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COMUNICACIÓN, CULTURA Y SOCIEDAD.

5to año. División “A”. 2019.

INTRODUCCIÓN AL MICHEL FOUCAULT.

LA HERENCIA CRÍTICA DE FOUCAULT.


Una ontología del presente y de nosotros mismos.

(Fragmento de EL GIRO SUBJETIVO DE MICHEL FOUCAULT. Por João Roberto Barros)

En 1984 Michel Foucault se inscribe en la tradición crítica, definiendo su proyecto como una historia crítica del
pensamiento, Foucault afirma que “la cuestión es determinar aquello que debe ser el sujeto, a cuales condiciones
está sometido, qué estatuto debe tener, cual posición debe ocupar en lo real […]; se trata de determinar su modo
de subjetivación” (FOUCAULT, 2001a, p. 1.451). Problematizando los modos de subjetivación, aparece una
desconfianza sistemática ante las categorías universales. Una desconfianza que buscaba constatar su contenido
variable conforme el tiempo y las circunstancias. Foucault relaciona los modos de subjetivación al gobierno de
los individuos, considerando que las diversas formas de gobierno implican técnicas y procedimientos destinados
a formar, dirigir o modificar la manera con la cual se conducen (los sujetos) (FOUCAULT, 2001a, p. 1.454).
Todo el proyecto de Foucault puede ser descrito en términos de una genealogía constituida por tres ejes: 1) una
ontología del individuo en sí mismo en relación a la verdad; 2) una ontología histórica del individuo en sí mismo
en sus relaciones en el campo del poder; y 3) una ontología histórica del individuo en sí mismo en sus relaciones
con la moral.
Foucault se inscribe en la “ontología del presente” pues su preferencia está en dar continuidad al proyecto crítico
sobre el cuestionamiento a respeto del propio yo, relacionándolo al entorno que lo rodea.
Según Foucault, la actitud crítica pone las siguientes preguntas: ¿qué es la actualidad? ¿Cuál es el campo actual
de las experiencias posibles? ¿Cuáles son los límites que condicionan estas experiencias? ¿Qué es ese hoy en lo
cual pensamos, conocemos, tenemos acceso al conocimiento y desarrollamos una moral y una política? ¿Cuáles
son las condiciones de posibilidad para la formación de un ethos crítico basado en la actitud de modernidad?
Para él, estas condiciones conciernen simultáneamente a los límites del presente y las posibilidades de
construcción del futuro. En estos términos, no se trata de una analítica de la verdad, sino de una ontología del
presente y de nosotros mismos.
La ontología del presente trata de conocer los límites que definen la subjetividad e intenta mostrar su carácter
histórico. El cuestionamiento sobre lo que somos está puesto en el tiempo presente, bajo las condiciones
históricas que nos son dadas (FOUCAULT, 2001a, p. 1.633). Nacería así “cierta verdad crítica del hombre”, que
sería fruto de un análisis sobre el nacimiento y el porvenir de las formas concretas de la existencia humana. Con
ella sería posible identificar los mecanismos concretos que limitan la libertad. Ésto daría condiciones al trabajo
filosófico de tomar conciencia de las posibilidades actuales de la libertad, interrogándose sobre los límites y los
poderes que inciden sobre ella.
Foucault trata de estudiar las múltiples versiones de la constitución de la subjetividad de acuerdo al conjunto de
reglas de producción de la verdad, y los límites de la libertad.
El propio pensamiento sobre el límite, entonces, abre espacio para considerar los ámbitos en los cuales la
subjetividad sufre limitaciones. Con el conocimiento de dichos ámbitos, el individuo podrá ultrapasar límites que
antes eran consolidados y extensamente admitidos como normales. Al ultrapasar esos límites establecidos por
diversos saberes institucionalizados, sería posible actuar en la formación de una subjetividad crítica.
Una crítica a las condiciones que limitan aquello que somos, que conocemos, que hacemos y que esperamos,
radica en la posibilidad de superar límites, mostrando su esencia contingente y no necesaria.
Queda claro que lo más importante el pensamiento sobre el límite y no sus contenidos específicos. El
pensamiento sobre el límite tiene como objetivo principal no su establecimiento, sino su superación,
imaginando un mundo que tenga otros contornos, diferentes a aquellos naturalizados por las estructuras
transcendentales del pensamiento. Así, esos límites problematizados por Foucault son necesariamente aquellos

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que pasan por una reconstrucción. No se trata de una analítica de la verdad, sino más bien de una ontología del
presente y de nosotros mismos.
Teniendo como punto de comparación aquella libertad controlada, coaccionada y amenazada, Foucault apunta a
la libertad proveniente de la crítica. Ésta se caracteriza como una libertad de un individuo consciente del medio
en el cual está inmerso. La crítica es esencialmente esa interrogación sobre el vínculo entre el saber, el poder y
el sujeto. En el momento de pensar eses vínculos entre ambas esferas de la investigación foucaultiana, la crítica
sirve como bisagra que posibilita suspender en algún sentido la eficacia demoledora que tienen los dispositivos
de saber-poder.

