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LA MASACRE DE EL AMPARO

(LUISMAR)Descripción de los hechos:

A 30 años de uno de los sucesos más lamentables que evidencia la brutal


represión y violación de los Derechos Humanos ocurrida en Venezuela, se
recuerda La Masacre de El Amparo.

La matanza ocurrió el 29 de octubre de 1988, en la población de Las


Coloradas, lugar aledaño a la población de El Amparo, un pequeño pueblo de 8
mil habitantes, ubicado en el municipio Páez del estado Apure, frontera con
Colombia. En el sitio, 14 pescadores del Arauca venezolano fueron asesinados a
sangre fría por los integrantes del Comando Específico José Antonio Páez
(CEJAP), un escuadrón con apenas un año de conformación para ese momento e
integrado por funcionarios policiales y militares, durante el gobierno de Jaime
Lusinchi.

Esta matanza de El Amparo fue una operación denominada “Anguila III”,


que consistía en la lucha contra grupos subversivos colombianos. Fue coordinada
por el general Humberto Camejo Arias, el coronel Enrique Vivas Quintero y el Jefe
Nacional de Operaciones de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y
Prevención (DISIP) Henry López Sisco, quienes eran los jefes del Comando
Estratégico.

A las 9 de la mañana de ese día, los pescadores zarparon camino al río


Arauca en la lancha llamada Cabra Pichona. Al llegar a la orilla del caño, su
travesía se tornó en tragedia y cerca de las 11 de la mañana, justo al apagar el
motor de la embarcación, una ráfaga de balas los recibió.

A pesar de que las víctimas usaban la ropa común de las faenas de pesca,
y eran vecinos conocidos por la comunidad, los jerarcas militares de entonces los
presentaron ante los medios de comunicación como miembros de un grupo
guerrillero colombiano con intenciones de sabotear un oleoducto de petróleo y
secuestrar a los ganaderos de la zona.
Del grupo de pescadores, dos de ellos lograron escapar de la emboscada
criminal, y el pueblo, indignado por los señalamientos, los defendió valientemente
de una patrulla militar con órdenes de arrestarlos.

Para ese entonces, el gobierno nacional bajo el mandato del Presidente


Jaime Lusinchi usó los medios públicos para intentar convencer a la población que
se trataba de unos guerrilleros colombianos y que los patriotas funcionarios
estaban defendiendo la soberanía nacional. Sin embargo, el testimonio de los dos
sobrevivientes, Wollmer Gregorio Pinilla y José Augusto Arias desmontó la mentira
gubernamental. Por su parte, el pueblo de El Amparo rechazaba en la calle los
señalamientos contra algunos de sus habitantes. En el resto del país, la protesta
encabezada por el movimiento estudiantil rechazaba el crimen de Estado.

Los sobrevivientes Wollmer Pinilla y José Augusto Arias, refutaron la


versión oficial que aseguraba que se había producido un enfrentamiento con
fuerzas irregulares. Con lujo de detalles relataron, confirmado por la posterior
exhumación de los cadáveres, que aquello había sido una carnicería contra civiles
desarmados, quienes se encontraban en la zona con la intención de atrapar
coporos y cocinar una sopa de pescado.

Luego de los sucesos del 29 de octubre de 1988, la comisión especial para


investigar la masacre, designada por el extinto Congreso Nacional, presentó el
informe de la exhumación de los 14 pescadores y determinó que “recibieron los
disparos por la espalda y la parte posterior de la cabeza. La conclusión: no fue un
enfrentamiento sino una ejecución”. De esta forma, se desmintió la versión de los
funcionarios miembros del CEJAP.

El proceso de investigación del caso se realizó bajo la jurisdicción militar.


Era común en la administración de justicia que los casos donde se producían
muertes perpetradas por militares en el contexto de persecución a grupos
insurgentes, los hechos fuesen investigados por la jurisdicción militar. Los militares
y policías se declararon inocentes, alegando haber actuado en legítima defensa
pues se enfrentaron supuestamente con integrantes de un grupo subversivo.
El 31 de octubre de 1988 el Juzgado Militar de Primera Instancia
Permanente de San Cristóbal, estado Táchira abrió la averiguación sumarial. El 14
de noviembre de ese año, es decir, quince días después, ordenó la detención de
los dos sobrevivientes Wolmer Gregorio Pinilla y José Augusto Arias
imputándoles el delito de rebelión militar tipificado en el artículo 476, ordinal 1
del Código de Justicia Militar vigente para la época. De esta manera las víctimas
eran formalmente declaradas integrantes de un grupo subversivo, y los
responsables de la masacre eran librados de culpa al afirmar el tribunal que la
legítima defensa era una causa de exclusión de los asesinatos ocurridos y declaró
terminada la investigación contra los militares y policías.

