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Coleccion: 14 - Tomo 43 - Numero 8 - Mes-Ano: ---2010_

LA “QUEJA DE DERECHO” CONTRA LA DECISIÓN


DE “ARCHIVO” DEL FISCAL Y SU METAMORFOSIS
EN EL NUEVO CÓDIGO PROCESAL PENAL
Henry Huete Reinoso (*)

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CRITERIO DEL AUTOR

En el presente artículo, el autor aborda las diferencias entre la “queja de derecho”


regulada en la Ley Orgánica del Ministerio Público y el “requerimiento de elevación de
actuados al superior” previsto en el Código Procesal Penal de 2004. Señala que las
precisiones efectuadas permiten aclarar ciertos aspectos que aún no están definidos
en nuestro país, como su naturaleza y su denominación. Asimismo, indica que las
decisiones de archivo del Ministerio Público, por no tener un carácter jurisdiccional,
carecen de la autoridad de “cosa juzgada”, debido a lo cual las decisiones fiscales que
dispongan el archivo de las actuaciones no pueden ser consideradas como definitivas.

SUMARIO: I. Introducción. II. Surgimiento de la queja de derecho en nuestro


ordenamiento jurídico. III. La regulación en el nuevo codigo procesal penal. IV.
Formalidad del requerimiento. V. Conclusiones.

MARCO NORMATIVO:

•Código Procesal Penal de 2004: arts. 334, 413, 437, 439.

•Ley Orgánica del Ministerio Público: arts. 12, 13.

I.INTRODUCCIÓN

Los cambios e innovaciones que ha traído consigo el nuevo Código Procesal Penal (en
adelante, NCPP) en nuestro sistema de administración de justicia penal han merecido
distinguidos créditos de los más connotados procesalistas de nuestro país, quienes en
su mayoría han calificado de acertada y necesaria la reforma del sistema procesal
penal.

Luego de más de seis décadas de vigencia del sistema mixto-inquisitivo se ha logrado


culminar una etapa importante del proceso de reforma de la justicia penal, cuyas bases
las encontramos en la Constitución de 1979. Desde entonces, habían ocurrido hasta
dos intentos fallidos de reforma de la legislación procesal. En 1991 solo pudo entrar en
vigencia parcial el nuevo Código, pues su aplicación íntegra fue sometida a vacatio
legis que se extendió por tiempo indefinido. Luego de la entrada en vigencia de la
Constitución de 1993, se publicó el Proyecto del Código Procesal Penal de 1995, texto
que fue aprobado en dos oportunidades por el Congreso, pero observado por el Poder
Ejecutivo y finalmente dejado en el olvido.
Desde aquel entonces la reforma del proceso penal peruano había ingresado en un
periodo de agonía que finalmente culminó con la entrada en vigencia del NCPP en el
año 2004, que en forma progresiva viene aplicándose a nivel nacional, poniendo al
servicio de la sociedad un instrumento normativo que permite al justiciable o usuario
del servicio de administración de justicia penal en general, obtener de parte del Estado
una respuesta oportuna y eficiente frente al delito.

La reforma más trascendental que se hizo dentro de esta reingeniería procesal –que
por cierto no es nueva en Latinoamérica-, es la redefinición de los roles de los sujetos
procesales. En tal sentido, la dirección de la investigación, tanto preliminar como
preparatoria, ha sido otorgada de manera exclusiva y monopólica al Ministerio Público,
quien asume un rol protagónico en la persecución del delito; mientras que al juez se le
otorga un rol netamente garantista y se le concede únicamente la dirección de la etapa
intermedia y del juzgamiento, garantizándose así su presencia como “tercero imparcial”
no contaminado dentro del proceso, encargado de juzgar las actuaciones de las partes
y verificar su constitucionalidad; sentándose así las bases para establecer un nuevo
sistema procesal de carácter acusatorio en el que las funciones de persecución y
decisión estén claramente separadas.

