo. ,r:rcitin concentrada (de diversas lirnsioues en una misma partc nltlr-
su disociación. puesto que no es posibre separar. por c-ie-rnplo, la t,,l«igica) y cabe, porúltimo, una coordinación dispersa (de r-rrla firn-
fun-
ción .f udicial de dar sentencias. cle la li¡ncirin ejc.cutiva de hace-rlas t rr)n cr diferentes partes morfológicas)'
cumplir (si se separasen estas funciones dejarítrn cle ser tales). Scgún hemos mostrado en otro lugar («Crítica a la constittlcitilr
Y si la división va ref-erida a las partes integrantes entonces la lrr,.r,/zrsrs] de una sociedad política
como Estado de derecho». lil ll,t
¡ t I i,s t. r t. num. 22, lg9 6) Montesquieu habría
jugado co n stit n I c tt.t c t I t' t
se¡raración de podc'res, en seneral, no ocune clc- hecho en ninguna so-
ciedad política, pllr'sto que una misma ñurción (por ejemplo, la le- ,,»rr las formas de «encarnación>» de las tresfunciones (c¡uc sirllholi
gislati'a) puede estar inco¡porada al parramento y al Gobiemo. y no ./lnr()s por sus iniciales mayúsculas L, E, J) en diversats pttttcs lttot'
sólo en tanto que tienen la potc-stad ya citada «le dictar dc-cretos leyes, l,rlrigicas del cuerpo político; pero de tal suerte que estas partcs rnot'lir
sino tanrbién la potestad de estatrrecer reglanrentos: pLles la potestad l,lp io¿ts, recogidas de diferentes socieclades políticas (<<sctttttltt>>.

reglamentaria si en las monarcluías constitucionales solía atri- ,,('ollricios)>, <<señoría de Venecia>>, <<sultán>>"'), aparcccn rccl¿rsili-
-que
buirse al monarcs conlo un residuo de ra potestad legislativa que no r'r(lirs por él precisamente en las tres partes de las que constabit
cl 'qr'-

habría pasado al Parlamento- en las sociedades democráticas se ttrr,s y la rcpirblicil (o tlc-


¡.termixtun't: la monarquía, la aristocracia
considera no tanto como una delegación del legislativo sino como una rrrocracia). Si denorninalnos respectivamente (m, u, r) a cstos tt'cs
rr¡ros dc ¡tartcs, podremos concluir que El espíritu tlc Lu,s /t't't',r', y es-
capacidad del Gobierno en el ejercicio de la,Administración (sobrc
I l()
il8
lrr;,1,rrr,,,','t,,;;ñ*.1---,11ffi a,¡i,,"itrr;r.)
l)('('tilllll('lll('srl l¡lrl , \1. st'tlt's¡llr('i,,ir ('lslrylrrrtl. un
st.c.r,l srrliciert-
lctllclltc ltltt¡lli. tlc l.s ccttlcrlrres lr( lr'.,1t r'sltttlo tlt'rt'¡xrsrr o tlr'lti)\ utt('nl() ¡lro¡lio tutillrlo n() ( ////
tle c,.l'trirlrc.r.l)cs r¡trc clt[re cstlr-
blecer entre las partes determinanles ¡,, 'lr,l,r. rtltli,q¡¡rl,¡ o L',¡'/t¡t'lttttlrl l)()r ()lr'lls litel-zlts (cs tlccir-, t'ul¡tttlo se
(L, rt, .r) y ras partcs integranlcs
(m, a, r) de la sociedad política, (,,lnl)()ltc liltra<lc cualquicrcoacción), así tarnbión la «lil¡cr-tucl ¡rolí
y esto sin haber fbr,rulado clara_
mente las diferencias entre ,"porrrión, rr, r (lr' t¡rr t:ir-rcladano es aquella tranquilidad de ánimo c¡uc diuurrrr tle
concentración y crispersión cre
Ios poderes. si representamos I r ,r¡rrrritirr cluc cada uno tiene de su seguridad; y para tcncr cstl li-
ra dispersión mediante barras
puestas entre ros símbolos correspondientes inter_
1,, r lrrtl cs r-nenester que el gobierno sea tal que ningún ciud¿ldulto tcrr
- "j-";j" L/J-.t
por ra
concentración fl anqueando los ,',r (luc tcmer de otro». Conviene subrayar que la libertad, irsí rlcllrri
términ
(1, E)-, dejando ro_s corcher".
o#'J:iffi:ffFffifr::i.l; ,1,r. t's l¡ libertad de, o llbefiad negativa de los ciudadanos, rlcllrrirlrr

-por
ejemplo [L, E, J]-, podremos
anarizir Er espírifu de ras reyes t,rrr.. il-rillmente en la capa conjuntiva del cuerpo político, ,y (lu(' ('
a partir de una rica combinatoria ,,, r r es¡)onde con el carácter negativo del primer princi p io rlc N eu, l, rr r.
(que Montesquieu por supuesto
no
ha agotado) en la.que, por ejemplo, , r(' sc aplica a una masa que no está impedida, ni obligatlrr r r i t':t r l
lu fór*rla [(L, E, J) (m)] del ta_ lr
blero combinatorio .orÁpto de «despotismo horroroso)) l,,rrlrr ¡ror otras masas de su entorno. En todo caso esta libcrllrtl rrrr
lecoge "t
absoluta) qle Monterqui., atribuye al sultán otomano ¡,rrt'tlc confundirse con la libertad positiva, o libertad-¡;¿;r¿r hlccr rl..
!mo1]9eía
(podría haberlo atribuido también 1,,ll ciudadonos, siempre que esta libertad no lesione a tcrccr-os (srr
ul or bizantino y, quitan_
do el adjetivo horroroso, en cuanto "mp..ad
católico, alpapa.*uno, a quien l,r¡r'sto que esto seaposible, es decir, supuesto que las accioncs rlc r¡rr
muchos «acusan» O:.1.:T* en , rr(lrdano puedan en algún caso no interf'erir de algún modo cn lrr
su puño los t es poO*.1,
que la formula r(L,E,J) (a)r mientras
simbori)ará a la aristácra lr ,ryectoria de los demás).
tuformu-
!al(L, E, J) (r)l la democracia, también presente en fórmulas
"iu,-y
como
l;l segundo principio es el principio del poder ejecutivo, quc habr'íl
t(Etf r/L(m)l y [(E, J)r /L(a)]. ( r.l poner en relación con el segundo principio de Newton, o princ i-
lr

. Montesquieu, por tanto, naarliiprocedido como si hubiera selec-


cionado, entre los centenares
1,r,, rlc la Dinámica (frcrza: masa x aceleración). Montesquicr-r vic
de combinaciones que se abrían rrr' r clecir, en efecto (así 1o interpretamos), que el poder ejecutir,o lu-
método (muchas de las cuales habría a su
que considárar, desde luego, lu;r colno el verdadero principio de l4 fierza política, capaz tlc
utópicas), aquellas que satisficiesen, ,rrr¡irirnir una aceleración a las masas libres, pero inertes, de los cirr-
ar menos, ciertos principios
él sin duda ef ercitó, pero que que
, l, rtllrrros. Si tenemos presente que las masas mecánicas puedcn supo-
nosotros podemos representar
valién-
donos de los principios de Newton
(y hay que tenlr r( rsc, en un estado inicial, moviéndose uniformemente, pcr«r l rlifi'
Montesquieu ros conocía perfectamert", qr"
"., "r.rtu
.. ha dicho por r.rrlcs velocidades y direcciones, y que es en estas condicioncs cururrkr
toriador del pensamiento» que, «si algún «his_
Newton estableció ra ley de la ¡,uttlc decirse que son iguales sus masas en función dc llls rrcclerr
gravitación de los r r()ncS clue reciben según las fuerzas impresas en ellas (lir irrrrrl«lrrrl
breciorur"yá"i;;_Hi;il:Jl;'ffiliÍJll;XiXil:'ffiH;,l] ( ( )nl() relación de equivalencia no conexa produce una clcsigrrrrltllrrl ),

¡rorlriumos poner también en coffespondencia el segunclo l)l in( rl)r(,


,lL' Ncwton-Moutesquieu con ei principio revolucionario tlc lrr iu,rrrl
Newlon y Monresquiett ,l rtl ln cualquier caso, el poder ejecutivo no debe dispcrsursc I L (r ),
I lrr)l: <<La potestad ejecutiva debe estar en manos dcl nrorrucl
De este modo, e.l principio más general ll (rrr)l porquc esta pafte del gobierno, que casi sic-nr1'rrc nct:csitl tlt'
de Ia sociedad política
sería el principio de ra libertad
políticl, principio que podemos poner -"rrr lrcci(xr nronrenthnea, la administra uno nrejor c¡trc nrtrchos.»>
en relación con el principio
de inercia. pr., u.i .oil;;;;;:;;;;_ l'or'úrl1inlo, cl tcrccr princi¡'rio dc Ncwlon, o princi¡'rio rle llr rrccitirr
rt t i¡rtrt'ir crtllc llt ltccit'ln y ltr rcltccitin ((luc es rrrt ¡'r'irtt'iPit, tlc lrstr
I20
r' | ¡11ñ llql I lr,§l

clltcl(rlt' s0litllll'itllrtl , lllrlcrllitllrtl. il.slilr:rtl, I lorlr.lo r.l¡ilr'[lictl gclról ictl rlt, sr¡t'it'rl:rrl ¡rolilit'lr
lr tlrrr-t.rrr,r¡llr rlr. llr lerr-
dencia de las lrasas a illte'l'reeiolrlr, ficntc
u sLr lclrclerrcilr l*,lr clrs
persión absoluta). tambien parece
inspirur a Monlcst¡uir:. c¡r vrrrius r )llt.t.crrrtilj irr¡trí rrn lltoclcl0 cltltiltlictl dc s«lt:ictlatl p0líticrr cll !lc-
ocasiones. por ejemplo, cuando dice r.rl (lu(' hclllt'ls Lrti lizado ell otras oc¿tsiotles (Primer ensLt.yo
st¡ltn'
que el monarca (es deci¡ el po-
der ejecutivo ((encaft)ado>> en el monarca)
ha de intervenir con ra fa_ ' ,rtt,',q,tt'itr,:' tle las Ciencias
Políticas,Logroño, l99l' y el artícLl-
, r(,rrlo rrrr-iba sobre el tributo) y que se inspira en la teoría dc l¿r
cultad de impedir ar legislativo; o bic-n que cs-
er cuerpo regisrati'o puc-
de estar compuesto de dos partes lr r, I rr rr (lc l¿r ciencia propuesta por la teoría del cierre
categoria l'
[¿,partidos'?. ¿izquierd"a y,oerecha,lJ r

puede serlo la (ico-


lcadlyna de las cuales reprimirá a ra.tra por s, nrutua f¿rcultacl cre ,,,\r'uso r-rna ciencia categorial certada-{omo
rmpedlr». lr irr tlc Euclides, la Mecánica de Newton o la Química
de Mcrrtlc-
Sin perjuicio de la plausibilidad que puedan l rr \ , que supondremos siempre rodeada de
otras ciencias cittcgo-
tener ros modelos
c¡ue lrenros ido ensayando para
ap,roximapos a las fuentes de la doc_ rrlr.:;. n() puede servir de modelo para el análisis de una socictlrrtl
trina dc- los tres podc-res (moderos mecánicos,
doctrinales, teológicos t,,,lrlrerr y de modelo tanto más próximo como puedan haberlo sitlrr
clc lrr
o taxonómicos poríticos) lo cierto es
que, en todo caso, estos mode_ t,, rrrorlclos de la nave, del ordenador o del dogma teológico
los sólo dan cuenta de un aspecto abstracto ,
,,rrrtisirna Trinidad? El espacio gnoseológico es tan afin al
espacio ¡'ro-
de la sociedad política, en
sr¡ nronre,to jurídico o cuasijurídico existencia de la «Ciencia políLicrr>>
de ordenación de rc-raciones po_ I rl r( ( ) (colIo se prueba por la misma

líticas en el terre.o de los «círcur.s>> , rr ( Uliltto entrañada en


mcllos'
la sociedad política misma), por 1o
sociares (en er terreno der eje
circ,ular del espacio antropokigico); , , ,n ro l)ueda serlo el espacio cibemético o el espacio teológico'
sólo in«lirectarnente tocarán los
componentes económi cos basares, 10s procesos Srrpondremos,enresolución,unacienciacategorialinmersaenun
tributarios, las rera_
ciones diplomáticas, las sociedades
militares, etc., cornponentes cuyo l,rrt:io gnoseológico de estmctura
tridimensional, en cuanto cot¡r-
rc-
significado formalmente porítico no c-s posibre
ignorar. p".o.ro es po_ ,l( ilil(lo po, ,r, eje sintáctico (en el que se inscriben los términos,
sible, por ejempro, c.ncebir una sociedad por rlll
porítica sin tributaciü1; l,,,,,ncs y operaciones propias de cada ciencia categorial)'
cluso existen algunas teorías políticas los fenómenos, las referc-ne irts
(que podríamos agmpar bajo ¡,. scrránticl (en el que se inscriben
la rubrica de «teorías tributaristas der tr .rr llistas y las esencias o estructuras)y por un eje
pragmático (c¡tro
Estado») que defieiden el ori_
gen tributario decir- del Estado (desar:rollamos este , ,nl¡cne los autologismos, los dialogismos
y a las normas)' Cruzatl-
-podríamos
punto más ampliamente figurers clLlc
en «Er tributo en la dialéctica sociedad ,1, r r.slOS ejes se obtiene una representación de veintisiete
po_
lítica/sociedad civil», El Basilisco, núm. , ,,rrstituyen la estructura canónica de una ciencia categorial'
33,2002).
Es imprescindible, por tanto, estabrecer
un ,rrád"r.-, de socieclacr l,s éste el modelo que utilizamos en el análisis de la socieclacl ¡Ir-
política suficiente,rente complejo com. lltr
para poder serl,ir de cct,ott Irlrt rr cn general; y es obvio que, en cuanto modelo heteromorlil'
(de nrodelo he.terológico-distributivo) r, rr('nros por qué esperar encontrar correspondencias
puntuzrlcs y tli
en el análisis de toda soc:ie_
dad política. En cuanto canon, el modelo rr t tirs, seiá preciso además someter al modelo
gnoseológico rl r.rllil
no es propuesto con la in-
tención de verif,rcar todas sus ríneas o puntos
en cuarquier s.ciedad I ,,lU nda reintetpretación
,r que 1o haga capaz de conveftirse cn cllll()lr
política concreta, p,esto que argunas l( un sistema Político.
rineas pueden aparL.c-er reft¡n_ ,
didas, otras distorsionadas y r.,u. terceras I )e cste modo, al eje sintáctico lo pondremos
en corresponc'lollciit cttlt
en estado dc pura poten-
cialidad (como ocurre, por lo demás, en
los modelos canónicos uti- ,r( lr lclllls lunciones o ramas del poder
a las que pueda atriburirsc rlll l)il-
lizados en la anatomía comparada, cuando
por ejempro ras diversas ¡,,:l ,1" n¿tturaleza sintáctica; al
y eje semántico lo ptlndrctl'tos cll co-
especificaciones de las crases de veftebrados tle
nos lrevan ar anárisis de ,',.'r¡r.r,,.I"'.ci¿t cot-l las capas del pode¡ sobretodo en lit pcrs¡-lcctivlt
las homologías y analogías entre peces stls (:()l'l'cs
y rnan¡íféros). ,ilrr, \rect()rc:s dcsccnclcntcs- tll cic pragmátictl tllatrtctrdrlt

t'
(-ill,illt I Ilr rr'rlo
t.r I,r.,, l,.r r r,,, I,t,' i rlt r,lrr¡litli, ¡r¡ t'ai ¡ rr'',il i r',r', )

lx)n(lcncilts en ()ll) ()t(lr,n (l)l lt(.tl)itlnt(.lrlr., t.l tlr.. Ios lt.t,lorr.s


llsct.nrlt.tr lLr, ,(r .ll,,llrrit (1,(.se lr.ttt.l.rl, lr¡r,, tl, ltltt ¡t tlt'sl'l)illll( l()ll )/, lll('
tes)' a saber, r't)lt I()s pl'occs()s vincLrllrrlos
lr lus lrctivitllrtles rlc l,s srrjr-. L , uur tle tl isge iitciirlr. Asi. l)ol ( l( llll)lo. llt r'rr¡ttt t'rttr.i trtrli t'rr y llt
tos que están ir,¡rlicados en las socieclades
porílicas. Utiriz¿rr.c',os, c, . ,¡,, r l,rrs.,rli¡tc¡lrcci¡rrlrtt tl¡tuuttltll)lÜlltC, ittlL't'ttlitt. ¡ltlr itlicilrtivlt tlcl
todo caso, una presentación parciar
der modero obtenida por r.g."gr.i,;,,
1,,,,1, I ,.lr,er¡tivtt, cl-lclrrnatltl
ell cl (i0bicrntl (attttt¡ttc tlo iclcnlillt:lrtltr
del eje pragmático, atenici,cr...s i,-ricanrentc-
ar eje sintáctico y sc- ,,,l| i l (.ot))() hcntos dichrl). tlue a trArels de ltls t-tlillisterios dc Iio-
mántico. El modelo bidir¡c,si.,ar (si,tácti.o
1, ,"Áántico) sera sLrti_ r! rrl0. ,r tlc'lbcnología o de Etlucación, incide mediante reglamclt-
ciente para colregir el estado cle abstracción ba-
de la croctrira d" io, tres p._ r rrrtlt'ncS. instituciones, circttlares. etc', en la gestión de la capa
deres, en tanto que ésta pueda ser asignada lcycs t¡ttc
al eje sintáctico. 1t " ¡rr,r rrrici:rtira del ¡'r6tler legislatiyo. cttttlt1lo cstablcce
Nuestro modero quiere servir paia mostrar,
sobre todo, la razó, .,,, r,,
jr
rc. ¡rli*il-rcacit)ncs r) prograrlas de desamollo energético .
por la cual atribuimos un estado de
abstracción cuasi metafisico a ra ,lrr, rtt\(). rllte at-ectan inmediatflnlentc a ltr capa basal. Pero cstas
teoría política de los tres poderes, y
quicre .rieccr .n r:a¡rc), que sir_ ,r r, r,ri (.i(.)ncs r-t6 bon'¿tn l¿rs clil-ercnci¿rs en cl ctlnrplc-i<l tle la
r-.1'.s/tlsi r
vapara componer esta teoría política abstract¿r
cr-rn ros (ltros compo_ ,rrr, lrn líncas )'rittl-tos propios de ltr ca¡la cot-tjutrtiva 1'los tlc lrr
nentes de la teoría p.ríticarepresentad.s
e, r.s cjes sintáctico y se- , r¡, r 1,,¡51¡1. L,n cualc¡uier caso, conlictrc'subr¿\'ar el hcclrtl de tltlc t'l
mántico dr- nuestro c-spacio.
I ¡, r rrlr\() (\'ntul'especialtnc-lrte' el llirrnado Hccutivo preside-tlcilr-
lrtri ico-ctlnstit t ttc
1 r r | (lt,sb()rcla arr-rplialllclltc ltls límitcs iuríd
iollitIcs
uc tt.ttlit lcs. r

Modelo canónico genérico de sociedad política


l,,,r,lrr(. lrrs li¡ncicl1tcs ejecutiVas
del (iobierntl (sitl ttcc-esidacl clu'rt'-
- r,,ilt.rnr()s i1l (lobic-n,o cle Ia é¡roca del <<Gahinetc- largo»r de Wal¡nlc.
ll(u,nr.tl"l - ( apar d¡l p¡,1.¡ i, i, ,,, n,nr,¡,.r,
,,,,, tlcl Gobierno como órgano del Estado constitucional), no
T., *- I senrian pue-
,r'i' 'ittto'ri"'tl
t,',,¡,,,,,,rJ- Br<rr- ' c.,,¡.r¡ jr:t*aJ
i

I ,t, rr Se!-cjerciclas siempre il tra\'és dc reglas jurídicas (o dicho ell tcr-


Pu.Jer cic.rrtir,, , ,,,,,,,,1,,gía jtrrídica. quc reconoce sus propi1ls línlites: laut'ciritt ¡xtli-
.
(,perarr\i¡ I "-'' r"r,n,.
Our.r
"""' P"d.rmilitrrr'
t"u"t
'n""t,' 1,
operari\i¡
: II ] 1,,,.,..r,,",,,.f
r).,.en,i+,,r., /i,,/,() puctlt-. ser stistitr¡ida siernprc.,i sicluiera ctr las societllttles
I
.,::*l;:"
contrlbuciórr scrt iuio
i I nr..na.n,. ,1, rrrrrcniticits. F)tlr la ttt't'itin ittrídicLt)'
i
n.r,:l"o1ll'"''
,/ ''"""ctrrcnuiir cir il
I,.,,:[:1:;::::.!] I
tah"tr¡ie
r /,i::,::
1 rrL\cT(ror
.-" ''
i,n,..na.n,.l ]

I
-
1) Lls capas )' rarnas del tnoclelo (nsepiirables en una sociedad
, P,,fl¡¡lr..rislrrriro p,,tlerl,l,,,,ill.,rd,,rl porier lidcrurir, -
l §llltclulJtr\J I 1" 'lilir:u ntactura.
pcro disociablcs según la clil'erencia de ritmos crl
, L rl lle.terr,ieltt..l en ulli-
:rrlrapi,, pro(luecion I cr¡¡c,...in Ar..¡t.lc,,r" I r rlilcrentes líneas de acción) pueden a su vez reagfiparse
L írn\tcnü¡on. lrrrclrr. de,err¡,|e,, I

] .nrtrrb.,,do J I , l rr lt"r tlc ircciórr sigrrificativas.


