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Vivir en la calle Conesa (Adela Basch)

PERSONAJES
Empleado
Cliente
(LA ESCENA TRANSCURRE EN EL INTERIOR DE UNA OFICINA. HAY UN EMPLEADO SENTADO ATRÁS DE UN ESCRITORIO Y EN LAS
PAREDES SE VEN FOTOGRAFÍAS DE EDIFICIOS DE DEPARTAMENTOS Y CASAS. ENTRA UN CLIENTE.)
EMPLEADO: Buenos días, señor.
CLIENTE: Buenos días. Quisiera comprar una casa.
EMPLEADO: Muy bien. (TOMA UNA CARPETA.) ¿Qué clase de casa? ¿Le interesa una casa de dos plantas?
CLIENTE: ¿Una casa de dos plantas? No sé, a mí me gustan mucho las plantas, me encanta el verde, así que pensaba tener unas
cuantas. Seguro más de dos.
EMPLEADO: No, señor, yo me refería a una casa con una planta baja y una planta alta.
CLIENTE: ¿Una casa con sólo dos plantas, una baja y otra alta? No, no, no, yo quiero tener plantas de muchas clases, grandes, chicas,
altas, medianas, y si es posible que algunas tengan flores.
EMPLEADO: Señor, yo le estaba ofreciendo una casa con una planta baja y un piso.
CLIENTE: ¿Cómo? Hace un momento me dijo que era una casa de dos plantas, y ahora me dice que tiene una planta baja y un piso. Que
tenga un piso está bien, porque con uno para pisar me alcanza. Pero no quiero una casa con una sola planta y encima, baja. Ya le dije
que me gustan mucho las plantas.
EMPLEADO: (UN POCO NERVIOSO.) Está bien, está bien, usted puede tener todas las plantas que quiera. (HOJEA LA CARPETA.) Le voy a
buscar una casa una casa muy amplia, con mucho espacio para plantas.
CLIENTE: Además, me gustaría una casa en un lugar tranquilo.
EMPLEADO: Muy bien, voy a buscar una casa que no tenga nada de ruido.
CLIENTE: Por supuesto, ¡cómo voy a querer ir a un lugar derruido!
EMPLEADO: Señor, dije una casa que no tenga nada de ruido.
CLIENTE: Pero claro, ¿usted cree que voy a ir a vivir a una pocilga, a un lugar derruido?
EMPLEADO: No, no, de ninguna manera. Le voy a ofrecer una casa tranquila, en una calle sin nada de... en una calle sin ruido y que no
tenga nada derruido, que esté en perfectas condiciones.
CLIENTE: Eso es. Y que esté bien ubicada. Para mí es muy importante que la ubicación sea buena.
EMPLEADO: ¿Le gustaría vivir en la calle Conesa?
CLIENTE: ¿En la calle con ésa?
EMPLEADO: Sí, Conesa.
CLIENTE: ¿Con ésa?
EMPLEADO: Sí, dije Conesa.
CLIENTE: Pero, ¿se puede saber con quién? (MIRA HACIA TODOS LADOS COMO BUSCANDO A ALGUIEN.) ¿Quién es ésa? ¿De qué me
está hablando?
EMPLEADO: Señor, le estoy hablando de vivir en la calle Conesa.
CLIENTE: (GRITANDO.) ¡Mire, yo no quiero vivir en la calle! ¡Justamente por eso vengo a comprar una casa! ¡Y tampoco quiero vivir con
ésa, que ni sé quién es!
EMPLEADO: Bueno, bueno, cálmese, por favor. Si no quiere vivir en la calle Conesa le puedo ofrecer otra cosa.
CLIENTE: Sí, sí, mejor ofrézcame otra cosa.
EMPLEADO: (HOJEANDO LA CARPETA.) Bueno, acá tengo algo interesante.
CLIENTE: ¿En qué calle queda?
EMPLEADO: Callao.
CLIENTE: ¿Qué dice?
EMPLEADO: Callao.
CLIENTE: ¿Qué?
EMPLEADO: ¡Callao, señor! ¡Callao!
CLIENTE: ¡De ninguna manera, no me callo nada! ¡Esto es el colmo! Vengo a comprar una casa, primero me quiere vender una donde
sólo puedo tener dos plantas, después me quiere mandar a vivir a la calle con ésa que ni sé quién es y ahora me dice que me calle.
Mire, señor, mejor me voy de acá. (GRITANDO.) ¡Y si usted cree que me puede interesar vivir en la calle con ésa, le aconsejo que se
haga revisar la cabeza!
Colón agarra viaje a toda costa (Adela Basch)

Primer Acto
Escena 1

PRESENTADOR.
Estimado público,
hoy vamos a imaginar la historia
de un singular personaje,
de sus búsquedas y de sus viajes.
Para algunos, fue un hombre intrépido
y valeroso...
PRESENTADORA.
Para otros, fue solamente un ambicioso.
PRESENTADOR.
Para algunos, fue un gran navegante.
PRESENTADORA.
Para otros, fue sólo un farsante.
PRESENTADOR.
Para algunos, quiso ir más allá
de los límites del saber.
PRESENTADORA.
Para otros, sólo buscaba honores y poder.
PRESENTADOR.
Para algunos, fue un visionario.
PRESENTADORA.
Para otros, trataba de hacerse millonario.
PRESENTADOR.
Para algunos, fue brillante y generoso.
PRESENTADORA.
Para otros, fue avaro y codicioso.
PRESENTADOR.
Para algunos, fue un valiente.
PRESENTADORA.
Para otros, fue un demente.
PRESENTADOR.
Para algunos, fue un iluminado.
PRESENTADORA.
Para otros, un chiflado.
PRESENTADOR.
Para algunos, fue todo generosidad y grandeza.
PRESENTADORA (Está en babia)
¿Qué?
PRESENTADOR.
Dije: ¡generosidad y grandeza!
¡Grandeza! ¡Gran-de-za!
PRESENTADORA.
¿Grande ésa? ¿Grande ésa? ¿Grande esa qué?
PRESENTADOR.
¡Grande esa idea que se le apareció en la cabeza!
¡Salir de viaje!
PRESENTADORA.
¿Y que tiene salir de viaje?
Hay millones de personas
que salen de viaje todos los días...
PRESENTADOR.
Sí, ahora, pero en ese momento era otra cosa...
¡Salir de viaje hacia lo desconocido!
¡Encontrar nuevos caminos!
Para algunos, fue todo generosidad y grandeza.
PRESENTADORA.
Para otros, sólo quería riquezas.
PRESENTADOR.
Para algunos era... ¡Cristóbal Colón!
PRESENTADORA.
Y para otros también era... ¡Cristóbal Colón!
PRESENTADOR.
En el mundo hay muchas cosas
que llevan el nombre de Colón.
PRESENTADORA.
Teatros, ciudades, calles, avenidas.
Pero nadie sabe bien cómo fue su vida.
PRESENTADOR.
De colón se sabe poco.
Pero existe la certeza
de que se le encendió una idea
persistente en la cabeza.
PRESENTADORA.
Siempre sintió gran curiosidad
por saber qué había más allá.
PRESENTADOR.
Ustedes preguntarán: ¿Más allá de qué?
PRESENTADORA.
Pues bien, más allá de todo.
Quería saber si era posible
que las cosas fueran de otro modo.
PRESENTADOR.
Y tal vez, quién sabe,
se haya sentido reclamado
por un poderoso y fuerte llamado.
(Se escucha golpear a una puerta.)

Escena 2

(Mientras todo esto pasa,


Colón está sentado en su casa.
Escucha golpear a la puerta.
Si hubiera estado durmiendo,
seguro que se despierta.)
COLÓN.
¿Quién es?
PRESENTADOR.
¡Cartero!
(Colón abre la puerta y recibe
una botella con un mensaje.)
COLÓN.
Um, tiene fecha de hoy.
¡Qué bien anda el correo!
Si no lo veo, no lo creo.
(Colón está muy intrigado.
Abre la botella y saca el mensaje, enfrascado.
Lo lee en voz alta.)
COLÓN.
La vida sin riesgo ni aventura es aburridísima.
¿No te interesa conocer otras tierras,
ideas nuevas, posibilidades diferentes?
Buscá más allá del mar.
El mundo es más grande de lo que vos pensás.
Más allá del horizonte siempre hay algo más.
(Colón toma largavistas, telescopios, mapas, libros y se instala a mirar el mar... avilloso mar:
Consulta todo lo que tiene a mano y se queda
extasiado contemplando las olas.)
COLON.
Me pregunto qué hay más allá del mar,
más allá de mi casa, mis ventanas, mi familia,
mis amigos, mis ojos, mi boca, mis vecinos;
me pregunto qué habrá más allá
de todo lo conocido...
PRESENTADOR.
Colón se preguntaba y se preguntaba.
Pero la gente le contestaba: ¡nada!
(Mientras Colón contempla el mar entra un hombre necio.)
COLÓN.
¿Qué hay más allá del mar? ¿Usted qué opina?
HOMBRE NECIO.
No hay nada. El mundo se termina.
COLÓN.
Más allá del mar tiene que haber algún camino.
HOMBRE NECIO.
Más allá del mar no hay ni un pepino.
COLÓN.
Más allá del mar puede haber otras ciudades, puertos, ríos.
HOMBRE NECIO.
Más allá del mar hay un vacío.
COLÓN.
Más allá del mar
puede haber gente enamorada.
HOMBRE NECIO.
No. Más allá del mar no hay nada.
COLÓN.
Más allá del mar puede haber alguien,
tal vez Juan, María, Vicente.
HOMBRE NECIO.
Más allá del mar no hay nada
y tampoco gente.
COLÓN.
Puede haber leones, águilas, rosales.
HOMBRE NECIO.
No. Más allá no hay vida,
ni plantas, ni animales.
COLÓN.
Más allá puede haber risas, luces y miradas.
HOMBRE NECIO.
No. Más allá no hay nada.
COLÓN.
Tiene que haber algo
aparte de nosostros mismos.
HOMBRE NECIO.
No. Solamente hay un abismo.
Más allá todo termina, todo desaparece.
COLÓN.
¡Basta! Me parece que dice estupideces.
Si usted nunca cruzó el mar,
¿cómo sabe que no hay nada más allá?
HOMBRE NECIO.
Siempre oí decir que no hay nada
y si siempre oí decir que no hay nada,
quiere decir que no hay nada.
¿Usted nunca escuchó esto?
En el cielo las estrellas,
en el campo las espinas
y después del mar
el mundo se termina.
COLÓN.
Usted me recuerda a mi tía Pirucha,
repite cualquier pavada que escucha.
¡Pucha!
HOMBRE NECIO.
Pucha.
COLÓN.
Mejor, vuélvase a su cucha.
HOMBRE NECIO.
¿Qué cucha?
COLÓN.
La que escucha.
Yo ya me cansé.
Váyase a dar una ducha.
(El hombre necio se va. Colón se pone a cantar esta canción.)
En el mundo hay mucho más
de lo que conocemos
hay secretos por develar
en caminos nuevos.
En el mundo hay mucho más
que el suelo que pisamos
más de lo que ven los ojos
y pueden tocar las manos.
En el mundo hay mucho más
hay cosas que ni soñamos
fronteras desconocidas
en horizontes lejanos.
En el mundo hay mucho más
que inútiles mapas viejos
que no saben de aventuras
y no conocen el riesgo.
Hay una sopa en mi mosca (Fabián Sevilla)

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
MOZO 1
MOZO 2
MOZO 3
ENCARGADO
COCINERO
LOS COMENSALES: ANÍBAL, ROSITA, JULIÁN, HUGO Y DOROTEA
ENFERMERO 1
ENFERMERO 2
ENFERMERO 3

