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QUEMA DE LLANTAS: PELIGRO POR TODO LADO

El caucho que compone las llantas tiene adicionados elementos como


compuestos de azufre, selenio, cloruros, zinc, óxido de magnesio, arcillas,
sílice, alquitrán y resinas entre otros. Todos ellos producen en la combustión
gases como monóxido de carbono y dióxido de carbono.

Este último se queda en la atmósfera y no permite la salida de calor al espacio,


lo cual hace que la temperatura de la tierra aumente. Por su parte, el monóxido
de carbono disminuye la capacidad de absorción de oxígeno de la sangre.
Según la médica Clara Inés Sandoval.

Así mismo, del hidrógeno que se desprende en esa combustión se pueden


formar compuestos de azufre que son altamente contaminantes y venenosos,
según un informe del Departamento Administrativo del Medio Ambiente
(Dama). Este agrega que al quemar llantas también se dispersan muchas
partículas que contribuyen a la contaminación del aire.

De otro lado, esos contaminantes afectan el sistema respiratorio porque


inflaman la mucosa y originan un aumento anormal de secreciones bronquiales.
Además obstruyen la laringe, la tráquea y los bronquios por inflamación y se
alteran los sistemas de defensa del aparato respiratorio.

Dentro de las enfermedades que esta contaminación puede causar están la


faringitis, la laringitis, la bronquitis y la neumonía. Las personas más
susceptibles son los niños menores de 5 años, los ancianos, los enfermos
cardiacos y los enfermos respiratorios crónicos, agrega el informe del Dama.

https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-626837
Las llantas se convierten en el principal contaminante de los océanos

Actualmente, el uso y fabricación de llantas para automóviles es una industria a


nivel mundial y un producto que más del 60 por ciento del transporte que los
humanos usamos necesita; un hecho que convierte este producto en algo muy
difícil de sustituir o dejar de usar a pesar de las afectaciones que está
provocando.

Solo en España se generan alrededor de 300.000 toneladas de neumáticos


usados cada año, pero únicamente una pequeña parte se recicla. El 45% se
deposita en vertederos controlados sin tratar, el 15% se deposita después de
ser triturado y, el 40% no está controlado. Una gran diferencia frente a países
ejemplares como Francia, Alemania y Austria, con una media de un 60 por
ciento de reciclaje.

A menudo, para acabar con estos residuos se queman, en ocasiones en


hornos industriales, pero es evidente que trasladar la contaminación a la
atmósfera en forma de grandes cantidades de sustancias tóxicas es crear otro
problema.

La solución tampoco es almacenarlos. Su almacenamiento acaba siendo


también sinónimo de polución por su degradación química pues, si bien no son
biodegradables, sí experimentan una peligrosa descomposición parcial que
contamina lo suyo.

A la hora de reciclarlos pueden utilizase distintas técnicas, como la termólisis,


la trituración mecánica o criogénica, la pirolisis o la incineración. Cada una de
ellas tiene sus ventajas y sus inconvenientes a la hora de valorar un mayor o
menor aprovechamiento de la materia prima y también en cuanto a los distintos
niveles de toxicidad asociada a cada una de ellas.

Como medida compensatoria a nivel ambiental, la etiqueta informativa de los


neumáticos, en vigor desde 2012, se divide de la A a la G, informando de una
mejor o peor resistencia a la rodadura, a la capacidad de frenado sobre suelo
mojado y al nivel de decibelios producidos.
El objetivo no es clasificar los neumáticos en función de su material más o
menos contaminante sino sobre su eficiencia a la hora de comportarse, lo que
supone un menor consumo energético y una mayor seguridad vial. Por
ejemplo, la etiqueta A consume un 7,5 por ciento menos de combustible que el
G, último de la categoría, y también frena bastante antes.

Y es que el combustible no es el único responsable de la polución de los


medios de transporte, por lo que bien está que gracias al etiquetado ecológico
de los neumáticos pueda lograrse un consumo más eficiente.

Convertirlos en asfalto

Reciclarlos para su conversión en asfalto es una idea que comenzó a ponerse


en práctica en los años sesenta en Estados Unidos y desde entonces se han
conseguido grandes avances. De hecho, son muchas las propuestas al
respecto, y los estudios y nuevas iniciativas no dejan de multiplicarse en todo el
mundo.

Además de representar una interesante salida para grandes cantidades de


neumáticos usados su trituración para mezclarlos con el asfalto ayuda
a mejorar sus características, al tiempo que ahorra tener que usar un
polímero que también resulta contaminante.

Al margen de los beneficios ambientales, a nivel práctico el resultado es un


asfalto más seguro, con mayores prestaciones, aunque también suele ser caro
con respecto al convencional. En concreto, se logra un pavimento más
viscoso y elástico, que se deforma menos, aguanta la intemperie, las
temperaturas extremas y el agua.

