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I

FERDINAND DE SAUSSURE

Saussure y los fundamentos de la gramática. Estudio preliminar y


selección de textos: José Sazbón, Buenos Aires: Ediciones Nueva
Visión. 1996.

CURSo DE LINGÜÍsTTce GENERAL

*
La lingüística mantiene relaciones muy estrechas coo ot¡as CAPfTULO III. OBJETO DE LA LINGIJÍSTICA
cieucias que, o biea iucorporan. sus datos, ó biea se los sumitds-
tra-a..Los límites que la separan de ellas Do aparece[ siempre
c-on- claridad. Por e¡-emplo, ia liogriÍstica debe distinguirse cui- 7. Lo lengua; su definición
dadosamente de la etnograffa y de la prehistoria, donde la le¡-
gua sóio interr¡iene etr calida¿l de documento; y t"mbién de la ¿CuáI es el objeto a la vez integral y coacreto de la lingüística?
antropología, que sólo estuüa al hombre desde ál punto de vista La cuesti6n es particularoeote difícil; más adelalte veremos
de_ia especie, mientras que el lenguaje es ua hecño social.
¿IIa- por qué; limitémonos, por el momento, a hacer comprender esa
bria.que mcorporarla, entonces, a Ia sociología? ¿Qué relaciones dificultad.
exi-sten entre la li.DgüÍstica y la psicología social? Ea el foado, Otras ciencias operan sobre objetos dados de antemano, a
todo es psicológico en la leagua, incluso sus maaifestaciones los que se puede considerar desde diferentes puDtos de vista;
materiales y mecánicas, como los cambios de sonidos; y dado Dada similar hay en nuestra disciplina. Alguien pronuacia la
que la liagüÍstica suministra a la psicoiogla social tan valiosos palabra f¡ancesa uu [desnudo]: un observador superñcial se
dajos, ¿¡o estará iutegrada a ella? Froblimas, éstos, que aquí inclina¡á a ver eo ella un objeto lingüÍstico coDcreto; pe¡o uD
sólo indicamos para retomarlos más adelante. examen más ateato le mostrará suiesivame¡rte tres o cuatro
cosas perfectamente dife¡entes, segrin la maDera come la coD-
.. Las relaciones de la lingúlstica con la psicologÍa no son ta.n sidere: como sonido, como expresión de una idea, como co¡?es-
d.lliclles de determinar; la relacióa es unilateral, en eI seatido
de que el estudio de las lenguas requiere precisiones a la pondiente al latln uudum, etc, Lejos de que eI objeto preceda
fi.sioloqía de los sonidos, sin suministrarle, pór su parte, nin- al punto de vista, se diría que es el punto de vista el que crea el
guna. En todo caso es imposible que exista confusión entre 1as objeto, y por 1o ileroás nada nos dice de antemaoo que uaa de
dos disciplinas: lo esencial de la lengua, como veremos, es aje- esas maÁeras de considerar el hecho en cuostióD sea a¡.terior o
no al carácter fóuico del signo lingüistico. superior a las otras.
-Ein cuanto a la filologÍa, ya está establecido que ella es
Por otro lado, cualquiera que sea la que se adopte, el feaó-
netamente disti¡ta de la lingüística, a pesar de los puntos de meoo lingüfstico presenta permanentemente dos caras que se
contacto de las dos ciencias y de los servicios muüuos que se correspondea, cada una de las cuales sólo vale por la otra. Por
ej empio:
prestan.
1o Las sílabas que se articulan son impresiones acústicas
¿Cuá1 es, por últisio, la utilidad de la lingi1ística? Pocas per- percibidas por el oldo, pero los sonidos no existirían sü los órga-
sonas trenen Ídeas precisas al respecto, y ao es éste el lugar de
nos vocales; así, uaaa sólo existe por Ia correspondencia de esos
aclararlas. Pero es evideate, por ejerlplo, que las cuestiones dos aspectos. Por L: tanto, uo se puede reducir la lengua al soni-
lingrifsücas interesa¡r a todos aquellós ñ1ólogos, 'do, oi separar al sooido de Ia articulación bucal; recíproca:aente, ¡
etc.- que deben maoejar textos. Más-históriadores,
evidente aúo eu su im- no se pueden defrnir los moYimientos de los órgaaos vocales si
portancia para la cultura gene¡al: en la vida de los individuos se hace abstracción de la impresión acústica.
y de las- sociedades, el lenguaje es un faiior más importaate 2" Pero admitamos que el sonido sea algo simple: ¿es el sonido
qu-e cualquier ot¡o. SerIa iaadmisible que su estudio ocupara el que hace el lenguaje? No, pues no es más que el instrumento
sólo a alguaos especiaiistas; en realidaa todo el aundo se ocu- dei pensamiento y no existe por sf mismo. Aqul surge uná nueva
pa de él en alguna Eedidá; pero paradójica del y riesgosa correspoudencia: el soaido, urridad compleja acústi-
interés que suscita- [o hay terreno -consecueucia
et que hayaa germi::ado co-vocal, forma a su vez coD la idea una unidad compleja, fisio-
más ideas absurdas, prejuicios, espejismos, ficcioues. Desde el Iógica y mental. Y eso no es todo, ya que:
pu.ato d,e üsta psicoiógico, esos errores no soo despreciables; 3' Ei lenguaje tieae un'aspecto indivíilual y ua aspecto so-
pero al Iingtiista le corresponde, ante todo, denunciarlos y di- cial, y Do se puede concebir el uoo sin el ot¡o. Además:
siparlos tan completame¡¡.te como sea posible. 4' En cada instante implica a la yez un sistema establecido y

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una-evolución; en cada momento es una institución actual y un principio de clasificación. Desde el momento en que le damos
produ.cto del pasado. A primera vista parece muy simple-dis_ el primer lugar entre los hechos de lenguaje, introducimos un
tinguir entre ese sistem-a y su historia, entre lo qúe es y lo qre ordeo natural en un conjunto que no se presta a ninguna otra
ha sid-o; en realidad, la reiacién que oí" esas dos cosas es tan clasifrcación.
, estreüa que-es difÍcii separarla;. más simple la cues- Se podría objetar a ese principio de clasifrcació¡ que ei ejer-
tión si consideráramos ei fenómen-o¿Sería
lingüfstico en sus oríge- cicio del lenguaje se basa en uua facultad que debemos a la
nes, si comenzáramos, por ejemplo, estuáiando el ienguajeie naturaleza, mient¡as que Ia leng:ra es algo adquirido y con-
los niños?.No, pues es u-na idia,iuy.fal", creer que eninaieria vencional, que deberÍa subordinarse ai instinto natural eu lu-
de lenguaje el problema de los otígenes difrere del de las con_ gar de tener preeminencia sobre é1.
. drcrones permanentes; no salimos, pues, del cÍrculo. He aquÍ lo que se puede responder.
,AsÍ, pues, de cualquier Iado que'abordemos la cuestión, en En primer lugar, no está probado que la función del lengua-
. lr"qll3 parte se nos presenta el objeto integral de la je, tal como se manifiesta cuando hablamos, seá enteramente
. rrn€ulsuca; stempre nos encont¡a.mos con eI dilema: o bien con- natural, es deci¡ que nuestro aparato vocal esté hecho para
. slderamos un.solo- aspecto de cada problema, arriesgándonos a hablar como nuestras piernas para caminar. Los lingüistas'es-
. 99:ar de percibir las dualidades ya señaladas; o bién, si estu_ tán lejos de concordar sobre este punto. Whitney, por ejemplo,
. . filno19t.l.eng"uaje desde diversoi ángulos ala'vez,el ábieto de que asimila la lengua a una institucióu social del mismo carác-
... la ungulstlca se nos presenta como.un confuso montón de co- ter que las demás, atribuye al azar, a simples razones de como-
sas heterogénea.¡ desvinculadas entre sf. Cuando procedemos didad el hecho de que nos sirvamos del aparáto vocal como ios-
de este- modo, dejamos la puerta abierta a vá¡ias ciencias t¡umento de la lengua: los hombres habrfan podido elegir igual-
...- - -psicología, antropologÍa,' gramática normativa, filologf; menüe el gesto y emplear imágenes visuales en lugar tle imá-
. . . erc.--qye separamos netamente de la lingüística, pero que, en genes acústicas. Sin duda esta tesis es demasiado absoluta: la
, ¡.
... virtud de un método
incorrecto, podrían .-eivirrdi.a, et tánguá- lengua no es una institución social que se asemeje a las demás
:. ,. . je como uno de sus objetos. en todos sus aspectos; por otro lado, Whitney va demasiado
En nuestra opinión, no hay más que una solución para todas lejos cuando dice que nuestra elección ha recaído por azar en
ii¡. r esas dificultades: es precijo situlrse de iamediato en el los órganos vocales; de alg:rln modo, la naturaleza nos los irn-
;, , . terreao de Ia lenguá y touarla por nortta de todas las ponÍa. Pero creemos que en Io esencial el lingüista norteameri-
:.;.: . ¡ demás manifestaciones del lenglraje. En efecto, entre tan_ cano tiene razón: la lengua es una convención, y la naturaleza
tas-dualidades, sólo la lengua paráce jusceptible d'e una defi- .del sigrro en que se conviene es indiferente. La cuestión del
i,. . nrclón autónoma y ofrece un punto de apoyo satisfactorio para -áparato vocal es, pues, secundaria en el problema del lenguaje.
-.., . el espÍritu. Cierta deñnición de 1o que se llama lenguaje articulado
.. , . Pero ¿qué es la lengua? para noscjtros, ésta no se confund.e .podrfa confirmar esta idea. En latín, a¡ticulus significa'miem- ,
. con el.leng-ua.Je, del que es una parte deterE¡inada y, prii cierto, bro, parte, subdivisión en una serie de cosas"; en materia de'
. i. eseDcral. La leylgua es a la y9z un producto social de la facul_ lengo.aje,la articulación puede designar o bien la subdivisión de
¿a-o tret-tenguaJe y un conjuoto de convenciones necesarias, Ia cadena hablada en sílabas, o bien la subdivisión de la cadena
,, .. . adop_tadas p_or el soóial para permitir el ejercicio de di- de las significaciones en unidades signifrcativas; en este senti-
cha tacultad en -cuerpo
los individuos. Cor¡side¡ado globalmente, el do, en alemán se habla de gegliederte Sprache. Pa¡tiendo de
.. lenguaje es multiforme y heterogéneo; cabalg"ando sobre va- esta segunda defrnición, se podría decir que no es el lenguaje
rios,dominios, a.la vez-filico, fisi;lóg"ic; y psí[uico, pertenece hablado el natural al hombre, sino la facultad de constituir una
lamDreD aI domtnio individual y al dominio social; áo se deja lengua, es decir, un sistema de signos distintos qué correspon-
. clasifica¡ en,ninguna categorÍa Áe,los hechos humanos, porque den a ideas distintas.
Do se sabe cómo circunscribir su unidad. Broca ha descubierto que la facultad de hablar está localiza-
. . La lengua, en cambio, es en sí ..misma. una totalidad y un da en la tercera circunvolución frontal izquierda; también en

L-.l.
esto se apoyaroD quienes atribuyen al lenguaje un ca¡ácter na-
tu¡aI. Pero es sabido que esta localización se ha comprobado
para todo lo que se refrere al lenguaje, incluyeado la escritu-
ra, y tales comprobaciones, unidas a las observaciones hechas
sobre las diyersas formas de afasia por lesión de esos centros
de localización, parecen indica¡: 1' que 1as diversas perturba-
cíones del lenguaje oral están entrelazadas ile mil maneras con
las del lenguaje escrito;2'que en todos los casos de afasia o de
agraña, lo afectado es menos la facultad de proferir determi-
nados sonidos o de t¡aza¡ determinados signos que la de evo-
car mediante un instrumento, cualquiera iea éste, los signos
de un lenguaje regular. Todo esto Eos lleva a creer que por en-
cima del funcionamiento de los diversos órgauos existe una El punto de partida iiel ci¡cuito está en el cerebro cle u:ra de
facultad más general, 1a que rige a los signós, y que serÍa la ellas, por ejemploá" donde los hechos cle Conciéncia, que 11""'a-
facultad lingüística por exceleacia. Por este cami¡o llegamos a remos conceptos, se etrcuenf,raa asociados a las rePresentacio-
la misma conclusión que antes. nes cle los sigoos lingüísticos o imágenes acústicas que sirven
Para atribuir a la lengua e1 primer lugar en eI estudio del para su expresión. Supongamos que u¡ coDcepto ilado desenca-
lenguaje, se puede hacer valer, por último, el argumento de dena en el cerebro una imageo acústica correspondieote: es uo
que la facultad o no- de a¡ticula¡ palabras sóIo se feaómeno enteramente psíquico, segrrido a su vez ile un proce-
ejerce con ayuda-natural
del instrumento creado y suministrado por la so fisiológico: e1 cerebro tra¡smite a los órganos de la fonación
colectividad; no es quimérico, eotonces, decir que es la leagua uo impulso correlativo a la iaagea;1uego las oadas sonoras se
la que constituye la uaidad del lenguaje. propaga¡ cle la boca de A al oído cle B: proceso puramente físi'
co. Después, el circuito se prolonga eD B qn u¡ orde¡r inverso:
del oído al cerebro, t¡aosmisión fisiológica de Ia imagen acústi-
2. Lugar d,e la lengua en los hechos d,e lenguaje ca; en eI cerebro, asociación psíquica de esa imagen con el con-
cepto corresponilieute. Si B habla a Bu vez, este nuevo acto se-
Para eacontrar en el conjunto del lenguaje la esfera que co- g:uirá su cerebro aI de A- exactamente Ia misma marcha
rresponde a la leogua, hay que situarse ante el acto individuai que el -de
primero y pasa¡á por las aisxaas fases sucesivas, que
que permite reconstituir el circuito dei habla."Este acto supo- representaremos como sigue:
.rle, por 1o menos, dos individuos; es el mlnimo exigible para
Audición Fonación *
que el circuito sea completo. Sean, pues, dos personas, A y B,
que coDversan:

" En 1945, la primera traducción espaiola del Curso impuso el C = Corrcepto


término habla para vertir la "parole" saussureana. Esta nueva ver- I = lmagen adrstica
sión mantiene dicho término por el recordado lingüista
-propuesto
espa-ñol Amado AJonso, de sigrrificativa influencia en nuestro medio
eu la década de 1940-, que desde entonces se ha incorporado am-
pliameate a 1a liagiiÍstica y a las ciencias humanas de los paises de
habla hispana. [Nota del T.i Fonación Audición

