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INSTITUCIONES DE LA UNIÓN EUROPEA

(CUOTA DERECHO POLÍTICO)

GRADO EN DERECHO
CURSO 12/13

Apuntes confeccionados por los compañeros: jaraíz1982, sivia.a, RAQCAR, guesi,


Onaiplu, LloB, rfernandez1076, ebravo44, jmmg, aasm, Calotebo, nserrano39.

Foro uned-derecho.com
TEMA 1. EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEA.

1. EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEA:


ANTECEDENTES.
Actualmente la UE atraviesa el peor momento de su historia. Si bien es cierto que ha
vivido en un “permanente” estado de crisis, la actual coyuntura económica afecta
gravemente a la zona Euro, haciendo pensar que la fractura de la UE ya no es imposible.
La crisis es de tal calibre que no afecta sólo a la economía: es una crisis social, política,
de identidad. Esto ha conllevado una casi total indiferencia por parte de la ciudadanía
europea, causada también en gran medida por la mínima confianza que transmiten las
instituciones europeas, incapaces de aplicar medidas que solucionen esta situación. No
obstante, conviene añadir que sin la Unión Europea, Europa no tendría ningún futuro.
Por esto debemos creer que antes de una posible caída de la Unión se encontrará una
solución a esta crisis.

1.1. La fundación de las Comunidades Europeas.

Para entender el presente y futuro de la UE hay que conocer su pasado, ya que una de
las razones que históricamente dificultó la consolidación de la Unión es su nacimiento y
desarrollo. A diferencia del proceso que dio lugar a los actuales Estados, la UE surge de
un modo racional, mediante lazos sólidos entre los intereses económicos de naciones
tradicionalmente enfrentadas. Se esperaba que se estableciese una mutua y estrecha
dependencia entre los estados miembros, con la consecuente aproximación política y, en
último término, un gobierno común. Esta primera intención se vio alterada por las
servidumbres propias de todo proceso unificador, y también por las exigencias
dimanantes de la ampliación de su ámbito y la alteración de las condiciones externas.
Por tanto, la unificación de esta base material, económica, no acaba de reflejarse a nivel
político o superestructural, donde entra en juego el recelo de los distintos Estados
Miembros.

Es el final de la II Guerra Mundial el que, a pesar de crear dos bloques antagónicos,


impulsa el proceso de unificación europea. Dos son los acontecimientos decisivos
(1948): el Congreso por Europa de La Haya; y la formación de la Organización
Europea de Cooperación Económica, encargada de administrar los fondos
norteamericanos procedentes del Plan Marshall y reconstruir el continente.

En 1950, mediante la Declaración Schuman, Francia ofrece a Alemania la puesta en


común de las producciones de carbón y acero, bajo una autoridad común, con el fin de
acabar con el enfrentamiento entre ambas potencias por el control de este sector. Dicha
propuesta también estaba abierta a otros países europeos, y su objetivo final iba más allá
de lo económico: sentar las bases de una futura federación europea.
Ya en 1951 Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo firman el
Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA). El
Reino Unido se quedó al margen por varios motivos: su condición de isla, su
compromiso con la Commonwealth, y ante todo, por su rechazo a toda cesión de su
soberanía. El tratado entró en vigor en 1952, y tenía una vigencia de 50 años, por lo que
expiró en 2002.

Posteriormente, en 1954, fracasa el proyecto de crear una Comunidad Europea de


Defensa, al rechazarse por la Asamblea Francesa. Parecía así que sería imposible
ampliar la unión económica de la CECA, o más aún, establecer una integración política.
No obstante, en la Conferencia de Messina (1955) se acepta la propuesta de los países
del BENELUX sobre la creación de un mercado común basado en la libre circulación de
mercancías, servicios, capitales y trabajadores. También en esta conferencia se encarga
un informe que contendrá dos proyectos: la creación de un mercado común a través de
una Comunidad Económica Europea (CEE) y la creación de una Comunidad Europea de
la Energía Atómica, cuyos tratados constitutivos se firmaron en Roma en 1957.

El Tratado constitutivo de la CEE prevé el establecimiento de un mercado común


basado en la libre circulación (personas, materiales, servicios, etc.); la creación de una
unión aduanera, basada en la eliminación de los derechos de aduana, las restricciones y
otras medidas similares entre los Estados miembros; y el establecimiento de políticas
comunes en diversas materias (agrícolas, de transportes, comerciales).

La llegada de De Gaulle al poder en Francia en 1958 supone un giro en este incipiente


proceso unificador. Los postulados del General francés chocaban con la idea de
supranacionalidad y con la alianza de la Europa Occidental con los EEUU a través de la
OTAN.

Así, De Gaulle vetó la solicitud de adhesión del Reino Unido en 1961 (junto con
Dinamarca, Irlanda y Noruega) por considerar a este país demasiado afín a los EEUU.

Desde la entrada en vigor de la CEE hasta la adopción del Acta Única Europea en 1986
pasan casi 30 años de lenta construcción del proyecto europeo, con las consiguientes
transformaciones y crisis. La más importante de estas crisis fue la denominada crisis de
la silla vacía, que se produjo cuando Francia no participar en las decisiones
comunitarias. La razón era que De Gaulle no quería someterse a la votación por mayoría
cualificada en el seno del Consejo. Finalmente Francia rehusó acpetar la posibilidad de
recurrir a una votación por mayoría cualificada desde el momento en que un estado
miembro invocara un “interés nacional esencial”.
2. EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE LA UNIÓN
EUROPEA: PROFUNDIZACIÓN Y AMPLIACIÓN.
El principal objetivo del Acta Única Europea (1986) era la creación de un espacio sin
fronteras interiores, que asegurase la libre circulación de personas, servicios y capitales,
30 años después del establecimiento de la CEE. Así se ponían de manifiesto las
insuficiencias del Tratado de Roma. Así, el Acta Única Europea reavivó el mercado
común, y preparó las instituciones para la entrada de España y Portugal.

El Tratado de la Unión Europea, firmado en Maastricht en 1992, fue crucial para la


integración europea, al crear la UE, organización política superior a las Comunidades.
Modificó los Tratados constitutivos de las Comunidades Europeas, con la intención de
aumentar el protagonismo de la UE en la política exterior y seguridad común,
pretendiendo una mayor colaboración de los estados en materia de justicia e interior.
Además se creó una ciudadanía europea, derechos y deberes supletorios para los
ciudadanos de los Estados miembros. Inició también la Unión Monetaria y Económica,
reforzó las competencias del Parlamento Europeo, y extendió las políticas comunitarias
a ámbitos como sanidad, cultura, medio ambiente, etc.

Posteriormente aparece el Tratado de Amsterdam, por la necesidad de dar respuesta a


distintas cuestiones como los derechos de los ciudadanos europeos o el reforzamiento
del carácter democrático de las instituciones europeas. Pese a que no cumplió con las
expectativas, este Tratado supuso otro avance en la consolidación del proyecto europeo,
dando mayor protagonismo al Parlamento Europeo, permitiendo la colaboración
reforzada entre Estados miembros, o incorporando el empleo a las políticas
comunitarias.

El mayor fracaso del Tratado de Amsterdam fue la imposibilidad de dotar a las


Instituciones Europeas de un sistema organizativo sencillo, transparente y eficaz. Y
éstos eran requisitos indispensables antes de afrontar la ampliación de la UE.

Con el objetivo de renovar las Instituciones para posibilitar la adhesión de nuevos


estados, se convoca en 2000 una Conferencia Intergubernamental, en la que se trataron,
entre otros, tres puntos delicados:

- El tamaño y la composición de la Comisión.


- La reponderación de votos de los Estados miembros en el Consejo y la revisión
del umbral de la mayoría cualificada.
- La posibilidad de ampliar los supuestos de voto por mayoría cualificada en el
seno del Consejo.

El principal objetivo de los cinco grandes Estados miembros era hacer frente al
creciente deterioro su peso específico, y que se vería agravado con la entrada de los
pequeños países de la Europa del Este y del Mediterráneo.
Finalmente, el Tratado de Niza concluyó, sólo en parte, la reforma institucional de la
Comisión Europea y del Consejo, preparando a la UE para la adhesión de nuevos
Estados.

2.1.La non nata Constitución Europea.

El Consejo Europeo acordó en la llamada Declaración de Laeken (2001) una serie de


iniciativas para la continuación del proyecto europeo. Este proyecto debía abordar las
siguientes cuestiones:

- La forma de establecer y supervisar una delimitación más precisa de


competencias entre la UE y los Estados miembros, en base al principio de
subsidiariedad.
- El Estatuto de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE proclamada en
Niza.
- La simplificación de los Tratados para clarificarlos y facilitar su comprensión.
- La función de los Parlamentos nacionales en la arquitectura institucional europea

Con esto se pretendía mejorar la transparencia y funcionamiento democrático de las


Instituciones de la UE, para acercarlos así a la ciudadanía.

En la Declaración de Laeken también se acordó la creación de una Convención, la


Convención sobre el futuro de Europa, que iniciaría una nueva etapa al constituir un
nuevo método de reforma de los Tratados. Este nuevo método haría participar a los
Parlamentos Nacionales y Europeo, incluso a la sociedad civil. Esta convención fue
eficaz, transparente y abierta, permitiendo a los ciudadanos acceder a sus trabajos y
documentos. También se posibilitó la participación de los países candidatos, que
intervinieron en los trabajos con los mismos derechos de facto que los países miembros.
La Convención concluyó proponiendo un Proyecto de Constitución para Europa.

Este Proyecto se aprobó en 2004, tras la gran ampliación de la UE (10 nuevos Estados,
con lo que ya eran 25), por los Jefes de Estado y de Gobierno de los 25; y se firmó en
Roma.

Era un trabajo excesivamente largo, farragoso y complejo. Tenía que ser aprobado en un
plazo de dos años por los Parlamentos Nacionales o por la ciudadanía mediante
referéndum (como en España). Los resultados negativos obtenidos en los referendos
francés y holandés provocaron que los países restantes paralizasen sus procesos de
ratificación, cuando ya 10 Estados sí que lo habían ratificado. Estas negativas de
Francia y Holanda fueron un “regalo inesperado” para otras naciones, como Reino
Unido, donde se esperaba otro rechazo por parte de la ciudadanía.

Otros estados que se adhirieron en 2004 también mostraron su rechazo o apatía por el
Proyecto Constitucional Europeo. Esto choca con el proceso de ampliación de la UE,
que hoy día continúa.
Hay quien achaca el fracaso del Proyecto a la ampliación de la UE hacia el Este y el
Mediterráneo. Pero no ha sido ese el error, sino el hecho de ampliarse sin haber hecho
antes las reformas necesarias. Además, la ampliación podría haberse hecho más
lentamente, preparando a la ciudadanía europea.

De esta manera, los franceses y holandeses no habrían pagado su frustración económica


con Europa, cuando la integración significaría más prosperidad. La UE se convirtió en
el chivo expiatorio de los fallos de los gobiernos nacionales.

Y así la incertidumbre se apoderó de Europa. La Constitución era un texto claramente


mejorable, tanto en el fondo como en la forma. Pero también es cierto que ninguna
Constitución resuelve los problemas: sólo aspira a fijar los valores de una colectividad,
a dar unas reglas de juego justas, y a proporcionar unos principios generales con que
resolver los problemas que surjan. El Tratado Constitucional respondía a la necesidad
de clarificar la identidad política de Europa; y a la de solucionar la falta de democracia y
eficacia que reclamaban los ciudadanos.

Finalmente, en junio de 2007, el Consejo Europeo convocó una Conferencia


Intergubernamental con el fin de reformar el Tratado de la UE y el Tratado de la
Comunidad Europea, dejando aparcado de forma definitiva el Proyecto de Constitución
Europea.

3. EL TRATADO DE LISBOA.
El pacto de salida del laberinto constitucional, el Tratado de Lisboa, se hizo a partir de
un mandato cerrado del Consejo Europeo, a toda prisa y sin debates públicos, que
incorporaba por la puerta de atrás la mayor parte de los contenidos de la fallida
Constitución.

En la elaboración de este Tratado se utilizó deliberadamente un lenguaje oscuro para


disfrazar su contenido, y evitar así referendos. Se presentó ante la ciudadanía como un
acuerdo técnico, cuando la realidad es que lleva a cabo una similar profunda reforma de
las Instituciones de la UE que la que hacía la Constitución. Supone una importante
redistribución del poder político europeo, con países más y menos beneficiados.

En resumen, el Tratado de Lisboa supone una vuelta a la tradicional forma de cerrar los
Tratados (“a puerta cerrada”), y la construcción de una Europa a medida de los
gobiernos.

Todo se hizo de este modo por conseguir una ratificación sin sorpresas, mediante una
fórmula que permitiese a los Parlamentos Nacionales aprobar el Tratado sin tener que
pasar por el referendo, lo que en algunos países, como Irlanda, no es posible por
mandado constitucional.
Precisamente Irlanda generó gran incertidumbre en esta etapa, al resultar negativo el
referendo que decidía sobre el Tratado de Lisboa en este país. Este rechazo provocaba
que el Tratado de Lisboa no podría entrar en vigor el 1 de enero de 2009, tal como
estaba previsto, dejando a Europa en una grave situación de bloqueo.

El 53% de la población irlandesa (que apenas supone un 1% de la población total


europea) votó “no” en el referendo sobre el Tratado de Lisboa. Son cifras significativas,
más si tenemos en cuenta que los votos de 110.000 personas, de un total de 500
millones de ciudadanos europeos, decidieron el destino de un proyecto común de 27
naciones.

El Consejo Europeo “tomó nota” del resultado del referéndum irlandés sobre el Tratado
de Lisboa, y con 24 países que habían ratificado el texto, decidió buscar una solución y
vía común de avance.

El Gobierno irlandés pretendió chantajear en 2009 al Consejo Europeo, admitiendo un


segundo referéndum sólo si se introducía una cláusula en el Tratado de Lisboa según la
cual Irlanda tendría en la Comisión un miembro permanente cada 5 años. Este chantaje
era inaceptable, como también lo era la idea de que un 1% de la población europea
paralizase el destino de 500 millones de personas.

No obstante, el Consejo Europeo aceptó el chantaje irlandés, y en el posterior


referéndum se obtuvo, esta vez sí, un resultado positivo.

De este modo, el Tratado de Lisboa entró en vigor el 1 de diciembre de 2009. Con este
tratado desaparecen la forma y los símbolos de la Constitución, manteniéndose el
esquema tradicional de los Tratados. A pesar de lo dicho, se incorporó el 90% del
contenido de la fallida Constitución Europea al Tratado.
TEMA 2. LA UNIÓN EUROPEA.

1.- La naturaleza de la Unión y su Personalidad Jurídica.


En sus inicios, el movimiento unificador europeo fue organizador, porque partió de la
iniciativa de varios individuos que pretendía alcanzar un fin político (eliminar la
rivalidad secular franco-germana como fuente de conflictos y guerras), mediante la
colocación de determinadas fuerzas productivas (las industrias del carbón y del acero,
clave para la producción de armamento) bajo el control de una autoridad supranacional.
Así nació la denominada CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), que,
partiendo de una base económica, contaba ya con los elementos organizativos que
conformarían la evolución posterior del proceso. Contenía, entre otros, un Consejo de
Ministros de los gobiernos representantes de los Estados miembros y una Alta
Autoridad, que se convertiría en la Comisión. Hay que aclarar que, inter-gubernamental
hace referencia a las decisiones que se alcanzan en el seno de organizaciones
internacionales, que requieren de la unanimidad de los Estados que las integran para que
sean vinculantes; y supranacional a las decisiones que se adoptan a un nivel superior al
de los mismos Estados, por ello predominan sobre las tomadas a nivel estatal-nacional.

En los años siguientes, las mismas naciones que crearon la CECA, fundaron la
Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de Energía Atómica
(CEEA). Inicialmente, cada Comunidad tenía sus propias instituciones, aunque
compartían una Asamblea Parlamentaria y un Tribunal de Justicia. Después, las
instituciones separadas se fusionaron y se crearon por el Tratado de fusión de las
Comunidades Europeas de 1964 un solo Consejo de Ministros y una única Comisión.

Lo que comenzó como el establecimiento de un área de integración de un sector de


producción y de libre circulación, siguió con una unión aduanera, y posteriormente con
un mercado común, condujo, a una unión económica. Pero, si para la mayoría no estaba
claro que la puesta en común de determinados intereses mediante la transferencia de
poderes, significara que las Comunidades asumieran el control de ciertas áreas, la
dinámica del proceso apuntaba al objetivo de una integración más profunda y amplia. El
Tratado de Maastricht (1992) así lo clarificó. Al margen de los progresos en materia de
unificación económica y monetaria, estableció una mayor cooperación política de los
campos de política exterior, seguridad, policía y justicia y, sobre todo, creó la Unión
Europea.

La Unión Europea no es lisa ni una Unión Aduanera, ni un Mercado Común. No puede


compararse con un Estado. Algunos autores apuntan a formas mixtas de Estado y
Organización Internacional, Macro-Estado Regional, Asociación de Estados, poco útiles
y faltas de rigor.

La Unión Europea presenta, analogías con las organizaciones internacionales; por


ejemplo, su creación mediante un tratado internacional. Pero, a diferencia de entidades
como la ONU o la OTAN, no se sirve en exclusiva de los medios tradicionales de
cooperación entre los

Estados para alcanzar los objetivos propuestos, sino que también se persiguen en
régimen de integración, sirviéndose a veces de una organización distinta de los Estados
miembros, que suplanta a éstos, a su soberanía, en la toma de decisiones. Los actos
fundacionales de la CE, han conducido a la creación de comunidades independientes,
provistas de competencias y derechos de soberanía propios. Los Estados miembros han
renunciado parcialmente a su soberanía a favor de dichas comunidades

La Unión Europea “resulta ser una entidad autónoma de poder con derechos de
soberanía propios y un ordenamiento jurídico independiente de los Estados miembros,
al que están sometidos tanto los Estados miembros como sus ciudadanos en los ámbitos
de competencia transferidos a la UE”

Así, nos planteamos sobre el problema de la personalidad de la UE. De sus orígenes


podemos constatar que, las tres originarias, poseían personalidad jurídica de Derecho
Público. Es decir que poseían capacidad para ser sujetos de relaciones jurídicas, de
derechos y obligaciones, y podían, por lo tanto, auto-organizarse, concluir tratados,
relacionarse con organismos internacionales, etc. Cada una de las Comunidades tenía su
personalidad.

¿Qué ocurre con la UE? El tratado de Maastricht se limitaba a decir que “por el
presente, las Altas Partes Contratantes constituyen entre sí una Unión Europea, pero no
atribuía expresamente a la misma personalidad jurídica alguna. ¿Significa este silencio
que la UE ha carecido de personalidad jurídica desde la fecha de su fundación hasta la
entrada en vigor del Tratado de Lisboa, cuando finalmente se le ha reconocido? Aunque
ha habido autores que así lo han manifestado, otros han sostenido, acertadamente, que
“existiendo una organización, el dato de personalidad jurídica debía entenderse como
una exigencia de tráfico internacional y una garantía jurídica para los Estados miembros
y personas concernidas en sus relaciones con la Unión Europea”.

Finalmente, el Tratado de la Unión Europea (Lisboa) ha terminado por reconocer que


“la UE tiene personalidad jurídica”. Declaración simple que el Tratado del
Funcionamiento de la Unión Europea, amplió al estipular que “la Unión gozará en cada
uno de los Estados miembros de la más amplia capacidad jurídica que las legislaciones
nacionales reconocen a las personas jurídicas; y podrá, en particular, adquirir o enajenar
bienes muebles e inmuebles y comparecer en juicio. A tal fin, estará representada por la
Comisión.

2.- Los valores, principios y objetivos de la Unión Europea.


Cuando se redacta un texto constitucional, o una norma fundamental para la vida
política de una comunidad, es costumbre incluir en el preámbulo las razones que llevan
a su adopción y lo que se pretende al promulgarla. En cuanto a los valores y los
principios, si se recogen, también aparecen en el preámbulo o, en otro caso, en la
denominada parte dogmática, por contraposición a la parte orgánica, destinada a regular
las instituciones de gobierno y sus relaciones con los ciudadanos.

En el caso de la UE, se encuentran las primeras alusiones a los principios en fechas


anteriores al Tratado de Maastricht, pero no en los tratados de creación de las
comunidades, sino en las resoluciones del Tribunal de Justicia de la Comunidad
Europea.

En la actualidad, la asunción de la dignidad humana y de los valores y principios a ella


asociados ha traspasado el umbral jurisprudencial, y ha recibido sanción legal. De
manera análoga a la Constitución española de 1987, el Tratado de la Unión Europea
dispone que la Unión se fundamenta en los valores de respeto a la dignidad humana,
libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos,
incluidos los derechos de las personas pertenecientes a las minorías. Valores que son
comunes a los Estados miembros, en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no
discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y
hombre.

El respeto de los mismos y el compromiso de promoverlos, constituye un requisito que


cualquier Estado europeo deberá cumplir para solicitar su ingreso en la Unión Europea.
Por otro lado, la obligación de observarlos está expresamente formulada en la medida en
que se establece que, de constatarse una violación grave y persistente de un Estado
miembro de los valores, el Consejo podrá decidir por mayoría cualificada que se
suspendan determinados derechos derivados de la aplicación de los Tratados al Estado
miembro de que se trate, incluidos los derechos de voto del representante del Gobierno
de dicho Estado miembro en el Consejo.

Respecto a los principios, la doctrina acostumbra a incluir los principios junto a los
valores, dándose así una asimilación de los unos a los otros.

Respecto a los objetivos, en el TUE se enumeran los de índole económica


establecimiento de un mercado interior en el ámbito de una economía social de mercado
y de una unión económica y monetaria, el fomento de la cohesión económica, social y
territorial, y la solidaridad entre sus miembros. Los de naturaleza política: la promoción
de la paz y el bienestar, la lucha contra la exclusión social y la discriminación, el
fomento de la justicia, la igualdad y la solidaridad, y el patrimonio cultural europeo. Los
objetivos relativos a la acción exterior de la Unión con los países vecinos y en materia
de relaciones internacionales: búsqueda de la paz, la prosperidad, la cooperación, el
respeto del Derecho, ect.

3.- La estructura de la Unión Europea.


Las tres primeras comunidades poseían todas sus propias instituciones, Comisión,
Consejo de Ministros, y dos compartidas, una Asamblea y un Tribunal de Justicia. En
1965, se fusionaron las respectivas Comisión y Consejo de Ministros, de tal manera que
en adelante las tres Comunidades contaron con cuatro instituciones compartidas, que
pasaron a ser primero cinco, y luego siete: las cuatro primeras más el Consejo Europeo,
el Tribunal de Cuentas y el Banco Central Europeo.

El derecho vigente al respecto se encuentra en el TUE que establece la norma general


sobre las instituciones en los términos siguientes: La Unión Europea dispone de un
marco institucional que tiene como finalidad promover sus valores, perseguir sus
objetivos, defender sus intereses, los de sus ciudadanos y los de los Estados miembros,
así como garantizar la coherencia, eficacia y continuidad de sus políticas y acciones.
Las instituciones de la Unión son : el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo, el
Consejo, la Comisión Europea, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Banco
Central Europeo y el Tribunal de Cuentas. Aunque se prevé que cada institución actúe
dentro del marco de sus atribuciones y de acuerdo con los procedimientos establecidos
en los Tratados, su funcionamiento debe regirse por el principio de cooperación leal,
manifestación del cual son diversos preceptos del TFUE relativos a la coordinación
entre el Parlamento, el Consejo y la Comisión.

Como órganos auxiliares con funciones consultivas, se han previsto, un Comité


Económico y Social y un Comité de las Regiones, que asistirán al Parlamento, al
Consejo y a la Comisión.

Esta estructura puede reconducirse a la clásica de un Estado moderno, con ciertas


peculiaridades. Así podemos ver reflejado un poder ejecutivo en la Comisión y en el
Consejo, el poder judicial en el Tribunal de Justicia y el poder legislativo en el
Parlamento Europeo y en el Consejo a propuesta de la Comisión.

Si comparamos la UE con otras organizaciones internacionales, la estructura orgánica


de la Unión Europea presenta algunas diferencias, debido a su naturaleza mixta de
fórmula de “integración” y de “cooperación intergubernamental”. Los intereses estatales
están representados en dos de sus siete instituciones, Consejo Europeo y Consejo, que
son órganos intergubernamentales, mientras que en las cinco restantes, órganos no
intergubernamentales y, por tanto, independientes de los gobiernos de los Estados
miembros, están representados intereses distintos y diversos. Por ejemplo, en la
Comisión, los comisionados son representantes de los Estados miembros, no deben
seguir las instrucciones de sus gobiernos, o de cualquier otra entidad. El Parlamento
Europeo representa a los ciudadanos de los Estados miembros.

El Tratado de Lisboa ha implicado transformación en la estructura. A diferencia de la


estructura denominada de los tres pilares (las tres Comunidades, la Política Exterior y
de Seguridad Común y la Cooperación en Asuntos de Justicia e Interior) que
funcionaban siguiendo respectivamente las pautas de integración (el primero), y de
cooperación intergubernamental (los dos últimos), desde el 1 de diciembre de 2009 el
único ámbito que sigue rigiéndose por el principio de cooperación intergubernamental
es el de la PESC. Pero más importante todavía, desde la óptica de la caracterización
jurídico-política, es la inserción con la naturaleza de Derecho originario, y vinculante,
de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE. La razón es muy sencilla. Al armazón
predominantemente organizativo de los diseños anteriores, se ha añadido una parte
dogmática, que da al ordenamiento europeo toda una apariencia constitucional.

Ni se ha abandonado tampoco todavía el ámbito del Derecho de las organizaciones


inter-supra-nacionales, pues su creación y modificación son frutos de una serie de
tratados internacionales, pero parte de su contenido forma parte material del contenido
tradicionalmente incluido en las Constituciones.
TEMA 3. LA UNIÓN EUROPEA Y LOS ESTADOS MIEMBROS.

1. Introducción.
El proceso de constitución de las Comunidades Europeas se ha desarrollado a través de
numerosas incorporaciones, siendo varios los estados candidatos a la espera de ingresar
en los próximos años (Macedonia, Islandia y Turquía):
INICIO: Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo
FASES AMPLIACIÓN
Dinamarca, Irlanda y Reino Unido 1973
Grecia 1981
España y Portugal 1986
Austria, Finlandia y Suecia 1995
República Checa, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania
2004
Eslovenia, Chipre y Malta
Bulgaria y Rumanía 2007
Croacia (acta de adhesión pendiente de ratificar por los estados miembros) 2012/13

2. El procedimiento de adhesión de nuevos estados.


El artículo 49 del TUE constituye la base jurídica para que se pueda llevar a cabo la
ampliación de la UE, establece los requisitos que deben concurrir en un Estado para ser
admitido como miembro y el procedimiento que debe seguirse. La solicitud de
adhesión de un Estado a la Unión debe entenderse como adhesión a dos organizaciones
internacionales, la UE (Tratado de la Unión 1992) y la Comunidad Europea de la
Energía Atómica (Tratado de 1957)

2.1. Requisitos
Los requisitos que se exigen a un Estado para ser miembro de la UE es que sea un
“Estado europeo que respete los valores mencionados en el art. 2 y se comprometa a
promoverlos”.
2.1.1. Estado europeo
La pertenencia a la UE sólo se prevé en relación a Estados europeos. Sin embargo este
criterio no es tan claro, presenta distintos problemas. El mapa geográfico de Europa no
aparece definido claramente, de aquí si Turquía debe formar parte o no de la UE. Por
otro lado, qué ocurre con Estados (Armenia, Azerbaiján o Georgia) que forman parte de
organizaciones internacionales europeas como el Consejo de Europa y la OSCE. La
cuestión se complica más si se piensa que el carácter europeo tiene su origen en la
cultura grecorromana, cabría considerar la posibilidad de incorporar Estados como
Egipto o Túnez.
La Comisión afirmó que “el término europeo no se ha definido oficialmente. Combina
elementos geográficos, históricos y culturales, que contribuyen a la identidad europea.
La experiencia común de vecindad, ideas, valores e interacción histórica no se puede
condensar en una simple fórmula y tiende a ser revisado por las sucesivas generaciones”
(Informe “Europa y el reto de la ampliación” aprobado en el Consejo Europeo de Lisboa
en 1992). Además, la Comisión consideró que no era posible ni oportuno fijar las
nuevas fronteras de la UE, cuyos contornos debían ser definidos en el curso de los años,
la UE se configura geográficamente como un proyecto abierto en el que el requisito
fundamental a tener en cuenta para la adhesión son los valores que se han ido fraguando
a lo largo de los siglos y que cobran su forma más definida con posterioridad a la II
Guerra Mundial.
2.1.2. Respeto de los valores europeos
Los Estados que quieran formar parte de la UE deben respetar y promover los valores
recogidos en el art. 2 del TUE, que constituyen el fundamento de la Unión: “el respeto a
la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho y el
respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes
a minorías “. La sociedad de la UE se caracteriza por “el pluralismo, la no
discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y
hombres”.
No estamos ante una mera declaración programática de valores, sino que los mismos se
erigen en el fundamento de la Unión y por tanto estamos ante valores superiores que
poseen auténtica fuerza normativa siendo su función esencial no tanto resolver
conflictos jurídicos concretos, como condicionar y orientar la actuación política,
normativa e interpretativa de la Unión. Hasta tal punto es así que aquellos Estados
miembros de la Unión que violen de forma grave y persistente los valores contemplados
en el art. 2 del TUE podrán ser suspendidos en el ejercicio de derechos derivados de los
Tratados (art. 7 del TUE).

2.2. Procedimiento de adhesión


El art. 49 del TUE establece el procedimiento que debe seguir un Estado que quiere
integrarse en la UE. El Estado en cuestión debe dirigir al Consejo una solicitud de
ingreso como miembro en la Unión, debiendo ser informados de la solicitud realizada el
Parlamento Europeo y los Parlamentos nacionales. El Consejo se pronunciará por
unanimidad después de haber consultado a la Comisión y previa aprobación del
Parlamento Europeo por mayoría de sus miembros de la petición de nuevo ingreso. A la
hora de valorar la solicitud de admisión, el Consejo tendrá en cuenta los criterios de
elegibilidad establecidos por el Consejo Europeo ((a), b) y c) fueron adoptados en el
Consejo Europeo de Copenhague (1993) se conocen como “criterios de Copenhague”;
el d) se adoptó en el Consejo Europeo de Madrid (1995)) son los siguientes:
a) Criterio político: existencia de instituciones estables que garanticen la
democracia, el Estado de Derecho, el respeto de los derechos humanos y el
respeto y protección de las minorías.
b) Criterio económico: contar con una economía de mercado viable, capaz de
hacer frente a la presión competitiva y a las fuerzas del mercado dentro de la
Unión.
c) Criterio del acervo comunitario o de la Unión Europea: tener capacidad para
asumir las obligaciones que se derivan de la adhesión, especialmente suscribir
los objetivos de la Unión política, económica y monetaria.
d) Criterio jurídico: no sólo incorporar la legislación europea, sino aplicarla y
hacerla cumplir.
e) Cláusula de integración: la UE debe ser capaz de integrar a los nuevos países
miembros, garantizar que sus instituciones y procesos decisorios sigan siendo
eficaces y transparentes y que la Unión pueda seguir desarrollándose aplicando
políticas comunes en todos los campos y financiándolas de manera sostenible.
Las condiciones de admisión y las adaptaciones que la misma suponga en lo relativo a
los Tratados, serán objeto de un acuerdo entre los Estados miembros y el Estado
solicitante. Dicho acuerdo deberá ser ratificado por todos los Estados contratantes de
conformidad con sus respectivas Constituciones o normas constitucionales.
Las consecuencias de la adhesión de un Estado a la UE es que desde ese momento las
disposiciones de los Tratados originarios y los actos adoptados con anterioridad a la
adhesión por las Instituciones obligarán al nuevo Estado miembro y le serán aplicables
en las condiciones previstas en dichos Tratados y en el Acta de adhesión.

2.3. La salida de un Estado miembro de la Unión


El Tratado de Lisboa recoge por primera vez la posibilidad de que un Estado miembro
abandone la UE. Hasta entonces los Tratados no contemplaban expresamente esta
posibilidad, lo que dio lugar a distintas posiciones doctrinales, algunas consideraban la
imposibilidad total de abandonar la UE en base al rasgo de la supranacionalidad que
sustenta la integración europea, sin embargo, estas posiciones casaban mal con el
principio de la soberanía estatal y resultaba difícil de llevar a la práctica.
Con carácter general, la retirada de un Estado de una Organización Internacional de la
que forme parte puede producirse básicamente de dos formas: de manera voluntaria por
parte del Estado, o ser expulsado como consecuencia, generalmente, de la violación
grave y sistemática de los principios, objetivos y/o valores básicos de la Organización.
En el caso de la UE el artículo 50 del TUE permite que todo Estado miembro pueda
decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión, en
cambio no prevé la expulsión de un Estado miembro. Dicho artículo establece el
procedimiento que debe seguirse. Así, el Estado deberá notificar su intención al Consejo
Europeo, abriéndose un período de negociación entre la Unión y el Estado saliente con
el fin de celebrar un acuerdo en el que se tendrán en cuenta las relaciones futuras entre
ambas partes; dicho acuerdo podrá ser adoptado por mayoría cualificada del Consejo (a
diferencia de la adhesión del Estado que requiere unanimidad), previa aprobación del
Parlamento Europeo.
A partir de la entrada en vigor del acuerdo de retirada los Tratados dejarán de aplicarse
al Estado de que se trate. A falta de acuerdo de retirada, los efectos de los Tratados
cesarán a los dos años de la notificación de retirada remitida al Consejo Europeo, salvo
si éste, de acuerdo con dicho Estado, decide por unanimidad prorrogar dicho plazo (art.
50.3 del TUE). Si en un futuro el Estado ex-miembro desea integrarse de nuevo en la
Unión deberá seguirse el procedimiento de adhesión establecido en el artículo 49 del
TUE.

3. El Estatuto de los Estados Miembros de la Unión.


El Tratado de Lisboa deja claro que los Estados miembros, soberanos e independientes
permanecen como tales y que son éstos y no sus ciudadanos los únicos integrantes de la
Unión, la UE es una organización integrada por Estados soberanos que voluntariamente
se adhieren a ella, dotándola de competencias concretas y limitadas que puede ejercer
conforme a las condiciones establecidas en los Tratados.
Linde señala que para que la UE pudiera considerarse fruto de la voluntad de los
ciudadanos hubiera sido necesario que los Tratados hubieran sido elaborados por una
Asamblea constituyente elegida por los ciudadanos europeos con el mandato de elaborar
un texto fundamental fundacional, o que, no concurriendo lo anterior, el texto
fundacional hubiese sido ratificado por los ciudadanos europeos en un referéndum
convocado al efecto.

3.1. Igualdad de los Estados miembros


El art. 4.2 del TUE establece que “la Unión respetará la igualdad de los Estados
miembros ante los Tratados “. Esta igualdad se manifiesta de manera fundamental en el
momento de constituirse la Unión mediante Tratado internacional, de adherirse a ella o
de reformar sus Tratados; supuestos todos ellos en los que se exige la unanimidad de
todos los Estados miembros.
• Derechos básicos: todos los Estados miembros tienen los mismos, por ejemplo:
cuentan con un comisario, o con un juez de su nacionalidad en el Tribunal de
Justicia y en el Tribunal de Cuentas; y todos los Jefes de Estado o de Gobierno
intervienen en la elección de las personas que formarán parte de determinadas
Instituciones europeas como los jueces y los abogados generales del Tribunal de
Justicia.
• Obligaciones básicas: todos los Estados atribuyen las mismas competencias a la
Unión y todos tienen la obligación de cumplir íntegramente los compromisos
jurídicos adquiridos.
Aunque la igualdad es la norma general, no obstante, existen supuestos donde se
produce la quiebra de la misma entre los Estados miembros pero esta desigualdad
deberá constar expresamente en los Tratados, por ejemplo, el principio de igualdad se
debe ponderar y compensar con el principio de la democracia (no todos los Estados
tienen el mismo número de Diputados en el Parlamento Europeo, ni los mismos votos
en el Consejo) o con otras consideraciones (principio de eficacia en el ámbito
jurisdiccional y monetario), o en razón del carácter unipersonal de ciertos cargos
(Defensor del Pueblo Europeo).

