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UNIVERSIDAD LINDA VISTA

SILABO DE LA CLASE DE

TEOLOGIA CATOLICA

2017

Luis Iván Martínez Toledo, PhD

TABLA DE CONTENIDO

FUNDAMENTOS HISTÓRICOS

1

Introducción

1

Cómo la iglesia cristiana llegó a ser católica

1

Factor 1: Su empresa misionera mundial

1

Factor 2: La

2

Factor 3: Unificación Doctrinal

3

Factor 4: Modus Vivendi (Compromiso con el Estado)

3

Como la iglesia católica llegó a ser romana

4

Aumento de la influencia de Roma

4

Cisma de Oriente

5

Clímax del poder romano

5

El papado como institución

5

Surgimiento

5

Pretensiones del Papa

6

Dos gigantes católicos

7

Agustin de Hipona

7

Tomás de Aquino

9

TEOLOGIA

10

Tipos de doctrina según la iglesia católica

10

Sacramentos

11

Noción de sacramento

11

La eficiencia objetiva de los sacramentos

12

Institución de los sacramentos

12

Los siete Sacramentos

13

Los

17

Las indulgencias

17

Noción de Indulgencia

17

Esencia de las Indulgencias

17

Clasificación de las indulgencias

17

Condiciones para conceder y ganar indulgencias

18

El celibato

18

El sistema monástico

18

Pecado y gracia

19

Mariología

20

i

Excelencia de María

20

Efectos

20

Relación con otros tratados de teología

21

Revelación divina y tradición

21

Más sobre la tradición

22

Tésis Católica

22

Divisiones de la Tradición

22

Órganos de la Tradición

23

La infalibilidad papal

23

Concepto de infalibilidad

23

Pedro

25

Eclesiología

26

26

Tesis importantes acerca de la iglesia

26

El Rosario

27

Otras instituciones y organismos de la Iglesia Católica

29

La Inquisición

29

Órdenes religiosas

30

Clasificación

30

Jesuitas

31

El Opus Dei

31

APENDICE

34

POR QUE EL BAUTISMO DE INFANTES NO ES BIBLICO

34

Comentario Bíblico Adventista

39

Comentario sobre Juan 20:23

39

Comentario sobre Mateo 16:19. Las llaves

39

ii

FUNDAMENTOS HISTÓRICOS

Introducción

Hay aproximadamente mil millones de creyentes Católicos en el mundo. Son muy adaptables a la educación, la cultura y el medio del país donde existe. Los católicos sostienen ser: “una santa iglesia católica apostólica romana”. Una” habla de unidad en la doctrina y en las normas que la rigen. Además se enfatiza con esto la identidad, o sea diferente a las demás religiones y del mundo en visión y estilo de vida, y con un mensaje y mandato diferente del mundo. “Santa” porque enfatiza la santidad en la vida de cada uno de los creyentes. “Católica” porque la iglesia es universal ("católico" significa “mundial”), porque está en todo el mundo. “Apostólica” porque el mensaje de la iglesia está basado en la enseñanza de los apóstoles y de los profetas, o sea en las Escrituras, y conlleva la autoridad de la sucesión apostólica. “Romana” porque su organización y estructura tienen su sede en Roma y de allí se derivan todas las directrices de la iglesia (Haciendo contraste con la Iglesia Católica de Oriente). La verdad es que hay muchas otras iglesias cristianas que cumplen también las primeras cuatro características, lo que la hace diferente, en realidad, es que pretende tener autoridad suprema transmitida por sucesión. Lo que hace del dirigente actual “el último apóstol”; y que es romana”. Si deja estas dos características, deja de ser lo que es la iglesia católica. Sin embargo, para muchos Adventistas del Séptimo Día, los católicos son agentes de Satanás en la tierra. ¿Qué es el Catolicismo Romano? ¿En qué creen?

Cómo la iglesia cristiana llegó a ser católica

Factor 1: Su empresa misionera mundial

La Iglesia primitiva, tenía un ímpetu misionero muy fuerte. Jesús mandó ir por todo el mundo y predicar (Mat 28:19, 20); dijo: “tengo otras ovejas" que no están en el redil (Sn. Juan 10:16). Era una misión que debía llegar "los confines del mundo” (Hech

1:8).

El día de Pentecostés (Hechos 2) fue una muestra de lo que Dios quería de su iglesia: que llevara el evangelio a todas las naciones del planeta. (El término "católico" fue usado primeramente por Ignacio (100 a.C.) en su carta a Esmirna. Para el 300 d.C. había solamente algunos centros de cristianismo en el

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Imperio Romano: Alejandría (África), Antioquia (Siria), Éfeso (Asia Menor), Roma (La capital del imperio). Pero Agustín (430 a.C.) fue el primero en usar el término más justificadamente, pues los "centros", estaban siendo más esparcidos: Cartago, Francia, Constantinopla, Inglaterra, Alemania, y otros.

Factor 2: La organización.

Otro aspecto que provocó que la iglesia primitiva se convirtiera en católica, fue su

liderazgo episcopal. El cristianismo necesitaba para su esparcimiento universal un tipo de liderazgo fuerte, este fue el sistema episcopal. Este sistema se desarrolló en cuatro etapas:

a. La Etapa Apostólica de Gobierno Eclesiástico (33-65 d.C.). La iglesia era

considerada la reunión o asamblea de los salvos, de allí el nombre “Iglesia”, que

literalmente significa: “llamados a salir”. En esta etapa, los apóstoles eran los líderes naturales de la iglesia. Se agregaban al liderazgo los líderes locales de las iglesias, Ancianos (presbyteros) y diáconos (diakonoi). Su función era: predicar, presidir y administrar la iglesia local

b. La Etapa del Colegiado Episcopal (65-100 d.C.). Cuando los apóstoles

murieron, los ancianos y diáconos tomaron las posiciones de liderazgo. La iglesia empleaba los títulos usados por los apóstoles: i) "Epískopos"- obispos (guarda). ii) "Presbyteros"- ancianos. iii) "Diákonos"- diáconos (siervo, ministro). iv) "Poimén"- pastor.

Conforme las iglesias locales fueron creciendo y multiplicándose, se fue

estableciendo un sistema colegial donde los ancianos de las nuevas iglesias se reunían con los ancianos de las iglesias madres para buscar consejo y para discutir estrategias y planes misioneros. Este no fue jerárquico en naturaleza, todos estaban sujetos el uno al otro. Era un tipo de "consejo de ancianos", sin embargo, este sistema puso las bases para el surgimiento del nuevo sistema.

c. Episcopado Presidencial (100-150/200 d.C.). El crecimiento de la iglesia

obligó a que un obispo dirigiera y organizara los planes misioneros, llegando a ser un "primero entre iguales", de donde surgió el término "arzobispo” (el principal de los obispos). d. Episcopado Monárquico (450-en adelante d.C.). El arzobispo de los núcleos cristianos tomó gran prestigio. Con esto, algunos empezaron a pugnar por la existencia de un sistema de mayor autoridad semejante al del mundo. Cipriano: ecléctico que defendió la existencia de un sistema monárquico de gobierno de la Iglesia. Hubo algunos factores que contribuyen a la adopción y perpetuación del episcopado monárquico:

Herejías. El obispo tenía el "Libro" (150 d.C.), para ese tiempo, había pocos ejemplares del AT y de los escritos apostólicos, los obispos metropolitanos eran los que tenían acceso o poseían estos escritos, que ayudaban a resolver conflictos teológicos y la vida y problemas de la iglesia. Persecución. Los ataques no solamente eran dirigidos a los edificios y la gente, sino también a los libros. Los obispos llegaron a ser más importantes debido a que ellos poseían esos tesoros de la fe, ellos eran los encargados de proteger y preservar las Escrituras Sagradas.

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Sucesión apostólica. Obispos quienes pudieran trazar su "linaje" hasta los apóstoles o una iglesia establecida por un apóstol ganaba casi automáticamente prestigio a través de la idea de la "sucesión apostólica". Para el 300 d.C., Constantino se convirtió al Cristianismo, pero previo a este tiempo la iglesia había sobrevivido por medio de su sistema de gobierno fuerte y sólido. La conversión de Constantino, hizo que de pronto la Iglesia se viera encumbrada al poder. Esta relación la llevó a crear un modus viviendi con el Estado.

Factor 3: Unificación Doctrinal

Aunque conservada la fe, la doctrina de la iglesia se había contaminado con ideas helenas y romanas. La inmortalidad del alma y la ignorancia del sábado bíblico son algunos de los ejemplos más críticos. Clemente de Alejandría (153-217 d. C.), por ejemplo tuvo un papel importante en relación a la doctrina del alma y los padres alejandrinos que introdujeron ideas griegas para interpretar la Biblia. Esto dio origen al Concilio de Nicea (325 d. C.) con el propósito de unificar la doctrina, y establecer un credo.

Factor 4: Modus Vivendi (Compromiso con el Estado)

Entre la Iglesia y el Estado se llegó a establecer una relación de compromiso. No había necesidad para la Iglesia de entrar en éste tipo de acuerdo, sin embargo, varias causas la provocaron: a) Se había perdido la visión de la pronta venida de Cristo. B) Igualaron a la Iglesia con el Reino de Dios. c) Los dirigentes religiosos sintieron que así como necesitaban guiar a los creyentes en lo espiritual, también lo necesitaban hacer en lo social y político. Para el siglo IV la iglesia había perdido su perspectiva escatológica. Era solamente el 10% de la población, pero tenía una organización firme y poderosa. El estado ofreció entonces un "modus vivendi" por razones políticas. El imperio era una sociedad decadente, la fibra moral había desaparecido. Esa era una de las fortalezas de la iglesia que había sobrevivido a la persecución. El Estado necesitaba líderes de firmes convicciones probados en momentos difíciles, la Iglesia los tenía. El Estado necesitaba estabilidad, la iglesia la tenía de ahí vino la necesidad de ese compromiso mutuo. Los obispos llegaron a ser muy buenos hombres de estado. La Iglesia sacrificó su identidad en el altar de la universalidad (catolicidad). El gobierno no estaba interesado en hacer un estado religioso, solamente en otorgar su reconocimiento en respuesta por su apoyo en detener el avance de los Bárbaros del norte. Era una súplica al patriotismo. Roma ya no era más la capital de una nación pagana, era la ciudad capital de una nación cuyo emperador era cristiano (CONSTANTINO). Esto hizo la oferta más tentadora. La Iglesia no soportó la tentación, llegó a ser "la Iglesia caída": cuando llegó a identificarse como la Iglesia-estado (300-350 d.C.)

Constantino murió como emperador, “Cabeza de la iglesia cristiana” y “Pontifex Maximus” (Sumo sacerdote del paganismo). El emperador Teodocio I (el Grande) firma

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un edicto en tesalónica (380 d. C.) declarando la fe católica como la religión oficial del imperio. Al inicio de este “modus vivendi” era el estado el que reconocía a la Iglesia y le daba autoridad. Con el transcurso del tiempo y el posicionamiento del poder papal, fue la iglesia la que reconocía y daba autoridad al estado.

Como la iglesia católica llegó a ser romana

Para el siglo IV la Iglesia cristiana era mundial. Estaba bien organizada y era oficialmente reconocida. La mayoría de la cristiandad todavía residía en el oriente (este de Grecia). Había dos seminarios principales, uno en Antioquia y otro en Alejandría. Cuatro de cinco patriarcas estaban en el este (Alejandría, Antioquia, Jerusalén, Éfeso), sólo Roma estaba en el occidente. Eventualmente estas ciudades cayeron una a una bajo el poder del Islam, solo Roma quedó a salvo de este flagelo. Cambio de sede Imperial Un aspecto que le dio fuerza al oriente era que la capital del imperio romano fue movida en el 350 de Roma a Constantinopla, principalmente para hacer frente a la amenaza bárbara, que se acercaba por el oriente. Aunque fue un movimiento que favoreció temporalmente al oriente, a la postre fue un factor decisivo para el surgimiento del poder católico romano. La principal figura de autoridad en Oriente no era el Obispo, sino el emperador. Mientras tanto, en occidente, hubo una carencia de una figura política prominente, así el Obispo ocupó ese lugar. Al principio con un carácter inofensivo para el poder político de Oriente, donde se encontraba el emperador, pero con el tiempo, esta figura religiosa fue tomando fuerza política, para llegar a ser más fuerte que su homólogo de Oriente y aún que las figuras de autoridad civil.

Aumento de la influencia de Roma

Roma había sido la capital del imperio, y era evidente que gozaba de prestigio por ello. Era la ciudad más grande del mundo conocido. Se cree que tenía 1.5 millones de habitantes. Se cree que el número de cristianos allí era notable. La tradición de que Pedro y Pablo habían sido martirizados allí la hacía emocionalmente especial. Roma parecía ser la sede de la ortodoxia, ya que en casi todo el oriente el arrianismo había triunfado. En el año 330 d.C. el Emperador Teodosio decretó que todos deberían creer en la Trinidad como lo enseñaba el obispo Dámaso de Roma. Los herejes deberían ser castigados. León el Grande (440 -461) dijo que Constantinopla tenía una gloria, la de atender los asuntos seculares. "Vuestra ciudad es real, pero no la podéis reclamar sede apostólica." León argüía por su derecho, el primado, pues en Pedro se había establecido el fundamento y la fe de la Iglesia, y así él mismo era cabeza de todas las iglesias. En 445 d. C. Valentino III reconoció al obispo de Roma como supremo sobre occidente. Así continuó la historia, hasta que por fin Justiniano en el año 538 D.C. por decreto declaró:

Decretamos que el obispo de la vieja Roma, de acuerdo a los decretos de los santos sínodos, es el primero de todos los obispos, y que el obispo de Constantinopla será el segundo por ser esta ciudad la nueva Roma. El obispo de Roma será superior en honor con respecto a todos los demás.

