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Universitaria Agustiniana – Uniagustiniana


Asignatura: Concilio Vaticano II
Trabajo de: informe de la Constitución “Lumen Gentium”
Estudiante: Juan Manuel Garzón Santafé

INFORME DE LECTURA: CONSTITUCIÓN LUMEN GENTIUM

Al realizar la respectiva lectura de la Constitución dogmática “Lumen Gentium” la


persona de Cristo se define como el eje y centro de la Iglesia. De entrada el documento
conciliar es claro en decir que Jesucristo es la luz de las gentes porque hace tangible “la
íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Pablo VI, 1964),
manifestando también la unidad de la Santísima Trinidad y de los creyentes, teniendo como
tarea la anunciación del reino de Dios y establecerlo en medio del orbe.

La Iglesia como pueblo de Dios o cuerpo místico de Cristo se convierte en el sacramento


visible de la unidad salvífica donde se hace patente el sacerdocio de Cristo, tanto en la
jerarquía eclesiástica como en la comunidad eclesial ejerciéndose en los sacramentos y en la
vivencia de la vocación universal a la santidad. Por otro lado es preciso señalar el carácter
universal de la Iglesia, ya que esta congrega a miles de fieles de diversos pueblos unidos bajo
la comunión del Espíritu Santo.

Un elemento que es imprescindible en la Iglesia es su estructura jerárquica en cuanto que


esta misma al ser edificada por Cristo envió “a sus apóstoles como Él mismo había sido
enviado por el Padre y quiso que los sucesores de éstos, los obispos, hasta la consumación
de los siglos, fuesen los pastores de la Iglesia” (Pablo VI, 1964). Por lo tanto se hace hincapié
en que los obispos son los pastores del cuerpo de Cristo, donde el Papa es la cabeza y ejerce
la suprema autoridad con el colegio episcopal. El documento conciliar pone el acento al decir
que el colegio episcopal actúa bajo el consentimiento del romano pontífice en materia de
decisiones que afectan a la Iglesia universal, teniendo presente que este expresa también el
carácter universal de la Iglesia. A nivel particular los obispos ejercitan su poder pastoral en
la porción de Iglesia a ellos encomendada donde deben enseñar, santificar y gobernar de la
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mejor manera para hacerle bien a la Iglesia universal y si es el caso ayudar en cooperación
mutua a otras iglesias. Pero hay que tener presente que los obispos no están solos en el
ejercicio pastoral en la diócesis que se les encomiendan, porque cuentan con el apoyo de su
presbiterado estando unidos en el ejercicio del sacerdocio, especialmente en el culto
eucarístico.

Después de haber hablado sobre la naturaleza y la estructura de la Iglesia, el documento


pone el acento sobre los fieles laicos y su quehacer en el cuerpo de Cristo. El concilio define
a los laicos como fieles cristianos que al estar bautizados hacen parte del Pueblo de Dios y
participan “a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen la
misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo, según la parte que les
corresponde” (Pablo VI, 1964). Los laicos como miembros de la Iglesia están llamados a
ejercer un apostolado para ayudar en el crecimiento del Pueblo de Dios en aquellos lugares
a donde no se puede llegar y hacerlo presente. Por ello el laicado se convierte así también en
un instrumento vivo de la misión de la Iglesia dando testimonio de su fe en las condiciones
ordinarias de la vida y trabajando conjuntamente en cooperación en el apostolado de la
jerarquía en determinados cargos eclesiásticos.

Hasta este punto el documento se ha referido a quienes conforman la Iglesia en su


estructura jerárquica y humana, teniendo en cuenta que los cristianos están llamados a la
santidad como vocación universal y que debe llevar a dar testimonio a los fieles en el diario
vivir. Un ejemplo de ello es el estado religioso que hace viva la forma en que vivió Cristo en
la tierra a través de la consagración religiosa por medio de la profesión de los consejos
evangélicos a partir de los votos donde el religioso es un fiel servidor de la Iglesia de Cristo
y se desarrolla humanamente.

Por último es importante señalar la dimensión escatológica de la Iglesia en la cual en la


celebración de la Eucaristía se hace patente, dado que en el culto eucarístico se vive la
comunión de la Iglesia peregrina, purgante y celeste, siendo ésta el sacramento universal de
salvación. Por otro lado no se puede dejar de lado el papel de la Santísima Virgen María en
la Iglesia, ya que como madre y señora es miembro preeminente del cuerpo místico de Cristo
haciéndose participe en la economía de salvación y siendo ella en sí mediadora, intercesora
y auxilio para el orbe cristiano.