Además, otro de los cambios –quizá el de mayor dinamicidad– es el establecimiento


del “principio de oralidad” como imperativo en todos los actos destinados a obtener una
decisión judicial; de ahí que todo requerimiento formulado por las partes al juez, que
antes solamente eran expuestos en el papel, ahora deban ser oralizados y
fundamentados en audiencia por el requirente. Esto, sin duda, lleva intrínsecamente
otra finalidad, la de promover otros principios que en su conjunto posibilitan el derecho
de defensa: el de “contradicción”, “inmediación” y “publicidad”.

Todo ello ha sido ampliamente desarrollado por la doctrina. Sin embargo, existen
algunos temas que precisamente por los cambios que experimentaron con esta
reforma, están generando cierta confusión en los litigantes y hasta en los propios
fiscales, que aún no han sido desarrollados o aclarados a través de un razonamiento
doctrinal y jurisprudencial, pese a que por su propósito son constantemente
utilizados(1).

Uno de estos temas está relacionado a la tan usada y conocida “queja de derecho”,
mecanismo a través del cual el denunciante que no se encontraba de acuerdo con la
decisión de archivo de la denuncia por parte del fiscal, podía recurrir al fiscal inmediato
superior solicitando que ordene la formalización de su denuncia, o la ampliación de la
investigación preliminar cuando consideraba que la realizada era incompleta o
insuficiente.

En efecto, si revisamos la reforma que al respecto hizo el NCPP, se pueden encontrar


notables cambios e innovaciones que merecen ser analizados. Este es precisamente
el propósito de este artículo.

II. SURGIMIENTO DE LA QUEJA DE DERECHO EN NUESTRO ORDENAMIENTO


JURÍDICO

El Código de Procedimientos Penales de 1940 tuvo un ligero acercamiento al tema


cuando en su derogado Título III se estableció la posibilidad de que el inculpado o el
agraviado podían, con independencia del procedimiento que debía iniciarse o se
estaba siguiendo, recurrir al inmediato superior, quejándose del fiscal, agente fiscal o
promotor fiscal que consideraba que no ejercía debidamente las funciones que la ley le
encomendaba(2).

Sin embargo, si comparamos dicha potestad con su posterior regulación, se puede


comprender que se trataba de lo que se conoce como “queja funcional”, hoy regulada
en el artículo 13 de la Ley Orgánica del Ministerio Público (en adelante, LOMP), cuyo
propósito es sustancialmente distinto al que busca o buscaba el recurso de “queja de
derecho”.

En definitiva, no existía en aquel entonces un mecanismo claramente definido y


exclusivo para cuestionar decisiones de tal naturaleza, y si es que lo había, este
estaba diseñado acorde con la estructura y actividad funcional del Poder Judicial, dado
que en ese entonces el Ministerio Público aún no era un organismo autónomo, sino
que formaba parte de dicho poder del Estado.

Es en el año 1981 en que el Ministerio Público es declarado organismo


constitucionalmente autónomo, mediante su Ley Orgánica aprobada por el Decreto
Legislativo Nº 052, publicada el 18 de marzo de 1981. En ella finalmente se plantea la
referida posibilidad, estableciéndose en su artículo 12 lo siguiente:

“La denuncia a que se refiere el artículo precedente(3) puede presentarse ante el


Fiscal Provincial o ante el Fiscal Superior. Si este lo estimase procedente instruirá al
Fiscal Provincial para que la formalice ante el juez instructor competente. Si el fiscal
ante el que ha sido presentada no lo estimase procedente, se lo hará saber por escrito
al denunciante, quien podrá recurrir en queja ante el fiscal inmediato superior, dentro
del plazo de tres días de notificada la resolución denegatoria. Consentida la resolución
del Fiscal Provincial o con la decisión del superior, en su caso, termina el
procedimiento” (la cursiva es nuestra).

