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Compendio de epistemología

Edición a cargo de Jacobo Muñoz y Julián Velarde

E D I T O R I A L T R O T T A
COLECCIÓN ESTRUCTURAS Y PROCESOS
Serie Filosofía

© Editorial Trotta, S.A., 2000


Sagasta, 33. 28004 Madrid
Teléfono: 91 593 90 40
Fax: 91 593 91 1 1
' E-mail: trotta@infornet.es
http://www.trotta.e s

© Jacobo Muñoz y Julián Velarde, 2000

© De los autores, para sus colaboraciones, 2000

Diseño
Joaquín Gallego

ISBN: 84-8164-327-0
Depósito Legal: P-282/2000

I mpresión
Simancas Ediciones, S.A.
CONTENIDO

Prefacio ............................................................................................. 9
Abreviaturas ...................................................................................... 11

COMPENDIO .................................................................................. 13

Nota biográfica de los colaboradores ................................................. 595


Índice general de conceptos ............................................................... 607
Índice de autores y conceptos ............................................................ 613
Índice analítico ................................................................................. 617
Índice de autores citados ................................................................... 627
ARISTÓTELES DUNS SCOTO
Anal. Pr.: Primeros Analíticos In Met.: Comentarios a la Metafísica
Anal. Post.: Segundos Analíticos Op. Oxon.: Opus oxoniensis (edición
Met.: Meta física canónica de las obras com-
Ét. Nic.: Ética nicomáquea pletas de Scoto)
Tóp.: Tópicos Quodl.: Quodlibetales
Phys.: Física De rer. princ.: De rerumprincs
Part. An.: De partibus animalium
Ret.: Retórica GUILLERMO DE OCKHAM
In sent.: Comentario a las sentencias
PLATÓN
Rep.: República HOBBES
Alc.: Alcibiades
De corpore: Tratado sobre el cuerpo
Parrn.: Parménides I ev.: Leviatán
Banq.: Banquete
DESCARTES
SAN AGUSTÍN
AT: Edición de las obras com-
Solil.: Soliloquios
pletas de Adan y Tannery
De quant. animae: De quantitate anivnae Discurso del método
Retract.: Retractationes Discurso:
sobre la Trinidad Búsq. de la Verd.: Búsqueda de la Verdad
De trinit.: Tratado Med. Met.: Meditaciones metafísicas
De gen. ad litt.: De genesi ad litteram Reglas para la dirección del
Reg.:
De civ. Dei: La ciudad de Dios ingenio
De lib. arb.: Sobre el libre albedrío Principios de la filosofía
Contra atad.: Contra los académicos Pr. Fil.:

LOCKE
SANTO TOMÁS
Ensayo: Ensayo sobre el entendi-
Summa Theol.: Soma Teológica miento humano
Quodl.: Quodlibetales
In Anal. Post.: Comentarios a los
Segundos Analíticos
ABREVIATURAS
12
LEIBNIZ VICO

Math. Schr.: Mathematische Schriften De ant. Ital. Sap.: De antiquissima Italo-


(ed. de Gerhardt) rum sapientia ex linguae
N.E.: Nuevos ensayos sobre el latinae originibus eruenda
entendimiento humano
Phil. Schr.: Philosophische Schriften KANT
(ed. de Gehrhardt) I ogik: Lógica de Jäsche
Opuscules: Opuscules et fragments Dissertatio: Disertación sobre la forma
inédits (ed. por Couturat) y los principios del mundo
sensible e inteligible
KrV: Crítica de la razón pura
NEWTON
KpV: Crítica de la razón práctica
Opt.: óptica KU: Crítica del juicio
Progresos: Los progresos de la meta-
BERKLY física de Leibniz a Wolff.

HEGEL
Principios: Principios sobre el conoci-
Lógica: Ciencia de la lógica
miento humano Enciclopedia: Enciclopedia de las cien-
cias filosóficas en compen-
HUME dio

Tratado: Tratado sobre la naturale- SCHOPENHAUER


za humana
Investigación: Investigación sobre el en- El mundo: El mundo como voluntad
tendimiento humano y representación
117
sachussetts Institute of Technology,
con la ponencia de Chomsky «Three
Models of Language» en la que da un
vuelco al estudio científico de la lin-
güística al demostrar que la teoría
matemática de la información de
Shannon y Weaver no podía jamás
aplicarse en la descripción de un len-
guaje natural; en cambio, su modelo
cognitivo de la lengua humana, que se
Cognición conoció universalmente como gramá-
tica transformativa, resolvió brillante-
1. Breve introducción histórica. Las mente el reto de lograr un enfoque
ciencias de la cognición humana tie- científico serio y muy productivo.
nen una prehistoria científica que se A partir de este momento, una se-
perfila en los ataques teóricos al con- rie de campos de estudio se inician en
ductismo reinante en los años cuaren- el enfoque cognitivo, creándose una
ta del siglo xx. Memorable es el sim- red de investigaciones mutuamente in-
posio de 1948 del California Institute terconectadas. Estos campos de estu-
of Technology en donde unos cuantos dio son, esquemáticamente hablando,
ponentes, y en especial el psicólogo los de lingüística y psicología, filoso-
Karl Lashey, presentaron comunicacio- fía, antropología e inteligencia artifi-
nes totalmente iconoclastas contra la cial, sin olvidar la neurobiología.
concepción conductista. El camino es- 2. El estudio de la cognición huma-
taba preparado por los trabajos en na. 2.1 En general, cognición es el
matemáticas de Norbert Wiener, John nombre global de las operaciones que
von Neumann y Alan Turing, por una realizan los mecanismos mentales al
parte, y los avances teóricos de la teo- procesar la información que reciben.
ría de la información a cargo de Clau- Sin embargo, muchos investigadores
de Shannon y de Warren Weaver, por distinguen dos tipos de operaciones
otra. Pero el antecedente inmediato mentales, unas propiamente cognitivas
más claro lo constituyen los estudios y otras no cognitivas o precognitivas.
de las incapacidades mentales (afasia, En las primeras, los procesos tendrían
agnosia, etc.) que se produjeron en un carácter (semi)consciente; mientras
gran escala durante la Segunda Guerra que las segundas serían operaciones
Mundial. Los descubrimientos de los automáticas con poca o nula posibili-
neurobiólogos de varios países impli- dad de hacerse conscientes. La ciencia
cados empezaron a influir en psicólo- cognitiva pretende describir y expli-
gos como Bruner y Miller, lingüistas car, no solo las operaciones propia-
como Chomsky y otros estudiosos que mente cognitivas, sino también las pre-
pueden considerarse los padres de esta cognitivas, a través de modelos que
ciencia. muestren cómo se podría desarrollar
El nacimiento de la ciencia de la el proceso inconsciente que se analiza.
cognición tiene, según el psicólogo Por ejemplo, Chomsky ha intentado
George A. Miller (1979) una fecha ofrecer modelos teóricos que permi-
exacta: el 11 de septiembre de 1956 tieran explicar científicamente la ge-
en un simposio sobre la teoría de la neración de mensajes cifrados en un
i nformación, organizado por el Mas- idioma humano.
118 COGNICIÓN

Hay que hacer dos aclaraciones an- teoría clara y explícita que sea capaz
tes de proseguir: la primera es que de lidiar con los todavía oscuros as-
explicación científica se entiende, no pectos del contenido ideacional (o lin-
como una interpretación más o menos güístico). En cambio, los sistemas com-
pormenorizada de un concepto, sino putacionales formales están muy desa-
exactamente como una descripción de rrollados y se empieza a comprender
la concatenación clara y explícita de su funcionamiento con bastante exac-
movimientos mentales que llevan a un titud. Por tanto, las operaciones que
determinado resultado; la segunda se plantean en la mayoría de los mo-
aclaración se refiere a la naturaleza de delos son de carácter formal: se ponen
los modelos que se han de crear para en marcha con arreglo a las formas de
explicar científicamente un problema: las estructuras, no con arreglo a los
como estos modelos no se correspon- contenidos. Puede parecer, por tanto,
den realmente con los procesos menta- que este tipo de modelos cognitivos
les, sino que los simulan, es posible que, de la mente no simula todos y cada
a medida que se va ahondando en el uno de los procesos reales que aconte-
análisis de un fenómeno, surjan aspec- cen en ella. Este problema ha solivian-
tos que no han sido simulados en el tado a muchos investigadores y se han
modelo construido, por lo que habrá intentado ofrecer soluciones de diver-
que modificar el modelo hasta que cón- so signo. Algunos insisten en que todo
siga realizar esas operaciones. Es decir, lo que ocurre en la mente puede ser
l os cambios, a veces sustanciales, en los formalizado y, por tanto, computeri-
modelos no indican en modo alguno zado con arreglo a las pautas existen-
que la investigación sea errática, sino, tes. Otros, en cambio, se plantean la
al contrario, que va por buen camino, posibilidad de transcender los sistemas
afinando sus explicaciones y consi- formales de cómputo e introducir en
guiendo simuladores más adecuados. las operaciones mentales sentimientos,
2.2. Los elementos básicos de que deseos, etc. que no serían representa-
disponen los modelos cognitivos que ciones formalizables en ningún caso.
se han desarrollado son de dos tipos: Hay incluso investigadores que pien-
por un lado están las representaciones san que la cognición humana es algo
y por otro las computaciones. Las pri- mucho más amplio que los fenómenos
meras tienen que ver con las formas y mentales que quieren simular los «cog-
los contenidos de la información que nitivistas clásicos». Para ellos, la cog-
se procesa. Las segundas se refieren a nición sería el paso de representacio-
las operaciones a las que se someten nes de uno a otro medio hasta llegar
las primeras para conseguir un deter- a un determinado resultado final. Y es-
minado resultado. Existen dos proble- tos medios no son solo los que llama-
mas en este punto: a) Por un lado, no mos mentales, sino que habría que
se sabe en realidad qué es una repre- tener en cuenta los del entorno del
sentación mental, ni en qué parte físi- individuo: los que poseen los grupos
ca del cerebro se aloja. Pero la idea humanos como tales grupos y los plas-
que late en casi todos los modelos es mados en las herramientas que a veces
que una representación es algo estruc- se utilizan para ayudar en las compu-
turado con un cierto contenido o, taciones (máquinas calculadoras, brú-
mejor, una estructura de hipótesis so- j ulas, libros, etc.). Es decir, en una
bre el mundo. b) Por otro lado, está el palabra, los socio-culturales. De esta
problema de que no existe ninguna manera, la cognición no sería única-
COGNICIÓN 1 19

mente un fenómeno mental, sino una han pasado su estado programático,


interacción entre los individuos y su mientras que hay muchas teorías cog-
mundo cultural. nitivas muy sólidas que siguen el pri-
2.3. La cognición puede modelizar- mer enfoque, entre las que destacan,
se con arreglo a, por lo menos, tres naturalmente, la teoría lingüística de
planos de descripción: El plano de las Chomsky y sus asociados y la teoría
computaciones, el plano de las repre- pragmática de Sperber y Wilson.
sentaciones y el plano de las imple-
mentaciones. En el primero, la descrip- ANDLER, D. (ed.), Introduction aux scien-
ces cognitives, Paris, Folio, 1992; ASTING-
ción se limita a establecer cuáles son
TON, J. W., HARRIS, P. L. y OLSON, D.
las informaciones de salida, cuáles las
R. (eds.), Developping Theories of Mind,
finales y qué operaciones se le aplican Cambridge, CUP, 1988; BARKOW, J.,
a las de salida para transformarlas en CO$MIDE$, L. y TOOBY, J. (eds.), The
las finales. Se trata de un nivel general Adapted Mind, Oxford, OUP, 1992; BRU-
de análisis. En el segundo, se descri- NER, J., Acts of Meaning, Cambridge,
ben las representaciones que cada in- Mass., Harvard University Press, 1990;
dividuo perteneciente a un grupo uti- CLARK, A., Microcognition. Philosophy,
liza para realizar algorítmicamente Cognitive Science, and Parallel Distribu-
ted Processing, Cambridge, Mass., Bra-
esas operaciones. Es, por tanto, un
dford/MIT Press, 1990; CHOM$KY, N.,
nivel cultural de análisis. En el tercero
The Minimalist Program, Cambridge,
se trata de describir cómo las compu- Mass., MIT Press, 1996; DENNET, D.,
taciones del primer nivel y las repre- Kinds of Minds. Toward an Understanding
sentaciones del segundo se realizan of Consciousness, Basic Books/Harper
materialmente en el mundo. Collins Publishers, New York, 1996; FO-
2.4. Existen actualmente dos gran- DOR, J., The Modularity of Mind, Cam-
des corrientes cognitivistas: las que se bridge, Mass., Bradford/MIT Press, 1983;
fijan en los macroprocesos mentales de GARDNER, H., The Mind's New Science,
New York, Basic Books, 1987; GIBB$, R.,
la información (p.e., la utilización del
The Poetics of Mind, Cambridge, CUP,
l enguaje, el razonamiento, etc.) con-
1994; HAUGELAND, J., Artificial Intelli-
ceptualizados fenomenológicamente, y gence. The Very Idea, Cambridge, Mass.,
la que trata de describir microproce- MIT Press, 1985; HUTCHINS, E., Cogni-
sos que nunca se han intuido antes tion in the Wild, Cambridge, Mass., MIT
pero cuyo funcionamiento «en parale- Press, 1996; LAKOFF, G., Women, Fire,
l o» permite a veces realizar operacio- and Dangerous Things. What Categories
nes complejas que hasta ahora no se Reveal about the Mind, Chicago, Univer-
sity of Chicago Press, 1987; LEIBER, J.,
habían conseguido simular. La prime-
An Invitation to Cognitive Science, Lon-
ra corriente es la clásica cognitivista,
don, Blackwell, 1991; MCCELLAND, J.,
mientras que la segunda, que empezó RUMELHART, D. et al., Parallel Distribu-
llamándose conexionista, ha pasado a ted Processing: Explorations in the Micros-
denominarse cognitivista simplemente, tructure of Cognition, Cambridge, Mass.,
desbancando terminológicamente a los MIT Press, 1986; RIVIÈRE, A., Objetos
clásicos a quienes ya muchos no con- con mente, Madrid, Alianza, 1991; SPER-
sideran cognitivistas. Creemos que el BER, D. y WILSON, D., Relevance. Com-
desbancamiento terminológico está le- munication and Cognition, London, Blac-
kwell, 1986, 2 1995 corregida y aumenta-
j os de haberse confirmado en el terre-
da; VEGA, M. de, Introducción a la psico-
no teórico, ya que la mayor parte de
logía cognitiva, Madrid, Alianza, 1984
l os trabajos que siguen este enfoque,
aunque sumamente interesantes, no losé Luis Guiiarro Morales
Comprensión
La historia del término comprensión
aparece estrechamente ligada hasta
bien entrado el siglo xx, al intento de
distinguir entre dos tipos de ciencias:
COMPRENSIÓN
~2

las ciencias naturales y las ciencias hu- tos vendría dado por la naturaleza de
manas; de esta suerte la comprensión los propios fenómenos a estudiar, por
suele aparecer definida por oposición el campo categorial objeto de análisis
a la explicación. Ya en el siglo xvm, en cada uno de ellos. En las ciencias
cuando las ciencias humanas -funda- humanas habría una suerte de identi-
mentalmente la historia- comienzan su dad entre el sujeto epistemológico y el
andadura, encontramos referencias al objeto a estudiar: el hombre se estu-
concepto de comprensión sobre todo diaría a sí mismo, al analizar sus pro-
en la obra de Vico. La fuerza y el ri- pios productos; sin embargo, en las
gor que están adquiriendo los estudios ciencias naturales no hay tal identidad
históricos en este siglo, llevan a Vico entre sujeto y objeto, el sujeto episte-
a reivindicar, desde su teoría del mológico analizaría fenómenos que le
verum factum, el status de ciencia para son ajenos en tanto que no los ha
La historia; disciplina que sería capaz producido. Ahora bien, con todo, lo
de comprender, o conocer con verdad, que deba entenderse propiamente por
los fenómenos que estudia -los hechos comprensión varía mucho de un autor
humanos- frente a las ciencias de la a otro, incluso entre los que pertene-
naturaleza que tan solo ofrecerían una cen a esta primera tradición que rese-
explicación, o conocimiento cierto de ñamos.
l o estudiado. Aunque el concepto de En La histórica, Droysen hace refe-
comprensión aparece muy vagamente rencia a la comprensión como el fin
esbozado en los textos viquianos, lo último de las ciencias del espíritu, pre-
cierto es que genéricamente Vico lo sentándola como una suerte de her-
utiliza en términos parecidos a como menéutica que contempla el individual
más tarde será desarrollado por los desde la totalidad de la que brota y la
historicistas alemanes en la segunda totalidad desde el individual -entendi-
mitad del siglo xix, y entrado el siglo do como manifestación de una inte-
xx por Collingwood. Grosso modo, rioridad- que la expresa. Será Dilthey,
podríamos decir que todos aquellos unas décadas más tarde, quien dé un
autores que hacen referencia a la com- contenido más preciso a la compren-
prensión como procedimiento carac- sión. En cualquier caso, lo cierto es
terístico de las ciencias humanas se que en los textos diltheyanos convi-
niegan a admitir la existencia de un ven dos interpretaciones muy diferen-
único modelo de conocimiento -el de tes de la comprensión, incluso podría-
l as ciencias naturales-, cuyo método mos decir incompatibles. Dependien-
debería ser extrapolado a aquellas do de la perspectiva desde la que Dil-
ciencias si queremos convertirlas en they enfoca el asunto de la fundamen-
auténticos conocimientos. Para los fi- tación de las ciencias del espíritu, el
l ósofos que se mueven en la tradición concepto de comprensión tendrá un
i naugurada por Vico, el desarrollo significado claramente psicologista o
efectivo de las ciencias humanas nos más bien de tipo hermenéutico. Desde
muestra que son capaces de producir la primera perspectiva el sujeto episte-
conocimiento; ahora bien, dicho co- mológico comprendería una acción en
nocimiento no consistiría en una ex- la medida en que fuera capaz de revi-
plicación de los fenómenos estudiados, vir los estados de conciencia o proce-
sino en la comprensión de los mismos. sos psíquicos que están detrás de di-
Y este rasgo distintivo que se aprecia cha acción, tarea que solo podría efec-
entre ambos bloques de conocimien- tuar a partir de sus propias vivencias
i 28 COMPRENSIÓN

-desde esta perspectiva, vivencia se su dependencia de una ley general.


identifica plenamente con estados de Para Collingwood, quien sigue enfo-
conciencia-. Desde la perspectiva her- cando el asunto de la comprensión en
menéutica la comprensión se desen- el contexto de una filosofía historicis-
tiende de los procesos psíquicos, com- ta pero tamizada por su formación
prender consiste ahora en revivir el anglosajona, la comprensión consiste
significado de una expresión vital, la en la reactualización de la experiencia
cual es independiente de los procesos pasada. Ahora bien, dicha reactualiza-
psíquicos que acompañaron su pro- ción no ha de entenderse como una
ducción; lo que se trata de compren- reproducción del pasado, sino como
der es una configuración espiritual que una construcción que el historiador
posee su propia estructura: cada ac- realiza desde el presente; los pensa-
ción, cada palabra, etc., que constitu- mientos que se reactualizan -planes,
ye el todo histórico cobra su significa- proyectos, etc.- son unos pensamien-
do por su relación con el todo de la tos que el historiador atribuye retros-
época, de suerte que comprender con- pectivamente al agente histórico en
siste en reconstruir una totalidad en función de las pruebas históricas de
cuyo seno se determina el significado que se dispone, y, por ello, no se co-
de cada una de sus partes. En la línea rresponden necesariamente con los
de la primera perspectiva ensayada por pensamientos subjetivos que el agente
Dilthey, otro historicista, Simmel, su- histórico pudo haber tenido en el
braya que la comprensión consiste en momento de la acción. Collingwoood
reproducir la vida psíquica de un indi- intenta rescatar el concepto de com-
viduo o grupo de individuos expresa- prensión del psicologismo al que pare-
da en un determinado acontecimien- cía verse abocado con Dilthey y Sim-
to; la comprensión se basa en una mel; pero, sin embargo, al poner todo
identidad psicológica entre la vida el acento de la comprensión sobre la
psíquica del objeto y la vida psíquica reactualización, aquella acaba estando
del sujeto epistemológico, por tanto la excesivamente ligada a los propósitos
validez de los resultados de una inves- de los agentes individuales. Con todo,
tigación depende de la validez de los sus reflexiones sobre la comprensión
presupuestos psicológicos que le per- se aproximan así al individualismo
miten proceder a la elaboración con- epistemológico que será tan caracte-
ceptual del dato empírico. Weber, si rístico de los estudios hechos al res-
bien contempla la comprensión como pecto dentro de la corriente analítica.
la forma de conocer propia de las cien- En el contexto de la discusión en
cias histórico-sociales, sin embargo se torno al estatuto de las ciencias huma-
separa en parte del historicismo ale- nas y tras la renuncia a aplicar el
mán al considerar que la comprensión modelo hempeliano a dichas ciencias,
no excluye un determinado saber no- a partir de los años cincuenta se apre-
mológico: la comprensión si quiere cia gran interés en el seno de la tradi-
presentarse como un conocimiento ción analítica por el concepto de com-
objetivo ha de ir ligada a una explica- prensión. Ahora bien, los términos en
ción causal de los fenómenos que es- los que plantean el estudio de la com-
tudia; con todo, se trata de una expli- prensión hacen que sus reflexiones se
cación causal específica que trata de alejen de una epistemología general de
reconocer el nexo particular existente las ciencias humanas para desembocar
entre determinados fenómenos v no en el ámbito más reducido de una
Teoría de la acción. Para von Wright lenguaje, comprensión y experienci~
-autor de los trabajos más significati- del mundo.
vos de esta corriente- la comprensión,
el método de conocimiento caracterís- COLLINGWOOD, R. G., Idea de la bisto
tico de las ciencias histórico-sociales, ria, México, FCE, 1952; DILHTEY, W.
es una explicación; ahora bien, habida Introducción a las ciencias del espíritu
cuenta de que intenciones y acciones Madrid, Alianza, 1980; GADAMER, H.-G.
de un agente no son conceptualmente Verdad y método, Salamanca, Sígueme
i ndependientes, dicha explicación no 1977; GADAMER, H.-G., Verdad y métodc
II, Salamanca, Sígueme, 1994; WRIGHT
puede ser identificada con la explica-
G. H. von, Explicación y comprensión
ción causal característica de las cien- íVladrid, Alianza, 1979.
cias naturales: se trata de una explica-
ción teleológica, la cual se compone
zrmen ~onza~ez a~
de procedimientos explicativos que
toman mayormente la forma de una
inferencia práctica.
El auge que en las últimas décadas Concepto
experimenta la filosofía hermenéutica
provoca «un giro ontológico» en los La noción de concepto es una de las
estudios sobre la comprensión. Para más problemáticas de la teoría del co-
Gadamer la comprensión no puede ser nocimiento, la epistemología y la psi-
contemplada únicamente como la for- cología. Hegel y muchos otros han
ma de conocimiento de las ciencias del subrayado la dificultad intrínseca para
espíritu, sino como una estructura definirla, lo que no ha impedido que
ontológica del ser del hombre enten- ocupe un puesto de privilegio en el
dido como ser histórico. Toda prácti- pensamiento de este y otros autores.
ca hermenéutica, toda comprensión El motivo tanto de su importancia
toma como premisa de partida y se como de las dificultades que suscita es
orienta, según Gadamer, a partir de que corresponde a la articulación, por
una serie de prejuicios; dichos prejui- un lado, del sujeto y el objeto y, por
cios nos vienen dados por nuestra si- otro, del lenguaje y la mente. En con-
tuación en el presente pero también secuencia, la teoría del concepto se ha
por la tradición a la que pertenece- convertido en caballo de batalla de
mos. En este sentido, se habla del realistas, nominalistas, psicologistas,
~~ círculo hermenéutico» en tanto que l ogicistas, racionalistas, empiristas,
la anticipación de sentido que guía i dealistas, materialistas y, en general,
nuestra comprensión de un texto no de todos los partidos que pugnan en
es un acto de la subjetividad, sino que el marco de la teoría del saber. La
se determina desde la comunidad que polémica de los universales y otras
nos une a la tradición. Con todo, para disputas multiseculares testimonian la
Gadamer comprender es ponerse de aspereza y el interés de los debates
acuerdo con la cosa o asunto de que suscitados a propósito de la naturaleza
se trate, y el lenguaje es el medio en el y función del concepto. Por otra par-
que se realiza el acuerdo de los inter- te, en vecindad inmediata al «concep-
locutores y el consenso sobre la cosa; to» aparecen otros términos, más o
de ahí que el proceso de comprensión menos sinónimos, que no siempre re-
sea un proceso lingüístico, y de ahí la sultan fácilmente distinguibles de él:
estrechísima relación que existe entre noción, idea, pensamiento, concep-
1 32 CONCEPTO

pluralidad de referencias a un solo «una tosca aproximación» a la «verda-


referente, de manera que el concepto dera esencia» de las cosas, no estamos
genérico se convierte en la articulación tan lejos de los que afirman que los
básica de casi todas las estrategias cog- conceptos son en primera instancia
noscitivas. subjetivos, pero no descartan la exis-
Se admite que todo concepto posee tencia de al menos «un cierto aire de
al mismo tiempo una extensión y una familia» entre los objetos subsumidos
comprensión. La primera alude al he- en ellos. Una y otra vez la perentoria
cho de esa pluralidad de referentes que precisión de «tender puentes» entre
acabamos de comentar: es legítimo sujeto y objeto se sobrepone a las
predicar el concepto de cada miembro mejor argumentadas pruebas de que
de una colección -abierta o cerrada, tales «puentes» carecen de las condi-
finita o infinita, definida o indefinida- ciones exigibles de rigor. Los teóricos
de objetos que, según lo casos, podre- del conocimiento no saben muy bien
mos agotar o de las que tendremos cómo sortear las advertencias críticas
que conformarnos con exhibir algunos de los escépticos, pero los filósofos
ejemplos. La comprensión, en cambio, especulativos y, con ellos, los científi-
apunta quizá al derecho en que se ba- cos prefieren arriesgarse, a pesar de
san tales atribuciones: <Por qué tales todo. Kant es uno de los autores más
objetos caen dentro del ámbito de sig- conspicuos -aunque no el único- que
nificación de cierto concepto y tales ha tratado de superar la insatisfactoria
otros no? tPor qué dentro de las cosas irreductibilidad de las posiciones ra-
a las que cuadra un primer concepto cionalistas y empiristas, y propuesto
hay una parte a la que también es atri- una salida crítica para la teoría del
buible un segundo concepto y otra que concepto, en la que no prima ni el
no? Muchos filósofos han propuesto objeto ni el sujeto, sino algo así como
respuestas a estas preguntas, y grosso una «constitución subjetiva de la obje-
modo podríamos clasificarlas en tres tividad», en la que los conceptos son
grupos que denominaremos objetivis- al mismo tiempo «formas del entendi-
tas, subjetivistas y críticas. Las prime- miento» y «condiciones de posibili-
ras pretenden que existe un parentes- dad» para la constitución de los obje-
co real entre el concepto y los entes tos en cuanto tales, ya que «las intui-
de los que se predica (p.e., porque el ciones sin conceptos son ciegas, y los
concepto representa la esencia de los conceptos sin intuiciones, vacíos». En
mismos); las segundas afirman que los otras palabras: no sería posible pensar
vínculos entre los conceptos -si es que l os fenómenos si no es subsumiéndo-
aceptan emplear este término- y las los bajo los conceptos, auténticas fun-
cosas son fácticos y se deben a deci- ciones de síntesis, instrumentos para
siones humanas, más o menos conven- canalizar la unidad suprema del pen-
cionales, o a relaciones de proximidad samiento. El inconveniente de esta
y contigüidad espacio-temporal esta- solución salomónica es que la única
blecidas por la experiencia. Como es forma de ahondar en ella es otorgar
fácil suponer, en la práctica resulta una autonomía creciente -tincluso
i mposible dirimir entre estas dos op- ontológica?- a ese plano o nivel inter-
ciones teóricas, salvo cuando se pre- medio -transcendental-, que crece a
sentan en versiones muy extremas. expensas de lo subjetivo y de lo obje-
Desde el momento en que se acepta tivo en cuanto tales, reducidos a ins-
que los conceptos humanos solo son tancias cada vez más inconsistentes (el
1 33

sujeto empírico y lo material de la 1973; ROSCH, E. y LLOYD, B. B., Cogni-


sensación). Por otro lado y sorpren- tion and categorization, Hillsdale, NJ,
dentemente, los argumentos tradicio- Lawrence Erlbaum, 1975; TUOMELA, R.,
nales de los empiristas y racionalistas Theoretical Concepts, New York, Sprin-
ger, 1973; WEINBERG, J. R., Ideas and
precríticos han resistido mejor que los
Concepts, Marquette, Mil., Marquete Uni-
del criticismo las evidencias relativas a versity Press, 1970.
la historicidad y falibilidad del conoci-
miento, en especial del conocimiento
Juan Arana Cañedo-Argüelles
científico. Los avatares de la teoría del
significado contemporánea han estado
determinados por la necesidad de asu-
mir las revoluciones de la física y las
matemáticas dentro de un contexto
epistemológico empeñado en preser-
var la cada vez más dudosa apodictici-
dad de los conceptos de la ciencia. Por
otro lado, la creciente desconfianza
hacia los «dominios estrictamente pri-
vados» de la mente (ubicación tradi-
cional de los conceptos) ha impulsado
numerosos intentos de sustituirlos por
sus contrapartidas lingüísticas -los
nombres comunes-, esfuerzos que no
han acabado de merecer el benepláci-
to de todos los usuarios (y en particu-
lar, de los propios científicos). Tal vez
esa sea la causa de los episódicos, pero
reiterados esfuerzos para reintroducir
i nterpretaciones objetivistas platoni-
zantes o, por el contrario, para retor-
nar a posiciones subjetivistas mediante
consideraciones utilitarias y pragmáti-
cas. En la actualidad el panorama está
lejos de ser claro y no deja de ser pre-
ocupante el progresivo alejamiento de
los teóricos de la ciencia con respecto
a las opiniones y convicciones de los
propios científicos.

