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UN PRESENTE QUE SE TRASFORMA

CLAUDIA STELLA VALERO PORTILLA

DOCENTE

UNIVERSIDAD

FACULTAD

PROGRAMA

SAN CRISTOBAL, REP. BOLIVARIANA DE VENEZUELA

2018
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INTRODUCCIÓN

El presente texto es un análisis crítico a la obra de Edgar Morín “Los Siete Saberes”, que
considera necesarios en el futuro de la educación. Leerlo ha despertado interés por la riqueza en
su conocimiento y la facilidad con que trasmite su saber, validado en el proceso histórico y otras
ciencias o áreas de conocimiento. Se disfruta y despierta interrogantes, así como crítica.
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UN PRESENTE QUE SE TRASFORMA

El futuro es incierto y permite un sinfín de probabilidades matemáticas, físicas, y hasta

esotéricas. Preguntar por él, siempre será una pregunta recurrente en el ser humano, ¿cómo será el

futuro de… o mi futuro? La incertidumbre como campo de posibilidades hace que el futuro tenga

esa connotación. Por eso es “fácil” suponer que ir al pasado a resolver esa incertidumbre. Allí nada

se mueve está congelado y las posibilidades futuras aleatorias e indeterminadas, en ocasiones, por

factores o actores que entran a escenas sin tener consciencia de ello. Desde esa oposición temporal

pasado/futuro se han construido o se construyen los saberes. Es necesario conocer ese pasado, pero

también importa observar el desarrollo y sus consecuencias presentes. El presente, aun cuando es

un regalo, es inexistente para reconocerlo como el resultado de ese pasado que da futuro. El

presente, un puente al futuro, media entre los tiempos, con la claridad que a cada instante se vuelve

pasado.

Edgar Morín (1999), en “Los siete saberes” pregunta por el futuro de la educación,

llevándonos a recorrer la historia, con sus creencias, paradigmas, en fin, con enfoques de diferentes

disciplinas, para dar respuestas a eso que en esencia es una construcción humana, la educación. Es

a través de este flujo y reflujo de conocimientos que se pregunta e insinúa un control del error y la

ilusión en el proceso educativo. Los considera, valido, como impedimentos en la construcción de

conocimiento. Aunque, reconoce que “este conocimiento en tanto que traducción y reconstrucción

implica la interpretación, lo que introduce el riesgo de error al interior de la subjetividad del

consciente, de su visión del mundo, de sus principios de conocimiento”.


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¿Cómo puede superarse esa deficiencia subjetiva que llevan al error y la ilusión?

¿Combatirlas sería la opción? ¿Minimizarlas? ¿Controlarlas? ¿Cómo? Cuando esto es una

expresión humana que se alimentan en el poder para sostener “algo”, llamado ignorancia, ego,

patrón, en fin, el abanico es amplio y promisorio. La dualidad existente se alimenta en los opuestos

que se miran en la interpretación y reconstrucción de espacios y tiempos dispares. Aquí, el vacío

es un referente a la intervención de agentes ajenos y hace que los sentires entren en ritmos que

danzan a su propio ritmo sin sintonía con el objeto o sujeto. La educación tiene ese carácter dual

que hace que cada uno se pare y se apropie de ese conocimiento específico, que se convierta en

una tradición por su permanente repetición sin sentido en el contexto en que se aplique. Solo,

información para cumplir con parámetros gubernamentales que corresponden a políticas del

establecimiento.

La razón, fortalecida por Rene Descarte, tiene la dupla derivada de

racionalidad/racionalización, movimiento de abierta/cerrada. Es humana, se hace humana. Aquí,

se percibe un claro menosprecio por aquello que no cumpla con los requisitos de la razón.

Importantísima ha sido para el desarrollo de los últimos dos siglos, pero ha tenido su vientre en

aquellos mitos, leyendas, cuentos, religiones, que han dado al hombre sentido profundo de su

existencia, que alimentaron y alimentan el inconsciente a través de la historia de la humanidad.

Inquieta la omisión del inconsciente colectivo e individual, por cuanto este es un factor

determinante de muchas de las variables que han jugado en la psiquis humana y han hecho parte

de esta historia.
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Sí, es necesario la razón, la racionalidad, la racionalización, pero también es necesario darle

lugar al inconsciente. Alimenta una historia oculta en la que existentes imágenes, sentires, sonidos,

construcciones que resultan más reveladores o tienen más fuerzas, a veces, que los métodos

utilizados para un estudio específico. Ese aspecto oscuro no tiene relevancia porque no se puede

medir y medir es imprescindible en la ciencia, que es validad y alimentada en los números.

