Sie sind auf Seite 1von 74

1

LA FILOSOFIA DE CONFUCIO

Prof. Enrique Bonavides Mateos

Confucio. Los Cuatro Libros. Madrid, Alfaguara, 1981.

" Las analectas, El gran compendio, El Eje


Firme.Barcelona, Labor, 1975.

" Los cuatro libros clásicos. Barcelona,


Bruguera,1968.

Confucio y Mencio. Los Libros Canónicos chinos..Madrid,


Ibéricas.

Wilhelm, Richard. Confucio, Madrid, Alianza, 1986.

Botton Beja, Flora. China su historia y cultura hasta


1800.México, El Colegio de México, 1984.

Do-Dihn, Pierre. Confucio y el humanismo chino. Madrid,


Aguilar, 1964.
2

Doeblin, Alfred. El pensamiento vivo de Confucio.Buenos


Aires, Losada, 1946

Ducourant, Bernard. Sabiduría China. México, Martínez Roca, 1998.

Lanciotti, Lionello.Qué ha dicho verdaderamente


Confucio. Madrid, Doncel, 1971.

Lin Yutang.La Sabiduría de Confucio.Buenos Aires, Siglo


XX,1952.

Maillard, Chantal. La Sabiduría como estética. China: Confucianismo,


Taoísmo y budismo. Madrid, Akal, 1995.
3

El nombre que se da en chino a la escuela de Confucio es Rújia, nombre


que se traduce por "Escuela de los letrados".
Si de China quitásemos el confucianismo, la historia y la cultura de
aquel país se harían tan incomprensibles como las de Europa sin la filosofía
griega y el cristianismo.
El pensamiento de la escuela de los letrados se forma en un período
que va del siglo VII al siglo III a.C.. En el momento en que China fue unificada
por primera vez en el 221 a. C., era una doctrina perfectamente formada y
definida, con numerosos textos emanados de ella y abundantes seguidores y
partidarios. Este confucianismo antiguo o clásico es el que aparece reflejado
en los "cuatro libros" con algunas reservas, puesto que, a lo largo de los
sucesivos "renacimientos" confucianos que ha tendido china y,
especialmente, a partir de la dinastía Song (siglos X-XIII) se ha ido acumulando
una inmensa cantidad de comentarios al texto original.

CONFUCIO Y LAS ANALECTAS

Confucio es el nombre latinizado de Kongzi o Maestro Kong. Según las


fechas aceptadas tradicionalmente, el sabio nació el 551 y murió el 479 a.C..
Confucio fue nativo del estado de Lu, situado en la provincia de
Shandong. Según la tradición, los antepasados de Confucio habían ocupado
una importante posición en el vecino estado de Song, que presumía haber
conservado las tradiciones Shang. Se dice incluso que la casa reinante en
este ducado y también la familia de Confucio descendían de la antigua nobleza
de esta primera dinastía histórica.
Confucio era un miembro de la antigua nobleza y por lo mismo tenía
muy pocos medios de fortuna, se vio en la necesidad de conseguir una
posición en alguna corte principesca pero poco después tuvo que dimitir.
4

Confucio actuaba como experto ritual en las cortes principescas de la


época anterior a la disgregación feudal.
Después de su dimisión emprendió una serie de viajes que duraron
trece años de una corte a otra, intentando siempre que se le diera un puesto
en el gobierno o que, al menos se escucharan sus consejos. En ninguna parte
pudo hacerse oír y tuvo que regresar a Lu, en donde pasó sus últimos años.
Por los nombres que se citan en "Los Cuatro Libros" se deduce que
tuvo muchos discípulos y que intentaba formar hombres de estado capaces
de ocupar altos puestos administrativos.
La enseñanza se basaba en los clásicos anteriores y en las palabras del
maestro.
- El confucianismo como sistema de pensamiento parte de una especial
visión del mundo. Para la escuela de los Letrados el universo es una unidad
en la que el hombre y la sociedad humana no son nada más que una parte.
- No se discute el "ser" de esta unidad porque la escuela antigua se aleja
de las disquisiciones ontológicas y metafísicas.
- No se discute sobre la muerte ya que si no podemos entender la vida,
cómo podemos entender la muerte misma; no importan las recompensas en
ningún mundo, a veces la recompensa no llega en este mundo, por lo que lo
importante es estar en paz con uno mismo.
- El ciclo ordenado de las estaciones, la vida vegetal y animal y, por
consiguiente la humana, necesitan de armonía cósmica. Este orden armónico
está preestablecido, por lo que todo intento de alterarlo puede producir graves
trastornos.
- Existe un "mandato del cielo", que no es un simple orden derivado de
un universo materialista e insensible, sino un mandato concreto emanado de
un poder superior: El Cielo.
- En las analectas se confirma la predestinación y un determinismo que
recorta considerablemente la capacidad de elección.
- Cuando aparece en los textos, El Cielo es un poder superior, pero no
está ni personalizado, ni claramente separado del mundo. No es algo
5

meramente pasivo, puesto que de él vienen acciones y mandatos, pero en


ningún momento se trasluce que sea un dios al estilo del judeocristiano, es
decir creador del mundo, único y providente.
- El culto a los antepasados se menciona en las analectas e implicaría
una creencia en la supervivencia de almas y espíritus capaces de castigar y
proteger a sus descendientes, pero el tema es tocado con tal sutileza que se
duda que sea una creencia arraigada.
- El emperador es el "hijo del cielo" y es el intermediario entre el Cielo,
es decir los poderes superiores y los hombres. El gobernante chino tiene el
"mandato" y con él la autoridad para celebrar ritos propiciatorios y para
ejercer el imperium.
- Se ha dicho que la verdadera religión china es, a fin de cuentas, la de
ser chino y obedecer a esta figura, que sería como el jefe y chamán de una
tribu inmensa, hoy civilizada y apartada de su vida primitiva.
- La supuesta tolerancia de los chinos por otros cultos y su supuesta
despreocupación por las cuestiones sobrenaturales tienen relación con esta
importante religión cívica, siempre latente bajo cualquier otro culto
superpuesto.
- De esta visión del mundo se derivan una teoría moral y una teoría
política estrechamente relacionada.
Confucio (551-479 A.C.), creía que los seres humanos tenían por dentro la
fuente de los valores necesarios para el mejoramiento propio, y que
automáticamente mejorarían la sociedad. Para comprender por qué Confucio pensó
que era necesario enseñar sus valores y costumbres, hay que saber de su juventud.
Confucio, también llamado el Sabio o el Maestro, vivió en un tiempo cuando
personalmente vio la desintegración social y política. China se encontraba en un
estado crítico, así que decidió dedicar su vida a la reforma social. Confucio esperaba
poder educar a la sociedad, a fin de mejorar la calidad de vida y restaurar un sentido
de moralidad entre la gente. El creía que la gente era básicamente buena, pero que
la razón por el deterioro de la nación, era que la gente estaba olvidándose de ser
buena, o no estaban practicando la bondad.
6

El orden viene al hacer, o practicar lo correcto. Esto es necesario para cada


clasificación dentro de una cultura, ya que los grupos políticos afectan a sociedad,
los grupos sociales afectan las familias, y las familias afectan a los individuos. El
proceso recíproco, pero complementario, es que un individuo afectará a la familia,
una familia afectará a la sociedad, y la sociedad afectará al gobierno. Por lo tanto,
la felicidad de la humanidad depende de que cada individuo y grupo actúe de
acuerdo con la virtud y la rectitud.

- El hombre debe estar en armonía con el cosmos, lo que supone estar


de acuerdo con lo ordenado por el Cielo. Con este fin, el hombre debe trabajar
para auto-perfeccionarse, lo que se conseguirá por medio de la introspección
y el estudio, que le harán alcanzar el conocimiento, entendido éste como
conocimiento de sí mismo y de los deseos del Cielo.

Se examinarán en detalle los puntos siguientes: la humanidad, el decoro, la piedad


filial, la rectitud, la rectificación de nombres, la reciprocidad, y el gobierno por medio
de la virtud. Para cada concepto hay ciertos ejemplos específicos en las Analectas.

La palabra china jen, puede traducirse como humanidad, virtud, benevolencia,


moralidad, etcétera. O sea, jen es lo que convierte a los seres humanos en
verdaderos humanos. Quizás éste sea el concepto más importante de las creencias
de Confucio. El principio supremo de la humanidad es el actuar de acuerdo con jen.
Todas las creencias y las acciones del Maestro se fijaban en esto. Un ejemplo se
encuentra en el libro 1, capítulo 6: el Maestro dijo,-un joven, cuando se encuentra
en casa, debe ser filial y respetar a sus mayores. El debe ser leal y honesto. El debe
derramar de su amor a todos, y cultivar amistades con los buenos--. Otro ejemplo
se encuentra en el libro 5, capítulo 15; según Confucio describe las características
de un hombre superior: --En su comportamiento, él era humilde; al servir a sus
superiores, él era respetuoso; a fomentar a la gente, él era bondadoso; al ordenar
a la gente, él era justo--. De acuerdo con el Sabio, todos deben esforzarse
constantemente para perfeccionar su jen. También, el jen se debe mostrar a toda la
gente, sin importar las diferencias de personalidad, o la reputación. Una vez que
7

esto suceda, la gente será feliz. Habrá armonía en la sociedad, y entonces habrá
paz en el mundo.

Una de las formas básicas de demostrar yen es el conformarse a las reglas del
decoro (li). Confucio creía que había reglas definidas que la sociedad debía
obedecer en las relaciones sociales, ceremonias religiosas, y otras cumbres
generales. Li es el actuar adecuadamente de acuerdo a la situación, y al papel que
uno tenga. Unos ejemplos modernos del decoro pueden ser un apretón de manos
entre dos gente al saludarse, o deberes específicos de un invitado de honor en una
boda. El libro 8, capítulo 2 da varias razones por las cuales el decoro es necesario:
el Maestro dijo,-el respeto, sin las normas del decoro, es trabajoso; el cuidado, sin
las normas del decoro, es timidez; la audacia, sin las normas del decoro, es
insubordinación; la franqueza, sin las normas de él decoro, es grosería--. Ya sea en
el hogar, en la comunidad, o en el trabajo, li es necesario y siempre se debe seguir.

- Este conocimiento le servirá para desarrollar su Lí, que es un concepto


con el que se significan los ritos y las ceremonias, pero también la corrección,
la etiqueta, las buenas formas interiorizadas y no simplemente externas y
aprendidas, sino tan identificadas con el propio yo que ya forman parte de él.
- El Lí es útil para desarrollar la virtud llamada Rén, que podemos
traducir como "buenos sentimientos hacia los demás" o "benevolencia".

La piedad filial (hsiao) es la raíz de donde se desarrolla el jen. La familia es el primer


medioambiente en el que los humanos comienzan a aprender. Es importante
adquirir un sentido de respeto y admiración por los padres a una temprana edad, a
fin de desarrollar relaciones sociales adecuadamente en el futuro. Si se cría a un
niño en un hogar donde los padres no tienen respeto, entonces el niño aprenderá
que si ellos no necesitan respetar a nadie, entonces él tampoco tiene que respetar
a nadie. Por lo tanto, se requiere hsiao para que una persona aprenda la virtud de
su familia. A lo largo, la virtud que se muestra en la familia se manifiesta en la
8

sociedad. En el libro 1, capítulo 2, un discípulo de Confucio dijo,--son pocos los que


siendo filiales y paternales, disfrutan el ofender a sus superiores. No ha habido
ninguno, que sin gozar el ofender a sus superiores, goce el causar confusión...
¡Piedad filial y sumisión fraternal! ¿No es ésta la raíz de todas las acciones
benévolas?--

- La práctica del Rén supone también la de otras dos virtudes llamadas


Zhong y Shu que se traducen como "lealtad" y "perdón" o como "fidelidad" y
"compasión".
- Un individuo que tenga Rén no tendrá dificultad en practicar la justicia,
los buenos principios denominados "Yi".

La rectitud (yi), es la virtud de saber y actuar de acuerdo con lo que es correcto.


Confucio hacía hincapié en la importancia de la rectitud a fin de mejorar jen. Yi se
desarrolla más, cuando la gente se deshace de sus prejuicios. Uno no debería decir
que quiere o no quiere hacer algo, sino que uno debería tan sólo hacer lo necesario,
siempre y cuando sea lo correcto. Ciertas situaciones requerirán que hagamos algo
tan sólo porque es lo correcto. El libro 4, capítulo 10: el Maestro dijo--el hombre
superior, en el mundo, no fija su mente ni a favor ni en contra de nada, lo correcto
es lo que hará--. Este concepto se considera opuesto a la mayoría de la filosofía
occidental: hay que hacer lo necesario para tener éxito. Confucio se dio cuenta de
que era necesario tener ciertas posesiones materiales. Pero, la ganancia sólo se
debe lograr de acuerdo con yi. El libro 4, capítulo 16: el Maestro dijo--la mente del
hombre superior hace conversación por rectitud, la mente del hombre medio hace
conversación por ganancia--.

- la persona que posee y practica las anteriores virtudes es un "Junzi",


un " hombre superior".
9

- El hombre superior será educado y justo, poseerá la virtud como algo


imbricado en su naturaleza y permanecerá siempre en el justo medio, en la
moderación hasta en lo bueno.
- No es de extrañar que un hombre de esta clase sea un bien escaso,
porque abundan más los Xiaorén "hombrecillos", los hombres vulgares que
no se elevan a lo que tiene de mejor la humanidad. Por eso el hombre superior
tendrá la misión de ocupar cargos públicos, desde los que orientar y dirigir la
sociedad, es decir, a los demás hombres que no alcanzan su perfección.
- El hombre para Confucio es un ser social por excelencia.
- En la idea confuciana de la sociedad perfecta, la jerarquía es, desde
luego, social, pero también moral.
- En la China antigua y , en realidad, casi hasta nuestros días la familia
estaba lejos de ser nuclear y reducida; se trataba de un verdadero clan,
reconocían un antepasado común y conservaban vínculos con otros grupos
del mismo origen por encima de las distancia y de las generaciones.
- Una familia así es una prefiguración del Estado y los confucianos son
conscientes del modelo y de las analogías entre ambos. No es de extrañar,
pues, que la familia se considere como un pequeño reino al que son aplicables
la jerarquización, el protocolo y los métodos de gobierno usados en cualquier
corte y que, por otra parte, el Estado se vea como una gran familia en la que
tienen que darse relaciones, afectos y obligaciones morales de la misma
forma que en la pequeña.
- El aprendizaje del hombre superior se inicia en la familia, y difícilmente
podrá gobernar un Estado quien no sea capaz de gobernar primero su propia
familia.
- Para los confucianos, los hombres son básicamente iguales , pero
esto no quiere decir que puedan mantenerse iguales, porque no es posible,
ni deseable para el buen funcionamiento social y esto es mostrado por la
misma realidad.
- El individuo, la familia y el Estado están en continua interacción, de
modo que muchos individuos autocultivados serán capaces de formar
10

familias bien gobernadas y el resultado final será un estado rico y bien


administrado.
- El hombre debe llegar a la "Máxima excelencia" el Zhi Shan
encontrando lo que hay de bueno en uno mismo y desarrollarlo.
- Se resalta la idea de que la buena aplicación de las ceremonias hará
que el estado esté perfectamente gobernado.
- La escuela de los Letrados es partidaria de la conservación de los ritos
antiguos no necesariamente religiosos.
- Según los letrados, la ritualización de la sociedad y del Estado
garantizaría un perfecto funcionamiento de los mismos, pues así como la
sementera y la siega se realizan en épocas determinadas, todas las acciones
de gobierno deberían tener un orden y una jerarquía que igualmente
podríamos llamar rituales.
- La doctrina confuciana encierra una fe optimista en el hombre y en la
sociedad, a pesar de la idea de predestinación, siempre latente, ya que el
mandato celeste inclina hacia una sociedad armónica y perfecta.
- El Estado confuciano es paternalista y jerárquico: cada persona
debe ocupar en él el lugar que le corresponde y no aspirar a
más.
11

ANALECTAS

PIEDAD FILIAL
Libro I:
VI: Los padres se preocupan con la sola idea de que
sus hijos se puedan enfermar.
XI: Observar la voluntad del padre mientras esté
vivo; observar su camino durante tres años
después de la muerte de éste.
Libro IV:
V: No ir contra los deseos de los mayores.
VII: Mantener y respetar a los padres.
XIX: No viajar lejos mientras los padres vivan.
XXI: Saber la edad de nuestros padres.