ABBAGNANO, N., Diccionario de filoso-


fía, México, FCE, 1963; ARMSTRONG, D.
P., Nominalism and Realism. Universals
and Scientific Realism, Cambridge, CUP,
1975; AUROUX, S., Les notions philoso-
phiques, Paris, PUF, 1990; FREGE, G.,
Conceptografía; Los fundamentos de la
aritmética; Otros estudios filosóficos,
México, UNAM, 1972; FREGE, G., Estu-
dios sobre semántica, Barcelona, Ariel,
CONOCIMIENTO / SABER
1 40

Conocimiento / saber ce. En el parágrafo 13 de Ser y tiempo


Heidegger define el conocimiento no
El conocimiento ha sido tratado a lo como algo que «está» simplemente en
largo de la historia de la filosofía des- el sujeto, sino como un «modo de ser»,
de muy distintas perspectivas. Con como un constitutivo ontológico suyo.
todo, si una destaca por su carácter Y a tenor de ello procede a sustituir,
determinante es la centrada en el pro- rompiendo con la centralidad clásica
blema de la «transcendencia del cono- de las categorías de sujeto y objeto,
cimiento». En orden a ella el objeto es l os interrogantes concernientes a la re-
definido como «transcendente» al su- lación entre uno y otro por asuntos
j eto y el sujeto solo puede alcanzarlo ontológicos relativos a qué clase de
cuando va «hacia» él (sujeto-objeto). seres somos y cómo nuestro ser está
La transcendencia epistemológica del ligado a la inteligibilidad del mundo.
sujeto presupone, pues, el transcender Desde esta perspectiva, que es, en
del sujeto cognoscente hacia el objeto definitiva, la de la fenomenología del
exterior conocido. Las diversas solu- conocimiento, una perspectiva tenden-
ciones a los problemas que plantea te a describir de un modo «puro», o lo
esta «transcendencia» han conformado que es igual, no genético ni contingen-
las posiciones onto-epistémicas más te, el «fenómeno» o «proceso» del co-
comunes de la historia de la filosofía, nocimiento, el conocer ha sido asumi-
desde el realismo en todas sus versio- do como lo que tiene lugar cuando un
nes al idealismo, desde el materialis- sujeto aprehende un objeto que le
mo gnoseológico al escepticismo. transciende. En la medida en que tal
La teoría kantiana del conocimien- aprehensión sea el caso, el objeto pasa
to representa el primer intento radi- a estar de alguna manera -no física ni
cal, dentro de la historia de la filosofía metafísica, sino «representativamen-
del conocer, de obviar este problema. te»- en el sujeto. Si la representación
Es discutible, desde luego, que con la del objeto por el sujeto es fiel a cómo
demostración «apodíctica» a que Kant éste es, se habla de conocimiento ver-
procede en su primera gran Crítica de dadero, de lo contrario, de conoci-
la naturaleza apriórica de las formas miento falso. El sujeto y el objeto de
puras de la sensibilidad y las catego- que aquí se habla, en una indagación
rías y el descubrimiento y aplicación fenomenológico-descriptiva del acto
del principio según el cual la razón no cognoscitivo como acto de conoci-
descubre en la realidad sino lo que ya miento válido que presenta no pocos
ha puesto en ella, el problema quede problemas y ha suscitado, en conse-
tan radicalmente obviado. Pero, cier- cuencia, numerosos debates, son pura-
tamente, la afirmación kantiana de la mente gnoseológicos. No se trata,
inseparabilidad de la existencia del yo pues, de sujetos y objetos «reales», fí-
de la del mundo externo introduce un sicos, concretos.
sesgo nuevo en la cuestión. Martin En las últimas décadas ha ido im-
Heidegger, por su parte, ha dado un poniéndose de modo más o menos ge-
paso sustantivo en el sentido del re- neralizado la llamada «definición tri-
planteamiento a fondo de la cuestión partita» del conocimiento, de acuerdo
clásica de la transcendencia del cono- con la que este es, en cuanto conoci-
cimiento con su tesis de la naturaleza miento proposicional, creencia verda-
derivada de éste, y de la «interioridad» dera adecuadamente justificada. De
del conocimiento al sujeto que cono- acuerdo con esta concepción standard,
CONOCIMIENTO / SABER
1 41

el conocimiento debe cumplir, para ser dad», de tal modo que si p no fuese
tal, tres condiciones individualmente verdadera, S no creería que p, y si en
necesarias y conjuntamente suficientes: circunstancias ligeramente diferentes p
justificación (adecuada), verdad y continuase siendo verdadera, S creería
creencia. Lo que equivale a sostener, que p. Esta opción tiene las ventajas
pues, que el conocimiento entraña del enfoque causal, pero sin el carác-
creencia -y, específicamente, creencia ter sumamente restrictivo del mismo.
verdadera-, y no mera certeza psico- Es evidente, en cualquier caso, que
l ógica (o convicción, o simple acepta- estas aportaciones no son tanto posi-
ción). No puedo, pues, decir que co- bles soluciones, que habría que asu-
nozco (que sé) que tal y tal es el caso mir, en su caso, de modo no necesa-
sin creer, a la vez, que tal y tal es el riamente exclusivo, cuanto pasos en el
caso, aunque, obviamente, el mero camino de la clarificación de la no-
creer no entraña conocer (o saber). ción, propiamente central, de justifi-
Nuestras creencias pueden ser falsas. cación epistémica. El justificar, el «dar
Por lo demás, hablar de saber es ha- razones» de nuestras creencias, razo-
blar de información. Es remitirse al nes en orden a las que decidir cuáles
hecho -decisivo para la supervivencia aceptar y cuáles no, cuáles preferir y
de la especie humana- de que nos las cuáles preterir, y sin las que, como
habernos y funcionamos con informa- bien sabía ya Platón, las opiniones
ción semántica generalizada, podemos verdaderas son como las estatuas de
distinguir entre verdad y falsedad a Dédalo, que «huyen y andan vagabun-
propósito de enunciados y proposicio- deando», en tanto que si están sujetas
nes y utilizamos algunos de ellos, con por el vínculo de las razones «perma-
buen resultado, como «razones» o necen» (Menón, 97-98), ha ganado, en
"evidencias» por otros. efecto, de tal modo en importancia en
Algunos autores han sugerido, ante la epistemología actual que muchos
los reparos críticos de Gettier a esta proponen recalificarla ya, enfatizando
definición tripartita del conocimiento, así la dimensión normativa de la teo-
la conveniencia de añadir a las condi- ría del conocimiento, como «raciona-
ciones citadas, alguna más. Por ejem- lidad epistémica».
plo, que la justificación de la creencia Desde la perspectiva externalista se
verdadera que aspira legítimamente a privilegian las condiciones objetivas del
ser considerada como conocimiento conocimiento. Es el caso de cuantos,
no esté cancelada ni resulte cancela- como en el enfoque standard, subrayan
ble. 0 que la creencia esté causada por que entre el estado mental con conteni-
l o que la hace verdadera. O, en fin, do informativo que es la creencia teóri-
que la creencia verdadera asumible ca y el evento mundanal sobre el que
como conocimiento (o saber) haya dicho estado contiene información hay
sido obtenida mediante un método una relación algo más que puramente
fiable, queriéndose significar con ello casual o accidental; hay una correlación
que lo que ha de ser fiable es la apli- universal de tipo causal o, en cualquier
cación concreta y específica del méto- caso, legaliforme. De otro modo la in-
do en un momento dado. También se formación en cuestión no podría cum-
ha propuesto como opción válida, de plir su función de reducir posibilidades
cara a los objetivos citados, la de que y, en consecuencia, incertidumbre. Los
Ssabe que p cuando su correspondien- enfoques internalistas, en cambio, su-
te creencia «sigue el rastro de la ver- brayan las condiciones de las que los
1 42

sujetos son conscientes (p.e., la cohe- construible- verbalmente en términos


rencia de sus argumentos para creer que de «saber que» como si no lo es. Algu-
p es verdadera). nos autores han intentado, de todos
Tradicionalmente se ha distinguido modos, reducir el «saber que (knowing
entre formas distintas del conocimien- that)» a un «saber cómo (knowing
to. La distinción entre «conocimiento how)» verbal. O, mejor aun, a un po-
sensible» y «conocimiento inteligible» der verbal.
remite, en cierto modo, a la existente En los diferentes contextos en los
entre el conocimiento de las verdades que se habla de conocimiento y saber
de hecho y el conocimiento de las lo que está en juego, señalaremos por
verdades de razón. En ocasiones el último, es una capacidad: la capacidad
conocimiento sensible ha sido caracte- de discriminar, de establecer diferen-
rizado como «inmediato», en tanto cias, de «demarcar». Conocer o saber
que el inteligible lo ha sido como algo pasa así a significar poder dife-
«mediato». De modo similar se ha dis- renciar algo respecto de algo, estar en
tinguido entre conocimiento a priori condiciones de distinguir entre algo y
y conocimiento a posteriori. O lo que algo, poder trazar líneas de demarca-
es igual, entre conocimiento analítico ción entre algo y algo. De este modo
y conocimiento sintético. En este con- el concepto de «discriminación» pasa
texto puede situarse asimismo la dis- a oficiar como concepto epistemológi-
tinción entre conocimiento por con- co central y la capacidad de discrimi-
tacto directo o presencia y conoci- nación a funcionar como un hilo rojo
miento por descripción. que recorre o entrelaza las diferentes
Particularmente influyente ha sido, variantes del conocimiento y del sa-
desde su tipificación por Gilbert Ryle, ber. De ser tal el caso cabría incluso
la distinción entre «saber que» y «sa- sugerir que los diferentes tipos del
ber cómo». El conocimiento proposi- saber y del conocer no son sino for-
cional se formula, por lo general, en mas diversas, modi diferentes en los
expresiones («saber algo», «saber que», que puede ejercerse esa capacidad fun-
etc.) que resultan retrotraíbles a otras damental o en que esa facultad toma
en la forma de «saber que». Desde un cuerpo.
punto de vista estrictamente gramati-
cal, «saber cómo» es, simplemente, una BLASCO, J. LL. y GRIMALTOS, T., Teoría
variante de la construcción proposicio- del coneiximent, Universitat de València,
1997; OLIVÉ, L. (ed.), Racionalidad epis-
nal en forma de oración interrogativa
témica, EIAF 9, Madrid, Trotta-CSIC,
directa, por lo que pertenece al grupo 1995.
de los giros del tipo «saber dónde» o
«saber cuándo», retrotraíbles asimismo Jacobo Muñoz
a «saber que». Y, sin embargo, «saber
cómo» puede funcionar de otro modo
en otros contextos. Por ejemplo, en Consciencia
aquellos en los que lo que está en jue-
go es una capacidad o habilidad inde-
pendiente de todo «saber que». En Los términos «consciencia» o «con-
estos casos, «saber cómo» equivale a ciencia» derivan del término latino
poder (hacer), a dominar un decurso consciencia que, a su vez, era traduc-
de acciones o movimientos. Y ello tan- ción del griego sin-eidesis utilizado por
to si este decurso es describible -o re- los estoicos. La primitiva acepción de
CONSCIENCIA
1 43
conocimiento compartido ha ido per- nes psicológicas y epistemológicas, de-
diendo, sin embargo, su uso en favor jando al término «conciencia» la alu-
de la peculiar captación privada de los sión más amplia que incluye su signifi-
propios contenidos mentales. De este cación ética o conciencia moral. Puesto
modo, desde la Modernidad, la no- que nuestro interés se centra en las alu-
ción por él designada ha ocupado un didas significaciones, quedarán tam-
l ugar central tanto en la epistemolo- bién descartados de nuestro análisis,
gía, como en la psicología y filosofía tanto los sentidos metafísicos que reci-
de la mente, constituyéndose, en no bió el término en las obras de pensado-
escasas ocasiones, en piedra de escán- res idealistas, como su sentido biológi-
dalo: para unos, obvia e inexplicable co de acuerdo con el cual es también
por su propia autoevidencia; para usado para referirse a un determinado
otros, mera ilusión epifenoménica. estado neurofisiológico del organismo
Pocos términos como «consciencia» que puede estar temporalmente ausen-
han gozado del dudoso privilegio de te o alterado (sueño profundo, hipno-
alcanzar una diversidad tan amplia en sis, anestesia, coma, etc.). Todo ello sea
las atribuciones de valor epistemológi- dicho sin negar las implicaciones teóri-
co, y de estatuto ontológico: sustan- cas de ambas significaciones: toda epis-
cia, realidad absoluta, facultad, fun- temología no deja de implicar una «me-
ción, propiedad, acto... Si bien en el tafísica» u ontología de la mente, y los
l enguaje cotidiano y en su uso por fi- casos de conciencia alterada no dejan
l ósofos y psicólogos, la consciencia de iluminar el funcionamiento de la
tiene un carácter polisémico, y cada conciencia en estado normal («doble
uno de sus significados cabría incluir- conciencia» o experimentos de Sperry
los en una clase de «conjunto borro- con sujetos sometidos a comisurotomía
so», la acepción general en que se cen- cerebral mediante sección parcial del
trará nuestro análisis es aquella que cuerpo calloso).
alude a la capacidad de algunos seres Una vez más, el planteamiento inau-
vivos, en particular los seres humanos, gural de los pensadores de la Moder-
de experienciar, reconociéndolos de nidad, Descartes y Locke, resultó de-
forma directa, contenidos mentales cisivo para la definición de un marco
que pueden estar referidos a objetos conceptual y para el devenir posterior
externos o bien a estados o procesos de la reflexión filosófica. La sustitu-
del propio sujeto. Cuando tal capta- ción que llevaron a cabo de la antigua
ción pretende dirigirse al propio yo 0 psique por la noción moderna de
sí mismo, en cuanto referente de la mente y su teatro de representaciones
unidad aperceptiva e identidad perso- condicionó y sigue condicionando no
nal, suele designarse con el vocablo solo la ontología implícita en la llama-
autoconsciencia. da folk psychology, sino también los
Sin embargo, los términos «cons- planteamientos filosóficos de la psico-
ciencia» y «conciencia» también son logía cognitiva, la teoría del conoci-
usados para referirse, de modo especí- miento y la filosofía de la mente. En
fico, a la capacidad para captar y discri- gran medida, las reflexiones posterio-
minar entre valores morales. Aunque res se han constituido como desarro-
en el idioma español se utilizan en la llo de los presupuestos por ellos esta-
actualidad de forma indistinta, hemos blecidos, como críticas o como esfuer-
optado por emplear el término «cons- zos por sustituir el legado del marco
ciencia» para aludir a sus signifïcacio- teórico cartesiano y lockeano.
CONSCIENCIA
144

La noción epistemológica de cons- de apelar a la experiencia interna de


ciencia nace así, en el siglo xvii, coetá- cada hablante con la instrucción de
neamente con el término que la desig- que adquiriera tal conocimiento me-
na, revestida de los privilegios gnoseo- diante intuición directa. No es de ex-
lógicos que, racionalistas y empiristas, trañar por tanto que, desde W. James
acordaron en concederle: en primer hasta nuestros días, muchos intentos
lugar, su identificación con el ámbito de abordajes filosóficos de la conscien-
de lo mental, por ser ella, justamente, cia comiencen con un reconocimiento
quien delimita los límites del campo. de su carácter misterioso. Como ha
Estar presente a la consciencia vino a afirmado Dennett, «no solo carecemos
definir la condición identificativa de hasta el momento de una buena teoría
los contenidos, estados y operaciones de la consciencia, sino que incluso
de la mente; en segundo lugar, el carecemos de una descripción preteó-
ámbito de la consciencia fue reconoci- rica clara e indiscutible del presunto
do como ontológicamente irreductible fenómeno».
a lo físico y, sin embargo, con capaci- Por otro lado, el privilegio de cer-
dad para influir causalmente tanto en teza inmediata que proporcionaba tal
los propios contenidos de conciencia mirada sobre los contenidos mentales
como en el organismo y su acción en amenazaba con arruinar todo valor
el mundo; en tercer lugar, incorregi- epistemológico de lo que a partir de
ble por la propia evidencia de su mi- este fundamento subjetivo pudiera in-
rada. Luz que ilumina el mundo inte- tentar construirse. La garantía de cer-
rior y que conforma la condición de teza no comportaba certificado de
posibilidad de cualquier certeza, com- objetividad. El problema resultaba aun
portaría un acceso privilegiado del más acuciante por cuanto hasta el pro-
sujeto a su interioridad a la vez que pio significado de los términos menta-
cerraría las puertas de su intimidad les (en especial los de las sensaciones
subjetiva. En fin, es en ella donde los [sensación]) quedaba referido a tal
seres humanos pueden depositar su captación subjetiva, sin garantía algu-
narcisista convicción de superior dig- na (salvo deus o natura ex machina)
nidad respecto a otros seres vivos pues de que pudieran corresponderse con
solo a ellos podría ser atribuida. el significado atribuido a los mismos
Todos y cada uno de los atributos términos por otro sujeto. No pocas de
que los pensadores de la Modernidad las discusiones de la filosofía de la
concedieron a la consciencia revelaron mente, de orientación analítica, han
pronto su esencial problematicidad. Al girado en torno al tópico del lenguaje
ser postulada como fundamento últi- privado, y resulta casi innecesario re-
mo en el que reposaba la certeza sobre cordar aquí la importante repercusión
los objetos del mundo y sobre el pro- que han tenido en la filosofía contem-
pio sujeto, la propia autotransparen- poránea las críticas dirigidas por Witt-
cia de su mirada la ocultaba ante sí genstein, en sus Cuadernos azul y
misma. Lo más obvio resultó lo más marrón y en sus Investigaciones filosó-
misterioso, y lo que posibilitaba todo ficas, contra las teorías referencialistas
conocimiento se reveló como ignoto, del significado de los términos psico-
i nexplicable e inefable. Para el esclare- lógicos.
cimiento de qué cosa fuera la cons- Asimismo, el supuesto acceso privi-
ciencia no podía apelarse a ninguna legiado de cada sujeto a sus propios
mediación y cabía tan solo el recurso contenidos y estados mentales no ga-
CONSCIENCIA
1 45

rantizaba, en modo alguno, la validez co-físico, monismo idealista, materia-


de los juicios emitidos a partir de lo lis mo, teoría de doble aspecto o doble
experienciado en las consciencias em- lenguaje, monismo neutral, teoría de
píricas. La teoría del conocimiento que la identidad, funcionalismo etc., sin ol-
pretendiera basarse en tal fundamento vidar los intentos de disolverlo de-
quedaría abocada al psicologismo y re- nunciándolo como un pseudo-proble-
l ativismo. A1 fin y al cabo, lo dado en ma fruto de una deficiente compren-
(a experiencia interna no dejaba de sión del lenguaje (Ryle). Tan aporética
pertenecer, pese a su claridad, al ám- cuestión no solo ha constituido el tó-
bito de los hechos sin conllevar ningu- pico fundamental de la filosofía de la
na garantía de validez epistemológica. mente, sino que también ha sido abor-
Todos los planteamientos transcen- dada a partir de los datos empíricos y
dentalistas, desde Kant a Husserl, sur- la reflexión teórica de la neurología
gen de la constatación de esta insufi- contemporánea. Aunque relevantes
ciencia y apuestan por la posibilidad científicos han subrayado la pertinen-
de superarla mediante la distinción cia de seguir manteniendo como plau-
entre una conciencia empírica y una sible la hipótesis dualista (Penfield,
conciencia transcendental. Distinción Eccles), o al menos un dualismo feno-
que, a juicio de los autores que siguen ménico emergentista (Sperry), la ma-
las sendas kantianas o fenomenológi- yor parte de los llamados «biólogos de
cas, aseguraría la autonomía de una la conciencia» (Crick y Edelman) con-
teoría del conocimiento filosófica con fían en la virtualidad explicativa que
respecto no solo a los conocimientos puede alcanzar la descripción de los
empíricos de las ciencias, sino también mecanismos específicos cerebrales res-
con respecto a las epistemologías es- pecto a la causación de los fenómenos
pecíficas de ellas. De este modo, que- de consciencia. Si las relaciones entre
dan planteados nuevos problemas la consciencia subjetiva, en particular
como el de las relaciones entre ambas las cualidades sensibles o guaba, y lo
conciencias, similar al que abordare- biológico están lejos de esclarecerse,
mos más adelante entre mente feno- también el carácter radicalmente sub-
ménica y mente computacional, y, en jetivo de las experiencias conscientes
general, el de la propia autonomía de sigue planteando enigmas filosóficos
lo a priori cuestionada de forma radi- en su atribución a otras mentes. Inclu-
I cal en la propuesta de Quine de una so en aquellos casos en los que pode-
epistemología naturalizada. mos confiar en la igualdad de patro-
No menos decisivo y problemático nes de comportamiento de los orga-
resultó ser el marco teórico, definido nismos o en la equivalencia de su es-
por Descartes y Locke, y conforme al tructura funcional, subsiste la duda
cual se conceptualizaron las relaciones acerca de la legitimidad de atribuirles
de la consciencia con el cuerpo y con consciencia y acerca de la identidad
otras consciencias. La postulación de de lo en ella experimentado, como lo
un dualismo interaccionista que afir- muestra el experimento mental del
maba, a la vez, la independencia onto- «espectro invertido». Como ha afirma-
lógica de la conciencia y su capacidad do Searle: «el problema de los qualia
para ser afectada por e influir en lo no es solo un aspecto del problema de
físico, abrió la caja de Pandora del la conciencia, es el propio problema».
problema mente-cuerpo y los diversos La transcendencia de la concepción
intentos de resolverlo: paralelismo psi- moderna sobre la consciencia no se
1 46 CONSCIENCIA

agota en los problemas hasta ahora Searle, siguen vislumbrando en la in-


reseñados. La suposición de un ojo tencionalidad, la necesaria referencia
i nterior y de un espejo transparente a un contenido, el fundamento del fra-
en el que se reflejarían de forma direc- caso a que estaría abocado cualquier
ta las representaciones mentales com- i ntento de reducción de la conciencia
portó, como ha subrayado Rorty, la al ámbito de las explicaciones físicas.
i nstauración de una metáfora en la que Con todo, Brentano seguía mante-
no solo habrían quedado atrapadas las niendo la primera de las tesis del
teorías del conocimiento posteriores, marco teórico cartesiano: aquella que
sino que habría provocado la ilusoria venía a establecer la identificación
confianza de poder instaurar filosófi- entre consciencia y mente, entre fenó-
camente un saber fundamentador de meno mental y ser consciente. No deja
la totalidad de los conocimientos hu- de resultar una significativa paradoja
manos. La propia fenomenología y la que el problema de la consciencia se
filosofía analítica del lenguaje no ha- haya centrado, en gran número de psi-
brían dejado de ser herederos de tal cólogos y filósofos, en el problema de
concepción de la mente humana. El los límites de la conciencia. Postulada
abandono de la metáfora comportaría, originariamente tanto como reino on-
a su juicio, no solo el rechazo de unas tológico de lo mental como privilegia-
teorías, sino de la posibilidad misma do acceso epistémico del sujeto a di-
de la epistemología y la metafísica en cho reino, la consciencia, a la vez
cuanto disciplinas, esto es, de todo un objeto y medio de conocimiento, sus-
modo de entender la filosofía desde citó pronto las dudas sobre sus títulos
Descartes y Kant. de legitimidad para ostentar ambas
La sustancialista concepción carte- propiedades. El narcisismo del sujeto
siana de la conciencia como res cogi- moderno recibió fuertes heridas, por
tans ha sido rechazada por diversos decirlo en palabras de Freud, cuando
autores, materialistas o fenomenistas. la propia lucidez de la reflexión cons-
Pero, sin duda, la revisión del concep- ciente le obligó a reconocer que no
to que ha tenido mayor impacto en la era dueño en su propia casa. Dos te-
filosofía de la mente contemporánea mas se entrecruzan en el problema de
ha sido la que promovió Brentano al los límites de la consciencia: el de la
i dentificar la intencionalidad como su existencia de fenómenos y procesos
carácter constituyente. En efecto, la mentales no conscientes y, consecuen-
consciencia deja de tener cualquier temente, el dei limitado acceso del
referencia ontológica al estatuto de sujeto a su reino interior, y en segun-
«cosa» de enigmáticas propiedades do lugar, el del carácter mediado, con-
para concebirse bajo la categoría de dicionado teórica e ideológicamente,
función. Lo que caracterizaría a la cuando no deformante, de la mirada
conciencia sería, justamente, la esen- interna.
cial referencialidad al objeto del que La incorregibilidad de lo experien-
se es consciente. El abismo entre fenó- ciado por la conciencia se fundamen-
menos físicos y fenómenos mentales taba en la pretensión de su inmediatez
se establece por la irreductible distin- y la transparencia sin manchas del es-
ción que establecería la ausencia o pejo interior. En gran medida la dis-
presencia del carácter intencional. En tancia que separa el pensamiento con-
nuestros días, autores de orientacio- temporáneo de tal concepción es deu-
nes bien distintas como Dreyfus o dora de la obra de los «maestros de la
CONSCIENCIA
1 47

escuela de la sospecha»: Marx, Freud cación requerida por los procesos rea-
y Nietzsche. De acuerdo con la inter- les que en él operan. Tanto en el con-
pretación de P. Ricoeur cabe recono- ductismo como en la psicología cog-
cer en ellos una intención común: la nitiva contemporánea (cognitivismo),
de considerar la conciencia en su con- la conciencia deja de tener validez
j unto como conciencia «falsa», el asal- explicativa epistemológica para ser
to al corazón mismo de la fortaleza considerada un explicandum, y, como
cartesiana. «El filósofo formado en la ha afirmado Valentine, su admisión
escuela de Descartes sabe que las cosas requiere cumplir con las exigencias
son dudosas, que no son tales como que imponemos a los constructor in-
aparecen; pero no duda que la con- feridos.
ciencia sea tal como se aparece a sí Por último, tampoco resulta acep-
misma; en ella sentido y conciencia del table la coextensión de las nociones
sentido coinciden; desde Marx, Nietz- de mente y consciencia. Si bien desde
sche y Freud, l o dudamos. Después de el propio Descartes quedó planteado
la duda sobre la cosa, entramos en la el problema del modo de ser de las
duda sobre la conciencia». Pero la ilu- i deas que no están actualmente pre-
sión de que los «datos inmediatos de sentes a la consciencia y, frente a la
la conciencia» -título de la tesis doc- radical negativa de Locke de introdu-
toral de Bergson- pudieran servir de cir fisuras entre representaciones men-
fundamento para la elaboración de tales y representaciones conscientes,
una epistemología, e incluso de una Leibniz concedió gran valor a las peti-
metafísica, no solo ha sido cuestiona- tes perceptions que no alcanzaban el
da desde la hermenéutica sino también umbral de la consciencia, el debate
desde la filosofía de orientación analí- sobre tal identificación está siendo
tica y desde los propios resultados de replanteado actualmente de forma fe-
psicología científica. Las críticas teóri- cunda en psicología y en la filosofía
cas planteadas al «mito de lo dado» de la mente. Buena culpa de ello lo
(Sellars) han alcanzado a la captación tiene el fracaso de los intentos de re-
interna de los contenidos de concien- ducciones conductuales y fisiológicas
cia reconociéndolos como resultados del lenguaje psicológico y la recupera-
de construcciones. También para ellos ción de la validez de las explicaciones
resultaría válida la afirmación de que mentalistas. La necesidad de reintro-
no hay hechos sin teoría y tampoco en ducir referencias a estados y procesos
ellos podríamos presumir ingenuamen- internos del sujeto, y, en particular, el
te la .existencia de una «purísima per- auge adquirido por la metáfora com-
cepción». Por su parte y con indepen- putacional ha propiciado que el estu-
dencia de la cuestionable postulación dio de la mente quede referido, fun-
de un inconsciente psicoanalítico, los cionalistamente, al estudio de las pro-
trabajos experimentales en psicología piedades de cualquier organismo, na-
apenas dejan lugar a dudas no solo tural o artificial, capaz de ejecutar
sobre el limitado acceso del sujeto a aquellas tareas que caracterizarnos
sus propios contenidos y procesos como mentales. Pero la mente, así con-
mentales, sino también sobre el carác- cebida, resulta un objeto de estudio
ter mediado de tal acceso de modo no solo independiente de su substrato
que la explicación de los contenidos físico o hardware, sino también del
de los autoinformes emitidos por el grado de consciencia que ese organis-
sujeto no se identificaría con la expli- mo tenga de sus estados internos.
1 48

Gran parte de los esfuerzos teóri- ge and Kegan Paul, 1986; DENNETT, D.,
cos de filósofos de la mente y de psi- La conciencia explicada, Barcelona, Pai-
cólogos cognitivos están hoy orienta- dós, 1995; FLANAGAN, O., Consciousness
reconsidered, Cambridge, Mass., MIT
dos a ofrecer alternativas en las que
Press, 1992; HUMPHREY, N., Conscious-
tenga, de nuevo, cabida la consciencia ness Regained: Chapters in the Develop-
pero en la que esta sea abordada de ment of Mind, Oxford, OUP, 1983; HUM-
forma objetiva sin quedar recluida en PHREY, N., Una historia de la mente. La
el claustro de la experiencia privada. evolución y el nacimiento de la concien-
Algunos de ellos se esfuerzan en hacer cia, Barcelona, Gedisa, 1995; JACKEN-
compatibles los modelos funcionales DOFF, R., Consciousness and the compu-
propuestos con los datos ofrecidos por tational mind, Carmbridge, Mass., MIT
la neurociencia sobre el funcionamien- Press, 1990; MARCEL, A. J., y BISIACH,
E., Conscoiusness in contemporary scien-
to efectivo del cerebro humano. Pero
ce, Oxford, Clarendon Press, 1992; KLEIN,
pese a la amplitud de bibliografía que D. B., The Concept of Consciousness, Li-
hoy día genera el tema de la conscien- noln, University of Nebraska Press, 1984;
cia (Baars, Jackendoff, Humphrey, PINILLOS, J. L., Las funciones de la con-
Searle, Chalmers, Marcel, Flanagan, ciencia, Madrid, Real Academia de Cien-
Dennett...) esta parece resistirse a per- cias Morales y Políticas, 1983; SEARLE, J.
der su carácter misterioso y es muy R., Intencionalidad. Un ensayo en la filo-
probable que su esclarecimiento, como sofía de la mente, Madrid, Tecnos, 1992;
afirma el último de los autores cita- SEARLE, J. R., Irl redescubrimiento de la
mente, Barcelona, Crítica, 1992.
dos, comporte la necesidad de todo
un nuevo modo de pensar distinto del
intuitivo «teatro cartesiano» (cartesia- Pedro Chacón
nismo). La distancia abierta entre men-
te computacional y mente fenoménica
reproduce problemas similares a los
abiertos entre la res cogitans y la res
extensa y la explicación tanto de sus
condiciones fácticas de posibilidad
como de su efectivo modo de funcio-
namiento en los seres humanos no tie-
ne visos de poder suprimir las pregun-
tas que la consciencia se plantea acer-
ca de sí misma ni de sustituir el signi-
ficado y cualidades sensoriales de lo
que experimentamos cuando el cielo
se tiñe de rojo o nuestro ánimo de
melancolía.

