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ÉTICA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL

SEMANA 4
ÍNDICE
LA ACCIÓN HUMANA COMO ACCIÓN TRANSFORMADORA ............................................................... 3
APRENDIZAJES ESPERADOS ................................................................................................................. 3
1. CONTEMPLACIÓN VERSUS ACCIÓN. TEORÍA Y PRÁCTICA ........................................................... 3
2. LA ACCIÓN HUMANA: MOTIVACIÓN E INTENCIONALIDAD ........................................................ 4
3. MOTIVACIÓN E INTENCIONALIDAD ............................................................................................ 6
4. EL TRABAJO ................................................................................................................................. 7
5. LA ACTIVIDAD TECNOLÓGICA.................................................................................................... 10
5.1. LA TÉCNICA ............................................................................................................................. 10
REFERENCIAS ..................................................................................................................................... 12

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LA ACCIÓN HUMANA COMO ACCIÓN TRANSFORMADORA

APRENDIZAJES ESPERADOS
 Identificar los conceptos de motivación e intencionalidad.
 Explicar la importancia del trabajo para el ser humano.
 Reconocer la transformación valorativa provocada por la técnica.

1. CONTEMPLACIÓN VERSUS ACCIÓN. TEORÍA Y PRÁCTICA


La distinción de la racionalidad teórica de la racionalidad práctica no solo representa una
diferenciación académica, sino que también representa, según el acento que se ponga en una u
otra, una diferenciación de épocas.

Para la Antigüedad y la Edad Media, la racionalidad teórica era la que definía y determinaba la
esencia del ser humano. En la contemplación, en la vida teórica, diría Aristóteles (1994), el ser
humano realiza su función específica, la facultad de razonar, la que lo diferencia de los demás
seres vivos. Por lo tanto, la felicidad más perfecta estaría realizada en la racionalidad teórica y la
racionalidad práctica aparecería como un medio para evitar ciertos problemas que impidieran
realizar plenamente la racionalidad teórica, como por ejemplo la búsqueda de bienes exteriores
para la sobrevivencia o la dirección de los actos para evitar el error.

La Edad Media también se centra en esta actividad teórica (Echeverría, 1997), como el lugar de
realización del ser humano. La actividad del ser humano queda en un segundo plano, debido a la
dependencia del hombre de un mundo trascendente, mundo al que solo se puede acceder por
medio de la contemplación y de la fe.

Es en la modernidad donde la acción humana adquiere una posición relevante y donde la actividad
teórica se supedita al logro de objetivos prácticos. Un reflejo de esto es lo que indica Guillermo
Quintás Alonso (1987) en un estudio introductorio sobre René Descartes, representante del
racionalismo moderno y padre fundador de la modernidad:

La historia de Descartes nos da cuenta de cuándo y cómo satisfizo este deseo de juventud:

dedicando la mayor parte de sus días a “la indagación de la verdad”, a la consecución de un

“conocimiento claro al abrigo de dudas sobre todo lo que podía ser útil para la vida”

(Quintás, 1987, p. XV).

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Descartes señala, según Quintás (1987), que buscaba la utilidad desde dos perspectivas. Por un
lado, favoreciendo solo los proyectos que interesan para un mejor dominio de la naturaleza, lo
que permite un disfrute del entorno, pensando en la conservación de la salud. Y, por otro lado, la
búsqueda de la verdad no está determinada por ella misma, sino que para evitar el error y poder
de esta forma, una vez alejada la incertidumbre, lograr la mayor dicha posible.

En este texto es posible ver cómo lo teórico se supedita claramente a la acción humana tanto
desde una perspectiva técnica como desde una perspectiva ética. Por un lado, la razón teórica
servirá para que el hombre se adueñe del mundo y, por otro, para dirigir las conductas, con un
único objetivo: la mayor dicha posible que se pueda lograr en este mundo. Ya no es la
contemplación de la verdad o de Dios lo que prevalece como esencia del ser humano, sino que la
obtención concreta de los medios para hacer de la vida real y material un lugar de dicha y no de
dolor.