3.2. El principio del respeto a la identidad nacional


El Tratado de Lisboa en el art. 4.2 establece que la Unión respetará la identidad
nacional, inherente a las estructuras fundamentales políticas y constitucionales de los
Estados miembros, incluyendo la autonomía local y regional. Todo Estado miembro es
soberano e independiente y continúa ostentando el derecho de autoorganización de sus
Poderes, sus Instituciones, su lengua, etc., lo que no obsta para que en función de las
competencias atribuidas a la UE ésta pueda condicionar en alguna medida la existencia
de fueros, regímenes fiscales especiales, etc. Mantiene Mangas que el Tratado exige
respeto a la identidad nacional y en cambio “nunca se refiere expressis verbis a una
identidad europea en cuanto tal, aunque el propósito de la integración haya sido y es
fomentar los elementos que nos unen y nos singularizan frente a otros continentes. No
hay una identidad europea que deba respetarse y protegerse, pero sí una identidad
nacional de Estados singulares que debe ser respetada. El pueblo es un elemento
constitutivo propio de cada Estado y no es un elemento constitutivo de la UE.
3.3. La cláusula de seguridad
Conforme al art. 4.2 del TUE la Unión “respetará las funciones esenciales del Estado,
especialmente las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial, mantener el
orden público y salvaguardar la seguridad nacional. En particular, la seguridad nacional
seguirá siendo responsabilidad exclusiva de cada Estado miembro”.
Esta cláusula de seguridad pone de manifiesto que la Unión es una organización de
Estados que tiene su fundamento en el Derecho internacional. No existe un territorio de
la Unión sino el territorio de cada Estado miembro, correspondiendo su defensa de
forma exclusiva e irrenunciable a cada Estado en cuestión. El orden de la Unión jamás
será un impedimento para que en los casos necesarios el Estado recurra a todos los
medios jurídicos que permite el Estado de Derecho para su autoconservación y para
decidir libremente sobre su convivencia en paz y su futuro. El Estado miembro puede,
conforme a los Tratados desmarcarse de forma excepcional y temporal de aquellas
normas europeas que le dificulten cumplir sus funciones esenciales.
TEMA 4. EL SISTEMA COMPETENCIAL DE LA UNIÓN
EUROPEA.

1. Introducción.
Frente a las organizaciones internacionales cuyo fin principal es facilitar y articular la
cooperación entre sus Estados miembros con vistas a lograr objetivos concretos que
esos estados no pueden alcanzar por sí mismos por la dificultad que el hacerlo solos
conlleva, La U.E. desde la creación de la CECA en 1951, se presenta como
organización internacional de integración, esta integración se materializa en el atributo
se supranacionalidad, frente a la simple cooperación internacional.

La pertenencia de un Estado a la UE conlleva una distribución de competencias entre


ambos.

El Estado se reserva un conjunto de competencias bajo su soberanía y por tanto regidas


por su dº nacional y, otra serie de materias se ceden a la UE que se regirán por los
tratados y los actos de las instituciones europeas o dº derivado. Por lo tanto los dos
órdenes coexisten en el seno de la UE y de cada estado miembro.

Las competencias de la UE aparecen reguladas en los Art. 4 y5 del TUE y desarrolladas


en los arts. 2 a 6 del TFUE, si bien el protocolo nº 25 matiza el ejercicio de las
competencias compartidas y la declaración nº 18, relativa a la delimitación de
competencias, prevé por primera vez la posibilidad de reducir las competencias
atribuidas a la UE.

2. El principio de Atribución.
Es el principio de delimitación competencial por el que se rige la unión.

Por él, los Estados miembros atribuyen competencias a la UE para alcanzar objetivos
comunes.

El Art. 7 del TFUE, establece que la UE velará por la coherencia entre sus diferentes
políticas y acciones, teniendo en cuenta el conjunto de sus objetivos y reservando el
principio e competencias.

De tal manera que la UE disfrutará de aquellas competencias que los Estados miembros
le hayan conferido en virtud de los tratados, de manera que toda competencia no
atribuida a la unión por los tratados corresponderá a los Estados miembros.
Actúa, el principio de atribución, tanto como límite positivo como límite negativo, pues
la Unión puede ejercer aquellas competencias que los Tratados le han atribuido (límite
positivo), y NO pueden ejercer aquellas competencias distintas a las atribuidas por los
tratados ni autoatribuirse otras (límite negativo).

No obstante, el art. 352 del TFUE, prevé la posibilidad de que la UE ejerza


competencias que no tenga expresamente atribuidas por los Estados miembros en los
tratados, pero que sin embargo sean necesarias para alcanzar uno de los objetivos
fijados por esos tratados en los ámbitos materiales de la Unión.

Esta cláusula de flexibilidad o de competencias implícitas está sujeta al cumplimiento


de las siguientes condiciones:

• Que la acción sea necesaria para la realización de los objetivos previstos ene.
Ámbito de las políticas definidas en los tratados, si bien excluye el ámbito de la
política exterior y seguridad común.
• Que no se hayan previsto en los tratados los poderes de actuación necesarios,
esto es, que no exista ninguna otra disposición en los tratados que pueda servir
de base a la acción prevista.
• Que el consejo adopte las medidas necesarias de unanimidad, si bien el tribunal
superior de justicia de la UE ha especificado el carácter político del concepto de
necesidad, correspondiendo al consejo determinar la existencia de esa situación
de necesidad.
• Que las medidas adoptadas por el consejo hayan sido propuestas por la comisión
previa propuesta del parlamento europeo.

Por lo tanto para poder aplicar esta cláusula de flexibilidad hay que demostrar que para
ejercer una competencia atribuida es necesario atribuirse otra competencia que no
estaba expresamente atribuida ni desarrollada en la competencia primera.

Además de estos requisitos se establece para el ejercicio de tales competencias el


principio de subsidiariedad, por el que la comisión debe dar traslado de la propuesta
concreta a los parlamentos nacionales.

También se prevé que las medidas adoptadas NO podrán llevar una armonización de las
legislaciones nacionales cuando los tratados excluyan tal armonización, con el fin de
evitar que mediante una actuación concreta la UE pueda “secuestrar” un ámbito
competencial específico no cedido expresamente por los estados miembros.
2.1. Tipos de competencias.

Hasta el Tratado de Lisboa no existía una delimitación de competencias.

Distingue el tratado entre competencias exclusivas, competencias compartidas y


competencias de apoyo, coordinación o complemento.

A) Las competencias exclusivas

Art. 3 TFUE

Cuando los tratados atribuyan a la UE competencias exclusivas sobre determinadas


materias, corresponderá a la Unión, dictar actos legislativos y ejecutivos de carácter
vinculante para los destinatarios de las mismas, ya sean Instituciones, órganos,
organismos de la unión o personas físicas o jurídicas.

Los Estados miembros NO podrán legislar ni adoptar actos jurídicamente vinculantes


respecto a dichas materias salvo que están facultados para ello por la Unión o que lo
realicen para ejecutar los actos aprobados por la misma.

En caso de inactividad de la Unión, los Estados NO pueden suplir tal inactividad, solo
pueden interponer un recurso por omisión ante el tribunal de Justicia de la Unión.

Art. 3 TFUE:

La unión tendrá competencia exclusiva en los siguientes ámbitos

1.-La unión aduanera

2.-El establecimiento de las normas de libre competencia necesarias para el


funcionamiento del mercado interior.

3.-La política monetaria de los estados miembros cuya moneda es el euro.

4.-La conservación de los recursos biológicos marinos dentro de la política pesquera


común.

5.-La política comercial común.


6.-La celebración de un acuerdo internacional cuando dicha celebración esté prevista en
un acto legislativo de la Unión, cuando sea necesaria para permitirle ejercer su
competencia interna o en la medida en que pueda afectar a normas comunes o alterar el
alcance de las mismas.

B) Las competencias compartidas

Art. 4.1 TFUE

Delimita los ámbitos de competencias compartidas entre la Unión y los Estados


miembros de manera residual o negativa, de forma que aquellas competencias que no
correspondan a los ámbitos mencionados en el Art. 3 (competencias exclusivas) y Art. 6
(competencias de apoyo, coordinación o complemento de los estados miembros) se
consideran competencias compartidas.

En el ámbito de las competencias compartidas los estados legislarán en la medida que la


UE no lo haya hecho o haya dejado de hacerlo tras una acción inicial, por tanto, y con
carácter general no se producirá un concurso de actuaciones, esto es, no existirán dos
niveles de poder, europeo y nacional, interviniendo con igual autoridad al mismo
tiempo.

Hay que tener en cuenta que en el caso de que la Unión actúe en relación a una materia
concreta dentro de un ámbito determinado, no se impide la posibilidad de actuación de
los estados miembros sobre el resto de materias vinculadas a dicho ámbito y sobre las
que la Unión no haya actuado (protocolo nº 25).

Hay un punto al final del 2.2 TFUE que dice: “La unión decide de ejercer su
competencia”, esto se produce cuando las instituciones competentes de la Unión
deciden derogar un acto legislativo con el fin de proteger el principio de subsidiariedad
y de proporcionalidad; pudiendo el Consejo, a petición de uno o varios estados, solicitar
a la comisión que presente propuestas de derogación y habiendo aceptado la comisión
conceder una atención especial a dichas solicitudes.
Según el Art. 4.2 TFUE las competencias compartidas son:

1.- El mercado interior

2.-La política social, en los aspectos definidos en el TFUE.

3.-La cohesión económica, social y territorial.

4.-La agricultura y la pesca, con exclusión de la conservación de los recursos


biológicos marinos.

5.-El medio ambiente.

6.-La protección de los consumidores.

7.-Los transportes.

8.-Las redes transeuropeas.

9.-La energía.

10.-El espacio de libertad, seguridad y justicia.

11.-Los asuntos comunes de seguridad en materia de salud pública, en los aspectos


definidos en el TFUE.

En el art. 4.3 y 4.4 TFUE se detallan las competencias compartidas concurrentes:

1.-La investigación, el desarrollo tecnológico y el espacio.

2.-La cooperación par el desarrollo y la ayuda humanitaria.

C) Competencias de apoyo, coordinación o complemento.

Art. 6TFUE

La UE con el fin de de apoyar, coordinar o complementar la acción de los estados


miembros, lleva a cabo acciones sin que en ningún caso tal actuación sustituya la
competencia de los estados, tampoco la actuación de la unión conlleva armonización
alguna de las disposiciones legales y reglamentarias de los estados miembros.
Estas competencias podrán ser ejercidas por la Unión en los siguientes ámbitos:

1.-La protección y mejora de la salud humana.

2.-La industria.

3.-La cultura.

4.-El turismo.

5.-La educación, la formación profesional, la juventud, y el deporte.

6.-La protección civil.

7.-La cooperación administrativa.

3. El Principio de Subsidiariedad y la extensión de su control a los


parlamentos nacionales de los Estados miembros.

El principio de subsidiariedad obedece a un criterio de necesidad o no de actuación de la


UE.

Está relacionado con las competencias NO exclusivas de la UE.

Art. 5.3 TUE.

“en los ámbitos que no sean de su competencia exclusiva, la Unión intervendrá sólo en
caso de que, y en la medida en que, los objetivos de la acción pretendida no puedan ser
alcanzados de manera suficiente por los estados miembros, ni a nivel central ni a nivel
regional o local, sino que puedan alcanzarse mejor, debido a la dimensión o a los
efectos de la acción pretendida, a escala de Unión.”

Además el Art., Establece que las instituciones de la UE aplicarán el principio de


subsidiariedad en conformidad al protocolo 2 anexo al TFUE, s establece que los
proyectos de actos legislativos se motivarán en relación con el principio de
subsidiariedad, lo que significa que este principio solo es aplicable cuando se trate de
actos legislativos.

El sentido del principio de subsidiariedad es permitir determinar si la Unión ha de


intervenir o no y, en su caso, la medida de su intervención.
3.1 Controles a la aplicación del principio de subsidiariedad.

La intervención normativa de la UE sólo se producirá una vez comprobada la


insuficiencia de la acción nacional sea cual sea el nivel al que se haya generado
(nacional, regional, etc.).

De tal manera que si el Estado cumple el objetivo marcado de manera suficiente, su


actuación prevalece, al ser más próxima a los ciudadanos.

Para garantizar el límite al ejercicio de competencias de la Unión se prevé:

• un control político, ex ante, por parte de los parlamentos nacionales de los


estados miembros.
• Y un control jurisdiccional, ex post, por parte del tribunal de Justicia de la
Unión europea a instancia de los estados miembros.

a) “Ex ante” o control previo:

El protocolo nº 2 atribuye un papel importante a los parlamentos nacionales al


reconocerles un mecanismo de control político previo denominado early warning
system o sistema de alerta temprana, en virtud del cual todo parlamento nacional o
toda Cámara de uno de esos parlamentos podrá, en un plazo de 8 semanas desde la
reopción de un proyecto de acto legislativo, dirigir a los Presidentes del Parlamento
Europeo, del Consejo y de la Comisión un dictamen motivado que exponga por las
razones por las que se considera que el proyecto no se ajusta al principio de
subsidiariedad. Asimismo, cada Parlamento nacional o cada Cámara de un Parlamento
nacional podrán consultar, cuando proceda, a los Parlamentos regionales que posean
competencias legislativas.

Art 7.2 del protocolo nº 2 establece que cada parlamento nacional dispone de dos votos,
uno por cada cámara, en caso de ser bicameral.

El proyecto deberá volver a estudiarse si la suma total de votos de aquellos parlamentos


nacionales que emitan un dictamen negativo es igual o superior a un tercio; en el caso
de la cooperación judicial en materia penal o de la cooperación policial dentro del
Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia habrá de ser superior a un cuarto; y en el
marco del procedimiento legislativo ordinario será suficiente la mayoría simple del total
de votos atribuidos a los Parlamentos Nacionales.
En el caso de España este procedimiento de control previo, está previsto que lo haga la
Comisión Mixta del Congreso de Diputados y del Senado, denominada Comisión
Mixta para la Unión Europea, esta comisión está compuesta por el nº de senadores y
diputados que establezcan las cámaras al comienzo de cada legislatura, y se garantizará
la presencia de todos los grupos parlamentarios en proporción a su importancia
numérica en las respectivas cámaras.

Tiene competencia para emitir en nombre de las cortes generales, con arreglo a lo
dispuesto en la normativa europea aplicable, dictamen motivado sobre la vulneración
del principio de subsidiariedad.

Cuando fuese necesario para sus deliberaciones la comisión puede pedir al gobierno un
informe relativo a la conformidad el acto legislativo con el principio de subsidiariedad,
el gobierno debe remitir dicho informe en el plazo máximo de dos semanas, pudiendo la
comisión, si lo considera necesario, una ampliación de la información remitida.

La potestad para aprobar en nombre de las cortes un dictamen motivado sobre la


aplicación del principio de subsidiariedad pertenece a la comisión mixta, ahora bien,
Los planos del congreso pueden avocar (traer para sí) el debate y la votación del
dictamen elaborado.

Si una de las cámaras avocase la competencia de la comisión, ésta deberá someter su


propuesta de dictamen motivado a los plenos de ambas cámaras.

Tanto los dictámenes aprobados por la comisión como por las cámaras deberán
remitirse por conducto de los presidentes del Congreso a los presidentes del parlamento
europeo, del consejo y de la comisión europea; así como se dará conocimiento al
gobierno para su conocimiento.

b) Control posterior o jurisdiccional.

Art. 263 TFUE.

Se produce cuando un Estado miembro a propuesta de su parlamento nacional interpone


un recurso de nulidad contra un acto legislativo que considera contrario al principio de
subsidiariedad.

El Tribunal superior de Justicia de la Unión Europea es el competente para


pronunciarse sobre la anulación de un acto legislativo, ampliando no obstante la
legitimación activa a los parlamentos nacionales o sus cámaras.

En el caso de España, el art. 7 de la ley 8/1994, establece un plazo máximo de seis


semanas desde la publicación oficial de un acto legislativo europeo, la comisión mixta
para la Unión europea podrá solicitar del gobierno la interposición ante el tribunal de
justicia de un recurso de anulación contra dicho acto por infracción del principio de
subsidiariedad. Si bien el gobierno puede descartar, de forma motivada, la interposición
del mencionado recurso.

4. El Principio de Proporcionalidad.
Obedece a un criterio de proporción de la intensidad de actuación de la UE.

Relacionado con cualquier acción y cualquier tipo de competencia ejercitada por la UE,
para limitar el contenido y la forma de la acción concreta, para que NO exceda de lo
necesario y así alcanzar el objetivo previsto en los tratados.

La subsidiariedad es un criterio de necesidad, de actuación o no de la UE, en tanto que


la proporcionalidad lo es de intensidad de dicha actuación.

El art. 296.1 TFUE, prevé que cuando los tratados no establezcan el tipo de acto que ha
de adoptarse las instituciones decidirán teniendo en cuenta el principio de
proporcionalidad, es decir, si se puede elegir entre distintas formas y contenidos, debe
optarse por aquella que deje mas libertad a los destinatarios y afectados.

Por ejemplo, partamos de la diferencia entre reglamento y directiva, el reglamento


excluye o puede excluir la colaboración de los estados y miembros, frente a la directiva,
que permite la colaboración de los estados miembros.

Pues bien, si tuviesen que elegir entre uno y otro, la elección del reglamento tendría que
justificarse frente al no uso de la directiva, puesto que el primero coarta las libertades de
sus destinatarios.

En todo caso las Instituciones están obligadas a observar los principios de


subsidiariedad y proporcionalidad, principalmente las instituciones implicadas en la
elaboración del dº derivado, y en especial la Comisión, que habrá de realizar consultas a
fin de asegurarse que la intervención legislativa de la UE respeta dichos principios

Todos los proyectos de actos legislativos deben incluir una nota informativa relativa,
entre otros, al impacto económico financiero de la norma propuesta, o cuando se trate de
una directiva, a sus efectos en la normativa de los estados miembros.

El art. 6 del protocolo nº, establece un sistema de control, procedimiento de control


único y común para ambos principios.

La aplicación de los principios de subsidiariedad y proporcionalidad será objeto de


seguimiento específico por parte de la Comisión, que viene obligada a presentar un
informe anual al respecto al Consejo europeo, al parlamento europeo, al consejo y los
parlamentos nacionales.
5. Las competencias materiales de la UE: una visión de conjunto.
Art. 3 TFUE establece los objetivos generales de la UE:

1. La unión tiene como finalidad promover la paz, sus valores y el bienestar de los
pueblos.
2. La Unión ofrecerá a sus ciudadanos un espacio de libertad, seguridad, justicia
sin fronteras interiores, en el que están garantizadas la libre circulación de
personas junto con medidas adecuadas en materia de control de las fronteras
exteriores, asilo, inmigración y de prevención y lucha contra la delincuencia.
3. La Unión establecerá un mercado interior. Obrará en pro del desarrollo
sostenible de Europa basado en un crecimiento económico equilibrado y la
estabilidad de los precios, en una economía social de mercado altamente
competitiva, tendente al pleno empleo y al progreso social, y en un nivel elevado
de protección y mejora de la calidad el medio ambiente. Asimismo, promoverá
el progreso científico y técnico. >Se combatirá la exclusión social y la
discriminación y se fomentará la justicia y las protecciones sociales, la igualdad
entre hombres y mujeres, la solidaridad entre las generaciones y la protección de
los derechos del niño. <La Unión fomentará la cohesión económica, social y
territorial y la solidaridad entre los estados miembros. <La Unión respetará la
riqueza cultural y lingüística y velará por el desarrollo del patrimonio cultural
europeo.
4. La Unión establecerá una unión económica y monetaria cuya moneda es el euro.
5. En sus relaciones con el resto del mundo, la Unión afirmará y promoverá sus
valores e intereses y contribuirá a la protección de sus ciudadanos. Contribuirá a
la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible del planeta, solidaridad y respeto
mutuo entre los pueblos, el comercio libre y justo, la erradicación de la pobreza
y la protección de los derechos humanos, especialmente los derechos del niño,
así como el estricto respeto y al desarrollo del derecho internacional, en
particular el respeto de los principios de la carta de las Naciones Unidas.

Todos estos objetivos afectan a todas las políticas y acciones que se desarrollen, por lo
que actúan como límites positivos y negativos que deben ser tenidos en cuenta por la
Unión y por los estados miembros al ejercer las competencias atribuidas en los tratados.

Principios que han de ser tenido en cuenta por la Unión y por los estados miembros en
el ejercicio de sus competencias:

• Principio de coherencia, Art. 7 TFUE, la unión velará por la coherencia entre sus
diferentes políticas y acciones, teniendo en cuenta el conjunto de sus objetivos y
observando el principio de atribución de competencias.
• Principio de cooperación leal, Art. 4.3 TFUE, la Unión y los estados se
respetarán y asistirán mutuamente en el cumplimiento de las misiones derivadas
de los tratados. Los estados miembros adoptarán todas las medidas generales o
particulares para asegurar el cumplimiento de las obligaciones derivadas de los
tratados o resultantes de losa actos de las Instituciones de la Unión. Los estados
miembros ayudarán a la Unión en el cumplimiento de su misión y se abstendrán
de toda medida que pueda poner en peligro la consecución de los objetivos de la
Unión.

Este segundo principio impone a la unión y a los estados miembros deberes recíprocos
de cooperación leal.

Así lo recoge la sentencia del Tribunal de Justicia en el asunto Delimitis o en el


Luxemburgo/ Parlamento Europeo, por el que el tribunal impuso a la comisión un
deber de cooperación leal con las autoridades judiciales de los estados miembros
encargadas de velar por la aplicación y el respeto al dº comunitario en el ordenamiento
jurídico nacional.
TEMA 5. LA CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS
FUNDAMENTALES EN LA UNIÓN EUROPEA

1. Los derechos fundamentales en la Unión Europea: Evolución


Histórica.
Los tratados Constitutivos y el Derecho derivado de la C.E.E. no recogían un catálogo
normativo de derechos fundamentales ni sistema alguno de protección de los mismos.
Las Comunidades Europeas se concibieron en principio como organizaciones
internacionales de carácter económico en las que el único punto de contacto con las
personas, parecía ser la articulación de su libertad para circular en tanto que constituyen
elementos del proceso productivo. No parecía relevante ni justificada la protección de
los derechos fundamentales ni las libertades públicas propia de la normativa de los
Estados miembros, de las Naciones Unidas y del consejo de Europa.

No se consideró que el Ordenamiento comunitario pudiera incidir en la vida jurídica de


los ciudadanos como para llegar a plantear la necesidad de la protección de los derechos
de éstos, frente a los poderes públicos comunitarios. Pronto demostraría la práctica el
error de este planteamiento al verse afectados derechos fundamentales de las personas.
Por otro lado, las comunidades europeas fueron intensificando su carácter
supranacional, lo que provocó que se comportaran como Estados en lo relativo a las
relaciones entre las instituciones comunitarias y los ciudadanos europeos.

El Tribunal de Justicia tuvo que resolver cuestiones perjudiciales, planteadas por los
Tribunales nacionales, y recursos de anulación, ambos interpuestos por la aplicación de
los Tratados Constitutivos y del Derecho derivado en asuntos relacionados con los
derechos de propiedad, la tutela judicial efectiva, la libertad religiosa, etc. De esta
manera el TJ es el que a través de sus sentencias va configurando un catálogo pretoriano
de derechos fundamentales, erigiéndose como uno de los elementos esenciales del
funcionamientos institucional comunitario, inspirándose en los Tratados internacionales
sobre derechos humanos, el convenio Europeo de Derechos Humanos y las tradiciones
constitucionales de los Estados miembros.

Esta inspiración se hizo constar en el Tratado de la U.E. (Maastricht) que establece en


su Art. F.2: “la Unión respetará los derechos fundamentales tal y como se garantizan en
el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y las Libertades
Fundamentales firmado en Roma el 4 de noviembre de 1950, tal y como resultan de las
tradiciones constitucionales comunes a los Estados miembros como principios generales
del Derecho comunitario”. Aunque no se añadía nada nuevo, en la medida que la U.E.
no se había adherido al Convenio Europeo de Derechos Humanos, por lo que no se
reconocía carácter vinculante alguno. Fue en Niza, en la Carta de Derechos
Fundamentales de la Unión europea a la que el Tratado de Lisboa de 2007 sitúa
jurídicamente al mismo nivel de los Tratados como Derecho originario vinculante.
2. La Ciudadanía de la Unión.

2.1. El concepto de ciudadanía de la Unión.

El concepto de “ciudadanía” aparece vinculado al Derecho interno de una colectividad


política determinada y supone la adquisición de un status jurídico-político que permite a
la persona ejercer un conjunto de derechos civiles y políticos y la asunción de una serie
de deberes.

En la U.E., el concepto se introduce en el Tratado de la Unión europea (Maastricht), por


una propuesta presentada a la CIG de 1991 por España, para reforzar la legitimidad
democrática de la U.E. potenciando la actuación de la Instituciones comunitarias.
Mediante el concepto de ciudadanía se pretende articular un sistema que permitiera
fortalecer en el individuo el sentimiento de confianza y de pertenencia a una nueva
comunidad. El Tratado de Maastricht se limitaba a afirmar que ciudadano de la UE era
toda persona nacional de un Estado miembro, en este sentido el Tribunal clarificó
algunas cuestiones, estableciendo que son loe Estados los únicos competentes para
decidir quien posee su nacionalidad, o que la posesión de otras formas históricas de
ciudadanía no otorga de forma automática la ciudadanía de la UE a sus titulares.

En el Tratado de Ámsterdam, en su artículo 17 se establece que “Se crea una ciudadanía


de la Unión. Será ciudadano de la Unión toda persona que ostente la nacionalidad de un
Estado miembro. La ciudadanía de la Unión será complementaria y no sustitutiva de la
ciudadanía nacional”. Lo que significa que la adquisición de ciudadano de la UE deriva
de la posesión de la nacionalidad de un Estado miembro, no es una ciudadanía
originaria, sino que queda subordinada a la ciudadanía nacional que ostente la persona.
De la misma manera que la ciudadanía de4 la Unión no sustituye a la nacional, sino que
la complementa, de manera que añade otros derechos y obligaciones en el ámbito de la
UE a los nacionales de los Estados miembros.

En los mismos términos se reconoce la ciudadanía de la Unión por el Tratado de


Funcionamiento de la Unión europea en su Art. 20.1. “Se crea una ciudadanía de la
Unión. Será ciudadano de la Unión toda persona que ostente la nacionalidad de un
Estado miembro. La ciudadanía de la Unión se añade a la ciudadanía nacional sin
sustituirla” y en el 20.2 establece que “los ciudadanos de la Unión son titulares de los
derechos y están sujetos a los deberes establecidos en los Tratados”. Especifica una
serie de derechos que configuran el denominado “Estatuto del ciudadano de la Unión”.
2.2. El Estatuto del ciudadano europeo.

a) El derecho a circular y residir libremente en el territorio de los Estados


miembros.

Aunque en el Art. 20.2.a) del TFUE, reconoce el derecho a circular y residir libremente
en el territorio de los Estados miembros, en realidad se trata de dos derechos distintos y
diferenciables. El derecho a “circular libremente” permite que los ciudadanos de la
Unión se desplacen por cualquier medio por el territorio de la Unión, sin fronteras o
aduanas interiores. El derecho a “residir libremente”, permite a los ciudadanos fijar su
residencia en cualquier Estado miembro de la Unión.

Debemos señalar que, en un principio estos derechos se concibieron en el proceso de


integración europea como un principio o libertad básica inherente al mercado interior, lo
que conllevó que en un principio se reconocieran únicamente a los trabajadores desde el
punto de vista económico que se desplazaban a un Estado miembro distinto del que eran
originarios. Aunque actualmente ambos derechos se reconocen a todos los ciudadanos
de la Unión, no tienen el pretendido alcance genérico que la redacción del Art. 20.2.a)
del TFUE parece concederles, puesto que, están sujetos a “las limitaciones y
condiciones previstas en los Tratados y las disposiciones adoptadas para su aplicación”
(Art. 21.1. del TEFUE), además de que los Estados miembros conservan competencias
sobre estas materias pudiendo limitar el ejercicio de los mismos (por ejemplo en
cuestiones sanitarias y de seguridad pública), estos supuestos son interpretados por el
Tribunal de Justicia.

Como afirma Salinas, la libertad de circular y residir libremente en el territorio de los


Estados miembros se puede considerar como una de las libertades esenciales de la
dinámica de la integración europea y base de un haz de derechos fundamentales, entre
los que cabe individualizar el derecho del nacional de un Estado miembro residente en
otro Estado miembro a disfrutar de ciertas ventajas sociales o el reconocimiento de
ciertos derechos ligados estrechamente a la persona, derechos que la jurisprudencia ha
ido extendiendo también a la familia del nacional de un Estado miembro desplazado.
Las reivindicaciones de derechos derivados de la libertad de circulación y de residencia,
has servido para reafirmar otros de los principios básicos de la integración, la no
discriminación por razón de nacionalidad (Art. 18 del TEFUE), pues la afirmación de
esa libertad trae consigo la igualdad de trato de todos los ciudadanos europeos en el
territorio de un Estado miembro.
b) El derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones al Parlamento
europeo y en las elecciones municipales.

El TFUE en su Art. 20.2.b) reconoce dos derechos distintos, el derecho de “sufragio


activo”, se reconoce al ciudadano la posibilidad de ejercer su derecho al voto en las
elecciones concretas de que se trate; y el derecho de “sufragio pasivo”, que permite a los
ciudadanos presentarse como candidatos a unas elecciones y, en su caso, ser elegido
representante político de los ciudadanos.

Al Art. 22 TEFUE, establece que todo ciudadano de la Unión que resida en un Estado
miembro del que no sea nacional, tendrá derecho a ser elector y elegible en la
municipales del Estado miembro en el que resida, en las mismas condiciones que los
nacionales de dicho Estado; también tendrá los mismos derechos en las elecciones al
Parlamento Europeo en el Estado miembro en el que resida.

En cuanto a las elecciones municipales, la directiva 94/80/CE del Consejo, modificada


por la directiva 96/30, establece las modalidades de ejercicio del derecho de sufragio
activo y pasivo por parte de los ciudadanos de la Unión residentes en un Estado
miembro del que no sean nacionales. Estas condiciones deberán ser las mismas que para
los nacionales del Estado miembro, tanto en relación con la edad mínima para votar,
incompatibilidades, financiación, etc. La directiva prevé que si se priva de estos
derechos a los nacionales en virtud de una resolución judicial civil o penal, la misma
privación se aplicará al resto de los ciudadanos de otros Estados miembros,
pudiéndoseles exigir el certificado correspondiente.

En cuanto a las elecciones al Parlamento Europeo, se permite al ciudadano optar por


ejercer estos derechos en el Estado en el que es nacional o en el Estado de residencia, si
opta por el Estado de residencia deberá inscribirse en el censo electoral y ejercerá los
derechos en igualdad de condiciones que los nacionales.

c) El derecho a la protección diplomática y consular.

Según el Art. 20.2.c) TEFUE, el ciudadano de la Unión “podrá acogerse, en el territorio


de un tercer país en el que no esté representado el Estado miembro del que sea nacional,
a la protección de las autoridades diplomáticas y consulares de cualquier Estado
miembro, en las mismas condiciones que los nacionales de dicho Estado”. Los Estados
deberán adoptar las disposiciones necesarias y entablaran las negociaciones
internacionales oportunas para garantizar dicha protección; se establece que el Consejo
podrá adoptar, previa consulta al Parlamento Europeo, Directivas en las que se
establezcan las medidas de coordinación y cooperación necesarias para facilitar esta
protección.

Se trata de plasmar la solidaridad de la Unión y de sus Estados miembros con la


ciudadanía en el caso de que un ciudadano de un Estado miembro precisa de asistencia
y protección y no exista embajada o consulado de su Estado de origen en el lugar en que
se encuentre. Se circunscribe este derecho a la asistencia consular en las siguientes
situaciones: fallecimiento, accidente o enfermedad grave, arresto o detención, asistencia
a las víctimas de actos violentos y ayuda y repatriación de los ciudadanos de la UE en
situaciones difíciles. Los gastos derivados del ejercicio de estas actividades corren por
cuenta del particular que deberá reembolsarlos al Estado miembro de su nacionalidad.

También se establece el “documento Provisional de Viaje” que permite el regreso al


Estado de su residencia u origen de un nacional de un Estado miembro que haya perdido
o le haya sido sustraída su documentación.

d) El derecho de petición ante el Parlamento Europeo, de recurrir al Defensor


del Pueblo Europeo y el derecho a dirigirse a las instituciones y a los
órganos consultivos de la Unión.

Los Arts. 20.2.d) y 24 del TEFUE, reconocen al ciudadano de la Unión ejercer el


derecho de petición ante el Parlamento Europeo. Se podrá ejercer de manera individual
o asociado a otros ciudadanos o personas, debiendo versar dicha petición sobre un
asunto propio de los ámbitos de actuación de la UE que le afecte directamente, se ejerce
respecto de la Unión y no frente a los Estados miembros.

Las peticiones se examinan por parte de la Comisión Parlamentaria de Peticiones,


archivándose las no pertinentes, con aviso al peticionario y las pertinentes se resuelven
por la comisión mediante la elaboración de un informe que se trasladará a la Institución
cuya actuación haya sido objeto de análisis, y se informará al Parlamento Europeo de
las medidas adoptadas en relación con la petición.

El ciudadano europeo también puede presentar reclamaciones ante del Defensor del
Pueblo Europeo en caso de “mala administración en la acción de las instituciones,
órganos u organismos de la Unión, con exclusión del Tribunal de Justicia de la UE en el
ejercicio de sus funciones jurisdiccionales.

Esta reclamación se vincula al “derecho a una buena administración” que se reconoce


en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea en su Art. 41, que permite
exigir a las instituciones de la UE:

- Que los asuntos sean tratados de forma imparcial, equitativa y en plazo


razonable.
- El derecho de audiencia ante una medida desfavorable.
- El derecho a acceder al expediente que le afecte.
- La obligación de motivar las decisiones.

Una vez presentada y admitida una reclamación, el Defensor del Pueblo puede llevar a
cabo las investigaciones oportunas, salvo que los hechos alegados sean objeto de un
procedimiento jurisdiccional. En el caso de que el Defensor del Pueblo haya
comprobado que existe un caso de mala administración lo pondrá en conocimiento de la
institución u órgano afectado, que tiene tres meses para exponer su posición. El
Defensor del Pueblo elaborará un informe que remitirá al Parlamento europeo y a la
institución interesada, informando a la persona que presentó la reclamación del
resultado de las investigaciones.

El Art. 20.2.d) TEFUE, reconoce el derecho a dirigirse a las instituciones y a los


órganos consultivos de la UE en cualquiera de las lenguas de los Tratados y a recibir
contestación en la misma lengua.

e) El derecho de acceso a los documentos.

Es un derecho no sistematizado junto al resto de los derechos de la ciudadanía, sino


entre “disposiciones de aplicación general” y concretamente en el Art. 15.3 del TEFUE,
que establece el derecho de los ciudadanos a acceder a los documentos de las
instituciones, órganos u organismos de la Unión, en cualquier soporte y según los
principios y las condiciones que se establezcan. El Parlamento Europeo y el Consejo
podrán establecer principios generales y los límites del ejercicio de este derecho por
razones de interés público o privado.

3. La Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.


La Carta de los Derechos Fundamentales de la UE se elaboró en el Consejo Europeo
Celebrado en Colonia en junio de 1999, con el fin de poner de manifiesto ante los
ciudadanos de la UE cuales serían sus derechos fundamentales. Con lo que se da un
paso importante en el proceso de constitucionalización de la UE. El texto fue elaborado
por un órgano denominado Convención que estaba compuesto por representante de los
gobiernos nacionales, de la Comisión, de los Parlamentos nacionales y del Parlamento
Europeo. El Consejo Europeo de Biarritz (octubre 2000) aprobó de forma unánime el
Proyecto presentado y fue proclamado de forma solemne por el Parlamento Europeo, el
Consejo y la Comisión en diciembre de 2000 en Niza.

A pesar de la proclamación de la CDFUE, se planteó si tenía efectos jurídicos


vinculantes o si se trataba de una mera declaración programática dado que había sido
proclamada por tres instituciones y no se incorporaba a los Tratados. La Carta,
constituyó un acuerdo interinstitucional solemnemente proclamado carente de efectos
vinculantes, aunque sirvió como fuente de inspiración e interpretación de decisiones de
altos cargos jurisdiccionales y de importantes avances legislativos. Fue en el Tratado de
Lisboa de 2007 que se reconoce auténtica fuerza vinculante a la CDFUE, al establecerse
en el Art. 6 del Tratado que la Carta tiene el mismo valor jurídico que los Tratados. En
su Art. 51 establece que será de aplicación a las instituciones, órganos y organismos de
la Unión en el ejercicio de sus competencias, sin excepción, y a los Estados miembros
cuando apliquen el Derecho de la Unión, con las excepciones previstas para el Reino
Unido, Polonia, República Checa e Irlanda.
La Carta está estructurada en un Preámbulo y 54 artículos comprendidos en 7 capítulos
relativos a:

- La dignidad del ser humano.


- La libertad y seguridad.
- La igualdad
- La solidaridad.
- La ciudadanía.
- La justicia.

El Capítulo VII contiene unas disposiciones generales relativas al ámbito de aplicación,


al alcance de los derechos garantizados, al nivel de protección ofrecido y la prohibición
del abuso de derecho.

Es de resaltar la previsión del Art. 53, de que las disposiciones de ésta no pueden
interpretarse de modo limitativo o lesivo a los derechos humanos y libertades
fundamentales reconocidos por el Derecho de la Unión, el Derecho Internacional, los
convenios internacionales en la materia suscritos por la UE o los Estados miembros y,
particularmente, el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos humanos y de
las Libertades Fundamentales.

La CDFUE no tiene previsto ningún procedimiento específico en materia de protección


de derechos fundamentales ante tribunal alguno, lo que no altera el sistema de
protección existente en el seno de la Unión; los derechos fundamentales deberán
invocarse en el curso de los procedimientos ordinarios ante los Jueces nacionales o,
indirectamente, ante el Tribunal de Justicia de la UE. La Carta no crea nuevas
competencias, sino que persigue controlar el respeto de los derechos por parte de la UE
y sus instituciones o de los Estados miembros cuando aplican el Derecho de la Unión.