ARMSTRONG, D. M. y MALCOLM, N.,


Consciousness and Causality. A debate on
the nature of mind, Oxford, Blackwell,
1984; BAARS, B. J., A Cognitive theory of
consciousness, Cambridge, CUP, 1988;
CHALMERS, D. J., The conscious mind. In
search of a fundamental theory, New
York, OUP, 1996; DENNETT, D. C., Con-
tent and consciousness, London, Routled-
CREENCIA
1 60

Creencia efecto, el saber [episteme] como infa-


lible y la opinión (doxa) como falible.
De acuerdo con la definición standard Y en el Teeteto [202 c] examina tres
de conocimiento, este es creencia concepciones del saber -en orden a las
verdadera adecuadamente justificada. que este es definido bien como sensa-
Verdad, falsedad y justificación pasan ción o percepción, bien como opinión
así a aplicarse primariamente a las verdadera, bien como «opinión verda-
creencias y solo derivativamente al dera acompañada de una explicación
conocimiento (o saber). Nada tiene, [o razón]» [202 c]- que rechaza. Pla-
pues, de extraño que se haya propues- tón considera que esta última defini-
to recientemente la redifinición de la ción es circular y regresiva. La presun-
epistemología como doxastología. O ta genealogía platónica de la defini-
que algunos epistemólogos actuales ción tripartita del conocimiento es,
consideren que dado que la determi- pues, cuanto menos dudosa. Importa
nación segura y definitiva del valor de tener presente al respecto que episte-
verdad de un constructo cognitivo me es siempre para Platón conoci-
cualquiera resulta con frecuencia difí- miento absolutamente necesario, obje-
cil de efectuar, con la consiguiente tivo, sistemático, total y capaz de dar
pérdida de operatividad y manejabili- razón del por qué íntimo de las cosas,
dad por parte de los conceptos de y doxa, en cambio, un cuasi-conoci-
conocimiento y saber, debería confe- miento superficial, parcial y limitado,
rirse la centralidad epistémica al con- que versa sobre las apariencias y no
cepto de creencia racional (o creencia sobre la genuina realidad, conformada
a favor de la que pueden argüirse ra- por las Ideas. Aunque Platón contem-
zones intersubjetivamente válidas y, en pla la posibilidad de una doxa recta o
cualquier caso, críticamente dilucida- verdadera, no por ello deja de consi-
bles). Y ello a pesar de la falibilidad de derarla como conocimiento fenoméni-
la misma. El saber es, en efecto, ga- co y, en consecuencia, más aparente
rantía de verdad, por definición, en que real, por no decir incluso engaño-
tanto que es posible que creamos algo so. Difícilmente cabría, pues, traducir
y estemos totalmente equivocados res- doxa como «creencia», que designa, a
pecto a ello. Siempre que sabemos la luz de la epistemología actual, un
algo, lo creemos racionalmente, pero estado mental con contenido informa-
no a la inversa; siempre que creemos tivo semántico.)
algo, lo creemos a secas, pero no a la Creer algo es, en efecto, estar en
inversa. un estado con contenido informativo
De ahí que se haya defendido -en semántico, entendiendo como tal el
cualquier caso, de modo no excesiva- caracterizado por la posesión de infor-
mente convincente- bien la incompa- maciones no meramente fisiológicas,
tibilidad entre el conocimiento, que es fisicalistas ni fenoménicas, sino gene-
i nfalible, y la creencia, que es falible, ralizadas, lingüísticamente encarnadas
bien la separabilidad entre uno y otra, en proposiciones que cuando son aser-
toda vez que conocimiento y creencia tóricas tienen un valor veritativo, que
pueden existir por separado, siendo a pod: mos comprender y que pueden
la vez su coexistencia perfectamente oficiar de razones o evidencias para
posible. (Los partidarios de la incom- otras informaciones de este tipo. Se
patibilidad se reclaman de Platón. En trata, en fin, de un tipo de informa-
República [476-9] Platón define, en ción al hilo de la que aquello entre lo
1 61
que, cuando se la posee, cabe diferen -
minoración de intencionalidad y au-
ciar son significados, valores de ver -
mento de la transparencia. De ser
dad y relaciones de inferencia. La s
omniscientes, las reglas extensionales
creencias vienen, en principio, indivi -
dualizadas mediante proposiciones de inferencia servirían asimismo para
nuestras creencias...
Qué creencia tiene alguien es cosa qu
fija el contenido proposicional de s Por otra parte, nuestras creencias
estado. Si podemos enumerar creen no se presentan aisladas, por lo que
eu- no pueden ser adscritas aisladamente.
cias es porque podemos enumerar con
Forman una amplia red en la que cada
tenidos proposicionales, entre los que
creencia aislada es solo un punto no-
nos cabe, además, diferenciar -por va- dal en un sistema de interrelaciones
riación de sus objetos referenciales, o
(holismo). Estos nexos son -como pa-
de su sentido, o de ambos- e introdu-
cir matices en las diferencias que esta- rece lógico tratándose de información
blecemos. En la medida en que la semántica y dada la índole de esta- de
i dentidad de las creencias viene dada carácter inferencial. Y si nuestras
creencias tienen eficacia causal sobre
por un contenido proposicional, a las nuestra conducta -de modo que la
creencias se las caracteriza a veces
explicación causal de la misma solo
como «actitudes proposicionales», lo
resulta posible si este estado con con-
que equivale a definirlas como estados
mentales que entrañan contenidos tenido informativo semántico es cita-
proposicionales y actitudes respecto de do como uno de los muchos factores
los mismos. causales de los que tal conducta resul-
ta y que se conjuntan en ella- es por-
Las actitudes proposicionales que
que esta surge desde el trasfondo de
son creencias pueden ser, obviamente,
una red creencial de este tipo. Con un
verdaderas o falsas. Su valor de ver-
único rasgo no se puede arbitrar una
dad es (una) función de la informa-
hipotética explicación conductual, ra-
ción semántica de que dispone quien
zón por la que siempre nos remitimos
sustenta la creencia en cuestión. Lo
a un amplio perfil creencial, conscien-
que significa, entre otras cosas, que
tes, además, de que el uso de informa-
cuando adscribimos a un tercero
creencias, no debemos limitarnos a ción introduce diferencias relevantes
partir de nuestra propia información en la conducta adaptativa. Por lo de-
más, cuando adscribimos a un ser in-
semántica, sino que hemos de tener en
cuenta la suya. Algo que tiene, sin formación semántica en la forma de
duda, particular relevancia de cara a creencias, solo conseguimos una expli-
los casos de paso de una creencia a cación aceptable de su conducta cuan-
otra. No en vano se subraya común- do junto a su perfil creencial tomamos
también en cuenta su perfil de deseos,
mente que las adscripciones de creen-
cia representan contextos intenciona- la red de sus deseos y de sus fines. En
les y opacos, diferentes de los exten- el bien entendido, claro es, de que un
sionales y transparentes -o contextos fin no es sino un deseo articulado. No
todo caso en el que hemos de habér-
en los que cabe operar con identida-
noslas con información semántica es,
des conocidas-. La intensión u opaci-
pues, un caso de creencia. Cuando me
dad de creencias no es, pues, otra cosa
que falta de información semántica: pregunto o pregunto a otro si algo es
incertidumbre. El aumento de infor- el caso, o cuando me limito a sopesar
una determinada idea, no he llegado
mación semántica representa, a su vez, aún al punto en el que puedo real-
1 62

mente decir que creo en algo. Ese ahí que nunca adscribamos a terceros
punto solo se alcanza en el momento creencias contradictorias. Y que, en
en el que mi estado de información cambio, les adscribamos las consecuen-
semántica se hace operativo, actúa de cias lógicas de sus creencias. Cuando
un determinado modo de cara a mi asumimos, pues, que alguien cree algo,
conducta. Se trata de ese punto en el le imputamos también consistencia en
que estamos, por un lado, dispuestos a sus creencias y cierta deductividad en
afirmar el contenido proposicional en la trama de las mismas.
cuestión y nuestro estado informativo Tenemos, por último, la capacidad
asume, por otro, el papel de antece- de corregir nuestras creencias. Pode-
dente causal de nuestra conducta no mos transformar -o simplemente aban-
lingüística. donar- creencias ya desarrolladas en y
Una creencia es, en suma, un esta- por nosotros a la luz de nuevas infor-
do con contenido informativo semán- maciones. Sencillamente porque esta
tico, que se expresa lingüísticamente capacidad va unida a la de creer no
bajo la forma de la afirmación y que solo algo sobre el mundo, sino tam-
resulta causalmente relevante de cara bién sobre nuestras creencias sobre el
a la conducta de un ser. mundo. Podemos, en fin, formarnos
Cuando adscribimos creencias a metacreencias, como podemos formar-
otros damos, por lo general, por su- nos metadeseos. De ahí que las creen-
puesto que estas creencias ostentan cias como tales sean, por un lado, un
una cierta racionalidad. Que son, si se instrumento para la constante mejora
prefiere, «racionales». Desde una de- de nuestra imagen del mundo y de
terminada perspectiva, la garantía de nosotros mismos, dada su profunda
esta racionalidad es la verdad que hi- relación con la posibilidad de aumen-
potéticamente presuponemos a propó- tar nuestro conocimiento (y nuestro
sito de las creencias en cuestión. Es autoconocimiento), y, por otro, la ins-
obvio que en casos normales -no lími- tancia a la que realmente incumbe dar
te o excepcionales- nunca aceptaría- respuesta al desafío escéptico.
mos de buen grado como explicación
de una conducta una «explicación» que GRIFFITHS, A. Ph. (ed.), Conocimiento y
partiera de la falsedad de las creencias creencia, Madrid, FCE, 1975; DRETSKE,
en que esta se sustenta. Por otra parte, F. L, Conocimiento e información, Barce-
lona, Salvat, 1987; VILLORO, L., Creer,
si conocemos el entorno y la biografía
saber, conocer, México, Siglo XXI, 1982.
de una persona, a la hora de adscribir-
le creencias le adscribimos aquellas en
jacobo Muñoz
las que nosotros, a nuestra vez, cree-
mos «racionalmente» que creeríamos
de estar en sus circunstancias. Si en el
primer caso racionalidad remite, de
algún modo, a verdad, en este conno-
ta adecuación.
La muestra de acuerdo con la que
construimos el perfil creencial de una
persona es la lógica. Comenzamos con
sus creencias ya conocidas y a partir
de ahí trazamos las líneas inferenciales
que nos prescribe el canon lógico. De
Datos sensibles dentificable- lo que nos es dado en
una puntual experiencia visual. A lo
(Serse-data) sumo podríamos decir que todo lo que
vemos es una parte de la misma: su
Acuñado por Moore, difundido por palma, por ejemplo. Apurando el ar-
vez primera en letra impresa por Rus- gumento podríamos afirmar, a la ma-
sell, se considera que el término sense-datum (sense-data, en plural) es el nera de Berkeley, que todo lo que
vemos es cierta mancha de color. En
heredero en la epistemología del siglo cualquier caso, y esta era la conclusión
xx de una pluralidad de conceptos en su aspecto negativo, lo que se nos
utilizados por los filósofos de todos ofrece a la consciencia en un acto
los tiempos: sensibles, especies sensi- perceptivo puntual no es un objeto
bles, ideas de sensación, impresiones, físico sino, y este era el aspecto posi-
sensaciones... tivo de la conclusión del argumento,
Ya Descartes había hecho explícito un sense-datum.
un presupuesto de buena parte de la Con todo, el argumento más usual-
tradición epistemológica a propósito mente utilizado para introducir los
de la fiabilidad de la percepción: sólo serse-data es el denominado «argu-
cabe el error allí donde el sujeto va, mento de la ilusión», una de cuyas for-
en su juicio, más allá de lo que le es mulaciones más celebres quizás se deba
dado. Es en un contexto de búsqueda a Ayer, y que en realidad es un con-
de la certeza, de atenerse por tanto a j unto de argumentos heterogéneos.
l o estrictamente dado, donde los sen- Volviendo al ejemplo de la mano,
se-data van a desempeñar su papel decimos percibirla dotada de ciertas
propio. propiedades como, por ejemplo, su co-
Para introducirlos Moore solía uti- l or. Pero dado que el contenido de
lizar alguna versión del denominado nuestra consciencia de estas propieda-
argumento de la pobreza estimular. des está condicionado por la estructu-
Decimos ver una mano, pero estricta- ra de nuestros órganos sensoriales, se
mente no es una mano -un objeto fí- vuelve a concluir que lo que es dado
sico, tridimensional, persistente y rei- en ella no pueden ser las propiedades
DATOS SENSIBLES
1 68

objetivas de una entidad física. He consciencia cuyo contenido constitu- Si a lo dicho se añade que, como
aquí sucintamente expuesta la forma yen; razón por la cual son, si no de muestra una disección meticulosa (se-
causal del argumento que, como pue- derecho (originalmente Moore y Rus- mejante a la llevada a cabo por Aus-
de apreciarse, está estrechamente em- sell los concebían como entidades ac- tin) de los argumentos esgrimidos para
parentada con la distinción entre cua- cesibles en principio inter-subjetiva- su introducción, nada nos fuerza lógi-
lidades primarias y secundarias que mente) sí al menos de hecho, entida- camente a postular su existencia, la
tanta relevancia cobró en el pensa- des privadas, susceptibles de presen- sospecha sobre el carácter artificioso
miento filosófico con el advenimiento tarse a una única consciencia. Se tra- de los sense-data se refuerza conside-
de la física moderna. ta, en suma, de ajustar sus propiedades rablemente.
Por otra parte, como los escépticos de tal modo que satisfagan el denomi- No obstante, quizás lo más decisivo
de todos los tiempos nos han recorda- nado principio de Hume: ser en todo en su contra sean los alegatos globales
do, a veces se nos aparece como elíp- respecto tal y como aparecen. que en detrimento de una epistemolo-
tica la moneda que es circular, es de- Ahora bien, es precisamente este gía de corte fundamentalista (funda-
cir: que las apariencias de las que te- prurito de perfecta accesibilidad epis- rnentalismo) puedan esgrimirse. Pues
nemos consciencia distan de corres- témica el que termina por convertir a como hemos procurado hacer ver, solo
ponderse con las propiedades reales de los sense-data en entidades más bien en el contexto de un planteamiento
los objetos que creemos percibir; o extrañas, de las que puede llegar a epistemológico global de un cariz se-
aun peor, no hay tales objetos que se sospecharse que no sean sino una cu- mejante, obsesionado a la manera car-
correspondan con el contenido de riosa invención más de los filósofos. tesiana en encontrar fundamentos, en
nuestra consciencia, como es el caso Supongamos que tenemos una efímera este caso empíricos pero igualmente
cuando somos víctimas de una aluci- consciencia perceptiva de lo que cree- inconmovibles, del conocimiento, tie-
nación óptica o cuando es la nuestra mos ser un tigre. Cuántas rayas tiene nen los sense-data su lugar natural.
una experiencia onírica. Una vez más, su sense-datum? Si, como es probable,
la conclusión que se extrae de estas somos incapaces de dar una respuesta ARMSTRONG, D. M., La percepción y el
variantes ilusivas y delusivas del argu- concreta a esta pregunta y, no obstan- mundo físico, Madrid, Tecnos, 1966; AUS-
mento es que lo dado en la conscien- te, queremos seguir manteniendo la TIN, J. L., Sentido y percepción, Madrid,
cia perceptiva no son objetos físicos validez del principio de Hume para los Tecnos, 1981; AYER, A. J., The Founda-
sense-data, tendremos que concluir tions of Empirical Knowledge, London,
sino un sense-datum.
que estos tienen propiedades indeter- Macmillan Press, 1940; MOORE, G. E.,
Son pues los sense-data aquellas en- Philosophical Studies, London. Routled-
tidades que se nos dan en toda pun- minadas -en este caso el número de
ge and Kegan Paul, 1922; RUSSELL, B.,
tual consciencia perceptiva o cuasi- rayas. Misticismo y lógica, Buenos Aires, Pai-
perceptiva como la experiencia oníri- O supongamos que somos percepti- dós, 1951; SANFÉLIX, V., «Sensación y
ca o alucinatoria. Su característica fun- vamente conscientes de una mancha percepción» en L. Villoro (ed.), El cono-
damental es de naturaleza epistémica. de color, A, y que a continuación se cimiento, EIAF 20, Madrid, Trotta, 1999.
Supuesto su carácter de estrictos datos nos presenta otra, B, indistinguible
lo que los caracteriza es su cognoscibi- cromáticamente de la primera y a la
Vicente San félix Vidarte
lidad apodíctica o, por utilizar la ex- que sigue una tercera, C, que guarda
presión russelliana, su cognoscibilidad con la segunda esta misma relación
directa o por familiaridad. A esta pro- que mantenía aquella con la primera.
piedad epistémica se ajustan las carac- Y sin embargo, si se nos presentan a la
terísticas ontológicas que se les suele vez A y C, nos parecen diferentes. A
atribuir. Son particulares unidimensio- lo que ahora nos fuerza el principio
nalmente empíricos; esto es: visuales de Hume es a negar la validez del prin-
o auditivos, o táctiles etc., en cualquier cipio de la transitividad de la identi-
caso no susceptibles de aprehensión dad para los sense-data. Que A sea
por más de una modalidad sensorial y, i déntico a B y este a C, no implicaría
sobre todo, efímeros, pues su duración que A fuera idéntico con C, cuando A,
no sobrepasa nunca la del acto de B y C fueran datos sensoriales.
Dialéctica
Se ha destacado en numerosas ocasio-
nes la dificultad que entraña una defi-
nición sistemática de la noción de
«dialéctica». Se trata de un concepto
dotado de un significado no estricta-
mente delimitado, aplicable por igual
a modos de pensamiento y modos de
ser, y en cuyo tratamiento global ha-
bría que hacer mención al menos a los
siguientes sentidos: el de la compleji-
dad, que sitúa a la pluralidad (de par-
tes de lo real, de opiniones enfrenta-
das) como principio ontológico y gno-
seológico fundamental; el de la dina-
micidad, que destaca el carácter móvil
y progresivo tanto de la verdad como
del ser; y el del conflicto, que entien-
de la producción de lo verdadero y el
carácter mismo de la realidad en tér-
minos de oposición, antagonismo. y
contradicción: si la consideración dia-
léctica del pensamiento se opone a su
determinación analítica, la considera-
ción dialéctica de lo real se opone a
cualquier forma de la metafísica de la
identidad. La generalidad de estas de-
DIALÉCTICA
1 75
terminaciones muestra hasta qué pun- El sentido positivo de la dialéctica,
to la categoría es inseparable de los que la presentaba como instancia de
diversos usos de los que ha sido obje- razonamiento y conocimiento, se ve
to a lo largo de la historia del pensa- así oscurecido por un juicio negativo
miento. que la acerca a la retórica y la consi-
En el pensamiento griego, bajo el dera una habilidad ligada al ingenio,
nombre de dialektiké techné se apela- la sutileza y la inutilidad teórica. Este
ba al arte de la discusión o el diálogo, sentido se prolonga durante la Edad
basado en el enfrentamiento entre Media y el Renacimiento, y se ve con-
varias partes, y a través del cual el firmado en la filosofía moderna por
discurso común desembocaba en la pensadores como Descartes ( Reg.).
verdad. Se designaba así tanto un arte Kant considera igualmente a la dialéc-
de la conversación como la capacidad tica como un modo de razonamiento
de dividir las cosas en géneros y espe- ilusorio, capaz únicamente de produ-
cies, de clasificar, ordenar y examinar cir apariencias de verdad; al mismo
conceptos e ideas. Platón coloca esta tiempo, sin embargo, denomina «dia-
técnica de búsqueda conjunta de la léctica transcendental» a la parte de la
verdad a través del procedimiento so- crítica de la razón encargada de com-
crático de la pregunta y la respuesta al batir esos errores y señalar los límites
servicio del conocimiento, como mé- de su uso teórico (KrV). La dialéctica
todo de indagación de la forma y el aparece, en primer lugar, como lógica
grado de la participación de las cosas de la ilusión o la apariencia, opuesta a
en la realidad de las Ideas: la dialécti- la lógica de la verdad y derivada de un
ca hace mención al proceso por el cual proceder natural pero ilegítimo de la
el sujeto cognoscente asciende, a tra- razón. Ello ocurre del siguiente modo:
vés de conceptos y proposiciones, de la lógica transcendental, que se ocupa
l o sensible a lo inteligible, de lo ya no de la rectitud del pensamiento
concreto y aparente a los primeros (lógica general}, sino de la verdad del
principios y las ideas, estableciendo las conocimiento, considera las leyes del
diferencias y jerarquía entre ellas, y entendimiento en tanto que se refie-
proporcionando de este modo la ver- ren a priori a objetos. Su primera par-
dadera explicación del mundo (Rep., te, la analítica transcendental, presen-
533-34; Banq., 211). Por contraste, ta las condiciones a priori de la verdad
Aristóteles alude a la dialéctica como y expone su forma, pero no produce
un modo de razonamiento incapacita- la verdad misma, al carecer de conte-
do para alcanzar conclusiones científi- nidos dados a la intuición. Ahora bien,
cas por el carácter meramente proba- la razón se ve inclinada a servirse del
ble de sus premisas: los argumentos proceder lógico-transcendental para
de Zenón para negar el movimiento, generar conocimientos sin que materia
así como los silogismos erísticos, se- alguna haya sido dada a la intuición,
rían ejemplos de pensar dialéctico. extendiendo la acción del entendi-
Frente a la naturaleza demostrativa de miento a objetos que caen más allá de
la analítica, que extrae conclusiones de los límites de la experiencia posible:
premisas verdaderas, la dialéctica apo- tal es la «ilusión transcendental», in-
ya sus argumentaciones en opiniones evitable porque la razón encuentra en
superficiales y ajenas a la naturaleza su proceder natural unas representa-
de aquello que se trata de conocer ciones (las ideas de Dios, alma y mun-
(Anal. Pr., I, 24; Tópicos, I, 100). do) que no puede pensar más que
1 76 DIALÉCTICA

aplicando categorías, carentes sin em- conocimiento es conocimiento de la


bargo de validez fuera de los límites totalidad, y esa totalidad no puede
de la experiencia. La dialéctica trans- tener exterior, conocer equivaldrá a
cendental analiza las consecuencias mostrar las leyes del desarrollo inma-
gnoseológicas de este error fundamen- nente e interior del ser, el proceso de
tal, fuente de una serie de contradic-
ciones y antinomias en las que se hace autoconstitución de lo real como ab-soluto: así como la legitimidad de cada
patente la imposibilidad del conoci- pensamiento particular depende de su
miento metafísico en sentido clásico. situación en el contexto del desplie-
En su Ciencia de la lógica («Con- gue sistemático de todos los pensa-
cepto general de la lógica»), Hegel mientos, así también los objetos y
traza una significativa crítica de la acontecimientos reales adquieren su
posición kantiana, que aclara las trans- sentido con relación al lugar que ocu-
formaciones que el concepto de dia- pan en el desplegarse de la totalidad a
léctica sufre en su propio pensamien- partir de sus contradicciones supera-
to. Por un lado, Hegel valora el hecho das. Con ello, Hegel hace suya la idea
de que Kant presente a la dialéctica de que no hay verdad en lo particular
«como una operación necesaria de la (ya presentada por Platón en el Par-
razón», reconociendo «la objetividad ménides), y le añade la consideración
de la apariencia y la necesidad de la del carácter necesario del movimiento
contradicción». Por otro lado, sin de lo general: « en cada caso el método
embargo, le reprocha haberse deteni- de la dialéctica ha de garantizar que el
do «en el lado abstracto y negativo de despliegue del curso de los pensamien-
lo dialéctico», atribuyendo la contra- tos no es arbitrario, que no tiene lugar
dicción únicamente a la razón (y no a por la imposición subjetiva del sujeto
la realidad misma), y aceptando por pensante [...] Por el contrario, es pre-
tanto que «la razón es incapaz de co- ciso que el progreso resulte de acuer-
nocer lo racional». En realidad, la do con una necesidad inmanente al
conclusión deriva de una premisa que proceder de un pensamiento al otro,
Kant no hubiera podido integrar en su de una a otra figura del saber» (Ga-
modelo finito de razón, y que define damer, 1980, 87). Este interés por las
por el contrario el pensamiento dialé- formas del despliegue histórico (evo-
ctico de Hegel: la identificación de lución, progreso, devenir) explica la
razón e infinitud («pues lo infinito es continuidad de la noción hegeliana de
lo racional»). Solo desde esta identifi- dialéctica en el pensamiento marxista.
cación puede juzgarse como una pér- La recuperación de la dialéctica en
dida la imposibilidad de conocer lo el pensamiento de Marx y Engels ha
absoluto, y solo desde ella se puede sido interpretada como una inversión
concluir que toda contradicción de la de la dialéctica hegeliana, convertida
razón es al mismo tiempo una contra- al materialismo en virtud del recono-
dicción de la realidad. Este salto teó- cimiento del poder de determinación
rico (para el que Kant está imposibili- de las condiciones socio-económicas y
tado y al que Hegel está obligado) las circunstancias históricas sobre la
devuelve a la dialéctica aquello que consciencia, y presentada como «la
Kant le había negado, su carácter de ciencia de las leyes más generales del
conocimiento, legitimado por ser pre- movimiento y de la evolución de la
cisamente «dialéctico» el modo de ser naturaleza, de la sociedad humana y
mismo de la realidad. Puesto que todo del pensamiento» (F. Engels, Ludwig
DIALECTICA

Feuerbach y el fin de la filosofía clási- a una cierta intención totalizados,


ca alemana). El papel de la dialéctica que pone en relación a la teoría con
dentro del marxismo dista de respon- el espacio de la razón práctica: la re-
der, sin embargo, a esta definición: construcción del todo social se colo-
aquello que Marx opone a los resulta- ca al servicio de un determinado in-
dos de la filosofía hegeliana no es, de terés práctico de transformación, su-
hecho, la revisión (materializada) de mando a la dimensión cognoscitiva de
l as leyes generales del curso histórico, la razón (teoría social, crítica de la
sino el estudio de la génesis y el modo falsa consciencia) una dimensión va-
de funcionamiento de la sociedad ca- lorativa (crítica ético-política del mal
pitalista. Gran parte de la tarea inte- social) y una dimensión programática
l ectual de Marx consiste en negar el (organización del cambio). La apela-
núcleo teórico de lo que Hegel com- ción a la dialéctica en las diversas
prendía por dialéctica, a saber, la com- escuelas del pensamiento marxista ha
prensión de la dinámica de la realidad servido de recordatorio de esta inten-
socio-política en virtud del proceso ción de conocimiento, valoración y
único de la autoconstitución del espí- gobierno de la realidad, acentuando
ritu como absoluto, regido por la lógi- la disposición crítica y emancipatoria
ca de la interioridad y el ideal del de la filosofía (J. P. Sartre, Crítica de
cumplimiento histórico. Frente a él, se la razón dialéctica), y orientando el
trata de recuperar la consideración de estudio de los procesos sociales y
l a exterioridad de las partes de la rea- políticos en términos de pluralidad,
lidad, que no se trata tanto de recons- tensión y antagonismo (G. Lukács,
truir cuanto de conocer de la manera Historia y consciencia de clase). La
más completa posible. Ello obliga a pretensión de otorgar un orden o ley
reintroducir el papel del ser material y general al devenir de lo real, capaz de
de la praxis social, y a atender igual- i ntegrar las manifestaciones particula-
mente a las condiciones históricas que res y de reducir la complejidad del
dan lugar al capitalismo, en cuyo estu- ser, ha sido sin embargo criticada en
dio se hace patente la raíz de la domi- la filosofía contemporánea. La deriva-
nación social y la estructura antagóni- ción del pensamiento en un modo de
ca y no idéntica del todo social. En la construcción de identidad y de repre-
medida en que pierde su eje de senti- sión de la diferencia motiva la exi-
do -la ley interna de desarrollo del gencia de una dialéctica negativa ( Th.
todo-, la dialéctica deja de entenderse W. Adorno), en la que el movimien-
como un modo específico de conoci- to conceptual no se orienta a la pro-
miento, diferente o superior al de la ducción final de lo positivo, sino al
ciencia normal, y se presenta como un enfrentamiento inacabable con lo
modo de elaboración teórica capaz de dado en virtud de su no identidad. La
"representar adecuadamente el movi- pretensión de generar una lógica dia-
miento real». léctica alternativa a la lógica analíti-
El sentido de la adscripción de co-formal ha sido igualmente contro-
Marx a la filosofía dialéctica no des- vertida, y ha evolucionado desde los
cansa, por tanto, en el terreno del intentos escasamente fructíferos de
conocimiento (Sacristán ha advertido formalizar la dialéctica hasta el es-
sobre la forma en la que la dialéctica fuerzo por buscar la dialéctica en la
puede incluso dañar las pretensiones misma lógica formal, estudiando sus
científicas de Marx), sino que remite principios no ya en términos pura-
1 78 DIÁLOGO

mente sintácticos sino operacionales, te fundamental del ejercicio de la ra-


y de manera dependiente con respec- zón humana, y analiza los requisitos
to a las relaciones de mediación en- esenciales de un diálogo correcto, la
tre sujeto y objeto. estructura de los argumentos plantea-
dos en el mismo y la fundamentación
ADORNO, Th. W., Dialéctica negativa, del acuerdo alcanzado. Parece impor-
Madrid, Taurus, 1975; BUENO, G., «Sobre tante destacar que, aun cuando el ejer-
la Idea de Dialéctica y sus figuras», en El cicio del diálogo supone llegar a un
Basilisco 19 (1995); GADAMER, H.-G., La acuerdo racional, no siempre debe ter-
dialéctica de Hegel, Madrid, Cátedra,
minar en acuerdo para que exista un
1980; LEFEBVRE, H., Qué es la dialéctica,
Buenos Aires, La Pléyade, 1975; SACRIS- verdadero diálogo. Obvia decir que el
TÁN, M., «El trabajo científico de Marx y cumplimiento de determinados requi-
su noción de ciencia», en Id., Sobre Marx sitos obliga a descartar formas espú-
y marxismo, Barcelona, Icaria, 1983; SAN- reas del diálogo. Finalmente, la acep-
DoR, P., Historia de la dialéctica, Buenos ción metafísica considera el diálogo
Aires, Siglo Veinte, 1964; VALLS PLANA, como un modelo de estructura on-
R., La dialéctica, Barcelona, Montesinos, tológica que posee un dominio uni-
1981; ZELENY, J., Dialéctica y conoci-
versal.
miento, Madrid, Cátedra,
1982; VELAR-DE, J., «Lógica y dialéctica», en Teorema
Existen una serie de rasgos genera-
IV/2 (1974). les que caracterizan la relevancia epis-
témica del concepto de diálogo. Entre
Pablo López Álvarez l os más relevantes, deben tenerse en
cuenta los siguientes: la necesidad de
i ntercambio y comunicación de la ra-
Diálogo zón humana; la elaboración de argu-
mentos fundamentados que puedan
El concepto de «diálogo» designa ser compartidos; la presencia de la
aquella actividad resultante de inter- alteridad, que lleva a negar toda clau-
cambiar ideas y argumentos en vistas a sura en sí misma de la razón humana
obtener un resultado que, en ocasio- y exige atender a aspectos diferentes
nes, puede tomar la forma de acuer- de ella (ya sean otros seres humanos u
do. La etimología del concepto revela otras realidades); el mantenimiento de
un importante matiz conceptual, ya unas determinadas reglas de comuni-
que diálogos hace referencia a una cación que permitan una adecuada
razón compartida o «extendida», a una exposición de argumentos y su secuen-
razón que no puede mantenerse en sí cia ordenada en la forma de una «con-
misma de forma aislada. El análisis de versación»; y, por supuesto, el acuer-
este concepto puede considerarse des- do o desacuerdo obtenidos como re-
de tres vertientes, muy relacionadas sultados de un diálogo.
entre sí: la antropológica y social, la En la historia de la filosofía, el
metafísica y la propiamente epistemo- concepto de diálogo ha tenido una
lógica. Desde una perspectiva socio- continuada presencia y una desigual
antropológica, el diálogo es un com- fortuna. Sócrates consideró el diálogo
ponente esencial de la sociedad y su- como un instrumento fundamental
pone concebir al sujeto humano como para alcanzar el conocimiento, ya que
capaz de intercambiar razones y ela- un verdadero diálogo podía despertar
borar acuerdos. La acepción epistemo- el recuerdo o anámnesis que estaba en
lógica hace del diálogo un componen- el núcleo de todo saber. Asimismo,
DIÁLOGO
1 79

Platón hace del diálogo un instrumen- diálogo: la razón solo puede conside-
to fundamental de su pensamiento, rarse como encuentro de individuos
que expone en forma de diálogos lite- racionales y tomará la forma de una
rarios: la adecuada aplicación del diá- peculiar conversación o Rede; estas
l ogo, piensa Platón, puede llevar al tesis se encuentran en su mismo con-
ejercicio del «método dialéctico», que cepto de «hermenéutica», que tanta
lleva al reconocimiento de una serie relevancia alcanzará posteriormente.
de ideas esenciales de las que la reali- La filosofía del idealismo otorga una
dad son copias. Con ello, Platón otor- decisiva importancia al concepto de
ga al diálogo un componente ontoló- diálogo: en Fichte, esta reivindicación
gico y epistémico. Aristóteles otorga posee un componente antropológico,
un significado diferente al término y ya que hace de la actividad dialógica
no le otorga una relevancia ontológica un modelo de su teoría de la libertad
decisiva, pero sí analiza y categoriza la y del sujeto. Pero la máxima relevan-
estructura de una argumentación ra- cia al concepto de diálogo, en su sen-
cional, exponiendo las diferentes figu- tido especulativo y metafísico, se al-
ras del silogismo y describiendo, con canza con G. W. Hegel: según Hegel,
rigor, lo que podría denominarse una el ser posee un movimiento de desa-
filosofía de la retórica. En la filosofía rrollo inmanente que toma la forma
medieval, la influencia de Aristóteles de diálogo y se manifiesta (siempre
será decisiva y la denominada «filoso- parcialmente) en la historia: conocer-
fía escolástica» recupera muchas de las lo es la tarea de la razón, y llevarlo a
figuras retóricas de Aristóteles, otor- la práctica será una exigencia de la ac-
gándoles una especial relevancia en la tividad humana.
discusión filosófica y dando lugar al La filosofía del siglo xx ha conce-
complejo método de las disputationes, dido, en algunos de sus momentos,
que debían seguir una estructura de- una especial relevancia al concepto de
terminada y llevaban, en algunos ca- diálogo. Destaquemos algunas de estas
sos, a alcanzar un acuerdo sobre cier- contribuciones. En primer lugar, re-
tas cuestiones teóricas. presentantes de la filosofía judía, como
Sin embargo, será la filosofía ale- F. Rosenzweig, M. Buber y E. Lévi-
mana clásica la que recupera la impor- nas, otorgan una especial relevancia al
tancia teórica del concepto de diálo- concepto de diálogo. Buber destaca la
go. Kant parece relegar la actividad originalidad irreductible de la alteri-
dialógica y retórica a la lógica de la dad del «yo», que exige siempre la pre-
apariencia. Algunos de sus críticos sencia del «otro» y lleva a exigir una
(como J. G. Hamann y, en especial, F. práctica dialógica debidamente funda-
H. Jacobi) destacan la necesidad de mentada. Asimismo, aun con un tono
combatir la perspectiva kantiana a la más metafísico y un marcado carácter
que consideran como una filosofía del ético, E. Lévinas ha señalado que toda
blosses Ich, es decir, como una filoso- relación interpersonal posee una asi-
fía centrada en la vaciedad del sujeto metría esencial, en la que el concepto
individual, que no tenía en cuenta la de «otro» tiene una decisiva importan-
presencia de otros sujetos u otras rea- cia. Sin embargo, será H.-G. Gadamer
lidades externas a él o a su conoci- el filósofo que ha otorgado una espe-
miento. F. D. Schleiermacher otorga, cial relevancia al concepto de diálogo
en sus tratados sobre Dialektik, una en la filosofía de nuestro siglo. Gada-
i mportancia definitiva al concepto de mer se considera heredero de la tradi-
DIALOGO
180

ción clásica que hace del diálogo un lógica y del análisis del lenguaje. La fi-
instrumento fundamental del conoci- losofía anglosajona de tradición analí-
miento y un rasgo esencial de la rea- tica se encuentra toda ella dominada
lidad; tradición en la que están pre- por el esfuerzo de precisar el uso de los
sentes Platón, Vico, Schleiermacher, conceptos y construir criterios para una
Hegel y Heidegger, entre otros. Pien- comunicación adecuada. En este senti-
sa Gadamer que la actividad dialógica do, y a pesar de toda apariencia, mu-
chas de las aportaciones analíticas so-
es el modelo del fenómeno hermenéutico y que encuentra su fundamento bre conceptos esenciales pueden ser
en la estructura de lo real. Toda la consideradas relevantes para una fun-
denominada filosofía hermenéutica de damentación de la actividad dialógica
nuestro tiempo participa, de un modo (fundada en un riguroso análisis de las
u otro, de esta relevancia concedida al expresiones lingüísticas, como quisie-
diálogo. ron G. E. Moore y el segundo L. Witt-
Tres aportaciones de marcada inci- genstein). Asimismo, las aportaciones
dencia antropológica, pero con nota- de los lógicos alemanes K. Lorenzen y
bles componentes epistemológicos, K. Lorenz han puesto los fundamentos
completan esta presencia del diálogo de una dialogische Logik de particular
en la filosofía contemporánea. En pri- interés, en la que se destaca el valor de
mer lugar, la denominada «lógica de la estructura interrogativa y el análisis
la comunicación», desarrollada por J. dialógico de algunos conceptos esencia-
Habermas y que hace de la necesidad les de la lógica formal. Por último, las
de alcanzar un acuerdo comunicativo i nvestigaciones de Charles Perelmann
una perspectiva trascendental para sobre la teoría de la argumentación y la
poder hablar de la constitución de la necesidad de otorgar un sentido funda-
sociabilidad. En una perspectiva dife- mental a la retórica, han desarrollado
rente, John Rawls ha reivindicado el interés epistémico del concepto de
una necesidad de alcanzar acuerdos diálogo y de la argumentación en la que
racionales en su teoría del nuevo con- todo diálogo adecuado debe funda-
tractualismo. Y Richard Rorty señala mentarse.
l a importancia de considerar el cono-
cimiento como una adequate conver- GADAMER, H.-G., Verdad y método, Sa-
sation, en el que ya no importa tanto lamanca, Sígueme, 1977; GOLDSCHMIDT,
la correspondencia con una realidad H. L., Philosophie als Dialogik, en Id.,
Werkausgabe 1, Berlin, Passagen-KNO,
externa, sino la necesidad de que esta
1993; HABERMAS, J., Teoría de la acción
realidad permita generar diferentes comunicativa: complementos y estudios
interpretaciones que deben ponerse previos, Madrid, Cátedra, 1989; KAM-
en relación dialógica para alcanzar LAH, W. y LORENZEN, P., Logische Pro-
una adecuada idea de lo que denomi- pädeutik. Vorschule des vernünftigen Re-
namos real. Tras estas tres perspecti- dens, Stuttgart, J. B. Metzler, [3]1966; LO-
vas se encuentran fuertes componen- RENZ, K., Dialogische Logik, Darmstadt,
tes epistémicos del concepto de diá- Wissenschaftliche Buchgesselschaft, 1975.
logo, que han dado lugar a impor-
tantes ampliaciones y nuevas aporta- Ignacio Izuzquiza Otero
ciones.
Las mencionadas perspectivas con-
temporáneas deben completarse con
otras que proceden del campo de la
1 97

