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Ampliación en las facultades del querellante,

¿Violación al derecho de defensa?

Ponencia
Congreso de Derecho Penal y Procesal Penal
2018
Departamento de Derecho Penal y Criminología
Universidad de Buenos Aires
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales

Eje temático
La resignificación del derecho procesal penal moderno

Autoras
Milagros Grassi
Malena Pastor Zamboni

Abstract

El presente trabajo tiene por objetivo analizar el reciente pronunciamiento elaborado por la Sala II de
la Cámara Federal de Casación Penal, en tanto, existe en la actualidad una disputa procesal que pone en jaque
abundante jurisprudencia y doctrina alrededor del carácter del querellante y sus facultades en el proceso
penal.
En este sentido, en el pronunciamiento conocido como “Del Olio”, la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, definió, en el año 2006, límites expresos a la facultad de acusar del querellante en aquellos casos en
los que no se hubiese formalizado acusación alguna al momento de requerir la elevación a juicio de la
investigación en curso.
De esta forma, el presente trabajo de investigación tiene como objetivo repasar los límites normativos
como jurisprudenciales a dichas facultades a la vez que analizarlo a la luz del reciente pronunciamiento
realizado por la Cámara Federal de Casación Penal, entendiendo que la misma, obliga a rever el esquema
existente hasta el momento.
Los antecedentes jurisprudenciales
Los antecedentes jurisprudenciales que delimitan las facultades del querellante en el proceso penal,
entendido éste como ​“...la persona que, además del Ministerio Público Fiscal, está autorizada por la ley a
perseguir penalmente en un procedimiento penal…”1 son varios, pero evidentemente demuestran una
tendencia que amplía desde hace décadas los derechos de la víctima en el proceso penal.
Sin embargo, esta tendencia está repleta de límites y estructuras conceptuales que han cercado las
facultades del querellante, cómo son los precedentes conocidos como Storchi2, Mostaccio3, Santillán4,
Quiroga5, Marcilese6, Tarifeño7, entre otros.
En el año 2006, el Tribunal Oral en lo Criminal N°12 condenó a Juan Carlos Del Olio a la pena de dos
años de prisión en suspenso y costas por el delito de defraudación por administración fraudulenta. Dicha
condena operó a partir de la acusación formulada por la querella constituida en autos, más con un pedido de
absolución por parte del Ministerio Público Fiscal, es decir, el acusador público a cargo de instar y
sobrellevar la acción penal en nombre del Estado.
El problema, que puede retrotraerse a la capacidad reconocida actualmente al querellante, de actuar
autónomamente sin contar con la presencia de la acusación estatal, en el caso que nos ocupa se circunscribe a
la ausencia de acusación formal elaborada por la parte querellante al momento de requerir la elevación a
juicio de la investigación que tenía a Juan Carlos Del Olio como imputado.
La ausencia de requerimiento de elevación a juicio en los términos del art. 346 del CPPN, dirá la CSJN
opera como límite infranqueable a su capacidad de alegar y solicitar la imposición de una pena, en tanto,
jamás existió una formalización de la acusación por la parte:
“...3°) Que se agravió la parte entre otros aspectos porque la sentencia condenatoria violó la garantía
de la defensa en juicio y el debido proceso, pues se dictó sin mediar acusación fiscal válida. Como la
querella no respondió la vista que prevé el art. 346 del código adjetivo en el momento procesal oportuno, el
juez de instrucción le dio por decaído el derecho. Si bien esta circunstancia no le imposibilitó ejercer los
derechos procesales ulteriores, sí debió privarla de alegar al concluir el debate, pues se trató de un acto que
se orientó a integrar un reproche que, de su parte, no había tenido lugar en tiempo apropiado…”
En este sentido, la queja interpuesta ante la suprema Corte de justicia de nuestro país fue entendida
como admisible en tanto conllevaba la posible violación de derechos y garantías contenidos en nuestro
ordenamiento constitucional, específicamente, de acuerdo al considerando 4to del fallo, la inobservancia de
las formas sustanciales del juicio. Así, la máxima instancia judicial expresó:
“...5°) Que tiene dicho esta Corte en el precedente "Santillan" Fallos: 321:2021 que la exigencia de la
acusación, como forma sustancial en todo proceso penal, salvaguarda la defensa en juicio del justiciable, sin
que tal requisito tenga otro alcance que el antes expuesto o contenga distingo alguno respecto del carácter
público o privado de quien la formula…
...6°) Que la decisión del juez de instrucción de dar por decaído el derecho a responder la vista que
prevé el art. 346 del Código Procesal aparejó la pérdida de los derechos procesales vinculados al acto
precluido. Si el particular ofendido no concretó objetivamente y subjetivamente su pretensión, no podría
integrar legítimamente una incriminación que no formuló previamente…
...7°) Que este aspecto es decisivo para resolver el pleito en sentido adverso a la eficacia del fallo de
condena, lo que permite descalificar a la sentencia apelada como pronunciamiento jurisdiccional válido,
pues al haberse dictado en las condiciones señaladas resultó violatoria del derecho de defensa en juicio…”
Podemos aseverar entonces, que la ausencia de materialización de una acusación formal por
parte del querellante, impide la formulación de una acusación válida durante el transcurso del debate
oral.
Esta premisa no sólo se deriva del precedente analizado y de la conformación de una jurisprudencia
variable pero coincidente a lo largo de los años, sino también del propio ordenamiento jurídico que rige el
proceso penal.
En este sentido, debemos remitirnos al CPPN que se encuentra vigente en la actualidad y que a partir
del artículo 82 analiza la figura del querellante particular en el proceso penal. Allí, dispone que en cuanto a la

