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LA ESPERANZA DEL NUEVO PACTO

PROPOSICIÓN:
Nuestro Señor Jesús nos invita a tomar con Él la copa de la comunión, para que no tomemos
la copa del Getsemaní.

DESARROLLO:
YO:
Una de las experiencias más hermosas que he experimentado es cuando alguien de forma
voluntaria toma mi lugar para que no tenga que pasar por un momento difícil; como cuando
alguien hace cola en la fila de pagos en el cajero; o cuando alguien se echa la culpa por las
travesuras que hiciste. Hace unos días conversaba con mis hijas y ellas nos confesaban como
en el pasado, alguna de ellas tomo el lugar de la otra para que no recibiera el castigo que le
correspondía. La razón por la que hicieron eso, es porque pensaron, que unas de ellas era la
preferida de mamá y otra la de papá; así que según fuera quien quebrantaba las reglas si
tenía que ver con mamá, las consentidas se podían echar la culpa porque el castigo sería
menor; o sí era una regla impuesta por papá entonces le correspondía a la otra cargar con
la culpa. Porque probablemente ni siquiera hubiera castigo.
O cuando estas en una deuda impagable y alguien que te ama, te dice “Yo pago”.

NOSOTROS:
Todos nosotros hemos quebrantado las leyes de Dios para nuestra convivencia, hemos
pecado de egoístas, ególatras, egocéntricos, orgullosos, vanidosos, tramposos, etc.
Solamente ha existido un hombre que no ha seguido a Vicente. (¿A dónde va Vicente?, a
donde va la gente). Es Jesús, es el hijo que en todo agrado al Padre. Y tal vez pensemos que
por ser el hijo preferido, si Él se echa la culpa, no habría castigo, o bien el castigo sería menor.

DIOS:
En los evangelios encontramos referencia a dos copas distintas pero ligadas.
I.- LA COPA DE LA COMUNIÓN.
“Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. (15) Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua
antes que padezca! (16) Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. (17) Y habiendo tomado la copa,
dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; (18) porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el
reino de Dios venga. (19) Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced
esto en memoria de mí. (20) De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi
sangre, que por vosotros se derrama. (21) Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. (22) A la verdad el Hijo
del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! (23) Entonces ellos comenzaron a
discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto”. Lucas 22:14-23.
a.- Las cuatro copas de la pascua: “Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. (15) Y les dijo:
¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! (16) Porque os digo que no la comeré más, hasta que se
cumpla en el reino de Dios. (17) Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; (18) porque os
digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga ”. Lucas 22:14-18. Era el 14 de Nisán, de
ese año, Jerusalén. Nuestro Señor había realizado preparativos para celebrar la pascua con
sus discípulos, incluyendo a Judas que después le traicionaría. Los discípulos se reunieron en
un cuarto en la parte alta de Jerusalén y comieron juntos la comida pascual: cordero asado,
hierbas amargas, legumbres, fruta y pan sin levadura. Por 1500 años la celebración había sido
la misma, el motivo era que, “Esa es la noche en que Dios nos protegió de la muerte y nos libró de la
esclavitud. Esta es la noche de redención. Siempre recuerda la noche de redención”.
Después de la comida tomaron las cuatro copas de vino, y empezó la recitación de la historia:

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“Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su
servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; (7) y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros
sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto”. Éxodo 6:6–7.
1.- La primera copa: “Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto ”.
2.- Luego la segunda copa de vino: “y os libraré de su servidumbre”.
3.- Una tercera copa: “y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes”.
4.- La cuarta copa y final: “y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová
vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto”.
b.- La copa del Nuevo Pacto: Esa noche, diferente de todas las demás, Jesús dijo, “Y tomó el
pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. (20) De
igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
(21) Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. (22) A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está
determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! (23) Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos
sería el que había de hacer esto”. Lucas 22:19-23.
“Olvídense del Éxodo”, dice Jesús. “De ahora en adelante, esta comida en memoria de MÍ. Yo soy el cordero sacrificial.
Mi sangre los librará de la muerte. Yo soy su libertador”. Se hizo una pregunta. Usted sabe la pregunta, por
supuesto. “¿Por qué es esta noche diferente de las otras noches?” Pero ¿qué hace de esta pregunta tan
importante? Sin la pregunta la comida, la celebración se vuelve nada más que otra
celebración, y la tradición queda sólo en eso: una tradición, sin significado; nada más que
una de esas cosas que hacemos porque siempre las hemos hecho. La pregunta elimina la
inutilidad, porque separa esta noche de todas las demás. Esta noche es especial, una noche
santa.

II.- LA COPA DEL JUICIO.


“Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. (40) Cuando llegó a aquel lugar, les dijo:
Orad que no entréis en tentación. (41) Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, (42)
diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. (43) Y se le apareció un ángel del cielo
para fortalecerle. (44) Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta
la tierra. (45) Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; (46) y les dijo: ¿Por
qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”. Lucas 22:39-46.
La prueba que le esperaba a Jesús era física, emocional y espiritual; una aflicción tan intensa
que instruyó a Pedro, Jacob y Juan que se quedaran cerca de él y oraran. Una agonía tan
extrema que el Padre envió a un ángel para fortalecer al Hijo porque sabía que la experiencia
sería más de lo que el Hijo podría soportar por sí solo.
Cuando Jesús se arrodilló para orar esa noche se enfrentó con la realidad de que sería
arrestado, torturado y ejecutado en una cruz al día siguiente. La noche antes de su muerte,
el nivel de su ansiedad fue tan alto que empezó a sudar gotas de sangre. Aunque algunos
comentaristas han propuesto que Lucas usó la frase “sudar sangre” como expresión figurada,
investigadores más recientes han descartado tal idea porque el idioma común de los días de
Jesús no tenía tal modismo. Según el Estudio sobre la muerte física de Jesucristo, los científicos
han documentado el fenómeno de hematidrosis o sudar sangre en personas que
experimentan “estados altamente emocionales o en personas con desórdenes sanguíneos”.
Jesús conocía cual era la voluntad de su Padre, pero aun así se encontraba en una gran
agonía en su alma. Su agonía no venía del hecho de no querer cumplir con la voluntad de
Dios, sino porque Jesús iría a la cruz como un sacrificio por el pecado. Él no era una víctima
de circunstancias que estaban más allá de su control, y a diferencia de cualquier animal
sacrificado, Él fue con pleno conocimiento. Él de manera voluntaria decidió entregar su vida.
La mayor amargura de esta copa era:
a.- Cargar el pecado de la humanidad.

