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Estratificación social y global

3.1 Desigualdades y estratificación social

Trabajaremos dos grandes temas: la desigualdad social en el interior de los países y la desigualdad social entre los
países. Si bien ambas dimensiones de la desigualdad se encuentran profundamente entrelazadas, con fines
pedagógicos las presentamos por separado.

Para analizar la desigualdad social discutiremos tres grandes perspectivas:


A) el análisis propuesto por el funcionalismo;
B) el análisis de clases inspirado en los trabajos de Karl Marx;
C) el análisis de clases inspirado en los trabajos de Max Weber.

Para analizar la desigualdad global presentaremos dos perspectivas:


a) la teoría de la modernización.
b) la teoría de la dependencia.

Desigualdades.
Para hablar de este tipo de desigualdad, los sociólogos (Macionis & Plumer, 2007) se refieren a la estratificación
social como la clasificación o jerarquización de los individuos según la categoría a la que pertenecen (o se les
asignan).
Para Crompton (1997), la expresión de estratificación social es un concepto general que describe estas estructuras
de desigualdad

En las sociedades preindustriales la estratificación social se consideró un fenómeno “natural”. Si las desigualdades
eran consideradas una cuestión natural de las sociedades, no era necesario investigarlas en términos sociales. Es
decir, la naturalidad implicaba que se derivaban de una estructura establecida por algún orden divino.

Sin embargo, como señala Crompton (1997), progresivamente los cambios operados por las revoluciones industriales
y la llegada de la Modernidad implicaron una crítica a los sistemas tradicionales de creencias que habían explicado y
legitimado las desigualdades materiales. Frente a la idea de que los seres humanos son desiguales por naturaleza o
por alguna causa divina, se desarrolló el argumento de que los seres humanos son iguales, no desiguales. Este es
precisamente el punto de partida de la reflexión sociológica sobre la desigualdad.

En el plano de la teoría política, los teóricos del “contrato social” ofrecieron las primeras respuestas (Crompton,
1997). Thomas Hobbes (1588-1679), postulaba que la vida de las personas en un supuesto estado de naturaleza era
peligrosa, brutal y corta, era una continua guerra del hombre contra el hombre como señaló en su conocida frase. La
solución que existió para este problema del orden era que todas las personas se sometieran al Estado, ya que era el
ente que garantizaba el orden en la sociedad. John Locke (1632-1704), por su parte, afirmó que la autoridad del
Estado es la que mejor podría garantizar los derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad. Otro teórico, Jean
Jacques Rousseau (1712-1778), postuló una conocida frase: el hombre nació libre, y en todas partes se le encuentra
encadenado. Según Rousseau, la libertad absoluta es inalcanzable, pero afirmaba que la democracia directa,
expresada por medio de la voluntad general proporcionaba la mayor protección al individuo. En el siglo XVIII se
establecieron los fundamentos del argumento de que todos los ciudadanos tenían derechos políticos, tal como se
expresa en el voto universal y las instituciones democráticas.
Ante este panorama, debemos recordar los eventos que dieron origen a la reflexión sociológica en Europa: la
Revolución Industrial y la Revolución Francesa. Estos profundos cambios sociales, como el fin de una sociedad con
características tradicionales y el desarrollo del capitalismo industrial, provocaron un énfasis en la racionalidad del
orden social moderno. Es decir, la racionalidad, el cálculo racional –y no las normas de la costumbre–, se
constituyeron como el principio a través del cual la conducta económica debía guiar a las sociedades capitalistas en
desarrollo.

Los procesos de expansión de los mercados y las transformaciones de los procesos de producción
también implicaron la erosión de los derechos consuetudinarios en el dominio del comercio y la manufactura. Es
decir, los cambios políticos que crearon al individuo formalmente libre también dieron paso al trabajador sin tierra
que tenía el derecho de vender lo único que poseía: su fuerza de trabajo. El trabajo, en este contexto, se transformó
en una mercancía.

La importancia de las revoluciones inglesa y francesa fue central y de una magnitud considerable, ya que aquellas
provocaron la transición al capitalismo industrial. Esa es la nueva sociedad que estaba emergiendo con sus nuevas
desigualdades y a la cual los primeros sociólogos intentaron explicar.

Marx
consideraba el desarrollo de la historia humana como una consecuencia de los conflictos económicos y no solamente
políticos. La desigualdad era el resultado del acceso diferencial a los medios de producción y a lo que se producía. A
diferencia de los teóricos del contrato social, para Marx el Estado era inseparable del poder económico, y el
individuo soberano era tan solo una condición necesaria del modo de producción capitalista para poder perdurar; es
decir, coexistían la igualdad política (todos, normativamente, eran considerados como iguales) con las desigualdades
materiales. En este contexto, el hecho de que hayan existido diferentes retribuciones, producto de un sistema
dominante de producción, era un hecho no político, solo económico.

Crompton (1997)
el desarrollo del capitalismo industrial fue el elemento principal de la transición a la Modernidad. La idea de
modernidad describe no sólo el desarrollo del industrialismo, sino también los correspondientes modos de vigilancia
y regulación de la población de los Estados Nacionales; éstos han sido identificados como una de las formas sociales
características del paso hacia la Modernidad. La Modernidad se caracteriza también por el desarrollo de
organizaciones, es decir, de sistemas reflexivamente controlados que tienen la capacidad de actuar sobre el mundo
social

Estas aclaraciones son válidas debido a que en este módulo haremos referencia específica a las clases sociales y éstas
son un fenómeno centralmente moderno. En el mundo moderno, la clase social estructura un sistema de
desigualdades diferente al de las sociedades tradicionales en donde las desigualdades eran consideradas adscriptas o
naturales (como, por ejemplo, las de los estados feudales o las desigualdades definidas religiosamente, las de género
y la raza). Es por esta razón que la clase es un excelente punto de partida para analizar los sistemas contemporáneos
de estratificación. Claro que esta centralidad de la clase, como mecanismo de estructuración de las desigualdades,
no quiere decir que las formas de distinción y diferenciación social previas desaparecieran sin dejar rastro. En efecto,
muchas desigualdades relacionadas a la edad, el género y la raza, persisten
Gran parte de la reflexión clásica de la sociología se originó teniendo como punto de partida las
profundas transformaciones operadas en Europa.

Macionis y Plumer (2014) señalan que hay cuatro características esenciales de la estratificación:

a. La estratificación social es una característica de la sociedad en su conjunto y no de algunos de sus miembros


considerados individualmente.
b. El sistema de estratificación social (desigualdades) se perpetúa de generación en generación. En todas las
sociedades, existe la probabilidad (alta o baja, dependiendo de la sociedad en cuestión y del momento histórico) de
que los padres transmitan a sus hijos la posición social que ocupan, aunque en las sociedades modernas existe
movilidad social.
El estudio de la movilidad social de las personas es un tema con una gran tradición en la sociología. En su definición
más simple, podemos decir que la movilidad social es un cambio en la posición que el individuo ocupa en la
estructura social. En este cambio se considera el análisis de los patrones intergeneracionales de transmisión de la
posición social. En función del cambio, la movilidad puede ser ascendente, descendente u horizontal. Un ejemplo de
movilidad social ascendente sería el de una persona nacida en un hogar con bajos niveles de educación e ingresos
que logra acceder a estudios universitarios, mayores ingresos y ocupaciones con mayor prestigio.
c) La estratificación es una constante histórica, pero sus especificidades varían de sociedad a sociedad. Es decir, en
todas las sociedades existió siempre algún tipo de diferenciación, pero el sentido y el grado han sido diferentes.
Pensemos en el ejemplo de las sociedades primitivas, donde un factor de desigualdad podía ser el sexo o la edad de
sus miembros. Con el surgimiento del capitalismo y en la era moderna asistimos a una complejización de los factores
de desigualdad.
d) La estratificación social no es sólo una cuestión de desigualdad, sino también de cultura social, y está relacionada
con el sistema de creencias de los individuos. Esto quiere decir que no solo hay una distribución diferencial de los
recursos, sino también una explicación cultural y social que define y justifica la desigualdad. Las explicaciones sobre
el porqué de la desigualdad también han variado a lo largo de la historia.

Como señalan Macionis y Plumer (2007), de manera general podemos definir tres macro-sistemas de
estratificación:
- Esclavitud.
- Sistema de castas
- Las clases sociales.