1
MAIER, Julio, Derecho Procesal Penal, Fundamentos, Tomo I, Editores del Puerto, Buenos Aires, p.
2
CCC, Sala I, “Storchi”, del 8-3-04, publicado en La Ley del 6-10-2004.
3
Fallos: 327:120
4
​Fallos: 321:2021
5
Fallos 327:5863
6
Fallos: 325:2005
7
Caso “Tarifeño”, publicado tardíamente en Fallos: 325:2019.
oportunidad de su constitución, debe estarse a lo dispuesto por el artículo 908 del mismo ordenamiento. Así,
el propio ordenamiento establece como límite la clausura de la instrucción y pasada dicha oportunidad, la
constitución será rechazada sin más trámite, sin perjuicio de accionar en la sede correspondiente.
De esta manera queda en evidencia que no sólo la construcción jurisprudencial supo ponerle un límite
a la intervención del querellante particular en el proceso -​en resguardo de las garantías especialmente del
imputado ​como veremos​-, sino que también el ordenamiento jurídico responde a dichos límites,
expresandolos de manera tajante como se hace en el artículo 90 del Código Procesal Penal de la Nación - ​en
adelante, CPPN​ -.
Entendemos, tal como lo expresara la CSJN en el fallo “Del Olio” que la consecuencia de un
temperamento contrario al sostenido, implicaría, directamente, una violación flagrante al derecho de defensa
en juicio de los imputados, al debido proceso - ​en tanto uno de los elementos sustanciales del proceso se
encontraría ausente - y la consecuente posible violación al principio de congruencia como veremos más
adelante.

El caso de análisis. El fallo de la CFCP Sala II.