]
l,t,dcr irrtlit.ial
l,t,drr irtlit.ial ¡I l,oclcr
t,n.t.. rcdi:trihtrtir,r
r..ti,rrit uli\,r pu,ler
purler cliplorrrlrtieo I l)l-u rcagrupacitin tnris ittryortante pof [a utlirersalidad tlc las li-
.
l,c1('llllilt0lt\it
cliplornurieo I
por ralllas dc l¡tftrs
rr, .r,, rr..¡[r-Lrpaclas es la quc. resulta clc Ia totalizacitin
I I l)c5cenJer¡tcl
l)c5cenJer¡lcl
crrrnplirrenro , trihulrciirr 'I
I / alianzrs Ascc,,J.nt.
l, \üLt¡r'rsdescc¡cletltcstlelasdilcrentesralll¿ls.porLlllladtl't'tlclrr
_ ] oe5rc¡to tirrr¡dc inmigración privada
J

_ I ,l('.r l0S vectores ascendentes de estas mismas ramas por el otro. lltl
. I
llr
corr-
Algunos comentarios al modelo ,,r,.tlitlu cn que sea posible hablar de una unidad por coordinación,
,,rtr.,.oiól.r o sinergia de acción de estos vectores, hablarenros clc r7-
tlcscclr-
1) Lrs capas y ramas de-l ntodelo c ,,t,t,lilt.rt tef it'ttlttr (reflrióndclnos irl Conittnttl de'ltls tectt)l'es
,l,. nles por los qLtc sc calralizit el ¡roder politictl) \-dc ttt'ttttttlttrtt
hú's'it'tt
partes indc,pc-nclic-nr". y esra.cas ,r.-
,rr.'ll'.1'il;:ll';:,il:;:ll:i.|;:,1
tes intcn'claci.nacias (n. stilo \e¡licrrmer-¡te. " trt.f lr-i('nck)|trrs lrl cott-ittttto tle los vt-ctorc-s ascctrtletltcs).
entrr. las flrus tre cudu
capa, sino también diagonalmente, la posibiliciatl de poner en corrcspondcncirt llt rtl'-
| ,rrsrryurcr-t-t()s
entre firas de diversas capas¡; Io tlc
rrlrtlunl l-clic:tllllr Ctlll llt <<stlcictllttl ¡ltilíticlr>> (y ar-rrr Ctlll Cl collcc¡llri
lrl t'
I lr',,l,'rll,',. t,t,.'i¡tr,'llll¡ir lt rr', I(' Ir|\,ll|\ ¡l¡t)

((il(llll¡lll ll'il(l(ill)) cllL'l tirs()


rlr-'llrs s.r'r.tl'rtrr'.r tlcrr«rr.riticlrs).
rnadura básic¿r c.n ra Ih,r¡cra v L lr¡.-
«srciccr¿rcr civir». r,,, ¡¡rti,,.¡,;i ,,,1, 1,):', (ir\(rs (tott¡rtttlit,r lrtl:,ttl. tttl(ltill¡. ',y,,1,,'r'. r<lltllllllll.".
amradura política re-ticular y .i,,lJ;,,
la arrnadura política t ¿ri., (quc , r\ rr t'tre l t'i('r't'iltlr's.ll ll-cs llee i,'l)ct ¡rtlt'llts t¡tte e l cit¡tllttlltlt() l)li)
tiende ¡ror las ramas conjuntivas. sc e.\_
basal y cortical) podríamos r 'ilr(| tlu lrr sticicrllrtl cir,il pasa a firrrlar partc dc llt stlcictlltl ¡rolíti.
prefigurada c-n Aristóteres (pr.r/ir¿c¿r. verla
ribro vr [4]. I29r a) cuando (l( nt()Llliticlt rt t|avés de cada una de sus capas.
dice, dc'spués de rraber rec:ordado I ) l.rrs t-crtgrltpacittnes posibles por capas (pero nluchlts l,'cces ;t li-
ra doctrina i"'ió".ut.s expuesta
en La Repúbrica de platón, sobre r r i,, r lt' rncra yuxtaposición y no de una «deducción tctirielt>> ) sttrr lrts
ros cuatro ere¡¡entos absorutamen_
te necesarios para satisfacer rr, ', (lue si-uucn:
ras necesidades de ra ciudad
dor, un labrador,.un zapatero;a (un teje_
los que añade: un her:rero, los
res y los comerciantes): «Y pasto_
Io mismt que el alma debe a) Capa conjuntiva + basal. Esta composiciólt llo cs st'¡rrttrtlrlt'
considerarse
¡rane del animar más que cuerpo, tambiLn cn las sociedades prepolíticas, o en las sociedades aisllrtLrs tlt'irtrl,r
debe consii;;;r. que par-
tes tares con10 ra c.rase gr.*.ir, le tribal (o en el mismo «modo de producción asiátioo>») I rr l;rr; r,rr
ra que desempeña la administración
de justicia y ra deriherutir,r, ciedades políticas maduras esta unidad se mantieltc on pir lt':r rrll
q,,"- .. i.u de ra prudencia
tenL-cen más a ra ciudad que porítica, per_
las ordenadas a la satisfacción butivas de la sociedad (aldeas marginales, autárqtr iclrs) o t tt rrrt
necesidade.s.» de las
integridad en la totalidad de la sociedad comunista (qr,rc, illciiirrtl0st'
Lo que ocllrre c-s que Aristóteres de las «democracias homologadas», como ocurría con la ('tlrrslilrl-
acude, para expricar esta
ción' a ra anarogía con er cuerpo distin_
y er alma áer animal. y así pone ción soviética de 1936, y con la Programática de 1971), no rcc()rro-
un lado' como «partes der c,ueipor>, a
ras de la «ciudad primaria»» ce la condición privada de la capa basal, y transforma todas las ctrr-
otro lado' las ñ¡nciones que tienen y ar
que ver con el alma. yes presas privadas en empresas públicas del Estado soviético, o dc trtl
tL' guL- el <<cuc'tpo») se corresponde eviden-
con lo que hemos llamado modo menos radical, en la doctrina del «Estado social y democrirli-
dura básica. y er arma cnn ro que anna_
hemos ,amado armadura co de Derecho», que aun reconociendo la propiedad privada crr llt
(y no sólo en su capa conjuntii'a reticular
capa basal, considera injusto el orden social del E,stado liberal htlr'-
de justicia, poder
deliberati'o-- siro cor-ticar -administración
«eremento armado» es parte gués, y postula (con Wolfgang Abendroth y otros) la necesidad dc irr
saria de la ciudad). -er nece_
colporar al Estado de derecho la «racionalizactón>> propia de ull Irs-
La annadura reticurar y ra armadura tado social, que además debiera ser democrático, y no sólo porc¡trc sc
básica (corresponcriente a la
«sociedad cil'il») no ha¡r de preocupa deTa subsistencia de los ciudadanos (en lugar de clc.irr|los
representarse estáticamente
sen dos hemisferios que. aun como si fue_
manteniéndo.se c-xteri.rmcnte entregados al juego de las leyes económicas) sino porqLtc ¡-rostrtlrt lrr
respL'cto ar otro. c'sfuviesen c-r uno
ac.plados o engranados por sus
bordes. ¡rarlicipación de las masas en el control de la producciórr.
Ta,rpoco puc"dc-n aceptarse por En cualquier caso, el llamado «Estado democrático y srtt'irll 'l''
entero las analogías organicistas
an,adura retic,rar correspo.dería (,a
ar cerebro, con sus ramificacio_ Derecho» (por ejeraplo, en el artículo primero de Ia ('oltsrltltrt'r0rt
nes en el sistema n, cspañola de 1978), si se contrapone con el «Estado libcrit I tlt' l)t'
integrirracrd.i;;;;il:,,,:illIJ::,í_:fi
d,ra reticurlar está re.rgu,izada,
lll'i;.1]iliJfi
]i.:T,Hi rccho>> eS porque incorpora explícitamente a su estrltcturit, tlc ttto,l,r

eso sí, «de amiba abajo», «intervencionista», la consideración de la capa basal, cluc c¡Lrctllr-
las misnlas utilizando
que recibe actuando «de abajo arriba>>. Habrá, ba puesta teóricamente entre paréntesis en las constitucitlllcs lihe -
por consigt¡iente,
'uerzas
partc"s de ra armadura r¡ I cs.
básica a través de las cuares
podamos ver cómo 10s mismos Advertimos también colno en el proyecto dc socioclatl clc ttltcio-
elementos de Ia sociedad civir
«transfiguran)) en elementos se
de ra socieciad poJítica, y esto ncs cn ¡-raz perpcttta dcsaparccoría lat capa cortical. cs¡-lcciltlttlcttlc e rl
cn cacra
sr.r lulut rnilillrr. cn li¡nci«in tlc lll itlclt tlcl dcsltrrl.tc ttttivct'sitl(t¡rtierres
l?(¡
t'
7 I¡usfit\rI lllr.rrr¡
l,t. rl(.ltot I¡r'i¡, ¡.rrrlrir'i,.'1r., 1,, ¡',,.,r1ir lr.. )

¡lt'cvÚltill¡illlrc¡lci¿t clc csla s.cicrl¿rrl


l¿r
hi¡r.td'riou ¡rr-cvc.rr flrlrSiú, rrr,lr;rtir'rnrlt'.l uslitirr,,),|lr ,'tr',lt rrtrlr,urlcri'.!:ltttu(nt(),\'(rr lrrrt'r.stlt.
transfotmación del ejército llr
en una suefte de clrerpo
Cruz Roja, como se advirlió de bonrberos o clc 1,, ( uirl('s t:l ot'tlcll¿rrlicnlo.j ur ítlrcrl sc nlt()vir c ltr.l'elltcntlr, ¡ror rrrt'
últ. en las operaciones de ,lr, r tlt' n()r'r)l¿ls gcncralcs) y acl"os administrativos (qr-rc ntl in-r¡rlie ln cxr
ejércitos de Ia OTAN los
ro, eurlTffite
"r, ,,¡r,rr rrt'irin clc ordenamiento sino más bien una aplicacitilr, crr ucrrc
b) capa conjuntiva + corlical.
Desde la perspectiva descenden_ rl ;r silulrciclnes singulares, aunque sean perrnanentes, cot.lt() ¡'xlctlc
te' esta composición puede
haber desemp"¡r¿o papet ae una ar_ , r lrr rlccl¿rración de un día festivo).
madura política reducida (en "t
ras sociedades politicas
tado no interviene en ra producción en las que er Es_ tr¡ l)oclremos establecer también correspondencias entrc las ¡-xrr-
sino que la deja al cuidado l, , r;inliicticas del modelo y determinadas estructuras gnoscoltigictrs.
<<sociedad civ,»: es la de ra
situaci ón alaque se aproximan
feudales y' en teoría al menos, er
10s Estados ¡,,,r r'icnrplo, la estructura de los principios de la mecánic¿r:
Estado lruerar o
.l pstaoo
me' y otras interpretaciones gendar-
más recientes del Estado
que, como la debida a de derecho a) El poder operativo se coffespondería con el segurrtkl ¡rlirrt,i¡ri,,
Emesto Forsthof{
cial ala Constifución de Bonn, "ort.rporr", ", U.ru.o ,o_ de Newton (principio de la dinámica, que, a su vez, corro hcnr.s tli
que hay qr"
sión de ,a idea misma del como expre_ cho, tiene que ver con el principio político de la igr"ralcLrtl <<¡rro¡ror
"or.id"rar
Estáo de derecho;
Bo,n se mantendría en el «terreno la constitución de cional»).
de ,a admi,istración»,
ins t¡umento j urídi co en cuanto b) El poder estructurativo se colrespondería con el lerccr' ¡rr irrt r

d,e or ganización p ol
íti ca). pio (de acción y reacción) que a su vez tiene que vff con el princi¡'rio
c) Capa basal + cortical. ¡r1r-
Desde Ia perspectiva ascendente,
reagrupación puede desempeñar esta lítico de la fratemidad.
el papel de una armadura
ducida o unidad relativa básica re_ c) El poder determinativo se conespondería con el primcr plin-
ar «contexto intemacional»
fronterizos de los Estados cipio (inercia) y por tanto con el principio político de la libertad ( nc-
o de cualquier otro Estado.
La oposición entre Ia idea gativa).
de hombre como zoon
tón' Aristóteles) y la idea politikon (p,a-
de hombre como zaon
cio y 10s estoicos), reproducida koinonikon(pane_ /) Cabe establecer asimismo corre,Spondencia entre la pur-1c sc-
en la distinción entre
el hombre de Ia Revolución e, c:iudadano y rrr.urlica del modelo y el espacio antropológico:
tre ra armadura rericurar
frances
reducida ,i;'jJffiÍ#.[r":.";i.',H
*
a) La capa conjunt'it,a se proyectaría principalmenlc crr ,.:l t'jr
5) Las reagrupaciones posibles c i rcular.
por ramas son también
cada capa. En la capa tres en b) La capa basal se proyectaría en eI eje radial.
conjunriva,
interesante- es ra que se ,;, .j;;*i
,,1}, ffi;;ión
más c) La capa coftical interftere con el eje angular (r¡rrc t'orrlrr.n,,
puede da. entr" el poder
judicial (dejantro ejecutivo y er poder ¡ror ejemplo, las relaciones entre el Estado y la Iglcsirr).
fuera.er poder regisiativo,
potestad legislativa de.las o n á, tu
corles).ista agrupación "^u"iu'*.rt",
engroba prácti_
camente er concepto de fi) lrl modelo genérico utilizado como «guía» para cl ¿urilisis t1,..
Administración pública, tomando
cepto de Administración er con_ l,r ,lirrárnica de una sociedad política (y, concretamente, ¡xrru cl rrrri
como sistema de^o.gunor,
entrelazados y coordenados, ; lr,r:r rlc la transformación o transición de unas especies dc socictlrrtl
por medio de 10s que (si ".r.ii1"",r"r,"
ponemos entre
paréntesis los aspectos
desde to. qr.-iu administración ¡,,,lilicrr a otras) no impone lanecesidad de reconoccr, cn u¡rl soe ir.-
ferida consritucionalmenre aparece lrrl tlrrdu, toclas sus líneas, filas y columnas o pcs() rclntivo, r:rlrr r..l
,l EJJ;;;iooo,.,ro, como órgano re_ ".,

incorpora el poder ejecutivo, quc rrtr'iltt() gr'¿tcltt clc rclicvc clrrc itlcanza cn sLr rcprcscnlaci«irr grlifir'rr.
p"." iá,riié, cr podcr jucriciar («Arr-
It( l() ittttl(ltte llts líltctts tlel t';ulott. ('()nr() nrotlclo hctcl'ontor-fil, srilo sr'
( iilrl¡tvo llr¡¡.1til
I t',,|,'ttt,r( l,l( lrlt r'llllilll',1 . (| lrr"'lll\'l' I

advicrtlll cll ocllsi()lles tlc lil r¡lr t'¡rrlrr i.n;u ilr. , e r) olrlrs
tle lir.r,r¡ r,¡rr:rr llr ir'clrlirllrtl tle llrs tlrr;l.lr.r , tlt rnot r;tlrtlts tlc los rlohict ll()s l'('
vestigial, no por ello pierden su capacidatr p.ra
cr arárisis corlr)ir-ir
do' Y sobre todo, el modelo nos preserva l,rrl,lrt'rrrros. lus dinaslías tlt: los ('ltslclltt-, l'igucras, [)i y Mlrrgllll, Slrl-
de la tcndencia, propia crc
los especialistas, a interpretar la dinárnica ,r('r()l). Alcalh '/.anota, Azaña, etc.'?). Más sorprendentc. sit-t ctltbllt--
de ras sociedades poríticas ,',r ('S cl conrportamiento de quienes (en nombre de la legalidlrd)
desde la perspectiva de una única línea particular.
, rrtt'rrtlicr(rrtlafransicióncomo unproceso legal que iba «de la lcy lr
Por ejemplo, en el análisis de la transición
española desde ra dic_ l,r lt'_v>i, cs decir, por ejemplo, de la Ley de Sucesión de Franco, c¡ttc
tadura a la democracia durante ros añ.s sc-tenta
<ic.r pasado siglo es
,1, 'rilrr«i a don Juan Carlos de Borbón como sucesor suyo a título dc
muy frecuente utilizar la «óptica jurídica», ro
c¡ue se.:xprica bien por
,a circunstancia de que ros <<agentes rr r. rr la proclamación como tal por las mismas Cortes franquistas cl
sociares» que intervinieron en la
<<fase legal» de una transición que 'l rlc noviembre de 1975,y a lare-generación de esa legalidad por
se definía como «transición>) que
quería ir «de la ley a la ley» (de la ley l,¡r, r'lccciones de 1978. No era el «respeto a la legalidad democrírli-
de la dictadura a la ley de ra de_
, .r,i rri el intento de <<restaurar esa legalidad» lo que motivó la trrtrr
mocracia) son quienes ofrecieron esta representación.
Desde este pun_ rt itin democrática, como tampoco la clave histórica del l8 dr:.itrlitr
to de vista se comenzará presentando el
mo'imiento encabezado por f rrt' la ruptura de la legalidad republicana. Dicho desde la persl.rct'
Franco como una reberión que quebrantó
la «regaridad repubricana»;
y, efectivamente, muchos combatientes trr rr de nuestro canon: los hechos no caben en la capa conjuntivlr tlc
en contra de Franco lo hicie-
ron en defensa de esa legalidad, rota el 1g julio ru()stro modelo porque se mueven también, y muy especialmentc clt
de de r936.En nom- l,r t'olumna basal y en la columna cortical, en la correlación de fircr-
bre de esa legalidad, además, reaccionaron
las <<potencias democráti-
cas» (además de la unión Soviética), que ',rs internacionales (Unión Soviética, Estados Unidos, etc.). Allí ha-
apoyaron al «gobiemo l,ril que inscribir, por ejemplo, la Revolución de octubre de 1934
legítirno» e incluso ro siguieron reconociendo
corno tal, en muchos ca_
sos, cuando tuvo que ir al exilio. Ahora t¡Lre también subvirtió la legalidad republicana- como preludirr
bien, es evidente que la lega-
lidad republicana tiene poco que hacer, no ,lt la guerra civil. Lo que no puede hacerse es escribir la historil
sóro en el momento de la
explicación real de la transición, sirro también r,'e icnte de España ((comenzando el Credo por Poncio Pilatos», cs
en el momento de los ,lr'cir, comerzando la historia reciente de España a partir de la «st¡b-
proyectos políticos del presente (por no
decir en el proceso histórico
que preparó la transición, es decir, el propio r t'rsión de la legalidad republicana)) por obra de un conjunto dc firc-
p.o...o del franquismo r l()SOS.
que fue apoyado básicamenrepor las
mismas potencias democráticas
-Inglaterra,
sobre todo- que se escandalizaúun po. el quebranto
de
la legalidad).
En el momento de los proyectos, porque l,u conexión entre la sociedad política y la sociedad civil
entonces éstos deberían
haber ido orientados (como ya hemás dicho
en otro capítulo) a ra
restauración de la regalidad republicana (concretamente La distinción (y aun oposición) entre una sociedad políticrr y rrrlr
a ra reinte_ ,,rcicdad civil ha venido alcanzando desde hace un prr tlc sir',1t,'-.
gración del Gobierno republicano en el
exilio) y no soramente a la le_
galidad de la II República, sino también irrlr inrportancia ideológica creciente, con gran incidenc:ii-t crt lrt Ietr
a la de la I Repúbrica, cuya
legalidad había sido quebrantada también por rrrr tlc la democracia. Algunos, con inspiración anarquista, prcscrrtc yrr
Martínez campos, que ,'rrr:icrtas tradiciones no muy oftodoxas de la Iglesia roll.l¡-lltlt, sol¡l'c
trajo como rey a Alfonso XIL y está muy cerca
de ra extravagancia
tomar en serio aquí ciertos proyectos fuftrros rotlo tlcl agustinisnto político, intentan definir la detnocntcitt cotlto lrt
que los repubrica,.s
suelen plantc-ar, al estilo de los legitimistas
- .,rt
ictllrd civil rlisnra <<rcorganizuda» ¿tl margcn dc llt sttcictlrrtl ¡rolí
monárquicos clináslic.s
(¿quién podría haber impulsado, en su Irt rr. r lrr t¡rrc sriltt sc lc coltcctlcl-li urr ulc:ltltcc ,sttlt,s'itlittt'irr, y t orrsitle
nlontcnto, cl prr)\,§c11¡ clc rcs_
rrrrr trurlr¡rricr inlenllr tle irlcnlillclrci«irr tlc lrt srlt'ictllttl ¡rolític:r (tlt'l
Ii0
¡l
lliñiirr.o-iiñru I t', ,l,'tlt,rr'l'lttrlliii r'rt'irllÍlii'rrr (rr 1rrr''i1i1 '¡'¡

Bstado) ¡ltlt'lit socictl¿tcl civilcorno llr tlcllnicirilr


nrisnr¿r rlcl tot¿llitu- ,l;r:, r.lllrs tltlte lltlllltl'tlt tl:ttl t lt 11,,. I ltllt toslt cs (l(lt' llrs tlifi'
,,r-.,rt tt
rismo, de la antidemocracia. Un ejempro bastante
- craro ro tcncmos cr-l r(.nlr's lxrrlcs tlc la <<stlcicrllrtl crvil» sc ulllttt stllid¿triirnlcntc clt tlll ll)()
la teoría de claude Lefort (Éréments d'une critique
d ra bureoucru_ nrr'nlo cluclo y en un «bloque histórico» contra la autocraciit (ctl t'crr
tie, Droz, r97r), que entiende la democracia,
más aún, ala <<demo_ lrrlrrtl. llo contra el todo sino contra otra pafie, contra el perrtido ílllicrr
cracia salvaje>», como la arternativa (disyuntiv
a) a raautocracia (so- (lur. (1i00 rcpresentar el todo) son los movimientos obreros tlc lrr
bre todo en su versión de egocracia totaritaria
starin, también de -y
t [(ss, de Polonia, etc., los que tenía a la vista Lefort- y olra cosir
Hitler- como cercana aratiranía o al despotismo). -de Lefort contra-
(.:. rlr.tc las diferencias entre las partes de la sociedad civil garenticctt
pone la autocracia totalitaria a la sociedad organizada,
desde el su_
puesto de la unidad, y cuya indiferenciación ¡,or si mismas la unidad social.
se consum aria en ra
<<consustancialidad de la sociedad civil y del
Estado» a través del
parlido y con la metodología der terror: esto
paradójicamente, la idea de la extinción del
incorp oraría además, Itttilisis recluctiyo de la sociedad política desde la sociedutl t it'il
Estado, simbolizado en
el autócrata que expresa ra unidad, a través de
su comunicación con Por otro lado, hay que constatar la perspectiva (sociologistrt o ¡rsr
los dioses o por su transformación directamente
en Dios. Frente a , ,rlogista) que tiende al análisis, muchas veces reductivo, de l¿r s«rcictlrtl
estas concepciones Lefort ofrece la Idea de
una democracia en cuan_ por lo demás, dc rl]try tli
to la Idea de una sociedad basada en er principio ¡rolít-ica desde la sociedad civil, entendida,
de que no es la uni- \ ('l.s¿ts maneras (como familia patriarcal, como empresa, como sistclltrt
dad, sino la diferencia, la que une.
(l(.cstructuras sociales entretejidas de dominación, como conjunlo tlc rttt
Pero el esquema de Lefort es tan claro como
superficial. se limita I()rlllltismos que encadenan a los sujetos que integran una <<mrit¡ttittrt
a dibujar la Idea de una democracia pluralista
como contrafigura de ( l(.sci_lnte», no meramente rnecánica u orgánica). Este tipo de pcrspcc
una autocracia unitarista. pero esta contraposición
sólo puede man_ trr irs (ampliamente utilizadas por los analistas que ven el Estaclo c()ln()
tenerse como tal, o bien en el terreno ideológico
(desde üs autocon_ ,,rlr antpliación de la familia) implican obviamente la transt-erctrcirt tlc
cepciones emic deltotalitarismo y del plurarismo)
o bien en el terre_ lrrrchos conceptos políticos a la propia socieclad civil, de la c¡Ltc ¡rrc-
no de las realidades existentes, o incluso en ambos
terrenos aravez t('n(lcn ser derivados. Por ejemplo.la aproximación de la lcic¿r tlc ll
(como parece creer Lefort cuando contrapone
la realidad del gulag a ,, rt.¡rresión de la Cultura» a la de «represión del Estado», pracLicrttlit yrr
la realidad de la democracia). pero la autocracia,
como el totalitaris- autoritaria» (como cotrcc¡rltr
mo, no son realidades, son ideorogías: nunca gobierna ¡,,,r- lireud, la aproximación de la «familia
uno solo sino ,1,' lrr «sociedad civil») al fascismo (un concepto de la <<stlcictllttl ¡roli
un grupo, ni jamás el Estado puede ser totalitario,
y aunque lo quie- lr('l))) de Wilhelm Reich (de donde proviene la ilusión tlc t¡ttt't:l lirrr
ra, no puede «agotar»> la realidad. Luego ra contrápo.i"ión
se esta- , l;rrlcnto de la democracia habría que ponerlo en la s«.rcicclatl Políl i, rt. ..'rt
blece no tanto entre las autocracias minoritarias
y ras democracias ,.1 l stado socialistao comunista, cuando enrealidad sólo ptrctlc littttLttr.,'
pluralistas, cuanto entre la ideología unitarista y
la realidad pluralis_ ,'rr llt sociedad civil, en la democracia dei trabajo, cuand«l los olrrt'ltls tlt'
ta existente. Y a esta realidad no se la puede
definir sin más como de-
mocracia, como si el pluralismo y ra difcrencia que ((une)> ¡t.il tlc confiar en los partidos sociaidemócratas o comlttlistrts).
la sociedad política crenrocrática (Lerbrr parece presuponer,
garantiz_ase l,lt esta línea encontratnos también la transferencilt tlcl c()ll( t'l)l()
<<tle lllot lrtt i't
fundamento de esta unidad, la unidad orgánica, prurar,
co*ro ¡,,,1ílico de democracia al temeno civil de la emprcslt:
¡l.opia de una ,1,. lrr cntprcsa>>, entendida como «autogcslitin» (en ltls tictttllos rlt' lrr
sociedad civil que no estuvies e mediati)ada por
el autócrata). \rrloslltviit clc'fitO) O al rncnoS Conlo Llna «Lrogcstirill>r tle sisll'r st'
Ahora bien, la sociedad plurar no es por sí misma
una democra- , rirl(l.'¡l(ict-¡tir. lil concc¡tto rro ya clc ilctntlcrltcilt sillrl tlc tlcsll,,listtt,'
cia: también son plurales las oligarquías y las aristocracias.
v cn to_ rrllir itltlrll (trlilrz'lrtlo ¡lor llltIttttitt t:¡t ll"i7'l t:lt l"'sltttltt t'(ttt(tt(lttittl' .l
II)
7 (ittrllrro Ililr.nl
I tr., rl,.rrr,rr,¡t(.i¡r r'¡llrlt i, ;r.. (l lr{r, tlt\,t.,)