Esclavitud
Es una forma de diferenciación y desigualdad que se basa en el derecho de propiedad que un grupo de individuos
ejerce sobre otro grupo. Las personas devienen en cosas que pueden ser compradas o vendidas. En América Latina,
la explotación de la fuerza de trabajo esclava, de origen africano, fue una práctica generalizada en toda la región:
desde de las islas del Caribe y las más productivas zonas del Brasil, hasta las actuales Honduras, Panamá, Costa Rica,
Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y, en menor medida, México y el Rio de la Plata (Gruner, 2010).
Podemos acordar con Giddens (2010) que la esclavitud es la forma más extrema de desigualdad, donde unos
individuos son propietarios de otros. Esta condición legal de posesión de los esclavos presentaba variaciones según el
tipo de sociedad. Algunas veces los esclavos eran privados de todos sus derechos legales, como en el sur de Estados
Unidos, y en otros casos su posición era parecida a la de un sirviente.
La historia de la esclavitud es extensa y merecería un apartado específico. Sin embargo, queremos dejar claro que
fue una forma de estructuración de la desigualdad con particulares características. Si hacemos un poco de historia,
en los siglos XVIII y XIX los esclavos fueron utilizados casi exclusivamente como trabajadores en las plantaciones o
como sirvientes domésticos en Estados Unidos, Sudamérica y las Antillas. Ya en la Atenas clásica estaban presentes
en diversos lugares y algunas veces tenían posiciones de responsabilidad, aunque se los excluía de los puestos
políticos y militares; inclusive, algunos sabían leer y escribir, trabajaban como administradores del gobierno y
muchos eran artesanos (Giddens, 2010).
Estas situaciones extremas de desigualdad producían que no pocas veces existieran rebeliones de los esclavos. Para
citar tan solo dos ejemplos ampliamente conocidos en la historia de América Latina, podemos hacer referencia a las
revueltas en Haití y los múltiples levantamientos en Brasil.
La Revolución Haitiana tuvo su origen en el estallido de una sublevación de esclavos durante la noche del 22 al 23 de
agosto de 1791. Como señala Manigat (2009), la revuelta podría analizarse como un episodio más de los conflictos
que generaba el sistema esclavista – como las fugas, los suicidios y otros hechos constantes en todo el sistema de
esclavitud implementado en América- entre la población negra. Considerando esa perspectiva, el autor señala que
los acontecimientos de la Revolución Haitiana representan el enfrentamiento clásico entre grupos sociales por
mantener el status quo. Sin embargo, esta revolución inaugura un ciclo de independencias en América Latina y el
Caribe con una triple connotación: problematiza la idea de libertad en relación con la surgida en el Siglo de la Luces;
promueve la edificación de un Estado negro anticolonial y antiesclavista, en el contexto de un gobierno colonial
francés en la región; y, finalmente, provoca el enfrentamiento contra una potencia imperial con saldo positivo para
los esclavos (Manigat, 2009).
La centralidad de la esclavitud, como institución fundamental de la organización del sistema capitalista, es destacada
por Gruner (2010). Según este autor se hace imposible pensar la expansión del sistema capitalista fuera de Europa en
el siglo XIX sin analizar la esclavitud. Esta red de compra y venta de seres humanos entre los tres continentes
(Europa, América y África) fue un componente decisivo de la historia contemporánea: esta explotación favoreció el
crecimiento económico, de la industria textil, la naviera y del comercio internacional.
La importancia de la Revolución Haitiana radica, según Gruner (2010), en el hecho de que se produce allí la primera
revolución de América Latina mientras la expansión del sistema capitalista estaba en su apogeo. Haití, se encontraba
el margen de la revolución francesa: la igualdad, fraternidad y solidaridad no se aplicaban para los habitantes de la
isla.
Los debates sobre la esclavitud en América Latina son amplios, y aunque no profundizaremos aquí el tema, sí
queremos destacar que fue una modalidad de estratificación social que tuvo profundos efectos sobre las sociedades
contemporáneas.

Sistema de castas
Es una forma de estratificación social basada en características adscriptivas de las personas.
El sistema de castas es característico de la India y deriva del hinduismo. Allí, el lugar que ocupan las personas en el
espacio social está organizado en función del lugar en donde nacen y de su ocupación. En el escalón más bajo se
encuentran los dalits (conocidos como los intocables) y en el nivel más alto los brahames (conocidos como los
sacerdotes).
Crompton (1997) señala que las desigualdades sociales en este sistema se derivan de una estructura de la sociedad
establecida por la divinidad. En este sistema, el lugar en la jerarquía social está ligado a la pureza religiosa. El
argumento es que las castas inferiores contaminan a las superiores, y por eso hay una serie de restricciones que se
aplican a los individuos de las castas bajas y a sus familias. En esta situación, el sistema de castas se superpone
(aunque no totalmente) con la estructura de la desigualdad.
El argumento de Crompton (1997) es que si consideramos que hay sistemas ideológicos que justifican las
desigualdades, aquí debemos hacer referencia a dos conceptos religiosos: el kharma y el dharma. El karma implica
que las personas nacen en una determinada casta y que eso es lo que merecen de acuerdo a las acciones que han
llevado a cabo en una vida anterior. El dharma, que significa “existir conforme a lo que es moral”, enseña que vivir la
vida presente de acuerdo con las normas genera como resultado el posterior renacimiento en una casta superior y,
por lo tanto, una progresión última en el sistema de castas. De esta manera, las desigualdades de las castas, como la
posibilidad de cambio social en el futuro, tienen una estrecha relación con las verdades religiosas universales y se
sitúan más allá de un examen sociológico. Es decir, encontramos explicaciones de un orden divino que son
interpretadas parte del orden natural de las cosas.
Por otra parte, este sistema social es cerrado, de modo que cuando aparece en su forma más pura, el destino social
del individuo no tiene posibilidades de ser modificado.
Hay cuatro características principales del sistema de castas:
1) Las castas suelen ir asociadas a una ocupación específica, de modo que los hijos generalmente desempeñan el
mismo trabajo que sus padres.
2) El matrimonio con individuos de otra casta es prácticamente impensable (matrimonios endogámicos).
3) La pertenencia a una casta determina la vida cotidiana en la medida en que los individuos solo se relacionan con
los individuos de su propia casta. Esto está amparado bajo ciertas creencias religiosas que establecen que el contacto
con castas inferiores, por ejemplo, “contamina” a las castas superiores.
4) Por último, y como cuestión más importante, los sistemas de castas se apoyan en fuertes creencias culturales.
Según la cultura y las tradiciones, se entiende que es un mandato moral aceptar la posición social que a uno le ha
tocado.

(Debemos hacer referencia a que el sistema de castas es extremadamente elaborado y complejo, y que muchas
veces su estructura varía en cada zona de la India; es decir, no constituye un sistema homogéneo, sino una
diversidad de creencias y prácticas, muchas veces difusamente conectadas.)

Sociedad de clases
Históricamente, el sistema capitalista erosionó los sistemas feudales y de esclavitud y provocó su transformación en
un sistema de clases. En teoría, este sistema se basa en las capacidades y logros personales. Se supone, además, que
es más abierto, de modo que los individuos, a través del sistema educativo o por otros mecanismos, pueden
experimentar algún tipo de movilidad social con relación a la posición que ocupan sus padres; sin embargo, esto no
siempre ocurre.
Nos detendremos a detallar las explicaciones que la sociología da a este sistema, ya que se trata del modelo que
organiza el tipo de sociedad en la cual vivimos.
Giddens (2010) señala cuatro elementos centrales que distinguen este sistema de estratificación de los otros:
1) A diferencia de los otros sistemas de desigualdad, las clases sociales no se establecen por disposiciones jurídicas o
religiosas, y la pertenencia a ellas no se basa en una posición heredada, que se haya determinado legalmente o por la
costumbre. Lo habitual es que los sistemas de clase sean más fluidos que los restantes tipos de estratificación y que
los límites entre las clases no estén nunca claros. Además, no hay restricciones formales aplicadas al matrimonio
entre personas de distintas clases
2) En teoría, la clase a la que pertenece un individuo es en parte adquirida, es decir, no está totalmente determinada
por el nacimiento, como es común en otros tipos de estratificación. Sin embargo, nosotros preguntamos: ¿hasta qué
punto la clase puede modificarse en el transcurso de vida de un individuo?
3) Las clases se basan en las diferencias económicas que existen entre los grupos de individuos y en las desigualdades
en la posesión y control de los recursos materiales. En los otros sistemas de estratificación, los factores no
económicos, tales como la influencia de la religión en las castas indias, suelen ser mucho más importantes.
4) En los otros sistemas de estratificación, las desigualdades se expresan principalmente en relaciones personales
basadas en el deber o la obligación, ya sea entre siervo y señor, esclavo y amo, o individuos de una casta inferior o
superior. Por el contrario, los sistemas de clases operan principalmente mediante conexiones impersonales a gran
escala. Por ejemplo, una de las bases fundamentales de las diferencias de clase se halla en las desigualdades de
salario y de condiciones de trabajo que afectan a todas las personas de una categoría ocupacional específica, como
resultado de las circunstancias económicas derivadas del conjunto de la economía como totalidad. Uno de los
corolarios de este sistema es que existen derechos universales que no dependen de la posición social de los
individuos: en principio, la igualdad ante la ley es central.
¿Qué es la igualdad de oportunidades?

