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ARTE RUPESTRE EN COLOMBIA

Resumen

A partir del siglo XIX un nuevo tema aparece en el contexto mundial. Se trata del
arte rupestre, tema que no sólo transformo definitivamente la concepción del
hombre, y que actualmente es un campo de constantes disputas y
enfrentamientos, pues en este objeto de estudio esta en juego el inicio de las
manifestaciones estéticas, es decir, el inicio mismo del pensamiento abstracto, que
en últimas refiere de manera directa al problema fundamental del lenguaje y su
origen, dado que los documentos gráficos más antiguos de la humanidad siguen
siendo referidos al arte rupestre, ya sean pinturas, grabados, geoglifos o arte
moviliar con tradición rupestre. Por tanto, este trabajo quiere aproximarse a este
tema y mostrar algunas de sus peculiares implicaciones en Colombia.

“Los pueblos han depositado sus


concepciones más caras en los productos
del arte, las han expresado y han
adquirido conciencia de ellas por medio
del arte”
Hegel. W.F.G Lecciones de estética

Hegel anuncia uno de los asuntos más interesantes a que ha accedido la


filosofía moderna, y es el que tiene que ver con el arte 1, no sólo entendido
como una manifestación de un pueblo, una cultura, sino
fundamentalmente una manifestación del espíritu. En este sentido, todo
arte esta referido de manera directa al pensamiento, y por tanto, al
espíritu de la época en que fue elaborado: así, las obras son en realidad la
expresión más fuerte de un pueblo.

Esto no sólo es cierto para pueblos con religión o para los así llamados
civilizados, sino para todo pueblo; de tal manera, que el arte más antiguo
también, reúne estas condiciones, ya que se trata de unas elaboraciones
estéticas complejas en donde lo esencial es el pensamiento allí puesto. Sin
embargo, otro asunto es la lectura y comprensión del mismo, pues si bien
el arte rupestre se remonta a más de treinta mil años, la investigación
sobre el mismo apenas tiene cien años, sólo en los primeros cincuenta años
del siglo XIX comienzan la preocupación por el rescate del mundo
material de los hombres “primitivos”.
1
Aquí hay que tener en cuenta que las preocupaciones por el mismo responde a “la época de imagen del
mundo”, pues sólo en esta se presenta como problema teórico ya que la secularización característica de la
modernidad desliga el arte del asunto religioso y lo convierte en un objeto del pensamiento que debe ser
revisado y determinado. No es casual lo que Hegel llamo la muerte del arte, que esta directamente relacionado
.
Hacia la década del treinta del siglo XIX se empieza a denunciar el
hallazgo de piezas líticas antiguas que en primer momento son asociadas
a las culturas celtas, pues para la época estas son consideradas como las
más antiguas, y en esto hay que tener en cuenta que la interpretación del
momento impedía tener una idea de la antigüedad del hombre, ya que la
estructura dominante había asociado al mismo a la creación divina
expresada en el libro sagrado del cristianismo, así comúnmente se
consideraba que había sido creado “el 2 de octubre de 4.004 a.C. Este dato se
publicó y pudo leerse en todas la Biblias”2, estos cálculos fueron elaborados en
el año de 1636 por los obispos de Canterbury y de Londres, de tal modo
que “Los primeros pasos de la humanidad” para usar el titulo de un
famoso libro de Kühn eran totalmente imposibles, y es gracias a al
invención de la prehistoria por parte de los franceses que el tema del
Hombre del paleolítico comienza a ser una preocupación constante- Sin
embargo, el arte rupestre aparecerá mucho después, y su aceptación será
mucho más difícil, pues este rompió de manera definitiva los modos
tradicionales de entender la realidad humana ya que ahora hasta los
pueblos supuestamente no civilizados eran poseedores de una
manifestación tan refinada como el arte.