¿Qué es el poder según Foucault? Por Guillermo Calderón G. Y María Jesús Núñez F.
Para Foucault el poder es una relación asimétrica que está constituida por dos entes: la autoridad y la
obediencia, y no sería un objeto preexistente en un soberano usado para dominar a sus súbditos, además es una
situación estratégica que se da en una determinada sociedad; el poder incita, suscita y produce.
En la formación del poder se dan dos elementos, los cuáles son cooriginales e interdependientes, estamos
hablando de los dominados y los dominantes, que más que poseer el poder lo ejercen, ya que éste no se puede
adquirir, compartir ni perder, debido a que no es un elemento físico. Estos factores se han dado a lo largo de la
historia y están presenten en la actualidad, dominados y dominantes se manifiestan en cada ámbito en que
vivimos, ya sea en la familia, trabajo y hasta en la amistad; son la base de toda relación y de toda acción, y nos
permiten “guiar la posibilidad de conducta y poner en orden sus efectos posibles”. A pesar de que dominados y
dominantes son la raíz de todo vínculo, tanto los primeros como los segundos pueden ejecutar algún tipo de
resistencia al poder, ya sea para no ser “conducidos” o para no “liderar”, resistencia que está presente en todos
los actos del poder y que no lo daña, sino que constituye una parte más de éste, al igual como lo hace la libertad,
subordinación e insurgencia.
Foucault atiende al poder disciplinario: "En cuanto al poder disciplinario, se ejerce haciéndose invisible; en
cambio impone a aquellos a quienes somete un principio de visibilidad obligatorio." Sostiene Foucault, lo que
nos deja entrever que lo importante en la disciplina es poder ver a quienes se someten, ya que esto respalda el
dominio del poder que se ejerce sobre ellos.
Aquí estamos, siempre con la misma incapacidad para franquear la línea, para pasar del otro lado. Siempre la
misma elección del lado del poder de lo que dice o hace decir; si queremos entender que quiso decir Foucault
con esta frase, debemos basarnos en el principio que constantemente somos actores protagonistas de la
resistencia en la cual en poder nos encasilla, ejercerlo o ser mandados, estando incapacitados de dejar de hacer lo
primero o lo segundo.
Michel Foucault considere insuficiente la crítica que se la hace a la sociedad a partir de las nociones de ideología
y represión, las cuales presuponen un papel determinante del Estado y la economía, pues, reducen lo político,
descuidan las relaciones de poder que están entre lo más oculto de cuerpo social y conducen a un naturalismo o a
una cierta teoría o creencia según la cual por debajo del poder, sus violencias y sus artificios, sería posible
encontrar las cosas mismas en su vivacidad primitiva.
Foucault postula que el poder no está localizado, en efecto, es un conjunto que invade todas las relaciones
sociales. El poder no se subordina a las estructuras económicas, no actúa por represión sino por normalización,
por lo cual no se limita a la exclusión ni a la prohibición, ni se expresa ni está prioritariamente en la ley. El
poder produce positivamente sujetos, discursos, verdades, saberes, realidades que logran penetrar todos
los nexos sociales, razón por la cual no está localizado, sino en multiplicidad de redes de poder en
constante transformación, las cuales se conectan e interrelacionan.
Foucault sostuvo que si el poder se daba en todo el mundo, en realidad no existía, y prácticamente es indudable
que tenía razón, ya que si se da en todo lugar, quiere decir que no existe ni la contraparte, ni mucho menos la
dualidad necesaria para que el poder exista, porque sólo se conoce una faceta, lo que provoca que el poder sea
sólo una quimera para muchos seres humanos. “Para que el Estado funcione como funciona es necesario que
haya del hombre a la mujer o del adulto al niño relaciones de dominación bien específicas que tienen su
configuración propia y su relativa autonomía.” Es decir, el poder es la base de toda relación, posiblemente de la
humanidad, pero paradójicamente no existe ya que se encuentra en todos los lugares y no se puede adquirir, el
poder simplemente “es”.