De este modo, nació al mecanismo procedimental materia de comentario, el cual


desde un comienzo adoptó el nombre de “recurso de queja de derecho” o simplemente
“queja de derecho”, principalmente porque el artículo 12 de la LOMP le otorga la
naturaleza de una “queja” al incorporar dicho término en su texto y, además, porque su
propósito era cuestionar una decisión de archivo que se consideraba no arreglada a la
ley o al Derecho.

Se observa que inclusive dicha denominación aún sigue siendo utilizada por los
litigantes cuando presentan sus escritos en ese sentido. Pero ¿es que acaso se le
debería seguir llamando de la misma manera? ¿Los cambios que ha traído la reforma
procesal sobre el particular son solo formales o también de fondo?

III.LA REGULACIÓN EN EL NUEVO CÓDIGO PROCESAL PENAL

A diferencia del Código de Procedimientos Penales de 1940, el NCPP sí contempla en


su texto lo que hasta entonces ha venido formando parte de la LOMP, cambio que
consideramos acertado puesto que dicho mecanismo es inherente a la actividad
procedimental de la investigación y no tiene por qué estar en otro cuerpo normativo
que no sea el Código adjetivo. Así, el NCPP en su artículo 334 establece lo siguiente:

“1. Si el fiscal al calificar la denuncia o después de haber realizado o dispuesto realizar


diligencias preliminares, considera que el hecho denunciado no constituye delito, no es
justiciable penalmente, o se presentan causas de extinción previstas en la ley,
declarará que no procede formalizar y continuar con la investigación preparatoria, así
como ordenará el archivo de lo actuado. Esta disposición se notificará al denunciante y
al denunciado.

(...)

5. El denunciante que no estuviese conforme con la disposición de archivar las


actuaciones o de reservar provisionalmente la investigación, requerirá al fiscal, en el
plazo de cinco días, eleve las actuaciones al Fiscal Superior.

6. El Fiscal Superior se pronunciará dentro del quinto día. Podrá ordenar se formalice
la investigación, se archiven las actuaciones o se proceda según corresponda”(4).

Veamos cuáles son los cambios e innovaciones que podemos encontrar en esta
regulación con relación a la contemplada en la LOMP.

1.En cuanto a su denominación

Como ya dijimos, el mecanismo en comentario, antes del NCPP, únicamente se


encontraba regulado en el artículo 12 de la LOMP, siendo denominado “recurso de
queja de derecho” o simplemente “queja de derecho”. Consideramos que si bien es
cierto tal denominación surgió a raíz de la incorporación del término “queja” en el texto
del mencionado artículo, actualmente ya no debe ser utilizada, por las razones
contenidas en el propio NCPP.

En principio, el NCPP, al contemplar este mecanismo, elimina el término “queja” de su


texto, estableciendo únicamente que el denunciante que no estuviese conforme con la
disposición de archivar las actuaciones o de reservar provisionalmente la investigación,
“requerirá al fiscal”, en el plazo de cinco días, que “eleve las actuaciones al Fiscal
Superior”.

Consideramos que dicha supresión obedece a que el NCPP ha otorgada dicha


denominación a otro mecanismo, que es el “recurso de queja de derecho” previsto en
el artículo 437 del NCPP, el cual consiste en un recurso de impugnación que procede
contra la resolución del juez o de la sala penal superior que declara inadmisible el
recurso de apelación o de casación, según corresponda, y que es interpuesto ante el
órgano jurisdiccional superior del que denegó el recurso.

Comprobamos así que el NCPP es explícito al determinar que aquella denominación


corresponde únicamente al recurso impugnatorio contemplado en su artículo 437, el
cual, como se advierte, es un mecanismo de naturaleza y propósito distintos al
regulado en su artículo 334.5, y que hasta hoy hemos aludido con el mismo nombre.
Mal hacemos al seguir llamándolo de esa manera; y es aquí en donde encontramos el
primer cambio entre una regulación y otra.

