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DPD 2

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5 Serie DPD

7 El seguidor obediente de Jesús Romanos 8:1-4

13 La Palabra de Dios en su vida Deuteronomio 32:45-47

23 Conversando con Dios Hebreos 4:16

33 Comunión con seguidores de Jesús Efesios 4:1-7

43 Testificando de Cristo Marcos 5:18-19

Las citas bíblicas utilizadas son de la versión Reina Valera


Contemporánea ® © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011.
a menos que se indique algo distinto.

3
4
Después del Gran Mandamiento, las palabras más
importantes para la Iglesia, son: La Gran Comisión. Pues en
esta encomienda se encuentra resumido todo el quehacer de
la Iglesia.
Sin embargo, la tarea del discipulado no es algo que se dé solo,
sino que requiere nuestra participación obediente, pues al
participar entrenando a otros para que sean discípulos de
Jesús, también nosotros estamos siendo discipulados. De
modo que, en la tarea de hacer discípulos, todos somos
participantes de un mismo proyecto el cual es dirigido por El
Espíritu, quien obra en unos y en otros, haciéndonos a todos
condiscípulos.
El propósito de esta serie Diseño para el Discipulado es
proveer una herramienta para el discipulado general de la
Iglesia. En este caso a través de la predicación. Debido a que
es el culto general de la iglesia, donde podemos alcanzar a la
mayor parte de la congregación. Por lo que, junto con estos
bosquejos para la predicación, se preparan las presentaciones
correspondientes en PPT.
Para el desarrollo de este material, estamos siguiendo el
bosquejo que presentan los Navegantes en Estudios Sobre la
Vida Cristiana (ESLV) https://losnavegantes.net/discipulado/serie-
eslv/

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Reconocemos las limitantes pedagógicas que tiene la
predicación y por ello queremos recomendar el uso de los
recursos que se encuentran en el sitio de los Navegantes.
Donde pueden bajarse Guías individuales en PDF para
estudio en Grupos Pequeños. Que sin duda serán de gran
ayuda para el discipulado de la iglesia.
La serie DPD pretende cubrir los elementos principales del
discipulado cristiano, considerando que las personas que
participan ya tienen han pasado por experiencia de la
conversión a Cristo.
Las áreas que están comprendidas en esta serie son:
1. Tu vida en Cristo
2. Discípulos llenos del Espíritu
3. Caminando con Cristo
4. El carácter del discípulo
5. Fundamentos para la fe
6. Creciendo en el discipulado
7. Nuestra esperanza en Cristo
8. Nuestra comunión
9. Nuestra victoria
10. Creciendo por toda la vida
Esperamos que esta herramienta pueda ser de bendición para
la Iglesia y contamos con que los pastores y discipuladores
siendo guiados por el Espíritu de Dios, podrán enriquecer
este aporte.

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1
Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están
unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne,
sino conforme al Espíritu, 2 porque la ley del Espíritu de vida
en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la
muerte.
3
Porque Dios ha hecho lo que para la ley era imposible hacer,
debido a que era débil por su naturaleza pecaminosa: por
causa del pecado envió a su Hijo en una condición semejante
a la del hombre pecador, y de esa manera condenó al pecado
en la carne, 4 para que la justicia de la ley se cumpliera en
nosotros, que no seguimos los pasos de nuestra carne, sino
los del Espíritu. Romanos 8:1-4

U na característica infaltable en la vida de un discípulo es


su deseo de hacer la voluntad de Dios.
Esto es porque el amor de Dios ha inunda la vida del discípulo
y este responde con servicio a la gracia de Dios que ha sido
derramada sobre su vida.
Jesús le respondió: «El que me ama, obedecerá mi palabra; y mi
Padre lo amará, y vendremos a él, y con él nos quedaremos a vivir.
Juan 14:23

7
De modo que amar a Dios, directamente incide en
obediencia. El amor es una respuesta desde la gratuidad y no
una obligación que haya sido impuesta, o alguna manera de
pagar los favores o de congraciarse para obtener el favor-
bendición de Dios. Así la obediencia a Jesús es una libre
respuesta a la bondad de Dios, es una manifestación de amor
con la que el discípulo quiere honrar a Su Señor y Salvador.
Pero la obediencia a Cristo, es también obediencia al Padre y
podemos decir que también es motivada, posibilitada y
ejecutada por la acción del Espíritu.
Porque Dios es el que produce en ustedes lo mismo el querer como
el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13
De modo que en el acto mismo de la obediencia la totalidad
del Dios trino queda involucrado. Y esta obediencia genera
en una retroalimentación de parte de Dios. Pues Dios ama a
quien libremente obedece a Dios para honrarlo y también en
ello se genera (si esto es posible) una mayor presencia de Dios
en el discípulo. De modo que Padre, Hijo y Espíritu moran
de una forma más abundante en el creyente.
Así entonces, la obediencia de los discípulos es un acto libre
del amor expresado a Dios. Pero al mismo tiempo es una
manifestación externa de que la presencia y la gracia de Dios
está en ellos. Esta presencia de Dios al ser ampliada en la vida
de los discípulos, les conduce en una
espiral ascendente que los lleva a ser cada
día más obedientes y al mismo tiempo
experimentar más de la presencia de Dios
en ellos. Tal y como lo expresa una de
sentencias de Jesús sobre mayordomía.

8
Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al
que no tiene, aun lo poco que tiene se le quitará. Mateo 13:12
Así que podemos decir que, a mayor obediencia, mayor
presencia de Dios en la vida del discípulo. Y la presencia de
Dios en el discípulo generará mayor obediencia.
El cómo se genera esta obediencia en la vida de un discípulo
será lo que veamos a través de nuestro texto base.

L a salvación que hemos recibido en Cristo, nos libra de la


influencia del pecado, pero también nos proporciona una
nueva identidad mediante la cual recibimos el poder y los
dones para que El propósito de Dios se cumpla en nuestra
vida.
1
Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están
unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino
conforme al Espíritu, 2 porque la ley del Espíritu de vida en
Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
La simple declaración de ninguna condenación viene a
aquellos que están en Cristo Jesús. Ya que el Padre no
condena a Jesús, tampoco Él condenará a aquellos que están
en Él. Ellos no están para ser condenados, y ellos no pueden
ser condenados. Pues ahora ellos están en Cristo forman parte
de la familia de Dios y han sido integrados ciertamente para
que disfruten de la vida eterna y plena que Dios ha preparado
para ellos.
El cambio que el texto nos plantea (por tanto), señala la
consecuencia de la obra de Cristo a favor nuestro y que se

9
puede demostrar. Si somos uno en Jesús y Él es nuestra
cabeza, nosotros no podemos ser condenados.
No puedes absolver a la cabeza y condenar la mano. No
puedes ahogar al pie mientras la cabeza permanezca fuera del
agua. Únete a Él, y escuchamos el veredicto: ninguna
condenación. Esto entonces señala la plena libertad que
Cristo ha logrado para quienes han creído en El, le han
confesado como Su Señor y Salvador y ahora con una fe
obediente caminan en pos de Él siendo sus discípulos.
Estar en Cristo, expresa una unidad mística y espiritual entre
Él y sus discípulos. Así por esta comunión el andar del
discípulo no solo es en compañía de Cristo, sino Cristo quien
camina y actúa a través del discípulo. Como lo expreso Pablo
al referir a su propia experiencia.
Pero con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino
que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en
la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por
mí. Gálatas 2:20
Al no haber ninguna causa que ate a los discípulos con el
pecado y sus consecuencias, también estos son colocados en
otra esfera de influencia. Han pasado de la influencia de la
carne a la influencia del Espíritu.
Al estar bajo la influencia del Espíritu la obediencia para los
discípulos no es algo que deben hacer, sino que se produce en
ellos de modo natural pues el deseo del Espíritu en ellos es
hacer la voluntad del Padre. Del mismo modo que ocurrió en
Jesús y ocurre en sus discípulos.
El que cree en mí, hará también las obras que yo hago; Juan
14:12

10
De esta forma podemos interrelacionar, tres aspectos con los
que está vinculada la obediencia de los discípulos.
1. La obra de Cristo a favor de los discípulos, mediante
los cuales han sido librados de la influencia de la carne
sobre ellos.
2. La obra interna del Espíritu en la vida del discípulo,
mediante la cual es transformado a la imagen de Cristo
y en esa condición impelido a hacer la voluntad del
Padre.
3. La respuesta obediente del discípulo a la voluntad
revelada de Dios, expresada como un acto de gratitud
ante la gracia de Dios.
Estos tres elementos son los que interactuando entre sí llevan
al discípulo a una vida obediente que fructifica para la gloria
de Dios. Y que se manifiestan en 4 compromisos y 4 acciones
que los discípulos asumen y a través de los cuales su
comunión crece, así como su vida se torna en un instrumento
de bendición para otros.

