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3.

Fuentes para el concimiento histórico de Jesús


En el presente apartado analizaremos los testimonios escritos de personajes no
cristianos y judíos sobre Jesús de Nazareth, para luego estudiar los Evangelios como
fuentes principales del conocimiento histórico de Jesús.

Testimonios romanos
De Jesús tenemos más datos históricos que de cualquier personaje de la historia.
Nos llama mucho la atención que encontremos datos históricos de Jesús, además de
los cristianos, en los ámbitos culturales de Roma y de Judea. La existencia de Jesús,
un sencillo carpintero de Galilea y uno de los numerosos profetas del judaísmo de
entonces, parecía no carecer de importancia histórica para el Imperio. Tenemos los
siguientes datos sobre su existencia:

• Plinio el Joven (62-113), gobernador de Bitinia, en el Asia Menor, al consultar


al emperador Trajano, hacia el año 112, cómo debe comportarse con los
cristianos, constata la existencia histórica de Jesús, además de la ejemplar
conducta de los cristianos y de su gran extensión por el Asia Menor, Plinio
informa al emperador que:

«Los cristianos, a los que pertenece un gran número de gentes de toda condición, edad y
sexo, se reúnen un día determinado [el domingo] antes de salir el sol, tributan a Cristo
adoración cultual como a un Dios,... y participan en una comida inocente»13.

• El historiador Tácito (54-119), para escribir los Anales de Roma, hacia el año
116, se sirve de las Actas del Imperio, es decir, los archivos oficiales. Al
comentar el incendio de Roma provocado por Nerón el año 64, afirma que
el fundador de los cristianos, Cristo, fue ajusticiado, bajo el mandato de
Tiberio, por el procurador Poncio Pilato»14. Esta referencia breve y concreta
afirma la muerte de Cristo a manos de las autoridades romanas de entonces.
Escribe así:

“…Sin embargo, ni por industria humana, ni por larguezas del emperador, ni por
sacrificios a los dioses, se lograba alejar la mala fama de que el incendio había sido
mandado. Así pues, con el fin de extirpar el rumor, Nerón se inventó unos culpables, y
ejecutó con refinadísimos tormentos a los que, aborrecidos por sus infamias, llamaba el
vulgo cristiano. El autor de este nombre, Cristo, fue mandado ejecutar con el último
suplicio por el procurador Poncio Pilatos durante el Imperio de Tiberio y reprimida, por
de pronto, la perniciosa superstición, irrumpió de nuevo no sólo por Judea, origen de este
mal, sino por la urbe misma, a donde confluye y se celebra cuanto de atroz y vergonzoso
hay por dondequiera. Así pues, se empezó por detener a los que confesaban su fe; luego
por las indicaciones que éstos dieron, toda una ingente muchedumbre (multitudo ingens)
quedaron convictos,… De ahí que, aún castigando a culpables y merecedores de los

13
Cfr. Epist. 10,96 s.
14
Cfr. Annales, XV, 44
19
últimos suplicios, se les tenía lástima, pues se tenía la impresión de que no se los
eliminaba por motivo de pública utilidad, sino para satisfacer la crueldad de uno solo”15

• El historiador Suetonio (75-160) también hace referencia a los cristianos y a


Cristo al relatar, hacia el año 120, la vida de los emperadores romanos.
Habla de la persecución de los cristianos por parte de Nerón16 y afirma que
Claudio «expulsó de Roma a los judíos por los constantes disturbios que
provocaban a causa de un tal Cristo»17. Suetonio no supo distinguir entre la
religión cristiana y la judía; él se refiere a los hombres pertenecientes a una
raza que, debido a sus discusiones religiosas, fueron expulsados por Claudio.
Esta expulsión se menciona en el libro de los Hch 18,2. Nos encontramos
ante un caso en el que fuentes de origen diverso afirman los mismos hechos,
lo cual refuerza el testimonio histórico.

Testimonios judíos
Entre los judíos solo encontramos dos testimonios de gran interés: son los de
Flavio Josefo y las breves y negativas alusiones a Jesús en el libro del Talmud.

