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AL PUEBLO NUNCA LE TOCA:

LA POLÍTICA COMO ENAJENACIÓN DEL PUEBLO.

“Cuando en Colombia un rico mata a alguien, la justicia lo absuelve por haber obra-
do en legítima defensa y si roba es un cleptómano que debe ser sometido a un tra-
tamiento psiquiátrico… Pero si es un pobre, se le juzga como a un asesino, en el
primer caso, y como a un redomado ladrón , en el segundo, y ambos se les aplica la
máxima pena…. Todo el que se queje, el que reclame, el que proteste es, a los ojos
de los que detentan el poder, un agitador comunista, un apátrida, un elemento sub-
versivo, un terrorista, un enemigo de las instituciones…. Y yo soy todo eso porque
siempre he sido un inconforme, un rebelde… Espero, por tanto el mordisco de la jus-
ticia, pues sé muy bien que ella es un perro que no muerde si no a los de ruana… Y
no voy tampoco a pedir clemencia porque sé también que para la gente como yo
nunca la ha habido ni la habrá…”

Al pueblo Nunca le Toca.


Alvaro Salom Becerra.

Daniel Santiago Roldán Zarazo. Cód. 622605

Álvaro Salom Becerra, en su libro de Al pueblo nunca le toca, nos muestra la gran
tragicomedia de la política y la sociedad colombiana. Su crítica es mordaz y sutil, a la
situación del incesante sufrimiento del pueblo colombiano. La narración se da desde
abajo, es decir, se desenvuelve en un escenario de las clases sociales excluidas:
muestra sus formas de vida, sus prácticas, sus pensamientos, sus deseos, sus
frustraciones, en un período de sesenta años: de dramas y melodramas, tragedias y
tragicomedias, zarzuelas y sainetes representados por buenos y malos actores dra-
máticos y cómicos en el tinglado de la farsa nacional; de excelentes o mediocres
funciones del gran circo político, a cargo de toda clase de payasos, domadores,
acróbatas, magos, prestidigitadores, elefantes blancos, vacas y terneros sagrados,
pavos reales, osos bailarines, loras parlanchinas, caballos y monos amaestrados,
procedentes de los partidos que, durante ciento cincuenta años, han explotado la
ingenuidad de innumerables Baltasares Riveros.1 Lo que se tratará de mostrar en el
siguiente texto son unas tesis interpretativas de la obra “ al pueblo nunca le toca” y
su relevancia para la interpretación de la historia del conflicto armado y las clases en
Colombia.
Con el objetivo de narrarnos este drama (nuestro drama), nos relata la historia del
siglo XX a través de dos representantes que son amigos/enemigos de café e ideolo-
gía, que comparten un mismo concepto de política (el de la eliminación a muerte del
otro), pero que en su ideología (que más parece fanatismo religioso) son totalmente
contrarios: el primero es Baltasar, un pobre empleado de un banco, con nueve hijos,
una mujer y que vive en total precariedad, con alma roja-rojísima, que practica los
principios a raja tabla del partido Liberal, fiel devoto de la (santísima y milagrosa)
creencia de que el pueblo llegará al poder tarde o temprano, para impartir justicias y
favorecer a los desamparados. Su fanatismo ideológico llega hasta tal punto que
cuando sus hijos que le dicen que tienen hambre, él les argumenta que: ”(mientras el
pueblo llegue al poder) hagan lo que yo: ¡Nútranse con esa esperanza! ¡Aliméntense
con ideales! ¡Complementen la mazamorra y el agua de panela con los principios del
gran Partido Liberal que yo les inculco a todas horas....! 2
El segundo personaje es Casiano, un escuálido y pequeño negociante independien-
te de finca raíz de la capital, un ser sin familia, que vive en una mísera pensión y vive
cazando mujeres ingenuas a las que atrapa con su palabrería y coqueteos dignos de
un viejo verde. Al contrario de su compañero, era godo-godísimo, desde pequeño
orinaba azul de metileno (como el mismo relata). Nació en Choachi, uno de los ba-
luartes del conservatismo, era católico y fiel creyente de cuanto sacro santo existie-
ra, pero no vivía de la fe politica, como sí su amigo, sino que era mucho más prag-
mático:
“Aunque Casiano no era, como su amigo Baltasar, un fanático ni abrigaba la más
remota esperanza de que los triunfos electorales de su partido mejoraran la situación