Con el apoyo de los abogados Getulio Romero y Fabián Chacón, los


familiares de las víctimas y los dos sobrevivientes del hecho, Wolmer Gregorio
Pinilla y José Augusto Arias, iniciaron un proceso judicial para obtener justicia en
los tribunales nacionales. La decisión fue remitida a consulta obligatoria al Consejo
de Guerra Permanente de San Cristóbal, estado Táchira. El 30 de diciembre de
1988 dicho Consejo de Guerra revocó la decisión del Tribunal de Primera
Instancia, y ordenó la detención de los militares y policías por la presunta comisión
de los delitos de homicidio intencional, uso indebido de armas de fuego y
simulación de hechos punibles.

Ante los ataques, Pinilla y Arias solicitaron asilo ante la embajada de


México en Venezuela, posteriormente viajan a ese país. En enero de 1989, las
víctimas regresan de Ciudad de México para ponerse a la orden de las
autoridades, por cuanto sobre ellos pesa un auto de detención. Ambos son
encarcelados en la prisión de Santa Ana, estado Táchira. Dos días después de la
presentación del informe, el 16 de enero de 1989, el Consejo de Guerra revoca los
autos de detención. Pinilla y Arias son puestos en libertad. Al apelar los autores de
la masacre de la orden de detención, la causa se remitió a la Corte Marcial, la cual
en fecha 05 de abril de 1989 revocó la decisión del Consejo de Guerra
Permanente.
Al interponerse el recurso ante esa decisión la Sala Penal de la Corte
Suprema de Justicia declara con lugar el recurso de fondo, casa la sentencia
recurrida y ordena remitir la causa nuevamente a la Corte Marcial para que
produzca una nueva decisión. La Corte Marcial el 24 de abril de 1990 confirma la
detención de militares y policías y confirma la libertad de los dos sobrevivientes.

La causa regresa a la Sala de Casación Penal, quien en fecha 26 de junio


de 1990 declara la nulidad parcial de la sentencia que en abril había dictado la
Corte Marcial. Le ordena que emita una nueva sentencia. Así la Corte Marcial el
06 de agosto de 1990 volvió a confirmar la orden de detención a los perpetradores
de la masacre y confirmó la libertad de los dos sobrevivientes. Por tercera vez la
Sala Penal conoce de la causa, confirma la decisión de la Corte Marcial y ordena
que el proceso siga su curso. El proceso sigue su curso en el Juzgado Militar de
Primera Instancia quien declaró culminada la etapa sumarial. Tal como lo disponía
el artículo 224 del Código de Justicia Militar el expediente se le remitió al
presidente de la República. El 13 de noviembre de 1990 el presidente ordenó se
continuara el juicio. Siguiendo su curso normal nuevamente el Consejo de Guerra
Permanente de San Cristóbal conoce de la causa.

De esta manera, el 23 de abril de 1992 el Consejo Permanente de Guerra


de San Cristóbal dictó sentencia absolviendo a los responsables de la masacre,
solicitó a la Corte Suprema de Justicia que declare si había o no mérito para
enjuiciar al diputado Walter Márquez quien venía insistiendo se había producido
una masacre. El Consejo de Guerra declaró que los 14 pescadores muertos eran
integrantes de un grupo subversivo colombiano, que los policías y militares
actuaron defendiendo la soberanía del país. Otra vez la causa llega a la Corte
Marcial quien en fecha 2 de marzo de 1993 dicta sentencia revocando la
sentencia del Consejo de Guerra Permanente y condenó a los responsables
de la masacre a cumplir una pena de SIETE (7) AÑOS Y SEIS (6) MESES
como autores de homicidio intencional. Se asesinó a 14 personas con
alevosía y premeditación y la condena fue menos a 8 años.
(JOSE)Transcurrido el tiempo y agotados los esfuerzos para obtener justicia
en el país, sumado a las innumerables irregularidades que ocurrían en el proceso
judicial; las organizaciones de derechos humanos: Red de Apoyo por la Justicia y
la Paz, Provea, Human Right Watch y el Centro por la Justicia y el Derecho
Internacional (CEJIL), presentaron el caso a la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH).