GOBIERNO
Libro I:
VII: Cambiar el sexo por la estimación de los ilus-
tres.
- Dar la vida por los padres.
IX: seguir con los ritos de los ancestros.
Libro II:
III: usar la virtud para gobernar.
XX: Ocupar el puesto con seriedad
- practicar la piedad filial.
- practicar el amor fraternal.
Libro III:
XVII: Debes amar el sacrificio no el cordero
Libro V:
XXV: Dar descanso a los ancianos
12

dar confianza a los amigos


dar ternura a los pequeños
Libro VI:
XVII: el hombre ha nacido para ser recto, si pierde
su rectitud y sigue vivo es solamente por su
buena suerte.
Libro VII:
XI: o se anda tras la riqueza o tras lo que se ama.
Libro VIII:
II: El buen soberano se cuida de parientes y amigos.
X: un hombre de poca virtud se rebelará si se lleva
hasta el extremo el disgusto que se siente por
él.
XVII: estudia como si nunca fueras a aprender bas-
tante, como si temieras olvidar lo aprendido.
XVIII: el buen gobernante tiene el imperio como si
no lo tuviera.
Libro XI:
XV: el pasarse equivale a no llegar.
Libro XII:
VII:Para un buen gobierno se necesita abundancia de
Comida; ejército abundante; confianza de sus súb-
ditos hacia el gobernante. Se puede prescindir de
la comida pero no de la confianza.
Libro XIII:
IX: Primero debes dar prosperidad y luego ins---
trucción.
Libro XIV:
I: es vergonzoso pensar en el salario cuando el es-
tado se rige por buenas normas; es vergonzoso
pensar en el salario cuando el estado no es regi-
13

do por buenas normas.


Libro XV:
XL: Sólo se requiere de palabras que expresen su
significado.

MAESTRO
Libro II:
XI: Cuida lo que sabe de antiguo y aprende cosas
nuevas.
Libro VII:
II: Identifica silenciosamente las cosas; estudia
sin reposo y enseña sin cansancio.
VIII: sólo levanta las esquinas del problema
XVIII: En su búsqueda se olvida de comer, y en la
alegría de lo encontrado se olvida hasta de que
se hace viejo.
XXIV: Enseña:literatura,conducta,fidelidad y veraci-
dad.
Libro IX:
VII: Enseña al inteligente y el ignorante.
Libro XI:
III: No apoya a quien no hay nada que no le guste
del maestro.
IX: llora y ríe demasiado.
XXI: empuja al parsimonioso y detiene al precipi-
tado.

HOMBRE SUPERIOR
Libro II:
IV: Estudio, firmeza sin dudas, escuchar sin dificul
tad.
14

XIII: Palabras en práctica y luego el habla.


XIV: Aprender sin pensar = inútil
Pensar sin aprender = peligroso.
XXIV: Sacrificar espíritus ajenos = adulación
Ver justicia y no hacerla = cobardía

LIBRO IV
X: No ponerse a favor ni en contra de nada en el mun
do sino seguir lo justo.

LIBRO VI
III: No rechaces, puedes repartir.
XVI: Cualidades naturales/Educación = hombre rústico
Lo aprendido/lo innato = vulgar funcionario
Lo natural = lo estudiado = hombre superior.
XIX: Lo superior sólo lo entiende alguien que está
por encima de la mediocridad y no los que están
por debajo.
XXV: Estudia pero se autolimita por medio de los ri-
tos por tanto no se excede.

LIBRO VII
II: Identificación silenciosa de las cosas
Estudio sin reposo
Enseñanza sin descanso.
XXVII: Escucha, ve y recuerda.
XXXII: Pone en práctica lo que cree.

LIBRO VIII
IV: Pájaro moribundo = trinos tristes
Hombre agonizante = palabra de mayor excelencia.
15

Movimiento y actitud = lejos de violencia


Gestos corregidos por la sinceridad
Palabras lejos de la vulgaridad.
VI: A quien pudiera confiarse un príncipe huérfano,
un gobierno de Estado y a quien ningún suceso pu
diera arrastrar.

LIBRO IX
XIII: El que cambia al hombre rudo
XXII: Sólo el viejo famoso es digno de respeto.

LIBRO XII
XXIV: Se vale de la cultura para hacer amigos y con
la amistad fomenta la virtud.

LIBRO XIII
XXIV: El hombre superior está en armonía aunque no
esté de acuerdo.
El hombre vulgar se pone de acuerdo con los
demás pero no está en armonía.

LIBRO XV
XIV: El hombre superior se exige a sí mismo
XX: Lo que busca el hombre superior se encuentra en
sí mismo.
Lo que busca el hombre vulgar se encuentra en
los demás.
XXI: El hombre superior es sociable pero no partidis
ta.
16
17

I. CONFUCIO. EL MAESTRO

El mayor exponente de esta notable religión fue K'ung-Tze (Kong Zi, según el
moderno sistema Pinyin de latinización del idioma chino, reconocido ya
mundialmente, N.T.), o K'ung-Fu-Tze (Kong Fu Zi. Idem, N.T.), latinizado por los
primeros misioneros jesuitas como Confucio. Confucio nació en 551 a.C., en lo que
entonces era el estado feudal de Lu, y que ahora está incluido en la moderna
provincia de Shan-tung (Shang Dong. Idem, N.T.). Sus padres, aunque no eran
ricos, pertenecían a la clase superior. Su padre era un guerrero, que se había
distinguido tanto por sus hazañas como por su noble ascendencia. Confucio era
apenas un niño cuando su padre murió. Desde su niñez mostró gran aptitud para el
estudio, y si bien hubo de trabajar como sirviente en sus años mozos para
mantenerse a sí mismo y a su madre, siempre encontró tiempo para proseguir sus
estudios favoritos. Progresó tanto en ello que a los veintidós años abrió una escuela
a la muchos llegaron atraídos por la fama de sus conocimientos. Su habilidad y fiel
servicio le merecieron una promoción al cargo de ministro de justicia. Bajo su sabia
administración el Estado alcanzó un grado de prosperidad y orden moral que nunca
antes había visto. Pero a través de las intrigas de estados rivales, el Marqués de Lu
fue llevado a preferir los placeres vulgares a la preservación del buen gobierno.
Confucio intentó, con sanos consejos, volver a su señor al camino del deber, pero
todo fue en vano. A raíz de ello, Confucio renunció a su alto puesto a costo de su
tranquilidad y comodidad personales, y abandonó el país. Durante catorce años fue
de estado en estado, acompañado de sus fieles discípulos, buscando algún señor
que quisiese escuchar sus consejos. Sufrió muchas privaciones. En más de una
ocasión estuvo en riesgo inminente de ser acechado y muerto por sus enemigos,
pero su valor, y la confianza en el carácter providencial de su misión, nunca lo
abandonaron. Finalmente volvió a Lu, donde pasó los últimos cinco años de su larga
vida animando a otros al estudio y a la práctica de la virtud, y edificando a todos con
su noble ejemplo. Murió el año 478 a.C., a los setenta y cuatro años de edad. Su
vida coincidió casi exactamente con la de Buda, quien falleció dos años antes, a la
edad de ochenta.
18

Poca duda cabe que Confucio poseía una noble y avasalladora personalidad. Ello
queda claro por los datos que tenemos acerca de su carácter, por sus elevadas
enseñanzas morales, y por los hombres de altos ideales a los que educó para que
siguieran su labor. En su entusiasta cariño y admiración, ellos lo declararon el más
grande de los hombres, el sabio infalible, el hombre perfecto. Los propios dichos
que de él se conservan muestran que él nunca pretendió poseer la plenitud de la
virtud o de la sabiduría. Él estaba consciente de sus limitaciones y nunca intentó
ocultar dicha conciencia. Mas de su amor por la virtud y la sabiduría no puede haber
duda. En las "Analectas", VII, 18, se le describe como "alguien que en su
apasionada búsqueda del conocimiento olvidó la comida, y en el gozo de alcanzarlo
olvidó su pena". Cualquier cosa que en las constancias del pasado, ya en la historia,
ya en la poesía lírica, o en los ritos y ceremonias, fuese edificante y conducente a
la virtud, él lo buscaba con celo infatigable y lo daba a conocer a sus discípulos. Era
un hombre de naturaleza afectiva, compasivo y sumamente considerado con los
demás. A sus discípulos valiosos los amó entrañablemente y, a su vez, mereció de
ellos su perdurable devoción. Era modesto y sin afectaciones en su porte, inclinado
a la seriedad, pero poseía sin embargo una jovialidad natural que raramente lo
abandonaba. Educado desde la niñez en la adversidad, aprendió a encontrar
satisfacción y serenidad de mente aún donde faltaban las comodidades ordinarias.
Gustaba mucho de la música vocal e instrumental y frecuentemente cantaba,
acompañándose del laúd. Su sentido del humor se revela en una crítica que hizo de
un canto muy estrepitoso: "¿Porqué utilizar un cuchillo para reses cuando se quiere
matar un gallo?".
Con frecuencia se tiene a Confucio como el prototipo de hombre virtuoso sin religión.
Se afirma que sus enseñanzas son principalmente éticas, en las que se buscaría en
vano una recompensa en la vida futura como sanción de buena conducta. Pero la
familiaridad con las antiguas religiones chinas y de los textos confucianistas deja al
descubierto lo hueco de la aseveración de que Confucio estaba desvinculado de
cualquier pensamiento o sentimiento religioso. Él fue religioso a la manera de los
hombres religiosos de su tiempo y de su tierra. Al no hacer referencias a premios y
castigos en la vida venidera él sencillamente estaba siguiendo el ejemplo de sus
19

ilustres predecesores chinos, cuyas creencias religiosas no incluían este elemento


de la retribución futura. Los clásicos chinos, antiguos ya incluso en tiempos de
Confucio, no tienen nada que decir del infierno. Sí tienen, sin embargo, mucho que
decir de los premios o castigos otorgados en la presente vida por el Cielo que todo
lo ve. Hay una multitud de textos que muestran abiertamente que él no se separó
de la creencia tradicional en el supremo Dios-cielo y los espíritus subordinados, en
la divina providencia y en la recompensa, y en la existencia consciente de las almas
después de la muerte. Tales convicciones religiosas de su parte quedaron
expresadas en múltiples actos de piedad y culto.
II. LOS TEXTOS CONFUCIANISTAS
Dado que el Confucianismo en su sentido más amplio abraza no sólo las
enseñanzas inmediatas de Confucio, sino también los documentos, costumbres y
ritos tradicionales que él ratificó con su aprobación y que hoy se apoyan sobre todo
en su autoridad, entre los textos reconocidos como confucianistas se cuentan varios
que aún en sus días eran venerados como herencia sagrada del pasado. Los textos
están divididos en dos categorías conocidas como los "king" (ching. Idem, N.T. )
(clásicos), y los "shuh" (libros). Se reconocen comúnmente cinco, y a veces seis,
"king", que son los primeros en importancia.
El primero de ellos es el "Shao King" (Shuh Ching. Idem, N.T.) (Libro de la Historia),
una obra religiosa y moral, que detecta la mano de la Providencia en una serie de
eventos grandiosos de la historia pasada e inculca la lección de que el Dios-cielo
concede prosperidad y larga vida únicamente al gobernante virtuoso que es
motivado por el verdadero bienestar de su pueblo. La unidad de su composición
puede muy bien ubicar la fecha de su publicación en algún punto alrededor del siglo
sexto a. C., aunque las fuentes en que se basan los primeros capítulos podrían ser
casi contemporáneas a los mismos sucesos relatados.
El segundo "king" es el así llamado "She-king" (Shi Ching. Idem, N.T.) (Libro de los
Cantos), frecuentemente mencionado como las "Odas". De sus 305 breves poemas
líricos, algunos pertenecen a la época de la dinastía Shang, (1766-1123 a.C.). El
resto, y quizás la parte mayor, a los cinco siglos de la dinastía Chow (Zhou. Idem,
N.T.), o sea, hasta cerca del año 600 a. C.
20

El tercer "king" es el así llamado "I-king" (I Ching. Idem, N.T.) (Libro de los Cambios),
un enigmático tratado sobre adivinación utilizando tallos de una planta nativa, los
cuales, una vez arrojados y según se conformen, dan diferentes indicaciones
referentes a alguno de los sesenta y cuatro hexagramas formados por tres líneas
continuas y tres discontinuas. Las breves explicaciones que los acompañan, en gran
medida arbitrarias y fantásticas, se ubican en el tiempo de Wan y de su ilustre hijo,
Wu, fundadores de la dinastía Chow (1122 a.C.). Desde el tiempo de Confucio, la
obra se ha visto acrecentada por una serie de apéndices, en número de diez, de los
cuales ocho se atribuyen a Confucio. Sin embargo, únicamente una porción de éstos
es probablemente auténtica.
El cuarto "king" es el "Li-ki" (Li-chi. Idem, N.T.) (Libro de los Ritos). En su forma
actual el libro data del siglo segundo de nuestra era. Constituye una compilación de
un amplio número de documentos cuya mayor parte se remonta a la parte inicial de
la dinastía Chow. La obra proporciona normas minuciosas de conducta referentes
a ceremonias religiosas de culto, funciones de la corte, relaciones sociales y
familiares, vestido. En pocas palabras se refiere a todas las esferas de la actividad
humana. Continúa siendo aún la guía más autorizada del comportamiento correcto
para todo chino cultivado. En el "Li-ki" se encuentran muchos de los dichos
atribuidos a Confucio y dos largos tratados compuestos por sus discípulos, de los
que se puede decir que reflejan con substancial acierto los dichos y las enseñanzas
del Maestro. Uno de ellos es el tratado conocido como "Chung-Yung" (La Doctrina
del Medio) y conforma el libro XXVIII del "Li-ki". El otro tratado, que forma el libro
XXXIX del "Li-ki", es el llamado "Ta-hio" (Ta Hsüeh. Idem, N.T.) (Gran Aprendizaje).
Pretende contender la descripción de un líder virtuoso hechas por el discípulo
Tsang-tze, basado en las enseñanzas del Maestro. El quinto "king" es el breve
tratado histórico conocido como "Ch'un-ts'ew" (Ch'un Ch'iu. Idem, N.T.) (Primavera
y Otoño) y del que se dice que fue escrito por el mismo Confucio. Consiste en una
serie interrelacionada de simples anales del reino de Lu que van del año 722 al 484
a.C. A esos cinco "king" se les añade un sexto, el así llamado "Hiao-king" (Hsiao
Ching. Idem, N.T.) (Libro de la Piedad Filial). Los chinos atribuyen su composición
21

a Confucio, pero en la opinión de los críticos investigadores, es el producto de la


escuela de su discípulo, Tsang-tze.
Se acaba de hacer mención de los dos tratados incorporados en el "Li-ki", "La
Doctrina del Medio" y "El Gran Aprendizaje". En el siglo XI de nuestra era esas dos
obras fueron unidas con otros textos confucianistas constituyendo lo que se conoce
como "Sze-shuh" (Shih Shu. Idem, N.T.) (Cuatro Libros). El primero de estos es
"Lun-yü" (Analectas). Esta es una obra de veinte breves capítulos que nos muestran
qué clase de persona era Confucio en la vida diaria y conservan muchos de sus
impresionantes dichos referentes a temas morales e históricos. La obra, escrita por
alguno de la siguiente generación, parece incorporar el auténtico testimonio de sus
discípulos.
El segundo lugar en el "Shuh" se le da al "Libro de Mencio". Mencio, "Meng-tze"
(Meng-zi. Idem, N.T.), no fue discípulo directo del Maestro; vivió cerca de un siglo
después. Adquirió gran fama como exponente de la enseñanza Confucianista. Sus
dichos, en su mayoría referentes a temas morales, fueron atesorados por sus
discípulos y publicados bajo su nombre. En tercer y cuarto orden del "Shuh" están
"El Gran Aprendizaje" y "La Doctrina del Medio".
Nuestros primeros conocimientos de los contenidos de los textos confucianistas se
los debemos a la penosa investigación realizada por los misioneros jesuitas en
China durante los siglos diecisiete y dieciocho. Ellos unían al celo heroico por la
extensión del Reino de Cristo una diligencia y una habilidad tales para el estudio de
las costumbres chinas, literatura e historia que les han dejado un reto perdurable a
sus sucesores investigadores. Entre ellos podemos mencionar a los Padres
Prémare, Régis, Lacharme, Gaubil, Noël, Ignacio da Costa, por quienes fueron
traducidos y explicados con gran erudición la mayoría de los textos confucianistas.
Era natural, sin embargo, que sus estudios pioneros en un campo tan difícil
estuviera destinado a ceder su lugar a los monumentos más precisos y completos
de la investigación moderna. Pero aún allí tienen dignos representantes en
académicos de la talla del Padre Zottoli y Henri Cordier, cuyos estudios chinos
rinden evidencia de su vasta erudición. Los textos confucianistas fueron hechos
asequibles a los lectores de habla inglesa por el Profesor Legge. Al lado de su obra
22

