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:~ ;) LEÓN OLlVÉ

Jus ",eres humanos como individuos y como grupos, ya sea


, ,-:[no investigadores científico-sociales, o como responsables
el::1 d iseño y d e la ejecución de políticas que marcan las pau­
t d.~; de las ac ciones ele p ersonas y de instituciones , cuya orien­ ,
.
tación es un a respo nsabilidad central de la reflexión filosófica ~

en ge neral y esp ecialmente de la ética.

EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORÍAS ÉTNICAS


G c\ í{G~'l \!c~\d ¿ ') , [ \ "w ;:, \ o I \'fJ P( C~J <2. VV\G ~ i¡\ c e ,
d ;¿ \ 0 '0 \v\ íV\ o ¡\~c :, -E: rnl'cc:< ,;¿ n Q\ ;v ¿, l,:,(j n ,.. .':I(

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CCC'('--' F. ), L -he c 'i c\I\" € l s \'cbc \ c,-- \\u(c~\, 'C.d · 1 ERNESTO GARZÓN VALDÉS

F c e) ¡'-'\ <i' ,/.. ú c) I \ q t:.\3 \,

¡ QUIERO referirme, desde una perspectiva ética, al problema


que plantea el tratamiento jurídico-político de minorías ét­
nicas que mantienen contactos más o menos estables con un
,entorno nacional estructurado sobre bases democrático-re­
I ( .
presentatl vas.
j La adopción de una perspectiva ética presup.one la acep­

tación'de principios y reglas de validez universal y el rechazo

de una concepción de la moralidad entendida como "Sitt­


lichkeit", en el sentido hegeliano de la palabra, concepción

que ha sido reactualizada recientemente, tanto por los par­

tidarios del relativismoéultural como por los del llamado

¡c'comunitarismo" .

A su vez, el hecho de que el marco ' instituc10nal nacional


r
sea el de una democracia representativa impone condiciones
I)1
que no p,ueden ser dejadas de lado, so pena de volver im­
posible la viabilidad del sistema. Una de estas condiciones
I necesarias es la existencia de un cierto grado de homogenei­
I
t
dad social.
Las minorías étnicas que tomaré en cuenta son aquellas
que se encuentran en una situación de inferioridad, por lo que
respecta a su desarrollo técnico-económicp, en comparación
I
I con el resto del entorno nacional. No he de ocuparme, pues,
I de casos comú el de la minoría francesa en el Canadá o el de la
población blanta en Sudáfrica (caso éste que queda'también
') , '
I
f EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MlNORíAS ÉTNICAS 33
32 ERNES TO GARZÓN VALDÉS I "-.. ¡
! el relativismo cultural, desde donde infieren la necesidad dél
excluido por el marco de referencia democrático que utilizo
en est8 trabajo),
relativismo moral. I
Algunas citas pueden servir de Hustración.
La adopción d e estas dos coordenadas: por un lado, la Con respecto al caso de los antropólogos,Raymond Firth
(\'cepts.c ió n de valores éticos de vigencia universal y, por el (1951, p. 183) ha subrayado la vinculación entre moralidad
ot ro, la l"xigencia de homogeneidad, parecen ser inconcilia­ y hábito social:
bles C011 el respeto pleno de la identidad colectiva a las mi­
noría,::; ét.nicas . En efecto, como afirma Guillermo Bonfil Con los atributos mondes de una acción se quieren indicar sus
B. a t· a l'la t' 19°'
o b , p . OJ)
'-' . : cualidades desde el punto de vista de lo que es correcto y falso.
La moralidad es un conjunto de principios sobre los cuales se
Lé\. contradicción entre las id entidades étnicas y la identidad basan tales juicios. Vista empíricamente, desde el punto de
nacional t iene su origen en que al postular las nuevas identida­ vista sociológico, la moralidad es, en primera inst.ancia, social­
des nac ionales como las únicas legítimas, se pretende eliminar mente específica. Toda sociedad tiene sus propias reglas mo­
la pretew3ióll de control exclusivo qu e cada pueblo reclama so­ rales acerca de qué tipos de conductas son correctas y cuáles
bre ~u propio patrimonio cultural. falsas y los miembros de la sociedad se conforman a ellas o fk
evaden y son juzgados en consecuencia. Para cada socieda.d,
Al referirse a la discusión sobre este tema en México,
tales reglas, la conducta relevante y los juicios concomitantes
H éctor Día¿-PolallCo (1987, p. 42) señala:
'puede decirse que forman un sistema. moral. El examen ele estos
sistemas morales [, .. ] es parte del trabajo de la antropología
Dos <lS lllltos deben ser destacados inmediatamente. En p ri 111er social.
h! g:n, el hecho de que, en efecto, esos pares "ideales" (naci6n­
etn ia, proyecto na.cioilal-proyecto étnico, E. G, V.) se conciban l
Ruth Benedict (1978, p. 286):
y oper2n C01'I10 oposiciones, como polos de una aguda antino­
mia, en el sentido de que la realjzación de uno (en especial el Reconocemos que la moralidad difiere en cada sociedad y <.jlle
correspondiente a lo étnico) se visualice sólo a condición de es un término adecuado para designa. los hábitos socialmente
rechazar y negar al otro, o también proponiéndose al margen aprobados . La humanidad ha preferido siemp re decir "es mo­
del ot ro (lo que supone de todos modos o provoca finalmente ralmente bueno" a. "es habitual" [... ] pero, históricamente,
81 l'c'C!t:lZ O y la negación) . El rechazo se presenta casi siempre estas dos frases son sinónimas.
como Uil a afirmación de ío "incompleto" (o lo "inauténtico")
de lo nacional (o lo "occidental"); la negación a menudo se Guillermo Bonfil Batalla afirma con respecto a la ickllti­
lleva hasta sostener, por ejemplo, que la nación misma o la
cultura son inexistentes. dad étnica:

Poseer un~ identi~i¡td étnica, esto es asumirse y ser recono cido


Bll'l~::;peto de la plura-lidad cultural, de las normas y proce­ como mierilbro de tina configuración social que es portadora. de
r dimient os que cada grupo considera como legítimos, exigiría
aSlinlir uné', posic ión de relativismo ético, es decir, diametral­
!/
una cultura propia, entraña entonces el derecho a participar
de ta,l culturq., mediante lo cual se tiene acceso a. los elementos
rnente opuesta a la que implican las exigencias de universa- culturales indispensables para sat.isfacer los requerimientos ele
I
li d ad y de homogeneidad. la vida en sociedad (1988, p. 88).
Las objeciones contra el punto de partida aquÍ propuesto
[L]a 9,firmación de la identidad . étn ic<\ significa., simult á­
suelcll p roceder de tres fuentes principa les: la de los an­
neamente, la decisión de pertenecer al gr upo étnico corres­
pondiente, es decir, formar parte de lpl complejo nudo de
[, ropólogos, la de los fil ósofos de orientación hegeliana o

interdependencias que ubican socialmente al individuo a par'­


ueo.. a ris'totéJica y la de los propios representantes de las co­
tir de derechos 11 obligaciones cultur(1.lmente pr·escritos. Esta,
mu nid a d es étnicas afectadas. Todos ellos parecen propiciar

'\
·.. .
L~ --l ERNESTO GARZÓN VALDÉS ¡.
I
EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORíAS ÉTNICAS 35 , ,.~ , ,
_ ¡' ,I;;{ i."