clcspotisltto tlc lirs lninol-íi¡s r¡rre llrrlu.o


\e (.()¡)() I)r()l)r() tlcl le¡i¡isllr«l 1,r,.' lrrs re llrr:ioltcs tlcl lr'tt¡,,rrlrlr', rrt r ortrrltltrye e()ttl() tttl <<t'c¡llicgtte>> tlt'
y el estalinismo; ra sumisiónder súbdito
ar pocrcr.p,,rí,i.,,, irrtcrprct,_ , r,lrrs irrtcnrccioncs cn un sogtrtcl«r gl-ado y ootl un objctivtl cs¡tccilr-
da no como un concepto originario
sino como un momento der pro- ( (). ir srbcl-, el de laeutaxiadel sistemade interacciones enlre las ¡'rat'
ceso del despliegue de la estructura
misma delpoder, una estructura l( :i e n oonllicto de esa «sociedad civil».
que aparece en todas ras partes
de la vida sociai (la <<microfísica
poder» de M' Foucaurt) y que se del
ejercita como una tccnorogía poríti-
ca del dominio der cuerpo (en ra
crinica. en ras cárceres panópticas, I I r'rtncepto espurio de «sociedad civil»
la disciplina); ros autonratismos en
de ra «máquina deseant., q.,. acabará
r e or ganizándo s e (De reuze-
Guattari) como una ((m egamáqui na terri _ I Iay que tener en cuenta, en todo caso, que el concepto de «so-
torial» en las sociedades sarvajes («codirrcación
de flufos de mujeres, , r.. tlud civil» es, en cierto modo, un concepto espurio. Inicialrrrclllc
de niños, de rc-baños, de granás.
de espenna, de miercla») y en la que lr,rhra que partir de la ecuación entre la sociedad política y la soe it'
la alíun;a (y no c'r parentesco) desempeña
ya funciones poríticas ,lrrtl civil, puesto que en la tradición ambos conceptos son erluivil
que pasarán a un primer prano en
el Estado prinrorcrictl lt'nlcs, como equivalentes son lapolrs y la civitas. De hecho, totlltvílt
lismo del modo de producción asiático 1et imperia-
y ros sucesivos, el Estado del ,'rr lu llamada segunda escolástica, la española, la expresión sr.¡t'ir'lrr,r
terror, las nuevas arianzasy ra filiación
que el Estado es deseo que pasa
der déspota con er Dios), por- , n'ilis se utilizaba como sinónimo dela res publicae, de la socictlltl
¡rolítica. Pero lo cierto es que la expresión sociedad civil comen't.ó t
<rde ra cabeza ier déspota
ar corazón
del súbdito». y ra máquina capitarista,
ernpujada hacia ra «decodili_ rrl rlizarse a partir del siglo xvII como un término clasificador quc irt-
cación del Estado primordiarr», hac:ia
la democrac iay raoligarquia, ha- l( nIrba englobar todos aquellos aspectos, por heterogéneos que f r-rc-
cia la redistribución de la territorialidad...
',t'rr, de la sociabilidad humana, recogidos en el ámbito ocupado ¡rot'
Nos parece evidente que las analogías
entre ra sociedad civil y er rrru sociedad política, que no se dejaban reducir a la vida política, atlrr
Fstado, cualquiera qu-e sean lo. .onc.-ptos
utirizados para fbrmular- , uirrdo hubieran resultado, según su génesis, por la mediación clc
l1:, no podrían dejar de tener, en general,
funclamr__nto real; ysu con_
sideración nos permite frenar cualquier
tendencia a la sustantivación Scgún esto, el concepto de «sociedad civil» habría comenz¿ttltr
(o h ipo-*ati zación) de ras categorías
por ítico j urídicas ( n..i¡.u rur"r,
Fs evidente que los procedimientos l. lr()r.st:r un concepto estrictamente negativo, como si fuese cl ctltt-
ie dominación desarroilados en t L'¡rl«r de una <<clase complementaria» de la sociedad políticl. y sirr
elámbito de ra famiria o de ra empresa,
«rerhospitaro der tempro, son ¡',,.'r'jr"ricio de que la clase universal respecto a la que se establcct: lrt
análogos a los procesos cre ra gobernación
por medio oe ia poticía o ,.,rnrplementación, es decir, el «universo lógico» de refercncirr, li¡t'
de la cárcel; como también ros mec,anisrnás
de reprerión o de ren- ',,: lr propia sociedad humana, el género humano.
guaje propios del padre, der patrón,
del rnc3dico. der cura, rran de te- lil formato negativo del concepto «sociedad civil» adrtrile , sirr
ner su correspondencia en ros procedimientos
der presidente ante- er ,'rrrbargo, múltiples interpretaciones según los functores qrtc sc trlilr
conse.io dc- nrinistros, o cre ra poricía
ante c.r detenido 1.onro ro tienen ( ('n
en las relaciones etorógicas entre llura establecer las relaciones entre ambas sociedades (¡-rot t'ie ttr
el macho guión de ra rrorda y ros 1,1o. scljún que utilicemos los functores «ecualización», «rctlttt:ciírlt»
miembros de ésta). pero todas estas
semej anzas no attorizan a <<di- () ((eontlaposición»). Pero el carácter negativo del concc¡-rlo tlc str
luir» la especificidad de las sociedades
políticas en los , rcrlrrcl civil quedará enmascarado por la sustancirlizacitilt tlc e se
«flujos y codificaciones>> de ra respiración. -uenéricos
der rengu:ri"-oi" ra do_ r.rrcc¡rlr) llr.:vada a cabo por Ia propia dcltonrinaci«'trt («socictltltl t'i'
minación. Porque ra sociedad política.
org¿rnizacta s.hrc tas irtcrac_ r rl,»)culrndo sc r-¡tilizlt c()nl() si filcnt cl nonthrc tlcl conccl-rto tlc urt;t
ciones sociales de ra dominación,
cier lcrr.rtl rrcr rrr«r., lrsí crlr«r ,lrrsc ¡rosilivlr. ('on totlrl cslrl n() (luclcnros conclttir', ¡rtteslo t¡ttt'l;r
s._
CIli¡liii;ir Ilrlrlro ltt')( lll('lllr r'ttt¡rÍtir''lt'r (r'
l ,tr,l' I(i';ill\'lltl

sociedad civil no es un concepto al


que puecla cJirrserc u, v¿rr.r,úrri- i)('.rrjrrrrl6 tle lie les o <<e re-1'errles)) rlue sLr cortsiclct-ltll tlticlnbros
co y global, que tambi én carezca
de iodo sentido habrar de una dia_ tlc llr lglcsilr. crlLcllclicltr ctltno «Ciuclad de Dios»'
léctica entre la sociedad política y ra
sociedacr civil. euerem.s decir, 4)(lonjLrntodeasociacionesinternacionales(clubesinterrracio-
en primer lugar, qy" diaréctica global habrá de ser descornpues-
-..1 nales, instituciones culturales, científicas o de beneflcencia, tipo
ta en una multitud ir:rdefinida de oposiciones diarécticas, casi siempre
Cruz Roja o Greenpeace, que se constituyen como apolíticas y que'
heterogéneas y casi nunca acfuantes,
como si fuesen momentos con- dehecho,noquierencircunscribirsealoslímitesdeunEstadode-
vergentes de un proceso superior único
(por ejemplo, la ernancipación terminado).EspecialmenciónmerecenlrasHermandadesdeDo-
y la promoción «de.la sociedad civil»), y que
al que tendiera er género hu- nantes cle Sangre,instituciones del más puro significado ético
rlano. En segundo lugaq el hecho de que
una descomporili¿, tal no demuestranlarealidaddeloslazos((cuelpoaCuerpo»queexistende
se lleve a efecto, puesto que el términá
sociedad civir sigue utilizán_ hecho entre los individuos de una sociedad, al margen o a través
dose como designación de un concepto
hipostasiado, p.io po. moti- de las estructuras Políticas.
vos ideológicos distintos (por
la primera u..riO, qr. pode_ 5 ) Conj unto de ot ganizaciones empresariales
multinaci onale s
mos citar de <<sociedad civil», en "¡"mpio,
cuanto opuesta al Estado, es ra idea y también cualquiera de los sindicatos intemacionales'
agustiniana de la ciudad de Dios, es
decir, de ra Igresia militante), nos 6)Coniuntodeempresariosnacionales(comerciantes,indttslrialcs.
indica que la fbrmura «sociedad civir»
es un concepto ideorógico. etc.),familias,etc.,que,aunquecircunscritosaloslímitcstlct¡lllisllr
Desde las coordenadas de la teoría porítica llstirtkrs. rth|t
do y por la similaridad de los órganos dados en otros
rt
rus que estam.s
situados tenemos que comenzar impugnando "r,
paso a poder hablar de una «sociedad civil>> con illtcrcscs tlisot
ra sustancialización de irrlrle:r
la idea misma de sociedad civil. Sociedad
civil no es un término que de los estrictamente políticos. Por ejemplo, el «,tltl.ittttlo
1l¡ l1¡5 rrlt :tlrrt
pueda hacerse coresponder con
algo así como una estructura social jadoresautónomosespañoles»(casielT0porciclllrltlelerrr¡lletlltl
positiva unitaria, es un término funáionar ()tgrtlti-
negativo («sociedades dis_ proporcionan ellos), que ni tienen acogida ctr silltlicltlos tti t'rt
tintas de la sociedad política» pero <rsocit'tlrttl civil»'
c'ngrobaáas .n zaciones patronales, formarán también parlc tlc llt
"ttu¡ ;;,
y, r¿rnto,
con él designamos varore-s ,ruy ttif-erentes
y no siempre coorcrina_
bles entre sí. En efecto, la exprcxión
«sociedáci ci'ir» preae or.onrn. Podríamos referirnos a los conflictos c¡t-tc sc cslrthlctrctt cntre las
con perfecta legitimidad, y de hecho (ltrc ¿rr)lcrl azan ala
nes tan diversos como los siguientes:
los arcanza, valár"s o acepcio- diierentes clases o capas de la sociedad políticl y
convivencia de sus partes. La diversihcaci(rn tlc lil Itlua de sociedad
Civil no tiene, en efecto, nada que Ver con Llnll sllcl lc tlc
emuLsión de
l) conjuntode individuos pertenecientes a las políti-
más diversas so- la Idea de una dialéctica entre la sociedad civil y la sociedad
ciedades políticas, en tanto forman
parte de una «sociedad humana ca; tiene que Ver con la multiplicación de los pxlccsos dialécticos
protegida por los derechos humanos I
hemos
promuigados por ta Asarublea entre las sociedades políticas y los valores diverst'rs qLle, como
General de las Naciones Unidas».
visto, puede tomar la Idea de sociedad civil'
I

2) co,fu,to de ciudadanos peftenecientes a ras ciudades I

de cada
uno de los diferentes Estados, o incluso
del conjunto de todos ros Es_
tados' en la medida en que ese conjunto
logre constituir, más allá de Cr[tica de «la doctrina de los tres seclores»
L'ra rlrera clase distributir,,a, una
«Fecreración Intemacional de Mu_
Las cir-rdades
incorporadas a esta Federación podrían
'ici¡-ri.s». con_ "La «doctrina de los tres
sectores» de la sociedad contemporánea
sitle'arsc ca, todo er delecho como rnicrnhras
<Jc t¡ra lnis¡rr¿r «s._ conro doctrina rcclasiflcadora de todas las determinaciones de la «so-
cicrllrrl cir,,il». más) ha icltr
cicclacl civil>> c¡rrc hcrn0s cl.lurncraclo (y clc otras muchas

ti/
7 TIII illll-Vli Ri li¡rrr r ¡''',, | ¡.' ¡ ¡ ¡ r I t.' i'i I [tllli ¡EIFiIl':' ñ't'r I I
i I r
"i
iIiv I I r I

fr-lrgr'rrrtr. tr'r.¿'ltc I¿rs tr,s


ir Irirrlrs trt't'rrtll¡s trcr
doctrina inspiracra por una pcrspectivtr ¡rlrslrrl, sigr, rx. r.jr¿r t'stltrloctlilrtr, lltl('()lll()lil (\l)rlr,(,\l.rtttl, l,\tltlttloAl.iltst'llel l'lt'tllttlrr
icrcrrt.rgica (rLrc ¿rc¿rso p.crría 'li'ttt't',\t't'lt¡t'(llttcttosArl't's,
tar determinada por la interseáción cs_ llltlcl ll, lint'ttt,ttlt'ttll¡L'tt¡tttttt'tit,tttt¡tlt'l
nómico (que sin embargo no
de un decidido liberarismo
eco_ It)98): «Socicclad civil es Lodo cl árnbito quc no fbrrlrit pr"tt-tc tlcl go-
quiere prescindir del Estado, lricrno y que se clivide en dos grandes bloques, lucrativg y tltt lttct'rtli
bien, colaborar con él en cuanio sino antes
tado subsidiario>>: es el liberalismo
se mantenga en ros límites
del «Es_ vtl. La rentabilidad económica difbrencia a uno de otro, sicndo lrt crrt
r l)resa ejemplo del primero. Dentro
del sector no lucrativo c\islcrl
A dm in i strac i ón c on s erva y
":;;::;+fff}. :lXlTffi
d" M
d ora
ouatro grandes divisiones : asociaciones religiosas, paft i dos po I í t i eos'
riormente en 199,9 por los p.i-"ro. ::
*inistros europeos socialdemó_ asociaciones mutualistas como sindicatos, clubes y coopcrutivlrs,
y
cratas' Blair y Schróder), y (lc
de un internacionarismoiumanístico
próximo a las posiciones más muy finalmente asociaciones hlantrópicas [por ejemplo, las masón icrls I
abiertas de las democracias
católicas o a las directrices propias cristianas beneficio exclusivamente a terceros)) (en el tercer sector sc inclttyt'tr
trópicas.
de algunas organizaciones
firan_ adernás de las Fundaciones, las OSC, es decir, organizacior)cs s()
ciales Civiles, que se corresponden a lo que en España y cn ott'os ¡riti
La clave de esta doctrina de los ( )r1'rr
en las dos siguienres dicorom,",
tl habría que ponerra ses sueten llamarse, de forma explícitamente negativa, ON(i,

"rJ;:j;;;:res nizaciones No Gubemamentales).


No podemos entrar aquí en la crítica detallada de est¿t doctt'ittrr'
l) La (supuesta) dicotomía
dad civ i I hipostasiada.
entre la sociecrad porítica y
ra socie- Dejamos de lado la debilidad de conceptuación patente cn clcl'irri
ciones tales como «beneficio exclusivamente a terceros)>, pttrlt
2) La (supuesta) dicotomía
dentro de ra sociedad civil
entre so_ mente ideológica (¿acaso una empresa lucrativa no benef-icitt rt lct.-
ciedades lucrativas y socieclades
no lucratiyas. ceros?, ¿acaso una OSC no crea puestos de trabajo y, por litrtto'
Ahora beneficia a quienes no se lirnitan al puro voluntariado?). ['in ctrill
bien' mientras. que er concepto
Tiza con referencias rerativament.
de sociedad porítica se uti- quier caso, las ONG tienen que proveer, por replicación, la sttbsis-
fij;J y positivas («todo cuanto cae tencia a sus agentes, aunque sean voluntarios, si trabajan a ticlll¡'trr
bajo el control de u.na constitución,ln
el concepto de sociedad civ,
sentido porítico»), en cambio, completo; por lo que la diferencia entle lucro y no lucro cs l"llc|rr-
es ¿"r,,i¿o, de hecho, de
-"rri" psicológica y no económico-objetiva. También dcj^rlos
un modo ne- tlc
gativo, como si se tratase
iado la cuestión de la inclusión de los partidos políticos y los sirl-
de una crase complementaria
política'Asimismo, en ra subdivisión de la sociedad
ciedad civ, figura,. rol0 criterio
de este concepto negativo
de so_ dicatos en el tercer sector, según cliterios meramente idcoltigicos 'r
positivo de conceptuación, jurídicos. Lo que nos impofia señalar en esta ocasión solr los tl,rs
rácter de <<rucro» (,egítimo) er ca-
y negativo de puntos siguientes:
tuación, el carácter de «no "oáo "or..pto concep-
luciativo». Apartir de estas dos dicotomías
encadenadas podremos
obrener ra clasificació" qr;;;;il;" (''o
ra cra_ 1) La sustantivación de un concepto doblemetllc ttcglrltVrr
ve, nos parece, de la doctrina
de los tres sectores. lJnprimer ciedad no guberrramental y no lucrativa) da una apariclrcilr tle t'ort
estará constituido por las sector
sociedades políticas; ,r r"guírlo'r"rto,
las «sociedades civiles» (no po, ceptopositivo,atravésdelnombrenonegativo,alctltlcc¡"lltlt|e.<Stl
poríti"ulfrr".utivas; y un tercer ciedad civil». Porque este nombre no designa utra otr(itlatl ttttilrrtirr
por las <<sociedades civ,es» sector
no potitiáas y no lucrativas. sinounamultitudde organizaciones contrapttestas clrtrc sí (Pot c¡e ttr
to de tercer sector es, por tanto, Er concep_
doblemente negativo. plo, iglesias evangelistas, israelitas, católicas, logias, «tlgrttrizrtt t,,
Por supuesto, el tercer sector
«sociedad civil» por antonomasia.
es er que será sobrentenc.rido
como ra ¡es eu delcns¿r dc l¿rs tribus arnazónic¿ts, etc.) c¡r"rc ittlicltltterlte t'sllirr
He aquí un cxccrcnlc rcsurre, virrcull¡clirs p()r'r'lls,los rrelllrlivos. cl scr tttt gttbcrtlltttlctt(ltlcs \ le
r'tl t
trc
I )¡
i,i[trrio TTut,rru I r t' It t oc rt la¡ffiH1fiflltl?trf-( ñ ¡'i
ri Éi I r \fil ii ]
t r
", I

c¿¡ltlclltc llo l[lcl'illlt'lts. Solrtr'lotlo \r sr'li(.n.. er


ruerl:r (luc e l (.,r.iic- <<l t'rlttto ;rlt it'tl;ttl ¡rt'l il tt'lr' ('s llll t'()ll('('¡llrl t¡tte stil0
)r'ttttlel-ltci,lt>>.
terde «no gubernalrelltal» clebc confionlarsc con cl (l¡l (.tt tttltltlo es¡rt:cic tlcl'irridtr clt el lilttlliltr
hccho tlc ll¡s li- ¡lrrcrlt: ctllrstittr i|sc c()nro
nanciaciones de las ONG por cuenta de los gobiernos. cttlicrt-
rlc ul-lir [axol-lomi¿r de socicclaclcs políticas clue l'raga ¡'rosiblc
2) La ocultación, creriberada o i,consciente, der
lirrlg :r ()tr¡s cspccies «lc socic{atles polilicas. Itllcs c¡lllrt
r,crdacicro rasgo <'tit'ltttílts»'
efectivo, )' tar,bién der carácter negativ,o que constitttitlo'
¡rennite irrcc.rrporar a es_ tr «oligarr¡uiirs¡>. <<Demclcracia» cs ul'l collcr-pttl ¡rlítico
tas organizaciones no gubemamentares del tercer tttltl, ltlgtttttls'
sector en un solo tl-adicio¡ahtlc¡te. en un conte¡tp taxgnómico ternarit-'r
gr-upo, y que no consistiría t¿into en su
no lucrati',idad cuanto preci_ Iodrls (o lir rnayoríat- ¿r la manera conlo «triángulo etluilíttcro» cs trtt
samente el1 su 110 tributariedacr, ell no pagar irnpues[.s. en estar
exen_ (.(lncspto gettmétrico cclnstituido en un contexto taxonti¡tlico t¿lrr.t-
tos de tributaciones fiscales. rtittgittt littltr
hiú.n tlrnario: tres lados iguales, dos lados igr'rales o
igual.
En conclusión, el <<tercer sector>> se nos muestra
como un con_
cepto que se corresponde, casi como «el guante
a la mano>>, con la
«sociedad civil» de la teología agustiniana.
l.os dos sofismas de Pericles

clcl qi'rr'.'r0
Ahora bien, la mayor parte de las clasiflcaciotlcs
Especificaciones der modero genérico de Ia sociedad como clrrsil'ie
«sociedades políticas>> no pueden ser consideradas
rr
porítica
que se rttilizrtrr rtrr
ciones internas porque ios criterios diferenciales
El modelo genérico de sociedad porítica que hemos la prinrc'u g'urr
presentado no suelen ser intrínsecamente políticos. Tal ocurre con
es unívoco sino que necesita ser desamolrado
clasificación de la sociedad política, la que acaso estabrt
en espe"ies internas, es pr-csr'r-
decir, resultantes de ras mismas alternativas o transmititlo ¡ror.
distinciones según puesta por Pericles cuando, en el discurso funeral
las cuales, necesariamente, han de tener rugar :t'u,rídiáes (quien al parecer, no comparlía plenamente las iclclts tlc
las composiciones en-
tre las paftes determinantes o integrantes del lrts o/i.grrr'
modelo. No se trata de lrericles), se refiere a los dos grandes tipos consabidos:
desarrollar el modero según ditbrencias que por o rttltni-
sí mismas no tengan t¡uías, que son sociedades políticas regidas (gobernadas
significación política directa (como pudieran ser: o socie'
el coror de ra pier, rristradas) por unos pocos (es oligous) y las democrar:i¿.r's'
la talla o Ia agilidad de los ciudadanos). o adminislraclils) ¡rot' lrt
rl¿tdes políticas que son regidas (gobernadas
Lo que buscamos son difbrencias internas surgidas de
la misma ,nuyoríu(espleious).Enlapalabra<<democracia»'dclcliscttt'stt¡rl!'
combinatoria de las partes genéricas determinantes
e integrantes, como ,i"ieo, demos oscila entre <<pueblo>> como totalidad l.l.t t'ttr'i,tl.,'
ocurre en la división geométrica de los triángulos crtso' t'l '/''
a partir de la r<pueblo>> como mayoría lpleiocracia)' En cualqtricl
combinatoria de ras paftes componentes del triáágulo el fundatlle lllltlistl|(r tll''
universal (ge- ,¡¿,,s de <<democracia>> parece utilizado por
nérico), es decir, sus lados, cuando éstos, o bien (y yir s('ir l)()r
cualquiera que sea rrtocrático de Pericles en función de «todo el pucblo>>'
su longitud) son iguales entre sí ( ()rrr()
-dando
lugai a ra especie de ros i¡trc la mayoría Qtleionos) se supone que puede intcrprcllrrs('
triángulos equiláteros- o bien dos prccisrtlltt'ttlt'rt
son iguales y .r oi.o desigual ,,,',, op.o*imación, no ya a los pocos (oligois)' sino
isósceles- o bien son los tres desiguáles formar
-triángulos ltlcltls(pasi),yaseaporqueprincipalmenteladetlrocrltcilr(tlel,cr'i
la especie de los triángulos escalenos-. En cambio -para rt lrt
no constituiría clcs) c.stá concebida como una forma de gol'ricrrttr ol'icltlrttlrt
una clasificación interna del género triánguro
universal ra clue aten- <<lutcla de todo cl Pueblo»'
diese a las diferencias del coror de ras figuras ctt cl se ttlitltr
que ros rcprc.scnta,. lrcr() si cf cctiva'rncntc Pcriclcs cslaba ltrgtttt.lctltatltltl
incluso a las diferencias en ra rongitLrcr mó1rica crc (t«itltis) rlll'rs rrllri
sus r,rir,,r. tlr.srrl-l()rrcrtllrrllr l¿r l.crrlirllrtl tlc llr trltitllttl clc lrlsTrrt,r'i