El resultado final de la vida de una persona, en sus muchas dimensiones, debe reflejar principalmente los esfuerzos y
talentos de esa persona, no sus antecedentes de nacimiento. Las circunstancias predeterminadas –género, raza,
lugar de nacimiento, orígenes familiares– y el grupo social en el que nazca la persona, no deben contribuir a
determinar si ella ha de tener éxito económica, social y políticamente. (…) El principio de igualdad de oportunidades
es conceptualmente simple: las circunstancias en el momento del nacimiento no deben tener ningún peso en las
oportunidades que una persona tenga en la vida. (…) Las desigualdades como tales podrían no ser una gran
preocupación si los resultados finales variaran por razones que tuvieran que ver principalmente con los esfuerzos
individuales. (Ferreira et al., 2006, p. 13 y 20)

La ideología como justificación de los sistemas de estratificación


Una de las razones para el mantenimiento y la reproducción de las desigualdades sociales es la ideología.

Ideología: definida como un conjunto de creencias culturales que sirven para justificar la estratificación social, entre
otras cosas. Las creencias que refuerzan la dominación de una minoría privilegiada sobre la mayoría de la población
son ideologías.

Según Wright (2005)


existen básicamente tres perspectivas para analizar la desigualdad en las sociedades capitalistas:
a) La perspectiva centrada en el individuo. Bajo este enfoque, la posición económica del individuo es analizada como
el resultado del nivel de éxito personal (algo que es un fenómeno puramente individual). Este “éxito” de los
individuos está determinado por factores como: educación, trasfondo familiar, motivaciones, conexiones personales
(capital social). Así, la persona que es pobre lo es porque ha tenido un déficit en los atributos relevantes, mientras
que la persona que es rica ha tenido ventajas en los mismos atributos. Lo importante es destacar que en este tipo de
explicación no hay relaciones sociales entre una y otra persona como factor explicativo. Los grados de desigualdad
están definidos en función de la inequidad de estos atributos; es decir, podemos entender la posición de los
individuos en el espacio social analizando su “trayectorias” (y estas son puramente individuales).
b) y c) El análisis de clases a partir de otras dos tradiciones: weberiana y marxista1 , adopta, en cambio, una versión
diferente para entender la desigualdad social. En vez de analizar y focalizar la atención sobre el proceso por el cual
los individuos están ordenados en posiciones, el análisis de clases analiza las relaciones entre las posiciones. Es decir,
ambas tradiciones tienen en cuenta los patrones de desigualdad como resultado de conexiones causales entre las
posiciones. En el análisis marxista la relación de interdependencia es pensada también en términos de explotación
como un mecanismo causal que genera desigualdad
En el primer caso –perspectiva centrada en el individuo- estamos hablando de enfoques gradacionales (como el de la
vulnerabilidad o algunos enfoques de clases sociales), y en el segundo –enfoque marxista y weberiano-, de
perspectivas relacionales (Gómez, 2009).
3.2 Enfoques clásicos para el estudio de la estratificación social y de las clases sociales.

El análisis propuesto por el funcionalismo

Una de las perspectivas gradacionales tradicionales es la perspectiva del funcionalismo. Dentro del funcionalismo se
entiende que la desigualdad social juega un papel crucial para el correcto funcionamiento de las sociedades.

En una de las explicaciones clásicas de la desigualdad social, Davis y Moore (1942; 1945)
postulan que la estratificación social tiene resultados positivos para la sociedad en su conjunto y se preguntan:
¿cómo explicar que en todas las sociedades que conocemos existan desigualdades? ¿Por qué la desigualdad es un
fenómeno universal? La respuesta que dan estos sociólogos es que en toda sociedad compleja o moderna existe la
división del trabajo, y que esta implica que hay una gran variedad de ocupaciones diferentes que requieren
habilidades y niveles de preparación distintos (ciertos trabajos son más simples y otros son más complejos;
pensemos, por ejemplo, en un abogado o en una persona que realiza tareas de limpieza). Para Davis y Moore, hay
una división social del trabajo, y esta es una “necesidad funcional” para el correcto funcionamiento de la sociedad.

Laurin-Frenette (1976), esta perspectiva postula que la estratificación se define como un sistema de desigualdades o
de diferencias de prestigio y de estimación entre los miembros de un sistema social. Esas diferencias en el prestigio a
los diversos individuos, corresponden a las diferencias entre las posiciones que éstos ocupan en la estructura social.
Toda sociedad debe asegurarse de que las tareas y funciones necesarias para su supervivencia y su buen
funcionamiento sean adecuadamente cubiertas, es decir, que las funciones sociales: a) sean ejercidas; b) que sean
ejercidas por los que se encuentran en condiciones de hacerlo; y c) que éstos las cumplan del mejor modo posible.

El sistema de distribución de las recompensas forma parte del sistema social (sociedad): las recompensas que tienen
los individuos están vinculadas a las diferentes posiciones que ocupan en relación a títulos, requisitos previos, y
privilegios necesarios para el cumplimiento de las tareas correspondientes a esa posición. Esto está en
correspondencia con la satisfacción y la motivación del individuo que ocupa dicha posición

Las recompensas que percibe el individuo en cada posición son de tres tipos:
a) las que contribuyen al confort y al bienestar del individuo;
b) las que contribuyen a su placer y a su entretenimiento;
c) las que acrecientan el respeto y la estima que tiene de sí mismo.

Todas las recompensas son manifestaciones de estima y de prestigio porque son concedidas al individuo por la
colectividad como reconocimiento por la contribución que realiza, a través de la posición que ocupa, a la
supervivencia y al funcionamiento del sistema social.

Análisis de clase

El análisis de clases se basa en una concepción relacional de la sociedad. Este tipo de análisis se inspira en los
trabajos de Karl Marx y Max Weber. En un artículo clásico, Emirbayer (1997) postula que los sociólogos enfrentan un
dilema central: concebir el mundo social conformado por sustancias o por procesos, por cosas estáticas o por
relaciones dinámicas. Los enfoques marxista y weberiano de las clases sociales son perspectivas relacionales porque
conciben al mundo social como conformado por procesos y relaciones entre las clases sociales.
En esta introducción consideraremos a la clase social como una manifestación de la Modernidad; es decir, que
constituye una característica de los sistemas modernos de estratificación, de las sociedades industriales, en
contraposición a estructuras tradicionales de desigualdad (caracterizadas por la adscripción o el orden “natural”).
Según Marx, existen principalmente dos clases que se pueden diferenciar en función de la posición que ocupan en la
esfera económica: la de los propietarios de los medios de producción y la de los trabajadores (proletarios).
El análisis de clases inspirado en Marx

Los conceptos de clases sociales, relaciones de clase o luchas de clases son centrales en la obra de Marx y podemos
decir que son claves para gran parte del marxismo como cuerpo de pensamiento. Sin embargo, y paradójicamente,
Marx murió justo antes de redactar el capítulo dedicado a las clases sociales en su obra culmine El Capital2 (1867).
Como señalan Duek e Inda (2007), a pesar de que los conceptos de clase social y lucha de clase son centrales en la
teoría de Marx, él no los formuló con la misma sistematicidad que se ocupó de otros temas. Por esta razón, el
concepto de clase social en Marx debe reconstruirse a partir del conjunto de su obra.

Duek e Inda (2007)


acertadamente apuntan que desde la antigüedad hasta el siglo XIX diversos pensadores hablaban de la existencia de
clases y las describían; veían que la sociedad se dividía siempre en ricos y pobres, en nobles y plebeyos, en libres y no
libres, pero no podían explicarse las causas de esta desigualdad. El aporte decisivo de Marx, por lo tanto, no fue
descubrir la existencia de las clases, sino proporcionar una explicación científica de la estructura y dinámica de las
clases sociales.

