Sie sind auf Seite 1von 20

Galileo y la Ortodoxia

Matemáticas, Física e Ideología - Daniel Frechoso González


UNED
Máster en Filosofía Teórica y Práctica / Historia de la Ciencia y Lógica

Abstract

Aquí presento a Galileo como un buen científico, un teólogo optimista y


políticamente ingenuo. Esta posición, se aleja de cierta ortodoxia que le observa
como un científico inferior (ej. Graney, 2009), causa de (ej.) su defensa del
heliocentrismo, a partir de inferencias carentes (ej. ausencia de teoría óptica y
desconocimiento de los efectos del paralaje). Aquí Galileo se presenta como un
científico sólido. Esto es por que a menos que requiramos de la ciencia una
epistemología inerte en lo práctico, e interesante en lo teórico o filosófico, dichas
afirmaciones no tienen sentido. Galileo, como veremos más adelante, tiene suficiente
evidencia para justificar sus afirmaciones; el tipo de certezas requeridas por (ej.)
Belarmino en su momento, serían impensable hoy respecto a Darwin y su evolución,
Einstein y su relatividad, o a cualquier habitante del XIX respecto de la rotación
de la tierra. Además este texto retrata un Galileo que más allá de entusiasmado
copernicano, es un hombre engranado en el sistema y del sistema. Un personaje
que ante la evidencia científica, lucha por un nuevo sentido común que ahorre a las
instituciones un siniestro total. Es también un teólogo optimista y reformista,
que pretende, de una vez por todas, separar la Ciencia de la Filosofía y de la Teología.

El texto abre con una revisión del momento histórico y las ideas aristotéli-
cas adheridas a este. Continua con un comentario sobre el ímpetu del nuevo método,
para más tarde a analizar algunos ejemplos (Luna y otros astros, manchas solares y
mareas), que disputan mi punto de vista. El texto cierra reafirmando la lectura de
Galileo como un buen científico, un teólogo optimista y un político ingenuo.

1
Contents
1 Contexto Histórico 3
1.1 La visión aristotélica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
1.2 Revolución y el carácter de Galileo en la misma . . . . . . . . . . . . . . 4
1.2.1 El ascenso de la investigación cuantitativa . . . . . . . . . . . . . 5

2 Problemas con Filósofos, Teólogos y la Inquisición 7


2.1 El telescopio, la Luna, otros astros y sus satélites . . . . . . . . . . . . . 7
2.1.1 Venus y Júpiter . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
2.1.2 Manchas solares, Saturno y sus Satélites . . . . . . . . . . . . . . 9

3 Algunas conclusiones: un político ingenuo, teólogo optimista y buen


científico 13
3.1 Un buen científico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
3.2 Un teologo optimista, un político aparentemente ingenuo. . . . . . . . . . 15

4 Bibliografía y Referencias 19

2
1 Contexto Histórico

La influencia aristotélica a partir del final de la Edad Media, en particular tras la “Suma
Teológica” de Aquino, es inestimable. Su importancia se expresa tanto en el ámbito
intelectual como popular: su título, “El Filósofo” (nótese la capitalización del nombre) o
“Maestro de aquellos que saben1 ”, siendo aquellos pensadores tales como (ej.) Aquino
o Galileo,2 denota su influencia. En lo institucional, religioso o político, dicha importancia
se expresa a través de las disputas abiertas por contravenir la verdad recibida aristotélica;
este texto es ejemplo de tal afirmación.

1.1 La visión aristotélica

Aristóteles explica en su (ej.) Metafísica (trad. 1998/2004, V.2) cómo los fundamentos
para entender el universo y sus objetos pasa por preguntarse: “por qué es como es”,
“cuales son sus causas”, y “por qué”cambia“. Para esto desarrolla previamente una física
en la que se define un universo construido a partir de cuatro elementos clásicos (agua,
fuego, aire y tierra), y cuatro cualidades opuestas (calor, frío, humedad y la ausencia
de la anterior). Estos cuatro elementos tienden a moverse, a cambiar, hacia sus estados
y lugares”naturales“, entendiéndose así las tendencias como”levedad" o “gravedad”. La
observación racional de la naturaleza, a partir de las premisas anteriores, hace posible
derivar reglas lógicas que determinan las causas del cambio y movimiento en el universo,
así como el entendimiento de la esencia como definición universal del objeto y el accidente
como propiedad circunstancial. El programa de la filosofía natural aristotélica se centra
en la observación de la naturaleza a través de una metodología similar a la aquí delineada
(Craig, 1998).
1
Innumerables obras lo describen de tal forma, difícil sería determinar una fuente particular. La
definición es popular hoy, quizás, más por Dante y su Infierno que cualquier otro trabajo “erudito”. He
traducido libremente del inglés la frase en cuestión, tal como aparece en el texto editado por Petrocchi y
traducido por Hollander en el Proyecto de Dante en Princeton (Princeton, inf.4.131)
2
Imposible sería también enumerar las indicaciones de admiración por filósofos medievales y renacentis-
tas hacia Aristóteles. Sirvan de ejemplo las afirmaciones de Galileo -donde ciertamente se lee entre líneas
su desconcierto por la lectura medieval y ortodoxa de aristóteles, aún mantenida por sus contrincantes- en
su correspondencia con Liceti en 1640: “hasta ahora, por lo tanto, soy peripatético” [traducido libremente
de Drake (1978/1982)].