¿CÓMO ENSEÑAMOS QUÉ ES EL PODER? Por María Etchegaray. (Texto publicado en

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Lúdicamente Nº 8 Juegos, juguetes y jugadores – Vol. 4 – Número 8 (2015).

Conceptualizar el poder desde la perspectiva propuesta por Michel Foucault (implica que) se concibe al poder
como una relación social y se considera que “(…) las relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan,
constituyen el cuerpo social; y estas relaciones de poder no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin
una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso” (Foucault 1979: 139). Así,
el poder no sólo reprime y prohíbe sino que, principalmente, produce relaciones sociales y las reproduce
(Foucault 1979: 139).
El entramado de relaciones sociales, de relaciones de poder asimétricas, dinámicas y cambiantes, debe
visibilizarse. Es limitada la visión que concibe al poder como un atributo que se concentra en un solo lugar o una
persona determinada. Reconocer únicamente la presencia del poder -“el poder”- en determinadas personas
identificadas como “poderosas” o en espacios específicos vinculados con los gobiernos, no permite visibilizar
cada uno de los ámbitos sociales en los que las/os estudiantes se mueven, desenvuelven y socializan, y en los que
despliegan sus relaciones de poder. En esta línea, tal como afirma Foucault, “(…) no se trata de analizar las
formas reguladas y legitimadas del poder en su centro, en lo que pueden ser sus mecanismos generales y sus
efectos constantes. Se trata, por el contrario, de coger al poder en sus extremidades, en sus confines últimos, allí
donde se vuelve capilar, de asirlo en sus formas e instituciones más regionales, más locales, sobre todo allí
donde, saltando por encima de las reglas de derecho que lo organizan y lo delimitan, se extiende más allá de
ellas, se inviste en instituciones, adopta la forma de técnicas y proporciona instrumentos de intervención
material, eventualmente incluso violentos”
Desde esta perspectiva, las resistencias y los contrapoderes se constituyen como parte de un entramado social de
poder que las incluye. La resistencia es poder, es parte de las relaciones de poder. Poder y resistencia son,
entonces, dos caras de una misma moneda y toda relación de poder supone –más o menos explícitamente- la
posibilidad de confrontación de intereses antagónicos.
Resulta primordial “(…) no considerar el poder como un fenómeno de dominación masiva y homogénea de un
individuo sobre los otros, de un grupo sobre los otros, de una clase sobre las otras; sino tener bien presente que el
poder, si no se lo contempla desde demasiado lejos, no es algo dividido entre los que lo poseen, los que lo
detentan exclusivamente y los que no lo tienen y lo soportan. El poder tiene que ser analizado como algo que
circula, o más bien, como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allí, no está
nunca en las manos de algunos, no es un atributo como la riqueza o un bien. El poder funciona, se ejercita a
través de una organización reticular. Y en sus redes no sólo circulan los individuos, sino que además están
siempre en situación de sufrir o de ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consintiente del poder ni
son siempre los elementos de conexión. En otros términos, el poder transita transversalmente, no está quieto en
los individuos”.

LAS REDES DEL PODER. Por Michel Foucault. (Texto de la Conferencia proferida en 1976 en la Facultad de
Filosofía de la Universidad del Brasil. Publicado en la revista anarquista “Barbarie”)

Voy mostrar en qué dirección se puede desarrollar un análisis del poder que no sea simplemente una concepción
jurídica, negativa, del poder, sino una concepción positiva de la tecnología del poder. Frecuentemente
encontramos entre los psicoanalistas, los psicólogos y los sociólogos, esta concepción según la cual el poder es
esencialmente la regla, la ley, la prohibición, lo que marca un límite entre lo permitido y lo prohibido. (…)
Y nosotros mismos, cuando intentamos reflexionar sobre nuestra sociedad, sobre la manera como el poder se
ejerce en ella, lo hacemos fundamentalmente a partir de una concepción jurídica: dónde está el poder, quién
detenta el poder, cuales son las reglas que rigen al poder cual es el sistema de leyes que el poder establece sobre
el cuerpo social.
- Al momento de analizar el poder en sus mecanismos positivos, Foucault nos advierte que:
“(…) en el fondo no existe UN poder, sino varios poderes. Poderes, quiere decir, formas de dominación, formas
de sujeción que operan localmente, por ejemplo, en una oficina, en el ejército, en una propiedad de tipo
esclavista o en una propiedad donde existen relaciones serviles. Se trata siempre de formas locales, regionales de
poder, que poseen su propia modalidad de funcionamiento, procedimiento y técnica. Todas estas formas de
poder son heterogéneas. No podemos entonces hablar de poder, si queremos hacer un análisis del poder, sino que
debemos hablar de los poderes o intentar localizarlos en sus especificidades históricas y geográficas.”