ubi ca.ción social, en la que las expectativas están firmemente Según l~Jasdair MacIntxrel (1984, p. 18) -la moralidad li- "~l' .
esta,blecidas, compite en favor del mantenimiento de la identi­ beral es una fuente permanente de peligro porque expone.., '.,'" ,
dad ele origen frente a la in certidumbre (y las experiencias de nuestros lazos sociales y morales a su disolución por parte -, .
l'raca,;o) de cambios , mediante el cambio de identidad, a una
de la crítica racional. Las regl as morales son aprendidas en
l" éd de interdependencias diferentes, donde la posición social
~l8 quien pasa la barrera étnica tiene muchas posibilidades de
un contexto social particular que les confiere su contenido es­
ser inferior y marginal. (1988, 92 SS.; cursivas de E. G . V.) pecífico y los bienes a los cuales estas reglas están referidas se
enc uentran vinculados con un tipo especial de vida humana;
y un a última cita ele uno de los autores que más ha subra­ más aún: fuera de su comunidad particular, el individuo no
tendría ninguna razón para ser mor a l ya que no tendría ac­
yado 1;: vinculación entre relat ivismo cultural y relativismo
é t;i co, I\lelville Herskovits (19'(2, p. 31):
., ceso a los bienJs que sirven de justificación y le faltaría la
/

fortaleza para ser moral que le proporciona el entorno social.


Ei relativismo cultural es una filosofía que reconoce los valores Siú. un fuerte apego a una comunidad particular, la persona
estc1blecidos por cada sociedad para guiar su propia vida y no puede desarrollarse como agente mor a l. _
cOlnprende su valor para aquellos que viven en ellas, a pesar También los movimientos indigenistas insisten en la vin~ ( -< )

de qu e puedan diferir de los propios. En lugar de subestimar culación entre comunidad y moralidad. Su negación es co n- ! /

.le,s difere ncias con respecto a normas absolutas que, por más siderada como manifestación de "etnocentrismo y racismo -'";

objetiva.mente que se pueda haber llegado a ellas, son siempre clasista)' (cfr. Salvador Palomino et al., 1988, p. 139). Por ' ;/

el producto de un tiempo o de un lugar dados, el punto de vista


ello es necesario el

relat.ivista su braya la validez de todo conjunto de normas para


el respec tivo pueblo y los valores que ellas representan.
rechazo de toda ideología hegemónica y homogénea, dentro de
la misma Indian idad o fuera de ella (ibidem, p. 140).
TalT,bién filósofos contemporáneos de la moral, opuestos
pi:Íncip a1m S.nte ª
la liD.B.~ ele pensamiento Kant-Rawls, los
Común a estas posiciones es el rechazo de principios abs­
llamados "comllnitari~, insisten en la prioridad de la co­
tractos y universales en los que el individuo aparecería des­
munid ad sobre e iñalViduo y en la importancia de su iden­
vinculado de su entorno, con lo que se cerraría la posibilidad
tid úd hÍi;tórica.. ASÍ, seg ún Michael J. Sandel (1982, p. 179):
de actuar como agente moral, a la vez que se le impondría he­
gemónicamente reglas de comportamiento tendientes a ase­
Imaginar a una persona incapaz de vínculos constitutivos (con
ia resp ectiva, comunidad, E. G . V.) no significa concebir un gurar una sospechosa homogeneidad.
agen te idealmente libre y racional sino imaginar una persona En este trabajo no he de analizar todas las implicacio­

sin caráct er, sin profundidad moral. Pues tener un carácter nes que para la discusión ética contemporánea tiene esta

signi fica saber que me muevo en una historia que no puedo . p osición, sino tan sólo limit a rme a la consideración de sus
ui em pbz;o¡,r ni dirigir, que implica consecuencias también para vinculaciones con la aceptación de un sistema democrático
mis elecciones y mi con duct a. Esto hace que me sienta más representativo. Ello significa tomar en serÍo la relevancia de
cerC,l de algunos y más lejos de otros; hace que algunos fines
la estructura política del Estado y no admitir sin más una
sean más ad ecuados que otros. En tanto ser c~I2ª~_ ele i1l!toi Il.::
terpre t::Lci ól1; soy capaz de reflexionar sobre rnipropiaJústQr iª­ relación de indiferencia entre sistema político y pluralidad
y, en este sentido, de distanciarme de ella; pero esta distancia_ cultural. Es interesante señalar que justamente autores que
tOe; siempre precaria y provisoria, el punto de reflexiónno .está subrayan la importancia que para la vida social tiene la iden­
nunca definitivamente asegurado fuera de la historia. ._ tidad cultural suelen considerar que el marco político nacio­

, /"t
r
36 ERNESTO GARZÓN VALDÉS 1 EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORÍAS BT N tC.o,C;
1
nal desempeña un papel secundario en 'el afianzamiento de 1: Abstracción Y peculiaridad cultural
esa misma identidad:
Uno de los argumentos más frecuentes en co:ntra d e h ,
ción de principios éticos universales es el que sostie ne (j 11: .'
La defensa de la cultura y la búsqueda de la au tonomía de nues­ posición significa dejar de lado datos de la realic!;ld y (( JI l '
tros pueblos es relativamente independiente a (sic) las formas fatalmente a una nivelación inaceptable de los prilJ\l , .1
de gobierno de cada Estado (Salvador Palomino et al., 1988,
normas del comportamiento social. Ésta es la qu e pod t¡ ,
p. 143).
llamar versión débil de la objeción a la abstracción. L 't:
l
sión fuerte equipara abstracción con idealización e illfi ' { '
Pienso , por el contrario, que el sistema político nacional

l
mismas consecuencias que la versión débil. Sostendré ( 1,
e,s esencialmente relevante para el análisis del problema de la versión débil es correcta por lo que respecta a !él. presen!,11
di\'ersidad cultural y, a la vez, que la democracia represen­ de lo que es una abstracción mientras que la versión 1. .
tat iva es la forma de gobierno éticamente más satisfactoria. 0
es falsa. Pero, en ambos casos, las conclusiones que d 1
No he de entrar aquí tampoco en la justificación de esta afir­
mación. Me interesa más reflexionar acerca del hecho de que
se infieren son falsas.
En efecto, es verdad que toda abstracción requicrf' .~ ;'
I~
~;i se aceptan las posiciones de los antropólogos, filósofos y .de lado aspectos de la realidad; significa, como 10 h a 1" :
protagonistas de algunos movimientos de liberación indígena dado recientemente Onora O'Neill (1988, p. 711), lle} 1,
a los que me he referido, parecería que la exigencia de ho­ cabo una "omisión selectiva, dejar de lado algullos k .'
mogeneidad - a la que he calificado de condición necesaria cados de descripciones Y teorías". Pretender incluir e l l I
para el funcionamiento de una democracia representativa~ descripción todos los datos de la realidad equivaldría a~ \
puede significar, en aras de principios hege¡;nónicos abstrac­ rer llevar a cabo una empresa tan descabellada como 1
tos, la violación del respeto a la identidad colectiva de las !reneo Funes (el personaje de Jorge Luis Borges, recol} \
por Genaro R. Carrió, 1965, p. 24), que propiciaba Ul f '\
min orías. Dicho con otras palabras: la del1locracia represen­
tativa en países con minorías étnicas (minorías culturales) o 1
guaje que tuviera una palabra para designar unívocal ~\ i
cada dato de la realidad. La abstracción eS iuclisper ,\1\11
para todo razonamiento lógico o científico y no es en ~I I
b ien se basaría en la violación de un principio moral -y
equivaldría a la imposición a las minorías de una tiranía alguno patrimonio exclusivo de las posiciones éticas Ul.l\,1
salistas. También los antropólogos, cuando descri ben 1m ~W
homogeneizante- o bien es impracticable. La solución de
J este dilema requiere, en mi opinión, la aclaración de los si­ y costumbres,de los diferentes pueblos, llevan a cabo lo,i:
'1.
guient.es puntos: siones selectivas" , sin por ello concluir en una nivclaci ólJ,1,· .
j 1) analizar en qué medida la aceptación de principios éticos justamente en lo contrario.
La equiparación de abstracción con idealización es ~\
"
universales equivale a la adopción de un punto de vista
que, corno consecuencia de una inaceptable abstracción,
lA diferencia de la abstracción, la idealización signifii¡\,
adición selectiva de características que pueden per[ecLalV',
pasa por alto las peculiaridades culturales locales o regio­
nales;
' fultar en los agentes reales. Por ello tiene razó:n Onora O~'I\
,1 (1988, p. 712) cuando afirma: \\11,
2) qué ha de entenderse por homogeneidad social; f
Una teoría idealizada no sólo omite ciertos preJicad us ' ~ 1
3) cuál es la relación que existe entre homogeneidad social y
peculiaridad cul t mal. r

