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UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA.

DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA.
SFA. ARISTÓTELES. POLÍTICA.
Oscar Javier Linares Londoño.
Código: 432050.

¿ES VIRTUOSO EL ESCLAVO?


EL DILEMA DEL CAPITULO 13 DEL PRIMER LIBRO DE LA POLÍTICA.

Desde el inicio del primer libro de la Política de Aristóteles empieza a quedar claro que
existen varios puntos en los que éste se aparta de la posición de su maestro Platón.
Platón había afirmado, por ejemplo, que la diferencia entre administrar una ciudad, el
hogar, o al esclavo, estriba únicamente en el número de personas que se gobiernan. En
el primer caso se gobierna sobre muchos, en el segundo sobre pocos y en el último
sobre uno. De tal manera que la diferencia entre gobernar al esclavo y al reino es sólo de
magnitud, pues el tipo de gobierno, en ellos, es el mismo.

Aristóteles, por el contrario, estima que la diferencia en este caso, no es de magnitud,


sino que es específica. E intenta mostrarlo a partir del método de exposición que
utilizará, en el que dividirá los compuestos en sus elementos constitutivos para que de
esta manera salgan a la luz las diferencias específicas entre la casa, el hogar y el reino.

Este, sin embargo, no es el único punto en que Aristóteles difiere de Platón. En el


capítulo 13 del primer libro de la Política hay otra diferencia importante. Allí Aristóteles
pretende discernir el tipo de virtud que acompaña a cada miembro de la polis. El
monarca, el amo, el esposo, la mujer, el hijo(a) y el esclavo son seres virtuosos. Lo son
por ser por naturaleza animales sociales 1253a, i.e. seres que se necesitan unos a otros
para sobrevivir, pues cada uno de ellos absolutamente solo no sería ni siquiera
meramente animal, ya que hasta éstos crean comunidades para poder satisfacer sus
necesidades (alimento y reproducción.)

El argumento que da Aristóteles para probar que el ser humano es un animal social tiene
como cimiento la constatación que éste es el único ser que cuenta con la palabra.
Algunos de los otros seres vivos cuentan con voz, como las vacas, y con ésta pueden
comunicar sus sensaciones de placer o dolor. “Pero la palabra es para manifestar lo
conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del
hombre frente a los demás animales: poseer, el sólo, el sentido del bien y del mal, de lo
justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas
cosas constituye la casa y la ciudad” P 2, 1253a-12. El discernimiento de lo justo y lo
injusto tienen como condición sine qua non la convivencia entre humanos, nada podría
llegar a ser injusto si no existen previas relaciones sociales que permitan establecer en
qué circunstancias y bajo qué parámetros se identificará una acción como injusta. No
sería afortunado decir que Juan es injusto con el lápiz por sacarle punta, pues el lápiz no
se encuentra entre las cosas hacia las cuales se puede impartir injusticia. Por el
contrario, hacia otro ser humano sí puede Juan cometer injusticia. Lo justo, lo bueno y
los demás valores se dan en las relaciones de unos seres con otros, por consiguiente se
dan en comunidad.

Lo mismo sucede con la virtud, pues ésta es la excelencia en el cumplimiento de la


función que cada ser tiene como miembro de la comunidad, en la Ética a Nicómaco
Aristóteles establece que “la función del hombre es una cierta vida (...) y cada uno se
realiza bien según su propia virtud” EN, 1, 1098ª15. Por ejemplo el esclavo es virtuoso
si obedece a su amo, cumple a cabalidad las tareas asignadas y esta siempre en
disposición de servir. El amo es también virtuoso si manda bien, es decir, si manda
aquello que el esclavo está en capacidad de hacer. Asimismo con la mujer y el hijo,
todos son virtuosos y lo son por cumplir ciertas funciones al ser parte de una
comunidad.

El problema que en este trabajo se tratará es ¿cada uno, amo, esclavo, esposa, hijo, tiene
una virtud diferente o son iguales en virtud? Y lo que pretendo es realizar un análisis lo
más cuidadoso de loo primeros párrafos del capítulo 13 en donde se encuentra dicho
problema.
I
En la administración de la casa es prioritario atender las relaciones humanas por encima
de las materiales. El estagirita ya había señalado las partes de la administración
doméstica correspondientes a aquellas de que consta a su vez la casa, que son: amo-
esclavo, marido-mujer, y padre-hijo y es a estas relaciones que conforman la casa hacia
donde debemos apuntar la mirada. Y no nos detendremos en las posesiones de los
mismos sino en sus virtudes.