(La escena transcurre en un restaurante. Como es una comedia de situaciones que no tienen relación entre sí, en tres niveles diferentes
hay tres mesas y sus sillas, en donde cada mozo atiende a los comensales. En el centro del escenario hay una puerta vaivén que da a la
cocina, como las de los restaurantes, por donde aparecen y desaparecen los mozos. Además, hay un mostrador, donde está el
Encargado. Los comensales están ubicados en sus respectivas mesas, conversando y esperando que los atiendan o sirvan la comida. Los
mozos también atienden a otros que no están en escena, para lo cual salen por los laterales como si estuvieran en otra parte del mismo
restaurante.)
MOZO 1: (Con la bandeja en las manos, pasa delante del encargado.) ¡Sale una especial de muzzarella y aceitunas! (La lleva a Aníbal,
que está sentado solo a su mesa.)
ENCARGADO: (Detrás del mostrador.) Si sale, que lleve abrigo, afuera hace un frío terrible.
(El mozo 1 le deja la pizza a Aníbal sobre la mesa.)
ANÍBAL: (Exigente.) ¡Le pedí con vino y vino sin el vino!
MOZO 1: ¿Quién no vino?
ANÍBAL: Usted vino sin el vino.
MOZO 1: Pero vine… (Duda mirando hacia la cocina.) ¿O acaso no vine?
ANÍBAL: Usted vino, pero…
MOZO 1: Ufff, me quedo más tranquilo, pensé que no había venido y todavía estaba en la cocina sacándome la mugrecita de las uñas.
(Vuelve a la cocina.)
ROSITA: (Acompañada en la mesa por Julián, le pide al mozo 2.) Mozo, tráiganos dos tecitos con azúcar.
MOZO 2: (Con el anotador en la mano.) No tenemos té, pero le puedo traer el azúcar.
JULIÁN: (Ofuscado.) Mejor, que sean dos cafés con leche… ¿Tiene leche, no?
MOZO 2: (Apunta.) Es lo que sobra aquí. (Vuelve a la cocina.)
COCINERO: (Desesperado, sale de la cocina.) Señor Encargado, se pudrió todo: los ratones tomaron la cocina.
ENCARGADO: ¿No habíamos traído un gato?
COCINERO: Si, pero recuerde que el minino se hizo adicto a la leche y tuvimos que traer un perro para que lo espantara de la
heladera…
ENCARGADO: ¿Y el perro, dónde está?
MOZO 1: (Con la bandeja en las manos, pasa delante del encargado.) ¡Salen dos pastas con albóndigas! (Sale de escena, como llevando
la comida a otros comensales.)
COCINERO: Ahí va, en esos platos, acompañando los espaguetis. Ojalá no ladre cuando lo pinchen con los tenedores. (Vuelve a la
cocina.)
HUGO: (Al mozo 3.) ¿Sopa con qué tiene?
MOZO 3: Hay con fideos y arroz…
DOROTEA: Pidámoslas con fideos, así no se nos llena la boca de granos.
MOZO 3: (Vuelve a la cocina.) ¡Marchen dos sopas con fideos!
ENCARGADO: ¡Si marchan, sacáles una foto, que seguro nos hacemos millonarios!
ANÍBAL: (Mira asqueado la pizza.) ¡Mozo! (Cuando tiene adelante al mozo 1.) Yo le pedí una especial de muzzarella y aceitunas negras.
Mire, el queso brilla por su ausencia y las aceitunas están caminando por la pizza. ¿Qué hacemos?
MOZO 1: No se preocupe, en un instante se lo soluciono. (Vuelve a la cocina.)
HUGO: (Mientras espera, conversa con Dorotea.) ¿Y cómo van tus estudios de piano?
DOROTEA: Bárbaro, si hasta me han pagado una beca para terminarlos en una universidad de Alemania.
HUGO: ¿Quién, el gobierno?
DOROTEA: No, los vecinos (Al ver la sopa que el mozo 3 le acaba de servir.) Mozo, ¿se dio cuenta de que traía el dedo metido en la
sopa?
MOZO 3: Sí, pero no se preocupe, no está caliente.
HUGO: (Va a meter la cuchara, pero se detiene porque se dio cuenta de algo.) ¿Qué hace esta mosca en mi sopa?
MOZO 3: (Mira el plato.) Yo diría que nada estilo pecho, señor
DOROTEA: (También mira su sopa.) Y en la mía hay una mosca muerta.
MOZO 3: Sí, es que no todas nadan tan bien como la de la sopa de su amigo.
COCINERO: (Se acerca.) ¿Hay algún problema con la sopa?
HUGO: (Asqueado.) ¡Su sopa tiene una mosca muerta y la mía aún patalea!
COCINERO: (Desesperado.) ¡Llame a un salvavidas! Mientras, tirémosle un grisín a ver si así se mantiene a flote.
HUGO: (Fastidiado.) Ah, ¿son pillos? (Los empieza a seguir para golpearlos y así salen por un lateral.)
(El mozo 1 vuelve a la mesa de Aníbal llevando un tubo de insecticida y rocía la pizza.)
ANÍBAL: ¡¿Qué hace?!
MOZO 1: Mato las cucarachas y de paso le doy el toque que le falta a la pizza: este insecticida tiene sabor y aroma a muzzarella.
ANÍBAL: ¿Y el vino?
MOZO 1: No sé, creo que no vino (Se va a la cocina.)
JULIÁN: (Le comenta a Rosita.) Me regalaron un reloj, pero no me gusta llevarlo por la calle.
ROSITA: Tenés miedo de que te lo roben.
JULIÁN: No, porque es de pared. (Al ver que el mozo 2 mete la corbata en su taza.) Mozo, está metiendo su corbata en mi café con
leche.
MOZO 2: No se alarme, señor, esta tela no encoge. (Les sirve los cafés con leche a ambos.)
ROSITA: (Descubre algo en la taza y se levanta espantada.) ¡Encima, hay una laucha!
MOZO 2: Yo sabía que había oído mal: era con leche, no con laucha. Pero no se preocupe, no tomará mucho.
JULIÁN: (Mientras apantalla a Rosita que se ha desmayado sobre su silla.) Pero, dígame, ¿qué hace esa laucha en el café con leche?
MOZO: ¡¿Qué sé yo?! Soy mozo, no adivino.
JULIÁN: Encargado, Encargado… Venga por favor.
ENCARGADO: Sí, ya oí todo. (Al mozo 2.) ¿Te parece bonito? Además, ese café con leche está helado
MOZO 2: ¿Cómo sabe? Si ni lo probó.
ENCARGADO: Porque la pobre laucha está tiritando de frío
JULIÁN: (Enojadísimo.) Yo los mato. (Comienza a pelear con el encargado y el mozo 2 intenta separarlos.)
ANÍBAL: (Al mozo 1.) Mozo, quiero que venga el encargado y vea a estas cucarachas pizzeras.
MOZO 1: (Que ha ido a atenderlo.) Eso no va a poder ser. El encargado les tiene un asco terrible a las cucarachas.
ANÍBAL: (Se le tira encima y lo quiere ahorcar.) ¿¡Me estás gastando!? ¡Te mato, pedazo de infeliz!
MOZO 3 Y COCINERO: (Entran seguidos por Hugo y Dorotea.) ¡La policía, llamen a la policía! ¡Nos matan y aún soy joven para morir! (Se
confunden en la trifulca general.)
Los enfermeros entran súbitamente y, tras ver la pelea, se abalanzan sobre los mozos, el cocinero y el encargado, a quienes les ponen
una camisa de fuerza.)
ENFERMERO 1: Finalmente los pudimos atrapar.
ENFERMERO 2: Hace una semana que estos cinco locos se escaparon del manicomio y pusieron este restaurante.
ANÍBAL: (Que, como los demás, está muy sorprendido por la situación) ¿Y son peligrosos?
ENFERMERO 3: No, pero estaban a cargo de la cocina del hospital y desde que se escaparon tenemos que pedir comida por teléfono.
Ahora, vamos que los están esperando para que preparen la cena.
ENCARGADO: ¿Pero no podemos irnos sin antes cobrarles a los clientes?
COMENSALES: (Molestos.) ¡Yo no pienso pagar! ¡Pero si casi nos envenenan! ¡Lo único que falta, que nos cobren!
MOZO 1: Bueno, si no quieren pagar, no paguen. Pero, al menos, déjennos unas buenas propinas.
Entremés de Don Manuel y los colores de la bandera (Alejandra Erbiti)

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
SOLDADITO DE LA INDEPENDENCIA
DON MANUEL BELGRANO
LA COSTURERA
DAMA JUANA (UNA DAMA ANTIGUA)
(Un salón colonial, en la casa de don Manuel Belgrano; al fondo, un gran ventanal; se ven oscuros nubarrones de tormenta. Don Manuel
camina inquieto; la costurera está cosiendo, sentada junto a una mesa donde hay una montaña de retazos de telas de todos los colores.
El soldadito de la Independencia está firme en el proscenio y comienza a moverse ni bien se dirige al público.)
SOLDADITO DE LA INDEPENDENCIA: (Muy expresivo y con muchos ademanes.)
Era un día muy nublado,
de esos días, grises, grises.
En casa estaba Belgrano
buscando lindos matices.
DON MANUEL BELGRANO:
Para crear la bandera,
al cielo voy a mirar,
de allí saldrán los colores
que en ella van a brillar.
SOLDADITO DE LA INDEPENDENCIA:
Así, don Manuel Belgrano,
se asomó por el balcón,
y al ver el cielo nublado,
se le estrujó el corazón.
Suspirando desolado,
lleno de pena sincera,
exclamó con voz llorosa:
DON MANUEL BELGRANO:
¡Qué fea me va a salir la bandera!
LA COSTURERA:
¡No se aflija, general!
¡Busque otro colorcito!
Mire este almohadón floreado
¿No le parece bonito?
DON MANUEL BELGRANO:
¿Bonito? ¡Para almohadón!,
¡y hasta para una campera!,
¡pero es un mamarracho
para hacer nuestra bandera!
SOLDADITO DE LA INDEPENDENCIA:
¡Qué problema, general,
este asunto del color!
Si usted necesita ayuda,
yo tengo un tío pintor.
LA COSTURERA:
¡Qué pintor, ni qué pinceles!
¡De seda tiene que ser!
¡De un paño grande y brillante,
que todos la puedan ver!
(Se escucha la campanilla de la puerta y enseguida entra muy alborotada Dama Juana, una dama antigua muy coqueta, trayendo en
sus manos un enorme retrato de la familia Borbón, donde se pueden ver los bandos celestes y blancos sobre sus trajes.)
DAMA JUANA: (Mostrando a todos el cuadro, incluso al público.)
¡Miren qué lindo cuadro
para adornar el salón!
Una pintura de Goya
de la familia Borbón.
DON MANUEL BELGRANO:
¡Es don Fernando, el rey,
es Fernando de Borbón!
¡Miren qué linda faja
le sostiene el pantalón!
DAMA JUANA:
Es blanca y azul celeste,
como el cielo en la montaña
y está de última moda,
aquí, allá y en España.
DON MANUEL BELGRANO:
¡Empiece a cortar la tela
costurera, costurera!
TODOS: (Agitando en sus manos trozos de telas celestes y blancos.)
¡Ya tenemos los colores
para hacer nuestra bandera!
APAGÓN O TELÓN
Los idiomas de la tele. Fabián Sevilla

ACTO ÚNICO
ACTOR 1
ACTOR 2
PRODUCTOR
ACTRIZ
ASISTENTE
DIRECTOR
(La escena transcurre en un estudio de televisión, donde se recrea el living de una casa como escenografía de una telenovela.)

ACTOR 1: (Enamorado, se arrodilla ante la actriz.) ¡Ana, sos la más linda del barrio!
ACTRIZ: (Preocupada.) Oh, Romualdo, sos un galán. Pero si mi padre te descubre en casa ¡te saca la cabeza!
ACTOR 1: ¡Afuera nos espera mi caballo!
ACTRIZ: Pero, no tenemos un peso, ni para pagar un café con leche.
ACTOR 1: Ya casi me recibo de doctor, mientras trabajo como maestro.
ACTOR 2: (Entra y, al ver al joven con su hija, se enoja.) ¿Qué hace usted aquí, payaso?
ACTRIZ: (Asustada.) ¡Mi padre!
ACTOR 1: (Lo enfrenta.) Escúcheme, señor, quiero que su hija sea mi mujer.
ACTOR 2: Muchacho, salga por esa puerta o perderá hasta los calzoncillos.
DIRECTOR: ¡Corten, corten!
ASISTENTE: (Que bajo el brazo tiene la claqueta, el libreto y una enciclopedia.) ¿Qué ocurre, señor director? (Lee el libreto.) Esta vez no
equivocaron una sola palabra.
DIRECTOR: A esta escena le hace falta más acción (Piensa.) Pero no se me ocurre nada.
PRODUCTOR: (Entra muy alarmado.) Una gran noticia: acabamos de vender nuestra telenovela al extranjero.
ACTORES: ¿A Italia? ¿Rusia? ¿China?
PRODUCTOR: No, a Vesrrelandia.
DIRECTOR: ¿Adónde?
PRODUCTOR: A Vesrrelandia. Ni sé dónde queda, pero pagan millones por transmitir a los vesrrelandenses los capítulos de “El cariño es
un viento que da calor y frío”.
ACTOR 1: ¡Seguramente nos doblarán actores de ese país!
PRODUCTOR: No, para ahorrar costos deberemos grabar cada escena en español y en el idioma nacional de Vesrrelandia.
ACTRIZ: ¿Y qué lengua usan ahí?
ASISTENTE: (Busca en la enciclopedia.) Vesrrelandia… Aquí está: hablan al vesre.
PRODUCTOR: Ya saben: repitan las escenas hablando al revés o sea, al vesre. (Se va.)
ASISTENTE: (Mientras los actores toman sus posiciones iniciales, frente a la cámara golpea la claqueta.) Uno, dos, tres: se graba “El
ñorica es un tovién que da lorca y ofri”.
ACTOR 1: ¡Ana, sos la más linda del rioba!
ACTRIZ: Oh, Romualdo, sos un langa. Pero si mi drepa te descubre en saca ¡te casa la zabeca!
ACTOR 1: ¡Afuera nos espera mi llobaca!
ACTRIZ: Pero, no tenemos un sope, ni para garpar un feca con chele.
ACTOR 1: Ya casi me recibo de tordo, mientras trabajo como troesma.
ACTOR 2: (Entra.) ¿Qué hace usted aquí, yosapa?
ACTRIZ: ¡Mi drepa!
ACTOR 1: Escúcheme, ñorse, quiero que su hija sea mi jermu.
ACTOR 2: Chochamu, salga por esa tapuer o perderá hasta los solsilloncas.
DIRECTOR: Tencor, tencor…, digo ¡corten, corten!
ASISTENTE: Señor director, estaban hablando un excelente vesre básico.
DIRECTOR: Ese no es el problema. Sigue faltando acción (Piensa.) Pero no sé qué…
PRODUCTOR: (Entra, mucho más excitado.) ¡Otra gran noticia! Nos acaban de comprar la telenovela de un canal de la República de
Jeringocia.
LOS DEMÁS: ¿Y eso dónde queda?
PRODUCTOR: Soy productor de televisión, no profesor de Geografía. Lo único que sé es que deberemos grabar a la par, la versión en
español, vesre y el idioma de ese país.
ACTRIZ: (Algo ofuscada.) Ya sé: para ahorrar costos.
ASISTENTE: (Lee la enciclopedia.) En la República de Jeringocia hablan el jeringozo.
ACTOR 2: ¿Y eso cómo es?
ASISTENTE: Según esta enciclopedia consiste agregar una P a cada vocal de una misma palabra.
PRODUCTOR: Yapa lopo sapabenpe. ¡Apa, trapabapajarpa! (Sale de escena.)
DIRECTOR: (Mientras los actores vuelven a sus posiciones.) Apatenpetopos quepe grapabapamospo…
ASISTENTE: (Frente a la cámara, golpea la claqueta.) “Elpe caparipiñopo espe unpu vipienpetopo quepe dapa capalorpo ypy frípiopo”,
especepenapa dospo.
ACTOR 1: ¡Apanapa, sospo lapa máspa linpidapa delpe baparripiopo!
ACTRIZ: Ohpo, Ropomupualpadopo, sospo unpu gapalánpa. Peperopo sipi mipo papadrepe tepe despecupubrepe enpe capasapa ¡tepe
sapacapa lapa capabepezapa!
ACTOR 1: ¡Apafupueperapa nospo espepeperapa mipi capabapallopo!
ACTRIZ: Peperopo, nopo tepenepemospo unpu pepesopo, nipi paparapa papagarpa unpu capafépe conpo lepechepe.
ACTOR 1: Yapa capasipi mepe repecipibopo depe docpotorpo, mipienpetraspa trapabapajopo copomopo mapaespetropo.
ACTOR 2: (Entra.) ¿Quépe hapacepe usputedpe apaquípi, papayapasopo?
ACTRIZ: ¡Mipi papadrepe!
ACTOR 1: Especúpuchepemepe, sepeñorpo, quipieperopo quepe supu hipijapa sepeapa mipi mupujerpe.
ACTOR 2: Mupuchapachopo, salpagapa porpo epesapa pupuerpetapa opo perpedeperápa haspatapa lospo calpazonpocipillospo.
DIRECTOR: Corpotenpe, digo, ¡corten!
ASISTENTE: ¿Quépe papasapa apahoporapa!
DIRECTOR: Los actores están perfectos, es más hablan un jeringozo exquisito. Es la escena la que falla ¡Le falta algo!
PRODUCTOR: (Vuelve a entrar.) ¡Somos un éxito mundial! El teléfono no deja de sonar. Nos piden la telenovela en cinco países. Ahora,
además deberemos grabar los 220 capítulos en el idioma que se habla en Hotozambillalandia del Norte, en Neplekansulia del Sur, en
Salsipuedes del Centro, la Isla de Coaticacamaizón y Ñañayachiclán. ¡La cantidad países que hay y que uno no conoce!
ACTRIZ: Y supongo que sin que nos doblen…
PRODUCTOR: ¡Exacto!
ACTOR 1: Para ahorrar costos.
PRODUCTOR: ¡Correcto!
ACTOR 2: (Le saca la enciclopedia al asistente y comienza a seguir al productor amenazándolo con el libro.) Pero antes, le voy a hacer
tragar esta enciclopedia así el hace todos los papeles hablando en hotozambillalandés, neplekansulés, salsipuedés, coaticacamaizondés
y ñañayachiclanés es usted.
DIRECTOR: (Al ver que los demás actores persiguen al productor) Asistente: pase lo que pase, no apague la cámara. ¡Esto era lo que
faltaba en la escena! Una persecución. ¡Uno, dos, tres… grabamos! (A los actores.) Eso sí, traten de que los insultos sean al vesre,
jeringozo y en hotozambillalandés, neplekansulés, salsipuedés, coaticacamaizondés y ñañayachiclanés así ahorramos costos.
TELÓN O APAGÓN
¡¡Más fuerte… que no te oyo!! Fabián Sevilla