3
En lo que se refiere a la Física y Cosmología, Aristóteles las describe principalmente en sus
textos Física, Sobre el Cielo y en Generación y Corrupción. Se atiende aquí también a un
quinto elemento, una substancia “celeste” no sujeta a cambio, en movimiento uniforme
y perfectamente circular. Su cosmología, extendida por Ptolomeo, consiste en un universo
concéntrico de esferas perfectas girando de igual forma alrededor de una Tierra estática.

Finalmente, en cuanto al concepto de “conocimiento,” es importante mencionar que


Aristóteles (2014, VI-1139) distingue technê de epistêmê. Technê se ha de entender
como conocimiento práctico, sin mayor relevancia metafísica o epistemológica. Mientras
que epistêmê se entiende como conocimiento científico, teniendo en cuenta que la fuente
epistemológica de la epistêmê ha de ser el entendimiento racional del objeto de estudio a
partir de sus -cuatro- causas. La technê no juega una parte relevante en la ciencia para
Aristóteles, mientras que como veremos si lo hará para la nueva ciencia.

1.2 Revolución y el carácter de Galileo en la misma

Copérnico abrirá la veda aristotélica poniendo a la Tierra y resto de astros en movimiento


alrededor del Sol, junto con su texto en el catálogo de libros prohibidos. A continuación
un extracto del documento de Shea & Artigas (2004, p. 84-85) respecto al decreto de la
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del 5 de Marzo, 1616:

It has also come to the knowledge of the said Congregation that the Pythagorean
doctrine of the motion of the Earth and the immobility of the Sun, which
is false and altogether opposed to Holy Scripture is also taught by Nicolaus
Copernicus in his De Revolutionibus Orbium Coelestium, and Diego
de Zuñiga in his Commentary on Job, and is now being spread abroad and
accepted by many. [. . . ] Therefore, in order that this opinion may not insinuate
itself any further to the prejudice of Catholic truth, it has been decided that the
said Nicolaus Copernicus’ De Revolutionibus Orbium, and Diego de Zuñiga,
On Job, be suspended until corrected.

4
Podríamos definir la fecha del decreto del 5 de marzo3 sino como pistoletazo de salida
de la revolución científica (quizás mejor delimitada por el libro de Copérnico 70 años
antes), de la revolución ideológica que acompaña al nuevo método: los libros de Bacon
(Novum Organum, 1620), Galileo (Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, 1632)
y Descartes (Principia philosophiae, 1644), enfatizarán respectivamente, el experimento
y una nueva lógica, el cuestionamiento del sistema Ptolomaico/aristotélico y un nuevo
libro de texto para reemplazar los de corte aristotélico en las universidades.

El desarrollo histórico intelectual, por orden de aparición y no necesariamente importancia,


se ha movido desde explicaciones místico-religiosas, o estéticas, hacia las científicas; no
sin antes hacer una parada y puesta apunto por las filosóficas. Por lo tanto no es de
extrañar, que históricamente la religión u otras especulaciones de tipo estético hayan
tenido el privilegio jerárquico (por orden categórico) de informar a la filosofía y esta última
a la ciencia. Observado lo anterior, no se debe olvidar la carga teológica de la filosofía
durante la edad media, y su efecto -a través de una particular lectura de Aristóteles-, en
las disputas durante el origen europeo de la ciencia moderna. Si bien Galileo es una figura
central en la denominada “revolución científica”, al menos durante lo que comúnmente se
denomina la fase de recuperación y revisión del conocimiento clásico -cristalizada con la
síntesis de Newton- (Cohen, 1965), aquí me fijo precisamente en su rechazo de la filosofía
como guía de orden categórico para la ciencia. Se observará el impacto histórico de Galileo
en la batalla por la independencia especulativa de la nueva ciencia, más que como artífice
de la cristalización de un método determinado o de la defensa del sistema copernicano.

1.2.1 El ascenso de la investigación cuantitativa

Galileo, así como la nueva ciencia, madurarán hacia un espacio intelectual donde se abraza
un tipo de conocimiento fragmentario, frente al postulado por la filosofía natural de época,
en busca de universales que expliquen el “por qué” o el “cómo” en términos causales. Este
no es un rechazo gratuito, es simplemente pragmático al reconocer la utilidad a través de
la abstracción (y por lo tanto universalización) de dichos fragmentos. Galileo no ofrece
3
De escoger la discusión renacentista sobre el modelo cosmológico como eje de la batalla ideológica
por una nueva teología y método para la ciencia (i.e batalla ideológica), pienso que el grueso del debate
ocurre durante la ventana histórica aquí mencionada. Mi razonamiento atiende a que en menos de una
“generación” aparecen (al menos) tres pensadores marcadamente diferentes y de tal talla, en tres países
distintos, están de acuerdo y expresan a través de sus textos que la Filosofía Natural aristoteliana, al
menos en su versión escolástica, no es beneficiosa para la nueva ciencia.