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Foucault identifica uno de los mecanismos en el poder disciplinario. Al respecto dice:
“Disciplina es, en el fondo, el mecanismo del poder por el cual alcanzamos a controlar en el cuerpo social hasta
los elementos más tenues con los cuales llegamos a tocar los propios átomos sociales, esto es, los individuos.
Técnicas de individualización del poder. Cómo vigilar a alguien, cómo controlar su conducta, su
comportamiento, sus aptitudes, cómo intensificar su rendimiento, cómo multiplicar sus capacidades, cómo
colocarlo en el lugar donde será más útil, esto es lo que es, a mi modo ver la disciplina.”
“Se percibe que la relación de poder con el sujeto, o mejor, con el individuo no debe ser simplemente esa forma
de sujeción que permite al poder recaudar bienes sobre el súbdito, riquezas y eventualmente su cuerpo y su
sangre, sino que el poder se debe ejercer sobre los individuos en tanto constituyen una especie de entidad
biológica que debe ser tomada en consideración si queremos precisamente utilizar esa población como máquina
de producir todo, de producir riquezas, de producir bienes, de producir otros individuos.”
VIGILAR Y CASTIGAR. Por Michel Foucault
II. LOS MEDIOS DEL BUEN ENCAUZAMIENTO
El poder disciplinario tiene como función principal “enderezar conductas”. No encadena las fuerzas para
reducirlas; lo hace para multiplicarlas y usarlas. Lleva sus procedimientos de descomposición hasta las
singularidades. “Encauza” las multitudes móviles, confusas, inútiles de cuerpos y de fuerzas en una
multiplicidad de elementos individuales –pequeñas células separadas, autonomías orgánicas, identidades y
continuidades genéticas, segmentos combinatorios. La disciplina “fabrica” individuos como objetos y como
instrumentos de su ejercicio. No es un poder triunfante, es un poder modesto que funciona según el modelo de
una economía calculada y permanente.

Procedimientos menores, si se comparan con los rituales majestuosos de la soberanía o con los grandes aparatos
del Estado. Y son ellos los que van a invadir poco a poco esas formas mayores, a modificar sus mecanismos y a
imponer sus procedimientos. El éxito del poder disciplinario se debe al uso de instrumentos simples:
la vigilancia jerárquica, la sanción normalizadora y su combinación en un procedimiento específico:
el examen.