monumental en siete volúmenes, intitulada "Los Clásicos Chinos" y su versión del


"Ch'un ts'ew", ese autor ha terminado las traducciones revisadas de "Shuh", "She",
"Ta-hio", "Y" y "Li-ki" en los volúmenes III, XVI, XXVII, y XXVIII de "Los Libros
Sagrados del Oriente".
III. LA DOCTRINA
Los fundamentos religiosos
La religión de la antigua China, a la que Confucio prestó su adhesión reverente, era
una forma de culto a la naturaleza, muy cercana al monoteísmo. Aunque se
reconocían muchos espíritus asociados con la naturaleza- espíritus de montañas y
ríos, de la tierra y de los granos, de los cuatro cuartos del cielo, el sol, la luna y las
estrellas- todos estaban subordinados al supremo Dios-cielo, T'ien (Cielo), también
llamado Ti (Señor), o Shang-ti (Supremo Señor). Todos los demás espíritus no eran
sino sus ministros, actuando siempre en obediencia a su voluntad. T'ien era quien
sostenía la ley moral, practicando una providencia benigna sobre los hombres. Nada
que se hiciese en secreto podía escapar su ojo omnipresente. Su castigo para las
malas acciones tomó ya la forma de calamidades o muerte prematura, ya la de
alguna desgracia ocurrida a los descendientes del malvado. En numerosos pasajes
del "Shao-" y "She-king" encontramos esta creencia, afirmada como motivación a la
conducta recta. La muestra de que esto no fue soslayado por Confucio está en su
dicho: "quien ofende al Cielo no tiene ya a quien orar". Otro motivo cuasi religioso
para la práctica de la virtud era la creencia de que las almas de los parientes difuntos
dependían en gran parte para su felicidad de la conducta de los descendientes
vivos. Se enseñaba que los hijos tenían el deber hacia sus padres difuntos de
contribuir a su gloria y felicidad con una vida virtuosa. A juzgar por los dichos de
Confucio que han sido preservado, él no desdeñaba esos motivos hacia una vida
virtuosa, pero ponía mayor énfasis en el amor a la virtud por sí misma. Los principios
de moralidad y su aplicación concreta en las variadas relaciones de la vida diaria
quedaron incorporados en esos textos sagrados, los cuales, a su vez,
representaban las enseñanzas de los antiguos sabios, educados por el Cielo para
instruir a la humanidad. Dichas enseñanzas no fueron inspiradas, tampoco fueron
reveladas, pero sí eran infalibles. Los sabios nacían dotados de una sabiduría
23

querida por el Cielo para iluminar a los hijos de los hombres. Era, por tanto, una
sabiduría providencial, más que sobrenatural. La noción de una revelación divina
positiva está ausente de los textos chinos. Seguir la ruta del deber tal como ha
quedado establecido en las reglas autorizadas de conducta está al alcance de todo
hombre, mientras su naturaleza, buena de nacimiento, no quede irremediablemente
perturbada por influencias perniciosas. Confucio sostenía la opinión tradicional de
que todos los hombres nacen buenos. No hay la menor señal en su enseñanza de
algo semejante al pecado original. Parece haber sido incapaz incluso de reconocer
tendencias hereditarias perniciosas. Para él, lo que pervierte al hombre es el medio
ambiente malo, el mal ejemplo y una inexcusable concesión ante los apetitos malos
que cualquiera que usase correctamente sus fuerzas naturales podría y debería
dominar. La caída moral causada por las seducciones de espíritus malvados no
tenía lugar en su sistema. Como tampoco hay noción de una gracia divina para
reforzar la voluntad e iluminar la razón en la lucha contra el mal. Hay una o dos
alusiones a la oración, pero nada que muestre que la oración diaria es
recomendable para quien aspira a la perfección.
Apoyos para la virtud
En el Confucianismo, los apoyos para el cultivo de la virtud son naturales y
providenciales, ni más ni menos. Pero en este desarrollo de la perfección moral,
Confucio siempre buscó encender en los demás el amor entusiasta que sentía él
mismo por la virtud. Para él, la empresa primordial en la vida es hacerse uno tan
bueno como sea posible. Cualquier cosa que sea conducente a la práctica de la
bondad debería ser ardientemente buscada y usada. Para ello, el conocimiento
correcto debe ser considerado como indispensable. Al igual que Sócrates, Confucio
sostenía que el vicio nace de la ignorancia y que el conocimiento conduce
infaliblemente a la virtud. El conocimiento en el que él insistía no ea simplemente el
científico, sino una familiaridad edificante con los textos sagrados y las reglas de
virtud y propiedad. Otro factor en el que él ponía gran énfasis era la influencia del
buen ejemplo. Le encantaba proponer a la admiración de sus discípulos a los héroes
y sabios de la antigüedad, con cuyas nobles hazañas y palabras los intentaba
familiarizar insistiendo en el estudio de los clásicos antiguos. Muchos de los dichos
24

que nos quedan de él son elogios de esos valientes hombres de virtud. Y no dejó
de reconocer el valor de compañeros buenos y de altos ideales. Su lema fue
asociarse con los verdaderamente grandes y hacer amistad con los más virtuosos.
Además de la asociación con los buenos, Confucio recalcaba en sus discípulos la
necesidad de acoger siempre la corrección fraterna de los propios errores. También,
consecuentemente, se les inculcaba el examen diario de la conciencia. Como una
ayuda más para la formación de un carácter virtuoso, él tenía una alta opinión de
una cierta dosis de autodisciplina. Reconocía el peligro, especialmente en los
jóvenes, de caer en hábitos de blandura y amor por lo fácil. De ahí que él hacía
hincapié en una viril indiferencia hacia comodidades afeminadas. También
reconocía en el arte de la música un apoyo poderoso para encender el entusiasmo
por la práctica de la virtud. Enseñaba a sus discípulos las "Odas" y otros cantos
edificantes, que cantaban juntos acompañados de laúdes y arpas. Todo esto, unido
al magnetismo de su influencia personal, daban a su enseñanza una fuerte cualidad
emocional.
Virtudes Fundamentales
Confucio insistió principalmente en las cuatro virtudes de sinceridad, benevolencia,
piedad filial y propiedad como los cimientos para una vida de bondad perfecta. Para
él, la sinceridad era una virtud cardinal. De acuerdo al uso que él le daba, dicha
virtud significaba mucho más que una mera relación social. Ser verídico y sin
recovecos en el hablar, fiel a las propias promesas, consciente en el cumplimiento
de las obligaciones propias para con los demás- todo ello estaba incluido en la
sinceridad y aún más. El varón sincero, a los ojos de Confucio, era aquel cuya
conducta siempre está basada en el amor por la virtud y que, en consecuencia,
buscaba observar las reglas correctas de conducta tanto en su corazón como en
sus acciones externas, tanto en la soledad como en la presencia de otros. La
benevolencia, que se muestra en un amable cuidado por el bienestar de los demás
y en la disposición para ayudarlos en tiempos de necesidad, es también un elemento
fundamental de la enseñanza de Confucio. Se le percibe como el detalle
característico del hombre bueno. Mencio, el ilustre exponente del Confucianismo,
tiene la siguiente- y notable- expresión: "La benevolencia es el hombre" (VII, 16). En
25

los dichos de Confucio encontramos enunciada varias veces su "regla de oro" en su


forma negativa. En las "Analectas", XV,13, leemos que cuando un discípulo le pidió
un principio rector para toda conducta, el Maestro respondió: "¿Acaso no es la
benevolencia mutua tal principio? Lo que no quieras que te hagan a ti no lo hagas
a los demás". Esto es asombrosamente parecido a la "regla de oro" encontrada en
el primer capítulo de las "Enseñanzas de los Apóstoles"--"Cualquier cosa que no te
gustaría que te hicieran a ti, no la hagas a los demás". También se encuentra en
Tobías, iv,16, que es donde aparece por primera vez en la Sagrada Escritura. Él no
estaba de acuerdo con el principio sostenido por Lao-tze de que la ofensa debería
ser pagada con amabilidad. Su lema era: "Responde a la ofensa con justicia y a la
amabilidad con amabilidad" (Analectas, XIV, 36). Parece ser que él veía el asunto
desde el punto de vista práctico y legal del orden social. "Recompensar la
amabilidad con amabilidad", dice en otra parte, "actúa como un motivador para la
gente. Responder a la ofensa con justicia actúa como una advertencia" (Li-ki, XXIX,
11). La tercera virtud fundamental en el sistema confucianista es la piedad filial. En
el "Hiao-king", Confucio aparece diciendo: "La piedad filial es la raíz de toda virtud"-
-"De todos las acciones de los hombres, no hay ninguna mayor que la de la piedad
filial". Para los chinos de ayer y de hoy, la piedad filial mueve al hijo a amar y respetar
a sus padres, contribuir a su comodidad, y darles a ellos felicidad y honor a su
nombre a través de tener un éxito honorable en la vida. Pero, al mismo tiempo,
llevaba esa devoción a un grado tal que se convertía en algo excesivo y erróneo.
Como consecuencia del sistema patriarcal que ahí prevalecía, la piedad filial incluía
la obligación para los hijos de vivir, aún después de casados, bajo el mismo techo
que el padre y prestarle obediencia casi infantil toda la vida. La voluntad de los
padres tenía carácter de absoluta, llegando al extremo de hacer que el hijo se
divorciara, por sobre sus sentimientos personales, si su mujer no podía satisfacer
los deseos de sus padres. Si un hijo responsable se viera en la necesidad de
aconsejar a un padre descarriado, se le enseñaba a corregirlo con la mayor
mansedumbre; aunque el padre lo golpeara hasta sangrar, no debería mostrar
ningún resentimiento. Por más malo que fuese el padre, nunca perdía su derecho
al respeto filial de su hijo. Otra virtud de importancia primordial en el sistema
26

confucianista es la "propiedad". Ella abarca toda la esfera de la conducta humana,


motivando al hombre superior a llevar a cabo siempre la acción correcta en el lugar
correcto. Dicha virtud encuentra su máxima expresión en las así llamadas reglas
ceremoniales, que no se limitan a ritos religiosos y normas de comportamiento
moral, sino que se extienden a la asombrosa cantidad de usos y costumbres
convencionales que rigen la etiqueta china. Estos ya se definían en tiempos de
Confucio como las trescientas mayores y tres mil menores reglas ceremoniales,
todas las cuales debían ser cuidadosamente aprendidas para guiar la conducta
apropiada. Tanto los usos convencionales como las reglas de comportamiento
moral llevaban con ellas un sentido de obligación que descansaba primordialmente
en la autoridad de los sabios-reyes y, en último término, en la voluntad del Cielo.
Despreciar tales normas o desviarse de ellas era equivalente a un acto de impiedad.
Ritos
En el "Li-ki" se declara que son seis las principales observancias ceremoniales:
coronaciones, matrimonios, rituales de duelo, sacrificios, fiestas y entrevistas.
Bastará con tratar brevemente los primeros cuatro, que han persistido sin cambios
notables hasta el día de hoy. La coronación era una ceremonia de alegría, con la
que se honraba al hijo al llegar a sus veinte años de edad. En presencia de parientes
e invitados, el padre daba a su hijo un nombre especial y le colocaba un gorro de
cuatro puntas como señales distintivas de su virilidad madura. Todo esto
acompañado de una fiesta. La ceremonia del matrimonio era de gran importancia.
Casarse para tener hijos varones era una grave obligación de todo hijo. Ello era
necesario para preservar el sistema patriarcal y proveer el culto a los antepasados
en los años venideros. Según se establece en el "Li-ki", la regla era que el varón
joven debía casarse a los treinta y la mujer a los veinte. La propuesta de matrimonio
y su aceptación no eran asunto de los interesados sino de sus padres. Los arreglos
preliminares eran hechos por un intermediario después de que, a través de la
adivinación, se tenía certeza de que los signos de la unión buscada eran propicios.
Las partes no podían tener el mismo apellido, ni tener relación sanguínea hasta el
quinto grado. El día de la boda, vestido con sus mejores ropas, el joven novio iba a
la casa de la novia para de ahí llevarla en su carruaje a la casa de su padre, donde
27

éste la recibía rodeado de sus alegres invitados. En copas improvisadas, hechas de


las mitades de un melón, se servían bebidas dulces que se entregaban a los novios.
Al tomar un sorbo de cada una, ellos significaban su unión en matrimonio.
Consecuentemente, la novia pasaba a formar parte de la familia de sus suegros y
sujeta, como su esposo, a la autoridad de aquéllos. La monogamia era fomentada
como la situación ideal, pero no se prohibía el tener esposas secundarias, llamadas
concubinas. Esto último se recomendaba cuando la esposa no podía tener hijos
varones y el esposo la amaba demasiado como para divorciarse de ella. Existían
siete causas, además de la infidelidad, que justificaban el repudio de la esposa, y
una de ellas era la ausencia de hijos varones. También los ritos funerarios eran de
suma importancia. Su exposición ocupa la mayor parte del "Li-ki". Eran sumamente
elaborados y muy variables en cuanto al detalle y a la duración, según el rango y la
relación del difunto con los dolientes. Los más impresionantes de todos eran los
rituales fúnebres para el padre. Durante los tres primeros días, el hijo, vestido de
arpillera áspera hecha de cáñamo blanco, ayunaba, saltaba y gritaba. Pasado el
entierro, para el cual se dan indicaciones muy precisas, el hijo debía llevar la ropa
de luto de arpillera durante veinticuatro meses, alimentándose apenas con algo de
comida, y viviendo en una choza construida al efecto a un lado de la tumba. Se
narra en las "Analectas" la indignada condena hecha por Confucio ante la
sugerencia de uno de sus discípulos de que el período de duelo se recortara a un
año. Otra clase de ritos de suma importancia eran los sacrificios, mencionados
repetidamente en los textos confucianistas, donde se dan instrucciones para su
apropiada celebración. La idea de propiciamiento a través de la sangre está
totalmente ausente de la noción china de sacrificio. Todo se reduce a una ofrenda
de alimentos para expresar el culto reverente de los participantes; una fiesta
solemne para honrar a los espíritus, a los que se invita y de los que se cree que
disfrutan de la diversión. Se preparan carne y bebidas de toda clase; hay música
vocal e instrumental, y danzas de pantomima. Los ministros celebrantes no son los
sacerdotes sino los jefes de familia, los señores feudales y, principalmente, los
reyes. No hay sacerdocio en el Confucianismo.
28

