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TEMAS DE JUSTICIA MILITAR

PUBLICACIONES ESPECIALES DEL FUERO MILITAR POLICIAL

TEMAS
de
JUSTICIA MILITAR

Teniente Coronel EP
ROOSEVELT BRAVO MAXDEO

CENTRO DE ALTOS ESTUDIOS DE JUSTICIA MILITAR


2015
FUERO MILITAR POLICIAL DEL PERÚ
“Temas de Justicia Militar” de Roosevelt Bravo Maxdeo,
Colección Publicaciones especiales del Fuero Militar Policial
Presidente del Fuero Militar Policial
General de Brigada EP (R) Juan Pablo Ramos Espinoza
Director del Centro de Altos Estudios de Justicia Militar
Contralmirante CJ Julio Enrique Pacheco Gaige
Comité Editorial
Licenciado Floiro Tarazona Ramírez
Técnico Primero AP Luis Urbina Huapaya
Diagramación
Socorro Gamboa García
Diseño de portada
Licenciado Floiro Tarazona Ramírez

TEMAS DE JUSTICIA MILITAR


Roosevelt Bravo Maxdeo

Edición: octubre, 2015


Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca
Nacional del Perú N° 2015-14231
Tiraje: 1000 ejemplares
Editado por:
FUERO MILITAR POLICIAL
Av. Arenales 321, Santa Beatriz, Lima Cercado
Telf.: (511) 6144747
E-mail: caejmp@fmp.gob.pe

Impreso en Imagideas.com de Milagros Morales


RUC: 20524409471
Calle Pedro Murillo 1064, Pueblo Libre
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IMPRESO EN EL PERÚ
PRINTED IN PERU
A Uriel, mi padre,
“abrecultor” tenaz y hombre justo,
con admiración.
Se marchó al Valhalla
en primavera,
cuando los duraznos florecían.
INDICE

PRÓLOGO DEL PRESIDENTE DEL FUERO MILITAR


POLICIAL
General de Brigada Juan Pablo Ramos Espinoza ...... 11

PALABRAS DEL DIRECTOR DEL CENTRO DE ALTOS


ESTUDIOS DE JUSTICIA MILITAR
Contralmirante CJ Julio Enrique Pacheco Gaige ....... 19

PRESENTACIÓN ................................................................. 21

TEMAS DE JUSTICIA MILITAR

JUSTICIA MILITAR: ¿QUO VADIS?.................................. 19

EL DELITO DE INSULTO AL SUPERIOR EN EL


CÓDIGO PENAL MILITAR POLICIAL ............................. 41

TRIBUNALES MILITARES DE CHILE EN TIEMPO


DE PAZ: CAMBIOS PROPUESTOS A SU
ORGANIZACIÓN Y COMPETENCIA ................................ 61

DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO Y


JUSTICIA MILITAR EN EL PERÚ ................................... 73

APROXIMACIÓN A UNA NOCIÓN DE DERECHO


PENAL MILITAR POLICIAL EN EL PERÚ ..................... 95
EL FUERO MILITAR POLICIAL ASENTÓ FINALMENTE
SUS REALES EN SANTA BEATRIZ: HISTORIA DE
UN PERIPLO ....................................................................... 105

EL PROCESO PENAL MILITAR POLICIAL


ACUSATORIO GARANTISTA EN EL PERÚ .................... 127

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA ORGANIZACIÓN


DEL FUERO MILITAR EN EL PERÚ ............................... 169

BIOGRAFÍAS
–– BIOGRAFÍA DEL VICEALMIRANTE MANUEL
ANTONIO VILLAVISENCIO FREYRE ...................... 217

–– JOSÉ GABRIEL GÁLVEZ EGÚSQUIZA: PATRONO


DEL FUERO MILITAR POLICIAL DEL PERÚ ........ 223

–– DATOS BIOGRÁFICOS DEL CORONEL CJM


HERNÁN AUGUSTO MONSANTE RUBIO ............... 231

–– MARIANO LORENZO MELGAR VALDIVIESO: SU


ACCIÓN GUERRERA .................................................. 237

–– DATOS BIOGRÁFICOS DEL DOCTOR MIGUEL


ANTONIO DE LA LAMA URRIOLA, PRIMER
FISCAL GENERAL DE LA JURISDICCIÓN
MILITAR POLICIAL DEL PERÚ ................................ 247
PRÓLOGO

Desde el momento de la reafirmación del estatuto de la justi-


cia militar policial en el Perú, ocurrido hace cinco años, cuando el
Tribunal Constitucional ratificó su vigencia y permanencia, surgió
en nuestra institución la necesidad de redoblar esfuerzos para di-
fundir su labor, en aras de que su importante rol sea reconocido por
todas las comunidades jurídicas y profesionales del país, al igual
que por los propios cuerpos militares y policiales, y por la ciudada-
nía en general.

Todo miembro de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacio-


nal del Perú debe aproximarse y conocer, en primer lugar, el Código
Penal Militar Policial y realizar el aprendizaje necesario y suficien-
te de esta norma que regula sus funciones con elevado rigor; y junto
con dicho aprendizaje también debe preocuparse por conocer lo sus-
tancial del sistema jurídico de la justicia militar. Y no está demás
recalcar que todo peruano, consciente de la realidad nacional, tam-
bién debe conocer que existe un fuero competente, que constituye el
ojo vigilante y sancionador sobre la conducta y desempeño funcional
de los hombres y mujeres de uniforme militar y policial, que deben
garantizar con su vida la seguridad interna, la paz y la soberanía
nacional de manera permanente.

El señor Teniente Coronel del Ejército del Perú, Roosevelt


Bravo Maxdeo, autor del presente libro, titulado “Temas de justicia
Militar”, realiza una notable labor como investigador, organizador
bibliográfico y facilitador del programa de capacitación en el Centro

9
Roosevelt Bravo Maxdeo

de Altos Estudios de Justicia Militar (CAEJM), que es el órgano


académico del Fuero Militar Policial, institución que me honro en
presidir.

Desde la época en que desempeñaba su labor como fiscal ad-


junto, durante los duros años del terrorismo, tiempo en el cual la
justicia militar demostró su férreo compromiso con el orden, la segu-
ridad y la paz; el autor ha venido recogiendo y aquilatando informa-
ción valiosa de la historia antigua y reciente; del acervo legislativo
pasado y vigente; y de nuevos y valiosos conocimientos que, en los
últimos años, han modernizado, transformado y actualizado la jus-
ticia militar en el Perú y el mundo.

Fue visto examinando libros antiguos, hurgando bibliotecas


y no pocas veces rescatando legajos, textos y volúmenes de anti-
guos depósitos de libros y expedientes decimonónicos; aquellos que
las circunstancias y las mudanzas, junto con la escasez de espacio
físico, muchas veces condenan a la destrucción o al reciclaje, pero
que contienen insumos, que debidamente procesados, son muy im-
portantes para dimensionar y comprender la historia de una insti-
tución como la justicia militar, que, al contrario de lo que se pueda
creer, no ha gozado de privilegios que pudieran haberle granjeado
un local permanente o cómodas oficinas en las cuales cumplir cin-
cuenta o cien años, sino una vida de periplo, tal como se describe
en uno de los interesantes capítulos sobre la serie de edificios que
en espacios austeros albergaron la sala de audiencias y las breves
oficinas administrativas del antiguo Consejo Supremo de Justicia
Militar que, asimismo, cambió de nombre otro par de veces en la
historia.

Junto con datos históricos, anécdotas y textos de carácter ilus-


trativo, este libro ofrece una visión panorámica de la justicia mili-
tar. Permite conocer la línea permanentemente drástica y exigente
de su código, a lo largo de la historia, con el ejemplo, entre otros
citados por el autor, de la normativa incaica específica para castigar
la traición y la cobardía, lo único que podría explicar las extensas
conquistas militares del Tahuantinsuyo, logradas por un ejército
grande, fuerte, ordenado y leal, lo cual demuestra que la disciplina

10
Temas de Justicia Militar

y el honor son valores eternos para las fuerzas armadas y la policía;


y tradicionales en nuestra historia patria.

Así, en cada artículo se va corroborando que la justicia mili-


tar, hoy institucionalizada como el Fuero Militar Policial, tiene un
papel gravitante en la conservación –parafraseando a Don Nicolás
de Piérola, al promulgar el primer Código de Justicia Militar autén-
ticamente peruano– de fuerzas armadas y policiales con robustez y
fortaleza moral, dotadas de blindajes y valores invencibles, capaci-
tadas para servir a la patria con ética y eficiencia.

Finalmente, no se podría agotar el espacio de este prólogo, por


muy compacto que haya sido previsto, sin mencionar el papel de
la justicia militar en los pasajes cruciales de los últimos cincuenta
años de historia de la República peruana, en los que sirvió a la pa-
tria, de manera ejemplar y decisiva, como jurisdicción excepcional,
juzgando y sentenciando a quienes, desde ideologías violentistas
y terroristas, desestabilizaron los cimientos de la democracia, tal
como ocurrió con las guerrillas de finales de los sesentas y el te-
rrorismo brutal de los años noventa. La acción valiente de jueces y
fiscales militares de la época, contribuyó al restablecimiento de la
paz y la reconstrucción del estado de Derecho.

Creo, sin temor a equivocarme, que al leer la presente obra,


tendrán en sus manos un trabajo concienzudo, que servirá de ejem-
plo a las actuales y nuevas generaciones de los cuerpos jurídicos de
nuestras FF.AA. y PNP, a quienes exhorto a desarrollar y desplegar
su inquietud por la investigación sobre la historia, la normativa y
todos los temas sobre justicia y Derecho militar, que, estoy seguro,
multiplicará el conocimiento académico y la comprensión de la so-
ciedad en su conjunto, en torno a la existencia, misión y valores de
nuestra institución.

Sirvan estas palabras para presentarles, bajo el entusiasta


sello editorial del CAEJM, el compendio de artículos del autor que,
estoy seguro, abrirá el debate y permitirá a los lectores militares,
policías, civiles, abogados, magistrados, investigadores y estudiosos
del derecho y otras ciencias afines, acercarse a nociones históricas,
jurídicas y de materia legal, sobre lo que en la actualidad, superando

11
Roosevelt Bravo Maxdeo

cambios históricos, censuras de carácter ideológico y otros retos que


solo enfrentan a las instituciones cuya permanencia es de verdade-
ro valor para la sociedad, ha venido a constituirse en el sistema de
justicia militar policial peruano.

Gral. Brig. Juan Pablo Ramos Espinoza


Presidente del Fuero Militar Policial

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PALABRAS DEL DIRECTOR DEL CENTRO DE
ALTOS ESTUDIOS DE JUSTICIA MILITAR

Hace algunas semanas, mi amigo, el Teniente Coronel EP


Roosevelt Bravo Maxdeo, me pidió que escribiera unas palabras pa-
ra “Temas de Justicia Militar”. 

Este es el sexto año que trabajo con Roosevelt y no puedo dejar


de sorprenderme diariamente de su dinamismo y dedicación que
pone a cada cosa que realiza. Me siento especialmente honrado por
haberme hecho él este encargo, sobre todo por tratarse de un área
que él conoce muy bien y en la cual ha trabajado incansablemente
en los últimos años. 

Sobre la Justicia Militar se ha escrito muy poco en el Perú.


La doctrina escrita es casi nula. Más se ha escrito sobre ella en
Sentencias del Tribunal Constitucional, opiniones de la Defensoría
del Pueblo y artículos periodísticos que critican su existencia, bá-
sicamente, a consecuencia del juzgamiento, que durante la década
de los 90, la justicia militar hiciera a los delincuentes terroristas y
a las bandas organizadas que asolaron el país inmisericorde y co-
bardemente. Lamentablemente la memoria es frágil, y cuando los
delincuentes estuvieron presos y todo el Perú se felicitaba por haber
terminado con esa lacra, aparecieron los críticos señalando que la
justicia militar nunca debió juzgar a los terroristas, porque ellos
eran civiles. De ahí se derivaron 15 años de persecución, que gracias
a la interacción de las justicias militares del Continente, se ha lle-
gado en el Perú a un equilibrio, que finalmente nos permite trabajar
con tranquilidad en el juzgamiento de los delitos de función militar.

13
Roosevelt Bravo Maxdeo

De eso trata este Libro, al decirnos que la Justicia Militar en


el Perú está por buen camino. Que hay un respeto sincero entre los
organismos que administran justicia en el país, que la Justicia Mi-
litar tiene un campo de acción delimitado por el delito de función y
que tiene, finalmente, un reconocimiento internacional de liderazgo
en la defensa de la existencia de una Institución que está al servicio
de los más altos intereses de la Nación. 

Es por ello, y finalmente, que felicito a Roosevelt por esta ini-


ciativa, que lo pinta como erudito académico del derecho e historia-
dor, en sus ratos libres. Como decimos en la Marina de Guerra a los
que hacen bien las cosas: Bravo Zulu Roosevelt. 

Contralmirante CJ Julio Enrique Pacheco Gaige


Presidente de la Sala Suprema de Guerra y
Director del Centro de Altos Estudios de Justicia Militar

14
PRESENTACIÓN

El propósito de este breve libro es dar a conocer a las personas


interesadas, algunos “Temas de Justicia Militar”, surgidos, básica-
mente, de nuestra preocupación por el quehacer de la jurisdicción
militar policial en el Perú.

La Constitución Política del Estado reconoce la existencia


de la jurisdicción militar, como una entidad independiente de la
común, de carácter especial y excepcional, cuyo propósito es man-
tener, dentro de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, bie-
nes jurídicos esenciales como la disciplina, el orden, la jerarquía, el
mando, la organización, la subordinación y otros, con el propósito de
que militares y policías cumplan con las misiones esenciales que la
propia Constitución les ha asignado, sancionando, contrario sensu,
su incumplimiento, como delitos de función, que se hallan previstos
en el Código Penal Militar Policial, vigente desde el 2 de setiembre
de 2010.

La jurisdicción militar como tal, nace con la organización de


los ejércitos permanentes, en la España de los Reyes Católicos, de
tal forma que se trasmitió a la “América española” a través de las
Ordenanzas Militares, que se aplicaron durante el virreinato. En
nuestra vida republicana, la jurisdicción militar se ha mantenido,
ininterrumpidamente, de modo que podemos afirmar que forma
parte de nuestra Constitución histórica.

Podemos precisar, no obstante, que la moderna organización


de la jurisdicción militar en el Perú nace con el Código de Justicia

15
Roosevelt Bravo Maxdeo

Militar de 1898, más precisamente, el 23 de marzo de 1899, cuando


se instaló el Consejo Supremo de Guerra y Marina, máxima instan-
cia de la jurisdicción militar de entonces.

Como ocurre generalmente entre nosotros, la consolidación de


nuestras instituciones nacionales han pasado por muchas vicisitu-
des y el caso de la jurisdicción militar no ha sido la excepción. Desde
la carencia de un local adecuado para su funcionamiento, pasando
por los reiterados recortes de su competencia, hasta su pretendida
desaparición, la historia de la “Justicia Militar” está en espera de
ser contada y este libro pretende, modestamente, ser ese primer es-
labón de la cadena, de forma tal que usted encontrará en él “algo de
doctrina”, un poco de historia y mucha esperanza de que la jurisdic-
ción militar policial se fortalezca aún más y cumpla con su propósito
esencial de juzgar los delitos de función, respetando los derechos
de los militares y los policías procesados, aplicando, como lo viene
haciendo, el novedoso proceso acusatorio garantista.

Debo agradecer al Presidente del Fuero Militar Policial, Ge-


neral de Brigada Juan Pablo Ramos Espinoza, las palabras que ha
vertido en el prólogo y a él y al Contralmirante Julio Pacheco Gaige,
Director del Centro de Altos Estudios de Justicia Militar, por su
apoyo y comprensión.

El autor

16
TEMAS
de
JUSTICIA MILITAR
JUSTICIA MILITAR: ¿QUO VADIS?1

SUMARIO: I. Introducción. II. Justicia Militar en la anti-


güedad. III. Justicia Militar en la Ordenanzas Españolas. IV.
El Fuero Privativo Militar: ¿Fuero Privilegiado? V. Aspectos
Doctrinarios Sobre Justicia Militar (V.1. Jurisdicción Discipli-
naria; V.2. La Jurisdicción Penal Militar). VI. Justicia Militar
en el Perú (VI.1. Alcances Históricos; VI.2. Justicia Militar:
Situación Actual). VII. Colofón.

I. INTRODUCCIÓN
¿De dónde viene y hacia dónde va la Justicia Militar? Este
artículo pretende acercar al lector al tema, tras bosquejar, sucin-
tamente, el desenvolvimiento histórico y doctrinario que ha tenido
en s u larga existencia. El concepto de “justicia militar” es tomado,
en principio, en su acepción más general, sin hacer referencia a un
fuero especial predeterminado, sino solo en atención a la potestad
de “quién manda juzga”, que de antiguo tuvieron los reyes, capita-
nes generales o comandantes en jefe para disciplinar a sus ejércitos.

Desde que se formaron ejércitos permanentes y la acción


guerrera se hizo más compleja, el cuidado de la disciplina se regla

1
Partes de este artículo fueron publicados en el Boletín Institucional del Fuero Mi-
litar Policial N° 2, de diciembre de 2011, como ganador de un concurso académico
organizado por el Centro de Altos Estudios de Justicia Militar (CAEJM).

19
Roosevelt Bravo Maxdeo

en las ordenanzas militares y además del capitán general, otros


participaran por delegación, en su mantenimiento y se concibe que
los soldados tengan un fuero de exención. Disciplinarismo o ju-
risdiccionalidad, es el otro tema de discusión doctrinaria que ha
marcado a la “justicia militar”, que aquí se trata con brevedad.
En el contexto actual, la formación de códigos penales militares
que se ajusten plenamente a la suprema norma de la nación y a
las convenciones internacionales, es la preocupación; además, que
los jueces que sirvan a esta jurisdicción constitucional, especial
y excepcional, estén premunidos de autonomía, imparcialidad e
inamovilidad y los procedimientos de juzgamiento sean públicos,
orales y contradictorios.

II. JUSTICIA MILITAR EN LA ANTIGÜEDAD


En los albores de la humanidad, cuando el hombre debe en-
frentar los rigores de la naturaleza, luchar por su subsistencia y
preservar la especie, busca organizarse en grupos y nacen así la
horda, la tribu, el clan y la gens.

El descubrimiento de la agricultura y la domesticación de ani-


males fijan al hombre sobre el terreno, el sedentarismo se abre pa-
so, surge la propiedad privada y el interés de los grupos humanos
por preservar un espacio geográfico delimitado, que al ser hollado,
dará lugar al conflicto armado, encabezado por el “líder” más fuerte
o el más apto.

Al establecerse sociedades humanas más complejas, reinos o


estados-nación, con intereses diversos, el conflicto armado se “in-
ternacionaliza” y surge con ello la necesidad de mantener tempo-
ralmente ejércitos, mandados por el rey en persona como en Egipto,
por un Capitán General designado para el efecto, por uno o varios
estrategos en la Grecia antigua, por el cónsul o el tribuno militar en
Roma, a quienes también corresponde mantener en estas fuerzas la
disciplina, surgiendo así la “justicia militar”, en términos generales,
sin referencia a una codificación en particular o la existencia de un

20
Temas de Justicia Militar

Fuero Privativo o una jurisdicción militar, pero significativamente


draconiana.

La primera referencia escrita sobre “justicia militar” de la que


se tiene conocimiento, se encuentra en el Código de Hammurabi,
“promulgado” en el año de 1760 a. C. en la antigua Mesopotamia,
de cuyas 282 leyes, por lo menos 16 de ellas, de la ley 26 a la 41,
están referidas a la milicia, al castrum, a la preservación de los bie-
nes patrimoniales de los oficiales o soldados mientras combaten o a
los beneficios que deben recibir tras su participación en la guerra.
Ejemplifiquemos esta afirmación:

“26.- Si un oficial o soldado que recibió orden de marchar en una


expedición oficial, no marchó, aunque hubiese enviado un merce-
nario y éste hubiera ido, este oficial o soldado recibirá la muerte y
su reemplazante tomará su casa.”

“27.- Si un oficial o soldado es convocado a las fortalezas reales (o


es tomado prisionero en la derrota del rey), se darán sus campos y
su huerto a otro que ejerza la gestión. Cuando regrese se le devol-
verán sus campos y huerta, y ejercerá su gestión por sí mismo.” 2

Esta “justicia militar” draconiana, se hace también evidente


entre los egipcios; por ejemplo, tras la batalla de Qadesh, (mayo de
1274 a.C.), cuando las fuerzas del faraón Ramsés II demostraron
cobardía al enfrentarse a las hititas de Muwatallis. Ramsés II hizo
formar a las tropas que habían demostrado este comportamiento
en una fila frente a sí y en presencia de los dignatarios hititas cap-
turados y –tal vez personalmente, dicen los autores– llevó a cabo el
primer antecedente histórico del castigo que más tarde los roma-
nos llamarían “diezmo.“3 Contando de diez en diez a sus soldados,

2
<http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Lista_de_leyes_del_C%C3%B3digo_de_Ham-
murabi» >
3
“La Decimatio” o diezmo de las Tropas era el castigo mediante el cual se diezma a
un grupo de soldados, matando a 1 de cada 10 de ellos en castigo por su cobardía.
Cada uno de estos grupos realizaba un sorteo en el que se escogía de forma aleatoria
a un miembro del grupo para recibir el castigo, que era aplicado por sus propios

21
Roosevelt Bravo Maxdeo

ejecutó a cada décimo hombre para escarmiento y ejemplo de los de-


más. El “Poema” que describe la escena dice: “Mi Majestad se puso
ante ellos, los conté y los maté uno a uno, frente a mis caballos se
derrumbaron y quedaron cada uno donde había caído, ahogándose
en su propia sangre...”

Entre los griegos, hay numerosos ejemplos de cómo se casti-


gaba a los integrantes de la milicia. Durante la primera guerra mé-
dica, después de la batalla de Maratón, (490 a. C.), Milcíades envió
una parte de la flota contra las islas Cícladas, sometidas todavía
a los persas. Atacó la isla de Paros, exigiendo a sus habitantes un
tributo cuantioso, y al negarse la ciudad le puso sitio, pero la defen-
sa fue tan ardua que los griegos tuvieron que contentarse con unos
pocos saqueos.

Los enemigos de Milcíades le acusaron de haber engañado al


pueblo y le sometieron a proceso, en el que no se pudo defender por
encontrarse herido y estar postrado en una camilla. Se le declaró
culpable, salvando la pena capital, común en estos casos por los ser-
vicios prestados antes a la patria, condenándole a pagar la elevada
suma de 50 talentos. Poco después moriría a causa de sus heridas.

Durante la Guerra del Peloponeso, tras la Batalla naval de


Arginusas, (406 a. C.), una flota ateniense mandada por ocho es-
trategos derrotó a una flota espartana, muy superior en número,
mandada por Calicrátidas; sin embargo, una tormenta impidió el
rescate de los supervivientes de los 25 trirremes atenienses daña-
dos o hundidos y una gran cantidad de marineros se ahogaron. Los
ocho estrategos fueron depuestos de sus cargos y se les ordenó re-
gresar a Atenas para ser enjuiciados. Dos de ellos, Aristógenes y
Protómaco, huyeron, pero los otros seis acudieron. Fueron encarce-
lados y condenados a muerte. Este episodio es narrado por Jenofon-
te en sus Helénicas, una de las principales fuentes de los últimos

compañeros de grupo. Consistía a veces en una lapidación y otras en una paliza


a base de golpes. Los soldados que sobrevivían eran puestos en racionamiento de
víveres y forzados a dormir fuera del campamento fortificado.

22
Temas de Justicia Militar

siete años de la Guerra del Peloponeso no cubiertos por Tucídides


en su excepcional obra: “Guerra del Peloponeso.”4

Con ocasión de la Segunda Guerra Púnica, tras la sangrienta


batalla de Cannas, donde las legiones romanas combatientes fueron
aniquiladas por los cartagineses, Aníbal ofreció la posibilidad de
rescate por los prisioneros romanos, de acuerdo con los usos y cos-
tumbres de la guerra en ese tiempo. El senado romano se negó:
“¿Pensáis recuperar con dinero la posición que perdisteis por co-
bardía y maldad? (…) su miedo y cobardía son la causa de su igno-
miniosa esclavitud”.5

Tiberio Graco, que tenía legiones compuestas en gran parte


por esclavos voluntarios, antes de la Batalla de Benevento, con au-
torización del senado romano había ofrecido inmediata libertad “a
todo el que vuelva con la cabeza de un enemigo, pero (sería) castiga-
do como un esclavo el que abandone su puesto…” (Con la crucifixión,
en caso de pena de muerte. Los libres eran decapitados). Tras ven-
cer en la batalla, Tiberio Graco, habiendo notado flaqueza durante
el combate en algunos dijo: “Antes de igualaros a todos con los de-
rechos de la libertad no he querido calificar a ninguno con la nota
de valiente o de cobarde; pero ahora una vez cumplida la promesa
hecha en nombre del Estado, en prevención de que se pierda por com-
pleto la diferencia entre el valor y la cobardía, daré orden de que me
den los nombres de los que acaban de provocar una secesión porque
se sabían culpables de la falta de combatividad, los citaré uno a uno
y les haré jurar que, salvo en el caso de enfermedad, mientras dure
su servicio militar comerán y beberán siempre de pie. Sobrellevareis
esta sanción con más calma si tenéis en cuenta que se trata de la no-
ta más benévola con que se podía calificar vuestra cobardía”.6

4
TUCÍDIDES, Guerra del Peloponeso, Biblioteca Gredos, 2006, Madrid- España, 4
Tomos.
5
TITO LIVIO, Historia de Roma desde su Fundación; Libro XXII, Biblioteca Básica
Gredos, Madrid-España, 2001, p. 202-203.
6
Ídem, Tomo XXIV, p. 321 y 324.

23
Roosevelt Bravo Maxdeo

Convengamos entonces, que siendo la disciplina tan esencial


para los ejércitos, que han existido desde muy antiguo, es correcto
decir que en todo tiempo se han dado normas para su gobierno y por
lo menos, desde los romanos, se designaron jueces para juzgar solda-
dos, como se aprecia del examen que se haga del Código y el Digesto.

Durante Constantino, (272-337), la potestad y jurisdicción


que tenía el prefecto del Pretorio sobre los soldados fue transferido
al magister militum (Patrón de soldados- Mariscal de Campo- Ge-
neralísimo- Capitán General). Bajo Anastasio, (430-518), en la ley
última del Código, en el título de Re militari, se dice que el empera-
dor, “conformándose con lo dispuesto en otras leyes, quiso que todos
los soldados fuesen convenidos ante sus jefes, así en las causas civi-
les como criminales; y no es de admirar cuando vemos que también
a los de otras profesiones se le dieron jueces particulares.” 7

III. JUSTICIA MILITAR EN LAS ORDENANZAS


MILITARES ESPAÑOLAS
Durante la época feudal, fue la nobleza la que poseyó la fuerza
militar y con ella un poder determinante. Si bien durante la guerra
el rey mandaba el ejército como Comandante en Jefe, estas tropas,
formadas comúnmente por vasallos, concurrían normalmente a la
batalla al mando del señor feudal, quién los armaba, pertrechaba
y mantenía su disciplina, con reglas que él mismo dictaba y se reti-
raban de la contienda cuando su señor lo ordenaba. Estos señores
feudales tenían derecho de Pendón y caldera, privilegio que les otor-
gaban los reyes cuando venían en su socorro con su gente de guerra.
El pendón o estandarte, que precedía a las tropas, era señal de que
podían levantar o armar gente y la caldera era el emblema que de-
notaba de que la mantenían a su costa. El rey pagaba estos servicios

7
COLÓN DE LAREATEGUI Félix, Juzgados Militares de España y sus Indias, Tomo
I, 3ra Edición, Imprenta de Repulles, Madrid-España, 1817 (Discurso Preliminar
sobre la Milicia), p. XXXV.

24
Temas de Justicia Militar

concediéndoles tierras, hidalguías y nobleza, escudos de armas y


blasones, que eran tenidos en gran estima. “No tienen otra significa-
ción las cadenas, las veneras, las aspas, las bandas y otras insignias
que se grababan en dichos escudos, que haberse distinguido aquellos
á quienes se concedieron ya en la famosa batalla de Navas, (1212),
ya en la de Clavijo, (844), ó bien en la que se ganó a los moros sobre
Baeza, y en la celebradísima del Salado, (1340), de que tanto bien y
tanto honor resultó…” 8

En la España del siglo XV, los Reyes Católicos, (Fernando II


de Aragón e Isabel I de Castilla), para no depender del arbitrio de
los nobles, empezaron a levantar tropa y mantener un pequeño ejér-
cito, por recomendación del cardenal de Mendoza y el “grande car-
denal Cisneros”, de forma que desde el “reynado de los señores don
Fernando y doña Isabel se debe contar el origen de nuestra milicia
en el modo que hoy se halla, y la supresión de las facultades de los
grandes y otros vasallos en levantarla por su mandamiento”, dice
Colón de Larreátegui. La existencia de un ejército permanente, im-
pulsó la necesidad de reglarlas a través de ordenanzas, tanto en lo
orgánico como en el táctico y disciplinario, aspecto este último que
tiene relación con el Fuero o “jurisdicción” militar.

En España también es muy antiguo el fuero de los militares y


el hecho de que tuvieran jueces separados para el conocimiento de
sus causas; así, Carlos I, en su ordenanza del 13 de Junio de 1551,
haciendo referencia a ordenanzas anteriores, confirmó el fuero en
todas sus causas civiles y criminales a las milicias de Castilla, Na-
varra y Granada. Felipe II, por cédula del 9 de mayo de 1587, confir-
mó el fuero para toda la gente de guerra, como lo hizo la ordenanza
del día 13, del mismo mes y año, que se nombra generalmente como
“las primeras de Flandes”, que expidió el serenísimo Alejandro Far-
nesio, duque de Parma y Plasencia, gobernador y capitán general
de los estados de Flandes, conocido también como “el rayo de la gue-
rra”.

8
Ídem, p. XLV.

25
Roosevelt Bravo Maxdeo

El Fuero para los militares, en su tiempo fue confirmado por


Felipe III, mediante cédula del 11 de Diciembre de 1598; por Felipe
IV, por cédulas del 29 de Mayo de 1621, 5 de Noviembre de 1626
y 28 de Noviembre de 1632 y por Carlos II, por las que expidió el
29 de Abril de 1697 y el 28 de Mayo de 1700; a su turno, Felipe V,
dictó ordenanzas y decretos para arreglar los juzgados militares;
así, “En 18 de Diciembre de 1701 expidió una Real ordenanza, que
llaman de Flandes, en la cual no solo confirmó a la jurisdicción mi-
litar su particular fuero en las causas civiles y criminales, sino que
concedió a todos los tercios de los regimientos de su exército
el Consejo de guerra para juzgar y castigar los crímenes que
antes correspondían al superintendente de la justicia mili-
tar.” 9 (Resaltado agregado). El mismo Felipe V, el 30 de Diciembre
de 1706, expidió otra ordenanza en la que también se hace referen-
cia del “fuero militar y privativo” y por último la ordenanza general
del 12 de julio de 1728, en que se recopilaron todas las antiguas y
fue examinada por una junta de oficiales generales, confirmándo-
se el privilegio del fuero y extendiéndose en el tratamiento
de los Consejos de guerra en los regimientos; estuvo vigente
hasta 1762.

Fernando VI no solo mantuvo el fuero para los militares sino


que lo confirmó para la Real armada en los años 1748 y 1751 y lo
amplió en 1750 a los regimientos de guardias de infantería. Carlos
III, confirmó la jurisdicción militar y sus juzgados particulares por
una Real ordenanza de 1762 y por la muy famosa ordenanza que
expidió para el ejército en San Lorenzo, el 22 de Octubre de 1768,
donde se detallan las facultades que alcanzan a los capitanes gene-
rales, los gobernadores de una plaza o comandantes de las armas,
los auditores, la facultad de los Consejos particulares de los regi-
mientos, “las apelaciones que ha de haber en las causas al supremo
Consejo de guerra”, etc. que se repiten para los cuerpos de Casa
Real y artillería en los años 1768, 70,73 y 82.

9
Ídem, p. XLVI.

26
Temas de Justicia Militar

Decimos muy famosa ordenanza a la expedida por Carlos III


en 1768, porque se mantuvo vigente, sin alteraciones sustanciales,
durante casi todo el siglo XIX, en las nacientes repúblicas sudame-
ricanas de habla hispana; en el Perú, con cambios puntuales, hasta
la dación del primer Código de Justicia Militar en 1898.

IV. EL FUERO PRIVATIVO MILITAR:


¿FUERO PRIVILEGIADO?
Un tema recurrente en el tratamiento de la jurisdicción mi-
litar actual, por desconocimiento o propósitos subalternos, es afir-
mar que el Fuero Militar es un fuero de privilegio y que su objeto
es sustraer de la jurisdicción común a los militares que cometen
delitos, protegerlos por espíritu de cuerpo y dejar, finalmente en la
impunidad, el delito cometido. Expresando, prima facie, que ésta es
una afirmación incorrecta, volveremos sobre el punto más adelante.

Con los datos que recogemos de la historia, diremos que desde


muy antiguo los soldados han tenido un tratamiento diferenciado
en sus causas, sean estas criminales o civiles. Algunos autores han
justificado el “fuero privilegiado de los militares” con el argumento
de la muy especial tarea que cumplen; otros, hacen notar que es una
forma de retribuirles los sacrificios que hacen en el cumplimiento
de su misión, que exige incluso ofrendar la vida misma; otros más,
incluso afirman que se debe a la insuficiente retribución económi-
ca que reciben por su trabajo, aspectos éstos que fueron también
considerados en algún momento de la historia, para premiarlos con
coronas cívicas hechas con ramas de mirto, de olivo, de laurel y has-
ta de elemental gras, tras haberse distinguido en el campo de bata-
lla. Entre los romanos, por ejemplo, los soldados tenían especiales
tratamientos en asuntos de patria potestad, otorgamiento de testa-
mentos, derechos de propiedad sobre terrenos estatales, etc.

En el derecho ibérico, que en gran medida fue común para la


América virreinal, la existencia de fueros era la regla, por tanto, la
existencia del “Fuero Privativo Militar” no era lo excepcional y pri-
vilegiado que se ha pretendido resaltar. Una primera clasificación

27
Roosevelt Bravo Maxdeo

respondía a la existencia de dos grandes jurisdicciones, la civil y la


eclesiástica (fuero secular y fuero eclesiástico). En el fuero eclesiás-
tico habían tratamientos diferenciados para clérigos ya de prima
tonsura o menores u ordenados in sacris (por su elevado carácter y
funciones dentro de la Iglesia) ; así como, Fuero de Religiosos o Re-
gulares; Fuero de los familiares del Santo Oficio; Fuero de la Cruza-
da y Tribunal de las tres gracias, etc.

Había, asimismo, fueros de oficios como el de los empleados en


la real servidumbre, el fuero de maestranza, de los salitreros, fuero
en la real renta de correos, respecto de los estudiantes, catedráticos
y maestros (Fuero en estudios), etc.

En lo que toca al Fuero militar, en efecto, el militar recibió


exención de la jurisdicción ordinaria, en causa civil o penal y que
en los últimos tiempos quedó así: “En primer término, gozaban de
la exención los componentes del Supremo Consejo de la guerra, su-
periores e inferiores, así como mujer, hijo y criado; y el secretario de
capitanía o comandancia general, sus dependientes y familia, que
conservaban el privilegio aun retirados, si tenían pensión o suel-
do.” 10 En semejante sentido, en el ejército tenía fuero el soldado
o empleado, su mujer e hijos; muerto el privilegiado directo man-
tenía el fuero su viuda y la hija mientras no contrajesen matri-
monio y el hijo hasta los 16 años; en la Artillería, el que estuviera
en servicio, aun como empleado de fundición, arriero o mozo y en
América el miliciano artillero mientras estuviese en tropa reglada
de ella; en la marina, “el que hiciera parte del cuerpo militar (ofi-
cial de guerra, etc.) o del político (intendente de marina, etc.), y su
mujer, aun viuda si permanecía en ese estado. Además, en general,
capellán, cirujano, etc., quedaba amparado por el fuero, así como
otros con nexos respecto del ramo de guerra, como auditor, asesor,
escribano principal, etc.” 11.

10
HERNÁNDEZ PEÑALOSA Guillermo, El Derecho en Indias y en su Metrópoli,
Editorial Temis, Bogotá-Colombia, 1969, par. 828, p. 552.
11
Ídem, p. 553.

28
Temas de Justicia Militar

De otro lado, “aunque el delincuente no fuera militar ni otro


cobijado por el fuero, quedaba sujeto a la justicia militar por razón
de algunos delitos, ya castrenses u otros de suma gravedad” como
la infidencia, la sedición, la inducción, auxilio y ocultamiento de
deserción, el incendiario de instalación militar, el que sacara frau-
dulentamente pertrechos de arsenal de marina, etc.

V. ASPECTOS DOCTRINARIOS SOBRE


“JUSTICIA MILITAR”
Dos teorías o posiciones doctrinarias han dominado el cam-
po de la justicia militar; una muy antigua, que la considera como
una jurisdicción disciplinaria administrativa, basada en la necesi-
dad que tiene el Comandante en Jefe de mantener fuerzas armadas
disciplinadas y como una consecuencia de la potestad del mando
(quién manda juzga) y otra que la reconoce como una jurisdicción
independiente, con jueces imparciales, que actúan basados en la
Constitución y la ley, cuyos fallos generan cosa juzgada y no pueden
ser recurridos ante autoridad administrativa, etc.

V.1. LA JURISDICCIÓN DISCIPLINARIA MILITAR

De acuerdo con esta doctrina, que estima que la justicia mili-


tar no es sino una jurisdicción disciplinaria administrativa, la po-
testad de administrar esta justicia corresponde al Presidente de la
República, en su calidad de Comandante en Jefe o de Jefe Supremo
de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, en el caso peruano12 y
también en razón de que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional
realizan funciones públicas relativas a la protección de la sobera-
nía, la integridad territorial y el orden interno, cuyo cumplimiento
debe ser exigido por él, que es el primer funcionario al servicio de la
Nación (Art. 39° de la Constitución).

12
Constitución Política, “Artículo 167°.- El Presidente de la República es
el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional.”

29
Roosevelt Bravo Maxdeo

Se dice, que desde la Constitución, el Presidente de la Repú-


blica tiene poderes militares de mando y organización y poderes de
guerra. Tiene poder de mando por su condición de comandante en
jefe de todas las fuerzas de mar y tierra y poder de organización
por que le corresponde proveer los empleos militares, organizar el
servicio, fijar la fuerza de línea de mar y tierra, formar reglamentos
y ordenanzas para el gobierno de dichas fuerza, etc.; por tanto, es
de su potestad disciplinar a esas fuerzas y, en su caso, delegar esta
potestad en sus agentes de mando.

Respecto a este asunto, el General de Brigada Carlos Risso


Domínguez, quién desempeñ��������������������������������������
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en Argentina el cargo de Auditor Ge-
neral de Guerra y Marina por 25 años (desde 1906) dice: “El Presi-
dente ejerce pues una jurisdicción administrativa en lo referente a
sus funciones de mando militar, la cual en la parte relativa a la dis-
ciplina de la fuerza armada constituye la jurisdicción disciplinaria
militar, llamada también “justicia militar”. Esta jurisdicción, por
ser consecuencia del poder militar del mando, no la ejerce ni el Poder
Legislativo, ni el judicial, sino únicamente el Ejecutivo”.13

Siendo tan claro en sus expresiones mi General Risso, aunque


no comparto su tesis, se me permitirá citarlo textualmente para
mejor entendimiento del lector, pues el libro en referencia no es
muy “habido en biblioteca”; dice el autor: “Tanto el mando como el
ejercicio de la jurisdicción necesaria para hacerlo efectiva pueden
ser delegados por el Presidente en sus agentes de mando militar, de
acuerdo con la reglamentación dictada por el Congreso… En conse-
cuencia, la parte de poder jurisdiccional que ejercen los Oficiales del
Ejército y Armada la ejercen por delegación, en la forma reglamen-
tada por el Congreso, pues el poder ha sido conferido exclusivamente
al Presidente y tan sólo en ese carácter de delegados suyos lo podrían
ejercer sus agentes de mando militar” 14

13
RISSO DOMINGUEZ Carlos, La Justicia Militar, Tomo I, Imp. Ferrari Hnos., Bs
As.-Argentina; 1939, p.32.
14
Ídem, p. 33.

30
Temas de Justicia Militar

Como sabemos, con arreglo a las ordenanzas militares de


España, que rigieron también para nosotros hasta muy entrada
la República, el poder de fiscalización de la justicia militar residía
en el Rey “a cuya consulta y aprobación eran sometidas las sen-
tencias de cierta gravedad pronunciadas por los tribunales milita-
res”, con la sola limitación de que el Rey no podía agravar la pena.
En América, esta práctica quedó como resabio de las ordenanzas
españolas y así se conservó en códigos de justicia militar como la
argentina.

En el Perú, encontramos una referencia a esa potestad en la


Constitución de 1828, que estableció, entre las atribuciones del Pre-
sidente de la República, la de proveer “con arreglo a ordenanza a las
consultas que se le hagan, en los casos que ella previene, sobre las
sentencias pronunciadas por los juzgados militares”, (Art. 90º, inci-
so 31), en su calidad de Jefe Supremo de las fuerzas de mar y tierra.
El primer Código de Justicia Militar del Perú, que es de 1898, nada
dice a este respecto y en el Perú se abandonó muy tempranamente
esta práctica.

V.2. LA JURISDICCIÓN PENAL MILITAR

Frente a la tesis administrativista disciplinaria surge otra


que reconoce a la justicia militar como una jurisdicción especializa-
da, con atributos de plenitud, que no es una continuidad del mando
y que sus sentencias son susceptibles de pasar en autoridad de cosa
juzgadas; etc., como lo refieren ZAFFARONI y CAVALLERO: “Em-
pero, en lo referente a la jurisdicción penal militar, pensamos que
se ha demostrado con total claridad que no se trata de una función
del mando ni una justicia subordinada al Poder Ejecutivo, sino de
una jurisdicción con atributos de plenitud (Ramayo p. 1183) sobre la
base de que sus tribunales (consejos de guerra) pueden dictar senten-
cias susceptibles de pasar en autoridad de cosa juzgada, o sea que
no precisan para ello integrarse con la aprobación presidencial, de
manera que la calificación del hecho probado como delito y la pena
impuesta, o la absolución a que en ella se llegue, no son revisables
por el presidente de la Nación, no precisando por ende, para gozar de

31
Roosevelt Bravo Maxdeo

aquel efecto, en el sentido indicado, ser integradas con la aprobación


–el ”cúmplase”– presidencial.” 15

De otro lado, existen diferencias entre el derecho disciplina-


rio y el penal; mientras el penal tutela bienes jurídicos mediante
una amenaza de pena, el derecho disciplinario mira a la mejor or-
ganización del servicio militar. En el orden penal la materia de lo
prohibido se encuentra estrechamente limitada por la tipicidad, en
tanto que esto no ocurre en el ámbito disciplinario. El derecho pe-
nal protege bienes jurídicos mientras que el derecho disciplinario
mira tan sólo a la infracción de un deber especial con relación a un
servicio determinado. El delito implica sanciones que de ordinario
conllevan la privación de libertad y eventualmente la limitación de
derechos, mientras que la falta se conforma amenazando con san-
ciones más leves; los delitos sólo pueden ser juzgados por órganos
jurisdiccionales preestablecidos (Ej. Consejos de Guerra), las faltas
disciplinarias son, de ordinario, sancionadas ejecutivamente por los
agentes de mando.16

VI. JUSTICIA MILITAR EN EL PERÚ

VI.1. ALCANCES HISTÓRICOS

Cronistas como Pedro Cieza de León, Sarmiento de Gamboa,


Garcilaso de la Vega y otros, han insistido que el alto nivel de civi-
lización que los conquistadores españoles encontraron en América
del sur había sido creado y desarrollado por los incas. Antes de ellos,
los que poblaron estas tierras, vivían en gran libertad, siendo cada
uno solamente señor de su casa y sementera, hacían en los cerros
sus casas y pucaras (fortalezas) y salían a pelear unos con otros

15
ZAFFARONI Raúl Eugenio y CAVALLERO Ricardo Juan, Derecho Penal Militar
(Lineamientos de la Parte General), Ediciones Jurídicas Ariel, Bs As., Argentina,
1980, p. 24.
16
Ídem, p. 13-14.

32
Temas de Justicia Militar

sobre las tierras de labor y por las fuentes de agua, ya que sus cam-
pos dependían a menudo de la irrigación17.

Estas versiones son hoy discutidas, puesto que culturas como


la Mochica, Chimú, Lambayeque, etc. alcanzaron niveles altos de
desarrollo, mantuvieron verdaderos ejércitos organizados, amu-
rallaron sus ciudades, desarrollaron armas defensivas y ofensi-
vas, aplicaron la guerra sicológica, etc. no solo para defender sus
sementeras o fuentes de agua, sino para ensanchar sus dominios,
hacer prisioneros a sus enemigos y utilizarlos, por ejemplo, como
mano de obra en la extracción del guano de las islas aledañas, tan
útil para la agricultura. De cómo se manejó la disciplina de esos
ejércitos es algo que no sabemos con certeza. Presumimos, sin em-
bargo, que la traición, la cobardía y la deserción, debieron ser dura-
mente castigadas.

Respecto de los incas, nuestros conocimientos sobre las cuestio-


nes militares son más abundantes. Los cronistas han relatado estos
aspectos con mayor consistencia, aunque no uniformemente. Los in-
cas, particularmente desde Pachacutec, emprendieron grandes con-
quistas y expandieron sus territorios considerablemente, tanto que
a la llegada de los españoles el imperio abarcaba gran parte de lo que
es hoy América del Sur. Esta empresa, requirió de la movilización
de grandes ejércitos, la construcción de caminos, puentes, tambos
y el despliegue de una logística considerable y naturalmente, en
nuestro concepto, de medios para mantener en esas fuerzas el orden
y la disciplina, tan esenciales a los ejércitos de todos los tiempos. En
cuanto a los “delitos militares”, su forma de castigarlos y a quién o
quienes correspondía tal función, la información que poseemos no
es uniforme y los estudiosos no han tratado en forma particular el
“derecho militar indiano”. El derecho penal incaico ha sido estudia-
do, en principio, en sentido genérico y su clasificación ha seguido los
parámetros modernos, relacionando determinadas conductas a la
tipología penal actual. El historiador Jorge Basadre precisa que en

17
BRAM Joseph, Análisis del Militarismo Incaico, UNMSM, Lima-Perú, 1977, P. 28-
29.

33
Roosevelt Bravo Maxdeo

las infracciones contra el orden público incaico se pueden encontrar


los “Delitos contra el Derecho Constitucional. Entre ellos pueden ser
considerados los delitos contra el Estado, el Inca, la familia impe-
rial y la religión. Toda la gama que va de la rebelión a la traición,
a la deserción, al magnicidio está aquí comprendidas” 18 “Las penas
más importantes entre los incas fueron: la de muerte, las corporales,
las de privación de la libertad, las penas económicas y las penas de
honor. La elección de estas penas debió estar en numerosos casos
sujeta al criterio del Juez, según la índole del caso concreto que era
materia de su acción.” 19

Hermann Trimborn refiere que “(…) debe considerarse la de-


capitación como la más honrosa forma de ejecución, -ya que tanto
en México como en el Perú-, era ante todo un castigo de soldados”,
precisa además, que “En el imperio de los incas, se adoptó también
la decapitación, al ser aplicada como castigo de soldados, el rol que
jugaba el estrangulamiento entre los aztecas(…)” y que conocieron
las “Relaciones conceptuales (que) con el sacrificio tiene el juicio de
Dios, que los incas peruanos ejecutaban de tal manera que la suerte
del cabecilla de una conspiración se decidía mediante el encierro en
un aposento con fieras” 20. En este último sentido, Basadre refiere,
citando a Guamán Poma de Ayala, que “Hubo dos clases de cár-
cel: Zaucay y Pinas. La primera existía en las ciudades y dependía
directamente del Inca, estaba dedicada a los traidores, y grandes
delincuentes y era bajo tierra, oscura, llena de alimañas… Si al cabo
de algunos días el reo quedaba vivo, era absuelto.” 21 En el caso del
traidor, según Cieza de León, el arrepentimiento antes de entrar en
combate daba lugar al perdón.

En cuanto al procedimiento para juzgar a los delincuentes en


el incario, tratándose de delitos muy graves, según Basadre, debió

18
BASADRE G. Jorge, Historia del Derecho Peruano, II Ed., Lima-Perú, 1985, p. 216.
19
Ídem, p. 212.
20
TRIMBORN Hermann, El Delito en las Altas Culturas de América, UNMSM, 1986,
p. 100.
21
BASADRE, Ob. Cit., p. 214.

34
Temas de Justicia Militar

ser hecho por “funcionarios imperiales o por los más elevados señores
regionales” y al Consejo Real y “al Inca les debió corresponder el nom-
bramiento de veedores y el juzgamiento de los más altos funcionari-
os”, y según el mismo autor, “La existencia de fueros en el Derecho Pe-
nal de los Incas parece indudable: fueron para los miembros del clero,
la nobleza imperial, la nobleza regional o local, los militares, etc. La
función de juzgar debió estar en conexión directa con la división de
clases sociales (…)” .22 Es posible, que muchos actos de indisciplina
militar, y particularmente los de cobardía, fueran reprimidos en los
mismos campos de batalla o inmediatamente después de la brega,
por los capitanes de los ejércitos incas, bajo el concepto militar de
quién manda juzga, siendo el propósito el de sentar ejemplo.

Durante el virreinato español, la justicia militar tiene asidero


en las ordenanzas españolas y en algunas leyes de indias, que fijan
los delitos y las faltas y organizan los tribunales de juzgamiento
respectivo. Sobre este punto no nos extenderemos, habida cuenta
que ya dijimos algo sobre las ordenanzas españolas.

Durante la república, las Ordenanzas de Carlos III de 1768,


con derogaciones parciales, como se tiene dicho, se mantuvieron vi-
gente básicamente hasta 1898 en que se promulgó el primer Código
de Justicia Militar. El 12 de febrero de 1821, el General José de San
Martín, en su cuartel general de Huaura, promulgó un Reglamento
Provisional, en cuyo párrafo 18 se estableció: “Todas las leyes, or-
denanzas y reglamentos que no estén en oposición con los principios
de libertad e independencia proclamados, con los decretos expedidos
desde el 8 de septiembre anterior, y con lo establecido en el presente,
quedan en su fuerza y vigor, mientras no sean derogados, ó abroga-
dos por autoridad competente”. Con posterioridad a este Reglamento
Provisional, por decreto de 8 de octubre de 1821 se estableció que “en
los juicios criminales que se sigan contra extranjeros que se hallen
al servicio de la marina del Perú, siempre que no sean españoles, se
observará el método judicial, y se aplicarán las penas que prescriben

22
Ídem. p. 221.

35
Roosevelt Bravo Maxdeo

los artículos de guerra, que rigen en la marina inglesa” y los natura-


les de cualquiera de los Estados o provincias que antes componían la
América que se denominaba española, como también los individuos
de la península que quieran entrar al servicio de la marina del Es-
tado, serán juzgados por la ordenanza naval de 1802, etc.

El primer Congreso Constituyente, la Suprema Junta Guber-


nativa del Perú, el Protector Simón Bolívar, etc., dictaron muchas
otras normas para fijar delitos, jurisdicciones, indultos y amnistías,
en el ámbito militar, dada la circunstancia especial que se vivía a
raíz de las luchas de liberación del dominio español y con posteriori-
dad otras muchas normas más que sería oneroso citar en este breve
trabajo.

Mención especial merece el tratamiento dado a la jurisdicción


militar en la constitución histórica del Perú; así se le hizo refer-
encia en las constituciones de 1823, 1828 y en la de 1834, en la
que se relievó especialmente sus alcances al establecerse en su Art.
110º, dentro del título referido al Poder Judicial: “Habrá también
un Consejo Supremo de Guerra, compuesto por Vocales y un Fis-
cal nombrados por el Congreso. Asimismo tribunales especiales, el
número de sus Vocales, y sus respectivas atribuciones” y en el Art.
5º de las Disposiciones Transitorias se precisó: “Hará asimismo la
Convención el nombramiento de los Vocales del Consejo Supremo de
la Guerra, luego que expida la ley correspondiente.” Esta mención
a la jurisdicción militar se extendió también en las Constitución de
1839, 1860, 1867, 1920, 1933, 1979 y 1993; en estas dos últimas, con
particular singularidad, al hacerse referencia al delito de función.
A este reconocimiento constitucional ha seguido la preocupación de
la codificación y así se han sucedido en el Perú siete (07) Códigos de
Justicia Militar: las de 1898, 1939, 1950, 1963, 1980, 2006 y 2010
(Código Penal Militar Policial).

VI.2. JUSTICIA MILITAR: SITUACIÓN ACTUAL

Un hecho histórico muy reciente ha marcado con hierro can-


dente a la justicia militar en el Perú: el juzgamiento de terroris-
tas, por mandato legal, en la jurisdicción militar. En efecto, tras las

36
Temas de Justicia Militar

sentencias pronunciadas por la Corte Interamericana de DDHH en


los casos de Castillo Petruzzi, Durand Ugarte y Lori Bérenson, sus
cimientos fueron removidos y las normas que la sustentaban fue-
ron declaradas inconstitucionales, una y otra vez, “con machacona
insistencia”, hasta dejarlo inerme. La Sentencia recaída en el Exp.
N° 00001-2009-AI-TC, de diciembre del 2009, paró el sangrado y
el rostro casi cadavérico de la jurisdicción militar volvió a la vida
(¡Hay y no podrán matarlo!).

Hoy el panorama de la jurisdicción militar policial en el Perú


es aún difícil, pero hay certeza sobre su vigencia. Se han dado pa-
sos importantes para su adecuación a la Constitución y las conven-
ciones internacionales sobre DDHH. Tiene un estatuto organiza-
tivo y funcional, (Ley N° 29182, Ley de Organización y Funciones
del Fuero Militar Policial, modificado por el Decreto Legislativo
N° 1096), que respeta principios esenciales de la administración
de justicia; así, el Fuero Militar Policial es “un órgano jurisdic-
cional autónomo, independiente e imparcial” (Art. I); “constituye
una jurisdicción excepcional e independiente del Poder Judicial”
(Art. 139.1 de la Constitución) y en el “ejercicio de sus funciones y
atribuciones se sujeta a los principios y garantías de la función ju-
risdiccional y al pleno respeto de los derechos fundamentales de la
persona humana” (Art. II); “no alcanza a ciudadanos civiles” (Art.
IV) y juzga �����������������������������������������������������
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a militares y policías en situación de ac-
tividad, por delitos de función (Art. III); se prohíbe la dependencia
o subordinación en el ejercicio de la función (Art. VI) y los jueces
son inamovibles, etc.

De otro lado, el Código Penal Militar Policial, Decreto Legis-


lativo N° 1094, ha definido el delito de función, (tema poco enten-
dido y controvertido hasta hace poco), en el Artículo II del Título
Preliminar en los términos siguientes: “El delito de función es toda
conducta ilícita cometida por un militar o un policía en situación de
actividad, en acto de servicio o con ocasión de él, y que atenta contra
bienes jurídicos vinculados con la existencia, organización, opera-
tividad o funciones de las Fuerzas Armadas o Policía Nacional”. De
esta definición podemos extraer una triple identidad:

37
Roosevelt Bravo Maxdeo

(i) El agente activo del delito de función es un efectivo de las


Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional en situación de ac-
tividad;

(ii) El delito de función debe ser cometido en acto de servicio o con


ocasión de él; y,

(iii) El delito de función, sea por comisión u omisión, está dirigido


a proteger bienes jurídicos vinculados con las funciones de las
Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, más precisamente
con la existencia, organización, operatividad o el cumplimien-
to de sus funciones.

En cuanto al tercer punto, que es el que más se discute


en doctrina, tiene que ver con la tipificación de los delitos en la
parte especial del Código. Si se adopta una tesis restrictiva se
tipificarán como delitos de función únicamente los estrictamente
o típicamente castrenses, (desobediencia, insubordinación,
deserción, etc.), es decir, los que solo pueden preverse en un
código penal militar y no tienen cabida en un código penal común.
Si se adopta una tesis funcional, que es la que propone el vigente
Código Penal Militar Policial peruano, se tipificarán también los
delitos militarizados (Ej. robo, hurto aun que el nomen juris sea
otro); es decir, delitos previstos en el código penal común pero que
por su relación directa y próxima con la función militar pueden
ser incluidos en un código penal militar, como lo ha referido la
Corte IDH en la sentencia Radilla Pacheco vs. México (F.J. 284).
El Código Penal Militar colombiano adopta esta misma línea y ni
qué se diga de la española.

Este asunto evidentemente no es nuevo, pero vuelve a la “es-


cena contemporánea” cada vez que se pretende deslegitimar a la ju-
risdicción militar; veamos que nos dicen ZAFFARONI y CAVALLERO
al respecto:

“Los delitos militares propios (o delitos propios de los milita-


res) son los que únicamente puede cometer un militar, pues-
to que constituyen una infracción a los deberes militares, por

38
Temas de Justicia Militar

consiguiente deben afectar un bien jurídico militar, aunque la


lesión jurídica no se reduzca a tales bienes.”

“Como consecuencia de esta distinción entre delitos militares


propios que sólo afectan bienes jurídicos militares y delitos militares
propios que afectan bienes jurídicos militares y otros que no lo son,
podemos distinguir entre delitos esencialmente militares y delitos
militarizados. A esta última categoría pertenecen, por ejemplo, las
vías de hecho contra el superior que causen lesiones o la muerte del
superior, lo que afecta la disciplina militar gravemente y al mismo
tiempo la vida o la integridad física.” (p.28)

Pongamos coto aquí a la desbordante pasión que el tema ge-


nera y redondeando la faena, esperanzados en cortar oreja y rabo,
hagamos notar que el proceso penal militar policial que contiene
nuestro vigente Código, se inscribe en un modelo procesal acusato-
rio, donde las funciones de investigar (fiscal) y juzgar (juez) están
debidamente delimitadas y los principios y garantías procesales,
(Arts. 143° al 162°), hacen referencia al juicio previo, a la oralidad,
publicidad, inmediación, no autoincriminación, derecho de defensa,
igualdad de trato, justicia en tiempo razonable, etc.