Ahora el pasado de la humanidad no era algo entendido de por sí, ni


instaurado como un pasado conocido que bastaba reconocerlo desde un
libro explicativo, sino que debía ser construido y, de igual manera, la
historia del arte tenía que ser repensada pues algunos pensadores del
convulsionado siglo XIX removían constantemente las bases de occidente.
Así, Darwin, Marx, Nietzsche y Freud de manera constante golpeaban los
cimientos, y mostraban lo problemático de la conciencia imperante en la
época. Del mismo modo, el arte rupestre parietal irrumpía para demostrar
empíricamente la presencia de pensamiento complejo en las primeras
manifestaciones del arte, y por tanto, cuestionaba de manera directa la
tradicional historia del arte. Así que prehistoriadores y artistas rechazaron
el tema, ya que la consideración de la época no hacia posible que las
comunidades primitivas hubieran sido “impresionistas”, ya que este estilo
artístico era propio de la “Bella Época”, el fin del siglo XIX proponía un
arte en donde la alta burguesía se sentía realizada, y ahora, el arte
perteneciente a los grupos humanos más antiguos cuestionaba la idea de
progreso y evolución3. Así que Altamira descubierta por el conde
Maximiliano Sans de Satuola en 1879-80 no fue reconocida ni aceptada
inicialmente por el mundo intelectual europeo y se necesitó esperar años.
Es precisamente uno de los principales contradictores de Satuola quien da
2
Herber Kühn. “El arte de la época glacial”, Breviarios F.C.E. 1971 página 23
3
Un elemento interesante es rastrear hasta donde el arte rupestre contribuyó a generar y agudizar la crisis del
impresionismo y por tanto el paso al expresionismo y al arte del siglo XX.
carta de vida a la investigación de arte rupestre ya que reconoce como
auténtica a Altamira de manera pública, así, Cartailhac en un artículo
aparecido en la revista L´Athopologie, París, 1902 intitulado “Mea culpa d
´un sceptique” acepta su error frente al tema del arte rupestre parietal e
inicia las preocupaciones investigativas4.

Sin embargo, se puede afirmar que la aparición del arte rupestre fue más
problemática que el arte moviliar, pues sus consecuencias fueron más
fuertes, ya que no sólo pusieron en crisis las nociones esquemáticas
derivadas del concepto hegeliano de progreso y las proyecciones políticas
de la temática de la evolución propuesta por Darwin, sino que también, la
condición y definición del hombre y del arte, como máxima expresión del
avance de la cultura europea, estaba comprometida con la justificación de
dominio sobre los grupos humanos fuera de Europa. Si estos pueblos eran
capaces de un arte complejo con que argumentos se podría sostener el que
fueran forzados a someterse a los intereses del poder colonial, pues estas
manifestaciones espirituales demostraban niveles de abstracción compleja
y la idea de que se trataba de pueblos en estado de infancia que requerían
de educación y civilización se derrumbaba. Así que el inicio de la
investigación del arte rupestre irrumpe de manera definitiva y comienza a
intervenir en el mundo social, cultural y político.

Colombia

Para el caso colombiano el tema atraviesa circunstancias similares, pues si


bien ya en las crónicas de indias se relata la presencia de rocas con
dibujos5 será sólo hasta mediados del siglo XIX que se realizan los
primeros registros. La comisión Corográfica (1850-52), es la que recoge los
primeros materiales rupestres, ya que su labor consistía en elaborar los
mapas del país y dar cuenta de las curiosidades naturales y humanas, así
que elaboró una serie de acuarelas entre las cuales se encuentran
registradas algunas rocas con pinturas y petroglifos (grabados). Sin
embargo, estos trabajos son apenas denuncios del tema, y como tal
quedaran hasta la investigación emprendida por Miguel Triana en 1920-
30, pero antes de este, en la década del 80 del siglo XIX Jorge Isaacs
elabora algunos registros de arte rupestre en Sierra Nevada de Santa
Marta. Los resultados de los trabajos de investigación de este intelectual se