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b.- Sufrir el abandono del Padre.
c.- Experimentar la muerte física.
2.- La copa de la ira de Dios.
Jesús no desea tomar esta copa, porque es la copa de la ira de Dios, a quien busca agradar
en todo. Esto nos ayuda a entender por qué Jesús uso la figura de la copa. Repetidamente a
lo largo del nuevo testamento, una copa es una poderosa imagen de la ira y el juicio de Dios.
“Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, lleno de mistura; y él derrama del mismo; hasta el fondo lo
apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra ”. Salmo 75:8.
“Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz de aturdimiento
bebiste hasta los sedimentos”. Isaías 51:17.
“Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano la copa del vino de este furor, y da a beber de él a todas las naciones a
las cuales yo te envío”. Jeremías 25:15.
La copa no representaba la muerte, sino el juicio. Jesús no le tenía ningún miedo a la muerte,
y una vez que hubo terminado su trabajo en la cruz – el trabajo de recibir, cargar y satisfacer
el justo juicio de Dios el padreo por nuestros pecados – cuando el terminó ese trabajo, Él
simplemente grito para sí mismo para entrar a su muerte en una decisión propia.
La espina siria de Cristo, que es la clase de espina que con mayor probabilidad se usó para
hacer su corona, “es un matorral que crece hasta medir entre tres y cinco metros de altura, y contiene ramas blancas
y lisas con un par de espinas duras y desiguales curvas en la base de cada hoja”. Sus atacantes entretejieron
estas ramas espinosas para hacer una especie de sombrero. Al abofetear a Cristo en la cara,
y al oprimir el sombrero sobre la cabeza de Jesús, eso insertó varias de las espinas en su cuero
cabelludo entero, activando zonas disparadoras de dolor palpitante por su cara y orejas. Lo
más probable es que su dolor fue similar al que sufren los pacientes de neuralgia del trigémino,
un desorden asociado con los nervios de la cabeza. Tales pacientes a menudo describen su
dolor como “puñaladas, descargar eléctricas, o aguijonazos con un aguijón candente”.
Con cada movimiento que Jesús hizo hasta su muerte, cada paso que dio por la Vía Dolorosa,
cada golpe que recibió de los soldados, y cada respiración que hizo en la cruz, el dolor se
disparaba de la cabeza a su cara y a las orejas de nuevo. Totalmente desnudo, y con el peso
del travesaño de 30 kilos sobre sus hombros, Jesús todavía tenía el recorrido al Gólgota por
delante. Cuando ya no pudo cargar el peso, Simón de Cirene llevó su cruz el resto del camino
hasta el “Lugar de la Calavera,” donde Jesús pasó sus próximas seis horas colgado hasta que exhaló
su último suspiro; cumpliendo la voluntad de su Padre.

III.- EL SEÑOR NOS INVITA A TOMAR CON ÉL LA COPA, PARA QUE ÉL TOME NUESTRA COPA
DE JUICIO.
Esa Pascua fue distinta, fue la noche final de redención. El Maestro invita a sus discípulos a
tomar de la copa de la comunión, porque pronto tendrá que tomar la copa de la ira de Dios.
En el huerto la traición que sufrió Jesús nos enseña que se hizo esclavo para librarnos a nosotros
de la esclavitud. En la cruz su muerte nos enseña que él se hizo el Cordero sacrificado de Dios
para rescatarnos de la muerte. Hoy, cuando celebramos la Cena del Señor recordamos la
noche en que fue entregado porque su esclavitud significa nuestra libertad, y proclamamos
la muerte del Señor hasta que él venga, porque su muerte significa nuestra vida. Todo tiene
que ver con la redención. Siempre recuerde la noche de redención.

TÚ:
Necesitas comprender esta verdad; Él nos llama a tomar de la copa de la comunión para
que no bebamos de la copa de la ira; esta es la invitación a gozar de la amistad con Dios día
a día. ¿Estas valorando el sacrificio que el Señor realizo por nosotros? Como lo muestras.
¿Cuánto daría por tener la oportunidad de relacionarte con Dios? Jesús ya lo pago.

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Pero nos toca mostrar que comprendemos las implicaciones de la entrega voluntaria de Jesús
tomando nuestro lugar en la cruz.

NOSOTROS:
Cuando comprendemos la crudeza de la ira de Dios ejercida sobre nuestro Señor Jesús, solo
podemos ver la profundidad de nuestro pecado, lo grandioso de la santidad y justicia de Dios
y el amplio amor de Dios mostrado a través de Cristo Jesús.
Nuestra vida debe ser una expresión constante de gratitud y adoración obediente; porque si
siendo sus enemigos nos dio vida por medio de Jesús, ahora junto a Él nos dará todas las cosas;
su voluntad es perfecta, por ello podemos vivir agradándole, pues su voluntad es mucho mejor
que la nuestra.