b
r
deros del asunto que es considerado, sino que agrega p 1·'
dos que son falsos con respecto a la cuestión que se com 'l '

t
\
38 ERNESTO GARZÓN VALDÉS . EL PROBLEMA ÉTICO DE LA S M INORÍAS ÉTNICAS 39

l· .. ] Versiones abstractas pero no idealizadas ¡de


los agentes y el relativismo ético normativo como co nsecuencia de nuestra
su razonamiento, pueden ser aplicadas a agentes de diversas ignorancia acerca del sentido cabal de los comportamientos
Sittlichkeiten; versiones idealizadas de los agentes y su razo­ "extraños" :
namiento, no sólo no se refieren a las diversas características
históricas y culturales de los agentes particulares sino que se En realidad, el acostumbramiento a la forma de pensar de
aplican sólo a agentes idealizados, hipotéticos, cuyos rasgos aquella sociedad que uno tiene oportunidad de observar como
cognitivos y volitivos pueden faltar en los agentes humanos forastero puede luego hacernos comprender que los principios
reales. morales de la propia sociedad y de la que uno observa coinciden
plenamente.
El csgllmento de la abstracción no parece, pues, ser bueno
para combatir principios éticos con pretensión de universa­ r y si se quiere rec urrir a estudios empíricos en los que los
lid ad, a lnenos que se quiera formular el reproche de ideali­ datos antropológicos y sociológicos son evaluados desde una,
zació n. E n este trabajo procuraré abstraer sin idealizar. t. perspectiva ética) el trabajo de Franz Magnis-Suseno sobre
No deja de ser curioso que para no pocos autores la pre­ l, ética y sociedad en Java , publicado en 1981) puede ser »J.s­
j tensión ' de univ€ i"salidad sea expresión de etnocentrismo. tructivo. El resultado de su investigación coincide amplia~
John Cook h a señalado, en mi opinión con razó n, que tal mente con ,la tesis antirrelativista aquí defendida:
vez la situ ación sea justamente la inversa. El etnocentrismo
no condu ciría a la universalización hegemónica sino más bien En resumen puede decirse: no es posible mostrar que las consi­
derables diferencias que existen entre la moral javanesa y la oc­
al r 21,üivismo cultural y ético. Precisamente cuando no so­ cidental se deben a diferencias insuperables entre concepciones
mos capaces de liberarnos de las cargas circunstanciales de básicas, normas y valoraciones. Pueden ser explicadas exhaus­
nuestra propia cultura no logramos comprender el compor­ ti vamente a partir de las diferentes convicciones descriptivas
tamient¿ de otros pueblos y llegamos a la conclusión de q'cré de la esencia de la realidad . Por lo tanto,en mi opinión, de
ace ptan principios morales diferentes: la moral javanesa no es posible obtener ningún argumento en
favor de un relativismo moral- cultural (Franz Magnis-Suseno,
[L]o qu e el ant ropólogo desea combatir y llama "etnocentris­ 1981, p. 193).
mol) es un tipo particular de juicio injusto o infundado y [... J i
estos juicios (opiniones, actitudes) surgen de una falla (a me­ ¡ Pero aun cuando no se admita esta interpretación, si se
"'"">...

nudo comprensible) de entender las acciones de la gente en


otras culturas [... J si se acepta esta versión de etnocentrismo, ~ insiste en el deber ético de respetar las peculiarid ades cult u­
rales por lo que respecta a sus principios y reglas morales ,
posiblemente no desearemos adoptar el discurso relativista de
t
me temo que, las consecuencias a las que fatalmente se llega
"diferentes moralidades". [... ] Su tendencia (la del antropólo­ no han de ser aceptables ni siquiera para los mismos defen­
go, E. G. V.) a definir las diferencias culturales en términos de
sores del relativismo. En efecto, si las reglas y principios que
diferentes reglas o principios es, según creo, un a prueba más
a favor de mi tesis de que la doctrina del relativismo es, en I~ rigen en cada sociedad son el criterio último de comporta­
sí misma, una forma especial de etnocentrismo (JohnCook, miento de sus miembros) no se ve por qué ha de criticarse
""·8 ) p,
1'Ji '<.~) .
vI.) como injusta una moral social que incluya entre sus reglas la
imposición de normas hegemónicas'a las 'demás culturas. Por
Desde la perspectiva de la ética, Günter Patzig ha subra­ i
ejemplo, entre los' dyaks, pueblo de cazadores de cabezas, es
j2cdo (1975 ) p. 78) cuán falso es inferir, de comportamientos
1
perfectamente correcto este tipo de cacerías, pues ellas res­
I ponden a sus reglas y principios sociales. Citando a Ruth
qu e nos resultan extraños en otras sociedades, la vigencia de
principios morales diferentes a los nuestros) es d ecir, admitir Benedict, ellos dirían que esto "es habitual" y por lo t a nto