También gana en durabilidad y reduce de forma significativa la contaminación


acústica, haciendo innecesarias las barreras de contaminación acústica, con lo
que se evitan también sus inconvenientes. En este sentido, si se tienen en
cuenta las prestaciones que se obtienen, incluyendo el gesto verde, su mayor
precio acaba no siéndolo tanto.

Además de esta aplicación para el reciclaje de neumáticos existen otras


muchas medidas como su uso como arrecifes artificiales (un experimento
fallido que está obligando a desmantelarlos al descubrirse su toxicidad), su
conversión en energía eléctrica o, por ejemplo, la reutilización de algunas de
sus partes, entre otras el metal y las fibras textiles.

Energía eléctrica y otros usos

La obtención de energía eléctrica a partir de los residuos de neumáticos a


menudo suele consumirse en la misma planta de reciclaje. Para obtenerla se
queman en una caldera y el calor liberado convierte el agua que ésta contiene
en un vapor que mueve la turbina y, a su vez, un generador produce la
electricidad. Su uso requiere una transformación posterior.

Su transformación en materiales de construcción o de otros muchos


materiales que se emplean en el sector textil, entre otros, también está
ayudando a reducir sus dramáticos efectos en el medio ambiente. Podemos
encontrar restos de neumáticos camuflados allí donde menos lo esperemos,
desde las suelas de zapatos a la fabricación de cubiertas o tejados y cables de
freno a aislantes acústicos o de vibración, alfombras, losas de goma o para la
fabricación de suelos flexibles de pistas deportivas o de zonas de ocio.

Pese a sus casi infinitas utilidades, el caucho sigue siendo un problemón


ambiental que no acaba de solucionarse del todo con iniciativas de este tipo.
Son interesantes, y logran éxitos parciales dignos de alabar, pero los cientos de
miles de toneladas que se generan cada año en todo el mundo difícilmente
pueden compensarse.

Las alternativas al caucho, -suma de caucho natural y sintético (o petróleo)-,


capaces de reinventar la rueda podrían ser el nuevo gran invento del siglo. O,
por qué no, confiemos en que den sus frutos los denodados intentos de los
científicos para encontrar sustitutos sustentables del caucho natural que
puedan responder a las necesidades del mercado actual del neumático.

https://news.culturacolectiva.com/noticias/llantas-contaminan-los-oceanos/
https://www.ecologiaverde.com/los-neumaticos-grandes-contaminantes-
419.html

http://www.vidasostenible.org/informes/revolucion-en-reciclaje-de-neumaticos/

Más de 300 millones de llantas desechadas en México

En la cadena del ciclo de vida de un producto, es fundamental considerar qué


se hará con éste una vez que haya cumplido la función primaria para la que fue
concebido, es decir, dar opciones para que al final del mismo se reintegre a
otra cadena de valor o a los ciclos naturales. Para el caso de las llantas en
México, lo más común ha sido desecharlas, inadecuadamente, en cementerios
de llantas, tiraderos clandestinos o basureros.

El problema

Actualmente se tiran 40 millones de llantas al año en nuestro país, de éstas,


solo un 12% se recicla o reutiliza; así, hay un inventario de aproximadamente
300 millones de llantas desechadas que resultan contraproducentes, pues
representan un foco de propagación de plagas como roedores o mosquitos y
pueden ser muy peligrosas en caso de incendio al ser difíciles de apagar, su
quema incontrolada genera sustancias cancerígenas; además, son un recurso
utilizable desperdiciado. De continuar con esta tendencia, para el año 2018
habrá cerca de 500 millones de llantas disponibles para reutilizarlas.

Los principales cementerios de llantas están en el Cerro del Centinela en


Mexicali, Baja California; el Ejido Lázaro Cárdenas en Tijuana, Baja California;
Nogales, Sonora; Ciudad Juárez, Chihuahua; Matamoros y Reynosa,
Tamaulipas y en el Bordo de Xochiaca, Distrito Federal. En el municipio de San
Antonio la Isla se recibieron 6 mil 536 neumáticos, en Calimaya mil 800, en
Mexicaltzingo mil 500 y en Chalco, 11 mil 500 llantas

El problema de acumulación es particularmente agudo en la frontera norte


debido al flujo de llantas que hay de EE.UU. a México; a consecuencia de las
normas de eficiencia energética, en EE.UU. se desechan neumáticos que para
los estándares mexicanos son aprovechables, por lo que hay un mercado
importante de llantas de medio uso que ingresan al territorio nacional. Por otro
lado, en el centro y sur es más frecuente que las llantas sean desechadas en
tiraderos clandestinos y centros de residuos municipales, lo que complica y
encarece la gestión de este residuo.

Opciones para revalorizar las llantas

Gran parte de las llantas reutilizadas se usan como combustible para


cementeras y ladrilleras al tener un poder calorífico muy alto (15,000 BTU/lb),
mayor incluso que los combustibles tradicionales (200% más que el carbón);
sin embargo, para que su utilización como fuente de calor no genere residuos
peligrosos es necesario que se quemen a una temperatura cercana a los 1,100
°C y con controles de gases emitidos. Algunas compañías cementeras cuentan
con tecnologías adecuadas y con la supervisión necesaria por parte de la
Semarnat, pero muchas ladrilleras queman las llantas de manera incontrolada,
lo que genera la emisión de productos cancerígenos. Utilizar las llantas como
combustible es viable, dada la disponibilidad del recurso, siempre y cuando se
realice correctamente.