4 Compromisos que los discípulos de Cristo asumen


1. Con la familia de Cristo. El primer compromiso
que los cristianos hemos de asumir es el hacernos
miembros de una iglesia local. Por ser esta la forma en
como nos relacionamos con las otras partes del
cuerpo de Cristo. La iglesia local es el espacio donde
vivimos nuestra fe, congregándonos y donde
aprendemos y donde habremos de ejercer los dones y
ministerios que Dios nos ha dado. La Iglesia local al
ser también la expresión tangible del Reinado de Dios

11
en este mundo es el espacio donde testificamos de su
amor y poder.
24
Tengámonos en cuenta unos a otros, a fin de estimularnos al
amor y a las buenas obras. 25 No dejemos de congregarnos, como
es la costumbre de algunos, sino animémonos unos a otros; y con
más razón ahora que vemos que aquel día se acerca. Hebreos
10:24-25
2. Con crecimiento personal. Crecer y madurar son
compromisos personales que hacemos en el Nombre
de Cristo y con el poder de Su Espíritu. Sabiendo de
antemano que el deseo del Señor no es que solo
seamos creyentes, sino que nuestra vida fructifique
para gloria suya. Este crecimiento requiere nuestro
involucramiento personal. Adoptando una actitud
enseñable que nos permita así ser instruidos por la
conducción del Espíritu a través de la Palabra
revelada.
Hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el
conocimiento del Hijo de Dios; hasta que lleguemos a ser un
hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de
Cristo; Efesios 4:13
3. Usar los dones que Dios le dio. A fin de que
podamos cumplir con el propósito que Dios tiene
para nuestra vida, Él nos dio dones, que han de ser
ejercidos para bendición de Su Iglesia y para gloria de
Su Nombre. La mejor forma de que estos dones sean
productivos es cuando los dones que Dios nos da,
corresponden con el ejercicio ministerial al que hemos
sido convocados.
6
Ya que tenemos diferentes dones, según la gracia que nos ha
sido dada, si tenemos el don de profecía, usémoslo conforme a la
medida de la fe. 7 Si tenemos el don de servicio, sirvamos; si

12
tenemos el don de la enseñanza, enseñemos; 8 si tenemos el don
de exhortación, exhortemos; si debemos repartir, hagámoslo con
generosidad; si nos toca presidir, hagámoslo con solicitud; si
debemos brindar ayuda, hagámoslo con alegría. Romanos 12:6-
8
4. Participar en la misión. Dios nos llamó a ser
partícipes en Su misión. Este privilegio que Dios nos
ha otorgado lo ejercemos desde cualquier ministerio
o don que Dios nos ha otorgado. Nos hacemos
colaboradores de Dios al extender Su Reinado a fin
de que todo el mundo sea cubierto por Su gloria. Es
posible que nuestro ministerio sea de carácter local,
pero los alcances, que se buscan son globales.
Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y ustedes son el
campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios. 1Corintios
3:9
Esta participación ciertamente se hace asumiendo que
la Gran Comisión de Mateo 28:19-20 es para cada
discípulo de Cristo, y queremos hacer la parte que nos
corresponde.

4 acciones que los discípulos obedientes hacen


Confesión de Cristo. Hablar a otros de Cristo es
esencial a la fe. De hecho, cuando la Biblia habla sobre
esto siempre expresa la idea de proclamar. Y esto tiene que
ver con hablar. No solo se trata de actos silenciosos o
ambiguos, donde las personas tendrían que interpretar lo que
hacemos. Confesar a Cristo, siempre es de una forma clara,
donde manifestamos que Él es nuestro Señor y Salvador e
invitamos a otros a que crean en Él.

13
Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón
que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Romanos 10:9
Comunión con la gente de Cristo. Los discípulos de Cristo,
damos prioridad a las relaciones que guardamos con otros
discípulos. Esto es porque procuramos Su bien, y buscamos
que Ellos se desarrollen y crezcan para la gloria de Dios. Así
el motivo de nuestra comunión con ellos es para testimonio y
fortalecimiento de la comunidad de fe.
20
Pero no ruego solamente por éstos, sino también por los que han
de creer en mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno;
como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno
en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Juan
17:20,21
Servicio a Cristo. El servicio a Cristo es esencial, para la fe
cristiana. Porque Jesús mismos es el ejemplo que los
discípulos tenemos. El servicio en este sentido no es opcional,
porque es la manera en como mostramos que la gracia de
Dios, verdaderamente está en nosotros.
Si alguno me sirve, sígame; donde yo esté, allí también estará mi
servidor. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará. Juan 12:26
Fidelidad a la Iglesia de Cristo. El ejemplo de fidelidad
que tenemos procede de la fidelidad de Cristo, de ello
aprendemos que Él ha sido fiel para nosotros y por ello
nosotros somos fieles a Su iglesia. De esta forma trabajamos
en la unidad del cuerpo de Cristo.
Porque, así como en un cuerpo hay muchos miembros, y no todos
los miembros tienen la misma función, así también nosotros,
aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada
miembro está unido a los demás. Romanos 12: 4,5

14
45
Y cuando Moisés terminó de recitar todas estas palabras
ante todo Israel,
46
les dijo: «Entréguense de corazón a cumplir todas las
palabras de esta ley que hoy les he expuesto, y vean que sus
hijos las cumplan, y ocúpense de cumplirlas.
47
No se trata de palabras sin sentido, sino que se trata de su
propia vida. Por medio de esta ley ustedes prolongarán su vida
sobre la tierra al otro lado del Jordán, adonde ahora se dirigen
para tomar posesión de ella. Deuteronomio 32:45-47

E l cristianismo es una fe de revelación. Es decir, lo que


creemos y se vivimos está en relación directa con la
voluntad revelada de Dios a través de Su Palabra.
Pues reconocemos que aun cuando la naturaleza misma
refleja el ser de Dios, como creador. Esta revelación natural
no es suficiente.
1
Los cielos proclaman la gloria de Dios; el firmamento
revela la obra de sus manos. 2 Un día se lo cuenta al otro
día; una noche se lo enseña a la otra noche. 3 Sin
palabras, sin sonidos, sin que se escuche una sola voz,
Salmos 19:1-3

15
Pues, aunque la luz de la naturaleza y las obras de
creación y de providencia manifiestan la bondad,
sabiduría, y poder de Dios de tal manera que los
hombres quedan sin excusa, sin embargo, no son
suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su
voluntad que es necesario para la salvación; por lo que
le agradó a Dios en varios tiempos y de diversas
maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a
su Iglesia; y además, para conservar y propagar mejor la
verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la
Iglesia contra la corrupción de la carne, malicia de
Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por
escrito, por todo lo cual las Santas Escrituras son muy
necesarias, y tanto más cuanto que han cesado ya los
modos anteriores por los cuales Dios reveló su
voluntad a su Iglesia. CFW 1.I.
De manera que la vida del pueblo de Dios, está vinculada con
Su Palabra, pues reconoce en ella el poder transformador que
tiene para la vida de los discípulos.
7
La ley del Señor es perfecta: reanima el alma. El
testimonio del Señor es firme: da sabiduría al ingenuo.
8
Los preceptos del Señor son rectos: alegran el corazón.
El mandamiento del Señor es puro: da luz a los ojos.
Salmos 19:7-8
Es la Palabra revelada de Dios, la que tiene el poder para
transformar la vida de los discípulos. Pues la Palabra, es algo
más que un texto se trata de la manifestación de Dios en este
mundo, revelada en Cristo
En el principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba
con Dios, y Dios mismo era la Palabra. Juan 1:1

