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Nombre: Bernardo Alejandro Rogel Castro

Institución: Centro de Estudios Filosóficos Tomás de Aquino


Materia: Filosofía del Lenguaje
Fecha de entrega: viernes, 25 de mayo de 2018
Referencia bibliográfica de la lectura: San Agustín, De magistro en Obras de San Agustín III (Obras
Filosóficas). Traducido por Victorino Capanaga. 3ra Edición. Madrid: Biblioteca de Autores
Cristianos, 1947.

¿Qué elementos de la filosofía platónica del lenguaje están presentes en el pensamiento


agustiniano sobre el lenguaje?

La doctrina platónica sobre la reminiscencia está presente en san Agustín cuando dice que la
locución no hace más que enseñar y recordar para que la memoria traiga al espíritu las cosas
mismas, de las cuales son signos las palabras. Ese “recordar” funciona como el medio del
conocimiento para san Agustín, que es provocado por la “herida” de las palabras al espíritu; sin
embargo, menciona que las palabras son solamente signos que ni siquiera hacen posible
directamente que conozcamos, sino que fungen como signos si, y sólo si, se nos muestran las cosas
que significan, pues, por sí mismas, las palabras solamente incitan a buscar el conocimiento de los
objetos. Esta es una posición, en cierto sentido, escéptica del lenguaje, como la de Platón, pues
considera las palabras como signos que no tienen valor por sí mismos, sino que se sustentan en las
cosas que significan, y sin las cuales no tendrían valor alguno. Además, san Agustín percibe posible,
como Platón, una comunicación sin la mediación del lenguaje, tal como ocurre con las pantomimas,
con la comunicación de Dios a través de la creación y con la explicación de fenómenos como el
“correr” (si se pregunta a alguien qué es “correr”, ese alguien puede realizar la acción de “correr”,
por lo que estaría comunicándose con un signo que es idéntico consigo mismo, y sin lenguaje; no
obstante, esto sería imposible si se le pregunta por dicha acción justo en un momento en que se
encuentre realizándola). Por último, san Agustín otorga al conocimiento de las cosas, como Platón,
más valor que a las palabras con las que estas cosas son conocidas, pues dice que las palabras y los
nombres se establecieron para el conocimiento de las cosas, por lo que su objetivo es el
conocimiento y no su misma existencia como lenguaje; por lo tanto, para Agustín, como para Platón,
es más importante el conocimiento sobre una cosa que el aquello (el signo) que suple a la cosa
misma, porque esto último (el signo) es un mero reflejo de la realidad y no la realidad misma, la cual
se puede observar sin la intervención de signos ni lenguajes.