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Este análisis no pretende ser completo; todavÍa se podrÍa
distinguir: Ia sensación acústica pura, 1a identiñcación de esta La parte fÍsica púede descartarse desde el comienzo. Cuan-
sensacién con la imagen acústica iateote, la imagen muscular do oírnos habla¡ una lengua que ignoramos, percibimos bien
de la fonación, etc. Sólo hemos tenido en cuenta los elementos los sonidos, pero, a causa de nuestra incomprensión, queda-
que juzgamos esenciales; pero nuestra figura permite distin- mos fue¡a del hecho social.
guir de inmediato las partes físicas (ondas sonoras) de las ñ- Tarnpoco la parte psíquica entra en juego totalmente: el as-
siológicas (fouación y audición) y de las psíquicas (imágenes pecto ejecutivo está fuera de la cuesüón, pues 1a ejecución nunca
verbales y conceptos). Es fundamental, en efecto, observar que está hecha por la masa; siempre es individual, y el individuo
Ia imagen verbal oo se confunile con el sonido mismo y que es siempre la controla; 1a llamaremos el habla.
psíquica en el mismo carácter que el concepto que le está aso- Es el funcionamiento de las facultades receptiva y
ciado. coordinativa eI que hace que se formed en los sujetos habiantes
El circuito, ta1 como lo hemos representado, puede aún divi- improntas que llegan a ser sensiblemente las mismas en todos.
ili¡se: ¿Cómo hay que representarse esta producto social para que la
lengua aparezca perfectamente separadá del resto? Si pudié-
a) en una parte exterior (vibracíón de los sonidos que van de ramos abarcar la suma de las imágenes verbales acumuladas
la boca al oído) y una parte interna (que comprende todo el en todos los individuos, nos encontraríamos con el vínculo so-
resto); cial que constituye la lengua. Es un teso¡o depositado por la
b) en u¡a parte psíquica y una parte no psÍquica, compreu- práctica del habla en los sujetos que pertenecen a una misma
diendo la segunda tanto los hechos ñsiológicos que se asientan comunidad, un sistema gramatical que existe virtualmente en
en Ios órganos como los hechos físieos exteriores al individuo; cada cerebro, o más exactamente en los cerebros de un conjun-
c) en una parte activa y una paite pasiva: es activo todo Io to de individuos, pues la lengua no está completa en ninguno,
que va del centro de asociación de uno de los sujetos al oído del sólo existe perfectamente en la masa.
otro sujeto, y pasivo todo lo que va del oído de este último a su Al separai la lengua de1 habla, separamos al mismo tiempo:
centro de asociacióa; por último, en la parte psíquica localiza- 1' 1o social de io individual; 2" io esencial de 1o accesorio y más
da ea el cerebro se puede llamar ejecutivo a todo 1o activo o menos accidental.
(c ----r l) y receptiyo a todo Io pasivo (l--c). La lengua no es una función del sujeto habiante, sino el pro-
ducto que e1 individuo registra pasivamente; nunca supone
Hay que agregar una facuitad de asociación y de coordina- premeditación, y Ia reflexión sólo interviene en ella pa¡a la
ción, que se maniñesta en taltc no se trate ya de signos aisla- actividad de clasifi cación.
dos; esta facultad desempeña el papel fundamental en la orga- El habla, en cambio, es un acto individual de voluntad y de
nización de la lengua como sistema. inteligencia, en el que conviene distinguir: 1") ias combinacio-
Pero para compreuder bien ese papel hay que salir del acto nes mediante las cuales el sujeto hablante utiliza el código de
individual, que no es más que el embrióo del lenguaje, y abor- la lengua con el frn de expresar su pensamiento personal; 2') el
dar el hecho social. mecanismo psicofísico que le permite exteriorizar esas combi-
Entre todos los individuos así virxculados por el leng-uaje se nác10nes.
establecerá una especie de promedio: todos reproducirán Hay que observa¡ que hemos definido cosas y no pdlabras;
exactamente, sirr duda, pero sÍ con aproximación- los mismos-no las distinciones establecidas nada tienen que temer de ciertos
signos unidos a los mismos conceptos. términos ambiguos que no se superponen de una Lengua a otra.
¿Cuál es el origen de esta c¡istalización social? ¿Qué parte En alemán, por ejemplo, Sprache quiere decir "lengua" y'len-
del circuito es l.a que aquí interviene? Pues es muy probable guaje"; Rede corresponde aproximadamente a "habla" pero
que no todas participen en la misma medida. agregándole el sentido especial de'discu¡so". En latÍn, sermo
significa más bien "lenguaje" y "habla" mientras que lingua

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Ies de conocer y de imaginar. En Ia lengua, en cambio, no hay
designa Ia lengua, y asÍ sucesivamente. Ninguna palabra co- más que la imagen acústica, y ésta puede traducirse en uoa
rr""[ood" exaitamLnte a alguua de las nociooes que acaba- imagen visual constante. Pues si se hace abst¡acción de la
mos'de precisar; por eso es inútil toda ileñnicióa que s-e haga a multitud de movimientos necesarios para realizarla en el ha-
propósiio de una palabra; es un mal método partir de las pala- bla, cada imagen acústica, como veremos, no es más que la suna
bras para defrnir las cosas. ile un número limitado de elementos o fonemas, tsusceptibles
Recapitulemos los caracteres de 1a leagua: a su vez de ser evocados por un oúme¡o correspoodieate de
signos en la escritura. Esta posibilidad de frjar las cosas rela-
1' Es urr objeto bien deñniclo en el coujunto heterogéaeo tle tivas a la lengua es la que permite que un diccionaúo y una
los hechos de lenguaje. Se la puede localizar eu la porción de- gramática puedan ser su representación frel, ya que Ia lengua
terminada del ci¡iuiio doqde una imagen audiüiva se asocia a es el depósito de Ias imágenes acústicas y la esc¡itura la fo¡ma
un concepto. Es la parte social del lenguaje, exterior al inüvi- taagible de esas imágenes.
duo, que por sf solo no puede ni crearla li modiñcarla; sólo
e¡iste en virtud de una especie de contrato establecido entre
los miembros de Ia comuiidad. Por otra parte, el indi¡¡iduo 3. Lugar de la lengua en los hechos humanos-
necesita u¡ apreoclizaje para cooocer sujuego, y el uió-o la asi Lo, semiologla
mila progresivamente. Hasta tal punto es una cosa distiota'
que un hómbre privado del uso del habla conserva la leagua, Estos caracteres nos permiteu descuhrir ot¡o oás importaote.
siempre que comprenda los sigrros vocales que oye. La lengua, así delimitada en el coujunto de los hechos de len-
2"La lángua, üsti¡ta dei habla, es un objeto que se puede guaje, puede clasificarse entre los hechos humanos, mientras
estudia¡ seiaiád"merte, Hemos dejado de hablar las leoguas que el lenguaje no.
muertas, péro podemos muy bien asimilarnos a su organisr-'ro Acabamos de ver que Ia lengua es una institución social, pero
IingiiÍstico. No solamente la ciencia de la leagua puede prescln- varios rasgo.s la distínguea de las demás instituciones políti-
diide los demas elementos del lenguaje, sino que sólo es posible cas,jurldicas, etc. Para comprender su naturaleza especial, es
a condicióu de que esos otros elemento§ Do iltervengal. preciso hacer intervenir uü ¡uevo orden de hechos.
3o Mient¡as que el lenguaje es heterogéaeo, la lengua asl La leagua es uo sistema de signos que expresan ideas, y en
delimitada es dá natu¡aieáa homogénea: es un sistema de sig- eso comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, a
nos en el que 1o esencial se reduce á la unión del seaticlo y de la los ritos simbélicos, a las formas de cortesía, a las señales mi.li-
imageo y donde las tlos partes tlel signo son igual- tares, etc., etc. Sóio que es el más importa:ate de esos sistemas.
^iú"ti".,
mente psíquicas. Se puede concebir, entouces, u¡oa ciencia que estudie la
4'L;Ie;gua, tauto co:¡o el habla, es un objeto de oaturale- vida de los signos e¡ el se¡o de Ia vida social;la misma
za concreta, lo que constituye una gra! ventaja para el estu- integraría la psicologÍa social, y por consiguiente la psicología
general: la llama¡emos semiología ldel gnego sémeion, "signo").
dio. Aun siendo isencialmenie psÍquicos, los signos liagüísticos
no son abgtracciones; las asodiaciones ratifrcadas por el con-
senso colectivo, cuyo conjunto constituye la lengua, son reali-
' E¡ la termiaología saussureana difiere eD este aspecto de
dades que tienen iu sedá en el cerebro. Además, los signos de -queacrlstica que corresponde a
la leagúa sorr, por decirlo asÍ, tanglbies; la escritu¡a puecle ñ- la moderna- el "fonema" es la imagen
jarlos-en imágenes convencionales, mientras que ¡e¡Í-a imposi- un determi¡ado sonido material. Por otra parte, Saussure llama
"fonologÍa" a 1o que hoy se coroce co!1o fonética descriptiva, mien-
ile fotograñar en todos sus tletalles los actos dei habla; la tras "fonética" signiñca para él la fonética histórica, o diac¡ónica.
foaación de una palabra, por pequeña que sea, r€presenta una (Cf G. Mounin: Saussare, París, Seghers, 1968, pp.68-69). [N. del T.]
üfrnidad de movimientó§ -ui"rl.r"" extremadameote diff ci-

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Ella nos enseña¡ía en qué consisten los sigrros, y cuáles son las cular de una ciencia semiológica. Para nosotros, en cambio, el
I"y"" qrr" los rigen. Como aún no exíste, no sey puede decir lo
problema lingüístico es ante todo semiológico; es este hecho
o".o ii"o" derecho a Ia existencia su lugar está
importante el que otorga significación a todos nuestros análi-
"1" "áa,
á;i";;i;"á;á" "oi"*^.to. La lingüÍstica es sólo una parte de
sis. Si se quiere descubrir la verdade¡a naturaleza de la len-
esa ciencia general y las leyes que descubra- la s.emiología,se gua, es preciso tomar en cuenta, en primer lugar, las caracte-
. it finguistica; ésta quedara t"¡ ¡¡ingul¡da a un do- rísticas que comparte con los der.ás sistemas del mismo o¡-
*it io ¡l"o deñniáo en ei conjunto de los hechos humanos' Al
"pii"^J" den; hay factores lingüísticos (como por ejemplo el juego del
osicóloso le cor¡esnoncle det--erminar el puesto exacto de la apárato vocal) que parecen muy importantes a primera vista,
I"*iolo'gl"; l" tarea'del lingüista consiste en deñnir ln que h-ace
hechos
pero que sóIo habrÍa que estudiar secundariamente, si sólo sir-
áe Ia leigoa un sistema eipecial en eI conjunto de lo.s
ven para distinguir a la lengua de los btros sistemas. De esta
Más adelantá retomaremos esta cuestión: aquÍ mane¡a, pensamos que no só10 se esclarecerá el problema
""ái"fogi".".
,áto o¡"Étr.-os 1o siguiente: si por primera vez hemos podido lingüístico, sino que, a! considera¡ los ritos, las costumbres,
á"ig""ut a ta lingriístiIa o, poesto entre las ciencias, es porque etc. ..- como signos, esos hechos aparecerá-u eo otra perspecti-
Ia hemos incorporado a Ia semiologÍa vá, y se advertirá la necesidad de agruparlos en ia semiologÍa
autóno-
¿Por qué oo.".""o.ro." a la semiología
com^o y de explicarlos de acuerdo con las leyes de esta ciencia-
-ciencia giramos
-;;y; d;" ii"r", todas, su objeto propio? Poryue
á"riíro á" un círculo"o*ovicioso: por rn l,do, nada más -apropialo
que la lenEua para hacer corriprender la ¡aturaleza del probie-
á" semiotZgico; pero planteailo adecuadamente ahora implicaría es- CAPfTULo ry. LINGÜÍSTICA DE LA LENGUA
se Ia ha
ñái* ]" leig"á "" simisma: ahora bien, hastadesde otros pun- Y LINGÜÍSTICA DEL HABLA
áo"rtrao casí siempre en función de otra cosa,
tos de vista.
e*i.t" en primer lugar, la concepción superficiai,lodel gran
que su-
Al adjudicar a la ciencia de la lengua su verdadero lugar en eI
público, qlre sólo v" en Ia lengua una n-omenclatura, conjunto del estudio clel lenguaje, hemos situado al mismo tiem-
orime toáa investigación sobre su verdadera naturaleza' po a toda la lingüística. Todos ios demás elementos de} lengua-
''i;;;;-fis";;;i ;;;;;d" vista del psicólogo, que estudia el je, que constituyen el habla, se subordinan por sí mismos a
mecanfsmo- al"l sigio en el individuo; es ei -mé-todo más fácil' esta primera ciencia, y gracias a dichá subordinación todas las
;;;;;; ü;;;;a.-^ua por ¿" rá ájecución individual v no aborda el partes de la lingüística encuentran su ubicación natural.
-'ó;ótque es esencial
signo, naturaleza. Consideremos, por ejemplo, 1a producción de los soniclos ne-
último, cuando se advierte que--hay que estudiar a) cesarios al habla: los órganos vocales son tao exteriores a la
sig:"'o-;"irt;"nie, sóló se retienen aquellos.rasgos de ia len-
lengua como los aparatos eléctricos que sirveu para t¡anscribi¡
que
;;;il; ú;"; á las demas instituciones,
y
las
modo
dependen
el objetivo
el alfabeto Morse son ajenos a ese aifabeto, y la fonación, es
irá" ó *"oo" de nuestra voluntad; de este decir, la ejecución de las imágenes acústicas, en nada afecta al
nasa desapercibido' pues no se presta atención a los caracteres sistema mismo. Desde este punto de vista, la lengua es compa-
;;; r;1" ;;;4";"."r,'á to. sistemas semiológicos engeneral v a ¡able a una sinfonía, cuya realidarl es independieute de ia ma-
escapa
ü l"rrgrá en particular' Pues, en cierta medida, el signocarácter nera en que se la ejecuta; las faltas que puedaa cometer los
;i";¡;; . iá'voluntacl individuai o social v ése es su músicos ea su ejecución no comprometen de ningún modo esa
así como eI menos ostensible. ¡ealidad.
"""o.ial,
Dicho'carácter só1o se presenta perfectame-nte. en la lengua' A esta separación entre la fonación y la lengua se opondrán
Dero se manifiesta en lai cosas menos estudiadas y por con- tal vez las transformaciones fonéticas, las alteraciones de so-
i."J" se ve demasiado bien la necesidad o la utilidad parti- nidos que se producen en el habla y que ejercen una influencia
"o

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tan profunda sobre los destinos de la leugua oisma. ¿Estamos de los depositarios. Este modo de existeacia de la lengua pue-
verdaderamente en condiciooes de sostener que ésta existe de represeutarse en la fórmula:
indepenüentemente de esos fenómenos? SÍ, pues ésto-s no afec-
tan más que a la sustancia material de las paiabras. Si inciden 1 + 1 + 1 + 1... = J (modeio colectivo).
en la leugua como sistema de signos, es sólo indirectamente,
por el caobio de intérpretación resultante; ahora bien, este ¿De qué manera está presente ei habla en esa misma colecti-
üdad? El habla es Ia suma de lo que las persor¡as dicen, y com-
feoómeao uo tiene nada ile fonético. prende: a) combinaciones individuales, que depeaden de la vo-
Se¡ia interesante buscar las causas de esos cambios, y el es- luntad de los hablantes; b) actos de fonacióo igualmeute volun-
tudio de los sonidos oos ayudará a hacerlo;pero esto no es esen- tarios, necesarios para la ejecución de esas combin.aciones.
cial: para la ciencia de la iengua, bastará siempre con consignar No hay, pues, nada colectivo en el habla; sus manifestacio-
las transformaciones de sonidos y calcular sus efectos. Des son i¡dividuales y EomentáDeas. Aquí no hay otra cosa
Y 1o que decimos de la fonación se aplicará a todas las de- que ia suma de los casos particulares, según la fórmula:
más paites del habla. La actividad del sujeto hab-lante ilebe
estudiarse en un conjunto de clisciplinas que sólo tienen cabi- (1 + 1'+ 1" + 1"'...).
da en Ia lingüística por su relación con la leogria.
El estudio del lenguaje abarca, así, dos partes: rua, eseÁ- Por todas estas razones, sería quimérico reuair bajo un mis-
cial, tiene como obj etlo Iá lengua, que es social en su esencia e mo punto de vista la lengua y el habla. La totalidad global del
independiente del-individuo; este estudio es únic"'',ente psí- lenguaje es incogaoscible, porqüe no es hornogéneo, mientras
quicoila otra, secundaria, tiene como objeto la -parte indivi- que la distinción y la subordinación propuestas 1o aclaran todo.
duai del lenguaje, es decir, el habla, incluida la fonación, y es Tal es la primera bifurcación que eacontramos cuando tra-
psicofÍsica.
- Sio duda, esos dos objetos está-n estrechamente ligados y se tamos de hacer la teoría del lenguaje. Hay que elegir entre dos
rrÍas que es imposible recorrer al mismo tiempo; deban ser se-
suponen recÍprocameute: Ia leagua es necesaria para que el guiclas por separado.
hatla sea i¡tóligible y produzca todos sus efectos; pero ésta es Se puede en rigor conservar el nomb¡e de lingüística para
necesaria pa., {¡re lá leng"ua se establezca; históricamente, el cada una de 1as dos disciplinas y hablar de una lingüÍstica del
hecho de ñabla Ls siempie anterior. ¿Cómo se Ie ocur¡iría a habla. Pero habrá que cuidarse de confundirla con 1a liagriiística
alguien asociar uua idea a una imagen verbal si 1o sé sorpren- propiamente dicha, aquélla cuyo único objeto es la lengua.
diÉra ya esta asociación eo un acto de habla? Por otro 1ado, Nosof,¡os nos dedica¡emos únicamente a esta última, y si, en
oyendó a los ot¡os es como aprendemos nuestra lengua mater- el curso de nuestras demostraciones, aprovechamos algúa as- .
o-., 1^ qo" llega a deposit^r"i Duestro cerebro luego de una pecto del estudio del habla, nos esforzaremos por ao borrar t
a" innuierabÉs experiencias. Por riltimo, ee él habia ia
"n. nunca los Iímites que separan los dos dominios.
""ii"
que hace evoluciouar'a la'lengua: las impresiones recibiilas al
oír a 1os demás modifican au-estros hábitos lingüísticos' Hay,
pues, interdependencia de la lengua y el labla; aquéJla es a Ia
vez ál iostrumento y el productoáe éita. Pero nada de esto les CAPÍTULO Y ELEMENTOS ]NTERNOS
impide ser dos cosas absolutamente disti¡tas- Y ELEMENTOS EXTERNOS DE LA LENGUA
La lengua existe en Ia colectividad bajo la forma de una suma
de marcas tlepositadas en cada cerebro, más o uenos como un
diccionario cuyos ejemplares, idénticos, se üstribuyeran entre
Nuestra defrnicióu de Ia lengua supone que descartamos de
los individuosl E", po"", algo que está en cada uno de ellos, sin
ella todo Lo que es ajeno a su organismo, a su sistema, en.una
palabra todo lo que se designa con el término de "lingüística
dejar de se. .o-úo a t;do; y áe situarse fuera de la voiuntad