COLOFÓN
Tenemos ya idea de ¿A dónde va la justicia militar policial
peruana? ¡Espero que sí! Debemos tener muy en claro, también,
que la jurisdicción militar policial existe para sancionar a militares
y policías que cometan delitos en el ejercicio de su función, como
medio protector y de cumplimiento de las fines primordiales que la
Constitución les asigna a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacio-
nal en sus artículos 165° y 166°, respectivamente, referidos a garan-
tizar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la
República y garantizar, mantener y restablecer el orden interno.
La jurisdicción militar policial no ha sido concebida para proteger
a militares o a policías que cometan delitos y menos aún para bus-
car impunidad, como maledicentemente repiten ciertos opositores.

39
Roosevelt Bravo Maxdeo

Diremos que sobre el militar y el policía pesan, por lo menos, tres


instrumentos jurídicos: el código penal común, como sobre cualquier
ciudadano; el código penal militar policial, cuando cometa delitos de
función y la Ley de Régimen Disciplinario por las faltas administra-
tivas que pueda cometer.

40
EL DELITO DE INSULTO AL SUPERIOR EN EL CÓ-
DIGO PENAL MILITAR POLICIAL23

RESEÑA: En el presente trabajo, el autor hace una síntesis


sobre la evolución histórica del delito de insulto al superior en
los Códigos de Justicia Militar que se han sucedió en el Perú;
explica cómo está concebido el delito de insulto al superior en
el Código Penal Militar Policial vigente (Decreto Legislativo
N° 1094); los bienes jurídicos protegidos, los elementos objeti-
vo, subjetivo y normativo que integran el tipo penal y como se
trata el tema en el derecho comparado, entre otros aspectos.

SUMARIO: I. Generalidades, II. Precedentes normativos del


Código Penal Militar Policial, III. Consideraciones del Tribu-
nal Constitucional sobre la inconstitucionalidad de ciertas
partes de los artículos 121 y 123 del CJMP-2006, IV. El Insulto
al Superior en el Código Penal Militar Policial (CPMP-2010),
V. El insulto al superior en el derecho penal militar español,
y, VI. Conclusiones:

I. GENERALIDADES
Los tipos penales relativos al insulto al superior, histórica-
mente, han estado configurados sobre tres supuestos: (I) pasar a
vías de hecho contra el superior (agresión física que puede causar
lesiones e incluso la muerte), (II) intentar pasar a vías de hecho

23
Este artículo fue publicado en la Revista “El Jurista del Fuero Militar Policial”, Año
1, Número 1. Julio-Diciembre 2012, p. 65-69.

41
Roosevelt Bravo Maxdeo

contra el superior en grado, empleo o mando (amenazas ostensi-


bles); y, (III) ofensas al superior, de palabra, por escrito, imagen o
mediante la propagación de manuscritos, etc.

Con el tiempo, la experiencia y evolución de las técnicas legis-


lativas, la tendencia ha sido simplificar los elementos normativos
de los tipos penales, de forma que esas “precisiones” que antaño se
hacían respecto del medio empleado para cometer el delito: “(…) con
arma blanca o de fuego, palo, piedra u otro objeto capaz de producir
la muerte o lesiones graves”, por ejemplo, no están más consignadas
en los tipos penales vigentes y no precisamente las figuras típicas
resultan agravadas por los medios empleados en su comisión, sino
por las circunstancias en que han ocurrido, por ejemplo, conflicto
armado, frente al enemigo, etc. En nuestra legislación, el delito de
insulto al superior está contemplado en el Título IV (Delitos con-
tra la integridad institucional), Capítulo I, del Código Penal Militar
Policial (Decreto Legislativo N° 1094) y abarca los artículos 112.-
Agresión al superior en grado; 113.- Acto tendente a agredir o ame-
nazar; y 114. - Ofensas al superior.

II. PRECEDENTES NORMATIVOS DEL CÓDIGO PENAL


MILITAR POLICIAL

II.1. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 1898 (CJM-1898)24

El insulto al superior (Insulto a Superiores) estuvo tipificado


en el Título III del Libro Segundo del CJM-1898, en los artículos del
262 al 269. El tipo básico estaba consignado en el Art. 262 y cometía
insulto al superior el “militar” (sujeto activo) “que en acto del servi-
cio o con ocasión de él…, con arma blanca o de fuego, palo, piedra u
otro objeto capaz de producir la muerte o lesiones graves” (elemento
normativo), “maltrataba a un superior en empleo o mando” (ele-
mento objetivo).

24
Código de Justicia Militar del Perú, Edición Oficial, Oficina Tipográfica de “El
Tiempo”, por I. H. Jiménez, Lima, 1899.

42
Temas de Justicia Militar

La comisión de este delito configuraba una acción dolosa (ele-


mento subjetivo), el sujeto pasivo del delito era el “superior en
empleo o mando” y la pena que le correspondía era la de muerte. No
siendo en acto del servicio ni con ocasión de él (Art. 263), las penas
eran privativas de libertad (reclusión en distintos grados), depen-
diendo incluso del grado del agraviado (oficial, sargento o cabo); no
obstante, cuando del maltrato al superior resultaba la muerte de és-
te o lesiones que lo dejaban impotente o inutilizado para el servicio
(agravantes), la pena era de muerte.

Cometía también insulto al superior, de acuerdo con el CJM-


1898, el que echaba mano a un arma ofensiva o revelaba actos ten-
dentes a ofender de obra a un superior (Art. 266) y el que en acto del
servicio o con ocasión de él ofendía al superior en empleo o mando,
“de palabra, por escrito o imagen”; igualmente, el militar que “con
demostración de menosprecio devolvía títulos, despachos, diplomas
o nombramiento, o se despojaba de sus divisas o condecoraciones”
(Art. 267).

Resultaba circunstancia atenuante el “consumarse el maltrato


de obra, sin armas…” (Art. 265) y el que fuese cometido por un asi-
milado militar, en acto o con ocasión del servicio profesional, siem-
pre que no se causase muerte o lesiones (Art. 269).

II.2. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 1939 (CJM-1939)25


En este Código, el insulto al superior estuvo previsto en la
Sección Quinta (Delitos contra la disciplina), Título primero, en los
artículos del 274 al 286.

El artículo 274 describía las conductas antijurídicas básicas


del “militar”, respecto del “superior en clase (grado), empleo o man-
do”, que constituían la comisión del delito de insulto al superior:
(i) pasar o intentar pasar a vías de hecho; y, (ii) las ofensas al

25
Ley N° 8991, Código de Justicia Militar de 1939, promulgado por el General de
División Oscar R. Benavides, Presidente de la República. Tomado del Anuario de la
Legislación Peruana.

43
Roosevelt Bravo Maxdeo

superior de palabra, por escrito o imagen, o mediante la propa-


gación de manuscritos o la publicación de impresos o láminas. El
pasar a “vías de hecho” (Art. 274°) es equivalente a “maltrato de
obra al superior” (Art. 275°- elemento objetivo) que se ejecuta “em-
pleando arma blanca o de fuego, fierro, palo, piedra u otro objeto
contundente capaz de producir la muerte o lesiones.” (Elemento
normativo), siendo la pena a imponerse la de internamiento (Abso-
lutamente indeterminada, más allá de un mínimum de veinticinco
años) si tal maltrato de obra se producía en “acto del servicio o con
ocasión de él”.

Cuando el agresor, en acto del servicio o con ocasión de él, no


hacía uso de las armas, no obstante portar las reglamentarias, o de
los objetos mencionados (fierro, palo, etc.), para “maltratar de obra
al superior”, la pena que se imponía era de penitenciaría (de 06 a 25
años de pena privativa de libertad). No habiendo ocurrido el insulto
al superior en acto de servicio o con ocasión de él, la pena que se
imponía era la de prisión (de 02 a 05 años), estimándose si se causó
lesiones leves y si el agresor fue un Oficial, clase o soldado.

Las circunstancias calificativas en la comisión de éste delito y


que merecían la pena de muerte, estaban dadas por la muerte del
superior, por cometerse el delito “en momento de combate o acción
de armas, o en momento de peligro inminente, tal como incendio,
naufragio u otros estragos, o con ocasión de rebelión, sedición o mo-
tín, o encontrándose el superior desempeñando servicios de seguri-
dad en campaña, servicio de facción o encontrándose al frente de
sus tropas” (Art. 278°). Cuando la agresión causaba lesiones graves
o la muerte del superior, fuera de los actos del servicio, la pena era
de penitenciaría; no pudiendo ser menor de doce años en caso de
haberse producido la muerte (Art. 279).

El “intentar pasar a vías de hecho” se sancionaba con las pe-


nas inmediatamente inferiores previstas para el “maltrato de obra
al superior” (Art. 280°). Las ofensas al superior (de palabra, por
escrito o imagen, o mediante la propagación de manuscritos o la
publicación de impresos o láminas y otros) estaban previstas en los
Arts. 281° y 282° del Código.

44
Temas de Justicia Militar

Se consideraban atenuantes en la comisión del delito de insul-


to al superior, el hecho de haber sido precedido, inmediatamente,
de un grave abuso de autoridad o haber sido el subalterno ofendido
en su honor; y se tenía como circunstancia agravante el haberse
cometido contra el jefe de la unidad al que pertenecía el subalterno
o contra el comandante de guardia, por los centinelas o individuos
de la misma.

II.3. CÓDIGOS DE JUSTICIA MILITAR DE 195026 Y 196327

El CJM-1950 trata el delito de Insulto al superior en la Sec-


ción V, Delitos contra la disciplina, artículos del 232° al 245°. En
este Código se han reproducido casi textualmente los artículos del
Código de 1939, siendo las diferencias muy puntuales, como la pre-
vista en el Art. 243° que considera circunstancia atenuante “el en-
contrarse acusado o agraviado en la situación de disponibilidad o
de retiro en el momento de cometerse el delito”. El CJM-1963 mantu-
vo las particularidades del CMJ-1950 sobre dicho delito.

II.4. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 198028

El delito de insulto al superior estuvo previsto en la Sección


V (Delitos que afectan a la disciplina de los Institutos Armados),
Título Primero, artículos del 142° al 151°.

Los elementos subjetivos, objetivos y normativos de estos ar-


tículos son muy semejantes a los previstos en los Códigos de 1939,
1950 y 1963; así, conforme al Art. 142°, cometía delito de insulto al

26
Código de Justicia Militar, Decreto-Ley N° 11380, de 29 de Mayo de 1950, ratificado
por la Ley 11490 de 1° de Setiembre de 1950, Imprenta del Ministerio de Guerra,
1950, Lima.
27
Código de Justicia Militar, Decreto-Ley N° 14613, de 25 de Julio de 1963.
28
Decreto Ley N° 23214, de 24 de Julio de 1980, Editores Consejo Supremo de Justicia
Militar, 1998, Lima-Perú.

45
Roosevelt Bravo Maxdeo

superior el militar que: (I) pasaba o intentaba pasar a vías de he-


cho contra el superior en grado, empleo o mando; y, (II) ofendía al
superior de palabra, por escrito, imagen o mediante la propagación
de manuscritos, o la publicación de impresos o láminas, “cualquie-
ra que sea la situación militar en que se encuentren agraviado u
ofensor”, es decir, en situación militar de actividad, disponibilidad
o retiro, aunque, se tomaban estas condiciones como atenuantes,
conforme al Art. 150°, como ya se preveía en el CJM-1950, en el
entendido de que la condición de militar no se pierde ni siquiera
después de muerto y que ciertos honores y privilegios concedidos
se mantienen en el tiempo, en atención al grado militar obtenido
en actividad y a los servicios prestados, que incluso autorizan al
militar en situación de retiro a vestir uniforme en determinadas
situaciones que se hallan reglamentadas.

En relación con sus antecesores, el Código de 1980 no contem-


pla la pena de muerte para el insulto al superior, cualquiera sea
la circunstancia en la que se haya cometido. Causar la muerte del
superior, en acto de servicio o con ocasión de él, se sancionaba con
pena de internamiento (indeterminada, más allá de 25 años) y las
lesiones graves con penitenciaría (de 02 a 20 años) o prisión (de 60
días a 20 años). Los elementos normativos del delito, singularmente
citados en los Códigos que lo antecedieron, como las referencias a
las armas y objetos empleados para la agresión: fierro, piedra, arma
blanca, arma de fuego, etc., o el hacer referencia a las circunstancias
en que se puedan cometer: frente al enemigo, mediando incendio,
naufragio, terremoto o teniendo el superior agredido la condición de
Comandante de Unidad, etc., no fueron ya contemplados en el CJM-
1980, por razones de técnica legislativa.

La supresión de la pena de muerte para el delito de insul-


to al superior en el CJM-1980, tenía que ver con una disposición
de la Constitución de 197929 que prohibía la pena de muerte en la

29
“Artículo 235. No hay pena de muerte, sino por traición a la Patria en caso de guerra
exterior.”

46
Temas de Justicia Militar

legislación penal peruana, salvo en caso de Traición a la Patria en


caso de guerra exterior. De hecho, una de las razones que se expresa
en la parte considerativa del Decreto Ley N° 23214, con el que se
promulgó el CJM-1980, es “adecuar el Código de Justicia Militar
a la nueva Constitución Política”, resultando de ello, entre otras
cosas, que los civiles no podían ser juzgados en el Fuero Militar30
y que la pena de muerte tenía un carácter excepcional (solo podía
ser impuesta por Traición a la Patria en caso de guerra exterior),
cuestión esta última que tuvo que ver también, según nos parece,
con la suscripción por el gobierno del Perú, el 27 de julio de 1977,
de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y su aproba-
ción mediante Decreto Ley N° 22231, del 11 de julio de 1978, todo
ello, durante el gobierno del General de División Francisco Morales
Bermúdez Cerrutti.

II.5. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 2006 (DECRETO


LEGISLATIVO N° 906)

El delito de insulto al superior se encontraba previsto en el


Título IV (Delitos contra la integridad institucional), Capítulo I (In-
sulto al Superior), entre los artículos del 121° al 123°, que se citan
textualmente:

“Artículo 121º.- Insulto al Superior- Agresión


El militar o policía que agreda a un superior, en actos de servicio,
causándole lesiones leves, será sancionado con pena privativa de
la libertad, de seis meses a dos años.
1. Si el delito se comete en conflicto armado o si se causa lesiones
graves al superior, la pena privativa de la libertad será no menor
de dos ni mayor de diez años.

30
“Artículo 282. Los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Policiales en los
casos de delitos de función están sometidos al Fuero respectivo y al Código de Justicia
Militar, cuyas disposiciones no son aplicables a los civiles, salvo lo dispuesto en el
Artículo 235. Quienes infringen el Servicio Militar Obligatorio están sometidos al
Código de Justicia Militar.” (Resaltado agregado).

47
Roosevelt Bravo Maxdeo

2. Si el delito se comete frente al enemigo o si se causa la muerte


del superior la pena privativa de la libertad será no menor de diez
ni mayor de veinte años.”

“Artículo 122º.- Acto tendiente a agredir o amenazar


El militar o policía que en ocasión de servicio, ejecuta actos o toma
las armas con demostración manifiesta de agredir o amenazar a
un superior, será sancionado con pena privativa de libertad no
mayor de cinco años.

Si el delito se comete frente al enemigo o en situación peligrosa


para la seguridad del establecimiento militar o policial, nave o
aeronave será sancionado con pena privativa de libertad no me-
nor de uno ni mayor de ocho años.”

“Artículo 123º.- Coacción, injuria y difamación


El militar o policía que coaccione, injurie o difame, de palabra,
por escrito o con publicidad a un superior, en acto de servicio y
que afecte gravemente la disciplina, será sancionado con pena
privativa de la libertad no mayor de tres años.”

Como se podrá apreciar de los artículos glosados, estos es-


taban referidos: (i) a la agresión física en acto de servicio que
causare lesiones leves, graves o la muerte (Art. 121); (ii) al ac-
to tendiente a agredir o amenazar (físicamente), con ocasión del
servicio (Art. 122); y, (III) al acto de coaccionar, injuriar o difa-
mar al superior, mediante la palabra, por escrito o con publicidad,
conductas penales militares que meridianamente apreciados no
son “creación heroica”, sino más bien, “calco y copia” de los tipos
penales considerados de forma semejante en los cinco Códigos de
Justicia Militar que lo antecedieron (1898, 1939, 1950, 1963 y
1980), entonces, ¿son entendibles los argumentos que esgrimió el
Tribunal Constitucional en la Sentencia recaída en el Expediente
N° 0012-2006-PI/TC, del 15 de diciembre del 2006, para declarar
inconstitucionales, entre otros, extremos de los artículos 121 y 123
del CJMP-2006, relacionados con el insulto al superior, alegando
la vulneración de bines jurídicos comunes – vida, integridad física,
honor y libertad personal- que no serían propias de las Fuerzas
Armadas y de la Policía Nacional?

48
Temas de Justicia Militar

III. CONSIDERACIONES DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL


SOBRE LA INCONSTITUCIONALIDAD DE PARTES DE
LOS ARTÍCULOS 121 Y 123 DEL CJMP-2006
El Tribunal Constitucional, en la Sentencia recaída en Expe-
diente N° 0012-2006-PI/TC, del 15 de diciembre del 2006, refirió
respecto del Art. 121 que las “lesiones leves” afectan el bien jurídi-
co integridad física, que no es un bien jurídico institucional de las
Fuerzas Armadas o Policía Nacional y que en la referida norma le-
gal no se presentan todos los requisitos que identifican a los delitos
de función. Dice el Tribunal Constitucional, textualmente:

“(…) Como se aprecia, en la referida norma penal no se presentan


todos los requisitos que identifican a los delitos de función. Así,
mediante esta norma penal se pretende sancionar la conducta del
militar o policía (en actividad), que en acto de servicio o con oca-
sión de él, agreda a un superior, causándole LESIONES LEVES,
afectando el bien jurídico INTEGRIDAD FÍSICA de una persona
(que no es un bien jurídico institucional de las Fuerzas Armadas
o Policía Nacional.” (FJ 79)).

En cuanto a las lesiones graves y muerte, por idénticas razo-


nes, resultaban inconstitucionales, aunque habría que precisar que
en caso de muerte el bien jurídico protegido sería la vida; al respec-
to, el Tribunal Constitucional dijo:

“80. Respecto de los incisos 1 y 2 del artículo 121° del CJMP, por
idénticas razones a las expuestas en el párrafo precedente, el Tri-
bunal Constitucional estima que resultan inconstitucionales los
siguientes extremos “o si se causa lesiones graves al superior” y “o
si se causa la muerte del superior”, respectivamente”.

En cuanto al Art. 123°, el Tribunal Constitucional dijo:

“(…) Como se aprecia, en la referida norma penal no se presen-


tan todos los requisitos que identifican a los delitos de función.
Así, mediante esta norma penal se pretende sancionar la conduc-
ta del militar o policía (en actividad), que en acto de servicio o
con ocasión de él, COACCIONE, INJURIE o DIFAME, de pala-
bra, por escrito o con publicidad a un superior, afectando bienes

49
Roosevelt Bravo Maxdeo

jurídicos como el HONOR DE UN INDIVIDUO o la LIBERTAD


PERSONAL (que no son bienes jurídicos institucionales de las
Fuerzas Armadas o Policía Nacional). En consecuencia, teniendo
en cuenta que el extremo del artículo 123° del CJMP que esta-
blece: “coaccione, injurie o difame, de palabra, por escrito o con
publicidad a un superior” no forma parte de las características
básicas del delito de función, tal como lo exige el artículo 173°
de la Constitución, el Tribunal Constitucional considera que tal
extremo es inconstitucional” (FJ 81).

Puntualizando diremos, que si bien el artículo 173° de la


Constitución hace referencia al delito de función, no hace ninguna
precisión respecto de sus “características básicas”, tema este que ha
sido desarrollado doctrinaria y jurisprudencialmente. Volveremos,
más adelante, para precisar nuestros conceptos sobre delito de fun-
ción, cuando hagamos la exégesis de los tipos penales de insulto al
superior que se encuentran vigentes a la fecha en el ordenamiento
penal militar policial.

IV. EL INSULTO AL SUPERIOR EN EL CÓDIGO PENAL


MILITAR POLICIAL (CPMP-2010)

IV.1. TIPIFICACIÓN DEL INSULTO AL SUPERIOR EN EL


CÓDIGO VIGENTE

El delito de insulto al superior está tipificado en el Título IV


del Libro Segundo, Capítulo I, del Código Penal Militar Policial,
Decreto Legislativo N° 1094, en los artículos 112, 113 y 114, que se
citan textualmente:

“Artículo 112. - Agresión al superior en grado


El militar o el policía que agreda al superior en grado, empleo o
mando, será sancionado con pena privativa de libertad no menor
de dos ni mayor de cinco años, con la accesoria de separación ab-
soluta del servicio y el pago de ciento ochenta días multa.

Si el autor incurre en la figura agravante del inciso 16 del artí-


culo 33, la pena privativa de libertad será no menor de cuatro ni

50
Temas de Justicia Militar

mayor de diez años, con la accesoria de separación absoluta del


servicio y el pago de trescientos sesenta días multa.

Si la agresión se comete, durante enfrentamiento contra grupo


hostil o conflicto armado internacional o frente al adversario o
si se configura la figura agravante del inciso 17 del artículo 33,
la pena privativa de libertad será no menor de diez ni mayor de
veinticinco años.”

“Artículo 113. - Acto tendente a agredir o amenazar


El militar o el policía que ejecuta actos o toma las armas con de-
mostración manifiesta de agredir o amenazar a un superior, será
sancionado con pena privativa de libertad no mayor de cinco años
y el pago de ciento sesenta días multa.

Si el acto tendente a agredir o amenazar, se comete durante en-


frentamiento contra grupo hostil o conflicto armado internacional
o frente al adversario o en situación peligrosa para la seguridad
de un establecimiento militar o policial, nave o aeronave, será
sancionado con pena privativa de libertad no menor de cuatro ni
mayor de ocho años, con la accesoria de separación absoluta del
servicio.”

“Artículo 114. - Ofensas al superior


El militar o el policía que coaccione u ofenda al superior en grado,
empleo o mando, con el ánimo de menoscabar su autoridad o la
disciplina, será sancionado con pena privativa de libertad no ma-
yor de tres años y el pago de ciento veinte días multa.”

IV.2. SIGNIFICADO GRAMATICAL DE LA PALABRA AGREDIR

El significado gramatical de la expresión agredir, que in-


tegra el tipo objetivo del injusto (tipo básico-Art. 112°), según el
diccionario de Real Academia Española (RAE), equivale a “cometer
agresión” y agresión es a su vez: (I) acto de acometer para ma-
tarlo, herirlo o hacerle daño; (II) acto contrario al derecho de
otra persona; y, (III) ataque armado de una nación contra otra, sin
declaración previa.

En un sentido técnico-jurídico, es la primera acepción de la


RAE lo que importa para relacionar la palabra agredir con la acción

51
Roosevelt Bravo Maxdeo

y efecto de utilizar violencia física, como se ha entendido siempre


por la doctrina y el derecho comparado para una de las formas del
insulto al superior.

IV.3. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO

El Insulto al superior se encuentra comprendido en el Título


“Delitos contra la integridad institucional” de las Fuerzas Armadas
y la Policía Nacional.

En términos generales, es la disciplina el bien jurídico que se


pretende proteger con los tipos penales de este delito. En un sentido
más estricto, para Jiménez Jiménez, el bien jurídico protegido es la
subordinación y el respeto al Superior; y Querol y Durán afirma que
en este delito “el interés lesionado es la disciplina, y dentro de
ella la subordinación, que es su parte más esencial”.31

Este deber de subordinación que debe concretarse en la obe-


diencia, no está solo referido a los jefes inmediatos, sino además,
en términos generales, a todo superior con independencia del ins-
tituto al que pertenezca (Ejército, Marina, Fuerza Aérea o Policía
Nacional) y las manifestaciones exteriores de la disciplina que se
encuentran previstas en los reglamentos militares, como el Regla-
mento de Servicio en Guarnición que es común a los cuatro institu-
tos armados.

IV.4. SUJETOS ACTIVO Y PASIVO DEL DELITO

Solo personas de una determinada condición jurídica –mili-


tares y policías– pueden ser sujetos activo y pasivo de este delito.
El sujeto activo será el “inferior” (subalterno) y el sujeto pasivo el
“superior en grado, empleo o mando”. Estos sujetos, activo y pasivo,
deben encontrarse en la situación militar o policial de actividad;

31
Citado por Pascual García Ballester en Comentarios al Código Penal Militar (espa-
ñol), Editorial Civitas S.A., Madrid, 1988, p. 1099.

52
Temas de Justicia Militar

en tal sentido, los militares o policías que se encuentren en la si-


tuación militar o policial de retiro no cometen insulto al superior
(como se preveía en Códigos anteriores), pues, si bien conservan
el grado y los honores y preeminencias que le son consustanciales
en determinados casos, no tienen empleo o mando militar o poli-
cial, por lo tanto, no pueden cometer ya delitos de función militar-
policial.

IV.5. PRECISIONES SOBRE LOS TIPOS PENALES DE INSULTO


AL SUPERIOR

Los tres artículos relativos al delito bajo comentario en el


CPMP-2010 están referidos: (i) a la agresión física que cause le-
siones leves, graves o la muerte (Art. 112); (ii) al acto tendiente a
agredir o amenazar (físicamente) (Art. 113); y, (III) al acto de ofen-
der al superior, “mediante la palabra, por escrito o con publicidad,
etc.” (Art. 114).

De acuerdo con el tipo básico del Art. 112 (Agresión al supe-


rior en grado), comete insulto al superior el “militar o el policía”
(sujeto activo) que “agreda al superior en grado, empleo o mando”
(elemento objetivo). La comisión de este delito importa una ac-
ción dolosa (elemento subjetivo), el sujeto pasivo del delito es
el “superior en grado, empleo o mando” y las penas previstas son:
(I) pena privativa de libertad “no menor de dos ni mayor de cinco
años, con la accesoria de separación absoluta del servicio y el pago
de ciento ochenta días multa”, para el primer párrafo del artículo,
cuando haya agresión física (Vg. Empujar al superior) y se cause o
no lesiones (las lesiones leves están comprendidos en este párrafo);
(II) pena privativa de libertad “no menor de cuatro ni mayor de diez
años, con la accesoria de separación absoluta del servicio y el pago
de trescientos sesenta días multa”, si el autor incurre en la figura
agravante del inciso 16 del artículo 33 (causar lesiones graves);
y, (III) Con pena privativa de libertad “no menor de diez ni mayor
de veinticinco años”, si la agresión se comete, durante enfrenta-
miento contra grupo hostil o conflicto armado internacional
o frente al adversario o si se configura la figura agravante

53
Roosevelt Bravo Maxdeo

del inciso 17 del artículo 33” (causar la muerte) (Lo resaltado


con negritas: Elementos normativos).

El insulto al superior ha sido comprendido en el CPMP-2010


de la forma descrita, siguiendo los parámetros establecidos para el
delito de función (Art. II del Título Preliminar del CPMP-2010) y
cuyas características son : (I) el sujeto activo del delito es un militar
o un policía en situación de actividad (si se encuentra en retiro, pero
cometió el delito de función estando en situación de actividad, el
Fuero Militar Policial es competente para procesarlo); (II) el delito
debe ser cometido en acto del servicio o con ocasión de él; y (III) el
hecho punible, cometido por acción u omisión, debe atentar contra
bienes jurídicos vinculados con la existencia, organización, operati-
vidad o funciones de las Fuerzas Armadas o Policía Nacional.

Como referimos antes, el Tribunal Constitucional, en la Sen-


tencia recaída en el Expediente N° 0012-2006-AI/TC, de 25 de di-
ciembre del 2006, declaró inconstitucionales ciertos extremos de los
delitos de Insulto al superior previstos en el CJMP-2006, con el ar-
gumento de que los bienes jurídicos vida, integridad física, el honor
de un individuo o la libertad personal no eran bienes jurídicos pro-
pios de las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional, al manejar,
en principio, una tesis restrictiva sobre el delito de función, que con-
sidera que solo los delitos “típicamente militares” o “estrictamente
castrenses” pueden ser tipificados en un Código de Justicia Mili-
tar. La parte especial del CPMP-2010 está sustentada en una tesis
funcional del delito de función, lo que permite incluir los llamados
delitos militarizados, es decir aquellos que estando tipificados en
el Código Penal Común, pueden ser también previstos en el Código
Penal Militar Policial, a condición de que tengan una vinculación
directa y próxima con las funciones de las Fuerzas Armadas y de la
Policía Nacional, como lo ha reconocido la Corte Interamericana de
Derechos Humanos en el Caso Radilla Pacheco vs. México y que la
legislación y la doctrina comparada lo han comprendido también así
desde siempre.

Debo decir más, los bienes jurídicos que los artículos relativos
al delito de insulto al superior del CJMP-2006 pretendían proteger

54
Temas de Justicia Militar

y que pretende proteger los del CPMP-2010, no son la integridad


física, la vida, el honor o la libertad del individuo, como lo afirmó
el Tribunal Constitucional, sino otros distintos y esenciales para
que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional puedan cumplir con
las misiones que la Constitución les ha señalado, y que siguiendo a
Querol y Durand, diremos que el bien jurídico lesionado es la disci-
plina, y dentro de ella, la subordinación, que es su parte esencial.
Las lesiones, la muerte, la afectación del honor del individuo o la
libertad personal, son tomadas en los tipos penales militares sólo
como circunstancias agravantes.

Sobre la disciplina y la subordinación habría mucho que decir.


Sin ellos habrá hombres armados, pero sin mística, sin valores, sin
ideales; hordas que se desboquen con el vaivén de las circunstan-
cias, sin respeto a los ideales democráticos y a la convivencia so-
cial. Los ejércitos técnica y tácticamente preparados, con soldados
disciplinados, subordinados, con clara visión de que los mandatos
constitucionales son de obligatorio cumplimiento, que cuentan con
soldados dispuestos a sacrificar la vida por el cumplimiento del de-
ber, que están poseídos de una mística excepcional y saben que el
respeto a la autoridad del superior es esencial, esos serán los ejér-
citos que perdurarán para la gloria de su nación. ¿Qué queremos
nosotros para el Perú? ¿El relajo, la anarquía, la destrucción de sus
instituciones tutelares? El hombre no es solo sujeto de derechos,
sino también de obligaciones…, dejemos esto allí suspensivamente
y cederemos la palabra a quienes han meditado sobre disciplina y
subordinación autorizadamente:

“Los rigurosos preceptos de la disciplina militar son necesarios


para garantizar al ejército de las derrotas, de la mortandad, y
especialmente de la deshonra.” (Subrayado agregado)
Napoleón Bonaparte

“La disciplina es el alma de un ejército. Hace formidable a un


pequeño grupo, le da fuerza a los débiles y sube la autoestima de
todos.” (Subrayado agregado)
George Washington

55
Roosevelt Bravo Maxdeo

“La victoria en la guerra no depende completamente del número


o del simple valor; sólo la destreza y la disciplina la asegura-
rán. Hallaremos que los romanos debieron la conquista del mun-
do a ninguna otra causa que el continuo entrenamiento militar,
la exacta observancia de la disciplina en sus campamentos y el
perseverante cultivo de las otras artes de la guerra.” (Subrayado
agregado)
Vegecio

Respecto de la subordinación militar, he aquí una historia


muy antigua que pinta de cuerpo entero al soldado subordinado:

“Cierto soldado que en una carga de caballería estaba al alcance


de un enemigo y á punto de darle muerte, oyó tocar retirada, y
parando su caballo, dejó libre y sano al que huía, y se volvió.

– Estando ya tan cerca, ¿por qué no lo mataste? le preguntó un


camarada.

– Porque en la milicia es antes obedecer al general, que matar á


un enemigo.” (Subrayado agregado)

V. EL INSULTO AL SUPERIOR EN EL DERECHO


PENAL MILITAR ESPAÑOL

Hacemos una exégesis del delito de insulto al superior previs-


to en el Código Penal Militar español, porque en materia de derecho
penal militar, España ha sido la fuente legislativa y doctrinaria a
la que han recurrido todos los pueblos de habla hispana; en conse-
cuencia, la autoridad de “la España” en esta materia resulta ser
obvia.

El delito de insulto al superior se encuentra previsto en el Tí-


tulo Quinto (Delitos contra la disciplina), Capítulo II (Insubordina-
ción), Sección 1, artículos del 98 al 101, de la Ley Orgánica 13/1985
(Código Penal Militar), modificada por las Leyes Orgánicas 4/1987,
2/1989, 13/1991, 11/1995 y 3/2002.

56
Temas de Justicia Militar

El Código Penal Militar español, respecto del insulto al supe-


rior, contempla, como el CPMP-2010 peruano, tres situaciones: (I)
el maltrato de obra al superior; (II) tendencia a maltratar de obra
al superior; y, (III) el maltrato mediante la coacción, amenaza, in-
juria, por escrito o con publicidad.

V.1. El Art. 98 está referido al maltrato de obra al superior


con circunstancias calificativas: (I) hallándose frente al enemigo,
rebeldes o sediciosos, o en situación peligrosa para la seguridad del
buque o aeronave; y, (II) cuando se produce en tiempo de guerra,
causándole la muerte o lesiones muy graves al superior, si el hecho
se ejecutare en acto de servicio o con ocasión de éste. La pena que
corresponde para ambos casos es de quince a veinticinco años de
prisión.

Conforme al Art. 99, el maltrato de obra a un superior,


fuera de los casos previstos en el artículo 98, es castigado: (I) con
la pena de quince a veinticinco años de prisión, si resultare la
muerte del superior; (II) con la de cinco a quince años de pri-
sión, si le causare lesiones graves; y (III) con la de tres meses y
un día a cinco años de prisión en los demás casos (incluido lesiones
leves).

V.2. Tendencia a maltratar de obra al superior (Art.100):

“El poner mano a un arma ofensiva o ejecutar actos o demostra-


ciones con tendencia a maltratar de obra a un superior será cas-
tigado:

1. Con la pena de tres a diez años de prisión, si el hecho fuere


ejecutado en los supuestos del párrafo primero del artículo 98.
(hallándose frente al enemigo, rebeldes o sediciosos, o
en situación peligrosa para la seguridad del buque o
aeronave)

2. Con la de tres meses y un día a tres años de prisión, en los de-


más casos.”

57
Roosevelt Bravo Maxdeo

V.3. Tendencia a maltratar de obra al superior (Art.101):

“El militar que, sin incurrir en los delitos previstos en los artícu-
los anteriores, coaccionare, amenazare o injuriare en su presen-
cia, por escrito o con publicidad, a un superior será castigado con
la pena de tres meses y un día a dos años de prisión”.

Así como en el Código Penal Militar español, otros varios Có-


digos Penales Militares en el continente americano, contemplan en
el delito de insulto al superior las agravantes de lesiones, muer-
te, afectación del honor del individuo o la libertad personal, pero
el bien jurídico esencial que se quiere proteger es la disciplina, y
dentro de ella, muy particularmente la subordinación, como se ha
explicado extensamente.

VI. CONCLUSIONES

VI.1. El insulto al superior está tipificado en el Título IV (Delitos


contra la integridad institucional) del Libro Segundo, Capítu-
lo I, del Código Penal Militar Policial, Decreto Legislativo N°
1094, en los artículos del 112 al 114.

VI.2. Estos tres artículos están referidos: (I) El Art. 112° a la agre-
sión física (que cause lesiones leves, graves o la muerte); (ii)
El Art. 113° al acto tendente a agredir o amenazar (físicamen-
te); y, (III) El Art. 114° al acto de ofender al superior, “me-
diante la palabra, por escrito o con publicidad…”.

VI.3. El tipo básico está consignado en el Art. 112 (Agresión al supe-


rior en grado) y comete insulto al superior el “militar o el poli-
cía” (sujeto activo) que “agreda al superior en grado, empleo
o mando” (elemento objetivo). La comisión de este delito
importa una acción dolosa (elemento subjetivo), el sujeto
pasivo del delito es el “superior en grado, empleo o mando”.

VI.4. Los bienes jurídicos que los artículos relativos al delito de in-
sulto al superior del CJMP-2006 pretendían proteger, no eran

58
Temas de Justicia Militar

la integridad física, la vida, el honor o la libertad del indivi-


duo, como lo afirmó el Tribunal Constitucional en la Sentencia
recaída en el Exp. N° 0012-2006-AI/TC y que dio lugar a que
ciertos extremos de los tipos penales en cuestión fueran de-
clarados inconstitucionales, sino otros bienes jurídicos esen-
ciales relacionados con el quehacer de los Institutos Armados.
En términos generales, el bien jurídico protegido en el insulto
al superior es la disciplina y en un sentido más estricto, la
subordinación y el respeto al Superior, valores esenciales que
militares y policías deben practicar, para que, a su vez, las
Fuerzas Armadas y la Policía Nacional cumplan con las mi-
siones que la Constitución les ha encomendado. Las lesiones,
la muerte, la afectación del honor del individuo o la libertad
personal, son tomadas en los tipos penales militares sólo como
circunstancias agravantes.

VI.5. Solo personas de una determinada condición jurídica –milita-


res y policías– pueden ser sujetos activo y pasivo del delito de
insulto al superior. El sujeto activo del delito será el “inferior”
(subalterno) y el sujeto pasivo el “superior en grado, empleo o
mando”. Estos sujetos, activo y pasivo, deben encontrarse en
la situación militar o policial de actividad.

59
TRIBUNALES MILITARES DE CHILE EN
TIEMPO DE PAZ: CAMBIOS PROPUESTOS A
SU ORGANIZACIÓN Y COMPETENCIA32

“Medítese sobre la cantidad de fervores, de altí-


simas virtudes, de genialidad, de vital energía
que es preciso acumular para poner en pie un
buen ejército. ¿Cómo negarse a ver en ello una
de las creaciones más maravillosas de la espi-
ritualidad humana? La fuerza de las armas no
es fuerza bruta sino fuerza espiritual”.
José Ortega y Gasset (“España invertebrada”)

RESEÑA: En el presente trabajo, el autor aborda, sumaria-


mente, el tema de la organización de los Tribunales Milita-
res de Chile, en tiempo de paz; las competencias actuales de
las fiscalías y juzgados militares, de las Cortes Marciales y la
Corte Suprema de Justicia. Se hace también referencia a la
reciente “historia” de la Justicia Militar chilena, particular-
mente sobre los hechos y razones que impulsan los cambios en
su organización y competencia; y sobre las actividades que la
Auditoría General del Ejército de Chile ha venido cumpliendo
para llevar adelante el cambio y las propuestas que a este res-
pecto ha formulado, todo ello, en un tiempo de cambios en la
Justicia Militar, si no global, latinoamericano.

32
Este artículo apareció en la revista “El Jurista del Fuero Militar Policial”, Año II,
número 2, Noviembre 2013, p. 105-111.

61
Roosevelt Bravo Maxdeo

SUMARIO: I. Ejercicio de la Jurisdicción Militar en tiempo


de paz. II. La Fiscalía en la Justicia Militar de Chile. III. De
las Cortes Marciales y la Corte Suprema. IV antecedentes de
los cambios que se proponen. V. cambios propuestos por la
Auditoría General del Ejército de Chile sobre justicia militar.
VI. A manera de conclusión.

I. EJERCICIO DE LA JURISDICCIÓN MILITAR EN


TIEMPO DE PAZ
De acuerdo con el Art. 13° del Código de Justicia Militar (CJM)
de Chile33, en tiempo de paz, la jurisdicción es ejercida por: i) Los
Juzgados Institucionales; ii) Los Fiscales; iii) Las Cortes Marcia-
les, y, iv) La Corte Suprema.

Los Juzgados Navales Permanentes existen en los asientos de


las Zonas Navales, en las Escuadras y en otras fuerzas navales que
el Presidente de la República estime conveniente (Art. 14°).

En cuanto al Ejército, los Juzgados Militares Permanentes se


organizan en el “asiento de cada una de las divisiones o brigadas en
que se divida… o donde las necesidades del servicio lo requieran…”
y tienen también competencia para juzgar a Carabineros (Art. 15°).
Actualmente, de acuerdo con el Decreto Supremo N° 87 del 04 de
setiembre de 2003, existen seis Juzgados Militares Permanentes,
asentados en Antofagasta, Santiago de Chile, Valdivia, Coyhaique,
Punta Arenas e Iquique, que corresponden, respectivamente, a los
asientos de la I, II, III, IV, V y VI Divisiones en que se compone el
Ejército de Chile.

La Fuerza Aérea tiene un “Juzgado de Aviación para todo el


territorio nacional y su asiento será determinado por el Presidente
de la República” (Art. 15-A) y como en las demás clausulas glosa-
das, “cuando las necesidades del servicio lo requieran, el Presidente
de la República podrá crear otros Juzgados de Aviación”.

33
Código de Justicia Militar de Chile (Edición Oficial) Editorial Jurídica de Chile,
Vigésima Edición, Impreso en abril del 2011, Santiago de Chile.

62
Temas de Justicia Militar

Organizados así los Juzgados Militares y Navales Permanen-


tes, corresponde luego saber quienes actúan como Jueces; es decir,
a quienes corresponde la “jurisdicción militar permanente”. El Art.
16° del CJM lo precisa con meridiana claridad: al “Comandante en
Jefe de la respectiva División o Brigada en el Ejército; de cada Zo-
na Naval, Escuadra o División en la Armada; (al) Jefe de Estado
Mayor General de la Fuerza Aérea y (al) Comandante en Jefe de la
respectiva Brigada Aérea, cuando correspondiere…”. Esa jurisdic-
ción se ejerce en el territorio de los respectivos Juzgados y sobre
todas las fuerzas e individuos sometidos al fuero militar en él que se
encuentren (no contra civiles, desde la modificación reciente sufrida
por la ley penal militar chilena a este respecto).

Estos “Juzgados Institucionales” tienen varias competencias


que están señaladas en el Art. 17° del CJM, resultando notorias, en
el contexto actual del Derecho Penal Militar, aquellas en las que el
Juez, un Oficial de armas, generalmente sin formación jurídica, co-
nozca, aún con el consejo legal (dictamen) del Auditor, de “todos los
asuntos civiles y criminales que constituyan la jurisdicción militar”,
autorice “al respectivo Fiscal para la sustanciación” de un proceso,
emita sentencias, dirima contiendas de competencia, resuelva recu-
saciones “que se hicieran valer respecto de los Fiscales, Auditores o
Secretarios”, conozca de “los reclamos interpuestos contra las resolu-
ciones de los Fiscales que la ley determine”, etc.

No pretende el autor satanizar tales potestades del Juez Mi-


litar o Naval Permanente, ni mucho menos afirmar que el caso
chileno es único y particular en el contexto latinoamericano ac-
tual. Pretender ello sería contrariar flagrantemente la historia de
la Justicia Militar, porque es sabido, que una consideración doc-
trinaria antigua, que en Argentina fue defendida con todo ahínco
por Carlos Risso Domínguez34, sostiene que el derecho y obligación
de sancionar disciplinaria y/o penalmente, en el ámbito militar y

34
RISSO DOMINGUEZ Carlos, LA JUSTICIA MILITAR (Conceptos Fundamentales),
Tomo I, Librería la Facultad, Buenos Aires- Argentina, 1939. (El General de Brigada
Carlos RISSO DOMINGUEZ desempeñó el cargo de Auditor General de Guerra y

63
Roosevelt Bravo Maxdeo

naval, es potestad del Comandante, sin importar la denominación


que se le dé: “Jefe Supremo”, “Capitán General”, “Comandante Ge-
neral”, “General en Jefe”, “Comandante en Jefe” u otro análogo.
Esta potestad se resume en el aserto: “Quién manda juzga”. En
el Perú, por ejemplo, los Oficiales de armas u Oficiales de línea
como se les denomina en otros ejércitos, desempeñaron la judica-
tura hasta 1996, año en el que se promulgó la Ley N° 26677 que
introdujo el procedimiento sumario en el proceso penal militar y se
exigió que los Jueces Militares Permanentes fuesen Oficiales del
grado de Teniente Coronel, o su equivalente, miembros del Cuerpo
Jurídico; es decir, abogados. Actualmente, todos los que desempe-
ñan cargos jurisdiccionales y fiscales en el Fuero Militar Policial
del Perú son letrados.

II. LA FISCALÍA EN LA JUSTICIA MILITAR DE CHILE


Los Fiscales son los funcionarios encargados de la sustan-
ciación de los procesos y formación de las causas de la jurisdicción
militar, en primera instancia. En materia civil, dictan todas las
providencias de sustanciación y reciben todas las pruebas que se
produzcan, hasta dejar la causa en estado de ser fallada por el Juez
Militar Permanente. En materia penal, instruyen y sustancian to-
dos los procesos, recogen las pruebas pertinentes que sirvan al Juez
de elementos de convicción y están facultados para ordenar la de-
tención de los inculpados. (Art. 25°)

En el contexto de lo referido, llama la atención las potestades


conferidas a los Fiscales para sustanciar causas en materia civil,
que aparece, en nuestra opinión personal, como un resabio de la
calidad de fuero personal que alguna vez tuvo la jurisdicción mili-
tar, que por regla general está dirigido a la materia penal. Llama
también la atención, la facultad otorgada al Fiscal para ordenar la

Marina durante 25 años, desde el 20 de abril de 1096 hasta el 12 de marzo de 1932,


fecha en paso a la situación de retiro).

64
Temas de Justicia Militar

detención de los inculpados, cuya potestad, en otras legislaciones


penales militares, es exclusiva y excluyente del Juez, que le es con-
ferida desde la Constitución, en términos más o menos semejantes,
excluyendo la flagrancia: “Nadie puede ser detenido sino por man-
damiento escrito y motivado del Juez”. Otro aspecto que resulta no-
torio, respecto de la independencia funcional de los Fiscales, es que
dependen del Juez (“Respecto a cada Fiscal, se indicará el Juzgado
del cual dependa”) y tratándose de Fiscales no letrados y de los Fis-
cales de Carabineros, en algunos casos, su designación proviene del
Juez (Arts. 26° y 27°).

Existe también en Chile el “Ministerio Público Militar”, enca-


bezado por un Fiscal General Militar del grado de Coronel o Capitán
de Navío, cuya misión es “velar por la defensa, ante los Tribunales
Militares de tiempo de paz, del interés social comprometido en los
delitos de jurisdicción de aquéllos y, en especial, del interés de las
instituciones de la Defensa Nacional”, haciéndose parte en los pro-
cesos, especialmente, ante las Cortes Marciales y la Corte Suprema
(Arts. 70-B y siguientes). En el Perú, esta labor de defensa de los
intereses del Estado está asignada a las procuradurías públicas.
Los Ministerios de Defensa e Interior y cada uno de los Institutos
Armados y la Policía Nacional tiene un Procurador Público encar-
gado de sus asuntos.

III. DE LAS CORTES MARCIALES Y LA


CORTE SUPREMA

Las Cortes Marciales son básicamente tribunales de apela-


ción, pues conocen en segunda instancia: 1) “De las causas que co-
nocieren en primera instancia los Juzgados Institucionales que de
ellas dependan”; y, 2) De las causas que conociere en primera instan-
cia alguno de los Ministros de la misma Corte”, tratándose “de las
querellas de capítulos que se siguieren contra cualquiera de los fun-
cionarios judiciales del orden militar que de ellas dependan” (Art.
59°). Existen dos Cortes Marciales y están asentadas en Santiago
de Chile y en Valparaíso.

65
Roosevelt Bravo Maxdeo

La Corte Marcial de Santiago tiene competencia para conocer


casos de jurisdicción militar relativos al Ejército, Fuerza Aérea y
Carabineros. Está integrada por dos Ministros (Vocales) de la Corte
de Apelaciones de Santiago, los Auditores Generales de la Fuer-
za Aérea y Carabineros y por un Coronel de Justicia (abogado) del
Ejército, en reemplazo del Auditor General que tiene asiento en la
Sala Penal de la Corte Suprema.

La Corte Marcial de Valparaíso tiene competencia para co-


nocer casos de jurisdicción relativas a la Armada. Está integrada
por dos Ministros (Vocales) de la Corte de Apelaciones de Valpa-
raíso, el Auditor General de la Armada y por un Oficial General
de la Armada en servicio activo, que normalmente es el Director
de Personal. “El Oficial General de la Armada y los Oficiales de
Justicia que no integren las Cortes Marciales por derecho propio,
son designados por el Presidente de la República”. Los Ministros
de la Corte de Apelaciones que integren las Cortes Marciales, lo
harán por tres años, y son designados por sorteo entre sus miem-
bros (Art. 51°)

A la Corte Suprema, integrada por el Auditor General del


Ejército o quien deba subrogarlo, le corresponde también, como
“Tribunal Militar”, el “ejercicio de las facultades conservadoras,
disciplinarias y económicas”, en relación con la administración de
justicia militar de tiempo de paz (Art. 2°). De acuerdo con lo previs-
to en el Art. 70-A del CJM, le corresponde conocer:

1°. De los recursos de casación (…) contra las sentencias de las


Cortes Marciales;

2°. De los recursos de revisión contra sentencias firmes en materia


de jurisdicción militar de tiempo de paz;

3°. De los recursos de queja contra las resoluciones de las Cortes


Marciales y, en segunda instancia, de los recursos de queja de
que éstos conocieren;

4°. De las solicitudes de implicancia o recusación contra los Mi-


nistros de las Cortes Marciales;

66
Temas de Justicia Militar

5°. De las contiendas de competencia entre un Tribunal Militar y


otro del Fuero Común;

6°. De las contiendas de competencia entre Juzgados Instituciona-


les que dependen de diferentes Cortes Marciales; y,

7°. De la extradición activa en los procesos de la jurisdicción mili-


tar.

IV. ANTECEDENTES DE LOS CAMBIOS QUE SE


PROPONEN
Cree el autor, que uno de los hechos que han impulsado el
cambio en la Justicia Militar de Chile son las decisiones que la Cor-
te Interamericana de Derecho Humanos ha adoptado, respecto del
papel de la Justicia Militar en un Estado Democrático de Derecho.
Sin discutir si se está de acuerdo o en desacuerdo con tales decisio-
nes, resulta evidente, para el caso chileno, que las sentencias recaí-
das en los casos Palamara Iribarne Vs. Chile (2005) y Almonacid
Arellano y otros Vs. Chile (2006) han “impulsado el cambio”.

El gobierno de Chile creó, por Decreto Supremo, una “Comisión


de Estudios para la Reforma de la Justicia Militar”, con el objetivo
de constituir una instancia de reflexión técnica para la generación
de un nuevo Código de Justicia Militar. A fin de orientar el trabajo
de la Comisión y generar consenso respecto de “aquellas posiciones
fundamentales que permitan coordinar la producción legislativa en
la materia, así como sentar aquellas directrices deontológicamente
relevantes para una futura praxis aplicadora del nuevo código”, se
elaboró un documento, por la propia Comisión, que bajo el título de
“Principios Formativos para el Nuevo Código de Justicia Militar” fue
publicado por el Ministerio de Defensa de Chile, en junio de 2008.
Estos principios, en número de XXVII, abarcan aspectos de la apli-
cación del Derecho Internacional Humanitario, de la inserción de los
tribunales militares en el sistema judicial del Estado, la aplicación
de normas internacionales sobre juicio imparcial, los principios que
tienen que ver con el juicio previo, oral y público, la prohibición de
persecución penal múltiple, la presunción de inocencia, el derecho de

67
Roosevelt Bravo Maxdeo

defensa jurídica, el principio de in dubio pro reo, etc.; es decir, princi-


pios comúnmente aceptados y legislados en códigos penales y proce-
sales penales, que en el caso peruano están profusamente detallados
en el Código Penal Militar Policial de 2010.

Dentro de esta preocupación por el cambio, la Auditoría General


del Ejército de Chile, ha propiciado eventos académicos y ha facilitado
espacios para la reflexión sobre el tema. En este contexto, por ejemplo,
entre los días 14 y 21 de julio de 2011, se llevó a cabo en la ciudad de
Santiago de Chile, el I Encuentro Bilateral entre la Auditoría General
del Ejército de Chile y el Fuero Militar Policial del Perú.

En el marco de estas actividades, miembros del Fuero Militar


Policial del Perú disertaron sobre la situación de la Justicia Militar
Policial en el Perú en los últimos diez años, tanto en el contexto
interno como externo, los cambios operados en su legislación y las
sentencias emitidas en torno a la Justicia Militar por la Corte Inte-
ramericana de Derechos Humanos y el Tribunal Constitucional del
Perú. En el tratamiento de la legislación relativa al Fuero Militar
Policial del Perú, se incidió en su nueva organización, particular-
mente en la situación militar o policial de los jueces y fiscales que
la integran, la autonomía, independencia e imparcialidad con que
cumplen sus funciones, la integración de los tribunales militares
policiales con miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacio-
nal, etc. Respecto del Código Penal Militar Policial, igualmente, se
plantearon los cambios realizados, los principios en que se sustenta
y se trató, muy profusamente, los alcances del modelo procesal acu-
satorio que lo integra.

En el año 2012, durante los días 1, 2 y 3 de agosto, se llevó a


cabo el II Encuentro Bilateral entre las Justicias Militares de Chi-
le y Perú, oportunidad en que se han profundizado algunos temas
de Justicia Militar, con el objeto de formular, en un futuro cerca-
no, un “cuerpo normativo modelo que, como compendio de normas
fundamentales de la Justicia Militar, contenga los criterios orien-
tadores básicos a ser observados por un sistema de Justicia Militar
moderno, que se ajuste a la evolución del derecho comparado y que
dé satisfacción a las exigencias de los organismos jurisdiccionales

68
Temas de Justicia Militar

internacionales”. En tal sentido, debo precisar, que se han consen-


suado algunos criterios y se han establecido principios en materia
organizativa, penal y procedimental que paso a detallar:

a. Principios orientadores en materia de organización


• Fuero militar autónomo, independiente e imparcial.
• Ejercicio de la jurisdicción conforme a principios y garantías
constitucionales, con pleno respeto a los derechos fundamen-
tales.
• Jueces y Fiscales Letrados pertenecientes a los Cuerpos Jurí-
dicos Militares.
• Prohibición de juzgamiento de menores y, por regla general,
de civiles.
• Integración de la Policía en la Justicia Militar.

b. Principios orientadores en materia procedimental:


• Juicio previo, legalmente tramitado, anterior a la condena.
• Proceso contradictorio, basado en la inmediación, simplifica-
ción, celeridad, oralidad, publicidad y no duplicidad funcional.
• Presunción de inocencia y derecho a defensa letrada.
• Igualdad de trato.
• Separación de funciones de investigación y juzgamiento.
• Oportunidad del enjuiciamiento criminal.
• Inexcusabilidad de juzgamiento.
• Motivación de las resoluciones.
• Legalidad y validez de la prueba.
• Interpretación restrictiva de las normas limitativas de dere-
chos.

c. Principios orientadores para un futuro Código Modelo de Jus-


ticia Militar:
• Legalidad del juzgamiento.
• Prohibición de analogía.

69
Roosevelt Bravo Maxdeo

• Lesividad de la pena.
• Juez natural.
• Defensa del imputado.
• Doble instancia.
• Prohibición de doble incriminación.
• Territorialidad de la ley.
• Extraterritorialidad de la ley en casos específicos.

V. CAMBIOS PROPUESTOS POR LA AUDITORÍA


GENERAL DEL EJÉRCITO DE CHILE SOBRE
JUSTICIA MILITAR
La Auditoría General del Ejército de Chile, como parte de sus
obligaciones legales en el campo de la Justicia Militar, ha propues-
to a las autoridades chilenas competentes, entre otros, los cambios
siguientes:

1. Necesidad de reforma integral a la Justicia Militar, adecuán-


dola a estándares internacionales e internos de juzgamiento.

2. El procedimiento debe recoger los principios de la Reforma


Procesal Penal, respetando las particularidades de los cuerpos
armados.

3. Los Tribunales Militares, deben ser independientes e impar-


ciales

4. Deben ser integrados por Oficiales letrados en servicio activo.

5. Auditor General como integrante de la Sala Penal de Corte


Suprema, lo será en retiro.

6. Ministerio Público Militar, órgano persecutor penal militar,


exclusivo e independiente desde el punto de vista funcional.

7. Calificaciones de Oficiales de los Tribunales Militares de pri-


mera instancia y del Ministerio Público Militar, deben estar

70
Temas de Justicia Militar

ajenas al mando militar. Ascensos y remuneraciones se man-


tienen de acuerdo a la legislación vigente.
8. Creación de Procuraduría dependiente del Ministerio de De-
fensa Nacional, que represente intereses de las Fuerzas Ar-
madas, ante Tribunal Constitucional, Corte Suprema, Cortes
de Apelaciones, Tribunales Ordinarios en materia penal y Tri-
bunales Militares. Será servida por oficiales letrados, emplea-
dos civiles de planta y a contrata.
9. La subrogación en los órganos antes referidos, se materializa-
rán por oficiales en retiro.
10. Establecer facultad del Señor Ministro de Defensa Nacional
y de los Comandantes en Jefe, para deducir querella en casos
calificados, en representación de los intereses de la Defensa
Nacional.
11. Encuentros académicos especializados, en los que se reciban
ponencias, opiniones y trabajos, de invitados nacionales o ex-
tranjeros, especialmente, magistrados del Poder Judicial, que
se hubiesen desempeñado en la Ilustrísima Corte Marcial y/o
Excelentísima Corte Suprema.
12. Visitas de trabajo e intercambio de experiencias y conocimien-
tos de Derecho Militar con Cuerpos Jurídicos: Estados Uni-
dos, Perú y España.
13. La estructura orgánica, de los Tribunales Militares, el Minis-
terio Público Militar y la Procuraduría, no produce un costo
financiero adicional, por cuanto esos cargos, se continuarán
sirviendo con personal institucional.
14. Consultar opinión de Carabineros de Chile, por intermedio de
las autoridades pertinentes.
15. La competencia de los Tribunales Militares: Delitos militares,
y por excepción a los delitos comunes, cuando existan situacio-
nes de conexión con la función militar, (comisión en acto del
servicio, dentro de recintos militares), siempre que el sujeto
activo sea militar.