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Así empezó la supremacía del Obispo de Roma con la resistencia especialmente del Obispo de Constantinopla.

Cisma de Oriente.

La iglesia estuvo relativamente unida los primeros 600 años de la era cristiana, con dos figuras prominentes, el Obispo en Roma y el Obispo en Constantinopla. El latín era la lengua madre en la iglesia de occidente mientras el griego era la lengua dominante en la iglesia del oriente. La iglesia de oriente se había mantenido básicamente igual desde el 400 d.C. Se mantenían "Autocephalous" en naturaleza (cada iglesia tenía su cabecera básica en estructura nacional o étnica) Las invasiones islámicas en Oriente habían disminuido la autoridad de la iglesia cristiana de Oriente. El Obispo de Roma hizo un ajuste de los "modus vivendi" con el Estado, ahora era la iglesia la que ponía las reglas, el estado tenía que hacer la voluntad de la iglesia. Se establece el Santo Imperio Romano en 800 d.C. Carlomagno es coronado emperador del Santo Imperio Romano en la noche de Navidad del año 800 d.C. por Leon III En contra de los deseos de los otros obispos (bajo el dominio islámico) El obispo de Roma comenzó a considerarse y hablar de mismo como el más grande. Comenzó una campaña de eliminar cualquier expresión nacionalista de catolicismo en favor de la expresión romana. Esto llevó a la mutua excomunión de los obispos de Roma y Constantinopla en el 863 d.C. (Plotios y Nicolás). Este fue el primer paso en el rompimiento total entre la Iglesia occidental y la oriental. El rompimiento final fue en 1054 d.C., conocido como El Gran Cisma de Oriente. Los Papas en ese entonces fueron Miguel Cerulario vs. Leo IX Atenágoras y Pablo VI hicieron el primer intento para remediar el cisma. Pero hasta nuestros días no ha sido esto posible.

Clímax del poder romano.

Las cruzadas fueron una empresa política del obispo de Roma para no solamente reconquistar sino también traer las tierras del este bajo su dominio. En 1204 los cruzados (bajo falso pretexto) reemplazaron al obispo de Constantinopla por un pontífice romano, Inocencio III (1216). Este llevó al clímax el poder papal. A partir de él, el poder papal fue creciendo hasta no tener parangón por varios siglos (hasta 1798, cuando la iglesia recibe la herida de muerte).

El papado como institución

Surgimiento

El papado como institución surge en verdad con Gregorio I en el año 590 d.C. El historiador católico Philip Hughes dice: “Fue San Gregorio en el año 590 a quien con justicia se le puede considerar como el fundador de la monarquía papal." Historia Popular de la Iglesia Católica, p.75.

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Hasta fines del siglo VI, la iglesia romana no supo de ninguna jerarquía y supremacía espiritual de los obispos de Roma. A este obispo es a quien por primera vez se le da el nombre de "Papa." El malvado emperador Focas le concede este título. Aunque Gregorio no lo acepta, su sucesor, Bonifacio III sí lo acepta. Focas había sido condenado por el obispo de Constantinopla, por haber aquel asesinado a Mauricio su antecesor.

La palabra papa quiere decir padre. Jesús prohibió a sus discípulos llamar padre a persona alguna en el ámbito espiritual (Mat. 23:9). Pontífice viene de pons = puente y de facer = hacer.

Pretensiones del Papa

El Papa de Roma pretende ser cabeza visible de la iglesia de Cristo, mediador entre Dios y los hombres. Lucio Ferraris, teólogo católico, afirma:

El Papa es de tan grande dignidad y tan exaltado, que no es mero hombre, sino como si fuera Dios y el vicario de Dios. El Papa es coronado con una triple corona, como rey del Cielo, de la Tierra y de las regiones más bajas

(infierno)

los fieles de Cristo. Es jefe de reyes, teniendo plenitud de poderes que le han

sido dados por el omnipotente Dios. Dirige no sólo el reino terrenal sino el

reino celestial

modificar, explicar e interpretar las leyes divinas

leyes divinas, siendo que su poder no es meramente humano, sino divino, y él

actúa como vicerregente de Dios sobre la tierra, con poder más amplio de atar y

desatar a sus ovejas

mismo hace su vicario, con tal que no haga nada que sea contrario a la fe. Prompta Biblioteca vol.5, pp. 25-29.

El Papa es como si fuera Dios sobre la tierra, el único soberano de

El Papa es de tan gran autoridad y poder, que puede

El Papa puede modificar las

cualquier cosa que Dios hace y que el Redentor hace, lo

El papa León XIII en su encíclica del 20 de junio de 1894, declaró: " Ocupamos en esta tierra el lugar del Dios Omnipotente." Bonifacio VIII en 1294 dijo: " Declaramos, afirmamos, definimos y proclamamos que cada ser humano debe someterse al Pontífice Romano para que sea salvo". Estas declaraciones hacen ver a las claras el cumplimiento de la profecía de Daniel (Dan. 7:8, 25). Es la boca que habla grandezas y qué pensaría en cambiar los tiempos y la ley. Así pues, el Papa puede abrir o cerrar el cielo a cualquiera que él desee; puede mandar al infierno a cuantos crea conveniente; en la tierra puede quitar y poner reyes a su antojo; juzga a todos y él no es juzgado de nadie; saca del purgatorio a las almas o las mantiene a su arbitrio. Cuando es nombrado o elegido por el colegio cardenalicio, el cardenal que oficia le dirige estas palabras: "Recibe la tiara adornada con tres coronas, y sabe que tú eres padre de príncipes y reyes, regidor del mundo y vicario de Nuestro Señor Jesucristo." El catecismo católico refiriéndose al Papa dice: "Es infalible regidor de la tierra, fundador de dogmas, autor y juez en los concilios, regente universal de la verdad , árbitro del mundo, supremo juez de los cielos y la tierra, juzga a todos pero él no es juzgado de nadie, es Dios mismo sobre la tierra."

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Basado en tales pretensiones, el Papa:

a) Excomulgó a la reina Elizabeth I de Inglaterra,

b) Humilló a Enrique IV de Francia en Canosa

El Vaticano, sede donde reside y gobierna el Papa, tiene lo siguiente:

a) Su propia moneda

b) Su propio servicio postal

c) Su corte y sus vasallos

d) Su guardia suiza

e) Sus embajadores en casi todos los países

f) Su propio sistema bancario

g) En el siglo XIX tuvo los Estados pontificios que eran 16,000 millas cuadradas.

Dos gigantes católicos

Agustín de Hipona

Llamado el "Doctor de la Gracia", fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según Antonio Livi uno de los más grandes genios de la humanidad. Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología siendo “Confesiones” y “La Ciudad de Dios” sus obras más destacadas. Aurelius Augustinus. Nació en Tagaste, África el 13 de noviembre del 354 d.C. Dotado de ingenio y sabiduría poco común. Su padre, Patricio: Oficial romano, y de religión pagana. Su madre, Mónica: Virtuosa y devota cristiana. Quien influyó bastante en su vida. Estudió Letras humanas en Madura y retórica en Cartago. “Aunque no parece haber descuidado sus estudios, pronto se dedicó a disfrutar los diversos placeres que Cartago le ofrecía. Allí conoció a una mujer a quien hizo su concubina, y de quien tuvo su único hijo Adeodato”. Más tarde se une al Maniqueísmo, que era una religión de origen persa, fundada por Mani en la primera mitad del siglo III, que tenía fuertes ideologías gnósticas. Le llamó la atención por ser una doctrina eminentemente racional, que coincidía con las inquietudes de Agustín. Parte de su propaganda consistía en ridiculizar las doctrinas de la iglesia, y particularmente las Escrituras, pues la consideraban con un lenguaje primitivo, poco elegante y hasta bárbaro. Sin embargo, unos años más tarde, Agustín empezó a dudar del valor moral e intelectual del maniqueísmo, por lo que le aconsejaron entrevistarse con el respetado dirigente maquineo Fausto. Con una exposición pobre, Fausto resultó ser un fatuo, cuya ciencia no era mayor que la de otros maestros maniqueístas. Desilusionado Agustín decidió llevar su búsqueda de la verdad por otros rumbos. Unos años después, en el año 383, Agustín decidió marchar a Roma con su hijo Adeodato y con su amante para trabajar como profesor de retórica. Allí se volvió escéptico, creyendo que alcanzar la verdad era un objetivo imposible. En el otoño del año 384, Agustín se traslada a Milán para enseñar retórica. La ciudad era un importante centro cultural donde se conocía bien a Platón y el neoplatonismo. Allí conoció también al Obispo Ambrosio, la figura más influyente de Milán, cuyos sermones atraían a una amplia audiencia. Ambrosio, que conocía bien a

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Plotino, Filón y Orígenes, practicaba una interpretación alegórica de la Biblia, lo que dio

a Agustín la clave para acercarse al texto sagrado: se podía leer la Biblia figurativamente,

no sólo literalmente, lo cual despertó un gran interés en Agustín, que pudo, de este modo, aceptar los escritos bíblicos. Con el obispo de Milán, Agustín se desengañó de dos prejuicios que había mantenido hasta ese momento respecto del cristianismo: vio que un hombre de gran inteligencia podía abrazar esa religión y descubrió que la Biblia era un libro mucho más profundo de lo que él había creído. A través de su lectura, se adhirió al neoplatonismo, liberándose completamente del escepticismo académico. La búsqueda intelectual y espiritual llevó a Agustín al borde de una crisis nerviosa. En agosto del año 386 d.C., cuando estaba en su jardín inmerso en un estado de angustia, oyó la voz de un niño invitándole a leer: Tolle, lege (Toma y lee), lo cual interpretó como un mandato divino para que se acercara a las Escrituras. Allí al leerlas tuvo su conversión al Cristianismo. Su conversión tuvo varios efectos: Renunció a su posición como maestro de retórica. Solicitó el bautismo, el cual lo recibió de manos de Ambrosio. Al igual que su Hijo Adeodato y su íntimo amigo Alipio. Decide regresar al Norte de África, para allí dedicarse a la vida contemplativa. Así, en 388 finalmente regresa a Tagaste. En el año 391 se traslada a Hipona (hoy llamada Annaba, en la costa nororiental de Argelia), ciudad portuaria en la que había arraigado con fuerza la herejía donatista. Esta era una doctrina que buscaba la santidad y la perfección, y criticaba a los sacerdotes por su falta de entrega. En Hipona, “el obispo Valerio, predicando en la iglesia de la ciudad, decía: “Dios envía pastores para su rebaño…”, preguntó a la congregación indicarle si había alguien dentro de la congregación que consideraran como un enviado para ser su ministro, fue entonces que señalaron a Agustín. Allí, tras ordenarse sacerdote, el obispo Valerio le donó un huerto donde fundó un monasterio. Empezó entonces a predicar, llegando incluso a exponer un sermón ante los obispos de África, reunidos en Hipona, en el año 393. Continuó también con su labor de apologética y de controversia contra maniqueos y donatistas, fruto de la cual fueron diversas obras entre las que cabe destacar De utilitate credendi. La reputación de Agustín iba en aumento y el anciano Valerio acudió al primado de Cartago para que lo nombrara obispo auxiliar de Hipona. Cuando Valerio murió poco después, Agustín fue nombrado obispo de Hipona (395), dignidad que ocuparía hasta su muerte en 430 DC, a los 76 años de edad durante el sitio de Hipona por los Se podría decir que quienes marcaron su vida fueron: Patricio – Su padre, Mónica

– Su madre, su concubina – casi 15 años, Adeodato – su Hijo, Marco Tulio Cicerón – Orador Romano, Fausto – Maniqueo, Ambrosio – Obispo de Milán, Mario Victorino – Filósofo, y Valerio – Obispo de Milán. En cumplimiento de sus responsabilidades pastorales escribió una serie de obras que hicieron de él el teólogo de más importancia en la iglesia occidental desde los tiempos del apóstol Pablo. Entre sus escritos se destacan:– Confesiones (Autobiográfico), El libre albedrío (Filosófico); La ciudad de Dios (Apologético); De la Trinidad (Dogmático); La mentira (Moral y pastoral); La doctrina cristiana (Exegético); y, La naturaleza y la gracia (Polémico).

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La filosofía agustiniana ataca las filosofías panteísta y dualista; confronta supersticiones de astrología y magia; expulsa la doctrina de emanación de la filosofía y la idea que Dios es el alma del mundo. Desarrolla el tema del origen y naturaleza del mal y desarrolla la teodicea. Algunas de sus contribuciones al cristianismo son la doctrina bíblica de la creación y la doctrina de la naturaleza del pecado y su origen en el libre albedrío. Fue también un pre reformador en cuanto a la doctrina del pecado y la gracia y desarrolló el dogma niceno de la Trinidad (contra el triteísmo y el sabelianismo –hoy modalismo-). Sus contribuciones al catolicismo son más grandes. Agustín es el Creador del sistema católico latino; sostuvo la firme organización episcopal y la inquebrantable sucesión; fiel sacramento como un signo invisible de gracia, proveniente de la divina asignación. Desarrolló las doctrinas del bautismo y de la comunión. Fomentó la credulidad en los milagros y la adoración (reverencia) de María.