Lo cualitativo, sin fundamento numérico, esta relegada a las ciencias sociales, educación y

humanas. El valor cualitativo tiene relevancia en la educación, porque hace posible la conciencia

y el cambio de pensamiento. Omitirlos provoca que los resultados sesguen la humanidad y

funcione solo un aspecto del cerebro, el izquierdo. Solo hay espacio para el estudio de la causa-

efecto que hacen un objeto de estudio al hombre y mujer, en tanto tenga unos costos económicos

que beneficien al poder.

La educación posee sus propios paradigmas y son inamovibles. Responde a unas

necesidades de entorno político y económico, con claros intereses en el mantenimiento del aparato

ideológico predominante. Posee contexto, se retroalimenta, tiene fines específico y estructura de

poder. Dirigida al ser humano a partir de determinada edad, específica en sus espacios y saberes,

requiere de nuevos pensamientos, como lo reconoce Morin, que integre los conceptos de las

diferentes disciplinas en una gran red, en la sociedad moderna. La filosofía ha hecho ese trabajo.

Hoy pervertida en “pseudociencia” ha perdido espacio protagónico que marcó camino al


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pensamiento reflexivo, constructivo y propio de ella. Aun así, aporta a la educación desde

diferentes posiciones.

Nacer/morir es fundamental para entender la vida, que significa movimiento. Sigmund

Freud habló de Eros/Tanatos como instintos de vida/muerte. Tanatos enseña lo efímero que se es.

La permanencia es inexistente en el planeta, en el cosmos. No comparto este determinante

propuesto por Morín para la educación por cuanto esta no morirá mientras exista el ser humano.

Participo más, en el concepto de “La ley de trasformación de la energía”, que dice que “la energía

no se crea ni se destruye se trasforma”. La educación, comparte con la historia, el mismo

hombre/mujer, pero con diferentes “empaques”. Al morir el hombre/mujer no muere la educación,

se sigue trasformando en el tiempo, con sus movimientos de expansión/contracción.

La vida se trasforma, aunque exista la dualidad vida/muerte. La dualidad es parte de la

vivencia, como el día/ noche, los cambios de estaciones, la alegría/la tristeza, etc. El movimiento

requiere de acción, para ir de un lado. La muerte, no es un final, porque la idea permanece así

quien la propuso fallezca. Ella sigue latente, se mueve, se trasforma y crea. Es la creación que se

recrea, aunque no sea la forma o el contenido más adecuado. Es y tiene un objetivo claro. En la

filosofía se encuentra este movimiento de ideas que se apropian y se adaptan en el tiempo y

espacio. Siguen vigentes o se han ido trasformando a pesar de los años que tienen. Así, el hombre

responde a su momento histórico, determinado por saberes, necesidades, relaciones, biología,

sentires, creencias e ideas.


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El hombre requiere una acción diferente para descubrirse, para reconocerse en el otro e

interconectarse en la gran red humana de la que es parte. Requiere aprender a hacer introspección,

en medio de tanta dinámica interna/externa. Saberse centrarse y trasladar ese centro para construir

un mándala que comparte en el campo cuántico. Activar su lado derecho, artístico, creativo,

sensible, y que hable de un Ser holístico que se trasciende y sabe que tiene un mundo de

posibilidades, incertidumbres, en las que puede vibrar acorde a la onda que encuentre.

La democracia valida la propuesta siempre y cuando en su interior se practique la

tolerancia, el respeto, la equidad, y todos aquellos valores que la sustente. Tanta información,

aportada por Morín, asusta, pero reta a contextualizar esos saberes, sabiendo que es un proceso de

construcción permanente, sometidos a movimientos propios a los contextos donde se aplique.

Nada aquí es una utopía es una posibilidad que puede concretarse con los aciertos y errores que

traen los cambios. La democracia, hasta el momento, no es perfecta, pero si permite cierto la

confrontación y encuentro para diálogos constructivos que alimentan la educación y sus futuras

propuestas.

El futuro de la educación lo está determinado por el quehacer humano, que es idea y por

ello ideas, en contexto de múltiples de realidades interrelacionadas, Realidades generadoras y

receptoras, como un sistema nervioso que posee y trasfiere información de un lugar a otro para el

intercambio cultural equilibrado. El uno y el todo no se excluyen se contienen, en esa propuesta

para el futuro educativo se hace necesario aplicar este concepto que pareciera exclusivo del

pensamiento oriental. Esto demuestra la flexibilidad requerida en la educación, y la rehabilitación


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que se necesita muchas veces para encontrar salidas que respondan a los requerimientos del

momento.

