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Marco teórico

La palabra vejez surge de la palabra latina “vetus”, que se deriva de la raíz griega
“etos”, que significa “años”, “añejo”. Desde el paradigma actual de la medicina y la biología,
la vejez se define desde dos vertientes fundamentales, la primera se da en función del patrón
de referencia cronológica; y el segundo en función de los cambios morfofuncionales (García,
2003).

Existen diversas formas de conceptualizar a la vejez, Peter Medawar (1956) define la


vejez como “el cambio fisiológico que sufre el individuo, cuyo término, inevitablemente es
la muerte”. Alex Comfort (1956), dice que la senectud es un proceso “que mide el cambio en
el cambio, una disminución de viabilidad y un aumento de vulnerabilidad…se muestra como
una creciente probabilidad de muerte con el aumento de la edad cronológica” (p. 261).

Una teoría con alta relevancia, es la de Erikson (1988), quien entiende el desarrollo
como una secuencia de etapas normativas predeterminadas. Cada una de esas etapas
confronta al individuo con una crisis de carácter psicosocial. Si el individuo supera con éxito
esa crisis, agrega una nueva cualidad a su ego que le fortalece y le pone en disposición de
afrontar nuevas crisis. Si, por el contrario, la crisis no es bien resuelta, dejará residuos
neuróticos en la persona y, de alguna manera, dificultará el afrontamiento de nuevas crisis y
la incorporación de las nuevas cualidades que se ponen en juego en ellas. Las etapas son las
siguientes: etapa 1: Confianza básica frente a desconfianza; etapa 2: Autonomía frente a
vergüenza y duda; etapa 3: Iniciativa frente a culpa; etapa 4: Diligencia frente a inferioridad:
etapa 5: Identidad frente a confusión de roles; etapa 6: Intimidad frente a aislamiento; etapa
7: Generatividad frente a estancamiento; etapa 8: Integridad del yo frente a desesperación.
Siendo esta última la que corresponde a la etapa de vejez, que consiste en que:

“El individuo puede sentir que ha merecido la pena vivir, estar satisfecho con
las decisiones tomadas a lo largo de la vida y aceptarlas como las apropiadas e
inevitables dadas las circunstancias en las que se tomaron. La vida se contempla como
un todo significativo. Una resolución negativa de la crisis propia de esta etapa
conllevaría un arrepentimiento y remordimientos en relación a decisiones tomadas en
el pasado. La persona se siente desilusionada y apesadumbrada debido a las
equivocaciones que siente que ha cometido. Querría dar marcha atrás y desandar lo
andado tomando otro camino, pero a la vez es consciente de que ya no hay vuelta
atrás y de que el tiempo que le queda es ya muy poco, ve la muerte cercana y con
temor”( Pp. 234).

Se puede pensar que el envejecimiento es una serie de procesos que han afectado a
las personas durante su desarrollo, se pueden ir adquiriendo distintas características que
clasifiquen a un individuo como parte de un envejecimiento universal en el cual las personas
de este grupo comparten aspectos de la misma naturaleza, como lo es el cabello cano; de
igual manera se puede clasificar a un grupo de individuos en el envejecimiento probabilístico,
en las cuales las características son posibles pero no universales, en dicho grupo se podrían
identificar personas con ciertos problemas de salud (Stuart-Hamilton, 2002).

De la mano con lo anterior se pueden destacar tres clasificaciones: primaria,


secundaria y terciaria; de las cuales se pueden distinguir cambios corporales debido a la edad,
cambios producidos con mayor frecuencia pero que no son necesariamente presentes en esta
y los cambios drásticos y rápidos que suele ir acompañados de la muerte, cada tipo en una
categoría respectivamente (Stuart-Hamilton, 2002).

Entrando en el campo social, la edad avanzada puede ser vista como un momento de
la vida en el cual se ve obligado a un “relajamiento”, que en muchas ocasiones no es
voluntario debido a distintos factores(Stuart-Hamilton, 2002). Para la cultura occidental al
entrar a los 60 años de edad se espera que se maneje una actividad limitada y tranquila, ya
que esta se relaciona con el momento de jubilación del empleo.