El Tratado de Lisboa ha establecido que la Unión suscribirá el Convenio Europeo para


la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, lo que
permite aceptar la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y que las
sentencias del Tribunal de Justicia de la UE podrán recurrirse ante el Tribunal de
Estrasburgo.

4. La garantía de los Derechos: los mecanismos jurisdiccionales y


no jurisdiccionales.
a) La protección jurisdiccional de los derechos.

La CDFUE no prevé ningún procedimiento jurisdiccional específico en materia de


protección de derechos fundamentales, los mismos serán amparados a través de los
mecanismos previstos a nivel nacional por los Estados miembros, o a nivel europeo, a
través de la cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la UE.

En el caso de España. La protección de los derechos fundamentales está prevista en el


Art. 53.2 de la CE que establece: “Cualquier ciudadano podrá recabar la tutela de las
libertades y derechos reconocidos en el artículo 14 y la Sección 1ª de Capítulo II ante
los Tribunales ordinarios, por un procedimiento basado en los principios de preferencia
y sumariedad y, en su caso, a través del recurso de amparo ante el Tribunal
constitucional. Este último recurso será aplicable a la objeción de conciencia reconocida
en el artículo 30”.

El recurso de amparo es un remedio constitucional-procesal, diseñado para proteger y


reparar los derechos fundamentales especificados en la CE. Tiene carácter
extraordinario y subsidiario, ya que previamente hay que agotar la vía judicial
precedente y recursos utilizables, y haber invocado formalmente en el procedimiento
judicial, el derecho vulnerado.

Los ciudadanos de la UE pueden ver protegidos sus derechos si en un procedimiento


judicial nacional consideran que la aplicación de una norma o acto de las Instituciones
de la UE vulnera un derecho fundamental. En ese caso, se puede plantear la cuestión
prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la UE, que si considera que la norma europea
es contraria a Derecho declarará su ineficacia e inaplicación.

Además, los nacionales cuyos Estados hayan suscrito el “Convenio Europeo para la
Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales” pueden
acogerse al mismo en defensa de sus derechos fundamentales. Si bien, debido a que la
UE todavía no lo ha suscrito, se produce la situación de que cuando los Jueces y
Tribunales nacionales aplican normas procedentes de la UE, sus sentencias pueden
recurrirse, cumplidos unos requisitos, al Tribunal de Estrasburgo, las sentencias del
Tribunal de Justicia de la UE no pueden recurrirse ante dicho Tribunal.

El problema más espinoso que plantean las demandas que prosperan ante el TEDH es el
de su eficacia, el propio Tribunal ha reiterado que sus resoluciones tienen carácter
declarativo y no conllevan la nulidad de los actos declarados contrarios al Convenio. La
doctrina ha condensado en una sola frase la eficacia de las sentencias del TEDH en el
orden jurídico nacional, son jurídicamente obligatorias pero no son ejecutorias.

Para acabar con la pasividad de los Estados respecto de las sentencias del TEDH,
mediante el Protocolo 14.3 de reformó el Convenio estableciendo que “Cuando el
Consejo de Ministros estime que la vigilancia de la ejecución de una sentencia
definitiva es obstaculizada por una dificultad de interpretación de dicha sentencia, podrá
apelar al Tribunal para que se pronuncie sobre la cuestión…..14.4. “Cuando el consejo
de Ministros estime que una Alta Parte Contratante se niega a acatar una sentencia
definitiva en un litigio en el que sea parte, podrá, después de haberla requerido (…)
apelar al Tribuna sobre la obligación de dicha Parte Contratante de respetar lo dispuesto
en el apartado I” que dice: “Las Altas Partes Contratantes se comprometen a acatar las
sentencias definitivas del Tribunal en los litigios en los que sean parte”.

b) La protección extrajudicial de los derechos.

Se configura en dos ámbitos: uno de carácter normativo y otro institucional.

Desde el punto de vista normativo, aparece recogida en los artículos 52 a 54 de la


CDFUE al establecer que “Cualquier limitación del ejercicio de los derechos y
libertades reconocidos por la presente Carta, deberá ser establecida por la ley y
respetar el contenido esencial de dichos derechos y libertades. Sólo se podrán
introducir limitaciones, respetando el principio de proporcionalidad, cuando sean
necesarias y respondan efectivamente a objetivos de interés general reconocidos por la
UE o a la necesidad de protección de los derechos y libertades de los demás”.
“Ninguna de las disposiciones de la presente Carta podrá interpelarse como limitativa
o lesiva de los derechos humanos y libertades fundamentales reconocidos, en su
respectivo ámbito de aplicación, por el Derecho de la UE (…) ni en el sentido de que
implique un derecho cualquiera a dedicarse a una actividad o a realizar un acto
tendente a la destrucción de los derechos o libertades reconocidos en la presente Carta
o a limitaciones más amplias de estos derechos y libertades que las previstas en la
presente Carta”.

Es decir, todo derecho reconocido deberá ser regulado mediante ley que no deberá ser
aplicada e interpretado de manera que se limite el contenido esencial del derecho. Esta
protección aparece igualmente a nivel nacional en el Estado español, la CE establece
reserva de ley para el desarrollo de los derechos de los artículos 14 a 38 CE.

Desde el punto de vista institucional, dicha protección se atribuye al Defensor del


Pueblo europeo (Arts. 228 TEFUE y 43 de la CEDFUE), con la actuación del Defensor
del Pueblo se pueden detectar la violación de los derechos fundamentales y las
instituciones europeas deberían actuar salvaguardando el derecho lesionado.

Esta protección también se reconoce en el Derecho nacional al estar legitimado el


Defensor del Pueblo español para interponer recurso de amparo ante el TC, en defensa
de los derechos fundamentales del ciudadano. (Art. 46 LOTC).
TEMA 6. EL SISTEMA INSTITUCIONAL DE LA UNIÓN
EUROPEA: CARACTERES GENERALES. EL CONSEJO
EUROPEO Y EL CONSEJO.

1. El Sistema Institucional de la Unión: Caracteres generales.


No existe todavía un marco institucional cerrado, estable y verdaderamente
operativo, puesto que carecemos de un diseño de gobierno europeo que pueda
considerarse factible. Esto se debe a que los gobiernos representantes de los Estados
miembros continúan poniendo obstáculos a toda integración que conlleve nuevas
cesiones de competencia y/o medidas restrictivas de sus propios poderes.
Al igual que el proceso de integración, el sistema institucional de la Unión
Europea es original, complejo y lleno de contradicciones y ambigüedades. El principio
de la división de poderes es prácticamente imposible, ya que en la Unión Europea el
ejercicio de cada uno de esos poderes puede corresponder a varias instituciones. Hay
una separación funcional, pero no una separación orgánica que permita identificar una
institución con una forma de poder determinada.
Así:
• El CONSEJO concentra el poder de decisión política, y ejerce el poder
legislativo.
• La COMISIÓN EUROPEA ostenta casi en exclusiva la iniciativa legislativa, y
ejerce una función de control doble: sobre su propia burocracia y sobre los Estados
miembros como guardiana de los Tratados;comparte con el Consejo la función ejecutiva
y, desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, comparte también el poder ejecutivo
con el Consejo Europeo.
• El PARLAMENTO EUROPEO tiene una participación cada vez mayor en la
función normativa, y un poder de control tanto del Presupuesto de la Unión como de la
actividad política de la Comisión.
• El TRIBUNAL DE JUSTICIA DE LA U.E. asume las funciones propiamente
jurisdiccionales. Los Tratados la atribuyen la función de garantizar el respeto del
Derecho Europeo en la interpretación y aplicación de los mismos.

Este marco institucional “tiene como finalidad promover sus valores, perseguir
sus objetivos, defender sus intereses, los de sus ciudadanos, y los de los Estados
miembros, así como garantizar la coherencia, eficacia y continuidad de sus políticas y
acciones” (art. 13.1 TUE).
Los Tratados han instituido un sistema de reparto de competencias entre las
distintas instituciones, que atribuye a cada una de ellas un ámbito de actuación propio
dentro de la estructura institucional de la Unión y en el marco de la ejecución de las
funciones a ella asignadas, siempre respetando el principio de equilibrio institucional.
Principio de equilibrio institucional: Implica que cada institución debe tener en
cuenta, en su actuación, los poderes de las otras instituciones, no arrogándose
competencias que pertenezcan a éstas en virtud de los Tratados. Es decir, las
Instituciones deben ejercer sus competencias sin invadir las de las demás, y cualquier
incumplimiento de esta regla puede ser sancionado.
DIVISIÓN DE COMPETENCIAS
Poder legislativo Comisión, Consejo y Parlamento

Poder ejecutivo Consejo Europeo, Consejo y Comisión

Poder judicial Tribunal de Justicia

Principio de cooperación leal interinstitucional: Se incorpora por primera vez en


el Tratado de Lisboa, al establecer el art. 13.2 in fine del TUE que “las instituciones
mantendrán entre sí una cooperación leal”. Hasta ese momento, solo era consagrado en
el ámbito de las relaciones entre la Comunidad con los Estados miembros y viceversa.
El Tratado de Lisboa introduce la base jurídica para concretar este principio: “El
Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión llevarán a cabo consultas recíprocas y
organizarán de común acuerdo la forma de su cooperación. A tal efecto y dentro del
respeto de los Tratados, podrán celebrar acuerdos interinstitucionales que podrán
tener carácter vinculante”. (art. 295 TFUE).

El Tratado de Lisboa no diseña un nuevo modelo institucional, y aporta pocas


novedades de fondo, que son:
- El reconocimiento formal del Consejo Europeo.
- La creación de la figura del Alto Representante para Asuntos Exteriores y
Política de Seguridad, que asistirá a las reuniones del Consejo Europeo con
voz pero sin voto, presidirá el Consejo de Asuntos Exteriores y será uno de los
Vicepresidentes de la Comisión.
- La Comisión Europea conserva sus papeles tradicionales, aunque ya no
ostenta en exclusiva el derecho de iniciativa legislativa. Su Presidente será
elegido por el Parlamento Europeo a propuesta del Consejo Europeo.
- El Parlamento Europeo ve reforzada su posición en el plano legislativo.

2. El Consejo Europeo.

2.1. Naturaleza
Su creación fue en la Cumbre de París de 10 de diciembre de 1974 a iniciativa del
Presidente de la República Francesa.
El Acta Única Europea de 1987 recogía su composición y la periodicidad de sus
reuniones, pero no especificaba sus competencias. El Tratado de la Unión Europea de
1992 esbozaba el papel del Consejo Europeo, su composición y funcionamiento; y el
Tratado de Ámsterdam amplió sus competencias.
El Tratado de Lisboa incluye al Consejo Europeo como una institución de la UE,
junto al Parlamento Europeo, el Consejo (de Minisitros), la Comisión Europea, el
Tribunal de Justicia de la UE, el Banco Central Europeo y el Tribunal de Cuentas. De
este modo, sus decisiones estarán sometidas al control del Tribunal de Justicia de la UE.
(arts. 263.1, 265.1 y 275.2 TFUE).
2.2. Composición
Está compuesto por “los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros,
así como por su Presidente y por el Presidente de la Comisión. Participará en sus
trabajos el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de
Seguridad”, que será también uno de los vicepresidentes de la Comisión Europea. (art.
18.4 TUE).
El Presidente del Consejo Europeo es elegido por el Consejo Europeo por mayoría
cualificada para un mandato de dos años y medio, que podrá renovarse una sola vez.
Requisitos: ser nacional de un Estado miembro y no ejercer ningún mandato nacional.
Tendrá voz pero no voto.
En caso de impedimento, el Presidente del CE será sustituido, hasta la elección de
su sucesor, por el miembro que represente al Estado miembro que ejerza la presidencia
semestral del Consejo. (art. 2.4 RCE).

Funciones:
a) Presidirá e impulsará los trabajos del Consejo Europeo.
b) Velará por la preparación y continuidad de los trabajos del Consejo Europeo,
en cooperación con el Presidente de la Comisión y basándose en los trabajos
del Consejo de Asuntos Generales.
c) Facilitará la cohesión y el consenso en el seno del Consejo Europeo.
d) Al término de cada reunión del Consejo Europeo, presentará un informe al
Parlamento Europeo.
e) Asumirá la representación exterior de la Unión en los asuntos de política
exterior y de seguridad común.

En la elección de las personas que desempeñarán los cargos de Presidente del CE,
Presidente de la Comisión y Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y
Política de Seguridad deberá tenerse en cuenta la necesidad de respetar la diversidad
geográfica y demográfica de la Unión y de sus Estados miembros.

2.3. Funcionamiento
Se rige por un Reglamento interno.
El Consejo Europeo se reunirá dos veces por semestre por convocatoria de su
Presidente; y cuando la situación lo exija, el Presidente convocará una reunión
extraordinaria.
Sus reuniones se celebran en Bruselas, y son preparadas por el Consejo de
Asuntos Generales. Estarán asistidos por la Secretaría General del Consejo.
El Tratado de Lisboa restringe la asistencia de los Ministros de Asuntos Exteriores
a los miembros del Consejo Europeo, al establecer que únicamente cuando lo exija el
orden del día, cada miembro del Consejo Europeo podrá contar con la asistencia de un
ministro; y en el caso del Presidente de la Comisión, con un miembro de la Comisión.
(art. 15.3 TUE).
En cuanto al orden del día, las Normas para la organización de los trabajos de
Consejo Europeo de 2002 introdujeron un elevado grado de rigidez: el Presidente del
CE junto con el miembro que ejerza la presidencia semestral del Consejo y con el
Presidente de la Comisión, presentará al Consejo de Asuntos Generales un proyecto de
orden del día, que será debatido y presentado como provisional, tras lo cual será
aprobado por el CE al inicio de su reunión.
Cada sesión ordinaria durará un máximo de dos días, salvo decisión en contrario.
Las sesiones no son públicas.
El Consejo Europeo se pronunciará por consenso, excepto cuando los Tratados
dispongan otra cosa. El Tratado de Lisboa incorpora el sistema de votación en el CE, sin
la participación del Presidente del CE y del Presidente de la Comisión.
Se pronunciará por mayoría simple en las cuestiones de procedimiento y para la
aprobación de su Reglamento interno; por mayoría cualificada por ejemplo para la
elección del Presidente del CE; y por unanimidad para constatar la existencia de una
violación grave por parte de un Estado miembro de los valores fundamentales de la
Unión.
Para poder proceder a una votación, será necesaria la presencia de dos tercios de
los miembros del Consejo Europeo, siendo el Presidente quien verificará que se ha
alcanzado el quórum.

2.4. Competencias
El Tratado de la UE dispone que el Consejo Europeo “dará a la Unión los
impulsos necesarios para su desarrollo y definirá sus orientaciones y prioridades
políticas generales, pero no ejercerá función legislativa alguna”. (art. 15 TUE).
- Por unanimidad adoptará, a iniciativa del Parlamento Europeo y con su aprobación,
una decisión por la que se fije la composición del Parlamento Eur. Por mayoría
cualificada elegirá su Presidente; adoptará una decisión por la que se establezca la
lista de las demás formaciones del Consejo, excepto la de Asuntos Exteriores;
propondrá al Parlamento Europeo el candidato a Presidente de la Comisión,
nombrará, con la aprobación del Presidente de la Comisión, al Alto Representante de
la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.
- Debatirá unas conclusiones sobre las orientaciones generales de las políticas
económicas de los Estados miembros y de la Unión (art. 121.2 TFUE); y en cuanto a
las políticas de empleo, examinará anualmente la situación del empleo en la
Comunidad y adoptará conclusiones al respecto (art. 148.1 TFUE).
- En el ámbito de la Política Exterior y de Seguridad Común, fijará los objetivos y la
definición de las orientaciones generales (art. 26.1 TUE), y determinará los intereses
y objetivos estratégicos de la Unión (art. 22.1 TUE).
- Podrá decidir, por unanimidad, el establecimiento de una política común de defensa
de la Unión. El Tratado de Lisboa crea una Agencia Europea de Defensa. Esta
política no afectará a las establecidas por los Estados miembros ni al Tratado del
Atlántico Norte.
3. El Consejo.

3.1. Naturaleza
El Consejo de Ministros es un órgano único que representa el interés de los
Estados miembros.
Ejerce conjuntamente con el Parlamento Europeo el poder legislativo y la función
presupuestaria; así como funciones de decisión política y de coordinación (art. 16.1
TUE).

3.2. Composición
Está compuesto por un representante de cada Estado miembro, de rango
ministerial, facultado para comprometer al Gobierno del Estado miembro al que
represente y para ejercer el derecho de voto.
Los Acuerdos de 9 de diciembre de 2004 de la Conferencia para Asuntos
relacionados con las Comunidades Europeas (CARCE) regulan la participación de las
CC.AA. en las sesiones de las distintas formaciones del Consejo, permitiendo que un
miembro del Consejo de Gobierno de una CC.AA. acuda, junto al representante del
Gobierno nacional con rango ministerial, a las reuniones del Consejo en representación
de todas las Administraciones autonómicas.

3.2.1. Formaciones del Consejo


El Tratado de Lisboa dispone que el Consejo se reunirá en diferentes formaciones.
En la actualidad son diez: Asuntos Generales; Asuntos Exteriores (ambas reguladas por
el Tratado de Lisboa); Asuntos Económicos y Financieros; Justicia y Asuntos de
Interior; Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores; Competitividad;
Transporte, Telecomunicaciones y Energía; Agricultura y Pesca; Medio Ambiente; y
Educación, Juventud y Cultura.

Consejo de Asuntos Generales: (art. 16.6 TUE). Es la formación más


importante, a la que se encarga la ordenación de los trabajos del Consejo en su conjunto.
Está integrado por los Ministros de Asuntos Exteriores y de Asuntos Europeos de
los Estados miembros, y presidido por el Ministro de Asuntos Exteriores del Estado que
ostente la presidencia semestral del Consejo de la Unión.
Consejo de Asuntos Exteriores: (art. 16.6 TUE). Se encarga de elaborar la
política exterior y de seguridad común, y de ejecutar las decisiones adoptadas por el
Consejo Europeo y el Consejo.
Está integrado por los Ministros de Asuntos Exteriores de los Estados miembros,
y presidida por el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de
Seguridad.
3.3. Funcionamiento
3.3.1. La Presidencia del Consejo
El Consejo Europeo de Bruselas de 1995 fijó un orden de rotación de la
Presidencia de seis meses, modificado posteriormente por el Tratado de Lisboa y
aprobado por la Decisión del Consejo Europeo de 1 de diciembre de 2009 relativa al
ejercicio de la Presidencia del Consejo.
La Presidencia del Consejo, con excepción de la formación de Asuntos Exteriores,
será desempeñada por grupos predeterminados de tres Estados miembros (“Trío de
presidencias”) durante un periodo de 18 meses. Así, cada miembro del grupo ejercerá la
presidencia por rotación durante un periodo de 6 meses.

3.3.2. La Secretaría General


Con el Tratado de Lisboa, el Secretario General vuelve a ocupar su posición
originaria (que había sido modificada por el Tratado de Ámsterdam). Así, ostentará la
jefatura del aparato de asistencia administrativa, organizativa, de coordinación y control
de la coherencia de los trabajos del Consejo, y la ejecución de su programa para los 18
meses. Es nombrado por el Consejo por mayoría cualificada.

3.3.3. El Comité de Representantes Permanentes (COREPER)


Es el principal órgano auxiliar del Consejo, creado en 1958. Está compuesto por
los Representantes de los Gobiernos de los Estados miembros, y se encarga de preparar
los trabajos del Consejo y de realizar las tareas que éste le confíe; también podrá
adoptar decisiones de procedimiento en los casos establecidos en el Reglamento Interno
del Consejo.
La cualidad de Representante Permanente corresponde exclusivamente a los
Embajadores nombrados por los Estados miembros ante la UE, y cada uno de ellos
tendrá un Adjunto.
Desde 1962, el COREPER funciona a dos niveles:
- COREPER I: Formado por los Representantes Permanentes Adjuntos, se
ocupa de los asuntos técnicos.
- COREPER II: integrado por los Embajadores, se encarga de los asuntos de
carácter político, económico, comercial o institucional.
Se reúne semanalmente en Bruselas, bajo la Presidencia del Representante
Permanente del Estado que ostente en ese momento la Presidencia del Consejo, o de su
Adjunto. A sus sesiones asisten también un representante de la Comisión y un miembro
de la Secretaría General del Consejo.
Todos los puntos del orden del día del Consejo son discutidos previamente a nivel
técnico en comités y grupos de trabajo integrados por altos funcionarios. A continuación
estos puntos son examinados por el COREPER, que presenta al Consejo un acuerdo
para su adopción, excepto en caso de urgencia.
3.3.4. Las sesiones del Consejo
En ellas participan sus miembros y varios componentes de la Comisión (con voz
pero sin voto), y puede invitar a participar al Banco Central Europeo. Los miembros del
Consejo y de la Comisión pueden estar acompañados de funcionarios que les asistan.
Cuando un miembro del Consejo no pueda asistir a una sesión, podrá hacerse
representar por un alto funcionario de su Departamento Ministerial, o por el
Representante Permanente de su país o su Adjunto, pero el derecho de voto sólo puede
delegarse en otro miembro del Consejo (Cada miembro del Consejo únicamente puede
recibir la delegación de un voto). (art. 239 TFUE).
Las sesiones no son públicas, salvo cuando delibere y vote sobre un proyecto de
acto legislativo. Cada sesión se dividirá en dos partes: dedicadas respectivamente a las
deliberaciones sobre los actos legislativos de la Unión, y a las actividades no
legislativas. Sus deliberaciones están amparadas por el secreto profesional.
Podrá celebrar debates públicos sobre cuestiones importantes que afecten a los
intereses de la UE.

A) El orden del día y la ordenación de los debates


El Reglamento interno del Consejo recoge la división del orden del día en dos
partes, dedicadas respectivamente a las deliberaciones sobre actos legislativos y a las
actividades no legislativas. Los puntos incluidos en cada una de las partes son:
- Puntos A: Los puntos que el Consejo pueda aprobar sin debate. Éstos, ya han
sido objeto de consenso en el COREPER.
- Puntos B: Son aquellas propuestas sobre las que no existe un acuerdo previo
entre las delegaciones ni en el COREPER, por lo que son objeto de discusión
en el Consejo para intentar alcanzar un acuerdo. En caso de no lograrse, la
cuestión puede ser reenviada al COREPER, o aparcada.

B) Los procedimientos de votación


El Presidente puede decidir de forma autónoma cuándo un punto del orden del día
será objeto de votación, y deberá iniciar también el procedimiento cuando lo solicite
cualquier Estado miembro o la Comisión, siempre que la mayoría de los miembros que
componen el Consejo se pronuncie en tal sentido. Para poder proceder a la votación es
necesario que exista quórum.
Los Tratados prevén tres sistemas de votación:

Por mayoría simple.


El Consejo de pronunciará por la mayoría de los miembros que lo componen. (art.
205 .1 TFUE).
Por ejemplo: para la adopción de su Reglamento interno, o para instar al Tribunal
de Justicia a destituir a un miembro de la Comisión por incumplir los requisitos
exigidos en el ejercicio de su cargo.

Por unanimidad.
Está implícito el derecho de veto sobre las decisiones que consideran
especialmente relevantes para salvaguardar sus intereses y los de la UE.
La unanimidad se mantiene para las siguientes materias: fiscalidad, política
exterior, régimen lingüístico, admisión de nuevos Estados miembros, revisión de los
Tratados, algunos aspectos de la cooperación en materia penal y policial.
La abstención de los miembros presentes no impedirá la adopción de los acuerdos
del Consejo que requieran unanimidad.
El art. 48.7 del TUE establece la “cláusula pasarela” en virtud de la cual es
posible cambiar, en determinados ámbitos y casos, la adopción de una decisión por
unanimidad a mayoría cualificada.

Por mayoría cualificada.


Es el procedimiento generalizado. Para poder proceder a la votación deben de
estar presentes la mayoría de los miembros del Consejo que puedan participar en la
votación (quórum).
Con las mayorías cualificadas se pretende evitar que los Estados grandes puedan
imponerse sobre los pequeños, y viceversa.
Con el Tratado de Lisboa desaparecen los votos ponderados, sustituyéndose por la
proporción de un Estado en el total de la población.
Este nuevo sistema introduce una doble mayoría: de Estados y de población. (art.
16.4 TUE). A partir del 1 de noviembre de 2014, la mayoría cualificada se definirá
como un mínimo del 55% de los miembros del Consejo que incluya al menos a 15 de
ellos y representen a Estados miembros que reúnan como mínimo el 65% de la
población de la Unión. La minoría de bloqueo estará compuesta por al menos 4
miembros del Consejo, a falta de lo cual la mayoría cualificada se considerará
alcanzada.
En los casos en que no todos los miembros del Consejo participen en la votación
(por ejemplo decisiones en el ámbito de la política monetaria), la mayoría cualificada
será un mínimo de 55% de los miembros del Consejo de los Estados participantes, que
reúnan como mínimo el 65% de su población. La minoría de bloqueo será al menos el
número mínimo de miembros del Consejo que represente más del 35% de la población
de los Estados miembros participantes, más un miembro.
Además, si el Consejo no actúa a iniciativa de la Comisión o del Alto
Representante, la mayoría se entenderá alcanzada con el 72% de Estados miembros que
representen el 65% de la población de la UE.
El objetivo es garantizar que el Consejo no pueda adoptar decisiones por una
minoría o una mayoría de Estados sin el respaldo de la población.
Según lo dispuesto en el Protocolo nº 36 sobre las disposiciones transitorias, anejo
al Tratado de Lisboa, el sistema de mayoría cualificada anterior a 2014 se podrá seguir
utilizando hasta el 31 de marzo de 2017, cuando así lo solicite cualquier miembro del
Consejo. La mayoría cualificada será la prevista por el Tratado de Niza, por lo cual los
votos de los Estados miembros se ponderarán del siguiente modo:
Bélgica 12 Grecia 12 Letonia 4 Austria 10 Finlandia 7
Bulgaria 10 España 27 Lituania 7 Polonia 27 Suecia 10
Rep. Checa 12 Francia 29 Luxemburgo 4 Portugal 12 Reino Unido 29
Dinamarca 7 Irlanda 7 Hungría 12 Rumanía 14
Alemania 29 Italia 29 Malta 3 Eslovenia 4
Estonia 4 Chipre 4 Países Bajos 13 Eslovaquia 7

Cuando los acuerdos deban ser adoptados a iniciativa de la Comisión, requerirán


al menos 255 votos que representen la votación favorable de la mayoría de los
miembros.
En los demás casos, requerirá al menos 255 votos que representen la votación
favorable como mínimo de dos tercios de los miembros.
Cualquier miembro del Consejo Europeo o del Consejo podrá solicitar que se
compruebe que los Estados miembros que constituyen la mayoría cualificada
representen como mínimo el 62% de la población total de la Unión. Si esta condición no
se cumple, el acto en cuestión no será adoptado.

3.4. Competencias del Consejo


3.4.1. Competencias legislativas
El Consejo ejercerá conjuntamente con el Parlamento Europeo la función
legislativa y la función presupuestaria.

3.4.2. Competencias ejecutivas


Con anterioridad, tenía atribuido el poder ejecutivo, compartiéndolo con la
Comisión.
En el Tratado de Lisboa el Consejo mantiene solamente un poder ejecutivo
residual, con competencias escasas y excepcionales.

3.4.3. Competencias de definición y coordinación de políticas


El Consejo ejercerá funciones de definición de políticas y de coordinación, en las
condiciones establecidas en los Tratados: de coordinación de las políticas económicas
generales de los Estados miembros y en materia de empleo.

3.4.4. Competencias en Política Exterior y de Seguridad Común


Le corresponde elaborar la política exterior y de seguridad común y adoptar las
decisiones necesarias para definir y aplicar dicha política. Velarán por la unidad, la
coherencia y la eficacia de la acción de la UE.
3.5. ¿Quién controla al Consejo?
No existe ninguna instancia que pueda controlar al Consejo en su conjunto. La
posibilidad de exigir responsabilidad política a los ministros por parte de los
Parlamentos nacionales en materia comunitaria también es prácticamente nula.
Lo más factible sería agravar los mecanismos de rendición de cuentas de los
ministros nacionales como ministros del Consejo ante sus respectivos Parlamentos, pero
esta acción se ve dificultada por varias razones:
- Los instrumentos de control existentes son insuficientes e ineficaces.
- Si exigir responsabilidad política a los ministros por su actuación ya es difícil
en el ámbito nacional, lo es más aún en el marco de la UE.

En España, la Ley 8/1994 (modificada por la Ley 24/2009 y por la Ley 28/2010)
establece que la Mesa de la Comisión Mixta para la UE decidirá los miembros del
Gobierno, Ministros o altos cargos que deban comparecer ante ella antes de la
celebración de la reunión del Consejo, para que puedan manifestar la posición del
Gobierno en relación a los asuntos incluidos en el orden del día. Asimismo, al final de
cada presidencia semestral del Consejo de la UE, el Ministro de Asuntos Exteriores y de
Cooperación o el Secretario de Estado para la UE comparecerán ante la Comisión Mixta
para la UE para dar cuenta de los progresos realizados durante dicha presidencia.
TEMA 7. LA COMISIÓN EUROPEA.

1. Naturaleza.
En el marco general de las instituciones comunitarias, la Comisión Europea es el órgano que
representa a la Unión Europea, al encarnar el interés supranacional frente a los intereses
particulares de los Estados miembros.

El establecimiento, desde la entrada en vigor en 1967 del llamado Tratado de Fusión de los
Ejecutivos, de una Comisión única para las tres Comunidades Europeas originarias (CECA, CEE y
EURATOM) permitió una mayor integración de las mismas, y ha hecho posible la elaboración y
desarrollo de políticas comunes en muy distintos ámbitos.

En términos generales, a la Comisión le compete promover el interés general de la Unión y,


específicamente, velar por la aplicación, desarrollo y cumplimiento de los Tratados y del conjunto
de las normas comunitarias. La Comisión es también, por su composición, su permanencia, y la
capacidad logística y técnica de sus servicios, la institución más capacitada para asumir la función
ejecutiva, por lo que los Tratados le otorgan directamente poderes de gestión de las políticas
comunitarias y de ejecución del presupuesto. E incluso su iniciativa legislativa- que no es sino una
concreción de la función de la Comisión como impulsora del interés europeo- es considerada como
la expresión de una competencia ejecutiva.

Con el Tratado de Lisboa, la Comisión Europea conserva sus papeles tradicionales, si bien ya no
ostentará en exclusiva el derecho de iniciativa legislativa, ya que en algunos casos, la especialidad
del procedimiento legislativo supondrá que la iniciativa corresponda a los Estados miembros ( por
ejemplo, la cooperación policial y judicial en materia penal y la PESC), al Parlamento Europeo ( la
ley electoral), al Banco Central Europeo ( modificación de sus Estatutos) o al Tribunal de Justicia (
289.4 TFUE). Además, el Tratado ha dispuesto que, con excepción de la Política Exterior y de
Seguridad Común, y de los demás casos previstos en los Tratados, la Comisión asume la
representación exterior de la Unión (Art. 17.1 y 2 TUE).

Como garante del interés general de la Unión, y destinada desde sus orígenes a la representación
autónoma del interés común, la posición institucional de la Comisión debería haberse reforzado en
la línea de hacer de esta institución- motor de integración europea- el verdadero gobierno de la
Unión. Pero el escoramiento intergubernamental del Tratado de Lisboa sólo lo ha debilitado más.
2. Composición.

El número ideal de miembros de la Comisión ha sido siempre una cuestión polémica y ha habido
una tendencia creciente a tratar de reducir el número de Comisarios con el fin de agilizar su
funcionamiento y facilitar la adopción colegiada de decisiones. El Tratado de Maastricht dejó
aplazada esta cuestión para darle una solución antes de que finalizara 1992, pero no hubo acuerdo
y la cuestión se aparco hasta la Conferencia Intergubernamental de 1996. Y el tratado de
Ámsterdam tampoco lo resolvió; únicamente añadió un Protocolo a los Tratados en el que dispuso
que cuando se produjera la primera ampliación de la Unión, la Comisión comprendería sólo “un
nacional de cada uno de los Estados miembros, siempre que para esa fecha se hubiera modificado
la ponderación de los votos en el Consejo de una manera aceptable para todos los Estados
miembros”.

Hasta la ampliación de la Unión en 2004 a diez nuevos Estados, la Comisión se componía de 20


miembros, uno de los cuales era su Presidente. Aunque los Tratados no contenían ninguna
disposición al respecto, la práctica habitual hasta el momento había permitido que los Estados con
mayor extensión y población (Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España) propusieran dos
candidatos cada uno y los Estados más pequeños únicamente pudieran proponer un candidato de su
respectiva nacionalidad.

Pero lo cierto es que si se mantenían las reglas de reparto con la ampliación de la Unión a partir del
2004, el número de Comisarios sería, sin lugar a dudas, excesivo. Si las instituciones han de ser
operativas, no pueden crecer indefinidamente. Por ello, la solución para garantizar la eficacia de la
Comisión, propuesta en el Protocolo anteriormente citado, no parecía, en principio, desacertada: si
la Comisión no representa a los Estados, la diferencia de trato entre los Estados “grandes” y los
“pequeños” o “medianos” carece de sentido. Sin embargo, como puso de relieve A. Mangas, la
opción de un comisario por país es la menos comunitaria, ya que haría de la institución
independiente un órgano intergubernamental, imposible de distinguir del Consejo. Ciertamente, la
Comisión no tiene por qué estar integrada por un Comisario de cada Estado miembro; ni siquiera
la presencia de cada Estado en la Comisión tiene que producirse en términos de igualdad formal.
Por eso, la opción de un número de Comisarios inferior al de Estados miembros es la opción más
europeísta: si la Comisión debe ser una institución independiente encargada de identificar y
defender el interés de la Unión, no precisa tener comisarios de todas las nacionalidades.

De conformidad con el Tratado de Lisboa la Comisión nombrada entre el 1 de diciembre de 2009 y


el 31 de octubre de 2014 estará compuesta por un nacional de cada Estado miembro, incluidos su
Presidente y el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad,
que será uno de sus Vicepresidentes.

Pero los artículos 17.5 TUE y 244 TFUE disponen que a partir del 1 de noviembre de 2014, la
Comisión estará compuesta por un número de miembros correspondiente a los dos tercios del
número de Estados miembros, que incluirá a su Presidente y al Alto Representante para Asuntos
Exteriores y Política de Seguridad, a menos que el Consejo Europeo decida por unanimidad
modificar dicho número.

Los miembros de la Comisión serán seleccionados de entre los nacionales de los Estados
miembros mediante un sistema de rotación estrictamente igual entre los Estados miembros que
permita tener en cuenta la diversidad demográfica y geográfica del conjunto de dichos Estados.
Este sistema será establecido por unanimidad de acuerdo con os siguientes principios:

a) Se tratará a los Estados miembros en condiciones de rigurosa igualdad en lo que se refiere a la


determinación del orden de turno y del período de permanencia de sus nacionales en la
Comisión; por tanto, la diferencia entre el numero total de los mandatos que ejerzan nacionales
de dos determinados Estados miembros nunca podrá ser superior a uno;
b) Con sujeción a lo dispuesto en el apartado anterior, cada una de las sucesivas Comisiones se
constituirá de forma que refleje de manera satisfactoria la diversidad demográfica y geográfica
del conjunto de los Estados miembros.

Sin embargo, la cesión que el Consejo Europeo de diciembre de 2008- ratificada en el Consejo
Europeo de junio de 2009- hizo a Irlanda para que se celebrara un nuevo referéndum sobre el
Tratado de Lisboa en octubre de 2009, parece haber dejado sin contenido los citados preceptos. El
Consejo Europeo acordó que si entraba en vigor el Tratado de Lisboa, adoptaría una decisión, de
conformidad con los procedimientos jurídicos necesarios (Art. 17.5 TUE permite al Consejo
Europeo modificar, por unanimidad, el número de miembros de la Comisión) con el fin de que la
Comisión siga incluyendo a un nacional de cada Estado miembro. Este acuerdo del Consejo
Europeo produce un claro debilitamiento de la Comisión como órgano supranacional y reduce
considerablemente su eficacia y solvencia.

A nuestro juicio, lo importante no es una representación total de los Estados miembros, sino una
representación justa, de tal manera que los individuos de cada Estado se puedan sentir parte del
colegio de Comisarios, lo cual se asegura a través del voto de investidura del Parlamento
Europeo.

La independencia real de la Comisión debería consistir en saber defender una propuesta contra las
presiones nacionales, para lo cual es esencial la existencia de un colegio cohesionado y eficaz.
Porque el interés general de Europa y de cada Estado miembro, independientemente de su
población es preservar la eficacia de la Comisión. Y esta eficacia no es compatible con la total
inclusividad. Cuanto mas grande sea el colegio, más diversas las referencias de cada Comisario y
más bajo el común denominador. Es difícil aceptar que la Comisión sea eficaz con 27 miembros o
más. Y además, su poder no lo resalta el tamaño, sino las destrezas personales de los Comisarios y
su autoridad política. Si defendemos que Europa es mucho más que un mercado único, se acepta
difícilmente que sea absolutamente necesario que todo Estado miembro deba tener un Comisario,
ya que estos no estarán en el colegio para asegurar que el interés nacional sea protegido.