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
GOYO
ANICETA
OTORRINOLARINGÓLOGO
(Un patio de campo. Hay una silla y una mesa con un mantel. Como utilería hará falta un televisor, un gato –que puede ser un muñeco–,
un mate y una pava, un reloj despertador, una lámpara, un florero y una tira de chorizos.)
ANICETA: (Entra y pregunta a su marido, que se está metiendo el dedo en un oído.) ¿Les diste maíz a los pollos, Goyo?
GOYO: (Se pone de pie y automáticamente grita.) Aro, aro, aro… cogollito de aceituna: vos sos un lucero, pero tu madre parece la Luna.
ANICETA: ¿Qué hacís, Goyo?
GOYO: Me dijiste que te dedicara un cogollo y eso hi’hecho.
ANICETA: Te pregunté si les diste de comer a los pollos, Goyo.
GOYO: Hablá más fuerte que no te oyo.
ANICETA (Le grita al oído.) ¿LES DISTE DE COMER A LOS POLLOS, GOYO?
GOYO: Se dice oigo, no oyo.
ANICETA: ¡Pero estás más sordo que una tapia!
GOYO: No, a don Tapia hoy no lo vi.
ANICETA: Voy a tener que llamar al otorrinolaringólogo.
GOYO: ¿El otorrinolaringolo qué?
ANICETA: Go. El especialista en otorrinolaringología.
GOYO: ¿En otorrinolaringolo qué?
ANICETA: Gía.
GOYO: No, tampoco la vi a la tía.
ANICETA: (Lo sienta.) Vos quedáte aquí, tranquilito.
GOYO: Sí, te haría bien bajar un kilito.
ANICETA: ¡Qué kilito ni ocho cuartos! No te movás, Goyo.
GOYO: (Se pone de pie y automáticamente grita.) Aro, aro, aro… cogollito…
ANICETA: Eso, decí un cogollo, yo voy por el “dotor”, Goyo. (Sale.)
GOYO: (Le grita.) No se dice oyo. (A los gritos.) Aro, aro, aro, cogollito de matambre: yo seré un infeliz, pero tu tata es un muerto di
hambre.
ANICETA: (Vuelve con el médico.) Ahí lo tiene “dotor”.
OTORRINOLARINGÓLOGO: A ver, ¿qué le anda pasando?
GOYO: Yo no ando pisando nada.
OTORRINOLARINGÓLOGO: Que, ¿qué le sucede?
GOYO: Tiene razón, hace mucho que no llueve.
OTORRINOLARINGÓLOGO: Yo soy el otorrino…
GOTO: No pasó ningún zorrino. La Aniceta huele siempre así.
OTORRINOLARINGÓLOGO: Está más sordo que una tapia.
GOYO: ¡Otro que lo anda buscando a Tapia!
ANICETA: “Dotor”, mi marido tiene la mala costumbre de meterse cosas en el oído. Una vez se metió una semilla de zapallo.
OTORRINOLARINGÓLOGO: ¿Y cómo se la sacaron?
ANICETA: Se la dejamos nomás. Le regamos la oreja a diario y al tiempito tuvimos zapallo hasta pa’ un año.
GOYO: Al fondo a la derecha queda el baño.
OTORRINOLARINGÓLOGO: Tal vez se le quedó adentro algún zapallo.
GOYO: ¿Y para qué quiere mi caballo?
OTORRINOLARINGÓLOGO: ¡Zapallo, dije zapallo!
GOYO: Es azabache, no bayo.
OTORRINOLARINGÓLOGO: (Fastidiado.) ¡Zapallo!
GOYO: ¡Es caballo, no gallo!
OTORRINOLARINGÓLOGO: (Ofuscado.) ¡ZAPALLO!
GOYO: Si “usté” quiere, me callo.
OTORRINOLARINGÓLOGO: Voy a tener que operarlo aquí “mesmito”. A ver si el zapallo saca brotes y se nos convierte en una huerta.
GOYO: (Alarmado.) ¿Quién esta muerta?
ANICETA: Tu audición, Goyo.
GOYO: Ya te dije, se dice oigo no oyo.
OTORRINOLARINGÓLOGO: Voy a necesitar su ayuda, Aniceta.
GOYO: No, hace frío como pa’andar en camiseta.
OTORRINOLARINGÓLOGO: (Lo acuesta sobre la mesa.) Vamos a usar esto como camilla…
GOYO: Yo no dejé abierta la canilla.
OTORRINOLARINGÓLOGO: Usemos el mantel como sábana.
ANICETA: (Delante de la camilla sostiene en lo alto el mantel de modo que tape a Goyo.) ¡”Dotor”, que no sienta dolor!
GOYO: También siento mal olor. Pero yo no jui.
OTORRINOLARINGÓLOGO: (Actuando de modo que de la oreja de Goyo saca un televisor.) ¿Y esto?
ANICETA: Ay, te dije Goyo que tanta televisión te iba hacer daño.
GOYO: ¿Todavía no fuiste al baño?
OTORRINOLARINGÓLOGO: (Extrañado.) Sigue sordo, debe tener algo más ahí dentro…
GOYO: Cualquier coletivo lo deja en el centro.
OTORRINOLARINGÓLOGO: (Saca un gato.) ¿Y “aura”?
ANICETA: (Toma el gatito.) ¡Conque ahí te habías metido, Sieteuñas! La otra vez lo seguía el perro del vecino y el Sieteuñas
desapareció, pero jamás se me ocurrió buscarlo dentro de la oreja de Goyo.
GOYO: Se dice oigo, no oyo.
OTORRINOLARINGÓLOGO: Sigue sin oír… (Vuelve a meter la mano y ahora saca un mate y una pava.)
ANICETA: (Retando a su marido.) ¡Goyo, te dije que la cortaras con el mate, que “dispué” te caía pa’la mona!
GOYO: (Feliz.) ¿Llegó mi prima, la Ramona?
OTORRINOLARINGÓLOGO: Sigue “tapao” el oído. Este hombre tiene un almacén ahí dentro… (Mete la mano en la oreja y saca una tira
de chorizos.)
ANICETA: (Vuelve a retarlo.) Ajá, “juiste” vos el que se robó los chorizos de la parrilla el domingo.
GOYO: No, hoy es martes.
OTORRINOLARINGÓLOGO: (Más que sorprendido.) Será cuestión de seguir metiendo mano… (Saca un despertador, una lámpara y un
florero con una flor, que Aniceta recibe.) Me corrijo, más bien parece un camión pa’ mudanza.
GOYO: (Se levanta de la mesa.) Ufff… ahora puedo oírlos bien.
ANICETA: ¡Por fin! ¿Cuánto es “dotor”?
OTORRINOLARINGÓLOGO: Y… cuatrocientos pesos.
ANICETA: (Se hace la sorda.) ¿A quién quiere que le dé besos?
OTORRINOLARINGÓLOGO: Señora, dije pesos no besos. Págueme, Goyo.
ANICETA: Hable más fuerte que no lo oyo. (Entre dientes, a su marido.) Y vos, hacete el sordo, que por tu maldita costumbre nos vamos
a fundir.
OTORRINOLARINGÓLOGO: ¡Vamos, pague Goyo!
AMBOS: ¡Se dice oigo, no oyo! (Salen corriendo.)
APAGÓN O TELÓN
¡Atrás hay lugar! Fabián Sevilla

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
CHOFER
NOVIO
NOVIA
NENA
MADRE
EMBARAZADA
ANCIANA
PLOMERO
PASAJERO
PASAJERA
VENDEDOR
COMPRADOR
OTROS PASAJEROS
(La acción transcurre dentro de un colectivo atestado de pasajeros. Puede hacerse con sillas en fila, dejando un pasillo en el medio, y
ubicadas de costado o de frente a la platea según el criterio de la puesta en escena. El chofer va sentado delante de todos y lleva un
volante en las manos.)
CHOFER: (Le pasa el boleto a la embarazada. Detrás sube el vendedor) Corriéndose, que atrás hay lugar…
TODOS: (Tanto los que van parados como sentados, hacen un movimiento grupal como si el colectivo arrancara.)
VENDEDOR: (Se para detrás del chofer.) Señoras y señores, permítanme distraer su atención…
TODOS: (Molestos) ¡Lo que faltaba! ¡Cartón lleno! ¡Háganlo bajar!
VENDEDOR: De la fábrica Molestex S.R.L. hoy vengo a ofrecerles las nuevas tijeras sin filo, ideales para cortar sin sufrir accidentes.
NENA: Mamá, ¡molino!
MADRE: ¿Qué molino, nena?
VENDEDOR: Ideal para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero. Y no viene sola, no. Con la compra de esta maravilla tijeril,
además se llevan un dedo de repuesto, por si alguna vez, cortando con otras tijeras, sufrieron la pérdida de un meñique, pulgar o…
NOVIO: (Sentado junto a su novia) Analía, quería aprovechar la oportunidad para…
NOVIA: (Al ver que nadie le cede un lugar a la embarazada.) Julio, dejále el asiento a la señora.
EMBARAZADA: (Se sienta en el sitio que el joven le cede.) ¡Gracias, muy amable! (Enojada.) Es como yo digo, lo que se acabaron no son
los asientos sino los caballeros.
(Un pasajero desciende y el novio se ubica en el asiento detrás de la novia.)
VENDEDOR: Y, como si esto fuera poco, un dedal para ese dedo extra. Todo por la módica suma de tres pesos con sesenta y cuatro
centavos. ¿Alguien está interesado?
COMPRADOR: (Sentado en la última fila.) ¡Yo!
VENDEDOR: ¡Ahí se lo acerco! (Avanza con dificultad entre los pasajeros.) ¡Permiso, permiso!
NENA: Mamá, ¡molino!
MADRE: ¿Qué molino, nena?
PLOMERO: (Va parado y con un caño en las manos por sobre su cabeza, le habla al pasajero y la pasajera que tiene a cada lado y que
han agarrado el tubo.) Me bajo en cuatro cuadras…
PASAJERA: Chofer, ¿usted sabe cantar?
CHOFER: No, ¿por qué lo pregunta?
PASAJERA: Porque aquí atrás hay alguien que se la pasa tocando.
COMPRADOR: (Ve la tijerita.) ¿No tiene con el mango de otro color? Como ser: rojo.
VENDEDOR. Sí, pero me quedó en la otra punta.
COMPRADOR: Mire, yo la quiero con el mango rojo, si no, no la compro…
VENDEDOR: ¡Ya se la traigo! (Vuelve hasta la delantera, avanzando con dificultad entre los pasajeros.) ¡Permiso, permiso!
PASAJERO: Chofer, ¿este colectivo es a gas?
CHOFER: No, naftero…
(Todos hacen un movimiento grupal como si el colectivo frenara.)
NENA: Mamá, ¡molino!
MADRE: ¿Qué molino, nena?
CHOFER: (Mientras la anciana que acaba de subir paga el boleto.) Corriéndose, que atrás hay lugar…
(Todos hacen un movimiento grupal como si el colectivo arrancara.)
NOVIO: Bueno, como te decía quería aprovechar la oportunidad para…
NOVIA: (Ve que nadie le da el lugar a la anciana.) Julio, dejále el asiento la abuelita.
ANCIANA: (Se sienta en el sitio que el joven le cede.) ¡Pero qué caballero! (Grita.) ¡Aprendan, bestias peludas criados por los osos,
aprendan de este joven!
VENDEDOR: (Que llegó hasta el comprador con dificultad, le deja una tijerita de mango rojo.) Aquí la tiene. Y éste es el dedo extra.
COMPRADOR: (Lo recibe y lo mira.) ¿No tendrá uno con la uña más prolijita?
VENDEDOR. Use la tijera para dejarlo como usted más guste. Aquí está el dedal…
COMPRADOR: (Lo recibe y lo analiza.) ¿Y sólo viene en plateado?
VENDEDOR: No, Molestex S.R.L. también produce dedales dorados.
COMPRADOR: ¡Dorado! ¡Me gusta!
VENDEDOR. Pero me quedó en el portafolio.
COMPRADOR: Si no me da un dedal dorado, no le compro nada.
VENDEDOR: ¡Ahora se lo traigo! (Vuelve hasta la delantera empujando a los pasajeros.) ¡Permiso, permiso!
PLOMERO: (A los dos pasajeros que tiene a cada lado.) Me bajo en dos cuadras…
PASAJERO: Chofer, me la juego que este vehículo es a gas.
CHOFER: Ya le dije que no… Y hagan lugar, que atrás hay espacio.
NENA: Mamá, ¡molino!
MADRE: ¿Qué molino, nena?
PASAJERO: Chofer, ¿seguro que no es a gas?
CHOFER: No, es naftero….
PASAJERO: Entonces, algún pasajero tiene la cañería con pérdida.
CHOFER: A mí me enseñaron que gallito que cacarea primero tuvo la culpa…
PASAJERO: ¿Insinúa que fui yo?
CHOFER: Usted fue el único que cacareó.
PASAJERO: Venga y dígamelo en la cara, a ver si usted es tan gallito.
CHOFER: ¿Pero quién se cree? (Deja el volante y va hasta el pasajero empujando a todos.)
NOVIO: (Que se sentó en la última fila, le grita a su novia.) Analía, Analía…
NOVIA: Sí, Julio.
NOVIO: Quería aprovechar este viaje para…
NOVIA: Julio, no te entiendo, hablá más fuerte…
PASAJERO: (También avanza y se encuentra con el chofer en el medio del colectivo.) ¡Déle, dígame en la cara lo que me acaba de decir!
NOVIO: Quería decirte que para mí sos un…
PASAJERO: ¡Salame!
CHOFER: No voy a poder…
PASAJERO: Ah, ahora se achica…
CHOFER: No, no voy a poder decírselo en la cara porque…
NOVIA: (Al novio.) ¿Qué me dijiste?
CHOFER: ¡Te voy a moler la cara a trompadas!
NOVIA: ¡Pero andáte a freír churros, tarado! (Llora desilusionada.)
PASAJERA: (Al chofer.) Una pregunta…
CHOFER: Después, señora…
PASAJERO: Me va a golpear. ¿No sabe que es de cobardes pegarle a alguien que usa anteojos?
NENA: Mamá, ¡molino!
MADRE: ¿Qué molino, nena?
PASAJERA: (Al chofer.) Una pregunta…
CHOFER: Después, señora… (Al pasajero.) ¿Y quién lleva anteojos?
PASAJERO: (Saca un par de lentes y se los pone.) ¡Yo!
CHOFER: No sos gallitos, sos gallina.
PASAJERO: Pero esta gallina te va a dejar los ojos como un par de huevos duros… (Ambos comienzan a pelear.)
PASAJERA: (Al chofer.) Una pregunta…
CHOFER: Le parto la cabeza al tipo éste y le contesto la pregunta.
PASAJERA: Si usted está aquí, ¿quién maneja el colectivo?
(Todos gritan mientras se produce un movimiento general.)
CHOFER: (Corre de nuevo hasta el volante.) ¡Calma, que no cunda el pánico! ¡La nave está en control nuevamente! (Al pasajero.) Y
usted, espere que pare en un semáforo y le bajo los dientes…
NOVIO: (Desde la última fila, le grita a su novia.) ¡Analía!
NOVIA: (Llorosa.) Sí, Julio…
NOVIO: Quiero decirte algo…
CHOFER: (Le grita a un conductor.) ¡Andá a lavar los platos!
NOVIA: ¿Cómo?
NOVIO: Necesito hacerte una pregunta…
PASAJERO: (Al comprador.) ¿Fuiste vos quien se mandó la cochinada?
NOVIA: ¿Qué?
NOVIO: (Ordena.) ¡Silencio, a todos! Analía, ¿querés casarte conmigo?
TODOS: (A coro.) ¡Ahhhhhhhhh!
NOVIA: (Indecisa.) ¡No sé qué responderle!
EMBARAZADA: (A la novia.) Decíle que sí, es un dulce…
PASAJERO: (Confianzudo, al novio.) Pibe, ¿sabés la que se te viene si te dice que sí?
NOVIA: ¡Sí! ¡Acepto!
NOVIO: ¡Soy el hombre más feliz del mundo!
(Todos aplauden y felicitan a los novios.)
CHOFER: (Llorando.) Estoy tan emocionado. (Hace sonar la bocina.)
NOVIO: Cuando bajemos te doy un beso…
CHOFER: Si les cuento a los muchachos de las otras unidades, no me van a creer. ¡Parece una película!
PLOMERO: (A los dos pasajeros que tiene a cada lado y que han agarrado el caño que lleva por sobre su cabeza.) Bajo en la próxima…
PASAJERO: ¡Qué me importa!
PLOMERO: Es que soy plomero y si no sueltan el caño que llevo, no voy a poder bajar.
VENDEDOR: (Que volvió hasta el comprador con dificultad y le deja un dedal dorado.) ¡Listo! (El comprador le pasa un billete.)Ah, la
pucha, no tengo para darle vuelto.
COMPRADOR: Es el único billete que tengo. Si no, déjelo, no faltará oportunidad…
(Todos hacen un movimiento grupal como si el colectivo frenara.)
VENDEDOR: (Fastidiado, agarra el dedal, se lo pone, toma la tijerita y corta el billete.) ¡Aquí está su vuelto! ¡Y no jorobe más, sino uso el
dedo extra para metérselo en un ojo! (Se baja del colectivo.)
MADRE: (Mirando por la ventana.) Ay, nena, tenías razón ahí hay un molino.
NENA: Ahora no importa, ¡ya moliné!
APAGÓN O TELÓN
Doña Matilde. Liliana Sosa