Tomás de Aquino

Tomás de Aquino nació en 1225 en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino, en el seno de una numerosa y noble familia italiana. Su padre, Landolfo, descendiente a su vez de los condes de Aquino, estaba emparentado con el emperador Federico II. Su madre, Teodora, era hija de los condes de Taete y Chieti. Recibió Tomás su primera educación, a partir de los cinco años, en la abadía de Montecasino, de la que era abad su tío Sinibaldo de Fieschi. Cuando Tomás tenía trece años, el emperador Federico II expulsa a todos los monjes acusados de traidores por apoyar al Papa. Como algunos monjes se resistieron, fueron asesinados y la abadía incendiada. Por recomendación de su tío, Tomás continuó sus estudios por cinco años en la Universidad de Nápoles. Ahí, además de estudiar lo mismo que sus condiscípulos, fue introducido a estudios filosóficos y teológicos. En 1243 su padre muere, y a comienzos de 1244 ingresa como novicio en la Orden de los Predicadores, una orden mendicante de la Iglesia católica fundada por Domingo de Guzmán en Toulouse durante la Cruzada albigense y confirmada por el papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Cuando su madre se entera decide visitarlo. Tomás pide a sus superiores que lo trasladen y éstos lo envían al convento dominico de Santa Sabina en Roma, en donde el maestro general de la Orden determina enviarlo a París para continuar sus estudios. Sus hermanos Landolfo y Reinaldo Aquino, que eran oficiales del ejército imperial de Toscana, lo traen al castillo de Roccasecca y lo encierran un año (castillo del Monte San Giovanni). A sus hermanas se les permite visitar a Tomás para tratar de persuadirlo de dejar la orden, pero son convencidas de la justicia de la causa de su hermano. Los dominicos le hacen llegar a través de ellas los libros que éste les pide. Su hermana Marotta, la estudiosa de la familia, intenta disuadir a su hermano de seguir la vida del "mendigo" Santo Domingo, pero es Tomás quien la convierte. Más tarde Marotta decide seguir la regla de San Benito. En su encierro Tomás aprende a citar las Sagradas Escrituras y estudia muy a fondo el mejor tratado de teología que había en ese tiempo: las Sentencias de Pedro Lombardo. Además toma contacto con la Lógica y la Metafísica de Aristóteles.

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Posteriormente se doctoró, y en 1252 ejerció como maestro de Teología en la famosísima Universidad de París, a los 27 años. Sus clases de teología y filosofía eran las más concurridas de la Universidad. El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia. Y en la Universidad es tan grande el prestigio que tiene y su ascendencia sobre los demás, que cuando se traba una enorme discusión acerca de la Eucaristía y no logran ponerse de acuerdo, al fin los bandos aceptan que sea Tomás de Aquino el que haga de árbitro y diga la última palabra, y lo que él dice es aceptado por todos sin excepción. En 1259 el Sumo Pontífice lo llama a Italia y por siete años recorre el país predicando y enseñando. Es encargado de dirigir el colegio Pontificio de Roma para jóvenes que se preparan para puestos de importancia especial. En 4 años escribe su obra más famosa: "La Suma Teológica", obra portentosa en 14 tomos, donde a base de Sagrada Escritura, de filosofía, teología y doctrina de los santos va explicando todas las enseñanzas católicas. Es lo más profundo que se haya escrito en la Iglesia Católica. La obra Consta de 10, 000 preguntas y respuestas. La obra es tan importante, que en el Concilio de Trento se contaba con tres libros de consulta principal: la Sagrada Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.

El Papa lo envió al Concilio de Lyon para reconciliar al oriente con el occidente, pero por el camino se sintió mal y fue recibido en el monasterio de los monjes cistercienses de Fosanova. Cuando le llevaron por última vez la Sagrada Comunión exclamó: "Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente". Murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años. En su época había mucha confusión en cuanto al rol de la tradición y la Biblia, por lo racional de la tradición y el carácter de fe de las Escrituras. Tomás consigue conciliar ambos: la razón y la fe, la tradición y la revelación. En el proceso parece que la razón (filosofía) tiene más prominencia, y la tradición se pone por encima de la Biblia. Uno de sus más grandes logros consiste precisamente en la aceptación del método socrático para hacer teología a partir de la Biblia.

TEOLOGIA

Tipos de doctrina según la iglesia católica

DE FE CATOLICA Es aquella verdad que aunque no esté contenida formalmente en las fuentes de la revelación, sin embargo está cierta y necesariamente unida con las verdades reveladas, y que la iglesia nos la propone infaliblemente como de fe divina. La proposición contraria es errónea en la fe católica.

DE FE DEFINIDA

Es aquella verdad que aun cuando no esté contenida en las fuentes

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DE FE DIVINA

DE FE DIVINA

Y CATOLICA

DE FE DIVINA

Y CATOLICA

DEFINIDA

de la revelación formalmente, sin embargo, está cierta y unida con las verdades reveladas, y que la iglesia nos la ha propuesto como de fe divina y de una manera solemne. La proposición contraria es erróneamente en la fe definida. Es aquella verdad que se contiene formalmente explícita o implícitamente en las fuentes de la revelación. La proposición

contraria es error en la fe. Es aquella verdad que se contiene formalmente explícita o implícitamente en las fuentes de la revelación, y que, además se nos enseña como verdad de fe divina por el magisterio infalible de la iglesia. La proposición contraria es herética. Es aquella verdad que está contenida en las fuentes de la revelación u que además, nos ha sido enseñada por el magisterio de la iglesia como de fue divina por medio del magisterio extraordinario, por ejemplo: Un concilio ecuménico o el Papa ex-cátedra. La proposición contraria es herética.

TEOLOGICAMENTE Es aquella verdad que, mediante otra verdad

CIERTA

naturalmente cierta, se deduce de las fuentes de la revelación o de otras verdades formalmente reveladas, en virtud de un silogismo

DOCTRINA PROXIMA A LA FE

propiamente ilativo o discursivo. La proposición contraria es el error tecnológico. Es aquella verdad que, según el consentimiento casi unánime de los teólogos, está contenida en la palabra escrita o en la palabra tradicionalmente divina, pero al

CIERTA EN

no haber unanimidad absoluta entre los teólogos no se puede afirmar con toda certeza. La proposición contraria es próxima a la herejía. Es aquella verdad que con toda certeza se deduce

TEOLOGIA

de una premisa teológicamente cierta y de otra verdad naturalmente cierta. La proposición contraria es: Peligrosa, temeraria y falsa.

COMUN Y CIERTA Es aquella verdad que si se tiene en cuenta el consentimiento común de los teólogos, se nos presenta como bien fundamentada en las escuelas teológicas. La proposición contraria es temeraria y falsa.

PROBABLE

Es aquella verdad que se puede tener con toda seguridad

Sacramentos

Noción de sacramento

La definición etimológica de sacramento es algo que santifica o que es santo. La definición esencial es la siguiente: un signo visible de una gracia invisible instituido para la salvación. Esta definición se atribuye a Agustín de Hipona.

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La Teología escolástica primitiva perfeccionó esta definición agustiniana precisando que el sacramento no era sólo un signo de la gracia, sino al mismo tiempo causa de la gracia. El catecismo romano define al sacramento como una cosa sensible por institución

divina tiene la virtud de significar y operar la santidad y la justicia. En esta definición se ven tres elementos importantes:

1. Un signo exterior (perceptible por los sentidos) de la gracia santificante

2. La producción de la gracia santificante

3. Instituido por Dios, Jesucristo.

La eficiencia objetiva de los sacramentos

Los sacramentos del Nuevo Testamento contienen la gracia que significan y la confieren a los que no ponen estorbo (verdad de fe católica). La iglesia Católica enseña que hay una eficacia sacramental objetiva, es decir, independiente de la disposición subjetiva del que los recibe y del que los administra. De todo esto se deduce que los sacramentos confieren la gracia inmediatamente, es decir sin mediación de la fe (ex opera operato). La fe, cuando el que recibe el sacramento es un adulto, es condición indispensable o causa dispositiva, pero no causa eficiente de la gracia. Los sacramentos son causas eficientes de la gracia, aunque sólo causas instrumentales. "Todos los sacramentos del NT confieren la gracia santificante a quienes los reciben". La medida de la gracia sacramental es la misma para todos los sacramentos. Sin embargo el grado de disposición subjetiva en los adultos tiene como consecuencia el que reciban una mayor medida de gracia por parte de Dios. De ahí la importancia de preparar al catecúmeno.

Hay tres sacramentos que además de impartir gracia en

quienes los reciben,

imprimen carácter en el alma, es decir una marca espiritual indeleble, y que por tanto no pueden repetirse. Estos sacramentos son:

a) El bautismo

b) La confirmación

c) La Orden

Institución de los sacramentos

Los sacramentos han sido instituidos por Cristo. Cristo los instituyó directa y personalmente todos y cada uno de ellos. Cristo ha fijado la sustancia de los sacramentos. La iglesia no tiene derecho a cambiarla. Hay siete sacramentos de la nueva alianza. Contra los reformadores que sólo reconocen dos, el Concilio de Trento declaro anatema al que dijere que son más o menos de siete. Hay dos ministros de los sacramentos. El ministro primario y el secundario. El ministro primario es Jesucristo Dios-hombre. El ministro secundario de los sacramentos es el hombre en estado de peregrinación. Prescindiendo de los sacramentos del bautismo

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y del matrimonio, para la administración válida de los demás, es necesario poseer poder sacerdotal o episcopal recibidos por la ordenación. La validez y eficacia de los sacramentos no dependen de la ortodoxia ni del estado de gracia del ministro. El papa Esteban primero decidió que el bautismo administrado por los herejes es válido. Esto se basa en la eficiencia del sacramento ex opera operato. Además el ministro secundario es causa instrumental de la causa principal que es Cristo, por lo tanto la eficiencia del sacramento no dependerá de la situación subjetiva del que lo administra. Si de ella dependiera, tendríamos una fuente continua de incertidumbre. Prescindiendo del sacramento de la penitencia, no se requiere para la validez de los sacramentos, por parte del que los recibe, ni ortodoxia ni disposición moral. San Agustín dice: "La pureza del bautismo es totalmente independiente de la limpieza o inmundicia tanto del que lo administra como del que lo recibe.” (Contra litt.Petiliani ad II, 35,82). Para la validez del sacramento se requiere por parte del que lo recibe, si tiene uso de razón, la intención de recibirlo. Pero el concilio de Trento también añadió, que el sacramento que se recibe sin intención o contra su propia voluntad es por lo tanto inválido. ¿Que de los niños que no tienen intención de recibir el sacramento del bautismo? El niño que no tiene uso de razón, recibe la gracia sacramental sin su consentimiento. El papá Inocencio III (1201) a propósito del bautismo de niños declaró:

"El pecado original que se contrae sin consentimiento, se perdona también sin consentimiento."

Los siete Sacramentos

Sacramentos de la iniciación cristiana. Desde los tiempos apostólicos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciación que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido rápida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, el acceso a la comunión eucarística.

1. El bautismo. El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu ("vitae spiritualis ianua") y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión. Este sacramento es llamado también “baño de regeneración y de renovación del espíritu.

Se practica rociando o derramando tres veces agua, que ha sido bendecida en la noche pascual, sobre la cabeza del candidato, o, según el caso, na triple inmersión en el agua, entrando así en la vida de la Santísima Trinidad. Esto se hace en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Se buscan como Padrinos un hombre y una mujer. Han de: ser católicos, estar confirmados, haber recibido la primera comunión, llevar una vida cristiana y haber cumplido los 16 años.

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Lo administra un sacerdote u obispo ordenado, salvo emergencia de muerte. En tales casos lo puede administrar hasta un no católico.

2. La confirmación. La confirmación es el segundo de los sacramentos de la iniciación cristiana y como la misma palabra lo dice es el sacramento por el cual la persona acepta a Dios de manera voluntaria porque al nacer el niño es bautizado pero a veces no entiende lo que es el bautismo y no entiende su significado por eso cuando el niño es mayor está aceptando públicamente y con entendimiento que el católico de esta manera la persona que recibe este sacramento de la confirmación también está aceptando al espíritu santo.

El Concilio de Trento (1545-1563) emitió que la Confirmación era un sacramento instituido por Cristo, ya que todos protestantes lo refutaron ya que según ellos no se encontraba en la Biblia el momento exacto de su fundación. El concilio declaro que fue establecido por Cristo, porque sólo Dios puede adherir la gracia a un símbolo externo.

En la liturgia de las Iglesias de Oriente, el rito se realiza inmediatamente después del bautismo. En Occidente, se espera a que el candidato tenga uso de razón (excepto en peligro de muerte). Se requiere que esté el que la recibe instruido en la fe, que esté en ayunas de ser posible y la presencia de un padrino confirmado que al instante lo toca.

Administra el Obispo, o en su defecto un sacerdote, pero solo en su parroquia y debe ser autorizado por el Papa.

3. La eucaristía. Hecho hijo de Dios, revestido de la túnica nupcial, el neófito es admitido "al festín de las bodas del Cordero" y recibe el alimento de la vida nueva, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgica.

Las Iglesias orientales dan la sagrada comunión a todos los nuevos bautizados y confirmados, incluso a los niños pequeños, recordando las palabras del Señor: "Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis" (Mc 10,14). La Iglesia latina, que reserva el acceso a la Sagrada Comunión a los que han alcanzado el uso de razón. De allí en adelante, debe participar de la comunión por lo menos una vez al año.

Sólo los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía y consagrar el pan y el vino para que se conviertan (Transustanciación) en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Los sacramentos de curación. Esta otra categoría de sacramentos otorga sanidad al alma y al cuerpo respectivamente.

4. El sacramento de la penitencia. Es también llamado sacramento de la conversión, de la confesión, o de la reconciliación. Con este sacramento se recibe el perdón de los pecados cometidos después del Bautismo. El sacramento de la Penitencia está constituido por el conjunto de tres actos realizados por el penitente, y por la

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absolución del sacerdote. Los actos del penitente son: el arrepentimiento, la confesión o manifestación de los pecados al sacerdote y el propósito de realizar la reparación y las obras de penitencia.