16
Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y
vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito
del Padre), llena de gracia y de verdad. Juan 1:14
De modo que al hablar de Cristo y de la Palabra estamos
hablando de una unión hipostática, que es un término técnico
que designa la unión de las dos naturalezas. Es decir, Cristo y
la Palabra son uno.
De tal manera que Cristo es la Palabra encarnada. Siendo así
la unidad que tenemos con Cristo es concretada a través de la
unidad y permanencia de la Palabra en nosotros. Y nuestra
permanencia en la Palabra es también nuestra permanencia en
Cristo.
La transformación que la Palabra hace en los discípulos, es
viable solamente porque esa Palabra es Cristo mismo
actuando y transformando a sus discípulos para formarlos a
Su imagen.

L a manera en como La Palabra nos transforma es descrita


en una forma sencilla en las instrucciones que Moisés da
al pueblo de Israel cuando están a punto de entrar a la tierra
prometida.
46
les dijo: «Entréguense de corazón a cumplir todas las
palabras de esta ley que hoy les he expuesto, y vean que
sus hijos las cumplan, y ocúpense de cumplirlas.
Deuteronomio. 32:46

17
Entréguense de todo tu corazón. No es difícil descubrir el
sentido que esta frase tiene. Se trata de involucrar toda
nuestra vida con la Palabra que nos ha sido dada para
nuestra bendición. El, por que en muchas ocasiones la
Palabra de Dios no tiene el efecto que Él quiere para
nuestra vida es justamente, porque no hacemos de esta
Palabra nuestra prioridad. Descrito en las Palabras del
profeta Isaías y después mencionado por Jesús la razón
es mostrada como un involucramiento superficial.
El Señor dice: «A decir verdad, este pueblo se acerca a
mí con la boca, y me honra con los labios, pero su
corazón está lejos de mí; el temor que de mí tiene no es
más que un mandamiento humano, que le ha sido
enseñado. Isa 29:13
Un acercamiento a la Palabra que se hace esporádico o
superficialmente no genera mayor efecto en las
personas. Pues en lugar de establecerse una comunión
vital se torna en algo intermitente. Que no permite un
crecimiento y maduración constante en la vida del
discípulo.
Cuando la Palabra permanece en nuestra vida, es decir
la presencia de Cristo, esta de continúo fluyendo en
nosotros. Entonces, nuestra vida da el fruto de Su
Presencia en nosotros. Pero la ausencia de ella nos
impide fructificar y dar el fruto que El desea en nuestra
vida.
Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece
en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque
separados de mí ustedes nada pueden hacer. Juan 15:5

18
Y siguiendo con esa lógica, cuando la presencia de
Cristo a través de Su Palabra está fluyendo en los
discípulos entonces actuamos y buscamos Su voluntad.
Por esa permanencia de Cristo en nuestra vida,
entonces, podemos pedir y confiar en que Dios nos lo
dará.
Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en
ustedes, pidan todo lo que quieran, y se les concederá.
Juan 15:7
Permanecer en Su Palabra, es permanecer en comunión
con Cristo. Y esta comunión implica por lo menos tres
aspectos que se conjugan y se apoyan entre sí. 1)
Empatía. Sin la cual no podríamos mantener esa
comunión, pues primeramente tenemos que estar en
paz con El, para que la comunión se traduzca en una
experiencia gratificante y gocemos de ella. 2)
Influencia. La presencia de Cristo, fluyendo de
continuo en nuestra vida añade más vida. (santificación)
haciéndonos cada día más semejantes a Él. 3)
Sujeción. Esta comunión con Cristo nos lleva a
cambios profundos en nuestro ser, de modo que El
hacer la voluntad del Padre, se vuelve nuestro propio
anhelo y buscamos día a día como realizarlo, pues
queremos que Él sea glorificado.

Cumplir todas las Palabras. El consejo de Dios,


ciertamente no es solo para que lo conozcamos, sino
para que andemos en El. Somos bendecidos justamente
por llevar a cabo lo que la Palabra nos enseña.

19
Veamos en el libro del apocalipsis se esté énfasis.
Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras
de esta profecía, y observan lo que en ella está escrito,
porque el tiempo está cerca. Apocalipsis 1:3
El enfoque no está solo en leer y oír, sino en hacer. Es
lo mismo que Dios le dice a Josué cuando están por
entrar a la tierra prometida. Enfatizando aún más lo que
Moisés había dicho en Deuteronomio.
Procura que nunca se aparte de tus labios este libro de
la ley. Medita en él de día y de noche, para que actúes
de acuerdo con todo lo que está escrito en él. Así harás
que prospere tu camino, y todo te saldrá bien. Josué 1:8
Como podemos ver también el poner en práctica en
nuestra vida El Consejo de Dios, es finalmente para
nuestra propia bendición. Pues la finalidad de la Palabra
de Dios en nuestra vida es precisamente que
experimentemos la vida plena que Dios ha preparado
para sus hijos. Así el cumplir la Palabra de Dios en
nuestra vida pone en evidencia que estamos en Cristo.
Y que efectivamente somos discípulos suyos.
31
Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en
él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán
verdaderamente mis discípulos; 32 y conocerán la
verdad, y la verdad los hará libres.» Juan 8:31-32
Con esto podemos afirmar que todo discípulo de
Cristo, es obediente a Su Palabra, porque Su Palabra es
decir la presencia de Cristo es la que mora en él.

20
Y Su Palabra, como presencia de Cristo en nuestra vida,
nos conduce cada día más hacia lo verdadero. Y al
ocurrir esto, también nos vamos alejando de las
practicas espurias o falsas. Día a día esa obediencia nos
conduce al Ser de Dios, separándonos también del No
ser.

Vean que sus hijos las cumplan, y ocúpense de


cumplirlas. Un último enfoque de la Palabra de Dios
en nuestra vida, nos muestra que no se trata solo de una
vivencia personal, sino que es colectiva y trasciende las
brechas generacionales.
La presencia de la Palabra de Dios está en nuestra vida,
nos insta no solo a ponerla en práctica sino a transmitir
esta Palabra a la siguiente generación. No como un
conocimiento o el ejercicio de una actividad religiosa,
sino como una vivencia cotidiana en la que la presencia
de Dios a través de Su Palabra, nos capacita, empodera
y envía haciéndonos partícipes de la misión de El en
esta tierra. Por ello la oración más importante del
judaísmo, llamada la Shema, incluye dentro de ella la
transmisión generacional de la Palabra. Donde nuestro
papel más que de un educador, se trata de ser un
ejemplo vivo del como la Palabra vive en nuestra vida.
6
Estas palabras que hoy te mando cumplir estarán en
tu corazón, 7 y se las repetirás a tus hijos, y hablarás de
ellas cuando estés en tu casa, y cuando vayas por el
camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes.
Deuteronomio 6:6-7

21
L a Palabra de Dios no se trata entonces, de conocimiento,
sino de una experiencia vivencial. Donde al estar en ella
y ser practicada esta nos lleva a ser partícipes de la vida plena
de Cristo en nuestra vida.
47
No se trata de palabras sin sentido, sino que se trata
de su propia vida
Pues al estar Cristo morando en nuestra vida somos más
libres del pecado, prejuicios y de las cosas que nos alienan y
al mismo tiempo más sujetos y dependientes de Dios. Esta
doble acción (aunque en sentido diametralmente opuesto)
nos acerca más al plan de Dios, pues vivimos y actuamos en
El. Por ello también el anhelo de un discípulo es que su vida
no se desperdicie en la vanidad de los asuntos del mundo, sino
que su vida sirva para transmitir La Palabra a las siguientes
generaciones y así ellos lleguen a experimentar las bendiciones
de las que él ha sido partícipe.
No me desampares, Dios mío, aunque llegue a estar
viejo y canoso, hasta que haya anunciado tu gran poder
a las generaciones que habrán de venir. Salmos 71:8