Sin embargo, al analizar el reciente pronunciamiento esbozado por la Sala II de la Cámara Federal de
Casación Penal en el marco del expediente 12441/2008, nos encontraremos con un nuevo temperamento que
controvierte los límites que hubiera fijado oportunamente la propia norma y el máximo tribunal.
Así, brevemente debemos expresar que en el marco de la investigación 12441/2008 que tramitara ante
el Juzgado Federal N°3 se investigó a los imputados, de acuerdo a los requerimientos de instrucción
interpuestos por la acusación pública, por maniobras presuntamente constitutivas del delito de
enriquecimiento ilícito. Así, tras casi diez años de trámite de instrucción, la Unidad de Información
Financiera9, decidió como organismo público, constituirse como querellante en el proceso que nos ocupa.
Dicha solicitud fue rechazada, tanto por la primera instancia como por el superior, en tanto los límites
fijados por el Ministerio Público Fiscal en la acusación no contenían imputación alguna por los delitos que
legitiman a dicho organismo a constituirse como querellante, destacando incluso la existencia de otros
procesos penales en los que el organismo era parte y que investigaban expresamente el posible delito de
lavado de activos.10
Ahora bien, seguidamente, ante un recurso de casación interpuesto por la UIF, la Sala II de la Cámara
Federal de Casación11, contra lo sostenido por las defensas y por el Ministerio Público Fiscal - ​en
coincidencia con lo expresado por la Sala II de la Cámara Federal de Apelaciones y el magistrado de
primera instancia - legitimó a la Unidad de Información Financiera como querellante, en un proceso cuyo
objeto procesal se encontraba delimitado por una acusación por enriquecimiento ilícito, es decir, creando
pretorianamente una condición de legitimidad que no está regulada normativamente.
A pesar de ello, el nudo del análisis que nos ocupa se circunscribe no ya a la legitimidad del
organismo, sino a la decisión de la Sala II de la Cámara Federal de Apelaciones de no acatar el
pronunciamiento de la Casación, en tanto la causa había ya sido elevada a juicio - ​previo incluso a la
decisión de la Casación - por lo que, ante la ausencia de formulación de una acusación, el organismo no
podría acusar durante el debate en los
I fijados oportunamente por la CSJN y por el propio CPPN.
Aún así, en un nuevo pronunciamiento, la Sala II de la CFCP resolvió constituir a la UIF como
querellante, aún ante la ausencia de acusación formal expresando que ​“...luego, en orden a las objeciones
relativas a la posibilidad de retrotraer el proceso a etapas precluidas, el agravio se revela insustancial por
cuanto esta Sala lleva dicho que: “...le asiste a la parte querellante (el derecho) de presenciar el juicio oral,
hacer peticiones y controlar el desarrollo del debate. También podrá alegar, aunque ello no sea vinculante
para el tribunal, en atención al decaimiento de su derecho de requerir la elevación a juicio. La querella ha
perdido la potestad de ejercer por sí misma la pretensión punitiva, pero de ninguna manera puede ser
privada de su derecho a ser oída, que se continuará materializando durante el debate y al momento del
8
Art. 84. -La constitución en parte querellante se regirá por lo dispuesto en el artículo 90. El pedido será
resuelto por decreto fundado o auto en el término de tres (3) días. La resolución será apelable
Art. 90. - La constitución de parte civil podrá tener lugar en cualquier estado del proceso hasta la
clausura de la instrucción.
9
En adelante, UIF.
10
Se podrían desarrollar una serie de conflictos devenidos de la ausencia de legitimidad para querellar
de dicho organismo o incluso, respecto de su constitución en la investigaciòn de análisis, pero el mismo
no será realizado puesto que no forma parte del objeto de estudio del presente trabajo.
11
En adelante, CFCP.
alegato (cfr. Fallos: 329:2596)” (vid. Causa N°14.674, caratulada “Rizzi, Anibal Horacio s/ recurso de
casación”, rta: 7/6/2013, reg. n°721/13; causa n°15.073, caratulada “Pucheta, Cesar Alfredo s/Recurso de
casación”, rta: 24/8/2012, reg. N°20363; entre otros)...”
Veremos a partir de aquí como, a través de un pronunciamientoo que procura no contradecir
expresamente los lineamientos fijados por la CSJN en los antecedentes que hemos podido repasar
previamente, la Casación permite sortear los límites fijados al querellante y la ausencia de acusación formal,
basado en una serie de fundamentos conceptuales que se corresponden con el derecho a ser oído.
¿Qué es alegar, sino formular expresamente una acusación, y para el caso, una pretensión punitiva al
Tribunal a cargo de juzgar los hechos debatidos en el proceso?
“...podrá alegar, aunque ello no sea vinculante para el Tribunal…”​ reza la resolución.
Este elemento resulta por demás conflictivo. ​¿Es un alegato vinculante para el Tribunal? ¿La mera
existencia de una pretensión punitiva formulada expresamente en los términos requeridos por nuestro
ordenamiento procesal entonces, resulta vinculante?
Por supuesto nos enrolamos en una posición contraria. Ninguna pretensión punitiva, ningún alegato
formulado por ninguna de las acusaciones resulta vinculante, pues esto resultaría de hecho, en la ausencia de
posibilidad por parte del juzgador de derivar en una absolución por ejemplo, o en un criterio adverso al
sostenido por acusador.
Por definición, el alegato es la expresión cabal de los fundamentos que hacen a la pretensión punitiva y
jamás determinan el temperamento que deberá adoptar la judicatura, quien, en orden al principio de
imparcialidad de los magistrados, deberá construir una posición razonada, equidistante, producto de aquello
expuesto por las partes en sus alegatos.
Esto deriva no sólo en la constitución, en pie de igualdad con aquel acusador que efectivamente haya
formulado la acusación en tiempo y forma, sino que deriva en una efectiva lesión al derecho de defensa del
imputado, quien, indefectiblemente, deberá defenderse de dicha pretensión ante el Tribunal, pues pretender
que éste haga oídos sordos a sus argumentos resulta inconcebible y alejado de toda racionalidad.
Por otro lado, la defensa no sólo estará determinada a alegar y defenderse de dicha acusación, sino que
podrá ser víctima de cualquier readecuación que el querellante pretenda desarrollar, en tanto no hay
mecanismo eficaz que permita corroborar los límites de su acusación, observando el debido respeto al
principio de congruencia que debe regir durante el proceso.
Reconocer entonces, el derecho del querellante - en el caso un organismo público - la capacidad de
constituirse en el debate oral, sin formular acusación en los términos procesalmente establecidos, con la
facultad de alegar incluso por una figura que siquiera fue imputada a los acusados, termina por desestructurar
cualesquiera fueran los límites que quisieran haberse fijado a la pretensión punitiva particular, en defensa del
imputado.