'16
desprender su esfera de exisüencia de la esfera natural, la dd la
externa". Esta úItima §e ocupa, sin embargo, de cosas impor- lengua hablada.
tantes; en ellas se piensa soble todo cuando se aborda el estu- Finalmente, todo Io que se reñere a la extensión geográfica
dio del lenguaje. de ias lenguas y al fraccionamiento dialectal corresponde a la
Para comeniar, se trata de todos aquellos puntos en los que lingüística externa. Sin duda, es en gste punto donde Ia distin-
la ling',üística limita con Ia etnologÍa, de todas las r-elaciones ción entre eila y la lingüÍstica interna parece más paradójica,
'que pieden existir entre Ia historia de una lengua y la de una hasta tal punto el fenómeno geográfico está estrechamente
ür, o ¿" una civilización. Estas 'dos historias se mezclan y
asociado a la existeacia de toda lengua; y sin embargo, en rea-
mantienen relaciones recÍprocas, Io que recuerda un poco las
lidad, no toca ai organismo interno del idioma.
correspondencias que deicubriéramos entre Ios fenómenos Se ha pretendido que es absolutamente imposible selarar
lingtiíiticos propiamente dichos. Las costumbres de una na- todas estas cuestiones del estudio de la lengua propiamente
ciói tienen su contrapartida en su'Iengua y, por otro lado, es dicha. Es un punto de vista que ha prevalecido sob¡e todo des-
en gran medida la leJ'gua la que hace la oación' de que se ha insistido tarto en esos "Bea1ia". Así como la planta
preciso mencionar las relaclones que
-entre lugar, es y
En segundo se ve modificada en su organismo interno por factores ajenos:
existen la-lenguá la historia polÍtica' Grandes he- tereno, clima, etc., del mismo modo el organisrno gramatical
chos históricos co*Jlr'"áoqoista.romana han tenido un aI- ¿no depende acaso constantemente de los factores externos del.
cance.incalculable para una multitud de hechos lingüísticos' cambio iirrgüístico? No parece posibie explicar los términos téc-
La colonizacióo, qo".ro es más que una forma de Ia conquis- nicos, 1as incorporaciones que abundan en la lengua, si no se
ta, transporta un-idioma a medios diferentes, lo que entra- toma en consideración su procedencia- ¿Se puede distinguir el
ña cambios e¡ ese idioma. En apoyo tle esto se podría citar desa¡rollo natural, orgánico de un idioma, de sus formas arti-
toda especie de hechos: Noruegá,,por ejemplo, ha adoptailo frciales, como la lengua liüeraria, que se deben a factores ex-
ei danés al uni¡se políticamente con Dioamarca; hoy en día, ternos y por consiguiente inorgánicos? ¿No asistimos constaD-
por cierto, Ios noruiegos tratan de liberarse de esa influencia temente al desarrollo de una lengua común al lado de los dia-
iioguí"ti"r. La política interna cle los Estados no es menos lectos locales?
imio¡tante. pari la vida de las lenguas; algunos gobiernos, Pensamos que es muy fructÍfero el estudio de los fenómenos
coáo e1 de Suiza, admiten la coexistencia de varios idiomas; lingüísticos externos, pero es falso deci¡ que sin ellos no se
otros, como el de F¡ancia, aspiran a la unidad lingüística' podía conocer el organismo ling'üístico interno. Tomemos como
Un grailo avanzado de civiliz;ción favorece el desar¡ollo de ejemplo la incorporación de palabras extranjeras: podemos com:
cierias leng"uas especiales (lengua jurídica, terminología probar en seguida que de ning:1n modo se t¡ata de un elemento
'
científrca, etcétera). constante en ia vida de una lengua- En cie¡tos valles retirados
Esto nos lleva a un tercer Duoto: Ias relaciones de Ia lengua hay dialectos que, por así decirlo, nunca han admitido'un solo
con instituciones de todo tipo, Ia Iglesia, la escuela, etc' Estas, a
término artificial prov€niente del exterior. ¿Se dirá entonces
que esos idiomas están fue¡a de las condiciooes regulares del
su vez, están íntimamente ligadas al desarrollo literario de una
lenguá, fenómeno tanto mái general cuanto que él mismo es lenguaje, que soD iacapaces de darnos una idea de éste, que
son ellos los que requieren un estudio "teratológico" por no
insépaiable de ia historia política. La lengua literaria excede en haber suf¡ido mezcla alguna? Pero sobre todo la palabra incor-
todai partes los lÍmites qué parece trazarle la literatura; piénsese porada ya no cuenta como tal desde que se la estudia en el
en la üfluencia de los sátones, de la corte, de las academias' Por
interio¡ del sistema; só1o existe por su relación y su oposición
otra parte, plantea la gran cuestión del conflicto que Ia opone a con ias palabras que le está¡ asociadas, en el mismo carácter
ios ilialectoi locales; lirrgtiist, debe examinar también las re- que cualquier sigDo autócto[o. De una manera general, nunca
laciones recÍprocas "i
de Ia lJngua del libro y de la lengua corrien' es indispensable conocer las circuastancias en medio de ias
te, pues todá lengua literarla, iiroducto de Ia cuitura, llega a

79
?8
cuales se ha desa¡rollaclo una leng'ua. Para ciertos iüomas, cial depositado en el cerebro de cada uno, es d.ecir, la lengua.
como el zenda o el paleoeslavo, ni siquiera se sabe exactamen- Pero este producto difiere según los grupos iingtiísticos: Io que
te qué pueblos ios han hablado; pero esta ignorancia de ni-ngu- nos es dado son las leng-uas. EI lingüista está obligado a cono-
na r¡anera Itos impide estudiarlos internameDte y advertir las cer eI mayor número posible de ellas, para ertraer de su obser-
traosfor¡raciones que hart' sufrido. En todo caso, se impone la vación y de su comparación Io que haya de universal en las
separación de los dos puntos ile vista, y cuanto más rigurosa- Ienguas.
mente se la observe, Dnejor sgrá- Pero geaeralmente sólo 1as conocemos por la escritura. In-
La mejor prueba es que cada uno de ellos crea un método cluso para nuestra lengua materna, él clocumento interviene
distinto. La lingúÍstica exter¡.a puede acumular detalle tras en cada momento. Cuando se trata cle un idioma hablado a
detalle sür sentirse aprisionada en las mallas de un sistema. alguna distancia, es aun más necesario recurrir aI testimonio
Por ejemplo, cada autor agrupará segú¡ 1o entieniia los hechos escrito: con mayor razón para las que ya no existen. Para dis-
relativos a Ia expansióu de uaa lengua fuera de su territorio; poner eD todos los casos de documentos clirectos, sería preciso
si se busca¡ los factores que han creado una lengua literaria que siempre se hubie¡a hecho Io que ahora se haie.en Viena y
f¡ente a los dialectos, siempre se podrá recurrir a 1a simple eD París: una coiección de muestras fonográñcas de todas las
enumeración: si se ordenan los hechos de uoa manera más o lenguas. Y aún habría que recurrir a la escritura para hacer
menos sistemática, será únicamente por razones de claridad. conocer a los demás los textos así consigoados.
En cuanto a 1a lingüística interna, es muy distülto: ella no De modo que aunque la escritura sea en sl misma extraña aI
admite una disposición cualquiera; la lengua es u¡. sistelna que sisteoa interno, es inposible hacer abstracción de un procedi-
tro coaoce más que su propio orden. U¿a comparacióu con el miento a t¡avés del cual se representa continuameate la lengua;
juego de ajedrez lo hará comprentler mejor. Eo este caso, es es necesario coDocer su utiüdad, sus defectos y sus peligros.
relativamente fácil dishinguir lo externo de lo i¡ter¡o: el hecho
de que haya pasado de Persia a Europa es de oriien externo; en
cambio es interno todo lo que se reflere al sistema y las reglas. 2. Prestigio d,e la escritura; causd,s de su oscendiente
Si reemplazo piezas de madera por piezas de marfll, el c"mbio sobre la forma hablada
es indiferente para el sistema; pero si dismi¡uyo o aumento eI
número de piezas, este cambio afecta profundamente la "gra- Lengua y escritura son dos sistemas de signos distiatos; Ia única
mática " del juego. Es evidente que para hacer üstincioues de razón de ser del segundo es Ia de representar al primero; el
esta clase es necesa¡ia cierta atención. Asf, en cada caso, se objeto lingiiístico no está defiaido por 1a combi¡ación de la pa-
planteará la cuestióa de la naturaleza del fenóme¡o, y para labra escrita y de la palabra hablada; esta última coostituye
resolverla se o'L¡servará esta regla: ec ilrteruo todo lo que cam- por sí sola ese objeto. Pero la palabra escrita se mezcla tan
bia el sistema en ua g:ado cualquiera. Íntimamente a la palabra hablada de la que es imagen, que
termina por usurpar el papel principal; se llega a dar tanta y
más importancia a 1a representación del signo vocal que al sig-
no mismo. Es como si se creyera que, para conocer a alguien,
CAPÍTULO \rI. REPRESENTACIÓN DE LA LENGUA es preferible mirar su fotografía y no su rostro.
POR LA ESCRITURA Esta ilusión ha existido siempre, y tiñe Ias opil.iones corrien-
tes sobre la leagua- Así, se cree comúnmente que un' idioma se
altera con mayor rapidez cuando no existe la escritura: nada
1. Necesidad de estudiar este ten-La más falso. La escritura, en ciertas condiciones, puede hacer más
Ientos los cambios de la lengua, pero inversamente, su conser-
El objeto concreto de nuestro estuilio es, pues, el producto so- vación no se ve de ningú::' modo comprometida por la ausencia

80 81
PRIMERA PARTE
PRINCIPIOS GENERALES

CAPÍTULO I. NATURALEZA DEL SIGNo LINGÜÍSTICO

1. Signo, sígnificad,o, significante

Para algunas personas, 1a lengua, reducida a su priacipio esen-


ciaI, es una nomenclatura, o sea una lista de términos que co-
rrespond.en a otras ta¡rtas cosas. Por ejemplo:

@ : AREOR

--,--r,-^
Íffi etc. etc.

91
Esta concepción es criticable en muchos sentidos. Supone Estos dos elementos están unidos nítidamente y se requie-
ideas ya formadas que preexisten a las palabras; no Dos diie si ren recíprocamente. Ya sea que busquemos el sentido de la
el nombre es de naturaleza vocal o psíquica, pues arbor puede palabra l:tina arbor o la palabra que en latÍn designa el con-
considera¡se a partir de uno o de btro áspectó; por últimó, per- cepto "árbol", es evidente que sólo lós enlaces consalrados por
mite suponer que el vínculo que rine un nombre a una cosa es la lengua nos parecen conformes a la realidad y deicartamos
una operación simplísima, lo que'está muy lejos de ser cierto. cualquier otro que se pudiera imaginar.
Sin embargo, este enfoque simptista puede ace¡carnos a la ver-
dad al postrarnos que la unidad lingüfstica es una cosa doble,
formada por el acercamiento cle dos términos.
Ya hemos visto, a propósito del circuito del habla, que los
términos implicados en el signo lingüístico soa ambos psíqui-
cos y están unidos en nuestro cerebro por un enlace asociativo.
Insistamos en este punto.
El signo lingüÍstico no une una cosa y un nombre, sino un
concepto y una imagen acústica. Esta última no es el sonido
iI
material, cosa puramente física, sino Ia huella psiquica de ese Esta defrnición plantea una importante cuestióa de termi-
soaido, la representación que de éI nos da el testimonio de D.ues- nología. Llamamos signo a 1a combinacióa del concepto y de 1a
tros sentidos; es sensorial, y si podemos ilamarla 'material', im-agen acústica: pero en el uso corriente este térdino gene-
es sola¡nente en este sentido y pór oposición al ot¡o tér:nino de ralmente designa sólo la imagen acústica, por ejemplJ una
la asociación, eI concepto, genelalménte más abstracto. palabra (arbor, eic.). Se olvida que si llamamos signo á arbor
El carácter psíquico de nuestras imágenes acústicas apare- es sólo porque aba¡ca el concepto "árbol", de tal modo que ia
ce con cla¡idad cuando observamos nuéstro propio ienguaje. idea de la parte sensorial implica Ia de la totalidad.
Si:r mover los labios ni la lengua, podemos hablarnos a noso- La ambigüedad desaparecería si designamos estas tres no-
tros mismos o recitarnos mentalmente una obra en verso. Por ciones con nombres que se impliquen reciprocamente al mismo
ser las palabras de la lengua, p¿rra nosotros, imágenes acústi- tiempo que se opongaD.. Proponemos conslrvar la palabra sig-
cas, debemos evitar hablar de los "fonemas" de que se compo- no para designar el conjunto, y sustituir concepto e imagá
nen. Este término, que implica una idea de acción voca1, sólo acústica por significado y significante, respectivamente;
puede convenir a la palabra hablada, a la realización de la estos últrmos términos tienen la ventaja de márcar ia oposi-
imagen interior en el discurso. A.l habla¡ de los sonidos y de cióa que los separa tanto eDtre sí como de la totalidad de que
las sílabas de una palabra, se evita ese malentendido, siem- forman parte. En cua:eto a signo, si nos contentamos con éies
pre que teÁgamos presente que se trata de la imagen acústica. porque no sabríamos cómo reemplazarlo, ya que la lengua usual
El signo lingriÍstico es pues una entidad psíquica de dos ca- no nos 'sugiere ningrin otro término.
ras, que puede ser representada por la figura: El-signo f,ingüístico así defrnido posee dos caracteres pri-
mordiales. Al enunciarlos dejamos planteados ios principios
mismos de todo e;tudio de este orden.