LA VIGILANCIA JERÁRQUICA
El ejercicio de la disciplina supone un aparato en el que las técnicas que permiten ver inducen efectos de poder y
donde los medios de coerción hacen visibles aquellos sobre quienes se aplican.
Estos observatorios tienen un modelo casi ideal: el campamento militar, como ciudad apresurada y artificial. El
viejo y tradicional plano cuadrado ha sido afinado de acuerdo con innumerables esquemas. Se dibuja la red de
las miradas que se controlan unas a otras. El campamento es el diagrama de un poder que actúa por el efecto de
una visibilidad general. Durante mucho tiempo se encontrará en el urbanismo, en la construcción de ciudades
obreras, de hospitales, de asilos, de prisiones, este modelo del campamento o al menos el principio
subyacente: el encaje espacial de las vigilancias jerarquizadas.
Una arquitectura que ya no está hecha simplemente para ser vista, sino para permitir un control interior,
articulado y detallado. El viejo esquema simple del encierro y de la clausura –del muro grueso, de la puerta
sólida– comienza a ser sustituido por el cálculo de las aberturas, de los pasos y de las trasparencias. Así se
organiza poco a poco el hospital-edificio como instrumento de acción médica: debe permitir observar bien a los
enfermos, debe impedir los contagios. El hospital ya no simplemente como lugar para la miseria y la muerte
cercana, sino como operador terapéutico. Igualmente la escuela-edificio debe ser un operador de encauzamiento
de la conducta (ej. de la escuela militar). Las instituciones disciplinarias han secretado una maquinaria de control
que ha funcionado como un microscopio de la conducta; las divisiones tenues y analíticas que han realizado han
llegado a formar un aparato de observación, de registro y de encauzamiento de la conducta.
El aparato disciplinario perfecto permitiría a una sola mirada verlo todo permanentemente: ojo al cual nada se
sustrae y centro hacia el cual están vueltas todas las miradas.
Necesita descomponer sus instancias, pero para aumentar su función productora. Especificar la vigilancia y
hacerla funcional. Se trata ahora de un control intenso, continuo, a lo largo de todo el proceso de trabajo.
El mismo movimiento en la organización de la enseñanza elemental: especificación de la vigilancia. Se da por ej.
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el esbozo de una institución de tipo “de enseñanza mutua”, donde están integrados en el interior de un
dispositivo único tres procedimientos: la enseñanza propiamente dicha, la adquisición de conocimientos por la
actividad pedagógica, y una observación recíproca y jerarquizada. Encontramos en el corazón de la práctica de
enseñanza una relación de vigilancia como mecanismo inherente que multiplica su eficacia.
La vigilancia se organiza también como poder múltiple, automático y anónimo; su funcionamiento es el de un
sistema de relaciones de arriba abajo, pero también de abajo arriba y lateralmente (en redes): vigilantes
perpetuamente vigilados. El poder en la vigilancia jerarquizada de las disciplinas no se transfiere como una
propiedad; funciona como una maquinaria. La organización piramidal le da un “jefe”, pero es el aparato entero
el que produce “poder” y distribuye los individuos en ese campo continuo. Lo cual permite al poder disciplinario
ser indiscreto, siempre alerta, no dejando ninguna zona de sombra y controlando a aquellos mismos que están
encargados de controlarlo; y discreto ya que funciona en silencio. Gracias a las técnicas de vigilancia, la “física”
del poder, el dominio sobre el cuerpo se efectúan de acuerdo con las leyes de la óptica y de la mecánica, con
todo un juego de espacios, líneas, pantallas, y sin recurrir, en principio al menos, a la violencia.