La figura del querellante ​¿Ampliación de derechos?


El querellante se desempeña como acusador, al lado de la Fiscalía o en conjunto con ella - ​siempre y
cuando estemos hablando de los delitos de persecución penal oficial -.​ La mayoría de los autores, equiparan
las facultades de la querella con las de la Fiscalía. De todas formas, es necesario destacar, que el querellante
no cuenta con las facultades coercitivas que tiene el Ministerio Público Fiscal.
Asimismo, el querellante no cuenta con ciertos deberes o facultades que tiene el Ministerio Público
Fiscal, como la obligación de desempeñarse con objetividad y lealtad en el procedimiento o el deber mismo
que impone el principio de legalidad (Art. 71 y 274 CPN), ni la facultad de recurrir a favor del imputado.
De esta manera, comparando a la figura de la querella con la del Ministerio Público Fiscal, la primera
no puede dirigir la instrucción preliminar ni practicar sus actos o bien, cumplir las tareas que sean delegadas
por el Juez que entiende en la causa12. En este sentido, el querellante posee el derecho de conocer las actas
que sean llevadas a cabo en la instrucción - siempre y cuando no haya sido ordenado el llamado “secreto de
sumario”, por tener el papel de “parte” en la causa - y, de esta manera, tiene la facultad de asistir a los actos
de la instrucción de la misma manera según la cual está regulada la asistencia de los defensores del imputado
y del fiscal. Es necesario, mencionar que una gran diferencia que existe entre la querella y el Ministerio
Público Fiscal es respecto de posible “secreto de sumario” que se pueda dar en la instrucción ordenado para