• El historiador Flavio Josefo, que vivía en Roma, escribió «La guerra de los judíos» (75-79
d.C.) y «Antigüedades judaicas» (93-94 d.C.). En esta última afirma la existencia histórica de
Jesús.

«En este tiempo vivió un tal Jesús, hombre sabio, si es permitido llamarle hombre,
porque realizaba obras prodigiosas. Enseñaba a las gentes que se mostraban
dispuestas a recibir la verdad. Se ganó a muchos de entre los judíos y también de
entre los del mundo helenista. Se pensaba que era el Cristo, pero, según el juicio de
nuestros príncipes, no lo era. Por este motivo, Pilato lo crucificó y le dio muerte de
cruz. No obstante, sus seguidores no lo abandonaron, pues se les apareció a los tres
días otra vez vivo, según lo habían predicho los profetas, y así otras muchas
maravillas sobre él. Todavía hoy, no se ha extinguido el grupo de los cristianos,
llamados así por el nombre de su fundador» (18,3,3).

El primero que cita este texto es el historiador Eusebio de Cesarea18, s. IV.


Algunos autores han puesto en duda la autenticidad del texto citado, debido a las
afirmaciones de carácter cristiano. Es posible que algunas frases hayan sido
escritas por copistas cristianos; pero esta hipótesis no disminuye en nada la
autoridad del testimonio de Josefo sobre la existencia de Jesús de Nazaret. El
testimonio anterior viene confirmado por la mención que hace Josefo de
«Santiago, el hermano de aquel Jesús, llamado el Cristo» (20,9,1), a quien Anás en
el año 62 condenó a ser apedreado por confesar a Jesús como Cristo.

15
Anales de Tacito, XV, 44: Actas de los Mártires, Edición de Daniel Ruiz Bueno, BAC (Madrid; 1974) p. 223.
16
Cfr. Vita Neronis, XVI, 2
17
Cfr. Vita Claudii, XXV, 4
18
Cfr. Eusebio: Historia Eclesiástica, I, 11.
20
• El Talmud (ss. I-V), libro religioso judío, admite la existencia histórica de Jesús y su condena a
muerte por el Sanedrín: «En la víspera de la Pascua fue colgado [crucificado] Jesús por
hereje». Las pocas alusiones del Talmud a Jesús tienen una tendencia despectiva. Afirma que
Jesús sedujo y extravió al pueblo de Israel, que se burló de las palabras de los sabios y que
interpretó la Torá, es decir, la Ley o Pentateuco, como lo hacían los fariseos.

Otros testimonios antiguos


Aunque no hayan sido testigos directos de su vida, algunos escritores de esta
época testimonian la existencia histórica de Jesús. Entre los testimonios más
antiguos, destacamos los siguientes:

• San Clemente Romano, tercer sucesor de San Pedro, conoció personalmente a San Pedro y
San Pablo en Roma. Escribió una Carta a la Iglesia de Corinto hacia el año 95, en nombre de
la Iglesia de Roma, en la que pide a los fieles que obedezcan a los presbíteros. Acerca de lo
que ahora nos interesa, entresacamos las siguientes frases, las cuales solo tienen sentido
supuesta la existencia histórica de Jesús:

«Los Apóstoles nos predicaron el Evangelio de parte del Señor Jesucristo; Jesucristo
fue enviado de parte de Dios... Los Apóstoles, después de haber sido plenamente
instruidos, con la seguridad que les daba la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo,
salieron... Jesucristo dio su sangre por nosotros según el designio de Dios, dio su
carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas» (42,1.3; 49,6)19.