Por otra parte, las condiciones requeridas por los Tratados para ser elegido Comisario son cuatro:
ser nacional de un Estado miembro, estar dotado de “competencia general”, y ofrecer “plenas
garantías de independencia”. El tratado de Lisboa añade que los miembros de la Comisión también
serán elegidos en razón de su “compromiso europeo”.
Por lo que se refiere al segundo requisito- estar dotado de “competencia general”- parece claro que
no se trata de poseer una cualificación especial o determinada, sino simplemente de ser titular de
un currículum adecuado al papel que se va a ejercer. En este sentido, la Comisión se nutre
mayoritariamente de políticos de prestigio y antiguos miembros de gobiernos nacionales.

En cuanto a la exigencia de ofrecer “plenas garantías de independencia”, no hay que olvidar que la
Comisión representa, al menos formalmente, el interés comunitario y, en consecuencia, sus
componentes no son representantes de los Estados miembros de la Unión. Esta independencia se
exige no sólo respecto de los Gobiernos de los Estados (“los miembros de la Comisión no
solicitarán ni aceptarán instrucciones de ningún gobierno, institución, órgano u organismo”), sino
también respecto de cualquier entidad pública o privada que pudiera interferir en las funciones
asignadas a los Comisarios (“Se abstendrán de todo acto incompatible con sus obligaciones o con
el desempeño de sus funciones” Art. 17.3 TUE). Además, los Estados miembros respetarán su
independencia y no intentarán influir en ellos en el desempeño de sus funciones” Art. 245 TFUE.

A este respecto, resultan ilustrativas las palabras del excanciller federal alemán, G. Schröder,
cuando le preguntaron sobre el perfil adecuado de la persona que debería presidir la Comisión:
“Debe ser un europeo convencido, con experiencia política en asuntos de relaciones europeas,
conocimientos técnicos administrativo-económicos suficientes e integridad personal intachable”.

2.1.Elección y Nombramiento.

Hasta la entrada en vigor del TUE, el Tratado de Fusión de los Ejecutivos de 1965 disponía que los
miembros de la Comisión serían nombrados de común acuerdo por los gobiernos de los Estados
miembros. En realidad, cada Estado proponía su o sus candidatos, y si no había objeciones por
parte de los otros Estados (no era frecuente que las hubiera) eran nombrados Comisarios.
Asimismo, los gobiernos acordaban la persona- de entre los nombrados- que debía ostentar la
Presidencia. El principio del común acuerdo se traducía en la práctica en un poder de veto de todos
y cada uno de los Estados sobre las propuestas de los demás.

Desde entonces, la praxis fue introduciendo algunos cambios en el procedimiento de


nombramiento de los miembros de la Comisión.

Así, la práctica de la designación previa del Presidente de la Comisión por parte de los gobiernos
de los Estados miembros, al igual que la práctica de la “investidura” de la Comisión por el
Parlamento Europeo fueron formalizadas por el Tratado de la Unión Europea, que también
extendió el mandato de los miembros de la Comisión de cuatro a cinco años para hacerlo coincidir
con el mandato del Parlamento Europeo. De esta forma, al acomodar el mandato de la Comisión al
mandato parlamentario, y prever un voto de investidura de los miembros de la Comisión por el
Parlamento recién elegido, se trataba de establecer una relación fiduciaria lo más parecida posible
a la relación de confianza que liga a los gobiernos con los Parlamentos en los sistemas
parlamentarios.

Asimismo, el Tratado de Ámsterdam introdujo importantes novedades que potenciaban el papel


del Parlamento Europeo en la elección de la Comisión. Pero si bien el Tratado de 1997 reforzó el
papel del Parlamento Europeo en la elección de la Comisión, lo cierto es que la relación de
confianza entre estas dos instituciones comunitarias seguía siendo una relación de confianza
difusa, ajena al signo político del arco parlamentario europeo. Y aunque de esa confianza- que se
materializa en el acto de aprobación colectiva de la Comisión por parte del Parlamento Europeo- se
deriva la responsabilidad política de aquélla ante éste, no es menos cierto que en realidad, el
Parlamento se limitaba a aprobar-o no- el acierto que los gobiernos hubieran tenido en la elección.

Por su parte el Tratado de Niza permitió que el Presidente de la Comisión fuera designado por el
Consejo, en su formación de Jefes de Estado o Gobierno, por mayoría cualificada y no por
unanimidad, lo que suponía que el candidato más débil no tendría ya más posibilidades que los
demás para ser elegido.

El Tratado de Lisboa exige por primera vez al Consejo Europeo que en la designación del
candidato a Presidente de la Comisión tenga en cuenta “el resultado de las elecciones europeas”.
Así, el Parlamento Europeo elige al candidato propuesto por el Consejo Europeo a Presidente de la
Comisión por mayoría de los miembros que lo componen.

Si el candidato no obtiene la mayoría necesaria, El Consejo Europeo propondrá en el plazo de un


mes, por mayoría cualificada, un nuevo candidato, que será elegido por el Parlamento Europeo por
el mismo procedimiento (artículo 17.7 TUE).

De esta forma, el Presidente de la Comisión es elegido por el Parlamento Europeo, lo cual


refuerza la legitimidad política de aquél y cumple un deseo del Parlamento expresado en
numerosas ocasiones, y en concreto, en su Declaración de 16 de enero de 2003, dirigida
expresamente a la Convención. Esta forma de elección del Presidente de la Comisión fue también
defendida muy especialmente por Francia y por la Asociación Notre Europe, presidida por el
expresidentes de la Comisión Europea, J.Delors.

El tratado de Lisboa dispone también que el Consejo, de común acuerdo con el Presidente electo,
adoptara la lista de las demás personalidades a las que se proponga nombrar miembros de la
Comisión, de acuerdo con los criterios mencionados anteriormente (Art. 17.7 TUE). Asimismo, el
Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, nombrado por el Consejo
Europeo por mayoría cualificada, con la aprobación del Presidente de la Comisión, será uno de los
Vicepresidentes de la Comisión.

Una vez designados de este modo el Presidente, el Alto Representante de la Unión para Asuntos
Exteriores y Política de Seguridad (que será uno de los Vicepresidentes de la Comisión) y los
demás miembros de la Comisión, deberán someterse colegiadamente al voto de aprobación del
Parlamento Europeo; no obstante, una vez obtenida dicha aprobación, el Presidente y los demás
miembros de la Comisión serán nombrados por el Consejo Europeo por mayoría cualificada. (Art.
17.7 TUE.). Por otra parte, y como ya señalábamos anteriormente, los miembros de la Comisión
son nombrados por un período de 5 años, por lo que aunque el mandato de los Comisarios es
renovable indefinidamente, cesan en sus funciones a los cinco años de su nombramiento.
Asimismo, su mandato puede concluir anticipadamente por alguna de las siguientes causas: de
forma colectiva, por la aprobación de una moción de censura contra su gestión por parte del
Parlamento Europeo; y de manera individual, por fallecimiento, dimisión voluntaria, y cese por el
Tribunal de Justicia, a instancia del consejo- por mayoría simple- o de la Comisión, por dejar de
reunir las condiciones necesarias para el ejercicio de sus funciones o por la comisión de una falta
grave (Art. 246 y 247 TFUE).

El miembro de la Comisión dimisionario, destituido o fallecido será sustituido por el resto de su


mandato por un nuevo miembro de la misma nacionalidad, nombrado por el Consejo de común
acuerdo con el Presidente de la Comisión, previa consulta al Parlamento Europeo (Art. 246
TFUE).

De todas formas el Consejo puede decidir, por unanimidad, que no ha lugar a tal sustitución. Esta
norma se mantiene en el Tratado d Lisboa con la exigencia de que sea el Presidente de la Comisión
quien proponga al Consejo Europeo que el puesto no quede cubierto, en particular cuando quede
poco tiempo para que termine el mandato de dicho miembro(Art. 246 TFUE). Esta disposición es
dudosamente aceptable al suponer formalmente una injerencia del Consejo en la vida de la
Comisión.

Hay que señalar también que en caso de muerte, dimisión o cese del Presidente de la Comisión,
este será sustituido en todo caso por el tiempo que falte para terminar el mandato, de acuerdo con
el procedimiento ordinario.

Por último, el Tratado dispone que en el nombramiento del Alto Representante de la Unión para
Asuntos Exteriores y Política de Seguridad finaliza el mandato del miembro de la Comisión que
tenga misma nacionalidad que el Alto Representante.

2.2. El Presidente de la Comisión, El Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de


Seguridad / Vicepresidente de la Comisión, y los Comisarios.

El Tratado de Lisboa, siguiendo la orientación marcada por los Tratados de Ámsterdam y Niza en
cuanto a reforzamiento, al menos formal, del liderazgo del Presidente de la Comisión, otorga a éste
la competencia para marcar la orientación política con arreglo a la cual la Comisión desempeña sus
funciones; así como la de determinar la organización interna de la Comisión velando por la
coherencia, eficacia y colegialidad de su actuación, pudiendo nombrar vicepresidentes distintos al
Alto Representante, de entre los miembros de la Comisión ( Art. 17.6 TUE). En este sentido, el
Tratado otorga al Presidente de la Comisión el poder de estructurar y repartir responsabilidades
que incumben a la Comisión entre sus diferentes miembros, que ejercerán sus funciones bajo la
autoridad de éste. El Presidente puede también pedir la dimisión de cualquier miembro de la
Comisión, el cual estará obligado a presentársela (Procedimiento Prodi). Asimismo, en virtud de lo
dispuesto en el Acuerdo marco sobre las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión
Europea de 20 de octubre de 2010, “cuando el Parlamento solicite al Presidente de la Comisión
que retire la confianza a un miembro de la misma forma individual, el Presidente examinará
cuidadosamente la posibilidad de pedir a dicho miembro que renuncie. El Presidente exigirá la
dimisión de dicho miembro o explicará su negativa a solicitarla ante el Parlamento en el siguiente
período parcial de sesiones”.

Esta preeminencia del Presidente de la Comisión y la voluntad de convertir a ésta en el gobierno de


la Unión, se puso de manifiesto en la sesión plenaria del Parlamento Europeo de 7 de septiembre
de 2010, cuando, por primera vez desde la creación de las Comunidades Europeas, el Presidente de
la Comisión, Durao Barroso, abría con un discurso sin precedentes, un debate “sobre el estado de
la Unión”, en el que expuso la situación de todas las áreas políticas y económicas que afectan a la
Unión Europea, y definió las líneas generales del trabajo de la Comisión durante los próximos
doce meses.

Pero no nos engañemos. Frente el Consejo Europeo, y al Parlamento Europeo, que salen
fortalecidos del Tratado de Lisboa, la Comisión sufre un notable debilitamiento en el contexto
institucional. La pérdida del monopolio de la iniciativa legislativa, el mantenimiento de un
Comisario por estado miembro, la incursión en su seno de una figura nombrada por el Consejo
Europeo ( el Alto representante para Asuntos Exteriores y de Seguridad Común), la presidencia
estable del Consejo Europeo, el sistema de alerta temprana que permite a los Parlamentos
nacionales neutralizar una propuesta de la Comisión, nos permite afirmar, con la mayoría de la
doctrina, que la Comisión es la gran perdedora del Tratado de Lisboa.

Por otra parte, la nueva figura creada por el Tratado de Lisboa del Alto Representante para
Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, nombrado por el Consejo Europeo con la aprobación
del Presidente de la comisión, y a quien el tratado otorga el mandato de contribuir con sus
propuestas a elaborar la política exterior y de seguridad común y encargarse de ejecutar las
decisiones adoptadas por el Consejo Europeo y en el Consejo, es uno de los Vicepresidentes de la
Comisión.

Como tal, se encargará, dentro de la Comisión, de las responsabilidades que incumben a la misma
en el ámbito de las relaciones exteriores y de coordinación de los demás aspectos de la acción
exterior de la Unión. En el ejercicio de estas responsabilidades y exclusivamente con lo que
respecta a las mismas, el Alto Representante estará sujeto los procedimientos por los que se rige el
funcionamiento de la Comisión en la medida en que ello sea compatible con sus funciones como
mandatario del Consejo Europeo para la política exterior y de seguridad común y como Presidente
del Consejo de Asuntos Exteriores (Art. 18 TUE).

Es necesario subrayar que al fusionar en la figura de Alto Representante para Asuntos Exteriores y
Política de Seguridad al antiguo Alto Representante para Política Exterior y de Seguridad Común
con el Vicepresidente de la Comisión encargado de las Relaciones Exteriores, el Tratado de Lisboa
recoge las peticiones que en este sentido venían sucediéndose en los últimos años por parte del
Parlamento Europeo, y garantiza, en teoría, la coherencia de la acción exterior de la Unión.

Ahora bien, como ha puesto de relieve A. Mangas, “por su nombramiento y dependencia del
Consejo Europeo, así como por sus competencias, es otro factor de desestabilización a favor de lo
intergubernamental (…) un submarino de los gobiernos” en el seno de la Comisión. Porque al
constituirse en un órgano de enlace en materia de acción exterior y de seguridad común entre dos
instituciones tan diversas como el Consejo y la Comisión, no es tan disparatado pensar que
finalmente se pueda convertir en una fuente de graves conflictos y tensiones. Además, aunque la
finalidad de esta figura es dotar de mayor visibilidad y coherencia la acción exterior de la Unión, el
triple papel que asume como partícipe de los trabajos del Consejo Europeo, vicepresidente de la
Comisión, y Presidente del Consejo de Asuntos Exteriores, puede generar numerosos problemas y
disfuncionalidades. Por ejemplo, en el caso de que se aprobara una moción de censura contra la
Comisión, el Alto Representante, que es uno de sus Vicepresidentes, tendrá que dimitir del cargo
que ejerce en la Comisión (Art. 17.8 TUE), pero solo puede ser destituido por el Consejo Europeo.
O en el caso de ser destituido por el Consejo Europeo, sólo se vería obligado a cesar como
miembro de la Comisión cuando el Consejo Europeo nombrara un nuevo Alto Representante o se
lo pidiera el Presidente de la Comisión (17.6 TUE).

En definitiva, como ha apuntado Paz Andrés “esta alambicada imbricación de Alto Representante
en el sistema institucional plantea dudas sobre su funcionamiento en la práctica, en particular
desde la perspectiva de la Comisión porque se han introducido algunas cautelas para intentar
atenuar las repercusiones de la presencia en la misma de una figura vinculada también a otras
instituciones, no parece que esto sea suficiente para asegurar las necesarias relaciones armónicas
entre todos los implicados”.

3. Funcionamiento.
El funcionamiento de la Comisión se articula sobre dos principios: autoorganización y
colegialidad.

3.1 Principio de Autoorganización.

La Comisión dispone de un reglamento interno propio cuyo objeto es el de “asegurar su


funcionamiento y el de sus servicios” (Art. 248 TFUE).

Con el fin de preparar y desarrollar sus actividades, la Comisión está asistida por una
Administración integrada por unos 38.000 funcionarios, de los que buena parte se dedica a labores
de interpretación y traducción a las 23 lenguas oficiales de la Unión Europea. Los servicios de la
Comisión se estructuran en 33 Direcciones Generales y 11 servicios asimilados, tales como el
Servicio Jurídico o la Oficina de Publicaciones Oficiales de la UE. La Comisión gestiona, además
una serie de Agencias Ejecutivas encargadas de determinadas tareas de gestión de los programas
comunitarios, creadas de acuerdo con lo dispuesto en el Reglamento del Consejo de 19 de
diciembre de 2002.

El funcionamiento interno de la Comisión también se rige por una Declaración de Governanza de


la Comisión Europea, de 30 de mayo de 2007, en la que se articulan las partes implicadas, la
planificación estratégica, los mecanismos de responsabilidad y rendición de cuentas, el marco de
transparencia y apertura, el mecanismo para proporcionar un marco regulador de calidad en la UE,
así como las medias para promoverla ética dentro de la Comisión.
3.2 Principio de Colegialidad.

El principio de actuación colegiada de la Comisión- consagrado en el art. 1 de su reglamento


interno- supone que todas sus decisiones expresan la voluntad global del órgano, aún cuando sea el
resultado de una votación interna.

En tal sentido, los acuerdos de la Comisión se adoptan por mayoría simple, si bien todos sus
miembros responden colectivamente- políticamente hablando- del conjunto de sus decisiones
adoptadas en su seno. En este sentido, el artículo 17 del TUE dispone que “la Comisión tendrá una
responsabilidad colegiada ante el Parlamento Europeo”. En consecuencia, si prospera una moción
de censura del Parlamento Europeo contra la Comisión, los miembros de la Comisión deberán
renunciar colectivamente a sus cargos, si bien continuarán despachando los asuntos de
administración ordinarias hasta su sustitución (Nuevo Art. 17.8 TUE). Sin embargo, no contempla
la dimisión colectiva por otras razones, aunque por analogía sería de aplicación este mismo
precepto.

Ahora bien, este principio de colegialidad no excluye, como ya hemos citado anteriormente, la
preeminencia del Presidente de la Comisión, que ostenta una autoridad considerable. De hecho, los
acontecimientos acaecidos durante la primavera de 1999, confirman que el prestigio y la eficacia
de este órgano comunitario van ligadas a la personalidad de su Presidente.

El Tratado de Lisboa mantiene, pues, la colegialidad de la Comisión, pero también remarca la


preeminencia de su Presidente.

Por otra parte, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reconocido la legalidad de delegar
expresamente medidas de gestión o de administración claramente definidas a miembros singulares
de la Comisión en los distintos ámbitos de competencia comunitaria, considerando que este
sistema de habilitaciones a favor de un determinado Comisario – previsto en su Reglamento
interno- deriva de la capacidad de autoorganización de la propia Comisión y no vulnera el
principio de colegialidad ( STJCE de 23-9-86, AZCO Chemie/ Comisión, 5/85).

La Comisión tiene su sede en Bruselas. Por regla general, la Comisión celebra como mínimo una
reunión por semana (los miércoles) pudiéndose reunir además, cada vez que sea necesario. Sus
reuniones no son públicas y los debates son confidenciales, aunque de cada reunión se levanta un
Acta que debe ser aprobada por la Comisión en una reunión posterior, y firmada por el Presidente
y el Secretario General de la Comisión (Art. 9 Reglamento interno de la Comisión).

Las decisiones de la Comisión se toman de forma colectiva y a propuesta de uno o varios


Comisarios (Art. 8.1 Reglamento interno de la Comisión).

1.- Procedimiento oral u ordinario

En las reuniones semanales, cualquier comisario puede solicitar que se proceda a votar. En este
caso, la Comisión decide por mayoría simple; en caso de empate, dirime el voto del Presidente

(Art. 8.3 Reglamento interno de la Comisión).


2.- Procedimiento escrito

La Comisión, al adoptar un acuerdo sobre un proyecto, puede hacerlo constar mediante


procedimiento escrito. Para ello, el texto del proyecto debe comunicarse por escrito a todos los
miembros de la Comisión, junto con el plazo fijado para manifestar sus reservas o proponer
enmiendas. Cualquier Comisario puede solicitar que el proyecto sea sometido a debate, en cuyo
caso enviará al Presidente una solicitud motivada, y el asunto se incluirá en el orden del día de una
próxima reunión. Si ningún miembro de la Comisión ha formulado objeciones o mantiene una
solicitud de suspensión a término del plazo fijado en un procedimiento escrito, la propuesta se
considera aprobada (Art. 12 RCOM). En la práctica, el procedimiento escrito se utiliza para
aligerar el orden del día de las reuniones de la Comisión de asuntos que no son políticamente
relevantes, previa información a los distintos servicios administrativos de la Comisión.

3.- Procedimiento de habilitación

La Comisión puede, siempre que se respete el principio de su responsabilidad colegiada, habilitar a


uno o varios Comisarios para que adopten en su nombre, medidas de gestión o de administración,
dentro de los límites y condiciones que ella misma establezca. En determinadas circunstancias, y
bajo las mismas condiciones, las competencias así atribuidas pueden ser objeto de subdelegación
en Directores Generales y Jefes de Servicio (Art. 13 Reglamento interno de la Comisión). Como ha
subrayado J.A Fuentaja “esta suerte de subhabilitación no puede exceder los límites originales de
la habilitación del Colegio y podrá ser revocada en cualquier momento por el Comisario en
cuestión y sometida a las condiciones de ejercicio que aquél estime oportunas.

4. Competencias.

4.1 Competencias en materia de iniciación de la política comunitaria (competencias legislativas)

Al representar la Comisión el interés general de la Comunidad los Tratados le atribuyen el poder


de iniciar e impulsar la política comunitaria, lo cual significa que el Consejo y el Parlamento
Europeo sólo pueden decidir y ejercer sus poderes normativos sobre la base de una propuesta de la
Comisión, salvo que los Tratados dispongan otra cosa (Art. 17.2 TUE).En este sentido, en algunos
casos, la especialidad del procedimiento legislativo supondrá que la iniciativa corresponda a un
grupo de Estados miembros, al Parlamento Europeo, al Banco Central Europeo, al Tribunal de
Justicia o al Banco Europeo de Inversiones (Art. 289.4 TFUE).

Así pues, a la Comisión le corresponde casi en exclusiva la iniciativa legislativa. Ello significa que
el procedimiento legislativo comienza necesariamente con la presentación por parte de la
Comisión de la propuesta de un texto, propuesta que debe ajustarse al interés comunitario, sin
favorecer los intereses de un Estado determinado, y coherente con el resto del Derecho
comunitario derivado. Además, la Comisión tiene la facultad de modificar, e incluso retirar su
propuesta en cualquier momento del procedimiento legislativo, antes de que se adopte el acto
comunitario, si considera que las alteraciones introducidas durante el procedimiento desvirtúan
decisivamente su propuesta originaria (Art. 293.2 TFUE).

En 2002, la Comisión Europea puso en marcha un ambicioso programa que, bajo el título “Legislar
mejor” pretende simplificar y perfeccionar el mecanismo de elaboración de normativas en la UE.
El objetivo es reducir la burocracia, mejorar la calidad de la legislación y elaborar normas más
adecuadas tanto para los consumidores como para las empresas. En este sentido, la Comisión
analiza sistemáticamente el posible impacto económico, social, y medioambiental de las nuevas
iniciativas; consulta a los agentes del sector de que se trata y a los demás interesados; aplica un
programa de simplificación de la legislación ya en vigor; comprueba sus propuestas cuando están
siendo examinadas por el Consejo y el Parlamento Europeo por si debe retirarlas; y pone el
máximo empeño en calcular y reducir los costes administrativos de la normativa. Desde el 2006, la
Comisión presenta anualmente un Análisis estratégico del programa “legislar mejor” en la Unión
Europea, a través de una Comunicación al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico
y Social y al Comité de las Regiones.

Por otro lado, los Tratados prevén también la posibilidad de que el Parlamento Europeo o el
Consejo soliciten a la Comisión que proceda a efectuar los estudios que considere oportunos para
la consecución de los objetivos comunes y someta al Consejo las propuestas pertinentes.

Ahora bien, si la Comisión no presenta ninguna propuesta, comunicará las razones al Parlamento
Europeo o al Consejo (Art. 225 y 241 TFUE). Y si la Comisión no se pronunciará, el Consejo y el
Parlamento Europeo pueden interponer ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea un recurso
por omisión (Art. 265 TFUE).

Asimismo, el Tratado de Lisboa introduce una importante novedad en el artículo 11.4 TUE, al
prever una tímida e innecesariamente cautelosa iniciativa popular: “Un grupo de al menos un
millón de ciudadanos de la Unión, que sean nacionales de un número significativo de Estados
miembros, podrá tomar la iniciativa de invitar a la Comisión, en el marco de sus atribuciones, a
que presente una propuesta adecuada obre cuestiones que estos ciudadanos estimen que requiere
un acto jurídico de la Unión para los fines de la aplicación de los Tratados”.

El reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo de 16 de Febrero de 2011 sobre la iniciativa
ciudadana establece las condiciones preceptivas para la presentación de dicha iniciativa, entre
ellas, el número mínimo de Estados miembros de los que han de proceder los ciudadanos que la
presenten (1/4 de Estados miembros) y el número mínimo de firmantes pertenecientes a cada uno
de esos Estados (Ej. España 37.500).

4.2 Competencias en materia de salvaguardia del Derecho de la Unión Europea

La Comisión vela por la aplicación de las disposiciones de los Tratados, así como de las
disposiciones adoptadas por las instituciones en los ámbitos UE y EURATOM. De ahí que la
Comisión sea conocida como “Guardiana de los Tratados”. El Tratado de Lisboa establece que “La
Comisión (…) velará por que se apliquen los Tratados y las medidas adoptadas por la instituciones
en virtud de éstos. Supervisará la aplicación del Derecho de la Unión bajo el control el Tribunal de
Justicia de la Unión Europea” (Art. 17.1 TUE).

Para poder cumplir esta importante función de vigilancia de la aplicación de las normas europeas,
la Comisión dispone de los medios adecuados para recabar todo tipo de informaciones y proceder a
todas las comprobaciones necesarias. Este poder de información e investigación no solo tiene por
destinatarios a los Estados miembros, sino también, en algunos casos, a sus ciudadanos.
Evidentemente, el ejercicio de esta competencia requiere no sólo “una minuciosa labor de
vigilancia e información, sino también una sabia combinación del uso de su responsabilidad como
guardiana de los Tratados y de sus dotes de flexibilidad y prudencia a la hora de exigir el respeto
del Derecho al eventual infractor, especialmente si es un Estado miembro.

Además, la Comisión le corresponde en vía administrativa perseguir, y sancionar, en su caso, las


violaciones del Derecho Europeo por parte de los Estados miembros y de los particulares
(principalmente empresas establecidas en la Unión).

4.3 Competencias ejecutivas

El Tratado de Lisboa no atribuye de forma genérica “la función ejecutiva” a la Comisión, sin
prejuicio de lo dispuesto en el artículo 17.1 TUE: “la Comisión ejecutará el presupuesto de la
Unión y ejercerá asimismo funciones de coordinación, ejecución y gestión de conformidad con las
condiciones establecidas en los Tratados”.

Pero a diferencia de las disposiciones establecidas en el antiguo Art. 202 del TCE, el nuevo
Tratado establece una clara distinción entre, por una parte, las competencias delegadas a la
Comisión para adoptar actos no legislativos de alcance general que competen o modifiquen
determinados elementos no esenciales del acto legislativo (actos delegados) y, por otra parte, las
competencias atribuidas a la Comisión para adoptar actos de ejecución.

Los marcos jurídicos de estos dos tipos de actos son completamente diferentes:

- El artículo 290 TFUE establece que el legislador (el Parlamento Europeo o el Consejo)
controlará el ejercicio de las competencias de la Comisión por medio del derecho de
revocación o del derecho de objeción. Estas disposiciones son suficientes en sí mismas y no
requieren ningún marco jurídico vinculante para su aplicación efectiva.
- Y el artículo 291TFUE establece que “los Estados miembros adoptarán todas las medidas de
Derecho interno necesarias para la ejecución de los actos jurídicamente vinculantes de la
Unión”. Ahora bien, cuando estos actos de base requieran condiciones uniformes de ejecución,
será la Comisión quien ejercerá las competencias de ejecución. Por esta razón corresponderá a
los Estados miembros controlar el ejercicio de las competencias de ejecución por la Comisión.
En este sentido, el citado precepto dispone que el Parlamento Europeo y el Consejo
establecerán previamente, mediante reglamentos adoptados con arreglo al procedimiento
legislativo ordinario, las normas y principios generales relativos a las modalidades de control,
por parte de los Estados miembros, del ejercicio de competencias de ejecución de la Comisión.
En consecuencia, el Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo de 16 de febrero de 2011
por el que se establecen las normas y los principios generales relativos a las modalidades de
control por los Estados miembros del ejercicio de las competencias de ejecución de la Comisión,
aunque parte de la experiencia adquirida y la práctica común seguida en la aplicación de la
Decisión 199/468/CE del Consejo (denominada “Decisión sobre comitología”) simplifica sus
disposiciones y asume los principios generales siguientes: los Estados miembros son los
responsables del control del ejercicio de las competencias de ejecución por la Comisión; y los
requisitos del procedimiento serán proporcionales a la naturaleza de los actos de ejecución. Los
elementos claves de la propuesta son: mantenimiento de la estructura del comité prevista en la
Decisión sobre comitología, racionalizándola; y previsión de dos procedimientos: el procedimiento
consultivo, que refleja el procedimiento consultivo existente, y un nuevo procedimiento de
“examen” que sustituirá los procedimientos de reglamentación y gestión existentes.

4.4 Competencias en el ámbito de la PESC y en el Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia

El papel de la comisión en el ámbito de la Política Exterior y de Seguridad Común ha sido siempre


bastante limitado, ya que carece del poder de iniciativa que le corresponde en la generalidad de las
políticas europeas. Y el Tratado de Lisboa no ha mejorado esta posición: la Comisión se limita a
intervenir en el Consejo para defender las iniciativas del Alto Representante para Asuntos
Exteriores y Política de Seguridad en materia de seguridad y defensa (Art. 30.1 TUE): Además, el
hecho de que la financiación de gran parte de las operaciones acometidas en este ámbito no corran
a cargo del presupuesto comunitario, sino a través del fondo especial constituido con aportaciones
voluntarias de los Estados miembros, excluye su participación en el proceso de aprobación y
control de ejecución de estos gastos.

Sin embargo- y excepción hecha de algunos procedimientos específicos- en materias que afectan al
nuevo espacio de Libertad, Seguridad y Justicia, la iniciativa corresponde a la Comisión, y el
Consejo adopta la decisión a través del procedimiento de codecisión con el Parlamento Europeo.
CAPÍTULO 8. EL PARLAMENTO EUROPEO.

1. Naturaleza.
La Declaración del Ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, en 1950,
sobre la construcción de una Europa unida e integrada por sectores (económicos y
políticos) contenía el proyecto de crear una institución base, la Alta Autoridad, cuyas
decisiones serían independientes de los gobiernos nacionales y sin responsabilidad
directa ante ningún órgano de carácter parlamentario, pero las características de este
órgano provocaron muchas críticas, y a instancia de Jean Monnet –verdadero padre
espiritual del Plan Schuman- el Tratado constitutivo de la CECA de 1951, creó una
Asamblea Común, integrada por delegados designados por los Parlamentos nacionales,
cuyas funciones principales se centraban en el control político de la Alta Autoridad y en
su participación, a efectos puramente consultivos, en el proceso decisorio.

Con ocasión de la firma de los Tratados de Roma de 1957, constitutivos de la CEE y el


EURATOM, se firmó también en la misma fecha un convenio relativo a ciertas
instituciones comunes, por el que se atribuía a una única Asamblea las competencias
que cada uno de los Tratados le asignaban, aunque las competencias de ésta distaban
mucho de ser las de un verdadero Parlamento (tampoco disponía de poder legislativo).
Se reunió por primera vez en Estrasburgo en 1958, bajo la presidencia de Robert
Schuman, y contaba con 142 miembros. Un día después, sus miembros decidieron
modificar su denominación por la de Asamblea Parlamentaria Europea, y en 1962, por
la de Parlamento Europeo, nombre que no se incorporó a los Tratados hasta el Acta
única Europea de 1986.

La entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea de 1992 representó un avance


considerable en la lucha del Parlamento Europeo por reforzar sus esferas de actividad y
ampliar sus reducidos poderes. Aun así, el Parlamento Europeo aún cuenta con el
problema de la escasa eficacia y democracia del proceso de adopción de decisiones,
partiendo del principio de que el sistema institucional europeo descansa sobre una doble
legitimidad: la del Consejo, que representa a los estados miembros, y la del Parlamento
Europeo, que representa a los ciudadanos.

2. Composición.
Al no haber entrado en vigor el Tratado de Lisboa en el momento de la celebración de
las elecciones al Parlamento Europeo en 2009, éste estaba compuesto –hasta el 1 de
diciembre de 2011- por 736 representantes, elegidos por sufragio universal directo por
un periodo de 5 años.
No obstante, la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en 2009, obligó a la
modificación sobre la composición del Parlamento Europeo, con el fin de permitir a
aquellos estados miembros cuyo número de diputados hubiera sido superior si el
Tratado de Lisboa hubiera entrado en vigor en el momento de las elecciones al
Parlamento Europeo de 2009, que dispusieran de los 18 escaños adicionales hasta el
final de la Legislatura de 2014.

Así pues, y hasta el final de la Legislatura en 2014, el Parlamento Europeo está formado
por 754 representantes (donde España cuenta con 54).

A partir de 2014, el Parlamento Europeo estará compuesto por representantes de los


ciudadanos de la Unión cuyo número no excederá de 750 más el Presidente. La
representación de los ciudadanos será decrecientemente proporcional, con un mínimo
de 6 Diputados por Estado miembro y no se asignará a ningún estado miembro más de
96 escaños. En este sentido, el Consejo Europeo adoptará por unanimidad, por iniciativa
del Parlamento Europeo y con su aprobación, una decisión por la que se fije la
composición del Parlamento Europeo, de acuerdo con estos principios.

En tal sentido, dos eurodiputados fueron encargados de redactar un informe sobre la


composición del Parlamento Europeo de acuerdo con el Tratado de Lisboa.

En este informe, adoptado por el Pleno del Parlamento Europeo en 2007, se considera
que “el principio de proporcionalidad decreciente significa que la proporción entre la
población y el número de escaños de cada estado miembro deberá variar en función de
su población respectiva, de forma que cada diputado de un Estado miembro más
poblado represente a más ciudadanos que cada diputado de un Estado miembro menos
poblado y a la inversa; pero también que ningún Estado menos poblado tendrá más
escaños que un Estado más poblado”.

No obstante, la única solución satisfactoria desde una perspectiva democrática sería la


proporcionalidad integral, de manera que todos los diputados representarían entonces al
mismo número de habitantes. En este sentido, el Parlamento Europeo mismo
recomienda que se inicie una reflexión sobre el establecimiento de un sistema de
representación más equitativo y estable de los ciudadanos en el Parlamento Europeo,
considerando además que el sistema deberá prever unos mecanismos de revisión
periódica que permitan tener en cuenta las posibles evoluciones demográficas. En tal
sentido, en 2011 la Comisión de Asuntos Constitucionales reunió a expertos
matemáticos y a miembros del Parlamento para debatir nuevamente la distribución de
los escaños en el Parlamento Europeo. En esta sesión, expertos y matemáticos de varios
Estados miembros presentaron el denominado Compromiso de Cambridge, compuesto
de dos puntos básicos:

1º. El Parlamento Europeo no puede exceder de los 751 escaños, aunque la cifra
puede ser inferior, y el umbral es de un mínimo de 6 escaños por país y un máximo de
96. La asignación respetará el principio de proporcionalidad de creciente.
2º. La propuesta tiene que ser duradera (teniendo en cuenta futuras ampliaciones
de la UE o fenómenos migratorios), transparente y políticamente imparcial, para lo que
un profesor de la Universidad de Cambridge presentó una fórmula matemática cuyo
resultado dejaría al Parlamento Europeo de la siguiente forma:

a) 16 países pierden escaños.

b) 5 países (los más pequeños) mantienen los mismos escaños.

c) 6 países (los más grandes y Estonia) reciben escaños extra.

Esta fórmula debería ser resistente a posibles cambios de la UE en los próximos años ya
que el uso de una fórmula matemática eliminaría las negociaciones políticas.

2.1 Procedimiento de elección.

Como se ha señalado anteriormente, desde 1952 a 1979, los miembros del Parlamento
Europeo eran designados por los Parlamentos nacionales de los Estados miembros. A
partir de 1960, los proyectos sobre su elección por sufragio universal directo se
sucedieron sin éxito hasta 1974, cuando el Consejo redactó el Acta relativa a la elección
de los representantes en la Asamblea por sufragio universal directo, que fue aprobada
por unanimidad en 1976, aunque su entrada en vigor se produciría dos años después.

Desde entonces, el índice de abstención es cada vez más elevado (pasando la


participación ciudadana de un 62% en 1979 a un 43% en 2009).

El Acta de 1976 no establece un procedimiento electoral uniforme, sino que contiene


únicamente algunos principios y criterios comunes e imprescindibles.

El Tratado de Ámsterdam facultaba al Parlamento Europeo para elaborar un proyecto


que hiciera posible su elección “de acuerdo con un procedimiento uniforme en todos los
Estados miembros o de acuerdo con principios comunes a todos los Estados miembros”.
En este sentido, el Parlamento decidió elaborar unos principios electorales comunes que
se plasmaron en el Informe Anastassopoulos, aprobado en 1998. El Parlamento entendió
que el término principios comunes no se extiende a las normas sobre el derecho de voto,
ni al derecho de sufragio pasivo, ni a las campañas electorales, ni a las
incompatibilidades con el mandato de diputado del Parlamento Europeo. En cambio,
esos principios comunes podrían aplicarse a los demás ámbitos del proceso electoral.

El Informe Anastassopoulos perseguía fundamentalmente estrechar lazos entre los


diputados del Parlamento Europeo y el electorado, para lo que proponía un sistema de
representación proporcional basado en listas, y la creación de circunscripciones
electorales, aunque esta disposición sólo se aplicaría en un primer momento a los
Estados con más de 20 millones de habitantes.
Luego, una Decisión del Consejo de 2002 modificó el Acta relativa a la elección del
Parlamento Europeo por sufragio universal de 1976, determinando que el procedimiento
común en los Estados miembros vendrá determinado por el sistema proporcional, no
pudiendo quedar éste desvirtuado por la constitución de circunscripciones en función de
la descentralización territorial de los Estados miembros, y declarando incompatible el
cargo de parlamentario nacional con el de diputado europeo.