71
Roosevelt Bravo Maxdeo

VI. A MANERA DE CONCLUSIÓN


En la década pasada y en la que va de está, se ha tratado con
insistencia sobre el papel de la Justicia Militar en un Estado Demo-
crático de Derecho. En mi concepto, y seguramente en el de muchos
otros, resulta históricamente claro que desde la formación de los
Estados burgueses, socialistas o de cualquier otro género, ideoló-
gico o productivo, éstos se han sustentado sobre la “fuerza de las
armas (que) no es fuerza bruta sino fuerza espiritual”, como
diría Ortega y Gasset, y ello seguirá siendo así, mientras los Esta-
dos sigan luchando por mantener sus intereses. En este contexto,
resulta evidente, que la capacidad bélica de sus fuerzas armadas
serán preservadas y sus integrantes sujetarse a reglas específicas;
así, deben mantenerse disciplinados, sujetos a valores, entrenados
para ser técnica y tácticamente eficientes y respetuosos del orden
constitucional. Mantener a las fuerzas armadas disciplinadas y
respetuosas de sus obligaciones constitucionales��������������������
, es la razón de vi-
da de la Justicia Militar, que, a su vez, debe conducirse dentro de
los márgenes constitucionales y legales. En la Justicia Militar del
Perú se han producido, en estos últimos años, profundos cambios
organizacionales y legislativos, que seguro ocurrirá con la Justicia
Militar de Chile.

72
DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO Y
JUSTICIA MILITAR EN EL PERÚ35

RESEÑA: En el presente trabajo, el autor hace una sínte-


sis sobre los alcances del Derecho Internacional Humanitario
(DIH); el tratamiento que se le ha dado en los Códigos de Jus-
ticia Militar del Perú; las demandas de inconstitucionalidad
que se han incoado contra ellas; la decisión del Tribunal Cons-
titucional al respecto y las razones por las cuales los delitos
contra el DIH deben estar tipificados en la parte especial de
los Códigos Penales Militares, sin que ello sea excluyente res-
pecto del Código Penal Común.

SUMARIO: I. Derecho Internacional Humanitario: Intro-


ducción; I.1. Derecho de Ginebra; I.2. Derecho de La Haya;
I.3. Derecho de Nueva York; II. Estatuto de Roma de la Corte
Penal Internacional; III. Los Códigos de Justicia Militar y el
Derecho Internacional Humanitario en el Perú; III.1. Código
de Justicia Militar de 1898; III.2. Código de Justicia Militar
de 1939; III.3. Código de Justicia Militar de 1950; III.4. Código
de Justicia Militar de 1963; III.5. Código de Justicia Militar
de 1980; III.6. Código de Justicia Militar de 2006; III.6.1 Sen-
tencia del Tribunal Constitucional recaída en el Expediente
0012 -2006-AI/TC, respecto del DIH en el Código de Justicia
Militar de 2006; III.7. Código Penal Militar Policial de 2010;
III.7.1. Demanda de Inconstitucionalidad sobre los delitos del

35
Este artículo se publicó en la revista “El Jurista del Fuero Militar Policial”, publi-
cación académica del Centro de Altos Estudios de Justicia Militar, Año 3, Número
3/Agosto 2014, p. 173-185.

73
Roosevelt Bravo Maxdeo

DIH del Código Penal Militar Policial vigente; IV. Considera-


ciones referentes a los delitos contra el DIH impugnadas; y, V.
Conclusiones.

I. DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO:


INTRODUCCIÓN
El Derecho Internacional Humanitario (DIH) “o ius in bello”
(Derecho en la guerra), es una rama del Derecho Internacional Pú-
blico de largo desarrollo. Tiene sus orígenes en la costumbre (“usos
y costumbres de la guerra”) y es tan antiguo como la guerra misma.
Desde tiempos inmemoriales, los humanos han tratado de reglar
las guerras, evitar el sufrimiento innecesario de los combatientes
y proteger a las personas (mujeres y niños, principalmente) que
no combatían, así como, limitar los medios y métodos de hacer la
guerra; no obstante, estos esfuerzos fueron casi siempre limitados
e insuficientes. 36

Según la autorizada voz de Jean Pictet,37 el DIH trata de “un


conjunto de normas de origen convencional o consuetudinario, cuya
finalidad específica es solucionar los problemas de índole humani-
taria directamente derivados de los conflictos armados y que, por
razones humanitarias, restringe la utilización de cualquier método
o medio de combate”.

Si bien el Derecho Internacional Humanitario tiene ante-


cedentes remotos, que no vienen hoy al caso rememorarlos, es en
la edad moderna, con la aparición de los Estados, la formación de
los ejércitos regulares, el desarrollo de las armas de fuego y el curso

36
El Derecho Internacional Humanitario y la sentencia del Tribunal Constitucional
sobre la Ley de Empleo de la Fuerza, Revista de Análisis Jurídico Especializado
(RAE), Tomo 18, diciembre 2009-Año 2 (Artículo del autor).
37
Jean Pictet Simón (1914-2002) fue un jurista suizo, experto en derecho internacio-
nal humanitario y alto funcionario y Vicepresidente del Comité Internacional de la
Cruz Roja. Fue “el arquitecto principal” de los Convenios de Ginebra de 1949, los
Protocolos I y II, adicionales a dichos Convenios y los siete “Principios de la Cruz
Roja”, entre otros mucho aportes.

74
Temas de Justicia Militar

sangriento y devastador de las guerras, que surge la idea de pensar


sistemática y “doctrinariamente” en el tema. La doctrina clásica del
Derecho Internacional, seguida por teólogos como Francisco de Vi-
toria, defensor de la teoría de la guerra justa38 y del Derecho como
expresión divina, se vivifica por el pensamiento de Hugo Grocio39,
quien afirmaba que el Derecho era también expresión de la razón
humana basada en el Derecho de Gentes, además del Derecho Nat-
ural, lo que implicaba humanizar la guerra.

En el “Siglo de las Luces” (S. XVIII), los pensadores de la ilus-


tración como Rousseau, Voltaire, Kant, Diderot, Hume y D’Alembert
aportarán con sus ideas humanistas en la formación del futuro
Derecho Internacional Humanitario. Rousseau, en “El Contrato So-
cial” (1762), delineará las bases del moderno Derecho de la Guerra al
afirmar que la guerra no es una relación de hombre a hombre sino de
Estado a Estado, en que los particulares no son enemigos como hom-
bres ni como ciudadanos, sino como soldados, por tanto, la guerra
se justificaba solo por la razón de la soberanía del Estado; estaba
confiada a los ejércitos profesionales y la población inocente estaba
exonerada de esta actividad. Dejó atrás las ideas de la guerra justa.40

La Revolución francesa, no obstante estar basada en las ideas


de la ilustración, no fue un ejemplo de respeto al DIH; es más, al
instaurarse la guerra en masa, declararse que cada ciudadano sería
un soldado y proclamarse la nación en armas, se retrocedió en los
logros alcanzados por el DIH. La guerra ya no tendrá basamentos

38
Vitoria fue uno de los principales teóricos del concepto de guerra justa. En De iure
belli analizó los límites del uso de la fuerza para dirimir las disputas entre pueblos.
Es lícito hacer la guerra, pero la única causa justa para comenzarla es responder
proporcionadamente a una injuria. Por tanto, no es lícita la guerra simplemente por
diferencias de religión o para aumentar el territorio.
39
Escribió el primer tratado sistemático sobre derecho internacional (De iure belli ac
pacis-1625).
40
Para entender con mayor profundidad esta evolución histórica de los orígenes del
DIH: NAMIHAS Sandra. “Antecedentes, Origen y Evolución Histórica del Derecho
Internacional Humanitario”, p. 31-88. En: Derecho Internacional Humanitario, Lima:
PUCP, 2003.

75
Roosevelt Bravo Maxdeo

religiosos o intereses personales de los monarcas sino ideológicos y


volverá la guerra total, como lo preconizó Clausewitz. Las guerras
napoleónicas y las que vendrán después como la de Crimea (1854-
1855) serán particularmente sangrientas, pero a partir de 186441
se impulsarán tratados con el objeto de proteger a las víctimas de
la guerra y regular los medios y métodos por emplearse, lo que se
conocerá más adelante como los Derechos de Ginebra, La Haya y
Nueva York.

I.1. DERECHO DE GINEBRA

El Derecho de Ginebra, que debe su nombre a la ciudad donde


se propiciaron inicialmente sus alcances, comprende las normas que
buscan la protección internacional de las víctimas de los conflictos
armados. Se inicia con el Convenio de Ginebra para el mejoramien-
to de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña
de 22 de agosto de 1864 (El Perú se adhirió el 22 de abril de1880).

El Derecho de Ginebra se vigoriza con la adopción de los cuatro


Convenios de 12 de Agosto de 1949 y sus dos Protocolos Adicionales
aprobados el 8 de junio de 1977, que mejoraron y complementaron
las normas existentes. Estos Convenios y Protocolos Adicionales,
sustanciales para el entendimiento del DIH, están referidos:

a. Convenio de Ginebra para aliviar la suerte que corren los he-


ridos y los enfermos de las fuerzas armadas en campaña (con-
venio I);
b. Convenio de Ginebra para aliviar la suerte que corren los he-
ridos, los enfermos y los náufragos de las fuerzas armadas en
el mar (convenio II);

41
El 22 de agosto de 1864 es considerado como la fecha de nacimiento del Derecho
Internacional Humanitario (DIH), por haberse suscrito el primer “Convenio de
Ginebra para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos
en campaña”.

76
Temas de Justicia Militar

c. Convenio de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros


de guerra (convenio III);

d. Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las per-


sonas civiles en tiempo de guerra (convenio IV).
Estos cuatro Convenios entraron en vigor el 21 de octubre de
1950 y en el Perú el 15 de agosto de 1956.
e. Protocolo Adicional a los convenios de ginebra de 12 de agosto
de 1949, relativo a la protección de las víctimas de los conflic-
tos armados internacionales (Protocolo I), que entró en vigen-
cia el 7 de diciembre de 1978 (En el Perú el 14-01-1990)
f. Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra de 12 de agos-
to de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los con-
flictos armados sin carácter internacional (protocolo II), que
empezó a regir el 7 de diciembre de 1978 (en el Perú el 14-01-
1990).

I.2. DERECHO DE LA HAYA

Componen esta rama del DIH las normas que limitan los dis-
tintos métodos y medios de combate. Los métodos están referidos a
las formas de conducción de las hostilidades y los medios se refieren
a los instrumentos o armas a ser utilizados.

Así, están prohibidos como métodos de combate, por ejemplo,


el terror, el pillaje, las represalias, hacer padecer hambre a la po-
blación y como medios usar armas que causen daños innecesarios,
como las balas dum-dum, las armas incendiarias, bacteriológicas,
etc. “Con ello se busca evitar causar sufrimientos innecesarios y ma-
les superfluos dado que el objetivo durante las hostilidades consiste
en debilitar las fuerzas del enemigo, lo que a su vez, constituye nor-
ma fundamental desde los inicios de la regulación de este tema”42.

42
SALMON Elizabeth, Introducción al Derecho Internacional Humanitario, IDEH-
PUCP, Tercera edición, agosto de 2012, Lima, p. 69.

77
Roosevelt Bravo Maxdeo

El Derecho de La Haya tiene su origen en 1868, con la Declara-


ción de San Petersburgo, que prohíbe el uso de ciertos proyectiles.
En 1899 y 1907 se celebraron Conferencias de Paz en La Haya, en
los que se elaboraron un total de diecisiete Convenios que limitaban
los distintos métodos y medios de combate y posteriormente otros
que sin embargo no pudieron “humanizar” la Guerra.

La experiencia tremenda de la Primera Guerra Mundial, donde


se utilizaron armas devastadoras, originó la dación, por ejemplo, del
Protocolo sobre la prohibición del uso en la guerra de gases asfixi-
antes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos de 17 de junio
de 1925, que entró en vigor el 8 de febrero de 1928 (En el Perú lo hizo
el 5-6-1985). No obstante estos esfuerzos, durante la Segunda Guerra
Mundial estos métodos y medios de hacer la guerra llegaron a su clí-
max en sentido negativo y nuevamente hubo que regularlos.

I.3. DERECHO DE NUEVA YORK

Este Derecho comprende tanto las normas que rigen el com-


portamiento de los sujetos respecto del DIH, como aquellas que
limitan ciertos métodos y medios de combate. Su denominación no
tiene una connotación geográfica, sino más bien, “designa a una cat-
egoría de reglas sustanciales”.

“A diferencia de las otras vertientes, donde son principalmente


los esfuerzos del CICR los que permitieron su desarrollo, en esta las
Naciones Unidas desempeñan un papel fundamental, toda vez que es
bajo sus auspicios que se van a elaborar una serie de normas en la ma-
teria. En efecto, si bien en sus inicios las Naciones Unidas no se habían
interesado en regular los conflictos armados por considerar que ello
sería contradictorio con el principio de prohibición de uso de la fuerza
plasmado en su Carta, el interés por el mantenimiento de la paz y el
respeto de los derechos humanos, así como los conflictos que siguieron
suscitándose, las llevaron a prestar mayor atención al DIH”.43

43
SALMON Elizabeth, Ob. cit., p. 68.

78
Temas de Justicia Militar

Las Convenciones que se han dado con la participación de


Naciones Unidas y el CICR son muchas y sobre temas variados,
como la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental
con fines militares u otros fines hostiles, la prohibición del desar-
rollo, producción y almacenamiento de armas bacteriológicas, el
reclutamiento, utilización, financiación y entrenamiento de mer-
cenarios, etc.

II. ESTATUTO DE ROMA DE LA CORTE PENAL


INTERNACIONAL
El Estatuto de Roma es el instrumento constitutivo de la Cor-
te Penal Internacional. Fue adoptado en la ciudad de Roma (Italia)
el 17 de julio de 1998, durante la “Conferencia Diplomática de pleni-
potenciarios de las Naciones Unidas sobre el establecimiento de una
Corte Penal Internacional”.

El Estatuto de Roma, instrumento internacional largamente


anhelado, es el colofón de otros Estatutos como el de Núremberg,
el del Lejano Oriente, de la ex Yugoslavia y Ruanda, para poner
coto a las atrocidades de los conflictos armados, que conmueven
profundamente la conciencia de la humanidad y que los crímenes
más graves de trascendencia para la comunidad internacional en
su conjunto no deben quedar sin castigo y que, a tal fin, hay que
adoptar medidas en el plano nacional e intensificar la cooperación
internacional para asegurar que sean efectivamente sometidos a
la acción de la justicia. El Estatuto entró en vigor el 1 de julio de
2002.

Como se expresa en el preámbulo, los Estados, “a los efectos


de la consecución de esos fines y en interés de las generaciones pre-
sentes y futuras, (se han decidido) a establecer una Corte Penal In-
ternacional de carácter permanente, independiente y vinculada con
el sistema de las Naciones Unidas que tenga competencia sobre los
crímenes más graves de trascendencia para la comunidad interna-
cional en su conjunto” (resaltado nuestro).

79
Roosevelt Bravo Maxdeo

“La Corte será una institución permanente, estará facultada


para ejercer su jurisdicción sobre personas respecto de los crímenes
más graves de trascendencia internacional de conformidad con el
presente Estatuto y tendrá carácter complementario de las jurisdic-
ciones penales nacionales. La competencia y el funcionamiento de
la Corte se regirán por las disposiciones del presente Estatuto” (Art.
1). La sede de la Corte estará en La Haya, Países Bajos (“el Estado
anfitrión”).

Conforme al artículo 5, la competencia de la Corte se limitará


a los crímenes más graves de trascendencia para la comunidad in-
ternacional en su conjunto. La Corte tendrá competencia, de confor-
midad con el Estatuto, respecto de los siguientes crímenes:

1) El crimen de genocidio;
2) Los crímenes de lesa humanidad;
3) Los crímenes de guerra; y,
4) El crimen de agresión.

Respecto a la competencia temporal, el Estatuto prevé que


“La Corte tendrá competencia únicamente respecto de crímenes co-
metidos después de la entrada en vigor del presente Estatuto” (01 de
julio del 2002). “Si un Estado se hace Parte en el presente Estatuto
después de su entrada en vigor, la Corte podrá ejercer su compe-
tencia únicamente con respecto a los crímenes cometidos después de
la entrada en vigor del presente Estatuto respecto de ese Estado, a
menos que éste haya hecho una declaración de conformidad con el
párrafo 3 del artículo 12”.

De conformidad con el artículo 25 del Estatuto, la Corte tiene


competencia respecto de las personas naturales. La responsabilidad
será individual. Serán penados los cómplices, encubridores o colab-
oradores que de algún modo participen en la comisión o la tentativa
de comisión del crimen, incluso suministrando los medios para su
comisión. Nada de lo dispuesto en el Estatuto respecto de la respon-
sabilidad penal de las personas naturales afectará a la responsabi-
lidad del Estado conforme al derecho internacional.

80
Temas de Justicia Militar

El Estatuto será aplicable por igual a todos sin distinción al-


guna basada en el cargo oficial (Art. 27). En particular, el cargo
oficial de una persona, sea Jefe de Estado o de Gobierno, miem-
bro de un gobierno o parlamento, representante elegido o funcio-
nario de gobierno, en ningún caso la eximirá de responsabilidad
penal ni constituirá, per se, un motivo para reducir la pena. Las
inmunidades y las normas de procedimiento especiales que conl-
leve el cargo oficial de una persona, con arreglo al derecho interno
o al derecho internacional, no obstarán para que la Corte ejerza su
competencia sobre ella. Este instrumento es de suma importancia
para la efectiva aplicación del DIH, en un mundo tan convulsiona-
do como en el que vivimos, particularmente, respecto de los delitos
cometidos en el contexto de conflictos armados no internacionales
(CANI), donde la experiencia no dice que se han cometido crímenes
atroces. De hecho, la Corte Penal Internacional viene ya procesando
actualmente a personas naturales que han cometido delitos de lesa
humanidad.

III. EL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO EN


LOS CÓDIGOS DE JUSTICIA MILITAR DEL PERÚ

III.1. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 189844

En el Código de Justicia Militar de 1898, el primero de nuestra


vida republicana, no se consideraron los delitos contra el Derecho
Internacional Humanitario, ni con este nombre ni con otro; por
ejemplo, el de “Derecho de Gentes”, como se consideró más adelante,
en el tiempo.

44
Código de Justicia Militar del Perú, promulgado por el presidente Nicolás de Piérola,
el 20 de diciembre de 1898. Edición oficial, Oficina tipográfica de “El Tiempo”, Lima,
1899.

81
Roosevelt Bravo Maxdeo

III.2. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 193945

En el segundo Código de Justicia Militar, promulgado el 19


de octubre de 1939, se tipificaron algunas conductas que afectan al
Derecho Internacional Humanitario, en el Título cuarto de la sec-
ción tercera de la parte especial (“Delitos contra la seguridad del Es-
tado”), con el epígrafe: “De la violación del derecho de gentes”. Este
Código fue promulgado 19 días después de iniciada la II Guerra
Mundial.46

De acuerdo con el artículo 233°, constituía delito contra el


Derecho de Gentes:

1°. La piratería, de conformidad con las disposiciones estableci-


das en el Título respectivo de este Código. (Sección octava,
Título quinto, De la piratería, artículos del 441° al 445°)

2°. Realizar, sin autorización, actos de hostilidad contra otra na-


ción;

3°. Violar armisticio, tregua, salvoconducto legalmente expedido,


capitulación o cualquier otra convención legítima celebrada
con otra nación, o prolongar las hostilidades, después de reci-
bir aviso oficial de paz, tregua o armisticio; y

4°. Violar inmunidades de algún agente diplomático de nación ex-


tranjera.

Los que incurrían en las conductas señaladas eran sanciona-


dos con prisión (de dos a cinco años de pena privativa de libertad)
o con reclusión militar (de dos meses a dos años de pena privativa
de libertad). Si estas conductas generaban represalias, afectaban
a una nación aliada o se habría producido incendios, devastacio-
nes o muerte de personas, la pena era de penitenciaría (de seis a

45
Ley N° 8991, promulgada por el Presidente Oscar R. Benavides, el 19 de octubre de
1939, tomada del Anuario de la Legislación Peruana.
46
Se considera el inicio de la II Guerra Mundial el primero de setiembre de 1939, en
el que se inicia la invasión de Polonia por los alemanes.

82
Temas de Justicia Militar

veinticinco años de pena privativa de libertad), conforme a los artí-


culos 234° y 235°, respectivamente.

El artículo 236° preveía sanciones de prisión o reclusión mili-


tar, según la gravedad del delito, para “Los que ultimen, maltraten
o vejen al enemigo rendido o herido, que no haga resistencia”.

Conforme al artículo 237°, eran castigados con reclusión mili-


tar, en tiempo de guerra, las conductas siguientes:

“1°. Obligar a los prisioneros de guerra a combatir contra sus ban-


deras o utilizarlos como parapeto, maltratarlos de obra, in-
juriarlos gravemente o privarlos de la curación o alimentos
necesarios;

2°. Atacar, sin necesidad absoluta, hospitales, asilos de bene-


ficencia, templos, conventos, cárceles o casas de agentes di-
plomáticos o de cónsules extranjeros, dados a conocer por los
signos establecidos para tales casos;

3°. Destruir, en territorio amigo o enemigo y sin que lo exijan las


necesidades de la guerra, bibliotecas, archivos, acueductos u
obras notables de arte;

4°. Destruir, innecesariamente, edificios u otras propiedades, sa-


quear a los habitantes o cometer actos de violencia o afrento-
sos contra ellos;

5°. Despojar a los muertos o heridos en combate, a los prisioneros


o a los individuos de buque apresado o sometido a visita;

6°. Apoderarse ilegítimamente de papeles u objetos de una nave o


aeronave detenida o aprehendida o de una presa, cuando ésta
no ha sido aún declarada tal; y

7°. Ofender de palabra u obra a un parlamentario”.

En cuanto a la protección de los miembros de la Cruz Roja,


el artículo 238° sancionaba con penitenciaría o prisión a aquellos
que a sabiendas hacían fuego contra miembros de esa institución
humanitaria, que cumplían sus fines “en combate, campo de batalla

83
Roosevelt Bravo Maxdeo

o acción de armas” y naturalmente llevasen sus distintivos perti-


nentes. Finalmente, estaba el artículo 239°, que castigaba con “la
separación del servicio por tiempo no menor de un año”, a quienes
“ocultasen, rompiesen o extraviasen la patente, rol o contrato de fle-
tamento, en las embarcaciones que se reconozcan, detengan o apre-
sen, los conocimientos o pólizas de su carga… o abriesen en ella es-
cotillas, pañoles o cualquier otro sitio o mueble cerrado, sin estar
autorizados o sin exigirlo la seguridad de la nave o aeronave…”

III.3. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 195047

En el Código de Justicia Militar de 1950 (CJM-50) se pre-


vió “La Violación del Derecho de Gentes” en el Título Cuarto de la
Sección Tercera, “Delitos contra la seguridad del Estado”. Cuando
este Código se promulgó, no habían entrado aún en vigor los cu-
atro Convenios de Ginebra de 12 de agosto de 1949, piedra angu-
lar del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Estos convenios
entraron en vigencia el 21 de octubre de 1950 y en el Perú el 15 de
agosto de 1956, por lo que el Código de 1950 no recogió sus avances
sistemáticos.

El CJM-50, repitió textualmente las conductas y penas pre-


vistas para los tipos penales de “La Violación del Derecho de Gen-
tes” del Código de 1939, en los artículos del 195° al 201°. Apenas
introdujo, en su artículo 196°, la separación temporal del servicio
como otra pena, alternativa, de la de prisión o reclusión militar en
los casos de mínima gravedad.

III.4. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 196348

En el Código de Justicia Militar de 1963 (CJM-63) se con-


templó “La Violación del Derecho de Gentes” en el Título Cuarto

47
Código de Justicia Militar, Decreto Ley N° 11380 de 29 de Mayo de 1950, ratificado
por la Ley 11490 de 1° de Setiembre de 1950, Ministerio de Guerra, Lima-Perú, 1961.
48
Decreto Ley N° 14613, promulgado el 25 de Julio de 1963, Consejo Supremo de
Justicia Militar, Lima-Perú, Julio-1963.

84
Temas de Justicia Militar

de la Sección Tercera, “Delitos contra la seguridad y el Honor de la


Nación”, que en los Códigos de 1939 y 1950 se contemplaban como
“Delitos contra la seguridad del Estado”; es decir, que el bien ju-
rídico tutelado ya no es la “seguridad del Estado” sino la “seguridad
y el honor de la Nación”, entidad con mayor resonancia patriótica.

En el Código de 1963, el tratamiento del “Derecho de Gentes”,


que se prevé en los artículos 93° al 99°, es básicamente el mismo de
los Códigos de 1939 y 1950. Si algún cambio puntual podemos notar
éste se da en el artículo 93°, que tiene como antecedentes los artícu-
los 233° del Código de 1939 y 195° del Código de 1963, respecto de
la supresión del tratamiento de la piratería y una mejor redacción
de sus tipos penales.

III.5. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 198049

En el Código de Justicia Militar de 1980 (CJM-80), “De la Vio-


lación del Derecho de Gentes”, se trató en la Sección Tercera del
Título Cuarto, en los artículos 91° a 97° y salvo una mejor redacción
del artículo 91°, los tipos penales del CJM-63 se repiten casi tex-
tualmente.
Como se sabe, el 7 de diciembre de 1978 entraron en vigor los
Protocolos Adicionales a los Convenios de Ginebra de 12 de agosto
de 1949, relativos a la protección de las víctimas de los conflictos ar-
mados internacionales (Protocolo I) y a la protección de las víctimas
de los conflictos armados sin carácter internacional (protocolo II),
avances convencionales que no fueron tomados en cuenta. Se pudie-
ra alegar que estos Protocolos Adicionales entraron en vigor para el
Perú en fecha muy posterior, el 14 de enero de 1990; no obstante, re-
sulta evidente que ni éstos ni los Convenios de 1949 fueron tomados
en cuenta hasta el 2006, en que se introdujeron sistemáticamente
en el Código de Justicia Militar de ese año los delitos Contra el DIH
(CJMP-2006).

49
Decreto Ley N° 23214, en vigencia desde el 28 de julio de 1980, Consejo Supremo de
Justicia Militar, Lima-Perú, 1998.

85
Roosevelt Bravo Maxdeo

III.6. CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR POLICIAL DE 200650

Este Código, abandonó definitivamente el concepto de “Derecho


de Gentes” y trató los “Delitos Contra el Derecho Internacional Hu-
manitario” (DIH) en forma sistemática, en el Título II del Libro
Segundo (Parte especial).

Los tipos penales contra el DIH se tratan en un Título distinto


a los “Delitos contra la seguridad y el Honor de la Nación” (Delitos
contra la Defensa Nacional en el CJMP-2006), como se trataba el
“Derecho de Gentes” en los códigos de 1963 y 1980; por tanto, los
bienes jurídicos tutelados son distintos. Los delitos contra el DIH se
encontraban previstos en los artículos del 83° al 105°.

El Capítulo I estuvo referido a los “Delitos contra las personas


protegidas por el Derecho Internacional Humanitario perpetrados
por personal militar o policial” y al tratamiento de aspectos rela-
tivos a la “Órdenes superiores”, cuyo cumplimiento, tratándose de
órdenes indebidas, no exceptuaba������������������������������������
al autor de un delito de la respon-
sabilidad que le correspondía. La imprescriptibilidad de la acción
penal, la aplicación de la “Jurisdicción Universal” y el “Non Bis In
Ídem”, entre otros, son tratados en este capítulo.

El Capítulo II estaba referido a los “Delitos de empleo de mé-


todos prohibidos en la conducción de hostilidades”, el Capítulo III a
los “Delitos contra el patrimonio y otros derechos”, el Capítulo IV a
los “Delitos contra operaciones humanitarias y emblemas”, el Capí-
tulo V a los “Delitos de empleo de medios prohibidos en la conduc-
ción de hostilidades” y el Capítulo VI referido a una “Disposición
Común”.

Debemos precisar, que este tratamiento sistemático de los ti-


pos penales que afectan el DIH se debe a un adecuado conocimiento
de la doctrina sobre la materia, lo que se ha logrado con la par-
ticipación activa del Comité Internacional de la Cruz Roja en su

50
Decreto Legislativo N° 961, Código de Justicia Militar, Normas Legales de “El Pe-
ruano”, Separata Especial, 11 de enero de 2006.

86
Temas de Justicia Militar

difusión y a la instrucción que los miembros de las Fuerzas Arma-


das del Perú reciben desde el 2003, sobre este tema, en el Centro
de Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos de las
FFAA.

III.6.1 SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL RECAÍDA


EN EL EXPEDIENTE 0012-2006-AI/TC, RESPECTO DEL DIH
EN EL CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 2006

Poco después de entrar en vigencia el CJM-2006, la Decana del


Colegio de Abogados de Lima de entonces, interpuso una demanda
de inconstitucionalidad contra el Decreto Legislativo 961, Código de
Justicia Militar Policial, “por considerar que los tipos penales que
consagra afectan, entre otros bienes constitucionales, el principio de
interdicción de la arbitrariedad o prohibición de excesos y el prin-
cipio de legalidad penal”51.

La demandante sostuvo, respecto de los delitos contra el DIH,


que eran inconstitucionales los artículos 90°, 91°, 92°, 93°, 95°, 96°,
97°, 98°, 99°, 100°, 101°, 102° y 103° del CJMP; es decir, 13 tipos
penales de los 22 que integraban el respectivo Título, no siendo de-
mandados los artículos 83°, 84°, 85°, 86°, 87°, 88°, 89°, 94° y 104°,
por tratarse de normas referidas a disposiciones generales.

La demandante sostuvo como argumento que estos tipos pe-


nales no pueden ser considerados como delitos de función pues “los
bienes jurídicos afectados son las reglas mínimas de la guerra, las
normas humanitarias que recoge el Derecho Internacional, las mis-
mas que proscriben la realización de conductas que van más allá de
las necesidades estrictamente militares y que violan clásicos bienes
jurídicos como la vida, la integridad, la salud, el patrimonio, la se-
guridad pública, el ambiente natural, el acceso a la justicia, etc.,
en ese contexto de especial desprotección y peligro para las víctimas

51
Sentencia N° 0012-2006-AI/ TC, <http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/
2006/00012-2006-AI.html>.

87
Roosevelt Bravo Maxdeo

(la guerra), y en el que la seguridad de sus bienes sólo depende la


vigencia de esas reglas mínimas que impone el Derecho Internacio-
nal Humanitario”. Este interés jurídico, alegan, no es propio de las
Fuerzas Armadas.52

El Tribunal Constitucional, en la sentencia recaída en el ex-


pediente N° 0012-2006-AI/TC, declaró inconstitucionales todos los
tipos contra el DIH demandados por la decana del Colegio de Abo-
gados de Lima. Las consideraciones del Tribunal Constitucional
son generales; así, en los párrafos 71 y 72 de la sentencia hace ref-
erencia al reconocimiento de la comunidad internacional de nor-
mas imperativas como las del DIH y el contenido de los Convenios
de Ginebra y sus Protocolos Adicionales I y II. El DIH es mucho
más que eso, los convenios que se han firmado en este campo son
numerosos y abarcan, como se ha reseñado, la protección de heri-
dos, náufragos, enfermos, población civil, prisioneros de guerra, el
respeto de signos y distintivos de organismos como la Cruz Roja, la
protección de bienes culturales, la limitación de medios y métodos
de hacer la guerra; en fin, el respeto de principios esenciales en
la conducción de las hostilidades y muchísimo más, que no es del
caso referir aquí.

Todo el “argumento” que el Tribunal Constitucional da para


declarar inconstitucionales los delitos contra el DIH, está en los pár-
rafos 74 y 75 de la sentencia. Hace referencia (¿analiza, examina?)
al inciso 1 del artículo 90° del CJMP y luego extiende su argumento
al resto de delitos:

“74. Seguidamente, se examinará el cuestionado inciso 1 del artí-


culo 90° del CJMP, que establece que “El militar o policía que, con
relación con un conflicto armado internacional o no internacio-
nal: 1. Mate a una persona protegida por el Derecho Internacional
Humanitario será reprimido con la pena privativa de libertad no
menor de veinte años ni mayor de treinta años.

52
Párrafo 69 de la sentencia recaída en el Exp. N° 0012-2006-AI/TC.

88
Temas de Justicia Militar

Como se aprecia, en la referida norma penal no se presentan todos


los requisitos que identifican a los delitos de función. Así, median-
te esta norma penal se pretende sancionar la conducta del militar
o policía (en actividad), que en un conflicto armado internacional
o no internacional (en acto de servicio o con ocasión de él), MATE
a una persona protegida por el Derecho Internacional Humani-
tario, afectando el bien jurídico VIDA (que no es un bien jurídi-
co institucional de las Fuerzas Armadas o Policía Nacional). En
consecuencia, teniendo en cuenta que en la aludida norma penal
no se presentan las características básicas del delito de función,
tal como lo exige el artículo 173° de la Constitución, el Tribunal
Constitucional considera que tal norma es inconstitucional.”

“75. Respecto de los incisos 2 a 9 del artículo 90°, los artículos


91°, 92°, 93°, 95°, 96°, 97°, 98°, 99°, 100°, 101°, 102° y 103° del
CJMP, por idénticas razones a las expuestas en el párrafo prece-
dente y por pretender afectar bienes jurídicos que no son propios
ni particulares de las Fuerzas Armadas o Policía Nacional, tales
como la integridad física, psíquica o moral, la libertad sexual,
libertad de tránsito, propiedad, tutela jurisdiccional efectiva,
entre otros, el Tribunal Constitucional estima que resultan in-
constitucionales”.

Evidentemente, no se tuvo en consideración que los delitos de


función protegen otra clase de bienes jurídicos como la disciplina, la
subordinación, la eficiencia y corrección del mando, la organización
de la fuerza militar, el orden castrense, etc.

La afirmación: “En consecuencia, teniendo en cuenta que en


la aludida norma penal no se presentan las características básicas
del delito de función, tal como lo exige el artículo 173° de la Consti-
tución, el Tribunal Constitucional considera que tal norma es incon-
stitucional”, carece, a nuestro juicio, de exactitud.

Las características básicas del delito de función están referidas


a: I) El sujeto activo del delito debe ser un militar o policía en situ-
ación de actividad; II) El delito debe ser cometido en acto del servi-
cio o con ocasión de él; y III) Debe atentar contra bienes jurídicos
vinculados a la existencia, organización, operatividad o funciones
de las Fuerzas Armadas o Policía Nacional.”

89
Roosevelt Bravo Maxdeo

Las características básicas del delito de función no están de-


terminadas en el artículo 173° de la Constitución sino en la Ley. El
citado artículo precisa que en caso de delito de función, los miem-
bros de la FFAA y la PNP “están sometidos al fuero respectivo y al
Código de Justicia Militar”, pero no dice que es delito de función:

“Artículo 173°.- En caso de delito de función, los miembros de las


Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional están sometidos al fue-
ro respectivo y al Código de Justicia Militar. Las disposiciones de
éste no son aplicables a los civiles, salvo en el caso de los delitos
de traición a la patria y de terrorismo que la ley determina. La
casación a que se refiere el artículo 141º sólo es aplicable cuando
se imponga la pena de muerte.

Quienes infringen las normas del Servicio Militar Obligatorio es-


tán asimismo sometidos al Código de Justicia Militar.”

III.7. CÓDIGO PENAL MILITAR POLICIAL DE 201053

En el código de 2010 (CPMP-2010), los delitos contra el DIH


están previstos en el Título II de la parte especial, en los artículos
del 75° al 98°. Para su elaboración se tomaron en cuenta los tipos
penales que no habían sido materia de inconstitucionalidad en 2006
(Exp. N° 0012-2006-AI/TC), los alcances de la sentencia recaída en
el Exp. N° 00001-2009-AI/TC de diciembre de 2009, respecto de la
demanda incoada por el Colegio de Abogados de Lima contra la Ley
N° 29182, Ley de Organización y Funciones del Fuero Militar Poli-
cial, la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
en el caso Radilla Pacheco Vs. México, la jurisprudencia reciente de
la Corte Suprema de Justicia de la República, entre otros.

El esquema que el Código ha asumido para los delitos con-


tra el DIH, es básicamente el siguiente: I) Capítulo I: Disposiciones
Generales; II) Capítulo II: Delitos de inconducta funcional durante
conflictos armados; III) Capítulo III: Delitos contra las personas

53
Decreto Legislativo N° 1094, Código Penal Militar Policial, Biblioteca Jurídica del
Fuero Militar Policial, tercera edición, Octubre 2011.

90
Temas de Justicia Militar

protegidas por el Derecho Internacional Humanitario; IV) Capítulo


IV: Delitos de empleo de métodos prohibidos en la conducción de
hostilidades; V) Capítulo V: Delitos de empleo de medios prohibidos
en la conducción de hostilidades; VI) Capítulo VI: Delitos contra
operaciones humanitarias y emblemas; y VII) Capítulo VII: Dis-
posición común.

III.7.1 DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD RESPECTO DE LOS


DELITOS DEL DIH DEL CÓDIGO PENAL MILITAR POLICIAL
VIGENTE;

En el año 2011, fue incoada una nueva demanda de inconsti-


tucionalidad contra el Código Penal Militar Policial, por ONG’S que
han recurrido a organizaciones que no tienen ninguna vinculación
ni conocimiento especializado sobre estos temas jurídicos castrens-
es, como la CGTP, AIDESEP y otros colectivos.

Respecto a los delitos contra el DIH, se han demandado los


artículos 81°, 82°, 83°, 84°, 85°, 86°, 87°, 88°, 89°, 90°, 91°, 92°, 95°,
96° y 97°, con el argumento de que semejantes tipos penales ya
habían sido materia de inconstitucionalidad (Exp. N° 0012-2006-
AI/TC) y otros, que analizaremos en el siguiente punto de este artí-
culo. La demanda, que es hoy materia del Exp. N° 0022-2011-PI/TC,
se encuentra en el Tribunal Constitucional para sentencia.

IV. CONSIDERACIONES SOBRE LOS DELITOS CONTRA


EL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO
IMPUGNADOS
Debemos hacer notar, respecto de los delitos contra el Derecho
Internacional Humanitario del CPMP-2010 que han sido impugna-
dos (15 delitos), que es falaz afirmar que no pueden incluirse en
un Código Penal Militar Policial. Por el contrario, son delitos que
se cometen durante conflictos armados internacionales o internos,
razón básica de la existencia de las FFAA, porque implican la pro-
tección de la soberanía nacional, la integridad territorial del Perú

91
Roosevelt Bravo Maxdeo

y aun la seguridad interna en situaciones extremas, como la lucha


contra el terrorismo que asoló al Perú durante 20 años, en las déca-
das de los ochentas y noventas del siglo pasado.

A la Cruz Roja Internacional y a los organismos multilatera-


les relacionados con el Derecho Internacional Humanitario, solo les
interesa que las conductas que afectan este derecho, sean juzgados
debidamente. No existe norma alguna que obligue a un Estado que
los delitos de DIH deban estar tipificados solo en un Código Penal
Común y ser juzgados en la jurisdicción común.

Por primacía de la realidad y las obligaciones constituciona-


les, corresponde a la jurisdicción militar, con sus fiscales y jueces,
acompañar a las tropas durante el conflicto; pretender asignar es-
tas atribuciones a fiscales y jueces de la jurisdicción común resulta
un despropósito.

De otro lado, los tipos penales sobre DIH previstos en el Código


Penal Militar Policial, no tienen que ver con delitos de lesa humani-
dad ni graves crímenes de guerra, solo con la corrección inmediata
de conductas que afecten el correcto desarrollo de las operaciones,
aspecto éste y otros, en los que el Fuero Militar Policial se auto
limita por respeto a la Constitución Política, a las Convenciones In-
ternacionales y a los mandatos del Tribunal Constitucional; en con-
secuencia, el Fuero Militar Policial peruano no conoce de los delitos
de lesa humanidad que puedan darse durante conflictos armados,
estas conductas son de competencia de la jurisdicción común.

V. CONCLUSIONES54
1. El Derecho Internacional Humanitario (DIH) o ius in bello,
es una rama del Derecho Internacional Público de largo desarrollo.

54
Las conclusiones 1, 2, 3 y 4, en lo sustancial, fueron expuestos por el autor en un
artículo titulado “El Derecho Internacional Humanitario y la sentencia del Tribunal
Constitucional sobre la Ley de Empleo de la Fuerza”, publicado en la Revista de
Análisis Jurídico Especializado (RAE); Tomo 18, diciembre 2009-Año 2.

92
Temas de Justicia Militar

El Derecho Internacional Humanitario tiene sus orígenes en la cos-


tumbre (“usos y costumbres de la guerra”) y es tan antiguo como
la guerra misma. Desde tiempos inmemoriales, los humanos han
tratado de reglar las guerras, evitar el sufrimiento innecesario de
los combatientes y proteger a las personas que no combatían, así
como, limitar los medios y métodos de hacer la guerra.

2. La participación en las guerras de ejércitos profesionales,


los métodos cuestionables empleados y los medios cada vez más so-
fisticados utilizados, hicieron que las guerras se tornaran más san-
grientas y se afectara cada vez más a la población civil, surgiendo
la necesidad de limitarlas convencionalmente. La Convención de
Ginebra de 1864 es el primer hito en este esfuerzo, a la que le si-
guieron otras que hoy conocemos genéricamente como los Derechos
de Ginebra, La Haya y Nueva York, que con el nacimiento de la
Organización de Naciones Unidas se ha buscado unificarlos.

3. La guerra, en términos generales, está proscrita por la Car-


ta de Naciones Unidas; no obstante, la realidad nos demuestra que
los conflictos armados se han extendido por el mundo, particular-
mente los conflictos armados de carácter no internacional, en cuyo
contexto se recurren comúnmente a métodos prohibidos por el DIH
como el terrorismo, el secuestro y la tortura.

4. El Derecho Internacional Humanitario (DIH) o ius in bello


tiene como vocación humanizar y limitar, a lo estrictamente nece-
sario, los efectos de los Conflictos Armados. No prohíbe ni limita
dichos conflictos, sean estos de carácter internacional (CAI) o in-
terno (CANI); en tal sentido, sólo pretende un equilibrio entre las
necesidades militares y el principio de humanidad. “Se trata de un
conjunto de normas de origen convencional (tratados) o consuetudi-
nario, cuya finalidad específica es solucionar los problemas de ín-
dole humanitaria directamente derivados de los conflictos armados
y que, por razones humanitarias, restringe la utilización de ciertos
métodos o medios de combate”.

5. En Perú, desde el Código de Justicia Militar de 1939 y en


los siguientes de 1950, 1963, 1980, 2006 y 2010 se ha tipificado
siempre delitos que tienen relación con el Derecho Internacional

93
Roosevelt Bravo Maxdeo

Humanitario, hasta 1980 como “Derecho de Gentes” y a partir del


2006 como Derecho Internacional Humanitario, por ser las conduc-
tas típicas cometidas en conflictos armados propios del ámbito cas-
trense.

6. No existe norma alguna que obligue a un Estado que los


delitos contra el DIH deben estar tipificados solo en un Código Pe-
nal Común y ser juzgados en la jurisdicción común. Los organismos
internacionales solo desean que las conductas que atentan contra el
DIH sean sancionadas debidamente.

7. Por primacía de la realidad y las obligaciones constituciona-


les, corresponde a la jurisdicción militar, con sus fiscales y jueces,
acompañar a las tropas durante el conflicto; pretender asignar es-
tas atribuciones a fiscales y jueces de la jurisdicción común resulta
un despropósito. Las contravenciones al DIH, durante un CAI, se
producen generalmente en territorios ocupados y durante operacio-
nes ofensivas y deben ser corregidas de inmediato, para que sirvan
de ejemplo a los demás. La historia nos enseña que los excesos del
vencedor se pasan por alto, la victoria encubre las ofensas contra
el DIH; por el contrario, en la derrota se hace palpable el escarnio
contra el soldado. Ni lo uno ni lo otro, los excesos en la guerra deben
sancionarse ipso facto, con cuyo objeto, repito, jueces y fiscales mili-
tares marchan con las tropas al frente de batalla.

8. El Fuero Militar Policial peruano no conoce de los delitos


de lesa humanidad que puedan darse durante conflictos armados,
estas conductas son de competencia de la jurisdicción común. Los ti-
pos penales sobre DIH previstos en el Código Penal Militar Policial
solo están dirigidos a la inmediata corrección de conductas que afec-
ten el desarrollo de las operaciones, aspecto éste y otros, en los que
el Fuero Militar Policial se auto limita por respeto a la Constitución
Política, a las Convenciones Internacionales y a los mandatos del
Tribunal Constitucional. Es esencial que en un Estado Democrático
de Derecho Constitucional, como pretendemos sea el Perú, se res-
pete la institucionalidad y conforme a la Constitución, démosle al
Fuero Militar Policial lo que es del Fuero Militar Policial y al Fuero
Común lo que es de él.

94
APROXIMACIÓN A UNA NOCIÓN DE DERECHO
PENAL MILITAR POLICIAL EN EL PERÚ55

“La adquisición de cualquier conocimiento es


siempre útil al intelecto, que sabrá descartar lo
malo y conservar lo bueno”.
Leonardo Da Vinci

RESEÑA: En este breve artículo, el autor pretende esbozar


una noción de Derecho Penal Militar Policial, desde la parti-
cular forma de ver este Derecho en el Perú; es decir, en estre-
cha relación con el concepto de delito de función previsto en
el Título Preliminar del Código Penal Militar Policial vigente
y naturalmente, relacionándolo con las demás características
que importan al Derecho Penal, como son los delitos, las pe-
nas, las medidas de seguridad y demás consecuencias jurídi-
cas que de ellos se desprenden.

SUMARIO: I.- Consideraciones previas; II.- Definición de


Derecho Penal Militar en la literatura comparada; III.- Defi-
nición de Derecho Penal en la literatura comparada; IV.- De-
lito de función en la Constitución Política del Perú y la Ley;
V.- Noción de Derecho Penal Militar Policial desde la visión
peruana; y, VI.- A manera de conclusión.

55
Este artículo se publicó en la revista “El Jurista del Fuero Militar Policial”, publi-
cación académica del Centro de Altos Estudios de Justicia Militar, Año 3, Número
3/Agosto 2014, p. 91-96.

95
Roosevelt Bravo Maxdeo

I. CONSIDERACIONES PREVIAS
Desde el ‘esencialismo metodológico’ de Platón y varios de sus
discípulos, “(…) corresponde al conocimiento o “ciencia”, el descu-
brimiento o la descripción de la verdadera naturaleza de los objetos,
esto es, de su realidad oculta o esencia…”, concordando todos ellos en
llamar a dicha descripción de la esencia de un objeto: “definición”.56

De acuerdo con el Diccionario de la lengua española, defin-


ición, entre otras acepciones, equivale a: “Proposición o fórmula por
medio de la cual se define dando un conjunto de propiedades sufici-
ente para designar de manera unívoca un objeto, individuo, grupo
o idea…”.57

Expuestas tales consideraciones, resultaría pretencioso de


nuestra parte, formular una definición ‘unívoca-esencial’ sobre
Derecho Penal Militar Policial. Determinar la esencia del concepto,
su verdadera naturaleza, su realidad oculta, o establecer sus propie-
dades de manera unívoca es una tarea basta, cuando la pretensión
es apenas formular, en la medida de lo posible, una noción, cono-
cimiento, concepto, idea o representación mental, de Derecho Penal
Militar Policial en el Perú, fuertemente influenciado por el concepto
de delito de función, impuesto desde la Constitución y la Ley, que
limita la competencia de la jurisdicción militar policial en el Perú.

Para arribar a esa noción de Derecho Penal Militar Policial,


debemos previamente recordar algunas definiciones que se han pro-
puesto en el Derecho comparado sobre Derecho Penal Militar y so-
bre Derecho Penal en general, puesto que, son partes de un todo, o
más propiamente, el primero es “rama” del segundo, que confirma
la calidad de complementariedad del Derecho Penal Militar. De otro
lado, resulta también necesario, para afirmar nuestra noción, reali-
zar una somera revisión de lo que hoy se entiende en el Perú por
delito de función.

56
Popper Karl, La sociedad abierta y sus enemigos, Ediciones Paidós Ibérica S. A. 1°
edición, 1957, 6° reimpresión, 1994, Barcelona- España, p.45.
57
Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe.

96
Temas de Justicia Militar

II. DEFINICIÓN DE DERECHO PENAL MILITAR EN LA


LITERATURA COMPARADA
Diferentes autores han tratado de definir qué se entiende por
Derecho Penal Militar; así, Edmund Mezger precisa que: “(…) es el
conjunto de normas jurídicas que vinculan la pena como consecuen-
cia jurídica, a un hecho cometido en el ámbito militar”.58

Ruperto Núñez Barbero, citando a José María Rodríguez De-


vesa, refiere que se entiende por Derecho Penal Militar, “aquellos
preceptos que, provistos de las correspondientes sanciones penales,
prohíben determinadas conductas atentatorias a los intereses mili-
tares tutelados por los primeros” 59 y él mismo precisa que “el Dere-
cho Penal militar sustantivo será el constituido por aquellas normas
que establecen los delitos y faltas militares, determinando sus penas
y demás consecuencias jurídicas”. 60

Para Vittorio Veutro61, el derecho penal militar es “aquella


rama del derecho penal que, dentro del cuadro general de la conser-
vación y desarrollo de la comunidad social, asegura las condiciones
esenciales para que las fuerzas armadas vivan, sean ordenadas y
eficientes, operando estrictamente en el ámbito de los fines del ejér-
cito”

Por otra parte, para Cabanellas Torres, el Derecho Penal Mi-


litar “Está constituido por las normas y principios que establecen
los delitos por infracciones de los deberes del servicio por violar la

58
Derecho Penal, Editorial Bibliográfica Argentina, Bs. As.1958, p. 27.
59
Cf. Rodríguez Devesa, Derecho penal militar y Derecho penal común, Valladolid,
1961, p. 5.
60
Núñez Barbero Ruperto, Derecho penal militar y Derecho penal común.
61
Con el grado de Teniente Coronel, Vittorio Veutro integró, como Fiscal, el Tribunal
Militar Territorial de Roma, que juzgó al ex Teniente Coronel SS Herbert Kappler y
a otros seis acusados por la muerte de 335 personas, en su mayoría de origen judío,
en el caso conocido como la “Matanza de las Fosas Ardeatinas”, hecho ocurrido el
24 de marzo de 1944, en el contexto de la II Guerra Mundial. Vittorio Veutro llegó
a la alta clase de Teniente General Fiscal General Militar de la República italiana.
Fue también Presidente de la Sociedad Internacional de Derecho Penal Militar y
Derecho de la Guerra.

97
Roosevelt Bravo Maxdeo

disciplina del Ejército, por desobediencia o rebeldía de las fuerzas


armadas ante los poderes legítimos del Estado y otras inherentes
a la condición militar, con las consiguientes penas, de proverbial
severidad” 62

Como podemos apreciar de las definiciones glosadas, dos son


los elementos que no pueden faltar en la definición de Derecho Pe-
nal Militar: la referencia a los delitos y las penas, que como vere-
mos a continuación, estarán presentes en la definición de Derecho
Penal. Es necesario, desde ya, resaltar un tercer elemento, relativo
a la vinculación del Delito Penal Militar con ‘un hecho cometido en
el ámbito militar’, que se relacione con ‘intereses militares tutelados’
o ‘fines del ejército’.

III. DEFINICIÓN DE DERECHO PENAL EN LA


LITERATURA COMPARADA
Respecto de la definición de Derecho Penal, las referencias
que haremos serán a autores nacionales; así, Raúl Peña Cabrera
dice que: “Es la parte del Derecho Público que trata del conjunto de
normas establecidas por el Estado, que determinan los delitos, las
penas y las medidas de seguridad que se aplican, a los titulares de
los hechos punibles, con la finalidad de prevenir y reprimir dichos
hechos”.63

Para Alonso Raúl Peña Cabrera Freyre, “Derecho Penal es


aquella parcela del ordenamiento, privativa de la sanción pública
más grave, esto es, la pena como reacción jurídico-penal que recae
sobre aquel infractor que mediante un obrar culpable ha lesionado o
puesto en peligro bienes jurídicos penalmente tutelados” 64

62
Cabanellas de Torres Guillermo, Diccionario Militar, Editorial Claridad.
63
Peña Cabrera Raúl, Tratado de Derecho Penal, volumen I, 3ra Edición, Lima-Perú,
1983, pág. 23.
64
Peña Cabrera Freyre, Derecho Penal, Parte General, Editorial Rodhas, 2da edición,
noviembre 2008, Lima-Perú, p. 29.

98
Temas de Justicia Militar

Finalmente, siguiendo a Hurtado Pozo, “El derecho penal sus-


tantivo puede ser definido, en sentido objetivo, como el conjunto de
normas promulgadas por el órgano constitucionalmente competente,
que prevén, por un lado, la incriminación de comportamientos cali-
ficados de delictuosos y, por otro, las sanciones (penas y medidas
de seguridad) previstas en tanto que consecuencias jurídicas de este
comportamiento.” 65

Sobre la referencia básica a los delitos y las penas, los au-


tores citados ‘aderezan’ sus definiciones con la naturaleza pública
del Derecho Penal, la finalidad del mismo (prevención general y
prevención especial), el órgano facultado para promulgar las leyes
penales, la lesión o puesta en peligro de bienes jurídicos penalmente
tutelados, etc., que pueden también integrarse a una definición, o
noción como hemos propuesto, de Derecho Penal Militar Policial.
Entonces, ¿Qué es lo diferente que debemos resaltar en nuestra no-
ción de Derecho Penal Militar Policial?, ya lo sabremos.

IV. DELITO DE FUNCIÓN EN LA CONSTITUCIÓN


POLÍTICA DEL PERÚ Y LA LEY
En la Constitución histórica del Perú, se hizo siempre refer-
encia a la “Justicia Militar”. En algunas Constituciones, como en la
de 1834, esa referencia fue explícita en cuanto a la organización de
un Consejo Supremo de la Guerra66 y en otras, como la de 1933, la
referencia fue general, en el sentido de que las leyes y reglamentos
rigen la organización y la disciplina de la fuerza armada.67

65
Hurtado Pozo José, Manual de Derecho Penal, Parte General I, Editora Jurídica
Grijley E.I.R.L., Tercera Edición: 2005, Lima- Perú.
66
Constitución de 1834: “Art. 110º.- Habrá también un Consejo Supremo de la Guerra,
compuesto de Vocales y un Fiscal nombrados por el Congreso. Asimismo tribunales
especiales, el número de sus Vocales, y sus respectivas atribuciones”.
67
Constitución de 1933: “Artículo 215.- Las leyes y los reglamentos militares rigen la
organización de la fuerza armada y su disciplina”.

99
Roosevelt Bravo Maxdeo

En la Constitución de 1979, la referencia a la ‘Justicia Mili-


tar’ no solo fue explícita, sino distinta a todas las anteriores, como
respuesta, en parte, al procesamiento de civiles en la jurisdicción
militar y más generalmente, a las políticas del gobierno de facto
que se inició el 3 de octubre de 1968, cuyo argumento de usurpación
del poder, entre otras consideraciones, fue el cumplimiento de las
obligaciones constitucionales de las Fuerzas Armadas68, dado la in-
estabilidad política interna existente hacia 1968.

La Constitución de 1979 quiso poner atajos a futuros golpes de


estado y en esa medida, redefinió los fines constitucionales de la fuer-
za pública. Respecto de la ‘Justicia Militar’, en ese mismo camino de
redefiniciones, introdujo el concepto de “delito de función”69, cuando
en la doctrina y el Derecho comparado se usaban como moneda cor-
riente los conceptos de “delito militar” o “delito castrense”.

En la Constitución de 1993, se ha manejado el tema dentro de


semejantes parámetros70, salvo el exabrupto utilitario de pretender
aplicar el Código de Justicia Militar a los terroristas, que por lo
demás está hoy salvado, por las adecuadas interpretaciones que se
han hecho sobre su improcedencia.

68
Constitución de 1933: “Artículo 213.- La finalidad de la fuerza armada es asegurar
los derechos de la República, el cumplimiento de la Constitución y de las leyes y la
conservación del orden público”.
69
Constitución de 1979: «Artículo 282.- Los miembros de las Fuerzas Armadas y de
la Policía Nacional en los casos de delitos de función, están sometidos al Fuero res-
pectivo y al Código de Justicia Militar, cuyas disposiciones no son aplicables a los
civiles, salvo lo dispuesto en el Artículo 235.
Quienes infringen las normas del Servicio Militar Obligatorio están sometidos al
Código de Justicia Militar.” (Artículo modificado por el Artículo 1 de la Ley N° 24949,
publicada el 07-12-1988).
70
Constitución de 1993: “Artículo 173.- En caso de delito de función, los miembros de
las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional están sometidos al fuero respectivo
y al Código de Justicia Militar. Las disposiciones de éste no son aplicables a los
civiles, salvo en el caso de los delitos de traición a la patria y de terrorismo que la
ley determina. La casación a que se refiere el artículo 141 sólo es aplicable cuando
se imponga la pena de muerte.
Quienes infringen las normas del Servicio Militar Obligatorio están asimismo so-
metidos al Código de Justicia Militar.”

100
Temas de Justicia Militar

Entre el 28 de julio de 1980, fecha en que entró en vigencia la


Constitución de 1979 y el 2001, aproximadamente, es decir por más
de 20 años, no se entendió siquiera con mediana claridad el concepto
de delito de función; tanto, que se presentaron en el Congreso de la
República múltiples proyectos de Ley para definirlo, naturalmente,
sin éxito. El Código de Justicia Militar de 1980, presuntamente ad-
ecuado a la ‘Constitución del 79’, no incluyó concepto o término al-
guno sobre delito de función; por el contrario, la jurisdicción militar
se siguió ejerciendo: (a) Por razón del delito; (b) Por razón del lugar;
y, (c) Por razón del Estado de guerra71, siguiendo los parámetros
clásicos, que en el caso peruano, los encontramos ya en el Código
de Justicia Militar de 1898, el primero de nuestra vida republicana.

Jurisprudencialmente hablando, las decisiones de la Sala Pe-


nal de la Corte Suprema de la República, al dirimir las contiendas
de competencia entre la jurisdicción militar y la común, tampoco
abordaron con propiedad el tema, de forma que sus decisiones, en
muchos casos, fueron erráticas y casi siempre impredecibles.

Este panorama fue cambiando paulatinamente a partir de


2001, con la jurisprudencia de la Corte Interamericana de DDHH,
del Tribunal Constitucional y en menor medida del propio Poder
Judicial, de forma que hoy, sin más preámbulos, el Código Penal
Militar Policial, Decreto Legislativo N° 1094, vigente desde el 1° de
setiembre de 2010, contempla una definición de delito de función,
en el artículo II del Título Preliminar, en los términos siguientes:

“Artículo II.- Delito de función El delito de función es toda


conducta ilícita cometida por un militar o un policía en situación
de actividad, en acto del servicio o con ocasión de él, y que atenta
contra bienes jurídicos vinculados con la existencia, organización,
operatividad o funciones de las Fuerzas Armadas o Policía Na-
cional.”