• San Ignacio de Antioquía, segundo obispo de Antioquía, discípulo del Apóstol San Juan.
Durante su viaje de Siria a Roma, donde seria martirizado hacia el año 107, escribió cartas a
algunas iglesias por las que había de pasar. El texto que recogemos es de la Carta a los
Tralianos; en su alusión a los «docetistas» afirma claramente la existencia histórica de Jesús:

«Jesucristo es del linaje de David e hijo de María; nació verdaderamente, comió y


bebió, fue verdaderamente perseguido por Poncio Pilato, verdaderamente
crucificado, y murió a la vista de todos... El mismo resucitó verdaderamente de entre
los muertos, siendo resucitado por su propio Padre. Y de manera semejante, a
nosotros, los que hemos creído en El, nos resucitará su Padre en Cristo Jesús, fuera
del cual no tenemos vida verdadera. Pero si, como dicen algunos hombres sin Dios,
mejor dicho, sin fe, solamente padeció en apariencia –ellos sí que son apariencia–,
¿por qué estoy encadenado? ¿Por qué anhelo luchar contra las fieras? Vana seria mi
muerte y falso mi testimonio acerca del Señor»20.

• Cuadrato presentó una Apología al emperador Adriano hacia los años 123 ó 124. En ella
atestigua que algunas personas curadas o resucitadas por Jesús sobrevivieron «no solo
mientras el Salvador vivía aquí abajo, sino aun después de su muerte, de suerte que algunos
de ellos han llegado hasta nuestros días»21.

19
Cfr. Padres Apostólicos, pp. 101-238
20
Cfr. Ibidem, pp. 375-630
21
Cfr. Eusebio de Cesaréa: Historia Eclesiástica, 4,3, 1-2; Cfr. Quasten: Patrología (vol. 1), p.191
21
• Arístides de Atenas escribió una Apología dirigida al emperador Adriano (117-138), o tal vez
a su sucesor, Antonino Pio (138-161), hacia la mitad del s.II. Dice así:

«Los cristianos toman su linaje del Señor Jesucristo. Este es confesado como Hijo del
Dios Altísimo, descendido del cielo por medio del Espíritu Santo, para la salvación de
los hombres. Y engendrado de una Virgen Santa, sin fecundación ni perdida de la
virginidad, tomo carne y se mostró a los hombres, con el fin de apartarlos del error
del politeísmo. Y una vez cumplido su maravilloso designio, gusto de la muerte de
cruz por su libre voluntad, según un grandioso designio. Y después de tres días volvió
a la vida y subió a los cielos»22.

• San Justino (†165), filósofo de profesión, en su primera Apología, dirigida al emperador


Antonino Pio (138-161), afirma que «Cristo nació hace solo ciento cincuenta años en
tiempos de Quirino... Sabemos que se hizo hombre por medio de una virgen... fue
crucificado bajo Poncio Pilato... resucitó de entre los muertos». A continuación, describe las
verdades principales de la religión cristiana, relata la celebración de la Eucaristía e invita al
emperador a que consulte las Actas de Pilato y revise la injusta condena a muerte de Jesús y a
que admire su grandeza.

En el Dialogo con el judío Trifón hace un paralelismo entre Cristo-Adán y


María-Eva, al tiempo que afirma que «Cristo nació de la Virgen como hombre»
y que fue «crucificado bajo Poncio Pilato, procurador que fue de Judea»23.

• Luciano de Samosata († 167), escritor griego, en su dialogo “Sobre la muerte del


peregrino” presenta a Jesús como un vulgar estafador, habla de su muerte y se burla de la
caridad de los cristianos y de su fe en la inmortalidad.

• Celso († 180), filósofo pagano, fue el impugnador más temible de los primeros siglos. En su
obra Discurso verdadero admite la existencia histórica de Jesús. Dice de Jesús que no
desciende de David, ni es Dios, ni se refieren a él las profecías, ni fue concebido
virginalmente; afirma que fue mago y que no resucitó. Y amonesta que la actitud de los
cristianos es peligrosa para la sociedad24.

Los evangelios
Desde la perspectiva de nuestro curso, la historicidad de los Evangelios se limita a
la información que ofrecen las ciencias históricas. Estas ciencias también llegan a
la conclusión de que los libros de los Evangelios son escritos históricos, con un
grado de fiabilidad superior a cualquier otro documento histórico de la época.
Los evangelios son la fuente más importante sobre la historicidad de Jesucristo. El
estudio de la historicidad de los Evangelios, al igual que de los demás documentos
antiguos, suele abarcar tres campos:
§ El conocimiento de los autores que han escrito los Evangelios , lo cual lleva a la
conclusión de que tienen origen apostólico.