El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerda tras examinar cuidadosamente su conciencia. Sin ser necesaria, de suyo, la confesión de las faltas veniales está recomendada vivamente por la Iglesia. El confesor impone al penitente el cumplimiento de ciertos actos de “satisfacción” o de “penitencia”, para reparar el daño causado por el pecado y restablecer los hábitos propios del discípulo de Cristo. La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, y la limosna. La confesión individual e integra de los pecados graves seguida de la absolución es el único medio ordinario para la reconciliación con Dios y con la Iglesia. Solo Cristo tiene poder de perdonar pecados, “sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del "ministerio de la reconciliación" (2 Co 5,18). El apóstol es enviado "en nombre de Cristo", y "es Dios mismo"”.

Mediante las indulgencias, los fieles pueden alcanzar para sí mismos y también para las almas del Purgatorio la remisión de las penas temporales, consecuencia de los pecados.

5. La unción de los enfermos. El sacramento de la Unción de los enfermos tiene por fin conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades inherentes al estado de enfermedad grave, en peligro de muerte, o vejez. Este sacramento puede ser administrado cada vez que un cristiano cae gravemente enfermo, y también cuando, después de haberla recibido, la enfermedad se agrava.

Sólo los sacerdotes (presbíteros y obispos) pueden administrar el sacramento. Para conferirlo emplean óleo bendecido por el Obispo, o, en caso necesario, por el mismo presbítero que celebra.

Este sacramento consiste en la unción en la frente y las manos del enfermo (en el rito romano) o en otras partes del cuerpo (en Oriente), acompañada de la oración litúrgica del sacerdote celebrante que pide la gracia especial de este sacramento, que incluye el perdón, consuelo y paz, si conviene a la salud espiritual, el restablecimiento de la salud física, y la preparación para la vida eterna.

Los sacramentos al servicio de la comunidad. Estos sacramentos están ordenados a la salvación de los demás. Contribuyen ciertamente a la propia salvación, pero esto lo hacen mediante el servicio que prestan a los demás. Confieren una misión particular en la Iglesia y sirven a la edificación del Pueblo de Dios. Pueden participar los que fueron ya consagrados por el Bautismo y la Confirmación.

6. El sacramento del orden. Por el bautismo, todos los fieles participan del sacerdocio de Cristo. Esta participación se llama “sacerdocio común de los fieles”. A partir de

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este sacerdocio y al servicio del mismo existe otra participación en la misión de Cristo: la del ministerio conferido por el sacramento del Orden, cuya tarea es servir en nombre y en la representación de Cristo-Cabeza en medio de la comunidad.

Los ministros ordenados ejercen su servicio en el pueblo de Dios mediante la enseñanza (munus docendi), el culto divino (munus liturgicum) y por el gobierno pastoral (munus regendi). Desde los orígenes, el ministerio ordenado fue conferido y ejercido en tres grados: el de los Obispos, el de los presbíteros y el de los diáconos. Sin estos, no se puede hablar de Iglesia (cf. S. Ignacio de Antioquía, Trall. 3,1).

Los Obispos, como sucesores de los apóstoles y miembros del colegio, participan en la responsabilidad apostólica y en la misión de toda la Iglesia bajo la autoridad del Papa, sucesor de S. Pedro.

Los presbíteros están unidos a los obispos en la dignidad sacerdotal y al mismo tiempo dependen de ellos en el ejercicio de sus funciones pastorales; son llamados a ser cooperadores diligentes de los obispos; el presbiterio asume la responsabilidad de la Iglesia particular o una función eclesial determinada.

Los diáconos son ministros ordenados para las tareas de servicio de la Iglesia; no reciben el sacerdocio ministerial, pero la ordenación les confiere funciones importantes en el ministerio de la palabra, del culto divino, del gobierno pastoral y del servicio de la caridad, tareas que deben cumplir bajo la autoridad pastoral de su Obispo.

La Iglesia confiere el sacramento del Orden únicamente a varones (viris) bautizados, cuyas aptitudes para el ejercicio del ministerio han sido debidamente reconocidas. La ordenación imprime un carácter sacramental indeleble. En la Iglesia latina, el sacramento del Orden para el presbiterado sólo es conferido ordinariamente a candidatos que están dispuestos a abrazar libremente el celibato. Corresponde a los Obispos conferir el sacramento del Orden en los tres grados

7. El matrimonio. Significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna. Se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo. La unidad, la indisolubilidad, y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. No es admisible la poligamia, el divorcio ni el rechazo a la fecundidad.

Los que se divorcian no están separados de la Iglesia pero no pueden acceder a la comunión eucarística. Pueden vivir su vida cristiana sobre todo educando a sus hijos en la fe. Es allí donde este sacramento otorga gracia a los demás. El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente “Iglesia doméstica”, comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana.

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Los Sacramentales.

Los sacramentales no fueron instituidos por Cristo sino por la iglesia. No obran opera operato, su eficiencia se basa en la intercesión de la iglesia. Se consideran como sacramentales:

a) las ceremonias empleadas en la administración de los sacramentos

b) las ceremonias independientes tales como exorcismo, bendiciones,

consagraciones,

c) los mismos objetos bendecidos y consagrados.

Noción de Indulgencia

Las indulgencias

Por indulgencia se entiende la remisión extra-sacramental válida ante Dios, de las penas temporales restantes debidas por los pecados (ya perdonados en cuanto a la culpa) y que la autoridad eclesiástica, disponiendo del tesoro satisfactorio de la iglesia, concede para los vivos a modo de absolución y para los muertos a modo de sufragio. De esta manera ya no tienen que “pagar” en el purgatorio por las malas obras cometidas. La indulgencia no es una remisión de los pecados, antes bien la presupone como condición necesaria. No es tampoco una mera remisión de las penas canónicas, sino también de las penas temporales en las que se ha incurrido ante Dios por los pecados. La iglesia tiene potestad para conceder indulgencias (Doctr. de fe católica)

Esencia de las Indulgencias

Las indulgencias no son un mero acto de gracia por el cual se perdone gratuitamente la pena temporal de los pecados sin reparación alguna. La fuente de las indulgencias es el tesoro satisfactorio de la iglesia, que se compone de las sobreabundantes satisfacciones de Cristo y los santos. Dios estableció por medio de

Cristo que en el orden de la salvación que el perdón de los pecados exige una satisfacción conveniente. Los poseedores de las indulgencias son:

- El Papa tiene poder absoluto e ilimitado

- Los cardenales con poder limitado

- Los obispos, pero solo a los súbditos de sus Diócesis

Clasificación de las indulgencias

Plenarias: Remisión total de la pena temporal Parcial: Remisión parcial de la pena temporal debida por el pecado. Para vivos: en forma de absolución Para muertos: en forma de sufragio

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Condiciones para conceder y ganar indulgencias

Las condiciones son, estar en estado de gracia, por parte del que la recibe. Ser súbdito del que concede la indulgencia. Intención, al menos habitual del que recibe la indulgencia. Exacto cumplimiento de las obras prescritas.

El celibato

Por celibato se entiende el requerimiento de Roma de que todos sus sacerdotes y religiosas sean célibes, es decir, se abstengan del matrimonio. No debe confundirse esto con el voto de castidad que deben tomar los clérigos, lo que significa abstención de relaciones sexuales. De acuerdo a la ley canónica, un sacerdote que se casa rompe el voto

de celibato, pero no lo quebranta si tiene relaciones sexuales. El perdón por tener relaciones sexuales se obtiene mediante:

a) Arrepentimiento

b) Confesión ante otro sacerdote, confesor.

La absolución por quebrantar el voto de celibato, mediante el matrimonio, sólo se logra si el Papa absuelve al que delinque con graves penas. Para obtener el perdón, hay que abandonar a la mujer. El celibato se instituyó en 1079 por el Papa Gregorio VII, quien la hizo obligatoria para todos los sacerdotes y monjas. Esta sin duda fue una gran conquista del papado. Por otro lado, los sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa Griega permite a los sacerdotes

se casen antes de su ordenación. No pueden llegar a ser obispos si son casados. (La Palabra de Dios es clara respecto a que los presbíteros deben ser casados y tener hijos, 1 Tim.3). La Iglesia Católica afirma que el celibato es superior al matrimonio, lo que es contradictorio con su postura sobre la concepción de matrimonio como sacramento. El Concilio de Trento pronunció anatema contra aquellos que afirmaran o enseñaran que el matrimonio es superior a la virginidad o al celibato.

El sistema monástico.

En la Edad Media se desarrolló la idea de que la actividad del hombre se hallaba dividida en dos ámbitos: a) Secular, y b) Espiritual La espiritual, decían, es superior a la secular. Se facilitó la vida mística, la vida de reclusión en continua contemplación para lograr la perfección. Así en esta reclusión, la imagen de Dios se restauraba mediante los ejercicios espirituales. La idea básica yace en el dualismo griego. La visión que el asceta tenía del mundo es que es pecaminoso y hay que evitarlo de cualquier manera. Hay cuatro votos que debe hacer un monje: a) Pobreza, b) Castidad, c) Celibato y d) Obediencia Hay que reconocer que los monasterios no fueron del todo inútiles en la Edad Media, pues allí se cultivaron las letras y las artes. Sin embargo no todos los religiosos son capaces de vivir en la abstinencia.

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Pecado y gracia

“Según San Agustín, el pecado es ‘una palabra, un acto o un deseo contrarios a la Ley eterna’, causando por eso ofensa a Dios y a su amor. Por lo tanto, ese acto del mal es un abuso de la libertad y perjudica la naturaleza humana. Los católicos creen que Cristo, con su muerte, reveló plenamente la gravedad del pecado y lo venció con su amor. Hay una gran variedad de pecados, que pueden ser directamente contra Dios, contra el

prójimo y contra sí mismo. También se puede distinguir entre pecados por palabras, por pensamientos, por omisiones y por acciones. La repetición de pecados genera vicios, que oscurecen la conciencia e inclinan al mal. Los vicios se relacionan con los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza. La Iglesia enseña también que todos aquellos que cooperan culpablemente en los pecados de los otros, son también responsabilizados por tal. En cuanto a su gravedad, los pecados cometidos se pueden dividir en:

1. Pecados mortales, que son cometidos cuando ‘hay materia grave, son cometidos con plena conciencia y deliberado consentimiento’. Ellos alejan al hombre de la caridad y de la gracia santificante y, si el pecador no se arrepiente sinceramente, lo conducen a la muerte eterna del Infierno.

2. Pecados veniales, que son cometidos sin pleno consentimiento o sin plena conciencia o también cuando se trata de materia leve. Ellos, a pesar de que alejan el camino de santificación, merecen solo penas purificatorias temporales, es decir en el Purgatorio.

Todos esos pecados personales se deben al debilitamiento de la naturaleza humana, que pasó a quedar sometida e inclinada a la ignorancia, al sufrimiento, a la muerte y al pecado. Eso es causado por el pecado original, transmitido a todos los hombres, sin culpa propia, debido a su unidad de origen, que es Adán y Eva. Ellos desobedecieron a Dios en el inicio del mundo, originando ese pecado, que puede ser actualmente perdonado (pero no eliminado) por el bautismo. Como el amor de Dios es infinito y como Jesús ya se sacrificó en la cruz, todos los hombres, católicos o no, pueden ser perdonados por Dios en cualquier momento, desde que se arrepienten de un modo libre y sincero y se comprometen en hacer lo posible para perdonar a sus enemigos. Ese perdón tan necesario puede ser concedido por Dios sacramentalmente y por medio de la Iglesia, por la primera vez, a través del bautismo y después, ordinariamente, a través de la reconciliación. Pero Dios también puede conceder ese perdón a través de muchas maneras diferentes (o hasta Él mismo directamente) para todos aquellos que se arrepientan (incluyendo los no-católicos). Pero el perdón divino no significa la eliminación de las penas temporales, o sea, del mal causado como consecuencia de los pecados cuya culpa ya está perdonada. En ese caso, para eliminarlas, es necesario obtener indulgencias y practicar buenas obras durante la vida terrenal o también, después de morir, una purificación del alma en el Purgatorio, con la finalidad de entrar puro y santo en el cielo. Agustín enseñaba que Adán tenía la libertad de escoger entre pecar o no pecar. El decidió pecar. Desde entonces, el pecado original, que es la inclinación natural e inevitable a pecar hace que el hombre haya perdido esa libertad. Sin embargo tiene libertad de escoger entre pecar o pecar más. Si alguien muere en esa condición, se va a l

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infierno. La gracia de Dios se manifiesta llamando al hombre a una unión con él, que normalmente sucede cuando éste se une a la Iglesia mediante el bautismo. La Gracia actúa sin consentimiento, aunque el hombre puede rechazarla. De allí en adelante el pecador alcanzado por la gracia de Dios tiene la libertad de pecar o no hacerlo. Si muere en esta condición, solo va al purgatorio temporalmente. Cuando el hombre es glorificado (Segunda Venida de Cristo), entonces tendrá la libertad de elegir entre ser bueno o ser más bueno.

Mariología

Mariología es aquella parte de la Teología que estudia a María como Madre de Dios y Madre de los hombres, según los principios de la Revelación divina. El centro de la Teología lo constituye Cristo, encarnado en el seno virginal de María. Por éste motivo Ella queda vinculada al centro mismo de la Teología. Ella desempeña una función específica en la Obra de la Redención. Tres son los motivos principales de la importancia del estudio teológico sobre María: a) Por la excelencia del objeto que estudia; b) por los efectos que produce y, c) por su relación con otros tratados de la Teología.