12
En este sentido, el texto del Art. 82 del C.P.P.N es claro al sostener que ​“Toda persona con capacidad
civil particularmente ofendida por un delito de acción pública tendrá derecho a constituirse en parte
querellante y como tal impulsar el proceso, proporcionar elementos de convicción, argumentar sobre
ellos y recurrir con los alcances que en este Código se establezcan…”.
el querellante, que no rige para el ministerio público, y en la limitación para asistir a la declaración del
imputado - arts. 198, 200, 201 y 202 del C.P.P.N -.
Según el CPPN, el querellante puede acusar de forma autónoma - sin depender de la acción que
promueva el Ministerio Público Fiscal ​- al finalizar la investigación preparatoria.
Si tanto el Ministerio Público, como el querellante acusan, requieren la elevación a juicio y los
requerimientos formulados por éstos no coinciden en una misma acusación, ambas acusaciones serán,
eventualmente, objeto de juicio y el imputado deberá defenderse de las dos acusaciones.
Asimismo, durante el juicio oral prima el principio de igualdad de posibilidades para todos los
intervinientes, lo que quiere decir que el papel del Ministerio Público Fiscal es equiparado al del querellante
y sus facultades son las mismas. Sin embargo, es necesario aclarar, que la incomparecencia del querellante o
de su representante al debate oral y público no provoca la suspensión del juicio.
En cuanto a las responsabilidades y deberes del querellante, distintas normativas procesales ​- art. 84 y
90 CPPN, Art. 78 CPP de la Provincia de Buenos Aires, art 92. I del CPP de la Provincia de Córdoba ​- son
contestes al exigir que quien desee asumir el papel de querellante en un procedimiento por delito de acción
pública debe concretar su requerimientos antes de la clausura de la instrucción preliminar, en un plazo en
donde el término final provoca la caducidad de la facultad concedida.
Con lo expuesto hasta aquí, no caben dudas que, en términos normativos, quien ha sido menoscabado
de sus derechos - ​la víctima - tiene acceso al proceso si cumple con los requisitos que exigen los códigos
procesales de la jurisdicción que sea competente. En este sentido, Cafferata Nores, sostiene “La Convención
Americana sobre Derechos Humanos incorporada a la Constitución Nacional, y a su mismo nivel (art. 75,
inc. 22) en su art. 251 establece en términos generales la obligación del Estado de proveer a los ciudadanos
sometidos a su jurisdicción una debida protección judicial cuando alguno de sus derechos haya sido violado,
siempre que este derecho les sea reconocido por la Convención, o por la Constitución o las leyes internas
del Estado...Este es el llamado derecho a la “tutela judicial efectiva” que comprende el derecho de acceder
a los tribunales sin discriminación alguna, el derecho de incoar un proceso y de seguirlo, el de obtener una
sentencia o resolución motivada sobre la cuestión planteada, el derecho a obtener una sentencia de fondo
sobre esa cuestión, el derecho a la utilización de los recursos, el derecho a que la sentencia se ejecute”. De
lo expuesto queda claro que la tutela judicial efectiva también le corresponde a quien ha resultado
menoscabado en su derecho a raíz de la comisión de un delito: la víctima.”
La construcción conceptual desarrollada por Caferatta Nores ha tenido gran impacto en la actualidad,
en tanto hoy en día suele haber sectores que intentan formalizar algún tipo de equiparación entre los derechos
de la víctima y los derechos del imputado.
Aún así, es el propio Caferatta Nores quien al desarrollar el concepto de bilateralidad de derechos - ​en
un intento por ampliar el espectro correspondiente a la víctima - realiza la salvedad correspondiente en tanto
los derechos que corresponden a la debida protección judicial es primeramente, un derecho que asiste al
imputado, y que, también le corresponde ahora a la víctima, pero siempre desde lugares diversos específicos
13
. En este sentido, no deben existir dudas que el derecho de la víctima (cada vez más reconocido) nunca
podría afectar al derecho del imputado, es decir, darle un lugar a la víctima en el proceso no debería bajo
ningún concepto generarl una afectación directa y material sobre los derechos del imputado.
Ahora bien, podemos advertir en el fallo analizado un “avance” de las facultades de quien es tenido
como parte querellante en el proceso penal, pero el problema que advertimos y que creemos, no debe ser
pasado por alto, es que este “avance” es en desmedro de las garantías del imputado.
Es más, es dable entender como en el caso que nos ocupa se rompe con las exigencias típicas de un
Estado de derecho de proteger al imputado, dejando siempre en primer lugar a los derechos de este.
Evidentemente, uno de los grandes reparos que puede anteponerse se desprende del derecho de defensa
del acusado y del esquema de derechos y garantías que rodean a la persona sometida al poder punitivo del
Estado, en un Estado de derecho, perspectiva que, desde nuestra visión, nunca debe dejar de ser el horizonte
por varias razones.
Así, el Prof. Julio B. J. Maier, ha expresado ​“...esta fundamentación que han dado, no solo interna
sino externa, es decir, derivada de las convenciones de derechos humanos, va a ser solamente sostener que
la acción en materia penal es popular. Primero porque la definición de víctima está abierta, cualquiera
puede definir víctima como desee, y segundo, los parientes de alguien que ha fallecido pueden ingresar en la
definición de víctima; está abierto para la ley, y si no fuera esto, si fuera la definición de víctima como
ofendido particular de un delito, también. No tenemos por qué definir víctima como el portador del bien