Ese gran campo de conocimiento a disposición de la educación es un reto que articular en

la red humana, para quien es útil. La amplitud de información, aunque solo se vean como datos

son rutas, paradas y poseen aspectos humanos que llevan a la reflexión, en forma particular y

contextualizada en los procesos de propuestas. ¿Qué pasó o pudo haber pasado? Crea

incertidumbre en las respuestas, pero cuestiona en los posibles resultados que están sometidos a

variables controladas/no controladas. Los resultados, así no se espere, van a tener matices que

tendrá sus defensores y detractores.

La educación es vida y tiene su propio movimiento, así como su historia y está expuesta a

muchos factores que la dinamizan o la ralentiza, dependiendo de las variables que la alimentan,

sean humanas o productos de ellas. La educación en futuro es un reto y hay que asumirlo para dar

continuidad al proceso evolutivo que trae inmersa la humanidad en este planeta llamado Tierra.

La evolución no se detiene, es una espiral ascendente y en ella todos participamos, aunque no se

quiera o no se sea consciente. Igual sucede con la educación, que tiene el rostro de la sociedad en

la que se encuentra. Nace, crece y muere, dirán los biólogos. Los físicos, no se crea ni se destruye

se trasforma.

Reconocer que el Ser humano es movimiento interdependiente es entender que somos

múltiples posibilidades en todas las creaciones y en sus diferentes dimensiones. La condición

humana es una totalidad en la tierra, pero es un corpúsculo en el universo. La física cuántica


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cambió conceptos que, hoy en día no se han superado y limitan la visión holográfica del futuro,

“reducido” a la tecnología, pero no al pensamiento cotidiano. ¿Cuántas generaciones tendrán que

pasar para asumirse y poder pensarse en el día a día?

El temor a lo desconocido es inevitable, riesgoso, pero proactivo. El futuro sin propuesta

es incierto y se juega al azar. Nuevamente, se enfatiza en el cambio de pensamiento,

correspondiente con el científico, aunque el ritmo sea un poco más lento, pero hay que hacerse,

para poder llegar a un pensamiento cósmico, donde el centro sea compartido en ondas que lo

retroalimentan. Es inevitable que ese cambio ocurrirá o está ocurriendo. Se desconoce cómo pueda

irse dando, pero es seguro que le corresponde a la educación ser gestora de ello.

La toma de consciencia por parte del hombre/mujer es inevitable. Esto trae nuevos

paradigmas y nuevas preguntas que tendrán un nuevo contexto en los que se resolverán. Cada

cambio significa un nivel en la toma de conciencia, que fluye y no se detiene, aunque a veces

pareciera estancada. Eso es una “ilusión”, porque la historia nos ha mostrado que todo tiene un

movimiento progresivo y retrogrado, o sino recuerde los imperios griegos, romanos. La duración

de la evolución/involución es algo que hay que aprender a leer, así se exprese en el argot popular

“todo lo que sube baja”, y si no aplique la ley de la gravedad.


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Aprender a no ser rígidos en el ver, interpretar y disfrutar la vida hace que se tenga la

flexibilidad del bambú. La flexibilidad se lleva en los huesos que se endurecen en la rigidez de las

ideas. Ideas que expresan al hombre que las manifiestas. Así, debe haber extensión/contracción en

esas ideas educativas. Tener cierta lucidez/locura para proponer sin temer calificativos que acaben

con la visión futurista. El presente es el resultado del pasado, pero es desde donde se construye el

futuro. La dualidad existe y hay que equilibrarla y a veces adentrarse en ella para entender que sin

oscuridad no hay luz, y sin día no hay noche.

Comparto la propuesta de los siete saberes, pero estoy en desacuerdo con la forma dada a la

muerte y al inconsciente. Cuando esta es trasformadora, aunque sea no justifico la muerte “poder

extremo” totalitario, olvidando que somos onda o corpúsculos en este entramado llamado vida,

contextualizado en la tierra, corpúsculo que hace de un universo, caótico, en movimiento. Somos

eso y lo contenemos, por qué no leernos de igual manera sí somos eso.

La educación es un reto para quienes forman parte de ella y hay que hacerla flexible, de fácil

acceso en su conocimiento y mover sentimientos para que cada día todos se enamoren y le

propongan acciones nuevas que lleven a la expansión de la consciencia humana, para hacer este

planeta la casa en que se quiere estar.