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ENSEÑAR CIENCIAS SOCIALES

Silvia Finocchio

En el presente escrito expondré los principales postulados de Silvia Finocchio, Doctora en Ciencias Sociales y
profesora de Historia en la universidad de Buenos Aires, en el capítulo VI de su libro Enseñar Ciencias Sociales,
titulado Construyendo un paradigma para la enseñanza de las ciencias sociales. A lo largo del capítulo, la autora
expondrá los marcos procedimentales, conceptuales y actitudinales en la enseñanza de las ciencias sociales a
partir de las corrientes positivistas y anti positivistas en este campo, enfocadas en su mayoría en la Historia y la
Geografía.

En la primera parte del capítulo Finocchio aborda los procedimientos de las prácticas positivistas a partir del
marco epistemológico manejado por éstas. En primer lugar menciona el rechazo por parte de los positivistas a la
metafísica; el conocimiento es científico, basado en la observación y experimentación. En el positivismo existe un
orden natural único de los hechos con un progreso indefinido, el objeto de conocimiento tiene un papel central y
el sujeto se debe a éste, sin tener participación alguna en la construcción del mismo; el papel del sujeto consiste en
observar y ordenar los hechos de la naturaleza; por tanto, el conocimiento es neutral y objetivo negando el papel
activo del sujeto en la construcción de una percepción universal de la realidad. En la aproximación a la realidad,
el científico tiene el papel de investigar, el docente de enseñar y el alumno de aprender. En esta corriente, el
conocimiento no es dado por el análisis ni problematización de los hechos, se promueve más bien un aprendizaje
por la memorización y la repetición.

Finocchio menciona que los positivistas consideran la realidad como una totalidad, convirtiéndose ésta última en
el objeto de enseñanza en las Ciencias Sociales. El método es el llamado inductivo: observación y
experimentación, dejando a un lado la reflexión teórica, generando una reducción de jerarquías y relaciones entre
conceptos. El tiempo desde el positivismo es concebido como un instrumento de medición y olvida la interacción
entre sucesos, promoviendo una visión estática de la historia y haciendo ver cada hecho histórico como externo al
hombre, atribuyendo todo hecho a un orden natural. En el mismo sentido es contemplado el espacio: el medio
natural determina las acciones humanas. Son de resaltar, según la autora, actitudes del positivismo en la educación
como la rigurosidad del ordenamiento y el carácter absoluto que se le da al conocimiento.

El positivismo, dice Finocchio, no tardó en entrar en crisis; la ciencia necesitaría valorar la construcción de
términos y el papel del sujeto en la construcción de conocimiento. Es entonces cuando aparece el “ataque del
historicismo” definido como el cuestionamiento de la variabilidad de la naturaleza y se vería reflejado en el
currículo con la mezcla de ambas corrientes. Lo que Finocchio denomina como la corriente anti positivista tendría
como base epistemológica el hecho de que el acto de conocer no se puede neutralizar; el sujeto, distanciándose de
la visión positivista hace parte del mundo social que requiere conocer, éste es el protagonista y el objeto se adecua
a él. En esta corriente prima lo diferente sobre lo semejante, la descripción de lo particular y el llamado método de
la comprensión. El sujeto es concebido, pues, como el actor principal de la historia, en cuanto al tiempo esta
corriente refuerza la ahistoricidad planteada por el positivismo desde la concepción de un presente eterno. El
espacio considera las partes como totalidades en sí mismas atribuyendo las prácticas sociales a la voluntad de éste
más que a las relaciones sociales. Entre las actitudes más importantes de los anti positivistas, está la relatividad
que se le otorga al conocimiento, el rechazo de lo universal en pos de lo particular, la excesiva subjetividad y la
debilidad de los conceptos.

Wendy Ladino Rodríguez / 20122155132