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
VENDEDOR
DOÑA MATILDE
(La escena transcurre en una zapatería de barrio. Entra Doña Matilde, usa pantalones holgados.)
VENDEDOR: Buenos días, doña Matilde. ¿Qué anda buscando?
DOÑA MATILDE: Llegan el verano y las vacaciones. Ando buscando algo fresco, para la planta de los pies.
VENDEDOR: ¿Un zapatito abierto o cerrado?
DOÑA MATILDE: Ventilado.
VENDEDOR: Acá tengo estos. Vea qué lindos, pruébeselos.
DOÑA MATILDE: (Mira la suela desde abajo.) Demasiado cerrado, esto no tiene ni un agujero.
VENDEDOR: Es lo que se usa, última moda.
DOÑA MATILDE: No tienen nada que ver con mis raíces.
VENDEDOR: ¿Por qué, usted de dónde viene?
DOÑA MATILDE: Del vivero.
VENDEDOR: (Desconcertado.) ¡Qué rica! ¿Fue a comprar unas plantitas? Aquí tengo estos vea, cerraditos también, para que no le
moleste la tierrita.
DOÑA MATILDE: (Sofocada.) ¡Qué me va a molestar la tierra! ¡Pero qué calor!
VENDEDOR: Salga del rayo del sol, estamos en pleno mediodía. ¿Quiere una media para probarse?
DOÑA MATILDE: (Se abanica.) Media sombra, si tiene le agradezco.
VENDEDOR: Mejor un vaso de agua. Ya vuelvo.
DOÑA MATILDE: (Sigue sofocada. Al vendedor, que volvió con el agua.) Siento que me estoy brotando toda.
VENDEDOR: ¡Es el calor, Doña Matilde! ¡Qué quiere que le diga, con este clima! Tome, tome que le va a hacer bien.
(Doña Matilde toma el vaso y se tira el agua sobre los pies.)
VENDEDOR: (Desconcertado.) ¡¿Qué hizo?!
DOÑA MATILDE: (Se sube los pantalones. Se ven raíces, tallos y hojas como si sus piernas fueran plantas. Luego dice aliviada:) Me estoy
regando, ¿no le dije que necesitaba algo fresco para la planta de mis pies?
VENDEDOR: Espere, espere, Doña Matilde. (Va detrás del mostrador y vuelve con dos macetas.) Aquí tengo éstas color terracota, y son
de su talle.
DOÑA MATILDE: (Lo corrige.) De- mi- ta-llo. (Se las prueba, le gustan. Paga y sale.) Aquí me planto, llevo estas dos.
VENDEDOR: Vaya, Doña Matilde, vaya. Sus amigas se van a poner verdes de envidia. ¡Si parece un pimpollo!
APAGÓN O TELÓN
Amor eterno, apasionado y tierno. Adela Basch

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
FACUNDO
VALERIA
(La escena transcurre en una plaza. Valeria y Facundo, dos jóvenes de alrededor de veinticinco años, llegan desde direcciones opuestas.
Durante toda la escena caminan por la plaza.)
FACUNDO: (Para sí.) Espero que hoy me dé el cuero para decirle cuánto la quiero.
VALERIA: (Para sí.) ¡Es un tesoro! ¡Hoy quiero decirle que lo adoro!
FACUNDO: Valeria, cuando te veo soy el ser más dichoso del universo y sus alrededores, se me enciende la alegría y se me apagan los
dolores.
VALERIA: Facundo, Facundo, cuando estoy contigo soy la persona más feliz del mundo.
FACUNDO: (Respira hondo y se lleva una mano al corazón.) Te quiero mucho, Valeria. Mi amor por ti es una cosa seria.
VALERIA: (Hace un gesto que intenta abarcar todo el universo.) Yo también, Facundo. Mi amor por ti es enorme y profundo.
FACUNDO: Valeria, Valeria, la verdad es que cuando te veo se me caen las medias.
VALERIA: Facundo querido, eres lo más hermoso que he conocido.
FACUNDO: Valeria, quiero jurarte amor eterno. Me inspiras sentimientos apasionados y tiernos.
VALERIA: Facundo, yo también quiero jurarte amor eterno, te voy a amar siempre, estés sano o estés enfermo.
FACUNDO: Valeria, yo también te voy a amar siempre, tanto si estás en la pobreza como si te sobran las riquezas.
VALERIA: Facundo, yo te voy a querer en las malas y en las buenas, en las alegrías y en las penas.
FACUNDO: Y yo te voy a amar en los triunfos y en los fracasos, en los éxitos y en los porrazos.
VALERIA: Hoy se escuchan tantas palabras y promesas que no se sabe dónde han ido…
FACUNDO: ¿Dónde anido?
VALERIA: Sí, dónde han ido.
FACUNDO: Bueno, justamente, yo también me pregunto dónde anido, ¡porque cada vez que te veo quiero construir un nido!
VALERIA: Sí, un nido de amor, Facundo, para que nuestras vidas tomen siempre el mismo rumbo.
FACUNDO: Valeria, quiero compartir contigo toda mi vida, ¡eres mi farol! ¡Eres mi luz, eres mi cielo, eres mi sol…
VALERIA: ¿Soy “mi sol”? ¿Solo esas dos notas de la escala musical? Tú eres para mí do, re, mi, fa, sol, la y si.
FACUNDO: ¡Y sí! Tú eres para mí todas las notas.
VALERIA: ¿Todas las notas? ¿También aplazos?
FACUNDO: ¿A plazos? No, a plazos compré la guitarra. Pero las notas, no. Y no sé si se nota, pero para mí tú eres la suma de todas las
notas. No sólo eso, eres todos los colores, todos los sabores, todos los olores… bueno, no, no tanto… eres para mí todo lo que tiene
encanto.
VALERIA: Justamente yo en canto… no me destaco.
FACUNDO: ¿Que no te dé taco? ¿Para qué te voy a dar tacos si me gusta tu altura, me gusta tu figura, me gusta tu cintura y también tu
hermosura?
VALERIA: Y yo, Facundo, te amo con frenesí, con locura. Y sé que este amor no tiene cura.
FACUNDO: Por ahora no tiene cura, pero si nos casamos, nuestro amor podría tener un cura que nos una… en casamiento.
VALERIA: ¿En casa miento? Así que en tu casa mientes… ¿por qué? ¿No comprenden la verdad de nuestro amor?
FACUNDO: Sí, lo comprenden bien, por eso en casa ni hace falta que les pida apoyo.
VALERIA: Ah, yo tampoco les tengo que pedir pollo, en casa la dieta es muy variada y tratamos de consumir alimentos sanos.
FACUNDO: Nosotros también, nunca consumimos alimentos enfermos.
VALERIA: Ah, no, nosotros en fermos tampoco, pero a veces sí en termos. Sobre todo el agua caliente para el mate, la ponemos en un
termo.
FACUNDO: Valeria, mi amor por ti es intenso y hondo, tan íntimo y tan interno…
VALERIA: Facundo, mi amor por ti es tan grande, tan total, es absolutamente descomunal.
FACUNDO: Valeria, por ti soy capaz de todo, puedo hacer cualquier cosa que me pidas con tal de que me lo digas.
VALERIA: Facundo, yo también soy capaz de hacer cualquier cosa por ti, te lo digo con toda mi voz.
FACUNDO: Valeria, eres para mí los cuatro puntos cardinales, el norte y el sur, el este y el oeste, el noroeste, el nornoroeste, el
sudoeste, el sudsudeste y el sudeste.
VALERIA: Este… ¿no eran cuatro?
FACUNDO: Sí, eran cuatro, pero mi amor por ti es tan grande que todo lo aumenta, lo multiplica, lo acrecienta.
VALERIA: En cambio, mi amor es tan grande, que algunas cosas disminuyen.
FACUNDO: ¿Cómo es eso?
VALERIA: Eres tan luminoso, que cuando te veo, la oscuridad huye.
FACUNDO: Valeria, eres mi tierra y mi cielo, eres el horizonte de todos mis anhelos.
ALERIA: Facundo, cuando estoy contigo me parece que vuelo.
FACUNDO: Yo, en cambio, cuando te veo, aterrizo. Me doy cuenta de que te quiero como jamás nadie quiso.
VALERIA: Y yo al verte siento que mi corazón estalla… está ya para siempre al tuyo consagrado.
FACUNDO: El camino de nuestro amor ya está trazado.
VALERIA: ¿Está atrasado?
FACUNDO: Está trazado por nuestros sentimientos.
VALERIA: ¿Está atrasado por nuestros sentimientos? Nuestros sentimientos no atrasan, están perfectamente sincronizados.
FACUNDO: Sí, por eso el camino de nuestro amor ya está trazado con trazos irreversibles.
VALERIA: Nada nos podrá separar, sería imposible.
FACUNDO: El amor que nos une es indestructible. Valeria, me comprometo a tratarte siempre con generosidad y respeto.
VALERIA: Y yo, lo mismo digo al respecto del respeto y además siempre te voy a tratar con cariño y afecto.
FACUNDO: Me parece perfecto. Y escucha bien lo que agrego: mi amor es genuino y verdadero, contigo aprendí que el amor no es
juego.
VALERIA: Facundo, me comprometo a tratarte siempre con ternura y paciencia infinitas, ya verás que a mí jamás algo me irrita.
FACUNDO: Verás que yo soy alguien que siempre cede.
VALERIA: Sé de personas que nunca ceden, pero eso no es lo que a nosotros nos sucede.
FACUNDO: Cuando el amor nos toma por su sede nos enseña que quien ama, cede.
VALERIA: Sed de… sed de estar contigo es lo que siento durante todo el día, a cada momento.
FACUNDO: Valeria, creo que es hora de hablar de casamiento.
VALERIA: Sí, quiero que construyamos juntos un futuro compartido.
FACUNDO: ¿Con partido? ¿Con partido de qué?
VALERIA: No sé, de lo que más te importe. A mí me encantan todos los deportes.
FACUNDO: Si me dejas elegir a mí, podríamos ir de luna de miel a Bariloche y practicar esquí.
VALERIA: ¿Luna de miel en Bariloche? ¡De ninguna manera! ¡No pienso ir a Bariloche ni por un día ni por una noche! Para luna de miel,
siempre pensé en ir a Mendoza.
FACUNDO: ¿Mendoza? ¿No se te podría ocurrir otra cosa?
VALERIA: ¿Qué tiene de malo Mendoza? Es una tierra soleada y hermosa.
FACUNDO: Sí, puede ser, pero no me gusta la idea, no me interesa, de sólo pensarlo me duele la cabeza.
VALERIA: A mí Bariloche tampoco me interesa, de sólo pensarlo la sangre se me espesa.
FACUNDO: Siempre soñé con una luna de miel en Bariloche, cerca de un lago y de un bosque.
VALERIA: ¿Tú qué piensas?
FACUNDO: Sí, pienso en un bosque. Árboles de todo tipo y animales pequeños. ¡Y no pienso abandonar mi sueño!
VALERIA: Si no puedes abandonar tu sueño, ¡sigue durmiendo!
FACUNDO: (Muy irritado.) ¡Quiero ir de luna de miel a Bariloche y ser feliz! ¡Y tú no me vas a llevar de la nariz!
VALERIA: (Gritando.) ¡No te pienso llevar de la nariz ni de la boca ni de los ojos! ¡Pero no voy a satisfacer todos tus antojos!
FACUNDO: ¡Yo soy una persona que siempre hizo lo que quiso, y no me vas a imponer tus caprichos como si fuera un pobre bicho!
VALERIA: Claro, ¿y yo tengo que dejar que me impongas lo que quieras, y hacer todo a tu manera? Yo siempre soñé con una luna de
miel en Mendoza.
FACUNDO: Entonces, chau, y a otra cosa, mariposa.
VALERIA: Chau, y si quieres vete ya mismo a Bariloche, en bicicleta, a pie o en coche.
FACUNDO: Y tú, vete a tu Mendoza cuando quieras y en carroza.
(Empiezan a caminar cada uno en dirección distinta y se ubican alejados uno del otro.)
FACUNDO: ¡Lo único que faltaba! Ella quiere decidir todo y no consultarme nada…
VALERIA: ¡Lo único que faltaba! Él quiere decidir todo y no consultarme nada…
FACUNDO: ¡Es inaudito! ¡Por cualquier cosa empieza a los gritos!
VALERIA: ¡Es inaudito! ¡Por cualquier cosa empieza a los gritos!
FACUNDO: No es capaz de pensar en los demás. No me tiene en cuenta, no me considera, no le importa nada lo que yo quiera.
VALERIA: No es capaz de pensar en los demás. No me tiene en cuenta, no me considera, no le importa nada lo que yo quiera.
FACUNDO: Se cree que es el centro del universo. Y todo lo que me dijo no es más que puro verso.
VALERIA: Se cree que es el centro del universo. Y todo lo que me dijo no es más que puro verso. No es justo, lo único que le importa es
darse todos los gustos.
FACUNDO: No es justo, lo único que le importa es darse todos los gustos.
VALERIA: No es justo, lo único que le importa es darse todos los gustos.
(Empiezan a caminar uno hacia el otro.)
VALERIA: ¡Pero en el fondo, qué me importa adónde vayamos de luna de miel! ¡Lo que yo quiero es estar con él!
FACUNDO: Pensándolo bien, me da lo mismo ir a Bariloche o a Mendoza, lo que yo quiero es que Valeria sea mi esposa.
VALERIA: ¡Facundo, Facundo! ¡Sin ti la vida es un pantano en el que me hundo!
FACUNDO: ¡Valeria, Valeria, sin ti estoy a la miseria!
(Se ven y caminan uno al encuentro del otro.)
FACUNDO: (Para sí.) Espero que hoy me dé el cuero para decirle cuánto la quiero.
VALERIA: (Para sí.) ¡Es un tesoro! ¡Hoy quiero decirle que lo adoro!
TELÓN O APAGÓN
El destino que intenta alcanzar se encuentra congestionado. Alejandra Erbiti

ACTO ÚNICO DIVIDIDO EN DOS ESCENAS


PERSONAJES:
CHICHE, LA HERMANA MAYOR
BOMBÓN, LA HERMANA MENOR
MADAME CHANTILLÍ
MALABAR, EL GATO DE MADAME CHANTILLÍ
LETITBÍ, LA LECHUZA DE MADAME CHANTILLÍ
UNA VOZ DE MUJER
ESCENA I
(Chiche y Bombón caminan por una calle muy silenciosa en la que cada tanto se oye algún ruido extraño que las sorprende, sobre todo a
Bombón.
Bombón mira desconfiada hacia todos lados, está un poquito nerviosa, mejor dicho, un poquito asustada… mejor dicho, bastante
asustada. Chiche mira a cada rato un papelito todo arrugado que tiene en una mano, un mapa desplegado de la ciudad que tiene en la
otra y los números de las casas de la calle por la que van caminando.)