2. Primer príncipío: la arbítrariedad del signo

El vÍnculo que une el sigoificante al signifrcado es arbitrario, o


también, ya que por signo entendemoJel total resultante de ia

92 93
,'

asociación de un signifrcante con un signiñcado, podemos de- tro primer principio. La característica del simbolo es que nun-
cir simplemente: el signo lingiiístico es arbitrario. ca es completamente arbitrario; no está vacío, hay un rudi-
Así, la idea de "soeur" (hermana) no está ligada por ninguna mento de vínculo natural entre el significante y el signifrcago.
relación interna con Ia sucesión de sonidos s-ii-r que le sirve I El simbolo de la justicia, la balanza, no podría ser sustituido
eu francés de sigrrificante; podría estar representada igualmen- por cualquier otro, un carro, por ejemplo.
te por cualquier otra sucesión de sonidos: lo prueban las dife- La palabra arbitrariedad requiere, asimismo, una obser-
rencias entre las lenguas y la existencia misma de lenguas di- vación. No debe dar la idea de que ei signiñcante depende de
ferentes: el signifrcado "boeu" (buey) tiene por signifrcante b- Ia Iibre elección del sujeto hablante (más adelante yeremos que
ó-f de un lado de la frontera, y o-k-s (Ochs) del otro. no está al alcance del individuo el cambiar nada a un signo
Nadie pone en cuestióa el principio de la arbitrariedad del una vez establecido en un grupo iingülstico); queremos decir
signo; pero a menudo es más fácil drrhbrir una verdad que que es inmotivado, o sea arbitrario respecto del significado,
asignarie el puesto que Ie correspoude. EI principio enunciado con el que no tiene ninguna vinculación natural en la realidad.
más arriba domina toda la lingüística de la lengua; sus conse- Señalemos, para terminar, dos objeciones que se podrÍan
cuencias soo innumerables. Es cierto que no todas aparecen de hacer a la postulación de este primer principio:
inmediato con igual evidencia;hacen falta muchos rodeos para 1'Basándose en las onomatopeyás se podrÍa decir que la
descubrirlas, y con ellas la importancia primo¡dial de ese prin- eiección del signifrcante no siempre es arbitraria. Pero éstas
cipio. nunca son elementos orgánicos de un sistema lingüístico. Por
Uaa observación marginal: cuando la semloiogía esté orga- lo demás, su número es mucho menor de io que se cree. Pal.a-
nizada, deberá preguntarse si los modos de expresión que se b¡as francesas como for¡et (látigo) o glas (tañido frlnebre) pue-
basan en signos ente¡amente naturales la pantomima- den resonar en ciertos oídos con una sugestiva sonoridad; pero
le corresponden legitimamente. Suponiendo -comoque los acoja, su para advertir que no tienen este carácter desde su origen, bas-
principal objeio no dejará de ser, de todos modos, el conjuoto ta remontarse hasta sus formas latinas (fouet derivado de
de Los sistemas fundailos en la a¡bitrariedad del signo. En efec- fágus, "haya"; glas = classicum); la cualidad de sus sonidos
to, todo medio de expresión recibido en una sociedad se basa actuales, o más bien la que se les atribuye, es un ¡esultado
en principios, en un hábito colectivo o,1o que equivale a lo mis- fortuito de la evolución fonética.
mo, en la convención. Los signos de cortesfa, por ejemplo, do- En cuanto a las onomatopeyas auténticas (las del tipo glu-
tados f¡ecuentemente de cierta expresividad natu¡al (basta glu, tie-tac, etc.), no sólo soÁ poco nr-erosas, además sr¡ ele"-
pensar en el chino que saluda a su emperador prosternándose ción es ya en alguna medida arbitraria, pues no son más que la
rueve veces hasta el suelo), no dejan de estar fijados por una imitación aproximáda y semiconvencional de ciertos ¡uidos
regla; es esa regla la que obliga a emplearlos y no su valor (compárese eI f¡ancés auaoua y el alemán wauwau [español:
intínseco. Se puede decir, así, que los signos enteramente a¡- gua-gua)). Además, una vez introducidas en la lengua se ven
bitrarios realizan mejor que los otros el ideal del procedimien- más o menos arrastradas por ia evolución fonética, morfológica,
to semiológico; por eso la lengua, el más complejo y el más di- etc., que sufren las demás palabras (cf. pigeon lpaloma], del
fundido de los sistemas de expresión, es también el más carac- Iatín vulgar pipio, derivado a su vez de una onomatopeya): prue-
terístico tie todos; en este sentido, la lingüÍstica puede conver- ba evidente de que han perdido algo de su primitivo carácter
para incorporar el del signo iingüÍstico en general, que es in-
ti¡se en el modelo general de toda semiología, aunque la len- motivado.
gua no sea más que un sistema particular.
2' Las exclamaciones, muy próximas a las onomatopeyas,
Se ha utilizado Ia palabra símbolo para designar e.l signo dan lugar a observaciones análogas y no son más peligrosas
lingüístico, o más exactamente lo que llamamos el significante. para nuestra tesis. Nos inclinamos a ver én ellas expresiones
Hay inconvenientes en admitirlo, justamente a causa de nues- espontáneas de la realidad, dictadas asÍ decirlo- por la
{, -por
94
I

¡atttraleza. Pero en cuanto a la Erayorfa de ellas, se pued.e ne-


Car gle exista u¡ enlace pe-cesarió eat¡e el silaificado y el CAPITULO II. INMUTABILIDAD Y MUTABILIDAD DEL SIGNO
significante. En este sentido basta compaiar aá"'t""g-r." prr^
advertir hasta_qué punto ü,iii á?io" , ot
".r"corresponde
tpor eJemplo eI f¡ancés aie! "*p.ñoo-"-. eI alemán au! [espa-"
I. Inmutabilidad
ñol: ay!l). se sabe, por 1o dem7s,-il;;;i;;ái-r.ioou"
come¡zaron siendo oalahr¿" coo o-o s'entido determinado (cf. S! en relación con la idea que representa, eI sign-ificante apa-
diable! mordieu! = mort Dieu, réce como libremente elegido, eu cambio en relación coo la co-
. En síntesis,las on.omatopeyas y"t"Et.ir.j--
im.p.ortancia secundaria, y .ú
las exclamaciones tienen una muqidad lingriÍstica que 1o emplea, no es libre, si:ro impuesto.
No se consulta a la mása social, y el siguiñcante elegido por la
cutible. "íe"" "i*-táñ"" "i""" prrt" al"_ lengua no podría ser sustituido por otro. Este hecho, que pare-
ce eavolver una coot¡adiccióq, podría llamarse familiarmente
"la carta forzada". Se dice a la lengua: "¡eligel", pero se agrega:
3. Segundo principío; carácter lineal det significad.o "Será ese signo y Do otio". No sólo un individuo serÍa incapaz,
si 1o quisiera, de modificar en algo la elección ya hecha, sino
Po¡ se¡ de naturaleza auütiva, el signiñcante que la misma masa no puede ejercer su soberanía sobre una
se desenyuelve sola palabra y está ligada a la lengua tal cual es.
solamente en el riempo y riene t;.
po: a,, representa u¡ra extensión";;;;". du'áil ¿ut tiu-_ No se podría, pues, asimilar Ia lengua a urr coDtrato puro y
y b) esa eiteusión se mide
err_una sola dimeusión: es una llnea. simple; el estudio dei signo lingriístico es particularmente i¡-
teresa¡¡te desde este ráagulo, pues si se quiere demostrar que
, Este priacipio es evidente, pero al parecer nunca se ha pensa-
do en enunc.ia¡io,-sin duda porque se Io ha Ia ley admitida en una colestir¡idad es una cosa que se sufre y
encontrado demasia- no una regla libremente conseotida, la Iengua ofrece la prueba
90 slmqle; sm embargo, es fundameatal y sus consecuencias son
su importancia es equivaiente a la de la primera más definitiva de ese hecho.
lt^:i::r^rY:";
rey. rooo et mecarismo de la lengua deriva Veamos, pues, cómo e1 sigoo üngüÍstico escapa a nuestra
de éi. por opoiición a
Ios significantes visuales (""¡^lZs voluntad, y extraigamos luego las consecuencias importaates
-"riti-u", "i".i, s-.i; p""¿""
ticaciones simulráneas que implica ese fenómeno.
l:":i*g-:"_Tf
ros srgruncantes acústicos sólo disponen"" de"r¡r"'',Lil'"nsiones,
En cualquier época y por muy iejos que nos remontemos, la
la líqea del tiempoj lengua aparece siempre como uDa herencia de la época prece-
sus ele'nentos se presentan en sücesión; fo"*á.:r^
lr;-s[e caracter apa¡ece inmediatq,nente
.aaeo"- dente. El acto por eI cual, en un momento dado, los nombres
a1 representarlos meüa¡_
re ia escntura y sustitüir Ia sucesión en el tiempo por habían sido distribuidos a las cosas, el acto eu virtud dei cual
espacial de los signos giráñcos.
la 1Ínea se habrÍa celebrado un contiato entre los coÉceptos y las iBá-
-éin.alguDos casos, esto no surgá con evidencia. Si genes acústicas, ese acto si bien podemos concebirlo, nunca ha
upa,srlaba, por ejemplo, parecerÍa que acumulo en acentúo sido comprobado. La idea de que las cosas habrÍa¡ podiilo su-
pufio,erementos significativos diferéntes. pero es el mismo ceder asÍ nos es sugerida por el muy vivo sentimieato que te-
una ilusión: nemos de la arbitra¡iedad del signo.
Ia srraDa y su acento no constituyen más que un acto
fonatorio; En realidad, ninguaa sociedad conoce ni ha conocido nunca
¡o hay dualidad en el interior a" u"" á.toi.irolo-iá'JpJ"i"loo""
diversas cou lo que está a su lado. la leagua de otro modo que como uD producto hereilado de las
generaciones precedentes y que hay que aceptar tal cual es.
Por eso la cuestión dei origen dei lenguaje no tiene la impor-
tancia que por lo general se Ie adjudica. No es siquiera uaa
cuestión que deba plantearse; el único objeto real de la
lingüística es la vida normal y regular de uri idioma ya coosti-

Yt,
97
tuido. Un estado de lengua dado es siempre el producto de fac- resguarda a la lengua de toda tentativa de modificarla. La
tores históricos y son estos factores los que explican por qué el masa, aunque fuera más consciente de Io que es, no podrÍa
signo es inmutable, es decir, por qué resiste a toda sustitución modifrcaria- Pues para que una cosa pueda ser cuestionáda, es
arbitraria. preciso que se base en una norma razonable. Se puede debatir,
Pero deci¡ que la lengua es una herencia no explica nada si por ejemplo, si la forma monogámica del matrimonio es más
no s€ avanza un poco. ¿No se pueden modifrcar de un mornento razonabie que la forma poligámica y presentar razones en fa-
vor de una y de otra. También se podría discutir un sistema de
a otro leyes existentes y heredadas?
sfmbolos, ya que ei símbolo tiene una relación racional con la
Esta objeción nos lleva a ubicar a la lengua en su marco so- cosa significada; pero la lengua, sistema de signos arbitrarios,
cial y a plantear lá cuestión como se planteáría para las demás carece de dicha base y no cuenta por el)o con ningún terreno
instituciones sociales. ¿Cómo se transmiten éstas? Esa es la sólido de discusión; no hay ningún motivo para preferir souer
cuestión másgeneral que envuelve 1a de la inmutabilidad. En (hermana) a sister, Ochs a boeuf (buey), etcétéra.
primer lugar hay que apreciar la libertad mayor o menor de 2- La multitud de sigl.os nec¿sarios para constituir
que gozan las demás iostituciones; se v'erá que para cada una cualquier Ieng'ua. El alcance de este hecho es considerable.
de ellas hay un equililrio diferente entre lá tradición impues- Un sistema de escritu¡a compuesto de veinte a cuarenta letras
ta y la acción libre de la sociedad. Luego averiguaremos por puede, en rigor, reemplazarse por otro. Lo mismo ocurrirÍa con
qué, en una categorÍa dada, 1os factores del primer orden ion la lengua si ésta abarcara un número limitado de elementos;
más o menos poderosos que los del ot¡o^ Por último, voiviendo pero los signos lingüísticos son in¡umerables.
a la lengua, nos preg'Lrntaremos por qué el factor histórico de 3. El carácter demasiado complejo del sistema. Una
la transmisión la domina por enteró y excluye todo cambio lengua constituye ua sisterna. Si éste, como veremos, es un
lingüÍstico general y reperriino. aspecto en virtud del cual la lengua no es completaraente arbi-
Para responder a esta cuestión, se podrían acreditar muchos traria y donde rige una razón relativa, es también el punto en
argumentós y deciS por ejemplo, que las modifrcaciones de la que aparece la incompetencia de la rnasa para ttansformarla-
lengua no están ligadas a la sucesión de las geueraciones, que, Pues este sistema es un mecaaismo complejo; sólo la reflexión
lejos de superponerse las unas a las otras como los cajonei de puede captarlo y los mismos que hacen de é1 u¡ uso cotidiano,
un mueble, se mezclan, se interpenetran y contienen, cada u¡a lo ignoran profundamente. Un cambio sería inconcebible sin 1a
de ellas, individuos de todas Iás edades. Se evocaría también intervención de especialistas, gramáticos, 1ógicos, etc.; pero 1a
la suma de esfuerzos que exige el aprendi2aje de las lenguas experiencia muestra que hasta ahora las injercocias de esta
maternas, para concluir, a partir de ese hecho, en la imposibi- índole no han tenido ningún éxito.
lidad de un cambio general. Se agregaría que la reflex1ón no 4. La resistencia de Ia inercia colectiva a toda innova-
inte¡viene en la práctica de un idioma; que los sujetos son, en ción lingüística. La lengua esta consideración predomi-
gran medida, inconscientes de }as leyes de la lenguá; y si las na sobre todas las demás- es -y en cada momento una ocupación
ignoran, ¿cómo podrian modificarlas? Aunque fueran conscien- de todo eI mundo; difundida en una masa y manejada por elia,
tes de ellas, habria que reco¡da¡ que los hechos lingüísticos es una cosa de 1a que todos los individuos se sirven durante
casi no susci.taa crÍticas, en el sentido de que cada puéblo está todo el dÍa. En este punto no se puede establecer comparación
generalmente satisfecho de la lengua que ha recibido. alguna entre ella y las otras instituciones. Las prescripciones
Estas conside¡aciones son importantes, pero no especÍficas; de un código, los ritos de una religión, ias señales marltimas,
preferimos las siguientes, más dseuciales, más directas, de las etc., nulca ocupan más que a cierto número de individuos a Ia
cuales dependen todas las demás: vez y durante uo tiempo limitado; en ia lengua, en cambio,
1. El carácter a¡bitrario del sigoo. Este nos habÍa hecho
cada uno participa en cada instante, y por eso sufre sin cesar
admitir ia posibilidad teórica del cambio; cuando profundiza- la iofluencia de todos. Este hecho capital basta para mostrar
mos, vemos que en realidad Ia propia arbitrariedad del signo
la imposibilidad de una revolución. La lengua es, entre todas