Excelencia de María

María Santísima es, en efecto, la cumbre de la creación, el vértice de las maravillas de Dios, la obra maestra de la sabiduría, del poder y de la bondad de Dios: una obra maestra ‘sólo sobrepasada por su Artífice´. En nuestros días, acorde con el sentir unánime de la Iglesia, el Venerable Josemaría Escrivá de Balaguer escribió: ‘Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole: Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo ¡Más que tú, sólo Dios! (Camino n.496). La Iglesia Católica celebra el nacimiento de María el 8 de septiembre. Se calcula que habrá nacido entre el 20 y el 30 AC. Se celebra su fallecimiento y asunción el 15 de Agosto; según la tradición que se considere, en Jerusalén o Éfeso. Se enseña que no solo el alma, sino también el cuerpo de María fueron llevados al cielo. Esta doctrina fue definida como dogma de fe (verdad de la que no puede dudarse) por el papa Pío XII el 1 de noviembre de1950. La Iglesia católica distingue entre la adoración (latría) divina que no dan a María, y la veneración (dulía) especial (mayor a la de los otros santos) de la que debe ser objeto.

Efectos

Estos efectos son principalmente tres: l) Conduce al conocimiento y al amor de Dios; 2) al de Cristo y, 3) al de María.

1. La Mariología conduce y facilita el conocimiento y el amor de Dios. En efecto, la escalera para subir a Dios, para conocerlo y amarlo, son las criaturas. María es una criatura perfectísima en la que resplandecen de modo singular la bondad, la gracia y el amor divinos, pues en Ella se complació el Todopoderoso (cfr. Lc. 1,49). Por tanto, conociendo y amando a María conoceremos y amaremos más a Dios.

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2.

La Virgen Santísima nos configura con su Hijo y nos conduce a Él. Tengamos presente que Ella sostuvo la fe vacilante de los Apóstoles antes de Pentecostés; Ella nos fue entregada, por su Hijo, como Madre; Ella señaló en las bodas de Caná:

‘Haced lo que Él os diga’ (Jn. 2,5). Por todo ello, María es ayuda valiosísima para el cristiano en su camino hacia Jesucristo.

3. Por último, sabiendo que no hay criatura más excelsa que María, ni quien más íntimamente esté unida a Dios, la Iglesia le aplica estas palabras de la Escritura:

‘Quien me hallare, hallará la vida y obtendrá el favor del Señor’ (Prov. 8,35).

Relación con otros tratados de teología

La ciencia mariológica tiene ya un lugar propio en la Teología. Este lugar propio no significa autonomía, puesto que está siempre estrechamente relacionada con los restantes tratados teológicos. Así, por ejemplo, con relación al Tratado de la Santísima Trinidad basta decir que Santa María es hija predilecta de Dios Padre, Madre verdadera de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo. Con la Cristología y la Soteriología guarda una especialísima relación por cuanto la Encarnación se llevó a cabo en sus entrañas purísimas; María refuerza la verdad de la Humanidad de Cristo; fortalece las relaciones Padre-hijo por cuanto Jesús estuvo sujeto a María y José; colabora con su Hijo como Corredentora, Mediadora y Dispensadora universal de todas las gracias. Se relaciona con la Eclesiología en tanto que Ella es tipo y figura de la Iglesia; en María la Iglesia ha alcanzado su perfección, es Madre de la misma Iglesia y colabora activamente en su origen y en su crecimiento. También se relaciona con la Escatología o tratado de las postrimerías, porque su Asunción a los cielos es anticipo y prenda cierta de la resurrección de los cuerpos de todos los hombres (cfr. Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, n.15). El estudio de la Mariología ha servido además, para profundizar en el método teológico y ahondar en las relaciones que hay entre la Sagrada Escritura y la Tradición. Por ejemplo, el Dogma de la Inmaculada Concepción fue precedido por la fe del pueblo cristiano, y el Dogma de la Asunción de María asentado firmemente, también, principalmente en argumentos de la Tradición. En otras Palabras, el ‘sentido de la fe’ de todos los fieles ha impulsado a los teólogos a profundizar en sus argumentos.

Revelación divina y tradición

“Según la fe católica, Dios se reveló al hombre, a través de palabras y acontecimientos, para que el hombre pueda conocer su designio de benevolencia. Ese designio consiste en hacer participar, por la gracia del Espíritu Santo, a todos los hombres en la vida divina, como sus hijos adoptivos en su único hijo, que es Jesucristo. Esa infalible Revelación divina, manifestada a lo largo de los siglos que corresponden al Antiguo Testamento, es plenamente realizada y completada en Jesucristo. A partir de la resurrección de Cristo, no será revelado más nada a los hombres hasta la Parusía. Pero, a pesar de que la Revelación ya está completa, todavía no está

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plenamente explicitada. Y está reservado a la fe cristiana aprender gradualmente todo su alcance, y el transcurso de los siglos. A partir de ahí, con la asistencia sobrenatural del Espíritu Santo, la Revelación inmutable (o el depósito de fe) es transmitida ininterrumpidamente y íntegramente por la Iglesia a través de una doble Tradición (que en latín significa entrega el acto de confiar) indisociable, que puede ser oral o escrita (2 Tesalonicenses 2,15; 2 Timoteo 1,13-14; 2,2): La Tradición oral, o simplemente la Tradición, que conserva las enseñanzas de Cristo a los Apóstoles. A su vez, ellos transmiten integralmente estas enseñanzas a sus sucesores (los obispos unidos con el Papa), para que ellos puedan conservar y difundirlos; La Tradición escrita, o la Biblia, es el producto del registro escrito de la Tradición oral por los cuatro evangelistas y otros escritores sagrados, siempre inspirados por el Espíritu Santo. Para los católicos, la Biblia está constituida por 73 libros, organizados en el Antiguo Testamento (incluyendo los deuterocanónicos, que fueron aceptados como inspirados hasta el concilio de Trento en 1546 por la iglesia católica), y el Nuevo Testamento. Ambas están intercomunicadas, además de la Revelación inmutable, existen también las apariciones privadas (ej.: las apariciones marianas), que no pertenecen a la Revelación ni pueden contradecirlas. Por eso, los católicos no están obligados a creer en ellas, aunque algunas de ellas fueran reconocidas como auténticas por la Iglesia (ej.:

apariciones de Fátima). Su papel es solamente ayudar a los fieles a vivir mejor la Revelación divina, en una determinada época de la historia.

Más sobre la tradición

Tesis Católica

Existe la Tradición divina, es decir, la revelación hecha oralmente por Dios, no inspirada, la cual se nos ha transmitido mediante la predicación oral. (Doct. de fe divina y católica definida).

Divisiones de la Tradición

La tradición puede ser a) Objetiva: un conjunto de hechos, de verdades y milagros que constituyen el depósito de la fe. O b) Subjetiva: conjunto de personas mediante las cuales nos llegaron los hechos y dichos de Cristo, los apóstoles y sus inmediatos seguidores. La tradición objetiva puede ser, a) Dogmática: Verdad que se ha de creer con fe divina o b) Disciplinar: Aquella cuyo objeto es algún mandato divino que debe observarse permanentemente en la iglesia. La Tradición divina, objetiva, dogmática y disciplinar es a) Constitutiva: La verdad no se halla en la Escritura, b) Inhesiva: La verdad se halla explícita en la Escritura, y c) Declarativa: La verdad está Implícita en la Escritura

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Órganos de la Tradición

Son las personas físicas o morales que transmiten dentro de la iglesia las verdades contenidas en la tradición objetiva y pueden ser: a) Primarios, como el Papa, los Concilios (Trento y Vatic. I) y los obispos de todo el orbe. Y b) Secundarios: Son

aquellas personas que bajo vigilancia de los primarios, transmiten dentro de la iglesia la tradición objetiva, y son: teólogos, escritores doctores y artistas. Los católicos dicen que los que niegan la tradición son a) los racionalistas, para quienes la única fuente de verdad es la razón; b) los modernistas quienes dicen que todas las cosas están sometidas a la evolución y a la transformación. Esto destruye el concepto de tradición; c) Wicleff: "La verdad que no se encuentra en la Biblia no se halla en ninguna parte"; y d) los Protestantes antiguos y modernos, que sostienen que "La verdad se halla completa y suficiente en el AT y NT. La Biblia es la regla de fe y práctica del cristiano." Sin embargo, los católicos sostienen que la tesis católica se prueba mediante dos argumentos:

a) El magisterio de la Iglesia: Los concilios y Papas han basado sus creencias,

enseñanzas y recomendaciones no solo en la Biblia, sino también en la tradición.

b) La Sagrada Escritura: Pasaron 2500 antes que hubiera palabra escrita, la que

conocemos como Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, Cristo enseñó muchas cosas que no se registraron. El modo de proceder de los discípulos nos muestra que sus enseñanzas eran más orales que escritas. Muchos no escribieron.

La infalibilidad papal

Concepto de infalibilidad

El concilio del Vaticano I en 1870, definió como dogma de fe que el Papa cuando

habla ex-cátedra es infalible. El concilio declaró también, que "si alguno, Dios no lo permita, pretende decir lo contrario, sea anatema. Nótese lo siguiente:

a) La infalibilidad no se refiere a todo lo que dice el Papa, sino cuando declara doctrina.

b) La infalibilidad es cuando se dirige a toda la iglesia Universal y no a grupos únicamente.

c) Tales pronunciamientos deben referirse a la moral y a la fe.

La doctrina de la infalibilidad, según los católicos entendidos, no significa que el Papa es infalible como hombre. La infalibilidad no tiene nada que ver con su vida privada o hábitos personales. Que la infalibilidad no se refiere a la moral personal de los papas, es claro por la misma historia. Historiadores católicos admiten esto. Algunos papas no fueron teólogos, por ejemplo Clemente VIII. Este Papa no entendía el problema semipelagiano. Es interesante que los papas al publicar sus libros no los escriben ex-cátedra. Es tan infrecuente que el Papa hable ex-cátedra que después de 1870 cuando se declaró infalible el

Papa, solamente una vez ha usado esa prerrogativa y fue en 1950 cuando declaró dogma de fe la asunción de la virgen María. Es interesante también notar, que Roma no ha producido un solo comentario autorizado e infalible de la Biblia. Los mismos papas no se sienten muy entusiasmados a usar esta prerrogativa.

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Cuando el Papa quiere pronunciarse en una Encíclica sobre algún asunto de importancia, primero convoca a una comisión para que le den luz sobre el tema. Prueba de ello fue la comisión convocada antes de emitir su posición sobre el control de la natalidad en su Encíclica “De Humanae Vitae”. Antes del año 1870 los teólogos creían que la autoridad infalible estaba en los concilios. Y por eso, cuando un Papa obraba mal, la iglesia mediante sus representantes lo

deponía y corregía. Por ejemplo, el Concilio de Constanza (1415) depuso a Juan XXIII después de ser Papa por cinco años. El concilio de Basilea, declaró: "El Papa está obligado a reconocer y obedecer la autoridad de los concilios." La infalibilidad del Papa se ve impugnada por lo que sucedió en el papado durante los años (1378 - 1413). Este período se le conoce como el Cautiverio Babilónico o el Cisma de Occidente. ¿Qué sucedió? En el año 1300 los papas se cambiaron de Roma a Avignon, Francia. Pero Gregorio XI regresó a Roma. Su sucesor, Urbano VI a su elección prometió regresar a Francia, pero no cumplió su promesa. Los franceses consideraron ilegal su elección y nombraron un nuevo papa, a Clemente VII. Esto continuó así, hasta que el Concilio de Pisa en 1409 depuso a los dos papas rivales y nombró a un nuevo papa, Alejandro V. Los dos no aceptaron la decisión del concilio y continuaron como papas. Así comenzó una guerra entre los tres. Comenzaron a anatematizarse unos a otros. Al morir Alejandro V, fue sucedido por el inicuo Juan XXIII, al cual no reconocen los católicos hasta el día de hoy. El cisma continuó hasta el concilio de Constanza en 1414 que depuso a Juan XXIII y en su lugar nombró a Martín V. El dogma de la Infalibilidad Papal no tuvo aceptación general. Antes de 1870 los catecismos católicos rezaban así:

-- Pregunta: ¿Deben los católicos creer que el Papa es infalible? -- Respuesta: Esta es una invención protestante. Después del Concilio Vaticano I esta pregunta y su respuesta se omitieron. Es bien sabido que el cardenal Newman se opuso fuertemente al dogma de la infalibilidad papal. Dijo a un amigo que este dogma tomó a muchos por sorpresa. Fue una píldora muy amarga que se tuvo que tragar. Los jesuitas jugaron un papel muy importante en este particular. Casi controlaron todo. Véase lo siguiente: De los 541 obispos y cardenales, 276 eran de Italia con 27 millones de habitantes. Los Estados Pontificios con 750 000 habitantes tenían 62 obispos. Sólo eran 11 obispos para el resto del continente incluyendo a Inglaterra. En la primera votación hubo clérigos que se opusieron decididamente a establecer la infalibilidad papal. He aquí algunos de los que se opusieron: El cardenal Rausher, los arzobispos Hefele, Strossmayer, Kendrik, Dollinger. El más famoso discurso que se oyó en contra del dogma fue pronunciado por el arzobispo Strossmayer. En resumen este discurso presenta las siguientes conclusiones:

a) Jesús dio a todos sus discípulos la misma autoridad

b) Los apóstoles jamás reconocieron a Pedro como vicario de Jesucristo

c) Pedro jamás supo que era Papa y por lo tanto no actuó como tal.

d) Los primeros concilios jamás reconocieron al obispo de Roma como superior, menos como infalible, ni con poderes de jurisdicción

e) Que el famoso pasaje bíblico en el cual se basa la pretensión de infalibilidad está mal interpretado.