22
Cfr. Padres Apologetas Griegos, pp. 105-151
23
Cfr. Ibidem, pp. 155-548
24
Cfr. Quasten: Patrología (vol.1), pp. 187, 366-370
22
§ La «historia del texto», o «autenticidad literaria»: consiste en la comprobación de
la fiabilidad de las copias manuscritas que han llegado a nosotros.
§ La «veracidad histórica»: la comprobación de que tales documentos narran
hechos sucedidos realmente.

HISTORICIDAD DE LOS EVANGELIOS

Los autores de los Estudia las razones por las que los Evangelios se atribuyen a
Evangelios Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Historia del texto Comprueba la fiabilidad de las copias manuscritas de los


Evangelios

Veracidad histórica Comprueba que los Evangelios narren hechos sucedidos


realmente

1. Los autores de los Evangelios.


Consta que los autores de los Evangelios son dos Apóstoles -Mateo y Juan- y dos discípulos de
los Apóstoles –Marcos y Lucas–; a éstos desde antiguo se les llama «varones apostólicos».
El estudio de los autores viene exigido porque los manuscritos más antiguos de los Evangelios
no expresan quién es el autor de cada uno de los cuatro libros. Este mismo hecho ya es una
prueba de antigüedad de tales libros, pues refleja la costumbre vigente en la época en que
fueron escritos los Evangelios. Además, consta históricamente que los primeros cristianos
siempre atribuyeron los cuatro Evangelios a cuatro personas muy conocidas en el ámbito
cristiano.
- Mateo y Juan fueron Apóstoles de Jesucristo; es decir, testigos oculares o directos de la vida
y de las enseñanzas de Jesús (Mt 10, 1-4).
- Marcos y Lucas no fueron Apóstoles, sino discípulos de algunos de ellos: Marcos era hijo de
María, una de las primeras mujeres que ayudaron a Jesús y a los Doce (Hch 12,12), primo de
Bernabé (Col 4,10) y discípulo de Pedro (1P 5,13) y de Pablo. Lucas, de origen pagano, fue
compañero de Pablo en su segundo (Hch 16, 10s.) y tercer viaje (Hch 20,5s.), así como las dos
veces que estuvo preso en Roma (Hch 27,1s.). La atribución de los documentos escritos a
estos cuatro autores tiene a su favor numerosos testimonios antiguos, así como el análisis
interno de los propios textos evangélicos.

2. Análisis interno de los evangelios


El estudio de los Evangelios muestra la coherencia interna de estos escritos, así como las
características propias de cada autor y el ambiente de los destinatarios. El análisis de los
escritos evangélicos apoya los testimonios históricos sobre los autores de los Evangelios:
• Mateo: expresa su propia experiencia personal, siguiendo en líneas generales el esquema
del discurso de Pedro en Cesarea de Filipo (Hch 10, 37-43); escribe en arameo para los
cristianos que viven en Palestina y que son de origen judío entre los años 60-70, pero su
redacción definitiva fue alrededor del año 80 por un discípulo suyo. Refleja el ambiente
judaico y utiliza con frecuencia las profecías mesiánicas. Posteriormente este libro fue
traducido al griego, y esta traducción es la que ha llegado a nosotros.

• Marcos: Idioma griego, año 50-60. Escribe la predicación de Pedro a los cristianos de
Roma, que habían sido gentiles. Refleja el ambiente romano, explica ritos y costumbres
judaicas desconocidas por los gentiles, y trata de modo singular la figura de Pedro.
23
• Lucas: Escrito en griego alrededor del año 70-80. Expresa la predicación de Pablo a los
gentiles de Asia Menor y de Grecia. Tiene el mismo estilo que el libro de los Hechos de
los Apóstoles, es como la primera parte de una obra única recogida en dos volúmenes.