98 99
las instituciones sociales, aquella en que las iniciativas encuen- trata especialmente de los cambios fonéticos que sufre el
tran menos asidero. Está integrada a Ia vida de la masa social, signifrcante, o bien de los cambios de sentido que afectan aI
y siendo ésta natu¡almente inerte, aparece ante todo como urr concepto significado. Este enfoque serla insufrciente. Cuales-
factor de couservacióo. quiera sean los factores de alteracione§, ya sea que actúen
Sia embargo, no basta decir que la lengua es un producto de aisladamente o combinados, siempre conducen a un despla-
Ias fuerzas sociales para que se vea con claridad que no es li- zamiento de la relación entre el siguificado y el signifi-
bre; recordando que es siempre la herencia de una época pre- ca¡te.
cedeute, hay que añadir que esas fuerzas sociales actúan en He aquÍ algunos ejemplos. El 1atíu necáre signifrc a" mat ar"
función del tiempo. Que Ia lengua teuga un ca¡ácter de frjeza y ha pasado a ser en f¡ancés noyer [ahogar], con ei sentido
D.o se debe solamente a que está sujeta al peso de la colectivi- conocido. Haa cambiado tanto la imagen acústica como el con-
dad, sino también a que está situada en el tiempo. Estos dos cepto; pero es i¡útil distinguir las dos partes del fenómeno;
hechos son inseparables. En todo instante, la solidaridad co4 basta comprobar globalmente que el enlace de la idea y de1
e1 pasado predomina sobre Ia libertad de eleccióu. Decimós signo se ha disteodido y ha habido un desplazamiento en su
hombre y pero porque antes que nosotros se ha dicho hom- .relación. Si en lugar de comparar e necá¡e del latÍn clásio
bre y perro. Esto no impide que en eI fenómeno total haya un con eI francés moderno noyer lo oponemos al neca¡e dei la-
enlace eatre estos dos factores anti¡.ómicos: la convención ar- tín vulgar de los siglos Iv o v, que significa "ahogar", el caso es
bitraria en virüud de la cual la elecci6n es libre, y el tiempo, un poco diferente; pero también aquí, aunque no ha habido
gxacias aI cual se encuentta frjada la elección. Por ser el signo una alteración apreciable deI signiñca-nte, hay desplazamien-
arbitrario no conoce otra ley que la de la tradición, y por fun- to de la relación ent¡e la idea y eI signo.
darse en la tradicióo puede ser arbitrario. EI antiguo alemán dritteil, "el tercio", ha pasado a ser en
alemá¡ moderno Drittel. En este caso auaque eI concepto haya
subsistido, la relación se ha cambiado de dos maneras: el
2. Mutabi!ídad significante se ha modiñcado no sóIo en su aspecto material,
sino también en su forma gramatical; ya no inplica la idea de
En tiempo, que asegura la continuidad de Ia lengua, tiene otro Teil [parte]; es una palabra simple. De una r¡anera o de ot¡a
efecto, en apariencia contradictorio con eI primero: el de alte- hay siempre un desplazamierto de la relación.
rar más o menos rápidameate los signos lingüísticos y, ea cier- En anglosajón la forma preliteraria fót,'eI pie", siguió sien-
to sentido, se puede hablat alavez de la inmutabilidad y de Ia do fét (inglés Eoderno foot), mientras que su plurai r foti,
mutabilidad del signo. "los pies", se ha convertido en fét (ingiés moderno feet). Cua-
En última instancia, los clos hechos so!. solidarios: ei signo Iesquiera sean las alteraciones que supoD.e, hay algo cierto: ha
. .e-s!á. en-e onü-st-ot-cs de_ellgt+rse"porque mantiene su coñ.tiñui- habido desplazamiento de la relación; han surgido otras co-
dad. Lo que predominá, án ióaa-aitelación, es Iá peiéiitEi-cia rrespondencias entre la materia fónica y la idea.
de la m ate_g!-a antigua; la i¡rfrdelidad aI pasado no es más que Una lengua es radicalmente impoteate para defenderse con-
relatiya. Esa es la razón de que eI principio de alteración se tra los factores que desplazan en cada instante la relación entre
funde e¡ el principio de coatinuidad. el significado y eI sigrriñcante. Esta es una de las consecuencias
La alteracióo en el tiempo adopta diferentes formas, cada de Ia arbif,rariedad del signo.
una de las cuales suministrarÍa la materia de un importante Todas las ilemás instituciones humanas
capítulo de liagüÍstica. Sin entrar en detalles, he aquí 1o que -laser.costumbres,
las leyes, etc.- se fundan, en grados diversos, las relacio-
es importante destacar. Des naturales entre las cosas; hay en ellas una atlecuación ne-
En primer lugaq no nos equivoquemos sobre el sentido que cesaria entre los medios empieados y los frnes perseguidos. Ni
damos a la palabra alteración. Esta podría hacer creer que se aun la moda que iija nuestro modo de vestir es enteramente

100 101
arbitraria; no podemos apartarnos más aIIá de ciertos límites
de las condiciooes que dicta el cuerpo humano. A la lengua, en reproche no haber sido tan explícitos sobre este punto como so-
cambio, nada la limita en la elección de sus medios, pues no se bre. el p-lincipio de la i¡"mutabilidad: es que no hemos distingui-
ve qué podía impedir que una idea cualquiera se asociara cotr do los diferentes facto¡es de alteración; habría que co¡sideiar-
una sucesión cualquiera de sonidos. los en su va¡iedad para saber hasta qué punto són necesarios-
Para que se comprendiera bien que la lengua es una institu- Las causas de la continuidad están a priori al alcance del
ción pura Whitney ha iosistido con toda razón en el carácter observador; no sucede lo mismo con las cáusas de la alteración
arbitra¡io de los signos; de esa manera, ha situado a la a través del tiempo. Vale más renunciar provisoriamente a ex-
lingüÍstica en su verdadero eje. Pero se quedó a mitad de cami- plicarlas con precisión y limitarse a hablar en general del des-
no al no advertir que ese carácter arbitrario separa radical- plazamiento de las relaciones; eI tiempo altera todas las cosas;
mente a ia lengua de todas las demás instituciones. Se ve bien no hay razón para que la lengua escaj:e a esta iey universal. '
por la manera en que la lengua evolucioaa; nada más comple- Recapitulemos Ias etapas de nuestra demosjtración, refirién-
jo: situada alavez en la masa social, en el tiempo, nadie puede donos a los principios establecidos en la introducción.
cambiar nada en ella y, por otro lado, la arbit¡ariedad de sus
signos supone teóricamente la libertad de establecer cualquier 1'Pa¡a evitar estériles definiciones de palabras, comenza-
relación entre Ia materia fónica y las ideas. De lo que reJulta mos por distinguir, en el seno del fenómeno total que reDresen-
que cada uno de los dos elementos unidos en los signos conser- ta el lenguaje, dos factores: ia lengua y el habla. La'Iengua
van su vida propia en una proporción desconocida fuera de la es para nosotros el lenguaje menos el habla- Es el conjunto de
lenguá, y que ésta se altera, o más bien evoluciona bajo la in- los hábitos lingüísticos que permiten a un sujeto compiender y
fluencia de todos J.os agentes que pueden alcanzar taoto a los hacerse comprender.
sonidos como a los sentidos. Esta evolución es fatal: no hay 2'Pero esta definición deja aún a la lengua fuera de su rea-
ejemplo de una lengua que la resista. A1 cabo de un cierto tiem- lidad social; hace de ella una cosa irreal, ya que sólo abarca
po, siempre pueden descubrirse desplazamientos sensibles. u.ro de los aspectos de ia realidad, el aspecto individual; hace
Esto es tar¡ cierto que dicho princfuio debe verificarse inclu- falta una masa habla¡te para que haya una lengua. Contra-
so a propósito de las lenguas artiñciales. El creador de una de riamente a la apariencia, en ningún momento la lengua existe
éstas la cont¡olará hasta que entre en circulación; pero apenas fue¡a dei hecho social, porque es un fenóme¡o semiológico. Su
la lengua comience a desempeñar su misión, convirtiéndóse en naturaleza social es uno de sus caracteres internos; su defini-
cosa de todo ei mu¡¡.do, dejará de controlarla. El esperanto es ción completa.nos coloca ante dos cosas inseparables, como 1o
un ensayo de esta clase; si triunfa, ¿escapará a la ley fatal? muestra este esquema:
Pasado el primer momento, la lengua entrará muy probable-
mente en su vida semiológica, se transmiti¡á de acuerdo con
leyes que nada tienen en común con las de Ia creación ¡eflexi-
va, y ya oo se podrá retroceder. El hómbre que pretendiera
componer una lengua inmutable que la posteridad deberÍa acep-
tar tal cual, se parecerÍa a la gallina que empolla un huevo de
pato: la lengua creada por é1 sería arrastrada, quiérase o no,
por ia corriente que arrastra a todas las lenguas.
La continuidad del sig-no en e1 tiempo, ligada a la alte¡ación
en el tiempo, es ua principio de la semiologÍa general; su con-
firmación podrá encontra¡se en los sistemas de eseritura, en el
lenguaje de los sordomudos, etcétera.
Pero ¿en qué se funda la necesidad clel cambio? Quizá se nos

to2
continuidad implica necesariamente la alteración, el despla-
P¿ro en estas condiciones, la lengua es viable, no viviente; zamie¡.to más o meuos considerable de las relaciones-
sólo hemos tomado en consideracióa la realidad social y no el
hecbo histórico.
3" Como el signo lingüístico es arbitrario, pareceúa que la
Ieugua, así deñnida, es un sistema libre, organizable a volun- CAPÍTULo III. LA LINGüÍSTICA ESTÁTICA
tad, que depeade únicamente de un principio racional. Su ca- Y LA LINGÜÍSTiCA EVOLUTIVA
rácter social, conside¡ado en sí mismo, no sé opone Precisameh-
te a este puato de vista. Sin duda la psicología colectiva no oPe-
ra sobre una materia puramente lógica; habría que teaer en L. Dualidad interna d,e todas las ciencias
cuenta todo lo que desvía ala razón en las relaciones prácticas que operan con ualores
ile inüviduo a indiviiluo. Pe¡o de todos modos, no es esto 1o que
nos impide considerar a la lengua como una simple convención, Pocos lingüistas sospechaa que la inteweación del factor tiempo
modifrcable a voluntad rle los interesados; es Ia acción del üem- puede crear clificultades parüiculares a la lingüísüca, y que colo-
po que se combina con la de la fue¡za social: fuera de la dura- ca a su ciencia ante dos carninos absolutaoente divergentes.
ción, la realiilad liDgüística no es completa y ninguna conclu- La mayoría de las demás cieacias ignoran esta dualidad ¡a-
sión es posible. dical; el tiempo no produce en ellas efectos particulares. La
Si se tomara a la lengua en eI tiempo, sin la masa hablante astronomía ha comprobado que los astros sufren notables cam-
u¡ inclividuo aislado que viviera durante varios bios, pero no se haTristo obligada por eso a esci¡dirse ea dos
-supongamos
siglos-, no se comprobaría quizá ninguna aiteración; ei tiem- discipliuas. La geología razona casi constantemente sobre su-
po no actuarÍa sobie ella. Inversamente, si se considerara a la cesiones, pero cuando se ocupa de los estados flrjos de la tierra
masa hablante sin el tiempo, no se vería el efecto de 1as fuer- no convierte a éstos en un objeto de estudio radicalmente dis-
zas sociales que actrlan sobre la lengua. Para ma¡teneroos en tinto. Hay uoa ciencia descriptiva del'derecho y una historia
1a realidad basta, pues, agregar a auestro primer esquema un del derecho y nadie las ha opuesto entre sÍ. La historia política
signo que indique la marcha ilel tiempo: de los Estados se mueve por entero en el tiempo, pero si un
historiador presenta eI cuadro de una época, no teoemos la
impresión de haber salido de la historia. lnversamente, la cien-
cia de las üstituciones políticas es esencialmente descriptiva,
Tienpo pero está capacitada para tratar, en ocasiones, una cuestión
histórica si,' que su unidad se vea alte¡ada.
Y En cambio la dualidad de la que hablamos se impooe ya
imperiosamente en las ciencias económicas. Aquí, en oposi-

Y
I ción a lo que ocurrÍa eu los casos precedentes, la econo¡aÍa
política y la historia económica constituyen dos discipiinas
netamente separadas en eI seno de una misma ciencia; las
obras recientemente aparecidas sobre estas materias acen-
túan dicha distinción, P¡ocerliendo de esta Íranera se obede-
ce, sin advertirlo muy bien, a una oecesidad interna; y es una
necesidad muy simiJ.ar Ia que cos obliga a escindir la
Ahora la lengua no es libre, porque el tiempo permitirá que lingüística en dos partes, cada una con su propio principio.
las fuerzas que actúan sobre ella desarrollen sus efectos, y se Es que aquÍ como en economÍa polÍtica, estamos ante Ia no-
liega al principio de continuidad, que anula la libertad. Pero la

105
104
ción de valor; en ambas ciencias se trata de un sistema de
equivalencia entre cosas de órdenes diferentes, en una en sus ¡elaciones náturales (como es el caso de la ciencra eco-
un trabajo y un salario, en ot¡a un significado y un nórnica ejemplo, un terreno vale en proporción a lo que
produce),-por
hasta cierto punto se puede seguir ese valor en el
sigoifrcante.
Por cierto, todas las ciencias encontrarían de interés una de- tiempo, sin olvidar que en cada momento depende de u¡ siste-
limitación más escrupulosa de los ejes en los que se sitúan las ma cle valores contemporáneos. Su vínculo eon las cosas le da a
cosas de que se ocupan; en todas habría que distinguir según
pesar de todo una base natural, y por eso las apreciaciones que
la ñgura siguieate: 1', el eje de las simultaueidades (AB), inspire nunca son completamente arbitrarias: su variabilidad
que concierne a las relaciones entre cosa's coexistentes, donde es Iimitada. Pero acabamos de ver que en lingüística los datos
está ¿xcluida toda intervención del tiempo, y 2", eI eje de las naturales no tienen puesto alguno.
sucesiooes (CD), sobre el que nunca se puede considerar más Agreguemos que cuanto más complejo y rigurosamente or-
que una cosa por yez, pero donde están situadas todas 1as co- ganizado es un sistema de valores, más necesario se hace, a
sas del primer eje con sus cambios.
causa de su misma complejidad, estudiarlo sucesivamente se-
gún los dos ejes. Ahora bien, ningún sistema posee este carác-
ter en igual medida que la lengua: en ninguna parte se asiste a
una precisión similar de los valores enjuego, a un número tan
grande y tal diversidad de términos en una dependencia recí-
proca tan estrecha. La multiplicidad de signos, ya invocada para
expiicar la continuidad de la lengua, nos prohíbe en absoluto
estudiar simultáneamente las ¡elaciones en el tiempo y 1as re-
laciones en el sistema.
He ahí por qué distingr:imos dos iingúísticas. ¿Cómo ias de-
signaremos? Los términos que se ofrecen no son igualmente
adecuados para señalar esta distinción. AsÍ, no podemos utili-
za¡ historia y 'IingüÍstica histórica", pues suscitan ideas de-
masiado vagas; como la historia polftica comprende tanto la
descripción de las épocas como la narración de los aconteci-
mientos, se podría imaginar qúe al describir estados de lengua
sucesivos se estudia Ia lengua según el eje dei tiempo; por eso,
habría que enfocar separadamente los fenómenos que hacen
pasar a la lengua de un estado a otro. Los términos evolueión
Para las ciencias que trabajaa con valores, esta distinción es
y lingiiística evolutiva son más precisos, y los empieáremos
uoa necesidad práctica, y en ciertos casos r¡ra nebesidad abso-
luta- En este dominio se puede desaf¡ar a los sabios a que orga- a menudo; por oposición, se puede hablar de Ia cienria de los
aicen sus investigaciones de manera rigurosa sü tener en cuen- estados de lengua o lingüística estática.
Pero para marcar mejor esta oposición y este cruzamiento
ta 1os dos ejes, sin distiaguir entre el sistema de valores consi- de dos ó¡denes de fenómenos relativos al mismo objeto, prefe-
derados en sÍ y esos mismos valores coosiderados en fu¡ción dei
tiempo. rimos hablar rie lingüÍstica sincrónica y de lingüística
Esta distinción se impone al lingüista aun más imperiosa- diacrónica. Es sincrónico todo 1o que se ¡efrere al aspecto es-
y
tático de nuestra cieacia, diacrónico todo 1o que tiene que ver
mente, pues la lengua es un sistema de puros valores que nada
con las evoluciones. De manera similar, siacronia y diacronía
determina fuera del estado momentáneo de sus términos. Mien-
t¡as un valor tiene, por uno de sus lados, su raÍz en las cosas y designarán respectivamente un estado de lengua y una fase de
evolución.