Esta introducción se hace necesaria para entender lo que es tan común como el análisis de la
acción o de las conductas humanas, no era un tema principal para otras épocas históricas. La
acción humana toma una posición superior solo en la Modernidad y con esta superioridad también
adquieren relevancia la ética y la psicología posteriormente.

2. LA ACCIÓN HUMANA: MOTIVACIÓN E INTENCIONALIDAD


En el diccionario filosófico de Ferrater Mora (1958) se señala la siguiente definición de acción: “Es
la operación de un agente por medio del cual se introduce modificaciones en una entidad distinta
al agente. El agente puede ser concebido como causa, al causarse algo hay acción”.

Esta definición puede aplicarse a cualquier acción. Por ejemplo: “la acción del terremoto cambió
drásticamente el paisaje geográfico de algunas playas”, “la acción de los ácidos gástricos pueden
producir úlceras”, “la acción del estudiante no le permitirá pasar de curso”. En estos ejemplos
todos son coincidentes con la definición dada, pero es evidente que es posible establecer algunas
diferencias entre los dos primeros ejemplos y el último. Para determinar esa diferencia se dará
otra definición de acción que haga referencia específicamente a la acción humana.

En sentido amplio, toda actividad emprendida por un sujeto humano con miras a un fin. En

este sentido se distingue de un simple suceso o un proceso natural y se opone a pasión, que

en un sentido tradicional filosófico es toda alteración o modificación recibida por un sujeto.

En sentido estricto, es el resultado de una actividad práctica, en el sentido Aristotélico de la

expresión. Aristóteles distingue tres clases de actividades propias del hombre: la teórica o

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contemplativa, cuyo fin es el conocimiento; la poética, cuyo fin es la producción de una

cosa, y la práctica, cuyo fin es el obrar bien. El ámbito de la acción humana, por

consiguiente, es el denominado mundo moral, o ético. Por ello además de ser propia del

sujeto humano, a la acción le incumbe intencionalidad, conciencia, voluntad y

responsabilidad. En este sentido puede ser considerada la unidad mínima de la actuación o

de la conducta humana (Herder, 2010).

Con esta nueva definición se ha avanzado en ciertas características que son propias de la acción
humana: la intencionalidad, la voluntad, la conciencia y la responsabilidad.

En la naturaleza, el único ser vivo que actúa como un agente consciente y con voluntad es el ser
humano y por ello que la acción es una característica específica suya (Garrido y otros, 2005). Los
seres humanos, a diferencia de los animales, carecen de instintos, no están programados en sus
acciones, por lo que en los seres humanos los componentes de voluntad y conciencia son
importantes a la hora de llevar a cabo una acción. De esta forma, los seres humanos realizan
múltiples acciones, pero no todas pueden ser definidas como acciones humanas propiamente tal.

Todo lo que hacemos forma parte de nuestra conducta, pero no todo lo que hacemos

constituye una acción. Mientras dormimos, hacemos muchas cosas: respiramos, sudamos,

damos vueltas, soñamos, quizás roncamos, o padecemos de sonambulismo. Todas estas

cosas las hacemos inconscientemente, puesto que estamos dormidos. Lo hacemos, pero no

nos damos cuenta de ello, no somos conscientes, puesto que estamos dormidos. A estas

cosas que hacemos inconscientemente no les vamos a llamar acciones. Vamos a reservar el

término acción para las cosas que hacemos conscientemente, dándonos cuenta de que las

hacemos (Mosterín, 2008, p. 125).

El hecho de estar conscientes hace a los hombres de alguna u otra forma testigos presenciales y
actores principales de sus propias conductas, cada hombre se da cuenta de que es él el que está
realizando tal o cual acción.

