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Seminario de Lenguaje

Semana 10

TEXTO1

Creo que la primera y la más importante función de la enseñanza, no solo académica, sino
también la escolar, es ayudar a los niños y los jóvenes a descubrir su vocación y convencerlos
que si esa es su vocación y si lo tienen claro, deben entregarse a ella porque es la manera
mejor de defenderse contra la futura infelicidad. Infelicidad que forma parte de la condición
humana de la que nadie puede librarse. Quienes hacen aquello que les gusta, aunque ello les
signifique vivir muy modestamente, aunque ello les signifique privaciones y sacrificios
enormes, los hace infinitamente menos infelices de lo que serían si dedicaran su tiempo a
realizar actividades en las que no creen, actividades que sienten como una traición o un
desacato a aquello que íntimamente habrían querido ser y hacer.

Cuál es la consecuencia inevitable de dedicarse a actividades que no comprometen


profundamente a la persona: que uno las hace mal, que difícilmente se puede tener éxito,
difícilmente se pueden tener grandes logros, si aquella actividad que compromete nuestro
tiempo y nuestra energía, íntimamente nos produce un rechazo y una frustración.

Generalmente quien elige una profesión por razones ajenas a su vocación, y muchas veces
en contra de su propia vocación, pensando que de esta manera tendrá más éxito, pensando
en éxito en el término social y económico de la palabra, lo más probable es que en esa
profesión fracase, que sea mediocre y frustrado, lo que es una fuente terrible de amargura en
toda historia individual. Y viceversa, cuando uno dedica su existencia y su quehacer y energía
a la propia vocación, con ella tendrá más posibilidades de tener éxito, de lograr la creatividad
y originalidad, y de que su labor repercuta sobre los demás y le dé una enorme satisfacción.
Cuando uno dedica su trabajo a hacer lo que le gusta, uno no tiene la sensación de trabajar.
El verbo “trabajar” es un verbo sobre el que pesa una maldición bíblica, fue un castigo divino,
fue algo a lo que estamos condenados, como a una punición: ganarnos nuestra vida con el
sudor de nuestra frente, trabajando. Pero a quien trabaja en lo que le gusta, el trabajo no le
significa una servidumbre, un castigo ni una maldición.

Flaubert decía “escribir es una manera de vivir”; yo creo que cualquiera que vive su vocación,
sea esa cual sea, es una manera de vivir, es algo que compromete no solo las horas, sino
todo el contorno, su existencia entera se organiza en ese quehacer que resulta creativo y ese
quehacer lo defiende extraordinariamente contra la infelicidad.

Los jóvenes sí pueden, como decía Sartre, elegir su vida. Tomar ciertas decisiones o realizar
ciertas emisiones que los encaminen de tal manera que lo mejor que hay en ellos pueda
convertirse en su quehacer. Si lo hacen de este modo, no quiere decir que van a ser felices
todo el tiempo: quiere decir que van a ser mucho menos infelices que si hubieran hecho todo
lo contrario, y que aquello que hacen de alguna manera va a aprovechar lo mejor que hay en
ellos y que aquello que resulte de un trabajo vivido, de esta manera, con pasión, con amor, va
a redundar en beneficio de todos los demás. Creo que un mundo donde todos hagan lo que
les guste hacer sería un mundo en el que hubiera disminuido, no desaparecido pero sí
disminuido enormemente, la infelicidad humana.

Ahora, es verdad que hay muchas cosas que matizar respecto a estas ideas: no todos pueden
elegir con la misma facilidad. Desde luego que si uno nace en una familia acomodada y recibe
desde muy joven una magnífica educación y tiene, desde la cuna, resuelto el problema de la
supervivencia, pues tiene una comodidad a la hora de elegir que no tiene quien nace en
condiciones muy difíciles, a veces de mera supervivencia o subsistencia. Pero aun así, aún
en los casos más difíciles siempre se puede elegir. En esto creo que Sartre tenía razón: se

1 Fragmento del Discurso de Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, ofrecido el 2 de marzo de 2011 en la en la
Universidad Autónoma Metropolitana de México. Recuperado de
http://noticias.universia.net.mx/entrevistas/noticia/2011/03/07/798717/mario-vargas-llosa.html

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Semana 10

puede nacer en un hogar extraordinariamente pobre, se puede no haber recibido una


educación o haberla recibido de una manera muy precaria y elemental, siempre quedará un
margen de opciones entre las que podemos decidir. Si elegimos lo mejor en función de lo que
somos y queremos, estaremos mejor defendidos contra la precariedad de la existencia.

Creo que esa debería ser una de las tareas fundamentales de la universidad: ayudar a los
jóvenes a descubrir su vocación. Muchos no tienen la suerte que tuve yo, que tienen muchas
otras personas, de descubrir precozmente aquello que les gustaría hacer, aquello para lo que
están evidentemente más dotados para hacer. La universidad tendría que orientar desde los
primeros años a los jóvenes para que puedan, a través de sus propias decisiones,
encaminarse en esa buena dirección. Es un error, un gravísimo error, a pesar de que la cultura
de nuestro tiempo nos empuja en esa dirección, elegir la profesión que va a comprometer
nuestra vida pensando solo en el beneficio económico. Es verdad que hay ciertas actividades
que parecen mucho más proclives a tener beneficios económicos muy elevados, pero elegir
en contra de la inclinación íntima y profunda, una profesión por esas consideraciones
estrictamente económicas, es un error. Es un error porque nos conduce inevitablemente, si
esa no es nuestra vocación, al fracaso, a la frustración, aunque venga acompañada del éxito
económico. Sin embargo, la cultura de nuestro tiempo ha identificado la felicidad con el éxito
económico, lo cual es una mentira monumental.

Desde luego que la pobreza no garantiza la felicidad ni muchísimo menos, pero una pobreza
o una existencia más o menos modesta en la que uno viva de acuerdo consigo mismo, es una
forma de vida más envidiable que aquella que se vive en la mentira, en la frustración y en el
fracaso aunque esté rodeada de la comodidad y de la prosperidad. Creo que ese es uno de
los grandes defectos de la cultura de nuestro tiempo: la cultura de nuestro tiempo ha olvidado,
pensando en el éxito, en el desarrollo, en el progreso, exclusivamente en términos materiales
y económicos, que la infelicidad y las emociones como la felicidad o la infelicidad no pasan
necesariamente por el mismo camino.

ACTIVIDADES

1. Aplique el SUBRAYADO y SUMILLADO al texto anterior (en el margen izquierdo, el sumillado).


2. Identifique los TIPOS DE PÁRRAFOS, según su estructura, en el texto anterior (hágalo en el margen
derecho).
3. Complete el siguiente cuadro:

SEGMENTACIÓN SELECCIÓN INTEGRACIÓN CONDENSACIÓN


TEXTO Secuencias de Ideas principales de Ideas integradas de Idea condensada
contenido cada segmento cada segmento
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4. Elabore un ORGANIZADOR GRÁFICO (mapa conceptual, mapa semántico, mapa mental o cuadro
sinóptico).