5
explicaciones causales, ej. por qué los cuerpos caen y cómo aceleran, sino experimentos
que contradicen dichas explicaciones “-causales-* atendiendo a un cómo cuantitativo y
relacional -ej. velocidades-, además de”local" -ej. aceleraciones para proyectiles en el
ámbito terrestre-. más que un por qué* universal: Galileo no reniega del interés de la
explicación causal y el universal aristotélica, simplemente carece del optimismo filosófico
-ante el estado de la ciencia- respecto a la posibilidad de adquirir dicho conocimiento:

“The present does not seem to me to be an opportune time to enter into the
investigation of the cause of the acceleration of natural motions, concerning
which various philosophers have produced various opinions [. . . ] Such fantasies,
and others like them, would have to be examined and resolved, with little gain”.

(Galilei, 1638/1974, pags. 158–9)

There is not a single effect in Nature, not even the least that exists, such
that the most ingenious theorists can ever arrive at a complete understanding
of it. This vain presumption of understanding everything can have no other
basis than never understanding anything. For anyone who had experienced just
once the perfect understanding of one single thing, and had truly tasted how
knowledge is attained, would recognise that of the infinity of other truths he
understands nothing.

(Galilei, 1632/1967, pag. 101)

A continuación se discutirá cómo la perspectiva tradicional que observa los problemas de


Galileo con la Inquisición, los teólogos y filósofos, vinculados a su terquedad o su perfectible
profesionalismo científico, puede desplazarse a través de una interpretación que sitúa a
un Galileo comprometido ante la evidencia abrumadora de sus investigaciones. Siendo su
pretensión la de ahorrar a las instituciones de las que hace parte un choque inevitable,
un siniestro total, con la realidad natural que les rodea. La política, en la mayoría de
las ocasiones no trata de describir o definir la realidad, la verdad o la bondad, más bien
ofrecer un relato partidario de la misma. Quizás el problema principal para Galileo, y
su pretensión revolucionaria, es el de no conseguir construir un relato lo suficientemente
atractivo para el partido regente.

6
2 Problemas con Filósofos, Teólogos y la Inquisición

2.1 El telescopio, la Luna, otros astros y sus satélites

Durante 1609 Galileo exhibe su telescopio, entre otros a Cosimo. A finales del mismo
año construye un instrumento mucho más potente con el que observa la Luna en gran
detalle, sus cráteres y montañas, algo que contradice la visión ortodoxa de cuerpos celestes
perfectamente esféricos. A comienzos de 1610, descubre cuatro satélites orbitando Júpiter,
observación también contradictoria a la tradicional que describe todo cuerpo celeste
girando alrededor de la Tierra. Nuevas estrellas y constelaciones son cartografiadas, así
como la realización de que la Vía Láctea se constituye por infinidad de estrellas (Drake,
1978, pags. 134-53). En marzo del mismo año publica sus descubrimientos con su libro
“Siderous Nuncius” (El mensajero/mensaje sideral) y se le nombra matemático y filósofo
principal de la corte toscana. La respuesta es violenta, muchos astrónomos afirman que
lo observado se encuentra en “el telescopio” -no el cielo-, los cuerpos celestes no pueden
ser imperfectos. Se apunta también a lo incompleto, en términos explicativos, de las
conclusiones expresadas por Galileo. Kepler confirma las observaciones (Drake, 1978, pag.
159) y las da como reales. Poco después los Jesuitas tras su acercamiento al telescopio,
comienzan a enseñar las tesis copernicanas en la misión china (Ferngren, 2000, pag. 385).
En Europa aceptan la visión galileana, con excepción de la observación de cuerpos celestes
imperfectos (ej. la Luna). Tras la orden de 1616 (Fergen, 2000, pag. 385), en 1620, los
Jesuitas abandonan las tesis de Galileo retornando al modelo Tychoniano.

Dejando de lado el juicio de 1616, en 1610 las ideas de Galileo pareciera ganan fuerza,
incluso entre sus críticos. Galileo escribe al secretario de Cosimo -Belisario Vinta-:

The whole university turned out, and I so convinced and satisfied everyone
that in the end those very leaders who at first were my sharpest critics and
the most stubborn opponents of the things I had written, seeing their case to
be desperate and in fact lost, stated publicly that they are not only persuaded
but are ready to defend and support my teachings against any philosopher who
dares to attack them.

(Galilei, 1957, pag. 60)