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El asunto terminó abruptamente sin que se permitiera a los oponentes hablar en contra. Votar en contra era anatema, sin embargo dos votaron en contra. Otros no votaron. La alternativa era: sumisión o excomunión. Excomunión para una persona común es cosa muy dura, significa no participar de los sacramentos. La excomunión para un cura es quitarle su sustento, pues no puede oficiar y no tendrá amigos. Para un obispo, es matarlo vivo, es lo peor que le pudiera suceder. El erudito Dollinger, el teólogo más esclarecido de Alemania se opuso al decreto y no quiso saber más del asunto. Escribió un tratado en contra de las decisiones del concilio y se salió de la iglesia; creó un cisma en la iglesia y sus seguidores se conocen como los católicos antiguos. No reconocen la infalibilidad papal. Muy conveniente es leer la obra del teólogo alemán Hans Kung, quien cuestiona el tema de la infalibilidad papal en su libro “¿Infalible?: Una Pregunta”. En este libro, el esclarecido teólogo hace un análisis crítico de la problemática de la iglesia respecto a esta pretensión. Sostiene que el dogma tiene bases muy débiles no sólo en el ámbito teológico- histórico, sino en lo racional. En las páginas 179 y 180 menciona la destacada actuación del arzobispo Strossmayer y las reacciones que levantó su discurso en la asamblea. No obstante, el voto fue tomado y el Papa fue declarado infalible. Una piedra en el zapato para la iglesia católica de hoy.

Pedro

"La Iglesia Católica enseña que Nuestro Señor, confirió a S. Pedro el primer lugar de honor y jurisdicción en gobierno de toda la iglesia y que tal supremacía ha recibido y reside aún en los papas quienes son los sucesores legítimos de Pedro. Consecuentemente, y a fin de estar en plena comunión con Cristo, todos los cristianos, clérigos y laicos, deben estar en comunión con la sede de Roma, donde Pedro gobierna en la persona de su sucesor" (Cardenal Gibbons, La Fe de Nuestros Padres, p.95.). La base de esta doctrina es Mat.16:13-19. A esto se une la idea que Cristo le confirió a él la misión de “apacentar a las ovejas”. También es nombrado de manera especial cuando se nombran a los apóstoles, y Pablo hace especial referencia a él y a Santiago en su visita a Jerusalén. Según la tradición romana, Pedro fue el primer obispo de Roma y ejerció su pontificado los años 42-67. Fue martirizado en Roma en el año 67. La iglesia romana cree que para el concilio que se menciona en Hechos capítulo 15, Pedro vino de Roma a Jerusalén. Con la transferencia de Autoridad de Pedro a su sucesor, comienza lo que los católicos llaman Sucesión Apostólica. Argumento que enseña que las otras denominaciones organizadas son ilegítimas. Contrastando con este concepto, algunos de los considerados “padres de la Iglesia” dieron su opinión. Parece que el concepto de la sucesión apostólica tardó en arraigarse en la Iglesia. San Cirilo de Alejandría dijo: "Creo que por la Roca debéis entender la fe invariable de los apóstoles" (Libro IV sobre la Trinidad.). San Hilario de Poitiers, "La roca (piedra) es la bendita y sólo Roca de la fe confesada por boca de S. Pedro" (Libro II sobre la Trinidad). San Juan Crisóstomo, "Sobre esta roca edificaré mi iglesia, es decir, sobre la fe de su confesión. Ahora bien, ¿cuál fue la confesión del apóstol? Hela aquí: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Homilía 55 sobre S. Mateo), Orígenes de Alejandría, "Si

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suponéis que Cristo fundó su iglesia sobre Pedro, ¿qué papel le asignáis a los demás?", San Agustín, "¿Qué significan las palabras 'Edificaré mi iglesia' sobre esta roca? Sobre esta fe, sobre lo que tú me dices: 'Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente'" (Comentario sobre la primera Epístola de Juan.); y así otros. El sacerdote francés Lanoy al hacer una investigación sobre la cuestión de la piedra y Pedro, halló que hay 17 citas de los padres en favor de que Pedro es la roca, 8 en favor de que la roca fundamental de la iglesia es la fe de todos los apóstoles; 16 citas declarando que la roca es Cristo mismo; y 44 declarando que la roca es la fe confesada por Pedro.

Eclesiología

La Iglesia Católica considera el rol de la iglesia de manera peculiar y con más énfasis en su autoridad que en su misión evangelizadora, aunque esto está cambiando en los últimos años. Consideran la iglesia como el cuerpo místico de Cristo, el arca de salvación. Es también el medio de comunión entre Dios y los hombres y el lugar mediante el cual Cristo comunicado en el Espíritu Santo. Así, es sacramento y misterio

Definición.

"La iglesia es la sociedad de los hombres en marcha hacia su patria, unida por la profesión de la misma fe cristiana y la comunión de los mismos sacramentos, bajo la autoridad de los pastores legítimos, y en particular del soberano pontífice".

Tesis importantes acerca de la iglesia.

1) La iglesia es el pueblo elegido por Dios para ser su heredad. Es el nuevo Israel, preparado y prefigurado por el antiguo Israel. 2) La iglesia ha sido fundada por Jesucristo. Comenzó su edificación con sus enseñanzas, la consumó cuando pendía en la cruz y la promulgó cuando envió el Espíritu Santo sobre los apóstoles. 3) La iglesia es el nuevo pueblo de Dios, es también la esposa de Cristo, su cuerpo místico. Cristo es la cabeza de este cuerpo, y el Espíritu Santo es el alma. 4) La iglesia a la que todos estamos llamados en Cristo, no tendrá su consumación hasta la gloria celestial cuando sobrevenga el tiempo en que todas las cosas sean renovadas. 5) Del mismo modo que Cristo es uno en dos naturalezas, así también la iglesia es una sola realidad constituida por un doble elemento. Es a un tiempo humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, presente en el mundo y sin embargo peregrina; pero de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a la divino; lo que es visible a lo que es invisible y lo presente a la ciudad futura que buscamos. 6) La iglesia es santa, y sin embargo no excluye a los pecadores. Es a la vez la iglesia de 7) Por voluntad misma de Cristo, la iglesia es una sociedad jerárquica estructurada por los obispos sucesores de los apóstoles. 8) La iglesia es católica. Instituida por Cristo para perpetuar y culminar su obra. La iglesia aúna la oración y el trabajo para que el mundo entero en todo su ser, se transforme en

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pueblo de Dios, en cuerpo del Señor, en templo del Espíritu Santo. Todo esto se lleva

a cabo bajo la autoridad de la jerarquía y guía del Espíritu Santo.

9) La iglesia es indefectible en el cumplimiento de su misión. Eso quiere decir:

a' Que la iglesia no perecerá b' Que la iglesia no desfallecerá c' Que la iglesia subsistirá hasta el mismo fin sin experimentar cambios substanciales. 10) La iglesia de Cristo posee cuatro notas que la hacen exteriormente reconocible:

a' Unidad b' Santidad c' Catolicidad d' y Apostolicidad 11) Así como Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, así también la iglesia es el medio universal y único de salvación. Ningún hombre puede salvarse sin pertenecer a ella, ya sea con toda realidad, ya sea cuando menos por su disposición profunda. 12) Puesto que existe un solo cuerpo de Cristo, a saber su iglesia por Él mismo fundada, la verdadera unidad de los cristianos únicamente se puede lograr por ella y en ella. 13) La iglesia, como Cristo, tiene una triple función y un triple poder: ENSEÑAR, SANTIFICAR Y GOBERNAR.

14) Por voluntad misma de Cristo, la iglesia es infalible cuando define una doctrina relativa

a la fe y a las costumbres.

El Rosario

Es una devoción en honor de la Virgen María, que consiste en rezar 5 decenas de Ave Marías, precedida cada decena de un Padre Nuestro y un Gloria al Padre, meditando sobre los principales misterios de N. S. y la Virgen María. La devoción del Rosario fue revelada por la Santísima Virgen a Santo Domingo de Guzmán en el siglo XIII Los rosarios materiales o colección de cuentas son anteriores al cristianismo y hoy se usan en muy diversas religiones. Nada más natural para contar oraciones que han de repetirse. Aparece en una escultura de Nínive nueve siglos antes de Cristo. Esta costumbre pasó sencillamente a los cristianos. Pero siendo su uso anterior al de la existencia del "avemaría" (San Antonio empleaba unas piedrecitas), hay que decir que se comenzó a utilizar para otras oraciones y, especialmente, para el "Padrenuestro". En Inglaterra se llamaba a los rosarios "paternosters" y a sus fabricantes "paternosteres". El nombre actual derivó de una costumbre antigua. Junto con la devoción alegre y gozosa nacieron los simbolismos. El más fácil de todos ellos fue el de la rosa. Coronémonos de rosas, se dice en el libro de la Sabiduría (2, 8), y se coronaban realmente de ellas en la época medieval, Estas coronas de rosas, en francés "chapelet de roses", vulgarmente hablando en francés, rosario en español y corona en italiano. Un rezo popular (Mich. México) dice: “El Rosario de María no lo dejes de rezar, es el primer escalón de la gloria celestial”.

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Otras instituciones y organismos de la Iglesia Católica

La Inquisición

En 1184 mediante una bula, el papa Lucio III, exigía a los obispos que interviniesen activamente para extirpar la herejía y se les otorgaba la potestad de juzgar y condenar a los herejes de su diócesis. Este fue el embrión del cual nacería el Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio. Así, la Inquisición fue un tribunal eclesiástico establecido en Europa durante la Edad Media para castigar los delitos contra la fe. Estos delitos podrían ser brujería, homosexualidad, blasfemia, herejía o judaizar en secreto. Los acusados eran interrogados, y ejecutados si se les encontraba culpables. Según la Iglesia Católica, el método de tortura era civilmente aceptada en el contexto de la sociedad de esa época. La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231, con los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidad de los obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos, a causa de su mejor preparación teológica y su supuesto rechazo de las ambiciones mundanas. En 1252 el papa Inocencio IV, bajo la influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Hasta entonces este procedimiento había sido ajeno a la tradición canónica. Aunque en sus comienzos la Inquisición dedicó más atención a los albigenses y en menor grado a los valdenses, sus actividades se ampliaron a otros grupos heterodoxos, como la Hermandad, y más tarde a los llamados brujas y adivinos. La Inquisición real (en España) se implantó en la Corona de Castilla en 1478 por la bula del papa Sixto IV con la finalidad de combatir las prácticas judaizantes. A diferencia de la Inquisición medieval, dependía directamente de la monarquía, es decir, de los Reyes Católicos. Tras una nueva bula emitida en 1483, la Inquisición se extendió a los reinos de la Corona de Aragón, incluyendo Sicilia y Cerdeña, y a los territorios de América (hubo tribunales de la Inquisición en México, Lima y Cartagena de Indias), y se nombró Inquisidor General a Tomás de Torquemada. La Inquisición portuguesa fue establecida en Portugal en 1536 por el rey Juan III. En un principio, esta estaba bajo la autoridad del papa, pero en 1539, el rey nombró inquisidor mayor a su propio hermano, Don Enrique. Finalmente, en 1547, el papa terminó aceptando que la Inquisición dependiese de la corona portuguesa La Inquisición romana, también llamada Congregación del Santo Oficio, fue creada en 1542, ante la amenaza del protestantismo, por el Papa Pablo III. Se trataba de un organismo bastante diferente de la Inquisición medieval, era una congregación permanente de cardenales y otros prelados que no dependía del control episcopal. Su ámbito de acción se extendía a toda la Iglesia Católica. Su principal tarea fue desmantelar y atacar a las organizaciones, corrientes de pensamiento y posturas religiosas que socavaran la integridad de la fe católica, y examinar y proscribir los libros que se considerasen ofensivos para la ortodoxia.

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Órdenes religiosas

Una orden religiosa es una comunidad organizada en la que cada individuo pretende consagrar su vida a Dios a través del seguimiento de ciertas reglas basadas en el carisma de un fundador. Una orden religiosa se sustenta principalmente en la comunión que sus integrantes tienen alrededor de una manera de vivir y de hacer presente a Dios en el mundo. Es decir, una orden se basa en la vida en comunidad y en un carisma. Hay diversos carismas, según las diferentes necesidades de la Iglesia. Por ejemplo, hay órdenes que enfocan su trabajo en la oración contemplativa, otras que lo enfocan en la educación, otras en la ayuda a los pobres, otras en la compañía y ayuda a los enfermos, y otras al auxilio del desempeño de las diferentes diócesis. Casi todas las órdenes religiosas se basan en los tres votos que resumen el ideal evangélico de vida. Estos tres votos ayudan al religioso a llevar una vida más cercana a Cristo. Los votos son: pobreza, obediencia y castidad. Estos tres votos tienen un fin común, el de no anteponer cosa alguna al servicio de Dios.

Clasificación

En general, las órdenes religiosas católicas pueden dividirse en estos grupos:

Monásticas: formado por monjas o monjas quienes viven y trabajan en el monasterio y recitan un Oficio común, Oficio divino o “liturgia de las horas”. Su vida se conoce como contemplativa. Es decir, se dedican a la oración y salen poco del monasterio, donde se desarrolla casi toda su actividad. De entre las más conocidas están:

Benedictinos (OSB), Cartujos (O.Cart), Trapenses (O.C.S.O), Citercienses (O. Cist). Algunas de ellas cuentan con ramas femeninas. Mendicantes: formado por frailes o monjas o hermanas quienes recitan el Oficio divino (“liturgia de las horas”) y tienen participación activa en el apostolado y viven de las limosnas. Ejemplos son Franciscanos (O.F.M), Dominicos (O.P), Agustinos (O.S.A), Carmelitas Descalzos (O.C.D), Clarisas (O.S.C), Concepcionistas (O.I.C), Visitandinas (V.S.M). Canónigos regulares: formado por canónigos y canonesas regulares quienes recitan en coro el Oficio divino (“Liturgia de las horas”) y generalmente tienen a cargo una parroquia (en el caso de los canónigos), tales como: Canónigos regulares de San Agustín, Orden de canónigos regulares. Clérigos regulares: formado por sacerdotes quienes a la vez son religiosos con votos, tienen un apostolado más activo. Tales como: Jesuitas (S.J), Teatinos (C.R), Camilianos (M.I). Los Institutos religiosos, como el de los Hermanos de las escuelas Cristianas, o Maristas, suelen estar compuestos por personas no consagradas que hacen votos y se dedican a la docencia. Al igual que Las órdenes católicas romanas de monjas o hermanas. Los miembros de institutos seculares son generalmente laicos que no viven en comunidad ni usan un determinado tipo de vestimenta, sino que hacen promesas de pobreza, castidad y obediencia y llevan una vida corriente dentro de circunstancias convencionales.