Podemos entender la conciencia psicológica como la facultad de darnos cuenta de las

realidades exteriores y de nuestra propia actividad interior. En este sentido decimos que nos

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damos cuenta de lo que hacemos o que somos conscientes de lo que hacemos. La

conciencia, pues, por su capacidad de reflexión, nos permite volver una y otra vez sobre

nuestros actos y sobre nuestros contenidos cognitivos y, así, podemos examinarlos con

mayor detenimiento y atención. […] la conciencia moral no es más que la propia conciencia

psicológica en tanto en cuanto reflexiona sobre nuestros actos y normas de moralidad, para

saber lo que debemos hacer (Abad, 2000, p. 43).

La conciencia es un elemento importantísimo en el análisis de las conductas desde una perspectiva


ética, ya que la conciencia permite relacionar a un sujeto con un acto determinado y, por lo tanto,
hacerle responsable por dicho acto (Abad, 2000).

3. MOTIVACIÓN E INTENCIONALIDAD
Cuando se ve a una persona corriendo por la calle, su solo comportamiento no indica nada
respecto de la acción que realiza. Esa conducta puede ser atribuida a múltiples razones: puede ir
huyendo de la policía o de un ladrón, puede ir tarde al trabajo o puede estar realizando una rutina
de ejercicios para bajar de peso. Estas múltiples razones se pueden entender como motivaciones e
intenciones, pero lo que hay que destacar es que son estas, y no el mero comportamiento, las que
permiten entender la acción que está realizando un ser humano.

Las motivaciones pueden ser entendidas como: “las razones que nos inducen a comportarnos de
una determinada forma” (Papalia, 1998). Cuando se habla de motivos, es posible hacerlo en dos
sentidos:

Motivos como causa: Se entiende como aquello que empuja a la acción. En general son

todas aquellas consideraciones y factores que me mueven a hacer algo, o a no hacerlo, son

los motivos o causas de mi acción.

Motivos como fin: Se entiende como aquello que persigo con mi acción. Podemos

considerar que todo aquello que pretendo conseguir es el motivo u objetivo de mi acción.

Los motivos como causa pueden ser internos como los estados mentales, creencias, deseos,

emociones, sentimientos, suposiciones, etc. O también puedo considerar motivaciones

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provenientes desde lo exterior, o factores no subjetivos que influyen para que uno haga

determinada cosa. Por ejemplo el motivo que yo no copiara en la prueba era que el profesor

me estaba vigilando (Garrido y otros, 2005, p. 225).

Entonces se tiene que los motivos son los que empujan la acción. Pero hay otro elemento esencial
para entender la acción humana. Cuando se habla de motivaciones como fin, cuando se tiene un
objetivo que se persigue y que orienta la acción, en lugar de hablar de motivos se puede decir, de
una forma más exacta, que se hace referencia a intenciones.

En este sentido, la acción es intencional, porque tiende o apunta a algo que está más allá, pero
que se pretende alcanzar al actuar. El carácter intencional de la acción está muy ligado al carácter
consciente y voluntario que ha de tener un acontecimiento para ser considerado acción humana
(Garrido y otros, 2005).

Desde esta perspectiva se considera acción humana a toda acción que tiene un fin.

Para poder entender la acción humana, se debe tener en cuenta los siguientes elementos
distintivos: conciencia, motivación e intencionalidad.

Ahora se verá una acción humana específica: el trabajo.

4. EL TRABAJO
Se han revisado las características de la acción humana y anteriormente se entregaron los
fundamentos para indicar que el ser humano está necesitado de acción para poder sobrevivir en
su medio ambiente.

La acción es un tema profundamente filosófico. Los filósofos de la Grecia clásica (Abad, 1996) se
preguntaban por qué las cosas se movían, en términos actuales, por qué había acción en la
naturaleza e identificaban, como Parménides, Platón y Aristóteles, el ser con la inmovilidad o el
reposo. De acuerdo a Aristóteles, el reposo es el estado natural al que tienden todas las cosas. Es
por todos conocidos que para los griegos clásicos y también para los romanos de la Antigüedad el
ocio era la madre de la sabiduría, dejando el trabajo para los esclavos y para las clases inferiores.
Existía en esos tiempos una visión negativa del trabajo y en términos generales de la acción.