!
~j:)
ERNESTO GARZÓN VALDÉs EL PROBLEMA ÉTICO D8 LA S MINORÍAS ÉTNICAS 41

;'müralmente blleno" c, invocando a MacIntyre, sostendrían existencia de morales positivas no permite inferir comporta­
que pri varlos de este placer cinegético equivaldría a destruir ,) ' mientos éticamente debidos, es decir , una moral crítica. Esto
su calidad co mo "agcntes morales". Pero lo· mismo podrían t
no significa que haya que pasar por alto la diversidad cultu­
pOi" cierto aducir quicnes, de acuerdo con las reglas de sus ral y moral. Por el contrario, ella es un dato de la realidad
socisdades, se dedicaron a prac ticar el colonialismo y el geno­ actual que no debe ser dejado de lado si se quieren formular
cidi o. Este, línea de justificación no deja de ser inquietante, . principios de validez universal. Es esta diversidad cultural la
Umto para los pu eblos vecinos de los dyaks .como para las que fija en nuestro mundo las "circunstancias de la justicia" ,
\' íctiltiiiS del colonialismo. para usar la expresión de John Rawls. Son est,as circuns­
E :J est e tipo ele posiciones subyace una lamentable con­ tancias las que deben ser tenidas en cuenta si se aspira a la
../ fusi ón t.:ntrf' rlloral positiva y moral crítica o ética. La veri­ formulación de principios éticos universales no ideal izados, es
ficaci ón · de diferent es costumbres - ·-conjuhtamente con sus !. decir, a una moral crítica que pueda ser compartida por los
ii n p 1ic:1c;one,~ nurmaLivas- ·- no permite inferir sin más qué miembros de las diferentes Sittlichkeiten, siempre que estén
dé·);a se r el respeto incondicionado de esas mismas costúm­ dispuestos a acepta"r criterios mínimos de racionalidad, como
br-e:,¡\'o dejó d,~ ser paradójico en este sentido que quie­ los propuestos, por ejemplo, por León Olivé (1987). >/)

nes (\.b Ogilll por d respeto a la diversidad cultural pl'opicien, . Es decir, que de lo que se trata es de encontrar prinCiPiOS]
c) n'! 'm lC t.íempo, la. va.lidez universal de los principios de . q ue, respetando la pluralidad, puedan ser compartidos por, .
b propi él e !llt.ura, ~iill ofrecer más f1mdamerto para esta pre­ todos los agentes. Ello significa que no serán aceptados aque­
Le ll.',i¿,:l! epie h. "sabiduría ele los ancianos" o una "ley cósmica llos que destruyan la calidad de agentes de los individuos.
[.. · 1qu e se triUls mite a la,; nuevas generaciones" (cfr. Salva­ La diversidad cultural y étnica que aquí nos interesa es
. c.tor T\,loiLino , 1988, 133 , p. 135). Según esta ley cósmica una diversidad que está esencialmente caracterizada por la
_1
superioridad técnico-económica del entorno nacional frente
[llit ¡Iniciad en 1:.. j)Mcja es el pilar fundamental de la organi­ a las minorías étnicas. La existencia de esta desigualdad fa­
zaci('I! y acción de IIÜCSt,ros pueblos y cualquier individualismo cilita una conducta de coacción y de engaño por parte del
i"ornpl! su ese nci a para. desequilibrarlos o transformarlos en so­ entornO nacional, es decir, un comportamiento que apunta
cj.ed ad es clasi:3t rrs (Salviidor Palomino, 1988, p. 139).
justamente a la destrucción de la calidad de agentes morales
\,. CLlJ crnás: de los más débiles y vulnerables. Tiene por ello razón Bonfil
Batalla cuando observa que el paso de la barrera étnica signi­
fica convertirse en un ser "inferior y marginal". Ello explica
La organizélción de los elementos de la naturaleza es horizontal
circular y jcrárquicil,y condu ce a la armonía) a la comple­
(1
por qué la reivindicación de la identidad cultural ha sido
rllcntariedad de fu erzas, al colectivismo y al comunitarismo.
Contrariamemt c, en el esquetna Ilhilineal occidental, con el ad­ siempre la reacción política deliberada de todo grupo humano,
venimi ento ele la soc:iedrrd de clases, aparece la estructura ver­ grande o pequeño, amenazado de extinción y subordinación.
tic,d y con cla:,;es en contradicciones an tagónicas (ibidem). [... ] Reivindicar la propia identidad cultural supone necesari a=-/ r ¡.,
mente que uno cree en la superioridad de su propio patrimonio í·'.'"
cultural, con sus valor:s y sus normas, y que un~ rechaza el de ) r·: ,I¡ .
Q ue lét destrucción del comunitarismo tenga necesaria­ los otros [... ] (Ananda W. P. Guruge, 1988, p. 03 ss.). '-' ' . I
mente que significar el estaj:)lecimiento de una sociedad de
cliJs(~s es d.lgO más que dudoso. Y que la pareja sea la unidad E.,;sta reivindicación es considerada como el único medio de
m ínirua dí'. la sociedad es a lgo que posiblemente no
aceptarán supervivencia de un grupo sometido a una competencia des­
lot; .s0 )(,;;1'08. Pero : sen. como fuere, la mera verificación de la igual. Ello es, sin embargo, falso: son las condiciones de esta
, ,¡\

. ':'o ""

--12 ER.NESTO GARZÓN VALDÉS . ,


EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORÍAS ÉTNICAS 43 1:: ' /

cn mpeL;l1cia las que hay que modificar. Pero no postulando /


1 el relativismo ético-cultural sino justamente al revés: p?-r­
que recurre exclusivamente a la afirmación. <le la identidad I \ :/~. V
cultural. Creo que aquí se establecen equiparaciones falsas

I tiendo de la necesidad de aceptar principios de convivencia


\.m i~,'ers (~lm.e nt e válid~s, .que impida~1 la, i~strumentalizacióll
el e lOS tecIllca y eCO nOIl1lCamente mas debIles.
No está. de más recordar cuán difícil es definir cuáles Son
.h...
como la mu y frecuente entre legitimación y legitimid ad, u le
oposi'fiones supuestamente excluyentes como la que existiría \ - 1,:
'e Ntre' 'relativismo y absolutismo, o jerarquías más que pro- !
blemáticas, tales como la supremacía de la comunidad sobre i
los elementos que constituyen la identidad étnico-cultural,
el individuo.
tant o más cuando se trata ele pueblos que viven en contacto
Por ello mis dudas no se refieren únicamente a la posibili­
permanente con otras culturas de las que aceptan con ma­
dad de éxito fáctico de aquella estrategia, sino qu e también
nifiesto entusiasmo productos derivados 'o secundarios (por
se deben a consideraciones conceptuales y éticas.
ej emplo , la radio, la televisión o la Coca-Cola). Algunos au­
Por lo pronto, es aconsejable distinguir entre legitimación .
t.ores, como rVlig uel Alberto Bartolomé, proponen sustituir el
y legitimidad de una organización político-social. Mientras
concepto de identidad étnica por el de conciencia étnica, que
incluiría elementos heterogéneos de diferentes culturas: que el primer concepto hace r eferencia a la aceptación de l~s
reglas del sistema por parte de los grupos dominantes (sin
P ero la conciencia de un pueblo no es sólo una recuperación que importe su amplitud numérica, raza o sexo), el segundo
elel pilsado, sino la valorización de aquellas formas tradiciona­ indica la coincidencia de las reglas del sistema con los prin­
12s o ele rel ativamente reciente adquisición , que el grupo haya cipios de la ética normativa. La legitimación así entendida
aS'umido com.o prop ias en un momento dado de su proceso es sinónimo de lo que H. L. A. Hart llama "punto ele vista
histórico (Miguel Alberto Bartolomé, 1979, p. 318).
interno" y Max Weber "creencia en la legitimidad" . La le­ o

Por ello, gitimación es condición n ecesaria aunque no suficiente de la

existencia de un sistema político-social; la legitimida d no es

ia forma contemporánea que asuma la cultura de una etnia es condición necesaria ni suficiente de la existencia de un sis­

U.m legítima como cualquiera que haya existido en qtro mo­ tema p'olítico-s,o cial. Tiene razón'I?onfil Batalla (1989, p . 91)

mento de su proceso histórico, siempre que sus protagonistas cuando afirma: .


00

se id en tifiqueil con la misma (ibidern, p. 319).