71
Para entender mejor estos conceptos, véase el Libro Segundo, Título Segundo (a
quienes se extiende la jurisdicción militar), artículos del 318° al 327°, del Código de
Justicia Militar de 1980, Decreto Ley N° 23214 de 24 de Julio de 1980.

101
Roosevelt Bravo Maxdeo

Como podemos apreciar del artículo glosado, tres caracterís-


ticas deben concurrir para la comisión de un delito de función: (a)
El sujeto activo del delito debe ser un militar o policía en situación
de actividad; (b) Esa conducta ilícita debe ser cometida en acto de
servicio o con ocasión de él; y, (c) Debe afectar bienes jurídicos esen-
ciales para las FFAA y la PNP. Estas características serán también
utilizadas por nosotros para formular finalmente nuestra noción so-
bre Derecho Penal Militar Policial.

V. NOCIÓN DE DERECHO PENAL MILITAR POLICIAL


DESDE LA VISIÓN PERUANA
En concordancia no nuestros planteamientos previos, diremos
que el Derecho Penal Militar Policial es un derecho público especia-
lizado, que trata del conjunto de normas que determinan los delitos,
las penas y las medidas de seguridad, que se aplican a los militares
y policías en situación de actividad, que cometen hechos ilícitos en
acto de servicio o con ocasión de él y que afectan bienes jurídicos
propios, particulares y relevantes para la existencia, organización,
operatividad y cumplimiento de los fines de las Fuerzas Armadas y
de la Policía Nacional, con la finalidad de prevenir y reprimir dichos
ilícitos ejemplarmente. Ahondemos ahora en la noción:

a. El Derecho Penal Militar Policial es un derecho público, pues


sólo al Estado corresponde la persecución penal y al Poder Le-
gislativo directamente, o al Poder Ejecutivo, por delegación,
legislar sobre esta materia.

b. Es especializado, porque corresponde a la Jurisdicción Militar


Policial aplicar las normas de este derecho, con autonomía,
independencia e imparcialidad, con conocimiento de la parti-
cular vivencia militar, la compleja organización de las FFAA
y de la PNP y la especial connotación que tienen los bienes
jurídicos tutelados por el Derecho Penal Militar Policial.

c. El Derecho Penal Militar se aplica sólo a los militares y poli-


cías en situación de actividad, que cometen hechos ilícitos en

102
Temas de Justicia Militar

acto de servicio o con ocasión de él y no a civiles ni a militares


ni a policías en situación de retiro.

d. Los bienes jurídicos afectados son propios, particulares y re-


levantes para la existencia, organización, operatividad y cum-
plimiento de los fines de las Fuerzas Armadas y de la Policía
Nacional. Estos bienes jurídicos son el orden, la disciplina, la
jerarquía, la subordinación, etc., que son la base de la existen-
cia de la fuerza pública.

e. Toda norma penal importa la afectación de bienes jurídicos


relevantes que el Estado tiene la obligación de preservar en
bien de la paz social y cuando esta se ve afectada, el Estado,
como parte de su política criminal, tipifica conductas como
delitos que tienen como correlato una pena. “Las normas
penales comprenden en su ámbito regulador, una norma de
conducta y norma de sanción, como colofón del principio de
legalidad.”72

f. Finalmente, las normas penales tienen una finalidad preven-


tiva, Prima facie, pero cuando esta finalidad no se cumple,
debe reprimirse los hechos ilícitos imponiéndose penas o me-
didas de seguridad, tras un procedimiento previamente esta-
blecido. Esta represión, en el caso de los delitos de función
militar policial, no busca resocializar o reinsertar al penado
en la sociedad sino ejemplarizar.

VI. A MANERA DE CONCLUSIÓN


Nuestra intención es aportar ideas para el debate permanente
sobre los contenidos del Derecho Penal Militar Policial y contribuir,
en la medida de lo posible, al buen andar de la jurisdicción militar
policial en el Perú. Apreciamos, que el trabajo que viene realizando
el Centro de Altos Estudios de Justicia Militar, en la capacitación de

72
Peña Cabrera Freyre Alonso Raúl, Ob. Cit.

103
Roosevelt Bravo Maxdeo

los magistrados militares policiales del Fuero Militar Policial, im-


pulsa, esperanzadoramente, la preocupación del magistrado militar
policial por la investigación; así notamos, de los artículos insertos
en los dos números anteriores de “El Jurista del Fuero Militar Poli-
cial”. Como diría un periodista televisivo tras terminar de reportar
una noticia desde el lugar de los hechos: seguiremos informando.

104
EL FUERO MILITAR POLICIAL ASENTÓ
FINALMENTE SUS REALES EN SANTA BEATRIZ:
HISTORIA DE UN PERIPLO73

RESEÑA: En este trabajo, exploratorio, que deberá profundi-


zarse, el autor describe los varios traslados de local que sufrió
la jurisdicción militar durante los primeros cien años de su
existencia. Varios de esos locales fueron inapropiados para la
labor jurisdiccional y desmerecieron, en su tiempo, la alta je-
rarquía de la Institución. Resalta, igualmente, el esfuerzo que
desplegaron algunos de sus presidentes por dotar de un local
adecuado al entonces Consejo Supremo de Guerra y Marina,
Consejo de Oficiales Generales y Consejo Supremo de Justicia
Militar, nombres que recibió, a través de la historia, la máxi-
ma instancia de la jurisdicción militar policial, hasta llegar
al nombre actual de Fuero Militar Policial. Entre los locales
que acogieron a la máxima instancia de la jurisdicción militar
policial se cuentan: palacios, caserones y quintas.

SUMARIO: I. El Primer Código de Justicia Militar y el lugar


de actuación del Consejo Supremo de Guerra y Marina; II.
El Consejo de Oficiales Generales: Entre casonas y quintas;
III. El Consejo de Oficiales Generales: En ambientes senato-
riales e Inquisitivos; IV. El Consejo Supremo de Justicia Mi-
litar: Entre azulejos y cúpulas moriscas; V. El Fuero Militar
Policial: Asentó sus reales en Santa Beatriz. VI. A manera de
conclusión.

73
Este artículo fue publicado en la Revista “El Jurista del Fuero Militar Policial”, Año
IV, Número 5/ Agosto 2015, p. 149-162.

105
Roosevelt Bravo Maxdeo

I. EL PRIMER CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR Y EL


LUGAR DE ACTUACIÓN DEL CONSEJO SUPREMO
DE GUERRA Y MARINA
El 20 de diciembre de1898 se promulgó el primer Código
de Justicia Militar, en el contexto de la reorganización del Ejér-
cito después de la Guerra del Pacífico, que se inició con la llegada
de la primera Misión Militar Francesa al Perú en 1896, al mando
del capitán de Artillería y oficial de Estado Mayor Pablo Clément,
asimilado en nuestro Ejército con el grado de Coronel.74

Este Código creó el Consejo Supremo de Guerra y Marina como


máxima instancia de la jurisdicción militar de entonces, cuya insta-
lación se produjo el 23 de marzo de 1899, en el “salón principal de
la Excelentísima Corte Suprema de Justicia”, con la asistencia del
entonces Presidente de la República Nicolás de Piérola y Villena.75

El Código señalaba, en su artículo 83°, que el Consejo


funcionaría “(…) en una de las salas de la Corte Suprema, o en otro
local del Palacio de Justicia, mientras no lo tuviese especial.”76 La
razón para ello habría sido la conformación del Consejo, que ade-
más de los cuatro Generales y dos Contralmirantes (en su defecto
Coroneles y Capitanes de Navío) lo integraban también “los tres
Vocales menos antiguos de la Corte Suprema de Justicia”, en con-
cordancia con el artículo 80° de la misma norma.

Desde que el Consejo se instaló tuvo problemas de espacio pa-


ra su funcionamiento; así, en la sesión del 10 de julio de 1901, se dio
cuenta de un oficio del Ministro de Guerra, comunicando “que con
fecha dos del mes en curso se había dirigido al Señor Ministro de

74
COMISIÓN PERMANENTE DE LA HISTORIA DEL EJÉRCITO DEL PERÚ Y
OFICINA DE INFORMACIÓN DEL EJÉRCITO, Compendio de la Historia General
del Ejército del Perú, Volumen II, INDUSTRIAL GRÁFICA S.A., Lima- Perú, Agosto
del 2011, p. 271
75
Libro de Actas de Sesiones Ordinarias del Consejo Supremo de Guerra y Marina,
Libro N° 1, año 1899, p. 2.
76
Código de Justicia Militar del Perú de 1898, Edición Oficial, Oficina tipográfica de
“El Tiempo”, por L.H. Jiménez, Lima, 1899.

106
Temas de Justicia Militar

Justicia encareciéndole se sirviera proporcionar en el Palacio de Jus-


ticia un local apropiado para la Secretaría del Supremo Consejo”77

El General de División César Canevaro Valega, Presidente


del Consejo, en la memoria que leyó el 18 de marzo de 1906 dijo,
respecto de la necesidad de un local para el Consejo, lo siguiente:
“Es necesario que el Consejo Supremo acuerde y pida lo conveniente,
para tener un local propio a que se refiere el artículo 83 del expre-
sado Código, como lo requieren la naturaleza y extensión de sus fun-
ciones. Es también indispensable la sala de espera de reos, que no
deben estar en contacto con el público…” y, ensayando una solución
temporal, respecto del lugar de espera de testigos y peritos, precisó:
“En la secretaría pueden esperar, mientras el Consejo tenga local
propio, los peritos y los testigos a que se refieren los incisos 2° y 3°,
(del) artículo 536 del Código Militar.” 78

El Consejo Supremo de Guerra y Marina, como se dijo líneas


atrás, se instaló el 23 de marzo de 1899 y se disolvió el 31 de octu-
bre de 1906, al promulgarse la Ley N° 273, a la que nos referiremos
más adelante con mayor detalle. Tuvo, pues, el Consejo Supremo
de Guerra y Marina, una existencia casi cabalística, de siete años y
siete meses, habiendo sesionado 271 veces, siempre, “en una de las
salas de la Excelentísima Corte Suprema”.

II. EL CONSEJO DE OFICIALES GENERALES: ENTRE


PALACIOS, CASONAS Y QUINTAS
El 27 de octubre de 1906, durante el primer gobierno del Pres-
idente Pardo79, se promulgó la Ley N° 273, para modificar varios

77
Ídem Libro de Actas, p. 114.
78
Memoria del Excmo. Consejo Supremo de Guerra y Marina, leída por su Presidente
el señor General de División D. César Canevaro, en la ceremonia de apertura del
año judicial de 1906 (18 de Marzo de 1906), Imprenta Torres Aguirre – Camaná 425,
Lima, 1906, p. 29.
79
José Simón Pardo y Barreda, fue presidente constitucional del Perú en dos períodos:
de 1904 a 1908 y de 1915 a 1919. Dejó el poder antes de concluir su mandato, por

107
Roosevelt Bravo Maxdeo

artículos del Código de Justicia Militar de 1898, otorgar competen-


cia a la Corte Suprema de Justicia de la República para revisar, en
vía de nulidad, sentencias de la jurisdicción militar; conocer en vía
originaria de las causas sujetas “al fuero de guerra” contra las altas
autoridades de la República; y sobre todo, cambiar la composición
(solo con militares) y el nombre de Consejo Supremo de Guerra y
Marina por el de Consejo de Oficiales Generales.80

II.1. EL CONSEJO DE OFICIALES GENERALES SESIONÓ EN


EL PALACIO DE JUSTICIA

El siete de diciembre de 1906, en horas de la tarde, en el salón


de recepciones especiales del Palacio de Gobierno, el Presidente de
la República, Doctor José Pardo y Barreda, acompañado del Minis-
tro de Guerra, General de Brigada Pedro E. Muñiz y miembros de
su Casa Militar, tomó el juramento de ley al Contralmirante Man-
uel A. Villavisencio, Presidente del Consejo de Oficiales Generales,
y éste, a su vez, a los Coroneles Miguel Valle Riestra, Mariano Var-
gas, José M. Pereyra, Manuel A. Zamudio y Foción Mariátegui; y,
Capitán de Navío Gregorio Casanova, como vocales del Consejo.81

El Consejo de Oficiales Generales, tras su instalación, sesionó


“en una de las salas de la Excelentísima Corte Suprema”, pero no
contaba con ambientes suficientes como una sala de espera u ofici-
nas para sus vocales, situación que se manifiesta, reiteradamente,
en las memorias de sus Presidentes.

El General de Brigada Juan Martín Echenique, al presentar


su memoria en la sesión del 18 de mayo de 1910, dijo: “A pesar que

un golpe de estado propiciado por Augusto Bernardino Leguía Salcedo, que con ese
acto dio inicio al ciclo conocido como el “oncenio de Leguía”.
80
Ley N° 273, “Artículo 6°. El Consejo Supremo de Guerra y Marina se llamará en
adelante “Consejo de Oficiales Generales”, y se compondrá de nueve vocales, seis de
ellos generales y tres contralmirantes y de un fiscal letrado…”
81
Libro de Actas de Sesiones Ordinarias del Consejo de Oficiales Generales, Libro N°
2, 1906, p. 61-63.

108
Temas de Justicia Militar

desde hace doce años ejercen sus funciones en esta capital los juzga-
dos y tribunales militares, no cuentan todavía con un local especial,
como les es necesario y como está previsto en el código. Si era expli-
cable que el Consejo supremo de guerra y marina sesionase en el pa-
lacio de justicia por cuanto formaban parte de él los señores vocales
de la Excma. Corte Suprema y no era oportuno alejarlos del local en
que ejercen sus funciones ordinarias y cotidianas; esa circunstancia
no existe ya.”82

En semejante sentido, sobre la necesidad de un local para el


Consejo, el Contralmirante Toribio Raygada, al dar lectura a su me-
moria en la sesión del 22 de marzo de 1913, dijo: “Es urgente desig-
narle al Consejo un local propio, ya sea en el Palacio de Justicia o en
otro que se considere conveniente; como lo requieren las altas funcio-
nes del Tribunal, y a fin de conservar debidamente los documentos
del archivo y de la Secretaría.

Es también indispensable la sala de espera de reos; para que


no permanezcan como hoy en los corredores del Palacio de Justicia,
ante la expectación del público, lo que es bochornoso y un escarnio a
la dignidad humana.

Esta necesidad se viene haciendo notar desde el año 1905 en


las diversas memorias del Consejo; por lo que he creído indispens-
able ocuparme nuevamente de este asunto.” 83

En las postrimerías del año 1913, el Presidente de la Corte


Suprema se dirige al Consejo y “hace presente que por tener que
repararse la sala en la que ha estado funcionando el Consejo, no po-
drá disponerse en lo sucesivo del referido local”, acordando el Con-
sejo, en su sesión del 13 de noviembre del referido año, elevar “al

82
Memoria presentada al Consejo de Oficiales Generales, por su Presidente el señor
General Juan Martín Echenique, en la sesión del 18 de mayo de 1910, Tipografía
“UNIÓN”- BOZA 847, Lima, 1910, p. 12.
83
Memoria presentada al Consejo de Oficiales Generales, por su Presidente señor
Contralmirante D. Toribio Raygada, en la sesión del 22 de marzo de 1913. Imprenta
Americana- Abancay N° 154, Lima, 1913, p. XXIII.

109
Roosevelt Bravo Maxdeo

Supremo gobierno”, el oficio del señor “Presidente de la Excelentísi-


ma Corte Suprema”.

En la sesión del Consejo del 02 de diciembre de 1913, se dio


cuenta de un oficio del Ministro de Guerra “transcribiendo la reso-
lución suprema por la que se destina para local del Ilustrísimo Con-
sejo de Oficiales Generales, las oficinas que ocupó la Intendencia
General de Guerra, antes de su organización actual; y se dispone
que mientras quede expedito el nuevo local, el referido Consejo con-
tinuará funcionando en una de las salas de la Excelentísima Corte
Suprema, como lo dispone el código de justicia militar.” Como en
otras ocasiones, que se mencionarán más adelante, la resolución
expedida por el gobierno no se cumplió y no hubo traslado “a las
oficinas que ocupó la Intendencia General de Guerra”.

En la sesión del 15 de junio de 1915, presidida por el Con-


tralmirante Manuel A. Villavisencio, se acordó oficiar al Ministro
de Guerra para que se sirva disponer de un local aparente para las
sesiones del Consejo, en vista de que “con motivo de la revisión de
los procesos electorales que verifica en la actualidad la Excelentísi-
ma Corte Suprema por lo que queda el Consejo sin local para sus
sesiones…” 84

En marzo de 1916, al dar lectura a su memoria, el Contralmi-


rante Manuel A. Villavisencio, expresó: “El artículo 83 de nuestro
código ordena que el Consejo funcione en una de las salas de la Ex-
cma. Corte Suprema o en otro local del Palacio de Justicia mientras
no lo tuviere especial. Han transcurrido 17 años y este respetable
tribunal compuesto de altos jefes del ejército y la marina, carece de
local propio y adecuado a sus funciones, habita de prestado y como
sabéis se han presentado ocasiones en que ha funcionado en una

84
Los ”procesos electorales” a los que se hace referencia, son los que convocó el General
de Brigada Oscar R. Benavides Larrea, tras el golpe de estado que encabezó contra el
Presidente Billinghurst el 4 de febrero de 1914. Salió elegido presidente José Pardo
y Barreda y ocupó el cargo el 18 de agosto de 1915. La Corte Suprema de Justicia
de la República recibió el “extraño” encargo de revisar los resultados del proceso
electoral.

110
Temas de Justicia Militar

estrecha habitación, con mengua de su decoro. Os recomiendo que


acordéis algo sobre el particular, no pidiendo un palacio como existe
en todo país culto, pero sí, algo que sea apropiado y presentable” 85

En la sesión del Consejo del 21 de julio de 1916, el Coronel


Arístides de Cárdenas, Vocal y encargado de las cuentas judiciales
del Consejo, “manifestó que las zonas judiciales de la República se
habían provisto ya de los útiles y mobiliario indispensables para sus
oficinas, careciendo el Tribunal hasta el presente de local y que creía
conveniente que se adoptara alguna medida al respecto, por lo que
proponía al Consejo que se pasara un oficio al Supremo gobierno a
fin de que los fondos de justicia militar existentes en el Caja de Con-
signaciones y Depósitos y los que en adelante se empocen, se destinen
a la construcción de un local para el Consejo de Oficiales Generales”.
La propuesta fue aprobada por el Consejo y se pasó un oficio en ese
sentido al gobierno.

En la sesión del 07 de setiembre de 1917, el “coronel Cárdenas


manifestó que el Consejo quedaría en situación difícil con relación
al local para sus sesiones, una vez que la Corte Suprema terminara
de ver los procesos políticos y el Colegio de Abogados reclamara su
local, por lo que en vista de lo expuesto por el referido señor coronel
Cárdenas, se acordó que el señor General Presidente hiciera person-
almente las gestiones del caso ante el señor Presidente de la Repúbli-
ca a fin de que se proporcione al Tribunal un lugar apropiado para
sus reuniones.”

II.2. EL CONSEJO DE OFICIALES GENERALES SESIONÓ EN


LA SALA DE ACTUACIONES DEL COLEGIO DE ABOGADOS
DE LIMA
Esta falta de local, “por tener que repararse la sala en la que
ha estado funcionando el Consejo…” o “la revisión de los procesos

85
Memoria del Ilustrísimo Consejo de Oficiales Generales, leída por su Presidente el
Sr. Contralmirante D. Manuel A. Villavisencio, Correspondiente al año judicial de
1916 (1° de marzo de 1915 al 1° marzo de 1916), Imprenta del Estado Mayor General
del Ejército, Lima, 1916, p. 9-10.

111
Roosevelt Bravo Maxdeo

electorales por la Corte Suprema”, hizo que el Consejo sesionara, en


varios momentos, en la “sala de actuaciones del ilustre Colegio de
Abogados de Lima”; así, de acuerdo con el Libro de Sesiones Ordi-
narias del Consejo de Oficiales Generales N° 5, el Consejo sesionó
en dicho local, por primera vez, el 09 de julio de 1915, “bajo la presi-
dencia del señor Contralmirante don Toribio Raygada.” Dos meses
y medio después, el 21 de setiembre, el Consejo retornó a su lugar
habitual de sesiones; es decir, “una de las salas de la Excelentísima
Corte Suprema”. Más adelante, a partir del 26 de mayo de 1917,
las sesiones del Consejo se volvieron a llevar a cabo “en la sala de
actuaciones del Colegio de Abogados “, hasta el 03 de mayo de 1918
en que sesionó en ese lugar por última vez, antes de trasladarse a
su nuevo local de la calle Ortiz.

II.3. EL PALACIO DE JUSTICIA DE LA CALLE ADUANAS Y LA


SALA DE ACTUACIONES DEL ILUSTRE COLEGIO DE
ABOGADOS DE LIMA

La “sala de la Excelentísima Corte Suprema” y “la sala de ac-


tuaciones del Ilustre Colegio de Abogados de Lima”, lugares donde
sesionaron en su momento los integrantes del Consejo Supremo
de Guerra y Marina y el Consejo de Oficiales Generales, estaban
ubicadas en el edificio del antiguo Palacio de Justicia de la calle de
la Aduana, después quinta cuadra del jirón Ayacucho y hoy jirón
Antonio Miró Quesada, donde actualmente se levanta un edifico del
Ministerio Público86

Este inmueble fue originalmente propiedad de la Orden Je-


suita, estableciendo el virrey Martín Enríquez de Almanza en 1582
el Colegio San Martín para la enseñanza de Teología, Jurispruden-
cia y Gramática. En 1767, tras la expulsión de los jesuitas de la
América española, el virrey tomó posesión del local e instaló en el
la Aduana (de allí el nombre de la calle entonces) y, posteriormente,

86
CALLE ADUANA. Quinta cuadra del Jr. Ayacucho. También se conoció como SAN
MARTIN y PALACIO DE JUSTICIA.

112
Temas de Justicia Militar

fue local de la Escuela Normal Central, perteneciente a la Univer-


sidad Mayor de San Marcos, cuyo terreno había sido cedido por el
gobierno de Ramón Castilla, por Decreto del 5 de mayo de 1855.

Durante el Gobierno de Pedro Díez Canseco, por Decreto


del 4 de junio de 1868, siendo Presidente de la Corte Suprema de
la República el doctor Bernardo Muñoz, se consideró que para el
buen ejercicio de las funciones de justicia, era necesario dotar de
un edificio propio a los tribunales y juzgados para que contaran con
las condiciones de seguridad y decencia adecuadas por lo que se
trasladó la Corte a este local, conociéndose desde entonces como
Palacio de Justicia. Por escritura pública del 22 de enero de 1902,
el presidente Eduardo López de Romaña celebró un contrato de per-
muta con el rector de la Universidad Nacional Mayor de San Mar-
cos, doctor Francisco García Calderón Landa, quedando el local en
propiedad de la judicatura.

En este local funcionaron las Cortes de Justicia, los Juzgados


de Primera Instancia, el Colegio de Abogados y el Registro de la
Propiedad Inmueble, hasta su traslado al nuevo edificio del Paseo
de los Héroes.87

II.4. EL CONSEJO DE OFICIALES GENERALES SE TRASLADA


A LA CALLE DE ORTIZ

En la sesión del 11 de enero de 1918, se dio cuenta de un oficio


del Ministro de Guerra transcribiendo la resolución suprema, “por
la que se autoriza al Consejo para que considere en sus ajustamien-
tos mensuales las partidas para arrendamiento de un local, para
útiles de escritorio y para extraordinarios.” En la sesión del 12 de
abril del mismo año, a pedido del Coronel Diez Canseco, el Consejo
acordó que “se pasara a la Corte Suprema (un oficio) poniendo en
su conocimiento que el Consejo por falta de local apropiado en el

87
GÁLVEZ José Francisco, Historia del Palacio Nacional de Justicia, Fondo Editorial
del Poder Judicial, primera edición: 29 de diciembre de 2008, p. 261 a 263.

113
Roosevelt Bravo Maxdeo

Palacio de Justicia se trasladaba a la casa que había tenido que


buscar con tal objeto…”

En la sesión del 26 de abril de 1918, el Presidente del Consejo


manifestó cuál era el estado de los arreglos que se llevaban a cabo
en el nuevo local que debía arrendar el Consejo y “se acordó con
este motivo, que se encargara al relator secretario de formalizar el
contrato de arrendamiento, extendiéndose al respecto la respectiva
escritura.” En la sesión del 03 de mayo del mismo año, se dio cuenta
de un oficio del Ministro de Guerra transcribiendo la resolución su-
prema por la que se dispone se gire a favor del “Habilitado del Con-
sejo de Oficiales Generales, por la cantidad de trescientas once libras
para la adquisición del mobiliario destinado a dicho Tribunal…”

El 21 de mayo de 1918, finalmente, el Consejo sesionó por prim-


era vez en su nuevo local “de la calle de Ortiz, número trescien-
tos treinta y dos”, hoy tercera cuadra del jirón Huancavelica,88 89
bajo la presidencia del General de Brigada Benjamín Puente y la
asistencia de los Coroneles Manuel Francisco Diez Canseco, Arís-
tides de Cárdenas, Manuel Pío Alcalá, Capitán de Navío Daniel Ri-
vera, Coronel Luís B. Regal, Capitán de Navío Federico Sotomayor
Vigil y el Fiscal doctor Ricardo Leoncio Elías. No concurrieron a la
sesión, con aviso, el Coronel Carlos Augusto Pásara y el Capitán de
Navío Ernesto de Mora.

En la sesión del 24 de mayo, el relator dio cuenta de un oficio


del Presidente de la Corte Suprema, acusando recibo del que se le

88
1. Desde la fundación de Lima y hasta el año 1862, las calles en Lima tenían un
nombre por cada cuadra. Así, una misma vía era, en realidad, varias calles. Es por
ello que, antes de que la vía fuera llamada Jirón Huancavelica, cada una de sus 9
cuadras tenía un nombre distinto; así la cuadra 1 se llamaba Lezcano porque ahí
se ubicaba la vivienda de don Pedro de Lezcano Centeno y Valdez, cuadra en la que
hoy mismo se encuentra la casa, convertida en museo, del héroe nacional Miguel
Grau Seminario; la cuadra 2 correspondía a la calle del teatro Segura y la cuadra
3 llamada de Ortiz, por algún habitante de esa calle de apellido Ortiz, que no sido
identificado. <http://www.boletindenewyork.com/callesantigualima.htm>
89
Actualmente, ocupa ese local el Museo Municipal de Teatro (Calle Huancavelica
338) y se ubica junto al local de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú.

114
Temas de Justicia Militar

cursó comunicándole de la instalación del Consejo en su nuevo local,


“quedando desocupada y a disposición de esa Corte la habitación
donde funcionaba la secretaría del Tribunal.”

En la sesión del 14 de junio, se leyó un oficio del Ministro de


Guerra transcribiendo la resolución suprema por la que “se dis-
pone que se gire a cargo del Ministerio de Hacienda y a favor de la
Dirección del Servicio de Ingeniería la cantidad de ciento veintidós
libras dos soles veintiséis centavos para atender a la construcción
de un estrado y dieciséis bancas para el local del Consejo de Oficia-
les Generales”. En la sesión del 03 de julio de 1918 se dio cuenta
de un oficio del Ministro de Guerra transcribiendo la resolución
suprema “por la que se gira a cargo del Ministerio de Hacienda y a
favor del habilitado del Consejo de Oficiales Generales por la can-
tidad de ciento treintaicinco libras, cuatro soles, para que atienda
a los gastos originados por la instalación de alumbrado eléctrico,
confecciones y demás reparaciones efectuadas en el local de dicho
Consejo.”

En la memoria que el Coronel Arístides de Cárdenas presentó


al Consejo de Oficiales Generales en marzo de 1919, en su calidad
de Presidente, dijo: “No fue posible permanecer más tiempo en el
Palacio de Justicia, a pesar del mandato expreso de la ley, y el Tri-
bunal se ha trasladado a este local en la forma y condiciones que
conocéis. No es compatible con la respetabilidad de un tribunal de
justicia el ocupar edificios particulares, siempre inadecuados y con
la expectativa de frecuentes traslaciones… La justicia militar ten-
dría suficiente con un local en que funcionen este Tribunal y sus ofi-
cinas, una sala para la reunión de los Consejos de Guerra y locales
para la Jefatura de Zona, sus oficinas y los Juzgados de instrucción.
La adquisición o construcción de un edificio sería hasta económica
para el Fisco, que gasta hoy apreciable suma en arrendamientos,
mudanzas y arreglo de locales alquilados.” 90

90
Memoria presentada al Consejo de Oficiales Generales, en marzo de 1919, por su
Presidente Señor Coronel Don Arístides de Cárdenas. Empresa Tip. “Unión” A.
Giacone & Co. Lima-Perú – Boza 873, 1919. P. 5.

115
Roosevelt Bravo Maxdeo

El contrato de alquiler del local de la calle de Ortiz se suscribió


el 02 de mayo de 1918, por un plazo de 3 años, prorrogables por 2
años más; no obstante, en ese trascurso las propietarias vendieron
la casona a Pablo Rada y Gamio. En la sesión del 11 de mayo de
1920 se informó de la resolución suprema por la que se aumentaba
a cuarenta y cinco libras mensuales la partida “de veinte libras que
consigna el ajustamiento del Consejo para arrendamiento de casa y
autorizándosele para tomar la casa de la calle de Belén a fin de que
se traslade el Tribunal.”

En la sesión del 28 de mayo de 1920, el Coronel Arístides de


Cárdenas expuso que “en vista que el Tribunal debe trasladarse al
nuevo local de la calle Belén…” debía resolverse la situación del
local en que funcionaba el Tribunal, pues existía un “contrato es-
criturado” por tres años y aún faltaba un año para que se cumpla
el plazo. El Consejo autorizó a su Presidente para resolver la situ-
ación.

En la sesión del 19 de octubre de 1920 se leyó una “carta del


Doctor Don Pedro José Rada y Gamio91, apoderado de su hermano
Don Pablo A. Rada y Gamio propietario de la casa que ocupa el
Consejo, comunicando al señor General Presidente, que el contrato
de arrendamiento a que se refiere la escritura de dos de mayo de mil
novecientos dieciocho, terminará a los tres años forzosos de duración
pactados en su cláusula primera, quedando sin efecto los dos años
voluntarios y que en consecuencia debe ser desocupado y entregado
el local el día dos de mayo de mil novecientos veintiuno.” El Consejo
permaneció en este local entre el 21 de mayo de 1918 y el 30 de oc-
tubre de 1920, es decir, aproximadamente, 2 años y 5 meses.

91
Pedro José Rada y Gamio (Arequipa 1873- Lima 1938), fue abogado, político, diplo-
mático y escritor. Diputado por Arequipa (1919-1923); presidente de la Cámara de
Diputados (1921-1922); ministro de Fomento y Obras Públicas (1921 y 1925-1926);
alcalde de Lima (1922); ministro de Gobierno y Policía (1922-1924); ministro de
Relaciones Exteriores (1926-1930) y presidente del Consejo de Ministros (1926-
1929). Fue también senador (1929-1930). <www4.congreso.gob.pe/museo/.../207.
PedroJose_RadaGamio-1.pdf>

116
Temas de Justicia Militar

II.5. EL CONSEJO DE OFICIALES GENERALES SE TRASLADA


A UNA QUINTA DE LA CALLE DE BELÉN

En la sesión del 22 de octubre de 1920 el “Señor General presi-


dente manifestó que acababa de recibir del señor Manuel Irigoyen,
propietario de la finca de la calle de Belén, a cuyo local deben trasla-
darse las oficinas del Consejo, poniendo a disposición de este el
referido local, desde el primero de noviembre próximo, y demás
circunstancias que en dicha carta se indican, a la que se dio lectura.
El Tribunal resolvió que se trasladaran sus oficinas en la fecha ex-
presada a la referida casa…”

Instalado ya el Consejo de Oficiales Generales en la quinta


de la calle Belén, hoy prolongación Jirón de la Unión, en el cercado
de Lima, recibió la visita del Presidente de la República Augusto
Bernardino Leguía, el 20 de marzo de 1921, quién concurrió acom-
pañado del Ministro de Guerra.92 Ejercía la presidencia del Consejo
en ese entonces el General de Brigada Carlos Isaac Abrill Galindo.

Evidentemente, el local de la calle Belén tampoco fue una so-


lución al problema del Consejo de contar con un local adecuado,
por lo que constantemente se hace referencia a ello y no se pierde
oportunidad en resaltarlo y proponer posibles soluciones, ya por el
Presidente del Consejo como por sus vocales. En la sesión del 02
de julio de 1924, a petición del Coronel Carlos Augusto Pásara, “el
Consejo acordó se hagan las gestiones correspondientes ante quien
corresponda, con motivo de la construcción del Palacio de Justicia
para que sea cedido al Tribunal un pabellón o departamento dedi-
cado para su funcionamiento en el local del nuevo Palacio de Justi-
cia.” 93

El General de Brigada Gabriel Velarde Álvarez, en la ceremo-


nia de apertura del año judicial de 1926, durante la presentación de
su memoria, manifestó que era de “verdadera necesidad por decoro
y conveniencia del servicio de la justicia militar, dotar al tribunal

92
Libro de Actas de Sesiones Ordinarias del Consejo de Oficiales Generales, N° 8.
93
Libro de Actas de Sesiones Ordinarias del Consejo de Oficiales Generales, N° 10.

117
Roosevelt Bravo Maxdeo

de local propio”, que se destinaría también para los “consejos de


guerra, para el despacho del jefe de zona y sus dependencias y los
juzgados de instrucción de la región”.94

En la memoria que el mismo General de Brigada Gabriel Ve-


larde Álvarez presentó tres años después, durante la ceremonia de
apertura del año judicial de 1929, se reiteró los inconvenientes que
el Consejo de Oficiales Generales tiene al no contar con un local ad-
ecuado para su labor, no obstante haber transcurrido 30 años desde
el inicio de la vigencia del Código de Justicia Militar y de cuenta de
las gestiones que ha realizado para subsanar esa omisión, en los
términos siguientes:

“Conforme se halla informado el consejo, al tener conocimiento


de la próxima construcción del nuevo palacio de justicia, en la plaza
de la Exposición y el sector de la antigua cárcel de Guadalupe, me
puse al habla con el ministro de guerra, señor Emilio Sayán Pala-
cios, solicitando que en la vasta área destinada al nuevo palacio de
justicia, se designe un pabellón adecuado, para el local especial a
que se refiere el código.

El señor ministro gestionó, con toda voluntad, ante el ministro


de justicia, pero la circunstancia de haberse ya aprobado los planos
para la referida construcción, según me manifestó el señor Sayán
Palacios, y que por este motivo, ya no se disponía de terreno apro-
piado para el consejo, no dio el resultado que se esperaba, a pesar de
la intervención activa del jefe del portafolio de guerra.”95

En este punto, por falta de memorias o actas del Consejo hay


un vacío en la información sobre los locales que “habitó” el Consejo.
Esperamos, desentrañar esos misterios prontamente,

94
Memoria presentada al Consejo de Oficiales Generales por su Presidente General
de Brigada Gabriel Velarde Álvarez, en la ceremonia de apertura del año judicial de
1926, Empresa Editorial “Cervantes”, Polvos Azules 138, Lima- Perú, 1926, p. 47.
95
Memoria presentada al Consejo de Oficiales Generales, por su Presidente General
de Brigada Gabriel Velarde Álvarez, en la ceremonia de apertura del año judicial
de 1929, Imprenta Americana –Plaza del Teatro Lima, 1929, p. 12.

118
Temas de Justicia Militar

III. EL CONSEJO DE OFICIALES GENERALES SESIONA


EN AMBIENTES SENATORIALES E INQUISITIVOS
Al surgir el Perú a la vida republicana, se organiza el Parla-
mento peruano, constituido tradicionalmente por dos Cámaras: la
Cámara de Diputados y el Senado Nacional. Durante el Siglo XIX y
parte del Siglo XX, hasta la inauguración en 1939 del local que hoy
ocupa el Congreso de la República, la Cámara de Diputados sesio-
naba en el antiguo local de la Universidad de San Marcos, situado
entonces en parte del terreno que ocupa actualmente el Palacio Le-
gislativo y el Senado Nacional, en el antiguo local del Tribunal de
la Inquisición; es decir, ambas cámaras en la llamada Plaza de las
Tres Virtudes, conocida luego como del Congreso, de la Inquisición
o Plaza Bolívar.

El Senado tenía como sala de sus sesiones la sala de audien-


cias del Santo Oficio y sus demás ambientes fueron ocupados como
oficinas por la Junta Directiva, las comisiones, Oficialía Mayor, bi-
blioteca y otras. Al trasladarse el Senado a su nuevo local en 1939,
los ambientes que ocupaba en la inquisición quedaron, en parte,
desocupados, y es así que “En abril de 1950, el Consejo de Oficiales
Generales ocupó la sala de audiencias, la cámara del secreto y los
ambientes de la segunda planta del antiguo local del Senado com-
partiendo así el local con la Biblioteca Pública de la Cámara de
Diputados.” 96

Ese traslado, fue otra vez discutido por los integrantes del
Consejo, pues sus antiguos problemas de hacinamiento no fueron
resueltos. El General de Brigada Eduardo Castro Ríos, Presidente
del Consejo de Oficiales Generales, en la memoria que leyó en la
ceremonia de apertura del año judicial de 1953, dijo: “El Tribunal
funciona en el antiguo local del Senado el que parcialmente ocupa,

96
Las Casas de la Inquisición: Fernando Ayllón Dulanto. Texto de la conferencia dada
en el Coloquio Arqueología e Historia de las sedes de la democracia, del saber y de la
fe. Congreso de la República y Universidad Nacional Mayor de San Marcos, miércoles
17 de abril de 2002. Versión revisada al 31 de mayo de 2012. < http://www4.congreso.
gob.pe/museo/casas_inquisicion.html>

119
Roosevelt Bravo Maxdeo

pues la mayor parte del mismo está destinado a la Biblioteca de la


Cámara de Diputados. No necesito relievar los inconvenientes con
que se tropieza por la falta de un adecuado local que se encuentre a
tono con la alta jerarquía del Tribunal y con sus necesidades. Solo
se cuenta en la actualidad con una Sala de Audiencias, un Despacho
para el Presidente y escasos compartimientos para sus oficinas, en la
que estrechamente se halla instalado el personal de empleados. No
existe una sala de recibo, ni los señores Vocales del Consejo cuentan
con un Despacho para su labor. La majestad de la función judicial
y la prestancia del Consejo de Oficiales Generales, como el más alto
Tribunal de Justicia Militar de la República, exigen resolver pron-
tamente esta precaria e inconveniente situación, destinándosele un
local que se encuentre a tono con su elevada situación y que satisfaga
sus necesidades.”97

Las complejidades de las tareas propias del Consejo de Oficia-


les Generales hicieron que los ambientes que ocupaba resultaran
insuficientes para sus labores. Por dicha razón, a través del Decreto
Ley N° 1454398, del 4 de julio de 1963, se transfiere al Ministerio
de Guerra, para la construcción del nuevo edificio del Consejo, el
terreno asignado al Ministerio de Marina99 ubicado en el perímetro

97
Memoria del Presidente del Consejo de Oficiales Generales, General de Brigada
Eduardo Castro Ríos, leída en la ceremonia de apertura del año judicial de 1953,
p. 14.
98
En la parte considerativa del Decreto Ley se refiere, que habiéndose asignado el te-
rreno para la construcción del Ministerio de Marina y expidiéndose posteriormente el
Decreto Supremo N° 2-F, de 4 de Febrero de 1963, con el que se dispone “la reservación
del terreno para la construcción de los Edificios necesarios para el funcionamiento de
los Ministerios de las Fuerzas Armadas en la zona en que funcionó el Hipódromo de
San Felipe y siendo propósito del Supremo Gobierno el dotar al Consejo de Oficiales
Generales de un adecuado local, se dispone en el Artículo 1°, transferir el terreno
asignado al Ministerio de Mariana, al Ministerio de Guerra, “para la construcción
del nuevo edificio del Consejo de Oficiales Generales”. El terreno fue transferido
al Ministerio de Guerra, siendo Presidente de la Junta de Gobierno y Ministro de
Guerra el General de División Nicolás Lindley López.
99
El terreno fue asignado al Ministerio de Marina mediante Decreto Ley N° 11376, de
29 mayo de 1950, siendo Presidente de la Junta Militar de Gobierno el General de
Brigada Manuel A. Odría y Ministro de Marina el Contralmirante Roque A. Saldías.

120
Temas de Justicia Militar

formado por los jirones Francisco de Zela, General Córdoba, Pablo


Bermúdez y Camilo Carrillo.

En la memoria del año judicial de 1963, leída por el Presiden-


te del Consejo Supremo de Justicia Militar100, General de Brigada
Reynaldo Enríquez Quesada, se refiere que se ha cristalizado, medi-
ante el Decreto Ley 14543, la transferencia al Ministerio de Guerra
del terreno asignado al Ministerio de Marina, dentro del perímetro
formado por los jirones: Francisco de Zela, General Córdova, Pablo
Bermúdez y Camilo Carrillo, “Con un área de 11,779 metros cuadra-
dos, para la construcción del local que albergará al Consejo Supre-
mo de Justicia Militar, a los Consejos de Guerra de Aeronáutica,
Marina y Consejos de Guerra de la II Zona Judicial del Ejército y II
Zona Judicial de Policía”101 Respecto al financiamiento de la obra,
dice la memoria, que “se logró que en los proyectos de presupuestos
de 1964 de cada uno de los Ministerios (de las Fuerzas Armadas y
de Policía) se incluyera la cantidad de S/. 800.000.00, lo que hace
un total de S/. 3’2000,000.00 para poder iniciar la obra.” 102 Este
proyecto no se llevó a cabo.

El mismo General Enríquez, en la memoria leída en la aper-


tura del año judicial 1965, dijo: “Motivo de constante preocupación
ha sido para esta Presidencia, dotar al Consejo Supremo de Justicia
Militar, de un local apropiado, acorde con su prestancia. Renovando
las gestiones que ha venido haciendo, desde hace mucho tiempo, ha
logrado que entre tanto se construya el local propio para el Consejo
Supremo en el terreno que ya tiene adjudicado para este fin, con
los fondos que se vienen acumulando, el Ministerio de Guerra pro-
porcione a este Consejo el local que actualmente ocupa el Instituto

100
El nombre de Consejo de Oficiales Generales fue cambiado por el de Consejo Supre-
mo de Justicia Militar, al promulgarse el Decreto Ley N° 14612, Ley Orgánica de
Justicia Militar, el 25 de julio de 1963.
101
Memoria del Consejo Supremo de Justicia Militar, leída en la apertura del año
judicial de 1964, por el señor General de Brigada D. Reynaldo Enríquez Quesada,
Lima- Perú, 1964, p. 21-22.
102
Este proyecto no se llevó a cabo.

121
Roosevelt Bravo Maxdeo

Geográfico Militar, cito en la segunda Cuadra de la Avenida Are-


quipa de esta Capital, el que una vez desocupado y debidamente
reacondicionado, servirá como sede del más alto Tribunal de la Jus-
ticia Castrense.”103 Las gestiones del General de Brigada Reynaldo
Enríquez Quesada, para dotar al Consejo de un ambiente adecuado,
son dignos de todo elogio.

Al trasladarse el Consejo Supremo de Justicia Militar a su


nuevo local de la avenida Arequipa, los ambientes que ocupaba en
la Inquisición “(…) fueron devueltos a la Cámara de Diputados en
1966, en cumplimiento de la Resolución Suprema N° 737-H, del 9 de
agosto del mismo año. En dicha norma se declara cancelada la afec-
tación de uso al Ministerio de Guerra del antiguo local del Senado,
en la plaza de la Inquisición, el mismo que quedó aplicado al funcio-
namiento de la Biblioteca Pública de la mencionada Cámara. El día
11 del mismo mes se produjo la devolución del local.” 104 El Consejo
permaneció en este local 16 años y tres meses, aproximadamente.

IV. EL CONSEJO SUPREMO DE JUSTICIA MILITAR: EN-


TRE AZULEJOS Y CÚPULAS MORISCAS
Por Resolución Suprema N° 146-CGE/X, del 5 de Agosto de
1966, el Ministerio de Guerra concedió al Consejo Supremo de Justi-
cia Militar el uso de un local nuevo, en la avenida Arequipa N° 310,
urbanización Santa Beatriz, Cercado de Lima.

En la Memoria del año 1966, que el General de División Luís


Palacios Trujillo leyó en la apertura del año judicial de 1967 dijo,
respecto del nuevo local, que había sido la “(…) culminación de
gestiones llevadas a cabo durante años, para dotar al más alto
Tribunal Castrense de la República de un Edificio que guardara

103
Memoria del Consejo Supremo de Justicia Militar, leída en la apertura del año
judicial de 1965, por el señor General de Brigada D. Reynaldo Enríquez Quesada,
Lima- Perú, 1965, p. 16
104
Ibídem, Las Casas de la Inquisición: Fernando Ayllón Dulanto.

122
Temas de Justicia Militar

relación y armonía con su singular prestancia y trascendental


misión.”105

Según la versión del entonces cabo del Ejército, posterior-


mente Empleado Civil de la misma Institución y hoy trabajador del
Fuero Militar Policial, Lucio Solís León, el Consejo se trasladó a su
nuevo local de la avenida Arequipa, a mediados del mes de julio de
1966. Ejercía la presidencia del Consejo, en ese entonces, el General
de Brigada Néstor Mendoza Rodríguez.

Este traslado incluyó una maceta con un pequeño pino, algo


macilento y desgarbado, que por las manos primigenias del entonces
Cabo Lucio Solís León y el Mayor del Cuerpo Jurídico Militar Oscar
Parodi Izarra, Jefe de Personal, sentó sus reales en un minúsculo
jardín del Fuero Militar y hoy crece derecho y desafiante, tan alto
como el edificio que se levanta a su lado, asemejando ser el palo
mayor de una antigua fragata de guerra, invencible y extraña. Es
el árbol de todos, también de las palomas que anidan en sus ramas.

En cuanto a los detalles de este nuevo local, el propio General


Palacios, en la memoria referida, dijo: “Este inmueble, un verdadero
palacete morisco106, ha sido debidamente reparado y acondicionado

105
Memoria del año 1966, del Consejo Supremo de Justicia Militar, leída en la apertu-
ra del año judicial de 1967 por el señor General de División Luís Palacios Trujillo,
Lima-Perú, 1967, p. 8.
106
Se refiere al local ubicado en la Av. Arequipa 310, que hace esquina con la primera
cuadra del Jr. Manuel Corpancho, frente a la Embajada de Venezuela y a inmedia-
ciones del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Su construcción data de los
años veinte del siglo pasado, cuando la “afrancesada” urbanización Santa Beatriz
se levantó bajo los auspicios del presidente Augusto Bernardino Leguía y Salcedo,
cuya avenida principal (hoy avenida Arequipa) llevaba su nombre hasta antes del
golpe de estado del Teniente Coronel Luís Miguel Sánchez Cerro, de quién se dice
que también ocupó esta vivienda, temporalmente, al convertirse en Presidente de
la República. Antes de que el Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM) se tras-
ladara a este local, en la quincena de julio de 1966, estuvo ocupado por el Instituto
Geográfico Militar (Desde 1987 Instituto Geográfico Nacional). En los años 70 del
siglo pasado, durante el gobierno militar, el CSJM compartió este local con el Comité
de Asesoramiento del Primer Ministro (COAPRIN) y en los ochentas y parte de los
noventas, ocupó dos ambientes, en el segundo piso, el Instituto Peruano de Estudios

123
Roosevelt Bravo Maxdeo

para el mejor desenvolvimiento de las labores de este Supremo Tri-


bunal, habiéndose adquirido, en parte, el mobiliario y objetos artísti-
cos adecuados; sin embargo, falta bastante por hacer al respecto,
y para cuyo efecto esperamos contar con el aporte necesario de los
Ministerios de la Fuerza Armada y Fuerzas Auxiliares, que conclu-
irán así la imperiosa tarea de otorgar a la Justicia Castrense de las
comodidades acordes con la función del más alto organismo judicial
militar y una de las Instituciones Tutelares de la República.” 107

El Consejo Supremo permaneció en este local algo más de 32


años, sin los apremios de falta de espacio y con “las comodidades
acordes con la función del más alto organismo judicial militar”.

V. EL FUERO MILITAR POLICIAL: ASENTÓ SUS


REALES EN SANTA BEATRIZ
Como los “palacetes moriscos” también se van deteriorando,
un informe del Instituto Nacional de Defensa Civil estableció, en
1995, que la casona “morisca” de la avenida Arequipa 310, por la
antigüedad de sus estructuras, había sufrido resquebrajaduras y
existían riesgos para la seguridad de las personas que trabajaban
en el local. Se dijo también, que su reparación sería costosa y dado
que la casona era de propiedad del Ejército, el Consejo Supremo de
Justicia Militar no podría sufragar esos gastos.

Ante esa coyuntura, los integrantes de la Sala Plena del Con-


sejo Supremo de Justicia Militar, bajo la presidencia del General
de División Guido Guevara Guerra, mediante resolución del 24 de
noviembre de 1995, acordaron: “1.- Proceder al inicio de la construc-
ción del Complejo de Justicia Militar, para cuyo efecto encomenda-
ron la licitación de la primera etapa… y la subsecuente construcción

Geopolíticos (IPEGE), que conducía el General de División Edgardo Mercado Jarrín.


El CSJM abandonó gradualmente estas instalaciones entre 1998 y 1999.
107
Ibídem Memoria del año 1966, p. 8.

124
Temas de Justicia Militar

del casco, así como el control de la ejecución de la obra, al Servicio


de Ingeniería del Ejército…”

El 29 de agosto de 1996, los miembros de la Sala Plena del


Consejo, autorizaron “al Comité de Adquisiciones, integrado por el
General de Brigada Hugo Pow Sang Sotelo, Teniente Coronel Ro-
berto Teixeira Michelena y Mayor FAP Juan Ibarra Schambaher,
realizar las gestiones Administrativas y Legales para proponer en
el plazo más breve la adquisición del inmueble localizado en forma
adyacente o próxima con el predio que ocupa el Consejo Supremo de
Justicia Militar…”

Las gestiones para la adquisición de propiedades contiguas al


local del entonces Consejo Supremo de Justicia Militar se llevaron a
cabo; así, se adquirió, de los herederos legales de Juan Francisco Ca-
saretto Ugaz, la propiedad que daba frente a la avenida Juan Anto-
nio Álvarez de Arenales números 319 y 319-A (436.25 m2) y de César
Artemio Augusto Collazos Alva y sus herederos legales, la propiedad
contigua signada con los números 321, 329 y 333 (435.20 m2).

En esos espacios se construyó el nuevo local de la sede central


del Consejo Supremo de Justicia Militar, que se concluyó, formal-
mente, en enero de 1999; no obstante, algunas oficinas se traslada-
ron al nuevo local en el segundo semestre de 1998 y se continuaron
realizando trabajos de acabados hasta el año 2000. Desde el año
2008 el local es la sede central del Fuero Militar Policial, nombre
que adopta luego de la dación de la Ley N° 29182, Ley de Orga-
nización y Funciones del Fuero Militar Policial. La dirección: aveni-
da Arenales N° 321, Santa Beatriz, Lima Cercado. No es un palacio,
casona o quinta, pero si un local con “las comodidades acordes con
la función del más alto organismo judicial militar”.

VI. A MANERA DE CONCLUSIÓN


Largo ha sido el periplo de la jurisdicción militar, antes de
asentar sus reales en Santa Beatriz, en 1998, después de 100 años
de la promulgación del primer Código de Justicia Militar en 1898.

125
Roosevelt Bravo Maxdeo

La máxima instancia de la jurisdicción militar sesionó, antes de


llegar a su local actual, en una de las salas del antiguo Palacio de
Justicia de la calle de la Aduana, hoy quinta cuadra del jirón Miro
Quesada, el local del Ilustre Colegio de Abogados de Lima, ubicado
en el mismo lugar, en una casa de la calle Ortiz, hoy tercera cuadra
del jirón Huancavelica, en una quinta de la calle Belén, hoy prolon-
gación jirón de la Unión, en el local de la Santa Inquisición ubicado
en la Plaza del Congreso o Plaza Bolívar, como también se le llama,
y la casona morisca de la cuadra tres de la avenida Arequipa. Casi
en parangón con sus traslados frecuentes de local, el nombre de su
máxima instancia jurisdiccional cambió también reiteradamente;
así, se llamó primero Consejo Supremo de Guerra y Marina y luego
Consejo de Oficiales Generales, Consejo Supremo de Justicia Mili-
tar, hasta arribar a Fuero Militar Policial, como se llama hoy.

Si bien es cierto que muchos de sus presidentes informaron en


sus memorias sobre la falta de un local adecuado para el Consejo y
dejaron sentadas sus preocupaciones, diríamos que tres de ellos se
distinguieron por su especial empeño. El General de Brigada Car-
los Isaac Galindo, en los años de 1917 y 1920, cuando el Consejo
de Oficiales Generales se trasladó a la calle de Ortiz y después a
la calle Belén; el General de Brigada Reynaldo Enríquez Quesada,
entre 1964 y 1965, para que el Consejo Supremo de Justicia Militar
se estableciera en la avenida Arequipa 310; y el General de Divi-
sión Guido Guevara Guerra, cuando entre 1995 y 1998 logró que se
construyera el edificio que hoy ocupa el Fuero Militar Policial en la
avenida Arenales 321, asentando sus reales, ¿definitivamente?, en
Santa Beatriz.

126
EL PROCESO PENAL MILITAR POLICIAL
ACUSATORIO GARANTISTA EN EL PERÚ

“Cada Estado y cada Jurisdicción tienen el


proceso penal que se merecen”
El autor

RESEÑA: El objeto de este artículo es la divulgación, en tér-


minos generales, de las características del proceso penal mili-
tar policial, de esencia acusatoria garantista, que está vigente
desde el 1 de Enero de 2011 y se viene aplicando en la jurisdic-
ción penal militar policial del Perú, conforme a la Cuarta dis-
posición final108 del Decreto Legislativo N° 1094, Código Penal
Militar Policial (CPMP-2010).

SUMARIO: I.- Consideraciones previas; II.- El procedimiento


penal en el Código de Justicia Militar de 1980; III.- El proceso
penal adoptado por el Código Penal Militar Policial; III.1.- Los
principios y garantías procesales en el Código Penal Militar
Policial; III.2.- Los tipos de procesos en el Código Penal Mili-
tar Policial; IV.- A manera de conclusión.

108
La parte procesal contenida en el Libro Tercero del Código vigente, con excepción de
los artículos 312 al 316, así como el Libro Cuarto sobre Ejecución Penal, entrarán
en vigencia el 1 de enero del 2011.

127
Roosevelt Bravo Maxdeo

I. CONSIDERACIONES PREVIAS
El actual proceso penal militar policial peruano, vigente desde
el 1 de enero de 2011, tiene un carácter acusatorio garantista, bási-
camente, porque conforme al artículo 153° del Decreto Legislativo
N° 1094, Código Penal Militar Policial, las funciones de investigar y
juzgar están claramente separadas: “Los fiscales no podrán realizar
actos propiamente jurisdiccionales y los jueces no podrán realizar
actos de investigación o que impliquen el impulso de la persecución
penal.” A ello se agrega, y tan importante aún, que el proceso está
rodeado de garantías suficientes para el imputado y la igualdad de
armas con que cuentan las partes es evidente, como se apreciará de
los principios y garantías que se expondrán.

La postulación de un proceso acusatorio en la jurisdicción mil-


itar policial se ha decantado en un contexto especialmente comple-
jo. En un espacio-tiempo, que podríamos delimitarlo entre los años
2001 y 2009, en que se interpusieron reiteradas demandas de in-
constitucionalidad contra normas de la jurisdicción militar policial
y disposiciones afines, que en su momento fueron acogidas por el
Tribunal Constitucional, dejando a la “Justicia Militar” al borde de
la inacción; no obstante, tras una “enésima” demanda de inconsti-
tucionalidad, esta vez contra la Ley N° 29182, Ley de Organización
y Funciones del Fuero Militar Policial, el Tribunal Constitucional,
haciendo “overruling” de sus sentencias anteriores, confirmó la con-
stitucionalidad de la referida Ley (Expediente 00001-2009-AI/TC),
que entre otros cosas, determina la autonomía de la jurisdicción
militar policial y la independencia, imparcialidad e inamovilidad de
sus jueces.

Esta decisión del Tribunal Constitucional abrió un contexto


nuevo, que facilitó la promulgación de un nuevo Código Penal Mili-
tar Policial, con un proceso acusatorio garantista, que había sido
ya pergeñado en el Código de Justicia Militar de 2006, pero que
no entró en vigencia por la difícil coyuntura en que se promulgó.
Señalaremos las características más notorias de este proceso más
adelante, después de describir los alcances del procedimiento penal
del Código de Justicia Militar de 1980, para apreciar los cambios

128
Temas de Justicia Militar

radicales que se han dado en este campo en la jurisdicción militar


policial y finalizaremos con una presentación gráfica de los tipos de
procesos que este Código establece.

II. EL PROCEDIMIENTO PENAL EN EL CÓDIGO DE


JUSTICIA MILITAR DE 1980
El Código de Justicia Militar de 1980 (CJM-80), Decreto Ley
N° 23214109, adoptó como procedimiento penal, en lo sustancial, el
mismo que sus antecesores, los Códigos de Justicia Militar de 1950
y 1963; y, estos y aquel, la del Código de Procedimientos Penales,
Ley N° 9024, de 16 de enero de 1940, que sufrió modificaciones sig-
nificativas a través del tiempo, y en la jurisdicción militar policial
no se aplicaron, salvo el proceso sumario, tardíamente.

El CJM-80 estableció, inicialmente, para conocer de los pro-


cesos incoados contra militares y policías, un “Juicio Ordinario”, di-
vidido en dos etapas: 1. Instrucción y 2. Proceso (Art. 426°), siguien-
do, como se dijo ya, los lineamientos del Código de Procedimientos
Penales común, adscrito a un modelo procesal penal mixto. En la
etapa de instrucción el Juez realizaba la investigación (instrucción)
reservadamente, en forma inquisitiva, escriturada (“poniéndolo
todo en blanco y negro”), con la participación puramente formal del
Fiscal, a cuyo término el Juez formulaba un informe final, detal-
lando sus actuaciones, que culminaba estableciendo si había o no
responsabilidad del imputado, siendo el “Principio de Presunción de
Inocencia”, por tanto, mera conjetura. En la etapa del proceso, un
Tribunal colegiado juzgaba, en un “juicio oral y público”, donde, sin
embargo, no había contradicción y la oralidad se reducía a la lec-
tura de piezas del expediente por el relator, para que, finalmente,
se produjeran, la acusación y defensa del procesado y, por supuesto,
el fallo que podía ser absolutorio o condenatorio.