El culto del pueblo en general se limita al así llamado culto a los antepasados.
Algunos piensan que apenas se le puede llamar culto siendo, como es, una fiesta
para honrar a los familiares difuntos. Tanto en los tiempos de Confucio como hoy
día, había en cada hogar, desde el palacio del mismo rey hasta la más humilde
choza campesina, una cámara o closet llamada "templo de los antepasados", donde
se guardan reverentemente unas tablillas de madera en las que se inscriben los
nombres de los padres difuntos, abuelos y más remotos antepasados. En fechas
preestablecidas se colocaban ofrendas de fruta, vino y carnes preparadas ante las
tablillas, en las que se creía que los espíritus ancestrales hacían su morada de
descanso temporal. Además, semestralmente, en primavera y otoño, cada clan
realizaba honras públicas para los antepasados comunes. Éstas consistían en un
refinado banquete acompañado de música y danzas, al que se invitaba a los
antepasados difuntos pues se creía que ellos participaban en él junto con los
miembros vivos del clan. Aún más refinadas y grandiosas eran las fiestas trienales
o quinquenales ofrecidas por el rey a sus fantasmagóricos antepasados. Las
familias y clanes sólo ofrecían fiestas en honor de aquellos difuntos vinculados con
ellos por parentesco. Había, sin embargo, algunos benefactores públicos cuya
memoria era recordada por todos y a los cuales se les hacían ofrendas de alimentos.
El mismo Confucio llegó a ser honrado así después de su muerte, ya que se le
consideró el más grande de los benefactores públicos. Aún hoy día se mantiene
fielmente en China esta veneración religiosa del Maestro. Hay en la Universidad
Imperial de Peking (Beijing. Idem, N.T.) un templo en el que se conservan las
tablillas de Confucio y de sus discípulos más importantes. Dos veces al año, en
primavera y otoño, el emperador hacía una visita real a dicho recinto y
solemnemente hacía ofrendas de comida, acompañado de un discurso orante que
expresaba su gratitud y devoción.
En el cuarto libro del "Li-ki" se hace referencia a los sacrificios que el pueblo
acostumbraba ofrecer a los "espíritus de la tierra", o sea aquellos que velaban sobre
los campos de la localidad. La gente no tomaba parte activa, sin embargo, en el
culto a los espíritus de mayor rango. Ello formaba parte de los deberes de los
funcionarios más elevados, de los señores feudales y del rey. Cada señor feudal
29

ofrecía sacrificios al espíritu subordinado del que se suponía que tenía cuidado
especial sobre su territorio. Pero era una prerrogativa exclusiva del rey el ofrecer
sacrificios a los espíritus del reino, tanto grandes como pequeños, especialmente al
Cielo y a la Tierra. Cada año se celebraban varios sacrificios de este tipo. Los más
importantes eran los del solsticio de invierno y verano, en los que se reverenciaba
respectivamente al Cielo y a la Tierra. Para explicar esta anomalía hay que tener en
mente que el sacrificio, a los ojos de los chinos, es una fiesta para los espíritus
visitantes y, que, según sus normas de propiedad, los espíritus más elevados
debían ser honrados por los representantes más elevados de los vivos. Encontraban
muy apropiado que fuera únicamente el rey, el Hijo del Sol, quien por si mismo y por
su pueblo, realizara ofrendas solemnes al Cielo. Y así es hasta nuestros días. El
culto sacrificial para el Cielo y la Tierra es celebrado solamente por el emperador,
al que asiste, claro, un pequeño ejército de ayudantes, y con una grandeza de
ceremonial que es asombroso contemplar. Orar privadamente al Cielo y quemar
incienso para él, era una forma válida de mostrar la piedad apropiada a la deidad
mayor. Esto aún se practica, sobre todo en noche de luna llena.
Política
Confucio no conoció sino una forma de gobierno: la monarquía tradicional de su
tierra natal. Era la extensión a la nación entera del sistema patriarcal. El rey ejercía
una autoridad absoluta sobre sus súbditos, como un padre sobre sus hijos.
Gobernaba por derecho divino. Era erigido providencialmente por el Cielo para
iluminar al pueblo con leyes sabias y conducirlo al bien con su ejemplo y autoridad.
De ahí su título: "Hijo del Cielo". Pero para merecer ese título debía el rey reflejar la
virtud del Cielo. Sólo el rey de altos ideales era quien ganaba el favor del Cielo y era
recompensado con prosperidad. El rey indigno perdía la asistencia del Cielo y se
convertía en una nulidad. En los textos confucianistas abundan las lecciones y
advertencias referentes a este tema del gobierno correcto. Se hace el más fuerte
énfasis en el valor del buen ejemplo por parte del gobernante. Una y otra vez se
asienta el principio de que el pueblo no puede dejar de practicar la virtud cuando el
gobernante pone el mayor ejemplo de conducta recta. Por otro lado, en más de un
30

lugar se deja ver la implicación de que cuando abundan el crimen y la miseria, se


debe buscar la causa en un rey indigno y en ministros carentes de principios.
IV. HISTORIA DEL CONFUCIANISMO
Sin duda alguna fue esta inflexible actitud del Confucianismo respecto a los líderes
malvados y egoístas lo que casi causó su extinción hacia finales del siglo tercero
a.C. Shi Hwang-ti , quien derrocó a la dinastía Chow en el año 213 a.C., promulgó
el decreto que ordenaba que todos los libros confucianistas, excepto el "Y-king",
debían ser destruidos. Se amenazó con la pena de muerte a aquellos estudiosos
que fuesen encontrados o en posesión de los libros prohibidos, o enseñándolos a
otros. Cientos de maestros confucianistas se negaron a sujetarse a la ley y fueron
enterrados vivos. Para cuando vino la reacción contraria, durante la dinastía Han,
en el año 191 a.C., el trabajo de exterminación estaba casi completo. Gradualmente,
sin embargo, aparecieron copias más o menos bien conservadas, y los textos
confucianistas poco a poco fueron colocados de nuevo en el lugar de honor.
Generaciones de estudiosos han dedicado sus mejores años a la interpretación de
los "king" y los "shu", con el resultado de que a su alrededor se ha reunido una obra
literaria monumental. Como religión de estado de China, el Confucianismo ha
ejercido una profunda influencia en la vida nacional. Esta influencia ha sido apenas
tocada por las formas inferiores del Budismo y Taoismo, las cuales, en cuanto cultos
populares, empezaron a florecer en China alrededor del siglo primero de nuestra
era. En la burda idolatría de esos cultos, los ignorantes encontraban la satisfacción
de sus necesidades religiosas que la religión del Estado no les podía dar. Sin
embargo, no dejaban de ser confucianistas por el hecho de abrazar el Taoísmo y el
Budismo. Estos cultos no eran ni son otra cosa que adherencias de las creencias
confucianistas y de las costumbres de las clases bajas, formas populares de
devoción que se colgaban como parásitos a la religión ancestral. Los chinos
educados despreciaban tanto las supersticiones budistas como las taoístas. Esto
no obstaba para que algunos, que nominalmente mantenían su adhesión al
Confucianismo puro y simple, sostuvieran opiniones racionalistas referentes al
mundo de los espíritus. En números, los confucianistas alcanzaban los trescientos
millones. (Hasta 1911, antes de la Revolución China. La "Revolución Cultural" de
31

Mao Zedong, 1951-52, buscó erradicar totalmente las expresiones vigentes hasta
entonces de cultura y educación, entre las que se encontraba el Confucianismo, por
considerarlo expresión de aristocracia contrarrevolucionaria y decadente. No lo
logró del todo. Regímenes posteriores han abierto de nuevo las puertas a la
investigación, y con ello, el Confucianismo ha recuperado un poco de su antigua
influencia en China. N.T.).
V. CONFUCIANISMO vs. CIVILIZACIÓN CRISTIANA
Hay mucho que admirar en el Confucianismo. Ha enseñado una concepción noble
del Dios-cielo. Ha inculcado un notablemente alto estándar de moralidad. Ha
promovido, en la medida que sabía cómo, la influencia purificadora de la educación
literaria y del comportamiento cortés. Pero hoy se encuentra afectada por los serios
defectos que caracterizan a toda civilización imperfecta en sus remotos comienzos.
La asociación del T'ien con inumerables espíritus de la naturaleza, espíritus del sol,
de la luna y de las estrellas, de las colinas, de los campos y de los ríos, el uso
supersticioso de la adivinación por medio de ramitas y conchas de tortuga y la burda
noción de que los espíritus superiores acompañados de las almas de los muertos
se regalaban con ofrendas de espléndidos banquetes, no pueden aguantar la
prueba de la inteligente crítica moderna. Tampoco puede responder
adecuadamente una religión a las necesidades religiosas del corazón humano
cuando limita la participación del pueblo en la adoración solemne de la divinidad,
cuando no encuentra utilidad en la oración, cuando no reconoce realidades tales
como la gracia, cuando no tiene una enseñanza definida respecto a la vida futura.
En cuanto sistema social, el Confucianismo ha elevado a los chinos a un nivel
intermedio de cultura, pero por generaciones les ha impedido mayor progreso. Su
rígida insistencia en los rituales y costumbres que tienden a perpetuar los sistemas
patriarcales con sus anexos de poligamia y divorcio, de reclusión y discriminación
excesivas de la mujer, y de una indebida limitación de la libertad individual, el
Confucianismo contrasta dolorosamente con la progresiva civilización cristiana
32

CONFUCIO Y SU DOCTRINA

El pueblo chino, uno de los más antiguos del mundo. China, cuna de la civilización
más antigua. Pueblo y país, legendarios y misteriosos pueblo imaginativo, idealista
y creativo; pueblo lleno de leyendas y de hermosas fantasías; pueblo que pose una
cultura elevada y ricas tradiciones éticas y políticas.
Su historia, atestiguada por fuentes escritas , comprende unos cuatro mil años . Y
durante el proceso de desarrollo de su civilización, este pueblo ha dado a luz,
grandes pensadores, hombres de ciencia, inventores, jefes políticos y militares,
escritores y artistas y han creado, una gran cantidad de monumentos culturales.
Pensadores eminentes, pensadores destacados de la China antigua, de la China
anterior a nuestra era, lo fueron: Lao-Tsé, Confucio, Mencio, Mo-Tsé, Yan Chu,
Chuang-Tsé, etc. Y todos, han proyectado sus pensamientos hasta nuestros días.
Todos, han sido dignos de figurar en la Historia de la Filosofía, por lo significativo
de sus ideas y por las transformaciones ideológicas, que en su tiempo generaron.
Todos, nos han dejado sabias enseñanzas y valiosas experiencias, para el presente
y para el futuro.
Referirme a todos y cada uno de ellos, sería lo ideal; pero las limitaciones son
obvias; por ello, de manera breve, trataré de bosquejar y a velo de pájaro, lo más
importante sobre la vida y la obra de uno sólo, sobre el más destacado quizá, K´ung-
Fu-Tsé.

CONFUCIO, SU VIDA Y SU DOCTRINA.-


Distinguido pensador fue Confucio(551-479 a.C.), en su tiempo y en China, gozó de
respeto y reconocimiento, por haber creado una doctrina ético-política. El libro LUN-
YU, redactado por sus discípulos, contiene la mayor parte, d los pensamientos d
este eminente sabio; este libro, contiene el material que permite conocer, en sus
rasgos generales, la vida y las ideas de Confucio.
Nació Confucio en un lugar llamado Shan-Tung, provincia del principal de Lu.
Huérfano desde niño, actuó modestamente en trabajos administrativos, fue
33

encargado de un depósito de granos;-- cuidó ganado y vigiló obras del gobierno. A


los 22 años de edad, estableció una escuela privada; en la que enseñaba poesías,
historia, ceremoniales, música, etc., afirmándose que llegó a tener millares de
alumnos . Fue secretario de justicia y ministro principal del Estado de Lu; a este
cargo, renunció para recorrer otros estados de la China, donde aconsejó a los
príncipes reformas gubernamentales. Su peregrinaje había comenzado, cuando ya
contaba con más de 50 años de edad. Por último, regresó a la enseñanza en su
escuela privada; ordenó a sus discípulos, recopilar viejos libros chinos.
Corrientemente, figuran bajo su nombre cinco libros, aunque en rigor, sólo puede
atribuírsele, con poca probabilidad, uno de ellos, el Shunt-Siu o “Anales de
Primavera y Otoño”. Sus enseñanzas, y en esto no hay duda, fueron recogidas por
sus alumnos y reunidos en el libro llamado Lun-Yü, “Analectas” o “Discursos y
Diálogos”.

DOCTRINA.-
Confucio no fue especulativo ni teorizante. Su doctrina es práctica, no original, sino
sacada de los ejemplos de los antepasados; especialmente de los grandes
príncipes. En su doctrina se palpa, se siente, se ve; la ausencia de toda idea de un
mundo espiritual, de un ser supremo, causa única y remunerador supremo del
hombre.
Su doctrina está sintetizada, en una serie de máximas morales y preceptos políticos.
Por lo que puede ser considerada, como doctrina de tipo Etico-Política.
Su máxima fundamental de conducta era: “Lo que no quieras para ti, no lo quieras
para los demás”. Decía “cuanto yo predico, ha sido practicado ya por vuestros
sabios; y esta práctica se reduce a tres reglas fundamentales de relaciones:
relaciones entre soberanos y súbditos; relaciones entre padres e hijos y relaciones
entre marido y mujer.- y se complementa con el ejercicio de las cinco virtudes
capitales de la humanidad, a saber: el amor a todos los hombres sin distinción; la
justicia, que da a cada uno de lo que le corresponde; la observancia de las
ceremonias y de los ritos establecidos; la rectitud de ánimo y de corazón, que hace
34

buscar en todas las cosas lo verdadero; y la sinceridad, esto es, el corazón franco,
que excluye todo disimulo, en los hechos y en las palabras”.
Las grandes facultades del hombre-- decía--son tres: la conciencia, que es la luz de
la inteligencia para determinar el bien y el mal; la humanidad, que es la equidad del
corazón; y el valor moral, que es la fuerza del alma. Si el hombre hace buen uso de
estas tres facultades, el resultado será el amor a todos los hombres sin distinción.
Al referirse al gobierno,-- decía--Que si un hombre honesto y moral, tuviese a su
cargo el gobierno de la nación, se rodearía de hombres igualmente dignos y, por
tanto, concibió la idea de educar a los príncipes, que un día llegarían a ser
emperadores, para que éstos, a su vez, influyesen en su corriente educativa, que
iría de los soberanos hacia los súbditos y de este modo, se reformaría la nación.
Otra de sus máximas, de gran significado por su contenido moral y educativo, es la
siguiente: “El hombre que ante la ganancia, piensa en la justicia; ante el peligro,
ofrece la vida; y en la vejez, no se desdice de las promesas que hizo en la juventud;
este hombre puede considerarse perfecto.
Las enseñanzas de Confucio, tal vez, no sean un cuerpo doctrinario debidamente
estructurado y rígido, pro son enseñanzas valiosas por su claridad y sencillez; con
ellas, trató de enseñar a los hombres-- como él decía--el modo de vivir felizmente.
La idea de un príncipe bueno, paternal y providente para con sus súbditos, impregna
toda su doctrina. Los conceptos de bondad, belleza, tolerancia, paz, justicia, etc.,
tan parecidos a los del cristianismo, son la base de su enseñanza y de su moral.
Creía en la bondad natural del hombre.--Decía: “El origen de la bondad entre los
hombres esta en su caso en su cabeza. De allí trascendente a toda la comunidad.
La ley y la sanción son factores secundarios.
La idea directriz debe ser, el dominio que el individuo ejerza sobre si mismo ante
sus semejantes, con actitud comprensiva y amorosa.
Gozó de gran prestigio entre muchos príncipes. Puesto que creía en la eficacia del
buen ejemplo de parte de los superiores, se esforzó por encauzar a los príncipes,
por el camino de la buena conducta moral. Esta conducta, estaba trazada con base
en el amor, la justicia , la reverencia, la sabiduría y la sinceridad.
35

Confucio no tuvo la inteligencia de establecer una religión, ni se consideraba a si


mismo, como enviado divino para la reforma del género humano. La idea de un
supremo ser o de una vida futura, no eran parte de su predicación. Creía que el
hombre era naturalmente bueno y que podía conservar su bondad, siguiendo los
ejemplos de sus antepasados virtuosos y viviendo en armonía con sus semejantes.
Concibe el RITO para las CEREMONIAS políticas o religiosas, como algo ineludible,
como expresión ideal de la organización, a que han de sujetarse los hombres. Quien
quiera llegar a ser hombre superior--decía-- que estudie toda la literatura y que se
rija por los ritos. Así no dará nunca un mal paso. La realidad humana ha de fundarse
en el orden, como en el orden se funda la realidad celeste. Para ello, el hombre
debe poner en práctica, el principio de la fidelidad a la propia naturaleza, y aplicarlo
a su trato con los demás. Así como el universo en una jerarquía, en que todos los
elementos están supeditados a las leyes del cielo, la sociedad es una jerarquía, en
la que los hijos están supeditados a los padres y la familia, supeditada al estado. De
ese modo, reinará entre los hombres, la paz que reina en el universo. Así como el
cielo permanece invariable, invariables han de ser, las relaciones humanas y los
ritos.
El concepto de “hombría de bien”, es fundamental en la ética confuciana; “hombría
de bien”, es el principio moral que determina las relaciones humanas, en la sociedad
y en la familia e inculca, el respeto a los que son superiores a nosotros, bien por la
edad, bien por la posición social. Confucio exigía, que cada hombre se comportara,
en religiosa consonancia en su posición social. Los hombres-- decía -- también
deben ser mutuamente generosos y observar como un santo deber, el culto a los
antepasados.
En sus enseñanzas, insiste en la reverencia hacia los padres, no solamente
mientras viven, sino también después de su muerte; esta enseñanza, tuvo una gran
influencia en el pueblo chino. Dio a la nación, la notable característica, de su filial
amor y respeto hacia los padres. Es también el origen del culto a los antepasados;
y explica el por qué, por tantos siglos, los chinos han estado con la mira hacia atrás,
retardando su progreso.
36