Giddens (1994, 2010) el argumento de Marx es que la clase es un grupo de personas que tienen una relación común
con los medios de producción. Si pensamos en términos históricos, antes de la aparición de la industria moderna los
medios de producción consistían primordialmente en la tierra y los instrumentos que servían para cultivarla o para
cuidar el ganado. Por lo tanto, en estas sociedades preindustriales las dos clases fundamentales eran: por un lado,
quienes poseían la tierra (los aristócratas, la nobleza y los dueños de los esclavos) y, por otro lado, lo que se
dedicaban a hacerla producir (los siervos, los esclavos y los campesinos libres). En las sociedades industriales
modernas, las fábricas, las oficinas y la maquinaria, así como la riqueza o el capital necesarios para obtenerlas, se
hicieron más importantes. Entonces, las dos clases principales son la de quienes poseen estos nuevos medios de
producción (los industriales o los capitalistas) y la de aquéllos que se ganan la vida vendiéndoles su fuerza de trabajo
(la clase obrera o, en términos de Marx, el “proletariado”).

Según Marx, entonces, las clases sociales están determinadas por el proceso de producción. Esto
quiere decir que las dos grandes clases fundamentales están fundadas en las relaciones de los
individuos con los medios de producción:
1) los propietarios de los medios de producción (burgueses)
2) Y aquellos individuos que tienen que vender su fuerza de trabajo para subsistir (proletarios).
Esta estructura profunda de la desigualdad es lo que explica gran parte de la dinámica social.
Al tratarse de una perspectiva relacional se asume que existen relaciones entre las clases sociales y que
éstas son de explotación.

Siguiendo con el argumento propuesto por el sociólogo inglés Giddens (2010), en todos los momentos históricos
existieron relaciones de clase y de explotación. En las sociedades feudales la explotación tomó la forma de una
transferencia directa y simple desde lo que producía el campesinado hacia la aristocracia. Es decir, los siervos
estaban obligados a dar una cierta parte de su producción al señor feudal o tenían que trabajar un determinado
número de días al mes en las tierras de éste. En las sociedades capitalistas modernas, en cambio, la explotación es
más sutil
El argumento clásico de Marx es que en un día de trabajo de los trabajadores producen más de lo que el empresario
necesita para recuperar el salario que les paga. Ese excedente es el origen de las ganancias que los capitalistas
utilizan para aumentar su beneficio.

Según Marx, está sometido a la mecanización y a la opresión; un ejemplo clásico de esto es el del operario que tiene
que realizar durante muchas horas la misma tarea rutinaria.
Debemos recordar en este punto que Marx escribió en la época de los comienzos del capitalismo.

Burgueses y proletarios

Desde el principio de la historia, nos encontramos siempre la sociedad dividida en estamentos, dentro de cada uno
de los cuales hay a su vez, una nueva jerarquía social con grados y posiciones. En la Roma antigua eran los patricios,
los équites, los plebeyos, los esclavos.

En la edad media eran los señores feudales, los vasallos, los maestros, los oficiales de los gremios, los siervos de la
gleba. Y dentro de cada una de estas clases, nos encontramos también con matices internos. La moderna sociedad
burguesa, que ha surgido de las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha
hecho, sólo ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha; que han
venido a sustituir a las antiguas.

Nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy y
cada vez más abiertamente, toda la sociedad tiende a separarse, en dos grandes grupos enemigos, en dos grandes
clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.

Ahora bien, podemos preguntarnos ¿por qué no ha habido una revolución proletaria en las sociedades
capitalistas? De hecho, el sistema capitalista sigue en pie. Para responder a este interrogante, se pueden
argumentar al menos los siguientes fenómenos (Macionis & Plumer, 2007):

1) La fragmentación de la clase capitalista: hace un siglo las propiedades eran solo de unas pocas familias, mientras
que ahora existe el crecimiento de una mayor cantidad de propietarios, como así también el crecimiento de una
clase gerencial.
2) Trabajadores de cuello blanco, azul y rosa: la mayor parte de las personas que constituían la clase obrera cuando
Marx escribió eran trabajadores del campo, cuyas ocupaciones eran bajo prestigio y solo requerían el uso de
habilidades manuales. Hoy, en cambio, existen empleos de mayor prestigio que requieren el desempeño de
habilidades mentales. En algunos países (como Estados Unidos, por ejemplo) un trabajador de “cuello blanco” es una
persona que se dedica a actividades profesionales, gerenciales o administrativas; generalmente, éstas se realizan en
oficinas. El trabajador de “cuello azul”, por otra parte, es una persona de clase trabajadora que se encarga de tareas
manuales, como por ejemplo: la minería, saneamiento, trabajo de custodios, campo petrolífero, construcción,
mecánica, mantenimiento, almacenamiento y otros tipos de trabajos fundamentalmente físicos. Finalmente, los
trabajadores de “cuello rosa” son caracterizados por la interacción con clientes, entretenimiento, ventas u otros
trabajos orientados a servicios.
3) Mejora en las relaciones laborales: se puede argumentar que en la actualidad los trabajadores tienen más
recursos organizativos en relación a los que tenían hace un siglo. Para determinados autores, es la propia clase
obrera la que tiene una capacidad de acción que le permite provocar cambios en el sistema capitalista, de manera
independiente del Estado y los partidos políticos. Uno de los grandes cambios en este plano es el surgimiento de los
sindicatos.
4) Mayor protección legal: desde los tiempos de Marx ha habido una mejora en la legislación que protege a los
trabajadores.

Sin embargo, podemos postular como argumentos a favor de Marx que:

1) la riqueza sigue estando concentrada;


2) las ocupaciones de “cuello blanco” apenas ofrecen mejoras a los trabajadores;
3) el progreso sindical requiere luchas sociales;
4) el sistema legal sigue favoreciendo a la gente de altos ingresos.
Análisis de clase inspirado en Max Weber
Según Max Weber (1864-1920), las divisiones de clases sociales no obedecen sólo a la esfera de la producción
económica, es decir, al control o no de los medios de producción, como postulaba Marx. Para Weber, existen
factores fundamentales fuera y dentro de la economía, como los valores, por ejemplo, que pueden ser relevantes
para explicar la desigualdad social.

Max Weber no creyera que la variable económica era relevante, sino que pensaba en un esquema multicausal de
surgimiento del capitalismo.

Según Giddens (2010), Weber coincide con Marx en que la clase se basa en condiciones económicas objetivas. Sin
embargo, hay dos diferencias fundamentales: en primer lugar, postula que en su formación también son importantes
otros factores económicos, aparte de los reconocidos por Marx. Por ejemplo, para Weber, las divisiones de clase se
derivan no sólo del control o no de los medios de producción, sino también de diferencias que no son estrictamente
económicas. Estas formas de diferenciación son los conocimientos técnicos y las credenciales o las calificaciones que
influyen en el tipo de trabajo que las personas pueden obtener. Es decir, los profesionales y directivos ganan más y
tienen mejores condiciones de trabajo que, por ejemplo, las personas de “cuello azul”; sus credenciales educativas
les otorgan mayor capital en el mercado. A su vez, dentro de la clase de los trabajadores que realizan tareas
manuales, los artesanos calificados pueden asegurarse salarios más altos que los que tienen poca o ninguna
calificación.
En segundo lugar, Weber distingue otros dos aspectos básicos de la estratificación, además de la clase:
Estatus
partido.

Así, para Weber la desigualdad social se produce por la interacción de tres dimensiones:

1) desigualdad económica, denominada como posición de clase (esfera económica);


2) desigualdad en relación al prestigio social (esfera social);
3) desigualdad en relación al poder (esfera política).

A su vez, Weber tiene otra visión de la estratificación: una perspectiva multidimensional de la estratificación (Marx,
por el contrario, pensaba que el poder y el prestigio social se derivaban de la posición económica, por lo que no veía
vio razón para estudiar esas dimensiones por separado).