(noein) y el ser» (Parménides, B 3, B


6}, el entendimiento es lo que hace
posible el desvelar la presencia del ser
(la arché, la physis, lo apeiron) y es, en
última instancia, el logos autónomo
que, «aun estando separado de todas
las cosas», todo lo gobierna «por me-
dio de todo» y hace que «todas las
cosas sean iguales» (Heráclito, B 41, B
108), de tal modo que, así substanti-
vado, este nous «siempre es y está cier-
tamente ahora incluso donde están
también todas las demás cosas» y se
hace, por ello, todas las cosas (Anaxá-
goras, B 14). Esta peculiar coimplica-
ción permitirá a Platón (Rep. VI, 509-
518) establecer que el segmento carac-
terístico de los objetos del entendi-
miento (ta noeta) delimita la realidad
en sí (ta opta, eide), la cual, a su vez,
solo se hace accesible en el ejercicio
del pensar/entender (noesis) en su ple-
na autenticidad, aprehensión inmedia-
ta de lo que es originariamente (Ideas
como archai).
Si también Aristóteles destaca que
«el entendimiento es de los principios
(archai)», lo hará desde una perspecti-
va ajena a la dialéctica platónica, para
hacer del entendimiento la aprehen-
Entendimiento sión intuitiva y no mediada de los
postulados básicos y originarios de la
Se usa «entendimiento» para designar demostración que lleva al auténtico
la facultad de conocer y de compren- conocer, de tal manera que solo del
der en función de elaboraciones con- conocimiento que es/tiene verdad pue-
ceptuales llevadas a cabo desde una de decirse con propiedad que procede
orientación discursiva y analítica, en del entendimiento. El nous aristotéli-
conexión con lo que la constitución co es, así, aquella cualidad o virtud
de la epistemología moderna asignó al i ntelectual (pero no una potencia del
campo de la razón y de la inteligencia, alma) cuyo objeto es lo inteligible y
remodelando las implicaciones metafí- que se muestra como correlato subje-
sicas y ontológicas puestas en juego tivo de lo apeiron presocrático en
por la filosofía greco-medieval en tor- cuanto «capacidad de llegar a ser to-
no al entendimiento (nous, intellectus) do» (entendimiento pasivo) y, tam-
como expresión del pensamiento en su bién, «lo que hace todo», el entendi-
sentido más estricto. miento agente que, en cuanto distinti-
Para los griegos, en efecto, existien- vo del animal dotado de logos, es el
do «lo mismo para el pensar/entender des-velamiento racional de la esencia
1 98 ENTENDIMIENTO

de lo real, inteligencia que aprehende- duciendo (razonando) de modo siste-


comprende todo, pero siendo ajeno y mático el entramado conceptual de
estando «separado» (choristos), al igual aquella esencia a partir de las ideas
que lo sophon de Heráclito y el nous básicas, claras y distintas, que un ade-
de Anaxágoras, de la materialidad sen- cuado proceso analítico-metodológico
sible de lo concreto-determinado, lo lleva a descubrir mediante la explicita-
que, en última instancia, llevará a ción de las ideas/virtualidades que se
Aristóteles a volver a las raíces de la dan de modo innato en el espíritu
metafísica presocrática, apelando al humano. Este proceso hace del enten-
nous como entendimiento que se pien- dimiento la «capacidad de distinguir
sa/entiende a sí mismo (noeseos noe- l o verdadero de lo falso» y lleva a
sis: Met. IV, 1074b34-35), expresión Descartes a ver en el concepto de «en-
de la Razón en sí misma, lo origina- tendimiento» el eje de la filosofía y de
riamente primero (anché) que conoce la epistemología modernas.
y configura la estructura inteligible de En cuanto «facultad de concebir la
todo lo que se hace presente, las co- verdad», el entendimiento es, en efec-
sas. to, la facultad espiritual característica
Salvo en lo concerniente a la inter- de lo humano y del conocimiento au-
pretación de aquel nous Absoluto en téntico, de tal forma que incluso los
un sentido radicalmente transcenden- cuerpos «no son propiamente conce-
te, la doctrina aristotélica del entendi- bidos sino solo por el entendimiento y
miento fue asimilada por la escolástica no por la imaginación ni por los sen-
tomista, la cual, aun distinguiendo tidos» (Med. Met., II) ni por la memo-
entre intellectus y ratio, puso un énfa- ria, las otras tres facultades humanas
sis especial en la identificación de la (Reg., XII), que son las facultades del
virtus intellettiva con la inteligencia, conocimiento sensible, el cual, a su
capacidad espiritual de aprehender la vez, no es más que la forma oscura y
esencia en el fondo de lo dado en la confusa del conocimiento en sentido
percepción sensible (intus-legere). Con- pleno, el conocimiento comprensivo-
j ugando esta orientación con las exi- intuitivo de lo inteligible. El entendi-
gencias de un conocimiento seguro, miento, por ello, aun siendo también
reformulado a la luz de la inteligibili- facultad deductiva, encuentra en la
dad de la ciencia moderna, la teoría intuición su cumplimiento riguroso, lo
cartesiana del conocimiento ya no que lleva a Descartes a postular una
necesita, en sí misma, apelar a la me- teoría innatista del conocimiento (in-
tafísica del Entendimiento/Razón Pri- natismo) que permitirá al filósofo
meros, centrándose, por el contrario, francés definir el entendimiento huma-
en identificar la potencia intelectiva no como «entendimiento que se en-
con la esencia misma del Yo tomó tiende a sí mismo», pero ya sin las con-
«una cosa que piensa», es decir, «un notaciones metafísicas de la noeseos
espíritu (esprit), un entendimiento noesis aristotélica.
(entendement) o una razón (raison)» A1 no establecer una diferencia
(Med. Met., II). El cartesianismo ca- esencial entre sensibilidad y entendi-
racteriza, de este modo y en última miento (como tampoco lo hará la teo-
i nstancia, la «substancia pensante» ría spinoziana del intellectus o la de
como «substancia inteligente» (Pr. Fil., Leibniz acerca del entendement), la
I, a. 63), capacidad de aprehender/ epistemología cartesiana propiciará
comprender la esencia de lo real de- que el empirismo inglés de los siglos
ENTENDIMIENTO
1 99

XVII y XVIII acabara eliminando las di- otro lado, al quedar restringido el
ferencias entre las ideas del entendi- conocimiento intelectivo al marco de
miento y las regularidades puramente lo sensible, no puede ser ya visto como
sensibles, con lo que el entendimiento fuente de la unidad totalizadora y ra-
(understanding), concebido como «fa- cional de lo real. Esta unidad se lleva
cultad de pensar», quedó equiparado a a cabo, según Kant, por la razón (Ver-
"facultad de percibir» (Locke) o al nunft), cuyos principios hacen posible
modo en que la naturaleza humana el uso sistemático del entendimiento,
tiende a asociar las impresiones e ideas a cuyos conceptos la razón dota de la
en percepciones ( Hume). Con ello se «mayor unidad y extensión» posibles,
ponía en entredicho las tradicionales convirtiéndolos en un «sistema enca-
caracterizaciones relativas a la substan- denado según leyes necesarias» (B 673)
cialidad autónoma del entendimiento sobre el trasfondo de la idea de la
como facultad espiritual y a las con- «necesidad de la unidad sistemática de
cernientes al entendimiento como ra- la naturaleza» (B 679). La razón, pues,
zón donadora de sentido unitario y no es conocimiento ni crea conceptos
originariamente fundamentador del de objetos. Se limita a ordenar tales
conocimiento de la realidad. conceptos (B 671), sistematizándolos
La crítica kantiana dio un paso unitariamente, tendiendo a una hipo-
decisivo en esta dirección al destacar tética totalización de las series parcia-
que el entendimiento (Verstand) solo les de los conocimientos y convirtién-
puede operar (discursivamente) en la dose, con ello, en la «piedra de toque
li mitación de su pensar lo dado en las de la verdad de las reglas» (B 673).
i ntuiciones sensibles, a las que infor- Hurtando al entendimiento la ca-
ma en conceptos y juicios universales pacidad de des-velar la unidad totali-
y necesarios que relacionan y sinteti- zante en lo real mundano, Kant ponía
zan la pluralidad de lo diversamente fin a la secular identificación entre
delimitado en la sensibilidad (KrV, B entendimiento y razón, lo que iba a
159). La posibilidad misma de aquella permitir al idealismo alemán hacer del
reunión de representaciones que es el entendimiento una mera manifestación
entendimiento reposa en la unidad de primera e imperfecta del ejercicio del
la conciencia, «que constituye la rela- conocimiento racional, en sentido ri-
ción de las representaciones con un guroso. Para Hegel, en efecto, el en-
objeto y, por tanto, su valor objetivo» tendimiento (Verstand) está irremisi-
(B 137) (autoconsciencia). El entendi- blemente ligado a la diversidad ( Ver-
miento, en cuanto «facultad de reglas» schiedenheit); es la mera «actividad di-
(A 126), hace posible el conocimiento versificados» cuyas determinaciones
objetivo desde el momento en que el subjetivas «retienen la oposición per-
objeto (Objekt, no Gegenstand) es vis- manente respecto a lo objetivo», es-
to como «aquello en cuyo concepto es tando no solo en oposición entre sí,
reunido lo diverso de una intuición sino también, y sobre todo, en oposi-
dada». ción a lo absoluto. El entendimiento
En el tratamiento kantiano, el en- se ve, de este modo, reducido al «pen-
tendimiento, reducido a función sinte- sar que produce solamente determina-
tizados de lo fenoménico, pierde de- ciones finitas» y que se queda «parado
finitivamente la consistencia ontológi- en la determinación fija y en la distin-
ca que le había venido otorgando la tividad de ella frente a otra» (Enciclo-
tradición filosófica anterior a Kant. De pedia, §§ 25, 80) que caracteriza a la
ENTENDIMIENTO
20

si mple razón abstracta en contraposi- elabore ideas generales dotadas de la


ción a la razón en su sentido pleno, la claridad y distinción cartesianas, estas
razón concreta y dialéctica que asimila no pueden ser construidas como do-
la identidad absoluta y libre del con- nación de la autenticidad de lo real,
cepto, la «identidad de la subjetividad sino como mera representación de lo
del concepto y de su objetividad y uni- discontinuo («la inteligencia no repre-
versalidad». senta claramente más que lo disconti-
La razón concreta, disolviendo las nuo»), estable e inmutable y, por ello,
determinaciones /delimitaciones del de lo radicalmente opuesto a la conti-
entendimiento, no solo da acabado nuidad general del devenir.
cumplimiento a la «necesidad que ex- Reduciendo el entendement carte-
perimentamos» de llevar la multiplici- siano a una «incomprensión natural»
dad a la unidad. Es también, y por de lo real en profundidad y eliminan-
ello mismo, el universal absoluto que, do, con ello, del discurso conceptuali-
en su propia necesidad autónoma, da zador la función característica del in-
sentido definitivo a lo real, convirtien- tus-legere tradicional, la filosofía berg-
do la noeseos noesis de la metafísica soniana dejaba abiertas las puertas
aristotélica en «razón que se sabe a sí para que la epistemología de nuestro
misma» (que el propio Hegel se encar- tiempo acabara por despreocuparse
ga de poner en relación con la doctri- de lo concerniente al entendimiento
na aristotélica de Met., XII, 7). como inteligencia y facultad de cono-
La apuesta idealista por la razón y cimiento, a no ser desde una perspec-
no por el entendimiento ponía fin al tiva meramente histórica (como inte-
privilegiado lugar que la epistemolo- llect). Ello se llevará a cabo en tres
gía moderna había venido acordando direcciones fundamentales: a) la pro-
a la facultad intelectiva, a pesar de que piciada por las interpretaciones que de
la filosofía bergsoniana buscara reavi- la teoría bergsoniana llevan a cabo las
var la función del entendimiento como filosofías espiritualistas, de un lado, y,
inteligencia (intelligence, término que de otro, las vitalistas y pragmatistas de
el propio Bergson hace sinónimo de todo tipo, de otro lado, eliminando el
entendement), una de «las dos faculta- alcance teórico de la facultad intelec-
des de la conciencia que la teoría del tiva para centrarse exclusivamente en
conocimiento ha de tomar en conside- la función «práctica» del entendimien-
ración», junto con la facultad «supra- to; b) la que caracteriza la apropia-
intelectual» (intuición). En cuanto «fa- ción, ajena a los intereses de lo filosó-
cultad conceptualizadora o de percibir fico-epistemológico, que la actual filo-
generalidades», la inteligencia separa sofía de la mente y el tratamiento cien-
el espacio y fija el tiempo en momen- tífico de la psicología han llevado a
tos yuxtapuestos para hacer posible el cabo de la inteligencia, como espacio
operar sobre lo sólido inorgánico y el sustitutorio de «lo que antiguamente
dominio de la realidad material, lo que se entendía por entendimiento, es de-
convierte inevitablemente la actividad cir, la facultad de conocer» (Tamo); c)
especulativa en ejercicio de práctica la que hace de la inteligencia un pro-
interesada («incluso al especular, la in- ceso de correspondencia con acciones
teligencia se preocupa también de apropiadas a través de los oportunos
obrar» y resulta ser, a fin de cuentas, programas de ingeniería del conoci-
«facultad de fabricar objetos artificia- miento que conduzcan a una fructífera
les»). Por ello, aunque la inteligencia resolución de problemas, eliminando,
con ello, toda referencia a la facultad
intelectiva.
En consonancia con ello, la tradi-
cional caracterización del entendi-
miento como facultad discursivo -ana-
lítica de comprensión de lo real tam-
bién carece ya de sentido para la epis-
temología de nuestro tiempo, la cual
se remite a Ios planteamientos acerca
de la comprensión ( Verstehen, unders-
tanding) i mpulsados por las corrientes
hermenéuticas o, también, a los propi-
ciados por aquellas orientaciones de la
filosofía analítica para las que las rela-
ciones entre los espacios del compren-
der y del significado se convierten en
un intentar «comprender el compren-
der» ( Ziff) o, i ncluso, «comprender la
dificultad de comprender el compren-
der» (Rosenberg).

APEL, K. O., «Das Verstehen. Eine Pro-


blemgeschichte als Begriffsgeschiche», en
Archiv für Begriffsgeschichte I (1955),
142-199; FAGIN, R. et al., Reasoning
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1995; KENNY, A., Aquinas an Mind, New
York, Routledge, 1993; MOORE, F. C. T.,
Bergson: Thinking Backwards, New York,
CUP, 1996; PAPADIS, D., <Aristotle's
Theory of Nous: A New Interpretation of
Chapters 4 and 5 of the Third Book of De
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(1993), 99-111; PARKET, H. y BOUVE-
RESSE, J. (eds.), Meaning

and Understan-ding, Berlin-New York, Walter de Gruyter,


1951; SANDERMANN, E., Die Moral der
Vernunft Transzendentale Handlungs- und
Legitimationstheorie in der Philosophie
Kants, Freiburg Br., Alber, 1991.

Sera fín Vegas González


Experiencia

El término «experiencia» adolece de


un alto grado de vaguedad a causa de
l a multiplicidad de criterios de uso, lo
cual genera un conjunto de significa-
dos que se solapan. Expresiones fre-
cuentes son: «experiencia sensible»,
"experiencia de la vida», «experiencia
moral», «experiencia estética», «expe-
riencia religiosa», etc. Aquí, en el con-
248 EXPERIENCIA

en el sentido más sensualista, sentan- mismo sentido desarrolla Galileo en


do, así, uno de los pilares del «empi- sus Diálogos la tesis de la superioridad
rismo»: todo conocimiento proviene de la experiencia sobre los argumen-
de la sensación, capacidad de retener tos: «Una sola experiencia basta para
impresiones sensibles y de la que go- echar abajo mil razonamientos, en tan-
zan todos los animales. Pero la huma- to que mil razonamientos no consi-
na es, además, capaz de sistematizarlas guen hacer falsa una sola experiencia"
a través de la memoria, y de la repe- ( XII, 315). Pero sobre todos es F.
tición frecuente de actos de memoria Bacon quien hace de la experiencia no
-la acumulación y condensación de solo el punto de partida sino también
i mpresiones sensibles particulares- re- el fundamento último de todo conoci-
sulta una única experiencia, y se for- miento. La experiencia es entendida
ma en nuestra alma un universal. La por Bacon, en primer lugar, como un
experiencia es, pues, la supervivencia nuevo método. En este sentido, la «ex-
de lo general, de lo uno en lo múlti- periencia científica» (la experimenta-
ple, de lo que hay en común en los ción) tiene que adecuarse a unas reglas
múltiples objetos percibidos, y consti- -variado, traductio, translatio, inver-
tuye, a su vez, el principio de la tech- sio, compulsio, applicano, copulado,
ne en el conocimiento práctico, y el sones experimenta-; debe ser ordena-
principio de la episteme, en el teórico. da, y solo así resulta fructífera ( De
Este sentido (B) de experiencia es dignitate et augmentis scientiarurn).
el predominante en la Edad Media. Trasciende, pues, el plano subjetivo.
Santo Tomás habla de scientia experi- Mas también habla Bacon de la
mentalis y de scientia experientiae, experiencia como el proceso de adqui-
entendiendo la experiencia (o el expe- sición de conocimiento «interpretan-
rimento) en el sentido aristotélico, li- do la naturaleza» -la observación aten-
gada a la repetición de impresiones a ta de cómo trabaja la naturaleza nos
través de la memoria: «ex mulos enim capacita para reproducir determinados
memoriis fit unun experimentum» efectos naturales- y excluyendo las
(Summa Theol., I, 58, 3, ob. 3). R. Ba- consideraciones éticas y religiosas. El
con, que utiliza frecuentemente el tér- conocimiento (la experiencia) consis-
mino, entiende la experiencia como el te, entonces, en la habilidad subjetiva
proceso cognoscitivo que partiendo de de imitar la naturaleza pero sobrepa-
la observación de los hechos particula- sándola (en tiempo, forma, etc.) en sus
res alcanza el universal y descubre la productos. La experiencia enciende el
causa, resultando, así, superior al ra- candil que alumbra los pasos de nues-
zonamiento (Opus malus, 199). tro conocimiento (Novum organum, I,
Entre los modernos la noción de 82).
experiencia adquiere cada vez mayor El éxito de la mecánica newtoniana
i mportancia epistemológica. Leonardo en el siglo xv[[[ y la floración de nue-
d'Vinci propugna situarla -en el pro- vas ciencias en el siglo XIX como siste-
ceso del conocimiento- al principio (y mas de conocimiento firmemente
no al final), y en cuanto método, la asentados marca aun más la diferencia
toma como el intérprete de las obras entre los dos sentidos de experiencia:
de arte: «Hay que consultarla, variar bien como experimentación, según
las circunstancias, hasta extraer reglas reglas independientes de cualquier as-
generales, ya que solo ella nos propor- pecto subjetivo, bien como modo (úni-
ciona las verdaderas reglas». En este co) en el que los sujetos humanos al-
EXPERIENCIA 249

canzan conocimiento y verdad. En el Si el positivismo, como señala Ha-


primer caso se abre la vía al desarrollo bermas (cf. Conocimiento e interés)
del «método experimental»; en el se- había forzado la eliminación de la teo-
gundo, a la filosofía (epistemología) ría del conocimiento en favor de la
empirista. teoría de la ciencia, reduciendo la di-
Newton llama «filosofía experimen- námica epistemológica a la metodoló-
tal» a aquella que «procede solo a gica, que, dejando de lado al sujeto
partir de los fenómenos, y deduce cognoscente, se atiene a un sistema
proposiciones generales a partir de dado de reglas según las cuales deben
ellos solo por inducción» (Principia, in ser construidas y verificadas (o falsa-
fine). Laplace (Théorie analytique des das) las teorías, la «ampliación del
probabilites, 1812) elogia el «método horizonte de la experiencia» conlleva
baconiano», consistente en «abandonar la renovación de la epistemología «con
Las sutilezas insignificantes de la escue- sujeto cognoscente», capaz de expe-
l a para entregarse a las observaciones riencia. Las cuestiones que entonces se
y a la experiencia». Darwin (The Life plantean son del siguiente tenor: <Qué
and Letters, I, 83) describe así el mé- significa que un sujeto es capaz de
todo por él empleado en la elabora- experiencia? <Coinciden, o no, los lí-
ción de El origen de las especies: «Obré mites de la experiencia con los del
según los verdaderos principios baco- conocimiento? ¿Es, o no, la experien-
nianos, y sin ayuda de ninguna teoría cia enseñable (aprendible) o hay expe-
coleccioné hechos en una escala ex- riencias -la «experiencia de la vida»
traordinaria». (E. Spranger); la «experiencia mística»
La experimentación, bajo múltiples (santa Teresa de Ávila, Wittgenstein)-
formulaciones -generadoras de abun- que son intransferibles, incluso inefa-
dante bibliografía en teoría de la cien- bles? <Son capaces de experiencia los
cia-, se convirtió, a lo largo del siglo ordenadores? Todas estas cuestiones
xix, en el método específico de la son centrales en epistemología, y plan-
ciencia. «Toda ciencia -escribe Dil- teadas de manera sistemática a partir
they, Introducción a las ciencias del del empirismo del siglo XVIII hasta la
espíritu, 1883, prólogo- es ciencia de actual ingeniería del conocimiento,
experiencia». Y las «ciencias del espíri- pasando por la crítica kantiana o la
tu» han de conseguir su emancipación fenomenología de Husserl.
cambiando la hasta entonces su funda- Para Hume, sistematizador del em-
mentación metafísica por la experi- pirismo, la experiencia viene consti-
mental, pero ampliando el horizonte tuida por el conjunto de las percep-
de la experiencia a la «experiencia ciones (impresiones e ideas), en tanto
interna», a los «hechos de conciencia» que «existencias distintas perecederas»,
(Ibid.), a las «vivencias» (Schleierma- y limitadas dentro de la mente huma-
cher, Dilthey, Husserl y los hermeneu- na, único ámbito, asimismo, del posi-
tas). Con pretensiones a gozar del ble conocimiento (humano); solo hay
mismo estatus que las «ciencias expe- combinaciones de impresiones e ideas
rimentales» aparecen, por ejemplo, la engendradas a través de la asociación
Theologia experimentales (G. Arnold); y del hábito, sin principio alguno de
la Experimentalreligionslehre ( Nova- su conexión (Tratado, I, 4).
lis); la Experimental-Politik (G. Ch. Tal principio lo pone Kant en la
Lichtenberg); la Experimental-Meta- Bewusstsein überhaupt o sujeto trans-
physik (A. Schopenhauer), etcétera. cendental. La «originaria unidad sinté-
EXPERIENCIA
250

tica de la apercepción» es un acto es- dades per se, sino resultancias cada
pontáneo del entendimiento, en cuan- uno de ellos de las relaciones y opera-
to distinto de la sensibilidad y que es- ciones entre la pluralidad de los otros:
tablece la conexión de los objetos en un sujeto de experiencia es tal en tan-
la unidad de la experiencia ( KrV, Ana- to que constituye (es) el soporte (el
lítica, [Epígrafe]15). Con todo Kant sigue pre- sistema) de relaciones entre múltiples
so del dualismo sensibilidad / entendi- objetos; en tanto que mantiene, como
miento (en correspondencia con el de la mónada de Leibniz, respectos con
materia / forma); dualismo que resulta todas las demás -si bien solo se aper-
i nsostenible con el asentamiento de la cibe de las más próximas (experiencia
teoría de la evolución en el siglo XIX y gradual)-. El sujeto de experiencia se
una vez rotas las limitaciones estáticas halla siempre situado en un sistema de
del mecanicismo vigente en el siglo de coordenadas, en un «horizonte de ex-
Kant. Entre el puro esquematismo del periencia» en el que la «prefamiliari-
entendimiento humano y el esquema- dad» (el «preconocimiento» o la «in-
tismo de las conexiones del sistema ducción») le permite ligar (relacionar)
nervioso del pequeño gusano nemáto- el objeto de esa experiencia a otros
do, c, elegans, que el biólogo Sydney múltiples ( Husserl, 1948, [Epígrafe/párrafo] 8).
Breuner ha logrado establecer, existe Análogamente, el objeto de expe-
un continuo de animales con sistemas riencia es dado solamente en relacio-
nerviosos de complejidad creciente sin nes, y, por tanto, nunca puede ser,
solución de continuidad. El evolucio- como Locke y Hume pretendían, un
nismo restableció la continuidad ani- mero datum de los sentidos. El objeta
mal / hombre: los humanos son ani- queda constituido como tal (y como el
males directamente ligados (sin corte mismo) a través de los múltiples suje-
alguno) a los demás animales por las tos, y respecto del cual estos son, en
cadenas de la evolución. No hay nin- principio, sustituibles. Si una casa es
guna «barrera cerebral entre el hom- un objeto de experiencia, es por las
bre y los simios» (Huxley, 1863). La relaciones entre sujetos: tradiciones
razón o consciencia es un proceso fi- culturales, relaciones de cooperación,
sicoquímico que obedece a leyes de- de enfrentamiento, de defensa, de pro-
terministas. De manera que tanto los tección, etc. Y alcanza objetividad
«principios de asociación» («principios como casa (y no ya como nido o coma
de la mente» o «de la naturaleza hu- guarida) en tanto que soporte de di-
mana») -en los que Hume funda el chas relaciones entre sujetos, en prin-
razonamiento humano-, como la sín- cipio, sustituibles: para cualesquiera
tesis del sujeto transcendental -en la sujetos humanos, no para muñecas o
que Kant funda el conocimiento to- para seres de dos dimensiones.
do-, no son actividades espontáneas, Según esto, no cabe experiencia pri-
puramente intelectivas (o mentales) y vada («mi experiencia») de casa, por-
exclusivamente humanas, sino que son que la posibilidad de que la casa sea
continuación y evolución de las ope- un objeto de experiencia exige otros
raciones (síntesis) físicas (corpóreas) y múltiples sujetos: constructores, arqui-
de las relaciones físicas (sensibles) de tectos, herederos, etc.; relacionados
los sujetos con otros sujetos y objetos. entre sí a través de ese objeto en cuan-
Ahora bien, los constituyentes de la to casa, y no en cuanto conjunto de
experiencia (sujetos / objetos) no son piedras, maderas, etc. Por esa misma
sustancias inmutables, acabadas, enti- razón quedan fuera de toda experien-
251

cia las sextas moradas de las que habla cuarta discontinuidad, Madrid, Alianza,
santa Teresa o el tercer cielo al que, 1995; SELLARS, W. de, Science, Percep-
según él dice, fue transportado san tion and Reality, London, Kegan Paul,
Pablo: nadie puede tener experiencia 1963.
del tercer cielo si no puede tenerla
otro cualquiera; si el tercer cielo no Julián Velarde Lombraña
constituye un sistema de coordenadas
en el que ubicar y relacionar cuales-
quiera sujetos. Si san Pablo se encuen-
tra «transportado» a un «lugar» que no
tiene dimensiones ni elementos (pol-
vo, roca...) ni huellas; que es inefable,
que es invisible para cualquier otro
sujeto humano, entonces es un «lugar»
que no es lugar en cuanto objeto de
experiencia y, por tanto, no hay expe-
riencia posible. Y, viceversa, la luna
constituye un objeto de experiencia de
Neil Armstrong en tanto que nexo de
relaciones entre sujetos: por medio de
comparación de observaciones (para-
lajes), de telescopios, de naves espa-
ciales, etc. De manera que la experien-
cia de la luna de Armstrong no es
personal e intransferible, sino que
queda inmersa en un complejo más
amplio de relaciones de Armstrong
con otros sujetos; relaciones a través
del lenguaje (la comunicación); de la
informática, etc. «Quien nos lleva has-
ta el espacio exterior es tanto la com-
putadora como el misil; mejor dicho,
la computadora y la nave espacial son
una misma cosa» (Mazlish, 1995, 263).
En la experiencia (de cualquier
tipo) de un individuo dado, si se la
analiza, se encontrará siempre necesa-
riamente una serie de ideas y de sen-
timientos ligados a los esquemas teóri-
cos y a las prácticas que le resultan
familiares y que rebasan, por tanto, el
ámbito de lo estrictamente personal.