Confucio fue reiterativo en la idea de que el frente del gobierno, debía hallarse los
hombres más sabios, quienes debían imponerse como tarea fundamental, educar
con su ejemplo personal a sus súbditos. Pero sostenía también, que cada hombre,
debía instruirse hasta donde le fuese posible y perfeccionarse moralmente.
Expresaba que la función de gobernar, equivalía a una “rectificación de los
hombres”, es decir, a poner a cada quien, en el lugar que le corresponde dentro de
la sociedad, de acuerdo con su posición social.
En el libro Lun-Yu (cap. XII) dice: “El soberano, debe ser soberano; el súbdito,
súbdito; el padre, padre; y el hijo, hijo”. Pero al mismo tiempo insistía, en que los
gobernantes, están obligados a educar e instruir al pueblo y a exhortarle, a seguir
las enseñanzas de hombre más perfectos.
Las enseñanzas de Confucio, sobre todo en el aspecto moral, fueron fecundadas
para el pueblo chino, para su historia y para su cultura; sin embargo, en lo político y
a mi juicio, dieron lugar a una injusta desigualdad social, fortaleciendo las castas
por muchos siglos. También la historia nos dice, que su doctrina fue aprovechada
posteriormente, por la clase dominante (Dinastía Han. 206 a.C.). Aprovechada para
infundir en el pueblo, un espíritu de sumisión y tratar de perpetuar, el régimen feudal,
con su orden jerárquico de castas y su rígida reglamentación, de las relaciones
sociales.
El excesivo culto a los antepasados y la defensa de los ritos religiosos tradicionales,
fueron sin lugar a duda, enseñanzas que frenaron el avance y desarrollo de la
nación china; enseñanzas que adormecieron la inteligencia de los habitantes de
este legendario país, pueblo que ha empezado a despertar a partir de 1948, año en
el que realizaron su revolución social.
Confucio murió en el año 479 a.C. y en los seis o siete siglos, que siguieron después
de su muerte, su doctrina se convirtió en la filosofía del estado. Es hasta principios
de nuestra era, cuando el Budismo empieza a penetrar en China; y es hasta la Edad
Media, cuando se empieza a predicar el cristianismo; creencias que han disminuido
la influencia del confucionismo en China.
En la actualidad, se calcula que unos 340 millones de fieles, siguen las enseñanzas
de la doctrina de Confucio.
37

Confucio murio a la edad de 72 años y en un lugar cercano a la Cd. de Kufou, se


levanta su tumba, en cuya lápida, hay gravada esta sentencia: “ TODO SE LE
PERDONA, A QUIEN NADA SE PERDONO A SI MISMO”.

CONFUCIO (KUNG-TSE):

Biografía de Confucio

Filósofo, teórico social y fundador de un sistema ético - más que religioso - ha


llegado hasta nuestros días, Kung-tse (Confucio, para occidente) vivió en la China
feudal hace 2.500 años, entre el 551 y el 479 a. C. Sus orígenes eran humildes,
desde joven mostró gran inclinación por los libros antiguos, con el tiempo,
desempeñó una alta posición como funcionario del estado de Lu, en la actual
provincia de Shang-tung.
La amplitud y profundidad de su sabiduría, lo llevó a ser conocido como Kung el
Sabio (Kung-Fu-Tsu, que los misioneros escribieron como Confucio) por una intriga
política se vio obligado a peregrinar durante trece años de una corte a otra,
intentando persuadir a los monarcas de que adoptaran sus ideas sobre la justicia y
la convivencia en armonía.
Decepcionado, acabaría refugiándose en la enseñanza y reuniendo a numerosos
discípulos, con los que recogió y sistematizó los cinco grandes textos de la tradición
china: El célebre Yi-King o Libro de las Mutaciones, el Chu-King o Canon de la
Historia, el Chi-King (Libro de las Canciones), el Li-Ki (Libro de los Ritos) y los Chun-
Ching o Anales de primavera y otoño.
Las enseñanzas de Confucio, han llegado hasta nosotros gracias a sus alumnos,
se hayan reunidas en los cuatro libros clásicos.
Lejos de la mística y de las creencias religiosas, el confucionismo se propone como
una filosofía práctica, como un sistema de pensamiento orientado hacia la vida y
38

destinado al perfeccionamiento de uno mismo. El objetivo, en último término, no es


la "salvación", sino la sabiduría y el autoconocimiento.

Lejos de la mística y las creencias religiosas, la enseñanza de Confucio es una


filosofía práctica, un sistema de pensamiento orientado hacia la vida y destinado al
perfeccionamiento de uno mismo.
El objetivo no es la "salvación", sino la sabiduría y el autoconocimiento.
Los Cuatro Libros Clásicos ocupan mucho espacio. Por eso, lo que aquí se expone
es un resumen de las citas más interesantes de cada Libro, las citas se han ido
presentando según su orden de aparición. Por lo cual aparecen mezclados los
temas y en una forma anárquica, ya que están fuera de contexto.
Es desconcertante la escasa información en español sobre Confucio que se
encuentra en la Red.
Deseo que esta página contribuya a la difusión del pensamiento de este filósofo
contemporáneo de los clásicos griegos y todavía en vigor en gran parte de Asia.
El Siglo XXI posiblemente sea el siglo de China y su influencia a nivel mundial será
muy grande.
Es necesario intentar comprender cómo piensa esa civilización e intentar imitar o
adaptar lo que a cada cual convenga.

Una breve reseña de la filosofía Confucionista

Confucio vivió hace 2500 años - del 551 al 479 a. C. - y fue sucedido por el filósofo
Mencio, aproximadamente 100 años después. Vivió en un período de grandes
trastornos sociales, cuyo término se conoce como el período de la “Primavera y
Otoño”, cuando la casa de Zhou, perdió el control de varios estados.

. La armonía política solamente es posible a través de la armonía moral.


Para Confucio, no hay distinción entre política y ética. El enseñó que el orden y la
armonía política solamente son posibles a través del establecimiento del orden
moral, lo cual se logra cuando el hombre crea una armonía moral para sí mismo.
39

Esta es la misma noción que desarrolla Federico Schiller en sus “Cartas sobre la
Educación Estética del hombre”, donde Schiller dice que “sólo a través del
ennoblecimiento del carácter del individuo, se puede lograr un cambio en materia
política”.

. La naturaleza del hombre es buena.


Confucio dice: “lo que es dado por Dios es lo que llamamos naturaleza humana.
Para cumplir la ley de nuestra naturaleza es que invocamos la ley moral. El cultivo
de la ley moral, es lo que llamamos cultura”.
La naturaleza del hombre es buena, y cada individuo nace con cuatro elementos
morales: amor (ren), el cual incluye la noción de “amor por la humanidad” (ágape);
virtud, que incluye la noción de “amor por la justicia”; propiedad; y sabiduría, la cual
incluye la noción de “amor por el conocimiento”. Todo individuo posee estos cuatro
elementos, de la misma forma que uno tiene las cuatro extremidades, y es su
responsabilidad desarrollarlos al máximo. Si no lo hace así, atenta contra sí mismo.

. El amor es el elemento más importante de la naturaleza humana.


De acuerdo a Confucio, “el amor es la residencia de todas las virtudes, y es
necesario practicarlo con todas nuestras fuerzas”, y “el amor es la esencia del
hombre y la virtud es su senda”. Confucio enfatiza que el hilo conductor de todas
sus enseñanzas, es el comprender el principio del amor y su realización, y le pide a
la gente que lo cultive: “la gente necesita el amor con más urgencia que el agua y
el fuego. El principio del amor debe ser aplicado tanto por los gobernantes, como
por los gobernados”.

. La libertad es la búsqueda de la verdad.


En todas sus acciones, el hombre debe seguir el principio del Cheng. Cheng
significa “libertad ante todas las cosas”, “ser la verdad hacia sí mismo”. Confucio
40

dice: “ser la verdad hacia sí mismo es la ley del cielo. Intentar ser la verdad hacia sí
mismo es la ley del hombre”. El resultado de “ estar libre de mentira” es la realización
personal, y “sólo el que es totalmente verdadero hacia sí mismo, puede ayudar a la
transformación y desarrollo de los poderes del cielo y de la tierra. Con esa capacidad
para asistir a la transformación y engrandecimiento de los poderes del cielo y de la
tierra, se une a ellos”. Y además, “quien es naturalmente verdadero hacia sí mismo,
es alguien, que sin esfuerzo, encuentra lo verdadero, sin dificultad encuentra lo que
quiere conocer; es alguien, cuya vida está en armonía natural y expedita con la ley
natural. A una persona así podemos llamarle un hombre de naturaleza divina”. Este
concepto es similar a la noción de Federico Schiller del “alma bella”.

· El hombre se relaciona con el universo a través de la ley moral.


De acuerdo a Confucio, “la vida del hombre moral es una muestra del orden moral
del universo (zhong yong).” Porque “él es una persona que incesantemente cultiva
su verdad o su ser moral”. Confucio remarca: “Encontrar la guía central para nuestro
ser moral, lo cual nos une con el orden universal, verdaderamente es el logro
humano más alto”. Confucio dice que la ley moral se encuentra en todas partes, y
aún así, es secreta –hasta en sus últimos alcances, donde aún los más sabios y
santos no pueden vivir conforme a ella.
“En la inmensidad del universo, no siempre está satisfecho el hombre. Pues no hay
nada tan grande, que la mente del hombre moral no pueda concebir o contener. Ni
hay nada tan pequeño, que la mente del hombre moral no pueda dividir o partir”.
“El Libro de las canciones dice: el halcón vuela al confín de los cielos y los peces se
sumergen hasta el profundo abismo”. Es decir, no hay lugar en lo más alto del cielo,
ni en las aguas más profundas, donde no habite la ley moral. El hombre inicia su
encuentro con la ley moral mediante la relación entre hombre y mujer; pero la finaliza
en los vastos confines del universo.

. Educación universal.
41

Confucio defiende la educación para todos, tanto pobres como ricos. Denosta la
memorización y dice que mejor debería enseñarse al estudiante a pensar, a formar
el carácter y ennoblecer al individuo.

. Orden social a través del “li”


No existe un término adecuado en español equivalente a “li”. La idea es que para
tener orden social, cada persona debe ocupar su lugar en la sociedad –en relación
consigo mismo, con su familia, con toda la sociedad y con el universo. Li también
sitúa al individuo en relación con el pasado, el presente y el futuro;
Confucio dice que “el hombre es el corazón del universo” y que el “li es una enorme
vía que conduce a las leyes del cielo, para que las expresiones del corazón humano
se dirijan por el camino correcto. Es por esto que el filósofo sabe que el li es
indispensable”. Como consecuencia, “la naturaleza humana es el campo por cultivar
del filósofo. Labra con li, siembra con semillas de obediencia, quita la maleza con la
educación y el aprendizaje, cosecha con la verdad de la naturaleza humana y
disfruta con la música. Por lo tanto, li es la cristalización de lo que es correcto. Si
alguna cosa está en concordancia con lo que usualmente es correcto, entonces se
instituyen las prácticas sociales de nuevo, aunque no conozcamos las reglas del
pasado”. Confucio dice que para seguir el Principio del li, la sociedad debe
progresar, para que en el futuro, el hombre pueda disfrutar en sociedad de la “Gran
Armonía”, en la cual nadie es pobre, y la gran armonía conduce, para que el
gobernante se dirija en el carruaje de la virtud, teniendo a la música como su guía.”

. Una nota sobre los textos confucionistas.


“Los cuatro libros”: “La gran ciencia (Daxue), “La doctrina del medio” (Zhong Yong),
“Las Analectas” (Lun yu), y “Mencio” (Mengzi), contienen la totalidad del
pensamiento filosófico Confucionista. Existe una muy buena introducción en “The
wisdom of Confucius”, editada y traducida por Lin Yutang (ver nota 15).
42

“Los cinco clásicos”: “El libro de las canciones” (Shijing), “El libro de la historia”
(Shujing), “El libro de los ritos” (Liji), “El libro de los cambios” (Yijing), “El anuario
primavera y otoño” (Chunqiu). Estos clásicos fueron editados en gran parte por
Confucio, y él insiste en que sean estudiados muy cuidadosamente.
LOS CUATRO LIBROS
CONFUCIO

A pesar de que el Confucianismo puede considerarse opuesto al Taoísmo --


buscando el primero la armonía del hombre con la sociedad mientras que el
segundo se centra en hallar la armonía del hombre con el Universo (Tao)--,
consideramos interesante para el lector conocer sus fundamentos que pueden
encontrarse en los "Cuatro Libros" de Confucio:
1.-Primer Libro Clásico (Ta-Hio o Gran Ciencia) atribuido al nieto de Kung-Tse
esta dedicado a los conocimientos propios de la madurez.

2.-Segundo Libro Clásico (Chung-Yung o Doctrina del Medio) trata de las reglas
de conducta humana, del ejemplo de los buenos monarcas y la justicia de los
gobiernos.

3.-Tercer Libro Clásico (Lun-Yu o Comentarios filosóficos) conocido como


Analectas, resume de forma dialogada lo esencial de la doctrina de Kung-Tse.

4.-Cuarto Libro Clásico (Meng-Tse o Libro de Mencio) compuesto por su


seguidor, que vivió entre los años 371 y 289 a. C
________________________________________

Primer.. Libro ..Clásico

Es preciso conocer el fin hacia el que debemos dirigir nuestras acciones.


En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos alcanzado el
estado de perfección que nos habíamos propuesto.
43

Desde el hombre más noble al más humilde, todos tienen el deber de mejorar y
corregir su propio ser.

¿No sería más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?, ¿No resultaría más
provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas
de los hombres?

Para conseguir que nuestras intenciones sean rectas y sinceras debemos actuar de
acuerdo con nuestras inclinaciones naturales.

Cuando el alma se haya agitada por la cólera, carece de esta fortaleza; cuando el
alma se halla cohibida por el temor, carece de esta fortaleza; cuando el alma se
halla embriagada por el placer, no puede mantenerse fuerte; cuando el alma se halla
abrumada por el dolor, tampoco puede alcanzar esta fortaleza. Cuando nuestro
espíritu se haya turbado por cualquier motivo, miramos y no vemos, escuchamos y
no oímos, comemos y no saboreamos.

Raras veces los hombres reconocen los defectos de aquellos a quienes aman, y no
acostumbran tampoco a valorar las virtudes de aquellos a quienes odian.

Lo que desapruebes de tus superiores, no lo prácticas con tus subordinados, ni lo


que desapruebes de tus subordinados debes practicarlo con tus superiores. Lo que
desapruebes de quienes te han precedido no lo practiques con los que te siguen, y
lo que desapruebes de quienes te siguen no lo hagas a los que están delante de ti.

No dar importancia a lo principal, es decir, al cultivo de la inteligencia y del carácter,


y buscar sólo lo accesorio, es decir, las riquezas, sólo puede dar lugar a la
perversión de los sentimientos del pueblo, el cual también valorara únicamente las
riquezas y se entregará sin freno al robo y al saqueo.
44

Si el príncipe utiliza las rentas públicas para aumentar su riqueza personal, el pueblo
imitará este ejemplo y dará rienda suelta a sus más perversas inclinaciones; si, por
el contrario, el príncipe utiliza las rentas públicas para el bien del pueblo, éste se le
mostrará sumiso y se mantendrá en orden.

Si el príncipe o los magistrados promulgan leyes o decretos injustos, el pueblo no


los cumplirá y se opondrá a su ejecución por medios violentos y también injustos.
Quienes adquieran riquezas por medios violentos e injustos del mismo modo las
perderán por medios violentos e injustos.