El 10 de agosto de 1990, en instancias internacionales, la Comisión


Interamericana de Derechos Humanos abrió el caso asignándole el número
10.602 y en 1993, recomendó al Estado sancionar a los autores intelectuales y
materiales del delito e indemnizar a los sobrevivientes y a los familiares de las
víctimas.

En 1994, la CIDH, luego que los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y


Ramón J. Velázquez incumplieran sus recomendaciones, presentó el caso ante la
Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). Un año después, el 18
de enero de 1995, el Estado venezolano reconoció los hechos y asumió la
responsabilidad ante la Corte IDH. El 14 de septiembre de 1996, ocho años
después de la masacre, dicho tribunal hemisférico dictó una sentencia de
reparaciones y fijó el monto de las indemnizaciones que debían pagarse a los 2
únicos sobrevivientes y a los familiares de los fallecidos. Además ordenó que se
continuara con las investigaciones y se sancionara a los responsables.

Aunque durante el gobierno del Presidente Rafael Caldera se canceló casi


la totalidad de las indemnizaciones (95%), quedó pendiente un monto, producto de
no acatarse el mandato de la Corte IDH que regulaba la forma de calcular la
indemnización en moneda nacional.

La Sala Penal el 05 de noviembre de 1996 le ordena a la Corte Marcial dicte


una nueva sentencia la cual se realizada el fecha 30 de junio de 1998, la Corte
Marcial actuando como tribunal de reenvío en lo penal militar absolvió de los
cargos a los responsables materiales de la masacre. El 20 de octubre de 1998 la
Sala Casación Penal de la entonces Corte Suprema de Justicia confirmó la
decisión de la Corte Marcial, absolviendo a las personas, entre civiles y militares,
del delito de homicidio intencional, procesadas por el caso de El Amparo. Aunque
los testimonios de los sobrevivientes, más la presentación del informe del
Congreso demostraban que los pescadores fueron ejecutados, la sentencia
determinó que “en los hechos que originaron el proceso penal militar, actuaron en
ejercicio legítimo de una autoridad o cargo y en defensa de sus personas, se les
exime de la pena”. Quedando en libertad los responsables materiales de los
hechos sin que se hubiese adelantado ninguna investigación sobre los
responsables intelectuales.

Las organizaciones representantes de los dos sobrevivientes, ciudadanos


Wolmer Gregorio Pinilla y José Augusto Arias y los familiares de las víctimas,
insistieron ante la Corte IDH en la necesidad de exigir al Estado venezolano
investigación y sanción a los responsables. El 16 de febrero de 2004, el CEJIL y
Provea presentaron a la Corte IDH un escrito mediante el cual informaron sobre la
situación de incumplimiento del Estado venezolano de la resolución emitida por la
Corte IDH en noviembre de 2002. Esta resolución le ordenaba al Estado
venezolano cancelar a las víctimas y familiares de las víctimas los intereses
generados por la demora en el pago hecho a las reparaciones que formaron parte
del dictamen efectuado en 1995 por el tribunal hemisférico.

Por su parte, durante el gobierno del ex presidente Chávez, en el año 2005,


se cumplió con el mandato de la Corte IDH y se pagó el monto pendiente de
indemnizaciones, el 5% restante. Sin embargo, el aspecto fundamental que es la
sanción a los responsables materiales e intelectuales aún quedó pendiente. Aquel
crimen generó protestas en toda Venezuela y se convirtió en símbolo de la
violación de derechos humanos, la impunidad. Aunado a lo anterior, algunos de
los acusados ocuparon cargos gubernamentales en los mandatos posteriores a la
atroz masacre.

En enero de 2010 la Corte Interamericana en su función de supervisar el


cumplimiento de sus decisiones convocó al Estado venezolano y a los
peticionarios a una audiencia en su sede en la ciudad de San José, Costa Rica. La
audiencia se realizó el 29 de enero de 2010. En ella la delegación del Estado
venezolano admitió que el caso estaba en situación de impunidad y asumió la
responsabilidad de reabrir el caso en la jurisdicción ordinaria. La Corte IDH por lo
tanto emitió la siguiente resolución de cumplimiento de sentencia:

“Solicitar al Estado que presente a más tardar el 25 de junio de 2010 un


cronograma con información puntual, clara y exhaustiva que contenga:

a.- Todas las gestiones que realizará para investigar los hechos del presente caso,
identificar, y en su caso, sancionar a los responsables; las posibles fechas de tales
gestiones, y las instituciones o personas que las llevarán a cabo, y

b.- en caso de identificar alguna dificultad para realización las diligencias


señaladas en el literal anterior, deberá indicarse, además, el plan, con un tiempo
determinado, para superarla.

