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Seminario Jesús Buen Pastor

Profesorado en Ciencias Sagradas

Asignatura: Síntesis Doctrinal I

Prof.: Pbro. SIMONASSI, Martín

Alumno: HEREDIA, José Ignacio

Año: 2014

EL HOMBRE
IMAGEN DE DIOS
EL HOMBRE: IMAGEN DE DIOS
Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le
estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y
todos los animales que se arrastran por el suelo”. Y Dios creó al hombre a su imagen; lo
creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. (Gen. 1, 26 - 27)

1. INTRODUCCIÓN

El siguiente trabajo tiene como objetivo analizar al hombre como imagen de Dios. Partiremos
de lo general a lo particular: el hombre en los relatos creacionistas del Génesis y las diferentes
terminologías hebreas; luego, la antropología de los padres de la Iglesia, el Concilio Vaticano II y
finalmente el Catecismo de la Iglesia Católica.

2. LA ANTROPOLOGÍA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

En las primeras páginas del Génesis se afirma que: el hombre es creatura de Dios. Pero antes
de entrar en el análisis del relato bíblico conviene precisar qué entiende la tradición bíblica por
hombre, cómo lo concibe y en qué términos expresa la realidad humana.

La terminación antropológica hebrea

En el Antiguo Testamento para hacer referencia al hombre se utilizan cuatro términos: nefes,
basar, ruaj y leb.

Nefes. No es fácil expresar con una sola palabra el significado múltiple de este término, como
sucede con las que analizaremos posteriormente. Con este término se quiere señalar el aspecto
del hombre como ser necesitado, ansioso de vida. Nefes puede equivaler al hombre necesitado.

Basar. Nunca se aplica esta palabra a Dios y sí a los animales. Indica claramente lo que el
hombre tiene en común con ellos. En el Antiguo Testamento basar significa no sólo la falta de
fuerza de la criatura mortal, sino igualmente su debilidad en la fidelidad y obediencia frente a la
voluntad de Dios. Basar puede designar al hombre efímero.

Ruaj. Designa una fuerza natural, el viento, y se atribuye más a Dios que a los hombres y
animales. Es un concepto teo-antropológico. Sus significados: aliento, fuerza vital, ánimo. Ruaj
designa al hombre fortalecido.

Leb. Se traduce normalmente por corazón y es el concepto antropológico más frecuente.


Indica: sentimiento, deseo, razón, decisión. Leb indica al hombre razonante.

Es fácil de advertir que los términos que hemos analizado no nos dan una definición del
hombre. Señalan diversos aspectos de su ser englobando la totalidad en el dato directamente
afirmado. En ellos se ve la relación del hombre con el cosmos (basar), su apertura a lo alto
(nefes), su relación con Dios (ruaj) y su capacidad de decisión que supone un razonamiento y
una libertad (leb).

El hombre, a imagen y semejanza de Dios

El hombre es la corona de la creación. El autor del Génesis introduce una especial deliberación
de Dios antes de pasar a la acción. Tres veces se afirma del hombre que ha sido creado por Dios
(v. 27): con esto indica que el autor ve en el hombre algo absolutamente nuevo con relación a
todo anteriormente hecho.

-1-
La superioridad del hombre y su diferencia de todo se acentúa más todavía por la misteriosa
expresión puesta en boca de Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (v. 26).
En él hay algo especial que lo coloca por encima de la esfera de los demás seres, el hombre es
superior a las demás creaturas, sin que por ello se pueda decir que es dueño de ellas. Es el
Creador el único dueño. El hombre es delegado de Dios en medio de la creación.

No se afirma de hombre sin embargo que sea “La imagen de Dios”. El autor sabe que nada de
lo creado reproduce al creado. La afirmación de que el hombre ha sido creado mantiene la
distancia entre creatura y su creador. Por otra parte, afirmar que es “A imagen” indica que el
hombre es inferior a Dios puesto que la imagen es siempre más imperfecta que el original. El
hombre tiene hacia él una relación especial de subordinación y dependencia. El sentido exacto
de la expresión podríamos reflejarlo en esta frase: el hombre es, en cierto modo, imagen de
Dios.