2.En cuanto a su naturaleza

De lo previamente expuesto, se puede establecer que el mecanismo en comentario no


es una “queja”; el propio NCPP suprime dicho término de su texto. Ahora bien, si no es
una queja, ¿se le puede seguir llamando “recurso”? O más aún, ¿puede ser
considerado como un “recurso de impugnación”?

A diferencia del Código de Procedimientos Penales de 1940, en el NCPP los recursos


de impugnación tienen un tratamiento diferente, tal es así que se encuentran
establecidos en un capítulo independiente, donde se encuentran expresamente
enumerados y desarrollados (libro cuarto del NCPP, que está conformado por siete
secciones).

Es así que el NCPP, en su artículo 413, solamente reconoce cuatro clases de recursos
de impugnación, que son: 1. El recurso de reposición; 2. El recurso de apelación; 3. El
recurso de casación; y, 4. El recurso de queja (ya mencionado); además, en su artículo
439 prevé la “acción de revisión”.

Dicha prescripción normativa señala númerus clausus los recursos de impugnación


regulados en el NCPP, sin que quepa reconocerse como tal a otro tipo de mecanismo
o articulación. Además, lo particular de estos recursos es que únicamente proceden
contra resoluciones judiciales; en tal sentido, se puede concluir que el mecanismo
contemplado en el artículo 334.5 del NCPP no puede ser considerado como un recurso
de impugnación.

Ahora bien, ¿es posible, al menos, usar el término “recurso” para referirnos a dicho
mecanismo?

El Diccionario de la Real Academia Española, define al “recurso” de la siguiente


manera: “Der. En un juicio o en otro procedimiento, acción que concede la ley al
interesado para reclamar contra resoluciones, ora ante la autoridad que las dictó, ora
ante alguna otra” (la cursiva es nuestra).

Como se ve, semánticamente, la voz “recurso” está referida a aquella acción dirigida
contra resoluciones. En ese mismo sentido, San Martín Castro define al “recurso”
como el instrumento legal puesto a disposición de las partes y destinados a atacar una
resolución judicial para provocar su reforma, su anulación o su declaración de
nulidad(5).

Igualmente, Oré Guardia señala que los “recursos” son medios impugnatorios que el
sujeto procesal pasivo interpone contra actos contenidos en resoluciones que violan o
lesionan sus derechos, a fin de que sean revisadas por el mismo juez (a quo) o por el
superior (ad quem)(6). De igual manera, para Fairén Guillén se trata de actos
procesales de la parte que se estima agraviada, por un acto de resolución del juez o
tribunal(7).

Por lo tanto, se puede concluir que el mecanismo en estudio tampoco puede ser
llamado “recurso”, ya que estos, conforme a lo expuesto, tienen por objeto cuestionar o
atacar resoluciones, mientras que el mecanismo contenido en el artículo 334.5 del
NCPP está dirigido a cuestionar una decisión contenida en una disposición.

Esta es al parecer otra de las razones por las que el NCPP elimina el término “queja”
cuando se refiere a dicho mecanismo, a fin de evitar que sea llamado “recurso”. Estos,
como se dijo, cuestionan “resoluciones”, las que solo son emitidas por el órgano
judicial que resuelve una controversia o una situación jurídica en concreto, mientras
que las “disposiciones”, como su propio nombre lo indica, no “resuelven” sino
“disponen”, labor que está encargada al fiscal.

No obstante, existen algunos que consideran que este mecanismo es un “recurso de


apelación”. No compartimos dicho parecer porque, además de las razones ya
expuestas, la naturaleza jurídica del “recurso de apelación” es distinta al mecanismo
en estudio, aceptándose que se trata de un medio de impugnación mediante la cual la
parte interesada solicita la revocación o anulación de una resolución, sea esta final o
interlocutoria, en razón de los vicios legales de entraña o de la infracción de las
normas de procedimiento.