Status
Según Weber, el status hace referencia a las diferencias que existen entre dos grupos en cuanto a la reputación o
prestigio que les conceden los demás. Es decir, hay grupos que tienen posiciones privilegiadas y que son reconocidos
por su gran prestigio en una determinada sociedad; los médicos son un ejemplo de éstos.
Desde la perspectiva de Duek e Inda (2006), el status representa la distribución del poder social. De acuerdo con
esto, el poder social es el cimiento de la formación de estamentos o grupos de status jerarquizados, así como el
poder económico lo es de la formación de clases. Las divisiones estamentales de la sociedad no tienen que ver con
diferencias económicas, de posición en los mercados de bienes y de trabajo, sino que hacen referencia a diferencias
sociales, es decir, de prestigio, status u honor. Es así, que la distribución del poder social o prestigio en una
comunidad configura un orden estamental.
Giddens (2010), por su parte, señala que aunque la clase está dada de forma objetiva, la posición depende de la
evaluación subjetiva que tengan las personas sobre las diferencias sociales.
Partido
Como señala Giddens (2010), Weber plantea que en las sociedades modernas la formación de partidos es un aspecto
importante del poder y puede influir en la estratificación, con independencia de la clase y de la posición.
El partido define a un grupo de individuos que trabajan conjuntamente porque tienen orígenes, aspiraciones o
intereses comunes. Como señalamos anteriormente, Marx entendía que la clase social explicaba las diferencias de
status y la organización en partidos políticos; Weber, en cambio, argumentaba que ninguno de esos procesos podía
reducirse a las divisiones de clase (aunque claramente se veían influidos por ellas, y a su vez la posición y la
organización de los partidos podían influir en las circunstancias económicas de los individuos y de los grupos,
afectando la clase). De tal modo, Weber observaba que los partidos podían estar basados en preocupaciones que
excedían las diferencias de clase, como los orígenes religiosos o los ideales nacionalistas.
Veamos un ejemplo: una persona que adhiere a la teoría marxista puede explicar en términos de clase los conflictos
entre católicos y protestantes en el norte de Irlanda, puesto que hay más católicos en trabajos de clase obrera que
protestantes. Un weberiano, en cambio, opinaría que tal explicación es ineficaz, porque también hay muchos
protestantes que proceden de la clase trabajadora. Los partidos a los que las personas se afilian son la expresión
tanto de las diferencias religiosas como de las de clase.

Coincidimos con Giddens (2010) en que los escritos de Weber sobre la estratificación son importantes porque,
además de la clase, muestran otras dimensiones del fenómeno que tienen una gran influencia en las vidas de las
personas. Algunos sociólogos sostienen que el esquema de Weber ofrece una base más flexible y compleja para el
análisis de la estratificación que el proporcionado por Marx: entendiendo la desigualdad desde esta perspectiva
multidimensional, ya no es posible hablar de una sociedad polarizada en dos clases sociales.

Ambos esquemas de clase y la explicación funcionalista tienen en la actualidad defensores y detractores, por lo que
el debate continúa. Lo que queremos destacar es que sociólogos contemporáneos sofisticaron sus marcos teóricos y
metodologías para explicar las desigualdades en la sociedad actual. En esa dirección, podemos establecer que hay
perspectivas neomarxistas, neoweberianas y neofuncionalistas

¿Cuál es la relación entre la inteligencia y la desigualdad?


Para seguir pensando, leamos un fragmento de una intervención realizada por Bourdieu en el marco del coloquio
realizado por el Movimiento contra el Racismo y la Amistad entre los Pueblos (MRAP), en 1978, titulado El racismo
de la inteligencia

Quisiera decir, en primer lugar, que hay que tener presente que no hay un racismo, sino racismos: hay tantos racismos como
grupos que tienen la necesidad de justificarse por existir como existen, constituyendo esto la función invariante de los racismos.
Me parece muy importante centrar el análisis en las formas de racismo que son sin duda las más sutiles, las más irreconocibles y,
por tanto, las menos denunciadas, quizá porque los denunciadores habituales del racismo poseen algunas de las propiedades
que inclinan a esta forma de racismo. Me refiero al racismo de la inteligencia. El racismo de la inteligencia es un racismo de clase
dominante que se distingue por una multitud de propiedades de lo que se designa habitualmente como racismo, es decir, el
racismo pequeñoburgués, que constituye el objetivo central de la mayoría de las críticas clásicas del racismo, empezando por las
más vigorosas, como la de Sartre
Este racismo es propio de una clase dominante cuya reproducción depende, en parte, de la transmisión del capital cultural,
capital heredado que tiene la propiedad de ser un capital incorporado y, por tanto, aparentemente natural, innato. El racismo de
la inteligencia es lo que utilizan los dominantes con el fin de producir una «teodicea de su propio privilegio», como dice Weber,
es decir, una justificación del orden social que dominan. Es lo que hace que los dominantes se sientan justificados de existir
como dominantes, que se sientan de una esencia superior. Todo racismo es un esencialismo y el racismo de la inteligencia es la
forma de sociodicea, característica de una clase dominante cuyo poder se basa en parte en la posesión de títulos que, como los
títulos escolares, se consideran garantía de inteligencia y que han suplantado en muchas sociedades, incluso para el acceso a las
posiciones de poder económico, a los antiguos títulos, tales como los títulos de propiedad o los títulos nobiliarios. (Bourdieu,
1978, pp. 67-71).
3.3 Los sistemas mundiales. América Latina en el mundo.

Así como cada país presenta en su interior profundas disparidades sociales, a escala planetaria también existen
desigualdades entre los países.

¿Qué categorías utilizamos para referirnos a las desigualdades a nivel global?, o bien ¿qué indicadores nos sirven
para medir las desigualdades?

El punto de partida de esta sección será reflexionar sobre la situación social y económica de América Latina.

Una inicial categorización de la ubicación de América Latina en el contexto mundial fue la que propuso el economista
francés, Alfred Sauvey, en 1952 (Sauvy, 1952). Según él, el concepto de “tercer mundo” designaba a los países que
no pertenecían a ninguno de los bloques enfrentados en la Guerra Fría: el bloque occidental (Estados Unidos, Europa
Occidental, Japón, Canadá, Corea del Sur, Australia y aliados) pertenecía al primer mundo; el bloque comunista
(Unión Soviética, Europa Oriental, China) pertenecía al segundo mundo. Uno de los rasgos esenciales del segundo
mundo es que eran sociedades con economías de planificación centralizadas, que concedían un papel pequeño a la
propiedad privada o la competencia entre las empresas. La Unión Soviética tenía una forma muy característica de
organización social, política y económica; fundamentalmente, era una comunidad compuesta por diferentes grupos
nacionales y culturas. Rusia era el mayor de ellos y el ruso, el idioma oficial de la unión; sin embargo, también se
hablaban otras muchas lenguas, como letón, alemán, árabe o georgiano (Giddens, 2010).

En ese contexto, América Latina pertenecía al “tercer mundo”. Sin embargo, esta inicial forma de categorizar a los
países actualmente está en desuso porque los países del bloque socialista han desarticulado muchas de las políticas
de aquel momento histórico; además, porque implica un criterio esencialmente político para estratificar a los países.

Otra manera de categorizar es aquella que los divide en “países en vías de desarrollo” y “países desarrollados”,
considerando que los países que se encuentran en vías de desarrollo están de alguna manera en una etapa de
transición desde un estado de subdesarrollo a otro de pleno desarrollo económico; por el contrario, hay ciertos
países que ya han alcanzado niveles plenos y óptimos de desarrollo económico.

El Banco Mundial utiliza una clasificación de los países según los ingresos. Esta clasificación se basa en el ingreso
nacional bruto (INB) per cápita. En base a su INB per cápita, cada economía se clasifica como de ingreso bajo, ingreso
mediano (que se subdivide en mediano bajo y mediano alto) o ingreso alto. También se utilizan otros grupos
analíticos que se basan en regiones geográficas.
¿Qué es el Ingreso Nacional Bruto y el Producto Interno Bruto de un país?
El producto interno bruto es la variable más conocida y utilizada para analizar el desempeño de las economías

Sin embargo, no es la que mejor refleja la cantidad de recursos con que cuentan los residentes de un país para gastar
o destinar a ahorro. Esto es así porque no todos los recursos que se generan internamente permanecen en el país,
sino que parte de ellos se transfiere al exterior por concepto de remuneración de los factores de producción de
propiedad de residentes en el resto del mundo, tales como los pagos de intereses por las deudas contraídas y las
remesas de utilidades de las empresas extranjeras radicadas en el país. De igual modo, los residentes de un país
determinado reciben recursos por concepto de remuneración de los factores radicados en el resto del mundo.

Por este motivo, y desde la perspectiva de las cuentas nacionales, cobra relevancia la diferenciación de los conceptos
de ingreso interno e ingreso nacional. Medido a precios corrientes, el ingreso interno bruto de un país es igual al
producto interno bruto y corresponde a la sumatoria de los ingresos generados en la actividad productiva de los
sectores residentes. Al sumar a este ingreso interno bruto los pagos netos de factores mencionados en el párrafo
anterior, se obtiene el ingreso nacional bruto. Dadas las características de las economías de los países de América
Latina y los montos registrados por concepto de estos pagos, la diferencia entre el comportamiento del ingreso
interno bruto y del ingreso nacional bruto ha sido, en determinados momentos, apreciable.