Ya en 1255ª6 se entrevé una anticipación del problema al que Aristóteles se dedicará en


el capítulo 13 del que nos ocupamos en este trabajo. Allí la pregunta sería ¿la esclavitud
se justifica en cualquier circunstancia? A lo que Aristóteles responde negativamente.
Parece haber algo que diferencia a los seres humanos y ese algo puede ser el modo de
vida que cada uno lleva. No se concibe a Platón como esclavo mientras que a un
bárbaro sí. Pero siendo los dos personajes mencionados humanos y compartiendo
muchas cualidades ¿qué los hace definitivamente diferentes o semejantes? ¿lo que los
hace diferentes o semejantes es natural o convencional?

En el capítulo 13 el problema se plantea así: el esclavo tiene virtudes propias de su


forma de vida, instrumentales y serviles, su amo, por otra parte, es justo, prudente y
tiene fortaleza, el interrogante es ¿si las virtudes del amo y las del esclavo son
radicalmente diferentes o si se comparten algunas de ellas, o todas?. El problema se
torna aun más interesante con la solución dada en la Política, pues ésta genera un
dilema. Si contestamos afirmativamente a la pregunta ¿comparten las mismas virtudes
amos y esclavos? La diferencia entre los mismos se desvanecerían, no existiría nada que
nos permita discernirlos y una consecuencia que se siguen de allí es que el poder
debería ser rotado entre amo y esclavo, ya que si los dos participan de la perfección
humana no hay razón para que uno mande y otro obedezca. Si contestamos
negativamente tendríamos que establecer una nueva categoría para los esclavos ya que
si no pueden ser prudentes o justos es inconcebible su carácter de humanos y racionales.

La pregunta y el dilema que surge de la misma puede ser planteado a su vez para las
mujeres y los niños “¿Tienen también sus virtudes propias? ¿La mujer debe ser
prudente, valerosa y justa? ¿Y el niño, intemperante y también prudente, o no?” P I 13,
1259b2. Aquí me centraré en el caso del esclavo y el amo, aunque la solución es
aplicable a estos otros casos.

El objetivo de Aristóteles es pues examinar dicho problema, y encontrarle una salida al


dilema mencionado y para ello debería disponerse a identificar los argumentos que
acompañarían cada uno de los cuernos del dilema. Si el amo y el esclavo difieren en sus
virtudes dicha diferencia no puede ser tan solo un matiz, es decir una diferencia de
grado, el amo un poco más justo que el esclavo, porque el obedecer y el mandar difieren
específicamente. En la misma línea a Aristóteles le parece extraño que uno de ellos
participe de la justicia y el otro no ya que en el ejercicio del mandar u obedecer se
requiere ser justo, si el amo no lo es no mandaría bien y si no lo es el esclavo no haría
nada de lo que debe. El otro cuerno parece tener menos problemas, de hecho Aristóteles
ni siquiera examina sus consecuencias sino que de tajo concluye que “ambos
necesariamente deben participar de la virtud, pero hay diferencias en ella” P I 13, 1260ª.

¿Qué fundamenta dicha diferencia? ¿Cómo pueden ambos participar de lo mismo


siendo esto mismo diferente? ¿No está Aristóteles solucionando el problema acudiendo
a diferencias de grado y no específicas?

II

Las preguntas con las que terminamos el anterior apartado no son resueltas. Por el
contrario el texto se torna mucho más oscuro al continuar con la siguiente idea.
Aristóteles afirma “También esta idea nos ha guiado siempre al tratar del alma” P I 13,
1260ª6. ¿A qué idea se refiere? Seguramente a que se participa de lo mismo habiendo
diferencia en ello (i.e. se participa de la virtud aunque en ella hay diferencias). Al
parecer estamos ante una analogía. Lo complejo es que por la formulación infiero que el
problema tratado anteriormente nos iluminará el caso del alma y no al contrario.