También se señala que se trata de un medio de gravamen o de denuncia del


gravamen, pues su objetivo es que el órgano superior reforme o revoque una
resolución judicial que restringe un derecho o una libertad, que se estima errónea o
injusta por el perjudicado, quien invoca la satisfacción de su pretensión(8).

Además, hay que tener en cuenta que los pronunciamientos del órgano inmediato
superior, ante un recurso de apelación y ante el mecanismo previsto en el artículo
334.5 del NCPP, son sustancialmente diferentes. La resolución del primero puede
adoptar tres sentidos: confirmando, revocando o declarando nula la resolución
apelada.

En la resolución del segundo, el Fiscal Superior emplea las categorías de fundabilidad


e infundabilidad: el pedido es declarado fundado o infundado según sea el caso. Como
consecuencia de ello, debe ordenar la formalización de la investigación o el archivo de
los actuados o, en su caso, declarar nula la disposición si considera que la decisión
deriva de una investigación incompleta o insuficiente, o que existen vicios procesales
que así lo ameriten, de conformidad con el artículo 334.6 del acotado Código. Con su
pronunciamiento termina el procedimiento y la disposición queda firme.

Un aspecto adicional a considerar es lo enseñado por Binder, quien señala que los
medios impugnatorios –como el recurso de apelación, por ejemplo– son mecanismos
procesales establecidos legalmente que permiten a los sujetos legitimados
procesalmente peticionar a un juez o a su superior que reexamine un acto procesal o
todo un proceso que le ha causado un perjuicio, a fin de lograr que la materia
cuestionada sea parcial o totalmente anulada o revocada. Constituyen, pues,
mecanismos de revisión de resoluciones judiciales o de los procesos mismos”(9).

Entonces, ¿qué naturaleza tiene y cómo debería denominársele? Para ello


remitámonos nuevamente al texto del artículo 334.5 del NCPP, que expresa: “El
denunciante que no estuviese conforme con la disposición de archivar las actuaciones
o de reservar provisionalmente la investigación, requerirá al fiscal, en el plazo de cinco
días, eleve las actuaciones al Fiscal Superior”.

En efecto, otra de las novedades que trae el NCPP es la incorporación de los


denominados “requerimientos”, que, en sentido amplio, es el nombre que se le da a los
pedidos que las partes hagan durante la investigación a quien tenga la potestad de
atenderlos; por ejemplo: “el requerimiento de mandato de detención preliminar”, “el
requerimiento de prisión preventiva”, “el requerimiento de confirmación de incautación”,
“el requerimiento de cesación de la prisión preventiva”, etc.
Es precisamente este el sentido que el artículo 334.5 del NCPP alude al mecanismo en
estudio. Este tiene la naturaleza de un “requerimiento”, en la medida que
expresamente consiste en que el denunciante “requiere” al fiscal la elevación de las
actuaciones al fiscal superior.

Y si bien posee ciertas características que lo convierten en un requerimiento sui


géneris, no deja de tener dicha naturaleza, pues es precisamente en función de ella
que el pronunciamiento del fiscal superior se basará en las categorías de fundabilidad
o de infundabilidad, tal como ocurre con todos los demás requerimientos previstos en
el NCPP.

Por lo tanto, atendiendo a la naturaleza de este mecanismo y al texto expreso de la


norma precitada, el nombre que creemos le corresponde en el NCPP a lo que se
conocía como recurso de “queja de derecho” es el de “requerimiento de elevación de
actuados al superior”. Esta denominación es la que los denunciantes y abogados
deben utilizar al elaborar sus escritos, y los fiscales al pronunciarse sobre estos.

Pues, como se ha podido comprobar, la “queja de derecho” para este tipo de


pronunciamientos ya no existe, habiendo sido derogado lo previsto en el artículo 12 de
la LOMP sobre este tema, conforme al numeral 3 de la tercera y última disposición
modificatoria y derogatoria del NCPP.

