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Ciertamente vivimos en un mundo que con mayor rapidez está siendo consumido por la

maldad de los hombres por causa del Pecado que los mantiene esclavos, distantes, ciegos
y sordos, que aunque viendo no ven y oyendo no oyen, siendo absorbidos por sus propios
deseos; viviendo vidas para la gloria de sí mismos. Y es en medio de este mundo caído y
corrompido donde el Señor nos ha llamado a Ser luz, a ser Sal y a ser Ejemplo en nuestra
manera de conducirnos y este llamado no es para otra cosa sino dar Gloria a Aquel que nos
llama, nuestro Señor Jesucristo.

Antes debemos entender lo siguiente: La vida cristiana no trata sobre nosotros; trata sobre
Él; es Su Plan, Su Reino y es Su Gloria. A quién damos la gloria es la batalla de batallas,
pues pretendemos estar en medio un Ring de boxeo luchando contra Dios muchas veces
por obtener la gloria que ciertamente sólo pertenece a Él, olvidando así lo que dice el Señor
en Isaías 42.8: “Yo soy el SEÑOR, ése es mi nombre; mi gloria a otro no daré, ni mi
alabanza a imágenes talladas.”. Vivimos centrados en nuestros pequeños reinos no viendo
que hay UNO que nos llama a vivir por un reino mucho más grande y mucho más excelente
que aquella pequeña caja de fósforos por la que nos jactamos.

Aquí entonces las primeras 4 palabras con las que la Biblia empieza deben ser importantes
para nosotros y deberían ser esas palabras en las cuales nuestra conducta debe estar
fundamentada, esas palabras son: “Dios, en el principio”. Pero ¿Por qué estas 4 palabras
son tan importantes? - Pensarán uds. Estas palabras cuando son bien entendidas cambian
todo en nosotros, desde la forma como pensamos sobre nosotros mismos, sobre nuestra
identidad, sobre nuestro propósito, hasta en el cómo abordamos aun las cosas más triviales
y pequeñas de nuestras vidas. Entendiendo que todas las cosas fueron creadas por Dios
desde el principio de todos los tiempos y que todas estas cosas fueron creadas para dar
Gloria al Señor. Todas estas se conducen cumpliendo el propósito y plan que Dios en su
soberanía predeterminó desde el principio de los tiempos y ciertamente nosotros, Sus hijos,
no somos diferentes, pues nuestra manera de conducirnos en la vida ha de ser para Su
gloria, nuestra conducta debe reflejar a aquel que nos llamó, nuestra manera de vivir debe
ser acorde a nuestro creador. Bien dice Pablo en 1 Corintios 10.31: “Ya sea que coman o
beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la Gloria de Dios”. Pablo en su
llamado a vivir para la Gloria de Dios no piensa en los momentos más grandiosos y
espirituales de nuestras vidas, sino que más bien hablan de algo tan simple como comer o
beber.

Esto solo me enseña que las tareas más triviales, normales, y regulares de mi vida, deben
ser moldeadas de tal manera que sean hechas para gloria, Pablo en Romanos 12.1-2 dice:
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos
en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a
este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para
que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Como hijos de Dios es entonces razonable que nuestra conducta sea entonces presentada
a Dios como ofrenda agradable a Él pero para esto esta conducta, esta manera de
conducirnos en la vida debe ser transformada, por tanto jamás podemos olvidar nuestra
necesidad de Gracia, que somos hijos que cada día necesitan de la gracia del Señor para
poder conducirnos de manera agradable para Él.
Así entonces pidamos al Señor gracia para poder, a través de nuestra conducta, glorificar
su Santo Nombre.!