• Juan: Escrito en griego sobre el año 95. Afirma que el autor de este libro es «el discípulo
amado» (Jn 21, 20-24), es decir, el apóstol Juan; recoge su propia predicación y la
reflexión teológica dirigida a los cristianos del Asia Menor. Explica términos e
instituciones judaicas; describe la geografía de Palestina25.
Consta históricamente que los Evangelios recogen y transmiten la predicación de los
Apóstoles. Los testimonios históricos que acabamos de mencionar, además de confirmar el
nombre de los autores de los Evangelios, manifiestan que los Evangelios transmiten lo que los
Apóstoles predicaron por mandato de Jesús: «Vayan al mundo entero y prediquen el Evangelio
a toda criatura. El que crea y sea bautizado, se salvará» (Mc 16,15). El evangelista Juan expresa
en estos términos el motivo por el que fueron escritos los Evangelios: «Fueron escritos para que
crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre»
(Jn 20, 31).
3. La historia del texto o autenticidad literariade los Evangelios.
Respecto a las copias de los Evangelios nos queda por ver su autenticidad y su integridad
literarias.Se entiende por «autenticidad literaria» el hecho de la concordancia substancial de las
copias que han llegado a nosotros con los escritos originales de los evangelistas; es decir, a la
identidad de las copias con los originales.
Se entiende por «integridad literaria» el hecho de que las copias que han llegado a nosotros
sean completas, sin que les falte ninguna de las partes escritas por los evangelistas.
En el caso de los Evangelios nos encontramos ante una situación privilegiada, pues desde los
primeros tiempos los cristianos hicieron numerosas copias en griego y en latín, para el culto
litúrgico y para alimentar la vida
cristiana con su lectura y meditación.

a. Testimonios documentales: Son


abundantísimos. Suelen clasificarse en
tres grupos:

a) Copias griegas: en la actualidad


se conocen más de 6.000
manuscritos.
b) Traducciones antiquísimas: más
de 40.000 manuscritos en
diversas lenguas.
c) Citas del Nuevo Testamento en
escritores cristianos: son tan
numerosas que podría
reconstruirse casi la totalidad
del NT en griego y en latín. Toda
esta variedad y extensión de
testimonios contrasta con el
hecho de que ninguna obra de

25
Cfr. A. García-Moreno: Autenticidad e historicidad del IV Evangelio. ScTh XXIII (1991/1) 13-67
24
la antigüedad llega al millar de manuscritos conservados.

4. Veracidad histórica de los evangelios


Cuando hablamos de veracidad de los Evangelios hacemos referencia a la capacidad de
demostrar la concordancia entre lo narrado en los textos evangélicos y lo sucedido realmente.
Con respecto a la veracidad surgen estas preguntas: Los Evangelios ¿cuentan la vida de Jesús tal
como ha sido realmente? ¿Los «hechos» y los «dichos» de Jesús son los mismos que vienen en los
Evangelios o han sido modificados?
Para demostrar la veracidad histórica de los Evangelios tenemos cuatro argumentos
principales:
1. La comprobación de los hechos por fuentes de conocimiento independientes: Se llega a
la conclusión que los Evangelios narran hechos históricos cuando comprobamos que
tales hechos también son considerados reales en fuentes de conocimiento que son
independientes a ellos (autores ya citados anteriormente).

2. El análisis crítico de los textos: Los historiadores suelen exigir las siguientes condiciones:

• Que los autores de los escritos sean sinceros, es decir, que quieran lealmente decir la
verdad (Los propios evangelistas manifiestan que su intención es narrar sinceramente la
verdad de los hechos ocurridos y la verdad de las enseñanzas de Jesús Hch 1, 21).
• Que estén bien informados sobre los hechos que narran (Mateo y Juan fueron testigos
directos de la vida y de las enseñanzas de Jesús; Marcos y Lucas fueron discípulos de los
Apóstoles y orientaron sus vidas a la difusión del mensaje evangélico).
• Que sean hombres normales y se muestren bien seguros de lo que han escrito. (no
fueron unos alucinados, ni estuvieron dominados por una imaginación exaltada, sino
que se mostraron muy seguros de lo que escribieron y dieron prueba de ello con su
propia vida) El estudio sobre los Evangelios añade otras pruebas: la aprobación social de
los mismos, así como la proximidad entre los escritos y los hechos narrados, sin olvidar
que, para los católicos, el argumento principal es la verdad de fe de la inspiración divina
de toda la Sagrada Escritura.