En fecha 20 de febrero de 2012, la Corte IDH emitió una nueva resolución


de Supervisión de cumplimiento de sentencia donde declaró que el Estado no
estaba cumpliendo con su obligación de informar a la Corte sobre las medidas
adoptadas en aras de continuar las investigaciones de los hechos y sancionar a
los responsables, por lo que solicitó al Estado cumpliera con dicha obligación.
Además, también solicitó al Estado que presentara a más tardar para el 15 de julio
del año 2012, un informe actualizado indicando todas las medidas adoptadas para
su cumplimiento. Es de destacar que el Estado venezolano, hasta enero del año
2018, no ha presentado el cronograma de información solicitado por la Corte.

El 26 de octubre de 2015 los dos sobrevivientes de la Masacre de El


Amparo sostuvieron reuniones con el Defensor del Pueblo y la Fiscal General de
la República. Los sobrevivientes instaron al Defensor a involucrarse en los
procesos que adelanta el Ministerio Público. Por su parte, en la reunión con la
Fiscal General, esta reafirmó su compromiso de seguir con las investigaciones que
corresponden al caso e indico la intención del Ministerio Público de introducir un
recurso de revisión contra la sentencia de la Corte Marcial.
En fecha 06 de mayo de 2016 el Ministerio Público introdujo ante la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). La cual 28 años después
de la masacre del El Amparo, en el mismo año emitió una sentencia (Sentencia Nª
910, ponente Magistrada Gladys Gutiérrez Alvarado) que revocó absolución a
culpables. La medida revoca la medida de absolución a los militares acusados de
ser culpables y absolvía los delitos de homicidio intencional, homicidio intencional
frustrado y uso indebido de arma de fuego a los funcionarios que causaron la
muerte a los 14 pescadores y lesiones a otros dos.

La referida sentencia fue dictada el 30 de junio de 1998 por el Tribunal de


Reenvío en lo Penal Militar, la cual fue avalada por la decisión del 20 de octubre
de 1998, emanada de la Sala de Casación Penal de la extinta Corte Suprema de
Justicia, también anulada por el máximo tribunal del país, reseña la sentencia del
TSJ.

La máxima sala del TSJ agregó que las probanzas llevadas a cabo no
demuestran que haya habido enfrentamiento armado entre los atacantes y sus
víctimas. Asimismo, se evidenció la violación de las normas y leyes previstas para
la Constitución que tenía vigencia para entonces, lo que representa graves
violaciones al debido proceso, tutela judicial efectiva, a los derechos humanos y a
la justicia.

Además, la sentencia ordena a la Corte Marcial del Circuito Judicial Penal


Militar, proceda a dictar nueva decisión en el presente asunto, siguiendo para ello
las reglas de juzgamiento penal militar vigentes para la fecha en que se dictó la
sentencia y en acatamiento a la doctrina expuesta por el máximo tribunal,
prescindiendo para ello de los vicios que fueron delatados en el fallo objeto de la
solicitud de revisión constitucional ejercida por el Ministerio Público.

Con esta decisión de la Sala Constitucional se logra parcialmente avanzar


en la búsqueda de la justicia. Sin embargo, debemos indicar que la sentencia violó
el artículo 29 de la Constitución y el artículo 19 de la Ley Para Sancionar Los
Crímenes, Desapariciones, Torturas y otras Violaciones de los Derechos Humanos
por razones políticas en el Período 1958-1998, al remitir el caso nuevamente a la
justicia militar, siendo incoherente con otras decisiones de la propia Sala
Constitucional donde en casos anulados en la justicia miliar remitió a la justicia
ordinaria (civil) como era su obligación.

Tal como lo planteó el Ministerio Público en su solicitud de revisión de la


sentencia de la Corte Marcial, el expediente en sí mismo es una confesión
calificada de los autores materiales, por lo tanto, los responsables materiales de la
masacre están plenamente identificados y deben ser sancionados, pero además el
Ministerio Público debe investigar y solicitar el enjuiciamiento de los autores
intelectuales de la masacre. La decisión salpica a distintas figuras públicas
acusadas de haber participado en los hechos. Entre ellos se encuentran Ramón
Rodríguez Chacín, quien fue gobernador del estado Guárico (2012-2017) y quien
también ha ocupado el cargo de ministro de Interior Justicia en 2002 y en 2008; y
el ex comisario de la extinta Dirección de los Servicios de Inteligencia y
Prevención (Disip), Henry López Sisco.