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Jesuitas

Conocida también como la Compañía de Jesús, fue fundada en 1539 en Roma (Italia) por Ignacio de Loyola, un ex soldado de familia noble vasca de Azpeitia (Guipuzcoa), que encontró la fe tras ser herido durante la una batalla en Pamplona en 1521, y aprobada por la Santa Sede en 1540, a raíz de la bula del Papa Paulo III "Regimini Militantes Ecclesiae". Con el lema latino "Ad maiorem Dei gloriam" (A la mayor gloria de Dios), la orden jesuita se propone difundir la fe católica a través de las misiones, el apostolado, la enseñanza y la ciencia. Formada exclusivamente de varones son actualmente más de 23 mil entre los que se encuentra el actual papa Francisco. Formados como un proyecto de la contra-reforma para contrarrestar intelectual y políticamente (y a veces físicamente) a la Reforma protestante. Es “una influencia política en el seno de la Iglesia que, si bien no alcanza a ser la de los viejos buenos tiempos de la Contrarreforma, sigue siendo fundamental”. Los jesuitas han disfrutado siempre de una fama ambigua, que fluctúa según quien los recuerde: heréticos, poderosos, elitistas, ortodoxos. La Compañía de Jesús se batió por el papado en más de un querella religiosa. Leal a Roma, la Compañía de Jesús ayudó, con su engrasado celo misionero, a la extensión del catolicismo en el Nuevo Mundo Leal a Roma, ayudó, con su engrasado celo misionero, a la extensión del catolicismo en el Nuevo Mundo (de Canadá, en el norte, a las polémicas misiones jesuíticas guaraníes de Uruguay, en el sur) y proporcionó argumentos teológicos renovados para hacer frente al cisma del protestantismo (la llamada Contrarreforma, que se desarrolló durante el siglo XVI). Con la progresiva separación del trono y el altar, el triunfo del Absolutismo y, sobre todo, la revolución llevada a cabo por las ideas ilustradas, los jesuitas cayeron en desgracia. De algunos países, como España, fueron expulsados (por mandato del monarca Carlos III, en el siglo XVIII) y el mismísimo Vaticano decretó, poco después, la supresión de la orden (por un edicto del papa Clemente XIV). Durante el siglo XX, y tras el Concilio Vaticano II, el gran movimiento de renovación interno de la Iglesia desde Trento, la Compañía de Jesús se adaptó a los nuevos tiempos de forma desigual. La disminución del número de vocaciones (un mínimo común denominador para todas las facciones del catolicismo) y el ascenso imparable de otras corrientes católicas —como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo— hicieron que su influencia, en líneas generales, disminuyera enteros. Pero hoy, 473 años después de su fundación, los jesuitas, de los que se puede decir que siempre han permanecido ahí, cuentan con una baza impagable para recuperar parte del prestigio perdido, un representante de excepción: el sumo pontífice número 266, Francisco.

El Opus Dei

El Opus Dei, un misterioso y controversial movimiento de laicos católicos fundado en España en 1928 por un sacerdote y abogado español llamado José María Escriva de Balaguer y Albas como un «camino de santificación dirigido a toda clase de personas en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano». El Opus Dei se ha extendido a 87 países y el número de sus miembros alcanza

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a rebasar los 74,000. Muchos son bien educados: Doctores, abogados, hombres de negocios, profesores universitarios y otros profesionales. Desde 28 de noviembre de 1982 tiene el status canónico de Prelatura Personal de ámbito internacional con estatutos propios; siendo, hasta ahora, la única prelatura personal reconocida en la iglesia católica. Según críticos, el Opus Dei con esta categoría jurídica, se convirtió de facto en una "iglesia dentro de la Iglesia", debido a su gran independencia dentro de la misma por no estar sometida a la jurisdicción directa de las diócesis territoriales. Según el Anuario Pontificio de 2013, el Opus Dei cuenta con 2.073 sacerdotes en el mundo y un total de 90.502 miembros. El 55% de los miembros del Opus Dei son mujeres y cerca del 90% viven en Europa y América. Tienen acceso a 694 diarios, 52 estaciones de radio y televisión, 38 agencias de publicidad y 12 compañías cinematográficas. Escriva, quien murió en 1975, es ahora reconocido como beato. Su libro titulado El Camino, ha sido traducido a 35 idiomas y se han publicado más de 3, 000,000 copias, contiene 999 máximas que los miembros del Opus Dei deben conocer. El Opus Dei se caracteriza por: la discreción, inconmovible lealtad a la corriente conservadora de la iglesia, aguerrido anticomunismo y un bien educado, disciplinado, ferviente y devoto cuerpo de laicos. El Papa Juan Pablo II habló maravillas acerca del Opus Dei. En 1984 nombró a un miembro del Opus Dei, Joaquín Navarro Valls, como su principal vocero en el Vaticano. El informe cita a Juan Arias, un corresponsal en el Vaticano para el periódico español El País: El Opus responde en parte a la idea del Papa Wojtyla de crear un ejército de laicos consagrados y al mismo tiempo sean capaces de estar activos en el mundo de hoy bajo el control de Roma. Al Papa le agrada su activismo, su anticomunismo y su cohesión interna, donde no existe pluralidad de ideas. Aprecia su total sumisión a Roma que una vez caracterizó a los Jesuitas. Juntamente con otros observadores y expertos en el Vaticano, Arias especula y dice que el Opus Dei tomará el lugar de los Jesuitas como la nueva elite papal y grupo de choque -una suerte de "caballo de Troya en medio del mundo," dicen otros-. Los críticos llaman a este movimiento la Santa Mafia o la Masonería Blanca. Describen su estructura como elitista, secreta, autoritaria, centrada en misma y cultica. El Opus Dei pide de sus miembros elevadas normas. “De acuerdo con la propia organización, la misión del Opus Dei consiste en fomentar entre los bautizados la conciencia de la llamada universal a la santidad”. Los numerarios poseen títulos universitarios, estudios teológicos y hacen promesa de obediencia y ser célibes mientras vivan, además dedican cualquier cantidad que no necesitan de sus entradas a la organización. Aunque el Opus Dei no es una orden religiosa, sus miembros viven en comunidades especiales donde siguen un programa de reglamentado de oraciones, lecturas, confesiones y mortificación del cuerpo - que puede llegar a sesiones de flagelación con látigo de piel. El Opus Dei se caracteriza por ser un movimiento secreto. Los miembros a menudo no revelan su relación con el movimiento; las reglas y constitución no son fáciles de conseguir. Los miembros se integran a todas las partes de la sociedad y la religión con la finalidad de hacer prosperar la “obra de Dios” con su influencia y participación en las áreas donde ejercen.

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APENDICE

POR QUE EL BAUTISMO DE INFANTES NO ES BIBLICO

Por Armando Juárez

¿Ya llevaste a bautizar al niño? --Le preguntó la madre a la hija. Todavía no, mamá, --contestó la hija-- José no cree en esas cosas, dice que el niño se debe bautizar cuando sea grande, cuando tenga edad para decidir por él mismo. Pero eso pone al niño en peligro, --le dice la madre-- pues si muere, el niño va a morir con el “pecado original,” y se va a ir al limbo, y no al cielo. José me dice que la Biblia no enseña eso, --le contesta la hija-- y tú dices que eso te enseñaron en la iglesia. ¡Mamá, no sé a quién creer! Tal vez usted también haya vivido un diálogo similar, y se haya preguntado ¿cuándo se debe bautizar, en la infancia o en la madurez? Para responder tal pregunta, lo mejor es ir a las bases bíblicas para conocer la voluntad de Dios acerca de cuándo se debe bautizar a las personas. Pero para tener un panorama más amplio del asunto, primero vamos a dar algunos datos históricos.

EL BAUTISMO DE INFANTES EN LA HISTORIA En primer lugar, es necesario aclarar que existen tres formas de aplicar el bautismo, una es la inmersión, la segunda es el derramamiento o efusión y la tercera es la aspersión o rociamiento. La palabra castellana bautizo viene del verbo griego baptizo, el cual implica inmersión, ya que deriva de la palabra bapto, que significa “sumergir en algo, o bajo algo”. 1 El bautismo, desde el inicio de la iglesia cristiana, se ha practicado sumergiendo a la persona en el agua. Los bautisterios en los templos y catedrales evidencian que hasta el siglo XII, la forma de administrar el bautismo fue por inmersión. Fue hasta el siglo XIII que la práctica de la aspersión fue casi universalmente empleada. 2 En cuanto al bautismo de infantes, los documentos más primitivos como la

Didajé, El Pastor de Hermas, la Apología de Justino, son unánimes en afirmar que los que se bauticen sean discípulos (adultos) consagrados. Tertuliano y Orígenes, escritores de la iglesia cristiana primitiva, mencionan la práctica del bautismo de infantes a fines del siglo segundo y principios del tercero. Fue hasta el tercer siglo que la práctica del bautismo de

infantes surgió en medio de un candente debate entre Agustín y los donatistas. 4

criterio de Agustín que defendía el bautismo de infantes, se impuso. La iglesia católica,

adoptó la práctica de bautizar a los infantes a partir de esa fecha. Durante la Reforma Protestante, en el siglo XVI, la polémica sobre el bautismo de infantes fue levantada por los anabaptistas, que insistían que el bautismo debería ser administrado sólo a los adultos y que el bautismo de los infantes no era válido, por lo tanto, se debería volver a bautizar a la persona de nuevo, de ahí que se les pusiera el

El

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nombre de anabautistas (rebautizadores). La controversia se hizo más aguda porque tanto los protestantes como los católicos estaban en contra de los anabautistas defendiendo el bautismo de infantes, pero usaban diferentes argumentos para defender su posición. Veamos cuales eran los argumentos esgrimidos para defender dicha práctica. Los católicos argumentaban que el bautismo se debería administrar a los infantes debido a que al nacer todos tenemos parte de la culpa (mácula) del “pecado original” de Adán. El bautismo es el medio divino para limpiar esa mácula. La pena por morir con el pecado original es el limbo, o sea la exclusión del cielo y la ausencia de los tormentos del infierno. 5 Lutero defendió el bautismo de infantes alegando que la salvación es por fe en la gracia de Dios. Uno no tiene que hacer nada, solo aceptar la gracia divina, los padres, al presentar al niño para ser bautizado, aceptan que la salvación es por la fe y no por obras. Pero aclaró, que no es el agua que limpia, como afirmaban los católicos, sino la Palabra de Dios que está en y con el agua, y la fe, que confía que la palabra de Dios está en el agua. Lutero reconocía la total depravación del ser humano y su incapacidad para salvarse, pero negaba que uno compartiera la culpa del pecado de Adán. También rechazaba darle al agua un poder sacramental, como afirmaban los católicos. El poder está en la palabra de Dios y en la fe que el creyente tiene en ese poder. Zwinglio por su parte, compartía la misma posición de Lutero pero usó un argumento distinto para defender el bautismo de infantes. Zwinglio vio el bautismo de infantes como el substituto del rito de la circuncisión, basado en la declaración de Pablo en Colosenses 2:11-12. Afirmó que la circuncisión era el rito que daba acceso al niño a formar parte del pueblo del pacto, así el bautismo es el rito de iniciación o de entrada a la iglesia, el nuevo pueblo de Dios. Por lo tanto, así como la circuncisión se aplicaba al octavo día de nacido, así también el bautismo tiene que ser administrado al infante en los primeros días de su nacimiento. Por lo que la historia nos enseña, podemos ver que hay tres argumentos empleados para defender el bautismo de infantes. Ahora veremos lo que la Palabra de Dios dice al respecto. EL BAUTISMO DE INFANTES EN LA BIBLIA Vamos a enumerar varias razones por las cuales se puede demostrar que el bautismo de infantes no es bíblico. Ausencia de evidencias en los registros bíblicos En la Biblia no existe ninguna referencia o instrucción directa que autorice o que repruebe el bautismo de infantes. La mayoría de los comentadores de las Escrituras están de acuerdo que no hay evidencia clara en el Nuevo Testamento de que se haya practicado el bautismo a infantes. 3 Lo que sí es bien claro, es que todos los bautismos mencionados en el Nuevo Testamento son de personas adultas tanto de judíos (Hechos 2:41) como de gentiles (Hechos 10:47-48). Recibimos las consecuencias no la culpa de Adán Hay quienes enseñan que por causa del pecado de Adán, todos nacemos compartiendo de esa culpa, y por esa razón se necesita el bautismo, para limpiar la culpa. Pero no es lo mismo recibir las consecuencias que la culpabilidad. Vamos a ilustrarlo con un caso de la vida diaria. Juan iba manejando ebrio su automóvil, llevaba consigo a su familia. Fue y se estrelló en contra de una residencia, causando destrucción y muerte. Él fue llevado a la cárcel para pagar por la culpa de sus actos y se le embargó todo lo que

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tenía para pagar los daños. La familia de Juan no fue a la cárcel, porque ellos no tenían culpa de los daños causados, pero tuvieron que pagar las consecuencias por el pecado de Juan, porque ellos también salieron heridos y quedaron en la miseria. El pecado de Adán trajo como consecuencia la separación de Dios, la muerte y el dolor (Romanos 5:12). Además al nacer heredamos como consecuencia del pecado: inclinación al mal, tendencia al pecado, pero no compartimos la culpa del pecado de Adán. Dios no carga el pecado de los padres sobre los hijos (Ezequiel 18:20; Jeremías 31:29-30).