7
Los argumentos tras el ataque al telescopio como instrumento científico válido alumbran,
por un lado, el espíritu de la época en lo que se refiere a la ciencia natural. Por otro dan
munición a aquellos que ven a Galileo como un científico carente, dado que no ofrece una
explicación previa y teórica del funcionamiento de la “óptica”, para justificar el uso de la
herramienta. La pregunta que debemos hacer es, primero, si el hecho de tener un “teoría
de la óptica” nos permite verdaderamente justificar el uso del instrumento de la forma
requerida por la ortodoxia: al fin y al cabo quedaría por demostrar, una vez solventando
lo anterior, si su carácter ilusorio se disuelve en términos estrictamente epistemológicos
(obsérvese a filósofos posteriores como Berkeley o Hume cuestionando la inducción y la
percepción, si bien en términos rigurosamente teóricos/epistemológicos y no utilitarios,
de forma similar a la ortodoxia renacentista). En segundo lugar cabe cuestionar si tras
solucionar la disputa anterior queda espacio para la ciencia experimental, o el avance
de la misma. Más bien parece que no, a día de hoy aún nos encontramos enredados
en discusiones relacionadas con el sentido y la referencia, la connotación, el realismo
directo, representacionalismo, codificación de la realidad, internalismo, externalismo,
etc. La discusión dispuesta contra Galileo es de orden filosófico, estrictamente teórica,
ciertamente interesante, pero de poco valor para la ciencia práctica. Al fin y al cabo Galileo
tiene en sus manos suficiente evidencia como para obviar ciertos aspectos teóricos de su
investigación (ej. una explicación completa del funcionamiento de la óptica). Para Galileo
la afirmación de la existencia de “formas perfectas -ideales-” amarrada por la perfección de
“una quinta esencia”, le parece peor justificación que lo que sus ojos observaban a través
de un instrumento cuya única función es “acercar” objetos. Galileo comenta al respecto:

These doctors of philosophy never concede the moon to be less polished than
a mirror; they want it to be more so, if that can be imagined, for they deem
that only perfect shapes can suit perfect bodies. Hence the sphericity of the
heavenly globes must be absolute. Otherwise, if they were to concede me any
inequality, even the slightest, I would grasp without scruple for some other,
a little greater, for since perfection consists in indivisibles, a hair spoils it as
much as a mountain.

(Galilei, 1957, pag. 80)

8
Ante lo que se le responde por un defensor de la ortodoxia:

Being ingenerable, incorruptible, inalterable, invariant, eternal, etc., implies


that celestial bodies are absolutely perfect; and being absolutely perfect entails
their having all kinds of perfection. Therefore their shape is also perfect; that
is to say, spherical – and absolutely and perfectly spherical, not approximately
and irregularly.

(Galilei, 1957, pag. 84)

Galileo no usa métodos diferentes a los del “topógrafo” de la época. Demuestra con
técnicas similares cómo ante una Luna perfectamente “lisa”, no tendría el aspecto que
tiene, veríamos un disco perfectamente brillante. Con técnicas igualmente simples, como
la cuadratura de la sombra sobre “montañas lunares,” llega a estimar de forma relati-
vamente precisa sus alturas (Machamer, 1996/2006, pags. 247-249). Dichas evidencias,
fundamentadas en la observación y cálculos simples, no hacen más que reforzar su posición.

2.1.1 Venus y Júpiter

Tras observar Venus, y sus aparentes fases, teniendo en cuenta su brillo aparente en
relación con a cercanía o lejanía de la Tierra, la explicación lógica es que gire alrededor
del Sol. Si bien lo anterior no instala automáticamente el sistema copernicano, Tycho
sitúa también a Venus en la órbita solar, ciertamente aleja su mirada aún más del sistema
Ptolomaico y la enfoca en las posibles incongruencias del de Tycho.

2.1.2 Manchas solares, Saturno y sus Satélites

A manos de Galileo llega un libro con la correspondencia impresa entre el jesuita Christpher
Scheiner (bajo el pseudónimo de “Apelles”) y Mark Welser de Asburgo discutiendo
las manchas solares. Tras la revisión del mismo, un viejo pupilo de Galileo (Abad
benedictino, Benedetto Castelli), se encarga de hacer observaciones/mediciones diarias de
las mencionadas manchas solares. Tras analizar los datos, Galileo confirma que dichas
manchas “estan” en la superficie solar. Además el Sol rota sobre su eje una vez al mes
(Machamer, 1996, pag. 262).

9
En su libro Scheiner propone que dichas manchas son en realidad pequeños planetas
girando alrededor de la Tierra -o el Sol-, generándose así la sombra observable (Machamer,
1996, pag. 224). Galileo defiende su propia posición afirmando que las observaciones
del fenómeno deben ser interpretadas en los mismos términos materiales que cualquier
otra observación en la Tierra. Lo anterior, inherentemente, no es más que la negación
de la existencia de “esencias” diferentes en la Tierra y en los “Cielos”. Quizás negando
a su vez esa “quinta esencia” a la que Aristóteles -y Scheiner- apelan, para explicar las
“formas” y “movimientos” perfectos de los astros. Mínimamente Galileo demanda una
ciencia natural que se preocupe de los “eventos” y las propiedades de las cosas, no tanto
de “esencias universales” y causas finales aparentemente inalcanzables. Esto se puede
interpretar como un “manifiesto” político para el nuevo método científico, y significa un
divorcio metodológico con la Filosofía:

But in my opinion we need not entirely give up contemplating things just


because they are very remote from us, unless we have indeed determined that it
is best to defer every act of reflection in favor of other occupations. For in our
speculating we either seek to penetrate the true and internal essence of natural
substances, or content ourselves with a knowledge of some of their properties.
The former I hold to be as impossible an undertaking with regard to the closest
elemental substances as with more remote celestial things. [. . . ]

[. . . ] In the same way I know no more about the true essences of earth or fire
than about those of the moon or the sun, for that knowledge is witheld from us,
and is not to be understood until we reach the state of blessedness.