La creación y nosotros

El hecho de la creación nos libera de la tentación tan humana de encerrarnos en nosotros


mismos. El hombre no se basta a sí mismo, ni el orden ontológico, ni psicológico, ni moral.nEl
hecho de la creación fundamenta en el hombre una actitud de humildad, en cuanto que se sabe
dependiente. Esta actitud lleva al reconocimiento, a la acción de gracias al creador, por haber
tenido fija su mirada sobre nosotros y habernos amado “antes de la constitución del mundo”.

En que el hombre esa a imagen de Dios radica la dignidad sublime de la persona humana, que
no tolera ningún tipo de racismo, ni cualquier tipo de esclavitud. La igualdad entre la mujer y el
varón quedan a salvo en las dos narraciones bíblicas de la creación del hombre (Gn 1, 26 – 2, 4a:
Relato sacerdotal; Gn 2, 4b – 25: Relato yahvista), de una manera especial en la segunda. La
persona que oprime a cualquier hombre está concebidos en pecado mortal, ha lesionado la
imagen de Dios en el hombre. La conciencia de la creación funda las bases de la convivencia
humana y de la edificación pacífica de la ciudad terrena.

El hecho de la creación libera al hombre de la angustia de la existencia. Dios no olvida ni


abandona nada de lo que ha creado, a nadie de aquellos sobre quienes un día puso sus ojos.
Puede decirse que no hay cosa que más moleste a Dios que el que los hombres hayan perdido
su confianza en él: Sión decía: “El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí”. ¿Se olvida
una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide,
yo no te olvidaré! (Is 49, 14-15)

3. PADRES DE LA IGLESIA

El tema de la imagen ha sido muy frecuente en la reflexión teológica de los Padres sobre todo
al comentar Gen 1,26. En esta época la reflexión teológica sobre este tema está muy influenciada
por la filosofía de Platón y de Filón:

Para Platón las Ideas son modelos divinos, cuya realización o copia son las cosas materiales. El
alma humana pertenece al mundo de las ideas. Con la reflexión filosófica el hombre adquiere la
conciencia de su origen divino y actúa luego consecuentemente, es decir, inspirándose en el
mundo de las ideas, y así recupera su semejanza con Dios y su propia felicidad.

Para Filón la imagen de Dios está en el alma, no en el cuerpo. El alma es imagen del Logos en
su invisibilidad, incomprensibilidad y la familiaridad con el mundo. La semejanza impresa en el
alma con la creación no se perdió con el pecado. Solamente cesó la familiaridad con el mundo.
Señal de esa permanencia de la imagen es el dominio del hombre sobre el mundo.

-2-
— Clemente de Alejandría distingue tres clases de imágenes de Dios: el Verbo, el cristiano y el
hombre. El hombre es imagen en cuanto obra el bien y ejercita el dominio sobre las cosas. El
cristiano es imagen más perfecta en el conocimiento y en el amor.

— Orígenes. El hombre es su alma, dotada de libertad, porque sólo ella puede ser imagen de
Dios. Distingue entre las dos creaciones. Gen 1,26 se refiere a la creación del hombre ideal,
creado a imagen y semejanza de Dios. En Gen 2,7 se narra la creación del hombre caído. La
imagen se le ha dado al hombre por la creación, la semejanza ha de conseguirla por la imitación
de Dios. Dentro del alma es la mente (nous) donde se realiza la imagen de Dios. Se pregunta
quién es la imagen a cuya semejanza ha sido creado el hombre y se responde: Nuestro Salvador.
Por eso en la imitación de Cristo está el camino para llegar a la perfección de la imagen.