En 2008 se debatió el Proyecto de Informe sobre la propuesta de modificación del Acta


relativa a la elección de los eurodiputados, conocido como Informe Duff, Informe que se
volvió a presentar en la Legislatura actual y se aprobó en 2011 en la Comisión de
Asuntos Constitucionales, aunque en el mismo año, el Pleno lo devolvió a la Comisión
para volver a ser debatido y se prevé que sea votado por el Pleno a lo largo de 2012.

Dicho informe redactado por el británico Andrew Duff se basa en seis puntos clave:

1) Elección de 25 diputados adicionales por una circunscripción única formada


por el conjunto del territorio de la UE. La votación para la circunscripción de
la UE se hará por el sistema proporcional de listas cerradas; y los escaños se
atribuirán, sin umbral mínimo, con arreglo al método D’Hondt.

2) Creación de una autoridad electoral de la UE encargada de regular el


desarrollo y verificar el resultado de las elecciones.

3) Apertura de un diálogo con el Consejo Europeo para examinar la posibilidad


de llegar a un acuerdo sobre una fórmula matemática duradera para el reparto
de los escaños en el Parlamento que respete los criterios establecidos en los
Tratados y los principios de pluralidad y solidaridad.

4) Reclamar a la Comisión que presente una nueva propuesta para la revisión de


la Directiva por la que se fijan las modalidades de ejercicio del derecho de
sufragio activo y pasivo en las elecciones al Parlamento Europeo por parte de
los ciudadanos de la Unión residentes en un Estado miembro del que no sean
nacionales.

5) Intensificar los esfuerzos para ampliar la representación femenina en la


Eurocámara.

6) Armonizar la edad mínima de los electores y de los candidatos.

A) Derecho de sufragio.

El derecho de sufragio activo y pasivo corresponde a los nacionales de los Estados


miembros y también a los ciudadanos de la Unión que residan legalmente en otro
Estado miembro.
Por lo que se refiere a las condiciones de ejercicio del derecho de sufragio, se prevé la
aplicación de la ley nacional del país en el que se vaya a ejercer tal derecho. Así, el
derecho de voto (sufragio activo) corresponde a todos los ciudadanos de la UE mayores
de 18 años (en Austria, 16) que gocen de la plenitud de este derecho en su país de
origen, y reúnan los requisitos para ser elector exigidos en la legislación de tal Estado.

El derecho a ser elegido (sufragio pasivo) corresponde a todo ciudadano de la Unión


que haya cumplido 25 años, 23, 21 o 18, según el Estado miembro, que goce de la
plenitud de este derecho en su país de origen y no se halle incurso en alguna de las
causas de inelegibilidad previstas en la ley electoral de dicho país.

B) Circunscripción electoral.

En las elecciones europeas, la delimitación de la misma constituye uno de los problemas


más importantes derivados de la inexistencia de un procedimiento electoral uniforme.

En la mayoría de los Estados miembros, la circunscripción es única para todo el


territorio nacional, aunque en otros el territorio está dividido en varias circunscripciones
electorales, y en Alemania, las listas se pueden presentar tanto a nivel federal, como en
los länder.

C) El sistema electoral.

Desde las elecciones de 1999, todos los diputados del Parlamento Europeo son elegidos
mediante diferentes modalidades de representación proporcional. Así, se suele utilizar
la variante D’Hondt para el escrutinio y la adjudicación de escaños; la misma variante
combinada con otras fórmulas; la Sainte-Laguë; la Droop; o la Hare; y en el caso de
Irlanda, el sistema de escrutinio uninominal preferente con traspaso de votos.

Por otra parte, algunos países establecen una barrera electoral: sólo obtienen escaños
las listas que hayan logrado, al menos, un porcentaje determinado a nivel nacional (que
será del 3, del 4 o del 5%).

2.2. Estatuto de sus miembros.

El Tratado de Ámsterdam permitió al Parlamento Europeo establecer el estatuto y las


condiciones generales de ejercicio de las funciones de sus miembros.

La razón de ser este Estatuto uniforme del Diputado europeo estribaba en las diferencias
sobre derechos y retribuciones que se producían entre los parlamentarios europeos de
distintas nacionalidades, ya que se regulaban por las leyes nacionales respectivas. Así,
tras casi diez años de negociaciones, el Pleno del Parlamento Europeo adoptó en 2005
una Decisión sobre el Estatuto de los Diputados al Parlamento Europeo (Estatuto que
entró en vigor en 2009) en el que se refuerza la libertad e independencia de los
diputados, no estando sujetos a instrucciones ni mandato imperativo alguno; se
reconoce el derecho a la asistencia de colaboradores personales y de funcionarios del
Parlamento Europeo; se garantiza el derecho de los diputados a una asignación
económica adecuada que les permita asegurar su independencia, así como el derecho a
una indemnización transitoria tras la extinción de su mandato, y a una pensión de
jubilación cuando el diputado cumpla 63 años, y que no excluye cualquier otra pensión.
El Estatuto también pone fin a la disparidad de remuneración de los diputados según su
país de origen, estableciendo un salario común para todos los diputados, sufragado por
el presupuesto de la UE.

Por su parte, el Reglamento del Parlamento Europeo dispone que los diputados gozan
de los privilegios e inmunidades establecidas en el Protocolo sobre los Privilegios y las
Inmunidades de la UE.

3. La organización interna del Parlamento Europeo.


3.1. Los Grupos Políticos.

Los llamados Grupos Políticos del Parlamento Europeo (Grupos parlamentarios en los
Parlamentos nacionales) se forman a partir de la reunión de diputados que profesan las
mismas ideas políticas, con independencia de su nacionalidad. Su constitución está
reglamentariamente subordinada a un número mínimo de diputados y a la existencia de
una afinidad ideológica entre sus miembros.

El número mínimo de diputados necesarios para constituir un Grupo parlamentario es


de 25, y los diputados que no pertenecen a ningún Grupo político figuran con la
denominación de diputados no inscritos.

Además, éstos podrán constituir intergrupos u otras agrupaciones no oficiales de


diputados, recurriendo a miembros de las distintas comisiones parlamentarias, y
promover el contacto entre los diputados y la sociedad civil.

Los Grupos Políticos cumplen una función esencial en los trabajos de la Cámara, con
una serie de derechos y competencias, como solicitar un debate de actualidad, urgencia
o especial importancia; presentar propuestas de resolución; formular preguntas a la
Comisión o el Consejo, solicitar votación nominal; solicitar explicación de voto; e
intervenir en la composición de las delegaciones interparlamentarias.

Además, los Grupos políticos participan en la fijación del orden del día y en la
composición de las Comisiones a través de la Conferencia de Presidentes.

3.2. Órganos de gobierno interior.

Los órganos internos del Parlamento Europeo tienen como finalidad facilitar y agilizar
el desarrollo del trabajo parlamentario.
Los llamados órganos de gobierno interior u “órganos rectores” del Parlamento son
aquéllos que aseguran la dirección y el buen funcionamiento del mismo, asumiendo sus
funciones en base a criterios de interés general.

A) El Presidente.

Es elegido por mayoría absoluta por un periodo de 2 años y medio mediante votación
secreta entre las candidaturas presentadas por un Grupo político o 40 diputados como
mínimo. En caso de empate, será proclamado electo el candidato de más edad. Sus
funciones más importantes, entre otras, son: representar al Parlamento en las relaciones
internacionales y en los diversos actos a que asista; dirigir las actividades del
Parlamento y de sus órganos; abrir, suspender y levantar sesiones; presidir y ordenar los
debates; y velar por la observancia del Reglamento, así como también participar en un
debate, abandonando transitoriamente la Presidencia, que volverá a ocupar al finalizar.

Los catorce Vicepresidentes son elegidos también por un periodo de 2 años y medio, en
votación secreta y por mayoría absoluta. En caso de empate igualmente, precederá el de
mayor edad. Estos sustituyen al Presidente en caso de ausencia o impedimento, o si
desea participar en un debate.

B) La Mesa.

Está compuesta por el Presidente y los 14 Vicepresidentes. Los cuestores, encargados


de los asuntos administrativos y económicos que afecten a los diputados, son miembros
de la Mesa con voz pero sin voto. Se trata de lograr la composición de una Mesa con
representación equitativa, que no siempre se consigue.

La Mesa tiene atribuidas reglamentariamente, entre otras, las siguientes funciones:


resolver los asuntos económicos, administrativos y de organización que afecten a los
diputados; resolver asuntos referidos al desarrollo de las sesiones; regular derechos
parlamentarios de los diputados que no pertenecen a ningún Grupo político; autorizar
las reuniones de las Comisiones; y nombrar al Secretario General del Parlamento.

3.3. Órganos de representación de los Grupos políticos.

A) La Conferencia de Presidentes.

Éste es el órgano de representación de los Grupos políticos mediante el que éstos


participan en la preparación y coordinación de trabajo de la Cámara.

Está compuesta por el Presidente del Parlamento y por los Presidentes de los Grupos
políticos. Un diputado no inscrito podrá asistir a las reuniones, pero sin derecho a voto.
Entre las funciones de esta Conferencia destaca la de la fijación del orden del día de los
períodos parciales de sesiones, así como decidir la composición y competencias de las
Comisiones.

Aunque esta trata siempre de alcanzar un consenso sobre los asuntos a que se les
someten, cuando esto no es posible, sus decisiones se adoptan mediante el sistema de
voto ponderado, por el que el voto del representante de cada Grupo político tendrá el
mismo peso que dicho Grupo en el Pleno de la Cámara.

3.4. Órganos funcionales.

Son: El Pleno, las Comisiones Permanentes y las Comisiones Especiales.

A) El Pleno.

Es la reunión de la totalidad de los miembros del Parlamento, y expresa la voluntad de


éste sobre los asuntos que se le someten en virtud de los poderes de la Cámara.

B) Las Comisiones Permanentes.

Son aquellas constituidas al principio de la Legislatura y están especializadas en


diversas materias. Sus miembros son elegidos en el primer período parcial de sesiones,
y nuevamente, transcurridos 2 años y medio.

Tras su labor, el Pleno siempre delibera a partir de los informes de una o varias
Comisiones.

En la Legislatura actual hay constituidas 20 Comisiones Permanentes.

C) Las Comisiones Especiales.

Son las creadas para un trabajo concreto y cuyo mandato no podrá exceder de 12 meses,
salvo que el Pleno lo prorrogue al finalizar dicho período.

El número de diputados que las integran varían de una Comisión a otra, intentando
reflejar la composición del Parlamento. Además, cada Comisión, permanente o especial,
puede crear, previa conformidad de la Conferencia de Presidentes, una o varias
Subcomisiones en su seno, que deben informar periódicamente a la Comisión que las
hubiese constituido.

4. Funcionamiento del Parlamento Europeo.


La Legislatura del Parlamento Europeo coincide con el mandato de sus miembros, que
es de 5 años.
El Parlamento celebra cada año un periodo de sesiones, reuniéndose sin necesidad de
previa convocatoria el 2º martes de marzo. En general, el Parlamento Europeo se reúne
70 días al año, repartidos en 12 períodos parciales de sesiones. Además, el Presidente,
previa consulta a la Conferencia de Presidentes, convocará al Parlamento con carácter
de excepción, así como también en casos de urgencia.

El Parlamento Europeo tiene su sede en Estrasburgo, donde se celebran los 12 períodos


parciales de sesiones plenarias mensuales, incluida la sesión presupuestaria. Pero los
períodos parciales de sesiones plenarias adicionales y las sesiones de las Comisiones se
celebran en Bruselas, y la Secretaría General del Parlamento y sus servicios, se
encuentran en Luxemburgo.

Las normas de funcionamiento interno del Parlamento Europeo están previstas en su


Reglamento y se refieren esencialmente a:

1º) La publicidad de sus sesiones, salvo decisión contraria por mayoría cualificada.

2º) Al orden del día y debates.

3º) Al quórum.

4º) A los procedimientos de votación para la adopción de un acuerdo.

5º) A las mayorías exigidas.

5. Competencias del Parlamento Europeo.


5.1. Competencias de control político.

Estas se articulan en base a los siguientes mecanismos:

A) La moción de censura contra la Comisión.

Como es sabido, la moción de censura es un mecanismo de exigencia de la


responsabilidad política del gobierno, a través del que el Parlamento valora la
oportunidad o conveniencia de la acción gubernamental, sancionándola, en su caso, y no
la ilegalidad o inconstitucionalidad de sus actos.

Así, se le reconoce al Parlamento Europeo el poder de censurar la gestión de la


Comisión, si bien ésta ha de someterse a una serie de requisitos. Entre ellos, destaca:

1º) Que la moción de censura debe ser presentada, al menos, por la décima parte de los
diputados, por escrito y de forma motivada.

2º) Que se transmitirá a la Comisión y no podrá ser debatida hasta transcurridas 24


horas como mínimo desde que se comunique a los diputados su presentación. La
votación sobre la moción será nominal y no tendrá lugar hasta transcurridas 48 horas
como mínimo desde el comienzo del debate.
3º) Que la moción deberá ser aprobada por mayoría de dos terceras partes de los votos
emitidos y por mayoría de los diputados que integran el Parlamento.

4º) Si la moción resulta aprobada, los miembros de la Comisión deberán dimitir


colectivamente de sus cargos (responsabilidad política solidaria).

Hasta ahora, ningún Tratado pues, ha reconocido la responsabilidad política individual


de los miembros de la Comisión, es decir, no han previsto la censura individualizada de
los Comisarios, preservando así el carácter colegiado de la Comisión.

No obstante, el Acuerdo marco sobre las relaciones entre el Parlamento Europeo y la


Comisión Europea, contemplan una forma de reprobación individual de los comisarios
al establecer que “cuando el Parlamento solicite al Presidente de la Comisión que retire
la confianza a un miembro de la Comisión de forma individual, el Presidente exigirá la
dimisión de dicho miembro o explicará su negativa a solicitarla ante el Parlamento”.

Hay que señalar que hasta la fecha se han presentado 7 mociones de censura, la última
en 2005, contra la Comisión presidida por el portugués Barroso, que fue rechazada.

B) Las preguntas al Consejo y a la Comisión.

“El Consejo Europeo y el Consejo comparecerán ante el Parlamento Europeo en las


condiciones fijadas por el Reglamento interno del Consejo Europeo y por el del
Consejo”. Asimismo, “la Comisión podrá asistir a todas las sesiones del Parlamento
Europeo y comparecerá ante éste si así lo solicita. Responderá oralmente o por escrito a
todas las preguntas formuladas por el Parlamento Europeo o por sus miembros”.

Las preguntas podrán ser formuladas con solicitud de respuesta oral y con solicitud de
respuesta escrita.

C) La Comisión de peticiones.

La “constitucionalización” del derecho de petición ante el Parlamento Europeo, como


uno de los derechos propios de la ciudadanía de la Unión, representa el reconocimiento
de un mecanismo de relación entre los ciudadanos de la Unión y las instituciones
comunitarias, y a su vez, de los medios de que dispone el Parlamento Europeo para
verificar la aplicación del Derecho Comunitario en los Estados miembros.

Además, el actual Reglamento del Parlamento amplía el derecho de petición a las


personas físicas o jurídicas que no sean ciudadanos de la Unión ni tengan su residencia
o domicilio social en un Estado miembro.

En cuanto a su tramitación, las peticiones son remitidas por el Presidente del


Parlamento a la Comisión de Peticiones, que determinará si inciden en el ámbito de
actividades de la Unión, además de que podrá, si así lo considera, someter la cuestión al
Defensor del Pueblo. Por su parte, los peticionarios son informados por el Presidente del
Parlamento sobre las decisiones adoptadas y su motivación.
D) Las Comisiones de Investigación

El Parlamento, a petición de la cuarta parte de los miembros que lo componen, podrá


constituir una comisión temporal de investigación para examinar alegaciones de
infracción o de mala administración en la aplicación del Derecho de la Unión.

El Parlamento decide su composición y funcionamiento, y los Tratados exigen la


presentación de su informe. Además, el Reglamento del Parlamento establece que el
plazo para la conclusión de sus trabajos no puede ser superior a los 12 meses contados a
partir de la fecha de su creación, aunque mediante decisión motivada, el Parlamento
podrá decidir, en dos ocasiones, prorrogar este plazo por un periodo de 3 meses.

E) El control político sobre la PESC y competencias en el Espacio de Libertad,


Seguridad y Justicia.

El control del Parlamento Europeo sobre la Política Exterior y de Seguridad Común


sigue siendo mínimo, con la particularidad de incorporar un Alto Representante de la
Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, al que se le impone consultar
periódicamente con el Parlamento “sobre los aspectos principales y las opciones básicas
de la política exterior y de seguridad común” e informarle de su evolución. A su vez el
Parlamento podrá dirigir preguntas o formular recomendaciones al Consejo y al Alto
Representante en éste ámbito. Además, dos veces al año se celebrará un debate sobre los
progresos realizados en el desarrollo de la política exterior y de seguridad común.

Por lo que se refiere al Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia, el Parlamento


Europeo continúa controlando las actividades de Europol y participa en la evaluación de
la actividad de Eurojust.

5.2. Competencias legislativas y presupuestarias.

Tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, el Parlamento Europeo se ha convertido


en colegislador real, asumiendo la competencias de decidir, junto al Consejo, todos los
actos legislativos comunitarios. Dicho fortalecimiento puede verse en la generalización
del procedimiento legislativo ordinario (codecisión), la modificación del procedimiento
presupuestario, o la participación en los procedimientos de revisión de los Tratados.

5.3. Competencias en materia de integración de otros órganos de la Unión.

A) El Defensor del Pueblo Europeo.

Además de la aprobación del candidato designado a Presidente de la Comisión, y del


resto de sus miembros, el Parlamento Europeo participa en la designación de otros
órganos comunitarios, como al Defensor Del Pueblo Europeo, elegido por mayoría de
los votos emitidos, con voto secreto, inmediatamente después de su renovación y para
toda la legislatura. Su mandato es renovable.

El Defensor del Pueblo Europeo está facultado para recibir las reclamaciones de
cualquier ciudadano de la Unión o de cualquier persona física o jurídica que resida o
tenga su domicilio social en un Estado miembro, relativas a casos de mala
administración en la acción de las instituciones, órganos u organismos de la Unión (con
exclusión del Tribunal de Justicia de la UE en el ejercicio de sus funciones
jurisdiccionales), del que una vez comprobado, lo pondrá en conocimiento de la
institución, órgano u organismo interesados, que deberán exponerle su posición en el
plazo de 3 meses, remitiéndolo luego un informe al Parlamento.

Para ello, llevará a cabo las investigaciones que considere justificadas, por iniciativa
propia o sobre la base de reclamaciones recibidas.

Las instituciones y órganos comunitarios están obligados a facilitar al Defensor del


Pueblo las informaciones requeridas y darle acceso a la documentación relativa al caso,
sólo pudiendo negarse por razones de secreto debidamente justificadas.

Cada año, el Defensor del Pueblo debe presentar al Parlamento un informe sobre el
resultado de sus investigaciones.

B) Otros.

El Parlamento Europeo es consultado por el Consejo para el nombramiento de los


miembros del Tribunal de Cuentas y de los miembros del Comité Ejecutivo del Banco
Central Europeo. Además, se permite su participación indirecta en la designación de los
jueces y abogados generales del Tribunal de Justicia de la UE y del Tribunal General a
través del Comité, que deberá pronunciarse sobre la idoneidad de los candidatos a
dichos cargos antes de que sean nombrados por los Gobiernos de los Estados miembros,
ya que uno de los miembros de ese Comité será propuesto por el Parlamento Europeo.
TEMA 9. EL TRIBUNAL DE JUSTICIA DE LA UNION EUROPEA

1.- EL MODELO JUDICIAL EN LA UNION EUROPEA.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea es una de las instituciones fundamentales de la


Unión Europea a la que los Tratados atribuyen la función de garantizar el respeto del Derecho
en la interpretación y aplicación de los mismos (art. 19.1 TUE).

Pero el sistema judicial de la Unión Europea no reside exclusivamente en el Tribunal de Justicia


sino en un conjunto jurisdiccional más amplio que engloba a los órganos jurisdiccionales de los
Estados miembros y al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. De esta forma es una
organización compleja en la cual la competencia judicial de aplicación e interpretación uniforme
del Derecho de la Unión está compartida por dichos órganos nacionales y el Tribunal de
Justicia.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea es la autoridad jurisdiccional de la Unión y sigue


siendo una Institución jurisdiccional única integrada por tres órganos jurisdiccionales:
“comprenderá el Tribunal de Justicia, el Tribunal General y el Tribunal de la Función
Pública”.

El Tribunal de Justicia ha impulsado el desarrollo del sistema comunitario en sentido “federal”


sosteniendo la competencia legislativa de la Unión o forzando a la Comisión o al Consejo a
actuar. Asimismo, ha impulsado el desarrollo del orden comunitario con una jurisprudencia
avanzada que ha convertido los Tratados en una “Constitución material”

En este sentido, desempeña una función de Tribunal Constitucional de la Unión a través de


diferentes labores de naturaleza constitucional:

a) El control de la adecuación del Derecho comunitario derivado a los Tratados,.


b) La garantía del equilibrio institucional,.
c) La delimitación de competencias entre la Unión y sus Estados miembros,
d) La protección de los derechos fundamentales.
e) Y el control preventivo de la “constitucionalidad” de los acuerdos de la Unión con
terceros países, a través de los Dictámenes del artículo 218.11 TFUE.

Así pues, el Tribunal de Justicia es el intérprete y garante supremo del ordenamiento jurídico
comunitario. Esta competencia exclusiva de velar por el respeto del ordenamiento europeo se
confirma en el art.344 TFUE :

“Los Estados miembros se comprometen a no someter las controversias relativas a la


aplicación o interpretación de los Tratados a un procedimiento de solución distinto del previsto
en los Tratados”

Pero precisamente la función judicial y la influencia que ejerce sobre todo el sistema
comunitario, es lo que ha provocado la reacción de los Estados miembros frente a un “gobierno
de los jueces”. Así se explica la exclusión de la competencia del Tribunal sobre las
disposiciones relativas a la Política Exterior y de Seguridad Común y sobre los actos adoptados
sobre la base de ésta.

Por lo que se refiere a su función en el Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia el Tratado de


Lisboa siguiendo las disposiciones de la “non nata” Constitución Europea introduce una
modificación importante al extender su competencia según el sistema general de recursos. Sin
embargo el mismo Tratado de Lisboa mantiene que, en el ámbito de la cooperación judicial y
policial en materia penal, el Tribunal de Justicia no será competente para comprobar la validez o
proporcionalidad de las operaciones efectuadas por la policía u otros servicios con funciones
coercitivas de un Estado miembro, ni para pronunciarse sobre el ejercicio de las
responsabilidades que incumben a los Estados miembros respecto del mantenimiento del orden
público y de la salvaguardia de la seguridad interior.

Por otra parte, en aplicación del principio de subsidiariedad el Tribunal de Justicia sólo detenta
aquellas competencias que no puedan ser atribuidas a los órganos jurisdiccionales nacionales,
haciendo imposible su actuación fuera de los supuestos estrictamente tasados en los Tratados.
(art. 13 TUE).

2.- EL TRIBUNAL DE JUSTICIA.


2.1 Composición

El artículo 19 del TUE dispone que “el Tribunal de Justicia estará compuesto por un juez por
Estado miembro”. Así pues, en la actualidad el Tribunal de Justicia está compuesto de 27
jueces, con la intención de garantizar la presencia de todos los sistemas jurídicos nacionales.

Por otra parte, el Tribunal de Justicia está asistido por ocho abogados generales, encargados de
“presentar públicamente, con toda imparcialidad e independencia, conclusiones motivadas
sobre los asuntos quede conformidad con el Estatuto del Tribunal de Justicia, requieran su
intervención.”

El abogado general es una figura típica del Tribunal de Justicia de la Unión, inspirada en la del
Comisario del gobierno francés, cuya función es presentar ante el Consejo de Estado unas
conclusiones recomendando una solución al litigio de que se trate.

Hay que señalar que los abogados generales no constituyen el “Ministerio Público” comunitario,
ya que su función es individual, de “amicus curiae”.

En la actualidad se mantiene el número de abogados generales en ocho, sin embargo se admite


la posibilidad de que el Consejo, por unanimidad y previa solicitud del Tribunal aumente dicho
número.

Entre los Abogados Generales el Tribunal de Justicia designa al primer Abogado General que
hasta 2002 se encargaba principalmente de atribuir los asuntos a los diferentes Abogados
Generales una vez que el Presidente del Tribunal hubiera designado al Juez Ponente. A partir
del Tratado de Niza, para los casos previstos en el art. 256 TFUE, puede proponer al Tribunal
de Justicia que reexamine la resolución del Tribunal General cuando considere que existe un
riesgo grave de que se vulnere la unidad o la coherencia del Derecho de la Unión.

Los Jueces y los Abogados Generales son designados de común acuerdo por los gobiernos de
los Estados miembros “entre personalidades que ofrezcan absolutas garantías de independencia
y que reúnan las condiciones requeridas para el ejercicio, en sus países respectivos, de las más
altas funciones jurisdiccionales, o que sean jurisconsultos de reconocida competencias” tras
consultar a un Comité, que se pronuncie sobre la idoneidad de los candidatos.

“El comité estará compuesto por siete personalidades elegidas de entre antiguos miembros del
Tribunal de Justicia y del Tribunal General, miembros de los órganos jurisdiccionales
nacionales superiores y juristas de reconocida competencia, uno de los cuales será propuesto
por el Parlamento Europeo”.(art 255 TFUE)

Los jueces y los abogados generales son nombrados por un período de seis años, y su mandato
es renovable indefinidamente. No obstante, cada tres años se procede a una renovación parcial.
(14 y 13 Jueces alternativamente y 4 de los 8 Abogados Generales)

2.1.1 Estatuto de los jueces y abogados generales

Con el fin de preservar su independencia en el ejercicio de sus funciones, los jueces y abogados
generales tienen atribuidos una serie de derechos y deberes que se contienen esencialmente en el
Protocolo nº8 sobre el Estatuto del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, anejo al Tratado
de Lisboa, en el Reglamento de Procedimiento del Tribunal de Justicia anejo al Tratado de
Lisboa y en el Código de Conducta de 22 de septiembre de 2007

En cuanto a los deberes, los jueces están obligados a prestar juramente, en audiencia pública del
Tribunal, de que ejercerán sus funciones en conciencia y con toda imparcialidad y mantendrán
el secreto de las deliberaciones. Asimismo, los jueces deberán respetar las normas sobre
incompatibilidades y no participar en la solución de ningún asunto en el que hubieran
intervenido anteriormente en calidad de agente, asesor o abogado de una de las partes, o
respecto del cual hubieran sido requeridos a pronunciarse como miembro de un tribunal, de una
comisión investigadora o en cualquier otro concepto. En caso de duda, corresponde decidir al
Tribunal.

Los Jueces deberán residir en la localidad donde el Tribunal tiene su sede, es decir, en
Luxemburgo.

Por lo que se refiere a sus derechos y prerrogativas, los jueces y abogados generales gozan de
inmunidad jurisdiccional respecto de los actos realizados por ellos con carácter oficial, incluidas
sus manifestaciones orales y escritas. No obstante, la inmunidad puede ser suspendida por el
Tribunal reunido en sesión plenaria. En este caso sólo podrán ser juzgados, en cada uno de los
Estados miembros, por el Tribunal Supremo nacional. Asimismo, los miembros del TJUE son
inamovibles y tienen reconocidos los privilegios en el Protocolo sobre Privilegios e
Inmunidades de la Unión Europea anejo al Tratado de Lisboa.
2.2 Organización interna y funcionamiento

Su organización y funcionamiento están regulados por el protocolo antes citado y por su


Reglamento de procedimiento. Los jueces eligen de entre ellos, mediante votación secreta y por
mayoría absoluta, al Presidente del Tribunal por un periodo de tres años. Entre sus funciones
destacan dirigir los trabajos y los servicios del Tribunal; y presidir las vistas y las deliberaciones.

El Secretario del Tribunal es elegido por el Pleno del Tribunal por un periodo de seis años, y su
mandato es renovable. En sentido estricto, el Secretario no es un miembro del Tribunal, aunque
por razones de cortesía se le considera como tal a algunos efectos.

Sus funciones son, entre otras: asistir al Tribunal, a las Salas, al Presidente y a los jueces en el
ejercicio de sus funciones; recibir, transmitir y conservar todos los documentos; dirigir la
administración, gestión financiera y contabilidad del Tribunal.

El TJUE funciona de modo permanente y tiene su sede en Luxemburgo. Actúa en Salas de tres y
cinco Jueces o en Gran Sala con trece Jueces. Actuará en Gran Sala, presidida por el Presidente
del Tribunal, cuando lo solicite un Estado miembro o una institución de la Unión que sea parte
en el proceso.

El Tribunal de Justicia sólo actuará en Pleno en los casos excepcionales, previstos en su


Estatuto, por ejemplo, cuando debe destituir al Defensor del Pueblo o declarar el cese de un
Comisario y cuando considere, oído el abogado general, que un asunto reviste importancia
excepcional. El resto de los asuntos se examinan en Salas de cinco y tres Jueces. Los
Presidentes de las Salas de cinco Jueces son elegidos por tres años y los de las Salas de tres
Jueces por un año.

El Tribunal sólo puede deliberar válidamente en número impar. En las sesiones plenarias, se
exige un quórum de quince Jueces presentes. En las deliberaciones en las Sala, sólo serán
válidas si están presentes tres Jueces. Las deliberaciones de la Gran Sala serán válidas si están
presentes nueve Jueces.

Las deliberaciones tienen carácter reservado, lo cual excluye la presencia de intérpretes y del
Secretario del Tribunal y únicamente participan, en ellas, los Jueces que hubieran asistido a la
vista oral y en su caso, el Ponente adjunto encargado del estudio del asunto. Las conclusiones
adoptadas, por la mayoría de los Jueces, tras el debate final constituyen la decisión del Tribunal,
no existiendo la posibilidad de hacer públicos lo votos discrepantes. Sus sentencias serán
motivadas y mencionarán los nombres de los Jueces participantes en las deliberaciones.

2.3 Competencias

El Tribunal de Justicia es competente para conocer de la cuestión prejudicial; del recurso de


incumplimiento, ya sea presentado por un Estado miembro o por la Comisión; del recurso de
anulación y del recurso de omisión, ya sea interpuesto por un Estado miembro o por una
Institución; de los recursos de casación contra las resoluciones dictadas por el Tribunal
General; y del reexamen de las resoluciones del Tribunal General en los recursos interpuestos
contra las resoluciones del Tribunal de la Función Pública de la Unión Europea.

3.- EL TRIBUNAL GENERAL

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea es la instancia intermedia del Tribunal de Justicia


de la Unión Europea. Bautizado así por el Tratado de Lisboa, antes se denominaba Tribunal de
Primera Instancia, fue creado por una Decisión del Consejo de 24 de octubre de 1988.

Se creó para cubrir la necesidad de hacer frente al aumento progresivo del número de asuntos
que llegaban al Tribunal de Justicia , y consecuentemente, a la mayor duración de los
procedimientos, lo que podía poner en peligro la eficacia de esta importante institución
comunitaria.

Desde el Tratado de Niza , el ahora llamado Tribunal General pasa de ser un mero Tribunal
“agregado” al Tribunal de Justicia, encargado de conocer en primera instancia determinadas
categorías de recursos a configurarse como “el órgano jurisdiccional comunitario
constitucionalizado de Derecho Común”.

3.1 Composición

El Tratado de Lisboa establece que el Tribunal General dispondrá al menos de un juez por
Estado miembro, siendo el Estatuto del Tribunal de Justicia de la Unión Europea el que fije el
número de jueces (27 jueces).

Los jueces del Tribunal General son designados de común acuerdo por los gobiernos de los
Estados miembros por un período de seis años (renovándose parcialmente cada tres) “entre
personas que ofrezcan absolutas garantías de independencia y posean la capacidad necesaria
para el ejercicio de funciones jurisdiccionales”.(art. 254 FUE) tras consultar al mismo Comité
que se pronuncia sobre la idoneidad de los candidatos para las funciones de Juez del Tribunal de
Justicia.

A diferencia del Tribunal de Justicia, el Tribunal General carece de Abogados Generales. Sin
embargo, la Decisión del Consejo en 1988, previó que los Jueces del Tribunal de Primera
Instancia, con la excepción de su Presidente, podrán ser llamados a desempeñar funciones de
Abogado General, cuya función sería presentar públicamente conclusiones motivadas sobre
determinados asuntos sometidas al Tribunal General, con la finalidad de asistirle en el
cumplimiento de su misión. El miembro del Tribunal llamado a desempeñar tal función, en un
asunto, no podrá participar en la resolución del mismo.

Siempre que se reúna en Pleno del Tribunal General, estará asistido por un Abogado General,
que es designado por el Presidente del propio Tribunal.
Cuando el Tribunal se reúna en Sala, podrá ser designado un Abogado General cuando las
cuestiones de Derecho o su complejidad del asunto así lo exijan.

El estatuto de sus Jueces es prácticamente idéntico al de los miembros del TJUE, con la
salvedad de que los Jueces del T. General prestan su juramento ante el TJUE, el cual decide
también, previa consulta de aquél, sobre la suspensión de la inmunidad y sobre las dudas por
incompatibilidades.

3.2 Organización y funcionamiento.

En cuanto a su organización interna, al Presidente y al Secretario del Tribunal General les es de


aplicación, mutatis mutandi, lo dicho para el Presidente y el Secretario del Tribunal de Justicia.

Y por lo que se refiere a su funcionamiento interno, el Tribunal General actúa en Pleno, en


Salas de tres o cinco jueces y en Gran Sala integrada por 13 jueces.

Normalmente el Tribunal funciona en Salas (de tres Jueces), y los demás a las Salas de cinco
Jueces. No obstante, cuando la dificultad de las cuestiones de Derecho , importancias del asunto
o las circunstancias particulares lo justifiquen, , podrá atribuirse al Pleno ,a la Gran Sala o a una
Sala integrada por un número distinto de jueces (art. 14.1 RPTG). En algunos casos el Tribunal
puede actuar como órgano unipersonal “cuando tales asuntos se presten a ello teniendo en
cuenta la ausencia de dificultad de las cuestiones de hecho o de Derecho planteadas, la escasa
importancia del asunto y la ausencia de otras circunstancias particulares”.(art. 14. RPTG)

El Tribunal General delibera con carácter reservado y adopta sus decisiones por mayoría

3.2 Competencias.

Por lo que se refiere a sus competencias, el Tratado de Lisboa no introduce ninguna novedad
respecto al Tratado de Niza. En este sentido, ha dispuesto que el Tribunal General será
competente para conocer en primera instancia de los recursos directos, con excepción de los que
se atribuyan a un tribunal especializado y de los que el artículo 51 del Estatuto reserve al
Tribunal de Justicia. Asimismo, el Estatuto podrá establecer que el Tribunal General sea
competente en otras categorías de recursos. Contra las resoluciones dictadas por el Tribunal
General podrá interponerse recurso de casación ante el Tribunal de Justicia limitado a las
cuestiones de Derecho, en las condiciones y dentro de los límites fijados en el Estatuto.(art.
256.1 TFUE)

Igualmente, será competente para conocer de los recursos que se interpongan contra las
resoluciones de los tribunales especializados.

Por lo que respecta a las cuestiones prejudiciales, el Tribunal General será competente para
conocer de las mismas planteadas. No obstante cuando el Tribunal General considere que el
asunto requiere una resolución de principio que pueda afectar a la unidad y a la coherencia del
Derecho de la Unión, podrá remitir el asunto al Tribunal de Justicia para que éste resuelva. Las
resoluciones dictadas por el Tribunal General sobre cuestiones prejudiciales podrán ser
reexaminadas con carácter excepcional por el Tribunal de Justicia, en las condiciones y dentro
de los límites fijados por el Estatuto, en caso de grave riesgo de que se vulnere la unidad o la
coherencia del Derecho comunitario.(art. 256.3 TFUE)

4.- EL TRIBUNAL DE LA FUNCIÓN PÚBLICA EUROPEA

El Tratado de Niza introdujo la posibilidad de que al Tribunal General se le agregaran salas


jurisdiccionales para que ejercieran en determinados ámbitos específicos, competencias
jurisdiccionales previstas en el TCE

Una de las “salas jurisdiccionales” que el Tratado de Lisboa denomina tribunales


especializados, es el Tribunal de la Función Pública de la Unión Europea creado por Decisión
del Consejo de 2 de noviembre de 2004.

En el marco de la institución jurisdiccional de la Unión, el Tribunal de la Función Pública es el


órgano especializado en el ámbito del contencioso de la función pública de la Unión Europea.
Como tal, ejerce en primera instancia las competencias para resolver los litigios entre la Unión y
sus agentes en virtud del artículo 270 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea,
incluidos los litigios entre cualquier órgano u organismo y su personal respecto de los cuales se
haya atribuido competencia al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

El Tribunal de la Función Pública está compuesto por siete Jueces nombrados por el Consejo,
por un período de seis años renovable previa consulta a un comité compuesto por siete
personalidades elegidas entre antiguos miembros del Tribunal de Justicia, del Tribunal General
y juristas de reconocida competencia.

El Consejo procurará que la composición sea lo más equilibrada posible tanto desde el punto de
vista geográfico como de los sistemas jurídicos representados.

El Tribunal actúa en Salas compuestas por tres Jueces. No obstante, en ciertos casos previstos
en su Reglamento de procedimiento, el Tribunal podrá resolver en Pleno, en Sala de cinco
Jueces, o en formación de Juez único.