1,il

l
clc llr tlc los rrl¡L'ol¡'y Ilr tlc l<ts
¡tlt'irrtri,!. cstiu'iil illc,ul.r'icrrtkl cn tkrs s,- It,rtr vlr tlirilirllr y¡ tlrrrlo rr r[.rrilrr,.'tllr (illl'llt tttltyt't'ilt tlt'ltls t'itttllt
rr()
flsmas escand¿iltlsos, qLtc la ocitsi(m sr¡lcrnnc clc r.c¡r(rhlit'lt' silto lt tlt:ltttlStt.ltl'(ltlt"
su cliscur-so nr¿rnlic- ,l;rrroS lt() l-CI)l'Csclttlt ltl ttltlo tlc llr
ne en la penumbra:
;lull(lr.tc ltl ru¡lrcscttti¡sc, lttl ptlr
cllo la trtrtytlríit pt'occdcría sicltlple
introducc' por tall(o' tttt
(l!' un llr()clo jr-rsto, recto y benellcioso' Plat(ln
l)utilizar el nombre de oligarquía (o gobierno de algunos) en
un r ritcrio ltuevo qtre tiená que
ver más con la estructura gencral tlcl
contexto peyorativo, es decir, como si el gobiemo
de ros pocos fue- trdo (holon) que con el reluento
del total (pan). Al igual quc ocurre
cott-
se siempre en beneficio propio y no en beneficio
de todos (olvidán- e on e I carro de las cien
piezas,del que habló Hesíodo' no cabrá
dose de las grandes tiranías atenienses). leyes globales) y la enumcrac:it'rtr
lr¡nclir la totalidad del cano (y sus
2) utirizar el concepto de democracia en su contexto
exaltativo tlcsuspartes,rr"u"tidud,"'totulidadcuantificadaoaritrnctiz'iltlit'
(«fundamentalista») como si er «gobiemo cst/ttl tlcs
piezasdel carro, pcrtl si
de la mayoría» estuviese |,rteden estar enumeradas las cien
siempre orientado a la tutela o beneficio de todo pueblo, un todo' no funciona'
er y no más t,rclenadas el carto no existe como
bien, en muchas ocasiones, a la ciega resultancia
de las voluntades
populares (otravez nos acordamos aquí de
las elecciones aremanas
de 1933).
Lus (<correccionestt de Aristóteles a Pericles

Estos dos sofismas se agravan cuando se tiene


en cuenta que los AristótelesacudióadeshacerlossofismasdePericles,rc0()ll().
conceptos de minorías y de mayorías estaban definidos
únicamente en ciendoque<<lospocos»nollevabannecesariamentealmalgobierntl.
el ámbito dela capa conjuntiva de la sociedad porítica, peores (como se pretendía sttgcrir
es decir, esa cs decir, que no eran siempre los gtt-
mayoúa de la que habra pericles está compuesta por que también los pocos podían
los ciudadanos con el término «oligarquía>>), sino
que efectivamente intervienen en el control de los ciudadanos, y qLlc on
de las capas conjuntiva y bernar atendiendo it Ul"n de la totalidad
coftical, pero deja de lado a ra inmens amayoríade
los integrantes de cstecaso,lasoligarquíasseconvertiríanenaristocracias.Asimisnro' cn
la sociedad ateniense, a saber, los esclavos y los las mayorías podían procedcr
metecos (iin contar Aristóteles, adrirti"náo que también
con las mujeres, los jóvenes, etc.), respecto a los política, distinguió entrc las
cuales la mayoría perjuicio del todo p"fii"á, de la socjedad
<<pletórica» no llegaba ar 10 por ciento a la población
totar. mayoríasmalas(alasqueltamódemocraciasenunlugarydema-
y las mayorías trucnas (lt
gogias en otro; ,ornbtt itl" t'u prevalecido)' litl
las que llamó repúblicas, y en otra ocasión' también democracils)'
Crítica de Platón a la idea de democracia de pericles las absolutas' no son oltlarclttíits'
ningún caso, las
^uyo'iu',incluso a las dcrilocl'rtcirtr
ni por tanto, .uU. áán'lr, aurl taxonómicamente'
El sofisma de pericles quiere dar a entender, por tanto,primero (o todo el pueblo) mandrttt' srtl
como regímenes en los cuales todos
que la mayoría del cuerpo electoral no sóro representa que este <<ltldos>» lt;ty
al todo (como vo que, por círculo vicioso' se sobrentienda
demos kath'olou, traduciríam os,unpueblo cáñtico),
y segundo que clue referirto u ntoáo' los que
mandan»' Además' Aristótclcs rcirr
además tiene de por sí una orientación justa,
beneficiósa eutáxica. f o gobiemo recto de untl solo' tltte
troduce la clase de las monarquías'
En gran medida cabría afirmar que toda la doctrina pratón
políticá de clistingue de las tiranías'
estuvo encaminada a triturar la idea de la demo
ciacia de pericres.
Y¿ en el Menexeno pseudoplatónico se deñnía
a ra democracia peri-
clea como una aristocracia con el consenso der pueblo,
ra democra-
cia que condenó a muefte a Sócrates, su maestro. y la condena de pla_

t42 rJl
Re interp ret,c n cle A r is tó t e r c s ; gl<rtral tlr: ttn triutlvirato |(a. [r,
l(c)l;y uria séptirlil, en Irt stllitllrritlitrl
ió tlt ( ) t.t o ( t ru ¡ tr í t ns, stt n r i r*q tr íus
¡
y poliarquías
c)]contraterceros. , ,t .
tampoco de todos' sino
En cuanto al gobierno, no de pocos pero
La clasificación de Aristóteles es, sin duda, mejor que
la de peri- r1e muchos, es decir, de las -uyoiíu'
(o bien de minorías capaces de
cles; pero sigue dependiendo de un criterio rógico piopori"ional terceras)' hablaremos
cuan* convertirse en mayorías por coalición con
tificado (uno, algunos, todos) muy inadecuado y ab^solutamente
in- de poliarquías (¡totliarchiá, gobiemo
de muchos) antes que de de-
servible, por utópico, en teoría política. puás como ya pueden ser demagé-
hemos mocracias. Y esto tanto porque las poliarquías
indicado, jamás puede decirse que en una sociedad políticá que gobiernan «adulando
<(sea uno gicas (hoy decimos: goUi"*ot populistas'
el que manda>>, porque el uno siempre ha de estaiformando por ejem-
parte It prr"ttor, tratando áe satisfacer sus caprichos relativos'
de un grupo, por lo que ras uniarquías (monarquías en-
o tiranías) no se ffá, "f .orrrrr*o de drogas, de juegos, de deportes o de mirsieas
diferenciarán por la cantidad de las aristocracias o de
las oligarquías. tontecedoras)comoporqu"lasdemocraciasnuncalosonenelscn-
sin duda hay diferencias, pero éstas habrá que ponerras en otro
lado tidodelfundamentulir*o(oloarquías)'sinoalosumoatítulodc
que tenga pertinencia política. por nuestra parte, y oligarquías o las aristocraciits
con el deseo de democracias materiales. Y así como las
mantenernos lo más cerca posible de la clasificación
aristotélica (uti_ podían serlo de grupos múltiples (tres, cuatro'
etc')' así también la*
lizando sus distinciones, aunque interpretándolas, como
si fueran fe- en ias democracias con partidos politiccls'
ioliarquías 1po. "1"*p1o,
nómenos, en otro sentido esencial), tendremos que comen
zat aÍearr- ysobretodoconpartitocracias)puedensermúltiples.Recapitulando,
do nombres adecuados para designar el «gobierno estableciendo tres
de uno>>, tanto si la clasificación de Aristóteles quedaría reexpuesta
es bueno como si es maro, para evifar designar
er todo por la parte. tipos de sistemas Políticos:
Hablaremos de monoarquías con dos versiones: moárquías
y ti-
ranías. otro tanto tendremos que hacer con las sociedades
en las que I) Monoarquías (monarquías o tiranías)
el gobiemo es depocos; las lramaremospaurqrquías,que
o bien se- II) Paurarquías (aristocracias y oligarquías)
rán aristocracias o bien oligarquías. La diferencü poHtica (democráticas o demagógicas)
<<estructu- IIIj fotarquías
ral>> entre las monoarquías y las paurarquías
ra pondremos en que,
aunque en ambos casos son los grupos y no los individuos
quienes
gobieman, en las monoarquías el grupo estará necesariamente
dota- Retorno a la clasificación dicotómica
do de unicidad, debido a la estructura jerárquica que
le asignamos. La
monoarquía puede también realizarse bajo la forma de
una diarquía, Desdeelnivelquehemosalcanzadopodríamosdecirqueelprin-
cuando en el gobiemo actúan dos grupos jerarquizad,os fundamentalistas estri-
que en reari- cipal sofisma de Páricles y de sus sucesores
dad constituyen una sola unidad (como si fueran dos fácos
de una baenlaambigüedaddelosconceptosdeesasmayoríasquegobier-
elipse cuyos centros se aproximan hasta la distancia mayorías (o por el propio
cero), si es que nan, y de ese lodo qtees tutelado por las
cada uno (como si fuera un hemisferio cerebral)
depenáe siempre todoi.Pues si tenemos en cuenta (como los
tuvo en cuenta Montes-
del otro. En cambio las paurarquías no impricarían r*i"idud, genuinas
debido qoi"í; los criterios aristotélicos, que distinguen las especies
a que su estructura no jerarquizada conduce por lo en el so-
menos a la co- y tu, degeneradas, ya no podremos mantenernos
existencia de tres grupos (a, b, c) o coariciones (oligárquicas "rp".ies a la democracia la tutela
o aris- frsma pericleo que atribuye-en exclusiva
tocráticas) que abren, por tanto, ra posibilidad de siete
versiones di- del demos total (atr*ltÍr'o¡ y uu" la
isonomía corp criterio para ha-
ferentes: t.es se basan en la solidaridad doble:
[(a, b) / c], c) / a) ceratodos(distributivo)igualesantelaley.Tambiénlasaristocracias
y [(a, c) / b]; otras tres en las acciones independienies [(b,
ifu)1, tfUll , yaunlasmonarqulasnotiránicaspuedentutelaratoda(atributivoy
1 A,1 r45
( iilrlrrvo llrruto |,'*,1.,,',i,inTiffi61Ih l.'1¡r 1o ¡rorilivrts)

distri[¡trtivtl). y tirl l'Llc cl ¡rroyccto tlcl «rlcs¡rof isrrro ilLlst¡lrtlo>> rlcl si- ett l;¡ ttnltnillritllrtl () r'¿)//.\r'r.',¡, tlr'l l,'t,rllot'ilttit'ltlo tlt',¡rtc tto ltlty
glo xvrrr. Fórmul¿r destinada ¿lcaso a rcctillc¿lr o nroclerar cl propio (t(,tt(,t.(l() cr1 (1lrlos Ils prr¡(os rle los plltttcs y l]t1)gl'lllllits lltlliticos (slrl-
concepto que Montesquieu presentó de despotismo, como sinónimo v() cll ¿tclLtcllos quc pal'czcill'l ctl cada rnomcnto incompatiblcs ctlll llt
cllo «ctlt.s-
de degeneración de la monarquía por acumulación o concentración de ¡rcrsistencia de la propia democracia: se 1es llamara ¡'ror
poderes. Todo procede de la ambigüedad de la idea de poder políti- tiones de Estado» que, por cierto, no cabe definir a ¡trittri).1)c olt'rr
co: pues el poder político no se reduce simplemente al plano delfi- modo, el consenso democrático eS expresión no ya de la unidatl tlcl
nis operantis del príncipe orientado al dominio global, indiferencia- clemos como un todo sino precisamente de la falta de acucrclo ctttl-e
do, sobre el pueblo. El poder político no se resuerve en el poder de los sus paftes (o partidos) respecto a los puntos en los que sc rnrtnif ics-
sujetos que lo detentan, considerados desde losfines operantium,.tal ta, más la tolerancia hacia otras pafies o partidos que defierlcloll l)o-
era la idea políticamente vacía (psicologista) que critias, y luego siciones opuestas.
Maquiavelo (y después Foucault) contribuyeron a propagar. El poder La «voluntad general>> es por tanto únicamente, a lo stttlto. lrt
político, según sufinis operis, es la eutaxia. por consiguiente, debe voluntad de quienes consensuan para mantenerse con las tlist'tt'
ser un poder necesariamente especificado por el <<saber mandan>, y pancias y tolerarlas, sin saber nunca cuándo esta tolcrrllcirt ct,trt
este saber mandar es cada vez un arte más técnico, difícil y comple- promete la recurrencia de la propia sociedad política, cs decil, srt
jo, que requiere la consideración dela materia dentro de la cual ac- eutaxia. Pero la eutaxia también es elfinis operis de las aristocr';.tcirts,
tuan otros sujetos operatorios (cuyo entrete.jimiento ya no es nece- como lo es de las monarquías. Siempre que se tiene prescnlc l¿t ctl-
sariamente operatorio, sino impersonal, por ejemplo, aleatorio, taxia habrá de tenerse presente la tutela de «todo el pueblo». Y csttr
estadístico). obliga, si aplicamos a las especies desviadas que Aristóte lcs ¡rro¡.rtt
El único criterio operatorio que conocemos para interpretar la so oligarquía, demago gia- la críttca que el Trasínlrtctr
democracia de nueskos días dentro de la tipología aristotélica fundada -tiranía,
de La República de Platón dirige contra el mal político o cot.ttlrt cl
en la cantidad, de un modo no metaflsico (o fundamentalista), es el mal médico, negándole la misma condición de político (o dc nrútli-
que considera al pueblo (al demos, incluso al supuesto demos total o co), para concluir que las especies desviadas de la monarc¡uíil, tlc llt
cat-ólico) no tanto como la fuente de donde emana, de modo positi- aristocracia y de la democracia Son, máS que especies de un gótlct'o,
vo, el poder político diferenciado (que tiene que ser siempre un po- de-generaciones del mismo género, formas inestables a Ias c¡r-rc lrrl-
der especificado, capaz. como hemos dicho de saber mandar eutáxi- ta la eutaxia.
camente, de saber legislar, juzgar, gobemar, poner tributos y formular Por consiguiente, habrá que concluir que carece de senticlo tlill'-
planes financieros, hacer la guerra olapaz) sino también como el ór- renciar la democraciamaferial de las aristocracias o dc las ttlonitl'
gano teórico de control último de cualquier poder (especializado se- quías por razónde la eutaxia como finis operis de sus ggtricrttos l't's
gunsufinis operis). Lateoría fundamentalista de la democracia atri- pectivos. Las diferencias habrá que ponerlas en el modo scg(trr r'l
buye al pueblo (incluso al demos cat-ólico) ra condición de ser la cual el demos católico actúa en el control del poder (de los p¡tlct't's
fuente del poder o de la soberanía, bajo la denominación de voluntad cspecíficos de los que venimos hablando)'
general. Pero la voluntad general, en el caso de las democracias ma- Y según esto, la clasificación esencial de las sociedadcs ¡rolítit'rts
teriales más genuinas, las multipartidistas, es decir, las democracias vuelve a tomar la forma de una clasificación dicotómicil. lp t¡ttt' st'-
en las que actúan más de dos partidos políticos, esa <<voluntad gene- para las sociedades democráticas de las sociedades no dcnloct'riticrts'
ral» sólo puede entenderse como un concepto de segundo grado, por- pcrg que no pof ello dejan de ser sociedades políticas dc ¡-r¡irtt,:t ot'
que la unanimidad de esa voluntad general se resuerve precisarnen- rlctr. Pero sin que esta dicotomía haya de intcrprclarsc ct.t cl sclttitltr
te en la «unanimidad del reconocimiento dc la clivcrsiclacl», por lanlo, tlcl lirndanrcntitlisnlo, scgÚtt"l cl cual. cn las dctlltlcritci¿ts cl lrttelrltr
o porltlvnn)

mantiene el poder e, benelicio del todo, que es a la vezla


llente clel irristocraci¿ts (qrrc si ¡:rucclcrt seguir vivic,ndo cncucntran tnás o(lttto-
poder, mientras que en ras sociedades no democráticas,
la fuente tlg abstcnerse de cualquier oposición y dejar que los que «se intere-
del poder brotaría de los pocos que mantienen er poder
con erfinis
operis de su beneficio y no del todo. siln por el poder» lo sigan manteniendo o disputando entre ellos)
hasta la inhibición resultante de la represión por parte del poder, o por
La dicotomía se interpretará de otro modo: en las democracias
hay que someter periódicamente (cada cuatro, cinco, irnrbas cosas a lavez.
seis o siete Pero esto no significa que las monarquías o las oligarquías pue-
años, pero no cada cincuenta o cien años) los poderes
detentados tl¿rn sostenerse sin tener en cuenta la eutaxia como sttfinis operis.
por las poliarquías «al contror de las urnas>), de forma
que ra fimción
de esa confluencia de partes opuestas entre sí, pero Otra cosa es que tiendan, en susfines operantis, a gobemar en bene-
totarizadas en las
urnas, que llamamos <<pueblo» (atendiendo ar significado licio propio. Pero esto es ya psicología maquiavélica, más que teoría
de la mis- política estricta.
ma <<voluntad de confluir»), puede definirse más bien
como la que
es propia de un criterio simbólico impersonal (la
confluencia de una
multitud de personas no es una person a) o piedra de toque
a la que Sobre el poder de la demo-cratia
han de someterse las personas que pretenden gobernai
el Estado,
que como la que es propia de una fuente del poder
específico (del po-
der político eutáxico), que el <.puebro católico» Por último, insistiremos en la insuficiencia del criterio de la cla-
no puede, como si
fuese una persona,"poseer jamás. por ejemplo, la sificación de las sociedades políticas, según los «sujetos del poder»
<<voluntad popular»
casi unánime (según encuestas) der pueblo argentino (distinguidos por la cantidad), derivada de la circunstancia de que el
en er año 2002 poder que ha de ser atribuido a estos <<sujetos>> no ha sido definido.
de retirar todos los fondos personales deposiádos
en los bancos (lo
que provocó el corralito)habría que considerarlacomo No es fácil saber qué entendía Pericles o Aristóteles por ese poder
una volun_ contenido enla lcratía: ¿era el legislativo? , ¿eta el ejecutivo?, ¿era el
tad «necia», aunque fuese <<cat-ólica», porque un pueblo
que quie_ judicial?, ¿era el tributario?, ¿era elpoder de declarar la guerra?
re seguir viviendo en un orden monetario mediadt por
los bancos Montesquieu introdujo ya explícitamente estos tipos de poder en
debe saber que si decide sacar simultáneamente del
banco sus de_ el momento de proceder a una clasificación de las sociedades políti-
pósitos hundirá el sistema bancario íntegro.
cas; sin embargo, se mantuvo en el ámbito de la capa conjuntiva de
¿Qué son entonces ras sociedades no democráticas, las uniarquías
o las paurarquías? Lógicamente no serán otra cosa nuesko modelo genérico y, por consiguiente, no hizo intervenir a los
que sociedades po-
líticas cuyos grupos dirigentes, especificados por sus planes demás tipos de poder que podemos ver como resultantes de la com-
y pro_ posición de ramas y capas del modelo canónico. Montesquieu, sin
gramas, aunque sean eutáxicos, no se someten
a ese control imper-
sonal de las urnas que llamamos simbóricamente «control embargo, tuvo ya en cuenta, en el momento de hablar de la separación
del de poderes, no sólo los diferentes sujetos globales del poder (m, a, r)
pueblo>>, porque sólo «se someten>> a otros grupos
o a coariciones sino también los diferentes grupos, corporaciones o cuerpos que po-
de grupos que logran <<controlarros>> y sóro responden,
en su ideoro- drían detentar el poder aun dentro de un mismo tipo de sujetos. §e'
gía,no menos metafisica, ante Dios o ante la Historia.
gún esto, por ejemplo, en una aristocracia del tipo II
¿Y cómo es posible que en esas sociedades er puebro cat-ólico no -próxima
pida cuentas a quienes detentan el poder? sin duda al modelo feudal- cabnaadmitir una distribución áel tipo [tn, tt a )
porque en esas so- (L, II a,) (J, II a,)1.
ciedades se habrá llegado a un estado de equilibrio
entre el poder y
el pueblo; un estado de equilibrio que puede ser debido,
por lo demás,
a muchas causas: desde la inhibición espontánea
del pueblo o de las
ñrrstnvir Ilrtt.lro l.rts rlt'tttot'r¡lelns rttt¡rlrlt'rts (o ¡rurilivlts)