109
Consejo Supremo de Justicia Militar, Código de Justicia Militar, Lima, 1998.

129
Roosevelt Bravo Maxdeo

Un cambio notorio fue adoptado en 1996, al introducirse en


el CJM-80 el proceso penal sumario, mediante Ley 26677, de 22
de octubre de ese año, a semejanza del proceso penal sumario apli-
cado en la jurisdicción común, desde la promulgación del Decreto
Legislativo 124, de 15 de junio de 1981, que les dio capacidad de
fallo, en determinados delitos, a los jueces de primera instancia. En
la jurisdicción militar esa facultad de fallo, se otorgó a los jueces
letrados, conocidos más propiamente como jueces militares perma-
nentes, quienes eran oficiales del grado de Teniente Coronel o sus
equivalentes, integrantes del Cuerpo Jurídico Militar Policial.

Si bien estos cambios legislativos tuvieron como propósito re-


solver el problema del hacinamiento de expedientes, terminó confir-
mando que el procedimiento penal en el Perú tuviera mayores visos
inquisitivos, donde una sola persona, el Juez, investigaba (instruía),
juzgaba (emitía sentencia) y ejecutaba la misma, contrariando,
así, las reglas del debido proceso, establecidas en la Constitución,
la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto de
Derechos Civiles y Políticos de NNUU.

En el año 2006, en el contexto de los reiterados cambios leg-


islativos en la jurisdicción militar policial, se promulgó el Decreto
Legislativo 961, Código de Justicia Militar Policial, adoptando un
proceso acusatorio, que sin embargo, no entró en vigencia. Como se
sabe, la parte general de ese Código fue materia de una sentencia
de inconstitucionalidad (Expediente 0012-2006-AI/TC), que la dejó
maltrecha e inútil para cumplir con sus propósitos iniciales.

III. EL PROCESO PENAL ADOPTADO POR EL CÓDIGO


PENAL MILITAR POLICIAL
El modelo procesal del Código Penal Militar Policial vigente
(el Código), Decreto Legislativo 1094, publicado el 01 de setiembre
de 2010, es de corte acusatorio garantista, que respeta las reglas del
“debido proceso” profusamente referidas en la Constitución Política
del Estado, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el
Pacto de Derechos Civiles y Políticos.

130
Temas de Justicia Militar

Por años se han repetido, retóricamente, conceptos relativos


al debido proceso, y ya era tiempo que se plasmaran en un Códi-
go Penal Militar Policial, organizando, así, un proceso acusatorio
garantista, que si bien tiene algunas características especiales re-
specto del proceso penal común, dado los límites de su competencia,
su naturaleza excepcional y el carácter especial del Derecho Penal
Militar Policial, está encaminado, como aquel, al cumplimiento de
las cláusulas constitucionales y convencionales sobre el debido pro-
ceso y el respeto a los DDHH.

De otro lado, es un modelo procesal que el Estado peruano,


en general, y la jurisdicción militar policial, en particular, se mere-
cen. “Cada Estado y cada Jurisdicción tienen el proceso penal que
se merecen”, al resultar claro “que existe una relación directa entre
el sistema político imperante y el derecho procesal penal.”110 El pro-
ceso penal acusatorio se condice con nuestro crecimiento económico,
con la inserción de nuestro país en los foros internacionales, con el
mejoramiento de nuestros niveles de educación; en fin, con el mayor
respeto a los DDHH.

III.1. LOS PRINCIPIOS Y GARANTÍAS PROCESALES EN


EL CÓDIGO PENAL MILITAR POLICIAL

Hay varias maneras de abordar este tema; una de ellas, por


ejemplo, siguiendo a Claus Roxín111, sería englobar los principios de
acuerdo a las etapas del procedimiento: i) Principios de la iniciación
del procedimiento; ii) Principios de la realización del procedimiento;
y, iii) Principios probatorios. No obstante, dado que nuestro objetivo
es informativo, seguiremos el orden establecido en el Libro Tercero

110
NEYRA FLORES, José Antonio, Manual del Nuevo Proceso Penal & de Litigación
Oral, IDEMSA, Julio 2010, Lima, p. 53.
111
ROXIN, Claus, Derecho Procesal Penal, Traducción de la 25° edición alemana de
Gabriela E. Córdova y Daniel R. Pastor, Editores del Puerto s.r.l., Buenos Aires,
2000, p. 78 y Siguientes.

131
Roosevelt Bravo Maxdeo

del Código, relacionándolo con los preceptos constitucionales, con-


vencionales y doctrinarios sobre la materia.

III.1.1 JUICIO PREVIO

La primera garantía que establece el proceso penal militar


policial es el juicio previo: “Artículo 143.- Nadie podrá ser condena-
do sin un juicio previo, fundado en ley anterior al hecho imputado,
respetando los derechos y garantías establecidas en la Constitución
Política del Estado, los tratados internacionales en materia de pro-
tección de derechos humanos y de acuerdo a las normas de este Có-
digo.”

Es bueno precisar, para facilitar una lectura más fácil, que si


bien hacemos referencia a un proceso penal militar policial, el Códi-
go Penal Militar Policial, por razones doctrinarias y aún prácticas,
está integrado por un Título Preliminar, la Parte General (Libro
Primero), el Libro Segundo que contiene la Parte Especial (Tipifi-
cación de los delitos), la Parte Procesal prevista en el Libro Tercero
y la Ejecución Penal en la Cuarta Parte.

En relación con el citado artículo 143, decimos que tiene re-


lación con el “Principio de legalidad”, previsto en el artículo IV
del Título Preliminar del Código, porque “Ningún militar o policía
podrá ser investigado, juzgado o sancionado por un acto u
omisión que no esté previsto de modo expreso e inequívoco
como delito de función militar o policial por la ley penal vi-
gente al momento de su comisión…” (Resaltado agregado)

Naturalmente, estos preceptos están previstos en la Consti-


tución Política del Estado, como derechos esenciales: “Nadie será
procesado ni condenado por acto u omisión que al tiempo de com-
eterse no esté previamente calificado en la ley, de manera expresa
e inequívoca, como infracción punible; ni sancionado con pena no
prevista en la ley.” (Art.2.24.d) y como un principio y derecho de la
función jurisdiccional: “El (…) de no ser penado sin proceso judicial”
(Art. 139.10).

132
Temas de Justicia Militar

III.1.2 PRINCIPIOS DEL PROCESO

Conforme al artículo 144 del Código, “Durante todo el proceso


se observarán los principios de contradicción, inmediación, simplifi-
cación y celeridad. En el juicio se respetarán, además, los principios
de oralidad, publicidad y no duplicidad funcional.”

El principio de contradicción implica que los sujetos pro-


cesales, en el desarrollo del juicio, puedan controvertir las prue-
bas, argumentos o posiciones de los otros112. Cubas Villanueva dice
que “Consiste en el recíproco control de la actividad procesal y la
oposición de argumentos y razones entre los contendientes sobre las
diversas cuestiones introducidas que constituyen su objeto.”113 Tienen
también las partes el derecho “(…) a ejercer el control recíproco de
la actividad procesal…, a ser oídas por el Tribunal, el derecho a
ingresar pruebas, controlar la actividad de los jueces y de la parte
contendiente y el de refutar los argumentos de la parte contraria.”114
Implica, además, que los actos que realice una de las partes en el
proceso deben ser comunicados, oportunamente, a la otra y que la
sentencia que se expida, en su momento, se fundamente “en los ac-
tos del debate”, que ha sido materia de apreciación y discusión por
las partes.

El principio de contradicción se sostiene “en la posibilidad de


que las partes puedan sustentar en juicio sus posiciones respecto de
los cargos de imputación y de la prueba… El momento central ra-
dica en el debate sobre la prueba y las argumentaciones parciales y
finales sobre las mismas a efecto de generar convicción en el juzga-
dor para su decisión en la sentencia… la contradicción se manifiesta
también en otras etapas del proceso cuando la autoridad judicial

112
SAN MARTÍN CASTRO, César, Derecho Procesal Penal, Volumen I, Editorial Ju-
rídica Grijley, segunda reimpresión corregida- mayo 2000, p. 493.
113
CUBAS VILLANUEVA, Víctor, El nuevo proceso penal peruano, Palestra Editores,
Primera edición, Lima, 2009, p. 38.
114
FRISANCHO APARICIO, Manuel, Manual para la aplicación del Nuevo Código
Procesal Penal, Editorial RODHAS, 1° Edición, Setiembre, 2009, p. 472.

133
Roosevelt Bravo Maxdeo

dispone la realización de audiencias para resolver lo que pida el


Fiscal o la parte interesada…”115

El principio de inmediación implica “(…) el acercamiento


que tiene el juzgador con todos los elementos que sean útiles para
emitir sentencia”116 Implica, además, que el tribunal que participó
en el juicio debe emitir la sentencia, al haber asistido sus integran-
tes al contradictorio, conocer de las actitudes, reacciones y person-
alidad del acusado y el comportamiento del resto de actores en el
proceso y, sobre todo, haber apreciado la actividad probatoria, que
formará su convicción y se reflejará en la sentencia. “La inmedi-
ación del tribunal con las pruebas constituye un pilar fundamental
de la legitimidad del juicio.”117 Sánchez Velarde dice que “Este prin-
cipio exige un acercamiento entre el Juez y los órganos de prueba,
sea el acusado, agraviado o testigo, y a través de los interrogatorios
en la audiencia oral.”118

El principio de inmediación, de otro lado, está estrechamente


vinculado con la oralidad, que junto al contradictorio, son la pie-
dra angular del proceso acusatorio, de donde también se deriva la
prohibición “de no ser condenado en ausencia”, que, como principio,
está establecido en el artículo 139.12., de la Constitución.

El principio de celeridad tiene que ver con la preocupación


del legislador por proteger el derecho del imputado “(…) a obtener
un pronunciamiento que ponga término del modo más rápido po-
sible a la situación de incertidumbre y de negable restricción a la
libertad que comporta el enjuiciamiento penal.”119; principio que está
relacionado con otro: “duración razonable del proceso”, previsto en el
artículo 154 del Código y que será materia de análisis más adelante.

115
SÁNCHEZ VELARDE, Pablo, Introducción al Nuevo Proceso Penal, IDEMSA, Junio
2005, Lima, p. 124.
116
CUBAS VILLANUEVA, Ob. Cit., p. 45.
117
FRISANCHO APARICIO, Ob. Cit., p. 471.
118
SÁNCHEZ VELARDE, Ob. Cit. p. 124.
119
CUBAS VILLANUEVA, Ob. Cit., p. 67.

134
Temas de Justicia Militar

III.1.3 IMPARCIALIDAD E INDEPENDENCIA

La Imparcialidad e independencia de los magistrados mil-


itares policiales es tratado en el artículo 145 del Código, bajo la
siguiente cláusula: “Los magistrados actuarán con imparcialidad
en sus decisiones y en todas las etapas del proceso.

La ley garantiza la autonomía e independencia de los magis-


trados contra cualquier injerencia en el ejercicio de sus funciones.”

La referencia a la imparcialidad e independencia de los mag-


istrados militares policiales, fue recurrente en la década pasada.
Los detractores de la jurisdicción militar policial afirmaban que sus
jueces estaban subordinados a los mandos superiores, por tanto,
sus decisiones no eran imparciales. Cambios sustanciales han ocur-
rido en estos temas, particularmente, tras la sentencia recaída en el
Expediente N° 00001-2009-AI-TC, en la que el Tribunal Constitu-
cional (TC) confirma la constitucionalidad de los artículos de la Ley
29182, Ley de Organización y Funciones del Fuero Militar Policial,
contrariamente a lo pretendido por el Colegio de Abogados de Lima.

Respecto a los principios de independencia e imparcialidad en


la función jurisdiccional, el TC afirmó en la citada sentencia:

“28. El inciso 2) del artículo 139° de la Constitución consagra el


principio de independencia en la función jurisdiccional en los si-
guientes términos: “Ninguna autoridad puede avocarse a causas
pendientes ante el órgano jurisdiccional ni interferir en el ejercicio
de sus funciones. Tampoco puede dejar sin efecto resoluciones que
han pasado en autoridad de cosa juzgada, ni cortar procedimien-
tos en trámite, ni modificar sentencias ni retardar su ejecución.”

De otro lado, el Pacto de San José, en el inciso 1., del artículo


8 (Garantías Judiciales), expresa:

“1. Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas
garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tri-
bunal competente, independiente e imparcial, establecido
con anterioridad por la ley, en la sustanciación de cualquier
acusación penal formulada contra ella, o para la determinación

135
Roosevelt Bravo Maxdeo

de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de


cualquier otro carácter.” (Resaltado agregado).

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH),


a su vez, en el párrafo 68 de la Sentencia de fondo del Caso Reverón
Trujillo vs. Venezuela, se refirió al respecto en los términos siguien-
tes:

“El principio de independencia judicial constituye uno de los pi-


lares básicos de las garantías del debido proceso, motivo por el
cual debe ser respetado en todas las áreas del procedimiento y
ante todas las instancias procesales en que se decide sobre los
derechos de la persona. La Corte ha considerado que el principio
de independencia judicial resulta indispensable para la protec-
ción de los derechos fundamentales, por lo que su alcance debe
garantizarse inclusive, en situaciones especiales, como lo es el
estado de excepción.”

El TC, tras referirse a la jurisprudencia de la Corte IDH, la


Corte Europea de DDHH y los Principios Básicos de las Naciones
Unidas sobre el tema, refiere, en la citada sentencia, que de la in-
dependencia judicial se derivan otras garantías: “(…) un adecuado
proceso de nombramiento, la inamovilidad en el cargo y la garantía
contra presiones externas.” En consecuencia, en la sentencia se
analiza si estas garantías están debidamente incluidas en la Ley de
Organización y Funciones del Fuero Militar Policial.

Para tener una visión al respecto, glosamos, a continuación,


algunas conclusiones del Tribunal Constitucional, que recayeran en
la citada sentencia:

“54. En consecuencia, el Tribunal Constitucional considera que


el sistema de nombramiento de los jueces del FMP no es incom-
patible con los principios de independencia e imparcialidad judi-
cial…”

“72.��������������������������������������������������������������
Finalmente, cabe señalar que la condición de oficiales en ac-
tividad de los jueces del FMP, no implica per se subordinación
y falta de independencia. Al respecto, el Tribunal Europeo de
Derechos Humanos ha señalo lo siguiente:

136
Temas de Justicia Militar

“Al tomar posesión, todos los miembros del Tribunal deben pres-
tar un juramento que les obliga a ser justos, honestos e impar-
ciales (artículo 9., de las `Instrucciones provisionales). Es cierto
que al continuar los jueces militares del Tribunal en su carácter
de miembros de las Fuerzas Armadas se hallan también ligados
por su juramento como oficiales, lo cual implica, entre otras co-
sas, obedecer órdenes de sus superiores. Este último juramento, no
obstante, entraña también obediencia a la Ley, lo cual incluye, en
general, las «Instrucciones provisionales» que rigen al Tribunal
Superior Militar y, en particular, el juramento de imparcialidad
que se toma a los Magistrados.” [TRIBUNAL EUROPEO DE DE-
RECHOS HUMANOS. CASO DE ENGEL Y OTROS CONTRA
EL REINO DE HOLANDA, DEL 8 DE JUNIO DE 1976, PARÁ-
GRAFO 30.].

74. Otras garantías que abonan a la independencia e imparcia-


lidad en la jurisdicción militar son la autonomía presupuestaria
del FMP (artículo 47º de la Ley N° 29182); la sujeción de este
Fuero a los principios y garantías de la función jurisdiccional; y
su deber de respeto de los derechos fundamentales de la persona
(artículos II del Título Preliminar y 45º de la Ley Nº 29182).

Abonando lo anterior, el artículo 27º de la Ley Nº 29182 establece


que a los jueces militares les son aplicables los mismos impedi-
mentos e incompatibilidades que establece la ley para los jueces
del Poder Judicial.

El TC analiza la Sentencia de la Corte IDH en el Caso Pala-


mara Iribarne vs. Chile que, entre otras cosas, refiere, que los tri-
bunales de justicia militar de Chile carecen de independencia e
imparcialidad. En contraposición, refiriéndose al caso peruano, el
TC dice:

“77. De lo analizado en los fundamentos anteriores, se observa que


los jueces militares policiales peruanos superan las observaciones
hechas por la Corte respecto de los jueces militares chilenos.

Así, pues, de conformidad con la Ley Nº 29182, los jueces mili-


tares peruanos no están subordinados a los superiores en grado
(artículo VI del Título Preliminar); el Tribunal Supremo Militar
Policial determina el número de vacantes para el ascenso en grado

137
Roosevelt Bravo Maxdeo

de los jueces militares policiales y establece las particularidades


para el procedimiento de dicho ascenso (artículo 39º). La Ley Nº
29182 exige que los magistrados de la jurisdicción militar tengan
formación jurídica, es decir, tengan el título profesional de abo-
gado (artículo V del Título Preliminar); son nombrados mediante
concurso de méritos (artículos 10º y 13º); y tengan garantías sufi-
cientes de inamovilidad (artículos 29º y 39º). 

III.1.4 PRINCIPIO DE PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

El principio de presunción de inocencia está previsto en el


artículo 146 del Código, en los términos siguientes:

“1.Todo militar o policía imputado de la comisión de un hecho


punible es considerado inocente, y debe ser tratado como tal, en tan-
to no se demuestre lo contrario y se haya declarado su responsabili-
dad mediante sentencia firme y debidamente motivada. Para estos
efectos, se requiere de una suficiente actividad probatoria de cargo,
obtenida y actuada con las debidas garantías procesales.

En caso de duda sobre la responsabilidad penal, debe resolv-


erse a favor del imputado.

2. Hasta antes de la sentencia firme, ningún funcionario o au-


toridad pública puede presentar a un militar o un policía como cul-
pable o brindar información en tal sentido.

No obstante se podrá publicar los datos estrictamente indis-


pensables cuando sea necesario para lograr su identificación y/o
captura.”

De lo glosado, podemos inferir, que un primer aspecto a resal-


tarse, es el tratamiento de “imputado” que debe darse al militar o
policía procesado, hasta que la sentencia pronunciada quede firme,
al haber sido consentida o ejecutoriada. Esa sentencia debe ser de-
bidamente motivada, para lo cual se requiere “una suficiente activi-
dad probatoria de cargo”. San Martín Castro dice, al respecto, que
“la prueba completa de la culpabilidad del imputado debe ser sumi-
nistrada por la acusación, imponiéndose la absolución del inculpado

138
Temas de Justicia Militar

si la culpabilidad no queda suficientemente demostrada.”120 El prin-


cipio de presunción de inocencia tiene vigencia en el contexto de un
modelo procesal penal que establece garantías para el imputado,
frente a la acción punitiva del Estado y limite a lo absolutamente
necesario las medidas restrictivas de sus derechos.

Otro principio que va aparejado al de presunción de inocen-


cia es el de “Indubio pro reo”, que en el artículo que comentamos
se expresa: “En caso de duda sobre la responsabilidad penal, debe
resolverse a favor del imputado.”

La Constitución Política establece, como un derecho funda-


mental, que “Toda persona es considerada inocente mientras no se
haya declarado judicialmente su responsabilidad.” (Art. 2. 24.e)
En términos semejantes, el Pacto de San José establece, en su
artículo 8.2, de las Garantías Judiciales, que: “Toda persona incul-
pada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mien-
tras no se establezca legalmente su culpabilidad.” 

III.1.5 DERECHO DE NO AUTOINCRIMINACIÓN

Conforme al artículo 147 del Código, “Ningún militar o policía


puede ser obligado a declarar contra sí mismo. El ejercicio de este
derecho no puede ser valorado como una admisión de los hechos o
indicio de responsabilidad.

Queda prohibida la adopción de cualquier medida tendente a


que el imputado declare contra sí mismo o se menoscabe su volun-
tad. Toda admisión de los hechos o confesión, debe ser libre y espon-
tánea y con su expreso consentimiento.”

Este artículo tiene correlato con otros del Código; por ejem-
plo, con el inciso 2 del artículo 199, que describe los derechos del
imputado, siendo uno de ellos el “guardar silencio, sin que ello im-
plique presunción de culpabilidad…”; además, conforme al artículo

120
SAN MARTÍN CASTRO, Ob. Cit., p. 67.

139
Roosevelt Bravo Maxdeo

210, “En ningún caso se le exigirá al imputado juramento o promesa


de decir verdad, ni podrá ser sometido a ninguna clase de fuerza o
coacción. Se prohíbe toda medida que afecte la libertad de decisión,
voluntad, memoria o capacidad de comprensión del imputado.”

La Convención Americana de DDHH, haciendo referencia a


las garantías judiciales que deben contener las normas internas de
los Estados miembros, prescribe, en su artículo 8.2.g), el derecho
“a no ser obligado a declarar contra sí mismo ni a declararse cul-
pable”.

La confesión es “(…) la declaración que en contra de sí hace el


imputado, reconociéndose culpable del delito y más circunstancias.
(…) la confesión importa la admisión del imputado de haber cometi-
do una conducta penalmente típica, aun cuando contenga alegacio-
nes encaminadas a atenuar o a excluir la pena”121 Mixán Máss decía
que “La confesión en el procedimiento penal es un acto procesal que
consiste en la declaración necesariamente personal, libre,
consciente, sincera, verosímil y circunstanciada que hace
el procesado, ya sea durante la investigación o en el juzgamiento,
aceptando total o parcialmente su real autoría o participación en la
perpetración del delito que se le imputa.”122 (Resaltado agregado).

Sobre la confesión también se pronuncia el Pacto de San José,


al decir que solo “es válida si es hecha sin coacción de ninguna na-
turaleza.” (Art.8.3)

III.1.6 DERECHO DE DEFENSA

El artículo 148 expresa con extensión los parámetros que el


Código contiene sobre Derecho de defensa, que es, además, un tema
sensible que abordan la Constitución Política y el Pacto de San José;
asimismo, en las diversas etapas del proceso las normas del Código

121
Ibídem, p. 620
122
MIXÁN MÁSS, Florencio, La prueba en el procedimiento penal, Ediciones Jurídicas,
Lima, 1991, p. 59.

140
Temas de Justicia Militar

reiteran sobre el derecho del imputado a una defensa técnica. El


texto del artículo 148 es el siguiente:

“1. Todo militar o policía tiene derecho a que se le informe de sus


derechos, se le comunique la imputación formulada en su contra
y a ser asistido por un abogado defensor de su elección, o
en su caso, por un abogado de oficio, desde que es citado
o detenido por la autoridad. También tiene derecho a que se
le conceda un tiempo razonable para que prepare su defensa; a
ejercer su autodefensa material; a intervenir, en plena igualdad,
en la actividad probatoria; y a utilizar los medios de prueba per-
tinentes, conforme a ley.

2. El proceso penal militar policial garantiza el ejercicio de los


derechos de información y de participación a la parte agraviada
por el delito.”

Como vemos, el artículo glosado cumple la disposición consti-


tucional del artículo 139° que enumera los principios y derechos de
la función jurisdiccional, en cuyo inciso 14 se establece: “El prin-
cipio de no ser privado del derecho de defensa en ningún estado del
proceso. Toda persona será informada inmediatamente y por escrito
de la causa o las razones de su detención. Tiene derecho a comu-
nicarse personalmente con un defensor de su elección y a ser
asesorada por éste desde que es citada o detenida por cual-
quier autoridad.” (Resaltado agregado).

Tiene también este principio constitucional correlato con otro


que se establece en el inciso 16 del mismo artículo, en los términos
siguientes: “El principio de la gratuidad de la administración de
justicia y de la defensa gratuita para las personas de escasos recur-
sos; y, para todos, en los casos que la ley señala”.

La Convención Americana de DDHH, igualmente, tiene pre-


ceptos semejantes a los que aparecen en nuestra Constitución; de
hecho, son anteriores a ella. Dice la Convención, en el artículo refe-
rido a las garantías judiciales (8. 2. d), que es derecho del inculpado
“(…) defenderse personalmente o de ser asistido por un defensor de
su elección y de comunicarse libre y privadamente con su defensor” y

141
Roosevelt Bravo Maxdeo

de no tener los medios necesarios para pagar un abogado el “derecho


irrenunciable de ser asistido por un defensor proporcionado por el
Estado, remunerado o no según la legislación interna, si el inculpa-
do no se defendiere por sí mismo ni nombrare defensor dentro del
plazo establecido por la ley” (8.2. e).

El Código tiene mayores referencias al derecho de defensa,


según el estadio en que se encuentre el proceso. En la etapa de la in-
vestigación preparatoria está la forma de acreditación del defensor
en el proceso; su nombramiento en caso de urgencia; la forma de re-
nunciar a la defensa; su reemplazo en caso de abandono; y la forma
de actuación cuando haya pluralidad de defensores (artículos del
212 al 216). En la etapa intermedia, durante el control de la acusa-
ción, el defensor tiene una participación activa y el artículo 379 del
Código garantiza su derecho de defensa. Durante la sustanciación
del juicio oral, el defensor tiene garantías legislativas suficientes
para ejercer su labor, en igualdad de condiciones que el acusador.
Expone sus argumentos iniciales y finales, interroga y repregunta a
los testigos y peritos, formula objeciones, etc., como consta del artí-
culo 400 y siguientes del Código.

La Convención, incide mucho en las garantías de defensa en


la etapa del juicio, “como la comunicación previa y detallada al in-
culpado de la acusación formulada” (8.2.b); la “concesión al incul-
pado del tiempo y de los medios adecuados para la preparación de
su defensa” (8.2.c); y, el “derecho de la defensa de interrogar a los
testigos presentes en el tribunal y de obtener la comparecencia, como
testigos o peritos, de otras personas que puedan arrojar luz sobre los
hechos” (8.2. f).

El artículo 15. 3., del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, es-


tablece las garantías mínimas con las que debe contar el procesado;
así, respecto al Derecho de defensa, precisa que tiene derecho:

“b) A disponer del tiempo y de los medios adecuados para la prepa-


ración de su defensa y a comunicarse con un defensor de su elección;

d) A hallarse presente en el proceso y a defenderse personalmente


o ser asistido por un defensor de su elección; a ser informado, si

142
Temas de Justicia Militar

no tuviera defensor, del derecho que le asiste a tenerlo, y, siempre


que el interés de la justicia lo exija, a que se le nombre defensor
de oficio, gratuitamente, si careciere de medios suficientes para
pagarlo;

e) A interrogar o hacer interrogar a los testigos de cargo y a obte-


ner la comparecencia de los testigos de descargo y que éstos sean
interrogados en las mismas condiciones que los testigos de cargo.”

III.1.7 INTÉRPRETE

El artículo 149 del Código precisa que el imputado tiene


derecho a solicitar un intérprete, para que lo asista en su declara-
ción “(…) cuando no comprenda correctamente o no pueda expre-
sarse en el idioma oficial o que por alguna limitación física necesite
expresarse por señas. Si no hace uso de este derecho, el juez deberá
designarle uno de oficio, según las reglas previstas para la defensa
pública.”

En sentido más puntual, la Convención, establece también,


que es “derecho del inculpado de ser asistido gratuitamente por el
traductor o intérprete, si no comprende o no habla el idioma del
juzgado o tribunal” (8.2. a). El Pacto de Derechos Civiles y Políticos
de NNUU, de igual manera, reconoce el derecho del procesado a
ser asistido “gratuitamente por un intérprete, si no comprende o no
habla el idioma empleado en el tribunal” (Art. 14.3. f)).

De otro lado, la Constitución establece como un derecho de


la persona, en su artículo 2.19., que tiene derecho “(…) a usar su
propio idioma ante cualquier autoridad mediante un intérprete. Los
extranjeros tienen este mismo derecho cuando son citados por cual-
quier autoridad.”

El Código, en el título relativo a los actos procesales, artículo


237, precisa que “Las actuaciones procesales se realizan en castel-
lano” y que “Deberá proveerse traductor o intérprete, según corre-
sponda, a las personas que ignoren el castellano…”

Debemos hacer aquí algunas disquisiciones teóricas sobre la fi-


gura del intérprete en los procesos penales común y militar policial.

143
Roosevelt Bravo Maxdeo

Resulta obvio que la necesidad del intérprete nace de la dificultad


que tiene el imputado para comunicarse “cuando no comprenda (e)
correctamente o no pueda (e) expresarse en el idioma oficial”. En la
jurisdicción común, donde los procesados pueden ser extranjeros o
nacionales, que hablen idiomas o lenguas distintos al español, la
figura del intérprete, no cabe duda, es actual y necesaria. En la ju-
risdicción militar policial en cambio, donde solo se juzgan delitos de
función, el escenario es distinto, dado que los oficiales, sub oficiales
y oficiales de mar de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional,
“profesionales de las armas”, deben hablar español y tener un grado
de instrucción determinado, entre otros requisitos, para ingresar a
esas Instituciones. De otro lado, están los integrantes eventuales de
las FFAA: soldados, marineros y avioneros, que acceden voluntaria-
mente al servicio militar y que de acuerdo con la Ley, deben cumplir
requisitos previos, como un determinado grado de instrucción esco-
lar, que evidentemente lo recibieron en idioma oficial.

Está finalmente la necesidad de un intérprete, por tener el im-


putado “alguna limitación física (y) necesite expresarse por señas.”
Claro está, una limitación física sobrevenida a la acción penal en su
contra, pues el militar y el policía deben encontrarse siempre física-
mente aptos para cumplir con sus funciones.

III.1.8 PROTECCIÓN DE LA INTIMIDAD Y PRIVACIDAD

Sobre la protección de la intimidad y la privacidad del im-


putado, el artículo 150 del Código establece que: “Durante el pro-
cedimiento se respetará el derecho a la intimidad y a la privacidad
del imputado, del agraviado y de cualquier otra persona que tenga
participación en el proceso, en especial lo referente a la libertad de
conciencia, el domicilio, la correspondencia, los papeles privados y
las comunicaciones de toda índole.

Sólo con autorización del juez competente y bajo las reglas de


este Código podrán ser allanados los domicilios e intervenida la cor-
respondencia y las comunicaciones telefónicas y electrónicas, o in-
cautados los documentos privados.”

144
Temas de Justicia Militar

Sobre la libertad de conciencia y de religión, el artículo 2.3 de


la Constitución establece que toda persona tiene derecho: “A la lib-
ertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada. No
hay persecución por razón de ideas o creencias…” La inviolabilidad
del domicilio es otro derecho de la persona y conforme al artículo
2.9 de la Constitución, “Nadie puede ingresar en él ni efectuar in-
vestigaciones o registros sin autorización de la persona que lo habita
o sin mandato judicial, salvo flagrante delito o muy grave peligro
de su perpetración…” Respecto al secreto de las comunicaciones, la
Constitución también tiene una previsión suprema (Art. 2.10.), que
nos recuerda que tenemos derecho al secreto y a la inviolabilidad
de nuestras comunicaciones y documentos privados, por tanto, “Las
comunicaciones, telecomunicaciones o sus instrumentos sólo pueden
ser abiertos, incautados, interceptados o intervenidos por man-
damiento motivado del juez, con las garantías previstas en la ley…”

III.1.9 PROHIBICIÓN DE INCOMUNICACIÓN Y DEL SECRETO

Conforme al mismo Código, artículo 151, “Quedan prohibidos


la incomunicación del imputado y el secreto de las actuaciones. Sólo
en los casos y por los motivos autorizados por este Código se podrá
disponer la reserva de las actuaciones que fueran necesarias para no
entorpecer la investigación por un tiempo limitado.

Todas las audiencias serán públicas, salvo las excepciones ex-


presamente previstas en este Código.”

El artículo 367 de la citada norma, establece también, que “El


procedimiento preparatorio será público para las partes o sus rep-
resentantes, pero no para terceros, salvo las audiencias orales… El
fiscal militar policial, por resolución motivada, podrá disponer la
reserva parcial de las actuaciones imprescindibles para no frustrar
la eficacia de las medidas dispuestas hasta que concluyan y por un
plazo que no podrá superar diez días.”

En principio, el mandato del Código en el artículo 389, es que


el juicio debe ser público. Si el tribunal decide que se realice en
forma privada, total o parcialmente, debe motivar su decisión y

145
Roosevelt Bravo Maxdeo

sujetarla a los casos que el propio Código detalla en el mismo artí-


culo. Por ejemplo, un juicio “privado” puede darse en el juzgamiento
de militares por la comisión del delito de “Traición a la Patria”,
cuya publicidad pudiera atentar contra la seguridad y defensa na-
cionales, al divulgarse secretos militares.

Por su parte, la Constitución, en el artículo 2.24.g., prescribe


que “Nadie puede ser incomunicado sino en caso indispensable para
el esclarecimiento de un delito, y en la forma y por el tiempo pre-
vistos por la ley. La autoridad está obligada bajo responsabilidad
a señalar, sin dilación y por escrito, el lugar donde se halla la per-
sona detenida”; igualmente, la Constitución precisa, en el artículo
139. 4., que es una garantía jurisdiccional “La publicidad en los
procesos, salvo disposición contraria de la ley.”

“Los procesos judiciales por responsabilidad de funcionarios


públicos, y por los delitos cometidos por medio de la prensa y los que
se refieren a derechos fundamentales garantizados por la Consti-
tución, son siempre públicos.”

La Convención, igualmente, se pronuncia sobre la publici-


dad del proceso en el artículo 8.5., en los términos siguientes: “El
proceso penal debe ser público, salvo en lo que sea necesario para
preservar los intereses de la justicia.”

III.1.10 IGUALDAD DE TRATO

Nuestro Código previene, en el artículo 152, que “Se garantiza


la intervención de las partes con iguales posibilidades de ejercer sus
facultades y derechos.

Los jueces preservarán el principio de igualdad procesal, de-


biendo superar todos los obstáculos que impidan su vigencia o lo
debiliten.”

El proceso acusatorio se sostiene sobre la igualdad de las par-


tes, por lo que resulta esencial que los jueces cuiden que ellas ejer-
zan sus facultades y derechos dentro de los límites correctos.

146
Temas de Justicia Militar

Sobre la igualdad de trato (“igualdad de armas”), Arbulú Mar-


tínez dice que el proceso penal “confronta acusador y acusado por
lo que el choque de posiciones debe implicar que los sujetos proc-
esales puedan estar igualados respecto a los medios de defensa que
emplearán. El juez debe ser el garante que esto se cumpla, pues de
haber desequilibrio esto iría en desmedro no solo del afectado sino
del mismo proceso”123

En la línea de hacer real esta igualdad de trato, el fiscal mili-


tar policial está obligado a adecuar sus actos a un criterio objetivo,
a velar por la correcta aplicación de la ley y la vigencia de las ga-
rantías señaladas en el Código (Art. 227), en la Constitución y las
normas convencionales sobre DDHH.

III.1.11 SEPARACIÓN DE LA FUNCIÓN DE INVESTIGAR Y DE JUZGAR

En el artículo 153 del Código se establece que “Los fiscales no


podrán realizar actos propiamente jurisdiccionales y los jueces no
podrán realizar actos de investigación o que impliquen el impulso
de la persecución penal.” En esta línea de pensamiento el Código,
al tratar sobre los poderes y atribuciones del fiscal militar policial
(Art. 228), ordena taxativamente, que “En ningún caso asumirá
funciones jurisdiccionales”. Según Neyra Flores, “las características
fundamentales del sistema acusatorio son la separación de las fun-
ciones procesales… se separan los papeles y se los encomienda a su-
jetos procesales distintos e independientes entre sí, para garantizar
el equilibrio procesal y el juicio sereno por medio de la contradicción
de las partes adversas (acusación y defensa) frente a un tribunal
imparcial.”124 Arbulú Martínez dice al respecto: “La separación del
rol de acusación y de fallo según la doctrina mayoritaria se sustenta
en el Principio Acusatorio que le otorga al Ministerio Público, la

123
ARBULÚ MARTÍNEZ, Víctor Jimmy, Derecho Procesal Penal, Un enfoque doctrinario
y jurisprudencial, Tomo I, Gaceta Jurídica, Primera Edición, Lima, Mayo 2015, p.
89.
124
NEYRA FLORES, Ob. Cit., p. 112.

147
Roosevelt Bravo Maxdeo

facultad de ser titular de la persecución y la acción penal, y al juez


la de fallar.”125

El Código establece las funciones del fiscal militar policial en


el Art. 226, que son básicamente, la de promover la acción penal
pública contra los autores y partícipes de la comisión de delitos
de función; conducir desde el inicio la investigación penal militar
policial; probar en juicio oral y público los hechos que sustentan su
acusación, pues le corresponde la carga de la prueba; y, otros para
cumplir con sus obligaciones.

III.1.12 JUSTICIA EN TIEMPO RAZONABLE

El artículo 154 del Código establece que “Toda persona tiene


derecho a una decisión judicial definitiva en tiempo razonable, con-
forme a los plazos establecidos en este Código.

El retardo en dictar resoluciones o las dilaciones indebidas,


cuando sean reiteradas, constituirá falta grave.”

El Tribunal Constitucional ha sostenido en reiteradas ocasio-


nes, que el derecho a ser juzgado en un plazo razonable, constituye
una manifestación implícita del derecho al debido proceso recono-
cido en el artículo 139.3 de la Constitución.126 El Tribunal ha preci-
sado, también, que el plazo de un proceso o un procedimiento será
razonable “solo si es que aquél comprende un lapso de tiempo que
resulte necesario y suficiente para el desarrollo de las actuaciones
procesales necesarias y pertinentes que requiere el caso concreto, así
como para el ejercicio de los derechos de las partes de acuerdo a sus

125
ARBULÚ MARTÍNEZ, Ibídem, p. 107.
126
Artículo 139°.- Son principios y derechos de la función jurisdiccional: 3. La obser-
vancia del debido proceso y la tutela jurisdiccional. Ninguna persona puede ser
desviada de la jurisdicción predeterminada por la ley, ni sometida a procedimiento
distinto de los previamente establecidos, ni juzgada por órganos jurisdiccionales
de excepción ni por comisiones especiales creadas al efecto, cualquiera sea su
denominación.

148
Temas de Justicia Militar

intereses, a fin de obtener una respuesta definitiva en la que se deter-


minen los derechos u obligaciones de las partes.”127

Por otra parte, el Pacto de San José, precisa, en su artículo


8.1., que “Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas
garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal
competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad
por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formu-
lada contra ella…” (Resaltado agregado). Igualmente, el Pacto In-
ternacional de Derechos Civiles y Políticos, en su artículo 14.3.c.,
establece que durante el proceso, toda persona acusada de un delito
tendrá derecho, en plena igualdad, como garantías mínimas, entre
otras, a “ser juzgado sin dilaciones indebidas”.
El incumpliendo de los plazos en la tramitación de los proce-
sos, particularmente, de los de naturaleza penal, ha sido y es un
problema en el Perú y en otros Estados de la región, que ha dado
lugar a varios pronunciamientos de la Corte IDH; así, respecto de
los parámetros para determinar la razonabilidad del plazo del pro-
ceso penal, la Corte IDH, en la sentencia del Caso Genie Lacayo vs.
Nicaragua, de 29 de enero de 1997, precisó:

77. (…) De acuerdo con la Corte Europea, se deben tomar en cuen-


ta tres elementos para determinar la razonabilidad del plazo en
el cual se desarrolla el proceso: a) la complejidad del asunto; b) la
actividad procesal del interesado; y, c) la conducta de las autori-
dades judiciales…”

Dice también la Corte IDH, en la misma sentencia (F.81),


que adicionalmente a estos elementos y “al estudio de las eventua-
les demoras en las diversas etapas del proceso, la Corte Europea
ha empleado para determinar la razonabilidad del plazo en el con-
junto de su trámite lo que llama “análisis global del procedi-
miento”.

127
Sentencia del Tribunal Constitucional, EXP. N.° 00295-2012-PHC/TC (ARISTÓTE-
LES ROMÁN ARCE PAUCAR), FJ. 3.

149
Roosevelt Bravo Maxdeo

Esos tres elementos utilizados por la Corte IDH para anali-


zar la razonabilidad del plazo del proceso penal, fueron ampliados
a cuatro en la sentencia del Caso Valle Jaramillo y otros vs Co-
lombia y reiterados en la sentencia del Caso Kawas Fernández vs
Honduras, de fecha 3 de abril de 2009. A los tres elementos señala-
dos, es decir, a la complejidad del asunto; la actividad o comporta-
miento del procesado; y la conducta de las autoridades judiciales,
se agregó “(…) la afectación que genera la demora en la situación
jurídica de la persona involucrada en el proceso.” En estas senten-
cias se han desarrollado los alcances de cada uno de los elementos
señalados.

Otra de las cuestiones que plantea el derecho a ser juzgado


dentro de un plazo razonable es determinar el momento en que co-
mienza (Dies a quo) y el momento en que termina (Dies ad quem).
La Corte IDH, en el caso Suárez Rosero vs Ecuador, dijo que el
plazo comienza a computarse desde la fecha de la aprehensión del
imputado (detención judicial preventiva) y cuando no es aplicable
esta medida, pero se halla en marcha un proceso penal, dicho plazo
debiera contarse a partir del momento en que la autoridad judicial
toma conocimiento del caso (Caso Tibi vs Ecuador).

En cuanto al término, la propia Corte IDH, en el caso Suárez


Rosero vs Ecuador, siguiendo la jurisprudencia del Tribunal Eu-
ropeo de Derechos Humanos, dijo que el proceso penal termina cu-
ando se dicta sentencia definitiva y firme en el asunto, con lo cual
se agota la jurisdicción y que dicho plazo debe comprender todo el
procedimiento, incluyendo los recursos de instancia que pudieran,
eventualmente, presentarse.

En el Perú, el Tribunal Constitucional ha tenido, también,


pronunciamientos sobre la materia, que han alcanzado los vari-
os aspectos que la Corte Europea de DDHH y la Corte IDH han
tratado. El Tribunal se ha decantado, en general, por los mismos
argumentos que los esgrimidos por esos Tribunales Supranaciona-
les. Una sentencia paradigmática sobre el tema, es la recaída en el
EXP. N.° 00295-2012-PHC/TC (Aristóteles Román Arce Paucar), de
14 de mayo de 2015, que resume las tendencias jurisprudenciales

150
Temas de Justicia Militar

que el TC ha sostenido en la última década y los argumentos que


han fundamentado sus decisiones en esta materia.

Sobre las reglas para determinar si en cada caso concreto, se


ha producido o no la violación del derecho al plazo razonable del
proceso o a ser juzgado dentro de un plazo razonable, el TC, en el
fundamento 4 de la sentencia, reitera que deben evaluarse la com-
plejidad del asunto, la actividad o conducta procesal del interesado
y la conducta de las autoridades judiciales.

En cuanto al inicio y fin del cómputo del plazo razonable del


proceso, el TC ha precisado en la sentencia del EXP. N.° 00295-
2012-PHC/TC (Aristóteles Román Arce Paucar), lo siguiente:

“6. Este Tribunal Constitucional considera que dicha doctrina ju-


risprudencial merece ser precisada en el sentido de que el cómpu-
to del plazo razonable del proceso penal comienza a correr
desde la apertura de la investigación preliminar del deli-
to, el cual comprende la investigación policial o la inves-
tigación fiscal; o desde el inicio del proceso judicial en los
casos de delitos de acción privada, por constituir el primer
acto oficial a través del cual la persona toma conocimien-
to de que el Estado ha iniciado una persecución penal en
su contra. Ahora bien, conviene precisar que el momento inicial
puede coincidir con la detención policial o con otra medida res-
trictiva de derechos, pero que tal supuesto no constituye requisito
indispensable para habilitar el inicio del cómputo del plazo, pues
es claro que aquél momento comienza con la indicación oficial
del Estado a una persona corno sujeto de una persecución penal.”
(Resaltado agregado).

“7. En relación a la finalización del cómputo del plazo, este Tri-


bunal Constitucional, en reiterada jurisprudencia, ha establecido
que el momento final del cómputo del plazo razonable del
proceso penal opera en el momento en que el órgano ju-
risdiccional expide la decisión definitiva que resuelve la
situación jurídica de la persona. Y este examen, a juicio del
Tribunal, se debe efectuar en relación con la duración total del
proceso penal que se desarrolla contra la persona (análisis global
del proceso) hasta que se dicte sentencia definitiva y firme
que resuelva su situación jurídica, incluyendo los recursos

151
Roosevelt Bravo Maxdeo

previstos en la ley y que pudieran eventualmente presen-


tarse (STC 5350-2009-PHC, F.J. 19; STC 4144-2011-PHC, E.J.
20 entre otras).” (Resaltado agregado).

Sobre las consecuencias jurídicas derivadas de la afectación


al derecho al plazo razonable del proceso o a ser juzgado dentro de
un plazo razonable, el TC ha tenido una jurisprudencia cambiante.
Inicialmente, el Tribunal señaló que la afectación del derecho al
plazo razonable conllevaba la exclusión del imputado del proceso
penal (STC 3509-2009-PHC, F.J. 39- Walter Gaspar Chacón Mál-
aga). Después, advirtió “que el órgano jurisdiccional debía emitir y
notificar, en el plazo máximo de 60 días naturales, la sentencia que
defina la situación jurídica, bajo apercibimiento de darse por so-
breseído el proceso penal, no pudiendo ser nuevamente investigado
ni procesado por los mismos hechos, por cuanto ello conllevaría la
vulneración del principio ne bis in ídem” (STC 5350-2009-PHC, F.J.
40- Julio Rolando Salazar Monroe).

En la sentencia recaída en el STC 00295-2012-PHC/TC, cuyos


fundamentos 6, 7, 9, 11 y 12 constituyen “doctrina jurisprudencial
vinculante para todos los jueces y tribunales del país, de conformi-
dad con el artículo VI del Título Preliminar del Código Procesal
Constitucional…”, el Tribunal ha encaminado el asunto en los tér-
minos siguientes:

“9. Al respecto, este Tribunal Constitucional considera pertinente


definir la línea jurisprudencial fijada, y, por tanto, precisar que
la eventual constatación por parte de la judicatura constitucional
de la violación del derecho a ser juzgado dentro de un plazo ra-
zonable no puede ni debe significar el archivo definitivo o la con-
clusión del proceso judicial de que se trate (civil, penal, laboral,
etc.), sino que, bien entendidas las cosas, lo que corresponde es la
reparación in natura por parte de los órganos jurisdiccionales, la
misma que consiste en emitir el pronunciamiento definitivo sobre
el fondo del asunto en el plazo más breve posible.”

En el fundamento 11 de la sentencia, el Tribunal considera


que, en el caso de un proceso penal, “no puede establecerse por
ejemplo, la exclusión del procesado, el sobreseimiento del proceso o

152
Temas de Justicia Militar

el archivo definitivo del proceso penal como si fuera equivalente a


una decisión de absolución emitida por el juez ordinario; sino que,
actuando dentro del marco constitucional y democrático del proce-
so penal, el órgano jurisdiccional debe emitir el pronunciamiento
definitivo sobre el fondo del asunto en el plazo más breve posible,
declarando la inocencia o responsabilidad del procesado, y la con-
siguiente conclusión del proceso penal”. Ese plazo “breve” debe ser
fijado según las circunstancias concretas del caso.

El Código Penal Militar Policial establece los plazos legales del


proceso; así, de acuerdo con el Art. 360, el plazo de duración del proce-
so deberá contarse a partir de la emisión de la Disposición del Fiscal
Militar Policial que ordena la apertura de la investigación preparato-
ria. La duración de la etapa preparatoria del proceso es de seis meses
(Art. 368), que puede ser prorrogada por el Juez, a petición del “fiscal
militar policial o del actor civil”, hasta por otros seis meses y, ex-
cepcionalmente, para cumplir con un acto concreto de investigación,
hasta por tres meses, por la Sala Suprema Revisora del Tribunal Su-
premo Militar Policial (Art.369), con lo que hablamos de un tiempo
total de quince meses para la investigación preparatoria, en un pro-
ceso común normal. Tratándose de asuntos complejos, estos plazos de
la investigación preparatoria se extienden hasta tres años. El Código
establece también, como es natural, los plazos para las otras etapas
del proceso, pero que en definitiva, de ocurrir cuestionamientos en la
jurisdicción militar policial sobre plazo razonable, los jueces deberán
tener en cuenta la STC 00295-2012-PHC/TC, cuyos fundamentos 6,
7, 9, 11 y 12 constituyen “doctrina jurisprudencial vinculante para
todos los jueces y tribunales del país…”

III.1.13 SENTENCIA

Dice el artículo 155 del Código, que “La sentencia debe ser de-
finitiva, absolviendo o condenando al imputado.” Dice también que
“Los jueces no podrán abstenerse de decidir pretextando oscuridad
o ambigüedad de las leyes, ni retardar indebidamente alguna de-
cisión, ni utilizar los fundamentos de las decisiones para realizar
declaraciones o afirmaciones que no incidan en su decisión.”

153
Roosevelt Bravo Maxdeo

Los Jueces cuentan con normas constitucionales, para no


referirnos a las de orden legal, que les ayudan a resolver situaciones
de “oscuridad o ambigüedad”. Algunas de ellas son:

a. En todo proceso, de existir incompatibilidad entre una norma


constitucional y una norma legal, los jueces prefieren la pri-
mera. Igualmente, prefieren la norma legal sobre toda otra
norma de rango inferior. (Art. 138).

b. El principio de no dejar de administrar justicia por vacío o


deficiencia de la ley.
En tal caso, deben aplicarse los principios generales del dere-
cho y el derecho consuetudinario. (Art. 139°.8)

c. El principio de inaplicabilidad por analogía de la ley penal y


de las normas que restrinjan derechos. (Art. 139°.9).

d. La aplicación de la ley más favorable al procesado en caso de


duda o de conflicto entre leyes penales. (Art. 139°.11); entre
otras.

Conforme al artículo 410 del Código, “La sentencia será re-


dactada inmediatamente después de la deliberación. Los párra-
fos se expresarán en orden numérico correlativo y con referencia a
cada cuestión relevante. En la redacción de la sentencia se pueden
emplear números en la mención de normas legales y jurispruden-
cia, y también notas al pie de página para la cita de doctrina, bib-
liografía, datos jurisprudenciales y asuntos adicionales que sirvan
para ampliar los conceptos o argumentos utilizados en la moti-
vación.

La sentencia será leída en audiencia pública. Las partes que-


darán notificadas con su lectura integral.”

En este punto, los cambios en la forma de redactar la senten-


cia han sido significativos y han dejado de lado el tedioso modelo
de escribirlo todo en letras, por ejemplo, con referencias sucintas
a los hechos y a los fundamentos de derecho y sin el cuidado que
guardara estricta relación con la acusación y las pruebas meritua-
das, etc.

154
Temas de Justicia Militar

Conforme al artículo 411, debe existir correlación entre sen-


tencia y acusación. Por ejemplo, “La sentencia no podrá tener por
acreditados hechos u otras circunstancias que los descritos en la
acusación y, en su caso, en la acusación ampliatoria, salvo cuando
favorezcan al imputado.” El citado artículo hace referencia también
a otras razones.

III.1.14 MOTIVACIÓN
El artículo 156 del Código establece que las decisiones judi-
ciales deben ser motivadas: “Las decisiones judiciales, salvo las de
mero trámite, expresarán los fundamentos de hecho y de derecho en
que se basen.
La fundamentación no se podrá reemplazar con la simple re-
lación de documentos, afirmaciones dogmáticas, ficciones legales,
expresiones rituales o apelaciones morales.
Cuando se trate de sentencias dictadas por tribunales colegiad-
os, cada uno de sus miembros fundará individualmente su voto, salvo
que se adhiera a los motivos expuestos por otro miembro. La adhesión
a los fundamentos de otro no permite omitir la deliberación.”
La Constitución, en su artículo 139.5., prevé, como una ga-
rantía judicial, “La motivación escrita de las resoluciones judiciales
en todas las instancias, excepto los decretos de mero trámite, con
mención expresa de la ley aplicable y de los fundamentos de hecho en
que se sustentan”; es decir, los fundamentos de hecho y de derecho
en que se basan.
Sobre la extensión de la motivación, dice Neyra Flores, que
“La Constitución no garantiza una determinada extensión de la
motivación, por lo que su contenido esencial se respeta siempre que
exista fundamentación jurídica, congruencia entre lo pedido y lo
resuelto y, por sí misma, exprese una suficiente justificación de la
decisión adoptada, aun si esta es breve o concisa, o presenta el su-
puesto de motivación por remisión.”128

128
NEYRA FLORES, Ob. Cit., p. 128.

155
Roosevelt Bravo Maxdeo

Hablando de la motivación, el artículo 409 del Código, que de-


talla los requisitos esenciales de la sentencia, ordena que esta debe
contener al respecto: “2. La enunciación de los hechos y circunstan-
cias objeto de la acusación, las pretensiones introducidas en el juicio,
y la pretensión de la defensa del acusado; 3. La motivación clara,
lógica y completa de cada uno de los hechos y las circunstancias que
se dan por probadas o improbadas y la valoración de la prueba que
la sustenta, con indicación del razonamiento que la justifique; 4. Los
fundamentos de derecho, con precisión de las razones legales, juris-
prudenciales o doctrinales que sirvan para calificar jurídicamente
los hechos y sus circunstancias, y para fundamentar el fallo.”

Apreciará el lector que en este y en los otros temas de los


que se ocupa el Código, las normas están sujetas al respeto de los
derechos de las partes y al cumplimiento de los alcances constitucio-
nales y convencionales sobre la materia.

III.1.15 DELIBERACIÓN

“Los jueces deliberarán siempre antes de tomar una decisión.


La deliberación será inmediata, continua, integral y con la interven-
ción activa de cada uno de los miembros del tribunal, salvo el caso
del juez unipersonal”, precisa el artículo 157 del Código.

Deliberar es, según el Diccionario de la Real Academia de la


Lengua: “1. Reflexionar antes de tomar una decisión, considerando
detenidamente los pros y los contras o los motivos por los que se
toma. 2. Tomar una decisión después de un detenido análisis de los
pros y los contras.” Eso es lo que deben hacer los integrantes del
tribunal, en sesión secreta, antes de votar todas las cuestiones de
hecho y de derecho que se planteen tras la audiencia oral y pública
respecto del caso concreto y harán ello en los plazos que dispone el
artículo 408 de Código.

El mismo artículo agrega también: “(…) salvo el caso del juez


unipersonal”. En la jurisdicción militar policial no hay, de modo
general, como en la jurisdicción común, jueces unipersonales de fal-
lo. En el proceso común, la sentencia es siempre pronunciada por un

156
Temas de Justicia Militar

tribunal colegiado. El juez “unipersonal” previene la investigación


preparatoria, garantiza que los derechos del imputado y en general
de las partes se respeten; resuelve las peticiones de estas, conduce
la etapa intermedia, sanea la acusación, de ser el caso, eleva la cau-
sa a proceso y, en su momento ejecuta la sentencia. En el proceso
especial abreviado de acuerdo pleno, emite sentencia, pero natu-
ralmente, este es un proceso sui géneris, una forma “anticipada”
de poner fin al proceso, convalidando el acuerdo al que llegaron las
partes previamente, siempre que la pena no sea mayor a tres años.

III.1.16 LEGALIDAD Y VALIDEZ DE LA PRUEBA

El artículo 158 del Código es el que trata de la legalidad y


validez de la prueba, de esta manera:

“Los elementos de prueba sólo tendrán validez si han sido ob-


tenidos por medios lícitos e incorporados al juicio del modo que au-
toriza este Código.

No tendrán validez la prueba obtenida mediante torturas,


amenazas, engaño o violación de los derechos fundamentales de las
personas, ni la obtenida en virtud de información originada en un
procedimiento o medio ilícito; a menos que se hubiera podido ac-
ceder a la información por una fuente respetuosa de los derechos
fundamentales e independientemente de la lesión.”

La licitud de los elementos de prueba es el concepto básico.


“No tendrá validez la prueba obtenida mediante torturas, amena-
zas, engaño o violación de los derechos fundamentales de las per-
sonas”. En un momento de la historia, cuando la confesión era la
reina de la pruebas en el proceso penal, se procuraba arrancarle
al procesado su confesión torturándolo. Los americanos, hablando
de la prueba prohibida, se refieren “al fruto del árbol envenenado”.
Una sola prueba obtenida indebidamente, enervará el valor proba-
torio del resto.

La Constitución, en su artículo 2.24. h., prescribe que “Nadie


debe ser víctima de violencia moral, psíquica o física, ni sometido a

157
Roosevelt Bravo Maxdeo

tortura o a tratos inhumanos o humillantes…  Carecen de valor


las declaraciones obtenidas por la violencia. Quien la emplea
incurre en responsabilidad.” (Resaltado agregado). En semejante
sentido, el artículo 5.2, del Pacto de San José, previene que “Nadie
debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos
o degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el
respeto debido a la dignidad inherente al ser humano.”

Luego está el cómo incorporar las pruebas al proceso, “del


modo que autoriza este Código”. En principio, conforme al artículo
346, “las actuaciones de la investigación preparatoria solo sirven
para emitir las resoluciones propias de esta etapa y de la etapa in-
termedia”. “Para los efectos de la sentencia, tienen carácter de acto
de prueba las pruebas anticipadas, que se tramitan en la etapa de
investigación, en los casos que prevé el artículo 365, y las actuacio-
nes objetivas e irreproducibles”.

El ofrecimiento de las pruebas que se actuarán en el juicio oral


se hace en la etapa intermedia, durante el control de la acusación,
conforme al artículo 376 del Código. En el juicio oral, la recepción
de pruebas se hará, “Después de las intervenciones iniciales de las
partes…” y se apreciarán por los jueces, según las reglas de la sana
crítica, durante la deliberación.

III.1.17 VALORACIÓN DE LAS PRUEBAS

Conforme al artículo 159 del Código, en el proceso penal mili-


tar policial, “Las pruebas serán valoradas por los jueces, según las
normas de la libre convicción, observando las reglas de la
lógica, los conocimientos científicos y la experiencia. For-
marán su convicción de la valoración conjunta y armónica de toda
la prueba.” (Resaltado agregado)

La valoración de la prueba “consiste en una actividad procesal


eminentemente racional, necesaria y determinante, para resolver so-
bre el “thema probandum”… es el acto procesal mediante el cual se
determina cualitativamente el significado de los medios de prueba y

158
Temas de Justicia Militar

el poder de persuasión racional de los mismos, para resolver correc-


tamente el caso” .129

Esa valoración de la prueba, en la actividad procesal penal,


se da en tres momentos: i) Ab-initio (al inicio), para fundamentar
la apertura de la investigación; ii) Durante la investigación, para
resolver, fundadamente, las peticiones de las partes (Una petición
de prisión preventiva, por ejemplo); y, iii) Para poner término al
proceso, sustentando debidamente la sentencia.