Cuando se reivindica políticamente la identidad étnica, como
La. legitimidad de la cultura dependería, pues, del con­
lo hacen actualmente las organizaciones indias de América La­
sent.imiento fáctico de sus miembros. Como he tratado de
tina, no se defiende un derecho abstracto, puramente ideoló­
demostrarlo en otro trabajo (cfr.· Garzón Valdés, 1989), el
gico, a mantener una cultura (:Iistinta [... ) Quien asume una
recurso al consentimiento fáctico como fuente de legitimidad
identidad étnica está afirmando, simultáneamente, su derecho
puede conducir a resultados totalmente inª,ceptables desde
a participar en las d~cisiori es exclusivas del grupo y a obtener
el punt.o de vista ético. los beneficios que reporta el uso del patrimonio cultural colec- , o

tivo, según las normas y procedimientos que el propio grupo (:: ' i-,
I"'Jo necesito exponer aquí mi posición de rechazo pleno al.
;.'e scánd alo ét ico que constituye el tratamiento del .indio en a~epta como legítimos. ," " '\':"1'
'. ,L~ l :I r)·
Am éric:., Latina. Posiblemente nadie sufre en este continente
Pero del hecho de que un grupo cultural considere que sus-¡'- 'L¡J"
con mayor íntcDsidad que el indio las degradantes co~secuen­
normas de comportamiento son legítimas, es decir, adopte " "1 <
C1<13 de su vulnerabilidad económico-social. Lo que deseo es
más bien expl"esar mis duelas acerca de la estrategia habi­
\1
. fr.ente a ellas un punto de vista interno, no se infiere que ' (nd ,·)
\
l.ualment e propuesta para superar esta situación, es decir, la
l/' \ loE mismas poseen legitimidad. Sostener que es posible pasar II
¡ del plano de las creencias al plano de lo debido es falso, no
¡,(
rf -
~. ,,~_.~ ' ,' / / / ):'
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oC (', ;' / . ,/ :
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'1-1 . ERNESTO GARZÓN VALDÉS
·.C, EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORÍAS ÉTNICAS 45

porque podamos no estar de acuerdo con lo creído sino por Aplicado al tema que aquí nos ocupa, pienso que para su­
razones lógicas. y si se quiere superar la falacia del paso petar la posición de coacción y de engaño que padecen los
eL; ] ser al deber ser aduciendo que debe ser lo que la gente . miembros de las etnias iridígenas de América Latina hay que
eH Ulla determinada comunidad cree que debe ser, se avanva 1 adoptar una perspectiva que no confunda legitimación corí
entonces por una vía sumamente peligrosa (basta pensar en legitimidad, rechace el relativismo ético y se centre en el in­
las creencias ele los nazis, de los partidarios del apartheid, dividuo concreto de carne y hueso en tanto agente moral.
ele los fundamentalistas islámicos o de los irQqueses del siglo y todo esto dentro del marco de un orden político nacional
XVIJ que consideraban que la tortura era una de las formas que, al menos programáticamente, pretende ser una d.cmo­
más eficaces para asegurar la socialización del torturado [cfr. cracia representativa. Y digo "pretende" porque justamente
al respecto P eggy Reeves Sanday, 1986, p. 212]). la existencia de etnias marginadas contradice una. ele las cou­
Tampoco es verdad que la única posición que cabe frente al diciones necesarias de la democracia representativa, es decir,
n :lativíSI1lO ético es la del absolutismo y que si se abandona la homogeneidad de la sociedad. A este punto quiero ahora
aquél se cae en la intolerancia. Al contrario, un relativista referirme,
l'a d ica.l carece de fundamentos para postular la vigencia uni­ ""
I
'.-(¡,sal de la tol erancia si es que no quiere autocontradecirse. 2. Homogeneidad y democracia repTesentativa
Entre el relativismo y el ab.solutismo existe la }ínea del ob­
[ jcLivismo ético, que es la que habré de seguir aquí. Es bien sabido que la homogeneidad ha sido considerada
-desde Edmund Burke hasta Herman Heller- un requisito
Por último, a diferencia de 10 que sostienen los comunita­
indispensable de la democracia parlamentaria. Desde luego,
ri.stas , creo --como Johan Galtung y Anders VVirak (1976,
en la teoría política existen variados criterios de homogenei­
p. 3)- que cuando se trata del desarrollo político, social y
dad, algunos de los cuales - como, por ejemplo, los susten­
cukúl'al, no existen "vacas sagradas'! como no sean los seres
tados por Carl Schmitt- presentan rasgos manifiestamente
individuales. Es, por ello, correcta la afirmación de David
Gauti1ier (1 086, p, 288): .ra.cistas. Mi propuesta de sociedad homogénea es la siguiente:

Una sociedad es homogénea cuando todos sus miembros g07.an


'La idca de qu e las formas de vida tienen derecho a sobrevivir de los derechos diret:tamente vinculados con la satisfacción de
--Ulla idea expresada en aquella concepción extraordinaria del
sus necesidades básicas.
genocidio cultural- es un recién llegado al escenario moral. Es
también una idea totalmente equivocada. Son los individuos los
que cuentan; las formas de vida importan sólo como expresión La homogeneidad así entendida jmpide que el prinCIpiO
y sustento de la individualidad humana. de la mayoría se convierta en dominación de la mayoría. _
En efecto, los derechos directamente vinculados con la satis­
La posición comunitarista, si es coherente, conduce fatal­ l' facción de las necesidades básicas constituyen un "coto ve­
;nente a la d efe nsa del statu qv.o -cualquiera que éste sea­ dado" a la negociación y a las decisiones mayoritarias. Toda
r .y es, por lo tan.to, paraliz.ante y conser:~dora por definición.
~-; u consecuencIa necesJ.na es la creaClOn de "esferas de la
j -decisión que intente reducir los límites del "coto vedado"
es pr'ima facie ilegítima y contradice el concepto mismo de
jllsticia" (para usar la expresión de Michael Walzer) incomu­ la democracia representativa. Esto significa que quien pre­
nicadas entre sí. En cambio, si se acepta la prioridad mor~l tenda reducir el ámbito del "coto vedado" deberá correr con
del individuo sobre la comunidad, es posible admitir también la carga de la prueba y demostrar que esta reducción está
b posibilidad d e justificar éticamente la suplantación de una l' ' justificada por la imposibilidad real de una vigentia efec­
forma de vida por otra. 1. tiva de algunos de los derechos vinculados con las necesida­