Adicionalmente, en los últimos años ha ganado importancia en muchos países de América Latina la recepción de
recursos correspondientes a remesas de dinero que los trabajadores emigrantes realizan a sus familias. Estos son
recursos que, aunque se generan en otro país y por lo tanto no están incluidos en el cálculo del PIB, forman parte de
las disponibilidades de los residentes para solventar los gastos en los que deben incurrir, o alternativamente,
destinar al ahorro. Al sumar estos recursos al ingreso nacional se obtiene entonces el ingreso nacional bruto
disponible. Dadas las magnitudes de los montos registrados por concepto de transferencias corrientes netas
recibidas del resto del mundo en los últimos años, la diferencia entre los conceptos de ingreso interno bruto, ingreso
nacional bruto e ingreso nacional bruto disponible adquieren, para algunos países, gran relevancia. (Kacef, 2008, p.
11-12).

¿Lo sabías?
 De los 6.000 millones de personas que viven en el mundo, más de 1.200 millones viven con menos de US$1 por día y
otros 2.000 millones de personas viven apenas un poco mejor.
 Alrededor del 60% de las personas que viven con menos de US$1 por día viven en Asia oriental y en África al sur del
Sahara.
 En los países de ingreso alto, los agricultores -- hombres y mujeres-- constituyen menos del 6% de la fuerza laboral,
mientras que en el conjunto de los países de ingreso bajo y mediano representan casi el 60% de todos los
trabajadores.
 A los países en desarrollo les corresponde casi US$1 de cada US$4 que ganan los países industriales con sus
exportaciones.
La teoría de la modernización y La teoría de la dependencia.
Para analizar la desigualdad a escala global, la sociología (específicamente, la reflexión sociológica latinoamericana)
dio varias explicaciones. En esta sección discutiremos las primeras teorías que intentaron dar cuenta de la situación
de desarrollo, subdesarrollo y desigualdad en la región: la teoría de la modernización y la teoría de la dependencia.

Teorías de la modernización

A partir de la década del cincuenta se produce un cambio en la orientación de la sociología latinoamericana, dando
origen a lo que se denominó la sociología “científica”
La sociología científica
fue un movimiento de renovación contra una situación que en ese momento era percibida como negativa para el
desarrollo de la ciencia social en la región. La crítica apuntaba al supuesto atraso teórico y metodológico en el que se
encontraba la sociología a comienzos de la década de 1940 y la escasa investigación empírica. El blanco de las críticas
de esta corriente fue lo que se consideraba que era “precientífico”, “premoderno” y “presociológico”. Esta primera
etapa en la sociología latinoamericana, caracterizada como de los pensadores, tenía al ensayo como principal medio
de comunicación. Los llamados pensadores, según indicaron Solari, Franco y Jutkowitz (1976), eran los intelectuales
de América Latina que centraron su preocupación en lo social y lo político, y cuyo rasgo central era interpretar la
realidad social para luego transformarla.
La sociología científica tuvo uno de sus mayores exponentes en la teoría de la modernización. Solari y sus
colaboradores (1976) indican que uno de los postulados centrales de la teoría de la modernización es que en la
actualidad la sociedad se encuentra “en transición”, y el proceso de desarrollo económico supone un estado inicial y
un estado final. Por lo tanto, se entiende que culmina con el paso de una sociedad “tradicional” a una “desarrollada”.
El estado final se corresponde empíricamente con el de las sociedades actualmente desarrolladas
La teoría de la modernización
concibe, entonces, al desarrollo como la adopción de pautas de comportamiento, actitudes y valores identificados
con la racionalidad económica moderna, caracterizada por la búsqueda y obtención de la máxima productividad y
ganancia. También identifica los posibles obstáculos que pueden surgir en la plena implantación de la Modernidad, y
define los instrumentos de intervención capaces de resolver y alcanzar los resultados deseados en el sentido de
aproximar a cada sociedad y nación ese modelo teórico de sociedad.
Fuentes (2006) postula que el supuesto fundamental de la teoría de la modernización es la existencia de tipos ideales
(en el sentido weberiano) en extremos de un proceso evolutivo: la transición de la sociedad tradicional hacia la
sociedad moderna. Se presupone que las sociedades avanzan desde un extremo de un continuo hacia otro extremo.
Las sociedades latinoamericanas se encuentran, de acuerdo con esto, subdesarrolladas porque tienen características
tradicionales que les impiden ser plenamente modernas.
Es decir, la sociedad actual es una “sociedad en transición”. El proceso de desarrollo económico supone un estado
inicial y un estado final y los sociólogos que trabajan en esta orientación lo conciben como el tránsito de una
sociedad “tradicional” a una sociedad “desarrollada”. Según Solari y sus colaboradores (1976), inclusive cuando no se
utiliza de manera expresa ningún modelo construido, ninguna tipología, el referente empírico (la sociedad a la cual
deberíamos llegar) son las sociedades más desarrolladas. Esta tipología es claramente dicotómica y los autores
reconocen esta simplificación tan solo con fines analíticos, pero están de acuerdo en que entre los dos extremos, es
decir, en la etapa de transición, cabe distinguir una multiplicidad de formas; aunque, de todos modos, siempre
conduce a ese estado final. Así también, tanto el estado final como el inicial son tipos extremos que asumen, en las
sociedades reales, formas sumamente variadas.
El rasgo fundamental del tipo de sociedad industrial moderna es el que se considera en el concepto de
secularización, el cual designa un proceso compuesto por tres tipos de cambios continuos .
(Solari et al., 1976)

a) cambios de la estructura normativa predominante, en términos de que los individuos se ven cada vez menos
constreñidos a actuar según las formas estrictamente preestablecidas, multiplicándose las situaciones en que
pueden optar lícitamente entre diversas alternativas (es el pasaje de la acción prescriptiva a la electiva);
b) de la institucionalización de lo tradicional se pasa a la institucionalización del cambio, se legitima la innovación,
etcétera;
c) especialización creciente de las instituciones y surgimiento de sistemas valorativos específicos y relativamente
autónomos para cada espera institucional. Así, si en la sociedad tradicional la familia era la institución en el seno de
la cual ocurrían todos los sucesos de la vida de sus miembros (en tanto que además de la relación de parentesco
encontraban allí su lugar de trabajo, por ser una unidad económica, y aprendían y adquirían habilidades para el
desempeño de oficios, etc.), en la sociedad moderna las unidades económico-ocupacionales en las que discurre la
vida laboral de sus miembros se distinguen de la familia y se constituyen de hombres no ligados por lazos de
parentesco, cuya educación se realiza en el marco de las escuelas, etcétera, en donde las actividades económicas,
educacionales y demás se tornan relativamente autónomas.

Es decir, la sociedad industrial moderna se caracteriza por la vigencia creciente de opciones, la constante división y
especialización del trabajo, la aceptación y valoración creciente del cambio y la transformación. En tal marco, la
secularización del conocimiento, la tecnología y la economía conducen al empleo cada vez mayor de fuentes
energéticas de alto potencial y a la maximización de la eficiencia en la producción de bienes y servicios.
La ideas de Whalt Rostow, economista estadounidense, sintetizan los postulados de la teoría de la modernización.
Según indica Valencia (2005), fue Rostow quien mejor expresó esta teoría del desarrollo, la cual dominó el
pensamiento de las décadas de los cincuenta y sesenta.

Sintetizamos las ideas de Rostow en función de los trabajos de Preston (1999) y Valencia (2005):

1) La situación inicial es la sociedad tradicional. La característica de esta sociedad es la de una estructura con
funciones de producción limitadas y con un desarrollo científico también rudimentario. Esto no significa que la
sociedad tradicional fuese totalmente estática. Sin embargo, la falta de ciencia y tecnología modernas puso límites a
su modo de organización. Rostow caracteriza esta sociedad tradicional en función de su base agrícola, su forma de
gobierno basada en el clan y la mentalidad fatalista.

2) La segunda etapa del proceso, siguiendo con el argumento esbozado en el trabajo de Preston (1999), tiene que
establecer condiciones previas para el despegue hacia el crecimiento autosostenido. El ejemplo que se da es Europa
Occidental a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, cuando la sociedad medieval se desintegra, la ciencia moderna
crece y el comercio se desarrolla. En tal período histórico comienza el proceso de rehacer la sociedad tradicional.

