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Maite Barranco Barrios

Tutoría de antropología

La muerte sin llanto


Dentro de los diferentes capítulos la autora construye una serie de conceptos a partir de las
experiencias en campo que tuvo durante su trabajo. Muchos de esos conceptos que en su
mayoría surgen a partir de las relaciones entre diversas personas del contexto a tratar, son
fundamentales para entender la condición de las personas trabajadoras de caña en Brasil, pero
al mismo tiempo permiten vislumbrar cómo el trabajo lleva inmerso unas relaciones de
explotación y de evidente miseria. El hambre o la hambruna que es el tema esencial tratado
por la autora encuentra unos significados y permite entender un contexto permeado por
aspectos de carácter social, político y económico, y al mismo tiempo las experiencias de vida
que son narradas por la autora permiten ver un lado bastante humano de la investigación y
del trabajo antropológico.
***
Uno de los conceptos que son fundamentales para entender las relaciones entre el patrón y el
trabajador, es aquel que la autora construye como patrón-cliente; este concepto o esta relación
que es afín con la dependencia de la que la autora habla, refleja la naturalización de unos
papeles y de unas formas comportamentales que deben cumplirse como una norma en las dos
partes. Es entonces, donde la autora a partir de las historias de vida y de los relatos de mujeres
como Irene, reconoce una serie de conceptos con los cuales se define al buen patrón y al mal
patrón. El buen patrón entonces es aquel que ayuda y se interesa por el trabajador, lo que
realmente implica como ella lo dice “El buen patón, por su parte, ayuda a suavizar, esconder
y a veces a resolver las contradicciones inherentes a las perversas relaciones de poder y
dominación” (Scheper-Hughes, 1997). Por otro lado, el mal patrón es aquel al que parecen
no importarte los trabajadores y el que de alguna manera refleja la naturaleza del sistema
esclavista y explotador en su esplendor. Un análisis bastante interesante que realiza la autora
es aquel en el que para los trabajadores el mal patrón es estigmatizado socialmente y funciona
como una crítica, sin embargo, lo rico del análisis realizado por la autora es aquello de que
el buen patrón de alguna manera rescata y ayuda al trabajador, pero también rescata el sistema
explotador en el que están inmersos los trabajadores.
Otra de las nociones que identifica la autora y que es fundamental para entender las relaciones
de parentesco que se dan en el Alto do Cruzeiro es aquella de la adopción. Identificada por
la autora en dos contextos sociales diferentes, la adopción dentro de los relatos es
fundamental. En el caso de las mujeres trabajadoras del Alto, la adopción informal de niños
que se encuentren en malas condiciones, o niños en estado de abandono es bastante común
sean o no sean hijos de mujeres conocidas o de familiares. La mayoría de los niños que son
adoptados a temprana edad después son considerados como hijos y cuentan con la misma
atención que un hijo no adoptado. Por otro lado, la autora narra la historia de una niña
adoptada por una familia bien acomodada y a través del relato de la mujer (Felipa) aquella
niña a pesar de contar con todas sus necesidades básicas y el cariño de una familia no sería
tratada o no tendría los mismos privilegios que los hijos no adoptivos.
El delirio de fome es otro de los conceptos que la autora construye a lo largo de su trabajo de
campo, el análisis del hambre realizado por la autora como ella misma lo dice reconoce el
cuerpo como algo que se da en lo individual y en lo colectivo, y que por tanto la experiencia
del hambre tiene unas implicaciones importantes en él, el delirio de fome es entonces el
momento donde el cuerpo empieza a tener una serie de síntomas que pueden entenderse como
locura por el hambre, pero al mismo tiempo tiene otras implicaciones que van más allá de las
afectaciones físicas. “Delirio de fome es también la histeria que puede hacer que una
agradable festa de comunidad en el Alto do Cruzeiro acabe en una pesadilla caótica cuando
los adultos rivalizan entre sí y con los niños para llegar primero a la mesa con comida”