La medida de revocar la absolución a los militares fue anunciada por el


máximo tribunal del país a través de un comunicado publicado en su página web.
En el texto, el TSJ señala que la supuesta actuación de “legítima defensa“,
argumentada por los funcionarios, no fue debidamente comprobada. “Estos
pescadores del río Arauca murieron en el caño La Colorada, y luego de
asesinarlos físicamente, quisieron matarlos moralmente al incriminarlos como
supuestos guerrilleros, para así justificar la matanza”, dijo el presidente Nicolás
Maduro durante una alocución. El mandatario nacional añadió que sucesos como
esta masacre eran propios de la “IV República”, por lo que reclamó que los
responsables de crímenes como este debían pagar por sus delitos.

Conclusión: Con toda la tragedia sin fin que constituyen los asesinatos de
Estado y la impunidad en la emboscada del Caño La Colorada, así como que la
población de El Amparo continúe siendo un ejemplo de la ausencia de una política
integral de desarrollo de los pueblos fronterizos del país, podemos extraer algunas
enseñanzas de la Masacre. La primera es la importancia de la solidaridad. El
pueblo de El Amparo, venciendo el miedo y las posibles represalias, salió
masivamente a la calle para rechazar los señalamientos contra los pescadores y
sobrevivientes. El entierro de las víctimas se transformó en una gran demostración
de duelo y rabia popular. Días después, fueron los propios pobladores quienes
resguardaron el proceso de exhumación, vigilantes que las pruebas no fueran
manipuladas indebidamente. La reacción popular fue clave tanto para refutar
desde el comienzo la versión oficial como para que otros sectores, como las
organizaciones de derechos humanos, se sensibilizaran por el caso. Como
consecuencia, se estableció un segundo aprendizaje: el nivel de solidaridad.
Estudiantes de todo el país se movilizaron contra lo que consideraban un crimen
abyecto y protagonizaron jornadas de duros enfrentamientos con los cuerpos
policiales. Algunos analistas consideran que estos episodios de indignación
generalizada incidieron en lo que después sería el levantamiento popular de “El
Caracazo”.

Un tercer aprendizaje lo constituye el valioso papel de medios y periodistas


cuando deciden apostar por la verdad de los hechos contradiciendo la versión
oficial. El jefe de información gubernamental de la época, Carlos Croes, encabezó
la estrategia gubernamental de avalar la tesis del enfrentamiento. Algunos medios,
como RCTV y El Nacional dieron espacios a las voces disidentes y algunos de sus
periodistas, como Gustavo Azocar, Fabricio Ojeda (El Nacional), e Indalecio
Chacón Araque (El Universal) fueron hostigados por las autoridades por investigar
y revelar elementos que no coincidían con lo emitido desde Miraflores.

El cuarto elemento de aprendizaje, es la utilidad de los mecanismos


internacionales de protección, como la Corte y la Comisión, para alcanzar la
justicia negada por las instancias locales. Esta oportunidad ha sido negada por el
gobierno actual, al deslegitimar estos mecanismos. Nos tocará seguir activando la
movilización solidaria y la documentación y visibilidad de las violaciones a los
DDHH.
Fallecidos durante este hecho

En el enfrentamiento perecieron 14 personas, siendo ellas:

 José Indalecio Guerrero, de 51 años, nacido en El Amparo, era el


maquinista de la lancha interceptada por el CEJAP.

 José Emeterio Vivas, mecánico, ex reservista del Ejército, nativo de San


José de Bolívar, Estado Táchira.

 José Ramón Puertas García, de 30 años, natural de Elorza en el Estado


Apure, jornalero y pescador.

 Pedro Indalecio Mosqueda, de 32 años, nacido en El Amparo, ex reservista


del Ejército y pescador.

 Rafael Magín Paúl Moreno, de 45 años, natural de Mata Azul de Agua,


Estado Apure, pescador agricultor.

 Carlos Antonio Eregua, de 19 años, estudiante, nacido en Arauca, hijo del


anterior. Residenciado en Colombia.

 Luis Alfredo Berríos, de 42 años, bedel del Liceo Francisco Arismendi.

 José Mariano Torrealba, de 50 años, pescador nacido en El Amparo.

 José Gregorio Torrealba, de 22 años, pescador, hijo del anterior y nacido en


El Amparo.

 José Rigoberto Araujo, de 36 años, pescador, nacido en Orichuna, estado


Apure.