3) La tercera etapa se vuelve “normal”. Rostow, sostiene que el despegue implica la superación de los viejos bloques
y resistencias al crecimiento. Hay enclaves limitados de actividad moderna que finalmente se expanden y llegan a
dominar el conjunto de la sociedad. En una década o dos la estructura básica de la economía se transforma de tal
manera que hay una tasa constante de crecimiento que puede ser sostenida regularmente. El impulso inicial se
deriva del avance tecnológico y de la formación del capital social fijo. El país que ejemplifica este proceso de
despegue es la Inglaterra de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Para Valencia (2005), el despegue de algunos
países de América Latina como Brasil, México, Chile o Argentina puede situarse es este período, porque coinciden (a
grosso modo) con el proceso de industrialización por sustitución de importaciones que dejó atrás a la vieja economía
primarioexportadora. Aunque no la desmanteló, sino que la refuncionalizó en el contexto de la expansión del
capitalismo.
4) En la cuarta etapa hay un período largo de progreso y, como consecuencia de esto, las industrias avanzan,
maduran y se estabilizan; sucede una etapa de buen ajuste a los mecanismos sociales e institucionales: con el tiempo
se establecen una economía y una sociedad maduras que se basan en la absorción de nuevas tecnologías generadas
internamente. Se pasa de una situación donde una proporción del ingreso nacional se invertía en importaciones a
una inversión y la sustitución de las mismas. Esto permite la producción masiva de mercancías destinadas a la
exportación a otros países.
5) La quinta etapa, es el período de consumo masivo; los sectores principales se apartan de las industrias pesadas
hacia el abastecimiento de bienes de consumo duraderos y servicios en el mercado de consumo. La sociedad ha
efectuado el tan buscado cambio hacia una modernización

Si bien en este momento histórico hay diferentes teorías del desarrollo, según Valencia (2005) el denominador
común puede sintetizarse en dos postulados que influirán las ciencias sociales hasta nuestros días; sobre todo, en la
metodología para comparar sociedades industriales desarrolladas y sociedades subdesarrolladas y dependientes. Los
puntos en común son los siguientes:

a) El subdesarrollo es una etapa previa y necesaria para alcanzar un capitalismo pleno. El corolario de esta tesis es
que hay un continuum en un proceso lineal de desarrollo, donde es necesario reunir condiciones de la primera etapa
para poder alcanzar la plenitud.
b) La segunda tesis es de orden metodológico. Se expresa en un conjunto de parámetros formales para medir el
subdesarrollo, se utilizan índices como: alfabetización, nutrición, natalidad y mortalidad, ingreso per cápita, niveles
de pobreza. Estos indicadores expresan el nivel en el que se encuentra una sociedad en relación al continuum
evolutivo.

¿Qué es un ensayo en esta discusión?

El ensayo no es un artículo o un libro científico que intenta dar pruebas concluyentes de una hipótesis para, de ese
modo, confirmarla más allá de toda duda: pretende, ante todo, persuadir de la verdad de una idea, desarrollándola,
mostrando implicaciones y conexiones que en los mejores exponentes del género son novedosas, reclaman una
nueva manera de ver al mundo y, sobre todo, al hombre, que en definitiva es el gran tema de todo ensayo. En las
circunstancias que enfrentaron los pensadores latinoamericanos, es decir, ante la necesidad de levantar un
pensamiento sobre sus sociedades globalmente consideradas y hacer de él una base para su transformación, los
andamiajes que proporcionaban las ciencias humanas de la época eran tan necesarios como partos para la
naturaleza y magnitud de la tarea. De ahí que el ensayo fuera la salida casi impuesta para cumplirla cabalmente.
(Solari et al., 1976, p 27).

¿Quién fue Gino Germani?

Gino Germani nació en Roma en 1911. Tras haber estado preso en Italia bajo el régimen fascista de Mussolini, en
1934 se radicó en Argentina, donde estudió filosofía y desarrolló una actividad política comprometida con la lucha
contra el fascismo. A partir de 1956 se desempeñó como docente en la Universidad de Buenos Aires en materias
relacionadas con la sociología, y en 1967 fue designado como Director del Instituto y la Carrera de Sociología, creada
ese mismo año. Desde allí, Germani fundó en el país una línea de estudios alrededor de temas que no habían sido
abordados hasta el momento; entre otros tópicos se ocupó de analizar la estructura social, los procesos de
modernización y secularización y la vida política de la sociedad moderna; haciendo de su trabajo un aporte teórico y
metodológico de singular riqueza. En 1966, tras el golpe de Estado, deja el país para ser profesor de Estudios
latinoamericanos en Harvard; en 1975 se traslada a Italia para trabajar en la Universidad de Nápoles y muere pocos
años más tarde en Roma, en 1979
Teoría de la dependencia
Como señala Theotonio dos Santos (1998) –uno de los fundadores–,
esta teoría surgió en América Latina en los años '60 para explicar las nuevas características del desarrollo
dependiente de la región. Esta perspectiva analítica es una crítica al marco interpretativo de los anteriores modelos
explicativos, como la teoría de la modernización, que ponían énfasis en un supuesto subdesarrollo de las sociedades
latinoamericanas. Si bien aquí hacemos referencia a la teoría de la dependencia como un cuerpo coherente de
análisis, en realidad se trata más bien de un conjunto de autores con ideas que muchas veces no estarían de
acuerdo. Bajo este contexto es más adecuado hablar de teorías de la dependencia en plural y no en singular.

Es importante enfatizar, como lo hace Boron (2008),


que la teoría de la dependencia nace en América Latina, a pesar de que existen algunas contribuciones aisladas en la
obra del economista egipcio Samir Amin. Estas voces críticas a la orientación científica propiciaron un armazón
explicativo alternativo. Exponemos los principales argumentos.

Debemos ubicarnos temporalmente, según Osorio (1995),


en la segunda mitad de los años sesenta y los inicios de los setenta, donde la reflexión sociológica latinoamericana
estuvo relacionada fuertemente con la problemática de la dependencia y la incorporación de esta categoría fue uno
de los elementos centrales de las ciencias sociales de aquellos años. Uno de los grandes desafíos que enfrentó la
sociología de la época fue explicar la situación en la que se encontraba América Latina. El contexto socio político
caracterizado por hechos como el Mayo Francés de 1968, el Cordobazo en 1969, y diferentes eventos culturales de
radicalización política, tuvo profundos impactos en el campo de las ciencias sociales en general y la sociología en
particular.

Para Osorio (1995), hay dos grandes procesos que marcaron la historia y el curso de las ciencias sociales
latinoamericanas en los años sesenta y que fueron la base de la teoría que nos ocupa.
El primero de ellos fue la Revolución Cubana, que constituyó uno de los principales parámetros en las definiciones
teóricas y políticas del continente en la época. Este proceso, puso en jaque gran parte de las interpretaciones del
marxismo clásico para entender la realidad latinoamericana y obligó a repensar los modelos explicativos.
El segundo factor, que incide en el surgimiento de esta teoría es la creciente integración del proceso productivo de
las economías de América Latina con el capital extranjero, en los años cincuenta y sesenta. Nosotros podemos
agregar un tercer evento de importancia: en la década del sesenta culminan los procesos de descolonización de
algunos países de África y Asia
Para dos Santos (1998)
Ees la crisis del colonialismo (iniciada en la I Guerra Mundial y acentuada después de la terminación de la II Guerra
Mundial) la que pondrá en discusión algunos de los supuestos de la evolución histórica. Por ejemplo, la derrota nazi
llevó a rechazar la idea de una supuesta excepcionalidad europea y la superioridad racial. La idea de que la
modernidad debería ser tratada como un fenómeno universal, como un estadio social que todos los pueblos
deberían alcanzar, ya que es el desarrollo pleno de una sociedad democrática (que los países victoriosos
identificaban con el liberalismo norteamericano e inglés y por otra parte con el socialismo ruso), entra en crisis.

Es en este contexto que surge un campo de producción intelectual dedicado al análisis de estos temas, con el título
general de teoría del desarrollo, donde la característica central fue la de pensar el desarrollo como una adopción de
normas de conducta, actitudes y valores identificados con la racionalidad económica moderna, caracterizada por la
búsqueda de la productividad máxima, la generación de ganancias y la creación de inversiones que llevasen a la
acumulación permanente de las riquezas por parte de los individuos y de cada sociedad nacional.