La valoración de la prueba ha seguido, sucesivamente, tres


métodos: i) El método de la “�����������������������������������
íntima convicción������������������
”, que daba potes-
tad al juez de adjudicar a la prueba el valor que él considerara,
según su íntima convicción, y resolver sin expresión de motivos; ii)
El método de la “prueba tasada” (“prueba legal, tasada o tarifada”)
se estableció, como “solución” a las injusticias del método anterior,
limitando, así, la potestad del juez. El método consistía en asignar
legalmente un valor a cada prueba, limitando la “natural potestad
decisoria” del juez; y, iii) El método de la libre convicción, que es el
que ha adoptado el Código. Los jueces deciden observando las reglas
de la lógica, los conocimientos científicos y la experiencia. Forman
su convicción valorando conjunta y armónicamente, toda la prueba
y sus resoluciones deben ser debidamente motivadas.

III.1.18 APLICACIÓN TEMPORAL

El artículo 160 del Código establece: “Las normas procesales


son de aplicación inmediata al proceso en trámite, y es la que rige
al tiempo de la actuación procesal. Sin embargo, continuarán rigié-
ndose por la ley anterior los medios impugnatorios ya interpuestos,
los actos procesales con principio de ejecución y los plazos que hubi-
eran empezado.”

La aplicación de la ley procesal penal se da en tres ámbitos:


i) En el espacio; ii) En el tiempo; y, iii) Por razón de las personas.

129
MIXÁN MÁSS, Ob. Cit., p. 215-216.

159
Roosevelt Bravo Maxdeo

En el código, “las normas procesales son de aplicación inmediata


al proceso en trámite, y es la que rige al tiempo de la actuación
procesal”. Rige, por tanto, el brocardo “tempus regis actum”; no
obstante, en una coyuntura de cambios legislativos procesales, la
ley anterior mantiene su vigencia en determinadas situaciones,
que la propia ley señala.

III.1.19 REGLAS DE INTERPRETACIÓN

Artículo 161.- Reglas de interpretación


Todas las normas que coacten la libertad personal, limiten el
ejercicio de los derechos de las partes o establezcan sanciones proc-
esales, se interpretarán restrictivamente.

La inobservancia de una garantía no se hará valer en per-


juicio de aquel a quien ampara.

Los jueces procurarán extender los principios y garantías a


los casos y situaciones no previstos expresamente, conforme a una
interpretación favorable al reo.

III.1.20 MEDIDAS DE COERCIÓN

El artículo 162 del Código establece las reglas que deben se-
guir las medidas de coerción, de la forma siguiente:

“1. Los derechos fundamentales reconocidos por la Consti-


tución Política y los tratados relativos a derechos humanos ratifica-
dos por el Perú, sólo podrán ser limitados en el marco del proceso
penal militar policial, si la Constitución Política y la Ley lo permiten
y con las garantías previstas en ellas;

2. La limitación de un derecho fundamental requiere de ex-


presa autorización legal, y se impondrá con respeto al principio de
proporcionalidad y siempre que, en la medida y exigencia necesar-
ias, existan suficientes elementos de convicción;

3. La restricción de un derecho fundamental sólo tendrá lu-


gar cuando fuere indispensable, en la medida y por el tiempo

160
Temas de Justicia Militar

estrictamente necesario, para prevenir, según los casos, los riesgos


de fuga, de ocultamiento de bienes o de insolvencia sobrevenida, así
como para impedir se obstaculice la averiguación de la verdad y
evitar el peligro de reiteración delictiva; y,

4. Las medidas de coerción procesal tendrán carácter instru-


mental, excepcional, provisional y variarán dependiendo de la es-
tabilidad o el cambio de los presupuestos que hicieron posible su
adopción.

El Título IX del Libro Tercero del Código trata, con exten-


sión (Arts. 319 a 343), sobre las medidas cautelares personales
y reales que se aplican en el proceso penal militar policial. So-
bre las medidas de coerción personales, que son las que tienen
una implicancia mayor, por encontrarse comprometida la libertad
del imputado, el artículo 321 prevé, por lo menos, ocho medidas,
siendo desde luego, la más grave, la “Prisión preventiva”, que, de
imponerse, debe cumplir con los requisitos establecidos; con la
forma y carácter de imponerlas; establecer la duración máxima
de la misma; la cesación de la prisión preventiva; las limitaciones
a la prisión preventiva; entre otras, de forma que esta medida es
de última ratio.

III.2. LOS TIPOS DE PROCESOS EN EL CÓDIGO PENAL


MILITAR POLICIAL

El Código Penal Militar Policial ha organizado dos tipos de


procesos: i) Proceso Común; y, ii) Procesos Especiales. El Proceso
Común se desarrolla en tres etapas: i) Etapa Preparatoria, en la
que el Fiscal investiga y el Juez controla que la investigación se
lleve adelante con las garantías que el propio Código señala; ii)
Etapa Intermedia, que comprende los actos conclusivos de la etapa
preparatoria y; en su caso, el control de la acusación y la emisión
del auto de enjuiciamiento; y, iii) El juicio oral y público que, a su
vez, tiene tres momentos: alegatos iniciales, etapa probatoria y los
alegatos finales, luego de los cuales se emite la sentencia. Este es-
quema se aplica también a los demás procesos.

161
Roosevelt Bravo Maxdeo

Los Procesos Especiales son: i) Procesos en tiempo de Conflicto


Armado Internacional (en tiempo de guerra), cuya particularidad es
su brevedad; y, ii) Los Procesos Abreviados, que son de dos clases:
de acuerdo pleno y de acuerdo parcial, y son formas anticipadas de
concluir un proceso y se sujetan a reglas especiales. De otro lado,
están los procedimientos especiales para Asuntos Complejos, que
se aplica cuando hay pluralidad de hechos, elevado número de im-
putados, testigos, etc., resultando básicamente que los plazos se du-
plican; y, finalmente el Procedimiento para la Aplicación de Medi-
das de Seguridad, cuando le sobreviene al imputado una limitación
síquica o física que no haga posible su participación en el proceso.
Para una mejor compresión de estos aspectos, se agrega al final de
este artículo los esquemas que considero necesarios.

IV. A MANERA DE CONCLUSIÓN


La aplicación de un proceso acusatorio garantista en la juris-
dicción militar policial, ha sido un salto cualitativo en el procesa-
miento a militares y policías, por la comisión de delitos de función
previstos en el Código Penal Militar Policial, Decreto Legislativo N°
1094.

La parte procesal del Código se puso en vigencia el 1 de enero


de 2011, a nivel nacional, apenas 4 meses después de promulgado,
para cuyo efecto, se habían ya organizado los tribunales en forma
conjunta, con miembros de las FFAA y de la PNP, que fue otro reto
que se afrontó con éxito.

El salto cualitativo del que hablamos, se patentiza en el cam-


bio de modelo procesal asumido. De un proceso mixto, inquisiti-
vo en la etapa de instrucción y “oral y público” durante el juicio,
se pasa a otro de carácter acusatorio garantista, que diferencia
claramente los papeles del juez y del fiscal, asegura plenamente la
igualdad de armas entre las partes y protege los derechos del im-
putado, derechos que hemos analizado largamente en este trabajo.
En la jurisdicción militar policial el juez es un verdadero árbitro,
no tiene potestad para ordenar actos investigativos y cuando falla,

162
Temas de Justicia Militar

lo hace siempre colegiadamente, no existen los jueces uniperson-


ales de fallo.

El proceso penal militar policial en el Perú está revestido de


mayores garantías que el propio proceso penal común, como lo han
reconocido académicos importantes; no obstante, su correcta apli-
cación es otra arista que no se debe descuidar, por ello, el Fuero
Militar Policial, a través del Centro de Altos Estudios de Justicia
Militar, su órgano académico, viene desarrollando una agresiva
campaña de capacitación de sus magistrados, auxiliares jurisdic-
cionales y fiscales.

TIPOS DE PROCESOS EN EL CÓDIGO PENAL MILITAR POLICIAL


(Decreto Legislativo N° 1094)

PROCESO PROCESOS
COMÚN ESPECIALES

PROCESOS EN
TIEMPO DE
ETAPA PREPARATORIA CONFLICTO
ARMADO
- Actos Iniciales INTERNACIONAL
- Denuncia ACUERDO
- Iniciación de Oficio PLENO
- Desarrollo de la investigación PROCESOS
(Investigación Preparatoria) ABREVIADOS
- Conclusión de la etapa Preparatoria Etapa ACUERDO
- Control de Acusación Intermedia PARCIAL
PROCEDIMIENTO
JUICIO ORAL Y PÚBLICO (Juzgamiento) PARA ASUNTOS
- Apertura del Juicio (Alegatos Iniciales) COMPLEJOS
- Recepción de Pruebas (Actuación
Probatoria) PROCEDIMIENTO
- Discusión Final (Alegatos Finales) PARA LA
- Deliberación y Sentencia APLICACION DE
MEDIDAS DE
SEGURIDAD

163
Roosevelt Bravo Maxdeo

PROCESOS ESPECIALES

PROCESOS EN TIEMPO DE CONFLICTO


ARMADO INTERNACIONAL
(Arts. 416 a 421)

REGLAS (Art. 417)


- Los imputados permanecen detenidos.
- Los testimonios y reconocimientos se hacen constar en acta, firman estos el Juez,
el Fiscal y el Secretario.
- Se reciben solo declaraciones de testigos más importantes.
- El Fiscal puede confrontar a testigos e imputado.
- Las hojas de servicios se suplen con informes y declaraciones si no
se reciben oportunamente.
- En caso de lesiones no se espera el resultado del examen médico.

PLAZOS (Art. 421)


- La investigación preparatoria se realizará como máximo en 10 días, improrrogables.
- Formulada la acusación, el alegato de defensa se presentará en 24 horas.
- El juicio oral se iniciará no antes de 02 días ni después de 04 días de la acusación.
- Las audiencias se llevarán adelante sin interrupciones (Suspensión 01 día).
- La sentencia debe ser impugnada en el mismo acto de lectura o dentro de 01 día.
- El juicio termina en 15 días.

164
Temas de Justicia Militar

PROCESOS ESPECIALES

PROCESOS ABREVIADOS

ACUERDO PLENO ACUERDO PARCIAL

ADMISIBILIDAD (Art. 422) ADMISIBILIDAD (Art. 425)


- Procede durante la Etapa Preparatoria, - En la audiencia de control de la
cuando: acusación, las partes podrán acordar
- El imputado admite el hecho que se le exclusivamente sobre los hechos y
atribuye y consiente el procedimiento. solicitar juicio sobre la culpabilidad y
- Fiscal y actor civil manifiesten la pena.
conformidad.
- La pena acordada no supere los 03 años
de pena privativa de libertad.

TRÁMITE Y RESOLUCIÓN (Art. 423)


- Juez cita a audiencia a las partes.
- Emite sentencia.

165
Roosevelt Bravo Maxdeo

PROCESOS ESPECIALES

PROCEDIMIENTO PARA
ASUNTOS COMPLEJOS

PROCEDENCIA Y TRÁMITE (Art. 427)


- Tramitación Compleja: - Pluralidad de hechos.
- Elevado número de imputados; y,
- Delitos graves.
- Solicita el Fiscal y autoriza el Juez.

PLAZOS (Art. 428)


- Plazo de prisión preventiva hasta 03 años.
- Plazo de investigación preparatoria 1 año y prórrogas de 1 año mas
cada uno (3 años).
- Los plazos a favor de las partes y celebración de audiencias se duplican.
- Plazos de deliberación y sentencia: 03 y 10 días cuando el debate es
menor a 30 días si es mayor 10 y 20 días.
- Los plazos de impugnación se duplican.

166
Temas de Justicia Militar

PROCESOS ESPECIALES

PROCEDIMIENTO PARA LA APLICACIÓN


DE MEDIDAS DE SEGURIDAD

PROCEDENCIA (Art. 430)


- Las partes solicitan al Juez fundamentalmente la aplicación de
ese procedimiento.
- La presentación del Fiscal debe reunir los requisitos de la
Acusación.
- Si el Juez considera que es imputable ordenará la aplicación del Proceso
Común.

167
EVOLUCIÓN HISTORICA DE LA ORGANIZACIÓN
DEL FUERO MILITAR EN EL PERÚ

RESEÑA: En el presente trabajo, el autor hace una síntesis


sobre la evolución histórica de la organización del Fuero Mili-
tar Policial, siguiendo los Códigos de Justicia Militar de 1898,
1939 y 1950; las Leyes Orgánicas de Justicia Militar de 1963 y
1980; la fallida Ley Nº 28665, Ley de organización, funciones y
competencia de la jurisdicción especializada en materia penal
militar policial, de 7 de enero de 2006, declarada inconstitu-
cional por el Tribunal Constitucional y la Ley N° 29182, Ley
de Organización y Funciones del Fuero Militar Policial, de 11
de enero de 2008, modificada por el Decreto Legislativo N°
1064 y la Ley N° 29995. Estos cambios organizativos, que han
tenido que ver con coyunturas diversas, tienen como corolario
la organización actual de la Jurisdicción Militar Policial, que
se explican con razones diversas.

SUMARIO: I. Introducción; II. Organización de los Tribuna-


les Militares en el Código de Justicia Militar de 1898; II.1.
Instalación del Consejo Supremo de Guerra y Marina; II.2.
Organización del Consejo Supremo de Guerra y Marina; II.3.
Vocales de la Corte Suprema de la República formaron parte
del Consejo Supremo de Guerra y Marina; II.4. El Código de
Justicia Militar de 1898 y la organización del Fuero Militar;
II.5. Los problemas de la organización del Fuero Militar ex-
puestos en las memorias de sus presidentes; III: Organización
de los Tribunales Militares en el Código de Justicia Militar
de 1939; IV. Organización de los Tribunales Militares en el
C��������������������������������������������������������������
ódigo de �����������������������������������������������������
Justicia Militar de 1950; V. Organización de los Tri-
bunales Militares en la Ley Orgánica de Justicia Militar de

169
Roosevelt Bravo Maxdeo

1963; VI. Organización de los Tribunales Militares en la Ley


Orgánica de Justicia Militar de 1980; VII. La Ley Nº 28665,
Ley de Organización, Funciones y Competencia de la Juris-
dicción Especializada en Materia Penal Militar Policial; VIII.
Ley N° 29182, Ley de Organización y Funciones del Fuero Mi-
litar Policial; y, IX. Conclusiones.

I. INTRODUCCIÓN
Después de nuestra independencia política de España, siguie-
ron rigiendo en el Perú, hasta la promulgación del Código de Justi-
cia Militar de 1898, con modificaciones puntuales, las Ordenanzas
Militares Españoles de Carlos III, de 22 de octubre de 1768, cuyo
octavo tratado estaba referido a la justicia militar.

El 12 de octubre de 1827, una comisión integrada por Ansel-


mo Quiroz y Nieto (Arequipa 1797- Yungay 1839), Manuel Ignacio
García (Lambayeque 1777- Lima 1845) y Pedro Bermúdez (Tarma
1793- Lima 1852), presentó al Congreso de la República un “Proyec-
to de Constitución Militar del Ejército del Perú”130, en cuyo capítulo
décimo (Arts. 119-131), se establecieron lineamientos para la orga-
nización del Fuero Militar y se hizo referencia a un “Código Militar”
(Código de Justicia Militar).131

El primer intento para la formulación de un Código (de Jus-


ticia) Militar se produjo, cuando el Presidente Provisional de la
República, General de División Luís José Orbegoso, por decreto
de 23 de setiembre de 1834, nombró una comisión integrada por
oficiales superiores para la elaboración de un proyecto de Código
Militar, que no prosperó, dada la coyuntura de inestabilidad polí-
tica existente.

130
El texto íntegro del “Proyecto de Constitución Militar del Ejército del Perú” ha sido
publicado en la revista “El Jurista del Fuero Militar Policial, órgano del Centro de
Altos Estudios de Justicia Militar, Año III, N° 4/Diciembre 2014, p. 157-167.
131
“Art. 122. El código militar, señalará las penas correspondientes a los delitos mili-
tares.”

170
Temas de Justicia Militar

Posteriormente, considerando que había necesidad de dotar


a las fuerzas de mar y tierra de un instrumento jurídico ordenado
para velar por su disciplina y no haberse formulado un código, no
obstante haber transcurrido más de cuarenta años desde la inde-
pendencia del Perú, el Congreso de la República, por Resolución
Legislativa de 20 de enero de 1863, nombró una Comisión confor-
mada por dos Senadores y cinco Diputados para que formulasen
un Código militar, recayendo dicho nombramiento en Manuel de la
Encarnación Chacaltana, Manuel Arizola, Juan Bazo y Basombrío,
Mariano E. Vega, Germán Astete, José María Pérez y Jerónimo
Lama.

Por Ley de 14 de enero de 1865 se aprobó el proyecto de Código


Militar y se le declaró ley de la nación, disponiéndose, además, su
promulgación solemne en la República “el día 1º del mes de mayo
del presente año de 1865, desde cuyo día principiará a regir y a ser
observado…, el Código no fue promulgado, por la revolución que
hubo entonces; y desde esa fecha nada se ha dicho sobre Código Mi-
litar”. 132

Estos avatares legislativos fueron finalmente resueltos por


Ley de 20 de diciembre de 1898, que aprueba el primer “Código de
Justicia Militar presentado por el Poder Ejecutivo, el cual regirá
treinta días después de su promulgación”, creándose el Consejo Su-
premo de Guerra y Marina como máxima instancia de la jurisdic-
ción militar.

La promulgación del primer Código de Justicia Militar (CJM-


1898) de la historia del Perú, se produjo en el marco de la reorga-
nización del Ejército encargada a la Misión Francesa, que arribó
al Callao el 7 de noviembre de 1896, encabezada por el Capitán
de Artillería y Oficial de Estado Mayor Pablo Clément, asimila-
do a nuestro Ejército con el grado de Coronel, quién en 1897 pre-
sentó un informe al gobierno, que se tradujo en la formación de

132
GARCÍA CALDERÓN, Francisco, Diccionario de la Legislación Peruana, segunda
edición, Tomo I, p. 416.

171
Roosevelt Bravo Maxdeo

“(…) comisiones conjuntas con destacados oficiales peruanos que


elaboraron los proyectos de ley aprobados por el gobierno sobre las
materias siguientes: Servicio Militar, Organización del Ejército, Si-
tuación Militar, Gastos Militares y Código de Justicia Militar.
Se publicaron, además, los nuevos reglamentos de táctica para las
armas…” 133 (Resaltado agregado).

En cuanto al Código de Justicia Militar, cupo al Dr. Miguel


Antonio de la Lama Urriola, “(…) abogado de los tribunales, maes-
tro universitario, diligente editor de revistas jurídicas y profuso
anotador de las leyes del país”,134 participar activamente en su for-
mación, al punto que en un Compendio de la Historia General del
Ejército del Perú se refiere: “En 1898 se promulgó el primer Código
de Justicia Militar, elaborado por el doctor Miguel Antonio de la
Lama, fiscal del Consejo Supremo de Guerra y Marina.” 135

El CJM-1898 sufrió cambios en 1906 y mediante Ley N° 273,


entre otras cosas, se cambió el nombre de Consejo Supremo de Gue-
rra y Marina por el de Consejo de Oficiales Generales y se modificó
su composición, retirándose de la jurisdicción militar a los vocales
de la Corte Suprema de Justicia de la República. Este Código se
mantuvo vigente durante 40 años, promulgándose uno nuevo en
1939; posteriormente, se promulgaron otros Códigos en 1950, 1963,
1980, 2006 y 2010.

En los Códigos de 1898, 1939 y 1950, la organización del Fue-


ro Militar fue contemplada en el libro primero de cada uno de ellos,

133
COMISIÓN PERMANENTE DE LA HISTORIA DEL EJÉRCITO DEL PERÚ Y
OFICINA DE INFORMACIÓN DEL EJÉRCITO, Compendio de la Historia General
del Ejército del Perú, Volumen II, INDUSTRIAL GRÁFICA S.A., Lima- Perú, Agosto
del 2011, p. 271.
134
RAMOS NÚÑEZ Carlos, Historia del Derecho Civil Peruano (siglos XIX y XX),
Tomo V, Volumen 1, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú,
Primera edición: noviembre 2005, p. 81-82.
135
COMISIÓN PERMANENTE DE LA HISTORIA DEL EJÉRCITO DEL PERÚ Y
OFICINA DE INFORMACIÓN DEL EJÉRCITO, Ibídem, p. 292.

172
Temas de Justicia Militar

y a partir de 1963, separado del Código, en una Ley Orgánica o de


Organización y Funciones.

II. ORGANIZACIÓN DE LOS TRIBUNALES MILITARES


EN EL CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 1898

II.1. EL CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 1898 Y


LA ORGANIZACIÓN DEL FUERO MILITAR

El “Libro Primero” del Código de Justicia Militar de 1898


(CJM-1898)136 fijó la “Organización y atribuciones de los Tribuna-
les Militares”; así, conforme al artículo 2°, eran autoridades que
ejercían la “jurisdicción de guerra”: 1. Los Jefes de zona militar; 2.
Los Generales en jefe del Ejército; 3. Los Comandantes de tropa con
mando independiente; 4. Los Jefes de fortalezas o plazas sitiadas o
bloqueadas y Comandantes de tropa o puesto, aislados de la autori-
dad judicial respectiva; y, 5° los Prebostes.

Se aprecia del artículo citado, que salvo “Los Jefes de zona


militar”, que actuaban en tiempos de paz, y tenían atribuciones sig-
nificativas como ordenar la formación de causa, dirigir los procedi-
mientos judiciales, aceptar competencias y promoverlas, decretar
sobreseimientos y otros (Art. 51° del CJM-1898), el resto de autori-
dades ejercían “la jurisdicción de guerra” en tiempos de conflictos
armados.

En cuanto a los “Tribunales de justicia militar”, que preveía


el Art. 3° del Código, lo eran: 1. Los Consejos de Guerra; 2. El Con-
sejo Supremo de Guerra y Marina; y, 3. Los Consejos de revisión
en campaña; los que se organizaban “en tiempo de guerra”, para
revisar las sentencias pronunciadas por los Consejos de Guerra que
se conformasen en igual tiempo. Los Consejos de Guerra eran de

136
CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR, Edición Oficial, Oficina Tipográfica de “El Tiem-
po” por L. H. Jiménez, Calle de Ica, antes Concha, N° 96 A, Lima, 1899.

173
Roosevelt Bravo Maxdeo

cuatro clases: a. Para Coroneles; b. Para Jefes inferiores: Tenien-


tes Coroneles y Sargentos Mayores; c. Para Capitanes, Tenientes
y Subtenientes; y 4. Para Tropa: sargentos, cabos y soldados. Los
Generales debían ser juzgados “por el Consejo Supremo de Guerra
y Marina” (Art. 66°).

Los Consejos de Guerra se organizaban, temporalmente, para


juzgar casos determinados, y cumplidos sus propósitos, desapare-
cían; de otro lado, estos Consejos estaban compuestos por oficiales
de superior jerarquía a los procesados y actuaban como vocales; y
no obstante que el Código preveía varias formas de “resolver” la
conformación de los Consejos a falta de oficiales, las audiencias se
frustraban reiteradamente, en particular, en las guarniciones del
interior del país, donde la carencia de oficiales era notoria, por la
magnitud del Ejército en ese entonces.

Este fue un mal de nacimiento, o peor aún, congénito; pues,


esta forma de organización provenía de las Ordenanzas Militares
Españolas. Esta deficiencia organizativa es reiteradamente citada
en las memorias de los Presidentes del Consejo Supremo de Gue-
rra y Marina (1899-1906) y posteriormente por los del Consejo de
Oficiales Generales, como lo está el hecho de que los “Jefes de Zona
Militar”, quienes tenían a su cargo ordenar la formación de causas
y controlar la regularidad de los procesos, así como ejercer el mando
de fuerzas militares y hasta fungir de autoridades políticas (Prefec-
tos, por ejemplo).

A los pocos años de haber entrado en vigencia el primer Códi-


go de Justicia Militar, por las Leyes 272 y 273 de 27 de octubre de
1906, el Congreso de la República derogó varios de sus artículos y
cambió la denominación de Consejo Supremo de Guerra y Marina
por la de Consejo de Oficiales Generales, integrada exclusivamente
por Oficiales Generales y, a falta de éstos, por Coroneles y Capita-
nes de Navío, rompiendo el esquema que históricamente se venía
manteniendo sobre la figura de los con-jueces civiles y militares en
la organización de los tribunales militares.

174
Temas de Justicia Militar

II.2. INSTALACIÓN DEL CONSEJO SUPREMO DE GUERRA


Y MARINA

El acto de instalación se llevó a cabo el día 23 de marzo de


1899, entre las 03.30 y 04.30 horas de la tarde, en el “salón princi-
pal de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia”, con asistencia
del entonces Presidente de la República, Nicolás de Piérola Villena,
quien ordenó que se diera lectura a los documentos relativos a la
instalación del Consejo y se leyó la Ley aprobatoria del Código de
Justicia Militar, así como los artículos 3, 79, 80 al 86, 104, 109 y
113137 del mismo, relativos a los Tribunales de Justicia Militar, la
organización del Consejo Supremo de Guerra y Marina y la obliga-
toria existencia de un Fiscal y un Relator Secretario permanentes;
la Resolución Suprema de 26 de enero de 1899 que disponía que los
Prefectos de Departamento ejercerían las funciones que el Código
encargaba a los Jefes de Zona, mientras estos sean constituidos,
nombrando también los Prefectos a los jueces instructores, para ca-
da caso.

Fue leída, igualmente, la Resolución Suprema de 27 de Enero


de 1899, con la que se nombraba a los vocales del Consejo Supremo

137
“Artículo 79.- El Consejo Supremo de Guerra y Marina es permanente; y ejercerá la
suprema jurisdicción de guerra en el Ejército y la Armada, además de las funciones
consultivas o deliberativas que las leyes o los reglamentos le señalen.
Es de superior jerarquía a todos los juzgados, autoridades judiciales y tribunales de
la República; excepto a la Corte Suprema de Justicia.”
“Artículo 80.- El Consejo se compondrá:
De cuatro generales, dos Contra-almirantes y los tres Vocales menos antiguos de la
Corte Suprema de Justicia.
En defecto de Generales, se nombrará Coroneles; y Capitanes de Navío, a falta de
Contra-almirantes…
Los Vocales militares serán nombrados por el Poder Ejecutivo, a propuesta en terna
del Consejo Supremo.”
“Artículo 82.- Los Generales de División presidirán a dichos Vocales de la Suprema,
y éstos a los Generales de Brigada y Contra-almirantes.
La presidencia del Consejo corresponde al General de División más antiguo; y a falta
de Generales de División, al más antiguo de los Vocales de la Corte Suprema que
compongan el Consejo.”

175
Roosevelt Bravo Maxdeo

de Guerra y Marina: Generales de Brigada Juan Martín Echenique


y Manuel Velarde, Coroneles José R. de la Puente e Isaac Reca-
varren, Capitanes de Navío Francisco Sanz y Camilo N. Carrillo;
vocales de la Corte Suprema de Justicia, doctores Simón Gregorio
Paredes, Ricardo Ortiz de Zevallos y Manuel León Castellanos. En
esta misma resolución se dispuso que el Consejo Supremo funciona-
ra “en una de las salas de la de la Corte Suprema de Justicia”, en
observancia del artículo 83138 del Código de Justicia Militar.

En la fecha de recibirse el juramento a los vocales, el General


de Brigada Manuel Velarde desempeñaba la Jefatura del Estado
Mayor General del Ejército y el Coronel José R. de la Puente, la
Cartera de Guerra y Marina; y al haberse dispuesto que continua-
ran en sus cargos, fueron nombrados en su reemplazo, por Resolu-
ción Suprema de 27 de Enero de 1899, los Coroneles Bruno Morales
Bermúdez y Miguel Valle Riestra, quienes juraron el cargo el mis-
mo 23 de marzo al igual que sus pares. Por Resolución Suprema de
17 de Marzo de dicho año, el cargo de Fiscal del Consejo Supremo
de Guerra y Marina recayó en el Doctor Miguel Antonio de la Lama,
“letrado de nota”, en defecto de un General o Coronel como preveía
el artículo 109139 del Código de Justicia Militar.

II.3. ORGANIZACIÓN DEL CONSEJO SUPREMO DE GUERRA


Y MARINA

El 10 de abril de 1899, los miembros del Consejo Supremo de


Guerra y Marina se reunieron por primera vez, después de la cere-
monia de instalación, para conformar las Salas del Consejo y pro-
ceder “a la formación de la terna para proveer la plaza de Relator
Secretario permanente del Supremo Consejo”. Bajo la presidencia

138
“Artículo 83.-El Consejo funcionará en una de las salas de la Corte Suprema, o en
otro local del Palacio de Justicia, mientras no lo tuviese especial.”
139
“Artículo 109.- Habrá un Fiscal permanente en el Supremo Consejo de Guerra y Ma-
rina, nombrado por el Presidente de la República de entre los Generales, Coroneles
o letrados de nota.”

176
Temas de Justicia Militar

del doctor Gregorio Simón Paredes y actuando como Relator el doc-


tor Lorenzo García, Relator interino de la Excelentísima Corte Su-
prema, se dio lectura al decreto que organizaba al Consejo Supremo
de Guerra y Marina y al acta de la sesión anterior que fue aproba-
da. La Sala Suprema de Guerra quedó conformada por el doctor
Ricardo Ortiz de Zevallos, Capitán de Navío Camilo N. Carrillo y
por los Coroneles Bruno Morales Bermúdez e Isaac Recavarren; la
Sala Revisora por el doctor Manuel León Castellanos, el General de
Brigada Juan Martín Echenique, el Coronel Miguel Valle Riestra
y el Capitán de Navío Francisco Sanz.140 La terna para proveer la
plaza de Relator Secretario permanente del Consejo141 quedó con-
formada por los doctores Manuel Esteban de Guzmán, en primer
lugar, Plácido Jiménez, en el segundo y Benjamín Lama, en el ter-
cero, remitiéndose la terna al supremo gobierno.142 Más adelante,
el nombramiento de Relator Secretario recayó en el doctor Manuel
Esteban de Guzmán.

II.4. VOCALES DE LA CORTE SUPREMA DE LA REPÚBLICA


FORMARON PARTE DEL CONSEJO SUPREMO DE
GUERRA Y MARINA

El Código de Justicia Militar de 1898, el primero de nuestra


vida republicana, siguiendo el modelo español, integró el Consejo

140
“Artículo 84.- Para los asuntos de que conozca originariamente el Consejo Supremo
de Guerra y Marina, se descompondrá en dos Salas, llamadas: SALA SUPREMA
DE GUERRA, Y SALA SUPREMA REVISORA.
Estas dos Salas serán formadas por el Presidente del Consejo, al principiar cada año
judicial”
“Artículo 85.- La Sala Suprema de Guerra se compondrá de dos Generales o Coro-
neles, un Contra-almirante o Capitán de Navío y un Vocal de la Corte Suprema.
La Sala Suprema Revisora se compondrá de dos Generales o Coroneles, un Contra-
almirante o Capitán de Navío y dos Vocales de la Corte Suprema.”
141
“Artículo 113.- En el Consejo Supremo habrá un Relator secretario permanente, con
el requisito de ser abogado, nombrado por el Presidente de la República, a propuesta
en terna del Consejo.”
142
Libro de Acuerdos del Consejo, Ob. Cit., p. 12

177
Roosevelt Bravo Maxdeo

Supremo de Guerra y Marina con vocales de la Corte Suprema de


la República y con oficiales del Ejército y la Armada (Artículos 84
y 85) y creó dos salas (Sala Suprema de Guerra y Sala Suprema
Revisora) para conocer originariamente de los casos que se siguie-
ran contra Generales y Contralmirantes y por los delitos sujetos al
fuero de guerra que cometieran los Senadores y Diputados, los Mi-
nistros de Estado, los Vocales de la Corte Suprema, los Arzobispos
y Obispos, etc.143

Entre el 23 de marzo de 1899 en que se instaló, bajo la pre-


sidencia del Doctor Simón Gregorio Paredes, y el 31 de octubre de
1906 en que sesionó por última vez, bajo la presidencia del General
de División César Canevaro Valega, integraron el Consejo Supre-
mo de Guerra y Marina, en diferentes momentos, 14 Vocales de la
Corte Suprema de Justicia de la República, varios de los cuales,

143
“Art. 90.- La Sala de Guerra conocerá y habrá recurso para ante la Sala Revisora,
de las causas que se instruyan:
1°. Contra los Generales y Contra-almirantes.
2°. Por delitos sujetos al fuero de guerra, que cometan:
Los Senadores y Diputados.
Los Ministros de Estado.
Los Vocales de la Corte Suprema.
Los Arzobispos y Obispos.
Los Agentes diplomáticos del Perú en el extranjero.
Para el enjuiciamiento de los Senadores y Diputados, Ministros de Estado y Vocales
de la Corte Suprema, se recabará previamente la acusación de la Cámara de Dipu-
tados y la declaración del Senado de haber lugar a formación de causa.
3° Por delitos que cometan durante el desempeño de sus cargos:
Los Jefes de Zona.
Los Coroneles Comandantes en jefe de Ejército, Cuerpo de Ejército, División o Bri-
gada.
Los Jefes de fortalezas o plazas sitiadas o bloqueadas.
Los Comandantes Generales de Marina.
Los Comandantes Generales de Escuadra o División naval.
Los Vocales de los Consejos de Guerra.
Los Vocales y el Fiscal del Mismo Consejo Supremo de Guerra y Marina.
Los Auditores y Jueces instructores.”

178
Temas de Justicia Militar

andando el tiempo, llegaron a ser Presidentes de la Corte Suprema


de Justicia de la República.

II.5. LOS PROBLEMAS DE LA ORGANIZACIÓN DEL FUERO


MILITAR EN LAS MEMORIAS DE SUS PRESIDENTES
(1906-1930)

Los problemas organizacionales más notorios y reiteradamen-


te señalados en las memorias de los Presidentes del Consejo Supre-
mo de Guerra y Marina, en su momento, del Consejo de Oficiales
Generales, son los referidos al nombramiento de los Jefes de Zona,
jueces instructores y auxiliares jurisdiccionales, la conformación
de los Consejos de Guerra, la designación de los fiscales para cada
causa y hasta el cambio de nombre de la máxima instancia de la
jurisdicción militar.

El General de División César Canevaro Valega, primer y úni-


co Presidente militar del Consejo Supremo de Guerra y Marina, co-
mentando el hecho que los Prefectos ejercieran el cargo de Jefes de
Zona, dijo: “El cargo de jefe de zona, ejercido por los Prefectos, es la
injerencia de las autoridades políticas en la administración de la
justicia militar, que pone en peligro su recta aplicación y es violato-
ria del principio constitucional de la independencia de los Poderes
ejecutivo y judicial”144

Como se ha visto, durante la instalación del Consejo Supremo


de Guerra y Marina, se dio lectura a la Resolución Suprema de 26
de enero de 1899, que disponía que los Prefectos de Departamento
ejercerían las funciones que el Código encargaba a los Jefes de Zona,
mientras estos sean constituidos, nombrando también los Prefectos
a los jueces instructores para cada caso. Esta disposición temporal
se alargó en el tiempo, como veremos más adelante.

144
Memoria del General de División César Canevaro, Presidente del Consejo Supremo
de Guerra y Marina, leída en la ceremonia de apertura del año judicial de 1906, Imp.
Torres Aguirre – Camaná 425, Lima, 1906, p. 26.

179
Roosevelt Bravo Maxdeo

El mismo General Canevaro, comentando uno de los proyectos


de reforma del Código de Justicia Militar, propuesto en 1905 por la
Corte Suprema de Justicia de la República ante el Congreso, sobre
el cambio de nombre y la composición del Consejo Supremo de Gue-
rra y Marina, dijo: “En cuanto al título, no parece apropiado el de
“Consejo de Oficiales Generales” con el que se sustituye el de “Con-
sejo Supremo de Guerra y Marina”. En primer lugar, no se indica
siquiera, si el Consejo es de guerra, si es judicial o administrativo; y
en segundo lugar, el calificativo de “Oficiales Generales” se ha em-
pleado siempre en el Perú en oposición al de “Consejo de Capitanes”,
como Consejo de 1° instancia para oficiales; y en los países en que
algún Consejo de guerra lleva ese nombre, es siempre con dependen-
cia a un Consejo Supremo.”145

El General Canevaro no encontraba razón alguna para esa


sustitución y por el contrario afirmaba que el nombre de “Consejo
Supremo de Guerra y Marina” expresaba con exactitud la misión
de ese tribunal, como ocurría en otros países. ”En la Argentina, Ve-
nezuela y España, se llama Consejo Supremo de Guerra y Marina;
en el Brasil, Tribunal Supremo Militar; y en Méjico, Suprema Corte
Militar; con el tratamiento de Excelencia.”146

En cuanto a la conformación del Consejo, el General Canevaro,


repasando la composición de los Consejos en varios países, concluía:
“no conozco un solo país en el mundo, en que el más alto tribunal
de justicia militar no sea compuesto de técnicos y letrados.”147 En el
tiempo en que el General Canevaro presentó su memoria (1906), en
España, de acuerdo con el artículo 67 del Código de 1890, el Con-
sejo Supremo de Guerra y Marina se componía de once consejeros
militares generales, cuatro consejeros togados, un fiscal militar ge-
neral de división y un fiscal togado. En México, la Suprema Corte
Militar, según el artículo 96 del Código de 1894, se componía de
seis magistrados de número, cuatro militares y dos letrados, y de

145
Ibídem, p. 15.
146
Ibídem, p. 16.
147
Ibídem, p. 16.

180
Temas de Justicia Militar

tres supernumerarios militares. En Brasil, el artículo 1° de la Ley


1893 prescribía que el Tribunal Supremo Militar estaba compues-
to de quince personas, que ocupaban sus cargos vitaliciamente: 08
del ejército, 04 de la armada y 03 jueces togados. En Argentina, el
Consejo Supremo de Guerra y Marina estaba compuesto por cinco
militares y “dos abogados con diploma de una de las Universidades
de la República”.

El Contralmirante Manuel Antonio Villavisencio, durante la


presentación de su memoria en 1908, al examinar las razones del
“hacinamiento de enjuiciados” (encarcelados por más tiempo que el
máximo de la pena que les correspondía si resultaban culpables),
consideraba que una de las causas de ese “hacinamiento” era que
las Jefaturas de Zona se encontraban en manos de los Prefectos;
dijo: “en oposición al principio fundamental del Código Militar, es
una acumulación de poderes que, si salva por el momento la falta
de Zonas Militares en que debe dividirse el territorio nacional, es
rémora para la buena administración de la justicia militar. A esto se
agrega el frecuente cambio de esas autoridades, lo que ocasiona que
los procesos sean vistos por personas de distinta preparación y de
distinto criterio, lo cual hace morosa la tramitación del más simple
expediente.”148

Otra causa para el retardo en la tramitación de los expedien-


tes en la jurisdicción militar, en las primeras décadas del siglo
pasado, fue la dificultad que se tenía para reunir los Consejos de
Guerra que juzgaran y fallaran en primera instancia. Estos Conse-
jos se reunían para resolver un caso a la vez y cumplida su labor,
se desactivaban; además, al tener una composición demasiado je-
rarquizada, no había suficientes oficiales de grados superiores para
conformarlos, particularmente en provincias, lo que imposibilitaba
su conformación. En febrero de 1907, el Consejo de Oficiales Gene-
rales hizo ver al gobierno, a través del Ministro de Guerra y Marina,

148
Memoria del Contralmirante Manuel A. Villavisencio, Presidente del Consejo de
Oficiales Generales, leída en la ceremonia de apertura del año judicial de 1908,
Imprenta de “EL LUCEEO”, Unión, antes Baquíjano, 321, Lima, 1908, p. 7.

181
Roosevelt Bravo Maxdeo

“la conveniencia de nombrar un Consejo de Guerra Permanente, con


cargo de dar cuenta en la próxima Legislatura, con lo cual se reme-
diaría un mal social y se garantizaría el derecho de libertad.”149

El General Juan Martín Echenique, en la memoria que leyó


el 18 de mayo de 1910, recordó que el poder ejecutivo había presen-
tado al Congreso, en la legislatura de 1905, un proyecto “para el es-
tablecimiento de un Consejo de Guerra permanente y que, aprobado
en el último congreso por la H. Cámara de Diputados, después de
extenso debate, se (encontraba) para su revisión en el H. Senado.” 150

En la misma memoria, el General Echenique, planteaba co-


mo un problema para la administración de justicia, los continuos
cambios de colocación de los oficiales que instruían los procesos y
reclamaba “la inamovilidad de los jueces instructores”. Hacía no-
tar, igualmente, que no obstante haber transcurrido varios años de
la promulgación del Código, “no se (habían) establecido las zonas
militares, en forma prevista en el Código.” Recordaba, que el pro-
pio Presidente de la República, durante su mensaje al Congreso
(1909), había dicho: “Para que el código de justicia militar tenga ri-
gurosa aplicación convendría dividir el territorio nacional en zonas
e independizar la función privativa de guerra de las autoridades
políticas.”151

En 1911, ocurrieron cambios en la designación de los Jefes de


Zona y los Prefectos dejaron de cumplir esta función después de 11
años de haberla hecho. El General Echenique dijo en su memoria
al respecto: “Trascendental modificación ha introducido en la ad-
ministración de la justicia militar la suprema resolución de 7 de
febrero del año en curso, que encomienda las funciones de Jefe de
Zona al Comandante de la División acantonada en cada una de las

149
Ibídem, p. 8.
150
Memoria del General Juan Martín Echenique, Presidente del Consejo de Oficiales
Generales, leída en la sesión del 18 de mayo de 1910, Tipografía “UNIÖN”, Boza
847, Lima, 1910, p. 9.
151
Ibídem, p. 11.

182
Temas de Justicia Militar

cinco regiones militares en que también por resolución suprema de


31 de enero, ha sido dividido el territorio nacional.” 152

En la sesión del 11 de marzo de 1911, se dio cuenta de un oficio


del Ministro de Guerra, respondiendo a otro que el Consejo le había
cursado 22 de febrero de 1911, en el sentido que los Jefes de Región
“cuando ejercen las funciones privativas judiciales de guerra, depen-
den exclusivamente de su superior jerárquico, que es conforme a la
ley de la materia, el Consejo de Oficiales Generales”.

En cuanto a la propuesta para la creación de un Consejo de


Guerra Permanente, ésta no prosperó. “Ha quedado también sin
expedirse la ley propuesta por el Poder Ejecutivo, y ya aprobada por
una de las HH: cámaras, para restablecer el Consejo de Guerra per-
manente, dando a sus vocales, como a los jueces instructores, relati-
va inamovilidad.”153

La necesidad de un Consejo de Guerra Permanente y la falta


de suficientes jueces instructores, siguieron siendo los problemas
que los Presidentes del Consejo anotaron en sus memorias. El Con-
tralmirante Toribio Raygada, al presentar su memoria en la sesión
del 22 de marzo de 1913, lamentaba que la reforma no fuera un
hecho ya que se hacía sentida “la existencia de un Consejo de Gue-
rra Permanente”.154 Ese mismo año, el Jefe de Zona de Lima, daba
cuenta de “la grave situación de existir solo en Lima más de cuatro-
cientas causas que esperaban la decisión de los Consejos de Guerra”,
número que aseguraba aumentaría. Respecto de los jueces instruc-
tores, se daba cuenta que en Lima existían solo dos juzgados mili-
tares y “que en poder de uno de los jueces instructores existían 1300
expedientes en curso, los que era difícil pudieran ser despachados

152
Memoria del General Juan Martín Echenique, Presidente del Consejo de Oficiales
Generales, leída en la sesión del 21 de mayo de 1911, Tipografía “UNIÖN”, Boza
847, Lima, 1911, p. VI.
153
Ibídem, p. VIII.
154
Memoria del Contralmirante Toribio Raygada, leída en la sesión del Consejo de
Oficiales Generales del 22 de marzo de 1913, Imp. Americana, Abancay N° 154,
Lima, 1913, p. VI.

183
Roosevelt Bravo Maxdeo

por un solo funcionario, hallándose por tal motivo paralizados la


mayoría de ellos.” 155

Sobre la designación de los Jefes de Región también como Je-


fes de Zona, mediante resolución suprema de 7 de febrero de 1911,
el Contralmirante Raygada lo cuestiona, “no solo por la depen-
dencia directa del Jefe de Zona respecto del Poder Ejecutivo, sino
también por los no menos graves, de la morosidad en el despacho,
producida, como causal principal, por el hecho del ejercicio de otras
funciones distintas a la judicial.”156 Cuestionados los procedimien-
tos de nombramiento de los funcionarios de la justicia militar, el
Contralmirante Raygada proponía “procederse en el orden siguien-
te: a los vocales de los consejos de guerra y a los jefes de zona, los
elegiría el Consejo de Oficiales Generales, en vista del escalafón que
debería tener presente para ese efecto; los jueces instructores, audi-
tores, fiscales y secretarios, serían elegidos por el consejo de guerra
del respectivo distrito judicial, en vista del rol de jefes y oficiales en
servicio activo de la circunscripción, teniendo, además, en cuenta el
número de letrados expeditos que hubiera en ella.” 157

El contralmirante Manuel A. Villavisencio, en su memoria de


1916, detalló los cambios que debían hacerse en el Código; en la par-
te de la organización de la justicia militar, sugirió: “1° Dar a la justi-
cia militar completa independencia del poder ejecutivo, a semejanza
del poder judicial, del cual es rama; 2° Establecer consejos de guerra
permanentes (…); 4° Fijar el número de zonas indispensables para
el buen servicio de la justicia militar…” 158

Una de las observaciones que aparecía en las memorias de los


Presidentes del Consejo de Oficiales Generales, era la falta de Jefes
de Zona a tiempo completo, la que fue resuelta mediante resolución

155
Ibídem, p. VIII.
156
Ibídem, p. XI.
157
Ibídem, p. XV.
158
Memoria del Contralmirante Manuel A. Villavisencio, correspondiente al año judicial
de 1916, Imprenta del Estado Mayor General del Ejército, Lima, 1916, p. 7.

184
Temas de Justicia Militar

suprema de 5 de enero de1926, en el sentido de que el “poder ejecu-


tivo, teniendo en cuenta la duplicidad de funciones militares y pri-
vativas de los comandantes generales de región, que ejercían a la vez
la jefatura de zona respectiva, recargando sus funciones, ha tenido
a bien… disponer la separación de ambos cargos, haciendo así inde-
pendiente la administración de la justicia militar, que queda enco-
mendada a funcionarios militares del grado de coronel, en completa
conformidad con las prescripciones del código militar vigente.” 159

Los primeros oficiales designados para las jefaturas de las


zonas fueron: 1ª Región: Coronel Felipe S. Varela; 2ª Región: Co-
ronel Néstor Scamarone; 3ª Región: Coronel Enrique L. Torres; 4ª
Región: Coronel César Mendiburu; y, 5ª Región: Teniente Coronel
Juan Carlos Gómez.

Otro aspecto discutible de la organización del Fuero Militar


fue la forma de nombramiento de los fiscales, que conforme al ar-
tículo 106 del Código, se hacía para cada causa, recayendo el nom-
bramiento “en un jefe u oficial de categoría igual o superior a la del
enjuiciado”, que no tenía preparación, por lo que “las insubsisten-
cias y nulidades” que se declaraban en no pocos casos, se hallaban
“en la falta de preparación, dedicación y experiencia de los funcio-
narios eventuales, encargados de la acusación fiscal y de sostener la
integridad de la jurisdicción de guerra”.160 La solución recomendada
por el General Velarde para este problema era “la actuación de un
fiscal permanente en cada zona, escogido entre los capitanes o te-
nientes mejor preparados y reputados, dedicados únicamente a estas
funciones que reclaman estudio y tiempo…”161

Una reforma urgente a la organización del Fuero consistía en


la creación de un Consejo de Guerra Permanente. La reforma se

159
Memoria del General de Brigada Gabriel Velarde Álvarez, leída en la ceremonia de
apertura del año judicial de 1926, Empresa Editorial “Cervantes”, Polvos Azules
138, Lima, 1926, p. 12.
160
Ibídem, p. 17.
161
Ibídem, p. 16.

185
Roosevelt Bravo Maxdeo

propuso en 1905 y luego de ser aprobada en la cámara de diputados


quedó paralizada en el senado y 18 años después, en 1926, se seguía
esperando su aprobación.

En 1928, se concluyó el estudio del proyecto de reforma del


Código, presidido por el Doctor Plácido Jiménez. El General de Bri-
gada Gabriel Velarde Álvarez, en su memoria de 1929, dijo: “Termi-
nado en diciembre de 1928, por la comisión reformadora del código
de justicia militar vigente, el estudio del respectivo proyecto de ley,
ha sido presentado al supremo gobierno el 8 de enero último (1929)…
Dado el interés del poder ejecutivo en pro de la reforma de nuestro
vetusto código, el proyecto seguramente será sometido a la próxima
legislatura ordinaria”162

Tal interés por la reforma parecía no ser real. El proyecto no


fue sometido a ninguna legislatura y en 1930 el Contralmirante J.
Ernesto de Mora, Presidente del Consejo de Oficiales, en ese enton-
ces, deploró la demora en su memoria anual y cuestionó el conteni-
do del proyecto. No encontraba razón, por ejemplo, para un nuevo
cambio de nombre de la máxima instancia de la jurisdicción militar,
por el de “Consejo Superior de Guerra”. Igualmente, pensaba que
la creación de un Consejo de Guerra Permanente, excesivamente
jerarquizado, como el que propugnaba el proyecto, no resolvería el
hacinamiento de expedientes. Refería que el problema por resolver
eran los procesos seguidos contra el personal de tropa por delito de
deserción, bastando para ello integrar el Consejo con oficiales sub-
alternos, bajo la presidencia de un Sargento Mayor. Hacía también
referencia el Contralmirante de Mora, que el proyecto del nuevo Có-
digo había sido entregado, faltando el “Proyecto de Ley Orgánica de
Justicia Militar”, que también había sido encargada a la Comisión;
entre otros asuntos163.

162
Memoria del General de Brigada Gabriel Velarde Álvarez, leída en la ceremonia
de apertura del año judicial de 1929, Imprenta Americana – Plz. Del Teatro, Lima,
1929, p. 3.
Memoria del Contralmirante J. Ernesto de Mora, leída en la ceremonia de apertura
163

del año judicial de 1930, Imprenta Americana – Plaza del Teatro, Lima, 1930, p. 12-17.

186
Temas de Justicia Militar

III. ORGANIZACIÓN DE LOS TRIBUNALES MILITARES


EN EL CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 1939
El 19 de Octubre de 1939, el Presidente Oscar R. Benavides
promulgó la Ley Nº 8991, con vigencia “ a partir del 1º de diciem-
bre del presente año, inclusive”, que es el segundo Código de Jus-
ticia Militar164 (CJM-1939) de nuestra historia, manteniéndose el
nombre de Consejo de Oficiales Generales, como instancia máxima
de la Justicia Militar y manteniéndose, igualmente, los Consejos
de Guerra Especiales, para juzgar casos determinados, quedando
sin solución el retardo en la tramitación de las causas, como venía
ocurriendo históricamente; no obstante, como se ha visto en líneas
anteriores, la falta de los Consejos de Guerra Permanentes era una
necesidad sentida, que fuera reclamada por los Presidentes del Con-
sejo de Oficiales Generales en sus memorias, existiendo peticiones
reiteradas al Poder Ejecutivo en ese sentido y haberse formulado
proyectos de ley para que fueran vistos por el Congreso.

El ejercicio de la jurisdicción militar por razones del delito,


del lugar y de guerra no cambió significativamente; no obstante, la
Corte Suprema fue incluida como una instancia que ejerc������������
ía����������
jurisdic-
ción en tiempo de paz, introduciéndose en el Código las facultades
que las Leyes 272 y 273, de 1906, habían ya otorgado a la Corte
Suprema en la administración de Justicia Militar. Las atribucio-
nes de la Corte Suprema fueron detalladas en el artículo 79° del
CJM-1939, en los términos siguientes: “1º.- Conocer del recurso de
nulidad que interpongan el Fiscal General, el enjuiciado o su defen-
sor, en los casos que proceda conforme a ley. 2º.- Conocer del recurso
extraordinario de reposición de sentencia en materia militar. 3º.- Di-
rimir las competencias de jurisdicción que surjan entre los tribuna-
les militares y los comunes. 4º.- Conocer de las causas que se sigan
contra los miembros del Consejo de Oficiales Generales, por delitos
que cometan en el ejercicio de sus funciones. 5º.- Conocer originaria-
mente en las causas sujetas al fuero de guerra, que se sigan contra

164
Ley N° 8991, Código de Justicia Militar, Anuario de la legislación peruana, Lima,
1939.

187
Roosevelt Bravo Maxdeo

los Senadores, Diputados, Ministros de Estado, Magistrados de la


Corte Suprema (…)” 165

En este Código, conforme al artículo 54°, en cada una de la


Zonas Judiciales de la República había “Jefes de Zona, de la clase
de Coronel o Capitán de Navío, según el ramo, nombrados por el
Poder Ejecutivo”. Las Zonas Judiciales correspondían a las regiones
militares en el ramo de guerra, por tanto había cinco Jefes de Zona
a nivel de la República. Para la Marina y la Aviación se estableció
una Zona Judicial y para la Policía otra, ambas Zonas Judiciales,
con jurisdicción en toda la República (Art. 55°). Las obligaciones
que el CJM-1898 fijaba para los Jefes de Zona se mantuvieron en
el CJM-1939, introduciéndose, no obstante, un cambio significativo
en este último. Se otorgó a los Jefes de Zona la facultad de: “Fallar,
en primera instancia, en los juicios por deserción, cuando no concu-
rra ninguna de las circunstancias del artículo 357° (Deserción con
circunstancias calificativas), y en los juicios por infracciones espe-
cíficamente previstas y reprimidas por la ley con pena no mayor de
reclusión militar o separación temporal del servicio, y elevarlas, en
revisión, al Consejo de Oficiales Generales.” (Art. 57°, inciso 6.)

El Consejo de Oficiales Generales, se componía de 9 vocales,


seis del Ejército y 3 de la Armada, Generales y Almirantes, en prin-
cipio, o Coroneles y Capitanes de Navío si no los hubiera suficien-
tes. Integraban también el Consejo un Fiscal General y un Auditor
General, ambos letrados. Para los asuntos que el Consejo conocía
originariamente (causas seguidas contra los Oficiales Generales,
Jefes de Zona, Vocales de los Consejos de Guerra, Jueces Instruc-
tores, Auditores, Comandantes Generales, Jefes de Estado Mayor
General de los Institutos Armados y otros) el Consejo se organizaba
en “dos Salas: la Sala de Primera Instancia o de Guerra, formada
proporcionalmente por los tres vocales menos caracterizados (menos
antiguos) de los dos ramos que integran su personal (Ejército y Ar-
mada); y la Sala de Revisiones, formada por los otros cinco vocales.

165
Ibídem, p. 344.

188
Temas de Justicia Militar

El vocal que hubiese actuado como Instructor no formará sala.” (Art.


73°). La Presidencia del Consejo y la de las Salas correspondía al
Vocal de mayor graduación, y en igualdad de grado, al más antiguo.

El personal letrado de la Justicia Militar estaba constituido


por los abogados que servían los cargos de Fiscal General, Auditor
General, Auditores de Zona, Relatores Secretarios y Defensores de
oficio (Art. 80°). El “Ministerio Fiscal” estaba ejercido por un Fiscal
General letrado, en el Consejo de Oficiales Generales y por un Fis-
cal Militar (no letrado) que para cada caso designaba “la autoridad
judicial correspondiente” (Jefe de Zona) (Art. 85°).

Sobre la organización de la Justicia Militar para tiempo de


guerra, esta era semejante a la del CJM-1898; es decir, estaba en
manos, en principio, del Comandante en Jefe en campaña, a quien
correspondía, ejercer “la jurisdicción militar en el territorio y fuer-
zas de su mando”, nombrando a los jueces instructores, al personal
letrado necesario, etc.

IV. ORGANIZACIÓN DE LOS TRIBUNALES MILITARES


EN EL CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 1950
Durante el gobierno del General Manuel A. Odría se promulgó
un nuevo Código de Justicia Militar (CJM-1950), por Decreto Ley
11380 de 29 de mayo de 1950, que fue ratificado por la Ley 11490
de 1º de setiembre del mismo año, siendo este el tercer Código de
Justicia Militar promulgado en nuestra vida republicana.

En la parte considerativa del Decreto de promulgación166 se ha-


ce referencia que el Código de 1939 representó un notable avance en
la Legislación Penal Militar, “sustituyendo con más científicos siste-
mas los anacrónicos de la pena tasada, procedimiento inquisitorial
y criterio extremadamente objetivo del Código de 1898, (pero) dejó
subsistente la inadecuada organización de los Tribunales de

166
Decreto Ley 11380 de 29 de mayo de 1950.

189
Roosevelt Bravo Maxdeo

este último, manteniendo su carácter heterogéneo y eventual,


sumamente inconveniente, según lo ha demostrado la expe-
riencia; no organizó el Cuerpo Jurídico, ni imprimió al pro-
cedimiento el acelerado ritmo que la especial peculiaridad
de la Justicia Militar exige…”.

Este Código trató la organización de la jurisdicción militar


en el Libro Primero (De la organización y atribuciones de los Tri-
bunales de Justicia Militar). El artículo 1° del Código estableció
que el poder de administrar Justicia Militar se ejercía, en tiempo
de paz, por: 1. La Corte Suprema de Justicia; 2. El Consejo de
Oficiales Generales; 3. Los Consejos de Guerra; y, 4. Los Jueces
Instructores. En tiempo de guerra, en las Fuerzas Armadas en
operaciones, por: 1. El Comandante en Jefe; 2. Los Comandantes
de División, Cuerpos, Buques y Fuerza Aérea con mando indepen-
diente; 3. Los Consejos de Revisión; 4. Los Consejos de Guerra
Especiales en Campaña; y, 5. Los Prebostes. Nos interesa tratar,
los cambios que ocurrieron en la organización de la jurisdicción
militar en tiempo de paz, ya que la organización de la Justicia
Militar para tiempo de guerra, no varió.