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107
5. Las dos lingüísticas opuestas en sus ¡nétodos la sucesión de hechos diacrónicos y su roultiplicación espacial
y en sus principios c¡ea la diversidad de idiomas. Parajustificar una compa;ación
entre dos formas, basta que ellas tengan entre sÍ un vínculo
La oposición entre 1o diacróuico y lo sincrónico resalta en to- histórico, por indirecto que sea.
dos los puntos. Estas oposieiones no son las más notables, ni las ¡nás profuD-
Por ejemplo para comenzar por el hecho más evidente-, dasl la antinomia radical entre el hecho evoiutivo y el hecho
no tienen igual -yimportancia. En este punto, es obvio que e1 estático tiene como consecuencia que todas ias nociones relati-
aspecto sincrónico es predominante, ya que para la masa vas al uno o al otro sean en l¿ misma meüda irreductibles entre
hablante es la verdadera y única realidad. Es 1o mismo para el si. Cualquiera de esas nocioues puede servir para demostrar esta
lingüista: si se coloca en la perspectiva cliacrónica, ya no es la ve¡dad. AsÍ es como el 'fenómeno" sincrónico no tiene nada ea
lengua lo que percibe, si¡o una serie de acontecimientos que la comú¡. con el diacrónico; uno es uDa relación entre elementos
modifrcan. Se af:.rma a menudo que no hay nada más impor- simultáneos, el otro la sustitución de un elemento por otro en el
tante que col.ocer la génesis de un estado dado; esto es verdad tiempo, un acontecimiento. Ve¡emos t¡mbién que las identida-
en cierto sentido: las condiciones que han formado ese estado des diacrónicas y sincrónicas son dos cosas muy diferentes: his-
nos ilustran sobre su verdadera Éaturaleza y nos libran de caer tórica:neute, en francés la negación pas es idéntica al sustantivo
en ciertas ilusiones; pero justamente esto prueba que la pas [paso], mientras que, considerados en la lengua de ho¡ es-
diac¡oaÍa no tiene su frn en sí misma. De ella se puede decir lo tos dos eleme¿tos son perfectamente distintos. Estas coroproba-
que se ha dicho del periodismo: que lleva a todas partes a con- ciones bastarían para hacernos comprender la necesidad de no
dición de abandonarlo. confundi¡ los dos puntos de vista. (...)
Los métodos de cada orden también diñeren, y de dos ma-
D.eras:
o) La si¡cronía Do conoce más que una perspectiva, Ia de los
9. Conclusíones
sujetos habla:rtes, y todo su método consiste eu recoger su tes-
timonio; para saber en qué medida una cosa es una realidad,
será preciso y bastará a'reriguar en qué medida eiste pára la De esta rnanera, Ia lingüÍstica se encuentra aquÍ ante su se-
conciencia de 1os sujetos. La iingüística diacrónica, e¡l cambio, gunda bifurcación. Primero debimos elegir entre la lengua y e1
debe distüguir dos perspectivas: una, prospectiva, que siga habla; ahora nos hallamos en la encrucijada de rutas que con-
el curso del tiempo y otra retrospectiva, que lo rerronte: de ducen una a Ia diacronía, otra a ia sitcronía.
ahí un desdoblamiento del método. (...) Contando con este doble principio de clasificación, podemos
ó) Uua segunda dife¡encia deriva de los límites de1 campo agregar que todo lo qu.e e-s diacrónico era la leng.r¡a uo lo ..
que abarca cada r.r:ra de las dos disciplinas. El estudio sincróni- es sino por el habla. Es en el habla donde se encuent¡a el'
co no tiene por objeto todo 1o que sea simultá¡eó, sino sólo el germen de todos los cambios: cada uno de ellos se inicia prime-
conjunto de hechos correspondientes a cada lengua; en la me- ro en cierto número de individuos antes de incorporarse al uso.
dida en que fuere necesario, la separación llegará hasta los EI alemán moderno dice: ich war, wir waren, mientras que
dialectos y subdialectos. En eI fondo no es bastante preciso el el antiguo alemán, hasta el sigio xvr, conjugaba: ich was, wir
término sincrónico; habría que réemplazarlo por idiosin- waren (el inglés dice todavÍa: f was, we were). ¿Cómo se ha
crónico, un poco largo, es cierto. En cambio la iiugüÍstica efectuado esta sustitución' de was por war? Algrr:ras personas,
iliacróoica no sóIo no necesita, sino que rechaza una especiali- influidas por waren, han creado wa, por analogfa; se trataba
zación semejante; los términos que considera no pertenecen de un hecho de habla; esta forma, repetida a menudo y acepta-
forzosamente a una misma lengua (compárese el indoeuropeo da por ia comunidad, se ha convertido en un hecho de lengua.
+esti, eI griego ésti, el alem¿ín ilst, el francés est). Justamente Pero no todas las i¡novaciones del habla tieaen el mismo éxi-

108 109
to, y mientras sigan siendo individuaies, no es preciso tenerlas del mismo orden. Lo mismo ocurre en el estudio histórico:
en cuenüa, pues lo que estudiamos es la lengua; sóio entran en recórrase un período determinado del francés (por ejemplo,
Duestro caropo de observación en el momento en que la colecti- entre los siglos xu y )o(), o un período del javanés, o de cual-
vidad ias acoge. quier otra lengrra; en todas partes se opera sobre hechos simi-
Un hecho de evolución siempre está precedido por un hecho, lares que bastaría comparar para establecer las verdades ge-
o más bien por una multitud de hechos similares en Ia esfera nerales del orden diacrónico. Lo ideal sería que cada estudioso
de1 habia; esto no invalida la distinción ya establecida, más se consagrara a una u otra de esas investigaciones y abarcara
bien Ia conf¡rma, ya que en la historia de toda innovación hay Ia mayor cantidad posible de hechos én ese orden; pero es muy
siempre dos momentos distintos: 1" aquél en que surge en los difícii poseer cientíñeamente lenguas tan diferentes. Por ot¡a
individuos;2" aquél en que se convierte en hecho de lengua, parte, cada lengua forma prácticamente una unidad de estu-
exteriormente idéntico, pero adoptado por 1a coiectividad. dio, y por la fuerza de las cosas nos vemos llevados a conside-
El cuadro siguiente indica la forma racionai que debe adop- rarla alternátivamente desde el punto de vista qstático o his-
ta¡ el estudio lingüístico: tórico. Pero a pesar de todo, nunca hay que olvidar que en teo-
rÍa esta unidad es superficial, mientras que la disparidad de
idiomas oculta una unidad profunda. Aunque en el estudio de
fsincronÍa una lengua la observación sá desplace de uno a otro aspecto, es
I L"¡so. I
Degegario a toda costa situar cada hecho en su esfera y no con-
I i DiacronÍa fundir los métodos.
Lenguaje Las dos partes de la lingüística, así delimitadas, constitui-
{ ' rán sucesivamente eI objeto de nuest¡o estudio.
I
\ Habla La lingiiística sincrónica se ocupará de las ¡elaciones ió-
gicas y psicológicas que vinculan términos coexistentes y que
forman sistema, tal como ios percibe la misma conciencia co-
Es preciso reconocer que la forma teórica e ideal de una cien- lectiva.
cia no es siempre la que la impgnen las exigencias de ia prácti- La lingiiística diacrónica estudiará en cambio Ias relacio-
ca. Esas exigencias son, en lingi.ilstica, más imperiosas que en nes que ligan términos sucesivos no percibidos por una misma
cualquier otra parte y excusaD, en alguna medida, la confusión conciencia colectiva, y que se sustituyen unos a otros sin for-
que reina actualmente en esos estudios- Aunque se admitieran mar sistemas enire sÍ.
definitivamente ias distincioues aquÍ establecidas, quizá no se
podría impouer, en nombre de ese ideal, una orientación precisa
a las investigaciones-
Por ejemplo, en el estudio sincrónico del francés aotiguo e1
lingüista opera con hechos y principios que nada tienen en co-
mún con los que le permiti¡la descubrir la historia de esta mis-
ma lengua, desde el sigloxtrr hasta el >o<; en cambio son compa-
rables a los que revelarÍa Ia descripción de una lengua bantú
de la actualidad, del griego ático en el año 400 antes de Cristo
o del f¡ancés de hoy. Es que esas diversas exposiciones se ba-
san en relaciones similares; si cada idioma forma un sistema
cerrado, todos suponen ciertos principios const¡ntes, que re-
aparecen al pasar de uno a otro, porque permanecemos dentro

110 111
esto implica que el problema puede piantearse sucesivame¡rte
bajo diversas formas.Ya sea que se tiate de determinar la uni- preestablecidas, y nada es distioto aotes de Ia aparición ile la
dad, la realidad, la entidad concreta o el valot el resultado lengua.
s-erá-siemp,re que se planteará la misma cuestión central que Frente a este reino flotante, ¿ofreceían los sonidos por sí
domina toda la língüística estática. mismos entidades circunscriptas de antemano? Tampoco. La
D-esde el punto de vista práctico, sería interesante comenzar sustancia fónica no es más ñja ai más rígida; no es urr molde a
p_or las unidades, determinarlas y'dar cuenta de su diversidad cuyas formas e1 pensamieoto ilebe adaptarse necesariarDente,
clasificándolas. HabrÍa que investigar sobre qué se funda la sino uoa materia plástica que se divide a su yez en partes dis-
división.en paiabras la palabia, a pesar de la dificultad tintas para sumi¡.istrar los sigoificantes que el pensarDiento
-pües que se impone aI espíritu, algo cen-
de detlnrrla, es una unidad necesita. Podemos representar ei hecho lingüístico en su con-
tral en el mecanismo de la léngua-,-pero éstels un tema que junto, es decir 1a lengua, como una serie de subdivisiones con-
por sí solo llenaría un volumen. Luego habría que clasifrcar ias tiguas proyectadas a Ia yez sobre el plano indefinido de las
subu:ridades, después 1as unidades áás ampüÁs, etc. Determi- ,ideas coofusas (A) y sobre el plano no menos indeterminado de
nando así los elementos que maneja, nueslra ciencia cumpli- los sonidos (B); es lo que se podría representar aproxirnada-
rla toda su misión, pues ÉabrÍa reáucido todos los fenómenos mente en e1 siguiente esquema:
de su orden a su primer principio. No se puede decir que se
ha,ya acometido alg-una vez este problema central, ni quá haya
sido comprendido su alcance y su dificultad; en materiá de len-
gua siempre se ha operado sobre u-nidades mal definidas.
No obstante, a pesar de la importaacia capital de las u¡ida-
des, es preferible aborda¡ eI piob).ema por el lado del valor,
porque, err nuestra opinión, ése es su aspecto principal.

CAPÍTULO IV. ELVAIOR LINGÚÍSTICO

7. l,a lengua como pensamiento organizad.o


en la materia fónica EJ. papel ca¡acterístico de la lengua frente al pensamiento :lo
es el de crear un meüo fónico material para la expresióo de las
Para darse cuenta de que la lengua no puede ser sino un siste- ideas, sino el de servir de intermedia¡ia entre el pensamiento y
ma de valores puros, basta considerar 1os dos elementos que eI sonido, en conüciones tales que su unión conduce necesaria-
entran en juego en su funcionamiento: las ideas y los sonidos. mente a delimitaciones recÍprocas de unidades. El pensamiea-
Psicológicamente, haciendo abstracción de su expresión me- to, caótico por naturaleza, se ve forzado a precisarse al descom-
diante 1as palabras, nuestro peosamiento no es sino una masa ponerse. No hay, pues, ni materialización de los pensa:nientos,
amo¡fa e indistinta. Filósofos y lingüistas han coincidido siem- ni espirituaüzación de los soaidos, si-no que se trata de un hecho
pre en reconocer que, sin la ayuda de los signos, seríamos inca- eo cierto modo misterioso: el. "pensamieato-sooido" implica ü-
paces de distinguir dos ideas de una manera clara y constaote. visiones y 1a ieng:ua elabora sus unidades constituyéndose entre
Considerado en sÍ mismo, el pensamiento es como una nebulo- dos masas amorfas. Representémonos el aire en contacto con
sa ea la que nada está necesariamente deiimitado. No hay ideas urra capa de agua: si la presión atmosférica pambia, la superfi-
cie del agua se descompone en u¡a serie de üvisiones, es decir

120
la perspectiva del significado o concepto (§2), en la del
de olas; son estas ondulaciones las que darán una idea de la significante (§3) y en la del signo total (§4).
unión, y por asÍ decir del acoplamiento del pensamiento con la No pudiendo captar directamente las entidades concretas o
materia fónica. unidades de la lengua, operaremos sobre las palabras. Estas,
Se podría llama¡ a la lengua el dominio de las articulacio- sin ¡ecubrir exactamente la definición de la unidad lingüistica,
nes, tomando a esta palabra en el sentido ya definido: cada dan porlo menos una idea aproximada que tiene Ia ventaja de
término lingüístico es un pequeño miembro, un artÍculus don- ser concreta; Ias tomaremos pues como ejemplos equivalentes
de una idea se fij a en un sonido y donde un sonido pasa a ser el de 1os términos ¡ea1es de un sistema sincrónico, y los princi-
signo de una idea- pios a los que hayamos ilegado a propósito de las palabras se-
La lengua es también comparable a una hoja de papel: el ¡án váiidos para las entidades en general.
pensamiento es el anverso y el sonido el reverso; no se puede
recortar el anverso sin recortar al mismo tiempo el reverso;
igualmente en la lengua no se podría aislar ni el sonido del 2- El oalor lingüístico considerado en su a.specto eonceptual
pensamiento, ni el pensamiento del sonido; sólo se llegaúa a
ello mediante una abstracción cuyo resultado sería hacer psi- Cuando se habla del valor de una palabra se piensa, general-
cologÍa pura o fonología pura. mente y ante todo, en su propiedad de representar una idea y
La lingüÍstica trabaja, pues, en el terreno limítrofe donde se éste es, en efecto, uno de los aspectos del valor lingüÍstico. Pe¡o
combinan los elementos de dos órdenes: esta combinación si es así, ¿en qué difiere este valor de lo que se l1ama signifi-
produce una forma, no una sustancia. cación? ¿Estas dos paiabras se:'ían sinónirnas? No lo creemos¡
Estos enfoc¡ues ayudan a comprender Io que antes se dijo so- aunque la confusión sea fácil, sobre todo porque la suscita
bre la a¡bitrariedad dei signo. No sólo los dos domi¡ios vincula- menos la analogía de los términos que la delicadeza de la dis-
dos por el hecho lingüístico son confusos y arnorfos, sino que la tinción que marcan.
elección que requiere un determinado t¡amo acústico para una El valor, considerado en su aspecto conceptual, es sin duda
determinada idea es perfectamente arbitraria. Si así no fuera, un elemento de la significación, y es muy difícil sabe¡ cómo
la noción de valor percierÍa algo de su carácter, ya que conten- ésta se distingue de aquél aun permaneciendo bajo su depen-
dria un elemento impuesto desde el exterior. Pero de hecho los dencia- Sin embargo, es necesario aclarar esta cuestión, so pena
valores siguen siendo enteramente relativos, y por eso el enlace de reducir la lengua a una simple nomenclatura.
de la idea y del sonido es radicalmente arbit¡ario. Tomemos primero la significación tal como aparece repre-
A su vez ia a¡bitrariedad del signo nos hace comprender sentada y como la mostramos anterio¡mente (1" parte, cap. I,
mejor por qué sólo el hecho social puede crear un sistema §1). Como 1o indican las flechas de la figura, no es más que la
lingúistico. La colectividad es necesaria para establecer valo- contraparte de la imagen auditiva. Todo se desenvuelye entre
res cuya única razón de ser consiste en el uso y en el consenso la imageri auditiva y el concepto, dentro de los lÍmites de la
general; el individuo por sí solo es incapaz de fijar ninguno. palabra considerada como un clominio cerrado, existente por sí
Además, la idea de valor, así determinada, nos muestra que nrismo.
es una gran ilusión considerar un término simplemente como
la unión de cierto sonido con cierto concepto. De{ini¡lo así se-
rÍa aislarlo del sistema del que forma parte; sería creer que se
puede comenzar por los té¡minos y construir ei siste¡na su-
rnándolos, mient¡as que por el cont¡ario es preciso partir de la
totalidad solida¡ia para obtener mediante el análisis los ele- I
v
mentos que ella contiene.
Para desar¡ollar está tesis no colocaremos sucesivamente en