FARRINGTON, B., F. Bacon, filósofo de la


revolución industrial, Madrid, Ayuso,
1971; HUSSERL, E., Erfahrung und Urteil,
Hamburgo, Claassen & Goverts, 1948;
HUXLEY, T. H., Evidente as to Man's Pla-
ce in Nature, 1863; MAZLISH, B., La
Idea noia, y constituyen, en el plano onto-
lógico, el mundo de las realidades su-
Etimológicamente, el término «idea» premas y definitivas, revestidas de
(o «forma») está emparentado tanto eternidad, pureza, perfección, etc.: son
con eidein (ver o reconocer por su as- las verdaderas sustancias, de modo
pecto visual) como con eidenai (cono- análogo (analogía de proporción) a
cer, no necesariamente ligado a la ex- como el devenir es función epistemo-
periencia visual), siendo ambos térmi- lógica de la doxa (opinión) = pisthis
nos formas verbales de eido. Así, como (fe) / eikasia (conjetura), y constituye,
ejemplo del primer sentido: «cuando en el plano ontológico, el mundo sen-
Héctor reconoció (eiden) al magnáni- sible, de los fenómenos (Rep., VI, 511
mo Patroclo alejándose» (Ilíada, XVI, e). Y así como el demiurgo es un in-
818). Como ejemplo del segundo sen- termediario (sirve de término medio)
tido: «Conocemos (idmen) el linaje de entre el mundo sensible y el mundo
cada uno de nosotros y cuáles fueron de las ideas (el demiurgo es un opera-
nuestros respectivos padres por haber- rio, con los ojos puestos en las ideas,
lo oído contar a los mortales hombres; situadas «fuera del cielo»), así también
que ni tú viste a los míos, ni yo a los la doxa alethés (la opinión verdadera)
tuyos» (Ilíada, XX, 203-205). es un término medio entre la episteme
Pero el sentido específicamente y la agnoia (Fedro, 247 c; Filebo, 27
epistemológico lo adquiere por obra b). Las ideas son, por lo tanto, para
de Platón. La Idea (o Forma) constitu- Platón, no solo los principios del co-
ye un elemento que adquiere significa- nocimiento -las que aseguran el cono-
ción epistemológica a través de las cimiento y evitan el escepticismo-,
relaciones que guarda con otros, espe- sino también los principios de la exis-
cialmente con nous (intelecto), dianoia tencia. En cuanto tales, no son extraí-
(razón), doxa (opinión), agnoia (igno- das de las múltiples apariencias, sino
rancia), demiurgos, etc., en un sistema que se las descubre por intuición di-
bien trabado: su teoría de las ideas. recta (nous), como resultado de un
En ella, las ideas son función de la método, la dialéctica, en sus dos mo-
episteme (conocimiento) = nous / dia- dalidades: la dialéctica ascendente (sy-
I DEA
300
nagogé), que reúne varias ideas parti- idea, en general, queda definida por
culares en una más comprensiva, a fin santo Tomás (Quaestiones, IV, q. 1, a.
de comprender por medio de una de- 1) como «forma intellecta ab agente
finición precisa el asunto tratado (Fe- ad cuius similitudinem exterius opus
dro, 265 d); y la dialéctica descenden- producere intendit».
te (diairesis), consistente en descom- En el ámbito de la filosofía medie-
poner una idea general en otras espe- val, la idea queda caracterizada por su
cíficas, a fin de analizar sus diferencias doble función: en el plano ontológico
(Político, 285 a). las ideas son las formas ejemplares en
La interpretación religiosa trastocó Dios y principios de toda la variedad
la estructura de la teoría platónica de de los entes finitos; y en el plano epis-
las ideas: el demiurgo platónico -su- temológico las ideas son pensamientos
bordinado, con los demás demiurgos, del entendimiento divino y de los en-
a las ideas; sometido a nacimiento: tendimientos humanos, en tanto que
inmortal, pero no eterno- es converti- estos participan per similitudinem (a
do en principio único ontológico y través del entendimiento agente, según
epistemológico. En el misticismo de santo Tomás) del entendimiento divi-
Filón, Plotino, Pseudo-Dionisio y san no. Los nominalista y los moderni de
Agustín, las relaciones entre las ideas la baja Edad Media, por influencia del
y el demiurgo (o Dios) quedan inver- aristotelismo, abandonan la caracteri-
tidas: las ideas son pensamientos de zación ontológica y acentúan el carác-
Dios; no existen más que en el inte- ter subjetivo de la idea en tanto que
lecto divino (segunda hipóstasis de ligada a las operaciones del espíritu (o
Plotino), y san Agustín (De diversos alma), cuando no identificada con
quaestionibus octogenta tribus, q. 46) ellas. Así Ockham (Quaestiones super
hace del demiurgo cristiano (Dios) el Analytica Posterfora) la define como
fundamento de las ideas y consiguien- intentio seu passio animae.
temente el fundamento (personal) on- En la filosofía cartesiana las ideas
tológico y epistemológico absoluto y son resultado de la primera operación
último, quedando esta doctrina como del espíritu: concebir. Y en correspon-
opimo communis durante toda la Edad dencia con las modalidades de esa
Media, no solo para autores de ten- operación están los tipos de ideas:
dencia neoplatónica y panteísta -Fici- innatas -ideas que el sujeto encuentra
no y Bruno, quienes hablan de Dios dentro de sí mismo (Dios, mente,
como fons idearum-, sino también cuerpo, etc.)-, adventicias u ordinarias
para santo Tomás, quien, aun buscan- -que le vienen de fuera (la idea de sol,
do una fundamentación epistemológi- por ejemplo)- y hechas o producidas
ca distinta de la iluminación agustinia- (factae) por el sujeto (las ideas de sol
na, afirma (Quaestiones quodlibetales, que los astrónomos construyen -o
VIII, a. 8): «in mente divina sunt om- producen- por razonamiento). Debi-
nes creaturarum formae exemplares do a la amplia difusión del cartesianis-
quae ideae dicuntur». Esta pluralidad mo (especialmente a través de los ló-
de formas (ideas), constitutivas de la gicos de Port-Royal), se convierte en
esencia divina, pueden ser imitadas en doctrina común la caracterización de
varios y diversos modos, garantizando las ideas como formaciones del alma:
de esta manera la estructura y el con- bien a partir de la experiencia sensi-
tenido metafísico del compuesto finito ble, bien a partir de sí misma. Esta
(Summa Theol., I, q. 14, a. 4 y 8). La disyunción es proyectada por Descar-
301

tes en un dualismo sustancial: mente / dológico), sostiene Leibniz que «cada


cuerpo; la mente es el lugar en donde sustancia expresa todo el universo se-
aparecen las ideas, mientras que los gún su posición y punto de vista, en
cuerpos constituyen el sistema de las virtud de la trabazón entre todas las
i nteracciones mecánicas, más allá de la sustancias» (Phil. Schr., VII, 311). La
mente pero representado en sus ideas. mónada es por naturaleza representati-
Y la mente está capacitada para apre- va, si bien representa más distintamen-
hender directamente las ideas que en- te (se apercibe de) aquello que le es más
cuentra en sí, para acceder por razo- próximo: su cuerpo, y del cual es el
namiento, a partir de esas ideas, a la alma (Monadologia, [parágrafos] 60-62). Y las
i dea de un dios benevolente y para ob- ideas como representaciones del alma
tener, con la garantía de ese benevo- provienen, no solo ni principalmente
lente dios, las verdaderas representa- de los sentidos externos, sino de la re-
ciones (ideas) de las sustancias mate- flexión o experiencia interna -no limi-
riales (los cuerpos). tada, como sostiene Locke, a las opera-
A partir del siglo XVII la «vía de las ciones del alma-. Así, «la noción que
ideas» sirve para escapar de la tiranía tengo de mí mismo y de mis pensamien-
del lenguaje y de la autoridad (ecle- tos, y consecuentemente del ser, de la
siástica) quedando como única vía sustancia, de la acción, de la identidad
para acceder al conocimiento. De y de otras muchas cosas, proviene de
manera que establecer el alcance y los una experiencia interna» (Discurso de
límites del conocimiento humano in- meta física, [parágrafo] 27, Phil. Schr., IV, 452).
dividual equivale, dentro de este es- Todas estas ideas «intelectuales» o «de
quema, a investigar la extensión del reflexión» -entre las que Leibniz i nclu-
dominio de las ideas, su origen y su ye no solo los conceptos metafísicos,
estatus cognoscitivo. Tanto «raciona- sino todos los conceptos matemáticos-
listas» como «empiristas» (racionalis- son innatas, son «tirées de notre esprit»
mo, empirismo) transitan esta vía, solo ( N.E., I, 1).
que parten de lugares distintos. Los En la «vía de las ideas», los «empi-
racionalistas no necesitan partir desde ristas» exigen salir fuera de la mente y
fuera de la mente; esta es, para Spino- partir de la experiencia para llegar a la
za, un modo del atributo pensamien- aprehensión de las ideas. Las ideas
to, caracterizada por su actividad -pen- simples -sean «de sensación» o «de
sar-, que versa sobre un objeto, y cuyo reflexión»-, recibidas directamente de
resultado es la idea. Las ideas son ac- la experiencia, «no son ficciones o
tividades (operaciones) del alma; son fantasías nuestras, sino productos na-
sus manifestaciones, simultáneas con turales y regulares de las cosas exte-
las del cuerpo: unas y otras expresan riores a nosotros, que operan realmen-
el mismo acontecimiento de la natura- te sobre nosotros» (Locke, Ensayo, IV,
leza (o sustancia); por lo que «el or- IV, 4). Estas ideas simples constituyen
den y conexión de las ideas es el mis- los elementos que, a través del análisis
mo que el orden y conexión de las y la síntesis empíricos, constituyen la
cosas» (Ética, II, 7). Spinoza puede totalidad de nuestros conocimientos.
concluir, así, que el estado mental (la El empirismo lockeano es simplifi-
idea) es una representación verdadera cado, en Francia, por Condillac (a
del estado físico correspondiente. quien siguen Bonnet y Desttut de Tra-
Con sentido muy parecido, pero cy). En su Traité des sensations (1754),
desde un pluralismo sustancial (mona- Condillac propugna el sensualismo
I DEA
302

absoluto: no solo las ideas todas -sean to humano, por lo que se hace necesa-
«de sensación» o «de reflexión»- sino rio ensayar otras vías, en las que las
también las facultades mentales todas ideas adquieren un estatus epistemo-
-juicio, reflexión, deseo, pasión, etc.- lógico y ontológico diferente. La críti-
derivan de la sensación en sus diferen- ca kantiana constituye una potente al-
tes transformaciones. ternativa: en primer lugar, para refe-
Por su parte, los empiristas ingleses rirse a lo que sus antecesores moder-
siguen a Locke entendiendo la teoría nos llamaban «idea», Kant emplea el
de las ideas como teoría del conoci- término Vorstellung (representación),
miento humano: si Locke comienza recalcando, así, el carácter psicologis-
limitando el conocimiento humano a ta que la noción había adquirido en
ideas «de sensación» y «de reflexión», esos sistemas. En segundo lugar, re-
procedentes todas ellas de la experien- chaza la caracterización de la idea
cia, y Berkeley prosigue, en su delimi- como algo que adviene (de la expe-
tación, haciendo coincidir los límites riencia) a la mente como puramente
del conocimiento (de las ideas) con las pasiva. Para que haya conocimiento,
del ser, ya que la auténtica naturaleza la sensibilidad es necesaria, pero no
de una idea consiste en que existe solo suficiente: además de la capacidad de
en ser percibida (su esse es percipi, recibir representaciones, debemos te-
Principios, I, 3), Hume lleva a sus úl- ner la capacidad de conectar una re-
timas consecuencias (escépticas) estos presentación con otra, i.e., de «sinteti-
principios de Locke y Berkeley: el co- zar» la multiplicidad de las aparien-
nocimiento queda limitado a ideas (o cias. El conocimiento constituye «un
como él prefiere llamarlo, percepcio- todo en el que las representaciones
nes), cuyo sistema, a modo de repúbli- están comparadas y conectadas» (KrV
ca o commonwealth, constituye la A 97); pero el todo y sus partes no
mente humana ( Tratado, I, 331), de son simples presentaciones a la con-
manera que todas las i mpresiones e ciencia, sino que esta -la conciencia o
ideas -modalidades ambas de las per- yo transcendental- debe, espontánea-
cepciones- son «existencias internas mente, integrar los elementos que re-
perecederas» (Ibid., 245); quedan, cibe según principios universales y
pues, limitadas dentro de la mente necesarios. Pero, además de esta acti-
humana; único ámbito, asimismo, del vidad, que Kant asigna al entendimien-
posible conocimiento; solo hay com- to (Verstand), está la actividad de la
binaciones de impresiones e ideas en- razón (Vernunft), que sirve de guía en
gendradas a través de la asociación y las cuestiones del conocimiento cientí-
del hábito. Si nos aventuramos a tras- fico, pero que constituye, a la vez, una
pasar estos límites, caeremos en la lu- fuente de ideas (ideales) de cosas que
j uria de creer en un mundo externo, nunca tienen una realización en el
en el alma, en Dios, en la conexión mundo empírico. Las ideas son totali-
necesaria entre causas y efectos, etc. zaciones de la razón; funcionan como
Todo lo cual constituyen ejercicios de ideales regulativos en la práctica in-
la mente extravagantes y ridículos. vestigadora (KrV A 70) y constituyen
Tales son las últimas consecuencias el fundamento incondicionado para el
escépticas de los principios empiristas. enlace de las cosas del mundo de las
El escepticismo humeano obtura la sentidos; si se las considera como in-
vía de las ideas -entendidas en sentido manentes, se las hipostasía, y se pro-
empirista- como acceso al conocimien- ducen unos objetos hiperbólicos; pero,
I DEA
303

tomadas como hipótesis, tienen un uso vez que construye especulativamente


bueno, «regulativo». Las ideas son re- la totalidad concreta resultante: la
ferencias ideales; no fundan ningún idea, que es vista por Hegel como «lo
conocimiento de objetos, pero tampo- verdadero en sí y para sí, la unidad
co son pensamientos arbitrarios; son absoluta del concepto y de la objetivi-
leyes o reglas que brotan del uso de la dad» (Enciclopedia, [parágrafo] 213); «la idea es
razón, válidas en tanto que «principios el pensamiento, no como algo formal,
metodológicos». Cuando nos ponemos sino como la totalidad que se desarro-
a inquirir sobre los datos, debemos lla en sus peculiares determinaciones y
observar, buscar y unificar como si leyes, las cuales se proporciona él a sí
nuestro espíritu fuese «una sustancia mismo, y no ya las tiene simplemente
si mple» (idea de yo); como si la tota- y las encuentra en sí» (Enciclopedia, [parágrafo]
lidad de la experiencia posible «fuese 19). Hegel i dentifica idea y realidad
i nfinita en sí» (idea de mundo); y (lógica y ontología): todo es Idea, y la
como si esa totalidad «constituyese una ciencia que estudia la Idea (el Espíritu
unidad absoluta» (idea de Dios) (KrV o lo Absoluto) es la filosofía, por lo
B 391). que la metafísica (o filosofía) y las
La distinción kantiana entre enten- i deas quedan rehabilitadas, mediante
dimiento y razón conlleva un replan- una crítica a la crítica kantiana, en su
teamiento de la epistemología y de las potencia máxima epistemológica.
relaciones entre filosofía y ciencia. En Fuera del panlogismo hegeliano
el esquema kantiano, la razón filosófi- también en otros sistemas filosóficos
ca instituye el entendimiento científi- modernos adquiere la idea un carácter
co, categorial, dotándolo de sus ins- ontológico otro que el psicológico im-
trumentos y de sus reglas de trabajo; primido por el empirismo. Desde un
define el campo de acción de esa po- pluralismo ontológico expone Bolzano
tencia cognoscitiva, estableciendo así en la Parte II de su Wissenschaftslehre
el fundamento y los límites de la cien- (1833) la teoría de las ideas en sí (Vors-
cia. La contrapartida negativa y crítica tellungen-an-sich). Una idea en sí es
está en el producto propio de la ra- todo aquello que puede aparecer como
zón: la metafísica, las ideas y la filoso- un constituyente en una proposición en
fía como sistematización abstracta y sí. Esta idea objetiva es el contenido
vacía. De este esquema parte Hegel, (Stoffl de la idea subjetiva o concebida,
pero cambiando las funciones y valo- y, como tal, subsiste como cierta enti-
res de ambas potencias cognoscitivas. dad, con independencia de que alguien
Si para Kant los límites del entendi- la piense o no; mas tampoco ha de ser
miento valen aún como límites absolu- confundido ese contenido con el obje-
tos del conocimiento humano, Hegel to, existente o no. De un objeto se
propugna superar esos límites e ins- puede tener una idea; pero hay ideas
taurar la soberanía absoluta de la ra- que no tienen objetos, sean estos con-
zón y de su saber especulativo, rehabi- tradictorios (cuadrado redondo) o no
litando las categorías metafísicas en su contradictorios (montaña de oro). Y, fi-
capacidad para concurrir al conoci- nalmente, la idea en sí no debe confun-
miento de lo absoluto y de la verdad. dirse con las palabras u objetos sensi-
Frente a las determinaciones fijas (los bles que la simbolizan: hay ideas, tanto
conceptos) a las que se atiene el en- objetivas como subjetivas, que no son
tendimiento, la razón destruye dialéc- expresables en palabras; y, por otra
ticamente esas determinaciones, a la parte, la misma idea objetiva puede ser
30 4

si mbolizada por dos o más palabras o


grupos de palabras.
En un sentido muy parecido defien-
den el carácter ontológico de la idea
Frege y Husserl. El primero concibe
las ideas (o conceptos) como objetos
de un «tercer reino», distinto del de
los objetos del mundo exterior y, asi-
mismo, del de las representaciones
subjetivas. Y los objetos de ese tercer
reino gozan de intemporalidad, de
necesidad, de verdad y de independen-
cia respecto de la actividad humana
(Der Gedanke, 1918).
Asimismo Husserl distingue, ade-
más de las cosas y de la subjetividad,
una esfera de las significaciones o
esencias. «La esencia resulta ser aque-
llo sin lo cual un objeto de una clase
particular no puede ser pensado, i.e.,
sin lo que el objeto no puede ser in-
tuitivamente imaginado como tal. Esta
esencia general es el eidos, la idea en
sentido platónico, pero aprehendida
en su pureza y libre de toda interpre-
tación metafísica, por tanto, tomada
exactamente tal como nos es dada in-
mediata e intuitivamente en la visión
de la idea que surge de esta manera»
(Erfahrung und Urteil, [parágrafo] 87).
Tanto en la lógica de Frege como
en la fenomenología de Husserl las
ideas vuelven a adquirir la fundamen-
talidad epistemológica que Platón les
había asignado. Ambos autores, ade-
más, entierran definitivamente la epis-
temología extraída en la vía de las
ideas por los empiristas.

CHON, D. A., Invention and the Evolu-


tion of Ideas, London, Routledge & Ke-
gan Paul, 1967; STICH, S. (ed.), Innate
Ideas, Berkeley, University of California
Press, 1975; YOLTON, J. W., John Locke
and the Way of Ideas, Oxford, Clarendon
Press, 1956.

Julián Velarde Lombraña


315

indispensable para el conocimiento. Se


trata de la facultad de hacer presente
lo que está ausente; en este sentido es
la facultad de re-presentación y, en la
medida en que proporciona una sínte-
sis de los datos fragmentarios de la
sensación, es considerada como poten-
cia mediadora entre sensibilidad y
entendimiento. Considerado el enten-
dimiento como la unidad de la aper-
cepción, la imaginación se nos aparece
como portadora de esquemas (proce-
dimientos generales para la produc-
ción de imágenes). Esto es, la imagina-
ción posibilita la síntesis proveyendo
una imagen (esquema) para un con-
cepto. En la Critica del juicio, Kant
denomina a la imaginación que está al
servicio del intelecto, imaginación
reproductiva, y la distingue de la ima-
ginación productiva -la facultad artís-
tica-. En el contexto de esta tercera
Crítica, la imaginación, que provee es-
quemas para el conocimiento, propor-
ciona ejemplos para el juicio reflexio-
nante.
En el sistema idealista de Fichte,
basado en la espontaneidad del yo, la
Imaginación i maginación es la actividad del yo ab-
soluto. El yo «pone» al no-yo por
En términos generales, consiste en el medio de la actividad de la imagina-
poder de formar imágenes mentales u ción, motivo por el cual no habría di-
otros conceptos no derivados directa- ferencia entre considerar que las cosas
mente de la sensación. Se trata de un producen imágenes o que las imágenes
vocablo asociado, en la historia del producen cosas, puesto que ambas son
pensamiento, al de fantasía. La mayo- la misma actividad del yo situado fue-
ría de filósofos, desde Aristóteles a ra de sí. De modo que la distinción
Kant, ha tratado la imaginación en re- entre imaginación reproductiva e ima-
lación con el conocimiento o con la ginación productiva quedaría desdibu-
opinión. Así, la imaginación ha sido jada.
considerada ora un obstáculo ora un Más allá de esta distinción tradicio-
elemento del conocimiento y, en oca- nal, cabe agrupar, como ha hecho Paul
siones, como en el caso de Hume, Ricoeur, las reflexiones modernas en
ambas cosas. torno a dos grandes ejes que con fre-
La imaginación es condición para cuencia se entrecruzan. El primero de
h percepción y para la memoria. En ellos, relacionado con el objeto de la
Kant la imaginación es una función i maginación, es el eje de presencia y
ciega del alma pero, al mismo tiempo, ausencia, en cuyos extremos hallamos
316

teorías contrapuestas, ilustradas por como una «visión interna». Así, la


Hume y Sartre, respectivamente. En cuestión queda planteada en torno a
un extremo la imagen es una huella de la pregunta de si el término «imagina-
la percepción y, por tanto, de menor ción» designa un único fenómeno 0
presencia. De modo que todas las teo- una colección de experiencias solo
rías reproductivas tenderían hacia este relacionadas entre sí de forma distan-
polo. En el otro polo de este eje la te. En Ryle, no hay nada a lo que se
i magen es pensada en relación con la le pueda atribuir el nombre de i magi-
ausencia, con aquello que es otro que nación, sino a un conjunto de activi-
presente, y ahí encontraríamos las di- dades públicas que cabe considerar
versas figuras de la imaginación pro- i maginativas y siempre relacionadas
ductiva. El segundo eje tiene en sus con el futuro.
extremos a la consciencia fascinada y
a la consciencia crítica: se trata de un COLLINGWOOD, R. G., The Historical
eje relacionado con el sujeto de la ima- Imagination, Oxford, Clarendon, 1935;
ginación y, por ello, las variaciones tie- KEARNEY, R The Wake of Imagination,
London, Hutchinson, 1988; RICOEUR, P.,
nen que ver con el grado de creencia
«Imagination in Discourse and Action», en
i mplicado. Así, en un polo hallamos la
ANNA-TERESA (ed.), Analecta Husserlia-
completa ausencia de consciencia crí-
na, vol. VII, Dordrecht, Tymieniecka,
tica, la imagen es confundida con lo 1978; RYLE, G., El concepto de lo mental
real (Pascal, Spinoza, S. Weil); en el [1949], Buenos Aires, Paidós 1967; SAR-
otro polo, la imaginación es, en cam- TRE, J. P., Lo imaginario. Psicología feno-
bio, entendida como instrumento de menológica de la imaginación, Buenos
crítica de la realidad (muestra de ello Aires, Losada, 1964.
sería la reducción transcendental hus-
serliana). El propio Ricoeur, frente a Fina Birulés Bertrán
las concepciones que entienden la ima-
ginación en términos de la imagen y a
ésta como una escena representada en
un teatro mental en beneficio de un
espectador interno, propone, dando
un giro lingüístico a la cuestión, que
aprendamos a pensar en ella en térmi-
nos de innovación semántica. En esta
dirección apuntan sus trabajos en tor-
no a la metáfora y a la narración como
mimesis de la acción que recogen o
reconsideran hasta cierto punto la
cuestión de lo que desde otras tradi-
ciones se había denominado la imagi-
nación histórica (Collingwood, 1935).
En su tentativa de dar cuenta de la
geografía conceptual de las operacio-
nes psíquicas, Gilbert Ryle (1967),
afirma también que, si bien la imagi-
nación puede ser una forma de repe-
tición (anticipación del futuro) o de
fingimiento, jamás puede entenderse
Información
En la psicología cognitiva contempo-
ránea (cognición) se atribuye conteni-
do informativo a estados de un sujeto
dado y se postulan procesos cogniti-
vos que preservan, transmiten o en
general operan sobre este contenido
informativo, con independencia de
que al sujeto le sean razonablemente
atribuibles pensamientos y otras acti-
tudes proposicionales de la «psicolo-
gía popular» con análogos contenidos
intencionales (intencionalidad). Se
atribuye así a pequeñas disparidades
estereográficas en la ubicación de una
misma forma elíptica en cada una de
INFORMACÓ
336

las dos retinas de un sujeto dado el de Dretske se deja exponer fácilmen-


contener la información de la presen- te. (Es obligado advertir, empero, que
cia de una esfera de cierto tamaño a la elaboración detallada en Dretske
determinada distancia del plano reti- [1981] da lugar a una propuesta mu-
nal, o a determinadas diferencias de cho más interesante; también hay que
fase e intensidad en la onda sonora al señalar que nuestro esbozo se apartará
alcanzar cada uno de los pabellones de la exposición de Dretske en aspec-
auriculares la información de que la tos filosóficamente lo suficientemente
fuente del sonido se encuentra en tal sustantivos como para requerir estu-
y cual dirección y a determinada dis- dio en un examen más detenido. En
tancia del sujeto; y se postulan des- particular, Dretske recurre crucialmen-
pués ciertos procesos que operan so- te a conceptos probabilísticos; el au-
bre este contenido informativo y lo tor se apoya en la teoría matemática
transmiten para su uso eficiente por el de la cantidad de información desa-
organismo en la satisfacción de sus rrollada por Shannon, Wiener y otros
necesidades. [Loewer, 1997].} Dretske se limita a
Estos modos de hablar, continuos explicar el caso que razonablemente
con otros ya presentes en usos más cabe considerar básico, aquel en que
cotidianos (como la atribución a la im- el contenido en información se restrin-
presión en la playa de la forma de un ge a la atribución de re, respecto de
pie del contenido informativo de que un cierto objeto o estado de cosas e,
un ser humano ha dejado su huella en de que e ejemplifica una determinada
esa impresión) sugieren la posibilidad propiedad F. Su explicación es como
de ofrecer una elucidación del concep- sigue. Que una señal s (un determina-
to de contenido informativo indepen- do acaecimiento) de tipo G contiene
diente de los conceptos de las actitu- la información de que e es F significa
des proposicionales y sus contenidos lo siguiente: es una ley natural que un
i ntencionales, prominentes en la psi- suceso s solo ejemplifica G si un esta-
cología presupuesta en nuestros mo- do de cosas e ejemplifica F. Dicho de
dos cotidianos de hablar. Una eluci- otro modo, la ejemplificación de F en
dación así permitiría quizás después la situación u objeto acerca de lo cual
echar mano de este concepto de infor- versa la información es, nómicamente,
mación en la explicación de esos con- una condición necesaria (aunque no
ceptos, tan refractarios a un análisis tiene por qué ser suficiente) para la
satisfactorio. Tal programa, concebido ejemplificación por la señal de G. El
como una propuesta capaz de ofrecer carácter nómico de la relación conlle-
una explicación naturalista (naturalis- va implicaciones modales: si e no
mo) del contenido intencional y de ejemplificara F, s no hubiera ejempli-
fundamento para una concepción fia- ficado G. La ley a que se apela en esta
bilista del conocimiento (epistemolo- explicación puede ser una ley restrin-
gía teórico informational), fue inicial- gida a «condiciones parejas» (caeteris
mente llevado a la práctica por Fred paribus) -quizás epistémica o práctica-
Dretske en Dretske [1981]. Son tam- mente imposibles de describir explíci-
bién destacables los que podemos con- tamente- alas que de hecho se dan en
siderar desarrollos posteriores de este la situación en cuestión. Así, si, en cir-
programa en Millikan (1984), Dretske cunstancias análogas a aquellas en que
(1988) y Fodor (1991). se da la impresión particular de un pie
La idea central del análisis original en la arena de la playa, es una condi-
I NFORMACIÓN 337

ción nómicamente necesaria para ello TSH por la antepituitaria el contener


que un ser humano la haya impreso, la la información de que el nivel de hor-
i mpresión contiene la información de monas T3 y T4 en el flujo sanguíneo
que un ser humano ha impreso su es escaso; un ingeniero puede atribuir
huella. Ello es así incluso aunque no a la dilatación selectiva de la cinta bi-
baste la impresión de la huella para la metálica en un termostato el contener
presencia de la señal, pongamos por la información de que la temperatura
caso porque una ola podría haberla ambiente es de 23° C.
borrado inmediatamente después de Además de permitirnos clarificar es-
producida. Igualmente, si solo un in- tos usos, el concepto de información
cendio podría producir esa columna elucidado del modo hasta aquí presen-
de humo, la columna de humo contie- tado tiene otras aplicaciones filosófi-
ne la información de que hay un in- cas interesantes. Nos permite, p.e.,
cendio (aunque el incendio, por sí presentar con claridad los problemas
solo, no baste para dar lugar a la co- filosóficos relativos a la consciencia.
lumna de humo, es decir, aunque pue- Un paradigma claro de estado cons-
da darse un incendio así sin una co- ciente es uno producido por los meca-
l umna de humo así). nismos sensoriales involucrados en la
La propuesta de Dretske recoge percepción. Describimos estos estados
bien muchos de los usos que hacemos en términos del concepto de aparien-
cotidianamente de la noción de infor- cia: al sujeto le parece ver una esfera
mación. Decimos, p.e., que el periódi- roja de aproximadamente un metro de
co de hoy contiene la información de diámetro a un metro ante él. Es razo-
que el partido finalizó en empate; afir- nable suponer que un estado descrip-
maciones como esta se dejan explici- tible en estos términos contiene infor-
tar razonablemente bien del modo ex- mación en el sentido de Dretske. Cen-
puesto en el párrafo anterior: el pe- trémonos en una de las propiedades
riódico contiene inscripciones, etc., aparentes, la rojez: crateris paribus, un
que (caeteris paribus) solo habrían sido sujeto experimenta la apariencia de tal
inscritas si el resultado del partido cualidad sensible solo si en el entorno
hubiese sido de empate. Igualmente, se ejemplifica una cierta propiedad
la propuesta permite elucidar satisfac- (p.e., solo si una superficie refleja se-
toriamente afirmaciones por parte de lectivamente luz de una cierta gama
científicos cognitivos del tipo de las de longitudes de onda). La apariencia
ofrecidas a modo de ilustración en el de algo rojo contiene así la informa-
primer párrafo de esta entrada. En ción de la presencia de una superficie
verdad, no solo los psicólogos cogniti- con esa propiedad lumínica, cuando
vos invocan conceptos informaciona- las condiciones restantes pertinentes
les adecuadamente elucidables median- son parejas; algo análogo podríamos
te la propuesta de Dretske. El lenguaje decir de los otros rasgos discernibles
de la transmisión de la información, en las apariencias. <Cabría así analizar
así entendido, resulta muy natural reductivamente una experiencia cons-
cuando se caracterizan mecanismos y ciente de que las cosas parecen de un
procesos, naturales y artificiales, en los cierto modo como un estado con un
que nada específicamente psicológico cierto contenido en información?
desempeña un papel. Un biólogo, pon- Gracias a que el concepto de infor-
gamos por caso, puede muy bien atri- mación ha sido explicado con suficien-
buir a un aumento de la secreción de te precisión, es posible formular al
338 I NFORMACIÓN

menos buenas razones para dar una propiedad lumínica que en condicio-
respuesta negativa a esa pregunta. Una nes usuales produce la apariencia de
razón se puede elaborar del siguiente un rojo más parduzco.
modo. Si un sujeto mira durante un Ahora bien, el ejemplo descrito nos
minuto con un solo ojo a una superfi- pone sobre la pista de una objeción más
cie que típicamente aparece roja, y seria a la pretensión de elucidar reduc-
después mira alternativamente con el tivamente las experiencias conscientes
ojo acostumbrado y con el que había en términos de estados que (caeteris pa-
permanecido cerrado a la misma su- ribus) contienen información. Pues pa-
perficie, las apariencias experimenta- rece cuando menos coherente imaginar
das al mirar con uno y otro ojo son dos individuos experimentando cons-
bien distintas; la superficie nos pre- cientemente apariencias que, si bien
senta a través del ojo no acostumbra- difieren entre sí tanto como las que el
do su acostumbrada apariencia roja sujeto del ejemplo anterior experimen-
brillante, mientras que aparece de un ta a través de cada uno de los ojos,
rojo mucho más parduzco a través del contienen ambas el mismo contenido
ojo acostumbrado. Las apariencias son i nformacional: la presencia en el entor-
distintas, aunque la propiedad externa no de una superficie con las propieda-
que las produce es en esa ocasión la des lumínicas que en el ejemplo ante-
misma. Este hecho, por sí solo, no rior producían a través del ojo no
refutaría una propuesta que pretendie- acostumbrado la apariencia de un rojo
se analizar la experiencia consciente de brillante. La idea sería que ahora esa
la apariencia como un estado dotado propiedad externa produce en ambos
de un cierto contenido en informa- sujetos distintas apariencias en condi-
ción. La razón es que, al «acostum- ciones por lo demás enteramente nor-
brar» uno de los ojos mirando conti- males para ambos (es decir, sin necesi-
nuadamente a la superficie, hacemos dad de «acostumbrar» los ojos del que
que las condiciones no sean parejas a percibe la superficie de un rojo apaga-
las condiciones usuales para ese canal do, ni llevar a cabo ninguna otra altera-
informacional; es compatible con el ción en lo que son las condiciones nor-
análisis de Dretske mantener que, en males para que ese sujeto perciba el en-
tal caso, la experiencia consciente no torno). Clark (1993) ofrece datos que
contiene la información que conten- indican que situaciones como las des-
dría si las condiciones hubiesen sido critas no son solo concebibles, sino que
suficientemente parejas a las condicio- se dan de hecho. (Hay que decir que,
nes usuales. Es así coherente con la ello no obstante, el autor de esta inte-
propuesta a examen sostener que el resante obra propone un más sutil aná-
contenido informacional de la aparien- lisis reductivo de la experiencia cons-
cia experimentada con el ojo acostum- ciente en términos de la noción drets-
brado es también, como la apariencia keana de información, en cuyas especí-
misma, distinto al de la experimenta- ficas dificultades no podemos entrar
da con el ojo no acostumbrado: solo aquí.) La mera concebibilidad de estas
la segunda contiene la información situaciones, análogas a los ejemplos de
correcta sobre qué propiedad se ejem- inversión de espectro imaginados por
plifica en el entorno, mientras que la Locke, pone en entredicho la preten-
primera contiene si acaso la informa- sión de entender las cualidades fenomé-
ción («desinformación», más bien) de nicas experimentadas en estados para-
que en el entorno se ejemplifica la digmáticamente conscientes en térmi-
nos de estados con contenido informa- función, mientras que Fodor trata de
cional; pero solo gracias al análisis pasar sin nociones teleológicas. En la
dretskeano de esta noción podemos percepción del autor de esta entrada, el
desarrollar los argumentos con sufi- consenso actual es que estos esfuerzos
ciente perspicuidad. están aún bien lejos de alcanzar sus
El análisis del concepto de informa- objetivos. Loewer (1997) ofrece al lec-
ción hasta aquí examinado pretendía tor interesado una breve y clara expo-
servir a objetivos filosóficos análogos al sición de los motivos para este escepti-
examinado en los tres párrafos prece- cismo, junto a referencias adicionales.
dentes; a saber, ofrecer una explicación
de las actitudes proposicionales capaz CLARK, A., Sensory Qualities, Oxford,
de vindicar un cierto naturalismo, así Clarendon, 1993; DRETSKE, F., Knowled-
como justificar un punto de vista estric- ge and the Flow of Information, Cambrid-
tamente fiabilista en teoría del conoci- ge, Mass., MIT Press, 1981; DRETSKE, F.,
Explaining Behavior, Cambridge, Mass.,
miento. Se mencionaron antes como
MIT Press, 1988; FODOR, J., «A Theory
ejemplos la atribución de contenido of Content», en Id., A Theory of Content,
informativo a los estados de un termos- Cambridge, Mass., MIT Press, 1990; LOE -
tato y de la glándula hipófisis. Lo ade- WER, B., «A Guide to Naturalizing Seman-
cuado del análisis dretskeano para este tics», en C: Wright y B. Hale, A Compa-
tipo de estados sugiere que difícilmen- nion to the Philosophy of Language,
te puede la existencia de contenido in- Oxford, Blackwell, 108-126; MILLIKAN,
formativo constituir una condición bas- R, Language, Thought and Other Biolo-
tante para la presencia de genuinos giocal Categories, Cambridge, Mass., MIT
Press, 1984.
pensamientos, o actitudes proposicio-
nales en general. La discusión contem-
Manuel García-Carpintero
poránea se ha centrado sobre la capaci-
dad del análisis en términos del concep-
to de información para dar cuenta de la
normatividad del pensamiento, es de-
cir, de la posibilidad de evaluar los
pensamientos como correctos o inco-
rrectos, verdaderos o falsos, logrados o
fallidos. El ejemplo anterior del ojo
«acostumbrado» muestra cómo, gracias
a la presencia en el análisis de la idea de
condiciones parejas, este puede recoger
un sentido, aunque quizás limitado,
según el cual un estado resulta fallido
en función de la información que con-
tiene. El propio Dretske contempló, ya
en su trabajo inicial, una forma más ro-
busta de normatividad; él mismo en
obras posteriores, así como autores
simpatizantes con el proyecto natura-
lista como los mencionados Fodor y
Millikan, han explorado líneas alterna-
tivas. Millikan y el Dretske posterior
han recurrido a la noción biológica de
391