4
Es necesario recordar que antes del arte parietal paleolítico, ya Europa había aceptado el arte mobiliar de
estos grupos humanos, sin que signifique que fue fácil el asunto, pues, como lo recuerda Louis-René Nougier,
la discusión y las contradicciones fueron profundas.
5
Fray Pedro Simón, comenta que en le territorio se encuentran rocas con dibujos en rojo, y asocia estos al
mito contado por los indígenas referente al dios civilizador Bochica, que para los españoles fue asociado a
uno de los apóstoles cristianos, este elemento es que permite que el mito sobreviva y se conserve en la
memoria.
publicaron en los Anales de Instrucción Pública con el título de “Estudio de
las tribus indígenas del Magdalena”, lo cual provocó una de las
contradicciones más fuertes entre un radical liberal (Isaacs), y un
conservador ultramontano (Miguel Antonio Caro). Miguel Antonio Caro
publica un artículo intitulado “El darwinismo y las misiones”, en donde
ataca de manera violenta el trabajo de Isaacs. Las razones de esta reacción
se pueden resumir en tres fundamentales: la primera la defensa por parte
de Isaacs de las comunidades indígenas, la segunda, el ataque de Isaacs a
los religiosos y finalmente, el haber utilizado como estructura explicativa
el darwinismo. En este último punto, es donde más radical es Caro, ya que
considera una idea “degenerada” el suponer que el hombre proviene del
momo y no de Dios. La posición de Caro se puede aclarar aún más citando
la última frase de ese artículo, en donde expresa con absoluta claridad su
pensamiento y su posición ideológica “el enemigo de la religión es enemigo de
la patria”.

La intransigencia y el dogmatismo son el contexto en el cual se ha movido


la investigación de la historia y la cultura nacional, lo cual también será
una asunto típico de la investigación del arte rupestre colombiano, y es
que sí bien unos pocos están interesados por el rescate del pasado
histórico, y en este sentido, por el registro del mundo físico y cultural del
territorio, los más, siguen con la pretensión de ser extranjeros dentro del
país y , con la tradición de hidalguismo colonial tan marcada en la
América hispana, (y que ya observaban Jorge Juan y Antonio de Ulloa,) en
donde lo fundamental para los habitantes criollos del Perú es la
genealogía, los cual explica el conjunto de prohibiciones para acceder al
estudio universitario durante el siglo XIX en Colombia.

Tal vez, uno de los intelectuales que mejor muestran el asunto es el mismo
Miguel Triana, que en la introducción de la Civilización Chibcha dice
“Sería un optimismo complaciente el pensar que bajo este sistema de vida el
protoplasma indígena haya de prometerle al país felices destinos. Obedientes a
exóticos atavismos y con una ciega indolencia, los dirigentes de la raza blanca no
se dan cuenta de la generación bárbara que se cumple bajo sus plantas, y por una
incomprensible transposición mental, continúan orientados hacia metas políticas,
económicas y culturales en abierta oposición con el medio que los envuelve y
enerva. Como por una manguera superoceánica traen aire de lejanas latitudes,
saturado de embriagadoras esencias, para alimentar los sueños de una falsa
civilización y mistifican tiempos y circunstancias, en loco desvarío. No les
importa estudiar el suelo que pisan ni la naturaleza especial de las fuerzas locales,
abismados como viven en la contemplación mental de paisajes remotos y
problemas de otros pueblos. Son como los poetas que, en pleno tórrido, cantan al
otoño con sus hojas secas y al invierno cano”.
“La falta de aplicación a nuestro terruño hace que lo ignoremos como cosa
extraña, cuyos disimulados pasadizos recorremos a tientas. No sabemos dónde
estamos ni para dónde vamos, y lo que es más sorprendente, no queremos conocer
nuestro destino.”6

El llamado de atención de Triana es claro, pues no sólo denuncia la falta


de interés por pensar el territorio y su pasado histórico, sino también,
manifiesta como síntoma el desprecio sistemático por la cultura, un asunto
que es muy claro en el país, y que se convierte en uno de los elementos de
mayor constancia en la historia nacional.