[Tercera Carta sobre las manchas solares a Mark Welser]

(Galilei, 1957, pags. 123-4)

Si en la entrada anterior observamos un distanciamiento de la Filosofía como guía


metodológica para la nueva ciencia, a continuación observamos cómo el modelo dis-
puesto por Galileo para la predicción de eclipses satelitales en Saturno (Júpiter también),
le acerca aún más al sistema copernicano.

10
Now I do not deny the existence of circular movements about the earth or
other centers, or even circular motions completely separated from the earth and
outside its orbit. The approaches and retreats of Mars, Jupiter, and Saturn
assure me of the former, while Venus, Mercury, and the four Medicean planets
I am make me certain of the latter. Hence quite sure that there exist circular
motions which describe eccentric and epicyclic circles. [. . . ]

[. . . ] It grieves me to see Apelles enumerate the companions of Jupiter in


this company, referring (I think) to the four Medicean planets. These show
themselves constant, like any other star, and they are always light except when
they run into the shadow of Jupiter, at which times they are eclipsed just as is
the moon in the earth’s shadow. They have their orderly periods, which differ
among the four, and which have been already exactly determined by me.

[Primera Carta sobre las manchas solares a Mark Welser]

(Galilei, 1957, pags. 97, 101)

Mientras que para otros astrónomos o filósofos de la época, las observaciones anteriores
pueden encajarse -matemáticamente- en el sistema Tychoniano, de mover el “observador”
al “Sol” los eclipses de los satélites de Saturno ganan sentido desde el punto de vista
copernicano. Galileo, reconoce lo anterior en su tercera carta sobre las manchas solares:

But in the past few days I returned to it and found it to be solitary, without
its customary supporting stars, [. . . ] Has Saturn devoured his children? Or
was it indeed an illusion and a fraud with which the lenses of my telescope
deceived me [. . . ] I need not say anything definite [. . . ] for once I shall risk
a little temerity; may this be pardoned by Your Excellency [. . . ] I mean not
to register anything here as a prediction, but only as a probable conclusion. I
say, then, that I believe that after the winter solstice of 1614 they may once
more be observed. And perhaps this planet also, no less than horned Venus,
harmonizes admirably with the great Copernican system [. . . ]

[Tercera Carta sobre las manchas solares a Mark Welser]

(Galilei, 1957, pags. 97, 143-4)

11
Una queja común es tildar a Galileo de “mal científico” por su predicciones apresuradas.
En particular Graney (2009), hace mención de los errores de cálculo derivados de la
difracción producida por la lente del telescopio, algo ignorado por Galileo. Respecto a
lo anterior Graney afirma que la conclusión lógica tras observar de manera rigurosa los
datos en posesión de Galileo, es mantenerse en el modelo de Tycho. Marius/Mayr, apunta
Graney, no comete el mismo error al recapacitar sobre el efecto que tendría situar las
estrellas tan cerca como requiere las observaciones de Galileo (con factor de error situado
en los “miles”). De estar tan cerca, no se podrían acomodar al sistema copernicano. A fin
de cuentas, la imagen del telescopio, para Graney, ciertamente engaña a Galileo. Por otro
lado, la afirmación anterior, dada la evidencia acumulada por Galileo y presentada hasta
el momento en este texto, equivaldría a negar la posibilidad de defender la rotación de la
tierra hasta la mitad del siglo XIX. Si bien ningún científico en su sano juicio niega la
rotación de la tierra durante dicho periodo, se carece al mismo tiempo de la evidencia
necesaria para justificar tal afirmación (ej. el péndulo de Foucault). Igualmente se puede
afirmar que Galileo posee suficiente evidencia -a pesar de lo defectuoso de la misma-
para creer posible, con cierto grado de certidumbre, que la Tierra gira alrededor del Sol.
Su afirmación no deja de ser científica por incompleta, al contrario, la carga justificativa
que arrastra -a pesar de ser parcialmente errónea- es lo que la convierte precisamente
en científica. Al final del día, ese es exactamente el beneficio del nuevo método: sus
afirmaciones son contrastables a través del experimento y análisis, reparables, desechables
o capaces de ser afinadas de ser necesario. La ciencia, al tiempo que no requiere de la
discusión metafísica para desarrollar su práctica, tampoco aspira a cubrir el espectro
completo de justificación en sus afirmaciones. A modo de ejemplo es revelador recapacitar
sobre lo que Richard Feynman responde durante una entrevista con la BBC (1981), en
cuanto a la “certidumbre” científica, y contrastarlo con el espíritu del pensador escolástico
respecto a dicho tema.