 Arín Obadías Maldonado, colombiano de 44 años, albañil, nacido en


Arauquita.

 Moises Antonio Blanco, de 24 años, colombiano, nacido en Arauca,


residenciado en El Amparo, pescador y jornalero.
 Julio Pastor Ceballos, de 43 años, albañil y conuquero, nacido en Puerto
Rondón en El Casanare, Colombia. Tenía 10 años viviendo en El Amparo.

 Justo Pastor Moncada, de 39 años, agricultor de Córdoba, con 16 años


viviendo en El Arauca.

Y se declaran como sobrevivientes a este hecho José Augusto Arias y Wolmer


Gregorio Pinilla quienes fueron posteriormente llamados a testificar en el juicio
contra los indiciados como perpetradores de la masacre.

Perpetradores de la masacre

Los autores intelectuales y organizadores de la llamada operación "Anguila III"


fueron:

 Humberto Antonio Camejo Arias, General de División del Ejército,


Comandante de la Segunda División del Ejército, asignado al CEJAP.

 Henry López Sisco fue el jefe nacional de operaciones de la DISIP y


presuntamente estuvo vinculado en la coordinación de la masacre de El
Amparo, hecho ocurrido el 29 de octubre de 1988, en el estado Apure, lugar
donde fueron asesinados 14 pescadores por funcionarios policiales y
militares del Comando Específico “José Antonio Páez” (CEJAP), durante el
gobierno de Jaime Lusinchi, en una operación denominada “Anguila III”,
que consistía en la lucha contra grupos subversivos colombianos.

 Enrique Vivas Quintero, Coronel del Ejército, para la época era Jefe de la
Guarnición de zona donde ocurrieron los hechos, organizó en apoyo al
CEJAP la matanza y luego reportó la acción para intentar confundir al
Ministerio Público.

 Ramón Rodríguez Chacín, capitán de navío, quien para el momento de la


masacre fue uno de los pioneros a la hora de la toma de decisiones y
accionar el gatillo, actualmente activista del PSUV en funciones como
gobernador del estado Guárico, entidad federal del estado venezolano.
Los funcionarios que participaron directamente en la masacre disparando contra
los 14 pescadores fueron:

 Alí Coromoto González, Capitán de Corbeta de la Armada venezolana, de


36 años, Comandante de la Operación.

 Ernesto Morales Gómez, Maestro Técnico de Primera del Ejército de


Venezuela, de 34 años.

 Omar Antonio Pérez Hudson, Sargento Técnico de Primera del Ejército de


Venezuela, de 30 años.

 Salvador Ortíz Hernández, Sargento Mayor del Ejército de Venezuela, de


31 años.

 Andrés Alberto Román Moreno (a) Mario Perolito, Comisario General de la


DISIP, Jefe de la Brigada Territorial andina, de 47 años.

 Maximiliano José Monsalve Planchart, Comisario de la DISIP, de 38 años.


Explosivista de la Brigada de Intervenciones.

 Celso José Rincón Fuentes (a)Hipólito, Inspector Jefe de la DISIP, de 42


años.

 Carlos Humberto Durán Tolosa (a) Cocoliso, Inspector Jefe de la DISIP, de


35 años.

 José Ramón Zerpa Póveda, Inspector de la DISIP, de 32 años de edad.

 Luis Alberto Villamizar, Inspector de la DISIP, de 30 años de edad.

 Franklin Gómez Rodríguez, Subinspector de la DISIP, de 33 años.

 Omar Gregorio Márquez, Subinspector de la DISIP.

 Tonny Richard Urbina Sojo, Detective de la DISIP.


 Ronald de Jesus Cisneros, Detective de la unidad de Explosivos de la
DISIP, de 19 años.

 Gabriel Armas, Detective unidad comandos de la DISIP de 20 años.

 Gerardo Rugeles Molina, Sumariador Jefe de la PTJ, de 47 años.

 Edgar Arturo Mendoza Guanaguanay (a) Mendocita, Inspector Jefe de la


PTJ, de 37 años.

 Florencio Javier López, Subcomisario de la PTJ, de 37 años.

 Alfredo José Montero, Subinspector de la PTJ, de 30 años.

 Javier Humberto Baez Ortega, Detective unidad comandos de la DISIP. De


19 años.

 Jesús Rafael Rodríguez Salazar, Subinspector de la PTJ.

 Daniel Virgilio Vitanare Gómez, Agente Principal de la PTJ.