Pues bien, la historia de la investigación del arte rupestre colombiano esta


marcada por ese interés de demostrar que las comunidades aborígenes
eran mucho más complejas y variadas de lo que hasta ahora se ha
supuesto. Las investigaciones iniciadas por GIPRI en la de década del 70
del siglo XX, han demostrado que existe una gran variedad de formas y la
alta cantidad de rocas con grabados o pinturas, y que en muchos casos se
presentan recurrencias formales entre unos y otros, es decir, que figuras
similares se pueden encontrar en distintos territorios a kilómetros de
distancia, lo que permitiría demostrar que estos grupos humanos tenían
una alta movilidad en el territorio y que el espacio estaba completamente
humanizado a la llegada de los europeos en el siglo XVI, lo que derivaría
en dos asuntos de vital importancia para Colombia, pues por un lado, la
investigación pretende entender el sentido y función de estas
manifestaciones y, por otro, permite comprender la historia del proceso de
humanización y de objetivación del territorio colombiano y, desde allí,
partir a elaborar una nueva historia indígena del país.

Para el primer caso, es absolutamente claro que el arte rupestre no es el


resultado del simple capricho de unos hombres hace ya muchos años, sino
que en él están ocultas las claves de un pensamiento complejo, pues uno
de los elementos que más llama la atención es la ausencia de
“naturalismo”, es decir, que no es posible generar analogías entre lo
dibujado o grabado y el mundo natural que lo rodea, en este sentido se
hace claro el que los autores de estas obras pensaban generar
representaciones de los pensamientos y de las estructuras y conceptos
míticos, así que no se trata de una obra simple, que respondiera
meramente al deseo natural de la sobrevivencia, sino que aquí se esta
hablando de un lenguaje que construye modos de la realidad, en donde la
dinámica del pensamiento es esencial. Así que aproximarse al tema del
arte rupestre requiere de una profunda reflexión en torno al modo como el

6
Miguel Triana “La Civilización Chibcha”. Biblioteca popular de cultura colombiana Bogotá 1951 páginas
26-7
mito y en general el pensamiento funciona en una determinada época, de
tal manera, que la investigación del mismo requiere de reconstruir desde
distintas ópticas el mundo en que estas comunidades vivieron y las
múltiples interrelaciones que construyeron.

En este sentido, se puede asegurar que los pueblos de la América


precolombina tenían un lenguaje complejo y que no se trataba de grupos
humanos desagregados y salvajes como la historia oficial española lo
relató. En este sentido, la investigación del arte rupestre muestra que
América es mucho más que mera naturaleza exótica, y que aparte de las
pérdidas en vidas humanas el genocidio se dio también en la cultura. Lo
que muestran estas obras grabadas o pintadas es el recuerdo más antiguo
de toda una mentalidad que se encuentra oscurecida por las tinieblas que
produce el olvido y el desprecio.Trabajar en el tema no se reduce al mero
intento de un grupo de desubicados o a un hobby, sino que hunde sus
raíces en la búsqueda de la identidad y en el recate de esas múltiples
presencias americanas.

En este sentido, los avances de la investigación del arte rupestre


colombiano han permitido rescatar del olvido a gran cantidad de piezas
arqueológicas, que generalmente, se encuentra confundidas entre el
matorral y que en algunas ocasiones sirven como materia prima para la
construcción de chalets de mal gusto, fuera de contexto como los que
acostumbran hacer las clases dirigentes del país.