[. . . ] People say to me: Are you looking for the ultimate laws of Physics?
No I am not, I am just looking to find out more about the world, and if it
ends up [. . . ] so be it. [. . . ] and regarding the question: how do you find
what it is true?: [. . . ] I have approximate answers and possible beliefs
and different degrees of certainty, but I am not absolutely sure of
anything [. . . ]

12
3 Algunas conclusiones: un político ingenuo, teólogo
optimista y buen científico

De las diversas formas para interpretar Galileo, tres son las que se han mantenido en el
tiempo. Por un lado tenemos a Duhem, que define la posibilidad de ver a Galileo como
continuación natural de al Filosofía escolástica aristotélica medieval (Ariew, 2018). Para
lo anterior se debe observar un Galileo que deriva sus afirmaciones, no del nuevo método
experimental, pero de proposiciones escolásticas. El rechazo de los peripatéticos, por un
lado, junto al aparente -y recientemente reconocido- uso de herramientas experimentales,
hacen difícil mantener la tesis continuista. Por otro lado Koyré (1943) defiende la idea de un
Galielo -platónico- centrado en la demostración matemática, a semejanza de Arquímedes,
que enfatiza la expresión de un mundo matemático superior al dibujado por la percepción.
Para Koyré, Galileo no llevo a cabo experimentos materiales, sino experimentos mentales
totalmente imaginarios. Como mencionamos anteriormente, hoy sabemos que Galileo si
lleva a cabo experimentos en el sentido natural y moderno.

Lo que si podemos afirmar es que Galileo no tiene una esperanza platónica respecto al
conocimiento, mientras que el sentido común medieval y aritotélico que se extiende hasta
Galileo si.

But such profound contemplations belong to doctrines much higher than ours,
and we must be content to remain the less worthy artificers who discover and
extract from quarries that marble in which industrious sculptors later cause
marvelous figures appear that were lying hidden under those rough and formless
exteriors.

[Discorsi e dimostrazioni matematiche]

Galilei (1974, p.182) [Opere VIII-226]

Una cuarta posibilidad es la de reconocer a Galileo como portador de un nuevo sentido


común, guiado por la evidencia científica y no necesariamente en contra de la Iglesia.
Al fin y al cabo, como hemos visto, propone la no intromisión de la religión en temas
estrictamente naturales o filosóficos. Entenderlo como un hombre de régimen que no desea
ver a su iglesia confrontada por decisiones torpes respecto a la ciencia, o forzando a las

13
sociedades sobre las que tiene influencia en desventaja tecnológica respecto a otras por
causa del dogma, puede ser revelador. Galileo puede entenderse como un proponente de un
nueva metodología científica, más que de un sistema planetario -copernicano- particular.
Toda nueva narrativa, todo nuevo sentido común, es inherentemente una posición política
-por que se enfrenta al anterior sentido común-. Esto explicaría por qué, a pesar de
entender a Galileo como un hombre de régimen, más que un ferviente copernicano, pueda
ser observado como peligroso para la ortodoxia. Ortodoxia que por momentos entra en
desacuerdo con Galileo incluso cuando está de acuerdo con Aristóteles.

3.1 Un buen científico

Decir que Galileo se apresura a defender un sistema astronómico particular, es una


incongruencia. Primeramente se debe reconocer que Galileo, en su primavera científica,
trata de contestar a Copérnico, incapaz, comienza a aceptarlo entrado en sus 30 y no es
hasta los cuarenta que comienza a discutirlo. Galileo no publica literatura abiertamente
favorable a Copérnico, hasta entrado en los 50. Lo anterior no es más que testimonio de
su parsimonia como científico.

Se podría afirmar que Galileo no tiene evidencia definitiva para mantener sus afirmaciones,
y estrictamente la crítica es innegable, pero al tiempo debemos recordar que tal situación
es idéntica para toda ciencia. La Teoría de la Evolución es un buen ejemplo de lo anterior,
donde la evidencia es tremendamente amplia y la certeza es estadísticamente elevada,
pero no total. Pocos biólogos en su sano juicio la cuestionan. La ciencia moderna, sin
importar cuál sea el marco epistemológico en el que la colguemos, apela a la verificación
del experimento y su tesis (verificacionismo), a su derrota (falsacionismo), o a la coherencia
con el resto del corpus científico. En cualquier caso a pesar de la posición epistemológica
respecto a la ciencia, siempre se reconoce su carácter de constante construcción, afinación,
e incomplenitud. Galileo es ciertamente portador de este sentido común/espíritu, en tanto
en cuanto sus universales se derivan de la observación parcial, particular y sus leyes se
aplican a marcos de referencia ciertamente restringidos [ej. su explicación de movimiento
rectilíneo uniforme, en el Discurso (p. 197, Op.VII-243), se aplica a cuerpos moviéndose
en distancias cortas, cerca de la superficie terrestre. Galileo se niega a convertir esta
descripción en un principio universal -esto lo haría Newton-]. Nunca son universales
en el sentido platónico o aristotélico, esto último es lo que lo define inherentemente

14
como “moderno” y lo confronta con el sentido común de la ortodoxia -como veremos más
adelante-.