Las atribuciones de la Corte Suprema de Justicia, en la ad-


ministración de Justicia Militar, no variaron en relación con el
CJM-1939; en consecuencia, siguió conociendo de los recursos de
nulidad; de los recursos extraordinarios de revisión de sentencia
ejecutoriada; dirimiendo las contiendas de competencia entre los
tribunales militares y los comunes; y conociendo originariamente,
de las causas seguidas contra los miembros del Consejo de Oficiales
Generales y de las sujetas al fuero militar que se seguían contra las
más altas autoridades de la Nación.

El Consejo de Oficiales Generales se componía de siete Vo-


cales, un Fiscal General y un Auditor General, ambos letrados. De
los siete Vocales, tres eran del Ejército, dos de la Marina, uno de
Aeronáutica y uno de la Guardia Civil, todos Oficiales Generales en
actividad. Uno de ellos debía ser General de División o Vicealmiran-
te, quién ejercía la presidencia (Arts. 6 y 7). Para conocer originaria-
mente de una causa, el Consejo se organizaba en dos salas: Sala de

190
Temas de Justicia Militar

Guerra o de Primera Instancia y Sala Revisora, con tres miembros


cada Sala y un Vocal Instructor (Art. 10), a semejanza de la organi-
zación establecida en el CJM-1939.

Se establecieron los Consejos de Guerra Permanentes, jerár-


quicamente subordinados al Consejo de Oficiales Generales, para
que ejerzan jurisdicción en la Zona Judicial que para cada uno de
ellos determinaba ese Código, en los asuntos que eran de su compe-
tencia (Art. 15). Se crearon cinco Zonas Judiciales para el Ejército,
una Zona Judicial para la Marina de Guerra, otra para la Fuerza
Aérea y cuatro Zonas para la Guardia Civil y Policía, fijándoseles su
competencia por departamentos en el caso del Ejército y la Policía,
y a nivel nacional en el caso de la Marina y la Fuerza Aérea (Arts.
17 a 21). Los Consejos de Guerra Permanentes estaban compuestos
por un Coronel y dos Tenientes Coroneles en el Ejército y en los
otros Institutos por Oficiales con grados equivalentes a los citados.
Esta forma de organización fue establecida para resolver el álgido
e histórico problema del retardo en la administración de Justicia
Militar, que por años y reiteradamente venían reclamando los Pre-
sidentes del Consejo de Oficiales Generales.

Se establecieron dos tipos de jueces: Jueces Instructores Per-


manentes y Jueces Instructores Sustitutos (Art. 32). Tantos, como
lo requerían las necesidades del servicio, del grado de Teniente Co-
ronel en el Ejército y grados equivalentes en los otros Institutos,
estableciéndose, además, sus funciones en forma clara.

Este Código instituyó también, el “Ministerio de Defensa”,


constituido por miembros del Cuerpo Jurídico, que tenían “a su car-
go la defensa de los encausados, representándolos en el procedimien-
to” (Art. 82)

Este tercer Código167 cre������������������������������������


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el Cuerpo Jurídico Militar y esta-
bleció su composición, reclutamiento y promoción (Arts. 61 a 65),
integrado por abogados, con grado militar, para que cumplieran

167
Código de Justicia Militar, Imprenta del Ministerio de Guerra, Lima, 1950.

191
Roosevelt Bravo Maxdeo

funciones de Auditores, Fiscales, Relatores, Secretarios Letrados y


Defensores de Oficio. Este fue, según ha demostrado la experiencia,
un gran acierto del Código.

V. ORGANIZACIÓN DE LOS TRIBUNALES MILITARES


EN EL CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 1963
El 25 de Julio de 1963, por Decreto Ley 14612 se promulgó,
por primera vez, separado del Código de Justicia Militar (Decreto
Ley 14613)168, la Ley Orgánica de Justicia Militar (LOJM-1963). En
esta Ley, el nombre del Consejo de Oficiales Generales cambió por
el de Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM).

Las atribuciones de la Corte Suprema de Justicia quedaron


limitadas a tres aspectos: 1. Dirimir las contiendas de competen-
cia que se suscitaran entre los Tribunales Militares y los Comunes;
2. Pronunciarse en los pedidos de extradición formulados por los
Tribunales Militares, asunto este absolutamente secundario, por
cuanto, de acuerdo con la doctrina y la realidad, no hay extradición
por delitos militares; y, 3. Conocer originariamente en las causas
sujetas al Fuero Militar seguidas contra las altas autoridades de la
República y contra los miembros del Consejo Supremo de Justicia
Militar, observándose lo dispuesto en la “Ley de Responsabilidad
de Funcionarios Públicos, en cuanto sea pertinente, aplicándose las
penas establecidas en el Código de Justicia Militar” (Art. 4°).

Dos atribuciones, de las más notorias, que el CJM-1950 le


encargaba a la Corte Suprema, fueron dejadas de lado en la LO-
JM-1963. El recurso de nulidad ante la Corte Suprema de Justicia
desapareció y los recursos extraordinarios de revisión de senten-
cia ejecutoriada, que en el CJM-1950 eran resueltos por la Corte
Suprema (Art. 793), con la LOJM-1963, pasaron a ser tarea del

168
Ley Orgánica de la Justicia Militar y Código de Justicia Militar, Consejo Supremo
de Justicia Militar, Lima, 1963.

192
Temas de Justicia Militar

Consejo Supremo de Justicia Militar y se tramitaban de acuerdo


con el Art.713 del CJM-1963.

El Consejo Supremo de Justicia Militar se integró, en prin-


cipio, con siete Vocales, todos Oficiales Generales en actividad, 3
del Ejército, 2 de la Marina, 1 de la Fuerza Aérea y 1 de la Guardia
Civil, más un Fiscal General y un Auditor General, ambos Oficiales
Generales del Cuerpo Jurídico Militar. Más adelante se integró otro
Oficial General de la Fuerza Aérea y el número de Vocales aumentó
a 8. En los asuntos que conocía originariamente, el CSJM se dividía
en dos salas: Sala Revisora y Sala de Guerra o de Primera Instan-
cia, además de un Vocal Instructor.

Se mantuvo la organización del territorio nacional en Zonas


Judiciales: 5 Zonas Judiciales para el Ejército, una para la Mari-
na de Guerra, una para la Fuerza Aérea y 5 para para la Policía,
creándose una Quinta Zona para la Policía. Los Consejos de Guerra
Permanentes continuaron organizados de la misma manera que en
el CJM-1950 (Art.16) y se mantuvo la organización de los jueces
instructores, de la Defensoría de Oficio (“Del Ministerio de Defen-
sa”), del Ministerio Fiscal, de los Auditores y otros. Se introdujo la
Policía Militar, como auxiliar de la administración de justicia y el
resguardo de los Penales Militares (Arts. 43-46).

VI. ORGANIZACIÓN DE LOS TRIBUNALES MILITARES


EN EL CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR DE 1980
En 1980, a fin de adecuar la Ley Orgánica de Justicia Militar
y el Código de Justicia Militar a la Constitución de 1979, se dieron
los Decretos Leyes 23201 de 19 de julio de 1980 (LOJM-1980) y
23214 de 24 de julio del mismo año (CJM-1980).

En el Código de 1980, como en los códigos que lo antecedieron,


la jurisdicción militar se siguió ejerciendo por razón del delito, por
razón del lugar y por razón del estado de guerra; no obstante, que
el Artículo 282 de la Constitución de 1979 había ya introducido el
término delito de función. El artículo precisaba taxativamente: “Los

193
Roosevelt Bravo Maxdeo

miembros de la Fuerzas Armadas y Fuerzas Policiales en los casos


de delitos de función están sometidos al Fuero respectivo y al Código
de Justicia Militar, cuyas disposiciones no son aplicables a los civi-
les, salvo lo dispuesto en el Artículo 235 (por Traición a la Patria,
en caso de guerra exterior). Quienes infringen el Servicio Militar
Obligatorio están sometidos al Código de Justicia Militar”. El as-
pecto más notorio, fue sin duda, la afirmación de que el Código de
Justicia Militar no era aplicable a los civiles, con la salvedad hecha
en el Artículo 235.

En la LOJM-1980, las atribuciones de la Corte Suprema de


Justicia se mantuvieron sin cambios. El CSJM mantuvo, en princi-
pio, su anterior composición, con la salvedad que el Vocal represen-
tante de las Fuerzas Policiales debía ser nombrado rotativamente
“entre los Oficiales Generales de la Guardia Civil, Guardia Republi-
cana y Policía de Investigaciones” (Art. 6) y la Presidencia del Con-
sejo “ejercida por un General de División, Vicealmirante o Teniente
General de la Fuerza Aérea, por un periodo máximo de dos años, en
forma rotativa…” (Art. 7)

La división en Zonas Judiciales del territorio nacional se man-


tuvo igual, cambiándose tan solo la denominación de Consejo de
Guerra Permanente por la de Consejo Superior de Justicia, en el
caso de la Policía.

Por Ley Nº 26677, promulgada el 22 de octubre de 1996, se in-


trodujeron cambios sustanciales en la Ley Orgánica y el Código de
Justicia Militar de 1980. Así, en la organización de los Tribunales
Militares, de los ocho Vocales que conformaban el Consejo Supre-
mo de Justicia Militar, tres debían ser del Cuerpo Jurídico Militar
(abogados), que sumados al Auditor General y Fiscal General, que
también eran letrados, creaban el balance necesario de vivencia mi-
litar y el derecho. (Art. 6 modificado).

Los Jueces Militares Permanentes debían ser necesariamente


miembros del Cuerpo Jurídico Militar y en los Consejos de Gue-
rra del Ejército, Marina de Guerra y Fuerza Aérea, así como en los
Consejos Superiores de Justicia de la Policía Nacional, uno de los

194
Temas de Justicia Militar

Vocales debía ser un Oficial del Cuerpo Jurídico Militar, además del
Fiscal y el Auditor que eran de dicho Cuerpo.
Estos cambios organizacionales se dieron en un contexto de
modificaciones al CJM-1980, como la introducción del “Proceso Pe-
nal Sumario”, para determinados delitos, correspondiendo fallar en
primera instancia a los Jueces Militares Permanentes (abogados),
lo que también obligó al nombramiento de Fiscales de Juzgados,
igualmente abogados, a quienes se les dio la facultad de realizar
sumarias investigaciones antes de formalizar la denuncia penal,
participar activamente en el proceso aportando medios probatorios
y, en su momento, acusar y exigir el cumplimiento de la sentencia,
entre otras cosas.
De otra parte, en cuanto a la organización de los Tribunales
Militares, debemos señalar que todos los cargos de magistrados del
Fuero Militar (vocales, jueces y fiscales) y auxiliares jurisdicciona-
les (relatores y secretarios de sala y de juzgados) fueron cubiertos
por Oficiales del Cuerpo Jurídico Militar (abogados).
En 2003, el Defensor del Pueblo impugnó la constitucionali-
dad del Decreto Ley Nº 23201 (Ley Orgánica de Justicia Militar) y
del Decreto Ley Nº 23214 (Código de Justicia Militar). El Tribunal
Constitucional, en la sentencia recaída en el Expediente Nº 0023-
2003-AI/TC, declaró inconstitucionales varios artículos de ambas
normas. Sobre la Ley Orgánica de Justicia Militar en particular
dijo, en lo esencial:
1. Los Magistrados del Fuero Militar Policial no pueden ser mili-
tares ni policías que sean “oficiales de armas” en situación de
actividad, pues ello vulnera los principios de independencia e
imparcialidad judicial.

2. El Poder Ejecutivo no puede nombrar a los Magistrados del


Fuero Militar Policial, pues atenta contra la independencia e
imparcialidad judicial.

3. No puede existir una Fiscalía adscrita al Fuero Militar Poli-


cial, dado que las atribuciones del Ministerio Público no pue-
den ser ejercidas por ningún otro órgano.

195
Roosevelt Bravo Maxdeo

VII. LEY DE ORGANIZACIÓN, FUNCIONES Y


COMPETENCIA DE LA JURISDICCIÓN
ESPECIALIZADA EN MATERIA PENAL MILITAR
POLICIAL (LEY N° 28665)

A raíz de la sentencia recaída en el Expediente Nº 0023-2003-


AI/TC, el Congreso de la República emitió la Ley Nº 28665, Ley de
Organización, Funciones y Competencia de la Jurisdicción Especia-
lizada en materia Penal Militar Policial, que sustituyó al Decreto
Ley Nº 23201 (Ley Orgánica de Justicia Militar) y el Poder Ejecu-
tivo dictó el Decreto Legislativo Nº 961, Código de Justicia Militar
Policial, que reemplaza al Decreto Ley Nº 23214 (Código de Justicia
Militar).

La Ley N° 28665, al organizar la “Jurisdicción Especializada


en Materia Penal Militar Policial”, en tiempo de paz, creó la “Sala
Suprema Penal Militar Policial de la Corte Suprema de Justicia
de la República, integrada por cinco (5) Vocales Supremos; tres (3)
con formación jurídico militar policial del Cuerpo Judicial Penal
Militar Policial; los mismos que pasan a la situación de retiro en la
fecha de su nombramiento, con el grado militar o policial que osten-
ten; y dos (2) Vocales provenientes de la jurisdicción ordinaria” (Art.
10.1). La Presidencia de la Sala le correspondía “a uno de los tres
(3) Vocales Supremos del Cuerpo Judicial Penal Militar Policial”
(Art. 10.2). El modelo era una “importación” de la organización de
la jurisdicción militar española, que de inmediato fue cuestionada
en nuestro medio.

Otro aspecto problemático de la Ley N° 28665, fue la organiza-


ción del “Ministerio Público ante la administración de la Jurisdic-
ción Especializada en materia Penal Militar Policial en tiempo de
paz”. Los Fiscales Supremos Penales Militares Policiales integran-
do la Junta de Fiscales Supremos del Ministerio Público o actuando
en el ámbito de Control Interno de esa institución fue demasiado
para la Fiscal de la Nación, de entonces, que impugnó la constitu-
cionalidad de la Ley.

196
Temas de Justicia Militar

El Tribunal Constitucional acogió la demanda, y en su mo-


mento, emitió la sentencia en el Expediente Nº 0004-2006-PI/TC,
declarando inconstitucionales gran parte de sus artículos, repitien-
do lo que señaló en la sentencia Nº 0023-2003-AI/TC y agregando
que:

1. Los Magistrados del Fuero Militar Policial no pueden ser mi-


litares ni policías en situación de actividad, aún cuando sean
“oficiales de servicio” que son Abogados asimilados; y,

1. El Consejo Nacional de la Magistratura debe ser el encargado


de nombrar a los Magistrados del Fuero Militar Policial.

El Colegio de Abogados de Lima impugnó también la cons-


titucionalidad de la Ley Nº 28665, repitiendo el Tribunal Consti-
tucional, en la sentencia Nº 0006-2006-PI/TC, lo que sostuvo en la
sentencia Nº 0004-2006-AI/TC.

Los artículos declarados inconstitucionales fueron tantos, que


la Ley no era ya útil para sostener la organización del Fuero Mili-
tar; no obstante, mientras se diera una nueva Ley en materia de
organización, se promulgó la Ley puente N° 28934, la cual amplió
temporalmente la vigencia de la Ley Nº 28665 y del Decreto Legisla-
tivo Nº 961, que habían sido derogados mediante las sentencias del
Tribunal Constitucional.

El Colegio de Abogados de Lambayeque impugnó la constitu-


cionalidad de la Ley Nº 28934. El Tribunal Constitucional declaró
inconstitucional dicha Ley (Exp. Nº 0005-2007-PI/TC), con el argu-
mento de que la ampliación de normas derogadas era un abierto
desacato a cumplir con las sentencias de inconstitucionalidad emi-
tidas.

En conclusión, la Ley N° 28665 nunca entró en vigencia y por


el contrario, generó rechazo desde su promulgación, básicamente,
por la creación de una Sala Penal de lo Militar en la Corte Suprema
de Justicia de la República y la integración de Fiscales Supremos
Militares Policiales en la estructura del Ministerio Público.

197
Roosevelt Bravo Maxdeo

VIII. LEY DE ORGANIZACIÓN Y FUNCIONES DEL FUERO


MILITAR POLICIAL (LEY N° 29182)
Para corregir los álgidos problemas que dejaron las declara-
ciones de inconstitucionalidad de las Leyes 28665 y 28934, en la
organización del Fuero Militar Policial, el Congreso de la República
emitió la Ley Nº 29182, Ley de Organización y Funciones del Fuero
Militar Policial, de 11 de enero de 2008, que modificada puntual-
mente por el Decreto Legislativo 1096, del 1 de setiembre de 2010
y la Ley N° 29955, de 6 de diciembre de 2012, se encuentra vigente
actualmente, tras haber superado el control de constitucionalidad
al que fue sometida, tras una demanda de inconstitucionalidad in-
coada por el Colegio de Abogados de Lima, a la que nos referiremos
más adelante.

En contraposición con la Ley 28665, excesiva, forzada e irreal,


la actual Ley de Organización y Funciones del Fuero Militar Po-
licial es práctica, simple y en gran medida muy adecuada para el
cumplimiento de los propósitos constitucionales y legales de la ju-
risdicción militar policial.

En el Título Preliminar de la Ley, se precisa que “El Fuero


Militar Policial, previsto en el artículo 173 de la Constitución Polí-
tica del Perú, es un órgano jurisdiccional autónomo, independiente
e imparcial. Es competente únicamente para juzgar los delitos de
función” (Art. I). Es una jurisdicción excepcional e independiente
del Poder Judicial. Su competencia comprende exclusivamente el
ámbito penal militar y policial. En el ejercicio de sus funciones y
atribuciones…, se sujeta a los principios y garantías de la función
jurisdiccional y al pleno respeto de los derechos fundamentales de la
persona.”

De acuerdo con la Ley vigente, la organización del Fuero


Militar Policial descansa sobre tres pilares: i) La organización ju-
risdiccional; ii) La organización fiscal; y, iii) La organización ad-
ministrativa. En el vértice de este trípode se encuentra el Consejo
Ejecutivo, que integrada por los Vocales y Fiscales Supremos, es la
máxima instancia administrativa del Fuero Militar Policial.

198
Temas de Justicia Militar

La organización jurisdiccional tiene como instancia máxima


a la Sala Plena del Tribunal Supremo Militar Policial, que se orga-
niza, para conocer originariamente de las causas incoadas contra
Oficiales Generales y Almirantes y contra Coroneles y Capitanes de
Navío, en dos salas: la Sala Suprema de Guerra, que conoce de las
causas en primera instancia y la Sala Suprema Revisora, que las
conoce en segunda instancia y, en apelación, las causas proceden-
tes de los Tribunales Superiores Militares Policiales . Está también
dentro de la organización jurisdiccional la Vocalía Suprema Militar
Policial, que actúa como Juzgado de Investigación Preparatoria, pa-
ra garantizar los derechos del imputado, resolver las peticiones de
las partes, controlar, si fuera el caso, la acusación, sanear el proce-
so, emitir el auto de enjuiciamiento y elevar los de la materia a la
Sala Suprema de Guerra para el Juzgamiento, entre otros asuntos,
todo ello dentro de un modelo procesal acusatorio garantista, que es
el que rige actualmente en la jurisdicción militar policial.

Siempre en el aspecto jurisdiccional, a nivel de la república,


existen cinco Tribunales Superiores Militares Policiales, denomina-
dos: Tribunal Superior Militar Policial del Norte, con sede en Lam-
bayeque, cuya jurisdicción abarca los departamentos de Tumbes,
Piura, Lambayeque, La Libertad, Cajamarca y Amazonas; el Tri-
bunal Superior Militar Policial del Centro, con sede en Lima, cuya
jurisdicción abarca los departamentos de Ancash, Lima, Ayacucho,
Ica, Junín, Pasco, Huancavelica, Huánuco y la Provincia Consti-
tucional de El Callao; el Tribunal Superior Militar Policial del Sur
con sede en Arequipa, cuya jurisdicción abarca los departamentos
de Arequipa, Moquegua y Tacna; el Tribunal Superior Militar Poli-
cial de Sur Oriente, con sede en el Cusco, cuya jurisdicción abarca
los departamentos de Apurímac, Cusco, Madre de Dios y Puno; y,
el Tribunal Superior Militar Policial del Oriente con sede en Iqui-
tos, cuya jurisdicción comprende los departamentos de Loreto, San
Martín y Ucayali.

Cada tribunal está integrado por tres vocales superiores del


grado de Coronel o Capitán de Navío, todos ellos Oficiales del Cuer-
po Jurídico Militar Policial, en forma mixta, por miembros del Ejér-
cito, de la Marina de Guerra, de la Fuerza Aérea o de la Policía

199
Roosevelt Bravo Maxdeo

Nacional. Esta integración ha resultado adecuada, al haberse re-


ducido de doce tribunales en la organización anterior, a cinco en la
actual, con la consiguiente reducción de personal y medios.

Cada Tribunal cuenta con un número suficiente de Juzgados


Militares Policiales, que hacen un número total de treinta a nivel
nacional, a cargo de un Teniente Coronel, Capitán de Fragata o Co-
mandante, cada uno, indistintamente, de cualquiera de los Institu-
tos de las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional, todos miembros
del Cuerpo Jurídico Militar Policial, quienes actúan, básicamente,
como Jueces de la Investigación Preparatoria que efectúan los Fis-
cales de primera instancia.

Con el modelo anterior, existían, a nivel de la república, 7


Consejos de Guerra Permanentes de las FFAA, 5 Consejos Supe-
riores de Justicia de la Policía Nacional y 86 Juzgados de Instruc-
ción, entre permanentes y sustitutos. El autor propuso, en 2008 y
2009, ante la Sala Plena, la nueva organización del Fuero Militar
Policial, buscando la integración de la jurisdicción militar policial,
la economía de medios y la “real” necesidad de personal. Además,
teniendo en cuenta el nuevo modelo procesal acusatorio que debía
regir en la jurisdicción militar Policial, que requiere de operadores
altamente capacitados; así como, la cantidad de causas que se tra-
mitaban en ese entonces, que disminuyeron a raíz de los recortes
competenciales que se dieron en la jurisdicción militar policial, tras
las sentencias de inconstitucionalidad recaídas en los expedientes
0023-2003-AI/TC y 0012-2006-AI/TC, entre otras razones. Los Tri-
bunales Superiores de redujeron de 12 a 5 y los Juzgados de 86 a 30.

La organización fiscal, por su parte, sufrió una transforma-


ción aún más drástica, dado que con la organización anterior en
cada Consejo de Guerra o Consejo Superior, solo habían dos (2) fis-
cales y hoy, su organización es paralela a la jurisdiccional. En el
nivel más alto de la organización se encuentra la Fiscalía Suprema
Militar Policial, que “es el órgano que dirige y orienta el ejercicio de
la función fiscal en el Fuero Militar Policial” (Art. 24). Está inte-
grada por tres (3) Fiscales Supremos, todos Oficiales Generales y
Almirantes del Cuerpo Jurídico Militar Policial, que proceden de los

200
Temas de Justicia Militar

Institutos de las Fuerzas Armadas o Policía Nacional. Actúan ante


las respectivas Salas Supremas y la Vocalía Suprema.

En el nivel superior, ante cada Tribunal Superior Militar Poli-


cial, existe un Fiscal Superior del grado de Coronel o su equivalente
en la Marina de Guerra; y ante los Juzgados Militares Policiales,
actúa un Fiscal Militar Policial del grado de Teniente Coronel o su
equivalente, cuya función esencial es la investigación preparatoria.

En la instancia jurisdiccional suprema, los tres Vocales


Supremos que integran la Sala Suprema Revisora, son Oficiales
Generales o Almirantes en situación de retiro y uno de ellos, por
elección de sus pares, preside el Fuero Militar Policial. Así mis-
mo, el Fiscal Supremo ante dicha Sala, que también preside a los
Fiscales, es un Oficial General o Almirante en situación de retiro,
todo ello, en razón de preservar la autonomía, independencia e im-
parcialidad de los Magistrados Militares y que constituye también
una recomendación del Tribunal Constitucional en la sentencia
recaída en el expediente 0001-2009-PI/TC, a raíz de la demanda
de inconstitucionalidad incoada por el Colegio de Abogados de Li-
ma, contra la Ley N° 29182, Ley de Organización y Funciones del
Fuero Militar.

En dicha sentencia, el Tribunal Constitucionalidad, haciendo


overruling, dejó sin efecto varias de sus sentencias anteriores con-
tra normas de la jurisdicción militar policial. Precisó que los artí-
culos de la de Ley de Organización y Funciones demandadas eran
constitucionales y, en términos generales, dijo:

1. Que el Presidente de la República sí puede nombrar a los Vo-


cales y Fiscales Supremos Militares Policiales;

2. Que los Oficiales en situación de actividad sí pueden ser Jue-


ces y Fiscales Militares Policiales, a condición de que sean Ofi-
ciales de servicios, abogados;

3. Que sí puede haber una Fiscalía Militar Policial en el Fuero


Militar Policial, integrado por Oficiales de servicios, aboga-
dos, distinto al Ministerio Público;

201
Roosevelt Bravo Maxdeo

4. Que el Consejo Nacional de la Magistratura es competente


para nombrar a Jueces y Fiscales de la jurisdicción común; y,

5. Que los Jueces de la jurisdicción militar policial, tienen su-


ficientes garantías legales de autonomía, independencia, im-
parcialidad e inamovilidad, entre otras cuestiones.

Finalmente, está la organización técnico-administrativa que


sirve de soporte al trabajo jurisdiccional y fiscal. La Dirección Eje-
cutiva es el máximo órgano administrativo que maneja las cuestio-
nes de personal, de logística y económico financieros, pues el Fuero
Militar Policial constituye un Pliego Presupuestal que asegura su
independencia.

Para el control de la eficiencia y honestidad de la labor ju-


risdiccional y fiscal, está el Órgano de Control de la Magistratura
Militar Policial; como órgano de control administrativo interno es-
tá la Inspectoría General del Fuero Militar Policial; para el con-
trol presupuestal, el Órgano de Control Interno que depende de la
Contraloría General de la República; y, cuenta, además, con una
Procuraduría Pública, entre otros. La estructura organizacional del
Fuero se muestra, esquemáticamente, al final del artículo.

IX. A MANERA DE CONCLUSIÓN


Podríamos decir que la organización de la jurisdicción mili-
tar policial ha pasado por lo menos por tres etapas. Una primera,
entre 1898 y 1950, durante la vigencia de los Códigos de Justicia
Militar de 1898 y 1939, en la que se manejó con jueces y tribunales
eventuales; una segunda, entre 1950 y 1996, en la que los juzgados,
tribunales y fiscalías se hicieron permanentes y se integraron, en la
parte técnica, con Oficiales del Cuerpo Jurídico Militar, abogados
con grado militar, asimilados a la organización de las FFAA y las
entonces FFPP; y, una tercera, a partir de 1996, en la que, gradual-
mente, los Oficiales del Cuerpo Jurídico Militar Policial empezaron
a cubrir los puestos de jueces, vocales, fiscales, relatores, secreta-
rios y defensores de oficio.

202
Temas de Justicia Militar

Con la promulgación de la Ley N° 29182, todos los puestos


de la magistratura fueron cubiertos por Oficiales del Cuerpo Jurí-
dico Militar Policial; la organización del Fuero Militar Policial se
optimizó, integrándose los tribunales con miembros de las FFAA y
de la PNP. La organización jurisdiccional y fiscal son autónomas y
sus papeles están claramente definidos en la Ley de Organización y
Funciones y en el Código Penal Militar Policial de 2010: los jueces
juzgan y los fiscales investigan, como elemento esencial de un pro-
ceso acusatorio garantista.

Finalmente, la organización del FMP se ha fortalecido tras la


STC 00001-2009-AI/TC, que ha confirmado la constitucionalidad de
la Ley N° 29182, Ley de Organización y Funciones del Fuero Militar
Policial y dijo, entre otras cosas: 1). Que el Presidente de la Repú-
blica sí puede nombrar a los Vocales y Fiscales Supremos Militares
Policiales; 2). Que los Oficiales en situación de actividad sí pueden
ser Jueces y Fiscales Militares Policiales, a condición de que sean
Oficiales de servicios, abogados; 3). Que sí puede haber una Fiscalía
Militar Policial en el Fuero Militar Policial, integrado por Oficia-
les de servicios, abogados, distinto al Ministerio Público; 4). Que el
Consejo Nacional de la Magistratura es competente para nombrar
a Jueces y Fiscales de la jurisdicción común; y, 5). Que los Jueces de
la jurisdicción militar policial, tienen suficientes garantías legales
de autonomía, independencia, imparcialidad e inamovilidad, entre
otras cuestiones.

203
Roosevelt Bravo Maxdeo

ESTRUCTURA ORGANIZACIONAL DEL FUERO MILITAR POLICIAL

ORGANIZACIÓN

CONSEJO EJECUTIVO

ÓRGANOS ÓRGANOS
JURISDICCIONALES FISCALES

Órganos de Defensoría de Órganos Técnico Órganos de


Control Oficio Administrativos Defensa Judicial

CONSEJO EJECUTIVO

Oficiales Generales y Almirantes Oficiales Generales y Almirantes


en situación de actividad (08) en situación de retiro (04)

- Máximo órgano de gobierno y administración.


- Conformado por Oficiales Generales y Almirantes del CJMP.
- Aprueba la organización técnica y administrativa.
- Aprueba instrumentos de gestión administrativa y funcional.
- Designa Vocales y Fiscales Superiores; Jueces y Fiscales.

204
Temas de Justicia Militar

ESTRUCTURA ORGANICA JURISDICCIONAL

TRIBUNAL SUPREMO MILITAR POLICIAL

TRIBUNALES SUPERIORES MILITARES POLICIALES

SUR
NORTE CENTRO SUR ORIENTE
ORIENTE

Juzgados Militares Policiales


7 JMP 17 JMP 22 JMP 25 JMP 29 JMP
6 JMP 16 JMP 21 JMP 24 JMP 28 JMP
5 JMP 15 JMP 20 JMP 23 JMP 27 JMP
4 JMP 14 JMP 19 JMP 26 JMP
3 JMP 13 JMP
2 JMP 12 11
JMPJMP 18 JMP
1 JMP
10 JMP
9 JMP
8 JMP
JMP - VRAEM

TRIBUNAL SUPREMO MILITAR POLICIAL

• Para ejercer funciones jurisdiccionales

SALA SUPREMA REVISORA


Dos Generales y un Contralmirante
en situación de retiro

SALA SUPREMA DE GUERRA TSMP - N


Tres Generales y un Contralmirante TSMP - C
en situación de actividad
TSMP - S
TSMP - SO
VOCALÍA SUPREMA
Un General o Contralmirante TSMP - O
en situación de actividad

205
Roosevelt Bravo Maxdeo

TRIBUNALES SUPERIORES MILITARES POLICIALES

• Órganos de Juzgamiento.
• Conformación: 3 Coroneles o Capitanes de Navío.
• Competencia territorial:
TSMP Oriente

TSMP Norte

TSMP Sur Oriente

TSMP Centro

TSMP Sur

ESTRUCTURA ORGANICA FISCAL

FISCALÍA SUPREMA MILITAR POLICIAL

FISCALÍAS SUPERIORES MILITARES POLICIALES

SUR
NORTE CENTRO SUR ORIENTE
ORIENTE

7 FMP 17 FMP 22 FMP 25 FMP 29 FMP


6 FMP 16 FMP 21 FMP 24 FMP 28 FMP
5 FMP 15 FMP 20 FMP 23 FMP 27 FMP
4 FMP 14 FMP 19 FMP 26 FMP
3 FMP 13 FMP 18 FMP
2 FMP 12 FMP
1 FMP 11 FMP
10 FMP
9 FMP
8 FMP
FMP-VRAEM

206
Temas de Justicia Militar

FISCALÍA SUPREMA MILITAR POLICIAL

• Para ejercer funciones:

FISCALÍA SUPREMA ANTE LA


SALA SUPREMA REVISORA
Oficial General o Almirante en retiro

FISCALÍA SUPREMA ANTE LA


SALA SUPREMA DE GUERRA
Oficial General o Almirante en actividad

FISCALÍA SUPREMA ANTE


LA VOCALÍA SUPREMA
Oficial General o Almirante en actividad

FISCALÍAS SUPERIORES MILITARES POLICIALES

• Ejercen ante TSMP.


• Conformación: 1 Coronel o Capitanes de Navío.
• Competencia territorial:
FSMP Oriente

FSMP Norte

FSMP Sur Oriente

FSMP Centro

FSMP Sur

207
Roosevelt Bravo Maxdeo

EL CENTRO DE ALTOS ESTUDIOS DE


JUSTICIA MILITAR DEL FUERO MILITAR
POLICIAL DEL PERÚ169

I. ANTECEDENTES DE LA CREACION DEL CENTRO


DE ALTOS ESTUDIOS DE JUSTICIA MILITAR
La Constitución Política de 1993 estableció en su artículo
151°, que “La Academia de la Magistratura, que forma parte del
Poder Judicial, se encarga de la formación y capacitación de jueces
y fiscales en todos sus niveles, para los efectos de su selección”. Dice
también, que “Es requisito para el ascenso (de los magistrados) la
aprobación de los estudios especiales que requiera dicha Acade-
mia”.

En relación con este mandato constitucional, el 21 de julio de


1994 se promulgó la Ley N° 26335, “Ley Orgánica de la Academia
de la Magistratura”, donde se le reconoce personería de derecho pú-
blico interno, autonomía administrativa, académica y económica, y
de acuerdo con el artículo 2° de la Ley, tiene por objeto: a) La forma-
ción académica de los aspirantes a cargos de magistrado del Poder
Judicial o del Ministerio Público; b) La capacitación académica para
los ascensos de los magistrados del Poder Judicial o del Ministerio
Público; y c) La actualización y perfeccionamiento de los magistra-
dos del Poder Judicial y del Ministerio Público.

La Academia de la Magistratura inició sus funciones en 1995,


estableciendo tres líneas de formación académica de carácter per-
manente denominadas Programas: Programa de Formación de

169
Este artículo fue publicado en el libro que el Centro de Altos Estudios de Justicia
Militar editó con ocasión del II Foro Interamericano Sobre Justicia Militar y Derecho
Operacional, que se llevó a cabo entre el 26 y el 28 de agosto de 2014, en la ciudad
de Lima, p. 127-129.

208
Temas de Justicia Militar

Aspirantes (PROFA), Programa de Actualización y Perfecciona-


miento (PAP), Programa de Capacitación para el Ascenso (PCA)170.

Estos antecedentes sirvieron para que en 1996, el Presi-


dente del entonces Consejo Supremo de Justicia Militar, General
de División Guido Guevara Guerra, presentara al Congreso de la
República un proyecto de Ley para modificar varios artículos de los
Decretos Leyes 23201 y 23214, Ley Orgánica de Justicia Militar y
Código de Justicia Militar (promulgados en julio de 1980), respec-
tivamente, y se creara un Centro de Altos Estudios de Justicia Mili-
tar en el ámbito de la jurisdicción militar, a semejanza de la Aca-
demia de la Magistratura que ya funcionaba para la capacitación de
los jueces y fiscales de la jurisdicción común.

Las gestiones del General Guevara dieron sus frutos y el 22


de octubre de 1996 se promulgó la Ley N° 26677, que modificaba los
Decretos Legislativos N° 23201 y 23214 y creaba el Centro de Al-
tos Estudios de Justicia Militar. El artículo 7° de la Ley precisaba:
“Créase el Centro de Altos Estudios de Justicia Militar, como organ-
ismo dependiente de la Presidencia del Consejo Supremo de Justicia
Militar, con la finalidad de preparar y perfeccionar al personal del
Cuerpo Jurídico Militar.”

II. LABOR DEL CENTRO DE ALTOS ESTUDIOS DE JUS-


TICIA MILITAR EN LOS AÑOS 1996 A 2010
Una de las primeras acciones del director del recién crea-
do “Centro de Altos Estudios de Justicia Militar” fue suscribir un
acuerdo con la Academia de la Magistratura del Poder Judicial para
que Oficiales del Cuerpo Jurídico Militar que prestaban servicios en
el Fuero Militar asistan a los cursos de capacitación que se dictaban
en dicha Academia, autorizándose la presencia de 10 de ellos.

<http://www.amag.edu.pe/academia-de-la-magistratura/quienes-somos/> (10/10/2014).
170

209
Roosevelt Bravo Maxdeo

Un segundo evento de importancia que propició la Academia,


fue la suscripción de un convenio con la Unidad de Post Grado de la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, para la realización de
una Maestría en Derecho Penal Militar, que se llevó a cabo en los
años de 1997 y 1998, con la concurrencia de 14 Oficiales del Cuerpo
Jurídico Militar y abogados civiles, maestría que concluyó con éxito.

Más adelante, se realizaron otras actividades académicas por


convenios suscritos con universidades, como una Maestría en Dere-
cho Administrativo, un Doctorado en convenio con la Universidad
Nacional Federico Villareal, la celebración más o menos periódica
de conferencias sobre temas de Derecho Penal Militar y la organi-
zación de puntuales eventos internacionales sobre esta misma ma-
teria, entre otras actividades académicas.

Esta década estuvo marcada por las demandas de inconstitu-


cionalidad que la Defensoría del Pueblo, el Colegio de Abogados de
Lima, en forma reiterada, y el Colegio de Abogados de Lambayeque
plantearon ante el Tribunal Constitucional, con la participación ac-
tiva de organizaciones no gubernamentales, contra las leyes de or-
ganización del Fuero Militar Policial, el Código de Justicia Militar
y otras normas afines.

En esa vorágine de cambios normativos, el 6 de enero del 2006


se promulgó la Ley N° 28665, “Ley de Organización, Funciones y
Competencia de la Jurisdicción Especializada en materia Penal
Militar Policial”, que sustituyó al Decreto Ley N° 23201, “Ley Or-
gánica de Justicia Militar”, varios de cuyos artículos habían sido
demandados por la Defensoría del Pueblo ante el Tribunal Consti-
tucional, declarándolos este tribunal inconstitucionales en la sen-
tencia recaída en el Expediente N° 0023-2003-AI/TC.

En cuanto al Centro de Altos Estudios de Justicia Militar,


la Ley N° 28665 estableció, en la disposición transitoria décima
segunda, el cambio de nombre del Centro y su dependencia en la
nueva organización, en los término siguientes: “La Academia de la
Magistratura Penal Militar Policial, depende del Consejo Superior
Penal Militar Policial, constituye el órgano de instrucción de la Ju-
risdicción Especializada en materia Penal Militar Policial, a fin de

210
Temas de Justicia Militar

brindar capacitación permanente a los integrantes del Cuerpo Ju-


rídico Militar Policial y del Cuerpo Fiscal Penal Militar Policial.”

La Ley N° 28665 no tuvo en realidad una vigencia práctica,


dado que al poco tiempo de promulgarse la Fiscal de la Nación
impugnó su constitucionalidad, lo que igualmente hizo el Decano
del Colegio de Abogados de Lima. El Tribunal Constitucional les
dio la razón a los demandantes y en las sentencias recaídas en los
Expedientes N° 0004-2006-PI/TC y Nº 0006-2006-PI/TC, declaró
inconstitucionales los artículos demandados de la Ley N° 28665,
haciéndose la Ley impracticable y siendo necesario legislar nueva-
mente sobre la materia.

En tal sentido, el 10 de enero del 2008 se promulgó la Ley N°


29182, “Ley de Organización y Funciones del Fuero Militar Policial”,
que igualmente fue materia de una demanda de inconstitucionali-
dad por el Colegio de Abogados de Lima. El Tribunal Constitucional
declaró constitucionales los artículos de la Ley demandados y sentó
un precedente importante para la continuidad del Fuero Militar Po-
licial (Expediente N° 00001-2009-PI/TC). Esta Ley establece, en su
disposición complementaria única que:

“El Centro de Altos Estudios de Justicia Militar, creado por la


Ley Nº 26677, es un órgano desconcentrado del Fuero Militar Po-
licial. Depende del Presidente del Tribunal Supremo Militar Po-
licial. Capacita y perfecciona a los miembros del Cuerpo Jurídico
Militar Policial.

Su Director es un Vocal Supremo, Oficial General o Almirante


en situación de actividad, designado por el Pleno del Tribunal
Supremo Militar Policial por un periodo de un (1) año. Puede ser
llamado a integrar Sala cuando sea necesario.

Su Reglamento será aprobado por acuerdo del Consejo Ejecutivo


del Fuero Militar Policial.”

Hoy, este mandato legal se cumple plenamente y se ha for-


mulado un Reglamento interno para establecer con amplitud y en
concordancia con la realidad la organización y objetivos del Centro
de Altos Estudios de Justicia Militar.

211
Roosevelt Bravo Maxdeo

III. LABOR DEL CENTRO DE ALTOS ESTUDIOS DE JUS-


TICIA MILITAR EN LOS AÑOS DE 2011 A 2014
Al haber pasado la Ley N° 29182 el control de constituciona-
lidad al que fue sometido por el Tribunal Constitucional (Expedi-
ente N° 00001-2009-PI/TC), se hizo necesario, entre otras cosas, la
dación de un nuevo Código Penal Militar Policial, cosa que ocurrió
con la dación del Decreto Legislativo N° 1094, promulgado el 31
de agosto del 2010. Este Código Penal Militar Policial establece un
modelo procesal acusatorio, que se encuentra vigente desde el 1° de
enero del 2011, a nivel nacional.

El desafío de la aplicación del modelo procesal acusatorio,


hizo que el Centro de Altos Estudios de Justicia Militar cobrara
trascendental importancia, al establecerse un programa especial
de capacitación para los jueces y fiscales de la jurisdicción militar
policial. En este rubro, a la fecha se han llevado adelante ocho
cursos de primer nivel: cinco en Lima, uno en Arequipa, uno en el
Cusco y uno en Lambayeque, ciudades donde existen Tribunales
Militares Policiales, habiéndose instruido a 350 abogados, de los
cuales unos 320 son Oficiales del Cuerpo Jurídico Militar Policial,
habiéndose realizado en todos los cursos pasantías en juzgados y
fiscalías de la jurisdicción común donde se aplica el proceso acu-
satorio. Se ha llevado a cabo también un curso de segundo nivel
para magistrados militares policiales y muchos otros cursos para
preparar a relatores de sala, secretarios de juzgados, adjuntos de
fiscales, entre otros.

Las necesidades reales de capacitación ha propiciado que el


trabajo del Centro de Altos Estudios de Justicia Militar se incre-
mente y la preparación académica se extienda también a las perso-
nas que laboran brindando apoyo administrativo y técnico a la labor
jurisdiccional y fiscal. De otro lado, dado que estas necesidades de
capacitación rebasan la capacidad del Centro, se han firmado nu-
merosos convenios con universidades, principalmente para cursos
de post grado.

El Centro de Altos Estudios de Justicia Militar, viene también


publicando la revista “El Jurista del Fuero Militar Policial”, para

212
Temas de Justicia Militar

divulgar entre el público especializado temas esenciales relaciona-


dos con el Derecho Penal Militar Policial, el Derecho Internacional
Humanitario, el Derecho Operacional y otras materias afines. Se
han publicado hasta la fecha, a partir del 2012, tres números; el
tercero en agosto del presente año y esperamos publicar el cuarto
número en diciembre de este año, con la colaboración de autores
nacionales y extranjeros.171 En términos generales, la acogida que
el público especializado le ha brindado a la revista ha sido buena,
lo que nos impulsa, a los que trabajamos en el Centro, a reavivar
constantemente nuestro empeño para que la revista cumpla con los
estándares de calidad que nos hemos propuesto.

Otra faceta del trabajo del Centro tiene que ver con la publi-
cación de material bibliográfico valioso, a través de su línea edito-
rial, cuyo primer fruto ha sido la reedición del libro “Fuerzas Mo-
rales Militares”, escrito por el Coronel del Cuerpo Jurídico Militar
Hernán Augusto Monsante Rubio en 1969 y cuyo propósito es influ-
ir en la conciencia de los lectores sobre la necesidad de practicar los
valores que en el libro se estudian y detallan con prolijidad. Espe-
ramos, en un futuro inmediato, que este desafío fructifique y tenga-
mos que mostrar a través de la edición de libros, aportes esenciales
para la preparación profesional y ética no solo de los integrantes del
Fuero Militar Policial, sino también de los miembros de las Fuerzas
Armadas y de la Policía Nacional del Perú.172

Este mismo libro que usted tiene entre sus manos amigo lec-
tor, es fruto de nuestro empeño por hacer conocer a la comunidad en
general la labor del Fuero Militar Policial del Perú en el desarrollo
del Derecho Militar, en su acepción más amplia, al tratar temas re-
lacionados con el Derecho Internacional Humanitario y el Derecho

171
Hasta el mes de setiembre de 2015, se han reeditado los números 1 y 2 de la revis-
ta, por haberse agotado las ediciones anteriores y publicado los números 4 y 5, en
diciembre de 2014 y agosto de 2015, respectivamente.
172
Se ha publicado también, en el mes de octubre de 2014, el libro “Personajes de la
Justicia Militar”, del Teniente Coronel EP Roosevelt Bravo Maxdeo. En abril de
2015, se ha reeditado el libro “Retórica Forense”, del doctor Miguel Antonio de la
Lama, primer Fiscal General de la jurisdicción militar policial.

213
Roosevelt Bravo Maxdeo

Operacional, entre otros, y en particular temas de Derecho Penal


Militar, que es nuestra primera preocupación.

Nuestro Director, el Contralmirante Julio Pacheco Gaige, al


escribir la introducción de este libro, hace referencia a los diferentes
eventos internacionales en los que el Fuero Militar Policial ha es-
tado presente, como organizador o participante, en los últimos años;
les aseguro, porque somos testigos de excepción, que el Centro de
Altos Estudios de Justicia Militar ha estado involucrado en la orga-
nización de la mayoría de ellos que se han llevado a cabo en el Perú,
lo que nos autoriza a declarar sin ambages, que han sido necesarios
y útiles para conocer mejor el Derecho Militar y el acercar a las jus-
ticias militares de América, que hoy han organizado una Secretaría
General del Foro de Derecho Militar , que el Perú tiene hoy el en-
cargo de organizarlo. Con este importante paso dado, otros “gallos
nos cantarán” en el trabajo de globalización de la Justicia Militar y
en Centro de Altos Estudios de Justicia Militar estaremos siempre
“al pie del cañón” para coadyuvar a que ese propósito se cumpla.

214
BIOGRAFIAS
BIOGRAFÍA DEL VICEALMIRANTE MANUEL
ANTONIO VILLAVISENCIO FREYRE173

El Vicealmirante Manuel Antonio Villavisencio Freyre nació


en Lima, el 13 de junio de 1842 y realizó sus estudios escolares
en el Colegio Peruano-Francés. Ingresó a la Escuela Militar y Na-
val, como alumno, a los 13 años de edad, el 1° de agosto de 1855,
egresando de ella como Guardia Marina el 29 de julio de 1857. Inició
su carrera naval en el vapor de guerra “Izcuchaca” y asistió al blo-
queo de Guayaquil en 1859 y 1860, a órdenes del Contralmirante
Ignacio Mariátegui Tellería. Sirvió en las fragatas “Apurímac”, “Ar-
ica” y “Ucayali” y el 21 de mayo de 1865 fue destinado al “Chalaco”,
de donde, ascendido a Teniente Primero efectivo, fue trasladado al
Monitor “Huáscar”, a órdenes del Comandante Miguel Grau, el 29
de setiembre de 1865.

Durante el conflicto con España, hizo la campaña en el litoral


chileno, después del bombardeo de Valparaíso por la Escuadra Es-
pañola, por lo que no estuvo en el Combate Naval del Dos de Mayo
de 1866. Con el grado de Capitán de Fragata, comandó el vapor de
guerra “Maire” en 1872 y en 1877 se le confió el mando del Trans-
porte “Chalaco”, que tuvo que dejar por haber ascendido a la clase

173
Este artículo se publicó en la revista “El Jurista del Fuero Militar Policial”, Año III,
N° 3, Agosto 2014, en cuya carátula apareció el retrato del Vicealmirante Villavi-
sencio. Fue este ilustre marino vocal del Consejo Supremo de Guerra y Marina y
varias veces presidente del Consejo de Oficiales Generales, hechos que propiciaron
escribiéramos esta breve biografía.

217
Roosevelt Bravo Maxdeo

de Capitán de Navío graduado, el 29 de abril de 1879, declarada ya


la guerra con Chile.

En marzo de 1880, ante la difícil situación de las tropas pe-


ruanas en Tacna y Arica, por el bloqueo marítimo impuesto por los
chilenos, el Presidente Piérola mandó llamar al Comandante Vil-
lavisencio y le dijo: “Arica está bloqueada por la Escuadra chilena;
es imperativo romper el bloqueo y llevar fuerzas suficientes para
la defensa de Tacna y Arica”, respondiendo el marino: “Ahora que
mando un buque mejor no vacilo en decirle a V. E., que entraré al
Puerto sobre la Escuadra bloqueadora… Del regreso no puedo re-
sponder, pero cumpliré con mi deber…”. Así lo hizo Villavisencio,
rompió el bloqueo con la Corbeta “Unión” el 17 de marzo de 1880,
dejó en puerto los pertrechos y el personal que transportaba, y no
obstante haber sido alcanzado por fuego enemigo en el fondeadero,
salió de él audazmente, “estrechándose hacia el Morro” y “Rasgando
la Isla del Alacrán para alargar más la distancia al enemigo”, volvi-
endo así a romper nuevamente el bloqueo.174

La hazaña de Villavisencio fue ampliamente publicitada y


los propios chilenos reconocerán su pericia marinera y su valentía;
siendo así, que el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna
dice: “Villavisencio es de escasa figura, como físico, pero de hígados
hinchados y alto pecho…”175 y Víctor Mantilla que “su mediana es-
tatura parecía aumentada, su rostro iluminado; era el espíritu de
Grau que pasaba junto a ese corazón retemplando sus fibras…”176

El Comandante Villavisencio, que había ascendido a Capitán


de Navío efectivo el 17 de marzo de 1880, sostuvo otros hechos de
armas con los chilenos al mando de la “Unión”, durante el bloqueo
del Callao y en vísperas de las batallas de San Juan y Miraflores.

174
GAMBETTA Néstor, Héroes y Marinos Notables, Apuntes Biográficos, Volumen
I, Ministerio de Marina, Dirección General de Intereses Marítimos, Museo Naval,
1982, p. 157 a 168.
175
Ídem, p. 163.
176
MANTILLA Víctor, RIVAS Ernesto y GONZÁLES Nicolás, Nuestros Héroes – Epi-
sodios Nacionales de la Guerra del Pacífico, T.I, Lima- Perú, 1979 (OIEE), p 67 y Ss.

218
Temas de Justicia Militar

Defendió el Puerto de Chorrillos con la batería que se estableció en


el barranco de Miraflores y fue el Comandante de la ciudadela del
cerro “San Cristóbal”.

Resulta significativo resaltar, igualmente, que dos de los hijos


del Almirante Villavisencio combatieron en la Guerra del Pacífico:
Grimaldo, como cadete (aspirante), estuvo a bordo del “Huáscar” en
el combate naval de Angamos, donde fue herido y hecho prisionero
y Alfredo, estuvo embarcado en la corbeta “Unión”, al lado de su pa-
dre, quién andando el tiempo alcanzó la clase de Capitán de Navío.

Fue nombrado Prefecto, sucesivamente, de Ica el 15 de junio


de 1881, por el Presidente García Calderón, del Cusco el 5 de abril
de 1882 y el 31 de mayo de 1883 de Arequipa. El 14 de diciembre de
1885 fue designado Comandante del Transporte “Santa Rosa”. El 3
de marzo de 1893 fue nombrado Ministro de Guerra y Marina por
el General Andrés A. Cáceres. Volvió luego a la comandancia del
“Santa Rosa” y el 25 de setiembre de 1894 se hizo cargo del Crucero
“Constitución”, de reciente adquisición.

El Gobierno propuso al Congreso, el 25 de noviembre de 1894,


el ascenso del Comandante Villavisencio a la alta clase de Con-
tralmirante, con cuyo grado asumió la Comandancia General de la
Escuadra el 31 de noviembre de 1894, cargo que ocupó hasta el 30
de marzo de 1895. Desempeñó posteriormente otros cargos, como
el de Director de la Escuela Naval de la Punta, encargándose nue-
vamente de la Cartera de Guerra y Marina (1902-1904). En 1910
fue nombrado Comandante General de Instrucción. En 1912 viajó
a Francia para vigilar la construcción de los dos primeros sumerg-
ibles que tuvo el Perú: el “Ferré” y el “Palacios”177.

177
Ambos sumergibles fueron puestos en servicio el 19 de agosto de 1911 y arribaron
al Perú en octubre de 1912 y octubre de 1913, a bordo del buque dique “Kangourou”,
siendo los comandantes los Tenientes Primeros Juan Althaus Dartnell y José R. Gál-
vez Chipoco, del “Ferré” y “Palacios”, respectivamente. (Historia del Submarino en
Sudamérica y en el Perú, publicación del Consulado General del Perú en Guayaquil,
Primera Edición, Mayo 2012, Lima-Perú)

219
Roosevelt Bravo Maxdeo

En cuanto a su actuación en el Fuero Militar, se integró al


entonces Consejo Supremo de Guerra y Marina el 22 de febrero de
1905, con el grado de Contralmirante. El acta de la sesión preci-
sa: “En este estado ingresó a la sala el Señor Contralmirante Don
Manuel A. Villavisencio, se suspendió la sesión privada y en sesión
pública, previa lectura de la nota transcribiendo el decreto supremo
de su nombramiento de vocal de este Supremo Consejo, se le tomó
el juramento de ley y quedó incorporado a él”178, permaneciendo en
el cargo hasta el 31 de octubre de 1906, fecha en que cesó el Con-
sejo Supremo de Guerra y Marina, al haberse creado el Consejo de
Oficiales Generales por Ley N° 273, promulgada el 27 de octubre
de 1906. El Contralmirante Villavisencio prestó juramento como su
primer Presidente, el 7 de diciembre de 1906179, a las tres y cuarto
de la tarde, en el salón de recepciones especiales del Palacio de Go-
bierno, ante el Presidente de la República, Doctor José Pardo, ejer-
ciendo la presidencia del Consejo hasta la sesión del 27 marzo de
1909, continuando como Vocal hasta el 4 de abril de 1910, fecha en
que fue nombrado Comandante General de la División Naval.

En la sesión del veintiuno de enero de 1911, se dio cuenta de


un oficio del Ministro de Guerra, transcribiendo la resolución su-
prema que, “por haber desaparecido las causales que motivaron la
formación de la división naval de instrucción, cese en el cargo de Co-
mandante General de la expresada división el señor Contralmirante
don Manuel A. Villavisencio, dándosele las gracias por los buenos
servicios que ha prestado al país durante el tiempo que ha desem-
peñado el comando, debiendo en consecuencia volver a incorporarse
al Consejo de Oficiales Generales, del que forma parte conforme a la
ley.”180

Presidió nuevamente el Consejo de Oficiales Generales entre


la sesión del 23 de junio y el 29 de setiembre de 1914 (20 sesiones)

178
Libro de Sesiones Ordinarias del Consejo Supremo de Guerra y Marina N° 1, p. 327.
179
Libro de Sesiones Ordinarias del Consejo de Oficiales Generales N° 2, p. 61-63.
180
Libro de Sesiones Ordinarias del Consejo de Oficiales Generales N° 2, p. 382.

220
Temas de Justicia Militar

y entre el 15 de junio de 1915 y el 6 de junio de 1916, pasando a la


situación de retiro por límite de edad en el grado.

Entre otros cargos no castrenses, el Almirante Villavisencio


fue Senador de la República por del departamento de Áncash y la
Provincia Constitucional del Callao. En 1923 fue elegido Presidente
del Partido Constitucional, a la muerte del Mariscal Cáceres.

El Congreso de la Republica premió sus servicios a la Nación,


ascendiéndolo al grado de Vicealmirante, mediante Resolución Leg-
islativa N° 4813, promulgada el 3 de diciembre de 1923. Dos años
más tarde, el 20 de diciembre de 1925, falleció a la edad de 84 años.

En la sesión del Consejo de Oficiales Generales del 21 de


diciembre de 1925, el Contralmirante José Ernesto de Mora mani-
festó: “(…) según es notorio, ha fallecido el señor Vicealmirante don
Manuel A. Villavisencio, que ha presidido varias veces el Consejo,
correspondiendo a este llevar la palabra al acto del sepelio”, acor-
dando el Tribunal que el propio Contralmirante Mora pronunci-
ara el discurso fúnebre. En seguida el señor Contralmirante Mora
expresó: “(…) que como homenaje a la memoria del Vicealmirante
fallecido, recordando las gloriosas acciones en su brillante carrera
de marino, pedía se reconcentrara el pensamiento unos instantes en
esa ilustre personalidad, que dio días de verdadera satisfacción a
la patria, poniéndose de pie por un momento y levantándose la ses-
ión.” 181 En la sesión del 28 de diciembre el Contralmirante Mora
dio cuenta que cumplió la misión que se le había encomendado y el
Consejo, a través de su Presidente, lo congratuló por “la manera tan
satisfactoria” con que lo hizo.182

Por Ley N° 5841, de 14 de junio de 1927, se mandó erigir en


el Cementerio General de Lima, un Mausoleo, en nombre de la Na-
ción, al cual fueron trasladados los restos mortales del Almirante
Villavisencio, en ceremonia especial. Desde 1988 descansa en un

181
Libro de Sesiones Ordinarias del Consejo de Oficiales Generales N° 11, p. 352.
182
Libro de Sesiones Ordinarias del Consejo de Oficiales Generales N° 11, p. 354.

221
Roosevelt Bravo Maxdeo

sarcófago del segundo nivel de la Cripta de los Héroes, donde tam-


bién se encuentra enterrado, en un nicho, el Capitán de Corbeta
Grimaldo Villavisencio, su hijo.183

Entre muchos otros reconocimientos, un buque de la Arma-


da, el BAP Villavisencio (FM-52), lleva su nombre; así mismo, el
Instituto Nacional Educación Industrial N° 28, un parque en la ur-
banización Aurora de Miraflores y varias calles en Lima y otras
ciudades del Perú llevan su nombre.