De tal manera, que la historia oficial arranca de manera definitiva con la


llegada de los españoles a partir de 1500, y antes de ellos sólo habían
tribus bárbaras y antropófagas, que era necesario reducir ya sea por la
violencia o por los crucifijos, es decir, que tocaba eliminar de manera
definitiva su cultura. Así, los colombianos consideran que la verdadera
historia del territorio esta referida de manera natural a los conquistadores,
y se olvida un pasado que se remonta a más de 12.000 años 7. También,
siguiendo esa tradición los colombianos consideran que esos grupos
humanos eran atrasados, y que en buena parte merecían el destino que les
toco, es decir, el desaparecer, por su parte, los historiadores se contentan
con la versión oficial del asunto, en donde las divisiones étnicas del
territorio ya están demarcadas y lo que se requiere es que se llenen
algunos huecos en la historia gracias a las excavaciones, pero, que en

7
Las fechas más antiguas de presencia humana en el territorio fueron documentadas por el arqueólogo
Gonzalo Corral Urrego y por el Geólogo Van der Hamen, numerosos informes reposan en las bibliotecas
públicas del país, esperando a empolvarse lo suficiente, pues en los textos escolares aun continúan
apareciendo las imágenes tradicionales de la historia. Desde hace algunos años GIPRI ha venido haciendo una
labor investigativa en el campo de la historia de la educación en Colombia, la pretensión es rastrear y explicar
como el tema indígena ha sido puesto en los textos escolares.
general lo dicho corresponde al realidad, así ninguna actitud critica se ve
expresada.

La investigación en torno al arte rupestre muestra cuan problemáticas son


estas versiones tradicionales de la historia, pues la presencia masiva de
manifestaciones estéticas hace suponer que durante períodos aun no
determinados lo hombres de América y del país en particular realizaron
actividades que no se reducían únicamente a la búsqueda de alimento,
pues el arte presente en las rocas permite intuir un complejo mundo
espiritual,

De igual manera, el que hayan recurrencias formales entre los petroglifos


y las pinturas de distintos lugares del país hace suponer que estos grupos
tenían contacto o que, por lo menos, existía una relación cercana entre
unos y otros, y que no se encontraban en constante enfrentamiento como
lo muestra la crónica de indias8,

Otro elemento se presenta en el trabajo de investigación es la condición


del territorio como totalmente humanizado, la evidencia empírica permite
entender que la mayor parte de los valles y montañas estuvieron
habitadas, no de otra manera es posible explicar la gran cantidad de rocas
con pinturas y petroglifos9, este mismo elemento permite inferir al menos
para un período aun no determinado una población alta o períodos
amplios de población constante, estos grupos humanos necesariamente
debían hacer ejercicio de la agricultura y de la domesticación de plantas y
animales, al menos esto se hace evidente por la huellas de abrasión
resultado de la fabricación de artefactos pulidos y por la masiva presencia
de metates, que en la arqueología mesoamericana han sido asociados al
cultivo de cereales (maíz), sin que se pueda decir que esta fue su única
función.

De tal manera, que el arte rupestre arroja importantes luces sobre el


pasado del territorio y de la historia de América, en este sentido tiene
mucho que decir, y es posible que explique de manera precisa muchos de
los comportamientos estéticos de los actuales habitantes del continente,
8
Una de las ideas más difundidas en la historia tradicional colombiana, es que los grupos Muiscas estaban en
constante enfrentamiento con los Panches, estos últimos antropófagos, los primeros con mayor nivel de
civilización. Las investigaciones realizadas por GIPRI en los seis años anteriores en el municipio de El
Colegio muestran que la idea de un grupo Panche es bien improbable, o que si existió realmente no estaba
enfrentado con los primeros, y que se trataba de grupos sedentarios, al menos para un periodo documentado,
pues la presencia de muescas resultado de la fabricación de artefactos pulidos, junto con la gran cantidad de
metates, evidencia sedentarismo.
9
La investigación que GIPRI viene realizando en el municipio de El Colegio Cundinamarca desde hace más
de 6 años arroja resultados sorprendentes, pues en un 20 % del municipio se han podi8do detectar un total de
800 rocas con manifestaciones rupestres.
pues las tradiciones indígenas siguen presentes, aunque ahora están
mezcladas con lo católico y con lo africano. En ese sentido, entender lo que
ha venido pasando en el continente requiere de recuperar las distintas
voces, sin negar ninguna y dando el justo valor a cada una, teniendo claro
la importancia de estas investigaciones para el pensamiento de hombre en
tanto ser genérico, pero también, recordando constantemente la
responsabilidad histórica con el continente y que resumiría
magistralmente Manuel Zapata Olivella, “Para nosotros, escritores del Tercer
Mundo, el concepto de literatura no puede ser generado, guiado e impuesto desde
las metrópolis colonizadoras; Nos resistimos a continuar siendo “subculturas”,
sólo aprovechables por la alta tecnología para elaborar estampados y difundirlos al
por mayor en los mercados”10. Este no es mero llamado de atención para los
dedicados a la literatura sino para todo intelectual latinoamericano.