BOMBÓN: Chiche, ¿dónde estamos?, ¿qué barrio es éste?


CHICHE: (Mirando el mapa.) No leo bien.
BOMBÓN: ¿No sabés leer?
CHICHE: Sí, sé leer, pero es un mapa muy viejo y algunos nombres están un poco borroneados.
BOMBÓN: ¿No podrías haber traído un mapa más nuevo? ¡Mirá si nos perdemos!
CHICHE: Creo que dice Vi… Viii… Viiilla… Villa de… ¡Villa de la Parca!
BOMBÓN: (Muy asustada.) ¿Villa de la Parca? ¡Ese nombre es espantoso!, ¿por qué no volvemos a casa, Chiche?
CHICHE: ¡Ah, no, no!, ¡me equivoqué!, no es Villa de la Parca, es Villa del Parque.
BOMBÓN: ¡Ya no me importa nada el nombre!, ¡tengo miedo!, ¡esta calle es oscurísima!
CHICHE: ¡Ay, Bombón!, ¡son las tres de la tarde!
BOMBÓN: ¡Pero hay demasiada sombra!
CHICHE: ¡Son los árboles! (Señala hacia arriba.) ¡Mirá qué lindos!
BOMBÓN: No quiero mirar nada, me quiero ir a casa.
CHICHE: ¡Qué miedosa!
BOMBÓN: ¿Yo miedosa?
(Aúlla un perro y Bombón se abalanza sobre Chiche y la abraza fuerte, con los ojos cerradísimos.)

CHICHE: ¡Ay, Bombón, no puedo respirar!, ¡me estás asfixiando!


BOMBÓN: (Soltando a su hermana.) Perdón, es que de repente me dio un chucho de frío.
CHICHE: ¡Sí, claro, te dio frío!
BOMBÓN: Sí.
CHICHE: ¿Con el calor que hace?
BOMBÓN: ¡Sí, nena, yo tengo frío!, ¿no ves que estoy temblando?
CHICHE: Y es por el frío, ¿no?…
Chiche le da la espalda a Bombón y sigue caminando. Vuelve a mirar varias veces el papelito, el mapa y los números de las casas.
Bombón va haciéndole burla y morisquetas por atrás.
CHICHE: (Mirando el mapa.) ¿A qué altura estamos, Bombón?
BOMBÓN: A la misma de siempre, pero tus zapatillas son un poquito más altas que las mías y por eso parece que vos fueras más alta
que yo.
CHICHE: ¿Qué decís, pavota? Te estoy preguntando a qué altura estamos de la calle.
BOMBÓN: ¡Ah!… no sé, pero seguro que estamos más lejos de lo que a papá y a mamá les gustaría, ¿por qué no volvemos a casa,
Chiche? ¿Eh?, ¡dale, volvamos!, ¿sí?
CHICHE: ¡Cobarde! ¿Y para esto una trae al mundo una hermana menor?
BOMBÓN: Pare que sepas, no soy cobarde. Estoy nerviosa por una prueba de matemática que tengo mañana en la escuela y además…
¡vos no me trajiste al mundo! Vos me trajiste a este lugar que yo no quería venir.
(Chiche mira otra vez el papelito y constata los números de las casas.)
CHICHE: Estamos bien.
BOMBÓN: ¡Vos estarás bien!
CHICHE: (Señalando casas.) Me parece que es una de ésas, creo que es ésa de ahí…
BOMBÓN: ¿Ésa?, ¿ésa es la casa de la bruja?
CHICHE: ¡No es una bruja! Es una adivina.
BOMBÓN: ¡Qué va a ser divina!, ¡es horripilante!
CHICHE: ¡A-di-vi-na, no divina! y además, madame Chantillí no es horripilante, ¡es simpatiquísima!
BOMBÓN: A mí me da miedo esa mujer. Me parece que está un poco… (Hace un gesto con la mano.)
CHICHE: ¿Qué querés decir con eso de que está un poco? (Imita el gesto de su hermana.)
BOMBÓN: ¡Ay, Chiche, vos sabés!, como que se le voló alguna chapa del techo.
CHICHE: ¿Se está quedando pelada?, ¡no me había dado cuenta! Debe usar peluca… ¿vos cómo te diste cuenta?
BOMBÓN: ¡No, no se está quedando pelada! ¡Lo que digo es que le faltan unos caramelos del frasco!
CHICHE: ¿Me estás diciendo que le entraron ladrones a la casa y lo único que le robaron fueron unos caramelos del frasco? ¡Es
increíble! Se ve que eran ladrones muy, pero muy golosos…
BOMBÓN: ¡Pero no! ¿No entendés? Me parece que a madame Chantillí se le salió un patito de la hilera.
CHICHE: ¿En serio?, pero ¿cómo puede ser?, ¡con los años que hace que la conozco! Nunca me contó que criaba patitos. ¿Dónde los
tiene?
BOMBÓN: ¡Ay, Chiche, tan grande y tan zonza!, ¿en qué idioma hablo? ¡Lo que te estoy diciendo es que madame Chantillí está
totalmente de remate!
CHICHE: ¡No me digas!, ¡pobre!, yo no sabía que tenía problemas económicos. ¿Cómo te enteraste de que le van a rematar todo?
¿también le van rematar la lechuza?
BOMBÓN: ¡No y no! ¡No le van a rematar nada!
CHICHE: ¿Entonces por qué me decís que está de remate?
BOMBÓN: ¡Porque está chapita, colifata, del tomate, del marote, de la cabeza, del bonete, se chaló, se zafó, chapeó, piró, le patina el
embrague, se le torció el moño! ¡le falta un tornillo!
CHICHE: ¡Ah!, ¿vos decís un poco loca?
BOMBÓN: ¡Sí, un poco loca!, ¡un poco loca!, ¡por fin nos entendemos!
CHICHE: Sí, nos entendemos, pero… no sé por qué decís que madame Chantillí está un poco loca.
BOMBÓN: ¿Cómo por qué?
CHICHE: ¡Sí!, ¿por qué?
BOMBÓN: ¿No te acordás lo que estaba haciendo la última vez que me trajiste, mejor dicho, que me arrastraste a este lugar?
CHICHE: No, ¿qué estaba haciendo?
BOMBÓN: ¡Le estaba enseñando a hablar a la lechuza!
CHICHE: ¿Y qué tiene de malo?
BOMBÓN: ¡Cómo que qué tiene de malo!
CHICHE: Sí, ¿acaso nosotras no le enseñamos a hablar a Dionisio?
BOMBÓN: ¡Pero Dionisio es un loro!
CHICHE: ¡Bueno, no a todo el mundo le tienen que gustar las mismas aves! A nosotras nos gustan los loros y a madame Chantillí, las
lechuzas.
BOMBÓN: ¡Pero los loros sí aprenden palabras, las lechuzas, no!
CHICHE: ¡Bueno, no todo el mundo tiene la cultura que tenemos nosotras, que miramos todo el día documentales en la televisión!
BOMBÓN: ¡Ay, Chiche, cualquiera sabe que las lechuzas no aprenden palabras!
CHICHE: Por ahí, a madame Chantillí nadie le explicó que las lechuzas no hablan.
BOMBÓN: ¡No hace falta que se lo expliquen! ¡Todo el mundo lo sabe!
CHICHE: No, señor. Si lo supiera todo el mundo, también lo sabría madame Chantillí. ¿O acaso madame Chantillí no es parte de todo el
mundo?
BOMBÓN: ¡Aunque no lo sepa!, ¿no se da cuenta de que la lechuza no aprende a decir nada?
CHICHE: ¡Chisss…! (Mira el número de una casa y su papelito.) ¡Es acá! Ahora, cerrá esa bocota, ¡no sea cosa que te escuche madame!
(Chiche llama a la puerta.)
BOMBÓN: ¡Al final, no sé por qué tenemos que venir acá!
CHICHE: Venimos para conocer nuestro destino. ¡Ahora callate! (Vuelve a llamar a la puerta.)
BOMBÓN: Chiche, creo que yo no quiero conocer mi destino, ¡me gusta más la sorpresa!
CHICHE: ¡Chisss, callate, ahí viene!
(Crujen muchos cerrojos, se abre muy lentamente y rechinando la puerta y aparece sólo la cabeza de madame Chantillí, mirando hacia
todos lados. Tiene puesto un turbante en la cabeza, con una gran piedra preciosa que le cuelga sobre el entrecejo y la obliga a
parpadear muy seguido, como si tuviera un tic nervioso. Enseguida, asoma el resto del cuerpo. Es una señora enorme, altísima y con
una panza inmensa. Viste ropa de muchísimos colores muy brillantes. Trae una lechuza sobre un hombro y con la mano del otro brazo
sostiene una botella que contiene un líquido incoloro.)
CHICHE: ¡Hola, madame Chantillí!, ¿llegamos tarde?
MADAME CHANTILLÍ: ¡Nunca es tarde cuando la chicha es buena! (Se ríe a carcajadas.) ¿Un traguito?
CHICHE: ¡No, gracias!
BOMBÓN: Nuestros padres no nos dejan tomar bebidas alcohólicas.
MADAME CHANTILLÍ: ¡Es una broma que me enseñó Pachamama! ¡Esto no es chicha, es agua mineral, nomás!
CHICHE Y BOMBÓN: ¡Ah!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Pasen! ¡Pasen y les sirvo unos vasos! ¡Deben tener sed, con este calor!
CHICHE Y BOMBÓN: ¡Sí, gracias!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Ah, disculpen a Letitbí! Recién está aprendiendo a hablar y todavía le cuestan algunas expresiones, pero les
aseguro que eso que dijo recién es una especie de “hola qué tal” en lengua ñacurutú.
BOMBÓN: ¿En lengua qué?
MADAME CHANTILLÍ: Ñacurutú.
BOMBÓN: ¿Ñacu qué?
CHICHE: (A Bombón, al oído.) ¡Callate!, después averiguamos qué quiere decir esa palabra.
MADAME CHANTILLÍ: Secreto en reunión, mala educación.
CHICHE Y BOMBÓN: Perdón.
MADAME CHANTILLÍ: ¿Olvidasteis que soy adivina? Yo veo y escucho todo.
BOMBÓN: Eso no es ser adivina, ¡eso es ser chismosa!
CHICHE: ¡Bombón!
MADAME CHANTILLÍ: (Suelta una risotada.) ¡Dejala que se exprese libremente! (Sirve agua en un vaso a cada una de las chicas.)