22
14
Por lo tanto, y ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un
gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, retengamos
nuestra profesión de fe. 15 Porque no tenemos un sumo
sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino uno que fue tentado en todo de la misma
manera que nosotros, aunque sin pecado. 16 Por tanto,
acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para
alcanzar misericordia y hallar gracia para cuando necesitemos
ayuda. Hebreos 4:14-16

A lgo común en las relaciones personales es que no


siempre se logra un nivel de compenetración total con
las otras personas. Esto genera que en algunas de las áreas de
relación se generen diversos niveles de incomprensión entre
dos personas e incluso entre los grupos. Algunas de las
razones de incomprensión pueden ser:
1. Diferencias naturales. Entre hombres y mujeres hay
elementos que son distintos. No solo por la
formación cultural, sino incluso a nivel fisiológico nos
expresamos de formas distintas. Los cambios
hormonales nos afectan de diferentes formas, etc.
Esto genera algunas áreas donde no podemos
comprendernos totalmente.

23
2. Diferencias de información. Tener información
diferente, es en gran medida una fuente de
incomprensión. Solemos pensar que estamos
hablando de lo mismo y aun cuando en ocasiones
estamos mencionando los mismos hechos, la
información que tenemos de ellos puede ser distinta,
y eso genera incomprensión entre las personas.
3. Diferencias al interpretar. Los eventos que nos son
contados o incluso aquellos de los que somos
participes son susceptibles de ser interpretados de
forma distinta. Esto se debe a que el evento en sí
mismo solo es eso un evento, pero todos nosotros
necesitamos (y lo hacemos) interpretar esa
información. Y vamos a interpretar de acuerdo a
experiencias previas (hay juicios previos en todos
nosotros) así como la formación que cultural y
educativa de la que disponemos.
Cuando vemos que estas 3 fuentes de incomprensión son en
realidad muy comunes es fácil entender porque algunos de los
malos entendidos que se generan en la relación de pareja o en
las familias y finalmente en la sociedad en lo general, pues las
personas finalmente hacemos juicios de valor con todo esto y
en ocasiones nos podemos meter en conflictos por no aclarar
y dialogar lo suficiente. Pero finalmente hay formas de
ponernos de acuerdo (hablando se entiende la gente) y lograr
que las relaciones no solo sean funcionales, sino incluso
gratificantes.
Pero me gustaría que ahora consideráramos la posibilidad de
que alguien te comprendiera completamente en todos los
casos, y en todas las áreas. Que no hubiera ninguna
posibilidad de incomprensión de su parte. ¿Eso sería

24
fabuloso, no es así? Y claro no me refiero a nuestra mama o
a mi novio. Sino que me refiero al único que puede
comprendernos totalmente. El cual solo es Jesús, el Hijo de
Dios.

E l autor de la epístola a los Hebreos nos muestra tres


razones por las que Jesús nos comprende totalmente y
por las que nos podemos acercar a Dios con toda confianza.

1. Jesús es nuestro intercesor ante Dios.


14
Por lo tanto, y ya que, en Jesús el Hijo de Dios, tenemos un
gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, retengamos
nuestra profesión de fe.
La misión de Jesús es a nuestro favor. Su misión es traer al
hombre la Palabra de Dios, e introducir al hombre en la
presencia de Dios. Este es el papel que hace un sacerdote,
ministra a favor de otros. Su papel es el de ser mediador entre
El Padre y nosotros. A fin de colocarnos en buenas relaciones
para con El Padre.
Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios
por medio de nuestro Señor Jesucristo, Romanos 5:1
Así por la obra de Cristo, es que nosotros hemos sido puestos
en una relación de Paz con Dios. La palabra hebrea que los
judíos usaban para la paz era Shalom. La cual denotaba no solo
paz, sino también armonía, equilibrio, plenitud. De modo que
cuando hablamos de que tenemos paz con Dios, queremos
decir, que hemos sido colocados en una relación, donde ya no
hay condena por el pecado, pero también ahora la relación

25
que tenemos con Dios es para que podamos experimentar
armonía, equilibrio, plenitud. Es decir, la vida plena que Dios
quiere para sus hijos.
Por eso es que nuestro texto base agrega que por la obra de
intercesión que Dios hace a nuestro favor, ahora nosotros
hemos de mantener nuestra profesión de fe. ¿Qué quiere decir
eso? Esto es mantenernos en la fe a la que hemos sido
llamados por la Obra de Cristo y el llamado que Él ha hecho
a nuestra vida a través de Su Espíritu.
Podemos mantenernos en la fe, porque El poder y la
ministración de Cristo está a nuestro favor para poderlo
lograr. Pues en Cristo se abre el acceso a la gracia de Dios, la
cual fluye en nuestra vida, y nos conduce en la seguridad de
que el plan que Dios ha prometido, se está ya tornando en
una realidad para nosotros.
Por quien tenemos también, por la fe, acceso a esta
gracia en la cual estamos firmes, y nos regocijamos en
la esperanza de la gloria de Dios. Romanos 5:2

2. Jesús nos comprende de una forma total


15
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda
compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue
tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin
pecado.
El Sumo Sacerdote tiene que conocer perfectamente y al
mismo tiempo a Dios y al hombre. Jesús nos comprende de
una forma total porque como dice uno de los credos antiguos
de la iglesia:

26
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de
Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del
Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros lo
hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por
obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre; Credo Niceno.
1. Jesús es Dios verdadero, de la misma naturaleza que
El Padre
2. Se encarnó y se hizo hombre.
Así que podemos decir que Jesús es 100% Dios y 100% ser
humano. Esto le da una posición única, para poder
comprender totalmente ambos extremos.
Del lado humano. El conoce todos los aspectos del ser
humano, porque Él mismo los experimento. Dolor,
alegría, igual que llanto o desprecio. Jesús mismo
experimento todo eso, pero también en su calidad de
ser humano, se levantó victorioso sobre el pecado. De
modo que en Jesús tenemos un ejemplo de cómo
podemos salir victoriosos sobre el pecado. Lo cual
ocurre por Su sujeción a la voluntad de Dios revelada
en las Escrituras. Lo cual es posible para todos
nosotros. Entonces, Jesús conoce todas las áreas en las
que somos débiles y por ello sabiendo de nuestras
debilidades, nos da su ejemplo y la fortaleza y guía de
Su Espíritu, para que seamos también triunfadores
sobre lo malo.
1
Puesto que Cristo sufrió por nosotros en su cuerpo,
también ustedes deben adoptar esa misma actitud,

27
porque quien sufre en su cuerpo pone fin al pecado, 2
para que el tiempo que le queda de vida en este mundo
lo viva conforme a la voluntad de Dios y no conforme
a los deseos humanos. 1 Pedro 4:1-2
De modo que siguiendo el ejemplo de Jesús nosotros
como humanos también podemos salir adelante en las
pruebas o tentaciones.
Del lado Divino. Jesús nunca dejo de ser Dios, y como Dios
también sabe las áreas de nuestra debilidad. Y Él nos
preserva de situaciones donde no podríamos salir o
hundirnos más.
A ustedes no les ha sobrevenido ninguna tentación que
no sea humana; pero Dios es fiel y no permitirá que
ustedes sean sometidos a una prueba más allá de lo que
puedan resistir, sino que junto con la prueba les dará la
salida, para que puedan sobrellevarla. 1Co 10:13
El saber que Jesús no solo es nuestro intercesor ante Dios,
sino que nos conoce perfectamente, como conoce al Padre
nos brinda una enorme confianza, por la que podemos
acercarnos a Él confiadamente.