1r,
Pero he aquí el aspecto paradójico de la cuesüón: por un lado, ot¡o sistema (un dólar, etc.). Igualmente, se puede ca.:mbiar una
el concepto se nos aparece como la coDtrapa¡te de la imagen palabra por algo disÍmil: una idea; además, se la puede compa-
audiüva en el inteúor del signo, y por otro, ese mismo signo, es rar con algo de la misma naturaleza: otra palabra. Su valor, pues,
decir Ia relación que uDe a esos dos elementos, es también y eD no está fijado mientras nos limitemos a consignar que se la pue-
la misma meüda la contraparte de ios demás signos cle la len- de "cambiar" por tal o cual concepto, es decir que tiene tal o cual
gua. signifrcación; aún hay que compararla con los valores similares,
Como la lengua es un sistena en el que todos los términos con las demás palabras que se le puede oponer. Su contenido
soD solidarios y donde el valor de uno, sólo rleriva de Ia presen- sólo está verdaderamente determinado por el concurso de 1o que
cia simult:ánea de los otros, según el siguiente esquema: está fuera de ella. Al formar parte de un sistema, está revestida
no solamente de una significación, sino además y sobre toalo de
un valor, algo muy diferente.
Alg:unos ejemplos mostrarán que es precisamente así. EI fran-
_ /-s"]\*-/-G:\._-/-\ cés mouton [así como el españól carnero] Buede tener la mis-

\:/ \--l \-i:-/ ma significación que el inglés sbeep, pero no el mismo valor, y
esto por varias razones, en particular porque al hablar de r:¡r
t¡ozo de carne aderezada y servida a 1a mesa, eI iaglés dice
mutton y üo shetp. La diferencia de valor entre sheep y
¿cómo es que el valor, así definido, se confunde con la significa- mouton deriva del hecho de que el prime:o tiene a su lado un
ción, es decir, con la contraparte de la imagen auditiva? Parece seguailo término, lo que no sucede con la palabra francesa lni
imposible asinilar las relaciones antes represerftadas coa flechas con Ia españolal.
horizoutales, a las relaciooes que acabamos de representar con Dent¡o de una misrna leugua, todas las palabras que expre-
flechas verticales. Dicho de ot¡a ma¡e¡a retomar la com- sa¡ ideas vecinas se limitan recíprocamente: el valor propio de
paracióa de la hoja de papel a la que se -para
recorta-, no se ve por sinónimos como recelar, temer, tener miedo, sólo está en su
qué la relación verificada entre üversos trozos A, B, C, D, etc., oposición; si no existiera recelar, todo su contenido iría a sus
no es distinta ile la que existe entre el anverso y el reverso de competidores. Inversamente, hay términos que se eoriquecen
mismo trozo, es decü A/A, BIB', etcétera.
u.l:. por su contacto con otros; por ejemplo, el elemento nuevo i¡-
Para respond.er a esta cuestión, digamos primero que, inclu- troducido en décrepit ("un vieillard décrepit" [un anciaao
so fue¡a de la lengua, todos los valores parecen regidos por ese decrépitol) proviene de su coexistencia con décrepi ('un mu¡
principio paradójico. Siempre está:e constituidos : décrepi") [uaa pared desconchada). Así, el va]or de cualquie¡
término está determinado por 1o que 1o rodea; ni siqüera de Ia
1'por una cosa üsí'nil susceptible de cambiarse por aquélla palabra que signifrca "sol" se puede ñjar inmediatamente el
cuyo valor está en cuestión. valor si no se considera 1o que hay en torno de ella; en algunas
7 por cosas similares que se puedea comparar con aqué- lenguas es imposible decir "senta¡se al sol".
lla cuyo valor está en cuestióo. Lo que decimos de ias palabras se apiica a cualquíer térmi-
no de la lengua, por ejemplo a las entidades gramaticales. AsÍ
Estos dos factores son necesarios para la existencia de u¡ valor. eI valor de un plural fraucés no coincide con el de un plural
Así, para determi.nar lo que vale u¡a r¡oneda de cinco francos, sáDscrito, aunque su significación sea casi siempre idéntica: es
hay que saber: 1' que se la puede cambiar contra o por una can- que el sánscrito posee tres números en lugar de dos (mis ojos,
tidad determinada de una cosa diferente, por ejemplo: pan; ? mis orejas, mis brazos, mis piertras, etc., estarían en dual);
que se la puede comparar con un valor simila¡ del mismo siste- sería inexacto atribuir eI mismo valor al plural en sánscrito y
ma, por ejemplo una moneda de un fralco, o corl uDa moneda de en francés, ya que el sánscrito no puede emplear el plural en

724 125
todos los casos en que es la norma en francés; su valor depen- Se comprende entonces la interpretación real del esquema
de, pues, de lo que está fuera de é1 y a su alrededor. del signo. AsÍ quiere clecir que en espariol un concepto "juzgar"
Si las palabras estuvieran encargadas de representar con- está unido a la imagen acústica juzgar; en una palabra, sim-
ceptos dados de antemano, cada una de ellas tendrÍa, al pasar
boliza Ia significación; pero se comprende que ese concepto no
de una lengua a otra, correspondenci as exactas para eI sentido;
pero no es asÍ. El francés lasÍ como e] hispanohablantel dice tiene nada de inicial, que no es más que un valor determinado
por sus relaciones con otros valores simil¿rres, y que sin ellos la
indiferentemente lor¡er (une maison) [alquilar (una casa)]
por "tomar en alquiier" o "dar en alquiler", mientras que el significación no existirÍa. Cuando afirnro simplemente que una
alemán emplea dos términos: mieten y vermieten; no hay, palabra significa algo, cuando me atengo a la asociación de la
pues, correspondencia exacta de valores. Los verbos schátzen imagen acirstica con un concepto, efectúo una operación que
y urteilen presentan un conjunto de significaciones que co- en cie¡ta medida puecle ser exacta y dar una idea de la reali-
rresponden en líneas generales a las de las palabras francesas dad; pero en iringún caso expreso el hecho lingüístico en su
estimer lestimarl y juger {juzgar], pero en varios puntos fa- esencia. y en su amplitud.
lla la correspondencia.
La flexión ofiece ejemplos particularmente notables. La dis-
tinción de los tiempos, que nos es tan familiar, es extraña a 3. El ualor lingüístico considerado en su aspecto ntaterial
ciertas lenguas; el liebreó ni siquiera conoce la distinción, fun-
damental, entre el pasado, el presente y el futuro. El protoger- Si la parte conceptual del valo¡ está constituida únicamente
mánico no tiene forma propia para el futuro; decir que lo vier- por relaciones y diferencias con los demás té¡minos de la len-
te con el presente es expresarie lmpropiamente, pues el valor gua, se puede decir ot¡o tanto de su parte material. Lo que
de un presente no es el mismo en germánico que en las len- importa en 1a palabra no es el sonido mismo, sino las dife¡en-
guas que cuentán con un futuro al lado del presente. Las len- cias fónicas que permiten distinguir a esa pal.abra de todas
guas eslavas distinguen regularmente dos aspectos del verbo: las demás, pues son ellas las que llevan la significación.
el perfectivo representa la acción en su totalidad, como un pun- Esto tal vez sorprenda, pero en verdad ¿dónde encontraría-
to, fuera de todo devenir; el imperfectivo la muestra mientras mos la posíbilidad de lo contrario? Como no hay una imagen
se realiza, y en la linea del tiempo. Estas categorÍas suscitan vocal que responda mejor que otra a lo que está encargada de
dificultades para un francés, porque su lengua las ig'nora: no decir, es evidente, inciuso a priori, que nunca un fragmento
sería así si estuvieran predeterminadas. En todos estos casos, de lengua podrá fundarse en otra cosa que en su no coinciden-
pues, encontramos, en lugar de ideas dadas de aatemano, va' cia con el resto. A¡bitrario y diferencial son dos cualidades
lores que emanan del sistema. Cuando se dice que correspon- correlati vas.
den a conceptos, se sobreentiende que éstos son puramente di- La alteración de ios signos lingüísticos muestra bien esta
ferenciales, defrnidos no positivamente por su contenido, sino correlación; precisamente porque los términos a y b son radi-
negativamente por sus rálaciones con lós demás términos del calmente incapaces de llegar, como taies, hasta las regiones de
siste¡na. Su más exacta característica es la de ser 1o que los la conciencia que permanentemente sólo percibe la dife-
ot¡os no son. rencia a./b-, -la
cada uno de esos términos es libre de modificarse
según leyes ajenas a su función significativa. El genitivo plu-
ral checo ien no está caracterizado por ningún signo positivo;
Signifrcado no obstantc, el grupo de formas iena: ien funciona del mismo
"juzgar" modo que i.ena: i.enz qtre lo precedía: es que sólo esüá en juego
Significante la diferencia de los signos: iena sólo vale porque es dife-
re nte.
He aquÍ otro ejemplo que muestra aun mejor lo que hay de

126 T .)7
sistemático en ese juego de las diferencias fónicas: en griego pacio para una t al tado de t, (t palatizada), porque el resultado
éphén es un imperfecto y éstén un aoristo, aunque estén for- sería confu¡di¡ dos sonidos diferenciados poi la lengua (cf.
mados de manera idéntica; es que el primero pertenece al sis- go-vorit',
tema del iadicativo presente phéni, 'digo", mientras que no !a!-lar" ¡ Sovorit, "él habla"), pe.ó h^b.á uaá über_
tad mayor del lado de th (t aspiracla), porq'ue este sonido no está
hay presente stéryri ; ahora biea, justamente la relaciónphemi - previsto en el sistema de los fonemas del ruso.
éphéu es la que corresponde a Ia ¡elación entre el preseute y eI Como se observa un estado de cosas idéntico en ese otro sis-
imperfecto (cf. déiknümi - edeiknün), etc. De manera que es- t_ema de siglos que es la escritura, lo tomaremos como término
tos signos actúan no por su valor intrínseco, sino por su posi- de comparación para aclarar toda esta cuestión. De hecho:
ción relativa-
Por Io demás, es imposible que el sonido, elenento material, 1" los sigoos de la escritu¡a son a¡bit¡arios; no hay niaguna
pertenezca por sí mismo a la leagua. Para ella sólo es uaa cosa rela"ión, por gjemf-lo, ent¡e la letra t y el sonido qrá d".ilgn";
secuadaria, una materia que emplea. Todos los vaiores co¡.ven- 2o el valo¡ de las letras es puramente negativo
cionales presentan ese ca¡ácter de no confundi¡se con el eie- idiferet;Íál;
así üna mibma persooa puüe escribir t ion va"riantes tales
mento talgible que les sirve de soporte. Por ejemplo, no es el como:
metal de una mooeda ei que fija su valor; un escudo que vale
aominalmente cinco &ancos no contietr.e más que la mitad de
esa suma en plata; valdrá más o menos cou tal o cual efigie, más
o menos de ua lado o del otro de u.na f¡ontera política. Esto es
aun más válido para ei significante lingüístico; en su esencia,
no es de ningún modo fónico, es incorpóreo, no está constituido
por su sustaocia material, si¡o únicamente por las iliferencias
t4r
Lo ú¡ico esencial es que dicho signo no se confunda, en sus
que separan su imagen acústica de todas las demás. rasgos, con el de la f, el de la d, etcétera;
Este principio es tan esencial que se aplica a todos los ele- 3'los valores de la escritu¡a sólo intervienen por su oposi-
meotos mate¡iales de Ia lengua, incluyendo los fouemas. Cada ción recfproca en el interior de uu sistema defi.nid-o, coo.püesto
idioma compoae sus palabras sobre la base de uD sistema de de un determinado núme¡o de letras. Este carácter, sin sei idén-
elemeatos soDoros, cada uno de los cuales forma uoa unidad tico al seguado, está estrechamente Iigado a é1, porque ¡mbos
netamente delimitada y cuyo número está perfectamente de- depencleo del primero. Siendo el signó gr:ifico arbitl¡ario, im-
te¡minado. Ahora bien, lo que los caracteiza no es, como se porta poco su forola, o más bien ésta sólo tiene imoortancia en
podría creer, su cualidad propia y positiva, sino simplemente los límites impuestos por el sistema;
el heeho de que no se confu¡.dan eotre sí. Los fonemas soD aDte 4" el medio de producción del sigao es totalaente indiferen-
todo entidades opositivas, relativas y negativas. te, pues no interesa al sistema (esto se despreode tqmbién de
Lo prueba el margeo de libertad de qué gozan los sujetos para Ia primera caracterÍstica). Que escriba lailet¡as en bla¡co o
la pronunciación con la limitación de que Ios sonidos no dejea en neg?o, ea hueco o ea relieve, utilizando una pluma o un
de ser distintos unos de otros- Así en fra¡cés el uso general de cíncel carece de importancia para su signifrcaciónl
u¡rularizar la r, no impide que muchas personas la apicalicen;
esto no conmueve a la lengua, que sólo pide la difereocia y no
exige, como se podrÍa creer, que el sonido tenga uaa cualidad 4. El signo considerad,o en su totalid,ad,
invariable. Incluso puedo pronuaciar la r francesa como la ch
alema¡a en Bach, doch, etc., mientras que en alemá¡ no pod¡á Todo lo ante¡ior equivale a decir que eu la lengua no hay
emplear la r como ch ya que esta lengua reconoce 1os dos ele- más que difereacias. Más aún: u¡a diferencia súpone en ge-
mentos y debe distinguirios. Igualmente, en ruso no habrá es- ueral términos positivos entre los cuales se establáce; pero en