Los Jueces del Tribunal de la Función Pública nombran un Secretario por un período de seis
años.

Este Tribunal es competente para conocer en primera instancia para conocer los litigios entre la
Unión y sus agentes (arts. 270 TFUE y 172 Tratado EURATOM), lo que representa unos 150
asuntos al año. También conoce de los litigios relativos a determinados colectivos específicos,
en particular los que puedan afectar al personal del

EUROJUST, EUROPOL, BCE, entre otros.


Las resoluciones dictadas por el Tribunal de la Función Pública que pongan fin al proceso, así
como las que resuelvan parcialmente la cuestión de fondo o pongan fin a un incidente procesal
relativo a una excepción de incompetencia o inadmisibilidad, pueden ser objeto, en un plazo de
dos meses, de un recurso de casación limitado a las cuestiones de Derecho, ante el Tribunal
General.

Cuando se estime el recurso de casación, el Tribunal General anulará la resolución del Tribunal
de la Función Pública y resolverá el mismo el litigio. Si el estado del litigio no lo permite,
devolverá el asunto al Tribunal de la Función Pública para que éste mismo resuelva. En caso de
devolución, este último estará vinculado por las cuestiones de Derecho dirimidas por la
resolución del Tribunal General.

Las resoluciones dictadas por el Tribunal General al resolver un recurso de casación podrán ser
reexaminadas con carácter excepcional por el Tribunal de Justicia en caso de riesgo grave de
que se vulnere la unidad o la coherencia del Derecho de la Unión (art. 256.2 TFUE). Es el
primer Abogado General el que podrá proponer al Tribunal de Justicia que reexamine la
resolución del Tribunal General en el plazo de un mes a partir de la misma. El Tribunal de
Justicia decidirá en el plazo de un mes de recibir la propuesta si procede o no reexaminar dicha
resolución.
TEMA 10. EL TRIBUNAL DE CUENTAS; EL SISTEMA EUROPEO
DE BANCOS CENTRALES Y EL BANCO CENTRAL EUROPEO.

1. El Tribunal de Cuentas.
1.1. Naturaleza

El Tribunal de Cuentas es, una institución a la que corresponde “la fiscalización o control de
cuentas” de la Unión Europea.

Creado por el Tratado de Ámsterdam de 22 de julio de 1975 (entra en vigor el 1 de julio de


1997 y hasta entonces, el control de los ingresos y gastos de la Comunidad correspondía a una
comisión de control prevista en los Tratados) el Tribunal de Cuentas fue un mero órgano
auxiliar del Consejo y del Parlamento. El Tratado de Maastricht (1992) lo elevó al rango de
Institución, lo que supuso una importante revalorización de su papel como órgano de control del
presupuesto comunitario, un reconocimiento de la relevancia de sus funciones para el pleno
desarrollo de las políticas comunitarias y el adecuado funcionamiento de la UE, así como un
reforzamiento de su independencia frente a las demás Instituciones.

1.2. Composición y estatutos de sus miembros

En la actualidad el TCE está compuesto por 27 Miembros; elegidos por unanimidad por el
Consejo, previa consulta al Parlamento Europeo, de entre personalidades que en sus respectivos
países pertenezcan o hayan pertenecido a las instituciones de control externo o que estén
especialmente cualificadas para esta función. Los Miembros, que tienen un mandato de seis
años, están dotados de estatuto judicial y quedan sujetos a un riguroso régimen de
incompatibilidades.

1.3. Organización interna y funcionamiento

El Tribunal de Cuentas, aprobó su Reglamento interno el 22 de febrero de 1995, siendo su


última modificación el 11 de marzo de 2010.

El Presidente es elegido por los Miembros, de entre ellos, por un periodo de tres años
mediante votación secreta.

Son atribuciones del Presidente representar al Tribunal, convocar y presidir el Pleno y la


Comisión de Gobierno decidiendo con voto de calidad en caso de empate, fijando los órdenes
del día y disponiendo la ejecución de los acuerdos ejercer la jefatura superior del personal y
disponer los gastos y contrataciones.
El Tribunal de Cuentas y su Presidente están asistidos por una estructura funcionarial de
unas 900 personas y un Secretario General elegido por el Tribunal.

El Tribunal de Cuentas funciona colegiadamente y de modo permanente.

Está organizado en cinco Salas que incluyen varias divisiones especializadas para abarcar
los distintos ámbitos del Presupuesto.

Existe un Comité Administrativo que se ocupa de las actuaciones administrativas que exijan
una decisión formal por parte del Tribunal y está compuesto por el Presidente del Tribunal y los
decanos de las cinco Salas.

También existe un auditor interno formado por tres miembros del Tribunal y un experto
externo.

1.4. Competencias

Podemos distinguir entre funciones de control y funciones consultivas:

A) función de control

El Tribunal de Cuentas controla la observancia de las normas de la contabilidad pública en


la ejecución del presupuesto comunitario.

El control no solo se refiere a la legalidad y regularidad de los ingresos y gastos, sino


también a garantizar una buena gestión financiera. El control de los ingresos se efectúa sobre la
base de las liquidaciones y de las cantidades entregadas a la Unión; y el control de los gastos,
sobre la base de los compromisos asumidos y los pagos realizados.

El control ejercido por el Tribunal de Cuentas se lleva a cabo sobre la documentación


contable, y en caso necesario, en las dependencias correspondientes de cualquier órgano u
organismo que gestione ingresos o gastos en nombre de la Unión y en los Estados miembros,
incluida la dependencia de cualquier persona física o jurídica que perciba fondos del
presupuesto comunitario.

Después del cierre de cada ejercicio. El Tribunal de Cuentas elabora un informe anual que
es aprobado por la mayoría de sus miembros y presentado por el Presidente y del Tribunal ante
el Pleno del Parlamento Europeo y ante el Concejo ECOFIN.

B) función consultiva

El Tribunal de Cuentas puede presentar en cualquier momento sus observaciones sobre


cuestiones particulares y puntuales en forma de informes especiales, y emitir dictámenes a
instancia de una de las demás instituciones de la Unión.
Su dictamen, es preceptivo por imperativo del Tratado en los siguientes casos: para adoptar
los reglamentos financieros; para fijar las modalidades y el procedimiento con arreglo a los
cuáles deberán ponerse a disposición de la Comisión los ingresos presupuestarios; y para
determinar las normas y organizar el control de la responsabilidad de los agentes financieros, en
particular, de los ordenadores de pagos y de los contables.

2. El Banco Central Europeo.

2.1. Naturaleza

Creado por el Tratado de la Unión Europea en 1992, el Banco Central Europeo (BCE), con
cede en Frankfurt; es el eje de la adopción de decisiones en materia monetaria en los países de la
Unión que han adoptado el euro como moneda única.

Constituye el núcleo del Eurosistema y del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC).

Comenzó sus trabajos en junio de 1998, sustituyendo al Instituto Monetario Europeo.

El BCE tiene personalidad jurídica propia y un grado de independencia que puede medirse
en diversos factores:

a) La declaración formal de independencia del BCE que formula el artículo 282.3 TFUE al
disponer que el BCE “será independiente en el ejercicio de sus competencias y la
gestione sus finanzas. Las instituciones, órganos y organismos de la Unión y los
Gobiernos de los Estados miembros respetaran esta independencia”

b) La prohibición absoluta de crédito por el BCE a instituciones comunitarias y nacionales


de los Estados miembros. Por dos motivos: primero, eliminar una fuente de riesgo
inflacionista de los gobiernos nacionales; y en segundo lugar, considerar que los países
de la UEM no son Estados en vías de desarrollo.

c) La prohibición de compra directa de deuda publica por parte del BCE en los mercados
primarios o de emisión

d) La prohibición de financiación privilegiada por el BCE a las entidades financieras


privadas por parte de los gobiernos nacionales

e) La adquisición de deuda publica por el BCE en los mercados secundarios solo puede
hacerse mediante operaciones de mercado abierto a los tipos y condiciones del mismo,
que en la UEM serán muy similares en los mercados de deuda privada y publica.
2.2. Organización y funcionamiento

Su organización y funcionamiento se encuentran regulados en el Tratado de


Funcionamiento de la Unión Europea, en el Protocolo nº 9 sobre los Estatutos del Sistema
Europeo de Bancos Centrales y del Banco Central Europeo (ESEBC), anejo al Tratado de
Lisboa, así como en su Reglamento interno.

Los órganos rectores del BCE son:

A) El Consejo de Gobierno

Esta formado por los miembros del Comité Ejecutivo del BCE y los gobernadores de los
bancos centrales nacionales de los Estados miembros cuya moneda sea el euro.

En sus reuniones podrán participar el Presidente del Consejo y un miembro de la Comisión,


con voz pero sin voto.

Cada miembro del Consejo de Gobierno dispondrá de un voto, desde el momento que el
número de miembros no exceda de veintiuno, y el número de gobernadores con derecho a voto
será de quince.

El derecho de voto de los Gobernadores se asignara y rotara con arreglo a los siguientes:

a) Desde que el numero de gobernadores exceda de quince y hasta que llegue a veintidós,
los gobernadores se distribuirán en dos grupos de acuerdo con el tamaño de la
participación del Estado miembro correspondiente a su banco central nacional en el
producto interior bruto a precio de mercado y en el balance agregado total de las
instituciones financieras monetarias de los Estados miembros cuya moneda es el euro.
El primer grupo estará formado por cinco gobernadores y el segundo grupo estará
formado por los demás gobernadores
b) Desde el momento que su numero llegue a veintidós, los gobernadores se distribuirán en
tres grupo es de acuerdo con la clasificación basada en los criterios expuestos. El primer
grupo estará formado por cinco gobernadores y dispondrá de cuatro votos. El segundo
grupo comprenderá la mitad del número total de gobernadores, rodeándose las
fracciones al número entero siguiente y dispondrá de ocho votos. El tercer grupo estará
formado por los gobernadores restantes y dispondrá de tres votos.

El Consejo de Gobierno se reunirá al menos diez veces al año y decide generalmente por
mayoría simple de sus miembros con derecho a voto, y en caso de empate, el Presidente goza de
voto de calidad.

Las reuniones del Consejo de Gobierno del BCE tienen carácter confidencial, si bien en
determinadas ocasiones podrá decidir hacer público los resultados de sus deliberaciones
B) EL Comité Ejecutivo

El Comité Ejecutivo está compuesto por el presidente, el vicepresidente y otros cuatro


miembros. Todos sus miembros son nombrados por el Consejo Europeo, por mayoría
cualificada. Su mandato es de ocho años no renovables.

El Comité Ejecutivo decide por mayoría simple, y el Presidente dispone de voto de


calidad.

Entre sus responsabilidades se encuentra: preparar las reuniones del Consejo de Gobierno;
poner en práctica la política monetaria de conformidad con las orientaciones y decisiones
adoptadas por el Consejo de Gobierno. Al hacerlo, imparte las instrucciones necesarias a los
BCN de la zona del euro; encargarse de la gestión ordinaria del BCE; ejercer los poderes que le
hayan sido delegados por el Consejo de Gobierno, incluidos algunos de carácter normativo.

C) El Consejo General: un órgano transitorio

El Consejo General está formado por: el presidente del BCE; el vicepresidente del BCE; y
los gobernadores de los bancos centrales nacionales (BCN) de los veintisiete Estados miembros
de la UE.

Por tanto, en el Consejo General quedan incluidos los representantes de los diecisiete países
de la zona del euro y de los diez países no pertenecientes a la misma.

Los restantes miembros del Comité Ejecutivo del BCE, el presidente del Consejo de la UE y
un miembro de la Comisión Europea pueden participar en las reuniones del Consejo General,
aunque sin derecho de voto.

El Consejo General puede definirse como un órgano transitorio. Lleva a cabo las tareas
desempeñadas anteriormente por el Instituto Monetario Europeo y que el BCE ha de seguir
ejerciendo en la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria, debido a que no todos los
Estados miembros de la UE han adoptado aún el euro.

2.3. Funciones y Competencias

Apartado 1 del artículo 127 del Tratado: «El objetivo principal del Sistema Europeo
de Bancos Centrales, […] será mantener la estabilidad de precios».

El artículo 127 continua: «Sin perjuicio de este objetivo, el SEBC apoyará las
políticas económicas generales de la Unión con el fin de contribuir a la realización de
los objetivos de la Unión establecidos en el artículo 3 del Tratado de la Unión
Europea».
A) Funciones consultivas

El BCE será consultado:

- Sobre cualquier propuesta de acto comunitario que entre en su ámbito de


competencia
- Por las autoridades nacionales acerca de cualquier proyecto de disposición legal
que entre en su ámbito de competencia, pero dentro de los limites y en las
condiciones establecidas en el apartado cuatro del articulo 129

Podrá presentar dictámenes a las instituciones u organismos comunitarios o a las


autoridades nacionales pertinentes acerca de materias que pertenezcan al ámbito de
sus competencias y formular recomendaciones. Sus dictámenes no son vinculantes

B) Funciones normativas

El BCE puede adoptar actos juridicos:

- Elaborar reglamentos en la medida en que ello sea necesario para el ejercicio de


sus funciones definidas en los Estatutos del SEBV y BCE y en los casos que
establezcan en determinados actos el Consejo.
- Tomar decisiones necesarias para el ejercicio de las funciones encomendas al
SEBC por los Taatados y por los Estatutos del SEBC y del BCE.

C) Potestad sancionadora

El BCE estara autorizado a imponer multas y pagos periodicos de penalizacion a las


empresas que no cumplan con sus obligaciones respecto de los reglamentos y decisiones
del mismo (art. 132.3 TFUE).
TEMA 11. LOS ÓRGANOS AUXILIARES.

1. COMITÉ ECONÓMICO Y SOCIAL EUROPEO.


1.1. Naturaleza.

El Comité Económico y Social es un órgano auxiliar de carácter consultivo cuya


formación responde a una reivindicación del movimiento europeo desde 1949, y que
tiene su primer precedente en el Comité Consultivo de la CECA. Fue creado por los
Tratados de Roma (1957) para hacer posible la participación de diversos grupos de
interés, económicos y sociales, en la realización del Mercado Común, y facilitarles un
instrumento para dar a conocer a la Comisión y al Consejo su opinión sobre todos los
temas de interés comunitario. Desde el Tratado de Ámsterdam, el Parlamento Europeo
también está asistido por el Comité.

En idéntico sentido, el Tratado de Lisboa reconoce al Comité Económico y Social como


un órgano consultivo del Parlamento Europeo, del Consejo y de la Comisión (artículo
13.4 del Tratado de la Unión Europea y artículo 300 del Tratado Fundacional de la
Unión Europea).

1.2. Composición y Estatuto de sus miembros.

Está formado por 344 miembros, representantes de las organizaciones de empresarios,


de trabajadores y de otros sectores representativos de la sociedad civil, en particular, de
los ámbitos socioeconómico, cívico, profesional y cultural (artículo 300.2 del Tratado
Fundacional de la Unión Europea).

El Tratado de Lisboa, al igual que hacía la non nata Constitución Europea, se aparta del
Tratado de Niza al establecer el procedimiento de elección de sus miembros, que será
mediante una decisión del Consejo, de conformidad con las propuestas presentadas por
cada Estado miembro, y previa consulta a la Comisión. Además, el Consejo podrá
recabar la opinión de las organizaciones europeas representativas de los diferentes
sectores económicos y sociales, y de la sociedad civil a los que conciernan las
actividades de la Unión (artículo 302 del Tratado Fundacional de la Unión Europea).

Los miembros del Comité Económico y Social, nombrados para un periodo de cinco
años, no representan a los Estados miembros, sino a las diferentes categorías de la vida
económica y social (pero tampoco representan a las organizaciones sindicales o
profesionales, por las que suelen ser miembros del Comité).

El reparto por países es el siguiente:

Alemania, Francia, Italia y Reino Unido: 24.


España y Polonia: 21.

Rumanía: 15.

Bélgica, Grecia, Países Bajos, Portugal, Austria, Suecia, República Checa, Hungría y
Bulgaria: 12.

Dinamarca, Irlanda, Finlandia, Lituania y Eslovaquia: 9.

Estonia, Letonia y Eslovenia: 7.

Luxemburgo y Chipre: 6.

Malta: 5.

Los miembros del Comité Económico y Social no están vinculados por ningún mandato
imperativo y deben ejercer sus funciones con plena independencia, en interés general de
la Unión (artículo 300.4 del Tratado Fundacional de la Unión Europea). Además, y
según lo dispuesto en su Reglamento interno, los miembros del Comité gozan de los
derechos y prerrogativas previstos en el “Protocolo sobre privilegios e inmunidades de
la Unión Europea”, anejo al Tratado de Lisboa.

1.3. Organización interna y funcionamiento.

El Comité Económico y Social consta de los órganos siguientes:

La Asamblea,

La Mesa,

El Presidente y

Las secciones especializadas.

Además, el Comité tiene una estructura tripartita:

Grupo I: Empresarios.

Grupo II: Trabajadores y

Grupo III: Actividades diversas.

Después de cada renovación quinquenal, el Comité elige en su seno, y para un periodo


de dos años, una Mesa, presidida por un Presidente, elegido alternativamente en cada
uno de los tres Grupo. La Mesa está compuesta por el Presidente, los dos
Vicepresidentes; los tres Presidentes de los grupos; los seis Presidentes de las secciones
especializadas; y 25 miembros elegidos directamente por la Asamblea. Entre sus
funciones más importantes podemos destacar las de:

- determinar sus propias normas de funcionamiento,


- establecer la organización y funcionamiento interno del Comité,
- fijar las normas de desarrollo del presente Reglamento previa consulta a los
grupos y
- encargarse de interpretar el Reglamento o sus normas de desarrollo, a petición
de un miembro de la Mesa o del Secretario General.

Por otra parte, el Comité funciona en Pleno (suele haber nueve al año) o en
secciones especializadas que se reúnen por lo general una vez al mes y preparan los
dictámenes, estudios e informes solicitados al Comité. El Comité Económico y Social
cuenta con seis secciones especializadas:

Unión Económica y Monetaria y Cohesión Económica y Social (ECO),

Mercado Único, Producción y Consumo (INT),

Transportes, Energía, Infraestructuras y Sociedad de la Información (TEN),

Empleo, Asuntos Sociales y Ciudadanía (SOC),

Agricultura, Desarrollo Rural y Medio Ambiente (NAT),

Relaciones Exteriores (REX).

Además, el Comité ha creado recientemente cinco nuevos órganos de trabajo:

La Comisión Consultiva de Transformaciones Industriales,

El Observatorio del Mercado Único,

El Observatorio del Desarrollo Sostenible,

El Observatorio del Mercado de Trabajo y

El Observatorio sobre la Estrategia de Lisboa.

Los Consejeros y los diferentes órganos de trabajo están asistidos por una Secretaría
General.
1.4. Competencias.

Las competencias del Comité Económico y Social son consultivas. Según los casos, la
consulta al Comité es preceptiva o facultativa. Pero además, el Comité puede también
emitir dictámenes por iniciativa propia cuando lo juzgue oportuno (artículo 304 del
Tratado Fundacional de la Unión Europea).

El Comité será consultado necesariamente por el Parlamento Europeo, el Consejo o por


la Comisión en determinados supuestos previstos en los Tratados, supuestos que fueron
moderadamente ampliados por el Tratado de Ámsterdam. El Tratado de Lisboa (artículo
304 del Tratado Fundacional de la Unión Europea) incluye al Parlamento Europeo entre
las instituciones que deberán consultar al Comité en los casos previstos en los Tratados.

Estos dictámenes preceptivos no son vinculantes para la institución que eleva la


consulta. Sin embargo, su ausencia daría lugar a un vicio sustancial de forma que podría
alegarse como fundamento de un recurso de anulación ante el Tribunal de Justicia.

Por otra parte, el Consejo, la Comisión, y desde la entrada en vigor del Tratado de
Ámsterdam, el Parlamento Europeo, pueden consultar al Comité en todos aquellos casos
que lo consideren oportuno (artículo 304 del Tratado Fundacional de la Unión Europea).

Por otra parte, como “facilitador del diálogo civil”, en palabras del propio Comité,
mantiene contactos regulares de cooperación con las redes de consejos económicos y
sociales nacionales y con las organizaciones de la sociedad civil de la Unión Europea y
de otros países europeos, así como de los países de la Asociación Euromeditarránea, de
los países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP), de los Estados del MERCOSUR y
de otros países de América Latina, etc. Además, el Comité Económico y Social Europeo
considera como objetivos prioritarios para el futuro optimizar su función de órgano
consultivo ante el Parlamento, el Consejo y la Comisión, intensificando la cooperación,
y aumentar su representatividad y credibilidad como representante institucional de la
sociedad civil.

2. EL COMITÉ DE LAS REGIONES.


2.1. Naturaleza.

Creado por el Tratado de la Unión Europea de 1992, el Comité de las Regiones


es un órgano de naturaleza consultiva cuya función es asistir al Parlamento, al Consejo
y a la Comisión.

Su trabajo – según el propio Comité- está regido por tres principios:

a) El principio de subsidiariedad, en virtud del cual las decisiones comunitarias deben


tomarse en el nivel práctico más próximo al ciudadano, de tal manera que la Unión
Europea no debería adoptar medidas que son más propias de las administraciones
nacionales, regionales o locales. Desde su primera sesión plenaria, celebrada en
Bruselas en marzo de 1994, el Comité de las Regiones surgió como el guardián del
principio de subsidiariedad, oponiéndose a la toma de decisiones innecesariamente
remota y centralizada.

b) El principio de proximidad, en el sentido de que todos los niveles de gobierno


deberían aspirar especialmente a estar próximos a los ciudadanos, organizando su
trabajo de manera transparente, para que los ciudadanos conozcan a los responsables y
puedan hacer oír sus opiniones.

c) y el principio de asociación, según el cual una sana gobernanza europea se basa en el


trabajo conjunto de los niveles europeo, nacional, regional y municipal, de tal forma que
cada uno de estos niveles es imprescindible y debería participar en el proceso decisorio.

2.2. Composición y Estatuto de sus miembros.

El Comité de las Regiones está compuesto “por representantes de los entes regionales y
locales que sean titulares de un mandato electoral en un ente regional o local, o que
ostenten responsabilidad política ante una asamblea elegida” (artículo 300.3 del Tratado
Fundacional de la Unión Europea).

Actualmente, el Comité de las Regiones se compone de 344 miembros titulares y 344


miembros suplentes, nombrados por el Consejo por mayoría cualificada de conformidad
con las propuestas presentadas por cada Estado miembro por un periodo renovable de
cinco años. Sus miembros no están vinculados por ningún mandato imperativo y deben
ejercer sus funciones con plena independencia, en interés general de la Unión (artículo
300.4 del Tratado Fundacional de la Unión Europea).

De acuerdo con el Protocolo nº 36 sobre disposiciones transitorias, anejo al


Tratado de Lisboa, los miembros del Comité de las Regiones están repartidos entre los
Estados miembros de la siguiente forma:

Alemania, Francia, Italia y Reino Unido: 24.

España y Polonia: 21.

Rumanía: 15.

Bélgica, Grecia, Países Bajos, Portugal, Austria, Suecia, República Checa, Hungría y
Bulgaria: 12.

Dinamarca, Irlanda, Finlandia, Lituania y Eslovaquia: 9.

Estonia, Letonia y Eslovenia: 7.

Luxemburgo y Chipre: 6.

Malta: 5.
Como podemos apreciar, el sistema de reparto es totalmente aleatorio porque no
responde en absoluto a la realidad regional de los Estados miembros. En este sentido, no
sólo existen diferentes niveles de regionalización, sino que en la mayoría de los Estados
miembros que se adhirieron a la Unión en 2004 y 2007, provenientes de
administraciones comunistas donde la centralización del poder era una nota
característica, no hay representantes regionales puesto que las regiones no están aún
institucionalizadas, y otros Estados, como Chipre o Malta, son tan pequeños, que no
pueden contar con un modelo regional.

Pero, además, el sistema de reparto tampoco responde a criterios demográficos. Así, si


lo comparamos con el reparto de escaños en el Parlamento Europeo, puede comprobarse
fácilmente que los Estados medianos y pequeños están claramente sobrerrepresentados
en el Comité de las Regiones. Esta distribución tan desequilibrada se ha hecho aún más
evidente después de las dos últimas ampliaciones de la Unión, con la adhesión de
muchos Estados pequeños.

En este sentido, baste con poner un ejemplo: Malta tiene 5 miembros en el


Comité, con una población de cerca de 400.000 habitantes, y Alemania tiene 24, con
una población que supera los 80 millones de habitantes, y esto sin mencionar su
organización territorial como Estado federal.

Por lo que se refiere al proceso de selección de los miembros del Comité de las
Regiones, hay que señalar que el Tratado no establece ningún criterio sobre cómo
repartir en cada Estado el número de miembros entre las regiones y los entes locales,
por lo que varía en función de los procedimientos que libremente aplican los Estados
miembros. Así, por ejemplo, Bélgica sólo envía representantes de entes regionales.
Grecia, Luxemburgo, Suecia, Irlanda y los nuevos Estados miembros, salvo Eslovaquia,
Polonia y la República Checa, sólo de entes locales. No obstante, otros Estados
miembros envían representaciones mixtas: en unos casos, la representación es bastante
equilibrada, como Francia, Italia y Holanda; en otros casos, como Alemania, Austria y
España, se garantiza la representación de todos sus Länder y Comunidades Autónomas,
dejando una pequeña cuota a los entes locales; y en algunos otros, como Portugal, se
favorece a los entes locales.

Por último, el Tratado dispone que los miembros del Comité y sus suplentes no puedan
ser simultáneamente miembros del Parlamento Europeo. Asimismo, disfrutarán de los
privilegios e inmunidades establecidos en el Protocolo sobre los privilegios y las
inmunidades de la Unión Europea, anejo al Tratado de Lisboa.

2.3. Organización interna y funcionamiento.

Según lo establecido en el Tratado y en su Reglamento interno, el Comité designa de


entre sus miembros al Presidente y a la Mesa, por un periodo de dos años y medio
(artículo 306 del Tratado Fundacional de la Unión Europea y artículo 32 del
Reglamento Interno del Comité de las Regiones). Desde 2000, el artículo 7 del
Reglamento Interno del Comité de las Regiones, reproducido en su modificación de
2010, dispone que “las delegaciones nacionales y los grupos políticos contribuirán de un
modo equilibrado a la organización de la actividad del Comité”, lo cual supone aceptar
que ambas estructuras constituyen los pilares fundamentales sobre los que se vertebra el
trabajo del Comité, y por ende, la participación de los entes regionales y locales en la
Unión Europea.

De conformidad con lo dispuesto en el artículo 8 del Reglamento Interno del


Comité de las Regiones, “los miembros y suplentes de un mismo Estado miembro
constituirán una delegación nacional, y cada una de ellas regulará su propia
organización interna y elegirá a su Presidente”.

La delegación española está formada por 21 miembros e idéntico número de


suplentes. Su composición es fijada por el Gobierno, de conformidad con lo dispuesto
en una Moción del Senado aprobada el 20 de octubre de 1993, en virtud de la cual 17 de
los 21 puestos de la delegación corresponden a las Comunidades Autónomas y los 4
restantes a los Municipios. En este sentido, la moción del Senado dispone que cada una
de las 17 Comunidades Autónomas proponga un titular y un suplente. La propuesta
corresponde al órgano que ostente la suprema representación de la Comunidad
Autónoma. Por su parte, la Federación de Municipios y Provincias (F.M.M.P) propone a
los 4 representantes, titulares y suplentes, correspondientes a los Entes Locales. La
propuesta de la lista de miembros se envía al Consejo, el cual procede a su
nombramiento.

Asimismo, y junto a las delegaciones nacionales, el Reglamento Interno del Comité de


las Regiones permite que sus miembros y suplentes puedan organizarse en grupos
políticos de acuerdo con sus afinidades políticas. Para formar un grupo político se
necesita un mínimo de 18 miembros o suplentes, de los cuales al menos la mitad
deberán ser miembros, siempre que en conjunto representen al menos a un quinto de
Estados miembros. Ningún miembro ni suplente podrá pertenecer a más de un grupo
político. El número de miembros de un grupo político no podrá ser inferior, en ningún
momento, al mismo necesario para su constitución; en caso contrario se procederá a la
disolución del grupo (artículo 9.2 del Reglamento Interno del Comité de las Regiones).

Asimismo, el Reglamento del Comité permite que los miembros y suplentes puedan
constituir grupos interregionales, siendo el presidente del Comité quien debe declarar su
constitución, si bien su constitución formal tendrá lugar por decisión de la Mesa
(artículo 10 Reglamento Interno del Comité de las Regiones).

La existencia de grupos políticos y especialmente de grupos interregionales, recuerda la


estructura organizativa de un parlamento. En este sentido, es necesario recordar que
durante la Conferencia Intergubernamental sobre la Unión Política de 1991, se defendió
la opción de constituir una segunda cámara o Cámara de las Regiones, que sirviera de
contrapunto a los trabajos del Parlamento Europeo en aquellas cuestiones que afectaran
directamente a los entes regionales.
Por otra parte, el Comité de las Regiones funciona en Pleno (Asamblea) y en Comisión.
En la actualidad, el trabajo del Comité está organizado en seis Comisiones permanentes.
Las Comisiones tienen como función preparar el trabajo de la Asamblea, para lo cual
debaten las políticas comunitarias, y elaboran los proyectos de dictamen, de informe y
de resolución que posteriormente son sometidos a la Asamblea para su aprobación.

2.4. Competencias.

Como ya hemos señalado, el Comité de las Regiones es un órgano de carácter


consultivo. En este sentido, podemos distinguir dos tipos de consulta: la consulta
obligatoria o preceptiva y la consulta facultativa.

A) CONSULTA OBLIGATORIA. El Comité de las Regiones debe ser consultado


preceptivamente por el Parlamento, el Consejo y la Comisión en los casos previstos en
los Tratados. Sus dictámenes preceptivos no son vinculantes, si bien el Parlamento
Europeo, el Consejo o la Comisión, si lo consideran necesario, podrán fijar al Comité un
plazo para la representación de su dictamen, que no podrá ser inferior a un mes a partir
de la fecha de la notificación que, a tal fin, se curse al Presidente. Transcurrido el plazo
fijado sin haberse recibido el dictamen, podrá prescindirse del mismo.

La consulta al Comité de las Regiones es preceptiva en materia de educación,


salud pública, redes transeuropeas, cohesión económica y social, transportes, empleo,
política social, Fondo Social Europeo, formación profesional y juventud y medio
ambiente.

Hay que remarcar que el Comité de las Regiones ha sido, desde su puesta en
marcha, muy beligerante en su voluntad –reiteradamente expresada- de ampliar su
campo de actuación, es decir, sus competencias de consulta obligatoria a otros ámbitos
que no le reconoce el Tratado, tales como, por ejemplo, agricultura, turismo, industria y
protección de consumidores, en los que las regiones y los entes locales ejercen
competencias normativas y ejecutivas.

B) CONSULTA FACULTATIVA. Igualmente, el Comité de las Regiones puede ser


consultado facultativamente por el Consejo, la Comisión, y desde el Tratado de
Ámsterdam, también por el Parlamento Europeo, cuando una de estas instituciones lo
estime oportuno, en particular en aquellos casos que afecten a la cooperación
transfronteriza.

Además, el Comité podrá emitir un dictamen cuando se haya consultado al


Comité Económico y Social y considere que existen intereses regionales específicos en
juego. Resulta necesario destacar que en este caso no se trata de una solicitud de
dictamen, sino de una comunicación al Comité por parte de la Comisión, el Consejo o el
Parlamento Europeo en la que ponen en su conocimiento que han recabado con
anterioridad el dictamen del Comité Económico y Social, de tal forma que será el propio
Comité quien decida si considera oportuno emitir el dictamen o no.
Y por último, el Comité de las Regiones podrá emitir un dictamen por iniciativa
propia, cuando lo considere conveniente.

No hay que olvidar que los dictámenes del Comité de las Regiones, sean
preceptivos o facultativos, no son vinculantes (lo cual no significa que sean irrelevantes)
y se publican en el Diario Oficial de la Unión Europea.

C) EL RECURSO ANTE EL TRIBUNAL DE JUSTICIA DE LA UNIÓN EUROPEA.


Como hemos visto, el Tratado de Lisboa sólo introduce en el Comité de las Regiones
algunos cambios de alcance menor, con la excepción de la legitimación activa del
Comité de las Regiones para recurrir ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea
con el fin de salvaguardar sus prerrogativas, lo que refuerza el papel político del Comité
en la defensa de los entes regionales con competencias legislativas.

Parece indudable que desde las dos últimas ampliaciones de la Unión, asistimos a un
importante y preocupante proceso de disminución del conjunto de regiones autónomas
presentes en el Comité, y a una profundización cada vez mayor de la heterogeneidad de
su composición.

Si estas regiones con poderes no consiguen un reconocimiento especial dentro del


Comité, no será extraño que con el tiempo se desentiendan cada vez más y decidan
actuar defendiendo sus posiciones fuera del mismo.
TEMA 12. LAS FUENTES DEL DERECHO DE LA UNIÓN
EUROPEA.

1. La Unión Europea como Ordenamiento Jurídico.


El ordenamiento está integrado por un grupo de sujetos y órganos, una serie de
relaciones y un conjunto de normas, presididos todos ellos por ciertos valores y
principios que les confieren sentido y unidad, organizados para lograr ciertos objetivos.

No existe un acuerdo general para referirse al conjunto de normas que integran el


ordenamiento jurídico de la UE como sistema de fuentes, pues se carece de una norma
estructuradora del sistema de producción normativa y de jerarquización entre los
diversos tipos; pero puede calificarse como un verdadero sistema de normas y actos
jurídicos. El derecho de la UE lo formaríanlas normas constitutivas (tratados
Internacionales), y una tipología de actos sin una relación de jerarquía y diferenciados
en función de sus efectos.

Existe una jerarquización implícita entre los actos legislativos, los delegados y
ejecución, o actos de base y actos de ejecución. A partir del Tratado de Lisboa puede
distinguirse entre un régimen jurídico general y un régimen especial, restringido a la
Política Común de Seguridad y Defensa.

RÉGIMEN GENERAL: El lugar más alto lo ocuparían los principios


de libertad, democracia y respeto de los derechos humanos y de las libertades
fundamentales, consagrados como bases de la Unión. Junto a ellos, el Derecho
Originario, integrado por los Tratados y los Protocolos anexos.
En un escalón inferior, el Derecho Derivado (aplicable a los Estados miembros
y a sus ciudadanos), en el que debemos diferenciar, por un lado, los reglamentos,
las directivas y las decisiones; y por otro, las recomendaciones y los dictámenes.
En el mismo nivel, está el cuerpo de normas destinado a regular el funcionamiento
interno de las instituciones de la UE (reglamentos, declaraciones, etc.).

Al margen tenemos otras fuentes, como los tratados internacionales suscritos


por la UE con otras entidades, y los principios generales del Derecho de la UE.

RÉGIMEN ESPECIAL: Es el de la Política Exterior y de Seguridad


Común (PESC), actualmente denominado Política Común de Seguridad y
Defensa.
Con el Acta Única Europea(1987) se extendió la competencia de la Comisión
a áreas como el reconocimiento oficial de la Cooperación Política Europea.
El Tratado de Maastricht (1993) creó esta estructura separada de cooperación
intergubernamental (conocida como el segundo pilar), en el que el procedimiento
para alcanzar las oportunas decisiones no es legislativo, sino de consenso y
cooperación. (Art. 24.1 TUE): “La política exterior y de seguridad común se
regirá por reglas y procedimientos específicos; definirán y aplicarán el Consejo
Europeo, que deberán pronunciarse por unanimidad salvo cuando los Tratados
dispongan otra cosa”. “Queda excluida la adopción de actos legislativos”. Por
ello, los instrumentos de que se valdrá la UE serán las decisiones, mediante las
que se establecerán las acciones que va a realizar la UE, las posiciones que va a
adoptar y las modalidades de ejecución de las decisiones. Los efectos de estas
decisiones serán vinculantes para los Estados miembros, y el Tribunal de Justicia
carecerá de competencia respecto de esas disposiciones.

1.2) Los procedimientos normativos

En la UE, en 1979, el cambio en el sistema de elección de los parlamentarios


implicó un incremento de su legitimidad y autoridad, por dimanar su representatividad
directamente de los ciudadanos.

Con el desarrollo del ordenamiento europeo, el Parlamento ha ido adquiriendo la


naturaleza de legislador que le es propia, aunque no de manera exclusiva. Su labor de
consulta se ha transformado en una función participativa en el procedimiento
legislativo, primero mediante la cooperación entre el Parlamento y el Consejo, y
después, mediante la codecisión en la elaboración de las normas de derecho derivado.

(Art. 14 TUE): “El Parlamento Europeo ejercerá juntamente con el Consejo la


función legislativa y la función presupuestaria. Ejercerá funciones de control político y
consultivas, en las condiciones establecidas en los Tratados. Elegirá al Presidente de la
Comisión.”

La mayoría de las normas que integran el ordenamiento de la UE forman parte del


Derecho Derivado. En su elaboración intervienen tres instituciones: la Comisión, el
Consejo y el Parlamento, o a instancia de al menos un millón de ciudadanos de la UE.
En ocasiones se requiere la consulta al Comité Económico y Social o al Comité de las
Regiones.