3. Podemos acercarnos y contarle todo.


Por tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia,
para alcanzar misericordia y hallar gracia para cuando
necesitemos ayuda.
Consideremos solo un momento lo que esto implica y que
representa una enorme diferencia en cuanto los hombres de

28
fe que vivieron ante de la ministración de Cristo. Veamos dos
experiencias clave en aquella relación que tenían con Dios.
En el Éxodo, al recibir las Tablas de la Ley la manera de
reaccionar del pueblo fue de terror y considerar que podrían
morir.
18
Todo el pueblo observaba los relámpagos y el monte
que humeaba, y escuchaba el sonido de la bocina. Al
ver esto, todos temblaban de miedo y se mantuvieron a
distancia, 19 pero le dijeron a Moisés: «Si tú hablas con
nosotros, te escucharemos; pero que no hable Dios con
nosotros, porque tal vez moriremos.» Éxodo 20:18-19
Uno de los grandes hombres de Dios, sin duda fue el Profeta
Isaías. Pero cuando él tiene una visión acerca de la presencia
del Señor su actitud fue de considerar que estaba a punto de
morir.
Entonces dije yo: ¡Ay de mí! ¡Soy hombre muerto! ¡Mis
ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos, aun
cuando soy un hombre de labios impuros y habito en
medio de un pueblo de labios también impuros! Isaías
6:5
El contraste entre estos conceptos y la idea expresada en la
epístola a los hebreos, de que podemos entrar confiadamente
a la presencia de Dios es enorme. Es pasar del terror y saberse
muerto por la culpabilidad a experimentar gracia y
misericordia.
Esa diferencia es posible por la obra de Cristo. Por ello al ser
restaurados por Cristo, podemos ahora dialogar con El Señor
con toda confianza. Como lo hicieran Adán y Eva antes de
que el pecado llegara a ellos. (cf. Génesis 3:8).

29
Por la obra de Cristo a nuestro favor, ahora podemos llegar
ante Dios, sin temor a ser rechazados o con la culpa de
nuestro pecado, pues este ha sido pagado por Cristo.
Esta es una condición especial, y hay dos formas especificas
en la enseñanza de Jesús que nos muestran el porqué.
Somos familia de Dios.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su
nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios;
Juan 1:12
Al creer y recibir a Jesús como nuestro Señor y
Salvador, nuestra condición ha sido cambiada. Ahora
somos hijos. Por ello Jesús nos enseñó a orar al Padre
en calidad de hijos. Usando la segunda persona del
plural, para enfatizar la relación que tenemos.
Por eso, ustedes deben orar así: Padre nuestro, que
estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Mateo
6:9
Y Dios es un Padre bueno, que siempre dará cosas
buenas a sus hijos.
Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas
a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos
dará buenas cosas a los que le pidan! Mateo 7:11
Jesús nos trata como amigos.
Ya no los llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo
que hace su señor; yo los he llamado amigos, porque
todas las cosas que oí de mi Padre, se las he dado a
conocer a ustedes. Juan 15:15

30
Jesús es quien ha decidido tratarnos como amigos y en
este sentido no reservarse para nosotros un trato
distinto. Pues nos ha revelado Su voluntad y como la
podemos cumplir. Así como todas las cosas que El
Padre la ha dado para que nos comunicará Jesús nos la
ha dado. De modo que en esos planos no hay ninguna
reserva para nosotros.
Además, nuestro texto dice que cuando necesitemos
ayuda podemos acercarnos Al Padre y contar con que
seremos tratados con misericordia y gracia. Esta es sin
duda una condición y oportunidad única que no
podemos pasar por alto. Se trata de nuestra de que
podemos conversar con Dios libremente y con la
seguridad de que recibiremos su bendición.
¿Cómo hacemos esto? Jesús enseño a sus discípulos a orar así:
9
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea
tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, en la
tierra como en el cielo. 11 El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy. 12 Perdónanos nuestras deudas, como
también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13
No nos metas en tentación, sino líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder, y la gloria, por todos
los siglos. Amén. Mateo 6:9-13
Este breve bosquejo nos ayuda a establecer las prioridades en
nuestra conversación con Dios.
1. Nos acercamos con confianza, porque Él es nuestro
Padre Bueno.
2. Pedimos de acuerdo a Su voluntad. El como Padre
sabe de qué tenemos necesidad y Él nos dará en Su

31
tiempo y en Su forma lo que Él sabe que nosotros
necesitamos.
3. Podemos conversar con Dios acerca de lo que
necesitamos en nuestro día a día.
4. Pedimos perdón y cuando lo hacemos con sinceridad
sabemos que Él nos lo dará porque nos ama.
5. Podemos hablar con Dios acerca de nuestras
debilidades, recuerda que Cristo nos conoce
perfectamente y Él intercede por nosotros.
6. Oramos sabiendo que nuestro Padre es quien el
control y el poder sobre todas las cosas.
Hablar con Dios entonces es algo que puedes hacer en cada
momento de día. Quizá en algunos momentos puedas seguir
estos seis conceptos, pero en otros a mitad del día puedes orar
por el que en ese momento sea necesario. Ten presente que
nuestro Padre Dios, estará allí para escucharte. Él siempre se
complace en escuchar a sus hijos.

32
1
Yo, que estoy preso por causa del Señor, les ruego que vivan
como es digno del llamamiento que han recibido, 2 y que sean
humildes y mansos, y tolerantes y pacientes unos con otros,
en amor.
3
Procuren mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la
paz.
4
Así como ustedes fueron llamados a una sola esperanza, hay
también un cuerpo y un Espíritu, 5 un Señor, una fe, un
bautismo, 6 y un Dios y Padre de todos, el cual está por encima
de todos, actúa por medio de todos, y está en todos.
7
Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado la gracia
conforme a la medida del don de Cristo. Efesios 4:1-7

L a comunión con los seguidores de Cristo, es la resultante


de la obra de El por, y en nosotros.
Es decir, la unidad cristiana es posible por la obra que Cristo
ha hecho por nosotros, dándonos libertad y reconciliación
plena, por lo que ya no vivimos atados al pecado y sus
consecuencias. Por lo que enemistades, iras, contiendas, etc.
Han de quedar fuera de la experiencia de los que ahora están
en Cristo.

33
La unidad también es producida por la obra constante de
Cristo a través de Su Espíritu, cuando día a día con una fe
obediente, nos dejamos moldear por lo dicho en Su Palabra y
disponemos nuestra vida a Su servicio.
Así la comunión entre los seguidores de Cristo es producto
de la creciente espiritualidad y comunión que guardan con
Cristo. La cual les lleva a actuar y vivir en consonancia con el
Espíritu del Señor que vive y actúa en ellos.

E l primer aspecto de esta comunión se da cuando


entendemos cuanto hizo Dios por nosotros,
naturalmente respondemos queriendo servirle y obedecerlo
por gratitud.
El entender quiénes somos es el fundamento de este andar
con dignidad. Lutero aconseja a los hombres a responder a las
tentaciones de Satanás únicamente con esto, Christianus sum,
Yo soy un Cristiano.
Decir: Soy cristiano, implica de suyo 3 cosas.
1. Hemos sido salvador por Cristo. Su obra sobre
nosotros es una realidad y por eso ahora nuestra vida
le pertenece a Él.
2. Formamos parte de Cristo. No solo estamos con
Cristo, sino que ahora formamos parte del cuerpo
místico de Cristo.
3. Vivimos para Cristo. Ser cristiano es ser seguidor de
Él, y esto es vivir de acuerdo al ejemplo que El mismo
nos dejó.

