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Los revolucionarios latinoamericanos hemos condenado enérgicamente los incidentes violentos

desatados por grupos fascistas en Venezuela, que han ocasionado muertes, decenas de heridos,
ataques a instituciones públicas y destrucción. Actualmente se usan nuevos métodos de
desgaste más sutiles y enmascarados, sin renunciar a la violencia, para quebrar la paz y el
orden interno e impedir a los gobiernos concentrarse en la lucha por el desarrollo económico y
social, si no logran derribarlos.
Como ha señalado el General de Ejército Raúl Castro Ruz: "No pocas analogías pueden
encontrarse en los manuales de guerra no convencional, aplicados en varios países de
nuestra región latinoamericana y caribeña, como hoy sucede en Venezuela y con matices
similares se ha evidenciado en otros continentes, con anterioridad en Libia y actualmente en
Siria y Ucrania. Quien tenga dudas al respecto lo invito a hojear la Circular de entrenamiento
18- 01de las Fuerzas de Operaciones Especiales norteamericanas, publicada en noviembre de
2010, bajo el título "La Guerra no Convencional".[62]
Se trata claramente de una receta cuyo promotor es el politólogo y catedrático estadounidense
de 86 años Gene Sharp, autor además del libro "La política de la acción no violenta
(1973)", textos que han sido tomados como referencia para armar la teoría del llamado golpe
suave.
Él y la institución que fundó (Albert Einstein) han sido vinculados, por algo, con el nacimiento
de las nombradas "revoluciones de colores" que se desataron en Europa a principios de este
siglo (Revolución Rosa en Georgia en 2003, Naranja en Ucrania en 2004, de los Tulipanes en
Kirguistán en el 2005; la fallida Revolución Blanca en Belarús) y también se les ha ligado con la
llamada Primavera Árabe, que sacudió el mundo, al concluir la primera década del Siglo XXI.
Claro está, que en los "golpes suaves" (término que algunos atribuyen al periodista izquierdista
francés Thierry Meyssan) actúan numerosos agentes externos y requieren preparar el terreno
con tiempo y precisión. Su intento de aplicación no es nuevo en Venezuela, pues en 2007 el
Comandante Hugo Chávez denunció un proceso similar, al que llamó de "mecha lenta".
Entonces explicó que grupos de jóvenes universitarios habían sido usados como carne de cañón
en protestas vandálicas que intentaban generar grandes disturbios.
El guión es básicamente el mismo en cualquier país: generación de descontento, exacerbación
de conflictos, generación de desórdenes o anarquía en aquellas zonas tradicionalmente de
votantes de derecha, lanzamiento de matrices de opinión contra el Gobierno, manejo público
de supuestas fisuras internas entre los líderes y acusaciones por no "permitir" la libertad de
expresión o por practicar la "persecución política".
También se incluyen aspectos como: organización de grandes manifestaciones encabezadas por
jóvenes o gremios numerosos, guerra psicológica, empleo del rumor, destrucción- por diversas
vías- de los pilares del "régimen", intentos por quebrar las fuerzas armadas, pronunciamientos
de voceros "democráticos" dentro y fuera del país, fomento- en lo posible- de una guerra civil,
campañas contra el presidente, salidas a la luz de "actos de corrupción" de él o sus
colaboradores; y, por supuesto, la toma de la calle.
No es casual que varios ideólogos de derecha o medios internacionales de gran alcance
comiencen a comparar a Venezuela con países como Egipto, Siria o Ucrania. Ciertos analistas
han llegado a pronosticar una primavera para América Latina, que comenzaría por Venezuela y
se extendería por el resto de los países cuyos presidentes son de izquierda.
Como se sabe, en junio de 1997 el mundo asistió sorprendido a la presentación del "Proyecto
para un nuevo siglo americano", una especie de programa-manifiesto del movimiento
neoconservador norteamericano que exponía las líneas estratégicas y los movimientos tácticos
a poner en práctica para concluir el proceso de pacificación imperial y contrarrevolución
mundial iniciados con el derrumbe del campo socialista y la disolución de la URSS.