11 , .! l •.
I
¡..:1 í¡1:1)
¡

EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORÍAS ÉTNICAS 47


46 ERNESTO GARZÓN VALDÉS'

des basicas. Esto es obvio si se recuerda el p'r incipio kantiano En la determinación de las relaciones causales no es ver­
tiegllIl el cu a.l deb er implica poder ser o hacer. dad que "todo funcione", como propicia Faul Feyerabend. y
Bienes básicos son aquellos que son condición necesaria corno las relaciones causales subyacen en tod a regla técnica , '
para la. realización de cualquier plan de vida, es decir, tam­ queJndica las vías para conseguir lo que se desea, si se quiere
bién para la actuación del individuo como agente moral. Por tomar en serio los deseos de la gente, no es posible pasarlas
ello cab e sup oner que todo individuo racional está interesado por alto.
No hay duda de que la exigencia de homogeneidad dista
en su obt ención y que, en el caso de que los miembros de
mucho de estar satisfecha en los países de América Latina.
I una comunidad no comprendan su importancia, pueden es­
Ello explica las deficiencias de nuestras democracias y el es­
" GéI.l' justificadas medidas paternalistas . Eriefecto, la no acep­
cepticismo de los representantes de los intereses de los distin­
tac ió n d e la garantía de los propios bienes básicos es una
clara señ al de irracionalid ad o de ignorancia de relaciones, t· ' tos grupos étnicos frente a la posibilidad d e superar sus pro­
blemas dentro de nuestros marcos políti cos nacionales. Pero
caLl sal e~3 elementales. En ambos casos, quien no comprende I
pienso que las opciones que ofrece la historia y el presente
su r81evallcia puede ser incluido en la categoría de incom­
\ de América Latina son menos co~vincentes aún. ,~
jx.tente básico. Posiblemente tiene razón Guillermo Bonfil
Si se acepta la definición de homogeneidad social aquí pro­
Bat alla c uando afirma que las "concepciones mismas de sa­
puesta, la pregunta que de inmediato se plantea es cómo de­
lud y enfermedad corres pond en a una manera particular de
finir más exactamente estos bienes básicos.
e nt en cler al hombre y a las fuerzas benéficas y maléficas que Como es sabido, en la discusión ética contemporánea hay
pueden amparado o perjudicarlo" (1988, p. 90). Los estu­ dos puntos de partida a los que suele recurrirse en el intento
d ios realizad os por Margaret Clark sobre la vinculación en­ de formul ac ión d e principios y reglas de validez universal
tre salud , enfermedad y factores culturales y sociales en el que aseguren la protección d e estos bienes. U no de ellos es el
enclave mexicano-norteamericano de la ciudad de San José, del consenso (en sus dos versiones de fácti co e hipotético);
Californi a (cfr. al respecto George M. Foster, 1988 , p. 241 el otro es el de las necesidades básicas. , Por razones que no
ss .) confirman esta afirmación, pero me cuesta aceptar la he de expresar aquí (cfT. para m ás detalles Garzón Valdés,
concJ.usión general de que ello "legitima (¿siempre?, E. G. 1989), me inclino por la segunda de estas perspectivas. .
V') , las m é\neraS específicas en que es posible restablecer la En una obra d e reciente publi cación, Mario Bunge (1989)
:3(dud ) hente a prácticas médicas diferentes que son legítimas ha subrayado la vinculación necesaria que existe entre valores
.Y significativas en otras culturas". (Bonfil, loe. cit.). Me in­ y necesidades human as ya que aquéllos no pueden existir sin
d ino a pensar que la vinculación causal entre el bacilo de
Koch y la t.uberculosis era y sigue siendo "significativa" no
sólo 8lJ d ámbito cultural germano donde fue descubierta.
l.
l'
~
estas últimas; más a ún: valoramos algo justamente porque
lo necesitarnos. La constatación de una necesidad es algo
fáctico . y objetivo. Como afirma David Vviggins (1985, § 3;
1. ~(un poc:o llega a convencerme la relación causal entre San citado s egún Ruth Zimmerling, 1989 , p. 15):
G iiGriel y la lluvi a y la conveniencia de su aceptación como
parece sostenerlo Miguel Alberto Bartolomé c uando afirma A diferencia de "desear" o "querer", [... ] "necesitar" obvia­
(19'rD p. 319): mente no es un verbo intencional. Lo que necesito no depende
del pensamiento o del fun cionamiento de mi cerebro [.. . ] sino
Poco importa que San Gabriel aparezca ahora corno el jefe de cómo es el mundo.
- - - - -_._----_.-
de las deidades de la lluvia de los mayas , si los rituales y los
Ruth Zimmerling ha observado con razón que la Ulllver­
sistemas de valores correspondientes, continúan orientando las
condu ctas colectivas de los hombres ante la lluvia[ ... ] salidad de las necesid ades b ás icas "reside en sus aspectos
EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINOn.ÍAS ÉTNICAS 49
48 t;RNESTO GARZÓN VALDÉS
la democracia representativa- y aumenta. el número df: los
'généricos' y no en las características de lq que se requiere "inferiores y marginados", para usar la expresión ele G ui- .
para satisfacerlas" (loe. cit., p. 16). Esta universalidad no
significa, desde luego, que sea posible formular una lista

.L llermo Bonfil Batalla. Pero no sólo ello: si $e admite que la


satisfacción de las necesidades básicas es indispensable para
válida y exhaustiva de las necesidades básicas para todas
la actuación del individuo como agente moral, su no sati~;-
las sociedades y períodos históricos, ·ya que bajo la catego­
facción está éticamente prohibida. .
ríet "necesidades básicas" hay que inclúirnó sólo las llamadas
La existencia creciente de necesidades básicas derivadas es
"necesidades naturales" (como alimento, vivienda, vestido),
una consecuenCia inevitable de todo proceso de desarrollo.
sino también las "derivadas" de las respectivas estructuras so-o
Para comunidades tradicionales en contacto con soci(~dades
ciales. Aquí sí desempeña un papel importante la diversidad
más dinámicas esto significa tener que enfrentarse con la al­
cultural y puede hablarse de "relatividad" contextual. Es co­

nocido el ejemplo de Adam Smith (1958, vol. II, p. 351 s.)


t ternativa de, o bien dar satisfacción a las necesidades básicas
f' derivadas, o bien negarse a ello, aferrándose a sus reglas ha­
acerca de la vinculación entre las camisas de hilo y la decen­
bituales de convivencia. Esta última opción presenta rasgos
cia social como criterio de lo que es básicamente necesario:
inconfundibles de autodestrllcción. Preterluer seg;uirt;¡, er,\¡ el
Por necesidades entiendo no sólo los bienes que son indispen­ plano colectivo es éticamente, por lo menos, d lIdoso, Ji como
sablemente necesarios para el sustento de la vida, sino todo estrategia práctica, catastrófico ya que conduce fatalmente
aquello que las costumbres' del país hacen que sea indecente a una mayor vulnerabilidad del grupo social. Por su parl,c·,
carecer de ello [... ] aun para los sectores más humildes. Una la primera opción implica. necesariamente la renuncia total o
camisa de hilo, por ejemplo, no es estrictamente necesaria para parcial a formas de vida que un pueblo ha. "asumido como
la vid a. Los griegos y los romanos vivieron, según pienso, muy propias", es decir, implica poner en peligro h propia iden­
agraJablemente a pesar de que no conocían el hilo l· .. j. Por
tidad, si se acepta la definición de Bartolomé citada arriba.
necesidades entiendo, pues, aquellas cosas que no sólo la natu­
raleza sino también las reglas establecidas de la decencia han Lo grave es que la aparición de necesiclacJe::; b,bicas deriva­
vuelto necesarias hasta para los sectores inferiores del pueblo. das no es algo que dependa. exc!usivamentp de los ~illjCl.os que
tienen que satisfacerlas. Si en el ejemplo de Adalll Smit.h la
Zimmeding (loe. cit., p. 20) ha formulado una definición
camisa de hilo era requisito de decencia social, en nuestra::;
ele necesidad básica que puede ser útil en este contexto:
so'ciedades, un cierto grado de nivel educaLivo, la familiari~
zación con relaciones causales ele fenómenos cotidianos, ::;on
N es una necesidad básica para x si y sólo si, bajo las circuns­ también condiciones de un mínimo de deconcia en el sent.ido
tancias dadas en el sistema socio-cultural s en el que vive x
y en vista de las características personaies P de x, la no sa­ estricto de la palabra. Su carencia humilla.
tisfacción de N le impide a x la realización de algún fin no Vistas así las cosas, el aseguramiento de la calidad de agen­
contingente -es decir, que no requiere justificación ulterior­ tes morales de los individuos que integran Ulla comunidad
y, con ello, lél persecución de todo plan de vida. nacional culturalmente heterogénea, requiere un movimiento
en dos direcciones: por una parte, las autqrielades nacionales
Aplicado al problema que aquí nos ocupa, dado que las deben promover la homogeneidad asegurando el derecho de .
. comunidades indígenas no se encuentran, por lo general, ais­ todos los habitantes a la satisfacción de todas SllS ilecesida··
ladas del contexto nacional y éste presenta un gradomayo.r des básicas; por otra, los representalltes de las comunidades
de desarrollo técnico-económico, la lista de · las necesidades indígenas deben estar dispuestos a abandonar reglas () princi­
básicas ·clerivadas tiene una tendencia a una continua ex­ pios de comportamiento si, dadas lascirCLlllstancías íJctuides,
pansión. Su no satisfacción viola el principio de homoge­ ellos contribuyen a aumentar su vulnerabilidad.
neidad -afecta, por lo tanto, uno de los presupuestos de