3.En cuanto a los plazos

a)Plazo para presentarlo

En el artículo 12 de la LOMP se establecía que el plazo que tenía el denunciante para


presentar la queja, era de tres días contados a partir del día siguiente hábil de la
notificación de la resolución denegatoria. En cambio, en el NCPP, el plazo para la
presentación de este requerimiento es de cinco días, claro está, contados a partir del
día siguiente hábil de notificada la disposición de archivo.

Este incremento encuentra su razón en la necesidad de que se le otorgue al


denunciante que no está conforme con el archivo de las actuaciones, un plazo
razonable para que pueda realizar un adecuado estudio de la decisión adoptada,
prepare sus argumentos y dé a conocer al fiscal superior los motivos concretos por lo
que, a su criterio, el fiscal provincial debió proceder de manera distinta. Este hecho
trasluce el fin garantista que tiene el NCPP respecto al derecho de defensa.

b)Plazo para que el fiscal superior emita su pronunciamiento

En el artículo 12 de la LOMP no se establecía un plazo para el pronunciamiento del


fiscal superior, lo cual en muchas ocasiones propició dilaciones indebidas e
innecesarias de las investigaciones. Muchas veces estas se vieron perjudicadas
porque cuando el fiscal superior emitía su pronunciamiento, los vestigios o huellas del
delito ya habían desaparecido o las diligencias que el denunciante solicitaba que se
efectúen (porque el fiscal provincial omitió realizarlas) ya eran de imposible actuación o
resultaban vanas, o más aún el daño continuaba y se iba incrementado, convirtiéndose
en irreparable y complejo.
Por tal motivo, acertadamente el NCPP en su artículo 334.6 fija un plazo máximo al
fiscal superior para que emita su pronunciamiento, el cual es también de cinco días.

c)Plazo para que el fiscal provincial eleve las actuaciones al fiscal superior

En este contexto, encontramos similitud entre los artículos 12 de la LOMP y 334 del
NCPP. Ninguno de los dos señala el plazo que tiene el fiscal provincial para elevar las
actuaciones al fiscal superior, una vez que el denunciante haya presentado su
requerimiento; pues, como se señaló, el plazo de cinco días que indica el artículo
334.5 es para que el denunciante presente su requerimiento.

Sin embargo, consideramos que si bien no se ha establecido un plazo al respecto, la


elevación debe realizarse en forma inmediata, no existiendo razón para que el fiscal
provincial dilate dicho acto, dado a que el estado de la investigación en tales
condiciones es la de su archivamiento, salvo que concurra alguna circunstancia fortuita
o de fuerza mayor justificable. Pero, en todo caso, dicho plazo no podrá ser mayor de
cinco días, dado a que es el máximo que se les otorga tanto al denunciante para
presentar el requerimiento como al fiscal superior para pronunciarse.

Ahora bien, una vez presentado el requerimiento ante el fiscal provincial, si este se
demora injustificadamente en elevar las actuaciones al fiscal superior, el denunciante
tiene expedito su derecho de recurrir directamente a este último interponiendo –ahora
sí una “queja funcional” contra aquel, exponiendo el acto u omisión que la motiva, de
conformidad con el artículo 13 de la LOMP.

Por otro lado, consideramos que cabe la posibilidad de que el requerimiento sea
presentado directamente ante el fiscal superior. Si bien es cierto el artículo 334.5 del
NCPP establece que el requerimiento de elevación de actuados se realiza ante el fiscal
que emitió la disposición de archivo, no le prohíbe al denunciante a que presente su
requerimiento directamente ante el fiscal superior.

En tal caso, la denominación del requerimiento seguirá siendo la misma: el fiscal


superior, una vez que lo reciba, deberá verificar si lo formuló dentro del plazo
establecido y, de ser el caso, solicitar al fiscal provincial que emitió la disposición
cuestionada, la elevación de las actuaciones a su despacho, pronunciándose al
respecto.