— Ireneo escribe: “Porque Él hizo al hombre a imagen de Dios. Y la imagen de Dios es el Hijo; a
la imagen del cual ha sido hecho el hombre. He ahí por qué en los últimos tiempos se manifestó
para dar a entender que la imagen era semejante a sí”. Frente a los gnósticos, que desprecian la
materia, Ireneo pone la imagen de Dios también en el cuerpo. Todo el hombre es imagen de
Dios. Cristo es la imagen perfecta del hombre. El modelo es la carne gloriosa de Cristo. La imagen
se le da al hombre por la creación, la semejanza ha de adquirirla por una asimilación progresiva.

— Gregorio de Nisa cree como verdad revelada que el hombre es imagen de Dios. Ahora bien,
imagen quiere decir semejanza o reproducción fiel. Como Dios es el sumo bien, el hombre en
cuanto imagen está también lleno de todo bien, por eso en nosotros se encuentra toda
expresión de lo que es honesto. Distingue los dos relatos de la creación. En el primero aparece
la imagen ideal del hombre y en el segundo la imagen histórica. Los rasgos que nos asemejan a
Dios, según la imagen ideal, están más en el alma que en el cuerpo: espiritualidad, libertad,
incorruptibilidad, conocimiento, dominio sobre el mundo como signo de su dignidad superior;
la mano libre para coger las cosas y expresar el pensamiento; los órganos de la palabra; los
sentidos; la cara reflejo del espíritu. En la imagen histórica entra la sexualidad que asemeja al
hombre a los animales. La vida del hombre está en tensión entre estas dos direcciones. De su
libertad depende ofuscar esa imagen o hacerla resplandeciente con la ayuda de la gracia.

— Agustín ve en todas las cosas semejanzas de Dios por su metafísica de la participación y


ejemplaridad, según la cual todo está hecho conforme a un modelo supremo, que es Dios. Pero
no todas las cosas son imágenes. Las creaturas son vestigios de Dios, el hombre imagen. El
constitutivo esencial de esa imagen es el alma y más en concreto la mente. Distingue dos
aspectos en la mente: inferior, es decir, la mente que se dirige a las cosas de este mundo y guía
al hombre en las decisiones prácticas; y la superior, que se dirige a Dios. La imagen está en esta
segunda, porque ella sola es incorruptible, conoce a Dios, lo invoca, lo ama, está en
comunicación con Él. Esta imagen de Dios quedó deformada por el pecado, pero Dios hizo
posible su restauración por medio de Cristo.

Este breve recorrido a través de los Padres vemos la importancia y el contenido antropológico
que, en la teología de los primeros siglos, se encerraba en la consideración del hombre como
imagen de Dios.

4. CONCILIO VATICANO II

El Concilio Vaticano II, sin tratar directamente el tema, se ha hecho eco de él, sobre todo en la
constitución Gaudium et spes. El hombre es imagen de Dios, en cuanto capaz de conocer y amar

-3-
a Dios, y en su señorío sobre el mundo1. A él le compete por ser imagen construir el mundo en
colaboración con el Creador2.

En esta característica fundamental del hombre está el fundamento de la dignidad humana sin
distinción de razas y pueblos. Todo hombre, por ser imagen de Dios, es objeto de derechos y
deberes, que han de ser tenidos en cuenta por todos sus semejantes. El hombre aparece así a
sus semejantes como algo sagrado3.

Esta imagen ha sido afectada por el pecado. Ha quedado disminuida. Cristo, imagen perfecta
del Padre y del hombre, ha restaurado lo que había borrado o debilitado el pecado4.

5. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

El Catecismo de la Iglesia Católica retoma las ideas de la Constitución Gaudium et spes del
Concilio Vaticano II, expuestas anteriormente, además de enriquecerlas con textos de algunos
Doctores de la Iglesia y del papa Pio XII.