Sólo hay un medio de acrecentar las rentas públicas de un reino: que sean muchos
los que produzcan y pocos los que disipen, que se trabaje mucho y que se gaste
con moderación. Si todo el pueblo obra así, las ganancias serán siempre suficientes.

Segundo.. Libro ..Clásico


La situación en que nos hallamos cuando todavía no se han desarrollado en nuestro
ánimo la alegría, el placer, la cólera o la tristeza, se denomina "centro". En cuanto
empiezan a desarrollarse tales pasiones sin sobrepasar cierto límite, nos hallamos
en un estado denominado "armónico" o "equilibrado". El camino recto del universo
es el centro, la armonía es su ley universal y constante.

Cuando el centro y la armonía han alcanzado su máximo grado de perfección, la


paz y el orden reinan en el cielo y en la tierra, y todos los seres alcanzan su total
desarrollo.

El hombre noble, cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentre se


adapta a ellas con tal de mantenerse siempre en el centro. En cuanto conseguía
una nueva virtud, se apegaba a ella, la perfeccionaba en su interior y ya no la
abandonaba en toda la vida.
45

Mucho más excelente es la virtud del que permanece fiel a la práctica del bien,
aunque el país se hay carente de leyes y sufra una deficiente administración.

El camino recto o norma de conducta moral debemos buscarla en nuestro interior.


No es verdadera norma de conducta la que se descubre fuera del hombre, es decir,
la que no deriva directamente de la propia naturaleza humana.

Quien desea para los demás lo mismo que desearía para sí, y no hace a sus
semejantes lo que no quisiera que le hicieran a él, éste posee la rectitud de corazón
y cumple la norma de conducta moral que la propia naturaleza racional impone al
hombre.

La perseverancia en el camino recto y la práctica constante de las buenas obras,


cuando han alcanzado su prado máximo de perfección, producen óptimos
resultados; del mismo modo, el fiel cumplimiento del deber dará lugar a beneficios
sin límite, siendo su causa unas fuerzas de naturaleza sutil e imperceptible.

Existen cinco deberes fundamentales, comunes y tres facultades para practicarlos.


Estos deberes se refieren a las cinco relaciones siguientes:
las relaciones que debe existir entre el príncipe y los súbditos,
entre el padre y sus hijos,
entre el marido y la esposa,
entre los hermanos mayores y los menores, y
entre los amigos.
El recto comportamiento en estas cinco relaciones constituye el principal deber
común a todos los hombres.

Para el buen gobierno de los reinos es necesaria la observancia de nueve reglas


universales: el dominio y perfeccionamiento de uno mismo, el respeto a los sabios,
el amor a los familiares, la consideración hacia los ministros por ser los principales
46

funcionarios del reino, la perfecta armonía con todos los funcionarios subalternos y
con los magistrados,
unas cordiales relaciones con todos los súbditos, la aceptación de los consejos y
orientaciones de sabios y artistas de los que siempre debe rodearse el gobernante,
la cortesía con los transeúntes y extranjeros, y el trato honroso y benigno para con
los vasallos.

Si antes de ponernos a hablar determinamos y escogemos previamente las


palabras, nuestra conversación no será vacilante ni ambigua. Si en todos nuestros
negocios y empresas determinamos y planeamos previamente las etapas de puesta
actuación, conseguiremos con facilidad el éxito. Si determinamos con la suficiente
antelación nuestra norma de conducta en esta vida, en ningún momento se verá
nuestro espíritu asaltado por la inquietud. Si conocemos previamente nuestros
deberes, nos resultará fácil su cumplimiento.

El que no es fiel y sincero con sus amigos, jamás gozará de la confianza de sus
superiores.

Cuando el hombre prudente es elevado a la dignidad soberana, no se enorgullece


ni envanece por ello; si su posición es humilde, no se rebela contra los ricos y
poderosos. Cuando el reino es administrado con justicia y equidad, bastará su
palabra para que le sea conferida la dignidad que merece; cuando el Reino sea mal
gobernado, y se produzca disturbios y sediciones, bastará su silencio para salvar
su persona.

Todos los seres participan en la vida universal, y no se perjudican unos a otros.


Todas las leyes de los cuerpos celestes y las que regulan las estaciones se cumplen
simultáneamente sin interferirse entre sí. Las fuerzas de la naturaleza se
manifiestan tanto haciendo deslizar un débil arroyo como desplegando
descomunales energías capaces de transformar a todos los seres, y en esto
consiste precisamente la grandeza del cielo y de la tierra.
47

El sabio pretende que sus acciones virtuosas pasen desapercibidas a los hombres,
pero día por día se revelan con mayor resplandor; contrariamente, el hombre inferior
realiza con ostentación las acciones virtuosas, pero se desvanecen rápidamente.
La conducta del sabio es como el agua: carece de sabor, pero a todos complace;
carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con
sencillez y orden a las más variadas figuras.

Contrólate a ti mismo hasta en tu casa; no hagas, ni aún en el lugar más secreto,


nada de lo que puedas avergonzarte.

Sin ofrecer bienes materiales el sabio se gana el amor de todos; sin mostrarse cruel
ni encabezado, es temido por el pueblo más que las hachas y las lanzas.

La pompa y la ostentación sirven de muy poco para la conversión de los pueblos.

Tercer.. Libro ..Clásico


Si el hombre sabio observa una conducta displicente, no inspirará respeto; si se
limita a estudiar, sus conocimientos no serán profundos. Debéis ser siempre
sinceros, fieles y actuar con buena fe. No entabléis amistad con personas de virtud
o conocimientos inferiores a los vuestros. Si tenéis algún defecto, procurad
corregirlo.

La cortesía que debe presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta


principalmente en el respeto y comprensión hacia todos.

Se puede calificar de " hombre superior " el que primero pone en práctica sus ideas,
y después predica a los demás lo que él ya realiza.

La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y


que se ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría.
48

Aprende a escuchar sin descanso para disipar tus dudas; mide tus palabras, para
que nada de lo que digas sea superfluo; sólo de este modo lograrás evitar todo error.
Obsérvalo todo, para prevenir los daños que pudiera ocasionarte una insuficiente
información. Controla tus acciones, y así no tendrás que arrepentirte con frecuencia
de ellas. En cuanto hayas conseguido que tus palabras sean normalmente rectas,
y no debas arrepentirte con frecuencia de tus acciones, serás digno del cargo que
ocupas.

Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía.

El hombre superior no discute ni se pelea con nadie. Sólo discute cuando es preciso
aclarar alguna cosa, pero aún entonces cede el primer lugar a su antagonista
vencido y sube con él a la sala; terminada la discusión, bebe con su contrincante en
señal de paz. Estas son las únicas discusiones del hombre superior.

Los hombres ambicionan las riquezas y los honores, pero si no es posible obtenerlos
por medios honestos y rectos, deben renunciar a estos bienes. Los hombres huyen
de la pobreza y de las injurias, pero, si no pueden evitarse por caminos honestos y
rectos es preciso aceptar estos males.

Los defectos y faltas de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si


examinamos con atención las faltas de un hombre, llegaremos a conocer si su
bondad es sincera o fingida.

Observad a los sabios para comprobar si vosotros poseéis sus virtudes. Observad
también a los perversos para meditar en vuestro interior si estáis libres de sus
defectos.

Los que controlan en todo momento sus actos, raras veces se desvían del camino
recto.
49

Una virtud nunca puede subsistir aislada; siempre ha de hallarse protegida por otras
virtudes.

El hombre prudente es parco en el hablar pero activo en el obrar

Cuando empecé a tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en
que sus acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres,
escucho sus palabras y al propio tiempo observo sus acciones.

No he conocido a ningún hombre que obrara siempre de acuerdo con sus principios.
Yo no hago a los demás lo que no quisiera que ellos hicieran conmigo.

El que sabe mantener un porte digno aun cuando se halla entre sus amigos,
conseguirá que sus más íntimos amigos sientan un gran respeto hacia él.

Lo único que yo ambiciono y deseo es no caer en la necesidad de vanagloriarme


por mis virtudes y por mi inteligencia, y no pregonar mis buenas acciones.

Un hombre digno debe ayudar a los necesitados, pero no aumentar los bienes de
los ricos.

Es mejor amar la verdad que el frío conocimiento de la misma; es mejor complacerse


en la práctica de la verdad, que el simple amor hacia ella.

Estaría dispuesto a ejercer cualquier oficio si con él pudiera obtener grandes


riquezas por medios honrados; si por el contrario, para enriquecerse debiera
emplear medios deshonestos, preferiría seguir en la pobreza dedicándome a mis
actividades favoritas.
50

No he hallado todavía ningún hombre santo; como máximo sólo he logrado conocer
a algún hombre sabio. No comprendo cómo puede haber hombres que actúen sin
saber lo que hacen.

Quienes son pródigos en exceso y se entregan al lujo, fácilmente se vuelven


orgullosos.

Cuando el hombre se halla cerca de la muerte, sus palabras son sinceras y veraces.

Es posible lograr que el pueblo siga al hombre bueno, pero nunca se le podrá forzar
a que le comprenda.

En general los hombres aman más la belleza corporal que la virtud.

Cuando uno no ha alcanzado todavía la perfección en el servicio de los hombres,


¿Cómo es posible que sea digno de servir a los espíritus?

¿Qué es la muerte? Si todavía no sabemos lo que es la vida, ¿Cómo puede


inquietarnos el conocer la esencia de la muerte?

Tan malo es pasar de la medida como no alcanzarla.

En público, compórtate siempre como si estuvieras ante un personaje muy


distinguido; cuando debas dar alguna orden al pueblo, muestra el mismo respeto y
dignidad como si estuvieras ofreciendo el gran sacrificio. No quieras para los demás
lo que no quisieras para ti.

El hombre bondadoso es mesurado al hablar. El hombre noble es el que nunca


sientes pesar ni temor. Sólo el que cuando se examina en su interior no encuentra
nada malo puede verse libre de todo pesar y de todo temor.
51

Resulta totalmente imposible gobernar un pueblo si éste ha perdido la confianza en


sus gobernantes.

Buscar ante todo la rectitud de nuestras palabras, y ajustar luego nuestra conducta
a ellas. Obrar siempre de acuerdo con la justicia, para perfeccionarnos cada día en
su realización. Las inquietudes interiores provienen de desear la vida de quienes se
ama, mientras que se desea la muerte de aquellos a quienes se podía, ya que ello
es como desear al mismo tiempo la vida y la muerte de alguien. El hombre perfecto
no pone su máxima aspiración en las riquezas.

Reflexionar con calma antes de adoptar ninguna determinación, no cansarse nunca


de obrar el bien, y tratar cada asunto según convenga.

Lo primero que debe mirar el jefe es que su conducta sea sencilla, recta y justa en
todo momento; detener siempre en cuenta los consejos de los demás hombres, ha
de controlar en todo momento sus propios actos, y nunca debe mandar
despóticamente.

El medio más eficaz para combatir nuestros vicios y malas inclinaciones consiste en
no combatir los vicios y malas inclinaciones de los demás antes de haber eliminado
los propios.

¿En qué consiste la bondad? En amar a todos los hombres. ¿En qué consiste la
ciencia? En conocer a los hombres. El noble no expresa nunca su parecer sobre las
cosas que no comprende. Busca la máxima precisión en sus palabras; esto es lo
más importante.

Si quien gobierna no es justo, aunque ordene que se practique la justicia no será


obedecido.
52

Cuando el pueblo es tan numeroso, ¿Qué puede hacerse en su bien? Hacerlo rico
y feliz. Y cuando sea rico ¿Qué más puede hacerse por él? Educarlo.

Quien se controla a sí mismo y por el bien, no tendrá dificultad alguna para gobernar
con eficacia. Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar
la conducta de los demás hombres.

¿Cuál es la esencia de un buen gobierno? No resolver los asuntos con precipitación


y no buscar el propio provecho.

Si todos los habitantes de nuestra aldea sienten afecto hacia un hombre, ¿Qué
debemos opinar de él? Este hecho no resulta suficiente para emitir un juicio sobre
dicho hombre.

El hombre vulgar es vano y orgulloso, aun cuando su posición no sea elevada. Se


halla muy cerca de la perfección el hombre que es constante, paciente, humilde y
mesurado en el hablar.

Deben imponerse castigos cuando convenga. La fidelidad no es contraria a una


justa corrección.

El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El
hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras.

No debe afligirnos el que los hombres no os conozcan. Lo lamentable es que no


seáis dignos de ser conocidos por los hombres.

La prudencia aconseja no indignarse cuando los hombres nos engañan, no


entristecerse cuando son infieles. El hombre prudente prevé siempre estas
eventualidades.
53

El que de niño no ha respetado a sus hermanos ni a sus padres, en la edad madura


no ha hecho nada provechoso, y al llegar la vejez no ha muerto, es un hombre
despreciable.

¿Qué es lo más importante para alcanzar una conducta correcta? Ser sincero en
todo momento y mantener siempre la palabra dada. Procurar que aún el menor
gesto refleje la dignidad interior, y no cometer ninguna acción asombrosa. Si obras
así, tu conducta será admirada en todos los lugares, aún entre los pueblos bárbaros.
Por el contrario, si no eres sincero, si faltas a tus promesas, si tus gestos no son
dignos o tus acciones son deshonrosas, tu conducta será despreciada tanto en una
ciudad de 10.000 familias como en un villorrio de 35 vecinos.

El hombre que no medita y obra con precipitación, no podrá evitar grandes fracasos.

No he hallado a nadie que amase las virtudes con la misma intensidad con que se
ama la belleza corporal.

Sed rígidos con vosotros mismos, pero condescendientes con los demás. De este
modo os veréis libres de toda envidia y resentimiento.

El hombre que no examina cada día en su interior lo que debe hacer, lo que debe
imitar, lo que debe aconsejar, y lo que debe reprochar, no hará nada bueno en su
vida.

Cuando permanecen muchas personas reunidas durante todo un día, no todo lo que
se comenta es justo y equitativo. Es muy frecuente se hable sobre cosas vulgares
y que abunden las conversaciones necias.

El noble no da crédito a las palabras por la sola autoridad de quien las pronuncia;
tampoco rechaza la verdad aunque provenga de una persona ignorante.
54

La inconstancia y la impaciencia destruyen los más elevados propósitos.

Cuando la muchedumbre desprecia a alguien, debéis examinar con objetividad su


conducta antes de emitir vuestra opinión. También cuando la multitud aclama a
alguien, es preciso contemplar con imparcialidad sus obras antes de aprobarlas.

El hombre puede ensalzar las excelencias de la virtud, pero la virtud no puede


proporcionar prosperidad y fama al hombre.

Sólo puede ser calificado como " vicioso " el que comete un acto deshonroso y no
se corrige.

El noble sólo busca la verdad y no se aferra con ciega obstinación a su criterio.

Transmitid la cultura a todo el mundo, sin distinción de razas ni de categorías.

Las palabras han de expresar con fidelidad nuestro pensamiento.

Los ministros de un príncipe virtuoso deben evitar tres faltas: la petulancia,


consistente en hablar cuando nadie les ha pedido su opinión; la timidez, que
consisten no atreverse a expresar su opinión cuando se les invita a ello; y la
imprudencia, que consiste en hablar sin haber observado antes el estado de ánimo
del príncipe.

Sólo los hombres de profunda inteligencia y los necios de mente más obtusa
permanecen invariables.

Si se mata una gallina, ¿Para qué utilizar un cuchillo, que sirve para matar bueyes?

Si respetáis vuestra propia persona y a todos nuestros semejantes, nadie podrá


despreciaros; si sois generosos, os ganaréis el afecto del pueblo; si sois sinceros,
55

nadie desconfiará de vosotros; si todos vuestros actos os aproximan al bien, vuestro


mérito será grande; el amor a los hombres es la mejor arma para gobernar con
eficacia.

Aún las profesiones más humildes son dignas de respeto.

Puede calificarse como " amante del estudio " quien cada día adquiere un
conocimiento nuevo, y cada mes retiene lo que ha aprendido.

No os avergoncéis de preguntar para resolver vuestro dudas, y meditad las


respuestas que os hayan sido dadas.

Los hombres vicioso procuran disimular sus faltas con apariencias de honradez.