3. Criterios Modernos de historicidad:


A partir de 1960, algunos estudiosos plantean la veracidad histórica de los Evangelios
con arreglo a unos criterios de historicidad que, en su opinión, conduce a la certeza de
que «determinados hechos» narrados en los Evangelios han sucedido «realmente». Los
principales criterios de historicidad con los que los autores están de acuerdo son los
siguientes:

a. Criterio del testimonio múltiple: se consideran históricos los datos evangélicos que
se encuentran atestiguados en fuentes de información independientes entre sí (por
ejemplo, Mateo y Lucas); cuando esas fuentes coinciden en un dato, este es
considerado histórico; por ejemplo, el uso que hizo Jesús de la expresión «Hijo del
Hombre» para mostrar su identidad divina, expresión que se encuentra en todas las
fuentes evangélicas.

b. Criterio de la discontinuidad: se consideran históricos los datos, sobre todo cuando


se trata de palabras y de actitudes de Jesús, que son irreductibles a las concepciones
del judaísmo o de la Iglesia primitiva; estos datos expresan la originalidad e
irrepetibilidad de Jesús; por ejemplo, el uso que hace Jesús del término «Abba» para
hablar de Dios, lo cual resulta impensable en el judaísmo antiguo y no pudo tener su
origen en la Iglesia primitiva.
25
c. Criterio de conformidad: se consideran históricos los datos que sintonizan
perfectamente con el ambiente social y cultural que corresponde a la época de la
vida pública de Jesús, y que son coherentes con las características de su predicación
suficientemente probada; por ejemplo, las parábolas que explican el Reino de Dios,
pues está suficientemente probado que el núcleo de la predicación de Jesús es el
Reino de Dios.

d. Criterio de explicación necesaria: se considera histórico aquel dato evangélico que


aparece como la única explicación posible y suficiente de otros hechos narrados en
los Evangelios; de otro modo estos hechos constituirían un enigma insoluble; por
ejemplo, los milagros de Jesús: sin la aceptación histórica de los milagros no serían
explicables la exaltación de las gentes ante Jesús, la fe de los Apóstoles en su
Divinidad, la actitud de Jesús de perdonar los pecados, el lugar que ocupan los
milagros en los Evangelios, el odio de los sumos sacerdotes ante los prodigios de
Jesús; estos hechos solo pueden ser explicados por la realidad de los milagros.

e. Criterio del estilo peculiar de Jesús: una vez conocido el estilo peculiar de Jesús por
medio de la aplicación de los criterios anteriores, el estilo personal de Jesús, tanto en
sus dichos como en sus hechos, suele considerarse por los autores como criterio de
autenticidad histórica; por ejemplo, en la parábola del hijo prodigo se dan la
sencillez máxima y la bondad inaudita que son propias de Jesús; aunque esta
parábola solo se encuentra en el Evangelio de Lucas, nadie ha puesto en duda nunca
la autenticidad histórica de la misma.
En definitiva, estos modernos criterios de historicidad son nuevos argumentos que
fortalecen la doctrina tradicional de los científicos y de la Iglesia acerca de la
historicidad de los Evangelios.
4. Explicación de las variantes:
No obstante, la convicción científica de veracidad, en los Evangelios encontramos los
dichos de Jesús expresados de modos diversos en las numerosísimas copias, lo que ha
llevado a algunos a dudar de la veracidad de los Evangelios; sin embargo, las variantes
encontradas en los Evangelios no suponen una falta de veracidad histórica, pues
admiten explicaciones satisfactorias. Las variantes encontradas en los Evangelios
obedecen a los hechos y a las explicaciones siguientes:
En conclusión hay que afirmar, por una parte, que los Apóstoles nunca pensaron
escribir una biografía histórica de Jesús: sin embargo, se tiene la certeza científica de que los
Evangelios contienen la verdadera historia de Jesús, pues transmiten lo que predicaron los
Apóstoles sobre la Persona y la obra salvadora de Jesús, el Señor y por otra que los Evangelios
son historia predicada; es decir, contienen la predicación de los Apóstoles orientada según las
circunstancias y necesidades de sus oyentes.
En conclusión de lo dicho anteriormente podemos afirmar que los Evangelios son verdaderas
fuentes históricas para el conocimiento de Jesús.