728 129
Ia lengua sólo hay diferencias sin üérmiuos positivos. ya se Cuando se cornparan los signos entre sí
tome en consideración el signiñcado o el sigiifrcante, la len- positi-
vos-, ya no se puede hablar de diferencia; -términos
la expresión serÍa
gua no consta ni de ideas ni de sonidos qué preexistirían impropia, ya que sólo se aplica o a la comparación de dos imá-
al
lingriistico, sino solamente de difárencias conceptua_ genes acústicas, por ejemplo pére y mére [padre y madre], o a
:]:t:i,
tes y_d.e drlerencias fónicas derivadas de ese sistema. Ló que la de dos ideas, por ejemp.lo la idea "padre" y la idea'madre";
hay deidea o de materia fónica en un que dos signos que comportau, cada uno, un significado y un
"ig."i*port;;"nos
Io que hay a su alrededor en los demás-sign; ia pr;eba esta significante no son diferentes, sólo son distintos. Entre ellos
en que ei valor de un término puede modiñcarse sii que se vea no hay más que oposición. Todo el mecanismo del lenguaje,
afectado su sentido o su soniáo, sólo por el hecho dá qre ot.o que luego consideraremos, se basa en oposiciones de este géne-
término vecino haya sufrido una modificación. ro y en las diferencias fónicas y conceptua-les que implican.
Pero decir que en la lengua todo es negativo sólo es ve¡dad Lo que es verdad en cuanto al valor, lo es también án cua.nto
en cua¡to al significado o al significante óonside¡ados a la gnidad. Es un fragmento de la cadena hablada que corres-
damente: apenas tomamos en iuenta el signo ""pr"^_
iot"üaud, ponde a cierto concepto; uno y otro son de naturaleza p:urz.-
S."t1g9: ante una "., ",
cosa positiva en su órden. Un sistema mente diferencial.
a ia unidad, el principio de diferenciación puede
lrng'urstrco es una serie de diferencias de sonidos combinadas
con- urla serie de difereacias de ideas; pe¡o este enfrentamien_
- Aplicado así:
formularse los caracteres de la unidad se coufunden
to de cierto número de signos acústicoi con ot¡ós tantos cortes con la u-rridad misma. En la lengua, como en todo sistema
hechos en la masa del pensamiento engend.ra un sistema de semiológico, 1o que distingue a un sigao es todo lo que lo cons-
valores, y este sistema constituye el ¡rínculo efecfivo ent¡e los tituye. Es Ia diferencia Ia que determina la ca¡acteristica, asÍ
elementos fónic_os y psíquicos en el interior de cada sigoo. Aun- como determina el valor y la unidad.
que eI s¡g'nrtl-cado y el significante sean, vistos separadamente, Otra consecuencia, bastante paradójica, de ese mismo prin-
puramente cipio: io que comúnmente se ]lama un "hecho de gramática"
_diferenciales y negativos, su coubinación es un responde en última instancia a la definición de Ia unidad, pues
¡rec.rlo posttlyo; es incluso la única especie de hechos
de que exp¡esa siempre una oposición de términos; sólo que esta opo-
consta Ia ienguq, ya que lo propio de tá institución lingtiística
es Ju-stamente el maatener el pa-ralelismo entre esos dós órde- sición es particularmente signifrcahiva, por ejemplo la forma-
nes de diferencias. ción del plural alemán del tipo Nacht: Náchte. Cada uuo de
Ciertos hecholájac.óni"os son muy caracterÍsticos a este res- los térmiuos enf¡entados en el hecho gramatical (el singular
pecto: son ios innumerables casos en que la alteracióo del sin "Umla¡t" [metafoníal y sin e final, o opuesto al plural con
significante lleva a la alte¡acióu de la ideá, y dorrd" ," qr" "Um1aut" y -e) está constituido por todo un juego dé oposicio-
p:incipio la suma de las ideas disting",ri¿las óóEesponde nes er eI interio¡ del sistema; considerados aisladamente, ni
"o
"e a la suma
Nacht ni Náchte son nada; luego, todo es oposición. Dicho
de los signos distintivos. Cuando dol térmi¡os ,á .oJolrd"o po.
de otro modo, se puede expresar la relación Nacht: Náchte
fonética. (por ejempio décrepit = a."repitr.3 y
11|eracl.O1
oecrepr con una fórmula a{gebraica a./b, donde a y b no son términos
oe crispus), Ias ideas tenderiin a confu¡dirse támbién,
por po-co que se presten a ello. ¿Se diferencia r¡¡ térmiao (por simples, sino que derivan cada uno de un conjunto de reiacio-
nes. La lengua es, por así decir, un álgebra que no tuviera
ejemplo chai.se lsi]lal y Chaire [cátedra, púlpito)? Infali- más que términos complejos. Entre las oposiciones que com-
,1"T3".?l ta drferencia que acaba de nacer tende¡á a hacerse prende, hay algunas que son más signir'rcativas que otras;pero
slgnrlrcatr\,a, sro lograrlo siempre, ni de inmeüato. A la inve¡_ unidad y hecho de glamática no son sino nombres diferentes
sa, toda dife¡encia ideal percibida por el espÍritu busca expre_ para designar aspectos dive¡sos de un mismo hecho general:
sarse por sigrrifrcantes üstintos, y áos ideai que el espíritu ya el juego de las oposiciones lingüísticas. Esto es tan cierto que
no distingue tienden a confundirse en el mismo sigrriñiante. muy bien se podría abordar el problema de las unidades io-

130
131
me¡zando por los hechos de gramática. Al plaatear una opo- El sintagma, pues, se compone siempre de dos o más u:ridades
sición tal coúo Nacht: Náchte, nos preguntaríamos cuáles consecutivas (por ejemplo: re-leer; contra todos; la vida hú-
son la.s unidades que pone en juego esla óposición. ¿Soa sólo maua; Dios es bueno; si hace buen tiempo, saldremos,
esas dos palabras o toda la serie de palabras similares? ¿O etc.). Situado en uo sitagma, un término sólo adquiere su valor
biea la a y la á? ¿O todos los singularés y todos Ios pluralei? porque se opone al precedente o al §iguiente, o a ambos.
etcétera. Por otra parte, fuera del discurso, las palabras que ofreceE
U¡idad y hecho de gramática no se confundirÍan si los sig- algo en común se asocian en la memoria, formándose asÍ gru-
nos lj,lgriísticos estuviéran constituidos por algo que ao fuerá pos en cuyo seno reinan relaciones muy diversas. Así la palabra
las diferencias. Pero siendo la lengua ló que és, de cualqüer enseigrement [enseñanza] hará surgir inconscieutemente
l¡do que la abordemos, no en"ontraremoslada simple; eu to-
ante aI espíritu una multitud de otrás palabras (enseiguer,
das_partes y siempre, hallaremos ese mismo equilibrio comple-
jo de términos que se conücionan recíprocamente. Dicho de renseigner [enseñar, informar], etc., o bien araement,
changement [armamento, cambio], etc., o biea éducation,
otro modo, la lengua es una forma y rro una sustancia. apprentissage [educación, aprendizaje]); por un lailo o por
Nunca se insistirá suficientemetrte en esta verdad, pues todos otro, todas tienen algo en comúr.
los er¡ores de nuestra terminologÍa, todas Ias maneras inco- Se ve así que estas coordinaciones soa de una especie ouy
rrectas de desigaar las cosas de la lengua provienen de la diferente ile las primeras. Su soporte no es la extensión; su
involuntaria suposición de que habría r::ri suitancia en el fe- sede está en el cerebro y forman parte de ese tesoro interior
nómeno lingriístico. que constituye la lengua eIr cada individuo. Las llamaremos
relaciones asociativas.
La relación sintagmática es in praeseutia: se basa en dos o
más términos igualmente presentes en una serie efeetiva. La
CAPÍTULo v. RELACIoNES SINTAGMÁTICAS relacióo asociátiva, en cambio, une términos in absentia en
Y RELACIONES ASOCIATIVAS una serie mnemó¡ica virtual.
Desde este doble punto de vista, una uaidad lingúística es
comparable a una parte determi¡ada cle un edifrcio, una co-
1. Definiciones lumna por ejenplo; ésta se eacuentra, por uD lado, en cierta
relacióD con el arquitrabe que sostiene; esta disposición de dos
De ma:rera, pues, que en un estado de lengua, todo se basa en unidades igualmente presentes en el espíritu hace peasar en
relaciones. Pero ¿cómo fuaciona¡ éstas? la ¡elación sintagmática; por otro lado, si la columna es de or-
Las relaciones y las difereacias entre términos lingüÍsticos den dórico, evoca Ia comparación meotal con los demás órde-
se despiiegan en dos esferas distütas, cada una de ials cuales nes (ónico, corintio, etc.), que son eleme¡tos no presentes en
genera cierto orden de valores; 1a oposición entre los dos órde- el espacio: la relación es asociativa.
nes permite comprender mejor su naturaleza respectiva. Ellos Cada uno de los dos órdenes de coorünación reguiere algu-
corresponden a dos formas de nuestra actividad mental, am- nas observaciones particulares.
bas indispensables a la vida de la leagua.
Por un lado, en el discurso, las palabras contraen entre sí,
en ¡ri¡tud de su encadenamiento, relaciones fundadas en el ca- 2. Las relaciones sintagmáticas
rácter lineal de la lengua, que excluye la posibilidad de pro-
aunciar dos elementos alayez. Estos se ordenan unos después Nuestros ejemplos a¡Lteriores sugieren ya que 1a noción de si¡-
de otros en Ia cadena del habla. Estas combinaciones qué tie- tagma se aplica no sólo a las palabras, sioo a los grupos de
nen por soporte la exteasión pueden ser llamadas sintagmas. palabras, a las unidades complejas de toda ümensión y de toda

132
especie (palabras compuestas, derivadas, miembros de frase, ble por el ¡ecuerdo de un ntinero suñciente de palabr-as seme-
frases ente¡as). iant'es oue Dertenecen a la lengua (imPardonnable' into'
No basta conside¡a¡ la relació¡ que une las diversas parteg i¿rable, iniatigable [imperdonáble, intolerable, infatigablel,
de uu sintagma entre sí (por ejemplo contra y todos, en con- P*á"t.*"n'te lo misáo ocurre con frases y grupos de pala-
tra todos, contra y maestre eo. contrsmaestre); también
"i".).
bras establecidos sobre patrones regulares; combinaciones como
hay que tener en cuenta la relación que liga el todo a sus par- la tierra gira, ¿qué ie ha dicho?, etc', -responden a tipos
tes(por ejemplo coutra todos opuesto por un lado a contra y !"o"r.t"" q:ue tíeián a su vez su soporte en la iengua en Ia for-
por otro a todos, o contramaestre opuesto a contra y a ma de recuerdos concretos.
maestre)- Peio hay que reconocer que en el domlnig del sintagma ¡o
Se podrÍa hacer aquí una objeción. La f¡ase es eI tipo de rr"" iiáitá establecido entre el hecho de lengua, r¡arca del
sintagma por excelencia- Pero pertenece al habla, no a la ien- ""
.oi".tiro, y eI hecho de habla, que depende de-la libertad
gua: ¿implica esto que el sintagma corresponde al habla? No ""ó
individual. En una gran cantidad de casos, es difÍcil clasiñcar
creemos que así sea. Lo propio del habla es la libertad de las una coñbinación de unidades, porque u¡ factor y otro han con-
combinaciones; hay que preguntarse, pues, si todos los ."rrl.io p... producirla, y en proporciones que es imposible
siltagmas son igualmente libres. determinar.
Nos encont¡amos, trrimero, con un gran número de expre-
si.ones que perteÉecen a la lengua; son las locuciones ya he-
chas, en las que el uso impide cambiar nada, aun cuando la 3. Las relociones asociatiuos
reflexión nos permita distingui¡ en el1as partes significativas
(cf. á quoi bon?, allons donc! [¿y para qué?, ¡vamos puesl]). Los grupos formados por asociación meÁtal no se limita¡ a vin-
Lo mismo ocurre, aunque en menor g"ado, con expresiones ta- cula;loi térmi¡os que presentan algo de común; ei espiritu
.rpta i"-tl¿n la natiuraieza de las relaciones que en cada caso
Ies como prendre la mouche, forcer la uain i quelqriun,
crea así tantas series asociativas
toJligr" y-hay. como relaciones
rompre uD.e la]lce [eofadarse, forzar Ia mano a alguien, rom-
per rula la¡zal o también avoi¡ mal á (la téte, etc.), A force áiu"i-"u" Por ejemplo, en enseignement,- enseigner'
de (soins, etc.), que vous eu semble?, pas a'est besoin de..., iu¿señánza, eDseñar, eDs€áemosJ, etc', hay ln
etc. [dolerle a uno (la cabeza, etc.) a fuerza de (cuidados, etc.), "o*igiEoo" todos los términos, el radical; pero la p-aia-
"1"*"ñt" "o-úr, ^
Uiá-""".ig."rrent puede hallarse implicad^a en una serie ba-
¿qué le parece?, no hace falta que... etc.], cuyo carácter usual (cf enseigneneut'
surge de las particularidades de su significación o de su si¡taxis. ráá. oiro elemeito común, el sufrjo
Estos giros no pueden ser improvisados sino suministrados por "" changement, etc.); la asociació¡ puede basarse
la tradicidn. Se pueden citar también.Ias palabras que, pres- "r-em.n.t,
iu-¡lE" i, áalogra de los significados (euseignement' 1
tándose perfectame:rte al análisis, se caracterizan por alguna
"oia
"rr apprentiÁage,
iaJrüction, éducation [enseñanza, instruc-
anomalía morfológica mantenida por la sola fuerza del uso (cf. ápr""airá¡3, educaci¿-nl, etc-), o, por eI contrario, en Ia
difficulté [dificultad] frente a fgcilité lfacilidad], etc.; "i¿", a" t." imágenes a"ústi"a" .(por ejemplo'
mourrai frente a dormirai, etcétera.). "iápr"'""á""iááa y justement)- El decir que hay tanto comuni-
Pero esto no es todo; a la léngu.a y no al hab¡a hay que atri- """éis""á.ot
á;á-á;l-1" d;i.áiido y de la forma, como solamente cor¡unidad
bui¡ todos los tipos de sintagmas construidos sobre formas re- á;i;;;;á. sentido-. Una palabra cualquiera siempre luede
gulares. En efecto, como no hay nada abstracto en la lengua, toao 1o que sea suscáptible de estarle asociado de una
esos tipos sólo existen cuaudo la lengua ha registrado ejemplos "ro""r
-
manera o de otra.
üi"nt.r" que un sintagma suscita de inmediato-la idea de
suficieatemente numerosos. Cuando una palabra como de elemeo-
iudécorable [en españ0l, p. ej., inmodificablel surge en el áe sucesi¿n y dJun número determinado
habla, supone un tipo determinado, y éste a su vez sólo es posi- ";;td";
iÁ., i* t¿Ái"os de una familia asociativa no se presentan ni

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eIr núEero definido ni en un orden determinado. Si se asocia Sin embargo, de estos dos caracteres de la serie asociativa, or-
deseo-oso, calur-oso, temer-oso, etc., no se podrÍa decir de den indetermioado y número indefrnido, sólo el primero se ve-
a¡.temaro cuál será el número ile palabras sugeridas por la riñca siempre; el segu-ndo puede faltar. Es lo que ocurre en un
memoria, ni en qué orden apareceráo. Un términó dado es como tipo característico de ese géoero de agrupamientos, los
el centro de una coustelaci-ón, el puato etl que convergen otros paradigmas de flexión. En latíu, en domiuus, douini, tlomino,
términos coordiaados, cuya sumá es indefinida. etc., tenemos un grupo asociativo formado por un elemento
común, el tema nominal domi¡¡-, pero la serie no es indefrnida
como la ile enseiguement, changement, etc.; el número de
casos es determinado; su sucesión, en cambio, oo está ordeua-
eoseignement da espacialmgnte y sólo por un puro acto arbitrario el gramático
,. los agrupa d.e una manera y uo de otra; para la conciencia de
eDsergner los sujetos hablantes, el nor¡inativo no es de niugrin modo el
c1é¡ient púmer caso de la declinación, y los térmioos podrán surgir en
enséignons / jus\ement tal o cual orden, seg1in la ocasión.
etc.
.//
I 'etrc.
et6. / )t".
I CAPiTULO VI, MECANISMO DE LA LENGUA
appreDtissage chahgement
éduca/ion armement
I
1. La,s solídaríd.ad.es síntagtnáticas
etc. etc-
étc. El conjuoto de las diferencias fónicas y conceptuales que cons-
"tl. tituye la lengua resulta, pues, de dos especies de comparacio-
nes; las vinculaciones pueden ser asociativas o siatagmáticas;
O en español: los agrupamientos de uno y otro orden están, en gran medida,
establecidos por 1a lengua; este conjunto de relaciones usuales
la constituye y preside su funcionamiento.
Lo pr:imero qrle rros sorpre:rde en esta orgaaización, son }as
2. solidaridades siutagmáticas: casi todas las unidades de la
enSeñar lengua dependen, o bien de lo que las rodea en la cadena tiablada,
u.' I
eDseñemos / ayalza o bien de las partes sucesivas de que e1las mismas se comPonen-
./l La formacióu de las palabras basta para ponerlo de mani-
_,etc. i \ts. flresto. Una unidad como deseoso se descomponen en ilos
eic- / etc. subuaidades (dese-oso), pero oo son dos partes indepeoüen-
I tes añadidas simplemente uoa a Ia otra (dese + oso). Es un
aprendizaje boná¡za producto, u.na combiaacióo de doi elementos solidarios, que no
educa'ción esperanza tienen valor sino por su acción recÍproca en una uaidad supe-
/ rior (dese x oso). El sufijo, considerado aisladarnente, es
etc. et. ioexisteote; lo que le conñe¡e su lugar e:r la lengua es uaa se-
etc. rie de términos usuales como calur-oso, rencor-oso, etc. EI
"/".
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