El alma tiene una parte que dirige (racional) y otra que es dirigida (irracional) y cada
una de ellas tiene una virtud diferente pues sus funciones son diferentes. En el último
capítulo del primer libro de la Ética a Nicómaco Aristóteles establece las partes del
alma y sus funciones. La parte irracional, por ejemplo, tiene como función la nutrición y
el crecimiento, la intermedia se ocupa de lo apetitivo, y la racional de las virtudes ética e
intelectuales. De allí, a partir de una especie de generalización, se infiere en el texto que
la mayoría de las cosas tienen elementos que rigen y otros que son regidos. Por ejemplo
el libre rige sobre el esclavo y el hombre sobre la mujer. Tanto el libre, el esclavo y la
mujer tienen alma, y en particular las partes de la misma pero en cada uno de ellos hay
una parte que gobierna a otra, una que es más fuerte. En el hombre libre gobierna la
facultad deliberativa (parte racional del alma), en el esclavo no (seguramente la parte
irracional es en él más fuerte) y el niño la tiene pero en potencia.

Aristóteles supone que algo semejante ocurre con las virtudes morales, y en este punto
ya es claro que la analogía nos permite entender aquella críptica afirmación según la
cual todos participan de la virtud pero esta no es la misma o en otras palabras no
participan de ella de la misma manera, el punto es que cada uno participa de acuerdo a
la función que le corresponde, “De modo que está claro que la virtud moral es propia de
todos (...), pero no es la misma la prudencia del hombre que la de la mujer, ni tampoco
la fortaleza ni la justicia, como creía Sócrates. Sino que hay una fortaleza para mandar y
otra para servir, y lo mismo sucede también con las demás virtudes” 1260a-9.

Así como todos tenemos alma y por tenerla a ella tenemos sus partes, de tal manera que
habrá una parte del alma que gobierne nuestra vida, la irracional o la racional; todos
tenemos las mismas virtudes pero las desarrollaremos para poder llevar a feliz término
la función que nos ha sido asignada naturalmente o por la comunidad. Pues si no fueran
diferentes nuestras virtudes “el hombre parecería cobarde si es valiente como es valiente
la mujer y la mujer parecería habladora si es discreta como lo es el hombre bueno” P III
4, 1277b.

III

En conclusión Aristóteles salva el problema suscitado acudiendo al concepto de función.


Los hombres son todos virtuosos, pero unos mandan a otros porque su función es
mandar mientras que la de otros es obedecer. El que manda debe hacerlo lo mejor
posible y para ello desarrolla las virtudes que le permiten hacerlo de esa manera (por
ejemplo justicia), el que obedece puede tener esa misma virtud pero el desarrollo de la
misma estará en función de obedecer lo mejor posible, no de mandar o sublevarse.

Esta es la posición de Aristóteles y como él mismo lo señala difiere de la sostenida por


Sócrates en el Menón. Allí, Menón da una definición de virtud cercana a la de
Aristóteles, pues la virtud es definida de acuerdo a la función de cada miembro de la
comunidad, así “la virtud de la mujer está en administrar bien la casa, considerando lo
que esta en su interior y siendo obediente al mando. Y otra ha de ser la virtud del niño
(...) y otra la del anciano (...) En efecto, según cada una de nuestras ocupaciones y
edades, en relación con cada una de nuestras funciones, se presenta a nosotros la virtud”
71a-e. Pero inmediatamente Platón a través de Sócrates objeta dicha definición, pues,
“aunque (las virtudes) sean muchas y de todo tipo, todas tienen una única y misma
forma, por obra de la cual son virtudes y es hacia ella hacia donde ha de dirigir con
atención su mirada quién responda a la pregunta y muestre, efectivamente, en qué
consiste la virtud”.

Tenemos entonces dos posiciones diferentes, podríamos decir antagónicas, en torno a lo


que es la virtud y a la manera de abordar su definición, una sostenida por Aristóteles en
la que la virtud es diferente para cada miembro de la comunidad dependiendo de la
función del mismo, otra, defendida por Platón para el que, aunque hay varias virtudes,
estas guardan una unidad que les permite ser virtudes.