t:
f
50 ERNESTO GARZÓN VALDÉS :
EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORÍAS ÉTNICAS 51
Esto plantea, desde luego, el problema de :saber cuáles son cada cual ha de gozar de los derechos "económicos, sociales y
Jos límites que éticamente están impuestos a la estrategia culturales indispensables para su dignidad y libre desarrollo
!:
i1qllÍ propuesta. Ello me lleva al tercero d~ los puntO$ que
de su personalidad". Dicho con otras palabras, se afirma aquí
quería. Lratar.
el derecho a satisfacer las necesidades básicas. Y como estas
necesidades vienen impuest as muchas veces desde afuera, el
3. Bomogeneidad y peculiaTidad cult'uml 'problema que se plantea es que los medios que ofrecen las res­
pectivas culturas resultan insuficientes para "satisfacer los
El punto 7 de la Declaración de principios del Consejo Mun­ requerimientos de la vida en sociedad". Esto trae consigo
dial d e Pueblos Indígenas establece que:
la necesidad de modificar las "estructuras de creencias" del
grupo social en cuestión. La creencia en la existencia de una
Las insti tuciones de los Pueblos Indígenas, igual que las del
relación causal entre las danzas en honor de San Gabriel y el
/ EstilJo-Nación, deberán estar en congruencia co n los derechos
humanos internacionales reconocidos, tan to individuale;:¡ como aumento de las precipitaciones pluviales no es, por ejemplo,
colectivos (cfr. Jesús Contreras [comp.) 1988, p. 181). una buena base para formular predicciones meteorológicas.
Si se quisieran formular sumariamente los deberes de rás
J~sta es, en verdad, una formulación más del principio de autoridades nacionales y de los representantes de las comu­
homogeneidad . Pero si este principio ha de valer incondicio­ nidades étnicas, creo que vale lo siguiente:
nalmente , como creo que es la intención de los autores de Con respecto a las autoridades nacionales: 1.­
la Declaración, entonces el punto 5 de este documento, que ' Están pTima facie éticamente obligadas a posibilitar a to­
rez a : dos los habitantes el goce de los derechos vinculados con la
satisfacción de las necesidades básicas . Éste es el deber de
Los usos y las costumbres de los Pueblos Indígenas deben ser ~omogeneización. U na sociedad en la que se viola este deber
j respet ad os por los Estados-Nación y reconocidos corno legítima puede ser calificada de indecente.

fuent e de derechos. ~. Con respecto a los representantes de las comunidades in­

dígenas:

el bien es contradictorio con el punto 7 o bien debe haber


Están éticamente obligados a informar a sus miembros
ent re amb os una relación de supra o de subordinación. acerca de las consecuencias que trae aparejado el rechazo del
Los partidarios del relativismo cultural y ético, si Son co­ principio de homogeneidad. Éste es el deber de disposi ción al
herentes, tendrán que sostener que el punto 5 preclomina cambio. Su no aceptación conduce a la transformación de las
so bre el '1. P ero entonces se verán enfrentados con la contra­ comu nidades indígenas y de los individuos que las integran
dicción que significa postular la validez relativa de los valores
y aJirrnar, al mismo tiempo, la validez absoluta de los usos
t en "piezas vivientes de museo" (cfT. David Gauthier, 1986,

y cos tumbres como fuente de legitimidad. y si se sostiene ~ p. 296) ,en ucrisálidas, envueltas en un perenne capullo 'cul­
tural'" (cfT. Héctor Díaz-Polanco, 198'{, p. 17), al asp irar a
la relación de subordinación del punto 5 con respecto al 7, una reiteración obsoleta de formas de vida que dificultan la
se ab andona, desde luego, la posición del respeto incondi­ participación en el desarrollo general de la humanidad. Este
cionad o de las autonomías culturales y habrá que admitir deber puede ser llamado el "deber de dinamización". Su vio­
.la necesídad.-dc modificar los usos y costumbres que C011­ lación permite calificar ala comunidad que la practique com<:..J
cr aclig,tl} "los derechos human os internacionales reconocidos, históricamente suicida.
tanto individua les como colectivos". El artículo 22 de la De­ Estos dos\ deberes: el de homogeneización y el pe dina­
claración Universal de los Derechos Humanos establece que ' .' mización trazan el marco de estrategias no sólo éticamente
r
"

5~? ERNESTO GARZÓN ~ALDÉS I


I

aceptables sino también fácticamente exitosas en las actua­ t


f
EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORíAS ÉTNICAS 53
les cirCLlIlstancias. Dentro de este marco se plantea, por su­
Por lo mismo, constituye una gran necesidad idear -a nivel
puesto, una serie de problemas concretos. . de Sur y Centroamérica- que un idioma indio que sirva de
.r El deber de homogeneización puede implicar, en algunos
casos, la necesidad de su imposición, aun en contra de la vo­
lengua franca a' niv~1 l"egio'nal, al pensamiento de indianidad y
sin que ello implique una renuncia al uso del castellano.
luntad de sus destinatarios. La obligación de escolaridad, por
ejemplo, no queda sujeta al consentimiento de los niños o de La idea no parece muy buena: supongamos que se im­
sus padres; lo mismo vale con respecto a medidas elementales plante el aimará como lengua franca de la indianidad, ¿qué
de s,midad. Por ello en la zona comprendida entre la homoge­ !
pasaría con los mayas de Guatemala?; ¿tendrían que apren­
neizac.ión y el dinamismo suelen presentan:;~ casos en los que der entonces no sólo castellano sino también la "lengua franca
pUt:d eIl est.ar justificadas medidas paternalistas. No he de re­ de la indianidad"? Este tipo de propuestas es insostenible
ferirme a ellas aquí (cfr. para más detalles Garzón Valdés, por impracticable o en todo caso por inútil. Sin embargo, es
1987), sino tan sólo recordar que ést.as están éticamente jus­ significativo porque pone de manifiesto una actitud bastante
tificadas si y sólo sí el destinatario de las )Dismas es un ii1­ frecuente entre quienes sostienen la tesis del relativismo cul:'&;
j ,
competente básico y no se toman para manipularlo sino para I tural y hasta el rechazo de ulla cultura nacional a la vez que,
evitade un mal.
Más difícil de responder es la cuestión de si debe asegu­ ,í
paradójicamente, postulan la superioridad incondicionada de
lo indígena:
rarse 2. cada comunidad la posibilidad del cultivo escolar y }
basta universitario de su propia lengua con fondos del Es­ La única civilización, las únicas culturas auténticas, son las que
t.ado. Si se acepta la tesis de Gonzalo Aguirre Beltrán (1983, encarnan los pueblos indios (Guillermo Bonfil Batalla, 1981,
p. 13) en el sentido de que la "defensa de la lengua les asegura \ p. 36).
(<:1. los illdigenas, E. G. V .) [... ]la conservación integrada de
su personalidad modal" o la de Salvador Palomino y otros Estos ejemplos sirven para ilustrar la variedad de casos
que pueden presentarse y que requieren siempre UIla consi­
aut.ores (1988, p. 135), quienes afirman que:

IsJólo el idioma materno permite expresar nuestro pensamiento


deración individual. Pero en todos ellos pienso que hay que
tener en cuenta los siguientes tres principios:
l
con fidelidad. Así, los intentos de explicación mediante el uso
del idioma dominante; sólo representan aproximaciones [. : . J, l.R.echazo del relativismo cultural como fuente de dere­
chos y deberes que exigen aceptación universal.
el facilitar la enseilanza ele la respectiva lengua materna pa­
2. Aceptación del valor del individuo como agente moral.
L>:cria ser un deber que se infiere del de homogeneización,
yec que quien no puede expresarse cabalmente en su lengua 3. Negación del carácter sacrosanto de las formas de vida
jJJ.'\terna estaría condenado a no poder expresar su pensa­ colectivas y, por consiguiente, admisión de la posibilidad
mient.o. IvIe inclino a creer que esta tarea debe ser llevada a de su crítica y superación.
cabo conjuntamente por las respectivas comunidades y el Es­ El primer principio no significa caer en el fanatismoetno­
t ado nacional, siempre que aquéllas estén dispuestas también centrista sino justamente lo contrario: admitir la posibilidad
L a cumplir el deber de dinamización. de la formulación de principios y reglas objetivamente funda­
OtI'O es el caso de la propuesta de Salvador Palomino y mentables. El enfoque de las necesidades básicas me parece
otros autores (loe. cit.) en el sentido de la implantación de una vía adecuada para tal efecto.
Lln idioma indígena como lengua franca del continente:
El segundo principio implica el rechazo del comunitarismo J
en cualquiera de sus versiones.
L
I
;)-1 ERNBSTO GARZÓN VALDÉS EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORÍAS ÉTNICAS 55
I
El tercero exige la adopción de una actitud crítica frente un modelo único de progreso, como parecen temerlo los de­

a las normas de comportamiento y a ' las' creencias vigente~ fensores del comunitarismo y de las estruct uras tradicionales

en la comunidad en la que se ha nacido y criado. Exige, propias de cada etnia. U na cosa es propiciar el dinamismo

pues, la no aceptación del conservadurismo en la medida en para superar la marginación y lograr la homogeneidad en

qu e éste pueda anular la capacidad del ra~onamiento propio,


y presupone admitir la posibilidad de que existan formas de
, el sentido ·aquí definido y otra muy diferente es sostener 1':J

existencia de un único modelo de progreso. Justamente por­

vida más valiosas que otras. El criterio más aceptable para que la satisfacción de las necesidades básicas eh condkiones

establecer cierta jerarquía entre diversas formas de vida co­


de libertad personal depende de los datos concretos de cada

lectivas es el que sostiene que una forma de vida colectiva


sociedad, no puede fijarse de antemano una única vía po­

es superi.or a otra cuando en ella la posibilidad de coacción


sible de progreso y desarrollo. Lo que sí puede sostenerse

ji d e e ngalio de sus miembros es menor. La superación de la


/ sensatamente es que, cualquiera que sea la vía elegida, esta
coacción y del engaño es, dicho con otras palabras , la supe­
elección no puede realizarse con prescindencia del mundo<4> cn
ración ele la debilidad y la ignorancia. Éstas son dos raíces

r-
profundas del escándalo ético que significa la situación de
buena parte de la población indígena en América Latina.
Sólo será posible superar este escándalo si se avanza por la r.
r torno , justamente porque entre los datos de la realidad de
toda sociedad actual hay que incluir necesariamente la es­
trecha vinculación con formas de vida que, por su propio
nivel de desarrollo, tienden a crear permanentemente ncce­
" vía de la homogeneización y el dinamismo;
y una última observación: la tesis aquí sostenida no signi­ sid ades básicas derivadas, con el consiguiente perjuicio para
fica , en modo alguno, sostener la conveniencia del cambio por¡ quienes no están en condiciones de satisfacerlas. Porque ello
j , es así, siguen en pie los dos deberes básicos de homogenei­
el cambio mismo o la creencia en el valor incondicionado del
progre~; o. El único criterio que aquí he sostenido ha sido el de zación y dinamismo, ,dentro de los cuales habrá que formu­
la prioridad del individuo como agente moral. Esto implica lar estrategias éticamente. aceptables y fácticamente exitosas
dos cosas: primero, por ser la satisfacción de las necesida­ para superar la situación de etnias que viven en un ámbito)
nacional técnica y económicamente más desarrollado. .
, I
des básicas (naturales y derivadas) una condición necesaria
para un desarrollo humanamente decente (como podría de­
cirse parafraseando a Adam Smith), sólo aquellas sociedades BIDLIOGRAF'ÍA
que puedan satisfacerlas han de ser consideradas como can~
didatas posibles para ser incluidas en la lista de formas de
vida social y éticamente aceptables. Pero, segundo, como lo Aguirre Beltrán, Gonzalo (1983), Lenguas vernáculas. Su uso y
que ünp orta no es sólo la existencia decente del individuo .. desu.so en la enseñanza: la experiencia de México, Ediciones de
sino su posibilidad de actuar como agente moral, es decir, la Casa Chata, México, 1983.
el despliegue de su autonomía personal, entre dos formas Bartolomé, Miguel · Alberto (1979), "ConcieJlcia étnica y auto­
el.; organización social, si ambas satisfacen las necesidades gestión indígena" en Documentos de la Segunda Reunión de
Barbados . lndianidad y descolonización en AméTica Latina, Edi­
básicas , habrá que preferir aquella que asegure una mayor
torial Nueva Imagen, México, 1979.
libel'tad individu a l. Ésta es, según pienso, una reformula.ción
Benedict, Ruth (1978), "Anthropology and the abnormal" en
aceptable del criterio de preferencia entre formas diferentes
Rodger Beehler y Alan R. Drengson (eds.), The Philosophy of ,
de vida, fo rm ulado en el párrafo anterior. Implica, por cierto, Society, Methuen, Lorídres, 1978.
el rechazo de conce pciones halísticas y relativistas. Pero, en BonQl Batalla, Guillermo (1981), "Introducción a la recopilación
rilodo a.lguno, significa fijar para todos los tiempos y lugares de documentos", Utopía y revolución en el pensamiento político
¡t
r'
56 ERNESTO GARZÓN VALDÉS EL PROBLEMA ÉTICO DE LAS MINORÍAS ÉTNICAS 57
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