Se establece que la edad para considerarse dentro del grupo de la vejez corresponde
a los 60 y los 65 años, sin embargo, en algunas sociedades se manejan edades tempranas a
unas de rango mayor (50 a los 70 años; Decker, 1980). Los gerontólogos manejan cifras de
60 o 65 para describir la edad umbral de esta etapa. Tomando en cuenta las cronologías dadas
por la sociedad se pueden distinguir dos etapas más para esta clasificación: los ancianos
jóvenes (60 y los 75 años) y los ancianos mayores (cualquier persona mayor de 75 años).

Una variante de Burnside, Ebersole y Monea (1979) sobre esta cuestión propuso las
categorías de “mayor joven” (60-69), “mayor medio” (70-79), “mayor mayor” (80-89) y
“mayor muy mayor” (más de 90 años). Parece que esto solo introduce simplemente
sinónimos nuevos e innecesarios para “sexagenario”, “septuagenario”, “octogenario” y
“nonagenario”. Otro método divide a los mayores de 65 años en tercera y cuarta edad. En
conjunto con lo clasificado anteriormente se puede decir que la tercera edad se refiere a un
estilo de vida activo e independiente en una etapa avanzada de la misma y a la cuarta edad
como el periodo final de la dependencia que se tiene para con los otros.

Dejando de lado la vejez cronológica, la edad psicológica se refiere a la capacidad


adaptativa de los individuos, es decir, la capacidad de adaptarse a las exigencias ambientales
cambiantes en comparación de individuos de su misma edad cronológica o de otras edades
(Vega y Bueno, 2000). La edad psicológica se estima a través de pruebas, variables o
procesos comportamentales, tales como la sensación, percepción, atención, aprendizaje,
memoria, inteligencia, habilidades, destrezas, motivación, emoción, etc.

Una característica que se une con la edad psicológica, es la sabiduría. Se entiende a


esta como una combinación de cognición, emoción e intuición, que da conocimiento sobre
el sentido de la vida (Vega y Bueno, 2000). La sabiduría concebida desde un paradigma
cognitivo, está muy asociada con la capacidad de resolver problemas, que incluye un proceso
metacognitivo de reflexión y juicio (Arlin, 1986). Además, se ha demostrado que la sabiduría
es la experiencia en la pragmática fundamental de la vida; y hace referencia al conocimiento
sobre la variación y las condiciones de la vida, sobre la naturaleza humana y el
comportamiento, sobre las tareas, metas y las incertidumbres de la vida (Baltes, 1987; Baltes
y Smith, 1990; Smith, Dixon y Baltes, 1989).

Referencias
Arlin, P. (1986). Problem finding and young adult cognition. En Mines, R. y Kitchener, k.
(Eds), Adult cognitive development: Method and models (22-32). New York:
Praeger.
Baltes, P y Smith, J. (1990). Toward a psychology of wisdom and its ontogenesis. En
Sternberg, J. (Ed.). Wisdom. Its nature, origins, and development (87-120). New
York: Cambridge University Press.
Baltes, P. (1987).Theoretical propositions of life-span developmental psychology: on the
dinamics between growth and decline. Human development, 11 (1), 145-171.
Burnside, I. M; Ebersole, P. y Monea, H. E (eds.) (1979): Psychosocial Caring Throughout
the Lifespan. Nueva York: McGraw Hall.
Comfort, A. (1956). The biology of Scence. New York: Rinehart.
Decker, D. L. (1980) Social Gerontology. Boston: Little, Brown and company.
Erikson, E. (1988). El ciclo vital completado. México: Paidós mexicana.
García, J. (2003). La vejez. El grito de los olvidados. Madrid: Plaza y Valdes editores.
Medawar, P. (1956). Chemical aspect of aging. En Cowdry, Problems of aging. Baltimore:
William y Wilkins.
Smith, J., Dixon, R. y Baltes, P. (1989). Expertise in life-planning: a new research approach
to investigating aspects of wisdom. New York: Praeger.
Stuart-Hamilton, I. (2002) psicología del envejecimiento. Madrid: Ediciones Morata pp.15-
27.
Vega, J. y Bueno, B. (2000). Desarrollo adulto y envejecimiento. Madrid: Editorial síntesis.