1 Alvaro, Salom Becerra. “Al pueblo nunca le toca”. Pág. 194


2 Ibídem. Pág. 70
general ni la suya, era un soldado disciplinado, presto siempre a acudir al llamamien-
to de sus jefes políticos y a obedecer incondicionalmente sus órdenes.”3 Además era
un tipo consagrado a los bajos placeres y sin respeto por un principio moral ni so-
cial: iba por la vida cometiendo pecados los 30 días del mes y se confesaba 1, para
empatar.

Con respecto a los dos personajes, vemos que el autor muestra lo contradictorio del
encasillar a un militante de un partido a su actuar, muestra como el pueblo desfasa
los casillas que le quieren imponer las elites, las identidades partidarias y la iglesia,
reconoce que las historias de vida están atravesadas por múltiples y diferentes in-
fluencias que configuran sujetos dogmáticos y fanáticos creyentes.
El motor de la narración, es el juego de las clases sociales, el conflicto central como
nos lo presenta se da en el trasegar de los de abajo y las formas de dominación de
los de arriba. Por un lado el libro nos presenta dos sujetos identificados en clases,
una oligarquía dominante que ejerce un poder despótico y pastoril frente a su súbdi-
tos4, que maneja el sistema político a su antojo y que se divide (y lo reproduce en
toda la sociedad) en dos partidos para formar una suerte de juego político, donde
prometen que todo cambiará, pero donde todo sigue igual, y dónde a pesar de re-
producir la división en la sociedad, a la hora de tratar de mantener el poder, son los
más pragmáticos, punto esto le comenta un amigo a Casiano cuando tuvo la opor-
tunidad de probar la miel del Jockey Club y conocer y convivir con sus gentes: “En
este Club, la política no tiene ninguna importancia, porque mande quien mandare,
siempre tenemos la sartén por el mango… Aquí organizamos movimientos políticos
y los hacemos abortar… elegimos presidentes o los tumbamos… ¡El Jockey Club es
el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y fuera de él no hay salvación!”5

Y por el otro lado, las clases sociales populares se enmarcan en el concepto de


pueblo, al que le hacen múltiples menciones a lo largo del texto, por un lado la posi-

3 Ibídem. Pág. 92
4 “El sujeto y el poder.” En Dreyfus, Hubert y Ravinov, Paul. “Michel Foucault; más allá del estructura-
lismo y la hermenéutica.” Edic. de la UNAM. México D.F. 1998
5 Becerra. Op. Cit. Pg. 140
ción de Baltasar que idealiza al pueblo como un actor valeroso, justo, inteligente y
humilde que se agrupa no en otro lugar que en el Partido Liberal:
“-No se te olvide que el próximo presidente de la república, el general Benjamín He-
rrera, dijo que el pueblo era carne de la carne y hueso de los huesos del partido libe-
ral… Y a ese pueblo no lo van a derrotar ahora por más triquiñuelas que hagan…..-
Contestó Baltasar-.
A esta ingenua posición se contrapone la de Casiano que ve en el pueblo una masa
amorfa, sumisa, desordenada y que puede ser fácilmente cooptada y direccionada
por las élites, como de hecho ocurre en la historia política nacional:
-Dale que dale con el pueblo….- dijo Cansiano-. El pueblo del que tanto hablas no es
más que una recua, una manada de Borregos….”6
En el final de la historia se ve que esta pugna por el concepto de pueblo, la historia
le da la razón a Casiano el realismo político y desesperanzador del pueblo-borrego,
y lo representa muy bien la última escena final : en el lecho de muerte, Baltasar le
dice fraternalmente a su amigo Casiano que le halla la razón pues el pueblo nunca
llego al poder a pesar de que el gobierno liberal subió en múltiples ocasiones al
poder; a lo cual su amigo Casiano vio flotar la bandera blanca en la torre más alta de
la fortaleza enemiga, Baltasar reconocer que se había equivocado, pero que aún
guardaba la esperanza de que algún día el pueblo realmente subirá al poder.