Iiril'nlulas :rlge lll-aicas l)¿rra cl alrrilisis rlc I¿l socicrl¡rl


rr.lirtlt¡tr rcticrrlirt-r>, sirl, ¡rorlr;'t t'r;lltlrlt't't'lst't.ll lirrlt'iirlr tle ttlt pllttt
o
¡l9lílica
progralna, rl rccí¡t|0cilnlentc (t'cspcct() lrl sigrrillcittltl tlc ¡llitttt-rs o Pl'()-
La enorme trondosidad de la combinatoria que se nos abre por la
gramas t:n luttción clc las pcrsollits).
consideración de estos componentes (determinantes funcionales
o Además, en todas las ramas del poder habrá cluc rnanlctrcr la tlis-
integrantes morfológicos) del género «sociedad política», tal
como se tinción (vectorial) entre las direcciones descendentes dc las arrrlatltt-
representa en el modelo canónico, nos pone ante el peligro
ras políticas IX,, IY, y IZ,y las correspondientes direccioncs
de una as-
prolijidad inabarcable por un panfleto como el presente. una proliji-
dad taxonómica que, en todo caso, no sería mayor que la prorijidad
cenáentes tx,, tY' y Iz,
Es preciso constatar que en las sociedades políticas realtrlcnlc
ordinaria a la que obliga la mera enumeración de los taxones botá-
existentes las capas conjuntiva y cortical consideradas en su dircccitirr
nicos o zoológicos. una prolijidad que en todo caso sólo podría rcllttivrt
ser descendente, funcionan, en general, conjuntamente, con una
<<domesticada>> con los recursos del álgebra. tlc lirs
independencia (de las concatenaciones y ritmos operatorios)
Por supuesto, renunciamos en esta ocasión a una prolijidad tal, y y
concatenaciones y ritmos que «cursan>> en la capa basal, fl() P()l'(lrlt'
nos limitamos a delinear argunos tipos combinatorios que puedan tlc lrt rtt
todo 1o que concierne a la «economía política)) sea separablc
parecer imprescindibles para situar los lugares relativos lítlc'its tlt'
de ciertas madura ieticular sino porque es disociable de ella, según sus
ideologías y de ciertas «realidades existentes>> a las que aquellas tlis-
ideo- concatenación y ritmos propios. Ésta es larazónpor la que cabc
logías pueden ir referidas. «so-
tinguir, por disociación, una «sociedad política reticular» de una
Por ejemplo, designando por Xi, yi y Z,alos tipos de poder (capa
cieáad política económica», incluida dentro de la llamada «socicdild
x rama) correspondientes a los cuadros de las columnas que repre-
civil», sin perjuicio de que ésta forme también parte intema de la so-
sentan las capas de la sociedad política (x : conjuntiva, y:
basal, ciedad política y sin perjuicio de que esta sociedad civil, ateniénclo-
z: cortical), cruzadas por las filas que representan las ramas de esa que derivan dc la
se a las <díneas de concatenación» y a los «ritmos>>
sociedad: X, : [Xe, X,,, X,]; y, :
[yc, yr, y*] y Zi: lZya, Zp, Zrl,ha_ capa basal de la sociedad política, llegue a considerar a la
arm¿¡dttra
bría que desarrollar estos nueve «tipos de poden>
-"¿iurrtá to, tipo, reticular de la sociedad polítioa como una ((supelestructura>>.
de distribución de potestades (o poder asignado a las partes po-
morfo- También será imprescindible represetfar la distinción entre los
lógicas de las sociedades poríticas). como partes morfológicas morfirlti-
to- deres o potestades de iniciativa (o de gestión) de las partes
maremos las uniarquías (I), las paurarquías (II)
-parusimplificar:
las gicas. Lo haremos mediante los símbolos (+1), (+2), (+3); sólo c¡trc
aristocráticas- y las poliarquías (IIf
-parasimplificar:
las demo- Juponiendo, en principio, que nos referimos a poderes o potcstadcs
cráticas-. Estos desarrollos pueden representarse por fórmulas como poritiuur, bastará escribir (1), (2), (3)' Los poderes o potestadcs tlc
(X, + I), (X, -+ II) o bien (y, -+ II), &c. por supuásto,
nos referimos lontrol o de veto (cuya nafuralezaes negativa respecto a los ¡-rgtlct'cs
a poderes o potestades efectivas y no meramente
intencionares. Hay positivos), podrían ser representados por los símbolos (- l)' 2)'
(
que tener en cuenta que el concepto de <.poder efectivo» poclcl' tlt'
(como apli-
cación o encamación de una función, por ejemplo, X, a una parte i-:). p" el supuesto de que una potestad tenga a su vez unpotlrctttos
gestión o de iniciativa, y otro de control sobre terceros,
integrante, por ejemplo IIr) implica el tratamiento de lás cuestiones
escribir (+1), (+2), (+3)'
políticas a escala de individuos, ciudadanos o grupos revestidos
de El poder de gestión o iniciativa de planes y de progranlilscorl'cs-
funciones (entre ellas, las de establecer planes y p.og.urras).
No ponde a individuos que forman, a su vez, parte de grupos o c()rp()l'il-
cabe, por tanto, separar aquí planes, programas o funciones,
.i,-,,-,., políticas. El poder de <<control del pueblo» (lll), cn tanto
de per_ tro ltr
sonas o ciudadanos. El significado político (no meramente platlcs tr
etológico) haccmos consistir propiamente en la gestión o iniciativa clc
de remover o elegir a una persona de un rugar dclcrrrinacrtl
crc ra <<ar- como la clrpacidtrtl o ¡lott'ttt irt
lll-ogramas. se c.icrccrá csencialmentc
(n pnsltlvns)

del pueblo para hacer ca,rbiar ros pra,es


o programas «Jc l.s ciuda_ Sorteo, fiente a elección, coruo ¡rroccdimiento ideal
danos que asumen los poderes de gestién,
o incluso a los propios de las democracias f undamcntalistas
ciudadanos. Esto no significa que el poder
de control democrático sea
únicamente un poder sobre pororu, (para
nombrarlas Pero cuando nos volvemos al plano de la ideolo gíahabráque re-
de sus firnciones, dado que ras personas ".;;;;;;;aso-
están necesariamente conocer que la interpretación fundamentalista de las democracias
ciadas a determinadas funciones de gestión
o de iniciativa) por ejem- empíricas obliga arebqar de nivel, en la teoría política, al principio
plo, el ejecutivo tiene er poder de ini-ciativa
respecto a un iroyecto de de la separación de poderes. Porque si todos los poderes emanasen del
ley presupuestaria anual (proyecto que
implicá progru*u', y planes); pueblo el principio de la separación de poderes (por aplicación a di-
el <.,ueblo» carece de ese poder de iniciativu
p..o p*qr. «le haya ferentes partes morfológicas de la sociedad política: III*, III', IIIr...)
sido arrebatado» (o por cualquier o..o "í
motivo extrínsecá subjetivo) sólo podría justificarse en un plano psicológico-preventivo («si un
sino porque como tar pueblolcuya unidad,
en cuanto pranes y pro- grupo determinado recibe del pueblo tanto el poder ejecutivo como
gramas, como hemos dicho, no existe,
ar estar divididá en partidos) el legislativo, o bien el judicial y el tributario, tenderá a erigirse cn
carece de la capacidad política y técnica
necesaria para formular ini_ artócrata, emancipándose del pueblo que 1o eligió»).
ciativas. Pero, en cambio, prr"d. controlar
al gobiárno qu" p..r.rrtO Dicho de oko modo, para el firndamentalismo democrático elprin-
laley presupuestaria, o bien proponiendo
otraley a" pr.rrprrestos, o cipio de la separación de poderes sólo puede aspirar al rango de regla
bien retirando la confian za al Gobiemo,
o a su partido. pragmática preventiva de una comrpción potencial derivada de me-
El recelo que los jacobinos (siguiendo u {ourr"ur)
y después canismos etológicos o psicológicos; pero el fundamentalismo demo-
stuart Mill y otros muchos politólogos,
que veían en las democracias cráfico tendría que reconocer que, aun concediendo que la gestión de
indirectas algo así como origarquía-s
eíectivas, mantuvieron siempre los intereses del pueblo haya que confiarla a ciudadanos individuales,
ante el sufragio indirecto («er pueblo
que elige a sus representantes en rigor, a cualquier «ciudadano promedio», el procedimiento de de-
sólo es libre cuando los erige;- una yez
eregidos se hace esclavo de signación más conforme a la teoría democrática fundamentalista se-
ellos y no es más ribre ante sus representantes
que ante el rey abso- ría el procedimiento del sorteo de las magistraturas y de los cargos y
luto») tenía que ver sin duda con esia posibilidadie
reducción del po_ no el procedimiento de la votación.
der del pueblo a los.términos de ese
«pode. simbólico de control>> (a Sorteo del poderjudicial en losjurados, y supresión del «cuerpo
lo sumo), de un poder que no afectabi
ara iniciativa ni a la gestión. de los jueces» («la potestad de juzgar Montesquieu- no debe
De ahí la tendenciaconstante arograr que -decía
el poder popurar pudiese darse en un senado permanente sino que han de ejercerla personnls
asumir el poder de iniciativa y de gest
ión, ya fuera mediante el re- del cuerpo del pueblo, nombrados en tiempo señalado, en la forma
curso a los mandatos imperativos (a
través de los cuales el parra- prescrita por la ley para formar un tribunal que no ha de durar más
mento o el Gobierno recibe instrucciones
concretas del puebl o), ya tiempo qug el que requiera la necesidad»). Sorteo del poder ejecutivo
sea mediante el procedimiento
der referéndum, facultutiá-qL, decir, (el «algrrnos mandaru> de Aristóteles podría interpretarse como <<nl-
acordado por la propia Asamblea)
u obligatorio (es decir, iispuesto gunos cualquiera seleccionados de entre todo el pueblo por sorteo»).
por la Constitución).
Y sorteo del poder legislativo (sorteo que, de algún modo, prflctican
sin embargo, la necesidad de senc,lez exigidapor
cualquier tex- indirectamente las democracias cuando recuffen a los sondecis esta-
to sometido a consurtapopular sigue rimitandá
esácial..rt. el po_ dísticos de opinión antes de pasar a la elaboración de las leyes).
der popular, en iniciativa y en g"rtiOn.
Véase el Apéndice II (pág.313).
Véase el Apéndice I
@áe.309) de este libro.
-\ToFTnVñ mlello
I rr.r rlt'ltlrtt'lttr'irtt r'lr¡llt tr ,l', (ii ¡ro',¡li1' ¡' )

l,lscucil¡ rlr l¡r rlc¡llocl,irci:l


Itos-¡'llt'lluttelrlos r.rr lurrr r,,n tlt r-rr lcslttltt (¡rrlt't¡ttc el crlltlt'ol stilo
Ateniéndonos ar momento reticular ¡luedcn ejerccrlo los orglrnrslr)()s crrrnpctcntes cspccializ¿rrltls, conto
estricto de ras socieclades p._
líticas (a la reunión-de sus capas
conjuntivas y corticales), la el Tribunal de Cuentas, el 'l'ribunal Supremo, etc.). scncilltrtncnte
cación fundamentar de estas crasifi_
sociedades, d".á" .Lp;;;; porque carece de elementos de juicio y, por tanto, de capacidarl tlc
trictamente político, como crasificación de vista es_
<<controlar>>. Tampoco puede decirse, en general, que en las clec-
principár ¿"-ru. mismas,
podría seguir siendo, no ya ciones democráticas sea «el pueblo» el que veta a un gobierno o lo
la crasificación trimembre de
sino una crasificación bimembre, Aristóteres
obtenida por agrupación de derriba en función de su gestión, sencillamente porque no cs cl
narquías y las aristocracias las mo-
frente a las demo"iu.iur. iu pueblo el que vota en contra del Gobierno sino una parte (a vcc:cs
ción podría tomar esta forma crasifica_
dicotómica, ,o"i.ouá", poilar.u, mínima, la suficiente para inclinar labalanza de las elecciorrcs) clc
mocráticas y sociedades políticas no de_
democráticas. Las sociedades ese pueblo.
democráticas se def,nirían como
aque,as en las que actúa un ¿Cuál es entonces la función que especifica a las democnrcirrs r'rr
simbórico del puebl0 (-I[). ru, control
,o"i.¿ades no democráticas el conjunto de las sociedades políticas, a saber, la función clc l¿rs ck'r'
aque,as en las que no actúa serían
el contror del puebro, uurv ciones periódicas de responsables de la armadura reticular (e'ict'trli
control de uno o de los pocos (+I, +II). ,ir" q Ii. sumo un
" va y legislativa) de laNación? Es la ceremonia, de un alto valot'sint
En concrusión,rademocracia.. bólico, mediante la cual la parte «más representativa» del porlcr e rr
ro,
define más que como una es-
pecie der género «sociedad ejercicio (el ejecutivo y el legislativo) ha de someterse al ¿rrbitlio
política», como una «familio>
de este género: ra familia de especies
¿á tas ,o.i"áud.. democráticas. (estadístico) al arbitrio que regula la cotización dc lits ac-
en la que ordinariame:_te se «Familia» -similar
ciones en bolsa- del cuerpo electoral, cuyos votos, segúrn rcglas cs-
incruyen tanto ras democracias
como las democracias ideari reares
zadasqa ra manera de aque,os tablecidas, decidirán su permanencia o su remoción, parcial o totirl,
en los que se presentaba bestiarios
en en el poder. Pero las elecciones no pueden concebirse como una c:c-
ln
pogrifo' al oso como ar ave fenix,-i.mo ftrno tanto al tigre como al hi_
a ro uivo como a lo pintado). y remonia a través de la cual el pueblo «juzga» vctu o
debido' sin duda, a que no es posibre esto -controla,
aprueba- la gestión del Gobierno y del legislativo, ello scncillit- y
prácticamente separar una
mocracia empírica de Ia nebulosa de-
iaeotogica que r" .írr.rr", mente porque no está preparado para formular juicios ob-ictivos e n
porcionándole a la vez sombra pro_
y humedad. este terreno (y no porque, como tantos apocalípticos creen, lc hiryl
Pero la esencit específicadiferenciar sido arrebatado ese poder al pueblo por la malicia y la astucia tlc los
de ras sociedades democráti_
cas no consiste tampoco gobemantes). Para atribuirle al pueblo la decisión tendría qucr hrthcr'
en el poder, fbcultad de control
pueblo respecto a la gestión o de veto der
¿L tos .espon.urtes de la <<armadura ún acuerdo unánime. Si no hay acuerdo sino des-acuerdo (o rli,s'-r'rtt'
ticular» que ér ha eregido: er <<poderj,iiciar» re-
va asignado a una cor_
dia) ya no podrá decirse que es el pueblo quien elige, sino ttttit ¡ritt'
poración que no se renueva te, mientras la otra o las otras acatan a la mayoría, percl n() cn llonl
por vía electoral, aunque algunas
traturas sí estén renovldas por magis-
el ejecutivo o el legisrativo; bre del pueblo. Es esencial, en la filosofía de la democracia, [crtct cn
militar» constituye también unu el <<poder
que no es eregida erecto_
cuenta, en efecto, que el consenso y el acuerdo no se idcntillc:rrr
"o.po.u.ión
ralmente; ra burocracia administratiuu,rrrr"io siempre en los denominados <<procedimientos de consenso>>.
naiaT,que constituye un
elemento de continuidad imprescin¿iáI. Supuesta la distinción lógica entre consenso y acuerclu, .'1,,',¡',,',,-
en ra sociedad porítica tam_
poco es renovada electoralmente l-raremos que hay mayorías y minorías, en la línea del colrscns(), y (lu('
en ras democru.iu, *oá"*ur.
Si nos atenemos ar poder conjuntivo hay mayorías y minorías en la línea del acuerdo; y, cn ocrtsiortes"
estricto: en ras erecciones
democráticas er puebrá ,o u"nri.oru, o('ttrre que lct"s mol¡orítlt; en desacuercltt muntianL'tt (()tt,\( tt,\'(t t'tt lt¡,r tt'
propiarrcntc ¿r r«rs sobicr-
,s'tt llt ttlt¡,t.
r5-1
TIiuInvir TIrerro
I rrs rlt.rrtr lr,rHt,ltt'< ettt¡rlt it'n.i ( o ¡roril it,rr.; )

Y csttl cs ltl t¡rlc tltls ohligit l¡ ¿ullrlizil'lrrs <,rr¡r_y,r.ilrs


tlcrrrcr-iilrcirs» Itct¡ct-tlo t's itttlrosilrl('i,lt ( or:,t'nr.o l'r'to -y ctrlrlitr ll;urutr. lr r'sllr sl
de un modo menos grosero quc ac¡Lrcl quc
sc ¿tticnc ¿r las distincioncs Itlltcit'rlt <<¡titrltdoirt tle rrrocnilit'lr>> cl crlnscrrso ¡-lLrcclc disociru'se t[.1
meramentes aritméticas. Evitando la prolijidad
nos limitaremos a de_ Itcucrclo: puedc l-rabcr c()nscnso cn ¡nedio dc una prof irndil dis-coltlirr.
cir que cuando habramos de todos de
1o mayorías que los represen- clialbnía o des-acuerdo. Dicho de otro modo: las rnayorías (luc s()
tan), o bien nos referimos a totalidades
distiibutivu. q.on las cuales portan un consenso no implican necesariamente a lers nrayor'íirs rre-
podremos formar ulteriormente, por
acumulación de eiementos, con- cesarias para un acuerdo, y esta paradoja no resultará dcsconocirllr rr
juntos atributivos con un determinado
cardinar); o bien
nos refbrimos quienes hayan participado, como vocales o jueces, en los antiguos Ir r-
a totalidades atributivas. y, por otro lado,
o bien tenemos en cuenta bunales de oposiciones a cátedras.
la extesión del conjunto de sus partes,
o bien la intensión o acervo Sea un cuerpo electoral constituido por treinta electorcs ( I , 2, i,
connotativo en cuanto totalidad o sistema
de notas reracionadas no 4...,30) junta de príncipes, un consejo de administrrcirirr. r¡rr
sólo por alternativas ribres, sino rigadas, -una
como oc,,re con los areros jurado- y ün acervo de 6 opciones o candidatos (a, h, c, rl, c.. f');
de la genética. De este modo nos veremos
obligados a construir una emperador, tesorero, novela finalista. Elconsenso es la rclrcitin tlr. lr¡
distinción entre dos tipos de mayorías (o
de relaciones mayoritarias) mayoría (absoluta o relativa) de los votos, respecto de un c:iurtlitlrrlrr
que denominaremos respectivam ente
consenso y or,r"rio (aunque u opción. El acuerdo es la relación del candidato respecto dc lir r¡rrr
estaríamos dispuestos a permutar ra
terminologiaj. Er primer tipo se yoría absoluta (unanimidad en el límite) del cuerpo electoral. II¿rhlr'r
constituye apartir de una línea de reraciones
.nt á to, elementos ex_ alavezconsensoy acuerdo cuando unamayoría absoluta (¡ror r'lcrrr
tensionales del cuerpo electoral (considerado
como totalidad distri- plo, de 16 votos) se aplica a un candidato (por ejemplo, a, b). llabni
butiva) y un conjunto de componentes,
a título de altemativas op- consenso pero no acuerdo cuando una mayoría relativa (o rninor'ítr
cionales dadas en un «acervo connotativo)),
con el cual ul,.r.t nrayoritaria), por ejemplo de 12 votos, se aplica a b, mientras (lue
d." intersectar, precisamente en las "u..po
lu operaciones de erección o se- los 18 votos restantes se dispersan en desacuerdo mayoritario, :r¡rli-
Iección, y en esta línea de relación definimos
er consenso. El segun- cándose a diversos candidatos (a:7; c:3; d:1; e:5; t-:2). El (,ort,\('n-
do tipo de mayorías se constituye a partir
de una línea de relaciones so sin acuerdo podría considerarse como el resultado de la conr¡ro-
entre las opciones eregidas (der «acervo
connotativo») y los ere- sición de un consenso de primer orden de la mayoría- y tlc urr
mentos del cuerpo electoral que ras sereccionaron;
en esta láea de re_ acuerdo mayoritario, nemine discrepante, -elde segundo ordcll. lis rle-
laciones definiremos el acueydo.
cir, de un «acuerdo antifrástico» en la medida en que consisrc crr tLrr'
Llamemos consenso clemocrdtico a ra
aceptación de ra resolu- más peso a un consenso minoritario frente al desacuerdo urayoritrrr it r
ción tomada por una mayoría (según
criterios u.itrrréti"ou ofortrnor; Con todo, el acuerdo mayoritario de segundo orden no ¡ructlr. t,rrr,rr
unanimidad, en el límite) de electores
conformes con un candidato u brir el desacuerdo (o discordia) mayoritaria de primcr «rrtk.rr rlt'rrr
opción; en general, un contenido k del
acervo connotativo. El con- cuerpo electoral que acaso resulta estar fracturado rcs¡"rcc'lo tli. lr:.
senso, según esto, debe entenderse
como una relación de 10s electo_ acuerdos básicos; es sólo un expediente pragmático para rrriurlr.'nt.r l;r
res a contenidos k. Lramemos acuerdo
democrático a la condición de continuidad, hasta donde sea posible, de una democrac:iu ¡-rrocctli
,a resolución sobre los contenidos
k en la que la mayorí.a1r.g,, .t Inental. El acuerdo mayoritario de primer orden implica cl conse rrso.
mismo criterio anterior) de los erectores
estén confbrmes entre sí. El Y no cabría hablarni de consenso ni de acuerdo cu¿rndo rfi si,¡rrr...r,
acuerdo es una reración de ros contenidos
k y ros erectores. cxistan mayorías relativas, dada la dispersión dc votos unitllr ir crrr
Ahora bien: el acuerdo democrático, referido
al cuerpo electo- ¡ratcs entre dos o m¿is candidatos.
ral, respecto de determinadas opciones
k, puede ir unido a u, co.r- No lray qur: poncr ahícso que los lilndartcrrtalislas suclcn lliurrrlr
senso (positivo o negalivo). ya sea rnayorit:rri.-
yir serr rrrririrlc: cl llr «tr":,nrnrlczlr dc lu dcrn.l«lcr¿rr:iir>>. l,¿rs clcccioncs lcgislrrlivrrs y ¡rrcsi
( lUsln\,(l Ilut,lro I .lts tlt'¡tttlt'l tlt'lttl rttt¡ rlr ir',ts ( o rosil i vlt:i )
¡

dctlciales ticttcll 0l.r;t lit¡tcitin, no nrcrros gcltcritl son itrscpiu-lt[tlcs, l)ct'() tl() stln idéllticas.'litttllloco ctt cl
irn¡rtrr-tiur.c, sirr c,rt)l*eo. r:n
para la eutaxia democrática y para ra
«gran<ieza cre^ ra dcnr.cracia>>: c¿rso dc Ias sociedades democráticas. Ambas arma«Juras soll diso-
mostrar que el poder del gobierno regislativo
y del ejecutivo no es ciables porque tienen ritmos distintos, según capas y ramas, clc stls
sustantivo, autónomo (como si estuviera
emanado de la divini.lO rnovimientos y desarrollos. En consecuencia, la convergcnciit o tli-
de cualquier otro manantial profundo),
sino que está subordinado," vergencia, es decir, el «engranaje» de estas armaduras cn cl ll'lo*
entre otras cosas, a la prueba electorar, que
tiene lugar en ras cere- mento de su conjugación, dará lugar a múltiples desajustcs, roccs
monias propias de la demo craciaprocedimental,
atrivés de las cua_ o conflictos, susceptibles de ser formulados como contradicciortcs
les «el pueblo» rearimenta ra Idea
ialgunos dirán: la ilusión) de su po_ en el plano proposicional (de lo que nos ocuparemos en el siguicrrtc
der efectivo.
capítulo).
Los resultados de las erecciones políticas La sociedad civil, ya «reticulada>>, precursora de la socicclatl tle-
democráticas no pue-
den tomarse, por tanto, como criterio
objetivo acercade la gestión mocrática (supuesto que ésta no es nunca una sociedad polític,a pr'ís-
del Gobierno (muchas veces «el puebro>»
se equivoca, es «injusto» tina), no podría haber desaparecido por completo al desprclttlct'st' tl,.'
con un Gobierno o ro-, el partido m,ayoritario
del parlamento), aun_ su armadura reticular, en el momento de transformarse cn socictlrttl
que tampoco tienen ros resultados -l
erectorales por qué carecer de tt democrática. Derecho, religión, arte, estructuras sociales, trorrtl, lctt
todo tipo de correlación con otros resultados gua, costumbres, y en general todas las formas culturales supt'itirttli
derivables de criterios +
objetivos de tal gestión. Entre otras cosas, y
principalmente, porque viduales de la sociedad precursora (que desde Otto Bauer hatl solitltr
uno de los objetivos del <<poder>>, en orden ponerse enfrente con el nombre de «cultura nacional» a la «socicclittl
a tu es mante-
ner o suscitar ra mayor cantidad posible "rtaxia,
de conformidades, incru- civil», a la que se le asigna un aspecto más bien económico), han dc
so de entusiasmos, en el cuerpo electoral,
aun cuando esta confbr- subsistir necesariamente en la transición a la sociedad democrítticit.
midad o enfusiasmo sean puros «efectos
de imagen>> (como ocurre, No cabe hablar, en el momento del nacimiento de una democracia, clc
por lo demás, en general, con los procedimierio.
,iilirudos para un <<parto revolucionario» que hubiera dado a luzaun <<hombrc nrtc-
vender bienes o servicios ante er priuti.o
de una sociedad de mer_ vo». Ni siquiera en la Gran Revolución desaparecieron, no ya las cs-
cado pletórico). sólo en situaciones
muy excepcionales, aquellas tructuras culturales más importantes del Antiguo Réginren, talrt¡-roc:tr
que se dibujan mediante arternativas
sencilras, .L.u. y distintas, da_ la mayor parte de las instituciones políticas. Los cambios políticos
das en determinadas coyunturas (corrupción
escandalosa, torpeza que ocurrieron en España en la transición de la dictadurril it lrt tlctrtrr
manifiesta), la ceremonia erectoral puede cracia no significaron tampoco la aniquilación de una lcllchl'osrt t's
considerarse como una
<<sentencia objetiva del pueblo» (siempre
de una parte suya) ajus- tructura social, cultural y aun política que hubiera dcf lrtlo 1'rrlso rt t tlt ;t
tada a algún aspecto objetivo de la gestión ((nueva cultura democrática>>, Sino que más bien corrcs¡'totttl,.'t irt tt rrtt
del Gobierno o der par_
lamento.
movimiento o metamorfosis de la misma estructurit soci:tl y t rrllrrr,rl,
con ritmos acelerados o retrasados (los mismos itlioltllts I't'¡,¡,,',',¡r.",,
parecidas prácticas sociales,las mismas religiorrcs, cl tllisttlo trrlt'rr'r.
Revolución y metamorfosis por el europeísmo o el deporte, parecidas estratillcitciotlcs s.t irr
les...); movimientos o metamorfosis en gran n-redicla irrtlc¡rcrftlicrltcs
El fundamentarismo democrático viene a concruir dc la evolución política estricta.
que la so-
ciedad civil, «al darse a sí misma la constitución
identifica con la sociedad política. Hemos
democ.riti"ur, ,"
ve,ido soslcnicncio qu,.
la armadura reticular y la arnradura hásica
crc ru s«rcietrirrr ¡r«rríf ic,
éntplrlcus 1o ¡rosil ivur)