Una llanta es un milagro tecnológico al contener en su estructura diferentes


materiales que interactúan para su desempeño como caucho (natural y
sintético: 41%), negro de humo (carbón: 28%), fibras textiles (nylon, poliéster,
rayón u otros: 16%) y alambre de acero (principalmente en la cara de la llanta:
15%). Para aprovechar estos materiales en un segundo uso hay básicamente
dos opciones: pirólisis y trituración / pulverización.

La pirólisis consiste en quemar la llanta en ausencia de oxígeno, lo que permite


la recuperación del 100% de los materiales que la constituyen: el caucho y los
textiles se recuperan como un aceite (oleofinas y ceras) que se puede refinar
para generar otros productos; el negro de humo y el acero se recuperan limpios
en su totalidad por lo que se pueden utilizar los componentes en otros procesos
industriales o en la fabricación de llantas nuevas. Este método no está exento
de puntos a resolver, como la generación de subproductos y el control de
gases de pirólisis, sin embargo, es una buena fuente de materias primas.
La trituración consiste en moler las llantas por procedimientos mecánicos hasta
obtener diferentes tamaños de partículas (granulometría) que pueden utilizarse
para diversos fines; durante este proceso se separa el acero y las fibras textiles
por acción mecánica debido a que su dureza es diferente a la del caucho,
posteriormente, un electroimán retira el acero y el caucho y la fibra textil se
separan por diferencia de densidades, por ejemplo, en clasificadores
neumáticos.
Otro proceso más intensivo en mano de obra consiste en separar la cara de la
llanta en un molino para recuperar el acero, después se corta el resto de la
llanta en tiras y pasa por molinos para obtener una granulometría específica.
Un último proceso consiste en congelar la llanta con temperaturas de -120 °C
para, a través de golpes, separar sus componentes.

Aplicaciones

Las llantas reprocesadas son uno de los materiales más versátiles, se


aprovechan para una gran cantidad de aplicaciones en las que confiere
características superiores a los productos.
Con el caucho reciclado se produce un impermeable con excelentes
características técnicas, tanto de barrera al agua como de flexibilidad y
durabilidad, que puede emplearse para sellar distintos materiales e
impermeabilizar techos. Con una aplicación adecuada es un buen aislante
térmico.
Las partículas de caucho de diferentes granulometrías se mezclan con aditivos
para la fabricación de tejas, adoquines y losetas que se utilizan en la industria
de la construcción. En particular los adoquines y losetas, por su capacidad de
absorción de impacto, en áreas infantiles y deportivas como pistas de atletismo,
canchas de voleibol y fútbol.

También se ha utilizado para la fabricación de panel acústico, material


antivibratorio y antisísmico con excelentes resultados. Por sus características
aislantes de electricidad, se han construido tarimas dieléctricas y antifatiga con
material de caucho reciclado de llanta.
Se ha aprovechado importantemente en la construcción de carpeta asfáltica; si
bien el asfalto con contenido de llanta es un poco más caro que el tradicional,
el hule confiere características técnicas superiores a la carpeta por lo que
aumenta el tiempo de vida útil, pues se agrieta menos debido a la elasticidad,
disminuye el intemperismo por crear una capa impermeable; reduce el
desmoronamiento, lo que aumenta la cohesión; mejora la aplicabilidad sobre la
superficie por el aumento en la flexibilidad y crea una barrera antioxidante y
antiozonante que, junto con la retención de elementos volátiles retrasa el
endurecimiento y desgaste del asfalto con respecto al convencional.

Similar al asfaltado, está el aprovechamiento del caucho para producir


concreto; dicho material posee características técnicas superiores a la
compresión, torsión e impacto, por lo que se ha utilizado en pisos industriales y
de uso rudo.
En la industria del vestido las fibras textiles y el caucho sirven para la
fabricación de ropa industrial, suelas y tapas de calzado con una durabilidad
excelente. Otras aplicaciones del caucho reciclado las encontramos en cercas,
pasto sintético, tubos para drenajes y letrinas, suelos para hipódromos,
establos, productos promocionales, tarjetas de presentación, etcétera.

Cómo contribuir
Como en la mayoría de los problemas de residuos, la solución principal podrá
venir de la suma de iniciativas individuales, tanto en la elección de productos
que contengan materiales reciclados como en la correcta disposición de las
llantas desechadas.

https://tuinterfaz.mx/articulos/13/98/reciclaje-de-llantas-como-convertir-un-problema-
ambiental-en-productos-con-valor-agregado/

https://www.milenio.com/estados/mexico-acopia-21-mil-llantas-municipios