La pregunta que surge entonces es ¿qué es lo que hace a este pueblo Colombiano
vacío, manipulado y ultrajado? La respuesta la sugiere la novela en su propio conte-
nido, es el hecho de que si bien este pueblo está inmerso en "debates políticos" el
pueblo vive la política cómo observador detrás de un gran cristal, dónde nunca
durante el siglo XX fue protagonista de su destino, sino que fue dividido y usado co-
mo peón mediante la ideología y otras formas de dominación propias de la oligar-
quía criolla. Es por esto que pareciera que la política en lugar de ser una forma de
liberación social se le presenta como un objeto ajeno, hostil, dotado de poder e
independiente de él, se comporta hacia ello como hacia algo de que es dueño
otro hombre, un hombre ajeno a él, enemigo suyo, más poderoso, e indepen-

6 Becerra, Op. Cit PP. 25-26


diente de él. (así cómo categorizaba Marx al trabajo enajenado). Es una política en-
tonces enajenada, que a su vez impone unas prácticas, unos comportamientos,
unas identidades ajenas al servicio de otro hombre en este caso, la oligarquía.7
Las consecuencias concretas de este planteamiento son, primero, una fractura de la
clase popular entre posiciones e identidades impuestas desde arriba y vinculadas a
instituciones manejadas por las élites mismas(los partidos tradicionales), una frag-
mentación de este tipo resulta en el extrañamiento de clase e identifica a su adversa-
rio, a su contrario, a su enemigo aquel sujeto que comparte su misma posición de
clase, de subordinación, de explotación. Y desconoce los orígenes del ejercicio del
dominio y del poder.

En segundo lugar, estas divisiones impuestas, producen unas formas de violencia


social, que se ejerce en múltiples espacios de las relaciones sociales, es decir, en
los lugares de encuentro y convivencia del mismo pueblo, que en extremos tales en
Colombia, llegó a su clímax en la violencia partidista del siglo pasado y las horribles
marcas que se dejaban en los muertos, de la sevicia, lo grotesco que quedaron re-
tratados en libro de La Violencia en Colombia.8

La tercera consecuencia que se expresa por la enajenación, es que esta violencia


polivalente en su gran mayoría (por lo menos en mediados del siglo XX) no es una
violencia redentora, que permitiera en términos de Benjamín, un estado de excep-
ción verdadero que tiene como fin interrumpir la acción del soberano y el continuum
de la historia. Un momento donde esta violencia sea destructora de derecho, un so-
bresalto del hacer sin fines de la política, un momento creador. 9 Y la oportunidad del
momento insurreccional del pueblo, se escapó en el aire, en una violencia sin direc-
ción política, sin contenido transformador, sino que fue un bramido de dolor y deses-
peranza del pueblo: “Nadie pensaba en la revolución, en tumbar al gobierno, sino en
emborracharse, robar e incendiar… No hubo nada grande, nada heroico, nada glo-

7 Marx, C. Escritos de juventud. FCE. México.1982. Trad. Wenceslao Roces Pág. 602
8 Guzman G., Fals Borda O., Umaña Luna E. “La violencia en Colombia” Tomo I, Capìtulo IX “Tana-
tomìa en Colombia” Ed Prisa. Bogotá 2010
9 Benjamin, W. (2001) “para una crítica de la violencia y otros ensayos: iluminaciones IV”, taurus
rioso… Todo fue innoble, ruin y cobarde… Los saqueadores huían donde quiera que
encontraban resistencia… O se mataban recíprocamente para arrebatarse el bo-
tín…. Estoy profundamente decepcionado… Tengo el alma en los pies”10
Por último, la enajenación se ve expresada en un sujeto político y social carente de
memoria y que busca disputar la historicidad, es decir el sentido de la historia, crear
sentidos comunes, símbolos que le identifiquen como un actor con identidad pro-
pia.11 Una de las muestras más significativas de esto, son los constantes momentos
en los que Baltasar daba “clases de filosofía política a sus hijos”, que no era más
que la reproducción de una memoria externa, endógena a sí, que no la veían cerca-
na, sino que repetía los mismos sitios comunes bajo los que Baltasar mismo había
sido educado:

“-Lo importante en la vida no es tener dinero, lo importante es ser un buen liberal


como yo… ¿de qué le vale a un hombre salvar su alma si es godo? Mi mayor satis-
facción de padre será la de saber algún día que ustedes han sido asesinados a gol-
pes de hachuela, o fusilados o quemados vivos en una hoguera, por defender los
sagrados principios del gran partido liberal que, lo repito, es el más grande que hay
en el mundo… Vamos a gritar todos: y el que no grite queda desheredado automáti-
camente: ¡Viva el partido Liberal!!” Frente a lo cual los niños reproducen la violencia
que observan en sus juegos, entre los godos y los liberales, 12 Lanzados por los
otros, se acometieron furiosamente, sin saber por qué lo hacían, lo mismo que les
había ocurrido a sus antepasados.”13

Lo anterior, deja la percepción entonces de que el tiempo no transcurre, y eso suce-


de a lo largo de la novela (y parecería que también a lo largo de la historia nacional),
hay un inmovilismo de las formas en que vive el pueblo, la historia es estática preci-
samente porque la lucha de clases se da de una manera tan pasiva por parte de los
de abajo, solo hay un acrecentamiento de su miseria y un aumento del nivel de

10 Becerra. Op. Cit. Pág. 164


11 Melucci Alberto, Identidad y movilización de los movimientos sociales, en Acción colectiva, vida
cotiiana y democracia, México, El Colegio de México, 1999, pp 55-68.
12 Becerra. Op. Cit. Pág. 70
13 Ibídem. Pág. 73
acumulación de las élites, quienes si tienen un progreso, un futuro hacia el dónde
pueden desarrollarse.

A modo de conclusión se ven los estragos de la dominación social en lo cultural y


político, pero eso no nos debe llevar a ver el sujeto político popular desde un sentido
victimizado, sino que tiene que también ver las formas de resistencia que ha creado
en su memoria colectiva, en su praxis, en sus resistencias. Si bien el dolor debe ser
también parte de los elementos creadores de su historia, no debería convertirse en
el elemento central de su identidad, porque perdería en ese sentido la necesaria vo-
cación de poder, para que al pueblo por fin le toque. La política en un escenario con-
textual como el que se vio en el curso y el que se expresa en los sujetos populares,
debería también pasar entonces por el reconocimiento de las necesidades y conver-
tirlo en un sujeto creador y no observador ni pasivo, sino en actor de su historia. Esto
parte también por cambiar las forma y en los lenguajes en que se intenta hacer polí-
tica desde las izquierdas, al respecto el M19, por ejemplo se acerco un poco a co-
menzar a traducir las demandas a conceptos propios que eran apropiados por las
personas. Por el contrario vemos que desde las élites, hay relativamente un éxito en
la manera de desplegar política, ya que por un lado generan una pasividad social
( muy útil para el control social) y por el otro le quita a la política su sustento revolu-
cionario, siendo poderosas formas de contención social.

Este análisis desde la literatura deja además unos mínimos para pensar desde el
análisis teórico de la violencia, y es ¿Cómo los elementos anteriormente nombrado
que se desprenden de la enajenación de la política (el fraccionamiento de clase, la
perdida de la memoria e identidad, la violencia polivalente) influenciaron en el ejerci-
cio de violencia desde las clases populares a sí mismas? ¿Qué elementos políticos y
sociales, permitieron en las décadas posteriores generar un ambiente propicio para
el surgimiento de una violencia que busca ser redentora y revolucionaria?
Bibliografía.
 Alvaro, Salom Becerra. “Al pueblo nunca le toca”.
 “El sujeto y el poder.” En Dreyfus, Hubert y Ravinov, Paul. “Michel Foucault;
más allá del es-tructuralismo y la hermenéutica.” Edic. de la UNAM. México
D.F. 1998
 Guzman G., Fals Borda O., Umaña Luna E. “La violencia en Colombia” Tomo
I, Capìtulo IX “Tana-tomìa en Colombia” Ed Prisa. Bogotá 2010
 Marx, C. Escritos de juventud. FCE. México.1982. Trad. Wenceslao Roces
 Melucci Alberto, Identidad y movilización de los movimientos sociales, en Ac-
ción colectiva, vida cotiiana y democracia, México, El Colegio de México, 1999