BOMBÓN: (Tomando el vaso.) ¡Gracias! Yo solamente quería saber qué era eso de ñacu… ñacu…
MADAME CHANTILLÍ: Ñacurutú.
BOMBÓN: ¡Eso!
MADAME CHANTILLÍ: Y me parece muy bien que quieras saber.
BOMBÓN: (Le saca la lengua a Chiche.) ¿Viste?
MADAME CHANTILLÍ: Ñacurutú es el nombre de una especie de lechuza, ¡una de las tantas especies de lechuzas que existen!
BOMBÓN: ¡Ah!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
BOMBÓN: ¿Y ahora qué dijo?
MADAME CHANTILLÍ: Letitbí quiere saber qué estamos haciendo acá afuera, en la vereda. ¡Y tiene razón! ¡Adelante, chicas, pasen de
una buena vez! ¡No hagamos esperar a los espíritus!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
MADAME CHANTILLÍ: (Soltando una carcajada.) ¡Ay, Letitbí, vos siempre haciendo esos chistes! ¡No le hagan caso! ¡Es una lechuza
loca!
BOMBÓN: ¡Me parece que dejé algo en el fuego! ¡Y también la plancha enchufada! ¡Y la canilla abierta! ¡Y…!
CHICHE: (Cazándola de un brazo.) ¡Vení para acá!
BOMBÓN: ¡Ay! ¡Está bien, me quedo, pero no me pellizques!
CHICHE: (Empujando a Bombón hacia el interior de la casa de madame Chantillí.) ¡Pasá! ¡Pasá!
BOMBÓN: ¡Sí, sí, ya paso, ya paso!
ESCENA II
(Interior de la casa de madame Chantillí.
Hay poca luz, lámparas raras y velas encendidas por todos lados, arriba, abajo, a los costados, en el piso y sobre los muebles.
Hay una mesita redonda, con un mantel hasta el suelo, de modo que no se le ven las patas. En el centro de la mesita hay una bola de
cristal —que en realidad es un globo inflado con helio.
Hay sillas en torno a la mesa y, sobre una de ellas, hay un bonete muy alto y puntiagudo, de color negro, con estrellas y lunas que
brillan en la penumbra.
Sobre un almohadón muy mullido, Malabar, el gato de madame Chantillí, está lavándose la cara, al estilo gato ¡obviamente!)
MADAME CHANTILLÍ: (A su gato.) ¡Malabar!, ¡Malabar, mirá quién llegó!
(Malabar deja de lavarse, maúlla y se abalanza sobre las dos chicas. Ronronea y se les refriega por las piernas, se tira al piso patas para
arriba y juega con los cordones de sus zapatillas.)
CHICHE: ¡Qué lindo!, ¡me encanta este gatito!
BOMBÓN: ¡Mirá, me desató las zapatillas!
CHICHE: ¡Sí, cómo juega! (A Malabar, rascándole la cabeza.) ¡Qué travieso sos!, ¿eh, Malabar?, ¡sinvergüenza!
BOMBÓN: ¡Qué simpático! Me encantan los gatos.
MADAME CHANTILLÍ: ¡Son imprescindibles! ¿Ustedes tienen gato?
CHICHE Y BOMBÓN: No.
MADAME CHANTILLÍ: ¡Ah, pero eso es terrible!
CHICHE: No podemos tener un gato en casa, porque ya tenemos un loro y…
MADAME CHANTILLÍ: ¿Y qué tiene que ver?
BOMBÓN: ¡Y!, el gato se podría comer al loro.
MADAME CHANTILLÍ: ¡No, no, no, no, no! Si uno sabe cómo enseñarles, los animales aprenden cosas maravillosas. Malabar y Letitbí se
respetan el uno al otro. ¡Yo los eduqué! ¡Miren qué bien se llevan!
(Letitbí le da besitos con el pico en la cabeza a Malabar y él se queda quietito, quietito, sin hacer un solo movimiento.)
CHICHE: ¡Qué ejemplo de convivencia y tolerancia!
BOMBÓN: ¡Son un amor!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Ustedes lo han dicho, mijitas!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
MADAME CHANTILLÍ: ¿A ver, Letitbí? ¿A ver cómo llama a Malabar? ¡Malabar! ¡Malabar!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Muy bien!
(Sin que nadie lo advierta, mientras las chicas están distraídas, observando cómo madame Chantillí trata de enseñarle a hablar a su
lechuza, Malabar va enredando los cordones de las zapatillas de Chiche con los cordones de las de Bombón. Después, se va lo más
pancho a su almohadón, donde prosigue con su aseo personal.)
MADAME CHANTILLÍ: ¿A ver? Ahora diga “Chiche”, ¡Chiche!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Muy bien! Ahora diga “Bombón”.
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
MADAME CHANTILLÍ: (Aplaudiendo.) ¡Bravo! ¡Bravísimo!
CHICHE Y BOMBÓN: (Siguiéndole la corriente a Madame Chantillí, para no herir sus sentimientos, también aplauden.) ¡Bien! ¡Bien!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Bueno, Letitbí, ahora a descansar, que mami tiene que trabajar!
(Letitbí se acomoda en una percha especial para lechuzas.)
MADAME CHANTILLÍ: ¿Comenzamos, chicas?
CHICHE: ¡Sí, estamos ansiosas!
BOMBÓN: Por mí no hay apuro.
CHICHE: ¡No le haga caso a mi hermana, siempre está haciendo chistes!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Igual que Letitbí! (Riéndose.) ¡Callate, loca!, ¡ya te dije que mami tiene que trabajar! (No puede parar de reírse.)
¡Ay, disculpen, chicas, pero esta lechuza me hace reír tanto!, ¡tiene cada ocurrencia!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
(Cada vez que Letitbí hace “¡Buú! ¡Buú!” madame Chantillí suelta una risotada. Bombón pone caras y le da codazos a su hermana.
Chiche la ignora y se ríe con Madame Chantillí.)
MADAME CHANTILLÍ: (Respira hondo.) ¡Ah, qué risa! ¡Basta, Letitbí! ¡Ah, qué lechuza! (Se calma.) Bueno, chicas, ahora sí, tomen
asiento, por favor. (Señalando cada silla.) Vos, Chiche, sentate en ésa y vos, Bombón, en ésa otra.
(Cuando las chicas intentan ir a sus respectivas sillas, se caen de trompa al piso.)
MADAME CHANTILLÍ: ¡Epa!, ¿qué les pasó?
CHICHE: (Masajeándose la nariz.) ¡Ay, no sé!
BOMBÓN: ¡Mirá, Chiche, los cordones de mis zapatillas están atados con los de las tuyas!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Pero, chicas, a quién se le ocurre atarse las zapatillas así!
CHICHE: Yo no fui.
BOMBÓN: Yo tampoco.
MADAME CHANTILLÍ: Entonces… ¿quién habrá sido?
(Malabar se acurruca en su almohadón y se hace el dormido. Ronca fuertísimo.)
BOMBÓN: El único que anduvo jugando con los cordones de nuestras zapatillas fue… (Señala al gato.)
MADAME CHANTILLÍ: ¿Malabar?
CHICHE: ¡Pero cómo le vas a echar la culpa al gato!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Ay, no! ¿Malabar? ¿Mi Malabarcito? ¡Imposible!
CHICHE: ¡Claro que es imposible, los gatos no pueden atar cordones de zapatillas!
MADAME CHANTILLÍ: Además, ¿no ven que está dormidito?
(Malabar espía con un ojo y ronca más fuerte que antes.)
BOMBÓN: Pero si no fue Malabar… ¿entonces quién fue?
MADAME CHANTILLÍ: No sé… (Mirando hacia el techo.) Tal vez los espíritus del porvenir ya están aquí.
BOMBÓN: ¡Ah, los espíritus!, (A Chiche.) ¿cuándo nos vamos?
MADAME CHANTILLÍ: ¿Adónde querés ir tan pronto?
CHICHE: (Tapándole la boca a Bombón.) Mi hermanita pregunta cuándo nos vamos a sentar donde usted dijo.
MADAME CHANTILLÍ: Ya mismo… ¡Bah! en cuanto desenreden los cordones de sus zapatillas.
BOMBÓN: (Tratando de desatar los cordones.) ¡Están réquete anudados!
CHICHE: ¡Mejor, nos sacamos las zapatillas y listo!
BOMBÓN: ¡Sí, mejor!
(Las chicas se quitan las zapatillas.)
CHICHE: ¡Ya está!
MADAME CHANTILLÍ: Entonces, ¡vengan rápido a sentarse!
(Las chicas toman asiento en sus respectivas sillas. Madame Chantillí se quita el turbante con la piedra y se coloca el bonete
puntiagudo, con las estrellas y las lunas que brillan en la penumbra. La luz de la habitación se hace más tenue.)
BOMBÓN: (Cuchicheando con Chiche.) ¿No te dije que era una bruja? ¡Mirá el sombrero que se puso!
CHICHE: ¡Es un sombrero de adivina, no de bruja!
BOMBÓN: ¿Qué diferencia hay?
MADAME CHANTILLÍ: (Con los ojos cerrados y una voz muy grave.) ¡Sileeeencioooo! ¡Cierren los oooooojos! ¡Reláaaaaajense! ¡No
piensen en naaaada!
CHICHE: Eso es muy fácil para mi hermanita.
BOMBÓN: ¡Ay, mirá quién habla!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Silencio! (Agita unas sonajas muy ruidosas, que saca de sus bolsillos.) ¡Domingo!, ¡Faustino!, ¡queremos conocer
el destino!
BOMBÓN: (A Chiche.) ¿Está hablando con Sarmiento?
CHICHE: (Se encoge de hombros.) No sé.
MADAME CHANTILLÍ: (Agita más fuerte las sonajas.) ¡Domingo!, ¡Faustino!, ¡queremos conocer el destino!
(Madame Chantillí agita tan fuerte las sonajas, que las chicas, aturdidas, se sueltan de las manos y se tapan las orejas.)
MADAME CHANTILLÍ: ¡No suelten sus manos que se corta la comunicación!
CHICHE Y BOMBÓN: (Tomándose rápidamente de las manos.) ¡Perdón!
MADAME CHANTILLÍ: (Vuelve a agitar las sonajas.) ¡Mantengan los ojos cerrados!
CHICHE Y BOMBÓN: (Cerrando muy fuerte los ojos.) ¡Sí!
MADAME CHANTILLÍ: (Agita las sonajas cada vez más fuerte y grita.) ¡Domingo!, ¡Faustino!, ¡queremos conocer el destino!
(Las tres aguardan unos segundos en completo silencio. Madame sigue con los ojos cerrados. Las chicas espían con un ojo y miran hacia
arriba.
De pronto, se oye un tono como de teléfono ocupado.)
MADAME CHANTILLÍ: ¡Ay, no! (Arroja las sonajas por el aire.) ¡Otra vez, no!
(A Malabar le caen las sonajas tan cerca, que se asusta y se esconde debajo de la mesa.)
MADAME CHANTILLÍ: ¿Pero qué tienen últimamente estos espíritus del destino, que no contestan?
CHICHE: ¿Cuántos espíritus son?
BOMBÓN: (Cada vez más asustada.) ¿Son muchos?, yo pensaba que era uno solo y ya no me gustaba nada…
MADAME CHANTILLÍ: ¡Son dos: Domingo y Faustino!
CHICHE Y BOMBÓN: ¡Ah!
MADAME CHANTILLÍ: Voy a probar otra vez.
CHICHE: ¿Quiere que vaya a ver dónde cayeron las sonajas?
MADAME CHANTILLÍ: No, querida, dejalas. No sé qué les pasa a esas sonajas. ¡Ayer no me pude comunicar en todo el día y parece que
hoy tampoco quieren funcionar!
BOMBÓN: ¡Ah! ¡Entonces lo dejamos para otro día! (Intenta ponerse de pie, pero Chiche se lo impide.)
MADAME CHANTILLÍ: No pierdan la concentración. Voy a probar con mi vieja bola de cristal.
BOMBÓN: (En secreto, a Chiche.) Por lo menos ya no nos va a aturdir con esas cosas.
CHICHE: (Entre dientes.) ¿Te podés callar?
MADAME CHANTILLÍ: (Con voz temblorosa.) ¡Sileeeencio! (Agitando las manos sobre la bola de cristal, pero sin tocarla.) ¡Hooooola,
booooooola!, ¿estás lista para conectarnos con los espíritus del destino?, ¿Booooooola?
(La bola —que en realidad es un globo inflado con helio— se eleva y vuelve a su lugar. Mientras se eleva se escucha un silbido en escala
ascendente, mientras baja, el mismo silbido pero en escala descendente.
Las chicas la observan atónitas.)
MADAME CHANTILLÍ: Bueno, por lo menos funciona el MODEM.
(Las chicas no pueden despegar los ojos de la bola de cristal.)
MADAME CHANTILLÍ: Vamos a ver si podemos comunicarnos con los espíritus del destino. Ustedes pongan las manos así.
(Madame Chantillí levanta las manos a la altura del rostro, con las palmas hacia afuera. Las chicas hacen lo mismo.)
MADAME CHANTILLÍ: ¡Muy bien, así! Esto funciona como antena parabólica, ¿entienden?
(Las chicas dicen que sí con la cabeza, pero no entienden mucho qué está pasando y mucho menos, qué va a pasar.)
MADAME CHANTILLÍ: ¡Booooooola, boliiiiiiiiiiiiiiita!, ¡queremos hablar con Domingo y con Faustino! ¡Queremos ver el destino!
(La bola hace lo mismo que antes. Las chicas están muy impresionadas y se quedan con la boca abierta.)
MADAME CHANTILLÍ: ¡Domingo!, ¡Faustino!, ¡queremos conocer el destino!
(Se produce un gran silencio.
Madame mira hacia arriba, las chicas también. Luego, madame cierra los ojos. Las chicas se miran entre sí y se encogen de hombros.)
MADAME CHANTILLÍ: (Levantando la voz.) ¡Domingo!, ¡Faustino!, ¿qué pasa con el destino?
VOZ DE OPERADORA TELEFÓNICA: EL DESTINO QUE INTENTA ALCANZAR SE ENCUENTRA CONGESTIONADO.
MADAME CHANTILLÍ: (Furiosa.) ¿Qué? ¿Otra vez lo mismo? ¡Me tienen harta! ¡No puede ser!
CHICHE: Pruebe de nuevo, madame, a veces me pasa lo mismo con el teléfono.
MADAME CHANTILLÍ: ¿A ver? (Junta aire y grita.) ¡Domingo!, ¡Faustino!, ¡el destino!
(Suena un pip y, enseguida, la misma voz de antes.)
VOZ DE OPERADORA TELEFÓNICA: EL DESTINO QUE INTENTA ALCANZAR SE ENCUENTRA CONGESTIONADO. POR FAVOR, INTENTE MÁS
TARDE. DISCULPE LAS MOLESTIAS OCASIONADAS.
MADAME CHANTILLÍ: ¡Ah, no!, ¡esto no lo soporto más! ¡Voy a volver a mi antiguo método para ver el destino!
BOMBÓN: ¿Nos va a leer las líneas de la mano?, porque yo no me las lavé.
MADAME CHANTILLÍ: No, la líneas de las manos no.
CHICHE: ¿La borra del café?
MADAME CHANTILLÍ: No, el café me quita el sueño, ¡después no pego un ojo en toda la noche!
CHICHE: ¿Nos va a tirar las cartas?
MADAME CHANTILLÍ: ¿A ver? (Saca un mazo de naipes de su bolsillo y se lo arroja a las chicas por la cabeza.) No, es un método muy
violento.
BOMBÓN: ¿Nos va a leer una vela derretida?
MADAME CHANTILLÍ: ¡Si hay algo que no soporto es el olor de las velas derretidas!
BOMBÓN: ¡Menos mal!, ¡a mí tampoco me gusta!
CHICHE: ¿Y cómo es su antiguo método para ver el destino, madame?
MADAME CHANTILLÍ: Leo pizzas.
CHICHE Y BOMBÓN: ¿Pizzas?
MADAME CHANTILLÍ: Sí, es un método muy, muy antiguo y muy, muy, pero muy secreto.
BOMBÓN: ¿Y usted lo usa muy seguido?
MADAME CHANTILLÍ: Casi siempre, ¡es el único que jamás me falla!
BOMBÓN: ¡Sí, se le nota en los cachetes y en la panza!
CHICHE: ¡Bombón, no seas maleducada!
MADAME CHANTILLÍ: ¡No, si yo no me ofendo! Es cierto que estoy un poco rellenita, pero ¡qué se le va a hacer! ¡Es mi profesión y yo
me tomo muy en serio mi profesión!
BOMBÓN: Se la toma, pero sobre todo, ¡se la embucha!
CHICHE: ¡Bombón!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Tranquilas! Voy a traer una pizza que sobró de una sesión que tuve ayer por la noche.
CHICHE: ¿Una sesión de adivinación del destino?
MADAME CHANTILLÍ: No, una sesión de pizzas a la piedra. (Habla mientras va a buscar la pizza.) Vinieron unas amigas mías y pedimos
como diez pizzas. Estoy segura de que sobró una. Debe estar en la heladera…
(Madame Chantillí sale de escena.)
CHICHE: (Gritando.) ¿Cuántas amigas vinieron?
VOZ DE MADAME CHANTILLÍ: Dos.
BOMBÓN: ¿Y se comieron diez pizzas entre usted y sus dos amigas?
MADAME CHANTILLÍ: (Regresando con una pizza.) ¡No!, ¡cómo vamos a comer diez pizzas entre tres personas! Comimos nueve, ¿no
ven que sobró ésta?
(Madame Chantillí intenta colocar la pizza en medio de la mesa, pero no puede, porque está la bola de cristal.)
MADAME CHANTILLÍ: Necesito que me ayuden. Hay que sacar la bola de cristal.
CHICHE Y BOMBÓN: ¡Sí!
BOMBÓN: ¿Dónde la ponemos?
MADAME CHANTILLÍ: No sé, pónganla por allá, donde puedan.
(Las chicas forcejean con la bola de cristal, pero no pueden quitarla de la mesa.)
BOMBÓN: ¡Está como atascada!
CHICHE: ¡Sí, es como si alguien o… algo la estuviera tironeando desde abajo!
BOMBÓN: (Aterrada.) ¿Alguien o… algo?
CHICHE: ¡Ay, no puedo! ¡Está empacada!
(El globo-bola de cristal revienta. Chiche, Bombón y madame Chantillí sueltan un alarido del susto.)
MADAME CHANTILLÍ: (Acomodando la pizza en el centro de la mesa.) Tranquilícense, chicas, estas cosas suelen pasar.
BOMBÓN: ¡Me da miedo esa pizza!
CHICHE: ¿Te da miedo una pizza?
BOMBÓN: ¿Y si explota, como la bola de cristal?
MADAME CHANTILLÍ: No tengas miedo, lo único que puede hacer esta pizza es indigestarte, pero como la única que la va a comer soy
yo…
BOMBÓN: El que come y no convida tiene un sapo en la barriga. (Saltando en la silla.) ¡Ay!
CHICHE: ¿Qué te pasa?, ¿por qué gritás y saltás así? ¿Tenés un sapo en la barriga?
BOMBÓN: (Asustadísima.) ¡Nn… n… no sé!
CHICHE: ¿Qué?
BOMBÓN: (Con voz quebradiza.) Se… se… sen… sentí algo que me rascó las piernas.
MADAME CHANTILLÍ: ¿Qué les dije? ¡Nunca me falla! ¡Son los espíritus de la pizza que ya están haciendo contacto!
CHICHE: (Saltando en la silla.) ¡Ay! Cre… cre… quecre… creo que yo también sentí algo en las piernas.
CHICHE Y BOMBÓN: (Saltando a la vez.) ¡Aaaaaaaay!
BOMBÓN: (A punto de llorar.) ¡Estos espíritus me hacen cosquillas!
CHICHE: (Mete una mano debajo de la mesa y pone caras raras.) ¡Y son muy peludos!
BOMBÓN Y MADAME CHANTILLÍ: ¿Peludos?
MADAME CHANTILLÍ: No se asusten, me parece que ya sé lo que está pasando acá.
BOMBÓN: ¡Apúrese, madame, que los espípi… los espípi… los espíritus de la pizza mes… mes… me están lamiendo la rorro… la rorro…
la rodilla!
CHICHE: ¡A mí también!
MADAME CHANTILLÍ: ¡Tranquilas! Contamos hasta tres y juntas levantamos el mantel de la mesa.
CHICHE Y BOMBÓN: Bubu… bubu… ¡bubueno!
MADAME CHANTILLÍ: ¿Están listas?
CHICHE Y BOMBÓN: Sí.
MADAME CHANTILLÍ, CHICHE Y BOMBÓN: ¡A la una!… ¡A las dos!… y a las… ¡Tres! (Levantan el mantel y Malabar queda al descubierto.)
MALABAR: ¡Miauuuu!
MADAME CHANTILLÍ, CHICHE Y BOMBÓN: ¡Malabar!
BOMBÓN: ¡Ah, menos mal que era el gato!
CHICHE: Sí, reconozco que yo también me asusté un poquito.
BOMBÓN: (Burlona.) ¿Un poquito?
MADAME CHANTILLÍ: Bueno, esta experiencia no ha sido en vano, ¿saben por qué?
CHICHE Y BOMBÓN: No.
MADAME CHANTILLÍ: ¡Porque yo ya estoy viendo el destino!
CHICHE Y BOMBÓN: (Sorprendidísimas.) ¿De veras?
MADAME CHANTILLÍ: ¡Sí, por supuesto que ya lo estoy viendo! ¡Ahora mismo lo estoy viendo frente a mis ojos! ¿Les gusta la pizza fría?
BOMBÓN: ¡A mí me fascina!
CHICHE: ¡A mí encanta!
MADAME CHANTILLÍ: Y a Malabar y a Letitbí y a mí… ¡ni les cuento! Así que voy a buscar unas servilletas de papel y ya mismo le damos
un buen destino a esta grande napolitana.
CHICHE Y BOMBÓN: ¿Qué destino?
MADAME CHANTILLÍ: ¡El mejor destino que pueda tener!
(Madame Chantillí sale corriendo y regresa corriendo, trayendo servilletas de papel.)
MADAME CHANTILLÍ: ¡Vamos a compartir esta pizza entre amigos! ¿Qué mejor destino que ése?
CHICHE: ¡Mm, qué rica!
BOMBÓN: ¡Se me hace agua la boca!
LETITBÍ: ¡Buú! ¡Buú!
MALABAR: (Relamiéndose.) ¡Miaaaaaú!
(Cada cual se sirve una porción de pizza y antes de dar el primer mordiscón, Madame Chantillí propone un brindis.)
MADAME CHANTILLÍ: ¡Brindo por nosotros y por todos los que se animan a inventar el destino que más les gusta! ¡Salud!
CHICHE Y BOMBÓN: ¡Salud!
MALABAR Y LATITBÍ: ¡Salud!
CHICHE Y BOMBÓN: ¡Hablan!
TELÓN O APAGÓN
Hombre que ladra no muerde. Fabián Sevilla