Esto se puede rastrear desde las mismas enseñanzas del Antiguo Testamento, en el cual el castigo
dado a Adán por haber cometido el pecado original es ganarse el pan con el sudor de la frente. Se
puede sustentar que la acción humana realizada por necesidad es una condena o un castigo.

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El origen etimológico de la palabra trabajo también indica una visón negativa de esta forma de
acción humana. La palabra trabajo deriva del término latino tripalium que significa tres palos y era
un instrumento de tortura. Como señala Tristan Bernard (en Lipovetsky, 1992, p. 173) “El hombre
no está hecho para el trabajo, la prueba es que este le fatiga”.

Desde una perspectiva psicoanalítica, Herbert Marcuse (1989) en su libro Eros y civilización da una
descripción de la acción humana que puede facilitar el entendimiento de esta aparente
contradicción entre el trabajo como dolor y la necesidad que se tiene de él para la sobrevivencia.

Marcuse (1989) señala que el ser humano si es dejado en libertad para perseguir sus objetivos
instintivos, puede destruir cualquier tipo de asociación. El ser humano aspira a una satisfacción
que la cultura no puede permitir.

El hombre en naturaleza, como los niños, no lucha más que por obtener placer y ante cualquier
operación que le pueda producir desagrado, retrocede, esto es lo que se denomina principio del
placer.

Con el tiempo, según el planteamiento freudiano de Marcuse, el individuo toma conciencia que el
dolor va a permanecer en su vida, que para obtener gratificación se debe pasar por el dolor y que
esta gratificación nunca será total. Este suceso marca la fecha de nacimiento de un nuevo principio
mental, el principio de la realidad. Este principio implica “sustituir el placer momentáneo, incierto
y destructivo, por el placer retardado, restringido pero seguro” (Marcuse, 1989).

Marcuse (1989) destaca que el individuo dominado por el principio del placer se convierte en un
enemigo de las normas y de cualquier relación social estable, por lo que el surgimiento del
principio de la realidad, implica un dominio del peligro y un acomodarse a las normas establecidas.

Con la institución del principio de la realidad, el ser humano que, bajo el principio del placer,

ha sido apenas un poco más que un conjunto de impulsos animales, ha llegado a ser un ego

organizado. Lucha por “lo que es útil” y lo que puede ser obtenido sin daño para sí mismo y

su ambiente vital. Bajo el principio de la realidad, el ser humano desarrolla la función de la

razón: aprende a probar la realidad, a distinguir entre bueno y malo, verdadero y falso, útil y

nocivo. El hombre adquiere las facultades de atención, memoria y juicio. Llega a ser un

sujeto consciente, pensante, engranado a una racionalidad que le es impuesta desde fuera

(Marcuse, 1989, p. 27).

En síntesis, aprende a vivir expulsado del paraíso.

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Marcuse (1989) expone un esquema de esta transformación valórica desde el principio del placer
al principio de la realidad.

De: A:
Satisfacción inmediata Satisfacción retardada
Placer Restricción del placer
Gozo (juego) Fatiga (trabajo)
Receptividad Productividad
Ausencia de represión Seguridad

El ser humano está condicionado por su misma estructura biológica y antropológica para tener
que tomar decisiones y actuar para poder sobrevivir. El trabajo aparece entonces como la
posibilidad de supervivencia de lo humano y en el trabajo se refleja la humanidad del ser humano.
Se está necesitado igual que todos los seres vivos de recursos y medios para poder sobrevivir y
todos los seres vivos requieren del medio ambiente para lograr la subsistencia de la especie. Pero
el trabajo es una acción exclusiva del ser humano. Es una forma única de relación con el medio
que lo rodea.