183
Obtenido de: <http://www.wikilima.com/mediawiki/index.php?title=LA_
CRIPTA_DE_LOS_HEROES>, el 23 de julio de 2014.

222
JOSÉ GABRIEL GÁLVEZ EGÚSQUIZA PATRONO
DEL FUERO MILITAR POLICIAL DEL PERÚ184

I. APUNTES BIOGRÁFICOS DEL CORONEL JOSÉ GA-


BRIEL GÁLVEZ EGÚSQUIZA.
El Coronel José Gabriel Gálvez Egúsquiza nació en Cajamar-
ca el 19 de marzo de 1819. Sus padres fueron el coronel José Manuel
Gálvez Paz y María Micaela Egúsquiza y Aristizábal. Tuvo como
hermanos a Pedro José, abogado, político, educador y diplomático
y a Manuel María, también abogado, magistrado, catedrático uni-
versitario y político. Los “célebres hermanos Gálvez”, liberales por
antonomasia, se distinguieron como figuras notables de su época.

José Gabriel, nuestro personaje materia de la presente nota,


realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio Central
de Ciencias y Artes de Cajamarca. En 1842 viajó a Lima e ingresó
al Convictorio de San Carlos, colegio mayor de la Universidad de
San Marcos. Se graduó de abogado en 1845 ante la Corte Superior
de Justicia de Lima y el 2 de enero de 1846 se inscribió en el Co-
legio de Abogados de Lima.185 El 7 de setiembre de 1846 contrajo
matrimonio con Doña Ángela Moreno y Maíz, hija de un acaudalado

184
Esta biografía se publicó en la revista “El Jurista del Fuero Militar Policial”, Año III,
N° 4, Diciembre 2014, en cuya carátula apareció el retrato del Coronel José Gabriel
Gálvez Egúsquiza, con ocasión de haber sido reconocido como Patrono del Fuero
Militar Policial.
185
DEL SOLAR ROJAS Francisco José, Publicado en el suplemento Jurídica, del diario
El Peruano, N° 74, del 29 de noviembre de 2005.

223
Roosevelt Bravo Maxdeo

minero y ejerció su profesión de abogado en Junín (Tarma) y Cerro


de Pasco.

Regresó a Lima en 1850 y se dedicó a la enseñanza de filosofía


moral, sicología, lógica y teodisea en el Colegio Nacional Nuestra
Señora de Guadalupe, del que fue su director entre 1852 y 1853,
186
cargo que dejó para incorporarse al movimiento revolucionario
de Ramón Castilla y estuvo con él en la hora triunfal de la batalla
de La Palma. “Durante la revolución, junto con su hermano Pedro
José y los juristas Manuel Toribio Ureta y José Simeón Tejada, fue
uno de los gestores de las medidas libertarias que abolieron tan-
to el tributo indígena como la esclavitud, mediante los decretos de
Ayacucho de 5 de julio y de Huancayo de 3 de diciembre de 1854,
respectivamente”187. En 1855 fue nombrado rector del Convictorio
de San Carlos, introduciendo considerables reformas liberales en
su enseñanza.188

Fue elegido diputado por Cajamarca y Pasco189 a la Conven-


ción Nacional de 1855, de la que fue varias veces secretario y poste-
riormente su presidente. Fue el impulsor de la Constitución liberal
de 1856.

Formó parte de la segunda comisión encargada de formular


el Código Penal en 1857. Basadre Ayulo dice: “La primera comi-
sión parlamentaria, según la ley de 26 de setiembre de 1853, pa-
ra preparar los códigos penal y de enjuiciamientos penales estuvo
formada por los senadores Gervasio Álvarez, Pablo Cárdenas y
Santiago Távara, y los diputados Carlos Pacheco, Mariano Gómez
Farfán, Manuel Toribio Ureta, Ignacio Novoa y Gregorio Galdós.

186
Diccionario Histórico y Biográfico del Perú Siglos XV-XX, Editorial Milla Batres.
Tomo IV, primera edición, marzo de 1986, p. 112.
187
Ibídem.
188
BASADRE GROHMANN Jorge, Historia de la República del Perú (1822-1933), Tomo
5, Edición de El Comercio, 2005, p. 216-217.
189
Diccionario Histórico y Biográfico del Perú Siglos XV-XX, Ob. Cit. p. 113. Otros
autores mencionan que fue elegido diputado a la Convención por las provincias de
Pasco y Cajabamba y otros más, que lo fue por Jauja.

224
Temas de Justicia Militar

Al pronunciarse la Convención Nacional de 1856 sobre la pena de


muerte, quedó designada una segunda comisión codificadora man-
teniéndose como codificadores a Novoa y a Távara, añadiéndose los
nombres de José Simeón Tejada, José Gálvez y Tomás Lama”190.

Al disolver Ramón Castilla la Convención Nacional, Gálvez


criticó esta medida y se dice que participó en un conato de atentado
contra Castilla, por lo que fue desterrado a Europa. De vuelta al
Perú en 1862, se dedicó a la abogacía y el 14 de noviembre de 1863
optó el grado de doctor en Derecho en la Universidad Nacional de
San Marcos. Durante el gobierno de Juan Antonio Pezet fue deste-
rrado nuevamente, esta vez a Chile, por oponerse a la forma como
el gobierno manejaba la crisis con España y “al regresar al Perú se
incorporó en las filas del ejército restaurador, que comandaba Pra-
do, quién lo admitió con el grado de coronel”191.

Fue elegido Decano del Colegio de Abogados de Lima en 1865


y durante los prolegómenos del conflicto con España, en el gobier-
no de Mariano Ignacio Prado Ochoa, fue nombrado Presidente del
Consejo de Ministros y Secretario (Ministro) de Guerra y Marina,
integrando el “gabinete de los talentos” junto a José Simeón Tejada,
Secretario de Justicia e Instrucción, Toribio Pacheco y Ribero, Se-
cretario de Relaciones Exteriores, José María Químper, Secretario
de Gobierno y Manuel Pardo y Lavalle, Secretario de Hacienda.

Declarada la guerra a España, organizó la defensa del Callao


y comandó las fuerzas patriotas desde la torre de La Merced, donde
murió a causa de la explosión de una granada, hecho ocurrido a las
12.55 horas del 2 de mayo de 1866, en circunstancias no esclare-
cidas totalmente, en cuanto al origen de la granada, que causó su
muerte, además, de otras 26 personas, entre ellas, del ingeniero
colombiano Cornelio Borda, jefe de la torre; del coronel graduado
Enrique Montes; del capitán de artillería chileno Juan Salcedo; del

190
Basadre Ayulo Jorge, Historia del Derecho Universal y Peruano, Ediciones Legales,
Primera Edición: mayo 2011, Lima. p. 789.
191
Diccionario Histórico y Biográfico del Perú Siglos XV-XX, Ob. Cit. p. 113.

225
Roosevelt Bravo Maxdeo

coronel Toribio Zavala, hermano del ministro de Marina de Espa-


ña192. Basadre Grohmann refiere que Gálvez había escogido la torre
de la Merced para comandar el combate y respecto al primer dispa-
ro español y al primer disparo peruano que se dieron en el combate
precisa: “Según contaba más tarde el general Juan Norberto Elés-
puru, imberbe artillero de esa torre, al preguntársele si harían fuego
antes que la escuadra atacante, Gálvez repuso: ¡No! ¡Justifiquemos
nuestra causa!”. La Numancia se adelantó a las otras naves y, des-
pués de situarse a mil metros, más o menos, del fuerte Santa Rosa,
lanzó poco después de las doce de la mañana, un cañonazo que no
fue contestado. Al segundo disparo, la torre de La Merced rompió
sus fuegos y desplegó la bandera nacional, siguiéndole las demás
baterías. Cuéntase, también, que en ese momento Gálvez gritó: “Es-
pañoles, aquí les devolvemos el tratado del 27 de enero”.193

Tras su heroica muerte en defensa de la Patria y la libertad de


América, Gálvez fue reconocido como héroe nacional, erigiéndosele
monumentos por doquier, resultando el más significativo de ellos
el que se levantó en el antiguo “Óvalo de la Reina”, hoy Plaza 2 de
Mayo de Lima, obra del arquitecto francés Edmund Guilleume y su
compatriota el escultor León Cugrol. El monumento fue inaugurado
el 28 de julio de 1874, durante el gobierno de Manuel Pardo.

En el plano estrictamente castrense, un decreto dado en el


Callao el 3 de mayo de 1866, que fue ratificado por ley del 29 de
enero de 1869, ordenaba que en las revistas de comisario que pasa-
ra el batallón de artillería de plaza (que se realizaba a comienzos
de mes para abonar la paga al personal) se considerase en la plana
mayor, como primer jefe a José Gálvez y que al leerse su nombre
por el comisario, el comandante de dicho cuerpo debía contestar,

192
Revista de la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia, Vencedores el
2 de mayo de 1866 y Defensores Calificados de la Patria, Año CLV, Enero-Diciembre
2012, N° 141. Discurso de orden pronunciado por el Dr. Teodoro Hampe Martínez,
en homenaje al 146° aniversario del combate del 2 de mayo de 1866, p. 29.
193
BASADRE GROHMANN Jorge, Ob. Cit. p. 287.

226
Temas de Justicia Militar

descubriéndose: “Muerto heroicamente en defensa de su patria y del


honor de América”.194

Colegios, plazas y calles, en todo el Perú, llevan su nombre.


Promociones de la Escuela Militar de Chorrillos, un distrito de la
provincia de Celendín, en Cajamarca, y otras instituciones llevan
igualmente su nombre. El Colegio de Abogados de Lima lo tiene
entre sus más preclaros representantes, al punto de que una sala de
conferencias de su sede principal lleva, también, el nombre de José
Gálvez Egúsquiza. El Fuero Militar Policial del Perú lo ha nom-
brado su patrono por su condición de abogado sapiente y soldado
heroico.

Al morir Gálvez, dejó varios hijos de su matrimonio con Án-


gela Moreno y Maíz: José Miguel, que llegó al grado de capitán de
fragata en la Marina de Guerra del Perú, quién, con el grado de
guardiamarina combatió en Abtao, durante la guerra con España, a
bordo de la fragata “Apurímac”, y durante la “Guerra del Pacífico”,
al mando de la lancha “Independencia”, echó a pique a la lancha
chilena “Janequeo”, el 25 de mayo de 1880, en el Callao; Justiniano
Aurelio, que fue padre del poeta y tradicionista José Gálvez Barre-
nechea, celebrado autor de “Una Lima que se va”; así como de sus
hijas María y Angelina.

II. RAZONES PARA SU DESIGNACIÓN COMO PATRONO


DEL FUERO MILITAR POLICIAL
El 17 de noviembre del año en curso, mediante Resolución Ad-
ministrativa N° 082-2014-FMP/CE/SG, firmada por el General de
Brigada Juan Pablo Ramos Espinoza, Presidente del Fuero Militar
Policial, se declaró a José Gabriel Gálvez Egúsquiza “Patrono del
Fuero Militar Policial”. La resolución en cuestión, que se emitió en
cumplimiento de un acuerdo del Consejo Ejecutivo del Fuero Militar

194
Ibídem, p. 296.

227
Roosevelt Bravo Maxdeo

Policial, considera, entre otras razones, que 116 años de existencia


institucional acreditan el sólido arraigo que la jurisdicción militar
policial ha tenido, y tiene, en la vida republicana del Perú, “por lo
que surge la imperiosa necesidad de contar con un personaje histó-
rico, que se integre a los símbolos que representan e identifican al
Fuero Militar Policial”. El criterio unánime de los integrantes del
Consejo Ejecutivo del Fuero Militar Policial, jueces y fiscales supre-
mos de esta jurisdicción, para la designación de José Gabriel Gálvez
Egúsquiza Patrono del Fuero Militar Policial, es que convergen en
él, de manera equilibrada, “un elemento castrense, al haber luchado
con el grado de Coronel en el glorioso combate del 2 de mayo de 1866,
gesta heroica que selló la independencia de los pueblos de América
del dominio español; así como un elemento jurídico al haberse gra-
duado de abogado (…) obteniendo el grado de doctor en jurispruden-
cia por la Universidad Mayor de San Marcos (…) y desempeñarse
como Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lima” 195.

Los antecedentes cercanos para esta designación tienen que


ver, en principio, con la emisión de la Resolución Administrativa
N° 132-2011-S-FMP/RR.PP.II, de 05 de setiembre del 2011, con la
que se actualizó otra del año 2001, que estableció el 20 de diciembre
como “Día del Fuero Militar Policial” y 1898, como año de inicio
para establecer el número del aniversario por celebrar, por ser el
20 de diciembre del año 1898 la fecha en que se promulgó el primer
Código de Justicia Militar.

De otro lado, entre las recomendaciones que el Consejo Eje-


cutivo del Fuero Militar Policial tuvo a bien considerar para la
designación de José Gabriel Gálvez Egúsquiza Patrono del Fuero
Militar Policial, estuvo la información, contrariamente a lo que se
creía, que la “Justicia Militar” (Fuero Militar Policial); no obstante
su larga existencia, no tenía designado un patrono que sirviera de
paradigma a sus integrantes y que las celebraciones del “Día de la
Justicia Militar”, que en tiempo próximo al nuestro se realizaban el

195
Resolución Administrativa N° 082-2014-FMP/CE/SG, de 17 de noviembre del 2014,
quinto considerando.

228
Temas de Justicia Militar

12 de Agosto, “presunta” fecha del nacimiento del prócer Mariano


Lorenzo Melgar y Valdiviezo, no se justificaban ni histórica ni le-
galmente.

Como se sabe, Mariano Lorenzo Melgar y Valdiviezo es for-


malmente patrono del Servicio Jurídico del Ejército, relacionándose
también la “presunta” fecha de su nacimiento (12 de agosto) con
las celebraciones por el “Día del Cuerpo Jurídico Militar”, desde
1964, que históricamente lo han conformado los Oficiales abogados
que prestan servicios en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional,
tanto en el ámbito penal militar policial como en el administrativo.

Creemos que José Gabriel Gálvez Egúsquiza representa, ca-


balmente, al patrono que el Fuero Militar Policial necesitaba, pues
es una figura paradigmática, señera, heroica, sapiente y honesta de
nuestra historia más reciente, y que tiene, al mismo tiempo, una
relación con la cuestión militar y el derecho; es decir, un hombre
militar formado en el derecho, que goza del respeto y admiración de
los peruanos, por su heroica y ejemplar actitud y sus intervenciones
como académico y militar.

229
DATOS BIOGRÁFICOS DEL CORONEL CJM
HERNÁN AUGUSTO MONSANTE RUBIO196

“Cuando el que manda no sabe, no quiere o no


puede hacerlo o el que obedece no acata las ór-
denes que se le dictan, el ejército se convierte en
un agrupamiento de individuos sin finalidad
alguna, que de ejército no lleva sino el nombre;
pero cuando, como debe ser, el que manda tiene
perfecto conocimiento de lo que contienen las
órdenes que imparte y energía bastante para
hacerlas cumplir y, por su parte, el que obedece
acata con respeto las órdenes que recibe, enton-
ces puede decirse, que existe el ejército”.
Hernán Monsante Rubio:
“Fuerzas Morales Militares”

El Coronel Hernán Augusto Monsante Rubio vio la luz el 5 de


noviembre de 1884197 198, en la ciudad de Chachapoyas (Amazonas),
siendo bautizado el día 14 del mismo mes y año. Fueron sus padres
Jesús Luis Monsante Riofrío y María de los Santos Rubio Lynch.

196
Estos datos biográficos se escribieron con ocasión de la reedición del libro “Fuerzas
Morales Militares”, en octubre de 2014, cuyo autor fue el Coronel Monsante Rubio.
197
Escalafón General del Personal de Oficiales del Ejército en situación de retiro de 1961,
copia N° 77, publicado por la Ayudantía General del Ejército, Sección Estadística,
p. 85.
198
Dato que corrobora Francisco Javier Carbone Montes al formular el árbol genealógico
del Coronel Monsante Rubio: GeneaNet: <http://gw.geneanet.org/fracarbo>

231
Roosevelt Bravo Maxdeo

Estuvo casado con doña María Luisa Hague y tuvo tres hijos: María
Luisa, Hernán y Nora Monsante Hague. Hernán, quien contrajo
matrimonio con Clemencia Consuelo Alva Fasce, estudió Derecho
en la Pontificia Universidad Católica del Perú (Promoción 1959), se
asimiló como Oficial del Cuerpo Jurídico Militar199 y llegó a la clase
de Capitán de Navío en la Marina de Guerra del Perú; falleció el
año 2007, cuando se encontraba ya en la situación militar de retiro.
El Coronel Monsante, tuvo como hermanos a María Luisa, Rosa El-
vira, Manuel Octavio, Héctor H. y Ricardo Aurelio Monsante Rubio.
Su hermano Héctor, nacido el 31 de julio de 1893, fue Oficial del
arma de caballería en el Ejército, llegando a ostentar el grado de
Teniente Coronel, grado con el que pasó al retiro el 31 de julio de
1951, por límite de edad en el grado200 y falleció el16 de marzo de
1971. Ricardo Aurelio profesó la odontología, fue alcalde provincial
de Chachapoyas en 1943-1944. El Coronel Hernán Augusto Mon-
sante Rubio falleció el 4 de octubre de 1983, en Lima, a la edad de
98 años.

Varias son las facetas de la importante vida del Coronel Mon-


sante; no obstante, deseamos resaltar en esta breve biografía su
condición de integrante de la Justicia Militar; su actuación como
diputado de la República; su participación como miembro del “Club
de la Unión” y finalmente, como autor del libro “Fuerzas Morales
Militares” que hoy reedita el Centro de Altos Estudios de Justicia
Militar.

En cuanto a su condición de Oficial del Cuerpo Jurídico Mili-


tar, sabemos que mediante Resolución Legislativa N° 11718 del 11
de enero de 1952, promulgada por el Presidente Manuel A. Odría el
día 16 del mismo mes y año, se le otorgó “la efectividad de la clase

199
En 1962, recién asimilado, actuó como Secretario del Juzgado Permanente de la
4ta Zona Judicial de Policía (Memoria del Consejo de Oficiales Generales leída en
la apertura del año judicial de 1963 por el señor General de Brigada D. Reynaldo
Enríquez Quesada. Lima-Perú. 1963)
200
Escalafón General del Personal de Oficiales del Ejército en situación de retiro de
1961, ob. Cit. p. 19

232
Temas de Justicia Militar

de Coronel del Cuerpo Jurídico Militar al Coronel asimilado doctor


Hernán Monsante Rubio”, en concordancia con los artículos 123°,
Inciso 1, de la Constitución Política de 1933201 y 847° y 848° del Có-
digo de Justicia Militar de 1950. Los artículos del Código de Justicia
Militar a los que se hacen referencia en la Resolución Legislativa,
establecían que el tiempo mínimo requerido para acceder al grado
de Coronel del Cuerpo Jurídico Militar era de 16 años de servicios
como asimilado; además, de acuerdo con el artículo 63° del referido
Código, debía encontrarse ejerciendo el cargo de Auditor de un Con-
sejo de Guerra o desempeñando el cargo de Secretario del Consejo
de Oficiales Generales. Implica ello que el Coronel Monsante venía
prestando servicios en el Justicia Militar desde los años 30 del siglo
pasado y que al momento de obtener la efectividad en el grado de
Coronel ejercía uno de los dos cargos señalados; en efecto, el Coronel
Monsante servía como Secretario del Consejo de Oficiales Genera-
les. Pasó a la situación de retiro con fecha 25 de julio de 1955 por
límite de edad en el grado. 202

Después de pasar a la situación militar de retiro, el Coronel


Monsante ganó por elección una curul en la Cámara de Diputa-
dos, para el período legislativo de 1956-1962. Fue diputado por el
departamento de Amazonas junto con Esteban Hidalgo Santillán,
Mariano Iberico Torres, Lucas Rubio Rodríguez y Eduardo Watson
Cisneros. Durante su permanencia en el Congreso de la República
ejerció los cargos directivos de “Diputado Secretario” en las legisla-
turas de 1956, 1957 y 1958 y de “Segundo Vice-Presidente de la Cá-
mara de Diputados” en los años de 1961 y 1962. En la Legislatura
de 1961 fue parte de la “Comisión Diplomática” que estuvo confor-
mada, además, por Javier de Belaúnde Ruiz de Somocurcio, Lola

201
“Aprobar o desaprobar las propuestos de ascensos que, con sujeción a la ley, haga el
Poder Ejecutivo para Generales de División y Vicealmirantes, Generales de Brigada
y Contralmirantes, Coroneles y Capitanes de Navío; y concederlos sin el requisito
de la propuesta del Poder Ejecutivo, por servicios eminentes que comprometan la
gratitud nacional”.
202
Escalafón General del Personal de Oficiales del Ejército en situación de retiro de
1961. Ob. Cit. P.85.

233
Roosevelt Bravo Maxdeo

Blanco De la Rosa Sánchez, Enrique Dammert Elguera y Manuel


B. Montesinos Velazco203

En otra faceta de la vida del Coronel Monsante, observamos la


estrecha ligazón que tuvo con el “Club de la Unión”, fundado el 10 de
octubre de 1868, cuyo local social se halla ubicado actualmente en la
cuadra tres del Jirón de la Unión, en el antiguo portal de Escriba-
nos, en la Plaza Mayor de Lima. Este Club tiene entre su funda-
dores a ilustres personajes de nuestra historia patria como Miguel
Grau, Elías Aguirre, Alfonso Ugarte, Juan Guillermo Moore, César
Canevaro, Enrique Palacios, Lizardo Montero y Natalio Sánchez,
entre otros que participaron en el Guerra del Pacífico, ofrendando
varios de ellos su vida.

Esa estrecha ligazón del Coronel Monsante con el “Club de la


Unión”, se patentiza con la colocación de su retrato en la galería de
presidentes del Club y la inscripción de su nombre en una placa re-
cordatoria; en efecto, en el hall del edificio que ocupa el Club, existe
un placa que recuerda la inauguración de esas instalaciones el 23
de diciembre de 1948, en la que aparece el nombre del Coronel Mon-
sante como Secretario del Comité Directivo y Secretario del Comité
de Construcción, siendo el Presidente el General Pedro Pablo Mar-
tínez y el Vicepresidente del Comité Directivo el eminente jurista
Doctor José León Barandiarán.

Andando el tiempo, la capacidad profesional del Coronel


Monsante, su contracción al trabajo social y las excelentes relacio-
nes humanas que practicaba, hicieron que fuera nombrado Presi-
dente del Comité Directivo del “Club de la Unión”, cargo por el que
pasaron también otros ilustres personajes como el Doctor Manuel
Candamo Iriarte, Presidencia de la República en dos oportuni-
dades; militares y marinos renombrados, varios de ellos héroes
de la Guerra del Pacífico, como el Contralmirante Lizardo Mon-
tero, quien igualmente ejerció la Presidencia del Perú y fue vocal

203
<http://www.congreso.gob.pe/comisiones/1999/exteriores/Libroweb/cap1.html>

234
Temas de Justicia Militar

del Consejo Supremo de Guerra y Marina entre el 20 de abril de


1904 y el 11 de enero de 1905; el General de División César Ca-
nevaro Valega, dos veces Vicepresidente de la República, varias
veces Presidente de la Cámara de Senadores, alcalde de Lima re-
iteradamente, Presidente del Consejo Supremo de Guerra y Ma-
rina entre el 20 de julio de 1904 y el 31 de octubre de 1906, entre
muchos otros cargos que ocupó durante su fructífera existencia;
el Vicealmirante Manuel Villavisencio Freyre, ilustre marino que
ganó los laureles de la gloria sobre el puente de la Corbeta Unión
en marzo de 1880, cuando rompió el bloqueo de Arica durante la
Guerra del Pacífico, fue también vocal del Consejo Supremo de
Guerra y Marina y en su momento, en dos oportunidades, Presi-
dente del Consejo de Oficiales Generales; el General de Brigada
Benjamín Puente, que presidió el Consejo de Oficiales Generales
entre el 30 de noviembre de 1917 y el 3 de enero de 1919; juristas
como Ricardo Ortiz de Zevallos y Tagle, que en su calidad de vocal
de la Corte Suprema de Justicia de la República integró el Consejo
Supremo de Guerra y Marina entre el 23 de marzo de 1899 y el 21
de octubre de 1903 y andando el tiempo presidió la Corte Suprema
de Justicia de la República entre 1907 y 1909; José León Barandi-
arán y Jorge Eugenio Castañeda, juristas estos de gran nombradía
por su eminencia en el campo del Derecho Civil, entre mucho otros
insignes personajes. Esta larga referencia a los ilustres person-
ajes que presidieron el “Club de la Unión”, tiene como correlato
resaltar que prestaron servicios en la Justicia Militar, como en su
momento lo hizo nuestro biografiado y exaltar merecidamente la
figura del señor Coronel Hernán Augusto Monsante Rubio.

Finalmente, el Coronel Monsante escribió el interesante libro


titulado “Fuerzas Morales Militares”, que hoy reimprime el Centro
de Altos Estudios de Justicia Militar, donde se tratan temas tan ac-
tuales e interesantes para la formación cívica de nuestros jóvenes y
se analizan valores esenciales relativos al quehacer castrense como
la disciplina, el valor, la lealtad, el espíritu de cuerpo, la camarad-
ería, entre otros, siendo, como se afirma en la ofrenda que la Aso-
ciación de Capitanes de Navío y Coroneles Retirados de la Fuerza
Armada y Fuerzas Auxiliares (“ASCOREFA”) hiciera al editarse por

235
Roosevelt Bravo Maxdeo

primera vez el libro: “(…) una positiva colaboración a la formación


de la conciencia cívica y moral de la juventud en general y especial-
mente, de la que se inicia en la noble carrera de las armas”.204

204
MONSANTE RUBIO Hernán. Fuerzas Morales Militares, Lima, 1969, P. I.

236
MARIANO LORENZO MELGAR VALDIVIESO:
SU ACCIÓN GUERRERA205

1. A MANERA DE INTRODUCCIÓN
Se ha escrito bastante sobre la capacidad poética de Mariano
Melgar y la calidad de su obra literaria, pero muy poco sobre su ac-
ción guerrera y el reconocimiento que por ella ha recibido. Su vida
ha sido contada con ribetes míticos, con verbo excesivo, haciendo
referencia a un precocísimo desarrollo intelectual que raya con
lo inverosímil; en fin, se le ha deshumanizado con frases grandi-
locuentes.

Esta nota pretende resaltar su acción guerrera y su calidad de


héroe nacional.

2. DATOS PERSONALES
Nació Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso en Arequipa, en el
mes de agosto de 1790; según unos, el ocho, día de San Mariano,
y, según otros, el diez, día de San Lorenzo, siendo bautizado el día
doce de dicho mes, en la parroquia del Sagrario de la Catedral de
Arequipa,206 hecho que se corrobora con su Partida de Bautismo,
descubierta en 1909207.

205
Este artículo fue escrito, en el contexto de las celebraciones por el Bicentenario de
la Muerte de Mariano Melgar, ocurrido el 12 de marzo de 1815.
206
Grandes Forjadores del Perú 2001: 266.
207
Carrión 1995: 6.

237
Roosevelt Bravo Maxdeo

Fue hijo de Juan de Dios Melgar Sanabria y Andrea Valdivie-


so Gallegos. Inició sus estudios en la escuela que funcionaba en el
Convento de San Francisco de Arequipa. El 2 de marzo de 1798,
recibió la prima tonsura de manos del recordado obispo Pedro José
Chávez de la Rosa, vistiendo, en consecuencia, el hábito clerical.

El 19 de setiembre de 1807, aprobó el examen de ingreso al


Seminario Conciliar de San Jerónimo, para estudiar Filosofía y Te-
ología, donde más adelante enseñaría diversas materias.208 El 21
de septiembre de 1810, recibió las órdenes menores, pero en 1812
abandonó la carrera eclesiástica. Desde entonces, su vida tomó un
rumbo acelerado hasta su martirologio en Umachiri.

Como datos novedosos, que no han sido revelados por los auto-
res, diremos que varios parientes cercanos a Melgar tuvieron vidas
destacadas en el quehacer nacional; así, su hermano Juan de Dios
se enroló en los ejércitos patriotas y en 1827, con el grado de Te-
niente Coronel, solicitó al Congreso, desde Huamanga, “un empleo
en Hacienda para José Fabio, y una pensión en la Caja de Arequi-
pa” para Juliana, apelando a la condición de hermanos menores del
mártir, cuyo “(…) inhumano fallecimiento ocasionó la ruina de su
Casa…” 209 El 18 de setiembre de 1828, según las actas del Congreso
Constituyente, se acordó colocar a Fabio en el servicio público y se
le denegó la petición respecto de Juliana. José Fabio cumplió em-
pleos municipales y fue Secretario del Colegio de la Independencia
de Arequipa. Como abogado, fue Relator de la Corte Superior de
Lima y durante los gobiernos del Mariscal Castilla, ejerció cuatro
veces el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores; tres veces de
Ministro de Hacienda y una vez de Ministro de Justicia, Instrucción
y Beneficencia.210

208
Para un mayor entendimiento de la “vida profesoral de Melgar”, Cisneros 1964: 14-
15.
209
Cisneros 1964: 8-9.
210
Ibídem: 9.

238
Temas de Justicia Militar

De otro lado, el sobrino del poeta, Juan Miguel del Carpio Mel-
gar, fue médico, abogado, literato, político y magistrado, que ejerció
los cargos de Ministro General en 1842, Ministro de Gobierno entre
1845 y 1846, Vicepresidente de la República (1852-1854), Ministro
de Relaciones Exteriores (interino) en 1860, Vocal de la Corte Su-
prema de Justicia de la República, senador y Presidente del Senado
(1861-1863).

3. SU OBRA LITERARIA
En el plano literario, es considerado el iniciador del romanti-
cismo en el Perú y América. Augusto Tamayo Vargas precisa que
Melgar, incluso, se anticipó al movimiento romántico y marcó el
punto de partida del nacionalismo literario, de “una auténtica lit-
eratura peruana o mestiza, que nace fruto de los aportes nativos e
hispanos”. Riva Agüero llegó a afirmar: “En cierto modo (que) es pre-
decesor remoto del romanticismo.” José Gálvez, por su parte, afirmó:
“(…) que debe estar considerado entre los precursores románticos…
”211 Su obra literaria, no obstante la cortedad de su vida, es signifi-
cativa; así, tradujo libros, compuso epístolas, odas, fábulas, sonetos,
yaravíes y elegías, siendo, en este último género, paradigmática su
“Carta a Silvia”.

4. SU COMPROMISO PATRIÓTICO VISTO POR PERSO-


NAJES NOTABLES
Luís Alberto Sánchez, que tiene extravíos al señalar datos bio-
gráficos de Melgar, no puede, sin embargo, ser cuestionado desde
la vertiente literaria y política, por lo obvio de sus capacidades en
estos temas; él dijo de Melgar: “Su corta existencia está marcada
por hitos inconfundibles: vocación humanista y religiosa, revesti-
da de versos clásicos en el espíritu y sotana sobre el cuerpo; amor
deslumbrante a una adolescente inasible, y descubrimiento de la
libertad política y personal, al par que ahorcamiento de la sota-
na; enrolamiento en la revolución de Pumacahua, y, en fin

211
Ibídem: 42-43.

239
Roosevelt Bravo Maxdeo

muerte, por fusilamiento. No es posible exigir más en tan pocos


años de vida” (Resaltado agregado)212

A su turno, Jorge Basadre afirmaba: “(…) Melgar, en cam-


bio, no solo es el cantor de la desdeñosa Silvia sino el patriota
militante muerto por la libertad.” (Resaltado agregado) y José
Carlos Mariátegui: “Como en Pumacahua, en Melgar el sentimiento
revolucionario se nutre de nuestra propia sangre y nuestra propia
historia.” En suma, Melgar no solo versifica sino que demuestra
una actitud de “rebeldía política”.213

5. PARTICIPACIÓN DE MELGAR EN LA REVOLUCIÓN


DE 1814
En agosto de 1814 estalló en el Cusco una rebelión contra el
dominio español, que encabezaron los hermanos Angulo y el Briga-
dier Mateo Pumacahua Chihuantito. Los entretelones de este le-
vantamiento deben verse en un contexto más amplio; en principio,
como la continuación de la efervescencia revolucionaria que se había
iniciado en 1805, con el alzamiento fallido de José Gabriel Aguilar
y Manuel Ubalde en el Cusco, que les costaría la vida; el intento
de Mateo Silva y otros patriotas para deponer al Virrey Abascal en
1809; el alzamiento de Guillermo del Río y otros en 1810; la proc-
lamación de la independencia del Perú en Tacna, bajo la dirección
de Francisco Antonio de Zela; el levantamiento de Juan José Cre-
spo y Castillo en Huánuco, en 1812; y la no puesta en vigencia de
la Constitución de Cádiz, que tanta “esperanza” de mayor libertad
había levantado.

Tres fuerzas expedicionarias se conformaron: una partió al


Alto Perú al mando de José Pinelo y el Cura Ildefonso de la Muñe-
cas; la otra hacia Andahuaylas-Huamanga y la tercera, al mando
de Pumacahua y de Vicente Angulo hacia Arequipa. “Este Ejército
estuvo formalmente establecido, poseía bandera y símbolos patrios

212
Sánchez 1974: 73.
213
Cisneros 1964:44-49.

240
Temas de Justicia Militar

para diferenciarse del ejército español, y dio a su movimiento un


carácter netamente nacionalista. Se escogió a la Virgen de las Mer-
cedes como patrona y los colores de su hábito blanco y celeste, dieron
vida a su flamante bandera. La mascaypacha inca fue adoptada
como símbolo patrio”214

En la columna que marchó a Arequipa, iban “Unos 5,000 hom-


bres… pero solo la décima parte tiene armamento moderno. Los
demás portan lanzas, hondas y macanas…”215 El levantamiento re-
sultó inicialmente exitoso en los tres frentes; no obstante, el más
significativo será el obtenido por los rebeldes en la “Batalla de la
Apacheta”, el 10 de noviembre de 1814, que dará lugar a la ocu-
pación de Arequipa. En noviembre de ese año, “Melgar entra a su
ciudad natal con la Columba de Chuquibamba, para ponerse a las
órdenes de Vicente Angulo.” 216 “Su sólida formación le valdría para
ser nombrado después auditor de guerra, cargo que desempeñó has-
ta su muerte.”217

5.1. LA BATALLA DE UMACHIRI

Melgar estuvo presente en la Batalla de Umachiri (Puno), el 11


de marzo de 1815, en su condición de “Auditor de Guerra”218 “La tra-
dición oral indica que, además de llevar los asuntos jurídicos, sirvió
eficazmente en el arma de artillería”219, pero esta última afirmación
no está corroborada, como tampoco que fuera nombrado Auditor de
Guerra por ser abogado, como sugieren algunos; no obstante, no se

214
CPHEP 1999: 17.
215
Carrión 1995: 96.
216
Ibídem: 99.
217
Ibídem: 97.
218
“Funcionario del Cuerpo jurídico militar que informa sobre la interpretación o apli-
cación de las leyes y propone la resolución correspondiente en los procedimientos
judiciales y otros instruidos en el Ejército o región militar donde tiene su destino.”
Esta definición moderna de Auditor de Guerra ha sido tomada de: Cabanellas de
Torres, Guillermo, Diccionario Militar, Tomo I, Buenos Aires-Argentina, 1961.
219
Carrión 1995: 108

241
Roosevelt Bravo Maxdeo

puede negar que Melgar era “bastante hábil en varios terrenos”220.


El día 10 de marzo de 1815 ambos ejércitos se avistaron y en la
madrugada del día 11, el General Juan Ramírez Orozco levantó
sus reales de madrugada, que estaban en la estancia Tacañahui,
y ordenó a sus hombres vadear el río Llalli, pequeño pero crecido y
pedregoso. “Los soldados se despojaron de sus pantalones y con “la
cartuchera sobre la cabeza y los fusiles al pescuezo” se metieron en
el agua, que les daba hasta el pecho; y unos seis perecieron ahoga-
dos. Las descargas cerradas se sucedían, y en un instante un grupo
de 500 patriotas bien montados salió de la quebrada del pueblo de
Umachiri para atacar por la retaguardia. Sin embargo, ya todo era
inútil. En el combate duro triunfaron el arrojo, la habilidad en el
despliegue y los tiros certeros de los realistas. Cuando cayó la noche,
la batalla había terminado y mil cadáveres quedaron tendidos en el
campo.”221 Consumada su victoria, los realistas cobraron venganza
por la muerte del Mariscal de campo cusqueño Picoaga, Oficial muy
querido entre sus soldados, y la del Intendente Moscoso, apresados
ambos en la toma de Arequipa y que fueran pasados por las armas
posteriormente, por orden de Angulo, con el argumento de que cons-
piraban en prisión. Miro Quesada Guerra refiere que en el Diario
de las operaciones se afirma: “se pillaron al coronel Dianderas y al
coronel yerno de Pumacahua, a quienes después de darles tiempo
para su disposición espiritual se les pasó por las armas, reservando
para el día siguiente al auditor de Guerra Melgar, y al cacique que
Umachiri” y que además precisa que Melgar era uno de los prisione-
ros “que sobresalían entre todos los demás por su obstinada decisión
y otras calidades”.222 El General Ramírez, en su parte de guerra am-
pliatorio del 3 de abril de 1815, que dirigió al Virrey Abascal, precisó
con más detalle: “haber mandado pasar por las armas a dos coro-
neles que se tomaron prisioneros, reservando la vida del auditor de
Guerra, que también cayó, hasta recibir su declaración, que concebí

220
Ibídem: 108
221
Miro Quesada 1998: 91
222
Ibídem: 91-92

242
Temas de Justicia Militar

interesante a mis subsecuentes medidas.” 223 Melgar fue fusilado al


día siguiente de la batalla de Umachiri, el 12 de marzo de 1815.

6. LOS RECONOCIMIENTOS RECIBIDOS


Melgar ha recibido numerosos reconocimientos por su
condición de prócer de la independencia nacional, y naturalmente,
por su obra literaria; así colegios, calles, plazas, clubes deportivos
y culturales y hasta una provincia en la Región Puno llevan su
nombre; no obstante, hay una arista que no se incluye en sus datos
biográficos y es el hecho que en 1964 se le reconoció oficialmente
“como uno de los primeros patriotas y soldados del país”. Ese mismo
año, se le reconoció como Patrono del Cuerpo Jurídico Militar224 225 y
al crearse, en 1977, el Servicio Jurídico del Ejército226, se instituyó
el 12 de agosto como su aniversario y se designó a Mariano Lorenzo
Melgar Valdivieso como su patrono, dándosele el grado de Teniente
Coronel.

Una publicación oficial del Ejército peruano refiere: “El Cuerpo


Jurídico Militar desde 1964 celebra su día el 12 de agosto, conmem-
orando en esa fecha el nacimiento de su Patrono, el poeta y prócer

223
Ibídem: 92.
224
Creó el Cuerpo Jurídico Militar el Código de Justicia Militar de 1950, promulgado
durante el gobierno de Manuel Odría Amoretti, mediante Decreto Ley N° 11380, de
29 de Mayo de 1950, ratificado por la Ley N° 11490, del 1 de Setiembre de 1950. El
artículo 61° precisaba: “El Cuerpo Jurídico está constituido por los Abogados que,
con la clase militar prevista en este Código para los cargos que él mismo determina,
prestan servicios en los organismos judiciales del Ejército, de la Marina, de la Fuerza
Aérea, de la Guardia Civil y Policía… Ingresarán al Cuerpo Jurídico con la asimi-
lación a Capitanes o Tenientes (Primeros)…”
225
Al promulgarse el 25 de Julio de 1963 la primera Ley Orgánica de Justicia Militar,
mediante Decreto Ley N° 14612, el artículo 64° disponía: “El Cuerpo Jurídico Militar
es único, comprende dos especialidades: a) La Judicial; y, b) La Administrativa”,
composición que hoy mismo ocurre.
226
Revista Peruana de Derecho Militar: El Servicio Jurídico del Ejército fue creado
mediante DS N° 0017-77-GU/SG y su Reglamento de Organización y Funciones fue
aprobado por DS N° 0013-78, del 11 de agosto de 1978. Como diría el General de
Brigada Eduardo Pacheco Subauste, su impulsor, “prácticamente, como un homenaje
al día del Primer Aniversario del Servicio Jurídico del Ejército…”

243
Roosevelt Bravo Maxdeo

Mariano Melgar, quién fue ratificado como su patrono en 1978, al


establecerse el Servicio Jurídico del Ejército”227; así mismo, la sexta
promoción de la Escuela Técnica del Ejército del Perú (1977-1980),
lleva el nombre: “Auditor de Guerra Mariano Melgar Valdiviezo”228
“Su busto se encuentra en el Panteón Nacional de Próceres como
homenaje a su memoria y como lección permanente de heroísmo y
patriotismo para las generaciones venideras. Dicho busto, erigido en
bronce, ha sido inaugurado el 16 de Abril de 1962”.229

7. CONSIDERACIONES FINALES
Muchos aspectos de la vida de Mariano Melgar han sido miti-
ficados; así sus cualidades intelectuales resultan tan precoces que a
los tres años de nacido hablaba ya en lenguas; el amor platónico que
sentía por “Silvia”, de cortos 13 años, raya, por exceso de algunos
autores, en lo enfermizo; se le declara un indigenista convicto y con-
feso; se dice que fue hecho auditor de guerra “porque ya era Doctor
en ambos Derechos” y que “como también era matemático, prestó
espontáneamente sus servicios en la artillería, arma que necesita
ciencia y cálculo”, lo que es dudoso o apenas una conjetura.

Lo que es real, fuera de toda duda, porque podemos apreciar


de su obra literaria, es su capacidad intelectual y su legado singular
en el campo de las letras, que lo han puesto en un lugar privilegia-
do. Lo que también es real es su amor a la Patria y a la libertad,
por la que entregó su vida en Umachiri y el ejemplo que legó a las
generaciones de hoy y de mañana, por lo que se le ha reconocido sin-
gularmente; no obstante, un acto está pendiente: declararlo héroe
nacional, que con creces lo merece.

227
Comisión Permanente de Historia del Ejército, Compendio de la Historia General
del Ejército del Perú, Volumen II, Agosto del 2011, p. 293.
228
CPHEP y Fondo Editorial de la UAP 2007: 231-233.
229
Gómez 1978:125.

244
Temas de Justicia Militar

BIBLIOGRAFÍA

–– Carrión Ordoñez, Enrique, Mariano Melgar, Colección Forjadores del Pe-


rú, Volumen 5, Editorial BRASA S. A., Lima-Perú, 1995.
–– Cisneros, Luís Jaime, Mariano Melgar, Biblioteca Hombres del Perú, XX-
VII, Tercera Serie, Editorial Universitaria, Lima-Perú, 1965.
–– Comisión Permanente de Historia del Ejército (CPHEP), Compendio de la
Historia General del Ejército del Perú, Volumen II, Agosto del 2011.
–– Comisión Permanente de Historia del Ejército (CPHEP) y Fondo Editorial
de la Universidad Alas Peruanas, Tomo I, Lima-Perú, 2007.
–– Comisión Permanente de Historia del Ejército (CPHEP), El Ejército Unido
a la Historia, Primera edición: agosto de 1999 del Perú, Volumen II, Agos-
to del 1999, Lima-Perú.
–– Consejo Supremo de Justicia Militar, Ley Orgánica de la Justicia Militar
y Código de Justicia Militar, Lima-Perú, Julio-1963.
–– Gómez Espinoza, Enrique, Manual de Educación Patriótica, Ediciones: Es-
cuela Peruana, Sexta Edición, Lima-Perú, 1978.
–– Instituto Académico de Derecho Militar, Revista Peruana de Derecho Mi-
litar, N° 1, Año I, Lima-Perú, 1986, p. 18.
–– Ministerio de Guerra, Código de Justicia Militar de 1950, Lima-Perú, 1961.
–– Miro Quesada Sosa, Aurelio, Historia y Leyenda de Mariano Melgar (1790-
1815), UNMSM, Fondo Editorial, Lima-Perú, 1998.
–– Sánchez, Luís Alberto, Panorama de la Literatura del Perú, Desde sus
orígenes hasta nuestros días, Biblioteca de Autores Peruanos, Tomo/ocho,
Editorial Milla Batres, Lima-Perú, 1974.

245
DATOS BIOGRÁFICOS DEL DOCTOR MIGUEL
ANTONIO DE LA LAMA URRIOLA, PRIMER
FISCAL GENERAL DE LA JURISDICCIÓN
MILITAR POLICIAL DEL PERÚ230

El doctor Miguel Antonio de la Lama Urriola (1839-1912) fue


un eminente jurista, miembro del Ilustre Colegio de Abogados de
Lima, que de acuerdo con la “Memoria del Ministro de Justicia, Cul-
to, Instrucción y Beneficencia Don Melchor García al Congreso Na-
cional de 1872”231, obtuvo “la matrícula de abogado… en el Distrito
Judicial de Lima… el 10 de agosto de 1862”. Se casó el 25 de abril de
1865, en la Parroquia de San Lázaro de Lima, con doña María Jo-
sefa de San Miguel Duffó Uranga (1844-1903).

Se formó en el Seminario Conciliar de Santo Toribio, donde


cursó la carrera de Teología, que le sirvió para escribir textos reli-
giosos diversos. Enseñó astronomía, cálculo, gramática castellana y
filosofía; y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde
gozaba de gran prestigio, enseñó varios cursos de Derecho, tanto
sustantivos, procesales como especiales y condujo, además, reitera-
dos cursos de práctica forense, para los que elaboró una importante
bibliografía.

230
Esta breve biografía es parte del texto de la nota editorial, que el autor escribió para
la reimpresión del libro: “Retórica Forense”, del Dr. Miguel Antonio de la Lama
Urriola, primer Fiscal General de la Jurisdicción Militar. El libro se terminó de
imprimir en abril del 2015 y fue presentado el 11 de junio de 2015, en la Facultad
de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
231
Imprenta de “La Sociedad”, Calle de Núñez N° 38/Por José Rufino Montenegro, 1872.

247
Roosevelt Bravo Maxdeo

Ocupó don Miguel diversos cargos, como juez, fiscal, notario,


Director General del Registro Mercantil y de la Propiedad Inmue-
ble, Director de la Penitenciaría de Lima, Secretario y Jefe de la
Sección Judicial de la Sociedad de Beneficencia de Lima y conjuez
de la Corte Suprema de Justicia de la República. Fue director, re-
dactor y hasta propietario de diversas revistas jurídicas y de un
periódico. En esta actividad, por ejemplo, dirigió “El Derecho”, pu-
blicación del Colegio de Abogados de Lima. Basadre dice al respec-
to: “El Derecho, periódico semanal, órgano del Colegio de Abogados,
dirigido por Miguel Antonio de la Lama, comenzó a parecer el 12 de
diciembre de 1885. Siguió publicándose hasta diciembre de 1889.”232
Carlos Ramos Núñez dice al respecto: “El Derecho (1885-1909), ór-
gano del Colegio de Abogados fundado, dirigido y hasta redactado
por Miguel Antonio de la Lama.” 233

Nuestro personaje, estuvo siempre comprometido con el mejo-


ramiento y comprensión de la legislación de la nación; y en tal sen-
tido, sumilló, concordó y comentó Códigos; escribió y publicó libros;
presentó proyectos normativos e impulsó campañas para la difusión
de éstos. Numerosos autores han destacado la valía del sapientísi-
mo Miguel Antonio de la Lama Urriola, por lo que dejaremos que
ellos hablen de algunos de sus importantes aportes académicos.

Sobre la Ley de Registro de la propiedad inmueble, Jorge Ba-


sadre Grohmann dice: “Abrió campaña en ese mismo sentido Miguel
Antonio de la Lama en la revista El Derecho en 1886 y los diputados
Alejandro Arenas y Mariano Nicolás Valcárcel presentaron el revis-
to proyecto que culminó en la ley de 28 de enero de 1888” 234.

Según Jorge Basadre Ayulo, “Una edición actualizada de la ley


procesal peruana apareció en el año de 1873, preparado al alimón

232
BASADRE GROHMANN Jorge, Historia de la República del Perú (1822-1933), Tomo
10, El Comercio, Primera Edición 2005, p. 63.
233
RAMOS NÚÑEZ Carlos, Historia del Derecho Civil Peruano (siglos XIX y XX),
Tomo V. Volumen 1, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú,
Primera edición: noviembre 2005. p. 34.
234
BASADRE GROHMANN Jorge, Ob. Cit., p. 128.

248
Temas de Justicia Militar

por los destacados publicistas don Manuel Atanasio Fuentes y don


Miguel Antonio de la Lama”; y el mismo autor considera, también,
que “el libro más importante en materia procesal en el siglo XIX en
el Perú fue el del profesor sanmarquino doctor don Miguel Antonio
de la Lama, titulado Elementos de teoría del enjuiciamiento y prác-
tica forense peruana del año 1875, en tres tomos.” 235

Sobre el Código Civil de 1852, Miguel Antonio de la Lama pu-


blicó varias ediciones con valiosas citas, notas y concordancias. “El
acervo legal modificatorio del Código Civil fue incrementado por este
autor con el correr de los años”.236 El profesor Carlos Ramos Núñez
dirá: “Miguel Antonio de la Lama, publicista de sucesivas ediciones
del Código Civil, incluye en éste agudos comentarios o notas.”237

Publicó también de la Lama un Código de Comercio del Perú,


con citas, notas, concordancias hasta el 30 de diciembre de 1896238
y un Reglamento de tribunales con citas, notas, concordancias y un
apéndice239. Con anterioridad, junto con Manuel Atanasio Fuentes,
habían publicado los Reglamentos de Tribunales, de Jueces de Paz
y de Comercio, con notas y concordancias (Lima: Imprenta del Esta-
do, 1870). Miguel Antonio de la Lama publicó además, en 1906, un
texto sobre Derecho procesal penal, con un apéndice que apareció
en 1907.

Basadre Ayulo dirá, también, que “El primer libro de los más
importantes en materia penal en el siglo XIX, salió de la pluma prolí-
fica de don Miguel Antonio de la Lama, bajo la forma de diccionario

235
BASADRE AYULO Jorge, Historia del Derecho universal y peruano, Ediciones
Legales, Primera Edición: mayo del 2011, p. 773
236
Esta obra tuvo seis ediciones, la última en 1928; es decir, después de 16 años de la
muerte del autor.
237
RAMOS NUÑEZ Carlos Augusto, Toribio Pacheco jurista peruano del siglo XIX,
Publicación del Instituto Riva-Agüero N° 245, 2da ed. 2008, Fundación M.J. Busta-
mante, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.
238
Librería e Imprenta Gil, 1879.
239
Librería e Imprenta Gil, 1897. Hay otra edición de 1905.

249
Roosevelt Bravo Maxdeo

enciclopédico tan en boga en el Perú del siglo XIX”.240 241 El mismo


autor, al hacer “la división metodológica de los juristas peruanos
del siglo XIX”, coloca entre los enciclopedistas de ese siglo a Miguel
Antonio de la Lama, junto a Francisco García Calderón Landa y
Manuel Atanasio Fuentes; y en los inicios del siglo XX, a Germán
Leguía y Martínez.

Carlos Ramos Núñez, en su Historia del Derecho Civil Perua-


no, al tratar de los “Enciclopedistas” peruanos de los Siglos XIX y
XX, dice: “Tras la publicación del Diccionario de García Calderón
en el horizonte de la cultura jurídica peruana, aparecerían otros tra-
bajos bajo ese nombre. Manuel Atanasio Fuentes y Miguel Antonio
de la Lama, hacia 1877, daban a luz un Diccionario de Jurispru-
dencia y de Legislación peruana” “Los afanes de El Murciélago (así
se le conoce a Manuel Atanasio Fuentes) y de Lama, recién conclui-
rían casi veinte años después. La obra de estos dos jurisconsultos se
ceñía, apretadamente, a los códigos y, aunque de menor extensión
que el Diccionario del jurista arequipeño, tenía la misma utilidad.
Si este último traía menor información histórica que el primero, lo
aventajaba con creces en materia de Derecho Comparado”.242 “Mi-
guel Antonio de la Lama, abogado de los tribunales, maestro uni-
versitario, diligente editor de revistas jurídicas y profuso anotador
de las leyes del país.243 Participó, también, en las postrimerías de su
vida, en la elaboración del proyecto del Código de Procedimientos
Civiles de 1912.244

Correspondió a Manuel Augusto Olaechea, en representa-


ción de la Facultad de Jurisprudencia de San Marcos, pronunciar

240
BASADRE AYULO, Ob. Cit., p. 800.
241
DE LA LAMA Miguel Antonio, Diccionario penal de jurisprudencia y de legislación
peruana, Lima Imprenta del Universo de Carlos Prince, 1889, 865 páginas.
242
RAMOS NUÑEZ, Carlos, Historia del Derecho Civil Peruano, Siglos XIX y XX. Tomo
III, Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial 2002, p. 325-326.
243
RAMOS NÚÑEZ Carlos, Historia del Derecho Civil Peruano (siglos XIX y XX),
Tomo V, Volumen 1, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú,
Primera edición: noviembre 2005, p. 81-82.
244
RAMOS NÚÑEZ Carlos, Ibídem., p. 29.

250
Temas de Justicia Militar

el discurso fúnebre en las exequias de Miguel Antonio de la Lama,


su antiguo y dilecto maestro, quién, declarándose “el más pequeño
pero el más doloroso” de los asistentes declamó: “La reputación li-
teraria del doctor Lama está firmemente consolidada. Su enseñan-
za universitaria ha sido provechosa y amplia. La nativa tendencia
ordenadora de ese hombre preclaro (…), su palabra fácil y viva, sus
modales afectuosos y llanos, le facilitaban la ardua misión de trans-
mitir la ciencia. Y sus comentarios legales inimitables, sus códigos
hábilmente concordados, sus libros copiosos de doctrina, sus ágiles
polémicas de prensa, completan el sólido pedestal de su renombre.”
(Necrologías. Dr. Miguel Antonio de la Lama. Revista Universita-
ria, año VII, vol. 2, agosto 1912, pp. 115-128.).245

Como se puede apreciar de las citas glosadas, don Miguel An-


tonio de la Lama tuvo una actividad académica sobresaliente. Es-
tuvo comprometido con la solución de los problemas legales de su
tiempo y fue, como maestro, un faro de luz que guio varias genera-
ciones de alumnos sanmarquinos.

En otra faceta de su vida, que tiene que ver con su papel en


la jurisdicción militar, debemos decir que el doctor de la Lama fue
nombrado Fiscal del entonces Consejo Supremo de Guerra y Mari-
na, por Resolución Suprema del 17 de Marzo de 1899, en su condi-
ción de “letrado de nota”, en defecto de un General o Coronel, como
disponía el artículo 109° del Código de Justicia Militar de 1898.

Con anterioridad a este nombramiento, nuestro ilustre perso-


naje había participado activa y directamente en la formación de la
nueva legislación militar y naval, que profusamente se dio, durante
la reorganización del Ejército por la misión francesa, a partir de
1896.

Tuvo de la Lama, por ejemplo, participación principalísima


en la formulación del Código de Justicia Militar de 1898 y en los

245
RAMOS NÚÑEZ Carlos, Historia del Derecho Civil Peruano (siglos XIX y XX), Tomo
VI, El Código de 1936, Volumen 1, Los artífices, Fondo Editorial de la Pontificia
Universidad Católica del Perú, Primera edición: octubre de 2006, p. 120.

251
Roosevelt Bravo Maxdeo

proyectos posteriores para su modificación. Una publicación oficial


del Ejército señala: “En 1898 se promulgó el primer Código de Jus-
ticia Militar, elaborado por el doctor Miguel Antonio de la Lama,
fiscal del Consejo Supremo de Guerra y Marina.” 246 En cuanto a
las modificaciones, en el acta de la sesión del Consejo de Oficiales
Generales247 del 30 de marzo de 1910, se indica que se concedió “(…)
al señor doctor don Miguel A. de la Lama, Fiscal del Consejo de
Oficiales Generales, la licencia que solicita por cuatro meses sin goce
de sueldo; y se acepta la propuesta que formula, encargándosele la
reforma del Código de Justicia Militar”.

En la sesión del Consejo del 28 setiembre de ese mismo año,


se hizo referencia que el doctor don Miguel A. de la Lama, puso “en
conocimiento del Consejo que habiendo terminado la reforma del
Código de Justicia Militar que se sirvió encomendarle el Supremo
Gobierno”, se reintegraba al Consejo.

El doctor de la Lama falleció el 5 de agosto de 1912. Tras su


fallecimiento, en el acta de la sesión del Consejo de Oficiales Gene-
rales del 10 de agosto de 1912 se registró: “Estando vacante el cargo
de Fiscal del Consejo por fallecimiento del señor doctor don Miguel
Antonio de la Lama, se acordó llamar para el servicio accidental de
este puesto, al adjunto doctor Arturo Osores, mientras el Supremo
gobierno efectúe la provisión respectiva.”

El Contralmirante Toribio Raygada, en la memoria que leyó


en la sesión del Consejo de Oficiales Generales del 22 de marzo de
1913, rindió homenaje al doctor de la Lama, en los siguientes térmi-
nos: “No puedo ni debo pasar adelante sin evocar antes un doloroso
recuerdo por los inolvidables compañeros en este Superior Tribunal,

246
COMISIÓN PERMANENTE DE LA HISTORIA DEL EJÉRCITO DEL PERÚ Y
OFICINA DE INFORMACIÓN DEL EJÉRCITO, Compendio de la Historia General
del Ejército del Perú, Volumen II, INDUSTRIAL GRÁFICA S.A., Lima- Perú, Agosto
de 2011, p. 292.
247
El Consejo Supremo de Guerra y Marina fue sustituido por el Consejo de Oficiales
Generales en diciembre de 1906, tras la dación de la Leyes 272 y 273, que modificaron
el Código de Justicia Militar de 1898.

252
Temas de Justicia Militar

señores General don Juan Martín Echenique, el que por ministerio


de la ley y con singular acierto ejercía la Presidencia de él; y su muy
digno Fiscal el señor doctor don Miguel A. de la Lama. Falle-
ció el primero el 27 de mayo de 1912 y el segundo el 5 de agosto del
mismo año; habiendo causado la desaparición de tan esclarecidos
magistrados en el ánimo de los que durante largos años comparti-
mos con ellos la augusta misión de administrar justicia y pudimos
apreciar de cerca sus relevantes dotes intelectuales y su capacidad
profesional.”248 (Resaltado agregado)

El Fuero Militar Policial del Perú ha rendido homenaje, de


formas diversas, a su primer Fiscal General. Entre esos recono-
cimientos están la colocación de su retrato en la galería de Fiscales
Supremos y la reedición de su obra: “Retórica Forense”.

248
Memoria del Contralmirante Toribio Raygada, leída en la sesión del Consejo de
Oficiales Generales del 22 de marzo de 1913, Imprenta Americana-Abancay N° 154,
Lima, 1913.

253