cional) es una substancia o entidad


independiente, caracterizada además
por un único atributo principal, el
pensamiento. Ontológicamente, la
mente tiende a concebirse en la actua-
lidad más como una propiedad de
ciertos organismos que como una
substancia. 1 or otra parte, el término
•<mente», tal como se emplea en la
reflexión filosófica actual, abarca en
realidad un conjunto bastante hetero-
géneo de propiedades y estados: sen-
saciones, creencias, deseos, sentimien-
tos, emociones, intenciones, decisio-
nes, rasgos de carácter, capacidades,
disposiciones y habilidades diversas.
Podemos intentar establecer una
clasificación inicial de estos diversos
tipos de estados y propiedades en dos
grupos básicos y dos grupos deriva-
dos, caracterizables, al menos en par-
te, en términos de las dos primeros.
Tenemos así, en primer lugar, estados
i ntencionales, que se distinguen por
tener un contenido semántico ante el
cual un sujeto adopta cierta actitud:
creencias, deseos, intenciones, espe-
ranzas, etc. En segundo lugar, pode-
mos distinguir estados fenomenológi-
cos, caracterizados por una cualidad
sentida o un modo peculiar de apare-
cer al sujeto: sensaciones de dolor o
placer, post-imágenes, experiencias vi-
suales, auditivas, olfativas, etc. Un ter-
cer grupo estaría constituido por esta-
dos mixtos, en especial emociones y
sentimientos, caracterizados a la vez
por cierta actitud hacia un contenido
y por cierta cualidad sentida. Sin em-
bargo, un somero análisis aconseja
considerar este grupo como derivado.
Encontramos en él, en efecto, estados
de emoción y sentimiento cuyo com-
Mente ponente fenomenológico es inespecífi-
co cuando se lo aísla del contenido;
Pocos autores sostendrían hoy, como pensemos, p.e., en suprimir del temor
hizo Descartes, que la mente (o el el objeto del mismo; lo que resta es
alma, por usar un término más tradi- una vaga intranquilidad que podría ser
392 MENTE

propia de emociones muy diversas. estados del primer grupo, pero no los
Este tipo de estados serían asimilables del segundo. En la tradición cartesia-
a los estados intencionales. En cam- na, la conciencia ha sido considerada
bio, una depresión inespecífica o una como el carácter esencial de lo men-
tristeza sin objeto (quiz á cabría deno-minar estas condiciones psíquicas «es- tal. Este criterio, sin embargo, excluye
de ámbito de la mente, p.e., creencias
tados de ánimo»~ bien podrían agru- que serían correctamente atribuibles a
parse junto con los estados fenomeno- un sujeto., pero que no están presentes
lógicos. Finalmente, topemos of grupo a su conciencia. Rebajar este criterio
de las disposiciones puras: capacida- requiriendo únicamente accesibilidad a
des (inteligencia, fuerza de voluntad, la conciencia resulta también demasia-
etc.) y rasgos de carácter (envidia, do restrictivo, p.e. si la hipótesis freu-
generosidad, etc.). Estas propiedades diana de le inconsciente es correcta.
no poseen contenido semántico ni fe- Pera pensemos además en la experien-
nomenología, son meras disposiciones cia de acostarnos preocupados pot un
o tendencias, pero intuitivamente son determinado problema, p.e., filosófi-
parte de lo mental: describir a una co, y descubrir, al despertarnos, que
persona como envidiosa o inteligente hemos hallado una solución (aparente
es sin duda describirla mentalmente o real) aI mismo. Es sin duda plausible
(no sabemos nada acerca de sus pro- suponer que determinados procesos
piedades físicas al recibir esta infor- mentales dotados de contenido han
mación). Hay razones, sin embargo, tenido lugar mientras dormíamos,
para considerar también este grupo pero esos procesos no son accesibles a
como derivado de los dos primeros, nuestra. conciencia. Cabría quizá con-
pues al caracterizar sus miembros he- siderar la conciencia únicamente como
mos de emplear conceptos de estados criterio paradigmático de lo mental, es
i ntencionales o fenomenológicos. La decir como la característica propia de
envidia, p.e., puede entenderse como casos centrales de estados mentales,
una disposición o tendencia a tener como un dolor presente o una creen-
ciertos deseos ;p.e.. el deseo de que cia basada en la percepción actual de
los demás • measen}, creencias y quizá un objeto. Pero i ncluso en este caso
estados fenomenológicos (sentirse mal cabe dudar que el término «concien-
ante el éxito de otras personas. etc.). cia» esté siendo empleado de modo
La diferencia entro los estados de unívoco respecto del dolor (un estado
los dos primeros grupos es muy nota- fenomenológico) y de la creencia (un
ble y establece una dualidad en nues- estado intencional): que somos cons-
tro concepto de la mente. No parece cientes de nuestros dolores presentes
haber un rasco sustantivo común a una significa que los sentimos, pero que
creencia determinada v a una sensa-ción de dolor por e[ que clasif quemos somos conscientes de ciertas creencias
no significa que las sintamos, sino solo
ambas corno estados mentales. No que podemos saber y decir cuáles son.
parece haber en suma una esencia de La distinción entre estados inten-
lo mental una característica esencial cionales v estados fenomenológicos se
que defina todo aquello que es mental manifiesta con claridad en el discurso
y lo distinga de aquello que no lo es. cotidiano sobre la mente. Encontra-
El romea i da u objeto in encional. que mos en este discurso dos tipos de lo-
cuciones con los que describimos men-
Brentano considero como criterio dis-tintivo do lo mental: caracteriza los talmente a las personas. Uno de ellos
MENTE
393

describe o atribuye estados mentales Iidad. Es en este sentido en el que


mediante un verbo mental que intro- Leibniz señaló que una mónada es un
duce una oración subordinada; el otro, reflejo del universo desde una pers-
en cambio, no incluye una oración pectiva determinada, de modo que el
subordinada, sino que el verbo men- universa resulta como multiplicado 0
tal, modificado o no por adverbios; reproducido en cada ser capaz de con-
contiene ya la descripción complota cebirlo. Nuestras creencias falsas no
del estado mental en cuestión. Un caso son menos parte de nuestra concep-
claro del primer tipo es «Juan cree que ción de las cosas que nuestras creen-
la temperatura media de la Tierna está cias verdaderas y guían nuestra con-
aumentando». Un caso claro del segun- ducta de un modo no menos efectiva
do tipo es «Jorge tiene (muchísimo) que estas. La subjetividad aparejada a
dolor (de muelas)». El primer tipo de las propiedades mentales establece
locución corresponde a lo que hemos entre sus portadores y el resto de en-
llamado estados intencionales. Estos tidades que pueblan el mundo una
estados se especifican típicamente diferencia no solo descriptiva, sino
mediante -oraciones subordinadas in- también valorativa, de modo que el
troducidas por la conjunción «que» a término «mente» tiene también con-
por un verbo en infinitivo- (Un trata- notaciones axiológicas, más marcadas
miento más detallado de este grupo cuanto más rica y compleja es la vida
de estados puede hallarse bajo la voz mental de ?-in sujeto. Por ello, el valor
intencionalidad.) El segundo tipo de y la dignidad que hemos de conceder
locución corresponde a los estados fe- a los seres humanos no descansa me-
nomenológicos. A1 decir que Jorge tie- ramente en un irracional antropocen-
ne dolor de muelas estamos descri- trismo. Además, esta subjetividad tie-
biendo lo que Jorge siente pero esta ne consecuencias epistemológicas para
descripción no incluye la descripción las ciencias que se ocupan de seres que
adicional de un estado de casas que poseen mente. En la medida en que
sea objeto de una actitud, no incluye, estas ciencias pretendan entender y
podemos decir, la relación semántica explicar el comportamiento de tales
con la realidad característica de los seres, y en especial de los seres huma-
estados intencionales. nos, no pueden dejar de lado el modo
Atendamos ahora a algunas carac- en que estos conciben la realidad, pues
terísticas epistemológicas de lo men- dicho comportamiento depende preci-
tal. En primer lugar, las propiedades samente de esa concepción, sea o no
mentales confieren a su portador una ajustada a los hechos, o, en otras pa-
subjetividad. La subjetividad propia de labras, del contenido de sus estados
lo mental presenta una dualidad co- intencionales. Esta es una complica-
rrespondiente a la que señalamos con ción con la que no se encuentran las
respecto a la conciencia. En relación ciencias de la naturaleza.
con los estados fenomenológicos, un Destaquemos, finalmente, otro im-
ser posee subjetividad en el sentido de portante rasgo epistemológico del es-
que tiene un modo peculiar de sentir tudio de la mente. Se trata de la asi-
y de experimentar la realidad. En re- metría entre la perspectiva de la pri-
lación con los estados intencionales, mera y de la tercera persona, entre el
un ser posee subjetividad en el sentido modo en que cada uno conoce sus
de que tiene una perspectiva propia, propios estados mentales y el modo
un modo peculiar de concebir la rea- en que conoce los estados mentales de
394 METÁFORA

l os demás. En este último caso, el phy of Mind.. An Introduction, Cambrid-


conocimiento tiene carácter inferen- ge, CUP, 1986.
cial: nos basamos en el comportamien-
to de otras personas para atribuirles Carlos J. Moya Espí
estados mentales. En nuestro propio
caso, sin embargo, no llevamos a cabo
una inferencia semejante. El autoco- Metáfora
nocimiento parece tener un carácter
directo y gozar, además, de una auto- Según el Diccionario de la Real Acade-
ridad especial. Esta asimetría no se da mia de la Lengua Española la metáfo-
en el caso de nuestras propiedades fí- ra es un tropo -es decir, un uso de las
sicas: yo sé, p.e., cuánto peso o cuán- palabras en sentida diferente al que
to mido del mismo modo en que pue- les corresponde propiamente- que
den saberlo los demás. Es importante consiste en trasladar el sentido recto
señalar también que dicha asimetría no de las voces a otro figurado, en virtud
se extiende al grupo de propiedades de una comparación tácita. Así pues,
mentales que hemos llamado disposi- lo metafórico se opone a lo literal y se
ciones puras. Nuestro juicio sobre aplica a palabras y oraciones, sus usos
nuestras propias capacidades y rasgos y significados. El uso de metáforas en
de carácter depende de la experiencia el lenguaje cotidiano es de sobra reco-
de nuestro comportamiento, y en nocida, y el estudio de sus aspectos
muchos casos los demás son mejores estéticos pertenece a la retórica y la
j ueces que nosotros mismos acerca de poética; pero su papel en la filosofía
esas propiedades. y, en concreto, el papel cognitivo de
Digamos, para terminar, que las pro- la metáfora, es decir, su función en la
piedades mentales que atribuimos es- adquisición, comunicación e incluso
pontáneamente a los seres humanos j ustificación del conocimiento, ha es-
generan un conflicto can la imagen de tado sometido a múltiples discusiones,
l os mismos que se desprende de las pues plantea cuestiones problemáticas
ciencias de la naturaleza. Gran parte de sobre la naturaleza y límites del cono-
la reflexión actual sobre la mente pue- cimiento.
de entenderse como un conjunto de Podemos rastrear dos líneas funda-
propuestas para resolver este conflicto. mentales de pensamiento sobre la me-
táfora en Occidente. Para la platónica,
BEAKLEY, B. y LUDLOW, P. (eds.); The
Philosophy of Mind: Classical Problems/ filosofía y uso metafórico del lenguaje
Contemporary Issues, Cambridge, Mass., están indisolublemente unidos, mien-
MIT Press, 1992; CARRUTHERS, P., In- tras que, según la aristotélica, aunque
troducing Persons. Theories and Argu- en el lenguaje poético el uso de la me-
ments in the Philosophy of Mind, Lon- táfora puede ser enriquecedor y, por
don, Routledge, 1986; CHURCHLAND, P. consiguiente, permisible, no sucede lo
M., Materia y conciencia. Introducción mismo en el lenguaje científico pues is
contemporánea a la filosofía de la mente, metáfora produce ambigüedad y equi-
Barcelona, Gedisa, 1992; LYCAN, W. G.
(ed.), Mind and Cognition. A Reader, vocidad, en suma, oscuridad, como
Oxford, Blackwell, 1990; PRIEST, S., Teo- decía Aristóteles. De la primera se si-
rías y filosofías de la mente, Madrid, gue que la metáfora es central al len-
Cátedra, 1994; ROSENTHAL, D. M. (ed.), guaje y al pensamiento, por la que la
The Nature of Mind, Oxford, OUP, 1991; teoría semántica y literaria debe dar
SMITH, P. v TONES, O. R., The Philoso- cuenta primordialmente de ella. De la
METÁFORA

395
segunda, el alejamiento de la metáfora táforas. Como señalara Max Black,
del núcleo del pensamiento Y conoci- esta teoría es imprecisa y vacía, pues
miento, pues es un accidente lingüísti- no permite determinar un sentido
co periférico con funciones comunica- exacto de comparación aplicable a las
tivas muy específicas. metáforas, ni explica por qué se utili-
Toda expresión metafórica puede zan metáforas en lugar de compara-
ser analizada en términos de sujeto y ciones literales explícitas.
modificador, tenor y vehículo (I. A. La teoría del significado icónico es
Richards), foco y marco (M. Black) o semejante a la anterior pero insiste en
dominio origen y dominio fuente que en toda metáfora hay una relación
(Lakoff y Johnson). Lo característico semántica doble: por un lado, el mo-
es que, en determinados contextos, las dificador, que se entiende literalmen-
expresiones metafóricas adquieren un te, nos dirige a un objeto, hecho 0
significado diferente al literal y al que situación que se propone como signo
se tiene en el contexto usual y se apli- irónico (es decir, que tiene significado
ca a entidades diferentes a las que se en virtud de su similaridad con lo que
aplica habitualmente (como en el caso significa) del sujeto. El significado de
«Juan es un cerdo»). Toda teoría de la la metáfora viene dado por las propie-
metáfora debe dar cuenta, pues, de dades atribuidas irónicamente.
cómo sabemos que hemos de tomar Las teorías interaccionistas respon-
una expresión en sentido metafórico, den mejor a la complejidad del fenó-
cómo y en qué difiere el significado meno metafórico. según estas, las uni-
metafórico del literal y la inteligibili- dades metafóricas san las oraciones,
dad de las metáforas. no las palabras, en las que hay dos
Las teorías que se han propuesto polos que han de ser considerados
son diversas, pero las podemos agru- como sistemas y entre los que existe
par en dos clases, las semánticas y las una tensión: el significado de la metá-
pragmáticas. Dentro de las primeras fora es producto de la interacción se-
encontramos, a su vez, dos tipos, las mántica entre los polos (foco y marco,
sustitutivas y> las interaccionistas. To- según M. Black), es irreductible y tie-
das estas últimas pretenden explicar ne contenido cognitivo. La metáfora
cómo se interpretan las expresiones se comprende porque se captan las
metafóricas, aunque, como veremos, a relaciones de implicación que se tras-
veces resultan difíciles de encajar den- ladan del marco al foco.
tro de una teoría semántica en sentido La gramática generativa también ha
estricto. Para las teorías sustitutivas, propuesto su explicación de la metá-
las estructuras lógico-gramaticales de fora. Parte del supuesto de que el len-
la expresiones metafóricas son equiva- guaje figurado es una desviación del
lentes a otras literales: una vez inter- uso normal del lenguaje y que la vio-
pretadas semánticamente estas, tendre- lación de las reglas gramaticales es el
mos las de aquellas. Un case especial mecanismo que permite captar esa
de esta teoría es la teoría comparativa, desviación, es decir, el enunciado me-
según la cual la metáfora es un símil tafórico se caracteriza por transgredir
en el que se ha elidida la partícula las reglas que determinan qué combi-
comparativa: «Juan es un cerdo» equi- naciones de categorías lingüísticas son
vale a «Juan es como un cerdo». Pero permisibles. En el caso anterior, la
estas teorías no dan cuenta de la ri- violación viene dada porque se combi-
queza y• el carácter abierto de las me- na una expresión léxica aplicable a un
396 METAFORA

ser humano (Juan) con otra aplicable realidad, este tipo de explicaciones no
a no-humanos (cerdo). va mucho más allá que las anteriores,
El principal problema de las teorías excepto en que sitúa la metáfora en el
semánticas sobre la metáfora es que contexto de la comunicación lingüísti-
no da cuenta del carácter impredeci- ca. Y aunque da cuenta de cuándo 0
ble de dicho fenómeno, pues dada una por qué se interpreta de forma meta-
expresión lingüística se puede inter- fórica una expresión, deja sin explicar
pretar literal o metafóricamente según en qué consiste dicha interpretación.
los contextos. Por eso se ha pasado a Por ultimo, no podemos dejar de
considerar que la explicación de las mencionar la teoría emotivista de la
metáforas pertenece al dominio de la metáfora, según la cual las metáforas
pragmática. Según esta disciplina hay solo expresan estados psicológicos del
que explicar cómo el significado que hablante, carecen de contenido cogni-
no coincide con el convencional o li- tivo, por lo que difícilmente puede
teral, como sucede en el caso de la desempeñar papel alguno en el cono-
metáfora, puede ser comprendido por cimiento. Pero como los críticos del
un auditorio. Como el significado emotivismo se encargaron de mostrar,
metafórico siempre se adquiere cuan- hay diferencia entre las metáforas y
do la metáfora se utiliza en circuns- los enunciados sin sentido y esta teo-
tancias concretas, es decir, no conven- ría mantenida por los positivistas lógi-
cional, la pragmática debe dar cuanta cos deja de lado una de las caracterís-
de los principios que rigen esa adqui- ticas más importantes de las metáfo-
sición. En primer lugar, habrá que ras, esto es, que crea nuevos sentidos.
averiguar qué principios permiten que Si la metáfora es una manera de
los oyentes entiendan lo que el hablan- hablar, también es una manera de pen-
te quiere decir, cuando lo que preten- sar, aunque esto se puede entender de
de comunicar es diferente o algo más diversas maneras. Se pueden conside-
que lo que sus palabras dicen. Pero rar que constituyen una guía del pen-
también hay que explicar qué estrate- samiento, una ayuda para pensar, que
gias usa o de qué medios se vale el a veces puede ser confundente y a
hablante para producir las expresiones veces no. Dada la complejidad de las
metafóricas, así come el oyente para metáforas, dada la diversidad de signi-
entenderlas. Según J. Searle, cuando ficados marginales que se pueden atri-
un hablante profiere una expresión del buir, se puede caer en la vaguedad,
tipo «S es P», donde el significado es par lo que puede ser útil datar a las
«S es R», el mecanismo de interpreta- metáforas de reglas que las protejan
ción metafórica que se pone en mar- de esos peligros, que permitan estipu-
cha es el siguiente: si la preferencia lar el significado. Pero, entonces, de-
no se puede entender según el signifi- j an de ser metáforas. Estas ideas se
cado literal, se busca un significado basan en la denominada «tesis del
que difiera de él, intentando buscar doble lenguaje», según la cual, hay dos
sentido comunicativo a las palabras del formas fundamentales de lenguaje, la
hablante. Es decir, asigna diversos va- literal, en la que se expresan las verda-
lores de probabilidad a las distintas des (verdad) empíricas, y la metafóri-
interpretaciones posibles de la metáfo- ca, en la que se expresan verdades
ra, teniendo en cuenta el contexto transempíricas o intuitivas. Las reglas
comunicativo y eligiendo la que tenga permitirían convertir de facto las ex-
un mayor grado de probabilidad. En presiones metafóricas en literales. Pero
METÁFORA
397

el carácter plurisignificativo del len- neras en destacar el papel de los mode-


guaje metafórico se traslada al pensa- los y metáforas no solo en el contexto
miento metafórico de modo que se de descubrimiento, sino en el de justi-
dice que este permite un conocimien- ficación (predicción y contrastación).
to más pleno y perfecto que el literal. Sus tesis tuvieron la virtud de poner de
Dentro del marco de la psicología manifiesto la función social que tienen
cognitiva, que supone una reacción la elaboración y comprensión de las
contra el positivismo psicológico al metáforas (epistemología feminista).
subrayar la explicación funcional de los Muchos autores destacan la ubicuidad
procesos de pensamiento, y dentro de de las metáforas en todos los niveles:
las ciencias cognitivas en general, la hay metáforas básicas que conceptuali-
metáfora ha tomado una importancia zan todo un ámbito de la realidad («el
inesperada, pues se ha visto en la metá- mundo es una máquina»), o imágenes
fora un instrumento psicológico crucial que se basan en metáforas o modelos
para ampliar y estructurar nuestro co- mentales; aparecen en la formulación
nocimiento del mundo. La tesis común de hipótesis o principios, constituyen-
de quienes mantienen el contenido cog- do metáforas explícitas («la lucha por
nitivo de las metáforas es que estas la existencia» en la teoría darwinista) o
constituyen un componente central en como modelos matemáticos basados en
l metáforas, como modelos fuente que
a inferencia y el razonamiento por ana-logía. En especial G. Lakoff y M.John- permiten generar relaciones causales o
son han intentado mostrar cómo las funcionales (como en el modelo del sis-
metáforas estructuran una gran parte tema solar del átomo) o como analo-
de nuestras relaciones sociales y de gías que ilustran relaciones específicas.
nuestra experiencia cotidiana. Y desde luego, y dado que la metáfora
También en filosofía de la ciencia, aparece en todos esos niveles, desem-
la metáfora ha adquirido gran impor- peña otras muchas funciones: permite
tancia. Dentro del marco de la deno- elaborar nuevos modelos, pero también
minada «concepción heredada» del describir y predecir nuevos fenómenos,
positivismo lógico se reconoce que las de modo que impregna todo el queha-
metáforas desempeñan un importante cer científico, la formulación de hipó-
papel en el desarrollo histórico de la tesis, recogida de datos, contrastación,
ciencia. Los términos de una teoría, evaluación y cambio de teorías.
así como las generalizaciones legalifor-
mes, pueden usarse o formularse me- BLACK, M., Modelos y metáforas, Madrid,
tafóricamente (p.e., en el caso «la na- Tecnos, 1966; COOPER, D. E., Metaphor,
Oxford, Basil Blackwell, 1986; DAVID-
turaleza aborrece el vacío»). Pero, dan-
SON, R. E., «The role of metaphor and
do por sentada la tesis del doble len- analogy in learning», en LEVIN, J. R. y
guaje, se considera que en la ciencia ALLEN, V. L. (eds.), Cognitive Learning
hay que aplicar reglas especiales que in children, New York, Academic Press,
restrinjan el uso de las metáforas, por 1976; HESSE, M., Models and Analogies
lo que, a la larga, en la ciencia se con- in Science, Notre Dame, IN, University of
vierten en metáforas muertas, es decir, Notre Dame Press, 1966; LAKOFF, G. y
se reducen al significado literal y son JOHNSON, M., Metáforas de la vida coti-
diana, Madrid, Cátedra, 1986; RICOEUR,
sustituidas por neologismos técnicos.
P., La metáfora viva, Madrid, Cristian-
No parece, pues, discutirse el papel
dad, 1980.
de la metáfora como instrumento heu-
rístico. Fue Mary Hesse una de las pio- Eulalia Pérez Sedeño
NÓEMA /

de sí misma elimina la separación en-


tre nóesis e inteligibles.
Usados correlativamente nóesis y
nóema son conceptos pertenecientes a
la fenomenología, elaborados por Hus-
serl a lo largo de toda su obra, pero
especialmente en Ideas para una feno-
menología pura; con ellos quiso mos-
trar en qué consiste y cómo acceder a la
constitución inteligible de los objetos.
Nóesis / Nóema La vivencia intencional se define
generalmente como «conciencia de
El término nóesis es un sustantivo grie- algo», pero esta definición, que todos
go que procede del verbo noéo. Su creemos comprender, no aclara dema-
significado inmediato es el de pensa- siado lo que caracteriza su esencia: la
miento, pero no como proceso deduc- intencionalidad. Tratando de dar cuen-
tivo sino como aprehensión inteligi- ta de este problema Husserl distinguió
ble, intuitiva. La nóesis es el acto en el en las vivencias dos capas: una hilética
que se aprehende lo pensable (noetón), ( material), la otra noética (intencional),
en el que este se convierte en pensa- siendo el nóema el correlato de esta úl-
do, es decir, en nóema. El nóema es, ti ma capa. Según esta distinción la co-
por tanto, el objeto del pensar, el con- rrelación nóesis-nóema debería consti-
tenido de lo pensado. tuir, frente a la capa hilética, el aspecto
Con el término nóesis designaban intencional de la vivencia. Pero la dis-
Hornero y Hesíodo el acto de percibir tinción entre las dos capas de las viven-
la verdadera significación de las cosas. cias solo define formalmente (en abs-
Este acto adquiere en Anaxágoras ca- tracto) la intencionalidad, cuando Hus-
rácter de fuerza capaz de operar el serl quiere definirla en concreto sostie-
paso del caos al cosmos, de eliminar, ne que las vivencias poseen como
por tanto, la confusión originaria. Pla- i ngredientes elementos materiales (hi-
tón, apartándose en su teoría del co- léticos) y noéticos, pero que el nóema
nocimiento de la concepción excesiva- no es ingrediente de la vivencia, es de-
mente materialista de Anaxágoras, cir, no forma parte de la entidad psí-
entiende que la nóesis es la intelección quica, por tanto, el correlato de la nóe-
de las formas considerando, como sis, del acto noético, no forma parte de
anteriormente Jenófanes y Heráclito, la vivencia. Además, considerado en
que esta intelección corresponde, concreto el nóema, como la nóesis,
como función, a la parte divina del posee también una cierta materia que
alma. En este sentido opuso la nóesis, se especifica como núcleo noemático 0
como intelección de las formas que sentido en plenitud, esto es, el objeto
recae sobre la ousía (esencia), a la considerado bajo los múltiples aspectos
dóxa, el modo del conocimiento sen- en que puede darse ( Husserl, 1962, §
sible sometido al devenir. Pero mien- 132).
tras para Platón el correlato de las En la vivencia concreta los elemen-
nóesis (los inteligibles) son seres reales tos hiléticos (sensación, etc.) carecen
(separados) y no simples conceptos de sentido por sí mismos, pero expe-
(noémata), Aristóteles, al afirmar que rimentan apercepciones que les dan
la nóesis divina es solo pensamiento sentido, son las nóesis. La nóesis se
NÓESIS / NÓEMA
423

determina, así, como el proceso de dar sus obras principales, las Investigacio-
sentido, del dirigir adecuadamente la nes lógicas y las Ideas
mirada, que enlaza distintos actos de para una feno-enología pura, al mismo tiempo que
conciencia con una esfera de materias. identifica sentido y caracteres inteligi-
Los elementos noéticos: juzgar, creer, bles del objeto, hace equivalente sen-
conjeturar, valorar, etc., son las diver- tido y significación, entendiendo que
sas posiciones inmanentes que el suje- esta no es algo dado en la reflexión,
to adopta una vez se ha producido la sin más entidad, por tanto, que la
suspensión del juicio sobre la realidad constituida teóricamente, sino que es
de lo percibido; por estas posiciones una cualidad existente en el objeto y
la relación cobra sentido. De esta for- dependiente de una actividad mental
ma, toda vivencia intencional tiene su determinante de su objetividad. Por
sentido objetivo que la caracteriza: ello puede decirse que se debe al nóe-
«Tener sentido o "tener en la mente" ma la estructura objetiva del conoci-
algo es el carácter fundamental de la miento. Y es que el nóema posee una
conciencia, dice Husserl, la cual, gra- estructura objetiva cuyos componen-
cias a él, no se limita a ser en general tes son: 1. el sentido; 2. las capas noe-
una vivencia, sino que es una vivencia máticas relativas a las actitudes adop-
que tiene sentido, una vivencia "noé- tadas por el sujeto; 3. el objeto como
tica"» ( Husserl, 1962, [parágrafo] 90). X, que hace abstracción de sus posi-
Si el ingrediente principal de la vi- bles predicados. Es esta estructura
vencia intencional, la nóesis, consiste noemática la que hace posible, como
en dar sentido a unas materias, su ha mostrado F. Montero Moliner
correlato el nóema es el sentido co- (1987, 153 ss.), entender la constitu-
rrespondiente, por tanto con este con- ción de la identidad objetiva. En efec-
cepto se quiere significar aquello que to, como base de la identidad del ob-
constituye esencialmente la objetividad jeto, se exige que sean efectivamente
consciente (Husserl, 1962, [parágrafo] 97). Por- determinados estos componentes es-
que el nóema no pertenece a la viven- tructurales: 1.° La región objetiva (la
cia, sino que es transcendente a ella, clase) a la que pertenece dicho objeto.
esta ha de considerarse efectivamente Es la idea de esta región la que pres-
como transcendental, dado que la ob- cribe los fenómenos que pueden tener
jetividad del conocimiento reside en lugar relativamente al objeto y pres-
el enlace entre unos elementos inma- cribe la organización interna de las
nentes a la vivencia (materias y formas series fenoménicas ( Husserl, 1962,
noéticas) y otros elementos ajenos a 150), por tanto determina la serie de
ella (el nóema) que son en principio sus posibles manifestaciones con lo
indefinidos; es a los elementos poéti- que constituye la mismidad del objeto
cos a los que les corresponde ser cons- en referencia al núcleo poemático, a
cientes de ese algo ajeno a la vivencia su sentido pleno. 2.° Una coordina-
(el nóema), pero que constituye su ción entre las posibles descripciones
correlato necesario. del objeto realizadas, por tanto, la co-
Poder tener conciencia exige, pues, herencia de sus múltiples elementos
un previo dar sentido, una nóesis. El poemáticos, requisito indispensable
sentido, el cómo se da inteligiblemen- para que la identidad pueda ser cons-
te el objeto, es el correlato de la nóe- tituida. 3.° El objeto como X que man-
sis, el nóema; de esta forma no hay tiene su identidad a través de sus múl-
nóesis sin nóema. Husserl en dos de tiples manifestaciones y descripciones.
424

Por tanto, la identidad de un objeto


«se hace presente íntimamente fundi-
da con las determinaciones noemáti-
cas que constituyen el núcleo noemá-
tico (el sentido) de un objeto y las
capas noemáticas que en él se deposi-
tan. Y, en definitiva, es una entidad
objetiva en virtud de la coherencia que
registran los nóemas que llenan los
aspectos de un mismo objeto» (Mon-
tero Moliner, 1987, 169).
En las Ideas Husserl establece las
diversas estructuras que pertenecen a la
correlación nóesis-nóema, estas confor-
man la conciencia en su propio funcio-
namiento. Entre ellas se cuentan las
estructuras de creencia (dóxica), la afir-
mación, la negación, la modificación de
neutralidad, el acto, etcétera.