13
“Las facultades del querellante en el proceso penal (de “Santillán” a “Storchi”)”, compiladora Sabrina
Namer, Edit. Ad-Hoc, Buenos Aires, agosto 2008.
jurídico básico de la figura. Además, porque el art. 25 tam re,amido de la Convención Americana, o el de la
Convención que regula el habeas corpus y el amparo como procedimientos rápidos y expeditos para
conseguir (...) no hablan de la víctima, hablan de toda persona…
...De tal manera que si son consecuentes, quienes han dictado estos fallos van a tener que llegar a la
acción popular tarde o temprano, es decir, cualquiera de nosotros puede provocar y perseguir penalmente,
según su deseo, hasta el final. Y más todavía, y esto es lo que creo ya peligroso: hay como un tufo, el mismo
tufo que corre por el derecho penal internacional, que no conoce la absolución. ¡Parece mentira!, y sino
lean la fórmula del ne bis in idem. Porque si no puede, al principio, archivar el procedimiento porque no
constituye delito, porque hay un particular querellante que quiere seguir adelante; si tampoco puede cuando
hay una acusación del querellante dictar el sobreseimiento pues tampoco va a poder absolver… por qué
razón se puede pensar que los otros tribunales, cuya función es precisamente archivar denuncias o
querellas, que no constituyen delitos, sobreseer casos que por alguna razón no deben llegar al debate o al
juicio; ¿por qué vamos a tener que pensar, si eso es cierto, que alguien va a tener que absolver al final
cuando el querellante acuse? Es decir, cuando el querellante siga hasta el final buscando el castigo?...”14
De esta manera, no podemos sino coincidir con el Prof. Maier en cuanto a que, aplicado al caso, la
ampliación de facultades del querellante, al punto de lograr constituirse en un proceso sin siquiera
formalmente solicitar su elevación a juicio y formular la acusación respecto de la cual el imputado deberá
defenderse, deriva en una lesión directa del derecho de defensa del imputado, con la consecuente posible
violación al principio de congruencia.
El imputado estará, en el caso, sometido a participación activa de un organismo vinculado al proceso
tardíamente - por fuera incluso de lo dispuesto normativamente, en un claro vicio respecto del principio de
legalidad - que podrá controlar la prueba, direccionar el debate, alegar y exponer su voluntad punitiva ante el
Tribunal, que para los “límites” fijados por la Casación, deberán no ser vinculantes para el Tribunal que
decida oportunamente.
En particular, en la actualidad se reconoce la viabilidad de un proceso con la presencia de múltiples
acusadores públicos y privados, elemento que condiciona la efectividad del principio de igualdad de armas -
el imputado es uno sólo y debe defenderse de cuanto menos, tres acusaciones -. Fomentar, para el caso, una
reforma pretoriana15 del Código de procedimientos a efectos de ampliar las facultades de los acusadores en
un contexto donde los derechos del imputado se ven cada vez más cercenados, no sólo violenta el Estado de
Derecho sino que presupone una desarticulación completa del sistema normativo que rige el proceso penal y
sumerge la actualidad en un nivel de inseguridad jurídica constante.