Aunque todos los seres vivientes tienen necesidades, no todos las satisfacen de la misma

manera. La mayoría de los animales dependen más que el ser humano de la naturaleza,

porque se limita a tomar lo que encuentra en ella. Por esta razón, se dice que, a pesar de

que las necesidades son comunes, esta forma de satisfacerlas que es el trabajo es exclusiva

del ser humano. Dicho de otro modo, el trabajo es una actividad constitutiva y específica de

la condición humana (Garrido y otros, 2005, p. 228).

Para Marx (1988) el trabajo es la esencia del ser humano. Desde una perspectiva antropológica y
sociológica lo esencial para el ser humano primariamente es la producción de bienes para la
satisfacción de necesidades. La producción es la actividad que diferencia a los seres humanos de
los demás seres vivos. Los animales solo toman lo que pueden de la naturaleza, pero el ser
humano, en cambio, lo que tiene que realizar es una trasformación de lo natural para poder
obtener de la naturaleza lo que requiere.

Una lanza, un hacha, una pala no están dadas en la naturaleza. Un cultivo, una máquina tienen que
ser construidas con un objetivo, lograr de la naturaleza lo que ella no da por sí misma. El trabajo es
una acción deliberada, intencional, que tiene por objetivo la supervivencia de los seres humanos.
Deliberadamente el ser humano busca modificar la naturaleza, esto es el trabajo.

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A continuación, un extracto de Marx para su definición de trabajo.

Podemos distinguir al hombre de los animales por la conciencia, por la religión o por lo que

se quiera. Pero el hombre mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que

comienza a producir sus medios de vida, paso este que se haya condicionado por su

organización corpórea. Al producir sus medios de vida, el hombre produce indirectamente

su propia vida material (Marx, 1988, p. 132).

Para Marx (1988), el trabajo presenta una doble trasformación. Por un lado, el ser humano al
trabajar modifica su entorno. Para poder satisfacer sus necesidades el ser humano necesita
apropiarse de objetos que están en su medio externo, para ello tiene que transformar este medio
que por sí mismo no le entrega lo que él necesita. Ocupa, en esta intervención, todo su potencial,
tanto físico como intelectual y también se organiza con otros seres humanos para la satisfacción
de sus necesidades. El hombre siempre está en una situación de tensión, por lo que requiere
desarrollar al máximo todas sus potencialidades para el logro de sus fines.

Por otro lado, el hombre al transformar la naturaleza se trasforma a sí mismo. El medio ambiente
ya alterado entrega una nueva condición para la actividad humana y, por lo tanto, la relación con
el medio se modifica. El hombre tiene que actuar distinto y, por lo tanto, esta diferencia va
modificando la esencial relación con el medio, relación que va definiendo cómo el hombre se
comporta, cómo usa su material físico y cómo se relaciona con otros seres humanos. En
consecuencia, si el trabajo define al hombre, como su actividad esencial, al cambiar las
condiciones del trabajo, cambia el mismo ser humano; el ser humano no es algo estable, sino que
se va modificando con su acción transformadora.

Para un entendimiento común se puede ver claramente cómo se ha transformado el entorno a


través de la historia, pero no queda muchas veces tan claro cómo el hombre se ha transformado a
sí mismo. Un ejemplo de esta actividad trasformadora del hombre es el desarrollo tecnológico.

5. LA ACTIVIDAD TECNOLÓGICA
5.1. LA TÉCNICA
Se puede concluir que el trabajo es la actividad esencial del ser humano, pero no solo esto define
al hombre como trabajador, también existe una mediación que le permite al ser humano
adaptarse a la naturaleza y esta es la técnica y la tecnología. Esta es la forma en que el ser humano
ha podido superar los obstáculos que le ha puesto la naturaleza.

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Aun cuando estos criterios no están exentos de crítica, ahora solo se abordará de manera
superficial el tema de la técnica.