Como vimos en el módulo inicial, ya los padres fundadores de la sociología, Karl Marx, Emile Durkheim y Max Weber,
establecieron teorías, en algunos aspectos convergentes y en otros contradictorios, sobre esta sociedad moderna

Dos Santos (1998) señala que la teoría del desarrollo (la que estuvo vinculada a la teoría de la modernización) buscó
localizar los obstáculos a la plena implantación de la modernidad y definir los instrumentos de intervención capaces
de facilitar el alcance de los resultados deseados, en el sentido de aproximar cada sociedad existente a esta sociedad
ideal. Por más que estas construcciones teóricas pretendían ser construcciones neutras, en término de valores, era
imposible ocultar la evidencia de que se consideraba a la sociedad moderna (la cual había nacido en Europa y se
afirmaba en los Estados Unidos de América) como un ideal a alcanzar y una meta socio-política a conquistar.
También resultaba más o menos evidente la aceptación tácita de que la instalación de esta sociedad era una
necesidad histórica incontestable. Como vimos, estas teorías fueron sintetizadas por los planteos de Rostow que
analizamos en la sección precedente

Solari y sus colaboradores (1976)


señalan que este enfoque latinoamericano, conocido como teoría de la dependencia, postula:
a) una integración de las ciencias sociales y la historia;
b) el desarrollo es concebido de una manera muy diferente;
c) considerar como elemento esencial de la explicación la inserción de las sociedades latinoamericanas en el sistema
capitalista mundial;
d) considerar el problema político y el papel del Estado;
e) identificar las situaciones estructurales básicas y las formas en que se sucedieron en América Latina.

El punto fundamental de la explicación es analizar la inserción de las sociedades latinoamericanas en el sistema


capitalista mundial. Es decir, no existen grados de desarrollo: lo que encontramos son pautas históricas de
explotación de unos países sobre otros y un sistema económico mundial interconectado y desigual.

Como señala Dos Santos (1998) La teoría de la dependencia,


que surgió en América Latina en los años '60, intentó explicar las nuevas características del desarrollo dependiente
que se habían implantado en los países latinoamericanos. Desde la década del '30, los países se habían orientado en
la dirección de la industrialización, caracterizada por la sustitución de productos industriales importados de las
potencias por los producidos en industrias nacionales. De inmediato, terminado el ciclo depresivo (caracterizado por
dos guerras mundiales, una crisis global y la exacerbación del proteccionismo y el nacionalismo), se restablecía a
través de la hegemonía norteamericana la integración de la economía mundial. El capital, concentrado en aquel
momento en los Estados Unidos, se expandió hacia el resto del mundo en busca de oportunidades de inversiones
que se concentraron en el sector industrial. En estos años de crisis, la economía norteamericana generalizó el
fordismo como régimen de producción y circulación, y dio inicio, incluso, a la revolución científico-tecnológica en los
años 1940. La oportunidad de un nuevo ciclo expansivo de la economía mundial exigía la expansión de estas
características económicas a nivel planetario. Esta fue la tarea que el capital internacional asumió, teniendo como
base de operación la enorme economía norteamericana y su poderoso Estado nacional, además de un sistema de
instituciones internacionales establecido en Bretton Woods

Implantada de manera elemental en los años '30 y '40, la industria en los países dependientes y coloniales sirvió de
base para el nuevo desarrollo industrial de posguerra y terminó articulándose con el movimiento expansivo del
capital internacional, cuyo núcleo estaba formado por las empresas multinacionales creadas entre los años '40 al '60.
Esta nueva realidad respondía a la noción de que el subdesarrollo significaba la falta de desarrollo. Este fue el
contexto para comprender dos caras de un mismo proceso: la plena implementación del desarrollo del capitalismo y
de un sistema mundial de producción producía de manera simultánea los hechos que se estaban estudiando:
desarrollo y subdesarrollo.

Finalmente, dos Santos (1998) señala el punto central de su argumentación. Para el autor, si la teoría del desarrollo y
del subdesarrollo eran el resultado de la superación del dominio colonial y de la aparición de burguesías locales,
deseosas de encontrar un camino que les permitiera participar en la expansión del capitalismo mundial, la teoría de
la dependencia, surgida en la segunda mitad de la década de 1960, representó un esfuerzo crítico para comprender
la limitación de un desarrollo iniciado en un período histórico en que la economía mundial ya había sido constituida
bajo la hegemonía de enormes grupos económicos y poderosas fuerzas imperialistas, aún cuando una parte de éstas
entraba en crisis abriendo la oportunidad para el desarrollo del proceso de descolonización

Hasta aquí, podemos ver las profundas disparidades que existen entre el paradigma de la modernización y el de la
dependencia. Debemos citar, también, dos importantes antecedentes de la teoría de la dependencia (Dos Santos,
1998):
a) El surgimiento de una tradición crítica al euro-centrismo, implícito en la teoría del desarrollo. Se deben incluir, en
este caso, las críticas nacionalistas al imperialismo euro-norteamericano y la crítica a la economía neoclásica de Raúl
Prebisch y de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina).
b) El debate latinoamericano sobre el subdesarrollo, que tiene como primer antecedente el debate entre el
marxismo clásico y el neo-marxismo, en el cual se destacan las figuras de Paul Baran y Paul Sweezy.

Así, las ideas centrales de la teoría de la dependencia son (Dos Santos, 1998):

1) el subdesarrollo está conectado de manera estrecha con la expansión de los países industrializados;
2) el desarrollo y el subdesarrollo son aspectos diferentes del mismo proceso universal;
3) el subdesarrollo no puede ser considerado como la condición primera para un proceso evolucionista;
4) la dependencia, con todo, no es solamente un fenómeno externo, sino que se manifiesta también en diferentes
formas en la estructura interna (social, ideológica y política).

Una de las características de esta nueva teoría fue la interdisciplina, inspirada de alguna manera en una extensa
tradición intelectual latinoamericana de pensadores que tuvieron al ensayo como principal medio de comunicación.
Estas originales propuestas metodológicas superaban las aplicaciones de teorías, metodologías o propuestas
científicas importadas de los países centrales y comenzaron a abrir un campo teórico propio, con metodología propia
y una identidad específica.
Sintetizamos los puntos que debe tener la teoría de la dependencia en la actualizad, como
escuela de pensamiento que busque interpretar, ahora, la realidad social latinoamericana:

1. La teoría social se debe desprender de su extrema especialización y retomar la tradición de las grandes teorías
explicativas con el objetivo de reordenar el sistema de interpretación del mundo contemporáneo.

2. Esta reinterpretación debe superar, sobre todo, la idea de que el modo de producción capitalista, surgido en
Europa en el siglo XVIII, es la referencia fundamental de una nueva sociedad mundial. Este fenómeno debe ser visto
como un episodio localizado, parte de un proceso histórico más global que envuelve la integración del conjunto de
las experiencias civilizadoras en una nueva civilización planetaria, pluralista y no exclusivista, basada en la no
subordinación del mundo a ninguna sociedad determinada.

3. La formación y evolución del sistema mundial capitalista debe orientar el análisis de las experiencias nacionales,
regionales y locales, buscando rescatar las dinámicas históricas específicas como parte de un esfuerzo conjunto de la
humanidad por superar la forma explotadora, expropiatoria, concentradora y excluyente en que este sistema
evolucionó.

4. El análisis de este proceso histórico debe rescatar su forma cíclica, procurando situar los aspectos acumulativos en
el interior de sus límites, establecidos por la evolución de las fuerzas productivas, y las relaciones sociales de
producción, la justificación ideológica de estas relaciones y los límites del conocimiento humano.

5. En este sentido, la evolución de la ciencia social debe ser entendida como parte de un proceso más global de la
relación del hombre con la naturaleza: la suya propia, la inmediata, la ambiental y el cosmos, solo aparentemente
ausente de la dinámica de la humanización. Esto es, ella debe ser entendida como un momento de un proceso más
amplio de desarrollo de la subjetividad humana, compuesta de individuos y pueblos que están construyendo el
futuro siempre abierto de estas relaciones. (Dos Santos, 1998, p. 19).
ESTRATIFICACION SOCIAL (video conceptual)

Todas las sociedades tienen en su interior sistemas por los cuales jerarquizan o clasifican algunos a grupos enteros
de personas . A este fenómeno se lo conoce como ESTRATIFACACION SOCIAL.

Dos dimensiones:
1)En la parte material, la estructura divide quienes tienen ventajas materiales (poder, dinero, prestigio)
2) La dimensión simbolica que le brinda legitimidad al sistema y refuerza esas practicas

SISTEMAS DE CASTAS.

Es una forma mas extremas de estratificación social. A pesar de ser abalido hace mas de 70 años, el proceso de
socialización ha sido tan fuerte que van a pasar años hasta que no queden vestigios.

PIramides de los más y menos favorecidos:

- Brahmins: Claro, la iglesia (Gopzaba de todos los beneficios: riqueza, prestigio y poder)
- Kshatriyas: Guerreros y gobernantes
- Vaisyas: : Comerciantes, oficiales, profesionales, terratenientes de menos cargo
- Sudras: Clases de trabajadores en gral, campesinos, artesanos.
- Pariah: “Los intocables” o “Hijos de Dios” Pobres extremos. (Considerados impuros, no tenían permitidos
mezclarse con otras castas)

DESIGUALDAD SOCIAL.