34
E stas tres condiciones de lo que implica ser cristiano, nos
lleva al terreno específico no solo del creer, sino en
particular del ser. Lo cual es eminentemente práctico.
Vivan como es digno del llamamiento que han recibido
La idea es clara. No andamos como es digno para que Dios
nos ame, pero debido a que Él sí nos ama. Entonces este
andar dignamente está motivado por la nueva condición que
ahora tenemos y por la gratitud, no por un deseo de obtener
mérito.
Somos hijos de Dios, por ello hemos sido llamados a ser y
actuar como El. El capítulo siguiente (Efesios 5) de la epístola
nos proporciona 3 elementos (Ser como Cristo) concretos
sobre el cómo andamos como hijos de Dios. Que habremos
de complementar con 4 elementos más (Actuar como Cristo).
Para que con estos 7 elementos tengamos un panorama más
amplio de lo que implica ser cristiano y estos elementos los
compartimos con todos los que son de Cristo.

3 Elementos del ser como Cristo.


1. Por tanto, imiten a Dios, como hijos amados. Los
hijos aprendemos a imitar a nuestros Padres,
producto de la cercanía que tenemos con ellos. Sin
darnos cuenta adquirimos algunas de sus costumbres
y aficiones. En nuestra relación con Dios es semejante
en tanto más comunión tenemos con Dios, más nos
vamos mimetizando con El. Si además
intencionalmente buscamos ser como nuestro Padre,
entonces buscaremos cada día el ser más como Él.

35
2. Vivan en amor, como también Cristo nos amó y
se entregó a sí mismo por nosotros, como ofrenda
y sacrificio a Dios, de aroma fragante. Uno de los
rasgos principales de Dios es su amor. De allí que vivir
en amor es algo característico de los discípulos de
Cristo. Amar sin embargo no es para hacerlo con los
estándares de este mundo. Pues el amor de Dios es
sacrificial, veamos como lo describe Jesús en su
propia enseñanza:
32
Porque si ustedes aman sólo a quienes los aman, ¿qué mérito
tienen? ¡Hasta los pecadores aman a quienes los aman!
33
Y si ustedes tratan bien sólo a quienes los tratan bien a
ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores hacen lo
mismo!
34
Si prestan algo a aquellos de quienes ustedes esperan recibir
algo, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores se prestan unos
a otros para recibir otro tanto!
35
Ustedes deben amar a sus enemigos, hacer el bien y dar
prestado, sin esperar nada a cambio. Grande será entonces el
galardón que recibirán, y serán hijos del Altísimo. Porque él es
benigno con los ingratos y con los malvados.
36
Por lo tanto, sean compasivos, como también su Padre es
compasivo. Lucas 6:32-36
Amar como Cristo nos amó, implica asumir la deuda
del otro, trabajar por su bien. De hecho, solo cuando
amamos como Dios nos ha amado mostramos que
hemos entendido el amor que Dios nos ha dado a
nosotros. Por ello la impronta de que amar al estilo de
Jesús nos es necesario para todos discípulos.
7
Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios.
Todo aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios. 8 El

36
que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. 1
Juan 4:7-8
Pues de no hacerlo así resultaría que no le hemos
conocido y de que Su presencia transformadora aún
no es real en nuestra vida.

3. Entre ustedes ni siquiera deben hablar de


inmoralidad sexual, ni de avaricia, ni de ninguna
otra clase de depravación, pues ustedes son
santos. Ser como Cristo es también ser participantes
de Su Santidad. Lo cual es parte de Su obra redentora
por la que hemos sido liberados del pecado y puestos
en una correcta relación para ahora ser santos como
nuestro Padre es Santo. Observemos que la santidad
es por causa de que Él es santo. Por ello santidad es
una manera de vivir, que mostramos a través de un
estilo de vida semejante al de Cristo, y a través del cual
modelamos Su presencia en nuestra vida.
14
Pórtense como hijos obedientes, y no sigan los dictados de sus
anteriores malos deseos, de cuando vivían en la ignorancia.
15
Al contrario, vivan una vida completamente santa, porque
santo es aquel que los ha llamado.
16
Escrito está: «Sean santos, porque yo soy santo.» 1 Pedro
1:14-16
Por eso llevar una vida apegada al propósito de Dios
deriva en conductas honrosas ante la sociedad. Pues
habiendo sido liberados de la influencia de la carne
ahora podemos vivir de un modo que honra a nuestro
Dios y lo hacemos como una manera de expresión del
Nuevo ser que hemos recibido en Cristo.

37
4 Elementos del actuar como Cristo.
1. Con toda humildad y mansedumbre: Un digno
andar delante de Dios estará marcado por humildad y
mansedumbre, no con un deseo insistente de
defender nuestros propios derechos o de avanzar en
nuestras metas. Antes del cristianismo, la palabra
humildad siempre se le asociaba de una connotación,
pues consideraba la humildad como algo degradante.
Pero después de Cristo la humildad es considera
como una virtud cristiana gloriosa (Filipenses 2:1-10)
al tiempo que una disciplina espiritual a través de la
que manifestamos el carácter de Cristo. Es una
manifestación de que verdaderamente la carne y la
vanidad han sido crucificadas. Significa que podemos
estar satisfechos y contentos cuando no estamos en
control de todo, pero Cristo si lo está y aun cuando
los asuntos no se estén logrando a nuestra manera,
pero sabemos que si se están desarrollando a la
manera y conforme a la forma y tiempo de Cristo.

2. Tolerantes y pacientes unos a los otros:


Necesitamos esto para que los males inevitables, que
ocurran entre las personas de la familia de Dios, no
obren en contra del propósito de Dios de unir todas
las cosas en Jesús – ilustrado por medio de Su obra
actual en la iglesia. Una definición de paciencia es la
de aquel que tiene la capacidad de tomar venganza,
pero que nunca lo hace. Esto es característico de un
corazón compasivo y generoso que está siendo
transformado por la presencia de Cristo.

38
La paciencia es producida en nosotros como un fruto
de la acción del Espíritu de Cristo y nos enseña a ser
tolerantes, pero no permisivos y pacientes, pero no
indolentes. Pues mediante la forma en como estamos
actuando estamos edificando el reinado de Cristo. Es
por ello esta forma de actuar tiene como fin el que
Dios sea honrado y así contribuir a la construcción de
la paz.
17
No paguemos a nadie mal por mal. Procuremos hacer lo
bueno a los ojos de todo el mundo.
18
Si es posible, y en cuanto dependa de nosotros, vivamos en
paz con todos.
19
No busquemos vengarnos, amados míos. Mejor dejemos que
actúe la ira de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza,
yo pagaré, dice el Señor.» Romanos 12:17-19

3. Procuren mantener la unidad del Espíritu: Esta


actitud, humilde y compasiva, hacia el uno con el otro,
cumple naturalmente este don de la unidad del
Espíritu. La idea de mantener la unidad señala hacia
una acción donde intencionalmente los discípulos de
Cristo están trabajando por la unidad que El Espíritu
produce. Es decir, si bien la unidad es producida
cuanto todos nosotros somos guiados por el Espíritu
de Dios. Implica también una actitud donde nos
ponemos en las manos del Espíritu, y permitimos que
sea El quien nos guíe. Si puedo decirlo así dejamos
que sea El quien toma la dirección de nuestras
acciones. Para que como alguna vez dijo el Apóstol
Pablo:
Pero con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo,
sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo

39
vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí. Gálatas 2:20
Mantener la unidad demanda también nuestra
participación, donde cada uno de los participantes de
la comunidad de fe, hacemos nuestro papel
contribuyendo al equilibrio dinámico de la
congregación a fin de que el propósito del Señor se
cumpla a través de nuestra vida.

4. En el vínculo de la paz. La paz nosotros no la


creamos, esto ha sido obra de Dios, y hemos
experimentado su paz producto también de Su obra a
nuestro favor (Romanos 5:1). Pero a nosotros se nos
ha encomendado mantener esa paz. Para mantener
esa paz que Dios nos ha otorgado, hemos de
considerar sus 4 principales dimensiones.

a. Paz con Dios. Por Cristo hemos sido


reconciliados y hechos aceptos por Su obra.
Nuestro papel aquí es conservar la unidad vital que
tenemos con Cristo. Y esto lo hacemos cuando día
a día invertimos tiempo en esa comunión a través
de la lectura, y meditación de Su Palabra, nuestra
dependencia en la oración y la obediencia en fe a
Su Palabra.
b. Paz con nosotros mismos. En Cristo hemos sido
liberados para no ser nunca más esclavos del
pecado. Nuestro papel para conservar esta paz es
mantener una forma de vida que honre a Dios
apartándonos de lo malo (despojándonos del viejo
hombre y revistiéndonos del Nuevo hombre).