4. Datos cronológicos sobre la existencia de Jesús


a) Lugar de nacimiento:
Según los Evangelios, la gente de su tiempo llamó a Jesús «el Nazareno», por el lugar
en que residió con su familia hasta la edad de treinta años. Sin embargo, sabemos
que el lugar de nacimiento de Jesús no fue Nazaret, sino Belén, localidad de Judea,
al sur de Jerusalén. Lo atestiguan los Evangelistas Mateo y Lucas. Este último hace
notar que, a causa del censo ordenado por las autoridades romanas, «José subió
26
desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, por
ser de la casa y de la familia de David, para empadronarse con María, su esposa,
que estaba encinta. Y estando allí le llegó la hora del parto» (Lc 2,4-6).

b) Fecha de nacimiento:
La investigación moderna ha logrado con bastante exactitud determinar la
cronología de la vida de Jesús, en el marco de la Historia Universal. La actual
datación cronológica se debe al monje romano Dionisio el Exiguo, quien en el 533
propuso medir el tiempo a partir del nacimiento de Jesucristo, en sustitución del
año de la fundación de Roma. Se admite comúnmente que Dionisio cometió un
error de cálculo, pues situó el nacimiento de Jesús en el año 753 de la fundación de
Roma y señaló el 754 como el primero de la era cristiana; pero los datos más
seguros indican que Jesús ya había nacido el año 750 de la fundación de Roma.

Los expertos estiman que Jesús nació 5 ó 6 años antes de la era cristiana; en
concreto, en los años 748 ó 749 de la fundación de Roma. Esta conjetura se basa en
la fecha de la muerte de Herodes el Grande, que tuvo lugar en Jericó en la
primavera26 del año 750 de la fundación de Roma, según el testimonio de Flavio
Josefo, estimado como cierto27.

Según San Mateo, Jesús nació


«en tiempos del rey Herodes» (Mt
2,1); por lo tanto, en el año 750
Jesús ya había nacido. Los Magos
que fueron a «adorar al Rey de
los Judíos» tuvieron la entrevista
con Herodes cuando este aún
residía en Jerusalén (Mt 2,2).
También afirma San Mateo que
Herodes «mandó matar a todos los niños que había en Belén y toda su comarca, de
dos años para abajo, con arreglo al tiempo que cuidadosamente había averiguado
de los Magos» (Mt 2,16).

Comienzo de la vida pública : Jesús comenzó su predicación poco después de ser


bautizado por Juan Bautista en el Jordán (Mc 1,9-11), a comienzos del año 28, que
corresponde al 781 de la fundación de Roma. Juan comenzó a predicar y bautizar
«el año quince del reinado del emperador Tiberio» (Lc 3,1), que corresponde al año
780 de Roma y al año 27 de la era cristiana. Jesús tendría 32 años, que concuerda
con la edad aproximada que le atribuye San Lucas: «como unos treinta años» (Lc
3,23).

Muerte de Jesús: Se sabe con certeza que Jesús murió un viernes del mes hebreo
de Nisán, dentro del mes de abril de nuestro calendario: Mt 27,62; Mc 15,42; Lc 23,54;
Jn 19,31. Sobre el año, lo más probable es que haya sido el año 30 de la era
cristiana, que corresponde al 783 de la fundación de Roma. Con respecto al día del

26
En Israel la primavera comienza el 21 de marzo y termina el 21 de junio.
27
Cfr. Flavio Josefo, La guerra de los judíos, I, 33, 1.
27
mes, lo más probable es que ocurriese el 14 o el 15 de Nisán, es decir, el 7 u 8 de
abril. El 14 de Nisán del año 30 cayó en viernes.

28
Referencias Bibliográficas

Libros

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