La palabra técnica tiene su origen en un término griego: techné. Ese término poseía muchos usos y
significados, entre ellos, el de arte, oficio, habilidad, modo e incluso astucia. Pero en la base de
esta multiplicidad de usos existía un significado mínimo común: ser una actividad basada en un
conjunto de conocimientos, normas y procedimientos que caracterizaban un hacer concreto, ya
fuese el de carpintero, poeta, agricultor o político (Garrido y otros, 2005).

Se puede definir la técnica como la capacidad para modificar el entorno en beneficio propio, que
se concreta en la posesión de formas de proceder eficaces y en la posibilidad de idear, construir y
utilizar instrumentos que auxilien la acción (Garrido y otros, 2005, p. 230).

La técnica se define por el conjunto de medios empleados por los hombres para emanciparse de
las necesidades y penalidades naturales. Allí donde la naturaleza obliga, la técnica libera, hace
retroceder los límites de la sumisión a las potencias naturales. Cuando los rigores del clima infligen
al hombre prehistórico el frío, la lluvia, el viento, etc., la técnica hecha arquitectura inventa la casa
y el vestido, el curtido, el trabajo de cueros y pieles… […] (Onfray, 2005, p. 99).

La necesidad de trabajar de los seres humanos junto con su libertad y su racionalidad generan un
producto que media entre la satisfacción de las necesidades y el medio ambiente: la técnica. Esta
aparece como la forma que tienen los seres humanos de poder apropiarse de un medio ambiente
hostil y volver al paraíso perdido, construir un medio ambiente humano, de tal forma que el medio
ambiente natural se someta a las necesidades y deseos de la humanidad.

No se puede negar la potencia de la tecnología y el trabajo humano para poder acercarse cada vez
más hacia el logro de la felicidad. Pero este camino no ha estado exento de problemas, los que se
viven en el presente: contaminación, agotamiento de los recursos naturales, explotación, pobreza,
desinformación, desigualdad, etc.

Las mismas condiciones humanas que permiten tener la esperanza de un progreso humano
universal son las que causan los problemas de las sociedades contemporáneas. Pero esta
contradicción lleva cada vez más cerca de la necesidad de una revisión ética de las decisiones de
los seres humanos en la actualidad y acercan también cada vez más al concepto de
responsabilidad social.

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REFERENCIAS
Abad, J. (1998). Historia de la Filosofía. Madrid, España: McGraw-Hill.

Aristóteles (1994). Ética a Nicómaco. Madrid, España: Centro de Estudios Constitucionales.

Aristóteles (2000). La metafísica. Madrid, España: Gredos.

Aristóteles (2001). Física. México: UNAM.

Echeverría, R. (1997). El búho de Minerva. 3ª edición. Santiago, Chile: Dolmen.

Ferrater Mora, J. (1958). Diccionario de Filosofía. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

Garrido, A. y otros (2005). Filosofía. Barcelona: Edebé.

Herder (2010). Diccionario de Filosofía. (CD ROM).

Lipovetsky, G. (1992). El crepúsculo del deber. Barcelona: Editorial Anagrama.

Marcuse, H. (1989). Eros y civilización. Barcelona: Editorial Ariel, S.A.

Marx, K. (1986). El capital. México: Fondo de Cultura Económica.

Marx, K. y Engel, F. (1988). La ideología alemana. Barcelona: L’Eina Editorial.

Mosterín, J. (1978). Lo mejor posible. Racionalidad y acción humana. Madrid. Alianza Editorial.

Onfray, M. (2005). Antimanual de Filosofía. España: Edaf Ediciones.

Papalia, D. (1998). Psicología. México: McGraw-Hill.

Quintás, G. (1987). El Discurso del Método de Descartes. Madrid, España: Alfaguara.

PARA REFERENCIAR ESTE DOCUMENTO, CONSIDERE:

IACC (2013). La acción humana como acción transformadora. Ética y Responsabilidad Social.

Semana 4.

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