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
VETERINARIO
ESPOSA
MARIDO
(El consultorio de un médico veterinario, lo cual se puede indicar con un cartel sobre el escritorio. Debe haber una camilla.)
VETERINARIO: (Habla por teléfono.) Señor, si su loro dice malas palabras llévelo a una academia de buenos modales, no es un caso
veterinario. ¡Además, insulta a su suegra! Considérese afortunado: eso le ahorrará problemas con su esposa. Buen día (Grita.) ¡El que
sigue!
ESPOSA: (Entra con su marido, que camina en cuatro patas y ladra.) Doctor… doctor… tiene que ayudarme.
VETERINARIO: (Se sorprende al ver al hombre que va de un lado a otro haciendo cosas de perro.) ¡Asombroso!
ESPOSA: (Le ordena.) ¡Quieto! ¡Sentado! ¡Echadito!
VETERINARIO: (Al ver como el marido obedece.) ¡Increíble!
ESPOSA: Y usted no sabe qué bien le sale el muertito.
VETERINARIO: Señora, yo soy veterinario, no psiquiatra.
ESPOSA: Ya fuimos. Pero mi marido le hizo pis en las macetas del consultorio y el psiquiatra por poco no llama a la perrera.
VETERINARIO: (Se acerca al marido.) ¿Desde cuándo está así?
ESPOSA: Desde que lo mordió un perro…
VETERINARIO: ¿Dónde?
ESPOSA: En la calle.
VETERINARIO: ¿En qué parte?
ESPOSA: En la esquina.
VETERINARIO: Del cuerpo.
ESPOSA: Ah, en el dedo.
VETERINARIO: Y lo desinfectó…
ESPOSA: No pude, el picho salió corriendo.
VETERINARIO: Le pregunto si le puso algo.
ESPOSA: No, parece que le gustó así como estaba.
VETERINARIO: ¿Tenía rabia?
ESPOSA: Muy contento no estaba.
VETERINARIO: ¿Era chico?
ESPOSA: Doctor, le dije que lo mordió un perro, no un niño.
VETERINARIO: Si el perro era adulto o cachorro.
ESPOSA: Con el susto que me pegué, no se me ocurrió preguntarle la edad.
VETERINARIO: ¿De qué raza era?
ESPOSA: Ladraba como chihuahua, pero tenía el tamaño de un dogo. El hocico era de caniche y las orejas parecían de doberman…
VETERINARIO: ¿Era un perro o el hombre lobo? ¿Le salía espuma por la boca?
ESPOSA: No, pero a mi marido siempre se le llenaba la boca de espuma.
VETERINARIO: ¡Eso es terrible!
ESPOSA: ¿Por qué? Le pasaba cada vez se lavaba los dientes con dentífrico.
VETERINARIO: (Toma un anotador.) Dígame el nombre de su perro… digo, marido.
ESPOSA: Se llama Raúl Pérez, pero desde ayer le decimos Lassie. (Al ver que el marido mueve la cola.) Usted le cae simpático, mire
cómo le mueve la cola.
VETERINARIO: Voy a revisarlo. Señor… Lassie, a la camilla. ¡Hop! (El marido salta y se sienta como perro en la camilla.) Diga “a”.
MARIDO: ¡Guau!
VETERINARIO: Dije “a”.
MARIDO: ¡Guau!
VETERINARIO: “A”… no guau.
ESPOSA: Es que no pude anotarlo en alguna escuela para perros.
VETERINARIO: (Le pone el termómetro en la boca, pero el marido se lo come.) ¡Se lo tragó!
ESPOSA. Y usted no sabe cómo me ha dejado los sillones. Me muerde el felpudo y me esconde las pantuflas. Eso sí, conseguí lo que en
diez años de casados nunca pude: me lleva el diario a la cama.
VETERINARIO: (Al ver que el marido se rasca.) Encima eso…
ESPOSA: No, mi marido tenía pulgas antes de que lo mordiera el perro.
VETERINARIO: ¿Sus hijos lo vieron en este estado?
ESPOSA: Están chochos: el menor lo saca a pasear a la plaza y el mayor lo anotó en un concurso canino. El que no lo puede ni ver es el
gato de los vecinos: se viven peleando. Pero no sabe lo guardián que es. Mire… (Ordena.) Lassie, chule… ¡chule al veterinario! (El
marido, violento, ladra y persigue al médico por el consultorio.)
VETERINARIO: Párelo, párelo, que me masacra.
ESPOSA: No se alarme: hombre que ladra no muerde. (Ordena.) Lassie, stop. Le hablo en inglés como a los ovejeros alemanes (Al ver
que su marido lengüetea al veterinario.) Mire los besitos que le da.
VETERINARIO: (Con ternura.) A ver, la pata. (El marido obedece y le da la mano.) La otra. (El marido obedece.) Un giro… (El marido gira
como un trompo.)
ESPOSA: Impresiona, pero como mascota es un primor.
VETERINARIO: Su marido sufre de “pichuchitis virósica”, un mal extraño que tiene cura. (Anota.) Póngale esta vacuna y todo volverá a
la normalidad.
ESPOSA: Pensé que tendríamos que sacrificarlo. ¿Y va a tardar mucho?
VETERINARIO: Una semana.
ESPOSA: Doctor, hoy es nuestro aniversario y habíamos reservado mesa en un restaurante elegantísimo.
VETERINARIO: Entonces, antes cómprele un collar más caro y llévelo a la peluquería canina.
ESPOSA: No puedo ir con mi marido así…
VETERINARIO: Tiene razón. Le recomiendo que festejen en su casa: alquile el video de “Los 101 dálmatas” y prepare una cena
romántica con alimento balanceado. De postre, sírvale galletas de huesitos. (Al ver que el marido va a hacer pis contra el escritorio.)
¡Lassie, no!
ESPOSA: (Cuando el perro vuelve a enojarse con el médico y lo sigue para morderlos, ordena.) ¡Quieto! ¡Sentado! ¡Echadito! (El hombre
obedece. La esposa dice al público:) Y pensar que como marido nunca pude hacer que me obedeciera.
APAGÓN O TELÓN
Al pan, pan. Fabián Sevilla

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
PANADERO/A
CLIENTE (PUEDE SER UN HOMBRE O UNA MUJER)
(La acción transcurre en una panadería.)
CLIENTE: (Entra a la panadería) Buen día. ¿Tiene pan para pancho?
PANADERO: (Atrás del mostrador, plumerea una medialuna.) ¡¿Y qué sé yo qué pan quiere Pancho?!
CLIENTE: Tiene razón. Me olvidé de preguntarle. ¿Puede ser flauta?
PANADERO: Esto es una panadería, no una casa de música.
CLIENTE: ¿Árabe?
PANADERO: No, italiano. Me llamo Francesco Donatto Pagliarulo.
CLIENTE: Y bueno déme francés.
PANADERO: Aquí sólo se enseña español. ¿Oui?
CLIENTE: ¡Yes!
PANADERO: Nos vamos entendiendo.
CLIENTE: A ver… déme miñón.
PANADERO: Claro, yo le doy un piñón y usted me da una torta
CLIENTE: Eso, torta. ¿Tiene alguna de muchos pisos?
PANADERO: (Irónico.) Hay una de veinte pisos, con ascensor y escalera de escape. Además, cada planta tiene diez departamentos, con
balcón a la calle. (Fastidiado.) ¿Por qué no va a molestar a una inmobiliaria?
CLIENTE: ¿Habrá pan rallado?
PANADERO: ¿En la inmobiliaria?
CLIENTE: Pregunto si usted tiene pan rallado.
PANADERO: (Busca entre sus productos.) El que me queda es liso, pero puedo buscarle algo a cuadros.
CLIENTE: Que combine con mi saco, por favor.
PANADERO: (Saca uno.) Esta trincha tiene quince días y ya pinta un verdoso que le va justo con los ojos. Y llévese esta pizza, está
morada y le pega con el color de la peluca.
CLIENTE: (Las recibe.) ¡Fantástico! Ahora, quiero galletas…
PANADERO: ¿Sueltas?
CLIENTE: Encadenadas. Que sean de agua.
PANADERO: Las que tenía las puse a secar el sol. Me inundaron el local y estuve fregando tres horas.
CLIENTE: ¿Marineras?
PANADERO: No, capitanas.
CLIENTE: ¿Y de salvado?
PANADERO: Vino un sobrino que es súper glotón y no he salvado ninguna. Me quedan estas que están falladas porque tienen
agujeritos.
CLIENTE: ¿Y qué puedo llevar para el mate?
PANADERO: Un sombrero.
CLIENTE: Para tomar el mate.
PANADERO: Una bombilla.
CLIENTE: Para acompañar el mate. ¿Los bizcochos son secos?
PANADERO: Y… muy simpáticos no son. Las vainillas parecen más cariñosas.
CLIENTE: Entonces, déme esos escones.
PANADAERO: Son de anís.
CLIENTE: ¡Salud!
PANADERO: ¡Dije anís!
CLIENTE: Y yo le dije salud. ¿Qué tiene para mojar en el café con leche?
PANADERO: La corbata.
CLIENTE: ¿Los medialunas tienen mucha grasa?
PANADERO: Usted también está algo gordita y no ando haciendo preguntas indiscretas. ¡Las medialunas se ofenden, señora!
CLIENTE: ¿Los pañuelitos qué tienen adentro?
PANADERO: Mejor no le contesto.
CLIENTE: ¿Tiene sacramentos?
PANADERO: SÍ, fui bautizado y ya hice la primera comunión. Aunque, como está la cosa hoy día, le recomiendo que lleve vigilantes.
CLIENTE: No, mejor cañoncitos.
PANADERO: No le va a hacer falta, los vigilantes saben karate.
CLIENTE: ¿Y magdalenas?
PANADERO: (Molesto.) ¿Quién cuernos es Magdalena?
CLIENTE: Eso, ¿cuernitos tiene?
PANADERO: Debería preguntárselo al marido de esa tal Magdalena.
CLIENTE: Digo, si usted tiene cuernitos.
PANADERO: (Amenazante.) Por la salud de mi esposa, espero que no.
CLIENTE: Mejor, llevo palmeritas.
PANADERO: Sospecho que se equivocó de puerta. El vivero es al lado.
CLIENTE: (Enojada.) No me equivoqué. El vivero será al lado, pero usted se hace el vivo… ¡Cerebro de grisín! (Se va.)
PANADERO: (Molesto.) ¡Ay!, los clientes salen con cada cosa. Uno se desvive para atenderlos, jamás están conformes y encima, se van
sin pagar. La verdad es que tener una panadería es pan para hoy, hambre para mañana.
TELÓN O APAGÓN
Un colmo entre los colmos. Fabián Sevilla