El derecho de defensa del imputado ​¿En peligro?


Los tratados de derechos humanos en los que Argentina es parte y el artículo 18 de nuestra
Constitución Nacional contemplan la defensa en juicio efectiva y material de los imputados los códigos
procesales establecen severos recaudos para asegurar que el imputado ha tenido la posibilidad de defenderse
adecuadamente.
Ahora bien, para que el derecho de defensa del imputado no sea violado, además de una defensa
técnica, el derecho a ser oído, etc., es necesaria una imputación, es decir, el imputado debe tener algo de lo
que defenderse. Para Julio B. J. Maier ​“La imputación correctamente formulada es la llave que abre la
puerta de la posibilidad de defenderse eficientemente, pues permite negar todos o alguno de sus elementos
para evitar o aminorar la consecuencia jurídico-penal a la que, se pretende, conduce o, de otra manera,
agregar los elementos que, combinados con los que son afirmados, guían también a evitar la consecuencia o
a reducirla...En este sentido, es importante para que el imputado pueda ejercer plenamente su derecho de
defensa, que conozca la imputación…
De la misma manera que la falta de una imputación precisa y circunstanciada, la falta de intimación o
la inobservancia en ella de las reglas estudiadas conduce a la privación del derecho a ser oído y, con ello,
de la facultad de influir eficientemente, por esa vía, en la decisión respectiva; por ella, también a la
ineficacia absoluta de la resolución judicial en relación a la cual se concede el derecho de audiencia,
siempre que perjudique al imputado, se lesione, el derecho constitucional a la defensa…”.

14
“Las facultades del querellante en el proceso penal (de “Santillán” a “Storchi”)”, compiladora Sabrina
Namer, Edit. Ad-Hoc, Buenos Aires, agosto 2008.
15
​Derecho pretoriano o en latín ​ius praetorium fue el derecho creado por el magistrado romano a
través de sus preceptos.
Ahora bien, durante el proceso penal, queda claro que al momento de requerir la elevación a juicio,
habiendo tenido oportunidad de expresarse las partes, y quedado firme, el hecho por el que se sigue la
persecución al imputado debe estar claro, como así también las partes que participarán del debate.
En el caso analizado, ante la ausencia de un requerimiento de elevación a juicio, se le otorga a la UIF,
calidad de querellante habiendo comenzado el debate oral, violentando las normas que regulan el proceso
penal y contrariando la pacífica jurisprudencia y dogmática existente hasta el momento.
Así, al momento de sentarse en su “banquillo”, los imputados ya no se encontraran con la acusación
solo del Ministerio Público Fiscal - ​quien solicitó la elevación a juicio de manera oportuna y en los términos
de ley -,​ sino que también con un nuevo entonces “acusador”, que no participó en la etapa de instrucción y
que los acusará por un nuevo delito “el lavado de activos”16.
La CSJN tiene establecido que ​“... en materia criminal la garantía consagrada por el art. 18 de la
Constitución Nacional exige la observancia de las formas sustanciales del juicio relativas a la acusación,
defensa, prueba y sentencia dictada por los jueces naturales (Fallos: 125:10; 127:36; 189:34; 308:1557,
entre muchos otros)...”17
Pareciera ser entonces que, de esta manera y como consecuencia de la habilitación brindada por la
Cámara Federal de Casación Penal, el derecho de defensa del imputado se encuentra perjudicado respecto del
lugar que se le otorga, novedosamente, a la UIF para querellarlo.