La democracia empírica y sus variectades


tícula» «lc una sclcicclail ¡rolítica (su cstru«;tura conjr.urtiva y corlical) no
La sociedad democrática, venimos diciendo, no es tanto una u¡i nunca sustantiva y, por tanto, no puede separarse de la estructura ha-
es-
pecie del género «sociedad política» cuanto una familia sal (aunque tampoco pueda decirse que su estructura reticular sea una
de especies
cuya variedad deriva ya der propio género generador, rncra superestructura de esta estructura basal; como tampoco, en el or-
es decir, del
modo mismo de combinarse sus componentes genéricos. Aristóte- ganismo vertebrado, las estructuras musculares o neurológicas sori
les lo había advertido con claridad.(política, t.zto as:«Hay «superestructuras>> de la supuesta «infraestructura esquelética bás i-
quienes
piensan que existe una única democracia y una única ca»). Puede disociarse de ella, y esto significa que, dentro de márge-
oligarquía, pero
esto no es verdad, de manera que al legislador no deben ncs dados, algunos tipos de estructura reticular son compatibles con ti-
ocultársele
cuántas son las variedades de cada régimen y de cuántas ¡ros diferentes de estructura basal o recíprocamente. Pero es suficiente
maneras
puede componerse.» csta disociación para que la posibilidad de clasificar las democracias
La dificultad estriba, por tanto, en determinar los criterios según su <<estnrctura reticular» quede abierta,lo que no significa qr.te
inter- podamos clasificar, por otro lado, las democracias basales a fin de
nos, es decir, derivados de los componentes genéricos pertinentes
para diferenciar unas especies de democracia de otras, cruzar los resultados. Es suficiente desarrollar (en el sentido de Boo-
áejando de
lado criterios extrínsecos o accidentales de distinción, lc) las especies reticulares según sus alternativas basales.
criterios que,
sin embargo, pueden resultar estar correlacionados con criterios Véase el Apéndice III (ytág.315).
in_
ternos (pongamos por caso, de ta[a, de lengua o de color
de los ciu-
dadanos). Por otra parte, cabe discutir en cada caso si
un criterio El <<cuerpo de ciudadanos indiferenciados>>
dado es interno o externo; por ejempro, si los criterios
no reticulares,
tomados dela capa basar (que son aquelros en función de
ros cuales
se diferencian las llamadas <<democracias sociales>>, Según esto, como característica esencial de la democracia parla-
o democracias
del bienestar, de las democracias poríticas puras en tanto que mentaria material, considerada desde su armadura política reticular,
<<Esta-
dos de derecho») son intemos o externos. No deja de tener mantenemos la característica que desempeña el papel de diferencia
interés re-
cordar que Aristóteles ya ofreció (en política, 1.317 a) criterios cspecífica interna respecto del género sociedad política, la caracte-
vincu- rística de la facultad de control simbólico, en las condiciones dichas,
lados con la capa basal que figuran en nuestro modelo genérico
canónico (y aquí tenemos uno de los rugares en ros que del poder legislativo (o presidencial, en su caso), que el cuerpo elec-
Aristóteles
considera como rasgos propios de una constitució n o poriteia toral se reserva para sí. Esta facultad de control del legislativo-pre-
politeias oíkeias-rasgos tomados de la capa basal): «Hay sidencial vendría a ser la condición necesaria y suficiente parq quc
-tes dos
causas de que las democracias sean varias; en prirner una sociedad política se constituya como democracia.
lugar [...] que
los pueblos son distintos, uno es un puebro de agricultorei, En las democracias homologadas, tanto si son unicamerales corno
otro es un
pueblo de artesanos o de jornaleros; y si el primáro si son bicamerales, el control electoral de sus miembros correspon-
se añade al segun-
do o el tercero a los otros dos, la democracia no sólo resulta de al cuerpo de ciudadanos indiferenciados (su voto es secreto y anó-
diferente,
porque se haga mejor o peor, sino porque deja de ser la nimo), es decir, al «pueblo>>, a diferencia de lo que oculTe en las so-
misma.>>
Por consiguiente, las democracias podrían clasifica rse interna- ciedades no democráticas, en las que los miembros de la aseynblea o
mente tanto según criterios reticulares como según criterios del ejecutivo son controlados por otras corporaciones particulares
basales.
Las clasificaciones reticulares habrían de considerarse siempre fbrmadas por «ciudadanos diferenciados)), a través de las f'anrilias,
como abstractas (respecto a los componentes basales) porque rnunicipios, sindicatos o instituciones tales como consejos de lábri-
la «re- ca, universidades, academias o iglesias. Hay variantes mixtas, por
( irlsl;tvo Ilut.no l,nfl flemo§TEglnÉ EimPIrl§HF ll, l,l,FrrrvnFr

tlt'lt,s tlettli'ts ¡rtttlt'tr':l ltlt tlr'irttltt' lrl


srrs lilrrcirllt('s ('()lt iiltl,.'¡t.'rtrlt'ttt ilt
cjcrnplo, cLt¿tltd() cl L'tlnsl-cso () ('iinliu'ir bl jlr cs c()ntr'()litrlo íntegr'¿r-
Scr pr()cllrrrrild() ltntc llts
('tlttcs gcttct'itlcs. grtltt'tlltt y llltct:t'1l'ttltt-tlltt
mente por el poder popular en las cleccioncs parlamcn-
tarias-, pero el Senado o Cámara -ejercitadc¡ IaC]orrstitLrci(lrr(artícLlltl(lIclcla(,.11.)ylraclcscrrclictltlittltlettstts
alta es controlado, en todo o en
p arte, por instituciones particulares (Academias, C orona. .. actosporelpresiclerrteclclGobicrno,y0llsLlcas()p()rltlstllittisl.ttls
).
cuando el Senado se transforma en cámara de representantes te- competentcs(artículo64).Esto[tlceqttecnalguttitsctllrsl.iltlcitlttt.s'
trataclistas tlc
rritoriales (condados, Autonomias, Lcinder...) sus miembros dejan la española, pueda concluirse (por parte de los
"o*t
ciencia politica; que el jefe del E'stado no forma
parte del poclcr cic-
de ser representantes del cuerpo de ciudadanos indiferenciados, del
los científ-tcos ctlllstittt
pueblo (de la nación), para serlo sólo de partes fraccionarias dife- cutivo u,ignudo al Gobierno, 1o que obliga a
renciadas de la misma (sin perjuicio de que esas diferencias sean re- cionaiesaintroduciringeniosos«epiciclos»paradarcuentatctiriclr
conocidas por los demás): en este caso el senado, como cámara de delasórbitasporlasquecirculanlosdiferentesórganosyl-lodcrcstlc
representantes territoriales, es menos democrático, en el sentido di- lasociedadpolítica,ri,,tt""tqueapelaralúltimorecLlrsotlctttl;t
teoría sistemática: interpretar la Corona' en
la Constituc:irin tlt'ttttr
cho, que un Senado cuyos miembros sean elegidos por todo el pue-
blo indiferenciado, y no por partes diferenciadas suyas. criúica,comounelementomeramenteresidualdeconstitr"rcitlttcs.llt.
yes fundamentales Precedentes'
que la dependencia tlcl rt'v
Desde otro punto de vista cabe decir
al ejecutivo (ur.ticrr
Democracias presidencialistas y no presidencialistas respecto al legislativo (artículo 61) y respecto
too+;conviertenaljefedelEstadoespañolenunafigurasupcrcstt.ttc-
del Estado. En cuak¡uicr
Atendiendo a criterios tomados de la armadura reticular pode- tural respecto a los ttros poderes esenciales
mos establecer como principales variedades de la demo craciamate- caso,esestadependenciasistemáticaocondiciónsuperestructttrltl
rial las siguientes: delamonarquíahereditarialoquelaconvierteeninstituci(ltlstts-
propiamente cl hahcr'
Ante todo, las democracias en las que el pueblo. en el sentido di- ceptible de engranar con la democracia' Y flo
la «dinastí¿r his-
cho, se reserva el control electoral directo (-III) del poder ejecutivo. siáo designada (en el artículo 57 de la constitución)
del jef-c clcl lis-
son las llamadas democracias presidencialistas, porque el presiden- tórica» ¿é tos Borbones como cauce parara elección
por el hecho dc habcr
te del ejecutivo, y con él su gobierno, depende directamente del pue- tado; pues una institución no es democrática
democrhtic:rt re-
blo que lo eligió, y por tanto no tiene por qué dar cuenta ar parla- sido incluida en una constitución, y una constitución
de oporttrniclttle's tle
mento, en sesiones de investidura o en debates sobre el estado de la quiere que se respete el principio de igualdad
pitt'rt st't
nación, de sus iniciativas o de su gestión. En las democracias mate- ciudadano (y no sólo de una familia determinada)
"rutqrriárpara una magistratura cualquiera' y además de un ttrotlo t'r
riales republicanas el jefe del ejecutivo suele ser a la vez eljefe del elegido
ninguna tl-tltgislt.ltlrrr;r
Estado o presidente de la República, como ocurre en Estados unidos; tali-cio (Aristóteles , Políti,a,1.318 a: <<Además,
t democráticadebeservitalicia,ysialgunasobrevienedcttllcitttlllltl
pero en las democracias coronadas el jefe del Estado está fuera del
control popular (en la constitución española de 197g, así se des- I antiguodebedespojárseledesufuerzayhacerlasotlcal.llcclrvcz,tle
prende de su artículo 57). electiva»).
cttlt trtl
El conflicto que las democracias coronadas mantienen con la ten- A contrario: si consideramos plenamente democríttica"
dencia de las democracias homologadas a mantener el control del quefueranconstitucionales,lasrestriccionesdeloscanclitlitltlslttttlt
gistraturas determinadas a la condición de
pertenec", ,, ,,fi, lilrrrilirr
ejecutivo y, por tanto, el control de la elección del jefe del Estado,
clcrnocftiticrr urIr
queda atenuado por las restricciones a las qlle, en las monarquías t iambión clcterminada. tendríamos quc considcrar 'lr i
constitucionales, se somete al jefe del Estado, clLrc lc.ios tlc r-rrrcunl¿rr (.0nstituci(rn cluc rcstringiera la candiclatur¿l ¿l la prcsitlcrrciil tlcl

l6l
f ,rts rlerttocrrrclnr ent¡rlrlt'nx (rt prtsitlvnr)

lltttlltl Stt¡ll'clll(), () it ltt ¡rt'esirlcur'iir tle unr¡ ('onlrnirllrtl


Arrltillt)rlit_ it llr sc ¡rrolrilrrcnle conro VcrtItrk'r'lr (l('ln()('r'ir('iir. ¡lot t'tltttto l'lt t'lllt st'lllt
condición dc ¡rcrlcttccct' rcspccliviuncnte u unir liu¡lililr
rccorrocirl¿r hrí¿r t:onr:ulclrtlo cl ¡rrirrcipio rle l r:ott(trrl rlirc'cto tle l c.iccutrvo ¡lrrt't'l ¡rrrt'
de juristas, o a una familia determinatla cre ganadcros
(para Extre- blo, así conro cl principio dc la scparacitin clcl poclcre.icctttivo rcslx'('
madura), de comerciantes (para cataluña), de metarúrgicás
(paraAs- to al legislativo, con la consigr-riente pérdida dc la lihcrlurl políticir (r'l
rurias) o de pescadores (para Galicia).
ejectrtivo se mantendría esclavo del legislativo). Pcro csttts algrrttte nlos.
Algunos pretenden extender el principio democrático
de ra elección aunque en abstracto (es decir, ateniéndose a la arrrraclura rcticulrrr', rlrs
de cargos no vitalicios a las academias o universidades,
a la Igresia ca_ taida de la armadura basal) tengan mucha fuerza,la picrclcrr clr concrtlo
tólica, etc. Pero esta pretensión se mueve denfoo de
una gran confusión (cuando la armadurareticular se considera en su cntrr"'tc'jinricnto t'orr lrr
de ideas, porque no distingue cargos políticos
o magistlaturas de car-
gos profesionales, técnicos o religiosos, como armadura basal a través de los partidos políticos), !, por cso. su tliscu
directores de orquesta, sión requiere un tratamiento casuístico más porme norizarlo.
catedráticos u obispos catóricos. La Iglesia catóricatiene
una estruc- Pero no sólo acudiremos para establecer las vitrictllttk's rlc lrr rl,'
tura jerárquica y en modo alguno es democrática.
El pueblo cristiano mocracia a la situación del poder ejecutivo en cl cortttrlo t[' l;r rrt
no tiene el control sobre el nombramiento del papa: que
es elegido madura reticular de las sociedades democráticas: ta nr h i ('n l t'n rl r t'n t,,:,
por el colegio cardenalicio, el cual, a su vez, LLnavezque
ha designa- que acudir a las situaciones respectivas del poder.iLrtliciirl, tlul ¡r,tlrt
do a una persona detenninada pierde el control sobre
Álla. militar, del poder diplomático, etc.
cabe constatar, sin embargo, una razón de la corelación
entre Las situaciones que el poder judicial puede alcanzur e n unir s()
las democracias no presidenciaristas y las democracias
coronadas, ciedad democrática definen también, en efecto, dif-ercnles li¡-ros tlt'
o, dicho de otro modo, una tendencia de ras democracias
coronadas democracia, y tro porque fuera posible poner a un lado dcntocntt'irrs
a alejarse del tipo de las democracias presidencialistas.
un jefe del que controlan el poder judicial (aunque no determinen sus inicirttivirs
ejecutivo elegido directamente por el pueblo no se coordinaría
bien o sus gestiones) y democracias que no controlan electoralurcrrIc cslt'
con un jefe de Estado (rey) controlado por el parlamento.
poder. Ninguna democracia material controla de hecho las cttt'¡xrt-it
Frente a las democracias presidenciaristas se encuentran
las de- ciones de jueces cuyos miembros son elegidos o bien, cn sr.r nlry()r
mocracias no presidencialistas, en las que el pueblo
no tiene el con- parte, en virhrd de los procedimientos corrientes a los dc los grr'nrios
trol directo del ejecutivo, sino sólo el indirecto, a través
de laAsam- de expertos, o bien de instituciones especiales, por dcsignrrcitirr tlr'l
blea legislativa. El presidente del ejecutivo es ahora
designado por la ejecutivo, o de Academias o de Universidades; sólo a travú's tL.: los iu
Asamblea legislativa, y por elro deberá dar cuenta
ante erá de sus pla-
nes y programas, antes de ser votado, en la sesión rados, elegidos por sorteo (aunque con restriccioncs tntty itttpot.lrttt
de investidura. tes), el pueblo indiferenciado se aproxima a un procctlirtti,.'ttlo tl,'
Además, la Asamblea puede (siempre que haya en
ella una mayoría control popular, aunque más bien por vía positiva (clccc itirr ) t¡t tr' ¡ r.r
determinada dos tercios, etc.- dispuesta para er caso) for-
mular el voto-simple, de censura constructiva, institución instaurada por
vía negativa (sorteo).
la Sin embargo, hay otro tipo de situaciones distintus lnctlirutlt' I;r.
constitución de Bonn para hacer posible un veto al Gobierno
en ejer- cuales es posible establecer diferencias importantcs cnlt'c lits tlc'rno
cicio y una propuesta de nuevos candidatos que cuenten
con la ma- cracias materiales. Son las situaciones en las que ticnc lttgrrt'tttt t'ott
yoría parlamentaria.
Algunos politólogos conceden una importancia fundamental trol relativo de unas corporaciones particulares (11,, II,,) ¡ror-otrils t or
a la poraciones particulares (II^ lI). Desde estc pt"tnlo tlc ¡visll cllrt irr
distinción entre las democracias presidenciálirtu, y las
democracias no distinguir los tipos de democracia segúrn si alguno clc l«rs ¡lrtlcrcs
presidencialistas, hasta el punto de llegar a sostener
ra tesis según ra cor-rstitr-rcionales tiene encomendado el ofic,io tlc dccitlir cn ítllirrur
cual una democracia que no sea presidenciarista
no puede consicrerar-
inslancia cn asut.ttos concretos, coyt-tnturalcs, pcr-() tlttc llcvlttt lt llr
t6.1
(lrlrlrtvo lltrcrro
I il:; (l('lll()( l;l( l:ll; ('lllllll l( ll:i ((r ¡trt:;tltr'':ts)

L'onstitr¡cirin rlcnrocrirtic¿r ¿r sitrnrcioncs línlitcs. l:icln¡rlo rlr: c51¿¡5 ,¡.-


cisiones límite pueden ser las declaraciones cle gucrra o la ilcgaliza-
«crinlcn dc scccsi(lltl>). l.it ltctlsltcititl lr l. l'A y il s(ls t'irttt¡rlir.'cs st'

ción de partidos políticos. Distinguiríamos así tres tipos de democra- rnanlionc cn la Iínca dc los «crítncncs contra la htttrlarritllttl» (o ((coll-
cia: las democracias ejecucionistas (cuando se reservan al ejecutivo tra los derechos hutlanos») antes que en la línca dc los «cl'íllle rres tle
las decisiones límite), las democracias parlctmentarista.r (en las que secesión» contra el pueblo (en cuyo caso no scrían ltls-ittcccs silro e I

el Parlamento tiene encomendados esos oficios) y las democraciasju- Gobiemo, si la situación eraperentoria, el que mediantc cl ¡rotlct'ttti
dicialistas. Los defensores del Estado de derecho suelen inclinarse
i litar tendría que intervenir en el asunto). Pero la coyutlttlra itrte trtrt
decididamente por las democracias judicialistas, como representa-
I
cional, sobre todo en la época (de la gue¡ra fría) en la que algutros lrs
tados parecían dispuestos a llegar a reconocer al País Vasco coll'l() r.rlrrr
ción más pura de las sociedades democráticas.
cuando en la España de 2002 se trató de la ilegal izacióndel par-
I nación independiente, aconsejaba a los gobiernos tratar la cucstititt tle
tido político Batasuna, no era tanto sobre el ejecutivo ni sobre el le- I ETA antes en la perspectiva de los derechos humanos (y atrn tlc lrt tlt'
gislativo sobre quienes recaía la facultad de ilegalización (sin per- I mocracia, en abstracto) que en la perspectiva de los clcrcclros tlt'l l',s
juicio de que hubiese sido el ejecutivo, y después el legislativo, tras
ü
t:
tado, de España, sobre una parte histórica de su terrilol-io. I"slrr ¡xrli
una ley aprobada ad hoc sobre partidos poríticos, quienes llevasen la tica dio lugar a que las manifestaciones que se organizahrtlt. tlt's¡rtttrr.
de los casi innumerables crímenes atroces de ETA, fücrarl ol'iertlrttlrr:'
iniciativa) sino que era el poder judicial el encargado de declarar le-
gal o ilegal al partido «cómplice del terrorismo de ETA». pero todo a reivindicar lapazy la democracia en abstracto, y a contlctrrtr.rr lo:-

estaba en función del «diagnóstico» del caso, inspirado en los prin- criminales de ETApor «antidemócratas)) en abstracto (dcnr(rcrirtls tle
cipios de la constitución. El propio poder legislativo que había crea- cualquier democracia), como si fueran los demócratas en culttlto tlt-
les, y no también los aristócratas, quienes condenaban a E'lA, c:onro
do la Ley de Partidos, y como ley tenía que mantenerse en el «terre-
no de la universalidad», había de dejar, según la constitución, en si el régimen de Franco no hubiera también perseguido a Ii'lA. Y si
manos de los jueces la aplicación de esa ley a un caso particular; las condenas a ETA se hacían en nombre de los derechos httltlltttrts"
con clcvrtcitirt
pero debido también principalmente a que Batasuna, en cuanto pre- ¿por qué no Se organtzabantambién manifestaciones,
sunto cómplice de |a organización terrorista ETA, dejaba de ser pro- de manos blancas, a propósito de los crímenes de los tcrrtlristlts tlr'
piamente un partido político para convertirse en un cooperante de Colombia o de Chechenia?
ETA, que no era considerada como organización política (por ejem- También el poder militar, característico de la capa cgrticrrl tlt' lrt
plo, como un ejército de liberación nacional sino como una banda de sociedad política (en ello se diferencia el Ejército de la l'olicírt. o tlc"
la Guardia Civil, que forman parte de la capa conjuntiva), ptrc(l(' s('l
terroristas) , la llegalización de Batasun a tendria, en esta hipótesis,
un fundamento análogo al que hubiera tenido el intento d,e ilegaliza- vir, y sirve de hecho, para establecer diferentes varicclacles tlc tlt'rttrr
ción por complicidad con una banda de narcotraficantes o de trata de cracia. La distinción más imporlante será aquella quc ¡-rtlsiclrt rt tttr
blancas. Por ello, los miembros de Batasuna, simpatizantes o sim- lado las democracias en las que el pueblo tiene el control tlcl t'i('rL'r
plemente ciudadanos particulares, alegaban que los presuntos delitos to (de sus efectivos) y en otro a las democracias en las c¡ttc: cl pttr"lrltr
oarece de ese ContrOl, que queda en manos (como OcUrrc ctllt lrts eot
habrían de imputarse en todo caso a sus miembros, pero no al parti-
poraciones de jueces) de profesionales, tanto en lo c¡Llc sc t'cllcrr-' it lo:;
do político.
cruadros (oficialidad, generalato) como en 1o quc sc rcllet'c lt lit lt'o¡rrt'
Todas estas ambigüedades derivaban en gran medida del «diag-
nóstico» de ETA como una organizaciónno política, y a sus delitos IIistóricamente parece evidente que sólo en situacioncs üxtt'rtot'tlittrt
rias (en España,la guerra de la independencia clc lli0l{ y lrt gttt'rtrt t't
como delitos penales (crímenes de asesinato o terrorismo) y no como
delitos políticos (como pudiera serlo, en otras constilucir)ncs. un vil en lc)3(¡) cabc hal¡lar dc algo parccido a tur «c.iúrcito ¡ro¡rrtlrtr,,
(grrcrrillirs, rlrrinto rcgitrricntti, ¡1 iliq:ias llttciotlitlcs" tcl'ci«rs tlt't,"t¡tt.'
( iu:llllvo Ilrrt.rrrr l,tts tlctrtot't'ttcitts etttplt'lt'ttr (o prlrilivlrs)