En este contexto deberá tenerse en cuenta el respeto irrestricto del derecho a la tutela
jurisdiccional efectiva, aplicable también a la actuación fiscal, según ha quedado
precisado en la STC recaída en el Exp. Nº 6167-2005-PHC/TC.

IV. FORMALIDAD DEL REQUERIMIENTO

El artículo 334 del NCPP no establece expresamente los requisitos mínimos de


formalidad que debe cumplir el requerimiento de elevación en comentario para su
presentación, como tampoco lo hacía el artículo 12 de la LOMP respecto de la
entonces “queja de derecho”. Ello ha propiciado a que los litigantes lo hayan venido
presentando en la forma que, a su parecer, era la más apropiada; sin embargo, no
siempre eran claros y, en su mayoría, presentaban deficiencias de formalidad mínimas,
lo cual dificultaba el éxito de su propósito.
Atendiendo a dicha carencia, y considerando que se trata de un mecanismo cuyo
objeto es cuestionar el fondo de una decisión fiscal de archivo, el escrito que lo
contiene deberá, por lo menos, cumplir con ciertas formalidades básicas que deben
estar expresamente establecidas. Así, consideramos que el requerimiento debe
contener lo siguiente:

i)El número de caso o número de carpeta fiscal.

ii)La sumilla: “Requerimiento de elevación de actuados al superior”.

iii)La designación del fiscal a quien se dirige el requerimiento.

iv)El nombre y datos de identidad de quien lo presenta, así como los demás datos que
considere necesarios para su correcta identificación, además de su domicilio procesal
en caso no lo hubiere señalado anteriormente.

v)El petitorio, enunciando el precepto normativo en que se funda el requerimiento


(artículo 334, inciso 5, del NCPP).

vi)El número y la fecha de la disposición fiscal de archivo que es objeto del


requerimiento.

vii)La precisión de las partes o puntos de la decisión que se cuestionan (en caso de
que el archivo se disponga a favor de una pluralidad de investigados y el denunciante
cuestione únicamente el archivo dictado respecto a uno de ellos).

viii)La exposición de los fundamentos de hecho y de derecho que apoyan el


requerimiento.

ix)La formulación de la pretensión concreta, la cual se sujetará a los alcances del


artículo 334, inciso 6, del NCPP.

x)La descripción de los anexos que, de ser el caso, se adjunten al requerimiento.

xi)La firma del denunciante (o su huella digital en caso no pudiera firmar) o de su


representante o apoderado, y la del abogado, en caso lo tuviere.

xii)El lugar y fecha de presentación.

Es esta la formalidad que, a nuestro criterio, debe cumplir el requerimiento de


elevación para su presentación. Algunas exigencias son indispensables y otras
complementarias, pero todas son finalmente importantes.

Sin embargo, ¿en caso se omita alguna de dichas formalidades el requerimiento sería
declarado inadmisible?

Si bien es cierto el NCPP no señala los casos en los que eventualmente el fiscal puede
declarar la inadmisibilidad del mencionado requerimiento, estimamos que sí cabe dicha
posibilidad en el supuesto de que el escrito presente alguna omisión de formalidad
legal indispensable, como por ejemplo: no tener la firma o datos de identificación de
quien lo presentó.

De producirse este tipo de situaciones, el fiscal deberá declarar inadmisible el


requerimiento, y el solicitante, de persistir en su pretensión, deberá subsanar la
omisión en el plazo que le resta de los cinco días que otorga el artículo 334.5 del
NCPP para la presentación del requerimiento, bajo apercibimiento de tenerse por no
presentado este, quedando consecuentemente consentida la disposición de archivo.

V.CONCLUSIONES

Ha quedado establecido que la “disposición de archivo” del fiscal ya no es recurrible


vía “queja de derecho”, sino a través del “requerimiento de elevación de actuados al
superior”, teniendo el denunciante el plazo de cinco días hábiles para hacerlo,
contados a partir del día siguiente hábil de notificada la disposición fiscal, ya sea ante
el fiscal provincial o directamente al fiscal superior. En uno u otro caso, el fiscal
superior deberá pronunciarse dentro de cinco días hábiles, sujetando su decisión a lo
prescrito en el artículo 334.6 del NCPP.