De igual manera, es recomendable recordar algunas de las afirmaciones


de Rafael Gutiérrez Girardot, que se encuentran en un texto resultado de
un ciclo de conferencias en torno a la literatura social latinoamericana,
“Temas y problemas de una historia social de la literatura hispanoamericana”, en
este texto se piensa con precisión el problema de el patrimonio de la
América y las conclusiones son claras

“Cierto es que la investigación sobre la formación de un público lector amplio en


los países de lengua española, y especialmente en Latinoamérica, o más bien sobre
los obstáculos diversos que retrasaron esa formación, tendría que concentrarse en
la Colonia y tener en cuanta, entre otros, dos factores negativos que provienen de
España: la Contrarreforma con la Inquisición y una tradición antihumanista que
Alfonso de Cartagena, humanista del siglo XV, explicaba por el hecho de que los
españoles rechazaban ocuparse con las letras porque esto los distraía de su
ocupación con las armas y que más tarde, en los siglos XVI y XVII, se corroboró
por la circunstancia de que todo el que leyera la Biblia, y sobre todo si lo hacía en
griego, era sospechoso de “luteranizar”.

Pero el estudio de la Colonia es de importancia, no sólo para una historia social de


la literatura que no sea fragmentaria, sino para la compresión histórica de
Latinoamérica, porque en la Colonia no solamente se europeizó peninsularmente
el Nuevo Mundo, sino que surgió una “sociedad nueva”, como dice Pedro
Henríquez Ureña. Y, precisamente, el tema de la lectura, de la formación de un
público lector, de la legislación sobre la imprenta y los libros, permitirá esclarecer
los mecanismos mediante los cuales se arraigó en esa “sociedad nueva” una visión
teológica del mundo que con rasgos feudales esenciales, es decir, con rasgos
europeos, acunó fuertemente la estructura social y las formas de vida de

10

Manuel Zapata Olivella. “La rebelión de los Genes” Altamir 1997. Pág. 19
Latinoamérica. La nuemerosa literatura sobre la Colonia ha dejado de lado este
problema, para cuyo esclarecimiento sería necesario desenterrar material como el
de sermonarios, tratados teológico-políticos, listas de las bibliotecas privadas de
los estratos superiores, información sobre la difusión de libros piadosos, entre
otros más, que posiblemente se encuentran en bibliotecas norteamericanas o ya no
son accesibles, pues los más fervorosos patriotismos no han sido obstáculo para
uqe los depositarios de ese auténtico patrimonio nacional olviden su deber y se
conviertan en menos que mediocres libreros bibliófilos, cuando el tiburón Samuel
les pone en su hocico unos billetes verdes. También es cierto que en repúblicas en
las que el “enriquecimiento sin causa” es el ideal civil de la mayoría de los
supuestos ciudadanos y patriotas, no cabe esperar que se sepa que el patrimonio
nacional no es la geografía ni la arquitectura, sino todo lo que documenta los
pasos diversos de nuestros países “en busca de nuestra expresión”, para decirlo
con Pedro Henríquez Ureña, y ¿qué documenta y testimonia mejor esa “búsqueda
permanente de nuestra expresión” que los escrito, los libros?”.

Carlos Augusto Rodríguez Martínez


Investigador GIPRI
carlosarte@terra.com.co