tés"')' l.lr ctl¿tllt0 lt lits situttciorrcs or-clinur-ir.rs, lucit'lt rlc llrs lill'lrurs políticrrs lurcil¡ lrt (lr'ttl()(tttciit iltttttl)()ttlll(l() ll()
url cjcr.e it. rfe Icvlr ,.i-
versal parlicipa más del pueblo (o el pueblo
participa rnás en er ejér- s(t[o los clclncntos pcrtcnecicntes ltl contcxto cstt'icfo tlc lo t¡tte vt'
cito) que un ejército «profesionar» (obviamente nimos llamando armadura reticular de las sociccladcs políticirs ltlc
hafrá que distinguir
si la recluta es forzada o voluntaria). pero
quien dice que en 1g0g, y sus capas conjuntiva y cortical), sino tatnbién tornancltt cll coltsitlt'-
en 1936, fue «el pueblo» quien se levantó ración elementos pertinentes de la capa basal, en la c¡uc sc itlclttye lt.
u..ur, se sitúa más
cerca de la idea de un ejército popular ",
democrático que quien dice desde luego, las técnicas y las tecnologías de una socicclad, t:l cslrt-
cualquier otra cosa. do de su economía y organizaciones financieras, y la rnistr¿t cstl'tlt'-
En cualquier caso no hay que confundir el
«ejército del pueblo» tura específica de la sociedad civil considerada. De hecho, clt lrt rttll-
con un ejército lamado democrático por yor parte de los tratados de ciencia política constitucitlnal sc hrtcr.'
su inserción en una demo-
cracia (aun cuando ros fundamentarisias
más radicales dirán que el referencia al <<contexto histórico-político-económico» dc la ('ort st i -
ejército es sólo un órgano residual o vestigiar
en ras democracias, de tución que se analiza (aun cuando estas referencias o hicll tit'ttt'rt t'l
la oligarquía). Porque en cuanto a su estructura
intema, el ejército no sentido de una «ilustración ornamental» o «complerncntitl'iit>>, o lrit'lt
puede ser nunca democrático, sin perjuicio dan por evidentes los nexos de su «articulación sistcntltliciti> t'on lrt
de que entre sus jefes
puedan darse, en circunstancias señaladas,
pro"Ldi-i"ntos demo- doctrina; sólo que tales evidencias se mantienen en el tcrrclt() ((llltlrr
cráticos. Los generares atenienses se dispusieron dano>> de una filosofía política sin explicitar).
a elegir, según ra de-
mocracia procedimentar, ar mejor general:
dispersiJn coripleta de Como ya hemos dicho, es imposible separar la armadur:r ptllitirrr
votos para el número uno (todos se habían
votado a sí mismás); con- reticular de la sociedad política (confundida tantas veces por sirt('e
centración de votos para el segundo puesto,
que coffespondió a Te- doque con la sociedad política a secas) de su armadura política htrs;tl.
místocles. lo que no excluye la posibilidad de disociación, en los ritmos tlc l¿rs
evoluciones respectivas, entre ambas armaduras, como diiimos- Nrr
se trata de reducir desde las coordenadas del economicistrlo I¿t rtt'-
La armadura reticurar está intercarada en Ia armadura madura reticular a la armadura basal, el gabinete del gobicrrro ¡rolí-
basal
tico a la condición de consejo de administración de la clasc ert¡rilrr-
sólo desde la perspectiva del idearismo histórico lista; se trata de establecer los mecanismos de la coniugacitirt crtf rc
tendría argún
sentido un proyecto de representación del ambas armaduras políticas.
curso de las diversas fbr_
mas políticas que se suceden en el tiempo Supongamos una sociedad patriarcal agrícola y gatratlcrit. lrrli
fiefaturas, tiranías, oligar-
quías...) como si flueran ((ensayos)), fundista, constituida apartn de la ocupación de amplios tcrrit«rt.ios ¡l rr
cada-vezmás perfectos, de la
<<razónpolítica» en su proceso de prueba los «pueblos jinetes» que lograron someter a su ordcn a l¿ts lrrrrrilirrr.
de ras diferentes arternati-
vas conducentes a ra forma política más perfecta
y definitiva, ar fin, de recolectores o pequeños cultivadores que habitabatt t¿tlcs tt'lr rl()
de la historia. rios, que ú1liza como fuerza del trabajo su mano esclitvizlttllt. :rtr
Sin perjuicio de reconocer la influencia que pongamos además que esta sociedad política se encuentnt rtttlcirtllr por
pueda tener la re-
presentación de las formas políticas pretéritas otras sociedades, políticas o prepolíticas, que aÍnenaz¿ln tiuli li'olllcl'rts.
sobre la organización
de nuestro futuro (es decir, sin perjuicio
del reconocimiento de ra o simplemente las hostigan, al mismo tiempo qlte stttttittislt-rttl cl l't'
<<experiencia histórico-política» y, en particular, nuevo de la mano de obra esclava. Esto supuesto sohrc lrtttl"ttuttlutrr
de ra continuidad o
encadenamiento de una constitución histórica, junto ¡'rolítica basal de la sociedad de rel'erencia, es cviclcnlc c¡tte sct'irt rrlr
con ras doctrinas
de los sistemáticos, siempre que se circunscriban
a un orden de,v.y,str- slrrdo cspcrar encolrtranlos, cn tal socicclacl, c()lr r.ull ltl'ttlttlttl'it ¡roli
szs homogéneo), el materialismo
histórico teniJerlr a cxplicirr l¿r cv.- tica rcticLrlnr dc nalrrralcza clcn.locnitic¿r. Sr'tlo lt IritvÚs tlc tllrt rtt.lttrt
F'
clttt'it ¡t0líliclr l't:tie tllt¡t' tle f ircl-tc cslr.uctur.ircrtin
vés de una uniarquílt. ctlll el crlrtrjo tlc rrnltarisl,rcrrrci,r
Iidada, capazde mantener la disciplina de unas legiones
equipadas, que actuan en la capa cortical o reprimen,
cepcionales, las rer,ueltas de los esclavos, sólo entonces
.icr.lir"r¡urr.:lr, stilrl lr lr.lr-
l¡icu r.tlnstr-
aclccuarjamente
en ocasiones ex-

civil compuesta de terratenientes, pequeños propietarios, mineros,


pescadores, herreros, artesanos, armadores de
esa sociedad
r
!, proceso histórico.
1,,¡ elemffiffiEl§'frTifrFlLi1'¡ ¡ (o pttrf I I vtts)

lrlrrlrrr'lo,:.r'ltrls tlttlstt'ilt'Li ctlllto ittst'¡rlttltlllt'


r,i«lt¿tl cotrsirlr"t'lrh¡t r'lr
lrrcnte Cntrctc-i icla ct¡tt llt tlittllcti<'tt t'ttlrt lt¡:; li,slttcltt,s, cll cl cttl'stl tlt'l

Y esto tiene una consecuencia inmediata: la dc rctirar e I cst¡tlt:


matismo de las «dos clases enlucha» (lalucha de las dos clascs ¿trr'
tagonistas al modo del dualismo maniqueo) para dar cucnla dcl crtt'-
baicos, maestros, re-
gistas, sacerdotes, hechiceros, matemáticos, etc., podría so de la historia política. Un esquema que habrá de ser stlstitttitlo ¡ror'
asegurar su
recurrencia; es decir, sólo entonces esa sociedad política esquemas pluralistas, donde no Son dos las clases preexistenlcs, sirt.t
podría man-
tener su eutaxia. múltiples grupos, círculos, estamentos, gremios, etc., intortllctl i os.
La armadura política reticurar no es, por tanto, una los que confluyen en la constitución de la sociedad política, y cx¡rli-
mera super-
estructura de la sociedad civil; es la misma estructura política can su evolución histórica. Una evolución que no tendrá ¡r9r c¡tti' sct'
de ya lineal, como si estuviera predeterminada hacia un estado lirrrrl irrt'
la sociedad civil según la armadura característica de
su capa basal
(en nuestro ejemplo constituida por la confluencia luctable.
de unas clases
sociales dominantes y muy repartidas en diferentes
círculos, y
otras clases dominadas) la que «necesita dotarse>>, para
mantener
su equilibrio, de esa armadura política reticurar aeiipo Un análisis crítico de la democracia ateniense
uniárqui-
co-aristocrático (u oligárquico). pero bien entendido que
la coe_ Con todo esto no pretendemos otra cosa sino expresar los f trtr-
xistencia pacífica de las clases dominantes y las crases
áominadas
(pacífica precisamente en la medida en la que los damentos de una tesis que situa en una época muy tardía dcl tlccttrstr
estallidos de sus
tensiones quedan sofocados por la armaduia reticular) histórico la constitución de las democracias. Concretamclltc ctl lrt
no signifi-
ca que tales clases hubieran preexistido como tales Edad contemporánea, que algunos historiadores haccn coillcitlir
anteriormen_
te a la constitución del Estado esclavista, ni que ese con la Revolución francesa, a finales del siglo xVIrI; y, por torrtitt'
Estado hubiera
surgido como la institución mediante la cuar <<las clases una fecha simbólica, la fecha del 17 de junio de 1789, cn la c¡uc sc
domi- reflunden los Estados Generales en laAsamblea Nacional fl-ltllccsir'
nantes hubieran logrado mantener bajo su férula
a las clases ex-
plotadas». Sin embargo, el sufragio universal, con condiciones rcstt'iclivrrs,
Son ambas clases sociares (en realidad, ros diferentes no llegará hasta la «Revolución de 1848», con el gobicrn0 tle l.rt
grupos re-
clasificados, en segundo grado, como explotadores y martine; con todo, muy pronto, laAsamblea francesa trittrsfirrtrrir t'l
expro"tados) las
que se han configurado, y aun sinalagmáticamente régimen en una especie de dictadura comisarial, constittlyr:lr(l() rr
(según contrato bi-
lateral), precisamente en er interior de esa sociedad política Cavaignac como dictador. En 1850 Luis Napoleón filc clcgitkr ¡rr t'
y soli- sidente de la República con cinco millones de votos; y trrts re slrrrr
dariamente frente a los pueblos que se agitan más ailá
de sus fronte-
ras territoriales. A fin de cuentas, quienes viven gir, por la ley del 31 de mayo de 1850, el sufragio univcrsitl. obi¡
dentro del Estado
(como esclavos, pero sobre todo como hombres vo en !852, por un <<senadoconsulto>>, la dignidlrtl ilrt¡rcriill.
ribres pero someti-
dos ferreamente a su puesto en la jerarquía social) ratificada por 8.151.752 votos. En realidad, las socictlrtcles tlr"'rrro
están ipropiáncrose
también de los territorios a cuya explotación y disf,ute cráticas, en el sentido actual, son <<prodncto dcl sigltXr\¡>, t't'strl
tos pueutos oet
exterior también aspiran. De este modo, la dialéctica tantes como reacción a las llamadas Constitucittttcs collltlltislrts rr
entre las clases
sociales que el materialismo histórico de inspiración lascistas, surgidas después de la primela gucrril trtttrclirrl. y trtrttltt
marxista tr¿rdi_
radas clcs¡rtrés dc la scguncla guerra nlr:nclial (¡rrittlcro, tl'its lrt crtitl;r
170
,r- ( iUslttr,o llur.rro I :tl; tl,'lltot l;lt'ilt: t'ltllrit it lt:; 1'r l)o"ili\"1',)

clel lirscismo y dcl nacionarsociarismo, y después,


tras la caída der ltu todo caso, la participaci(rtt tlc ltts cittdatlltltrls cn ll Asarrrlrlt'rr o
comunismo soviético).
en el Tribunal er¿r una parlicilracitin individual, y Ittttt:hrts veces s('
Según esto, tan inexacto como habrar de la máquina de
vapor en creta, lo que Se hizo posible gracias al gran invcttttt técnic¡ 1rr¡cctli
la sociedad antigua (salvo en er terreno de ra juguetería como
va- mental de las votaciones en urnas (depositand() elt ¡lt vusp ¡rictl¡rs
riedad de la industria lúdica), en la medievar o en la moderna,
se- blancas o negras según fuese el voto afirmativo o ncgalivtl); pt¡t',.'tli
ríahablar de «democracia» en ra Edad Moderna (a pesar
de ra mo- miento que no requería como requisito para ejercitar ltls tlct'ce lttls tlr.'
narquía constitucional resultante de la Revolución inglesa
de 16gg), elector, de juez o de legislador, la condición de sal'rer lccl'ti csct'il,tr.
en la Edad Media (a pesar de ra ilamada <<democracia
de la Repú- «Pero si hay que deliberar sobre la administración clc lit citrtlrrtl
blica de Florencia», en realidad una democracia procedimental irónicamente Platón, por boca de Sócratcs, ctt cl I'tt¡lú
de
doce corporaciones, de diverso volumen pero de voto
iguar) o en la -slss¡y¿
goras- se escucha por igual el consejo de todo aqtlcl t¡ttc Iotttit lrt ¡rt
Edad Antigua.
labra,ya Sea Carpintero, herrero O zapatero. colrlcrciitttle o ¡r;tlt'irtr tlr'
barco, rico o pobre, noble o vulgar, y nadie lc rcptrrcltrt 1.",1 ,¡rrt' ,,,'
.t ponga a dar consejos sin conocimientos y sin habcr te lritlt) lltit('r.lt. ,,
La democracia ateniense como «primer modelo» f
Sin embargo, y más allá de 1a ironía de Platón, hay t¡tle st't'trir lrr,'
de sociedad política democratica
guntando por la razón de esta sorprendente composici(tll tlc ttllit rts;lt t

I blea de carpinteros, herreros, zapateros, geómetras, s¿tccl'tlott's. Ir.'


-l
Y es aquí donde nuestra tesis se enfrenta con <<el hecho» de ratenientes o empresarios. Sorprendente cuando «desact i vlt tl t ps »» t'
la de_ ¡.
T
I

mocracia ateniense, considerada casi unánimemente como


el pri- mecanismo mediante el cual se produce la <<anestesia)> anlc tptllt sel'-
mer modelo de sociedad democrática en la historia de la
humanidad, presa, que es el mecanismo utilizado por los fundalncnlalislrts tle-
modelo glorioso del que procede nada menos que el actuar
nombre mócratas, a saber, la apelación a la condición humana gcnóric:it erll)¡z
de democracia. La democracia ateniense habría sido,
en efecto, un de ecualizar a los hombres de todas las profesiones. «lln Iit socict[trl
«descubrimiento>> de los griegos en ciencia política,
equiparable, democrática, todos los ciudadanos, cualquiera sea su prglcsititt. t'tr
por su trascendencia hasta el presente, al «descubrimiento»
de la mienzan por ser hombres y, por tanto, pueden juzgar políticlttttcttlt'
Geometría, por su trascendencia en el tereno de la ciencia
posterior, como tales sin necesidad de ser ciudadanos (herreros, z¿tplttclos. t i
y por supuesto, en la ciencia actual. La democracia ateniense, cos o vulgares [...].)» Es esta apelación a la «condici(rn lrunriult», lo
tal
como nos es presentada por Tucídides, al ofrecernos el que Se discute. Sencillamente porque los ciudadanos rto sott ltottt
orgulloso
discurso de Pericles con ocasión de la ceremonia en honor bres antes de ser atenienses (como pretendía Protltgtl¡lrs) silt,, r¡tt,'
de los
muerlos en combate, es la democracia de la igualdad de los (como presupone Sócrates) son hombres, es decir ttllilllltlt's ¡rolilr
ciuda-
danos en las asambleas. una igualdad que traspasa las
diferencias de cos, gracias a que son atenienses (o lacedernonios o ct'etetlst's), v l;r
profesiones: tanto los alfareros o los aguadores,
como los que no Asamblea es la asamblea de los ciudadanos atenicnscs tltlc lrttst'rttt ,'l
necesitan realizar trabajos manuales, tienen los mismos bien de la ciudad (del Estado), pero no es una «Asaltt§lcrt t['ll9¡r
derechos
ante la ley, y tienen el derecho de hablar en la Asambrea.
La igual- bres>> que buscan el bien de 1a «Humanidad» cn at-rstrrtcto. Y si t'tt l;t
dad política entre artesanos y nobres, incluso entre pobres
y ricos, o democracia se segregan las diferencias cntre los hcl'rcL1ls, los ztt¡t;t
entre obreros y patronos, es er varor democrático qr" los teros, los terratenienies y los sacerdotes no scrri pol srlecrrrrlizlrl"'i,jn
atenienses
exaltaron más enérgicamente, hasta el punto que llega a en la condición humana (operación quo transfilrnra a los ciutlrttllrr,,s
constituir-
se, para muchos, en la definición misma de la democraci¿r,
llama<1a cn hsmbres). sino por sLl ccualizació11 crl tttr góncro intcnnctlio tttrir.
por eso muchas veces isonomío. tle lttclticttscs. su contlit'it'rlrlr'
1'l6si1ivo, ¿r s¿rl"rcr. sLr ¡rropia c:oltclicitill
( iu:,ltr!o I lut.r¡,r t,,,', rlffiffiEI§ITlltl r lt'rtr ( r I ¡l rs i I i vrrs )

ciudadanos de una sociedad política Positiva. y, sin chrclu, hay «nr- tllttl tlc ltls sLrj,.'los lttttlr,trrt,', ({)ll){rl(()s, (ltlc cs ¡lr-o¡rltlltlrlc lr ttltlo el t:t''
zones funcionales» objetivas para una tal ecualización, razoncs que rrcr-tr lrLtntano), srltrre llr cLul sc cclilica la solicluritlutl t't¡tttt¡ t'it'ttttl
resisten la ironía platónica: que la ciencia o la técnica de un herrero, ttf it'u (frente a otros animales), y otra cosa es la igualdad cnlrc grtt¡-ros

de un zapatero, de un geómetra o de un sacerdote no conniere ningún humanos, fundada en su común enfrentamiento contra tcrccros gt'tt-
privilegio al especialista para formar juicios acerca de asuntos ge- .'
Ix)s, y sobre la cual se edifica la solidaridad como virtud rnt¡t'ttl tt
nerales de carácter práctico, político o filosófico. un hemero, un geó- política (lo que no quiere decir que, en el lenguaje ordinario clc los
{
I políticos, se apele con frecuencia a la «solidaridad» con una amtrigtrr.t
metra o un sacerdote no tiene ningún privilegio, en el momento de
formar juicios políticos o filosóficos acerca de los asuntos comunes 4
intención, ya sea ética, ya sea política, a pesar de que en muchas oclt-
que desbordan su especialidad; pero no porque este juicio porítico-fi-
tI' siones estos dos tipos de solidaridad son incompatibles).
losófico haya de concebirse como <<emanando del hombre)), por ejem- t La democracia ateniense no puede, en cualquier caso, ser totllil-
plo, del hombre definido por la Declaración de los Derechos Huma- da como prototipo de una democracia política, porque en esa dcllto-
nos, un hombre que sólo se nos muestra como tal tras haber cracia quedaban segregados, no ya los hombres de otras ciudadcs (o
i.
segregado de él la etnia, el sexo, el lenguaje, la religión, la cultura; un de otros Estados o de otras tribus, como sigue ocurriendo en nucsllrt
hombre tal sería 1o más parecido al hombre <<en estado natural» de época de democracias avanzadas), sino de los hombres o mlt.ict-cs
Rousseau, es decir, el pitecántropo. El ciudadano capazde juzgar en que vivían dentro del territorio del Estado ateniense sometidos ¿t st¡
asuntos políticos o filosóficos no es el especialista, pero tampoco es
4
poder. Desde este punto de vista habría que considerar etic a la tlc-
el hombre que ignora todas las especialidades. Es el hombre que per- I mocracia de Clístenes-Pericles, antes como la democracia procetli-
tenece a una ciudad (a un Estado) y que habla por tanto un idioma de-
{ mental que es propia de una oligarquía ampliada (lo suficientemcll-
terminado; es un hombre que puede entender de algún modo lo sufi- t te desarrolladapara que en ella f,tguren como ciudadanos no s<ilo los
ciente de las ciencias y de las técnicas de sus conciudadanos, aun I terratenientes o grandes empresarios, sino también los alfarcros y
E
segregando todo lo que conciema a cada especialidad estricta. «¿cuál , los zapateros) que como una prefiguración de lo que hoy llamatttos
es la opinión que usted tiene, como especialista en Antropología, so- i democracia. Según esto, los griegos no «inventaroru) la democrlcilt,
bre la gueffa del Golfo?»), preguntabaAlberto cardín a Lévi-strauss sino sólo la palabra, dada dentro de una cierta taxonomía, cotno t¿tlll-
t
en los años de la presidencia de Bush I. Respuesta de Lévi-Strauss: I poco crearon la teoría de los números ir:racionales, aunque clcsctt-
<<Como antropólogo, mi opinión no vale más ni menos que la de mi brieron su existencia; ni inventaron la televisión aun cuanclt) crcrr-
portera.» según esto, sería inadmisible en una democracia que de- ron, a través de Platón, el mito de |a cavema. La democraciit sr'rltr
terminadas «comunidades» de científlcos o de artistas, en cuanto ta- pudo aparecer históricamente ulTayez creada la Nación polílicrr rr
les, expresasen sus opiniones sobre la guera de Irak en los años de raiz de la Gran Revolución de 1789, a la manera como l¿t lclcvisrtirr
la presidencia de Bush II como si el ser <<científico>>, <<intelectual>> o sólo pudo apalecer LLna vez <<creada>> la energía eléctrica a rl i ll c ir r I r
<<aftista>> conf,rriese a los opinantes alguna relevancia significativa el control de la misma.
sobre los demás ciudadanos.
En realidad, habría que decir que esa igualdad de los ciudadanos
de la democracia ateniense deriva propiamente de su solidaridad po- Concepción hiperidealista de la democracia ateniensa
§
lítica frente a los esclavos y a los metecos, en su ámbito interior, y
frente a las demás repúblicas vecinas (Lacedemonia, Tebas, etc.) o Sin enrbargo, la presentación do 1a democracia ittctlictlsc. t¡ttr.'
imperios bárbaros, en su ámbito exterior. una cosa es la igualdad hace girar la rclacicin dc igualdad cntrc lodos los ciuclitdlnos rtll'ctl.'
entre los hombres, fLrndada en relacioncs malcriulcs llit'tt,y (lrr igual- drlr clc Llnír supucsta «pcrcc¡-rcitin racional>> tlc stt igttitltllrtl c'ticit, lrlr
ITttiliwriTh rerrri
I rlT (lt'lll(llt'ttclnr t'ttt¡rlt it'lls (rl ¡roriilirrlts)

siclo silltlttdl cl ltltltivo dc l¿t lclrnir-ucitin c¡uc los clcnrricr-rrt¿rs clc l¡*
rlc ltr rcalitllrrl. IJlr ruu'rlrsr:. (lr¡r'lir r,isir'rtt liurtlitlttcllllrlistlr tlt"llt tlr"ttttr
dos los tiempos han solido mantener hacia la dem.cr¿rci¿r
clc peri- craci¿l impidc llcvar aclclittttc, al dar por rcsttcllos, ¡ritliclrtlo cl 1lt'itr
cles. Más aún, sobre esta democracia se han apoyado
muchas inter- cipio, los fundamentos de la igualdad remitidos a la tnislllit cs¡'rotttrt
pretaciones fundamentalistas de la democracia, considerándola
como neidad de la libertad humana, ateniéndose, como si lircsc trtl lrcclro.
expresión política de la igualdad original entre los hombres.
a la explicación del fin de la democracia ateniense ((por cot'rtt1'rciirtt>t.
una igualdad que habria encontrado en Atenas su primera mani-
Esto signif,rca también dar por Supuesto que la democraci¿l irlctricrt
festación formal, una vez que pudieron ser retirados los obstáculos
o se expresó, en un círculo reducido, ((experimentalmentc» csa tlltttl-
nieblas que enturbiabanlaigualdad originaria (ética, por tanto)
entre to- faleza de la humanidad (el zoon koinonikon de Panecio) c¡uc stilo ttc-
dos los hombres. Los hombres, que reencuentran como
tales en la ciu- cesitaba irse propagando (a través de zoon politikon de Aristrilclcs)
dad su auténtica naturaleza. (¿No definió Aristóteles al hombre
como por círculos humanos de radio cadayezmayor: como si sigr-riclrtkr e I

zoon politikon, es deciE un animal que vive en ciudades


y no ya sim- esquema hegeliano la misma libertad se hubiera desarrollatlo hislti-
plemente un animal social como podrían serlo las hormigas
o las abe- ricamente en fues fases: la libertad de uno (el monarca), la clc Lllros lx)
jas?) Los hombres en la ciudad (en la ciudad-Estado)
,o, ñbr.r, y es allí cos (la libertad aristocrática) y la de todos (la liberlad dernot:r'ri(it'rr ).
donde espontáneamente tienden ar ejercicio de su libertad hablando
Pero este esquema, que vale parala libertad, la igualdad o ll solitLt
los unos con los otros: la libertad es así el fundamento de
la igualdad. ridad éticas, no vale precisamente pafa la libertad, la igualdatl o lrt st,
Por ello («pensaba» Hannah Arendt en su ensayo
¿eué es la lidaridad p olítica.
política?) sólo en |a poris es posibre la porítica genuina. ia poríti-
ca sólo es posible en la polis , en la paz intema del ágora.
No hay po_
lítica en la familia, ni entre los bárbaros, entre quienes reina el
des- De los esclavos como inconsecwencia a los esclavos
potismo, ni tampoco en las relaciones entre los Estados.
Es cierto como premisaformal de la democracia ateniense
que la libertad y la igualdad afecta en Atenas a unos pocos,
como
ya Hegel había subrayado; pero, por lo menos, habria que
decir La teoría idealista de la democlacia ateniense interpretará I srts cs-
que, entre éstos, que son además «todos» ros ciudadanos,
las rela- clavos como una pars pudenda,hecho explicable por las concliciotrcs
ciones de igualdad democrática han sido ensayadas por primera
tecnológicas de la época (« [...] si, por ejemplo, las agujas clc lrts tc-
vez casi como en un experimento de laboratorio. Sólo habríaque
es- jedoras tejieran ellas mismas, el jefe de taller no tendría ncccsitlrrtl tlt'
perar a que este «descubrimiento experimental» salga
del labora- ayuda, ni el amo del esclavo»); pero tal parte vergonzosil cstrtt'írt tlt's
torio y pueda ir extendiéndose poco a poco a los demás hombres,
ligada de la democracia y se consideratía como una parlc l-csitltrrtl rr
como ocur:rió con el invento de la escritura alfabética y siglos
des- simplemente Una ((incoherencia»>, puesto que la demtlcrltl,ill lll('lll('ll
pués con laluz eléctrica, el automóvil o Internet.
otra cosa qrr" poo se se había hecho surgir de la «madureztaciofial¡> dc los lroltrlrtt'r.
circunstancias que no son del caso la democracia de pericles ", se individuales. Los esclavos, en defrnitiva, no Se explic¿lrr clcstlc lrt rtlt'rt
corrompiera, y los filósofos (platón, Teeteto _supone Arendt_)
se de democracia; constituyen un componente de la capa bitsitl, (ltlc si'
apaftasen de ella y buscasen en laAcademia (siglos después:
en ra uni- da por Supuesto, y no se les hacía intervenir fbrnralmclttc clt lrt t's
versidad, llegará a decir Max weber) el recinto de la libertad
de espon- tructura de la democlacia. A lo sumo quedarían redLlciclos, cotlto tlt'
taneidad, un recinto cuya protección llegará a ser considerada
por al- cimos, a la condición de una ((inoonsecuenci¿t» clc l¿r tltllttoctltt'ilt.
gunos como Ia última razón que legitima la política
de un Estado. que los tiempos ulteriores acabarán de corregir. otras vcccs lit r's
Semejante concepción hiperidealista de la democracia
ateniense clavitr.rd se jLrstil'icará conro c¿rLtsA oc¿tsional: cl csclltvisrlto ltrtlrt ilt
es incompatible con las exigencias de un análisis
nratcrialista causal hcclrg ¡-losiblc cl <<«lcio saccrclotal>> clcl c¡uc ¡-rtttlo sttt'gil'llt vitlit ¡rrttrr
116
( iuslirlo Ilut.rto I.lt:l rlcttl,l, t¡tt i,t', ,'ttlIlt t( itti ((r ¡r,r';ilir:r'.)