Además, hemos precisado que el requerimiento debe, por lo menos, cumplir con las
formalidades legales básicas, esbozadas en el presente artículo (punto IV), pues, de lo
contrario, podría ser declarado inadmisible y, consecuentemente, perjudicar el objetivo
principal del denunciante.

Creemos que las precisiones efectuadas acerca de este mecanismo permitirán aclarar
ciertos aspectos que aún no estaban del todo definidos en nuestro país. Incluso, hasta
el momento la mayoría de los abogados litigantes en nuestro medio, así como algunos
fiscales siguen llamándolo “queja de derecho”. Por otro lado, aquellos que conocen los
cambios de regulación conforme al NCPP discuten respecto de su naturaleza,
señalando algunos en forma errónea que se trata de un recurso de impugnación.

Esta situación viene ocurriendo en los diversos distritos judiciales del país, incluso en
aquellos donde el NCPP tiene más tiempo de vigencia.

Finalmente, es conveniente recordar que las decisiones de archivo del Ministerio


Público no tienen la autoridad de “cosa juzgada”, por no tener carácter jurisdiccional;
por ende, las decisiones fiscales que dispongan el archivo de las actuaciones no son
definitivas.

Es más, el artículo 335.2 del NCPP señala que si posteriormente al archivo de las
actuaciones aparecen nuevos elementos de convicción que revelen la comisión del
delito denunciado o en el supuesto que se demuestre que la denuncia anterior no fue
debidamente investigada, la investigación puede ser reabierta. Por consiguiente, mal
hacen aquellos fiscales al seguir denominando “archivo definitivo” a sus disposiciones
que tienen el propósito de archivar las actuaciones, pues estas únicamente son de
“archivo” a secas.

NOTAS:
(*)Abogado por la Universidad César Vallejo. Asistente de cátedra de los cursos de
Derecho Procesal Penal III y Taller de Litigación Oral en la misma universidad.
Asistente de función fiscal de la Segunda Fiscalía Superior Penal de San Martín
Tarapoto.

(1) Según datos actualizados del Área de Gestión de Indicadores del Ministerio Público
- Distrito Judicial de San Martín, en el año 2009, solo en las ciudades de Tarapoto y
Moyobamba ingresaron, en promedio, una queja de derecho de modo interdiario, y en
lo que va del año, ese promedio es el mismo.

(2) Título derogado por el artículo 106 del Decreto Legislativo Nº 052, publicado el 18
de marzo de 1981.

(3) Decreto Legislativo Nº 052. “Artículo 11.- El Ministerio Público es el titular de la


acción penal pública, la que ejercita de oficio, a instancia de la parte agraviada o por
acción popular, si se trata de delito de comisión inmediata o de aquellos contra los
cuales la ley la concede expresamente”.

(4)La cursiva es nuestra.

(5) SAN MARTÍN CASTRO, César. Derecho Procesal Penal. Tomo II, 2ª edición,
Grijley, Lima, 2003, p. 671.

(6) ORÉ GUARDIA, Arsenio. Manual de Derecho Procesal Penal. Alternativas, Lima,
1996, p. 402.

(7) FAIRÉN GUILLÉN, Víctor. Doctrina general del Derecho Procesal. Bosch,
Barcelona, 1990, p. 479.

(8) GACETA PENAL & PROCESAL PENAL. Medios impugnatorios. Lo nuevo del
Código Procesal Penal de 2004 sobre los medios impugnatorios. Gaceta Jurídica,
Lima, 2010, pp. 51-62.

(9) BINDER, Alberto. Introducción al Derecho Procesal Penal. 2ª edición. 3ª


reimpresión, Ad-Hoc, Buenos Aires, 2004, p. 285.

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