¿Y qué si el niño muere antes de que pueda decidir por él mismo, qué sucede? ¿Serán condenados? ¿Serán excluidos del pueblo de Dios? ¡No! Nuestro Señor Jesucristo no los excluyó del reino de la gracia, sino que afirmó: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de ellos es el reino de los cielos” (S. Mateo 19:14). La fe de los padres creyentes los santifica (1 Corintios 714), ellos están seguros hasta que lleguen a la edad de responsabilidad personal. Es privilegio y deber de los padres guiar a sus hijos a una relación con Cristo que finalmente los lleve al bautismo. Por cuanto los individuos difieren en cuanto a su madurez espiritual a una edad determinada, algunos están listos para el bautismo antes que otros. Por eso no se puede establecer una edad mínima para el bautismo. Una persona hace peligrar su salvación si llega a la edad de responsabilidad y rechaza la influencia del Espíritu Santo en su corazón. Los requisitos para el bautismo Por las instrucciones dejadas por el Señor y los apóstoles, las pautas establecidas para administrar el bautismo eran para personas con cierto grado de madurez espiritual. Primero, para ser bautizado es necesario creer (Marcos 16:15), en la Biblia sólo los que creían eran bautizados (Hechos 8:36-37; 16:31-34; 18:8). En segundo lugar, hay que arrepentirse para que sean perdonados los pecados (Hechos 2:37-38), sólo las personas maduras y responsables pueden entender su condición pecaminosa y buscar el perdón de Dios. En tercer lugar, se necesita la conversión o nacer de nuevo para poder entrar en el reino de Dios (Hechos 3:19; S. Juan 3:3-5), las personas que entienden su condición espiritual buscarán la regeneración o el cambio de vida. En cuarto lugar, debe haber evidencias de ese cambio o regeneración o sea los “frutos dignos de arrepentimiento” (S. Mateo 3:8). Por lo anterior, se puede deducir que para bautizarse, se necesita tener cierta edad cuando la persona es capaz de comprender su necesidad del bautismo. Un infante, no puede cumplir todos los requisitos para bautizarse mencionados en la Biblia. El significado del bautismo El bautismo tiene varios significados, todos ellos tienen el propósito de enseñarnos una verdad espiritual que solo puede ser comprendida por personas maduras espiritualmente. La inmersión del bautismo tiene un doble significado: el primero es mostrarnos simbólicamente la muerte, sepultura y resurrección de nuestro Señor. El segundo, representa un símbolo de nuestra muerte al pecado, la sepultura de nuestros pecados y el surgimiento a una nueva vida en Cristo (Romanos 6:3-5). Por los dos significados anteriores, podemos ver que esto tiene que ser hecho por una persona adulta, que entienda y acepte la muerte de Jesucristo en su lugar y decida morir a una vida de pecado y surgir a una nueva vida en Cristo. Esto no puede ser efectuado por un infante. El tercer significado del bautismo, pudiera dar margen a creer que sí se puede aplicar a los infantes, como lo creyó Zwinglio, pero correctamente comprendido, esto es todo lo contrario. El bautismo representa el inicio de un pacto con Dios. Así como la circuncisión fue el inicio de una relación de pacto de Dios con Abrahán, un adulto (en

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aquél tiempo los pactos sólo se realizaban entre dos personas adultas) (Génesis 17:1-7). De ahí en adelante, todos los descendientes de Abrahán, tenían circuncidarse en obediencia al pacto establecido entre Dios y Abrahán, y de esta manera formar parte del pueblo de Dios. Sin embargo, ese pacto tenía una dimensión espiritual que tenía que ser

comprendida por el pueblo. La circuncisión de Abrahán significaba y confirmaba su previa experiencia de justificación por la fe. Su circuncisión era “un sello de justicia de la

fe que tuvo estando aún incircunciso” (Romanos 4:11).

La circuncisión sola no garantizaba la entrada a la verdadera dimensión del pacto. Por eso Dios amonestaba: “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz” (Deuteronomio 10:16). Esta fue una de las razones por la

cual Dios cambió el símbolo de la circuncisión por el del bautismo. Un judío de nacimiento tenía el deber de circuncidarse. Pera ser miembro del nuevo pueblo de Dios, tiene que creer en Cristo como su salvador y bautizarse. Pablo afirmó que “la circuncisión es la del corazón, en espíritu no en letra” (Romanos 2:28-29), para Dios ésta

es la que importa: “pues en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión,

sino la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6). El apóstol Pablo les escribió a los cristianos de Colosas que ellos fueron “circuncidados con una circuncisión no hecha a mano” sino en la de Cristo, la cual es el bautismo. Pero ésta se efectuó porque ellos tuvieron “fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” y con ello, se les dio “vida juntamente con él y se les perdonó los pecados” (Colosenses 2:11-13). Como se puede ver, se está hablando de una circuncisión espiritual que se realiza en personas que tienen fe, que confiesan sus pecados y se levantan a una nueva vida en Cristo, esto sólo se puede realizar en personas adultas no en infantes. La circuncisión en Israel era administrada a los infantes, por derecho de nacimiento, ahora el bautismo es aplicado a los que creen en Cristo.

Conclusión ¿Deben ser bautizados los infantes? La respuesta es un rotundo no. La historia nos indica que la práctica en la iglesia cristiana del Nuevo Testamento era bautizar adultos. Fue la introducción de la doctrina del pecado original lo que causó que se viera necesario

el bautismo de infantes. Esta doctrina está en contra de las enseñanzas de las Sagradas

Escrituras. Los diferentes significados que tiene el bautismo nos hacen evidente que

estos son para que sean entendidos por y administrados a personas maduras. Por último,

el bautismo es una respuesta de fe a la obra redentora realizada por Cristo en la cruz. Es

un pacto que se realiza en fe, confiando que en el futuro, Dios cumplirá en nosotros lo que realizó en Cristo, levantarnos de la tumba y resucitarnos a una vida eterna (Romanos 6:5). Todo esto sólo puede ser hecho por personas que tienen capacidad para entender y responsabilidad para aceptar por la fe las promesas de Dios. El eunuco le preguntó a

Felipe: “He aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe le dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”

(Hechos 8:36-38). “Y tú, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados,

invocando su nombre” (Hechos 22:16).

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1Véase Albrecht Oepke, “Bapto, Baptizo”, Theological Dictionary of the New Testament, Ed. Gerhard Kittel, trad. Geoffrey W. Bromiley (Grand Rapids, MI.: W. B. Eerdmans Co., 1964), tomo 1, pág. 529. 2Véase T. M. Lindsay, “Baptism”, The International Standard Bible Encyclopaedia, ed. James Orr (Chicago, IL: The Howard Severance Co., 1915), tomo 1, pág. 390. 3W. F. Flemington, “Baptism”, The Interpreter’s Dictionary of the Bible, ed. G. A. Buttrick (Nashville, TN: Abingdon, Press, 1962), tomo 1, pág. 352. 4 G. R. Beasley-Murray, Baptism in the New Testament, (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1973), pág. 16; cf. Joachim Jeremías, Infant Baptism in the First Four Centuries (Philadelphia, PA: ¿publicadora? 1962), págs. 94-97. 5P. J. Hill, “Baptism of Infants”, New Catholic Encyclopedia (New York: McGraw-Hill, 1967), págs. 69-70.

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Comentario Bíblico Adventista.

Comentario sobre Juan 20:23.

A quienes remitierais los pecados.

Jesús habla aquí a los discípulos como representantes de su iglesia en la tierra, en cuyo conjunto él había confiado la responsabilidad de velar por los intereses espirituales y las necesidades de sus miembros individuales. Jesús ya les había explicado ampliamente cómo tratar con los miembros descarriados: primero, personalmente (ver com. Mat. 18:

1-15, 21-35); y después, con la autoridad de la iglesia (ver com. vers. 16-20). Ahora reitera las instrucciones dadas en la ocasión anterior.

La iglesia debe trabajar fielmente por la restauración de sus miembros descarriados, debe estimularlos para que se arrepientan y se aparten de sus malos caminos. Cuando existe la evidencia de que se han arreglado las cosas con Dios y con el hombre, la iglesia debe aceptar el arrepentimiento como genuino, debe exonerar al pecador de las acusaciones que pesaron sobre él (debe "remitir" sus "pecados") y recibirlo de nuevo en plena comunión. Tal remisión de pecados es ratificada en el cielo. En realidad, Dios ya ha aceptado y perdonado al arrepentido (ver com. Luc. 15: 1-7). Sin embargo, las Escrituras explícitamente enseñan que la confesión del pecado y el arrepentimiento de él deben dirigirse directamente al trono de la gracia en el cielo (Hech. 20: 21; 1 Juan 1: 9), y que la remisión de los pecados del alma sólo proviene de los méritos de Cristo y de su mediación personal (1 Juan 2: 1). Dios nunca ha delegado esta prerrogativa a los falibles mortales, los que con mucha frecuencia necesitan de la misericordia divina y de la gracia de Dios, aunque hayan sido nombrados como dirigentes de la iglesia (ver DTG 745-746; com. Mat. 16: 19).

Les son remitidos.

Cuando falta la evidencia de un arrepentimiento genuino, han de ser "retenidas" las acusaciones presentadas contra un miembro descarriado. El cielo reconocerá la decisión de la iglesia, pues nadie puede estar en buena relación con Dios cuando está voluntariamente reñido con sus prójimos. El que desprecia el consejo de los representantes de Dios nombrados en la tierra, no puede esperar disfrutar del favor de Dios. Hay una ilustración de la forma en que operaba este principio en la iglesia primitiva en Hech. 5: 1-11.

Comentario sobre Mateo 16:19. Las llaves.

Elena de White afirma que las llaves del reino son las palabras de Cristo (DTG 381). Es importante señalar que Cristo mismo dice que la "llave" que da acceso al reino es la "llave de la ciencia" o del conocimiento (Luc. 11: 52). Las palabras de Jesús son espíritu y son vida para todos los que las reciben (Juan 6: 63); ellas son las que dan vida eterna (Juan 6: 68). La palabra de Dios es la llave de la experiencia del nuevo nacimiento (1

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Ped. 1: 23).

Así como las palabras pronunciadas por Jesús convencieron a los discípulos de la divinidad de su Maestro, así también ellos, como embajadores de Jesús, debían repetir sus palabras a otros hombres, a fin de reconciliarlos con Dios (2 Cor. 5: 18-20). El poder salvífico del Evangelio es lo único que puede permitir la entrada de los seres humanos en el reino de los cielos. Cristo sencillamente confió a Pedro y a todos los otros discípulos (ver com. Mat. 18: 18; Juan 20: 23) la autoridad y el poder de llevar a los hombres al reino. Cuando Pedro percibió la verdad de que Jesús era el Cristo, fueron colocadas en sus manos las llaves del reino y le fue abierta la puerta del reino. Lo mismo puede decirse de todos los seguidores de Cristo hasta el mismo fin del siglo. La afirmación de que Cristo concedió a Pedro mayor autoridad que a los otros discípulos, o que le otorgó una autoridad diferente de la que ellos tenían, carece de base bíblica (ver com. Mat. 16: 18). En verdad, entre los apóstoles, fue Jacobo, y no Pedro, el que desempeñó funciones administrativas en la iglesia primitiva de Jerusalén (Hech. 15: 13, 19; cf. caps. 1: 13; 12:

17; 21: 18; 1 Cor. 15: 7; Gál. 2: 9, 12). Por lo menos en una ocasión Pablo resistió públicamente a Pedro, por lo que el primero consideraba como un proceder erróneo del segundo (Gál. 2: 11-14), lo que indudablemente no habría hecho si hubiera estado enterado de que Pedro poseía los derechos y los privilegios que algunos ahora le atribuyen basándose en Mat. 16: 18-19.

Reino de los cielos.

Así como ocurre frecuentemente en el registro del ministerio de la vida de Cristo, el reino de los cielos se refiere en este pasaje al reino de la gracia divina en el corazón de aquellos que son sus ciudadanos, aquí y ahora (ver com. cap. 4: 17; 5: 3). Nadie puede esperar entrar en el futuro reino de la gloria (ver com. cap. 25: 31, 34) 423 si no ha pasado primeramente por el reino presente de la gracia divina.

Lo que atares.

Este pasaje dice literalmente: "Y lo que atares sobre la tierra habrá sido atado en los cielos, y lo que desataras en la tierra habrá sido desatado en los cielos". Evidentemente debe entenderse que la iglesia en la tierra sólo requerirá lo que el cielo requiere y prohibirá sólo lo que el cielo prohíbe. Esta parecería ser la clara enseñanza bíblica (ver com. Mat. 7: 21-27; Mar. 7: 6-13). Cuando los apóstoles salieron a proclamar el Evangelio, de acuerdo con la misión que les había sido dada (Mat. 28: 19-20), debían enseñar a los conversos que guardaran "todas las cosas" que Jesús había mandado: ni más ni menos.

Si se amplía el significado de los verbos "atar" y "desatar" hasta abarcar la autoridad de dictar lo que los miembros de la iglesia pueden creer y lo que pueden hacer en asuntos de fe y de práctica, se le da un sentido más abarcante del que Cristo quiso darles y que el que los discípulos pudieron entender en esa ocasión. Dios no sanciona esa pretensión. Los representantes de Cristo en la tierra tienen el derecho y la responsabilidad de atar todo lo que ya ha sido atado en el cielo, y de desatar todo lo que ya ha sido desatado en el cielo,

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es decir, de exigir o de prohibir aquello que la Inspiración revela con claridad. Ir más allá de esto, es poner la autoridad humana en lugar de la autoridad de Cristo (ver com. Mar. 7:

7-9), tendencia que Dios no puede tolerar en aquellos que han sido designados como supervisores de los ciudadanos del reino de los cielos en la tierra.

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