GARCÍA-BABÓ, M., Vida y mundo. La


práctica de la fenomelogía, Madrid, Tro-
Cta, 1999; HUSSERL, E., Investigaciones
lógicas, Madrid, Revista de Occidente,
1967; HUSSERL, E., Ideas relativas a una
fenomenología pura y una filosofía feno-
menológica, México, FCE, 1962; JAEGER,
G., <Nus» in Platon Dialogen, Göttingen,
Vandenhoeck und Ruprecht, 1967; MON-
TERO MOLINER, F., Retorno a la feno-
menología, Barcelona, Ánthropos, 1987;
ORTIZ HILL, C., Word and objet in Hus-
serl, Frege and Russell, Ohio, Ohio Uni-
versity Press, 1991.

María Isabel Lafuente Guantes


Objetividad bo obicio, que tiene entre sus acepcio-
nes el significado «infundir», «causar».
Si, como señala Eddington en Science, Objetiva sería aquella creencia que tie-
Perception and Reality (1963), una ne como única «causa» la realidad.
mesa -percibida y concebida, en prin- Preguntar por la objetividad sería tan-
cipio, como algo sólido y compacto- to como preguntar por el fundamento
es descubierta por la física como un de nuestras hipótesis y teorías. Ningu-
espacio en el que la distancia entre las na concepción premoderna -a excep-
partículas es inmensa en relación con ción de los sofistas y los maestros del
el núcleo de los átomos que la compo- nominalismo- pondría objeción algu-
nen, es decir, como un espacio en su na a esta idea, pues hicieron suya una
mayor parte vacío, ¿qué sentido tiene doctrina que se remonta a Anaxágo-
defender la objetividad de las creen- ras, Empédocles y Demócrito y que
cias del sentido común que presupo- sistematizó Aristóteles en el De ani-
nen la existencia de mesas, sillas, ga- ma; nos referimos a la doctrina de la
tos, etc.? Si, por otro lado, los mismos asimilación: por medio de sus poten-
científicos, como han demostrado los cias, el alma se reviste de las formas
estudios históricos de la ciencia, han de los objetos que conoce. Es decir,
poblado el universo con entidades que los objetos tendrían, según esta doc-
posteriormente cambian de propieda- trina -clave para el realismo metafísi-
des o simplemente se han declarado co tradicional- la capacidad de in-
inexistentes (pensemos en el flogisto), fluencia causal sobre nuestra mente,
<qué sentido tiene mantener que las y esta la capacidad para asimilar in-
creencias científicas son más objetivas tencionalmente la forma de aquellos,
que nuestras creencias cotidianas? «como la cera recibe la impresión del
En principio, la objetividad tendría anillo». Se trata de una doctrina que
que ser explicada por la idea de justi- concibe la mente, según la acertada
ficabilidad: una creencia sería objetiva expresión de Rorty, como un «espejo
si está justificada por la realidad (jus- de la naturaleza» y el conocimiento
tificación). De hecho, objetivo y obje- objetivo como una agrupación de re-
to proceden etimológicamente del ver- presentaciones exactas (representa-
OBJETIVIDAD
428

ción). Verdad y objetividad responde- novedad: la objetividad no es ajena a


rían, así, a una misma lógica: la de la la intervención cognoscitiva del suje-
adecuación, la del fundamento. to. En otros términos: la mente huma-
La forma que tuvo de encarar la rea- na cuando conoce no descubre o re-
lidad la ciencia moderna contribuyó presenta las formas del mundo real,
decisivamente a la crisis de este para- sino que las construye con los concep-
digma de la representación. En efecto, tos que le permiten entenderla. Kant
el uso generalizado de las matemáticas firmaba el acta de defunción del para-
y la experimentación produjo, paradó- digma -para algunos, mito- de la re-
jicamente, una depreciación de lo sen- presentación. Solo hará falta naturali-
sible, verdadero fundamento de nues- zar el sujeto kantiano (naturalismo) y
tras creencias cotidianas. Toda la rique- destacar, como hizo Kuhn, la natura-
za sensible se reducirá a símbolos alge- leza colectiva de la investigación cien-
braicos. Las cualidades solo interesan tífica para reconocer ingenua la creen-
como incitaciones a la medida y solo cia en objetos cuya existencia es inde-
entran en la ciencia a título de cantida- pendiente de nuestros esquemas con-
des, de funciones. El objetivo es deter- ceptuales. La tesis de la carga teórica
minar la relación matemática entre de las observaciones (Popper, Han-
ellas. La ciencia antigua no conoció más son...) y la de la inconmensurabilidad
que un número muy reducido: longitu- empírica (Kuhn, Feyerabend...), no
des, duraciones, velocidades, pesos; son más que dos modos de contrade-
todas ellas, magnitudes sugeridas direc- cir con distinto grado de radicalidad
tamente por la percepción sensible. esa creencia.
Pero las magnitudes fundamentales de Ahora bien, deberíamos abando-
la física moderna -fuerza, masa y acele- nar, además de la ingenuidad, la no-
ración, p.e.- no se presentaban natural- ción de objetividad y hablar en su lu-
mente a la observación y, sin embargo, gar, como han mantenido en los últi-
se convirtieron en la base de la nueva mos años Rorty y los filósofos post-
ciencia. Asistimos, así, a un proceso, al modernos de la ciencia (Woolgar,
que no fue ajena la discusión filosófica Collins, Latour, Callon...), de «solida-
sobre la objetividad de las cualidades ridad» o «compromiso social»? Eviden-
sensibles (primarias y secundarias), en temente, se trata de una conclusión
el que se defendió la idea de que la ob- que, para los realistas, sea cual sea la
jetividad del conocimiento no se obtie- tendencia, incluida la versión interna-
ne sino despojando a las cosas de su lista o pragmática de Putnam, resulta
revestimiento sensible. La palabra catrastrófica. Ellos están de acuerdo en
«real» se iba a entender desde entonces que la idea de comparar, por un lado,
en dos sentidos que van a ser muchas nuestras creencias y, por otro lado, las
veces incompatibles: uno, como su ter- cosas «tal y como ellas son en sí mis-
minus a quo y, el otro, como terminus mas» carece de sentido, pero no acep-
ad quema por un lado, el dato inmedia- tan la idea de que naturaleza es una
to, punto del que hay que partir necesa- construcción social. La filosofía de la
riamente en todo conocimiento de la ciencia ha sido escenario, así, de una
naturaleza; por otro, el mundo objeti- fuerte polémica entre quienes piensan
vo (abstracto, matemático), al cual tien- que el cambio y el consenso científicos
de como su ideal el conocimiento cien- se deciden, finalmente, por encuentros
tífico. con la realidad y aquellos otros que
Fue Kant quien supo apreciar la consideran que, en último término, lo
OBJETIVIDAD
429

que decide uno y otro son conversa- el mundo, es decir, expresaría una re-
ciones entre colegas, es decir, la retó- lación afortunada entre la mente y/o
rica y la circulación social de los cono- nuestras creencias y la realidad, sin
cimientos. embargo, no tiene en cuenta que nues-
Resulta claro que los estudios his- tra mente, más que un espejo que re-
tóricos y sociales de la ciencia han fleja, es un nodo en el que se entre-
tornado insostenible la idea de la ver- cruzan entidades formales, materiales
dad como des-velación o descubri- y sociales. En astronomía, por poner
miento de algo objetivo, independien- un ejemplo, contamos, desde que Ke-
te del sujeto. Y es que la misma idea pler elaborara sus famosas leyes, el
de des-cubrimiento, hipostasia lo que concepto de «órbita elíptica». Eviden-
podríamos llamar la «materia» (conte- temente, a menos que pensemos en
nido) del conocimiento y niega todo unos raíles por los que se deslizan los
valor cognoscitivo a los elementos planetas, el modelo elíptico no perte-
«formales» o teóricos. Sin embargo, nece al eje material. Tampoco al eje
son las «formas», las estructuras, que subjetual, porque, lejos de ser disposi-
aportan nuestras propuestas teóricas, tivos meramente conceptuales o lin-
las que nos permiten «construir», güísticos, nos permiten calcular las tra-
como viera Kant, un mundo trans-sub- yectorias y predecir las posiciones de
j etivo. De este modo, a la hora de los planetas; por tanto, tendremos que
tratar los problemas epistemológicos concluir que las leyes keplerianas per-
deberíamos tener en cuenta tres ejes tenecen de suyo al eje formal.
cognoscitivos. El primer eje, el eje Pero, el reconocimiento expreso del
material, sería el referente de nuestras papel de las «formas» en el campo
propuestas teóricas o técnicas y ten- científico, ¿no nos obligaría a renun-
dría que ser definido de modo fisica- ciar a las ideas de objetividad y ver-
lista. Englobaría todas aquellas «enti- dad? Ciertamente, no. Es posible in-
dades» del mundo físico a las que nos corporar materiales históricos y socio-
referimos cuando hablamos de neutri- lógicos sin transitar a la idea de que
nos, ácidos nucleicos, elementos quí- los saberes positivos son construccio-
micos, campos electromagnéticos, edi- nes cuya estructura se moldea con in-
ficios, mesas, satélites artificiales, etc. dependencia de la «realidad» y, por
El segundo eje, el eje subjetivo, repre- tanto, ajenos a cualquier fundamento
sentaría lo que tradicionalmente se ha objetivo.
entendido como «sujeto del conoci- Pero, cómo podemos compatibili-
miento» (individual o social). Por últi- zar el constructivismo y la idea de
mo, hablaríamos de un tercer eje, el objetividad? Resulta claro que relativi-
formal, que representaría todos aque- zar el papel causal de la realidad a la
llos objetos abstractos, como los nú- hora de elaborar o contrastar nuestras
meros, las construcciones geométricas propuestas teóricas no significa que los
o los modelos teóricos, con los que científicos puedan ver lo que les plaz-
aprehendemos las realidades del pri- ca. Sea lo que sea lo que vean y con-
mer eje cognoscitivo. El significado figure esa visión, los científicos, inclu-
gnoseológico de este modelo es claro so en los procesos revolucionarios,
si volvemos al esquema tradicional están mirando, como afirmó el propio
«sujeto / objeto». Según este esquema, Kuhn, «lo mismo». Sin embargo, la
el conocimiento objetivo y verdadero inconmensurabilidad empírica, impli-
es aquel que permite reflejar fielmente ca que no hay forma de dirimir los
OBJETIVIDAD
430

conflictos teóricos más allá de la cohe- otro modo, pues, en tal caso, las expe-
rencia de las representaciones entre sí, riencias contrastadoras no sirven sino
pues nuestras teorías serían parte de la como un elemento más en el proceso
textura de la misma realidad. Mas, de argumentación. La realidad, por
entonces, ¿cómo podemos distinguir tanto, no puede ser nunca garantía de
una controversia científica de una dis- verdad. El caso de la objetividad es
puta política o literaria? distinto. La objetividad de una deter-
Empecemos con esta reflexión: no minada organización de la realidad
es preciso invitar a nadie, como hace siempre se acredita con un éxito prác-
Sokal, a transgredir las leyes de la fí- tico, predictivo o tecnológico. Nadie
sica newtoniana desde las ventanas de dudaría de la objetividad de una teo-
cualquier edificio para comprender ría que tiene traducción tecnológica,
que la realidad no se agota en nuestro aunque pudiera cuestionarse su ver-
comercio lingüístico o teórico. Repa- dad. Es el caso de la mecánica newto-
remos en algo importante: la ciencia niana. Hoy nadie duda de su falsedad,
no se ocupa de la realidad en general, pero permite predecir acontecimien-
sino de objetos que surgen de un «re- tos, diseñar básculas o lanzar proyec-
corte» operado en la realidad por un tiles desde un punto a otro. La objeti-
punto de vista, por una teoría, por un vidad es decidida, por tanto, en el eje
paradigma. Para realizar ese recorte material. En cambio, la verdad de una
los científicos usan términos, predica- teoría la deciden los acuerdos de los
dos, como «masa», «electrón», «neutri- científicos o la coherencia de las repre-
no» u «óxido de mercurio», que se sentaciones aceptadas entre sí. O sea,
caracterizan por estar conectados di- la verdad se dilucida en el eje subjetivo
rectamente a la realidad a través de o formal.
operaciones, de tecnologías: balanzas, Verdad y objetividad, en definitiva,
cámaras de niebla o detectores de te- no responden a la misma lógica. En
tracloroetileno. Más aun: la simbiosis un caso estaríamos ante la lógica del
actual entre ciencia y tecnología ha fundamento, en el otro, ante la lógica
hecho posible que nuestras construc- de la argumentación. Pero, en último
ciones teóricas no se limiten a conocer término, es la capacidad instrumental,
la naturaleza, sino que aspiren a algo más que la contrastabilidad intersubje-
más importante: su reemplazo. Dolly tiva, la que garantiza la objetividad de
es, en este sentido, un ejemplo para- las ciencias empíricas. Más aun: es el
digmático. Ahora bien, si podemos éxito tecnológico el que hace de la
clonar una oveja, es porque de algún ciencia una actividad que, a diferencia
modo las teorías biológicas conectan de la literatura o la religión, no poda-
con la realidad directamente. mos concebirla como simple práctica
Deberíamos distinguir, así, entre conversacional, sino como un auténti-
objetividad y verdad o, lo que es igual, co diálogo entre los investigadores y
entre organizaciones teóricas de la rea- la realidad.
lidad y el proceso argumentativo en el
que se deciden sus pretensiones de KOERTGE, N. (ed.), A House Built o»
Sand: Exposing Postmodernist Myths
verdad. La razón que apoya la distin-
about Science, New York, OUP, 1997;
ción es ésta: la realidad (el eje mate- PUTNAM, H., El pragmatismo. Un debate
rial) solo puede apoyar las pretensio- abierto, Barcelona, Gedisa, 1999; RORTY,
nes de verdad cuando no existen otras R, Objetividad, relativismo y verdad,
teorías que organicen la experiencia de Barcelona, Paidós, 1996; SOKAL, A.
y BRICMONT, J., Imposturas intelectua-
les, Barcelona, Paidós, 1999.

Eugenio Moya
433

«opinión» asume, en cambio, sin ma-


yores problemas, la originaria carga
semántica platónica del término. Opi-
nión viene a ser así algo intermedio
entre la ignorancia, que es el no-saber
de lo que no-existe, y el conocimiento
genuino (o episteme), que versa sobre
lo que es absolutamente y puede ser
absolutamente conocido. Se trata, para
Platón (Rep., V, 477-480), de una fa-
cultad o potencia propia, distinta de
la de la ciencia, que nos permite juz-
gar sobre la apariencia. Ni siquiera en
los casos en que cabe predicar de ella
verdad es la doxa u opinión otra cosa
que un cuasi-conocimiento superficial,
parcial y circunscrito a los cambiantes
fenómenos. En este surco semántico la
opinión -la «mera» opinión- ha pasa-
do finalmente a denotar algo distinto
a un tiempo del conocimiento y de la
ignorancia, una suerte de aserción sub-
jetiva «débil», a favor de la que siem-
pre cabe alegar algún tipo de razones,
desde luego, pero sin pretensiones
cognitivas de peso.
En contextos sociológicos se habla
de «opinión pública» en el sentido de
un nuevo referente colectivo capaz de
i nteractuar con los poderes públicos a
través de los nuevos medios de comu-
nicación de masas. La opinión pública
asume así una indudable relevancia
política. Pero su importancia cultural
no es menor, dado que ha ido confi-
gurándose como el medio en el que se
realiza la cultura de masas propia de
las sociedades contemporáneas.

Opinión jacobo Muñoz

En ocasiones «opinión» se ha usado


confundentemente como sinónimo de Otras mentes
«creencia». La tecnificación por parte
de la epistemología contemporánea de ¿ Cómo podemos justificar nuestra con-
este último término ha restado toda vicción natural de que nuestros vecinos
plausibilidad a tal equiparación. Como no son meros autómatas, sino que tie-
traducción aceptable de doxa, la voz nen pensamientos, sensaciones y otros
434 OTRAS MENTES

atributos mentales? Este problema de llevados al solipsismo: la suposición de


otras mentes, como el problema del que alguien más tenga experiencias ca-
mundo externo, surge de la adopción rece de sentido. El problema con el que
de un cierto enfoque en epistemología, nos encontramos ahora no es el mero
la perspectiva egocéntrica. Este enfo- problema epistemológico de cómo sa-
que fue iniciado por Descartes cuando, bemos acerca de otras mentes, un pro-
como resultado de la duda metódica, blema paralelo a problema escéptico de
decidió filosofar partiendo de los datos cómo sabemos acerca del mundo exte-
que le eran accesibles en la clausura del rior. Se trata de un problema más radi-
cogito. Bajo este punto de vista, una cal. Pues dado lo que suponemos acer-
persona tiene acceso privilegiado a lo ca de cómo adquieren significado los
que sucede en su mente; lo conoce de términos mentales, surge la cuestión de
modo directo e infalible. En contraste, si tiene sentido siquiera atribuir a otros
el conocimiento de lo que sucede en las estados mentales.
mentes de los demás, si es que hay tal El intento clásico de salvar el pro-
cosa, será siempre indirecto. La pers- blema de otras mentes sin renunciar a
pectiva egocéntrica lleva acoplada la la perspectiva egocéntrica es acudir al
tesis semántica según la cual cada uno argumento por analogía, cuya formu-
de nosotros conoce el significado de los lación canónica es debida a J. S. Mill
términos mentales solo a partir de su en su Examination of Sir William
propio caso. La palabra «dolor», p.e., Hamilton's Philosophy (1865). Según
adquiere significado por asociación con Mill, soy consciente en mí mismo de
una especie de objeto privado. que ciertas modificaciones en mi cuer-
Si adoptamos esta explicación, se po producen cierta conducta externa a
plantea la cuestión de si tiene sentido través de ciertos estados mentales. En
atribuir estados mentales a otros. Co- el caso de los demás seres humanos,
mo Wittgenstein señala, si aprendo el tengo evidencia sensorial del primero
significado de la palabra «dolor» aso- y del último eslabón aunque no del
ciándola con un objeto privado, enton- eslabón intermedio. Pero encuentro
ces «dolor» significa mis dolores y «mis que la secuencia entre el primero y el
dolores» significa todos los dolores. último es tan regular y constante como
Pues, <cómo podría yo imaginarme el en mi propio caso. La experiencia me
dolor de otro partiendo solo del mode- obliga entonces a concluir que debe
lo del dolor propio? No se trataría me- haber un eslabón intermedio en su
ramente de hacer una transición en la caso. Y al suponer que ese eslabón es
imaginación de un lugar a otro. Pues no de la misma naturaleza que el que
tengo que imaginar que siento dolor en observo en mi caso, «someto a los
algún lugar de su cuerpo. Lo que tengo demás seres humanos, en cuanto fenó-
que hacer es imaginar un dolor que no menos, bajo las mismas generalizacio-
siento partiendo de un dolor que sien- nes que sé por experiencia que son la
to. No se trata tampoco de imaginar verdadera teoría de mi propia existen-
que el dolor tiene ahora una relación cia» (Mill, 1865, 244).
con él que antes tuvo conmigo. Si se Una objeción que se ha hecho al ar-
tratara de una relación así, del mismo gumento por analogía es la de debili-
modo que tiene sentido la oración «Él dad. Se admite que el argumento ana-
tiene un dolor que yo no siento», debe- lógico, como todo argumento inducti-
ría tenerlo la oración «Yo tengo un vo, no puede producir certeza sino pro-
dolor que no siento». Nos vemos, pues, babilidad. Pero en el caso en discusión
OTRAS MENTES 435

yo generalizo a partir un único caso, el supuesto de partida del que surge el


mío. Así parece que el argumento, más problema de otras mentes. De acuer-
que producir una conclusión probable, do con el proponente del argumento
produce una altamente improbable. analógico, yo parto de mi propio caso.
Pues el número de casos en los que Y ello supone que poseo el concepto
observo la intervención de un estado de yo mismo como sujeto de experien-
mental es muchísimo menor que el cia. Pero esto debe implicar que, des-
número de casos en que no observo su de el comienzo, yo tenga el concep-
i ntervención. Esta objeción, sin embar- to de sujetos de experiencia distintos
go, no afecta a la ininteligibilidad de de mí mismo. De lo contrario, no ten-
atribuir a otros estados mentales que, dría sentido concebir el punto de par-
como hemos visto, se seguiría del su- tida como mi caso. Strawson formula
puesto de que el significado de los tér- este punto así en Individuals: «una
minos que se refieren a tales estados se condición necesaria para que uno se
aprenden a partir de caso propio. Otra adscriba estados de conciencia, expe-
objeción es que, a diferencia de otros riencias, a sí mismo, de la manera en
argumentos analógicos, su conclusión que lo hace, es que los adscriba tam-
es inverificable. En el caso de un argu- bién, o esté preparado para adscribir-
mento analógico normal tiene sentido l os a otros que no son él mismo»
suponer que se podría comprobar di- (Strawson, 1959, 99). Y lo explicita
rectamente su conclusión. Pero en el formalmente: «la idea de un predica-
caso del argumento analógico sobre do es correlativa con la de un ámbito
otras mentes la imposibilidad de com- de individuos distinguibles de los que
probar la conclusión no sería meramen- el predicado pueda afirmarse con sig-
te práctica. Se trataría de una imposibi- nificado, aunque no necesariamente
lidad lógica o conceptual. ¿Y cómo con verdad» (ibid.). Gareth Evans lo
podría un razonamiento inductivo su- ha llamado la Constricción de Gene-
ministrarnos razón alguna para creer en ralidad. En el contexto del problema
algo que ni siquiera en teoría es suscep- de Strawson, esta constricción exige
tible de ser observado? «que cualquier pensamiento que poda-
Con su ataque a la idea de un len- mos interpretar que posee el conteni-
guaje privado, Wittgenstein niega que do que a es F comporta el ejercicio de
podamos definir los significados de los la capacidad -el conocimiento de en
términos mentales asociándolos con los qué consiste el que algo sea F- que
ejemplares privados que hay en nues- puede ejercerse en indefinidamente
tras mentes, ya que este procedimiento muchos pensamientos diferentes y se-
no suministra la distinción entre usos ría ejercida, p.e. en el pensamiento de
correctos de los términos, para referir- que b es F» (Evans, 1982, 103). La
se a una repetición del mismo ítem constricción, p.e., nos impediría atri-
mental, y usos incorrectos. Al rechazar buirle el contenido «Yo tengo dolor»
la idea de un lenguaje privado, Witt- al estado interno de un sujeto a no ser
genstein rechaza el supuesto semántico que el sujeto de atribución poseyese
que vimos que iba asociado a la pers- una idea de en qué consiste el que al-
pectiva egocéntrica: el supuesto de que guien, no necesariamente él mismo,
los términos mentales adquieren signi- sienta dolor y a no ser que el estado
ficado por asociación con nuestras ex- interno en cuestión involucrase el ejer-
periencias privadas, internas. cicio de esta idea. Una vez más, el
También Strawson ha rechazado el rechazo del supuesto de que los signi-
OTRAS MENTES
436

ficados de los términos mentales son en las circunstancias apropiadas, un


adquiridos «a partir del caso propio» criterio, de la existencia del dolor. La
impide que surja el problema de otras idea de una conexión criterrol entre
mentes. Wittgenstein prefigura esta conducta y estados mentales ha sido
línea de enfoque: «si excluyes lógica- objeto recientemente de un interesan-
mente que el otro tenga algo, enton- te debate entre John McDowell y Cris-
ces pierde también su sentido decir pin Wright. Autores como Tom Nagel
que tú lo tienes» (Wittgenstein, 1953, y John Searle han intentando recupe-
398). rar la subjetividad que es puesta en
A partir de Wittgenstein ha habido peligro por una perspectiva de la ter-
un giro en la filosofía de la mente cera persona.
contemporánera desde una perspecti-
va de la primera persona hacia una AYER, A. J., The Problem of Knowledge,
perspectiva de la tercera persona. Este London, Macmillan, 1956, cap. 5; Mc-
DOWELL, J., «Criteria, Defeasibility and
giro está presente en Ryle, Quine, Da- Knowledge», en Proceedings of the British
vidson, Putnam y otros muchos. Como Academy 68 (1982), 455-479; MILL, J.
alternativa al supuesto semántico ego- S., An Examination of Sir William Ha-
centrista, se parte de que los términos milton's Philosophy, London, Longmans,
mentales adquieren significado por 1865; STRAWSON, P. F., Individuos: En-
una especial conexión que se da entre sayo de metafísica descriptiva [1959],
ellos y la conducta públicamente ob- Madrid, Tecnos, 1969; WISDOM, J. O.,
servable de quienes los ostentan. Witt- Other Minds, Oxford, Blackwell, 1965;
genstein i nsistió en que la conexión WITTGENSTEIN, L, Investigaciones filo -
sofícas [1953], Barcelona, Crítica, 1988;
que se da entre, p.e., la conducta de WRIGHT, C. «Second Thoughts about
dolor y el dolor no es una conexión Criteria», en Synthèse 58 (1984), 383-405.
meramente empírica, contingente, sino
conceptual. La conducta de dolor es, Alfonso García Suárez
48 1

de un lenguaje complejo y articulado,


respecto de los demás seres vivos. Así
entendida, la racionalidad sería una
clave eminente de la identidad hu-
mana.
El proceso de ampliación del espa-
cio semántico del término tiene, pues,
una lógica profunda. Si para Heráclito
el logos es «lo común», lo que perma-
nece en la siempre proteica y mudadi-
za realidad, lo regular y lo estable, por
tanto, va de suyo que el ser humano
no puede menos de participar de esa
sustancia común, de esa «divina razón»
connatural a toda realidad, por mucho
que, como ya señaló Heráclito, la
mayoría viva «como si tuviera una in-
teligencia particular», lo que no deja
de anticipar la posterior distinción
entre razón objetiva y razón sustanti-
va. Pero, por otra parte, siendo la ra-
cionalidad el rasgo decisivo de la hu-
manización, tanto si es interpretada
Razón / racionalidad como propia de un presunto espíritu
incorpóreo y «puramente intelectual»
Muchos son los modos y, por lo tan- como si lo es en función de las carac-
to, las voces -de nous a logos, de noe- terísticas de un sujeto corpóreo dota-
sis y dianoia a cogitato, de intellectus do de manos y de lenguaje, sirve asi-
a ratio, de lumen naturale a bon sens, mismo, en cuanto tal rasgo esencial,
de understanding a mind, de Verstand para diferenciar las sociedades huma-
y Vernun ft a Geist- mediante las que nas respecto de las animales. Cabría
la razón ha sido conceptualizada des- distinguir así, como ha hecho Gustavo
de los orígenes de la reflexión filosó- Bueno, entre un logos espontáneo,
fica. Pero nada menos azaroso que tal propio de sociedades animales en las
diversidad, toda vez que lo que en que se tejen telas, se construyen gua-
cada caso ha estado en juego es una ridas, se edifican colmenas, etc., y un
dimensión concreta de la razón. Una logos normalizado o conjunto abierto
razón, dotada de una función y unos de normas rectoras de la producción y
contenidos, que si inicialmente fue reproducción de los medios necesarios
construida como una determinación para hacer posible la vida «humana»
conceptual de la realidad globalmente sobre la tierra.
considerada, es decir, como una cate- Con esta connotación de regulari-
goría cosmológica, pronto pasó a ser dad y medida de un orden guarda
antropologizada. O lo que es igual, a relación central, asimismo, la conside-
ser elevada a la condición de facultad ración de la razón como norma o pro-
humana decisiva, de rasgo capaz de porción, bien matemática, bien onto-
diferenciar al hombre en cuanto ser l ógica, o lo que es igual, relativa al
reflexivo, autoconsciente y dotado patrón mediante el que se precisa el
482 RAZON / RACIONALIDAD

ser de las cosas y su lugar en el orden cas y filosóficas y la proyección y pro-


general. En orden a ello la razón ha puesta de patrones de conducta priva-
podido ser definida bien desde la pers- da o pública, de criterios y valores, así
pectiva del razonamiento lógico y sus como de programas de acción, funcio-
diferentes formas, bien como cálculo nes todas ellas que implican el uso de
y «cómputo» (Hobbes). Pero también un lenguaje objetivamente comunica-
como instancia explicativa. Esto es, ble.
como instancia llamada a «dar razón» El uso de expresiones como lumen
de algo, de por qué este algo es como naturale, bon sens, common sense y
es y no de otro modo, toda vez que Gemeinsinn es frecuente en la filoso-
«nada acontece sin razón». Tal es, en fía moderna, que hace suya y formula
cualquier caso, el sentido del «princi- con ayuda de las mismas la idea de la
pio de razón suficiente», presente ya, universalidad de la razón en cuanto
en clave teológica, en Abelardo y en rasgo definitorio de todos los indivi-
Giordano Bruno, y tradicionalmente duos de la especie, a la vez que pos-
atribuido a Leibniz. Por lo demás, ya tula la evidencia y verdad necesaria de
Anaxágoras, asignó al nous la función determinadas proposiciones (axiomas
de primera causa del universo, de una lógicos o principios metafísicos). El
causa, razón o inteligencia que actuan- concepto racionalista de razón viene
do «racionalmente» inicia los procesos así inviscerado en un vasto «programa
por los que se genera y configura el de investigación» del orden subyacen-
cosmos y lo mueve y ordena todo. Un te a la realidad fenoménica, de la «na-
enfoque al que mucho después retor- turaleza» humana y de las posibilida-
naría, en cierto modo, Heidegger con des de reconciliar necesidad y liber-
su propuesta de un «gran» principio tad, así como de unas «verdades eter-
de razón suficiente, a tenor del que nas» o fundamentos indubitables del
lo verdaderamente importante no se- saber y del hacer. Los grandes ilustra-
ría lo postulado por el principio clási- dos -herederos, a su manera, del pa-
co, por él mismo adjetivado como thos reformista de Descartes- percibie-
«pequeño», sino la conversión a que ron la razón, sin merma, obviamente,
nos incitaría de la ratio en logos, un de su universalidad, más como un
l ogos entendido como lo que «hace hacer crítico y autocritico que como
ver», lo que abre el ámbito del ser para un ser, más como un proceso de bús-
que «se haga presente». El «gran» prin- queda de la verdad que como el resul-
cipio de razón suficiente hablaría así, tado de ese proceso, por decirlo al
en fin, como «palabra del Ser», siendo modo de Lessing.
este Ser la verdadera razón. En la filosofía de Kant la razón
El racionalismo crítico de inspira- (Vernun ft) es una facultad mental dis-
ción popperiana ha reactualizado, por tinta de la sensibilidad (Sinnlichkeit) y
otra parte, la concepción subjetiva (o del entendimiento (Verstand), que al
formal) de la razón como facultad pensar ideas absolutamente incondi-
eminente y definitoria del ser humano cionadas transciende las condiciones
con su caracterización de esta como la de la experiencia posible. En la medi-
capacidad que tiene el hombre de rea- da en que tanto las funciones y rela-
lizar funciones tales como la construc- ciones mentales caracterizadas por la
ción y aplicación de cálculos y méto- espontaneidad -o facultad de conocer
dos de prueba objetiva, la elaboración activamente un objeto por medio de
y crítica de hipótesis y teorías científi- conceptos- como las formas sintéticas
RAZÓN / RACIONALIDAD 48 3