SANCIÓN NORMALIZADORA
1. En el centro de todo sistema disciplinario funciona un pequeño mecanismo penal. Las disciplinas establecen
una “infra-penalidad”; reticulan un espacio que las leyes dejan vacío al reprimir conductas que su relativa
indiferencia hacía sustraerse a los grandes sistemas de castigo. En el taller, en la escuela, en el ejército, reina una
verdadera micropenalidad del tiempo (retrasos, ausencias, interrupciones de tareas), de la actividad (falta de
atención, descuido), de la manera de ser (descortesía, desobediencia), de la palabra (charla, insolencia), del
cuerpo (actitudes “incorrectas”, gestos impertinentes, suciedad), de la sexualidad (falta de recato, indecencia). Al
mismo tiempo se utiliza, como castigos, una serie de procedimientos sutiles, que van desde el castigo físico leve,
a privaciones menores y a pequeñas humillaciones. Se trata de hacer penables las fracciones más pequeñas de la
conducta, que cada sujeto se encuentre prendido en una universalidad castigable-castigante.
2. El castigo disciplinario tiene por función ser correctivo, reduciendo las desviaciones. Al lado de los castigos
tomados directamente del modelo judicial (multas, látigo, calabozo), los sistemas disciplinarios dan privilegio a
los castigos del orden del ejercicio –del aprendizaje intensificado, varias veces repetido. El castigo disciplinario
es en buena parte isomorfo a la obligación misma; es menos la venganza de la ley ultrajada que su repetición.
Castigar es ejercitar.
3. El castigo disciplinario es un elemento de un sistema doble: gratificación-sanción. “El maestro debe evitar
usar de castigos; por el contrario, debe tratar de hacer que las recompensas sean más frecuentes que las penas”
(de un reglamento escolar de 1716). Este mecanismo de dos elementos permite cierto número de operaciones
características de la penalidad disciplinaria. La calificación de las conductas y de las cualidades a partir de dos
valores opuestos del bien y del mal; se tiene una distribución entre polo positivo y polo negativo; toda la
conducta cae en el campo de las buenas y de las malas notas, de los buenos y de los malos puntos.
Una contabilidad penal permite obtener el balance punitivo de cada cual. La “justicia” escolar ha llevado muy
lejos este sistema. Y así los aparatos disciplinarios jerarquizan a las “buenas” y a las “malas” personas. La
disciplina, al sancionar los actos con exactitud, calibra los individuos “en verdad”.
4. La distribución según los rangos o los grados tiene un doble papel: señalar las desviaciones, jerarquizar las
cualidades, competencias y aptitudes; pero también castigar y recompensar. La disciplina recompensa por los
ascensos; castiga haciendo retroceder y degradando. El rango por sí mismo equivale a recompensa o
castigo. Un ejemplo en una escuela militar muestra el doble efecto de esta penalidad jerarquizante: distribuir los
alumnos de acuerdo con sus aptitudes y su conducta; someterlos todos al mismo modelo, para que estén
obligados todos juntos a la docilidad.
Los dispositivos disciplinarios han secretado una “penalidad de la norma”. Las disciplinas han fabricado un
nuevo funcionamiento punitivo. El funcionamiento tiene su punto de formación en la sanción normalizadora.
Aparece el poder de la Norma. Lo Normal se establece como principio de coerción en la enseñanza con la
instauración de una educación estandarizada y el establecimiento de las escuelas normales; en el esfuerzo por
organizar un cuerpo médico y un encuadramiento hospitalario capaces de hacer funcionar unas normas generales
de salubridad. El poder de normalización obliga a la homogeneidad.
EL EXAMEN
El examen combina las técnicas de la jerarquía que vigila y las de la sanción que normaliza. Es una mirada
normalizadora, una vigilancia que permite calificar, clasificar y castigar. En todos los dispositivos de disciplina
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el examen se halla altamente ritualizado. Manifiesta el sometimiento de aquellos que están sometidos. La
superposición de las relaciones de poder y de las relaciones de saber adquiere en el examen toda su
notoriedad visible.
El examen lleva consigo todo un mecanismo que une cierta forma de ejercicio del poder con cierto tipo de
formación de saber.
1) El examen invierte la economía de la visibilidad en el ejercicio del poder. El poder disciplinario se ejerce
haciéndose invisible, pero imponiendo a aquellos a quienes somete un principio de visibilidad obligatorio. En la
disciplina, son los sometidos los que tienen que ser vistos para garantizar el dominio del poder que se ejerce
sobre ellos. Y el examen es la técnica por la cual el poder mantiene a éstos en un mecanismo de objetivación. En
el espacio que domina, el poder disciplinario manifiesta su poderío acondicionando objetos. El examen equivale
a la ceremonia de esta objetivación.
En cuanto a la disciplina, tiene su propio tipo de ceremonia: el “desfile”, forma fastuosa de examen. Los
“súbditos” son ofrecidos en él como “objetos” a la observación de un poder que no se manifiesta sino tan sólo
por su mirada.
2) El examen hace entrar también la individualidad en un cambio documental. El examen que coloca a los
individuos en un campo de vigilancia los sitúa igualmente en documentos que los captan y los inmovilizan. Los
procedimientos de examen han sido inmediatamente acompañados de un sistema de registro intenso y de
acumulación documental.
De ahí la formación de toda una serie de códigos de la individualidad disciplinaria que permiten transcribir
homogeneizando los rasgos individuales establecidos por el examen: código físico de la señalización, código
médico de los síntomas, código escolar o militar de las conductas. Estos códigos marcan el momento de una
“formalización” inicial de lo individual en el interior de las relaciones de poder.

Las otras innovaciones de la escritura disciplinaria conciernen la puesta en correlación de estos elementos, la
acumulación de los documentos, la organización de campos comparativos que permiten clasificar, fijar normas.

Gracias a todo este aparato de escritura que lo acompaña, el examen abre dos posibilidades correlativas:
 la constitución del individuo como objeto descriptible, analizable; para mantener sus rasgos
singulares bajo la mirada de un saber permanente;
 la constitución de un sistema comparativo que permite la medida de fenómenos globales, la
descripción de grupos, la caracterización de hechos colectivos, la estimación de las desviaciones.
3) El examen, rodeado de todas sus técnicas documentales, hace de cada individuo un “caso”: un caso que
constituye un objeto para un conocimiento y una presa para un poder. El caso es el individuo tal como se lo
puede juzgar, medir, comparar y esto en su individualidad misma; y es también el individuo cuya conducta hay
que encauzar, a quien hay que clasificar, normalizar, excluir, etc.
Finalmente, el examen se halla en el centro de los procedimientos que constituyen el individuo como objeto
y efecto de poder, como efecto y objeto de saber. Combinando vigilancia jerárquica y sanción normalizadora,
garantiza las grandes funciones disciplinarias de distribución y de clasificación, de extracción máxima de las
fuerzas y del tiempo, de acumulación genética continua, de composición óptima de las aptitudes. Por lo tanto, de
fabricación de la individualidad celular, orgánica, genética y combinatoria.