(Scheper-Hughes, 1997). El hambre en el Alto do Cruzeiro se encuentra arraigada a procesos
de carácter político y social, la dieta de los habitantes de este lugar está mediada por las
relaciones que se dan con el trabajo y las oportunidades que surgen cerca de allí, es por eso,
que estas personas tienen una muy limitada dieta que generalmente sino es siempre carece
de alimentos como la carne y los frijoles para ser reemplazados por un pedazo de pan o de
por alimentos que definitivamente no cubren las necesidades nutricionales del cuerpo.
Esta situación de hambre crónica encuentra una relación con conceptos que más adelante va
a trabajar la autora en los que la salud, el trabajo y el hambre encuentran una relación y una
explicación que se entiende a partir de cómo es pensada el hambre, en primer lugar, desde
los habitantes del Alto de una forma naturalizada y cómo desde los entes de poder pasa de
ser un problema a causa de la carencia de necesidades básicas a ser tratado como una
enfermedad. Es importante preguntarse cómo la medicalización del hambre podría pensarse
como una clase de negligencia ante la situación de los pobladores del Alto, desde mi
perspectiva es algo así como una negación de la situación de aquellas personas y del
significado político y social que en gran medida es el generador del hambre y la miseria. El
hambre nervoso es entonces otro concepto que se relaciona y que es fundamental para
entender todo lo anterior, esta situación de constante nerviosismo que se convierte en algo
normal y natural para estas personas a causa de la limitación de obtener comida que es algo
constante en la vida en el Alto, el hambre y el nerviosismo que la acompaña más que ser una
demostración evidente de la desigualdad social trasciende para instaurarse en los sentidos de
la vida cotidiana y se hace ver entonces como un problema psicológico y de enfermedad.
“La locura, el delirio de fome, que antaño se entendía como un aterrador punto final
en la experiencia colectiva de la carestía, se ha transformado en un problema
psicológico y personal, en un problema que requiere medicación. De esta forma se
aísla el hambre que incluso no es reconocido como tal; un discurso individualizado
ha sustituido a un discurso del hambre más radical y socializado” (Scheper-Hughes,
1997)
De forma un poco estructurada se podría decir que la autora parece identificar relaciones que
surgen por ejemplo entre patrón- trabajador, en la comunidad misma, entre diferentes clases
o contextos sociales, entre otros. A través de lo observado en campo y de los relatos de
diferentes partes hay un análisis de aspectos que podríamos decir que son “comunes” o se
comparten en el grupo social donde surge el concepto. Es entonces que como un ejemplo la
noción de doida se construye a través de los relatos de las mujeres y de la historia de vida de
María José, pero también entra en diálogo con la experiencia misma de la autora con estas
mujeres.
Desde mi perspectiva la metodología que utiliza la autora en un primer lugar se enfoca en un
acercamiento al contexto y a las personas no viéndolas como el “otro” sino haciendo una
inmersión completa dentro de la problemática o mejor dicho dentro del contexto como tal.
Como la autora lo dice en las primeras partes del texto, parece no estar muy de acuerdo con
la mirada de la etnografía en la antropología clásica, que parece ver al otro como un objeto
de estudio, en donde el antropólogo no “camina con los pies descalzos” como lo hace ella en
su investigación. Uno de los aspectos que me pareció fundamental en el trabajo de Nancy
Scheper- Hughes y que de alguna manera reflejan una forma muy bonita de hacer
antropología, es ese constante diálogo entre los conceptos de vida de la gente y los conceptos
que se construyen en la academia o en otros ámbitos, la identificación y definición de
conceptos y de nociones que realiza la autora se basan en la experiencia de la gente, en sus
relatos y en sus formas de vida. Desde mi perspectiva el trabajo de la autora demuestra un
lado bastante humano de hacer investigación y de acercarse a un tema o a una problemática
desde adentro, desde la vivencia propia sin dejar en segundo plano lo que las personas dicen.

Bibliografía
Scheper-Hughes, N. (1997). La muerte sin llanto. Barcelona: ARIEL.