40
Esto es para que la paz intelectual y emocional que
Cristo nos dio no se vea opacada de ninguna
manera.
c. Paz con nuestros semejantes. La paz de Dios es
también el camino hacia la reconciliación con
nuestros semejantes. Es la idea de poder reconocer
al otro, como uno semejante a mí, para superar la
otredad y hacernos todos de un mismo sentir, lo
cual es posible por la el Espíritu que nos ha sido
dado y que nos impulsa a buscar aquello que no
solo es bueno, sino que contribuirá al bienestar de
los que están en mi derredor y a la gloria de Dios.
d. Paz con la naturaleza. Dios no solo tiene cuidado
del ser humano, sino también de la creación que
está en su derredor y que dio en mayordomía al ser
humano. Conservar este vínculo de paz, es retomar
la mayordomía primaria que Dios nos asignó y para
Su gloria cuidar, preservar y hacer fructificar la
creación que Él puso bajo nuestra mayordomía.

A l vivir en conformidad a la vocación por la que hemos


sido hechos hijos de Dios. Y buscar a través de nuestra
manera de ser y de actuar reflejar la vida de Cristo que hoy
está en nosotros nos acercamos más a nuestros hermanos. Y
nos vamos haciendo uno con ellos, en la medida en que
también nos hacemos más uno con Cristo.
Pues reconocemos que el llamado que Dios hizo a nuestra
vida no es nunca de forma individualista, sino que nos llamó
a formar parte de una comunidad de fe. Donde todos

41
compartimos una misma esperanza, como el horizonte al que
se dirigen nuestros pasos. Y que en este andar nos
reconocemos como miembros todos de un mismo cuerpo (el
cuerpo místico de Cristo, Su Iglesia). Y que todos somos
impelidos por Su Espíritu.
Así como ustedes fueron llamados a una sola esperanza,
hay también un cuerpo y un Espíritu, 5 un Señor, una
fe, un bautismo, 6 y un Dios y Padre de todos, el cual
está por encima de todos, actúa por medio de todos, y
está en todos. Efesios 4:4-6
De modo que al estar actuando bajo una misma fe y ser todos
participantes de un mismo Pacto a través del Bautismo,
reconocemos que también somos todos hermanos e hijos de
un mismo Padre. Esta comunión con Dios que actúa en todos
nosotros, es lo que nos hace estar unidos con todos aquellos
a los que Dios llamó a ser sus hijos, pues cada uno de ellos
también actúa por el mismo Espíritu en la búsqueda de esta
unidad que por Cristo es posible.

42
18
Cuando Jesús abordó la barca, el que había estado
endemoniado le rogó que lo dejara estar con él; 19 pero Jesús,
en vez de permitírselo, le dijo: «Vete a tu casa, con tu familia,
y cuéntales las grandes cosas que el Señor ha hecho contigo.
Cuéntales cómo ha tenido misericordia de ti. 20 El hombre se
fue, y en Decápolis comenzó a contar las grandes cosas que
Jesús había hecho con él. Y todos se quedaban asombrados.
Marcos 5:18-19

T estificar de Cristo, no consiste en grandes discursos


filosóficos que impresionen y convenzan a los que no
creen en Cristo. Tampoco se trata de los grandes argumentos
teológicos destinados a la academia y que tienen como fin el
explicar los contenidos de la fe para los que ya son creyentes.
Testificar de Cristo, refiere a hablar en primera persona de las
cosas que han sido partícipes. La vivencia personal es muy
importante para la transmisión de la fe. Pues testificar no se
trata de transmitir contenidos o expresiones religiosas. Sino
de hablar de lo que Dios está haciendo en nuestra vida y de
cómo Su presencia nos está transformando, para formarnos a
Su imagen.
Es por ello que el testificar surge de una experiencia personal
la cual tiene un importantísimo valor, como veremos a
continuación.

43
E l Valor del testimonio personal. Ser testigo presencial de
la obra de Dios es muy importante, pero más importante
aún es cuando nosotros mismos somos protagonistas de esa
obra de Dios. Esto es algo que en la iglesia apostólica llego a
tener un enorme valor. Pues testimonio y experiencia
personal es algo que no puede ser suplido con otro tipo de
conocimiento cuando se trata de transmitir la fe a otra
generación. Veamos dos ejemplos de esto narrados por Lucas
El evangelista.
1
Excelentísimo Teófilo: Muchos han tratado ya de
relatar en forma ordenada la historia de los sucesos que
ciertamente se han cumplido entre nosotros, 2 tal y
como nos los enseñaron quienes desde el principio
fueron testigos presenciales y ministros de la palabra.
Lucas 1:1-2
Llevar la fe a la siguiente generación, requiere de personas que
no solo conozcan de Dios y de sus obras. También los
fariseos y escribas sabían históricamente de la obra de Dios.
Posiblemente hasta con mayor precisión que algunos
discípulos que no tuvieron formación religiosa formal. Pero
la transmisión de la fe demanda la experiencia personal. Lucas
dice: los sucesos que ciertamente se han cumplido entre
nosotros.
Esta frase nos remite a la experiencia de los testigos
presenciales, que después llegaron a ser ministros de la
Palabra. Es decir, se hicieron ministros de la Palabra porque
primeramente tuvieron esa experiencia personal que les
transformo y les dio una Nueva Vida. Y es en función de esa
nueva vida que han recibido que ahora ellos se hacen

44
transmisores, no de un conocimiento, sino de la Palabra que
da vida.
La misma idea de que sean testigos presenciales de la obra de
Jesús está presente cuando en el grupo apostólico busca al
sucesor de Judas.
21
Se hace necesario que, de aquellos que nos
acompañaron todo el tiempo en que el Señor Jesús
estuvo entre nosotros, 22 desde que Juan bautizaba hasta
el día en que el Señor subió al cielo, uno de ellos se nos
una para ser testigo de su resurrección.» Hechos 1:21-
22
La búsqueda de testigos presenciales aquí no se limita a un
acto puntual, sino que se extiende a la experiencia de vida
comprendida a lo largo del ministerio de Jesús e incluyendo
su resurrección. Entonces el ser testigo no refiere a una algo
casual sino a una experiencia de vida, donde la presencia de
Jesús cambio su identidad, misión y destino.

E l testimonio personal como evidencia. Cuando la


presencia de Cristo llega a la vida de los discípulos, estos
son transformados. Y se convierten en una evidencia
irrefutable de la acción de Dios en ellos y en este mundo. Si
consideramos con mayor detalle en que consiste el testimonio
personal del apóstol Pablo, podremos ver algunas pautas
sobre lo que ocurre en el encuentro con Cristo del que se
habrá de dar testimonio.