Conclusión
Para finalizar es dable puntualizar en que en los tiempos que corren no hay dudas de que se han
ampliado los derechos de las querellas, pero el fallo aquí estudiado, denota que esta ampliación puede
vulnerar los derechos del imputado.
Se permite de ahora en más y de acuerdo a un nuevo paradigma jurisprudencial, constituirse en
querellante aún sin haber requerido elevación a juicio ni formulado acusación válida en tiempo oportuno,
contraviniendo lo que hasta ahora era no sólo jurisprudencia y doctrina mayoritaria sino también la letra
expresa del Código de procedimientos.
Esto, sin embargo, pone en alarma a un sistema procesal penal - ​aquel que se piensa y plantea como
fuerte, inquebrantable a la hora de operar como límite ante poder punitivo del Estado - y plantea la siguiente
pregunta: ​¿Cómo asegurar un Estado de Derecho cada vez más eficaz cuando ahora se le está dando lugar a
un particular de aparecer de manera sorpresiva y sin mediar acusación a pedir pena en la etapa del debate
oral?
Pareciera que no sólo es el poder punitivo quien ahora avanza contra el imputado, sino que la Justicia
le da lugar a que avance también contra él un particular, evadiendo incluso los límites que hubieran sido
reconocidos por los propios legisladores al momento de pensar las normas que regulan el debido proceso
penal. Tan evidente es la limitación que quiso expresar el legislador y que obedece a asegurar el derecho de
defensa del imputado que la reforma del CPPN correspondiente a la ley 27.063 estableció a su vez las
mismas limitaciones, siendo posible la constitución del querellante particular al momento de la investigación
preparatoria, solicitándolo en este caso, al representante del Ministerio Público Fiscal18.
Asimismo, en dicha ley se establece en el art. 246 - ​previo al comienzo del debate oral - una audiencia
de control de la acusación dando a entender realmente la importancia y la vigencia de expresar la acusación
en tiempo y forma a efectos de permitir un eficaz desarrollo del derecho de defensa del imputado ​- art. 18
CN, art. 8.1 CADH, art. 14 PDCyP​ -.
Por lo tanto la lectura esbozada por la sala II de la CFCP no sólo controvierte la amplia mayoría que
doctrinaria y jurisprudencialmente sostiene los límites a la constitución del querellante en cualquier momento
del proceso y de cualquier forma, sino que también controvierte la letra expresa del Código Procesal Penal
vigente a la vez que el que aún no se encuentra plenamente vigente.
De esta forma, la judicatura logra sortear de manera difusa la división de poderes y aquella facultad
que le está expresamente vedada, que es legislar.
En este sentido, es inimaginable la cantidad de cuestiones que se plantearán a partir de esta nueva
oportunidad para quienes deseen querellar en un proceso penal, pero, peor aún, es un abanico enorme de
posibilidades frente a las que, de ahora en más, se deberá enfrentar el imputado a lo largo del proceso penal.
Con el fallo estudiado, pareciera que la “sorpresa” de encontrarse con un nuevo “acusador” es un nuevo

16
Esto surge de las manifestaciones realizadas en el transcurso del debate oral por parte del organismo
público, que explicitó su voluntad de variar el delito objeto de imputación.
17
Fallos: 325:2019.
18
Art. 83 del nuevo Código.
fenómeno con el que deberá lidiar el imputado - ​y entonces su defensa técnica ​- en pos de poder llegar a
defenderse de manera adecuada y eficaz.
En este sentido, consideramos que, el derecho de defensa ahora corre peligro, siendo uno de los
preceptos constitucionales más mencionado pero que se encuentra hoy vulnerado.