Basta una sola palabra acertada del noble para que se le considere entendido sobre
una cosa, pero también basta que cometa un solo error para que se diga que no
sabe nada. Por consiguiente, el noble debe vigilar mucho sus palabras.

El buen gobernante debe ser generoso sin caer en la prodigalidad; debe cobrar los
impuestos suficientes para llevar una vida digna, sin caer en la codicia; su porte
debe ser digno y grave, sin dejarse llevar por una vana ostentación; debe tener
autoridad, sin que su mando sea despótico; debe exigir con cautela la colaboración
del pueblo en los trabajos públicos, para no suscitar su resentimiento.

Realizar cuanto sea para el bien común, ¿No es ésta la mejor forma de
generosidad? Desear únicamente las riquezas necesarias para la práctica de las
virtudes propias de su dignidad, ¿Puede esto llamarse "codicia?" Si sus propiedades
particulares no son demasiado grandes ni demasiado pequeñas, si se ocupa de los
asuntos que no son ni muy importantes ni muy insignificantes, si se mantiene a
cierta distancia de los hombres sin despreciar a nadie, ¿No es esto la dignidad
exenta de orgullo? Si cuida su aspecto exterior, si es equilibrado y ecuánime en
56

todos sus actos, el pueblo entero lo respetará sin experimentar temor, ¿No consiste
en esto la autoridad libre de despotismo? Si sólo utiliza el trabajo de los súbditos
para realizar lo que es razonablemente necesario, ¿Quién podrá experimentar
resentimiento?

Los cuatro vicios relativos al gobierno son los siguientes: no instruir al pueblo y
ocultarse la verdad, lo cual recibe el nombre de " tiranía "; exigir una conducta
perfecta a todos los ciudadanos sin informarles previamente sus obligaciones, lo
que recibe el nombre de " opresión "; no tener prisa en dar las órdenes y pretender
luego que se cumplan en el acto, lo que representa una grave injusticia; buscar
siempre el propio provecho, lo que recibe el nombre " egoísmo ".

Cuarto.. Libro ..Clásico

Si la ganancia o el provecho se anteponen a la justicia, los súbditos nunca estarán


satisfechos y el príncipe se hallará en un peligro constante.

Si los hombres con canas pueden cubrirse con vestidos de seda y comer carne, si
los jóvenes de negros cabellos dejan de padecer hambre y frío, la vida del reino
será próspera. No ha existido ni un solo príncipe que obrando así haya dejado de
alcanzar autoridad sobre su pueblo.

Si un rey no gobierna con rectitud, es decir, si no colma de beneficios a su pueblo,


es porque no quiere y no porque no pueda.

Si un príncipe se entristece por las desgracias de su pueblo, los súbditos también


sentirán pesar por las tristezas de su príncipe. Si el príncipe se alegra con la felicidad
de su pueblo, y hace suyas las penalidades de sus súbditos, no tendrá dificultad
alguna en su gobierno.
57

Si tú amas con locura las riquezas, no debes hacer otra cosa que compartirlas con
el pueblo.

Lo que hacen los gobernantes es luego imitado por el pueblo. No puedes, por
consiguiente, acusar ahora al pueblo de su proceder ni condenarle por ello, pues ha
imitado lo que había aprendido de su príncipe; ha devuelto que se le había dado.

El noble que pretende fundar una dinastía no aspira a ser elevado a la dignidad
Imperial, sino que se limita a preparar el camino para sus descendientes; si la
voluntad del cielo le es propicia, será elevado el mismo a la suprema dignidad.

La sabiduría y la prudencia de nada sirven si no se presenta una ocasión propicia;


los buenos arados nada pueden por sí solos, si no se presenta una estación
favorable.

Es preciso obrar con rectitud sin pensar en las consecuencias. No debemos omitir
el cumplimiento de nuestros deberes, ni realizarlos antes de tiempo.

Quien pretenda someter a los hombres por la fuerza de las armas no alcanzará la
sumisión de sus corazones; por esto, la violencia nunca es suficiente para dominar
a los hombres. Quien conquista a los hombres por la virtud, consigue que todos se
sometan a él sin reservas y con corazón alegre.

Las desgracias, al igual que la fortuna, sólo llegan cuando las hemos buscado con
nuestros actos.

Cuando el cielo nos envía calamidades, podemos superarlas; cuando las hemos
buscado nosotros mismos, sucumbiremos ante ellas.

Quien no haya sentido nunca compasión hacia los demás no es en verdad un


hombre, tampoco puede ser considerado verdadero hombre quien jamás haya
58

experimentado los sentimientos de vergüenza y aversión; el que no posea los


sentimientos de abnegación y respeto no puede ser considerado verdadero hombre;
quien no distinga lo verdadero de lo falso, lo justo y lo injusto, no es un hombre.

Nada es más digna de admiración en un hombre noble que el saber aceptar e imitar
las virtudes de los demás.

Lo que hagáis, a vosotros os pertenece; yo sólo debo responder de mis propios


actos.

Para la defensa de un reino no son suficientes ni las fortificaciones que se


construyan, ni los obstáculos naturales que representan las montañas y los ríos, ni
la abundancia de armas. La mejor defensa de un reino consiste en la decidida
voluntad de sus habitantes, la cual se conquista mediante un gobierno humanitario
y justo.

Quien ocupa un cargo público y no puede cumplir con sus obligaciones debe dimitir.

Si un medicamento no altera el organismo del enfermo, tampoco producirá la


curación.

No puede ser bueno quien sólo piensa en acumular riquezas; no puede ser rico
quien sólo piensa en practicar el bien.

Si los maestros enseñan con claridad los deberes a todos los ciudadanos del reino,
estos vivirán entre sí en concordia y armonía.

La generosidad consiste en repartir las riquezas entre los necesitados; la rectitud


consiste en buscar el camino del bien a los descarriados; la bondad es la virtud que
debe poseer el emperador para ganarse el afecto de todos sus súbditos.
59

En este mundo sólo se pueden seguir dos caminos: el del bien o el del mal; no existe
otra posibilidad.

Los reinos pequeños imitan a los poderosos, pero se avergüenzan de recibir


órdenes de ellos y no quieren acatarlas.

Los reinos perecen a causa de su interna descomposición antes de que los demás
reinos los ataquen.

Buscáis el camino recto a lo lejos y lo tenéis junto a vosotros. Creéis que el bien
consiste en la realización de cosas difíciles, cuando no es más que realizar con
rectitud las cosas fáciles.

Cuando se emprenden guerras para conquistar nuevos territorios, los campos


quedarán cubiertos por los cuerpos de las víctimas.

No puede pensarse en ningún mal mayor que en la pérdida del mutuo afecto y cariño
entre padres e hijos.

Hay hombres que tienen fama de grandes creadores porque nunca nadie les ha
refutado sus endebles argumentos. Uno de los principales defectos de los hombres
consiste en pretender erigirse en modelo de los demás.

Las normas de conducta son inmutables, todos los Santos han obrado de
conformidad con sus principios.

Cuando el príncipe empieza a imponer castigos a sus funcionarios sin que hayan
cometido delito alguno, los ministros prudentes se apresuran a abandonar el reino.

Si el príncipe es justo, nadie será injusto; si el príncipe es bondadoso, nadie será


cruel.
60

Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la
práctica del bien.

Quien divulga las acciones viciosas de sus semejantes construye su propia ruina.

El hombre noble conserva durante toda vida la ingenuidad e inocencia propias de la


infancia.

El hombre sabio, en cuanto ha alcanzado una virtud, se aferra fuertemente a ella y


ya no la pierde jamás; en cuanto ha perfeccionado al máximo la virtud adquirida, la
guarda cuidadosamente en su interior como fuente inagotable de energía.

Las palabras en sí mismas son inocuas, pero sus consecuencias pueden ser
funestas si son despectivas.

Quien ama a los hombres, es amado por ellos; quien los respeta es, a su vez,
respetado. Supongamos que habiéndose portar con nosotros de una forma
descortés o grosera; si somos prudentes, lo primero que debemos preguntarnos es
si con anterioridad hemos cometido alguna descortesía con dicha persona o si
hemos sido injustos con ella; su actitud hacia nosotros debe de tener algún
fundamento. Caso de que lleguemos a la conclusión de que no hemos cometido
ninguna injusticia contra tal persona, sino que nos hemos mostrado siempre con ella
bondadoso y corteses, debemos seguir analizando las posibles causas de actitud
descortés o grosera. Si somos prudentes, debemos reflexionar si hemos cometido
la menor incorrección en nuestra conducta. En el supuesto de que tampoco
hayamos cometido incorrección alguna, entonces la descortesía o grosería del
ofendido carece totalmente de fundamento y el hombre prudente, ante tal situación,
debe concluir: " este hombre no es más que un extravagante y un necio; en nada
se diferencia de una bestia, en cuyo caso, ¿por qué debe preocuparme la actitud o
actos de una bestia? ".
61

Gozar de prestigio y de consideración es una de las cosas que los hombres


ambicionan con más ardor.

El primer deber más importante de la piedad filial consiste en honrar a nuestros


padres como es debido. La mejor prueba de este amor a los padres consiste en
procurarles el sustento necesario.

No lo pudo hacer por medio de palabras, porque el Cielo no habla. El Cielo


manifiesta su voluntad a través de los méritos y buenas acciones de los hombres.
Esta es la única manera con que manifiesta su voluntad. El Cielo ve a través de los
ojos del pueblo; el Cielo oye a través de los oídos del pueblo.

El Cielo gobierna los acontecimientos del mundo sin ser visto; esta acción oculta del
Cielo es lo que se llama " El destino ".

Jamás he oído que un hombre que no actuara con rectitud lograse enderezar a los
demás. Menos aún podría lograr que los demás fueran sinceros quien observara un
comportamiento hipócrita.

Los ministros se conocen por las personas a quienes acogen en su casa cuando
están en la corte, y por las casas en que se alojan cuando están fuera de ella.

Para que pueda trabarse una verdadera amistad, es preciso prescindir de la


superioridad que puedan otorgar la edad, los honores, las riquezas o el poder. El
único motivo que nos debe incitar a la amistad es la búsqueda de las virtudes y el
mutuo perfeccionamiento.

El superior debe honrar y respetar la sabiduría de sus súbditos, y el inferior debe


mostrarse respetuoso y cortés con sus superiores, en atención a la dignidad que
62

ostentan; respetar la dignidad y honrar a los sabios son dos manifestaciones de un


mismo deber.

Quien para permanecer fiel a sus principios rechaza ser elevado a una condición
honrosa permanece feliz aún sin honores. Quien para no apartarse del recto camino
rechaza unas rentas permanece gozoso en su pobreza.

La naturaleza humana no es ni buena ni mala. Según esto, la bondad o malicia de


los hombres es algo posterior a la propia naturaleza humana en su origen. Si el
hombre posee la capacidad de obrar, es necesario que poseía también una norma
para dirigir sus actos.

Si el supremo bien del hombre consistiera en conservar la vida, no haría otra cosa
que dedicarse a descubrir y practicar todo aquello que pudiera prolongarla. Si el
más temible mal del hombre fuera la muerte, investigaría y practicaría todo lo que
pudiera alejar o evitarle este mal. Hay cosas que amamos más que la vida, así como
hay otras más temibles que la muerte; éste es un sentimiento común a todos los
hombres.

El camino recto es como una ancha avenida; no es difícil encontrarlo cuando se


busca, pero los hombres no se esfuerzan por descubrirlo.

Cuando el sabio toma una determinación, es imposible que el pueblo penetre en los
verdaderos motivos de la misma. Cuando un príncipe se ve rodeado por hombres
perversos, aduladores y servirles, ¿Acaso puede gobernar con acierto y eficacia?
Cuando el Cielo quiere conferir a alguien una difícil misión, antes pone a prueba la
fortaleza de su ánimo y el equilibrio de su mente con las dificultades de una vida
dura; fatiga sus músculos y todo su cuerpo con rudos trabajos, que ponen a prueba
su resistencia; mortifica su carne y su piel con los rigores del hambre y del frío; les
somete a las mayores privaciones de la miseria; determina que no tengan éxito en
sus empresas para que se enfrenten con el fracaso. De este modo, el cielo estimula
63

sus virtudes, fortalece su cuerpo y les hace aptos para afrontar las dificultades con
que tropezarán en el cumplimiento de su alta misión. La dificultad es lo que más
estimula al hombre a vencer sus deficiencias y superarlas. Sólo cuando se han
padecido toda clase de privaciones y trabajos, sólo cuando se ha visto el rostro de
la miseria, sólo entonces es posible conocer a fondo la naturaleza humana.

El hombre cumple la voluntad del Cielo cuando se esfuerza en perfeccionarse a sí


mismo.

Si buscáis encontraréis, si sois negligentes lo perderéis todo. El que busca lo que


está en su interior lo descubrirá y lo alcanzará; el éxito de esta búsqueda es seguro,
una ley invariable garantiza la adquisición de lo que se busca. Si, por el contrario,
buscamos lo que está fuera que nosotros, todos los esfuerzos resultarán
infructuosos.

El origen de todas las acciones se encuentra en el interior de nuestro ser. Si


reflexionando sobre nuestros propios actos descubrimos que son conformes con
nuestra naturaleza racional, experimentaremos la más intensa satisfacción.

El hombre no puede dejar de arrepentirse de sus faltas. Si una sola vez se arrepiente
de no haberse arrepentido de sus faltas, ya no volverá a tener motivos de
arrepentimiento.

El pueblo no valora el mérito de un buen gobernante. El buen gobernante encamina


al pueblo hacia el bien con su sola presencia su acción es oculta e imperceptible
como la de los espíritus. El influjo de su virtud se hace sentir por todas partes, como
el de las sutiles fuerzas del cielo y de la tierra. La influencia de un buen gobernante
no tiene límites.

Los ejemplos de bondad penetran con mayor profundidad en el corazón de los


hombres que las buenas palabras; es más fácil obtener el afecto del pueblo obrando
64

con rectitud y aconsejándole rectamente, que mediante una administración eficaz y


unas leyes justas. El pueblo desconfía de las leyes y de la administración; el pueblo
ama los buenos ejemplos y los acertados consejos. Con unas leyes justas y una
administración eficiente, se consigue aumentar las rentas del reino; con buenas
enseñanzas y buenos ejemplos, se conquista el corazón de los súbditos.

Las penas y privaciones agudizan la inteligencia y fortalecen la prudencia.

Nadie debe comer sin habérselo ganado.

Los caminos del sabio son elevados e inasequibles. Sus actos pueden ser
admirados, pero no imitados.

El carpintero hábil no se hace torpe para poder ser imitado por cualquiera de sus
ayudantes.

Quien se abstiene de lo que no debiera abstenerse es mejor que se abstenga de


todo; el que trata con frialdad a quienes debiera tratar con ternura acabará tratando
con frialdad a todo el mundo; quienes avanzan precipitadamente también
retrocederán con la misma precipitación.

Es preferible desconocer los libros históricos, que aceptar incondicionalmente


cuanto en ellos se refiere.

Dar muerte a un pariente próximo de otro hombre es el crimen que más funestas
consecuencias provoca.

Yo no hago el menor caso de las murmuraciones y críticas de los hombres.

Para que nuestras palabras estén siempre conformes con la equidad, es preciso
evitar la excesiva familiaridad con quienes nos rodean; él mutuo respeto es la mejor
65

defensa contra las palabras descorteses y groseras. Si el hombre culto habla


cuando debería callar, todos quedan perplejos ante sus palabras; si, por el contrario,
el hombre culto calla cuando debería hablar, todos quedan desconcertados ante su
silencio.

Las mejores palabras son aquellas que encierran un profundo significado y, al


mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo.

El mayor defecto de los hombres consiste en preocuparse arrancar la cizaña de los


campos ajenos, descuidando el cultivo de sus propios campos.

El mejor medio para alcanzar las virtudes de la justicia y la equidad consisten en


dominar las pasiones. Quien se deja dominar por las pasiones es muy difícil que
obre con justicia y equidad.
66

Confucio
Pat Zukeran

La vida de Confucio
Entre todos los filósofos orientales, Confucio, que nació en 550 a.C., es considerado
el más grande. Sus enseñanzas son fundamentales para las culturas asiáticas. Su
escritos, Los cinco clásicos, una colección de antigua literatura china, y Los cuatro
libros, una colección de las enseñanzas de Confucio y de sus discípulos, fueron
durante siglos el plan de estudios estándar de la educación china.