Según este documento, el hombre no es algo, sino alguien. Al igual que decimos que Dios es
persona, también lo decimos del hombre. Un hombre, a diferencia de los seres inanimados, de
las plantas y de los animales, puede pensar más allá de su horizonte inmediato y evaluar toda la
amplitud de su ser; puede incluso conocerse a sí mismo con una distancia crítica y trabajar en sí
mismo; puede percibir a otros como personas, captar su dignidad y amarlos. Incluso puede
conocer y amar a Dios5. Cf. 356-357

Dios ha hecho todo para el hombre. Pero el hombre, la única criatura querida por Dios por sí
misma6, la ha creado para que sea eternamente feliz. Y esto lo ha alcanzado conociendo a Dios,
amándolo, sirviéndolo y viviendo con agradecimiento a su Creador. Quien es agradecido se
dirige libremente al autor del bien y entra en una relación nueva y más profunda con él. Dios
quiere que conozcamos su amor y que vivamos en relación con él. Esta relación dura
eternamente. Cf. 358

El verdadero ideal del hombre, así como la verdadera esencia divina, Dios nos la muestra en
su Hijo Jesús. Él es la medida del hombre, ya que ninguno de nosotros puede serlo por el pecado.
Qué significa ser hombre y qué hace al hombre eternamente digno de amor lo conocemos sólo
en Jesucristo, que “ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado”7. Jesús es el
hombre real y verdadero, en él conocemos cómo ha querido Dios al hombre. Cf. 358-359

“Dios creo, de un solo principio, todo el linaje humano”8. En esto consiste la igualdad entre
todos los hombres. El único amor creador de Dios es el origen común de todos los hombres. El
género humano forma una unidad. La salvación la alcanzan todos en Jesús, todos están
destinados a encontrar su felicidad y su bienaventuranza eterna en Dios. Por ello, todos son
verdaderamente hermanos. Los cristianos no sólo deben ser solidarios con otros cristianos, sino

1
GS 12
2
Ibíd. 34
3
Ibíd
4
Ibíd. 22
5
Cf. Ibíd. 12, 3.
6
Ibíd. 24, 3. Cf. 12, 1; 39,1.
7
Heb. 4, 15b.
8
Hch. 17, 26.

-4-
con todos los hombres y oponerse a divisiones racistas, sexistas y económicas de la única familia
humana. Cf. 360-361

Todos los pueblos en efecto, forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que
Dios hizo habitar a todo el género humano sobre toda la faz de la tierra, y tienen también
un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de
salvación se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos en la Ciudad Santa que será
iluminada por el resplandor de Dios y en la que los pueblos caminarán bajo su luz.9

6. CONCLUSIÓN

Después de todo lo trabajado, a modo de conclusión, surge en nosotros una profunda acción
de gracias al Dios Creador, por el gran amor que tiene a la humanidad:

Al ver el cielo, obra de tus manos,

la luna y la estrellas que has creado:

¿qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;

le diste dominio sobre la obra de tus manos,

todo lo pusiste bajo sus pies:

todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;

las aves del cielo, los peces del mar

y cuanto surca los senderos de las aguas.

¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!10

9
Nostra Aetate 1b
10
Salmo 8

-5-
7. BIBLIOGRAFÍA
1. Youcat. Madrir : Encuentro, 2011.

2. Catecismo de la Iglesia Católica. Vaticano : Oficina del Libro, 1997.

3. Gaudium et Spes. Concilio Vaticano II. Vaticano : Ofinica del Libro, 1965.

4. Martínez Sierra, Alejandro. Antropologia Teológica Fundamental. Madrid : Autores


Cristianos, 2002.

5. Ruiz de la Peña, Juan Luis. Imagen de Dios - Antropología Teológica Fundamental.


Santander : Sal Terrae, 1988.

6. Nostra Aetate. Concilio Vaticano II. Vaticano : Oficina del Libro, 1965.

7. Rubio, Luis. El misterio de Cristo en la historia de la Salvación. Buenos Aires : Patria Grande,
1980.

-6-