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
CÓMICO
ESPECTADORA
ESPECTADOR 1
ESPECTADOR 2
ESPECTADOR 3
(La escena transcurre en el teatro o sala donde se representa esta obra.)
CÓMICO: (En escena.) A ver si alguien del público sabe ¿cuál es el colmo del colmo de un carpintero?
ESPECTADOR 1: (Desde la platea.) ¡Prestar dinero y que lo dejen clavado!
ESPECTADOR 2: (En otro lado de la platea.) ¡Que el perro le revuelva la cola con la cola!
ESPECTADOR 3: (Desde otro lado.) ¡Clavar las tablas de multiplicar!
CÓMICO: Puede ser, pero el colmo del colmo de un carpintero es…
ESPECTADORA: (Sentada entre el público, interrumpe.) Perdón, señor cómico: ¿Qué es un colmo?
CÓMICO: (Duda.) Y… un colmo es… un colmo.
ESPECTADOR 1: Por ejemplo, el colmo de un pelado es que le regalen un peine.
CÓMICO: Ahí tiene…
ESPECTADOR 2: O perder el colectivo por un pelito.
CÓMICO: Bien dice.
ESPECTADOR 3: También caerse de un décimo piso y salvarse por un pelo.
ESPECTADORA: Sí, sí, sí… son buenos ejemplos. Pero yo quiero saber qué es un colmo.
CÓMICO: El colmo de algo es cuando ese algo llega a tal punto que no se puede superar.
ESPECTADOR 1: El colmo de un mentiroso es jugar al solitario y hacerse trampa.
ESPECTADOR 2: El de un bombero, llevarse el trabajo a casa.
ESPECTADOR 3: Y el de un robot, tener los nervios de acero.
CÓMICO: (Frustrado.) Como ve, este es el colmo de un cómico: que el público se sepa todos los chistes que tenía preparado para su
actuación (A la Espectadora.) ¡Usted me va a arruinar!
ESPECTADORA: (Que no ha prestado atención.) Cuando llega a tal punto que… Una duda: ¿Ese punto es aparte?
CÓMICO: (Hastiado.) Es un punto en que algo se colma.
ESPECTADORA: Ah, entonces es un punto y colma.
CÓMICO: ¿Por qué no se va a jorobar a otra parte?
ESPECTADOR 1 (Al Cómico.) A propósito: ¿Se sabe el colmo de un camello?
ESPECTADORA: (Ofendida.) Yo no estoy jorobando…
CÓMICO: Estar harto de llevar el bar a cuestas.
ESPECTADORA: Si jorobar es querer aprender…
CÓMICO: (La interrumpe.) ¡USTED ES EL COLMO DE LOS COLMOS!
ESPECTADORA: O sea que yo soy un colmo.
CÓMICO: No, pero me tiene colmado.
ESPECTADORA: ¿Y eso es malo?
CÓMICO: Para mí, sí.
ESPECTADOR 1: ¡A mí ya me tiene finito!
ESPECTADORA: Yo lo veo más bien gruesito.
ESPECTADOR 2: ¡No, dice que lo tiene hinchado!
ESPECTADORA: Tal vez comió porotos
ESPECTADOR 3: ¡A todos nos tiene podridos!
ESPECTADORA: Yo les sentía un cierto mal olor.
CÓMICO: ¡Estoy hasta la coronilla!
ESPECTADORA: Nueva pregunta: ¿En qué parte del cuerpo tiene la coronilla?
CÓMICO: En la cabeza.
ESPECTADORA: Yo sólo le veo cabello en la cabeza.
CÓMICO: ¡Eso: me tiene de la cabeza!
ESPECTADORA: Yo no lo tengo de ningún lado. Aparte, desde aquí se ve clarito que la cabeza usted la tiene bien prendida por el cogote
al resto del cuerpo.
CÓMICO: Digo, que me está quemando la croqueta.
ESPECTADORA: Entonces, sáquela del fuego.
CÓMICO: Que usted me vuelve loco.
ESPECTADORA: En que quedamos: ¿croqueta o locro?
CÓMICO: Ni una, ni otra. ¡Salame!
ESPECTADORA: ¿Picado fino o grueso? ¿Tandilero o cordobés?
CÓMICO: Ni picado fino, grueso, tandilero o cordobés… Era todo un chiste.
ESPECTADORA: Ah, un colmo es un chiste.
CÓMICO: Sí, una broma.
ESPECTADORA: Decídase, hombre: ¿Es un chiste o una broma?
ESPECTADOR 3: Usted es un chiste.
ESPECTADORA: Yo soy una persona.
CÓMICO: Y de mal gusto.
ESPECTADORA: Para nada: soy muy fina, delicada y elegante.
ESPECTADOR 1: Una broma pesada
ESPECTADORA: ¿Insinúa que soy gorda?
ESPECTADOR 1: No sé, pero me hace acordar al colmo de los elefantes.
ESPECTADORA: Corrijo: los elefantes no tienen colmos, tienen colmillos.
CÓMICO: ¡El colmo de alguien como yo es encontrarse con una espectadora como usted!
ESPECTADORA: ¿Y eso es un chiste?
CÓMICO: ¡ESTE ES EL COLMO!
ESPECTADORA: Perdón: ¿El colmo de qué?
TODOS: ¡DE LOS COLMOS!
ESPECTADORA: Volvemos al principio, entonces: ¿Qué es un colmo?
CÓMICO: Si le respondo va a terminar ofendida.
ESPECTADOR 1: ¡Yo le doy permiso!
ESPECTADORA: O sea que un colmo es un insulto.
CÓMICO: ¡Yo la mato!
ESPECTADOR 2: ¡Adelante, nadie se lo va a impedir!
ESPECTADORA: O sea que es un cuchillo o un revólver.
CÓMICO: ¡Yo hago un pozo y la entierro!
ESPECTADOR 3: Yo le presto una pala.
ESPECTADORA: Ah, es alguna herramienta de trabajo.
CÓMICO: ¡Hasta aquí llegamos!
ESPECTADORA: ¿Hasta dónde?
CÓMICO: Hasta aquí.
ESPECTADORA: Pero si hace rato que estamos aquí.
CÓMICO: Desgraciadamente para mí.
ESPECTADORA: Creo que ni usted, ni ellos, tienen la más pálida idea de qué rayos es un colmo.
CÓMICO: A ver, entonces, señora sabelotodo, díganos: ¿Qué es un colmo?
ESPECTADORES: ¡Eso! ¡Ya que se hace la canchera! ¡A ver si es tan viva!
ESPECTADORA: ¿Un colmo de qué?
CÓMICO: (Sale corriendo.) ¡Me rindo! Juro no incluir más colmos en mis presentaciones.
ESPECTADORA: (A los Espectadores.) Una no puede preguntar que la tratan para la mona.
ESPECTADORES: (Se van de la sala.) ¡Yo me voy a ver televisión! ¡Deberían encerrarla en un manicomio! ¡Me harta la gente que
pregunta!
ESPECTADORA: Bien digo, para la mona (Al público de verdad.) A propósito: ¿Alguien sabe cuál es el colmo de una mona?
TELÓN O APAGÓN
El microscópico, diminuto, diminuto circo de pulgas. Fabián Sevilla

ACTO ÚNICO
PERSONAJES:
PRESENTADOR
ESPECTADOR 1, 2, 3 Y 4
(La escena transcurre en un escenario totalmente vacío con una plataformita en la que está el Presentador.)
PRESENTADOR: (Grita para llamar la atención de los espectadores que van y vienen como si transitaran por una vereda.) Damas y
caballeros, no pasen pero vean el gran circo de…
ESPECTADOR 1: ¿Cómo: no pasen y vean?
PRESENTADOR: (Le explica.) Es que mi circo es para ver sin pasar.
ESPECTADOR 1: ¡Es un circo de locos!
PRESENTADOR: No, un circo de pulgas.
ESPECTADOR 2: Nos vio cara de tontos.
PRESENTADOR: ¡Efectivamente!
ESPECTADORES: ¿¡Cómo!?
PRESENTADOR: Efectivamente, los artistas de este circo son pulgas. Los perros tienen terminantemente prohibido acercarse.
ESPECTADOR 3: ¿Y cómo es un circo de pulgas?
PRESENTADOR: (Irónico.) Muy chiquitititito.
ESPECTADOR 4: ¿Cree que me chupo el dedo?
PRESENTADOR: ¡Efectivamente!
ESPECTADOR 4: ¿¡Cómo!?
PRESENTADOR: Efectivamente, los artistas son muy pequeños. ¡Qué digo pequeños! ¡Pequeñitititísimos! Pero, eso sí, son artistitititas
de fama mundial. ¡Famositititísimos!
ESPECTADOR 1: ¿Y qué números hacen?
PRESENTADOR: (Muy excitado.) Los mismos que en un circo vulgar y corriente, pero en chiquito. (Mientras entrega largavistas a
todos.) Pero, para qué decirles lo que ustedes, con sus propios ojos, pueden ver, sin pasar, el Microscópico Minúsculo Diminútico Circo
de Pulgas.
ESPECTADORES: (Miran a través de los aparatos.) ¡Yo no veo nada! ¡Esto es puro cuento! ¡Me siento ridículo!
PRESENTADOR: Hagan fuerza con los ojos y lo verán…
ESPECTADOR 2: (Descubrió algo.) No, es cierto, miren ahí hay una familia de pulgas trapecistas.
ESPECTADOR 3: ¡Es cierto! Una está pendiendo de un columpio, ahora otra hace un quíntuple saltititito mortal y…
TODOS: ¡Hop!
ESPECTADOR 4: Lo agarró, hace una, dos, tres vueltitititas hacia atrás y…
TODOS: ¡Hop!
ESPECTADOR 1: ¡Volvió a donde saltó! ¡Qué capitititito es ese trapecistititita!
PRESENTADOR: ¡Aplausititititos para los trapecistitititas del Microscópico Minúsculo Diminútico Circo de Pulgas!
ESPECTADOR 1: (Luego de aplaudir, vuelve a mirar.) ¡Uy!, ahí se ve un domador de leones…
ESPECTADOR 2: (Mirando.) No, no son leones, son panteras.
PRESENTADOR: Tampoco. Son piojos africanos.
ESPECTADOR 3: ¿Y cómo sabe que no son piojos italianos, argentinos o grecochipriotas?
PRESENTADOR: Porque los únicos piojos que se dejan domar son los del continente negro. Además, si pudiera oírlos, notaría que rugen
en africano.
ESPECTADOR 4: Ahora están bostezando…
ESPECTADOR 1: No, abren sus faucecititititas mostrando los colmillititititos. ¡Se ven amenazadores!
ESPECTADOR 2: No querría que se me subieran a la cabeza.
ESPECTADOR 3: Miren, la pulga domadorcitititita tiene un latiguitititito con el cual obliga a los piojos a pararse en dos patas, saltar un
aritititito de fueguitititito y bailar el valsetititito.
ESPECTADOR 4: ¿Y ahora qué hace?
ESPECTADOR 1: Esta metiendo la cabecitititita en las faucetitititas del piojo. ¡Que osadía!
PRESENTADOR: (Grandilocuente.) ¡Aplausititititos para el domadorcitititito y sus piojititititos del Microscópico Minúsculo Diminútico
Circo de Pulgas!
ESPECTADOR 2: (Luego de aplaudir, vuelve a mirar.) ¿Ven la pulga contorsionista? Se dobla en ocho. Hace una trenza con las seis patas.
ESPECTADOR 3: ¡Esa pulga es de goma!
PRESENTADOR: Son años de práctica.
ESPECTADOR 4: Y ahora se toca la punta de la naricitititita con las antenititititas.
PRESENTADOR: ¡Aplausititititos para el contorcionistititita del Microscópico Minúsculo Diminútico Circo de Pulgas!
ESPECTADOR 1: Ahora una pioja de cabellera roja avanza a lomo de un pulgón. El bicho se para en una pata sobre un trastititito y gira
en 180 gadititititos. Me acaba de guiñar un ojo. ¡Qué cancheritititita!
ESPECTADOR 2: Yo arriba de un pulgón estaría temblando, ella ni se mosquea.
ESPECTADOR 3: (Sorprendido.) ¿Por qué todos corren?
PRESENTADOR: (Saca un largavistas y observa.) Es que el pulgón se ha desbocado y en su locura, está destrozando todo el circo.
ESPECTADOR 4: La pulguita de cabellera roja está tratando de calmarlo. Le dice algo al oído.
PRESENTADOR: (Desesperado.) El pulgón va directo hacia un grupo de payasititititos que ensaya sin notar lo que pasa.
TODOS: (Hacen gestos de alivio.) Ufff, menos mal. ¡Qué cerca estuvo eso! ¡Falto poco! ¡Cuánta adrenalina!
PRESENTADOR: La pulguitititita lo detuvo a tiempo, sino iba a ser una tragediecitititita de proporciones gigantesquisitititimas.
ESPECTADOR 1: (Desilusionado.) ¡No, terminó la funcióncitititita!
ESPECTADOR 2: Todos los artistitititas desfilan por las tres pistitititas.
ESPECTADOR 3: Los acrobatitititas hacen piruetitititas.
ESPECTADOR 4: Un maguitititito saca cartititita de su galeritititita.
ESPECTADOR 1: El lanzallamitititita lanza llamititititas. Parece un fósforo en miniatura.
ESPECTADOR 2: ¡Y todos desfilan al ritmo de la orquestititita!
ESPECTADOR 3: Hay trompetitititas, saxofoncititititos…
ESPECTADOR 4: También tromboncititititos y platillititititos. Y un piojo los dirige con una batutititita. ¡Es una verdadera
filarmoniquitititita!
PRESENTADOR: ¡Aplausititititos para la superlativisitititita compañía del Microscópico Minúsculo Diminútico Circo de Pulgas! (Mientras
recibe los largavistas.) Bueno, ahora por favor paguen la entrada.
ESPECTADORES: ¿Por qué?
PRESENTADOR: Porque los artistitititas trabajaron para ustedes y es lógico que paguen por lo que vieron.
ESPECTADORES: (Mientras salen de escena.) Yo no estoy seguro de haber visto lo que vi. Pudo ser una ilusión óptica. ¿Quién dice que
no estuvimos viendo puntitos que usted pintó en el suelo? No sería el primer estafador que sale con el cuento del circo de pulgas.
PRESENTADOR: (Frustrado.) Creo que tengo que dejarme de jorobar con los artistitititas y contratar otros de tamaño más
convencional. (De pronto, se rasca desesperado.) Para colmo, como hace tiempo no les pago, los artistitititas se me enojan y se la
agarran contra mí. ¡Cómo pica el Microscópico Minúsculo Diminútico Circo de Pulgas!
TELÓN O APAGÓN

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