Las enseñanzas y la biografía de Confucio fueron escritas muchos años después


de su muerte, y fueron editadas por sus discípulos. Si bien los historiadores
presentan varios relatos de su vida, hay algunos hechos básicos de los que estamos
razonablemente seguros y a partir de los cuales podemos bosquejar los principales
sucesos de su vida.

Confucio nació en la provincia de Lu, en el norte de China, en una familia humilde,


y su padre murió cuando era joven. Comenzó a estudiar bajo el tutor de la aldea y
a los quince años dedicó su vida al estudio. A los veinte años se casó, pero se
divorció rápidamente de su esposa y mantuvo una relación distante con su hijo y
con su hija. Antes de los treinta años se convirtió en maestro y reunió a un grupo de
leales discípulos.

Confucio vivió durante la dinastía Chou (1100 a.C. a 256 a.C.). En este período el
país estuvo dividido entre señores feudales. El orden moral y social estaba en un
estado de descomposición. Confucio buscó una forma de restaurar el orden cultural
y político. Él creía que la reforma vendría educando a los líderes en los clásicos y
en la filosofía de él. Por lo tanto, buscó una posición de influencia política desde la
cual pudiera implementar sus principios.
67

La tradición enseña que el duque de Lu lo designó en un puesto del gabinete a los


cincuenta años de edad. Varios historiadores creen que con el tiempo ascendió a
puestos públicos más altos. Debido a desacuerdos políticos y conflictos internos,
renunció a su cargo a los cincuenta y cinco años y dejó la provincia de Lu. Entonces
viajó durante trece años de estado en estado buscando persuadir a líderes políticos
para que adoptaran sus enseñanzas. Si bien muchos señores lo respetaban, nadie
le dio un cargo. Desalentado por la respuesta, dedicó sus años finales a la
enseñanza y la escritura. Antes de su muerte, en 479 a.C., expresó su desánimo y
desilusión con relación a su carrera.

Sin embargo, algunos de sus discípulos pudieron alcanzar cargos importantes en el


gobierno luego de su muerte. Modificaron sus enseñanzas y agregaron sus propias
perspectivas. Siglos después, el confucianismo se convirtió en la religión oficial de
China y dio forma a la cultura del país. Los valores que prohijó -educación, lealtad
familiar, ética del trabajo, el valor de las tradiciones, la conformidad a las normas
tradicionales, honrar a los ancestros y una obediencia incondicional a los
superiores- siguen arraigados en la cultura asiática.

Hay mucho para apreciar con relación a la vida y las enseñanzas de Confucio. Los
cristianos concuerdan con varios puntos de su filosofía de la ética, el gobierno y la
conducta social. Sin embargo, hay algunas importantes diferencias entre el
cristianismo y el pensamiento confucianista que investigaremos en las próximas
secciones.

La metafísica de Confucio
El confucianismo, según enseñó su fundador, no es una religión en el sentido
tradicional. Es un código ético. La cultura china estaba imbuida de la religión del
animismo, la creencia de que los dioses y espíritus viven en las formaciones
naturales. Junto con una cosmovisión animista, existía la creencia en el culto a los
ancestros. Los espíritus de los muertos debían ser honrados y cuidados por los
familiares vivos.
68

Sin embargo, en sus enseñanzas Confucio evitó los temas espirituales. Se lo puede
clasificar como un agnóstico que creía en los espíritus y lo sobrenatural, pero que
no estaba interesado en ellos. Tenía una perspectiva humanista y racionalista. "Su
posición en asuntos de fe era ésta: todo lo que parecía contrario al sentido común
en la tradición popular y todo lo que no servía algún propósito social capaz de ser
descubierto, lo consideraba fríamente".{1} La respuesta a los problemas culturales
y sociales se encontraban en la humanidad misma y no en nada sobrenatural.

Un discípulo de Confucio escribió: "El maestro nunca habló de prodigios, hazañas


de fuerza, trastornos o espíritus" (Analectas 7:20). Confucio mismo dijo: "Dedicarse
apasionadamente al deber que uno tiene para con la humanidad y respetar a los
espíritus mientras se mantiene distante de ellos, puede denominarse sabiduría"
(Analectas 6:20). "Los puntos de vista de nuestro maestro con relación a la cultura
y la demostración exterior de bondad, se nos permite escuchar; pero acerca de la
naturaleza del hombre y los caminos del cielo, no nos dirá absolutamente nada"
(Analectas 5:12).

Confucio menciona de vez en cuando el "mandato del cielo". Aparentemente


interpreta esto como la ley natural o el orden moral dentro de las cosas. Los hombres
deben buscar vivir dentro de este orden. Uno debe cuidarse de no violar la ley del
cielo. Confucio escribió: "A quien se coloca incorrectamente con relación al cielo no
le queda ningún medio de expiación" (Analectas 3:13). En el sistema confucianista,
un ser divino no tiene un papel significativo; su filosofía está centrada en el hombre
y depende del esfuerzo propio. El hombre es suficiente para alcanzar el carácter
ideal a través de la educación, el esfuerzo propio y la autorreflexión. La meta de la
vida era vivir una buena vida moral. Luego de su muerte, el confucianismo
evolucionó, combinando las religiones chinas tradicionales con el budismo para
agregar un componente espiritual.

En contraste, el cristianismo está centrado en Dios. Está fundado en una relación


con un Dios personal que está involucrado con el mundo. Confucio se centró en la
vida aquí, en esta tierra. Jesús se centró en la eternidad. Para Jesús, lo que ocurre
69

en la eternidad tiene ramificaciones aquí en la tierra. En Mateo 6:19 y 20 Jesús dijo:


"No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y
donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el
cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar". Aquí
vemos las perspectivas básicamente diferentes de Jesús y Confucio.

La ética de Confucio
Hay tres principios clave que se enfatizan en las enseñanzas de Confucio, los
principios de Li, Jen y Chun-Tzu. El término Li tiene varios significados, y suele
traducirse como decoro, reverencia, cortesía, ritual o la norma de conducta ideal.
Es lo que Confucio consideraba como la norma ideal del comportamiento religioso,
moral y social.

El segundo concepto clave es el principio de Jen. Es la virtud fundamental de la


enseñanza confucianista. Jen es la virtud de la bondad y la benevolencia. Se
expresa mediante el reconocimiento del valor de los demás y la preocupación por
ellos, independientemente de su rango o clase. En las Analectas, Confucio resume
el principio de Jen en esta afirmación, que suele ser llamada la Regla de Plata: "No
hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti" (Analectas 15:23). Li brinda
la estructura para la interacción moral. Jen lo convierte en un sistema moral.

El tercer concepto importante es el de Chun-Tzu, la idea del verdadero caballero.


Es el hombre que vive de acuerdo con las normas éticas más elevadas. El caballero
muestra cinco virtudes: autorrespeto, generosidad, sinceridad, persistencia y
benevolencia. Sus relaciones se describen de la siguiente forma: como hijo, siempre
es leal; como padre, es justo y amable; como oficial, es leal y fiel; como esposo, es
recto y justo; y, como amigo, es fiel y discreto.

Si todos los hombres vivieran según los principios de Li y de Jen, y se esforzaran


por tener el carácter de un verdadero caballero, la justicia y la armonía gobernarían
el imperio.
70

El cristiano encuentra que coincide con muchos de los principios y virtudes éticos
de Confucio. Concordaría también con muchas de las cualidades del carácter del
verdadero caballero, y trataría de desarrollar esas cualidades.

Lo que explica la similitud entre la ética del confucianismo y otros sistemas religiosos
es lo que dice Pablo en Romanos 2. Dentro de todo hombre existe una conciencia,
o ley natural, dada por Dios, que guían nuestra conducta moral. Esto ocurre porque
fuimos creados a la imagen de Dios, así que reflejamos el carácter de Él. Sin
embargo, la similitud de códigos éticos no significa que las religiones son iguales.

La diferencia clave puede ser ilustrada de la siguiente forma. La ley confuciana está
resumida en la Regla de Plata. Jesús resume sus enseñanzas de esta forma:
"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mateo 22:37-39). Confucio creía que, a fin
de verdaderamente lograr los principios de Li, Jen y el carácter de un verdadero
caballero, uno debía mirar dentro de uno mismo. Jesús lleva su enseñanza un paso
más adelante. Todos sus principios giran alrededor de una relación con Dios
primero. Sólo entonces podemos verdaderamente amar a nuestro prójimo.

La naturaleza del hombre


La filosofía confucianista está edificada sobre la creencia fundamental de que el
hombre es básicamente bueno. Las Analectas dicen: "El Maestro dijo: '¿Está la
bondad realmente tan lejos? Si realmente quisiéramos la bondad, deberíamos
encontrar que está a nuestro lado'" (Analectas 7:29). El discípulo confuciano Mencio
desarrolla esto más y dice: "La naturaleza del hombre es naturalmente buena, así
como el agua fluye naturalmente hacia abajo" (Chan 52). Esta bondad innata podría
ser desarrollada y actualizada mediante la educación, la autorreflexión y la
disciplina. El estudio de las seis artes, que incluyen la ceremonia, la música, la
arquería, conducir cuádrigas, la escritura y las matemáticas, desarrollaría el carácter
de una persona.
71

Sin embargo, a pesar de la bondad natural del hombre, Confucio enfrentó la realidad
sinceramente. Cuestionó el hecho de que fuera posible alguna vez alcanzar el nivel
de un verdadero caballero. Confucio dijo: "Yo, por mi parte, aún no he visto a nadie
al que le interesara realmente la bondad, ni nadie que realmente aborreciera la
maldad" (Analectas 4:6). Se dijo a sí mismo: "En cuanto a ser un sabio divino o aun
un buen hombre, lejos esté de mí hacer atribuirme semejantes cosas" (Analectas
7:33). "El Maestro dijo: 'Los Caminos del verdadero caballero son tres. Yo mismo
no he logrado éxito en ninguno de ellos'" (Analectas 14:30). Pero si el hombre es
bueno por naturaleza, ¿por qué no podemos alcanzar lo que debería resultarnos
natural?

La Biblia está basada en una visión contrastante del hombre. Enseña que el hombre
ha sido creado a la imagen de Dios, y era originalmente bueno. Sin embargo, debido
a la caída, en Génesis 3, el hombre es ahora pecador y está en rebelión contra Dios.
Por lo tanto, su tendencia natural es desobedecer los mandamientos de Dios, y tiene
el impulso de complacerse a sí mismo. Pablo dice, en Romanos 7:18: "El querer el
bien está en mí, pero no el hacerlo".

De los dos puntos de vista -el de Confucio y el de la Biblia-, ¿cuál representa la


verdadera realidad de la naturaleza humana? ¿Pensamos naturalmente
pensamientos puros y santos o, dejada libre, nuestra mente siente deseos carnales
y anhela riquezas materiales? ¿Qué tendencia surge en nosotros naturalmente,
pensar en cosas nobles o en cosas egoístas? ¿Qué ha demostrado la experiencia
personal y la historia?

Según la Biblia, la buena educación es un paso positivo para ayudar a cambiar al


hombre, pero se queda corto. El hombre necesita una transformación del corazón.
La transformación de la vida ocurre cuando una persona entra en una relación
personal con Dios a través de su Hijo, Jesucristo. La naturaleza de una persona es
transformada porque el Espíritu de Dios mora en ella. Si bien el cristiano no es capaz
de vivir los principios de Dios impecablemente, no queda librado a vivir una vida
72

santa por su cuenta. Dios le brinda el Espíritu Santo para que more en él y le permita
vivir en obediencia a su ley.

Una crítica final


La mayoría de las personas de ascendencia asiática tal vez no sean adherentes
estrictos al confucianismo, pero todas están influidas por su filosofía. Todo el que
busca servir en culturas asiáticas encontrará que vale la pena leer las obras de
Confucio. El confucianismo predica muchos buenos principios de ética. Es muy
adaptable y muy fluido en su estructura. Esa ha sido una debilidad, pero también
una fortaleza del sistema, ya que le permite unirse a otros sistemas religiosos
inclusivos. Sin embargo, el sistema tiene algunas deficiencias.

Confucio enseñó un sistema muy pragmático y utilitarista. Sin embargo, las


personas no logran sobrevivir durante un período largo en este tipo de sistema.
Pronto necesitarán una metafísica que sostenga el sistema ético, que les dé un
significado último para su existencia y les ofrezca esperanza cuando enfrenten el
sufrimiento injusto y el mal. El confucianismo se queda corto como una visión
integral de la vida, porque no aborda varios temas clave. Primero, el sistema
confucianista lo deja a uno espiritualmente vacío porque no contesta la pregunta:
¿cuál es la naturaleza de lo último religioso? El hombre es un ser espiritual. Agustín
dijo que dentro de cada hombre hay un vacío con forma de Dios que sólo puede
llenar Dios. El anhelo de respuestas espirituales no es un asunto occidental sino
algo esencial para todos los hombres. La cultura china siempre ha mostrado un
deseo de llenar este vacío espiritual. El animismo chino y el culto a los ancestros
nunca han sido eliminados. El pensamiento confucianista terminó por combinarse
con el animismo chino. Cuando el budismo introdujo la cosmología de la
reencarnación, fue incorporada ávidamente dentro del sistema confucianista.

Segundo, el sistema confucianista no contesta la pregunta clave: "¿Por qué existe


el universo y qué explica su origen?". Una pregunta relacionada es: "¿De dónde
vine yo?". Esto conduce a las siguientes preguntas: "¿Cuál es el significado de la
73

existencia de la humanidad en el universo?" y "¿Cuál es el significado último de mi


existencia?"

. Tercero, el sistema confucianista no contesta la pregunta: "¿Qué ocurre después


de la muerte?". La muerte es un dilema universal para toda la humanidad, y esta
pregunta tiene que ser contestada. Lo que ocurre después de la muerte tiene
tremendas ramificaciones con relación a cómo viviremos aquí, en la tierra. ¿Hay
una recompensa o un castigo luego de la vida en la tierra? ¿Qué determina el estado
de una persona luego de la muerte? Sin ninguna explicación sobre esto, el
confucianismo no puede ofrecer ninguna esperanza verdadera a quienes han
experimentado el mal o el sufrimiento injusto.

Finalmente, el confucianismo está construido sobre el fundamento falso de que el


hombre es innatamente bueno. La experiencia, la historia y la Biblia lo dejan en
claro: el hombre es pecador por naturaleza y naturalmente busca complacerse a sí
mismo.

El cristianismo ofrece una visión integral de la vida, porque explica la naturaleza de


Dios, nuestra relación con Él, el origen de la creación y lo que ocurre después de la
muerte. Jesús nos ofrece significado en la vida y una esperanza eterna que la
muerte no puede vencer.

Notas

1. John Noss, Man's Religion (New York: MacMillan Company, 1968), p. 392.
2. Lin Yutang, The Wisdom of Confucius (New York: Random House, 1938), p.
216.

Bibliografía

 Analects of Confucius. Traducido por Arthur Waley. New York: Harper Collins
Publishers, 1992.
 Anderson, Norman. The World's Religions. Grand Rapids: Inter-Varsity
Press, 1975.
74

 Chung, Tsai. Confucius Speaks. New York: Anchor Books 1996.


 Cleary, Thomas. The Essential Confucius. San Francisco: Harper Collins
Publishers, 1992.
 Halverson, Dean. The Compact Guide to World Religions. Minneapolis:
Bethany House Publishers, 1996.
 Harper Collins Dictionary of Religion. Editor, Jonathan Smith. San Francisco:
Harper Collins Publishers, 1995.
 I Ching. Traducido por Richard Wilhelm. New York: Princeton University
Press, 1979.
 McDowell, Josh, & Don Stewart. Handbook of Today's Religions. San
Bernadino, CA: Here's Life Publishers, 1983.
 Noss, John. Man's Religions. New York: MacMillan Company, 1968.
 Parrinder, Geoffrey. World Religions. New York: Facts on File Publications,
1983.
 Wilson, Epiphanius. The Wisdom of Confucius. New York: Avenel Books,
1982.
 Yamamoto, Isamu. Buddhism, Taoism, and Other Eastern Religions. Grand
Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1998.