del diálogo cntrc los igr-ralcs. Lo c1uc, ¿r su vcz, iru¡rrica ulm idc:r cs-
pritncra preligLrr-ncitin rIr: utrlr r.c¡rrrhliclt dcnltlct'iiticit, t:olt su s,.'llrttlo
piritualista de la libertad, como si ella se expresase precisarnente en
ejecutivo de los cuatrocicntos, y la asamblea Iegislativa de I pttcblo,
el diálogo.
sin contar el areópago, como tribunal que entendía de la ctlttcrtcirirl y
Desde una perspectiva materialista las cosas se organizan de otro
de la religión. Una república en la que Solón había introclucido" yl cx-
modo. Los esclavos sólo son una inconsecuencia desde la teoría fun-
plícitamente, una división del pueblo en cuatro clases, en litncitirr tlc
damentalista de la democracia, pero en realidad son la premisa
for- la fortuna, pero con obligaciones contributivas y militarcs (los ttrit-
mal de la propia democracia ateniense. En efecto, los esclavos, que
gistrados, por ejemplo, sólo podrían ser elegidos entte las olascs ll-
son parte integrante de la sociedad civil ateniense (incluso de sus so-
tas, pero era el pueblo quien decidía en las elecciones y juzgaba a los
ciedades domésticas, económicas), constituyen uno de los contenidos
magistrados).
más importantes de ese tertium respecto al cual la solidaridad entre
La revolución de Pisístrato (-56i) que instaura un régimcn tlc ti
los ciudadanos atenienses pudo conformars e para dar lugar a 1a igual-
rania, en su sentido populista o demagógico, se preocupó princi¡rrrl
dad democrática. No cabe hablar, como lo hace Musti, de ese «es-
mente de la política exterior de Atenas, es decir, de atender lt lrts Ite
pacio luminoso>> de los principios que desborda ros límites mismos
cesidades de su capa cortical. Los pisistrátidas, Hipias c lliprtrco,
impuestos por los esclavos. La democracia ateniense sigue siendo
continuaron la política de la tiranía pero la reacción de los alcrllcír
una oligarquía esclavista que utiliza procedimientos democráticos
nidas no se hizo esperar y latirania de Hipias fue derroc¿tda t:lt cl
para que las minorías mantengan precisamente su solidaridad frente
a los esclavos, entre otros enemigos.
-510. Ahora bien, ¿acaso puede decirse que los tiranicidas institttt'rt-
ron la democracia grac,ps al encauzamiento del movimiento dcl pttc-
blo contra los tiranoff¿,Se olvida que lságoras, que encabczti la rc-
belión contra latirania, intentaba restaurar el gobierno aristocrirticr¡,
El animal político comenzó anÍes de la democracia y por ello acudió ala aytda de Esparta, gracias a la cual logtri cx-
pulsar a más de setecientas familias que consideraba inconrpittiblt:s
una igualdad, por tanto, que no puede ser explicada directamen-
con su proyecto?
te a partir de la naturalezahumana, ni siquiera de esta nattraleza
concebida en los términos aristotélico s del zoon politikon. porque el
animal político no comenzó con la democracia; comenzó conel des-
Maduración externa de la democracia: la solidariclucl
potismo, con la tiranía, con las oligarquías o con ras aristocracias.
frente a terceros
En el caso de Atenas, conocemos bastante bien la prolija historia de
los acontecimientos políticos, sociales y económicos que desembo-
Cuando Clístenes se hizo de nuevo con el podcr. restlltlt;ttttlo t'tt
caron en la efimera democracia ática. Desde la época cuasimítica de
el año -509 la constitución de Solón (aunque continrtunt|r lrrs lirt,';r'
Teseo (a quien se atribuye la administración centrar de Atenas y la di-
políticas de Pisístrato, el tirano),logró frenar la prclcttsiritt tlt' lrt ¡to
visióndelpuebloenlastresclasesconsabidasdeloseupátridas
bleza, y borró definitivamente la organizaciln todavíit lttfcrrte tlt' l;t:r
bles-, geómoros y demiurgos que cuatro tribus. Sustituyó la organización heredada ¡rrccctlcntc ¡xrt utur
-labradores-
significó la ruina de la organización gentilicia) y-arlesanos-,
las medidas inefi- organización basada en las naucrarias, que suponía urna tliviEiirrt t[' los
caces de Dracón (hacia el-620), con la consolidación de las naucra-
ciudadanos según el lugar de su residencia: las dicz tribtrs tct'r.ilt,tirt
rias (circunscripciones territoriales, doce por tribu, que debían aten-
les sustituyeron a las gentilicias. Lo que importaba ahom yit tto sttirrtt
der a armar los barcos de guerra) hasta llegar a la constitución de
las gentes sino el suelo; los habitantes de Atcnas ¡'rltsrrittt rt sct.¡roli
Solón (hacia -595), que muchas veces ha sid«l cor-lsiclcratlu conro l¿r
Iicanrcntc rrrr lpúlrdicc clcl (crritorio, c¡t-lc cluccllrii tlivitlitlo ctt ,. it'rt
( lilslIt,o llUr.rrrl
I :t:l tlt'ltlttt'lltr'ilt"''lttlrll ¡( ;l'; (() ¡trt:;tll!ltll)

lnullicipios o demos (la base clc la llucv¿r dcnrocr¿rcia) y los


t/t,¡tr/r,,y «¡rrlr a[ririo>>. ¡ror los t:st'llr\',rs. ('uylt [)()[)litcitlll llcgti tr ltlt'ttltz;rl t'lt t'l
(ciudadanos) elegirán a su demarcr: (una especie
de arcar«1e), ar te- siglo v, scgún ltoslovtzcll, hasta cl 46 por ciclllo clc lrt pohlrrciritt
sorero y a treinta jueces. Diez demos formarán
una tribu local, no ateniense.
gentilicia; pero esta organización local desempeñará
las funciones Esto demuestra que la igualdad democrática de los ¿ttcllicttscs rrrr
de un cuerpo militar con sufirarca (que manda
ra cabalrerí a), su ta-
xiarca (la infantería) y su estratego. cada tribu rocal surgió de las «tendencias naturales de la condición humalla>>, tlttc to-
tenía que arnar davía ((no se habían extendido a los esclavos»; surgió dc [a solitllli-
cinco barcos de guerra y eregía a cincuenta miembros
del consejo dad de ios hombres libres (del pueblo) frente a otros pucblos t¡tte
de los Quinientos; es decir, la estructura de la solidaridad
de los ate- amenazaban cof] dominados, de la solidaridad frente a los esclitvos.
nienses tenía lugar, muy principarmente, frente
a ros enemigos ex-
teriores. En la Asamblea cada ciudadano ateniense cuyo trabajo hacía posible la forma de vida y el diálogo fbctrrrtlo t'tt
tenía entrada y el ágora de los hombres libres. Una solidaridad activa, firrlllct'itlrr
voto, pero los atenienses no desarrollaron un cuerpo
depositario del dia a dia, no tanto por la «pasión por el diálogo racional» dc l0s r'irr
poder ejecutivo supremo. crearon, sí, una especie
de policía, pero re-
clutando a esclavos (a los atenienses les pareció indftno dadanos en el ágora, que se habían decidido, vueltos de esplltlrrs rrl
ser guardia campo, a formar un coffo dialogante (el ágora, tal como la vio ( )r'tr'
de sus propios vecinos, y distinguían bien a ros porilías
de los sol- ga hablando acaso <<a tontas y a locas»), cuanto por el dominio ut'p
dados).
Ésta es la misma democracia positiva, incipiente, nómico, social y militar de los hombres libres, día a día ctlltivrttltr
instaurada por por los atenienses en sus gimnasios. La institución de la e/'altítt (dos
clístenes, la que madurará a lo largo de un sigro en ra
democracia de años de instrucción militar, acaso entre los 14 y los 16; la ciudrttl tll-
Pericles. Pero esta maduración no fue un proceso meramente
interno ría a los efebos latzas y cuando éstos adquirieran la ¡rlctla
sino un proceso en er que tuvieron importancia decisiva "t.gdot
ros aconte- ciudadanía) habría de ser considerada esencial para la democritcirt
cimientos sucedidos enla capa cortical,acontecimientos
que cono- ateniense, 1o que no signiflca que la efebía ateniense debicra scr titlt
cemos como «gueras médicas», gracias a las cuales
se estableció rigurosa como la espartana. Esta «conexión de esencias» no f trc ittl-
una solidaridad especial entre los ciudadanos y entre
los escravos vertida por los historiadores idealistas (Wilamowitz pretcncliti t'cllrt-
frente a los persas. una solidaridad que dio rugár a
la hegemonía de
Atenas sobre el Mediterráneo oriental. sar la institución de la efebía al siglo tv, hasta el 336, despuÚs tle lrr
Pero antes de referirnos ara capa corticar conviene profundizar batalla de Queronea; sin embargo Aristóteles, en la Conslilttt'ititt tlt'
sobre los mecanismos intemos (basates) que dieron Atenas,42,4,nos dice que los efebos llegan a ser ciudadanos tles¡rtt('s
luga. a ra igual- de dos años de servicio militar). Historiadores recientcs. c6lllo Mtts
dad de la democracia de crístenes. Estos mecanismos
tienen que ver, ti, discrepan de Wilamowitz («se equivoca en un punttl ctlltttt[r tli,'r.'
según nuestro análisis, con ra formación de una
solidaridad , cada vez
más fuerte, entre los miembros de un «bloque histórico» que la idea de la efebía choca frontalmente con la iclca clc tlctttot r;t
(para decirlo
a la manera de Gramsci), entre ra nueva clase pruto ciatal como lapropone el propio Pericles») y conccdc t¡rrc cs l't'ri
crática (de em-
presarios, mercaderes, partes reconvertidas cles, a través del Epitafio, quien alude ya a algo sinlilar a lrt itrslittt
de la antigua aristoc rucia)
y los ciudadanos rasos (artesanos, pequeños agricultores, ción de la efebía, aun cuando ésta no había madurado plcllitlttt'ttlt'
pescadores,
plebe urbana, los penetai o pobres). hasta el flnal del siglo v Los esclavos, por tanto, no poclrílttl scl' ('()ll
¿solidaridad contra qrier: ¿cuár siderados como un reducto social <<aún no colonizaclo)), llill'rr ltrrblrtr
era el tertium de esta soridaridad democrática? principalmente,
de el exterior el tertium estaba constituido por los
des- en sentido biológico. por los nuevos gértttcttcs tlcllt«rcl'riticos. sitt.'
espartanos o por los
persas. Y en el interior el tertium estaba constituido, ((por ¡rás bien como el correlato delmaterial heter(ltrofit dcl tltre sc tttlllt'rt
por los tiranos y por antig,os aristócratas de sangrc.
arriba>>,
los <<aninralcs superiores>> de una biocetrosis (o t't¡nutttitlttrl citltsti
pcr. turnbién, trricla por dif'crclttcs ¡xtblu<'ittnt',s vcgclalcs tl ¿tllilllitlcs ilttct'tle ¡rt'tt
f¡ir{trrviiThli;rii

t'tt llts (ltle ll()S lll()VClll()s' t'S lt'llltl


icllfcs, tlis¡rttcstlts ll ((c()tttt:r o sel'cornitllrs>>), y lrl rruu'l]c¡ tlc l¡s
tl ¡trllitiClr, ScgÍilt llrs c«itlttlctllttlltlr
llr'lcvil solitlrtt'itlrrtl" lrr
cuales la igualdad, dr:rivada dc la solidaridad de cslos hombrcs Ii- ,,,,,.lt.: ¡-,,rr.1i,. han lilt't¿rlccicltl ctl cl llstaclo Llllil
tlc Ios ¿rtcniensos y la clo ciudades coaligadas ctltltra los
bltt'bltrt¡s
bres, no hubiera podido constituirse. La aparición de esta rínea dc
separación entre la vida públicay lavida prívada (que algunos, con ycontraotrasciudadesenemigas,yladelosciudadanosyloscsclavos
e ontra los bárbaros. E,s la igualdad
fundada en la solidaridad políti-
Musti, consideran como un resultado casi sublime de la democracia)
la que inspira el discurst-r
no sería otra cosa sino un efecto <<siniestro>> de la necesaria práctica de ca (y la solidaridad siempre es ante terceros)
cle Pericles en la conmemoración de los
muertos' la que hace a Peri-
la ocultación de las desigualdades no pertinentes o inconfesables (en
riqueza, en poder, etc.) que subsistían y a.únse incrementaban detrás clestomarconciencia,olvidándosedelosesclavos'deloquesigni-
lacedemonios'
del escenario de la igualdad de esa «sociedad civil» que se incorpo- llca su democracia frente a los bárbaros y frente a los
raba a|ágora, a la asamblea o al consejo.
Por ello, si la democracia prefigurada por clístenes pudo mante-
nerse y consolidarse, no fue sólo en función de los procesos de soli- La clecaclencia de la democracia ateniense
daridad ciudadana que se desencadenaron en el interior d,el espacio v el imperialismo macedónico
basal sino en función de los procesos de «solidaridad ampliada» que
depara la capa corli-
afectaron ala capa cortical, es decir, alarelación de Atenas con las Pero, sobre todo, es la perspectiva que nos
de la democracia ate-
potencias exteriores, y especialmente contra el Imperio persa? contra cal aquella que explica,o tólo la maduración
ateniense comenzó a des-
los bárbaros. En el año -509 habían comenzado las reformas de clís- niense sino su decadencia. La democracia
(-43 t404); en la peste de
tenes, pero ya en -504 las ciudades griegas del Asia menor, que man- fallecer araíz dela guerra del Pelogoneso
pírrica de Atenas en
tenían relaciones estrechas con Atenas, se aliaron contra Darío. Ate- Atenas muere pericles ?4291y tds la victoria
nas envía auxilios: toma de Sardes y destrucción de la flota de Darío. lasArginusas(-406)vendráladerotadeEgosPótamos(-405)'don-
Cuando los persas vuelven a Eubea y al Áica,Milcíades, en Mara- cleLisandro,elesp,artano,destruyólasmurallasdemadera(laes-
tón (año 490), con diez mil atenienses (no había llegado el auxilio cuadra)ylasmurallasdepiedradelosatenienses,anulólaconstitu-
de los treinta
de Esparta) salva la democracia. Jerjes, en la segunda guerra médi- ción de Solón e impuso efgobiemo <<colaboracionista»
la recuperación dc
ca, desborda al espaftano Leónidas en las Termópilas, e incendiaAte- tiranos. Los últimos episodios, que comportan
de Sócrates como rc-
nas. El oráculo dice: «La salvación se encuentra detrás de las mura- Atenas por Trasibulo, huido aAtenas, la muerte
guefras contraArlajerjcs
llas de madera.>> Temístocles interpreta el oráculo y lleva la flota vancha de los solidarios (-390),las nuevas
y E'sparla' de'iarán
griega cerca de la isla de Salamina (-a80). Jerjes huye, pero en Gre- y Ciro, lapazde las Antálcidas, la caída de Tebas
potencia exterior qtrc
cia quedan más de trescientos mil persas al mando de Mardonio. El abierlo el camino a Macedonia, es decir. a una
espartano Pausanias los vencerá en Platea (479). por último, en una contabaenlapropiaAtenascongrandesdefensores,ynosóloctltrc
tercera guerra (466) los griegos atacan de nuevo a los persas. El losmetecos,ComoAristóteles.sinotambiénentregenuittosatclrictt_
(-338) abría las pucrtrts
h¡o de Milcíades, Cimón, recorre el Egeo con su escuadra: Artajer- ses, como Isócrates. La batalla de Queronea
monarquías o lirrt-
jes firma lapaz con Cimón. al imperio de Alejandro y, después, a las nuevas
en el Imperio ronratro' l'it
Los colonos griegos quedan libres y el Egeo se conviefte en un nías helenísticas que culminarán todas ellas
forma de organización política, desaparcccrlt
tlc lil
mar ateniense. Ésta es la época de la demo craciade pericles, de He- democracia, como - E

rodoto, de Esquilo, de Fidias, de Anaxágoras, de protágoras y de Só- laz dela tierra'


crates. ¿,Por qué las guerras médicas han conducido a una nraduración Lademocraciaatenienseseder:rumbócuandolahcgcnrtrrlílltlc
de la democracia ateniense instaurada por clístcncs'/ L¿r rcspucslir AtenascomenzóadeclinarY,Portanto,cuandolassolidlrritlirtlcslris_
Hl
lgl
T,nn democrÉt'lñl empln§Eñ (n r§ñlTlvnu

Iti¡.tclts ltel'ctllttllts ('()ttrenziu()n ir §('r srrsliluitllrs


¡lol ollrrs solrtlr¡-itllr- ,r.igir*r.ilr tle l.s tl.tttr'rt'lllllts" S,lrt',.'llt t¡rtt'st'r"'slltlllt'r"tt'r
stt il'ttltltllttl
dcs, ctltttO pudicrarl scl'lo l¿rs rlc los lrlerriunscs corr los ¡nlrccrlonios.
frente a los persas y los lacedemonios. un ih-¡strc lrl(rlogo (inspiraclo política y stt Iibcrtatl.
ilt ltttl i
por la Idea fundamentalista de la «democracia europeísta>>) se asom- Cloncluint()s: ltls ctlttr¡ltlttctltcs cscl¿tv isLas tlc la dctlltlcl'ltc
los citt:
bra de la «paradoja» (dice é1, Adrados) de que fuera precisamente la gua (segÚrn I{ostovtzcfl, on cl siglo v, dcspr-rós clc srtlalltilrit,
sot.rrc i l5'(XX)
democracia ateniense aquella que apoyó, siguiendo a Isócrates, el áadanos constituían el 54 por ciento de la poblaci(rn;
dcsptrÚs tlc lrts
imperialismo macedonio. pero asombrarse ante una paradoja, aunque habitantes había unos 113.000 esclavos y metecos,
guerTas del Peloponeso, los ciudadanos bajaron
al43 por cictrto. ttrtos
tiene el mérito de limitar un problema, no es explicarla; la explicación
ilrc«rhcre ttt i;rs
de la paradoja no puede hacerse sino desmontándola. y para ello, itZ.OOO, frente a 146.000 esclavos y metecos) no sol.l
en
nuestro caso, hay que recurrir a la teoría de la solidaridad (basal y cor- másomenosresidualesypasajerassinoqueSonC()ltlp()tlctttt'slill
males de esa misma constitución, los fundamentos
tlc l¿t isortt'tttirt
tical) ante terceros, y a los cambios de solidaridades cuand o la Real-
por ello, no es que la democracia ateniense pudicsc Itlthcl' tttt'i0t;trl()
politik lo exige. Nada tiene entonces de paradójico que los atenien- la poblrrr.' iirt t' l: t r"'
ses, que veían amenazada su ciudad y su democracia por los persas con más democracia; extendida la igualdad a tod¿r
lidaridad habría desaparecido r con ella, la propia
libcrtiltl v lrr ¡'t()
o por los lacedemonios, recurrieran a Filipo o a Alejandro para sal-
var todo lo que fuera posible, y, entre otras cosas, el régimen escla- pia igualdad democrática.
vista, que formaba parte de su <<cultura»».
Fue, en resolución, la misma armadura basal y cortical de la lla-
mada democracia ateniense la que tuvo que evolucionar hacia su La plenitud histórica de la democracia:
di-
solución relativa en las aguas del imperialismo para salvar lo más la democracia de mercado pletérico
posible de sus instituciones democráticas, fundadas en la solidari- guía posiblc
dad frente a los esclavos. Engels, que no se había librado de una Idea El esquema histórico que presuponemos, como una
actualcs. ¡rotlt'irt
fundamentalista de democracia (que é1, junto con Marx, situaban en para la investigación de la génesis de las democracias
un futuro, más allá de la democracia burguesa y, por supuesto, de la sustanciarse en los tres siguientes puntos:
democracia esclavista), se vio llevado a formular este diagnóstico h

que consideramos completamente erróneo y desorientado, sobre 1)LasdemocraciaspolíticasrealmenteexislrstcsS()llllltlYl.(.


las
causas que condujeron al eclipse de laAtenas democrática: «No fue cientes(susinmediatasprecursorasseencuentratrcttclsi¡'ltlrrtttl
a cict llts itlt'rrs' t t t"
en el siglo xrx). No nos referimos, por supLtesttl'
la democracia la que condujo aAtenas a la ruina t'ollltt tlt'ltt"
[...] sino la esclavi- talizadas en instituCiones O dOcumentos, cotlSiclcrrlttllts
tud, que proscribía el trabajo ciudadano libre.» Diagnóstico deso- t'orlrr) t':'l;tl"'
rientado y erróneo. Desorientado porque comienzapor tratar la de- cráticas y que suelen ser citadas por los historilttkll'es
nes de una cadena evolutiva que cotlclucc ll
lll tlCttlot'lilt trt ;tt ttl'tl
mocracia ateniense como si fuera una forma política separada, capaz (lt' t<t'ottr'ltltl
documentos a veces incluidos por los cotrrpilitdtltes
de conducir a la ruina o al éxito de una sociedad, ..rurrdo la demo- tlt' lrrlt'r) rlt'
ciones democrático-históricas», como ejempltls nolol'ios
cracia, como forma separada, sólo existe como modelo ideal de un fu-
turo utópico; porque la democracia realmente existente en Atenas mocracias,comolaCartaMagnzudeEnricltrclll(lltltll.llr,crtltlt.
fue la democracia esclavista. Er:róneo porque atribuye al esclavismo 1225),obienelBillofRights(del3defebreroclcl6|i())lrt.tlttlttll,lt
ser la causa de la ruina de la demo cracia ateniense cuando, al menos doporelreydelnglaterraGuillermollldeorarrg0.[,cl-tl¿,t¡ttiútr¡lrl-
según la tesis que v