Lo que si se encuentra en posesión de Galileo es la fortísima evidencia que acompañan a


sus hipótesis -copernicanas- las cuales nunca afirma como “evidencia incontestable”. Ante
las observaciones de las fases de Venus, los eclipses satelitales, las velocidades planetarias
en relación al Sol, la existencia de mareas, junto al hecho que dichas observaciones sitúan
a estos eventos celestiales a la par en términos explicativos con la física aplicable en la
“Tierra”4 , dirigen inevitablemente a defender la convicción Galileana. No importa que
Galileo, en sus mediciones de distancias estelares, o sus hipótesis respecto a las mareas
esté perfectamente equivocado. En su momento sus observaciones, experimentos, junto a
su modelado matemático apuntan indiscutiblemente a la defensa del sistema copernicano.
Galileo expresa aquí precisamente el carácter del buen científico, que no es más que
defender lo que sus observaciones -contrastadas a través del método- le narran. No como
verdad final y universal, pero como mejor especulación posible ante aquello observado.

El tipo de evidencia requerida por el Cardinal Belarmino nunca podría haber sido ofrecida
por Galileo, pero tampoco por Newton, Darwin, Einstein o Feynman.

3.2 Un teologo optimista, un político aparentemente ingenuo.

A tener en cuenta es que dos grandes duques de la toscana, y dos de las más importantes
universidades de Italia confían en Galileo. Es fácil imaginar la dificultad intrínseca de ganar
la confianza de tales instituciones. No debemos olvidar tampoco las numerosas entrevistas
que mantiene con el Papa, o que en su propio Juicio hasta tres cardenales de la Santa
Inquisición se niegan a firmar su sentencia. Galileo no es una figura “confrontacional”
en el sentido secular, un antisocial, o un fanático copernicano. Más bien parece un
intelectual perfectamente engranado en un sistema abocado, ante la evidencia científica
y la inevitabilidad del posible devenir científico-histórico, a confrontar una realidad que
actualmente es negada por el status quo (i.e. el modelo copernicano, o la utilidad del nuevo
método en contraste con el escolástico). Dicha torpeza bloquea de paso el avance científico
y con ello el humano. Es por esto que tanto instituciones -universidades-, como jefes de
4
Para la ortodoxia lo que sucede en “los cielos” responde a una física diferente a la terrestre, debido a
su naturaleza contagiada por la “quinta-esencia” aristotélica. Galileo de forma reiterada, a través de sus
cálculos, observa que la física aplicable a los eventos celestes es la misma que a los terrestres.

15
estado, sin olvidar los cardenales, entiendan, compartan y confíen en la preocupación de
Galileo. Al fin y al cabo, el futuro del estado depende, entre otras cosas, de la capacidad
tecnológica que este posea, mientras que el religioso reside en ajustarse, en la medida
de lo posible, al sentido común de la época. Galileo pretende separar la ciencia de la
filosofía, no por su rechazo a la religión, sino por el negativo efecto que la influencia de la
filosofía tiene en la nueva ciencia, producto de un dogmatismo -humano- fruto del amarre
que la religión ha tenido sobre la filosofía hasta el momento. La teología, piensa Galileo,
debe estar separada de la ciencia, siendo que ambas se dedican a menesteres diferentes -lo
divino en contraste con lo humano-.

Su carta a Christina parece confirmar esta lectura de Galileo:

They have endeavoured to spread the opinion that such [copernican] propositions
in general are contrary to the Bible and are consequently damnable and heretical.
They know that it is human nature to take up causes whereby a man may
oppress his neighbour, no matter how unjustly. . . . Hence they have had no
trouble in finding men who would preach the damnability and heresy of the
new doctrine from the very pulpit [. . . ]

Contrary to the sense of the Bible and the intention of the Church Fathers,
if I am not mistaken, they would extend such authorities until even in purely
physical matters, where faith is not involved, they would have us altogether
abandon reason and the evidence of our senses in favour of some biblical
passage, though beneath the surface meaning of its words this passage may
contain a different sense.

[Carta a Christina de Lorraine: En lo que se refiere al uso de citas Bíblicas en


el ámbito de la Ciencia]

Galilei (1957, pag. 179)

Galileo describe como impío el involucrar a la Biblia en una disputa de orden humano,
material, y solventable de igual manera.

Por otro lado probablemente el aspecto menos amarrado a la realidad para Galileo sea
su ingenuidad política, quizás sustentada por cierta prepotencia -u optimismo- científica.
Galileo, tanto en sus cartas como diálogos no deja de demostrarse jocoso ante posiciones

16
que encuentra falaces o sin fundamento5 . Si bien en la mayoría de los casos no hace
afirmaciones categóricas, quizás por “temor jurídico”, tiende a ridiculizar la posición
contraria. Lo anterior es perfectamente aceptable en términos estrictamente profesionales,
mientras es de agradecer cierto grado de humor y acidez a la hora del escrutinio, quizás
no sea esta la mejor estrategia cuyo propósito -inherentemente político- es cambiar una
narrativa, en este caso, el sentido común escolástico. Al fin y al cabo si bien la política en
términos virtuosos debiera moverse en el ámbito de la “verdad”, la realidad burocrática
podría traducirse como la lucha por el relato de la “verdad partidista”. En términos
contemporáneos, podríamos decir que Galileo carece de cierto tacto diplomático, incluso
populista6 . Más aún cuando la “verdad recibida” depende de un sistema tan rígido como
el escolástico, donde la negación de casi cualquier proposición de su corpus, genera una
reacción en cadena que termina en el inevitable colapso del mismo. Galileo es un buen
científico y quizás un buen teólogo, pero precisamente lo anterior le convierte en un político
inferior en términos maquiavélicos, dado su reticencia al compromiso. Un ejemplo de lo
aquí mencionado se expresa en la disputa generada por el texto del carmelita Foscarini,
donde se reconcilia la visión copernicana con la biblia -visión apoyada por Galileo-, y su
taxativa negación al pedido de Belarmino de atender el movimiento de la Tierra como
“hipotético”. Galileo, se podría observar como un político revolucionario carente de fuerza
política (un gigante intelectual, un enano político).