Los procedimientos legislativos han variado, debido entre otros factores al


aumento del número de Estados miembros. Después del Tratado de Lisboa, podemos
hablar de tres: el legislativo ordinario, el legislativo especial y el procedimiento del
consentimiento.
PROCEDIMIENTO LEGISLATIVO ORDINARIO:Regulado en el art. 294 del
TFUE, conlleva los siguientes trámites:
- 1ª Fase: Presentación por la Comisión de la propuesta al Parlamento y al
Consejo. El Parlamento, en primera lectura, estudia la propuesta y envía su
posición al Consejo; éste, o aprueba la posición del Parlamento y se adopta el
acto jurídico, o no la aprueba y la devuelve al Parlamento (y pasa a la 2ª fase).
- 2ª Fase: El Parlamento dispone de tres meses para:
a) Aprobar la posición del Consejo o no tomar decisión alguna, en cuyo
caso el acto se considerará aprobado.
b) Rechazar la posición del Consejo, y el acto no se adoptará.
c) Proponer enmiendas a la posición del Consejo y remitirlas al Consejo
y a la Comisión, la cual dictaminará sobre las mismas.
- 3ª Fase: El Consejo dispone de tres meses para pronunciarse sobre las
enmiendas del Parlamento. Si las aprueba, el acto se considerará aprobado; si
no lo hace se convocará al Comité de Conciliación, que deberá llegar a un
acuerdo sobre un texto conjunto. Si no es así, el acto no se adoptará; si se
alcanza el acuerdo, el procedimiento entrará en su Última Fase.
- Última Fase (o de Tercera lectura): El Parlamento y el Consejo por
separado deberán ratificar ese texto conjunto. Finalmente, “los actos
legislativos adoptados serán firmados por el Presidente del Parlamento
Europeo y por el Presidente del Consejo.” (art. 297.1).

PROCEDIMIENTO LEGISLATIVO ESPECIAL: (Art. 314 TFUE). Constituido


por la adopción de un reglamento, de una directiva o de una decisión, bien por el
Parlamento Europeo con la participación del Consejo, bien por el Consejo con la
Participación del Parlamento Europeo. Son muy numerosos, e implican la
intervención adicional de otros órganos como el Banco Central Europeo, el Comité
Económico y Social, o el Comité de las Regiones.
Mientras que el Consejo puede tener que votar por unanimidad en lugar de por
mayoría cualificada, solo se exige que se consulte al Parlamento o que dé su
aprobación.

2. El derecho originario.
Los Tratados constitutivos de la Unión son la fuente del derecho más importante
de la UE, con sus protocolos, anexos y modificaciones; excepto las declaraciones que
han sido excluidas de aquella consideración.
En 2009 entra en vigor el Tratado de Lisboa, de reforma de los Tratados de la
Unión Europea (TUE) y del Tratado de la Comunidad Europea, que pasa a ser en
adelante el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE).

También forman parte del Derecho originario la Carta de los Derechos


Fundamentales de la Unión Europea (art. 6 TUE “tendrá el mismo valor jurídico que
los Tratados”) y los Principios Generales.

El Derecho originario es el Derecho Constitucional de la UE, puesto que ocupa el


escalón más alto en la jerarquía por su condición de fuente de fuentes del derecho,
determinante de la validez de las demás normas de la Unión (dispone quién y cómo se
elaboran las normas, según qué forma o procedimiento y sobre qué materias).

Los Tratados son disposiciones marco que contienen las líneas directrices y los
fines de la UE; pero contienen normas de procedimiento y normas de contenido
económico, social y político, además de las normas declarativas de derechos
recientemente incorporadas. A partir del momento en que un Estado accede a la UE,
todas las disposiciones de los Tratados se convierten en derecho vinculante (son
directamente aplicables).

Los Tratados prevén la posibilidad de su reforma, incluyendo un precepto donde


se dispone que: “los Tratados podrán modificarse con arreglo a un procedimiento de
revisión ordinario, y también con arreglo a procedimientos de revisión simplificados.”
(art. 48 TUE).

3. El derecho derivado.
Es el derecho que las instituciones de la UE crean en el ejercicio de sus
competencias, y representa una fuente de segundo orden en el marco del ordenamiento
europeo, utilizada para dar cumplimiento y ejecución a los fines de la UE.

(Art. 288 a 299 TFUE.). En el art. 297 introduce la distinción entre actos
legislativos, que pueden adoptarse mediante el procedimiento legislativo ordinario o
mediante algún procedimiento especial, y actos no legislativos. Ambos pueden adoptar
la forma de reglamentos, directivas y decisiones. Los actos fruto de una delegación de
poderes pueden también realizarse mediante reglamentos, directivas o decisiones.

Otros actos de derecho derivado son: las recomendaciones y dictámenes, que no


serán vinculantes (art. 288 TFUE).
A esta enumeración de las fuentes de derecho derivado, hay que añadir un
conjunto de instrumentos convencionales:

a) Los acuerdos entre las propias instituciones de la UE.


b) Los acuerdos entre los Estados miembros.
c) Los acuerdos internacionales entre la UE y otro/s países, y otra/s
organizaciones internacionales.

3.1) Los Reglamentos

El art. 288 TFUE establece que “para ejercer las competencias de la UE, las
instituciones adoptarán reglamentos, directivas, decisiones, recomendaciones y
dictámenes. El reglamento tendrá un alcance general. Será obligatorio en todos sus
elementos y directamente aplicable en cada Estado miembro.” Son disposiciones de
carácter general, obligatorias y debidamente hechas públicas (publicadas en el Diario
Oficial de la UE).

La doctrina ha puesto el énfasis en la pretensión unificadora de los Derechos


nacionales, o en su carácter comunitario: la imposición a todos los Estados miembros,
por igual e íntegramente, de uno y el mismo Derecho. De ello, ha derivado en el primer
caso la prohibición de cualesquiera medidas nacionales que pudieran impedir la
uniformidad pretendida; mientras que en el segundo, han considerado la aplicabilidad
directa de los reglamentos, porque establecen un derecho idéntico, sin necesidad de una
normativa especial de aplicación de carácter nacional del Estado y confieren e imponen
a los ciudadanos de la UE derechos y obligaciones igualmente directos.

Los reglamentos pueden ser elaborados por el Parlamento Europeo y el Consejo


conjuntamente; o también pueden adoptar reglamentos el Consejo y la Comisión.

El art. 296 TFUE dispone la obligación de motivar, que tiene carácter preceptivo:
“Los actos jurídicos deben estar motivados y se referirán a las propuestas, iniciativas,
recomendaciones, peticiones o dictámenes previstos por los Tratados.” Es decir, los
reglamentos, a diferencia de las leyes nacionales, deben incluir la motivación de su
adopción. En caso de omitirla o de ser considerada insuficiente, pueden ser anulados por
el Tribunal de Justicia.

3.2) Las Directivas


“La directiva obligará al Estado miembro destinatario en cuanto al resultado que
deba conseguirse, dejando, sin embargo, a las autoridades nacionales la elección de la
forma y de los medios”. (Art. 288 TFUE).

De este texto se deduce lo siguiente:

1º.-De la posibilidad de que la directiva vaya dirigida a uno o varios Estados miembros,
y no a todos: que las directivas carecen de alcance general.

2º.-De la imposición de una conducta que produzca un resultado previsto y definido:


que pretenden la armonización de todas las legislaciones o políticas nacionales.

3º.-De la indeterminación sobre el procedimiento para alcanzar ese resultado: Que no


son de eficacia inmediata, y su aplicabilidad queda pospuesta al cumplimiento de
dos condiciones: su integración en el Estado destinatario, y la concreción de su
contenido por el propio Estado.

4º.-De la omisión del establecimiento prescriptivo de una fecha determinada para la


ejecución de la directiva en cuestión: Que es necesario fijarlo en el momento de su
adopción.

Al estudiar las directivas, se ha prestado especial interés:

- La transposición: Representa un requisito necesario para formar parte del


ordenamiento del Estado o Estados a los que está dirigida.
- Las consecuencias del incumplimiento de su obligación por el Estado o Estados
concernidos: Se suele fijar un plazo de dos a cinco años, en función de la
urgencia y de las dificultades de la materia, para dar cumplimiento a la directiva.
Una vez transcurrido ese plazo, queda expedita la vía para acudir al Tribunal de
Justicia en el supuesto de que el Estado no haya adoptado los actos necesarios
para su ejecución, o esta no hubiera sido la correcta.

3.3) Las Decisiones

Para establecer si, en un caso concreto, nos encontramos ante una decisión o ante
un acto de otra naturaleza, habrá que tener en cuenta no el nombre jurídico de dicho
acto, sino su esencia.

CARACTERÍSTICAS de las decisiones:

- La obligatoriedad de todos sus elementos (lo que las diferencia de las directivas).
- La aplicabilidad directa (aunque dirigida a un Estado miembro puede tener
efectos directos sobre los ciudadanos de la UE).
- Su alcance individual: uno o varios destinatarios (lo que la diferencia de los
reglamentos).

3.4) Las Recomendaciones y los Dictámenes

A) Las Recomendaciones.
Son actos emanados de algunas de las instituciones de la UE – la Comisión, el
Consejo y el BCE (art. 292 TFUE) -, dirigidas a conseguir que el destinatario adopte
una determinada línea de conducta. Los destinatarios pueden ser los Estados miembros
o alguno de ellos, u otras instituciones.

Carecen de fuerza de obligar porque no son vinculantes, pero no por ello carecen
siempre de efectos jurídicos; y en ciertos ámbitos están previstas medidas disuasorias
para el supuesto de inobservancia injustificada o contraria al comportamiento
pretendido. En ocasiones pueden ser preceptivas.

Permiten alcanzar los objetivos propuestos sin imponerlos abiertamente.

B) Los Dictámenes.
Son manifestaciones de un criterio o posición sobre un determinado problema,
emitidas por una de las instituciones (normalmente a instancias de otra). No son
vinculantes.

Pueden emanar, además de la Comisión, del Consejo y del BCE, de otras


instituciones como el Tribunal de Justicia.

4. Los Tratados Internacionales.


Constituyen una fuente integrante del ordenamiento jurídico de la UE, que forma
parte del Derecho derivado.

Según el art. 216.1 del TFUE: “La Unión podrá celebrar un acuerdo con uno o
varios terceros países u organizaciones internacionales cuando así lo prevean los
Tratados, o cuando la celebración de un acuerdo bien sea necesaria para alcanzar, en
el contexto de las políticas de la Unión, alguno de los objetivos establecidos en los
Tratados, bien esté prevista en un acto jurídicamente vinculante de la Unión, o bien
pueda afectar a normas comunes o alterar el alcance de las mismas”. “Los acuerdos
celebrados por la Unión vincularán a las Instituciones de la Unión y a los Estados
miembros”.

Una vez suscritos válidamente, los acuerdos internacionales concluidos por la UE


quedan integrados en su ordenamiento jurídico, lo que tiene como consecuencia que el
Tribunal de Justicia sea competente para pronunciarse con carácter prejudicial sobre la
interpretación de los mismos, y sobre los recursos interpuestos por la violación de los
Tratados o de cualquier norma jurídica relativa a su ejecución.

Tipos de Tratados en función de su contenido:

• En el ámbito de la política comercial común, se podrán celebrar acuerdos


con terceros países y con organizaciones internacionales (art. 207 TFUE).
Destacan: Acuerdo por el que se establece la Organización Mundial del
Comercio, y Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio.

• Acuerdos de alcance más amplio, que establezcan una asociación que


implique derechos y obligaciones recíprocos, acciones comunes y
procedimientos particulares (art. 217 TFUE). Modalidades:
o Para el mantenimiento de vínculos especiales de algunos Estados
miembros de la UE con terceros países.
o Para la preparación de una posible adhesión y para la constitución de
una unión aduanera.
o El Acuerdo sobre el Espacio Económico Europeo.
• Otros acuerdos (calificados de mixtos) sobre asuntos cubiertos por ámbitos
del TFUE, como: La cooperación prevista entre la UE y los órganos de las
Naciones Unidas y de sus organismos especializados, el Consejo de
Europa, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y
la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos.

5. Otras Fuentes.
Al margen del derecho legislado tenemos el derecho no escrito, representado por
el derecho elaborado por el Tribunal de Justicia europeo. Complementa el ordenamiento
jurídico europeo y sirve para interpretar las normas existentes, aplicándolas partiendo
del marco de los Tratados, en función de sus objetivos y disposiciones más generales.
De este modo, ha elaborado un cuerpo jurisprudencial, que constituye los principios
generales del derecho.

Los PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO, en el ámbito del derecho


internacional, aparecen en el art. 38 del Estatuto del Tribunal Internacional de Justicia,
de 1945. En él se establece que, después de los tratados y de la costumbre, el Tribunal,
al decidir de acuerdo con el derecho internacional los litigios que le sometan deberá
aplicar “los principios generales del derecho reconocidos por las naciones civilizadas”.

Respecto al derecho escrito de la UE, hallamos la base legal de los principios


generales del derecho en los art. 6.3 del TEU y 340 del TFUE:

- Art. 6.3 TEU: “Los derechos fundamentales formarán parte del Derecho de la
Unión como principios generales”.
- Art. 340 TFUE: “En materia de responsabilidad extracontractual, la Unión
deberá reparar los daños causados por sus instituciones o sus agentes en el
ejercicio de sus funciones, de conformidad con los principios generales comunes
a los Derechos de los Estados miembros”.

Los principios generales del derecho son:

1. Principios generales en su aceptación más amplia: El respeto de los


derechos fundamentales, la igualdad y la prohibición de la discriminación,
la seguridad jurídica, el debido proceso legal y la proporcionalidad.
2. Principios generales específicos del derecho de la UE: Los de cooperación
leal entre los Estados miembros, la solidaridad, la libertad de circulación
de mercancías, personas, servicios y capitales, la prohibición del
enriquecimiento injusto, y la buena fe.
TEMA 13. EL DERECHO DE LA UNIÓN EUROPEA Y
EL DERECHO NACIONAL.

1. Los principios inspiradores del modelo de relación y aplicación del


Derecho de la UE: Autonomía, primacía, efecto directo y
responsabilidad por incumplimiento del derecho de la UE.

1.1. La autonomía.
Uno de los problemas especialmente arduos que se plantea al estudiar las fuentes
del Derecho es el de las relaciones entre las distintas normas. Cada ordenamiento
jurídico está integrado por una serie de normas conectadas entre sí como los elementos
de cualquier sistema digno de tal nombre. Ahora bien, a la hora de estudiar las
relaciones entre las normas es posible adoptar una perspectiva individualizada, en la que
tengamos en cuenta cada norma y su conexión con las otras normas o, si estamos ante
un ordenamiento complejo, una óptica centrada en los conjuntos normativos que lo
integran y sus interacciones. En el primer caso, el funcionamiento ordenado de la
pluralidad de fuentes se logra mediante la aplicación de criterios que resuelven las
posibles antinomias o colisiones, y que son fundamentalmente
• El criterio de la jerarquía normativa: en virtud de la cual la norma de rango
superior prevalece sobre la de rango inferior;
• El criterio cronológico: en virtud del cual la norma posterior deroga la anterior; y
• El criterio de la especialidad: en virtud del cual la norma especial prevalece sobre
la norma general.
Cuando nos encontramos con un ordenamiento complejo, en el que conviven
varios conjuntos normativos, los criterios organizadores generalmente utilizados
para abordar y solventar las posibles contradicciones entre los mismos son los
criterios de competencia y de colaboración.
• El criterio de competencia: consiste en asignara a ciertas normas la regulación de
ciertas materias, o cambiando el orden de los términos, en acotar un ámbito material
que será regulado por determinada norma.
• El criterio de colaboración: estriba en armonizar la relación entre las distintas
potestades normativas, o entre éstas y las potestades de ejecución o gestión, para
conseguir su coherencia o compatibilidad.

¿Qué ocurre con el ordenamiento de la Unión Europea? Como sabemos, la


constitución de las primeras Comunidades en los años cincuenta implicó ya la creación
de un conjunto normativo, diferenciado del nacional de cada uno de los Estados que los
componían y del orden jurídico internacional, porque sus destinatarios eran y siguen
siendo tanto los poderes públicos como los ciudadanos de esos Estados. Como señaló
tempranamente el Tratado Jurídico de la Unión Europea: “el Tratado de la Comunidad
Económica Europea, en contraste con los tratados internacionales normales, ha creado
su propio sistema legal, que pasó a formar parte de los sistemas legales de los Estados
miembros, y que debía aplicarse por sus tribunales. Al crear una comunidad de duración
ilimitada, con sus instituciones, personalidad, capacidad legal y de representación en el
ámbito internacional y, más concretamente, con poderes derivados de la limitación de la
soberanía, o de una transferencia de poderes de los Estados a dicha Comunidad, los
Estados miembros han limitado sus derechos soberanos (…) y han creado un cuerpo de
Derecho que les obliga a ellos y a sus nacionales.” (Asunto 6/64 Flamingo Costa versus
ENEL, Sentencia de 15 de julio de 1964).

Así pues, la Unión Europea, sucesora de las primeras Comunidades, y dotada de


personalidad jurídica, contó desde el principio con sus propias instituciones, con sus
correspondientes poderes normativos y ejecutivos y jurisdiccionales. Y posee, por lo
tanto, un sistema jurídico autónomo que se integra en el sistema jurídico de cada Estado
miembro, “pero que no se confunde con el Derecho interno (no es Derecho español, o
belga, o francés, etc.), ni obedece en su formación ni en sus efectos a las normas del
procedimiento normativo interno”. Como dijo el Tribunal: “el Derecho derivado del
tratado, una fuente de Derecho independiente, no puede, debido a su naturaleza original,
ser derogado por disposiciones legales domésticas, aún elaboradas con ese propósito,
sin que se le prive de su carácter de Derecho comunitario, y sin que se ponga en tela de
juicio el fundamento legal de la misma Comunidad” (Asunto 6/64 citado
anteriormente).

Autonomía no quiere decir separación, ni tampoco superposición, porque para su


efectiva vigencia, el Derecho de la Unión Europea requiere ser integrado en los
respectivos ordenamientos nacionales a fin de realizar los objetivos previstos. De ahí
que, presidiendo las relaciones entre ambos ordenamientos, el Tratado de la Unión
Europea haya situado la idea de colaboración en los siguientes términos: “Conforme al
principio de cooperación leal, la Unión y los Estados miembros se respetarán y asistirán
mutuamente en el cumplimiento de las misiones derivadas de los Tratados. Los Estados
miembros adoptarán todas las medidas generales o particulares apropiadas para asegurar
el cumplimiento de las obligaciones derivadas de los Tratados, o resultantes de los actos
de las instituciones de la Unión. Los Estados miembros ayudarán a la Unión en el
cumplimiento de su misión y se abstendrán de toda medida que pueda poner en peligro
la consecución de los objetivos de la Unión” (Artículo 4.3).
La colaboración que preside esa autonomía no significa en todo caso y
circunstancia que no puedan producirse conflictos entre los dos ordenamientos – el de la
Unión y los nacionales-. Antes al contrario, lo lógico es que surjan contradicciones que
deben solucionarse del mejor modo posible. Con ese fin, se han elaborado unos
principios informadores de las relaciones entre los ordenamientos, que el Tribunal ha
ido sancionando en decisiones sucesivas adoptadas en diferentes litigios sometidos a su
conocimiento. Son, principalmente, los principios de primacía y eficacia directa,
“completados con los más recientes de seguridad jurídica y de responsabilidad de los
Estados frente a los ciudadanos por los daños derivados de las infracciones del Derecho
Comunitario de la Unión”.
1.2. La primacía del Derecho de la Unión Europea.

Al igual que otros principios, el principio de primacía no aparece reflejado


expresamente en los textos reguladores de la Unión, sino que es el fruto de las
decisiones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Lo cual no quiere decir que no
puedan traerse a colación algunos preceptos legales de los Tratados de la Unión
Europea y del Tratado Fundacional de la Unión Europea, en apoyo del reconocimiento
de aquel. Y ello sin contar que, entre las Declaraciones (son manifestaciones escritas
realizadas por todos o algunos de los Estados miembros, añadidas prácticamente a cada
Tratado modificador de alguno anterior, mediante las que expresan unilateralmente su
posición sobre un asunto en particular. No tienen la naturaleza ni el status de los
Tratados y sus efectos jurídicos no están detrminados) sobre las disposiciones de los
tratados, Anejas al Acta Final de la Conferencia Intergubernamental, que adoptó el
Tratado de Lisboa, se incluyó una Declaración relativa a la primacía que textualmente
dice: “La Conferencia recuerda que, con arreglo a una jurisprudencia reiterada del
Tribunal de Justicia de la Unión Europea, los Tratados y el Derecho adoptado por la
Unión sobre la base de los mismos priman sobre el Derecho de los Estados miembros,
en las condiciones establecidas por la citada jurisprudencia”. Junto a la Declaración se
añadió, además el Dictamen del Servicio Jurídico del Consejo de 22 de junio de 2007,
donde se afirmaba que la primacía del Derecho comunitario es un principio fundamental
que resulta de la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
El desarrollo pretoriano del principio se debió, en efecto, a que los tratados
constitutivos no previeron el supuesto de conflicto entre una norma de Derecho nacional
y una norma de Derecho de la Unión Europea ni, por ende, la necesidad de establecer
algún criterio para su resolución. Pero es obvio que la aplicación real y efectiva de una
norma de Derecho Europeo, por parte de sus destinatarios y de los órganos públicos
encargados de hacerla cumplir, puede tropezar con el obstáculo de otra de Derecho
interno que disponga lo contrario, en cuyo caso no se sabrá a ciencia cierta cuál de ellas
deberá prevalecer (denominamos pretoriano al elaborado por los Tribunales en
general, porque en la antigua Roma el Pretor era el magistrado encargado de administrar
justicia en el ámbito civil. También podríamos hablar del desarrollo “forense”,
perteneciente o relativo al foro, o lugar en el que los tribunales entienden y fallan los
litigios).
Para afrontar este problema, que se suscitó ya en 1964 en el caso Costa versus
ENEL, mediante la petición de una decisión prejudicial al Tribunal de Justicia por la
judicatura italiana, el Tribunal de Justicia estableció la primacía del ordenamiento
europeo, ya apuntada en el asunto 6/60 Humblet versus Bélgica, partiendo de la
existencia y el carácter, de la naturaleza y los fines, del sistema legal de la Unión
Europea: un ordenamiento jurídico propio integrado en el sistema jurídico de los
Estados miembros, que determina la imposibilidad de que los Estados hagan prevalecer,
contra ese ordenamiento jurídico creado por ellos aceptado sobre una base de
reciprocidad, una medida unilateral que puede oponerse a dicho ordenamiento, que
implicaría la pérdida de su carácter comunitario y la puesta en tela de juicio del
fundamento jurídico mismo de la Comunidad. Proceder de otra manera sería tanto como
violar el principio de Derecho “Pacta sunt servanda” y, por otra parte, actuar en contra
de los propios actos de autolimitación de los poderes soberanos de los Estados en virtud
de la atribución de competencias de la Unión. El Tribunal de Justicia de la Unión
Europea añadió, como argumento adicional, “la necesidad de no privar al derecho
comunitario o europeo de la uniformidad de su aplicación y de su eficacia directa en
todos los Estados miembros”.
En lo que hace a las consecuencias de la primacía, el Tribunal de Justicia de la
Unión Europea las precisó en el asunto 106/77 suscitado entre Amministrazione dalle
Finanze dello Stato y la SpA Simmenthal. En la Sentencia estableció: “en virtud del
principio de la primacía del Derecho comunitario, las disposiciones del Tratado y los
actos de las Instituciones directamente aplicables tienen por efecto, en las relaciones con
el Derecho interno de los Estados miembros, no solamente hacer inaplicable de pleno
derecho, por el hecho mismo de su entrada en vigor, toda disposición de la legislación
nacional existente que sea contraria a los mismos, sino también –en tanto que dichas
disposiciones y actos forman parte integrante con rango de prioridad, del ordenamiento
jurídico aplicable en el territorio de cada uno de los Estados miembros-, impedir la
formación válida de nuevos actos legislativos nacionales en la medida en que sean
incompatibles con las normas comunitarias”.
La sentencia reiteró una idea ya expuesta en el Asunto Costa versus ENEL; la de
que “reconocer eficacia jurídica a los actos legislativos nacionales que invaden el
ámbito en que se ejerce el poder de la Comunidad, o que de otro modo sean
incompatibles con las disposiciones del Derecho comunitario, equivaldría de hecho
anegar, por ello, el carácter efectivo de los compromisos, incondicional e
irrevocablemente asumidos por los Estados miembros en virtud del Tratado, y pondría
así en peligro los fundamentos de la Comunidad”.
Y concluyó afirmando que “los jueces nacionales encargados de aplicar, en el
marco de su competencia, las disposiciones del Derecho comunitario, están obligados a
garantizar la plena eficacia de dichas normas dejando, si procede, inaplicadas, por
iniciativa propia, cualesquiera disposiciones contrarias a la legislación nacional, aunque
sean posteriores, sin que éstas por vías legislativa o mediante otro procedimiento
constitucional”.
Las consideraciones procedentes se refieren, obviamente, a los derechos
nacionales ordinarios. Pero ¿qué sucede cuando las normas comunitarias resultan
contrarias al Derecho Constitucional de un Estado miembro? La respuesta es clara: la
posición mantenida por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea es la misma que en
el supuesto del Derecho ordinario: cualquiera que sea su naturaleza, o status, toda
disposición o norma que contradiga o se oponga al Derecho de la Unión Europea debe
considerarse inaplicable; el derecho nacional debe ceder ante la primacía de aquel
derecho; y es que, como ya se ha apuntado, si los Estados han transferido a la Unión los
poderes necesarios para cumplir los objetivos fijados en los tratados, carecería de
sentido que esos mismos Estados pudieran anular o suspender la eficacia del Derecho
europeo mediante ulteriores leyes u otras disposiciones de superior rango constitucional.
1.3. La eficacia directa.

Presupuesto de la primacía que hemos examinado es la eficacia directa de las


normas comunitarias. Antes, debemos abordar una cuestión que, no por ignorada por un
sector de la doctrina, carece de importancia. Estamos pensando en la distinción entre el
efecto directo y la aplicabilidad directa, conceptos ambos que a veces se confunden,
debido, en parte, a la escasa precisión con que el propio Tribunal de Justicia de la Unión
Europea y los Tribunales estatales lo han utilizado. Tanto es así que, a veces, el primero
se ha considerado como subordinado en alguna forma al segundo, o que los dos son uno
y el mismo espécimen legal. El primero en llamar la atención sobre la distinción
mencionada fue el profesor Winter en el artículo “Direct Applicability and Direct
Effect: Two Distinct and Different Concepts in Community Law”. En él, recordaba que
la utilización de nociones diversas implica la existencia de fenómenos diferentes, y que
puede resultar peligroso e injustificado emplearlas indiscriminadamente. De ahí que
cada vez se vaya admitiendo más que, en el marco del Derecho Comunitario, la
expresión “aplicabilidad directa” debería reservarse para el método de incorporación del
Derecho Comunitario al ordenamiento jurídico doméstico. Mientras que el problema del
cuándo una disposición comunitaria puede invocarse ante un juez de uno de los Estados
miembros, podría describirse mejor como una cuestión de “efecto directo”; porque con
la expresión “efecto directo” se alude a la capacidad de una norma para crear derechos
accionables por los individuos ante los tribunales nacionales.
La expresión “efecto directo”, en cambio, se emplea para referirse a la idoneidad
o capacidad abstracta de algunas disposiciones normativas que aun no siendo
directamente aplicables, pueden tener eficacia directa. Es decir, que pueden producir
efectos jurídicos inmediatos “en todos los Estados miembros a partir de su entrada en
vigor y durante la duración de su validez y en consecuencia, crear derechos y
obligaciones, pudiendo ser invocadas ante las autoridades públicas (administrativas y
judiciales), siempre que, como veremos a continuación, dichas disposiciones reúnan
ciertos requisitos: los de ser claras y precisas e incondicionales.
Con frecuencia, la doctrina apunta al asunto 26/62 (conocido como el caso Van
Gend en Loos), como aquel en el que sentó por primera vez el principio de la eficacia
directa. En él se ponía en tela de juicio la imposición por las autoridades holandesas de
una tarifa aduanera por ser presumiblemente contraria al artículo 12º del Tratado de la
Constitución de la Comunidad Económica Europea, que disponía que “los Estados
miembros se abstendrán de introducir entre ellos cualquier nuevo arancel sobre las
importaciones o las exportaciones, o de cualquier tasa que produzca un efecto
equivalente, y de incrementar los que ya aplican en el comercio entre los Estados, y que,
por lo tanto, los particulares no estaban legitimados para exigir a los poderes públicos el
cumplimiento de las obligaciones contraídas por la firma del Tratado.
El Tribunal de Justicia desestimó esa alegación, manifestando que el Tratado era
algo más que un acuerdo creador de obligaciones recíprocas entre los Estados
contratantes, y que afectaba también a los pueblos y a los ciudadanos de los Estados
miembros, que eran también sujetos del nuevo ordenamiento. Y, asimismo, que los
Estados habían reconocido al Derecho comunitario una eficacia susceptible de ser
invocada por sus nacionales ante los órganos jurisdiccionales propios.
Además, el Tribunal de Justicia señaló los requisitos para que la norma o el
precepto en cuestión produzcan efectos directos, es decir, para que genere derechos
individuales que los órganos jurisdiccionales deben proteger. Ciñéndose al precepto
invocado, el Tribunal, precisó que:
• El artículo 12 contiene una prohibición clara e incondicional, consistente en una
obligación de no hacer;
• que esta obligación no se acompaña de reserva alguna de los Estados que supedite
su efectividad a un acto positivo de Derecho interno;
• que esta prohibición es perfectamente idónea, por su propia naturaleza, para
producir efectos en las relaciones jurídicas entre los Estados miembros y sus
justiciables;
• y que la aplicación del artículo 12 no requiere intervención legislativa de los
Estados.
En lo que respecta al requisito de la incondicionalidad, el mismo Tribunal de
Justicia de la Unión Europea explicó en su Sentencia de 29 de mayo de 1997 que “una
disposición comunitaria es incondicional cuando enuncia una obligación que no está
sujeta a ningún requisito, ni está supeditada, en su ejecución o en sus efectos, a que se
adopte ningún acto de las Instituciones de la Comunidad o de los Estados miembros”.
Llegados a este punto, se nos plantean dos interrogantes:
• la primera interrogante es ¿cuáles son, dentro del conjunto representado por el
ordenamiento jurídico europeo o comunitario, las disposiciones normativas
comunitarias que poseen eficacia directa?
• La segunda interrogante es ¿cuáles son los sujetos que se rigen por esa eficacia
directa?
Hay que puntualizar que la aplicabilidad directa sólo es predicable del articulado
de los Tratados y de los Reglamentos. En cambio, el Tribunal de Justicia de la Unión
Europea ha reconocido efectos directos en una serie de resoluciones relacionadas tanto
con el contenido de los Tratados y de los Reglamentos y algunos artículos de Tratados
internacionales suscritos por la Unión Europea y un Estado o un número reducido de
Estados. Eso sí, con la condición indispensable de que, en todos los casos, las
disposiciones en cuestión satisfagan los requisitos mencionados arriba, es decir, que
sean claras y precisas en el establecimiento de una obligación concreta; e
incondicionadas en el sentido de que no requieran de medidas de ejecución ulteriores, ni
dependan de la discrecionalidad de los Estados miembros o Instituciones de la Unión.
En cuanto a quienes son los titulares de los derechos y obligaciones creados por el
Derecho Comunitario, o sea, los sujetos implicados en la relación jurídica, suelen
distinguirse dos planos:
a) El plano de las relaciones entre los poderes públicos (Estado y/o sector público) y
las personas individuales físicas y jurídicas, o relaciones verticales.
b) El plano de las relaciones entre particulares, o relaciones horizontales.
1.4. La responsabilidad del Estado por el incumplimiento del derecho de la UE.

Como hablamos de responsabilidad desde la óptica del Derecho, pensamos


lógicamente en la obligación o carga que recae sobre una persona física o entidad
jurídica, de reparación y satisfacción, como consecuencia de la violación de una norma.
Al igual que otros principios de Derecho comunitario, el que ahora analizamos
es el resultado de la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que ha
venido a colmar la laguna del ordenamiento que previó, en cambio, en el artículo 340
del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, la responsabilidad de la
Comunidad. En efecto, dicho artículo establece que “La responsabilidad contractual de
la Unión se regirá por la ley aplicable al contrato de que se trate.
En materia de responsabilidad extracontractual, la Unión deberá reparar los daños
causados por sus instituciones o sus agentes en el ejercicio de sus funciones, de
conformidad con los principios generales comunes a los Derechos de los Estados
miembros”.
Respecto de los Estados miembros de la Unión Europea, el principio de
responsabilidad significa el sometimiento de aquellos a la obligación de reparar los
daños causados a los particulares, como consecuencia de haber infringido el Derecho
Comunitario. Y la primera decisión del Tribunal de Justicia europeo se produjo con
motivo de los litigios planteados por Francovich contra la República Italiana y Bonifaci
contra la República Italiana.
El problema se suscitó porque el Estado Italiano no había transpuesto la
Directiva 80/987 sobre protección de los trabajadores asalariados por insolvencia del
empresario. Ante las reclamaciones presentadas en la justicia italiana por aquellos por
los perjuicios sufridos, las autoridades italianas plantearon al Tribunal de Justica de la
Unión Europea sendas cuestiones prejudiciales sobre el efecto directo de las
disposiciones de la Directiva sobre los derechos de los trabajadores y sobre la existencia
y el alcance de la responsabilidad del Estado, por los daños resultantes del
incumplimiento de las obligaciones que le incumben en virtud del Derecho
Comunitario.
Después de referirse a los derechos y obligaciones que genera el ordenamiento
comunitario y a la obligación de los jueces nacionales de garantizar la plena eficacia del
Derecho Comunitario, el Tribunal falló que si los ciudadanos particulares no tuvieran la
posibilidad de obtener una reparación cuando sus derechos sean lesionados por una
violación del Derecho comunitario imputable a un Estado miembro, la plena eficacia de
las normas comunitarias se vería cuestionada, y la protección de los derechos que
reconocen, debilitada. Además, según el Tribunal, la posibilidad de reparación a cargo
del Estado miembro, es particularmente indispensable cuando, como en estos asuntos, la
plena eficacia de las normas comunitarias está supeditada a la condición de una acción
por parte del Estado, y por consiguiente, los particulares no pueden, a falta de la misma,
invocar ante los órganos jurisdiccionales nacionales los derechos que les reconoce el
Derecho Comunitario.
Por todo ello, el Tribunal concluyó que el principio de responsabilidad del
Estado por daños causados a los particulares por violaciones del Derecho comunitario
que le son imputables es inherente al sistema del Tratado. A mayor abundamiento, la
obligación de los Estados miembros de reparar dichos daños se basa también en el
artículo 5 del Tratado (hoy artículo 4 del Tratado de la Unión Europea), en virtud del
cual los Estados deben adoptar las medidas apropiadas para asegurar el cumplimiento de
las obligaciones que les incumben virtud del Derecho Comunitario.
El planteamiento ante el Tribunal de Justica de la Unión Europea por el Tribunal
Supremo de Alemania (asunto Brasserie du Pecheur S.A. versus Alemania 46/93) y por
la High of Justice inglesa (asunto The Queen versus Secretary of State for Transport ex
parte Factortame Ltd. And OTHERS ACUMULADO 48/93), de dos cuestiones
prejudicales, sobre el principio de responsabilidad del Estado por los daños causados a
los particulares por violaciones del Derecho Comunitario que les sean imputables, dio
lugar a que el Tribunal de Justica de la Unión Europea formulara con carácter general
ese principio de responsabilidad “como corolario necesario del efecto directo
reconocido a las disposiciones comunitarias, cuya infracción haya dado lugar al daño
causado”, haciéndolo “válido para cualquier supuesto de violación del Derecho
Comunitario por parte de un Estado miembro, independientemente de cuál sea el órgano
del Estado miembro a cuya acción u omisión se deba el incumplimiento”. De manera
que “un Estado no puede invocar la distribución de competencias y responsabilidades
entre los órganos existentes en su ordenamiento legal nacional para deliberarse de su
responsabilidad a este respecto”.
En cuanto a los requisitos “necesarios y suficientes para generar a favor de los
particulares un derecho a obtener reparación”, el Tribunal los enumeró en los asuntos
antes referidos, “sin excluir que con arreglo al Derecho nacional, el Estado pueda
incurrir en responsabilidad en virtud de requisitos menos restrictivos”. Los requisitos
son los siguientes:
1. La norma jurídica infringida debe tener por objeto conferir derechos a los
particulares.
2. La violación de la norma debe estar “suficientemente caracterizada, o ser lo
suficientemente seria. ¿Qué significa esa expresión? Una violación está suficientemente
caracterizada siempre que un Estado miembro deje de observar de manera grave y
manifiesta los límites de su discrecionalidad; y en general, corresponde su
comprobación a los órganos jurisdiccionales nacionales, los cuales deberán tener en
consideración a esos efectos los siguientes factores:
• El grado de claridad y precisión de la norma vulnerada,
• La amplitud del margen de apreciación que la norma infringida deje a las
autoridades nacionales o comunitarias,
• El carácter intencionado o involuntario de la infracción cometida o del perjuicio
causado,
• El carácter excusable o inexcusable de un eventual error de Derecho y la
circunstancia de que las actitudes adoptadas por una institución hayan podido
contribuir a la omisión, adopción o mantenimiento de medidas o prácticas
nacionales contrarias al Derecho Comunitario”.
3. La existencia de una relación de causalidad entre el incumplimiento de la obligación
que incumbe al Estado y el daño sufrido por las personas afectadas, que se tendrá en
cuenta a efectos de fijar adecuadamente la cuantía de la reparación. Y a este respecto
hay que recordar que “los criterios fijados por las legislaciones nacionales en materia de
indemnización por los daños no pueden ser menos favorables que los que se refieran a
reclamaciones semejantes de naturaleza interna, y que no podrán articularse de manera
que hagan prácticamente imposible o excesivamente difícil la reparación”.