45
15
Yo pregunté: “¿Quién eres, Señor?” Y el Señor me
dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16 Ponte de
pie, que me he aparecido a ti porque tú vas a ser
ministro y testigo de lo que has visto, y de otras que aún
te voy a mostrar.17 Yo te libraré de tu pueblo y de los
no judíos, y quiero que vayas a ellos 18 para que les abras
los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del
poder de Satanás al poder de Dios; para que, por la fe
en mí, reciban el perdón de sus pecados y la herencia
de los que han sido santificados.” Hechos 26:15-18.
1. Encuentro personal.
Yo pregunté: “¿Quién eres, Señor?” Dar
testimonio, implica necesariamente un encuentro
personal con Cristo. Donde no se trata de una mera
percepción espiritual, sino de un encuentro personal,
donde se dialoga y se tiene una relación. Y el Señor
me dijo:
2. Cambio de identidad y misión.
Tú vas a ser ministro y testigo de lo que has visto.
El encuentro con Cristo cambia nuestra vida en más
de una forma. Podemos decir que aquellos que han
tenido un encuentro no pueden volver a ser iguales
que antes. Pues la relación con Cristo nos transforma,
preparándonos para hacer Su voluntad.
3. Ser parte de la misión.
Quiero que vayas a ellos para que les abras los
ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz. La
relación con Cristo y Su presencia en nuestra vida,
siempre nos conduce a la misión. Esto es natural,
porque ser semejantes a Cristo es ser parte activa de
la misión. Esto no es solo para los que recibieron un

46
llamado a ser evangelistas, misioneros o pastores (más
adelante veremos un ejemplo como es para todos),
sino para todos aquellos que han tenido un encuentro
con Cristo. Pues dan han sido llamados a testificar de
lo que Él está haciendo en su vida.
El cambio que Cristo produce en nuestro interior es el que
hizo que un hombre que odiaba el nombre de Jesús de
Nazaret, y que persiguió hasta dar muerte a los seguidores de
Jesús, repentinamente cambiara su mentalidad y ahora se
uniera también al grupo que decía que ese Jesús era el Autor
de la vida. Ese cambio no podía ser una experiencia
meramente psicológica, ni un remordimiento por haber
asesinado a tantos cristianos.
Consideremos lo siguiente: ¿Tenía sentido dejar sus negocios,
sus quehaceres, sus propios intereses, a cambio de ser
perseguidos por las autoridades civiles y religiosas de la época?
¿Valía la pena “cambiar de la religión oficial” para pagar con
el precio de la muerte? En encuentro personal con El Cristo
resucitado es lo que cambió radicalmente la vida de Pablo y
es lo que cambia nuestra vida, de modo que el cambio no
puede dejar de observarse siendo así una evidencia irrefutable
de la acción y presencia de Cristo en nuestra vida.

A hora consideremos el encuentro y transformación de un


hombre al que solo conocemos por la región a la que
pertenecía Gadarra y que recibe de parte de Jesús la
encomienda de dar testimonio de lo que Cristo ha hecho en
su vida.

47
1. La reacción del hombre que había sido liberado
Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le
rogaba que le dejase estar con él.
El cambio era inmediatamente visible para los que estaban en
derredor, El que había estado endemoniado le rogaba que le
dejase estar con él: El hombre que había sido liberado por
Jesús sólo quería estar con Jesús. Este hombre no solamente
quería lo que Jesús podía hacer por él. El verdadero cambio
en su corazón fue mostrado por su deseo de estar con él.
Algo común de las personas que han tenido un encuentro con
Jesús es que buscan más de Su presencia. Después del
encuentro que ha cambiado nuestra vida lo normal sería que
queremos más de eso que nos ha bendecido. Una situación
semejante experimentó también los discípulos de Jesús
cuando en el monte tienen una experiencia de la gloria de
Dios, que les permite ver a Moisés y a Elías conversando con
Jesús.
Pedro dijo entonces a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es para
nosotros estar aquí! Si quieres, podemos hacer tres
cobertizos: uno para ti, otro para Moisés, y otro para
Elías.» Mateo 17:4
La intención aquí resulta obvia, querer alargar lo más posible
ese espacio de bendición donde se encuentran.
De modo que un signo visible de la transformación ocurrida
por el encuentro con Jesús es. El deseo de conocerle más y de
prolongar ese espacio de comunión con Él.

48
2. Encomienda de Jesús.
Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, con
tu familia, y cuéntales las grandes cosas que el Señor ha hecho
contigo. Cuéntales cómo ha tenido misericordia de ti.
La comunión permanente con Jesús a la que aspiran todos
aquellos que han tenido un encuentro con Él ha de esperar
un tiempo hasta que sea el momento en el que todos los que
han creído se reúnan con Su Señor y Dios. Es por ello que
Jesús en ese momento no le permitió al gadareno el
permanecer con Él. Este hombre ahora tenía un ministerio
más importante con su propia familia y comunidad.
En este tiempo de gracia los que han experimentado un
encuentro con Jesús se hacen también participantes de Su
misión. Tal y como también en aquel monte de la
transfiguración ocurrió. Este aún es el tempo en el que los que
aún no han creído tienen la oportunidad de escuchar a Jesús.
Todavía estaba hablando cuando una nube de luz los
cubrió, y desde la nube se oyó una voz que decía: «Éste
es mi Hijo amado, en quien me complazco.
¡Escúchenlo!» Mateo 17:5
Así el propósito de esta encomienda de Jesús a este gadareno
es claro. Se trata de que el pudiera ser luz entre los pueblos de
las ciudades Gentiles de una manera que Jesús y sus discípulos
no podían serlo en ese momento por su condición de judíos
y porque aún no había sido completada la misión de
predicarles a los judíos. Situación que habría de cambiar
posteriormente tras la resurrección de Jesús y el inicio de la
predicación del Evangelio a través de la iglesia.

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Pero de este ejemplo, podemos obtener también algunos
elementos prácticos para nosotros poder dar testimonio.
a) La predicación empieza en casa. De forma
semejante al itinerario de Jesús presentado en el libro
de los Hechos (1:8), la predicación empieza en el
ámbito más cercano, para después cubrir otras áreas
(Jerusalén, Judea, Samaria, lo último de la tierra). El
primer ámbito donde nuestro testimonio ha de ser
visible es en nuestra propia familia. Este primer
círculo es el primero que podrá verificar que en Cristo
verdaderamente hemos sido transformados.
b) Contar lo que El Señor ha hecho. Dar testimonio,
como lo hemos mencionado antes no es dar clases de
teología, sino que se trata de manera primaria de
compartir a otros, sobre lo que Cristo ha hecho.
Observemos que no se trata de hablar de nuestra
condición moral (quienes nos conocen ya la saben), ni
del uso de argumentos artificiosos para convencer a
la gente. Nuestro papel es simplemente compartir lo
que Cristo ha hecho en nuestra vida. Y sobre ese
aspecto, si hemos experimentado Su presencia,
entonces cada uno de nosotros es ya un experto. No
hay contenidos que aprender, sino hablar de lo que
para nosotros es ciertísimo.
c) Hablar de Su misericordia. El tema del testimonio
ha de estar centrado en la misericordia de Dios. El
cual muestra que aun cuando no somos merecedores,
Cristo ha tenido misericordia.
Pero Dios muestra su amor por nosotros en que,
cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por
nosotros. Romanos 5:8

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Pues en verdad durante este tiempo de gracia estos
encuentros con Jesús son para nuestra salvación. Pues
como escribió el apóstol Pedro
El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como
algunos piensan, sino que nos tiene paciencia y no
quiere que ninguno se pierda, sino que todos se
vuelvan a él. 2 Pedro 3:9

3. Testificar de Cristo
El hombre se fue, y en Decápolis comenzó a contar las grandes
cosas que Jesús había hecho con él. Y todos se quedaban
asombrados.
La oportunidad de testificar de Cristo, inicia justamente
después de tener en encuentro con El. Observemos que en
este caso en particular se trata de compartir sobre lo que En
Cristo hemos experimentado. Por ello la capacitación
necesaria ya está dada al tener el encuentro con Jesús. Hemos
sin embargo de diferenciar del desarrollo más amplio de la
misión en el sentido de plantación de nuevas comunidades de
fe. Lo cual será una tarea subsecuente. Pero la base de esas
nuevas iglesias y el crecimiento de las ya establecidas se da
justamente como resultado de que todos aquellos que han
experimentado en encuentro con Cristo, testifican de la forma
en como Su presencia les ha transformado.
Se le dijo que publicara que grandes cosas había hecho el
Señor para él. Él fue y publicó las grandes cosas que Jesús
hizo por él. Al hacerlo mostró que la presencia de Cristo,
efectivamente estaba obrando poderosamente en El.

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Esa vida de testimonio es la que Dios usa para edificar a Su
Iglesia, pues muestra que Su obra es portentosa y capaz de
transformar a cualquier persona.

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