Una muestra de las posiciones presentadas aquí podrían ser sintetizadas por una pequeña
anotación manuscrita, en la propia copia de Galileo de su Diálogo:

Take note, theologians, that in your desire to make matters of faith out of
propositions relating to the fixity of sun and earth, you run the risk of eventually
having to condemn as heretics those who would declare the earth to stand still
and the sun to change position – eventually, I say, at such a time as it might
be physically or logically proved that the earth moves and the sun stands still.

[Dialogue Concerning the Two Chief World Systems]

Galilei (1967, pag. iii)


5
En su bibliografía encontramos innumerables ejemplos, pero sirva aquí una de mis citas a Galileo en
el punto referido a las “manchas solares” (tercera carta a Mark Welser)
6
En tanto en cuanto Galileo no parece tratar de resignificar los “significantes flotantes” (a los que se
refieren Mouffe o Laclau) del sentido común imperante (o del Geist hegeliano), más bien substituirlos, lo
cual puede ser observado como violento para el régimen.

17
Y en el mismo libro, una segunda anotación (también en su “Diálogo”) que encontramos
en la Opere de Fávaro, atiende a la desilusión frente a la intromisión de la interpretación
filosófica de biblia y sus efectos para la ciencia:

En lo que se refiere a la introducción de novedades ¿Acaso alguien duda que


las mentes inquisidoras fueron creadas libres por Dios para ser esclavas de
otras, sin que los más duros escándalos nazcan? y que la mente inquisidora
niegue sus propios sentidos, y los someta al arbitrio de un tercero; admitiendo
así a personas totalmente ignorantes de la ciencia como jueces sobre aquellos
que saben, y dada tal autoridad se empoderen atendiendo solo a sus razones?

Esta es la novedad capaz de arruinar repúblicas y el estado.

[Traducción libre del Italiano, Opere VII, 540]

Galilei (1933, pag. 540)

18
4 Bibliografía y Referencias

Ariew, R. (2018). Pierre Duhem. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of


Philosophy (Fall 2018). Metaphysics Research Lab, Stanford University. Recuperado de:
https://plato.stanford.edu/archives/fall2018/entries/duhem/

Aristotle. (2004). Metaphysics. (H. Lawson-Tancred, Trad.). London: Penguin Books.

Aristotle. (2014). Nicomachean ethics. (R. Crisp, Trad.). Cambridge: Cambridge


University Press.

BBC Two - Horizon, 1981-1982, The Pleasure of Finding Things Out -Doubt
and Uncertainty-. (1981, 1982). Recuperado 9 de diciembre de 2018, de
https://www.bbc.co.uk/programmes/p018w6y5

Cohen, I. B. (1965). [Review of Review of The Scientific Renaissance, 1450-1630, por M.


Boas]. Isis, 56(2), 240-242.

Craig, E. (1998). Routledge encyclopedia of philosophy. London: Routledge.

Drake, S. (1978/1982). Galileo at work: his scientific biography. Chicago: University of


Chicago Press.

Ferngren, G. B. (Ed.). (2000). The history of science and religion in the Western
tradition: an encyclopedia. New York: Garland Pub.

Galilei, G. (1933). Le Opere di Galileo Galilei. (A. Favaro, Ed.) (Digital, Vol. VII.).
Firenze: Barbera. Recuperado de:

https://bit.ly/2ruJnki

Galilei, G. (1957). Discoveries and Opinions of Galileo (varios textos). (D. Stillman, Ed.
y Trad.). Recuperado de:

http://archive.org/details/B-001-001-741

Galilei, G. (1967). Galileo Galilei: Dialogue concerning the two chief world systems-
ptolemaic & copernican. (S. Drake, Trad.). Berkeley, Ca.: University of California
Press.

19
Graney, C. M. (2009). Objects in Telescope Are Farther Than They Appear: How
diffraction tricked Galileo into mismeasuring the distances to the stars. The Physics
Teacher, 47(6), 362-365. https://doi.org/10.1119/1.3204117

Koyre, A. (1943). Galileo and Plato. Journal of the History of Ideas, 4(4), 400.

https://doi.org/10.2307/2707166

Machamer, P. (1996/2006). The Cambridge companion to Galileo. Cambridge: Cam-


bridge University Press.

Princeton Dante Project: Main Poem Browser (2.0). (s. f.). Divina Comedia (ed.
Petrocchi, trans. Hollander), recuperado 15 de noviembre de 2018, de:

https://bit.ly/2C9LeRO

Shea, W. R., & Artigas, M. (2003). Galileo in Rome: The rise and fall of a troublesome
genius. New York: Oxford University Press.

20