2. La recepción y aplicación del Derecho de la UE en España.

La Constitución Española de 1978 previó en el artículo 93 la entrada de España


en la Comunidad Europea que se estaba formando, y dispuso que “mediante ley
orgánica se podrá autorizar la celebración de tratados por los que se atribuya a una
organización o institución internacional el ejercicio de competencias derivadas de la
Constitución”. España se incorporó a la Comunidad en 1986 y, en años posteriores, se
ratificaron varios instrumentos legales incluyendo el Tratado de Lisboa, que está en
vigor desde el 1 de diciembre del año 2009. A lo largo de ese proceso, desde la
primitiva adhesión hasta la fecha actual, se han ido aprobando las correspondientes
leyes orgánicas, que han supuesto la atribución a la Unión del ejercicio de una serie de
competencias específicas, cuya titularidad corresponde, sin embargo, al pueblo español.
Dichas leyes orgánicas, por otra parte, no han sido más que los instrumentos
mediante los que España ha prestado su consentimiento a los Tratados, los cuales, una
vez ratificados, se han publicado en el BOE de acuerdo con el artículo 96.1 de la
Constitución, y han pasado a formar parte del Derecho aplicable en España desde la
fecha pactada por los Estados para la entrada en vigor, con las características a las que
ya nos hemos referido: autonomía, eficacia directa, primacía y aplicación uniforme. En
lo que se refiere al Derecho derivado, su recepción no requiere de la publicación en el
BOE (nada dice al respecto el artículo 96.1 citado), porque se da la circunstancia de que
la competencia consistente en la publicación de ese derecho derivado corresponde a la
Unión.
En efecto, el artículo 297 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea
dispone que “los actos legislativos se publicarán en el Diario Oficial de la Unión
Europea. Entrarán en vigor en la fecha que ellos mismos fijen o, a falta de ella, a los
veinte días de su publicación”. Y que “los reglamentos, las directivas que tengan por
destinatarios a todos los Estados miembros, así como las decisiones que no indiquen
destinatario, se publicarán en el Diario Oficial de la Unión Europea. Entrarán en vigor
en la fecha que ellos mismos fijen o, a los veinte días de su publicación. Las demás
directivas, así como las decisiones que indiquen un destinatario, se notificarán a sus
destinatarios y surtirán efecto en virtud de dicha notificación”. Con esta forma de
hacerlas públicas, todas esas disposiciones de derecho derivado satisfacen el requisito
de la publicidad de las normas y, por ende, el de la seguridad jurídica: con lo cual,
resulta obvio que no tienen que publicarse en el BOE.
Una vez recibido el Derecho Comunitario en el Derecho interno, la aplicación
del sistema jurídico de la Unión Europea, al margen de las competencias ejecutivas de
las Instituciones de la Unión, necesita de la actividad complementaria de los Estados
miembros que, al adherirse a aquella, contraen la obligación de dar efectividad al
ordenamiento comunitario. Recordemos al respecto el antiguo artículo 10 del Tratado
constitutivo de la Comunidad Económica Europea, reformulado por el actual artículo 4
del Tratado de la Unión Europea: “los Estados miembros adoptarán todas las medidas
necesarias para asegurar el cumplimiento de las obligaciones derivadas de los Tratados
o de las Instituciones de la Unión”; obligación complementada con la de “abstenerse de
cualquier medida que pueda poner en peligro la consecución de los objetivos de la
Unión”.
Por lo tanto, entre esas medidas, podríamos distinguir entre lo que serían:
• en primer lugar, desarrollo de las normas comunitarias que no sean self executing;
• en segundo lugar, la ejecución por la administración central o administraciones de
las Comunidades Autónomas de las normas comunitarias;
• en tercer lugar, el control de ese cumplimiento por los tribunales nacionales, que
cuentan con la ayuda del dispositivo de la “cuestión prejudicial” y
• finalmente, la obligación de derogar el Derecho nacional incompatible con el
Derecho comunitario.
La aplicación en España del Derecho Comunitario está prevista en la
Constitución, en el segundo párrafo del artículo 93, que dice: “Corresponde a las Cortes
Generales o al Gobierno, según los casos, la garantía del cumplimiento de estos tratados
y de las resoluciones emanadas de los organismos internacionales o supranacionales de
la cesión”.
La doctrina española en general ha criticado ese precepto curiosamente por lo
que omite: “es incompleto, no arroja luz sobre esa obligación y no despeja las opciones
posibles. No contiene una referencia a la aplicación del Derecho de la Unión por las
Comunidades Autónomas”. “Es una regulación incompleta porque la aplicación es
referida exclusivamente a la garantía del cumplimiento de los Tratados y del Derecho
derivado y porque esa garantía se hace descansar exclusivamente en las Cortes
Generales o el Gobierno”.
Esa opinión, respetable aunque solo fuere por la autoridad de quienes la
expresan, ignora, a nuestro juicio que, para empezar, la Constitución data de 1978, fecha
en la que no se podía exigirse a los constituyentes ni el conocimiento ni la imaginación
necesarios para prever el alcance y detalle de la integración española en la Europa de la
Comunidad Económica Europea, ni la configuración territorial que adoptaría el Estado
español (ese mapa autonómico que aún continúa diseñándose). Por otro lado, cualquier
texto normativo de la índole de una Constitución no debe por su carácter general entrar
en el detalle que corresponde a las leyes ordinarias. Asimismo, las referencias a las
Cortes Generales y al Gobierno son lógicas, porque son los órganos que tienen
encomendadas las funciones legislativa y de “indirizzo político” del Estado, y, habida
cuenta de que quien suscribe y ratifica los tratados internacionales es el Estado, deben
entenderse realizadas por éste. En fin, el silencio sobre el Estado central y las
Comunidades Autónomas no conlleva mayor indeterminación que la resultante de la
existencia o inexistencia de criterios territoriales de reparto de competencias entre el
Estado y las Comunidades Autónomas.
Y es que ha de entenderse que “la aplicación o ejecución del Derecho
Comunitario europeo ha de realizarse sin perjuicio de la distribución territorial de
competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas, en virtud de las reglas
internas de delimitación competencial” (Sentencias del Tribunal Constitucional 252/88
y 28/91).
En conclusión, la ejecución del Derecho de la Unión Europea corresponde a
quien ostente materialmente la competencia de acuerdo con las normas de derecho
interno o doméstico. Dicho esto, hay que dejar constancia de que “desde la perspectiva
de la exigencia por la Unión Europea del cumplimiento por los Estados miembros de las
obligaciones derivadas de los Tratados, no se produce un desplazamiento o reparto de
las responsabilidades entre el Estado y las Comunidades Autónomas, sino que sigue
siendo el Estado el único responsable del cumplimiento de dichas obligaciones”, para
cuya garantía “los únicos instrumentos útiles” de que el Estado puede servirse “serían
los artículos 150.3 y 155 de la Constitución o la vía de la impugnación de las
disposiciones autonómicas ante el Tribunal Constitucional”.

3. El control de constitucionalidad del Derecho de la UE en España.

Como es de sobra sabido entre los constitucionalistas, cuando se habla de


control, de la constitucionalidad de una norma sin mayor precisión se piensa en el
denominado control posterior o represivo, siguiendo el modelo originariamente
impuesto en los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, en ocasiones, como ha
observado la doctrina, una declaración de inconstitucionalidad a posteriori puede
resultar particularmente problemática, como cuando se trata de una norma pactada por
el Estado en el ámbito internacional una vez que dicha norma se ha integrado en el
ordenamiento interno.
Por otro lado, hay que preguntarse si cabe enjuiciar desde la Constitución
Española un tratado internacional adoptado de acuerdo con un sistema normativo
autónomo (el propio del Derecho Internacional), cuya validez se fundamenta al margen
de aquella. Porque cuando hablamos de la Constitución como fundamento de las normas
estamos pensando en la suficiencia de la misma para servir de sustento a todo el
ordenamiento.
En el caso de las normas internacionales, más bien parece que la Constitución
solo puede servir como fundamento de la validez de su incorporación al ordenamiento
interno y no de la validez de las normas como tales. Existen razones para que se haya
pensado en la conveniencia de una serie de controles de la constitucionalidad previos o
a priori.
Los constituyentes españoles adoptaron esa idea del control previo de
constitucionalidad de los tratados y la plasmaron en el artículo 95 del texto
constitucional, que dice: “1. La celebración de un Tratado internacional que contenga
estipulaciones contrarias a la Constitución exigirá la previa revisión constitucional. 2. El
Gobierno o cualquiera de las Cámaras puede requerir al Tribunal Constitucional para
que declare si existe o no esa contradicción”. Y así, en aplicación de esa previsión, el
Gobierno efectuó en 1992 un requerimiento al Tribunal Constitucional para que
manifestase si existía o no contradicción entre el artículo 13.2 de la Constitución
Española y el artículo 8 B, apartado 1, del Tratado constitutivo de la Comunidad
Económica Europea, en la redacción que resultaría en el Tratado de la Unión Europea
hecho en Maastricht en febrero de 1992. El Tribunal Constitucional emitió la pertinente
Declaración el 1 de julio de 1992, en la que reconocía la existencia de la contradicción y
el procedimiento de reforma constitucional que habría de seguirse para obtener la
adecuación de la norma convencional a la Constitución.
Sin entrar a opinar sobre lo acertado de la declaración final, debemos dejar
constancia de la extrañeza que nos produce algunas de las afirmaciones de pasada de la
misma. Por ejemplo, cuando se dice que: “mediante la vía del artículo 95.2, la
Constitución atribuye al Tribunal Constitucional la doble tarea de preservar la
Constitución y de garantizar, al tiempo, la seguridad y la estabilidad de los
compromisos a contraer por España en el orden internacional”. Además, se añade: “de
este modo, la Constitución ve garantizada su supremacía”. E inmediatamente asegura
que “aunque aquella supremacía quede en todo caso asegurada por la posibilidad de
impugnar o cuestionar la constitucionalidad”.
¿Hay que entender que el Tribunal Constitucional sostiene que el Derecho de la
Unión, o sea, los tratados y el derecho derivado, está subordinado a la Constitución
Española? ¿Hay que interpretar, asimismo, que para el Tribunal Constitucional primacía
y supremacía son vocablos equivalentes o intercambiables en el contexto jurídico-
político en el que se hace la diferenciación? Si la respuesta a ambas preguntas resulta
ser afirmativa, creemos que existe, en primer lugar, un error de percepción de las
relaciones entre los ordenamientos constitucional español y comunitario que los sitúa
conectados mediante un vínculo de subordinación, presidido por el principio de
competencia, que excluye la relación jerárquica. Y, en segundo lugar, aparte de la
similitud fonética, los conceptos de primacía y supremacía no son equivalentes, como el
propio Tribunal Constitucional acabó reconociendo, unos años después, en la
Declaración 1/2004, de 13 de diciembre.
Hay que recurrir a esta última Declaración, emitida por el Tribunal
Constitucional a requerimiento del Gobierno español, para que se pronunciara sobre las
posibles contradicciones entre el Tratado que establecía una Constitución para Europa y
la Constitución Española de 1978. En ella despejaba los interrogantes planteados más
arriba. Luego de comenzar reiterando la condición de una norma suprema de la
Constitución del ordenamiento español, el Tribunal Constitucional subrayaba que esa
característica no contradecía la primacía del Derecho de la Unión prevista en el artículo
1.6 del Tratado.
La explicación es muy simple: “supremacía y primacía se desenvuelven en
órdenes diferenciados”: la supremacía, “en el de los procedimientos de normación. La
supremacía se sustenta en el carácter jerárquico superior de una norma y es fuente de
validez de las que le están infraordenadas”. Añadía que “toda supremacía implica
primacía, salvo que la misma norma suprema haya previsto, en algún ámbito, su propio
desplazamiento o implicación. La supremacía de la Constitución es compatible con
regímenes de aplicación que otorguen preferencia aplicativa a normas de otro
Ordenamiento diferente del nacional siempre que la propia Constitución lo haya
dispuesto, que es lo que ocurre con el artículo 93.
En suma, la Constitución ha aceptado, ella misma, en virtud de su artículo 93, la
primacía del Derecho de la Unión en el ámbito que a ese Derecho le es propio”. Y es
que “la primacía se desenvuelve en el orden de la aplicación de las normas válidas y no
se sustenta necesariamente en la jerarquía, sino en la distinción entre ámbitos de
aplicación de diferentes normas, en principio válidas, de las cuales, sin embargo, unas
de ellas tienen la capacidad de desplazar a otras en virtud de su aplicación preferente o
prevalente debida a razones diferentes de la jerarquía”. “Por lo demás, nuestra
jurisprudencia ha venido reconociendo pacíficamente la primacía del Derecho
Comunitario europeo sobre el Derecho Interno en el ámbito de las competencias
derivadas de la Constitución, en cuyo ejercicio España ha atribuido a las instituciones
comunitarias con fundamento en el artículo 93 de la Constitución. En concreto, nos
hemos referido expresamente a la primacía del Derecho Comunitario como técnica o
principio normativo destinado a asegurar su efectividad”.
TEMA 14. LA GARANTIA JURISDICCIONAL DEL DERECHO DE
LA UNIÓN EUROPEA.

1. INTRODUCCION
El Tribunal de Justicia de la U.E., ejerce un conjunto de competencias a través de las
cuales desempeña su función jurisdiccional. El art 19.3 del TUE establece que el
Tribunal se pronunciará de conformidad con los Tratados: a) sobre los recursos
interpuestos por un Estado miembro, por una institución o por personas físicas o
jurídicas;

b)con carácter prejudicial, a petición de los órganos jurisdiccionales nacionales, sobre la


interpretación del DUE o sobre la validez de los actos adoptados por las instituciones;

c)en los demás casos previstos por los Tratados.

Siendo este su marco competencial, el Tribunal se constituye en garante de la


interpretación y aplicación del Derecho de la Unión, así como en el principal valedor
del control de la actividad desarrollada en el seno de la Unión.

2. SISTEMA DE CONTROL DE LEGALIDAD.


2.1. Recurso de anulación.

a) OBJETO.

El recurso de anulación aparece regulado en los arts 263 y 264 del TFUE. A través de
este el Tribunal de Justicia de la U.E “controlará la legalidad de los actos legislativos,
de los actos del Consejo, de la Comisión y del Banco Central Europeo que no sean
recomendaciones o dictámenes, y de los actos del Parlamento Europeo y del Consejo
Europeo destinados a producir efectos jurídicos frente a terceros. Controlará también, la
legalidad de los actos de los órganos y organismos de la Unión destinados a producir
efectos jurídicos frente a terceros”.

Hemos de señalar que para poder interponer este recurso el acto impugnado debe
producir efectos vinculantes frente a terceros.

Conforme a la jurisprudencia del TJUE, para fundamentar la interposición del recurso


de anulación el acto impugnado ha de generar efectos jurídicos obligatorios para sus
destinatarios, ha de ser definitivo ( es decir, debe expresar la posición final de la
institución que lo ha emitido), y ha de generar efectos jurídicos más allá del ámbito
propio de los procedimientos internos de la institución que lo adopta.
b) LEGITIMACIÓN.

Están legitimados para interponer el recurso de anulación los Estados miembros, el


Parlamento Europeo, el Consejo o la Comisión.

Tienen legitimación, solo a efectos de salvaguardar sus prerrogativas, el Tribunal de


Cuentas, el Banco Central Europeo, y el Comité de las Regiones.

También está legitimada toda persona física o jurídica respecto de los actos que sea
destinataria o que, sin serlo, la afecten directa e individualmente; y respecto de los actos
reglamentarios que la afecten directamente y que no incluyan medidas de ejecución. En
este grupo de legitimados para interponer el recurso se incluyen tanto personas de
Derecho privado, como de Derecho Público.

c) PLAZO.

El recurso debe interponerse en el plazo de 2 meses, a partir, según los casos, de la


publicación del acto, de su notificación al recurrente o, a falta de ello, desde el día en
que éste haya tenido conocimiento del mismo.

d) MOTIVACIÓN.

Conforme a lo establecido en el art 263 del TFUE los motivos en los que se puede
fundar el recurso de anulación son los siguientes:

-Incompetencia del órgano que dictó el acto.

-Vicios sustanciales de forma

-Violación de los Tratados o de cualquier norma jurídica relativa a su ejecución.

-Desviación de poder.

El tercer motivo señalado abre la posibilidad de fundar este recurso en cualquier


infracción del Derecho Europeo, tanto desde el punto de vista formal como material.

e) EFECTOS DE LA SENTENCIA.

Si la sentencia es estimatoria, el Tribunal declarará nulo y sin valor ni efecto alguno el


acto impugnado; sin embargo si el Tribunal lo considera necesario podrá indicar
aquellos efectos del acto declarado nulo que deban ser considerados como definitivos.

Es decir, la consecuencia fundamental es la de despojar al acto recurrido de todo efecto


jurídico. La nulidad declarada por la Sentencia del TJUE es absoluta, lo que significa
considerar que el acto anulado nunca ha existido; por ello es desde el momento en que
se adoptó el acto, y por tanto son retroactivos. Además, la Sentencia de nulidad tiene
valor de cosa juzgada con eficacia erga omnes, de manera que la institución, órgano u
organismo del que emane el acto anulado está obligado a adoptar las medidas necesarias
para la ejecución de la Sentencia.

Por otra parte, si la sentencia es desestimatoria, nada impide volver a plantear la


ilegalidad de la disposición normativa sobre la base de nuevos argumentos en el marco
de una impugnación indirecta (excepción de ilegalidad o cuestión prejudicial de
validez).

2.2. El recurso por omisión.

a) OBJETO.

La finalidad del recurso por omisión es conseguir que las instituciones de la U.E actúen
cuando así están obligadas por los Tratados y no lo hubieran hecho.

Ahora bien, para la interposición de este recurso es imprescindible que previamente se


haya requerido en vía administrativa el cumplimiento de sus obligaciones a las
instituciones u órganos correspondientes. Si transcurridos 2 meses a partir de dicho
requerimiento no se produce actuación alguna por el órgano requerido se podrá
interponer el recurso por omisión. Por el contrario, si el órgano requerido define su
posición, bien adoptando (total o parcialmente) el acto omitido, bien adoptando un acto
distinto del pretendido pero relacionado con el requerimiento, impedirá al recurrente
acudir al Tribunal.

Debido al carácter objetivo de la responsabilidad de las instituciones, éstas no podrán


ampararse en la dificultad de la obligación cuyo cumplimiento se le reclama para
justificar su inactividad.

b) LEGITIMACIÓN.

Están legitimados para interponer el recurso por omisión los Estados miembros, las
instituciones de la Unión no requeridas por la inactividad, y las personas físicas y
jurídicas.

Los Estados miembros y las instituciones de la Unión no tienen que acreditar ningún
interés especial para interponer el recurso por omisión, ni su legitimación está
condicionada a que actúen en el ámbito de sus competencias. Sin embargo, en el caso de
las personas físicas y jurídicas se les exige que sean destinatarios del acto cuya adopción
reclaman, que deberá ser en todo caso un acto distinto a una recomendación o a un
dictamen; si bien, el Tribunal de Justicia de la UE admite la legitimación de los
particulares en los supuestos en que el acto omitido aunque debería ser dirigido a un
tercero les afecta de forma directa e individual.

c) PLAZO.

Si transcurridos 2 meses desde que se realiza el requerimiento advo previo a la


institución u órgano, éste no hubiera definido su posición, se podrá interponer el recurso
por omisión en un nuevo plazo de 2 meses.

d) MOTIVACION.

El recurso por omisión podrá fundarse en la infracción del Derecho europeo por la
inactividad del órgano requerido cuando este esté obligado a actuar en virtud de la
normativa europea. Ahora bien, si la adopción del acto exigido es facultativa o
discrecional, sólo se infringirá el Derecho si al no adoptar elacto solicitado se incurre en
desviación de poder o arbitrariedad.

e) EFECTOS DE LA SENTENCIA.

La Sentencia que emita el Tribunal es meramente declarativa, esto es, debe limitarse a
constatar si ha existido o no inactividad de las instituciones de la Unión en violación de
los Tratados pero en modo alguno puede conllevar la adopción del acto por el propio
Tribunal. En este sentido, la ejecución de la Sentencia le corresponde a la institución,
órgano u organismo cuya abstención haya sido declarada, los cuales estarán obligados a
adoptar las medidas necesarias al efecto.

Si la institución que dee adoptar el acto procediera a actuar, es decir, lo adopta una vez
que se haya presentado el recurso y antes de que el TJUE dicte sentencia, el Tribunal
considera desaparecido el objeto del proceso dado el carácter declarativo de la
Sentencia.

2.3. La excepción de ilegalidad.

a) OBJETO.

La excepción de ilegalidad es un control indirecto, ya que se trata de un procedimiento


incidental que permite controlar la legalidad de un acto de alcance general en el marco
de un litigio principal en el que se impugna una medida en aplicación de dicho acto. El
art 277 del TFUE, establece que “… cualquiera de las partes de un litigio en el que se
cuestione un acto de alcance general adoptado por una institución, órgano u organismo
de la Unión podrá recurrir al Tribunal de Justicia de la Unión Europea alegando la
inaplicabilidad de dicho acto” por los mismos motivos previstos para la interposición
del recurso de anulación.

Entre el asunto del litigio principal y el acto de carácter general contra el que la
excepción se promueve debe existir una estrecha relación. Es necesario que la cuestión
principal objeto del litigio sea resultado de la aplicación de la disposición general cuya
legalidad se cuestiona, de tal manera que deba ser considerada como su fundamento
jurídico.

La excepción de ilegalidad puede interponerse frente a cualquier acto europeo de


carácter general cuya ejecución requiera de actos de aplicación singular.

b) LEGITIMACION.

Tanto los particulares, los Estados miembros, como las instituciones de la Unión están
legitimados para plantear este incidente de ilegalidad; si bien, con carácter general, será
planteado principalmente por las personas físicas o jurídicas, quienes a través de esta
excepción ven reducidos los requisitos exigidos por el art 263 para poder plantear el
recurso de anulación.

c) PLAZO.

La excepción de ilegalidad debe plantearse en el transcurso de un litigio principal por lo


que no existe plazo concreto para su interposición; tampoco se establecen limitaciones
para que deba plantearse en una fase del litigio de que se trate.

d) MOTIVACION.

La excepción de ilegalidad puede fundarse en los sig. Motivos:

-Incompetencia del órgano que dictó el acto.

-Vicios sustanciales de forma

-Violación de los Tratados o de cualquier norma jurídica relativa a su ejecución

-Desviación de poder.
e) EFECTOS DE LA SENTENCIA.

La apreciación de la excepción de ilegalidad por el TJUE queda limitada, en cuanto a


sus efectos, a declarar la inaplicación al caso concreto de un acto de alcance general,
pero no a determinar la nulidad del mismo. Por lo que únicamente conlleva el efecto de
cosa juzgada entre las partes litigantes respecto del acto impugnado. No obstante, en la
práctica, la institución, órgano u organismo que haya adoptado el acto que se declare
ilegal por el TJUE está obligado a seguir lo manifestado por éste en su Sentencia y,
llegado el caso, proceder a derogarlo.

2.4. El recurso por incumplimiento.

a) OBJETO.

El recurso por incumplimiento se interpondrá por la Comisión o por un Estado miembro


frente a otro Estado miembro que haya incumplido alguna de las obligaciones que le
corresponden en virtud de los Tratados. El incumplimiento abarca cualquier infracción
del Ordenamiento Jurídico europeo (tanto Tratados, como derecho derivado).

El incumplimiento puede consistir en un hacer o en un no hacer, es decir, tanto en una


acción positiva como en una omisión o inacción del Estado. Por otra parte, el
incumplimiento debe ser directa o indirectamente imputable a los poderes públicos del
Estado cuestionado, ya sean de carácter nacional, autonómico, provincial, local, o de
otro orden.

b) LEGITIMACION.

arts 258 y 259 TFUE están legitimados para interponerlo tanto la Comisión como
cualquiera de los Estados miembros; ahora bien, con carácter general, este recurso suele
ser interpuesto por la Comisión dado que los Estados lo evitan por el alto coste político
y diplomático que supone este procedimiento.

c) FASE PRECONTENCIOSA O ADMINISTRATIVA PREVIA.

Antes de acudir al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, es necesario que se haya


desarrollado un procedimiento administrativo previo sobre el Estado incumplidor. Esta
fase previa presenta diferencias en función de quien inicie la reclamación.

• Si la Comisión considera que un Estado miembro ha incumplido alguna


obligación impuesta por el Derecho europeo, emitirá un dictamen motivado al
respecto, tras haber ofrecido a dicho Estado la posibilidad de presentar sus
observaciones. Si el Estado no se atuviese a ese dictamen en el plazo fijado por
la Comisión, ésta podrá recurrir por incumplimiento ante el Tribunal de Justicia
de la Unión Europea (art 258 TFUE)
• En el caso de que sea un Estado miembro el que inicie la reclamación, antes de
acudir al Tribunal, deberá someter el asunto a la Comisión, quien emitirá un
dictamen motivado una vez que los Estados implicados hayan formulado sus
observaciones tanto de manera oral como por escrito en un procedimiento
contradictorio. Si el Estado requerido cumple lo establecido en el dictamen
finaliza el procedimiento, de lo contrario el otro Estado implicado podrá acudir
al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. También se podrá acudir a dicho
Tribunal si la Comisión no emite su dictamen en el plazo de 3 meses desde la
fecha de la solicitud.

Puede suceder que el Estado cumpla pero con posterioridad al plazo marcado por la
Comisión en su dictamen, pero una vez iniciada la fase jurisdiccional. En este supuesto
el recurso no se paralizará porque su resolución puede tener interés, especialmente para
los particulares, a efectos de establecer la responsabilidad en la que pudiera incurrir el
Estado miembro por su incumplimiento.

d) EFECTOS DE LA SENTENCIA.

Las sentencias en este tipo de recursos tienen carácter declarativo y no establecerán las
medidas concretas que debe adoptar el Estado para subsanar su infracción.

Sin embargo, a pesar de este carácter meramente declarativo, si la Sentencia es


estimatoria (declara la existencia del incumplimiento de las obligaciones por parte de un
Estado), el Estado estará obligado a tomar las medidas necesarias para la ejecución de la
Sentencia, lo que incluye la obligación de eliminar las consecuencias pasadas y futuras
del incumplimiento declarado, así como la e reparar los daños causados por éste.

Además la sentencia tiene efecto de cosa juzgada lo que conlleva que, por una parte, se
imponga a todas las autoridades nacionales competentes la prohibición de aplicar una
prescripción nacional declarada incompatible con el Ordenamiento Jurídico Europeo; y
por otra, que pueda ser invocada por los particulares ante los Tribunales internos en
orden a la inaplicación de esa prescripción nacional.

2.5. El recurso por responsabilidad extracontractual de las instituciones.

a) OBJETO.

Art 340 TFUE “ en materia de responsabilidad extracontractual, la Unión deberá reparar


los daños causados por sus instituciones o sus agentes en el ejercicio de sus funciones,
de conformidad con los principios generales comunes a los Derechos de los Estados
miembros”, siendo competente para conocer de estos litigios el TJUE
Se trata de un procedimiento autónomo que busca la compensación del daño causado
por un acto o comportamiento imputable a una institución, este carácter autónomo del
recurso implica que puede interponerse sin necesidad de haber solicitado previamente la
anulación del acto comunitario causante del daño.

b) LEGITIMACION.

Tienen legitimación para promoverlo las personas físicas y las personas jurídicas (ya
sean de Derecho público o privado), así como los Estados miembros que hayan sufrido
un daño.

Respecto a la legitimación pasiva, el Tribunal ha concretado en su Jurisprudencia que la


demanda debe interponerse contra la institución concreta cuya actuación ha generado el
daño.

c) PLAZO.

El art 46 del Estatuto del TJUE establece que las acciones contra la UE en materia de
responsabilidad extracontractutal prescribirá a los 5 años de haberse producido el hecho
que las motivó. Debe tenerse en cuenta, que es posible que se produzca la interrupción
de la prescripción (bien por la presentación de una demanda ante el Tribunal de Justicia,
o porque se produzca una reclamación previa que el perjudicado puede presentar a la
institución competente de la UE); y por otro lado, que el plazo de 5 años comienza a
correr cuando concurren todos los requisitos a los que está supeditada la obligación de
reparación y, en particular, cuando se concrete el perjuicio que debe indemnizarse.

d) REQUISITOS .

Para poder exigir responsab extracontractual a la UE es necesario que se den los 3


requisitos siguientes:

• La ilegalidad del acto o comportamiento de la institución de sus agentes. Si se


trata de una actuación no normativa, la ilegalidad de la misma es suficiente para
considerar que concurre este requisito. Pero si se trata de un acto de carácter
normativo es necesario que el mismo suponga una violación suficientemente
caracterizada de una norma jurídica superior que tenga por objeto conferir
derechos a los particulares (ya sean Tratados o los Principios Generales del
Dcho)
• La realidad del perjuicio. El daño o perjuicio cuya reparación se solicita debe ser
real y cierto; algo que corresponde probar a la parte demandante.
• La existencia de una relación de causalidad. Existe una relación de causalidad
cuando hay una relación suficientemente directa de causa/efecto entre el
comportamiento imputado a la institución y el perjuicio alegado, nexo que
incumbe probar al demandante.

e) EFECTOS DE LA SENTENCIA.

La sentencia que pone fin a este recurso tiene efectos solo entre las partes.

En el caso de que la Sentencia sea estimatoria, el Tribunal de Justicia de la UE declarará


la existencia de un derecho de reparación a favor del demandante; pero es práctica del
TJUE no fijar la cantidad constitutiva a la reparación, sino dejar al acuerdo de las partes
la determinación del montante. Si las partes no logran un acuerdo sobre la cantidad, el
Tribunal considera que se podrá interponer un nuevo recurso.

Aunque la sentencia sea estimatoria no supone la eliminación del Ordenamiento


Jurídico del acto que se ha considerado ilegal.

2.6. La cuestión prejudicial.

a) OBJETO

A través de esta se persigue la interpretación uniforme de los Tratados y de los actos de


las instituciones de la Unión (cuestión prejudicial interpretativa), así como de la
depuración de los actos de las instituciones, órganos u organismos que sean contrarios a
los Tratados (cuestión prejudicial de validez).

El art 267 del TFUE atribuye al Tribunal de Justicia de la UE esta función de intérprete
supremo del Ordenamiento Jurídico comunitario, de manera que sus resoluciones
permiten a los Jueces o Tribunales nacionales interpretar y aplicar el Derecho europeo
de manera uniforme en todos y cada uno de los Estados miembros.

b) LEGITIMACION

La cuestión prejudicial puede ser planteada de oficio por el Juez nacional cuando en el
seno de un litigio concreto tenga una duda razonable sobre la interpretación del Derecho
europeo o sobre la validez de un acto comunitario, siendo necesario que para la
resolución del caso sea de aplicación la norma o acto cuestionado.

Además, en caso de que las partes de un litigio nacional, cuya resolución no sea
susceptible de ulterior recurso judicial en el Derecho interno, plantean una cuestión
prejudicial, el Juez o Tribunal nacional está obligado a interponer la cuestión prejudicial
ante el Tribunal de Justicia, siempre y cuando exista una duda razonable.
c) PLAZO

La cuestión prejudicial debe interponerse por el órgano jurisdiccional nacional cuando


considere que la norma considere que la norma sobre la que tiene dudas de
interpretación o validez es la que debe aplicar para resolver el litigio.

No existe por tanto un plazo determinado para la interposición de la cuestión, si bien,


será antes de dictar sentencia, y a ser posible tras haberse producido un debate
contradictorio entre las partes

d) REQUISITOS

Para que el órgano jurisdiccional nacional plantee la cuestión prejudicial deben darse los
sig requisitos:

• Que el Juez o Tribunal nacional esté conociendo de un litigio concreto.


• Que para la resolución de dicho litigio deba aplicarse la norma europea
cuestionada.
• Que el Juez o Tribunal nacional tenga una duda razonable respecto a la
interpretación o validez de la norma.

e) EFECTOS DE LA SENTENCIA

La sentencia que lo resuelve produce efectos erga omnes de manera que vincula a todos
los órganos jurisdiccionales de los Estados miembros.

La sentencia del TJUE declarará, en su caso, la ineficacia o inaplicación del acto


cuestionado en relación al litigio nacional concreto que dio origen al planteamiento de
la cuestión prejudicial, perola norma seguirá formando parte del Ordenamiento Jurídico
Europeo. Es decir, el Tribunal Europeo no anula el acto sino que declara su
inaplicabilidad al caso concreto; si bien todas las jurisdicciones nacionales quedan
obligadas a inaplicar el acto europeo declarado inválido.

2.7. La competencia consultiva.

Según el art 218.11 del TFUE cuando se esté negociando la celebración de un acuerdo
entre la Unión y terceros países u organizaciones internacionales, un Estado miembro, el
Parlamento Europeo, el Consejo o la Comisión podrán solicitar el dictamen del Tribunal
de Justicia sobre la compatibilidad de dicho acuerdo con los Tratados. En caso de
dictamen negativo del Tribunal de Justicia, el acuerdo previsto no podrá entrar en vigor
salvo modificación de éste o revisión de los Tratados.
A través de esta competencia el máximo garante de la legalidad europea controla la
conformidad de los acuerdos internacionales con el Derecho originario, la solicitud del
dictamen del TJUE debe efectuarse antes de la firma del acuerdo internacional

El dictamen que emita el Tribunal es vinculante, y si declara la incompatibilidad del


acuerdo con los Tratados caben 3 posibilidades: a) que el acuerdo no se celebre b)que el
acuerdo se celebre una vez que se hayan eliminado del mismo las incompatibilidades
establecidas por el Tribunal; c) Que se reforme el Derecho originario de la UE

3. EL RECURSO DE CASACIÓN
a) OBJETO.

A través del recurso de casación el TJUE asegura la unidad en la interpretación del


Derecho comunitario.

Son recurribles en casación las resoluciones del Tribunal General que se pongan fin al
proceso, las que resuelvan parcialmente la cuestión de fondo o pongan fin a un incidente
procesal relativo a una excepción de incompetencia o de inadmisibilidad, las
concernientes a medidas provisionales, suspensión de ejecución de un acto o suspensión
de la ejecución forzosa y las que desestimen una demanda de intervención.

b) LEGITIMACION.

El recurso podrá interponerse por cualquiera de las partes cuyas pretensiones hayan sido
total o parcialmente desestimadas. Sin embargo, los coadyuvantes que no sean Estados
miembros o instituciones de la UE sólo podrán interponer el recurso cuando la
resolución del Tribunal General les afecte directamente. Salvo en los litigios entre la
Unión y sus agentes, el recurso de casación podrá interponerse también por los Estados
miembros y las instituciones de la Unión que no hayan intervenido en el litigio ante el
Tribunal General.

Ahora bien, en caso de resoluciones concernientes a medidas provisionales, suspensión


de ejecución de un acto o suspensión de la ejecución forzosa y las que desestimen una
demanda de intervención, están legitimados para interponer el recurso de casación las
partes en el procedimiento. Y contra la decisión del Tribunal General que desestime una
demanda de intervención, estará legitimada la persona cuya demanda ha sido
desestimada.
c) PLAZO.

El recurso de casación se interpondrá en el plazo de 2 meses a partir de la notificación


de la resolución impugnada, salvo cuando se trate de la desestimación de una demanda
de intervención que el plazo será de 2 semanas a partir de la notificación de la
resolución desestimatoria

d) REQUISITOS.

Este recurso se limita a cuestiones de Derecho, deberá fundarse en motivos derivados de


la incompetencia del Tribunal General, de irregularidades del procedimiento ante el
mismo que lesionen los intereses de la parte recurrente, así como de la violación del
Dcho de la Unión por parte del Tribunal General. Por tanto, las cuestiones de hecho no
pueden debatirse ante el Tribunal de Justicia.

Además se exige que los motivos invocados en casación deben haber sido planteados en
el proceso general.

e) EFECTOS DE LA SENTENCIA.

Cuando se estime el recurso, el TJUE anulará la resolución del Tribunal General. En tal
caso, el Tribunal JUE podrá bien resolver él mismo definitivamente el litigio, cuando su
estado así lo permita, o bien devolver el asunto al Tribunal General para que este último
resuelva. En este último caso el Tribunal General estará vinculado por las cuestiones de
derecho dirimidas por la resolución del Tribunal de Justicia.

Cuando se estime un recurso de casación interpuesto por un Estado miembro o una


institución de la UE que no haya intervenido en el litigio ante el Tribunal General, el
Tribunal de Justicia, si lo estima necesario, podrá indicar cuáles son los efectos de la
resolución del Tribunal General anulada que deben considerarse como definitivos
respecto de las partes en el litigio.