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Seminario Taller.

Literatura infantil y juvenil


Latinoamericana. Marzo 2019

SOY VÍCTIMA DE LA PIRATERÍA

Hace unos días me invitaron a hablar con mis lectores en un colegio de Cali. Horas antes del evento recibí una
llamada en la que se me informaba que el evento había sido cancelado ¿La razón? Después de una revisión,
el profesor había encontrado que el cien por ciento de los libros en poder de los estudiantes era pirata.
Reconozco que fue un gesto amable, el avisarme, pero créanlo: no me habría sorprendido si yo hubiera visto
esos libros con mis propios ojos. Hace un par de años, en un colegio de Cundinamarca, hicieron cola para firmar
más de noventa niños: sólo cinco de ellos tenían el libro original. Similares experiencias he vivido en múltiples
ocasiones a lo largo de Colombia, y con casi todos mis libros.

Hace 12 años, cuando comencé a publicar, llegó a mis manos un ejemplar pirata de Cristina Zanahoria. Me
pareció una rareza porque yo creía que solo pirateaban a los escritores famosos. Con el tiempo me di cuenta
de que no había que ser famoso ni tener un libro en la lista de los bestseller.

La realidad es que en Colombia si un libro sale en el plan lector de un colegio, al otro día puede conseguirse en
edición pirata a la vuelta de la esquina, en la papelería del barrio o en una caseta. Hay libros piratas por
montones. Hace poco fui a un colegio en la costa atlántica y descubrí en un salón tres ediciones diferentes (las
que aparecen en la foto) de mi libro Valeria en el reino de Malagana. Y no me encontraba en una ciudad muy
grande: allí había tres “empresas” diferentes que pirateaban el mismo libro y se repartían los lectores del colegio.
Para no ir tan lejos, aquí en Cali cuando uno va a comprar un libro en el centro le preguntan en las librerías y
papelerías con total desparpajo: ¿Cuál quiere: el original o la copia? Y claro, los padres de familia, que son los
que compran los libros, por ganarse tres mil o cinco mil pesos, de inmediato escogen el que cuesta menos.

No sé cómo sobrevive la industria editorial de libros para niños teniendo ante sí semejante competencia. En
cuanto a los escritores, y lo digo en carne propia, tratamos de vivir de nuestro oficio: por cada libro legal vendido
recibimos un porcentaje de regalías que equivale al diez por ciento. Si es bien difícil vivir de escribir, imagínense
cómo será si esos libros originales no pueden llegar al lector porque hay unos avivatos que, robándose la
propiedad intelectual y el trabajo de muchas personas, copan el mercado con sus ediciones de mala calidad, y
a más bajo precio.

Todas las personas con las que he hablado sobre este tema dicen que las autoridades se hacen los de la vista
gorda, y que, si bien se hacen operativos esporádicos, no hay una lucha sistemática contra la piratería. Agregan
que la piratería es una mafia, y como mafia tiene sus fichas en varios niveles, y que por eso cuando la policía
llega a decomisar libros piratas, ya los “comerciantes” han retirado su “mercancía” de las estanterías.

Muchos viven preocupados porque los libros físicos van a desaparecer con los e-books. A mí me parece que el
verdadero enemigo del libro original es el libro pirata. Y también pienso que la competencia de las editoriales
no son las otras editoriales que ofrecen literatura infantil y juvenil, sino los empresarios de la piratería. Y ellos,
por lo que he podido observar, pareciera que están dando la pelea en todos los frentes: ya hasta tienen sus
propios promotores.

No es un problema de dinero, porque los libros del plan lector en Colombia no son costosos; de hecho, son tres
veces más baratos que en países como Chile. Bueno… y si de dinero se tratara ¿Por qué encuentro libros
piratas en colegios de alto turmequé? En eso, lo de acoger lo falso como si fuera original, no hay diferencia de
estrato social. Es un problema de cultura, de respeto hacia el otro; de coqueteo a la ilegalidad.

Para mí no es motivo de orgullo ver mis libros pirateados. Me da tristeza, y me desalienta para seguir
escribiendo. Como ocurre con el músico, el pintor o el médico o el profesor, yo aspiro a vivir de lo que hago. Si
hoy le entrego a una editorial bien establecida un manuscrito, una obra que bien me pude haber demorado un
año en escribir, es terrible tener que aceptar que al mismo tiempo se la estoy entregando al pirata que se
apropiará de mi trabajo. Es triste decirlo, pero aquí en Colombia vale un comino la propiedad intelectual. Tengo
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Latinoamericana. Marzo 2019

noticias de algunos escritores ―incluido yo― cuyas regalías han disminuido dramáticamente a pesar de que
sus libros están en las listas de muchos colegios del país. Va uno a ver, y esos colegios, que deberían promover
los principios éticos, no tienen ningún problema en abrirle las puertas al pirata.

Me parece que todos deben poner su grano de arena para que esta industria ilegal no siga prosperando: el
gobierno, los padres de familia, los colegios, los profesores. A propósito ¿qué autoridad moral puede tener una
profesora que pide libros originales cuando el libro de ella es una fotocopia? Un día una profesora me pidió que
le firmara su fotocopia. Le hice notar que esas hojas también eran piratas; al menos se sonrojó. Por supuesto
que también he encontrado varios casos de maestras que no permiten un solo libro pirata en sus clases, y que
les hacen notar a sus alumnos que es un contrasentido leer algo que es robado.

¿Cómo puede uno alentar a futuros escritores si lo que les espera es un mercado donde los que se van a lucrar
de su trabajo son los empresarios piratas, y donde ellos van a encontrarse en serios aprietos para sobrevivir?
No sé por qué se habla tan poco de este tema, pero creo que, por el futuro de los escritores, alguien tiene que
hacer algo. ¿Será que este nuevo gobierno que dice que “el que la hace la paga”, lo aplica también en este
caso? Habría que esperar que no se trate solo de imponer mano dura a los bandidos, sino que se hagan
campañas educativas, y se proteja y estimule a toda la cadena editorial, para que los libros legales lleguen a
todos los niños, y en especial a los niños de los colegios públicos. Y que se lea mucho, y que circulen los libros,
pero que sean libros originales.

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Albeiro Echavarria
Escritor de Literatura Infantil y Juvenil