a priori de la experiencia provienen y busca los mecanismos explicativos de


de ella, la razón incluye elementos de los fenómenos de acuerdo con el pri-
la sensibilidad -o facultad por medio mado del principio de causalidad («por
de la cual la mente recibe pasivamente necesidad») y de la legaliformidad del
i ntuiciones sensibles-, del entendi- mundo fenoménico. La segunda, o
miento y de la razón misma en cuanto racionalidad de la razón, es transcen-
fuente de las ideas. Kant eleva la ra- dente respecto de la totalidad de los
zón, en este último sentido, a la con- fenómenos. Su objeto se identifica,
dición de «legisladora de la naturale- como ya se ha sugerido, con lo que el
za», sin dejar por ello de presentar a la entendimiento es incapaz de alcanzar
propia naturaleza como la instancia mediante teorías, leyes y conceptos,
que hace posible «todo arte y quizá la con lo que cae fuera de la explicación
razón misma» (KrV B 654), lo que no mecánica de las categorías y no es
deja de sugerir una veta racionatura- susceptible de ser conceptualizado
lista en su filosofar a la que tal vez no porque no es un objeto de la sensibi-
se haya atendido lo suficiente. Pero, lidad. Si el entendimiento «conoce»
en cualquier caso, la distinción entre («explica», diríamos hoy, desde ese
razón y entendimiento sanciona los «teoreticismo» o primado de lo teoré-
lí mites mismos de la razón, toda vez tico con el que en última instancia se
que la construcción del conocimiento identifica el idealismo transcendental),
queda, como tal, asignada el entendi- la razón «piensa». Sus grandes temas
miento, mientras que a la razón le ( Dios, la libertad, la inmortalidad...)
incumbe ejercer una función regulati- no son demostrables: son «ideas» de
va llamada a evitar que el entendi- las que cabe hacer un uso regulativo.
miento transgreda en su conocer posi- O lo que es igual, orientador de la
tivo los límites de la experiencia. «La actividad cognitiva del entendimiento
razón -escribe Kant- no sirve, como y de nuestra actividad práctica como
un órgano, para ampliar [los conoci- sujetos morales -capaces de causalidad
mientos], sino [...] para determinar los por libertad-. Esta racionalidad supe-
lí mites [del conocimiento] y, en lugar rior, de la que caben dos usos, el teó-
de descubrir verdades, tiene el callado rico y el práctico, es, en fin, la racio-
mérito de prevenir errores» (KrV, B nalidad propia de los razonamientos
825). No deja de resultar significativo, sobre la acción humana (moral, histo-
por otra parte, que Kant subraye ese ria, etc.) y de los razonamientos cos-
uso negativo de la razón como «la mológicos.
auténtica Ilustración» ( KU, ~~ 40, Proponiéndose programáticamente
158, n.). soldar la escisión kantiana entre en-
Cabría, pues, sugerir, en cierto tendimiento y razón, con la consi-
modo, que Kant opera con dos princi- guiente eliminación de las autolimita-
pios de racionalidad, por así decirlo, ciones de la razón en lo que afecta al
correspondientes, en el marco global conocimiento de los objetos en los que
de la filosofía transcendental, a dos fa- la metafísica se reconoce, el Idealismo
cultades del conocimiento: la raciona- llevará al límite, en sus diferentes ver-
lidad del entendimiento ( Verstand) y siones, el rendimiento de la racionali-
la racionalidad de la razón ( Vernun ft). dad de la razón, bien convirtiendo el
La primera es la propia del paradigma mundo en producto del sujeto, sobre
newtoniano o «mecanicista», que des- el que el Yo puede realizarse en el
cansa sobre las rabones et experimenta plano ético (Fichte), bien elevando
484 RAZbN / RACIONALIDAD

dicha Vernunft a «razón absoluta» o to, el de las totalizaciones concretas


indiferencia total respecto de lo que (individuos vivientes, formaciones his-
es subjetivo y lo que es objetivo (Sche- tóricas particulares, situaciones local-
lling). O asignando, en fin, a la Razón mente determinadas, etc.). Y su obje-
la tarea de conocer la realidad en su tivo, la recuperación de lo concreto
carácter dialéctico, o lo que es igual sin hacer intervenir más datos que los
en su realidad procesual concreta, in- procurados por la abstracción y el
terpretada a la luz de sus posibilida- análisis reductivo científicos. El cono-
des. Lo que desde la perspectiva de la cimiento totalizador que busca la ra-
historia universal equivale a la conver- cionalidad dialéctica ha sido compara-
sión de la razón, esa razón que «rige» do, en ocasiones, con un tipo de co-
el mundo y es capaz a la vez de pensar nocimiento que utilizando el producto
las cosas en una unidad de identidad y científico «normal», lo integra «artísti-
diferencia, en la instancia que «ha re- camente», por así decirlo, en una tota-
gido y rige también la historia». Con lidad concreta capaz de evocar el con-
ello Hegel pasa a reivindicar el prima- creto real (histórico, «procesual») es-
do de la razón dialéctica sobre una tudiado. Entre los supuestos centrales
razón simplemente analítica, cuya par- de este proceder dialéctico, más próxi-
cial legitimidad por otra parte no nie- mo a la cosmovisión que a los ideales
ga. De modo que si en Kant la dialéc- de la teoría formalizable, figura, ob-
tica transcendental enseña a la razón viamente, la noción hegeliana de desa-
las vías por las que le cabría evitar o al rrollo (Entwicklung). O, más precisa-
menos compensar su inevitable ten- mente, la idea de fundamentación
dencia a ignorar que las categorías se como desarrollo, en vez de como de-
aplican solo al ámbito de la experien- ducción o validación empírica. Una
cia y que no solo no es posible cono- idea de raigambre organicista que ex-
cer lo que está más allá de esta, sino presa, en cualquier caso, la convicción
que toda pretensión de hacerlo se tra- de que la argumentación acerca de
duce en la caída en contradicciones, algo no debe ser una cadena de razo-
paralogismos y antinomias, en Hegel, namientos indiferentes a la cosa, sino
por el contrario, pasa a esperarse de la que ha de consistir en la exposición
racionalidad dialéctica un decisivo ren- del despliegue de la cosa misma. A esta
dimiento ontoepistémico. luz, la argumentación por necesida-
Frente al proceder analítico-reduc- des externas al objeto, por necesidades
tivo, propio de las ciencias positivas que no sean especialmente suyas, p.e.
que elimina factores irracionales en la las tratadas en y por la lógica formal,
explicación del mundo a través de una o la matemática, o la mecánica, inclu-
reducción analítica de las formaciones so por la historia empírica, no es cien-
complejas y cualitativamente determi- tífica, porque no es verdaderamente
nadas a factores menos complejos y, necesaria. «La necesidad externa» -es-
en algún sentido a precisar en cada cribió Hegel- «es propiamente necesi-
caso, más homogéneos cualitativamen- dad casual».
te, el proceder sintético-totalizador Los diferentes desarrollos de la fi-
recupera lo que la razón analítica, a la l osofía postpositivista de la ciencia en
luz de cuyo reduccionismo lo cualita- la segunda mitad del siglo xx han res-
tivo carece de importancia, pierde: la tado plausibilidad, por otra parte, al
parte decisiva para la individualización recurso, en un marco declaradamente
de los objetos. Su ámbito es, en efec- pluriteoreticista ya, a todo tratamien-
RAZÓN / RACIONALIDAD
485

to en términos universales de la razón. mente» su evolución científica, artísti-


Si como racionalidad se entiende «ra- ca, política y económica, su «moderni-
cionalidad científica» -esto es, relativa zación», en fin, con esa suma de fenó-
al ámbito que para Kant cubría la ra- menos culturales insertos en una di-
cionalidad del entendimiento-, difícil- rección evolutiva de alcance y validez
mente cabría hablar ya, en efecto, de universales, que sumariamente la ca-
otra cosa que de racionalidades con- racterizan, Weber formula una hipóte-
formes-a-paradigma, por decirlo al sis hermenéutica «fuerte» respecto de
modo de Kuhn o de Skolimowski. Lo nuestro esquema civilizatorio en la que
que nos llevaría a asumir las «crisis de no dejan de resultar perceptibles hue-
la razón» como algo connatural al llas de Marx y de Nietzsche. Lo que
decurso evolutivo, nunca lineal ni para Weber está en juego es, en efec-
exento de «revoluciones» (esto es, to, un proceso de racionalización-mo-
nunca «racional» en términos absolu- dernización que lo es, a un tiempo, de
tos) de la ciencia misma. Frente a ello superación paulatina de arcaicas acti-
Popper no ha dejado, ciertamente, de tudes míticas y mágicas. De Entzau-
seguir defendiendo la posibilidad de berung, en una palabra. Y de separa-
una «racionalidad evolutiva» fuerte. ción y diferenciación, a partir de una
Pero, en cualquier caso, ha ido impo- unidad originaria cada vez más frágil,
niéndose la idea de que son muchos de las esferas científica, moral-jurídica
los subcriterios de racionalidad cientí- y artística, dotadas, de modo crecien-
fica que pueden coexistir en un mo- te, cada una de ellas, de sus propias
mento dado. Y que algo muy distinto lógicas internas y posibilitadoras, en
son, por supuesto, los intentos de su- consecuencia de procesos de aprendi-
perar su carácter más bien formal, zaje solo obedientes a sus legaliformi-
sustantivándolos de una manera u dades específicas. Lo que hace que
otra. O los intentos, a los que ya nos dicho proceso se desarrolle, de acuer-
hemos referido brevemente, de univer- do con las propias intenciones analíti-
salizarlos, ignorando el nivel de com- cas de Weber, a tres niveles: el social
plejidad y la obligación de matizar y (económico y político), el cultural y el
discriminar que la larga historia de la personal-vital.
cuestión impone. El positivismo lógi- El carácter de la racionalidad que
co, por ejemplo, absolutizó la raciona- vertebra y condiciona todos estos pro-
lidad deductiva, lógico-formal, ele- cesos es por supuesto, para Weber,
vándola a paradigma único de racio- puramente formal. Weber tipifica, en
nalidad. Y con ello relegó la ética, va- efecto, su carácter de simple suma de
ciándola así de todo momento cogni- determinaciones llamadas a promover
tivo, al vasto dominio del emotivismo. la «calculabilidad de acciones» desde un
A pesar de las consecuencias frag- punto de vista orientado por el princi-
mentadoras de los diferentes positivis- pio de la maximización. Lo que no deja
mos e historicismos del xIx, Max de tener una lógica profunda, toda vez
Weber no dudó, con todo, en ofrecer que si lo que está en juego a propósito
una totalización conceptual de la «ra- de esta racionalidad es la elección de
cionalidad occidental» de largo aliento unos medios dadas unas preferencias (u
e influencia filosófica subterránea muy objetivos), un conjunto de estos y unas
superior a lo usualmente reconocido. condiciones contextuales, difícilmente
AI hilo de la pregunta de por qué sólo podría tener un carácter material o
Occidente ha desarrollado «racional- «sustantivo». Su estricta atenencia a los
486 RAZGN / RACIONALIDAD

medios más convenientes de cara a Estaríamos, pues, según Horkheimer,


unos fines dados en nada afecta a los ante un proceso de subjetivización,
valores o criterios axiológicos relativos formalización y relativización de la
a estos propios fines. (Que no serán razón asumible como «un hito en el
otros, en el límite, que los del sistema o camino de la abdicación de la filosofía
subsistema en el que la acción se enmar- y de la ciencia en cuanto a su aspira-
ca.) Aunque Weber habla también de ción a determinar la meta del hom-
una «racionalidad de valores» con ella bre». Frente a ello Horkheimer exalta,
no entiende sino mera coherencia (for- abriendo una dudosa perspectiva de
mal) de la acción con los valores a ella retorno, una «razón objetiva» (o sus-
subyacentes. Su ámbito no es el de la tantiva) asumida como instancia de
calculabilidad, ni el de la rentabilidad. validación y hogar necesario a un
Va de suyo que si esaZweckrationalität tiempo de esas ideas de justicia, igual-
(o racionalidad mesológica) omniabar- dad o tolerancia, que constituirían
cante no apunta sino a la estructura de también nuestra sustancia civilizatoria.
las orientaciones para la acción/deci- En las últimas décadas se ha intensi-
sión que son determinables con la ayu- ficado, por último, la discusión sobre
da de una racionalidad cognitiva instru- el papel de la razón y de la racionalidad
mental, que prescinde de todo pronun- en los procesos de generación, acepta-
ciamiento material sobre patrones o ción y desarrollo del conocimiento. En
criterios últimos de racionalidad moral la medida en que este es mayoritaria-
(axiológica) o estética, el espacio que mente concebido hoy como «creencia
Weber reserva a los valores y fines ha verdadera adecuadamente justificada»
de ser otro. Un espacio perfectamente (verdad, justificación), la teoría de la
representativo, en cualquier caso, de la j ustificación racional (o de las «razo-
l ógica profunda de nuestro mundo tal nes» que permiten la aceptación de las
como Weber l o percibe y tipifica: el de meras creencias como conocimiento 0
la decisión «irracional», el de la irrup- saber genuino) ha ido pasando a un pri-
ción y el juego, trágico (la «guerra a mer plano. Con la consiguiente re-
muerte») o banal, de nuestros viejos/ definición de la propia epistemología
nuevos dioses y demonios... -atendiendo a una de sus grandes di-
Para designar esta racionalidad me- mensiones, cuanto menos, y sin que
sológica los teóricos clásicos de la Es- ello signifique el abandono de la hoy
cuela de Frankfurt han propuesto el prácticamente obligada perspectiva fa-
gráfico rótulo de «razón instrumental». libilista (falibilismo)- como racionali-
Un rótulo irónicamente escogido, sin dad epistémica.
duda, dado que lo que con él viene en
definitiva a subrayarse es que la razón, ALBERT, H., Tratado sobre la razón críti-
esa Vernunft que Kant concebía aún ca, Sur, Buenos Aires, 1973; HORKHEI-
como capacidad de las ideas ha pasa- MER, M., Para una crítica de la razón ins-
do al cabo de todo nuestro proceso de trumental, Trotta, Madrid, en prensa;
OLIVÉ, L. (ed.), Racionalidad epistémica,
modernización e ilustración a verse
EIAF 9, Trotta-CSIC, Madrid, 1995; PA-
denigratoriamente reducida a algo CHO, J., Los nombres de la razón, Servi-
muy distinto. A ese entendimiento cio Editorial de la Universidad del País
calculador o mero Verstand propio, en Vasco, San Sebastián, 1997.
una palabra, del sujeto cognoscente y
actuante según imperativos técnicos, jacobo Muñoz
de mera optimización de resultado.
507

derivada, por su relación con las re-


presentaciones mentales mismas. Esta
aproximación podría denominarse, en
términos generales, cartesiana o men-
talista. La aproximación mentalista,
predominante en la actualidad con el
auge de las ciencias cognitivas, puede
elaborarse de formas diversas en res-
puesta a la segunda pregunta. Puede,
Representación p.e., combinarse con una aproxima-
ción externista, según la cual aquello
El problema de la representación se que representa una idea depende de
halla estrechamente conectado con sus relaciones con factores externos a
otros problemas, como el del signifi- la mente misma, o con una aproxima-
cado o la intencionalidad. En una pri- ción internista, según la cual lo repre-
mera y vaga aproximación, una repre- sentado depende exclusivamente de
sentación es una cosa que está en lu- factores internos a la mente (o al cere-
gar de o hace las veces de otra. Así, un bro, para un materialista). Fodor (al
dibujo puede representar el objeto di- menos en sus últimas obras), Burge y
bujado, una maqueta puede represen- Dretske adoptan la primera alternati-
tar un edificio, o un signo lingüístico va, mientras que el empirismo inglés
(p.e., un nombre propio) puede repre- y, en nuestros días, pensadores como
sentar a su portador. A diferencia de Stich o Loar defienden la segunda. La
l os signos naturales, la representación aproximación mentalista puede asimis-
propiamente dicha (como en los ejem- mo ser elaborada en un sentido holis-
plos anteriores) ha de ser susceptible ta (holismo), según el cual lo repre-
de evaluación como correcta o erró- sentado por una idea depende de sus
nea, exacta o inexacta, verdadera o relaciones con otras ideas, como suce-
falsa. Con respecto a la representa- de en las teorías del papel funcional o
ción, podemos plantearnos dos tipos i nferencial, o en un sentido atomista,
de preguntas. La primera es: ¿qué hace según el cual lo representado por una
de un objeto (p.e., un signo) una re- i dea es independiente de sus relacio-
presentación? La segunda es: ¿qué nes con otras ideas. Fodor es el defen-
hace de un objeto (p.e., un signo) una sor más decidido del atomismo. Una
representación de una cosa en lugar consecuencia, que muchos consideran
de otra? inaceptable, de esta posición es que la
Un modo de responder a la prime- vida mental intencional de un sujeto
ra pregunta es el siguiente: es la pre- podría consistir en una única repre-
sencia en la mente o el pensamiento sentación. Los defensores del holismo
(o el cerebro, si se es materialista) lo sostienen que una representación es tal
que confiere a un signo su capacidad solo por sus relaciones con un sistema
de representar algo. En realidad, son de representaciones, de modo que una
las ideas o pensamientos (o sus reali- única representación no sería realmen-
zaciones físicas en el cerebro) lo que te una representación. Los argumen-
posee de modo primario propiedades tos en favor de una u otra posición no
representativas. Los signos no menta- son, sin embargo, concluyentes.
les, como las palabras, poseen capaci- Una especificación de las relaciones
dad de representar solo de manera i ndicadas da lugar a un mosaico de
REPRESENTACION
508

teorías aun más rico. Así, en el caso Frente a la aproximación cartesiana


del empirismo inglés, la relación de o mentalista, la tradición anticartesia-
semejanza desempeña un papel central na, representada por las diversas for-
en la determinación de lo representa- mas de pragmatismo, responde a la
do por una idea. Esta concepción no primera pregunta concediendo prima-
tiene apenas defensores hoy en día: la cía a los signos y a su relación con los
semejanza, como ha mostrado Putnam, usuarios frente a las representaciones
no es ni necesaria ni suficiente para mentales. Estas últimas heredan su
que una cosa represente otra. Para las capacidad representativa de los signos
teorías informacionales (Dretske, Fo- públicos, y no a la inversa. En cuanto
dor), son las relaciones nómicas entre a la segunda pregunta, es la forma
instancias particulares de una idea e concreta que adoptan la relaciones
instancias de una propiedad las que entre signos y usuarios en contextos
determinan lo representado por la particulares lo que determina el con-
idea. Uno de los principales proble- tenido de las representaciones. La con-
mas de estas teorías consiste en sus cepción wittgensteiniana del significa-
dificultades para dar cuenta de la re- do de un signo como su uso en de-
presentación errónea. Las teorías del terminados marcos sociales y formas
papel funcional (Loar, Harman) consi- de vida es un buen ejemplo de esta
deran las relaciones causales e inferen- aproximación no mentalista al proble-
ciales que una representación mantie- ma de la representación. Es difícil, sin
ne con otras representaciones y, en su embargo, ver cómo este problema
caso, con la conducta, como aquello puede ser resuelto apelando únicamen-
que fija lo representado por dicha re- te a factores comportamentales, pres-
presentación, mientras que para las cindiendo de los factores mentales que
teorías teleológicas (Millikan) es la explican ese comportamiento.
función que la evolución ha asignado
a una idea (o a su realización física en DRETSKE, F., Conocimiento e informa-
el cerebro) la que establece su conte- ción, Barcelona, Salvat, 1987; FODOR, J.
nido representativo. Todas las teorías A., Psicosemántica. El problema del signi-

mencionadas en este párrafo tratan de ficado en la filosofía de la mente, Madrid,


Tecnos, 1994; HARMAN, G., «Conceptual
llevar a cabo una reducción naturalis- Role Semantics», en Notre Dame Journal
ta, más o menos completa, de la rela- of Formal Logic 23 (1982), 242-256;
ción de representación: para estas teo- LOCKE, J., Ensayo sobre el entendimiento
rías, esta relación es en realidad una humano, México, FCE, 1982; LOAR, B.,
relación de otro tipo (semejanza, no- Mind and Meaning, Cambridge, CUP,
micidad, causalidad, función biológi- 1981; MILLIKAN, R. G., Language,
ca). Por el contrario, las teorías carte- Thought and Other Biological Categories,
Cambridge Mass., MIT, 1984; WITT-
sianas no reductivas (Brentano sería tal
GENSTEIN, L., Investigaciones filosóficas,
vez un ejemplo) consideran la relación Barcelona, UNAM-Crítica, 1988.
de representación como primitiva e
irreductible a cualquier otra. Carlos J. Moya Espí
Semántica son aquellos signos que se relacionan
con su significado a través de una re-
La semántica se ocupa del estudio del gla convencional. La luz roja de un
significado de los signos (signo) y de semáforo representa simbólicamente,
las representaciones, tanto lingüísticas i.e., convencionalmente, la obligación
como mentales. El objetivo fundamen- de detenerse. Expresiones y enuncia-
tal de la semántica es la construcción dos de lenguajes particulares constitu-
de una teoría general del significado. yen ejemplos paradigmáticos de esta
De acuerdo con una clasificación tra- categoría semántica. Así, el enunciado
dicional, cabe distinguir tres tipos di- «la nieve es blanca» es el símbolo que
ferentes de signos dependiendo de la se utiliza en castellano para represen-
naturaleza de la relación que conecta tar el hecho de que la nieve es blanca.
la forma del signo con su significado: Esta tipología tradicional lleva aso-
signos indéxicos, icónicos y simbóli- ciada implícitamente la tesis de que los
cos. Los signos indéxicos son aquellos diferentes principios que asocian el
en los que el signo o representación significado con la forma de un signo
está conectado causalmente con su sig- deberían distinguirse y explicarse si-
nificado. La rojez de una cara, p.e., es guiendo tipos diferentes de teorías. La
un signo indéxico de un estado de irri- semántica de los signos indéxicos de-
tación o enfado. Ciertas manchas en pendería así crucialmente de una teo-
la piel son signos indéxicos de enfer- ría de las relaciones causales; la semán-
medades como, p.e., el sarampión. tica de los signos icónicos debería ba-
Esta conexión se denomina a veces, sarse en los principios de similaridad
siguiendo a Grice (1957), el significa- que determinan las estructuras percep-
do natural de un signo. En el caso de tuales; y la semántica de los símbolos
los iconos, el signo o representación debería ocuparse de los principios que
se relaciona con su significado en vir- regulan y constriñen las reglas conven-
tud de una semejanza perceptual. El cionales con respecto a las que se in-
mapa de un área geográfica es así un dividualiza el significado. Sin embar-
signo icónico de la superficie que re- go, estas demarcaciones no son tan
presenta. Los símbolos, finalmente, claras como parecen. No lo son espe-
510 SEMÁNTICA

cialmente en el caso de las teórias se- dades lógicas (verdad lógica, conse-
mánticas contemporáneas en donde la cuencia lógica, etc.) de los enunciados
explicación del significado de cual- (enunciado) de un cierto fragmento
quier tipo de signo (y no solo de aque- del lenguaje natural y de los argumen-
llos que tienen un carácter indéxico 0 tos construidos con ellos.
icónico) apela con frecuencia a facto- Si la delimitación entre sintaxis y
res causales y perceptuales. semántica puede parecer borrosa, la
Desde un punto de vista filosófico, frontera entre semántica y pragmática
los símbolos -más concretamente, los es todavía más problemática. La con-
símbolos que forman los lenguajes par- cepción más radical en este sentido,
ticulares, ya sean naturales (p.e., el una concepción según la cual la no-
castellano o el alemán) o artificiales ción de significado se reduce a sus
(p.e., la lógica de primer orden)- cons- condiciones de uso, niega que haya
tituyen la categoría fundamental den- una distinción en absoluto. Desde este
tro de una teoría semántica. A1 menos punto de vista, se defiende que la teo-
este es el caso en la corriente analítica ría del significado ha de ser construida
contemporánea. Un primer paso hacia como un caso especial de un teoría
la especificación del rango de fenóme- general de la acción intencional (Sear-
nos que han de ser cubiertos por tal le, 1969; intencionalidad).
teoría semántica lo proporciona el si- En cualquier caso, e independiente-
guiente esquema: mente de que se puedan definir lími-
(L) A interpreta B como represen- tes precisos entre estas disciplinas,
tando C. ciertas cuestiones son claramente del
A es el intérprete, B es un objeto 0 dominio de la semántica. De entre
evento, signo o representación y C es ellas, quizá la más relevante es la de
el significado de B. La estructura for- clarificar y determinar la naturaleza
mal de B constituye el objeto de estu- misma de la noción de significado. En
dio de la sintáxis. La pragmática se principio, el significado de una expre-
ocupa de las relaciones entre B y su(s) sión parece poder reducirse simple-
i ntérprete(s). La semántica, por su mente a lo que la expresión represen-
parte, se ocupa de la naturaleza y es- ta, i.e., a su referencia. En este sentido
tructura de C, así como de la natura- técnico, por referencia se entiende una
leza y estructura de las relaciones en- función que asigna a los símbolos de
tre B y C. A pesar de estas diferencias un lenguaje distintas entidades extra-
básicas, existe una buena dosis de in- lingüísticas, contruidas normalmente a
terdependencia entre estas tres disci- partir de un dominio de interpreta-
plinas. En el caso de la sintáxis y la ción. Esta definición coincide con la
semántica, la dependencia fundamen- caracterización de referencia como
tal estriba en que el sistema de posi- valor semántico. Su única peculiaridad
bles significados C que puede ser ex- reside en incluir como un dato más
presado por un signo de un sistema -que puede ser variable- el dominio
lingüístico o representational S impo- de interpretación. En el caso de los
ne ciertas condiciones en las formas lenguajes naturales, esta interpretación
posibles B de S. En este sentido, la está ya dada, y lo que tiene que hacer
l ógica, disciplina fundamentalmente una teoría semántica es especificar la
sintáctica, se considera a veces una i nterpretación que viene impuesta por
parte de la semántica porque una teo- el uso lingüístico. Sin embargo, para
ría lógica pretende explicar las propie- el resto de los lenguajes, entre los
51 2 SEMIÓTICA

una representación mental se caracte- Esta motivación empírica aleja cada


riza, por otra parte, en términos de vez más la semántica formal de otra
propiedades externas al sujeto que sus- semántica que podemos llamar natu-
tenta tal estado mental. El contenido ralista. Las teorías semánticas natura-
amplio de una representación es un listas contemporáneas se caracterizan
objeto abstracto que tiene asociado un por el intento de caracterizar las pro-
conjunto de condiciones de verdad. El piedades semánticas en términos de
externalismo es una doctrina cuya te- propiedades más primitivas, menos
sis fundamental es que la individua- problemáticas y pertenecientes al do-
ción del contenido de los estados minio científico. Son teorías reduccio-
mentales depende esencialmente del nistas y el reduccionismo es, cierta-
contexto físico y social en el que el mente, la estrategia dominante en la
sujeto se encuentra. filosofía del lenguaje y la filosofía de
Si en un principio dijimos que el la mente contemporánea.
objetivo fundamental de la semántica
es la construcción de una teoría del CARNAP, R., Meaning and Necessity, Chi-
cago, The University of Chicago Press,
significado, es importante señalar,
1947; DAVIDSON, D., De la verdad y la
para terminar, que uno de los temas interpretacción, Barcelona, Gedisa, 1990;
más importantes en esta disciplina es FREGE, G., «Sobre sentido y referencia»
el de la naturaleza de la evidencia [1892], en Id., Estudios sobre semántica,
empírica que sustenta -o invalida- tal Barcelona, Ariel, 2 1973; GRICE, H. P.,
teoría. Las consecuencias de esta evi- « Meaning», en Philosophical Review 64
dencia empírica son especialmente re- (1957), 377-388; PUTNAM, H., «The
levantes para analizar la corrección Meaning of Meaning» en K. Gunderson
o incorrección de diversos análisis fi- (ed.), Language, Mind and Knowledge.
Minnesota Studies in the Philosophy of
losóficos de la noción de significado y
Science, VII, Minnesota, University of
para establecer la naturaleza y estruc- Minnesota Press, 1975, 131-193; QUINE,
tura de ciertos conceptos filosófica- W. v. O., Palabra y objeto, Barcelona,
mente fundamentales, como los de Labor, 1968; SEARLE, J. R., Actos de ha-
analiticidad, sinonimia o necesidad. bla [1969], Madrid, Cátedra, 1980.
Estas cuestiones tienen su aplicación
más interesante en el caso del signifi- Josefa Toribio Mateas
cado de las expresiones de nuestro len-
guaje, porque, en definitiva, una teo-
ría semántica trata de hacer explícito Semiótica
el conocimiento implícito que un ha-
blante competente tiene de su lengua- La semiótica es la ciencia del uso y
je. Sin embargo, el problema aparece significado de los signos (signo). El
mucho más claro si en lugar de pre- término «semiótica» (del griego se-
guntarnos qué evidencia empírica jus- meiotiké, sobreentendido, y téehne,
tificaría una determinada atribución de arte) aparece utilizado con esta acep-
significado a las expresiones de tal ción en el Ensayo sobre el entendi-
lenguaje, nos preguntamos qué eviden- miento humano de Locke (IV, 21).
cia empírica serviría para que un tra- Aunque el estudio de los signos es una
ductor radical enfrentado a la tarea de constante en la historia del pensamien-
i nterpretar nuestro lenguaje confirma- to, la aparición de la semiótica como
se o refutase una hipótesis al respecto disciplina en el mundo moderno se
( Quipe, 1960; Davidson, 1984). debe fundamentalmente a las ideas de
sEMIÓTICA
51 3
Peirce y Morris quienes presentan esta el aspecto de interrelación dinámica
disciplina como una ciencia cuyo obje- entre signo, denotación e intérprete
tivo central es proporcionar los fun- ( Morris 1938, 1946). Para Morris,
damentos de cualquier otra ciencia ningún objeto, evento, o acción parti-
particular que trate de los signos. cular puede considerarse, en y por sí
Esta definición, sin embargo, no nos mismo, un signo, una denotación, o
permite establecer una línea divisoria un intérprete. Las propiedades que in-
precisa entre la semiótica y otras dis- dividualizan estas entidades son pro-
ciplinas con las que, o bien parece po- piedades relacionales. Tales propieda-
der asociarse intuitivamente, o con las des se adquieren solo a través de un
que tiene en común el objeto de estu- proceso semiósico, i.e., un proceso a
dio. Este es el caso de disciplinas como, través del cual algo se convierte en un
p.e., la lingüística, la lógica, la matemá- signo para un individuo ( Morris,
tica, la estética o la antropología -to- 1946, 353). Morris delimita cuatro
das las cuales se ocupan en un sentido componentes en este proceso: el signo
o en otro del fenómeno general de los (vehículo), lo designado por el signo,
signos-. Tampoco resulta evidente que el organismo para el que algo es un
la consideración teórica de la semiótica signo (el intérprete) y el efecto que el
sea realmente la de ciencia. La semióti- signo produce en el intérprete (inter-
ca se presenta a veces como un estilo de pretante). Entre los múltiples ejemplos
investigación filosófica, a veces como que Morris proporciona para clarifi-
una teoría y, aun en otras ocasiones, car la función de cada uno de estos
como una metodología. La elucidación, componentes se encuentra el del viaje-
aunque se breve, de estas dos cuestiones, ro que, dispuesto a partir hacia una
i.e., el dominio de la semiótica y su rango determinada región geográfica, recibe
teórico, nos ayudará a presentar más cla- la carta de un amigo describiendo la
ramente el perfil de esta disciplina. región. El viajero prepara entonces su
La semiótica se ocupa de los deno- equipaje siguiendo la información pro-
minados procesos semiósicos. Un pro- porcionada por el amigo en la carta.
ceso semiósico es un proceso en el que En este ejemplo, la carta es el signo,
existe «una acción o influencia que es, las condiciones geográficas son lo de-
o conlleva, una operación de tres fac- signado por el signo, los preparativos
tores: un signo, su objeto, y su intér- del viajero con respecto a qué incluir
prete» (Peirce, 1931-1966, 5.484). en su equipaje es el interpretarte y el
Dependiendo de qué factor se aísle viajero, por supuesto, es el intérprete.
para su estudio, la semiótica se puede Lo más importante es que ninguno de
dividir, de acuerdo con Peirce, en tres estos factores pertenecería a las cate-
ramas básicas: gramática pura (el estu- gorías mencionadas si no fuera por las
dio del signo), lógica (el estudio del relaciones que se establecen entre cada
objeto del signo) y retórica (el estudio uno de ellos (Morris, 1938, 3-4).
del intérprete del signo). Pero lo que A pesar de esta dependencia teórica,
caracteriza a la semiótica como tal y la también Morris, como Peirce, concede
hace diferente de otras disciplinas es que se pueden aislar las relaciones en-
que la interdependencia entre los tres tre los componentes de los procesos
factores es absolutamente esencial a la semiósicos y definir diferentes ramas
hora de individualizar los fenómenos dentro de la semiótica. Así, si lo que nos
que pertenecen a su dominio. interesan son las relaciones entre los
Charles Morris enfatiza igualmente signos mismos, tendremos una dimen-
SEMIÓTICA
51 4

Sión sintáctica de la semiótica. A este la semiótica, qué podemos decir ahora


nivel hay que distinguir entre el esta- de su condición teórica? Para algunos
blecimiento descriptivo de las peculia- autores, la semiótica ha de situarse al
res relaciones que los signos tienen mismo nivel que la filosofía del lengua-
entre sí y el análisis de tales relaciones. je (donde «lenguaje» engloba tambien
En el primer caso hablamos de una sin- lenguajes no verbales). Representante
taxis descriptiva. En el segundo, de de esta posición es, p.e., Umberto Eco
sintaxis pura. La relación de los signos (1984) para quien el carácter filosófico
con sus objetos o denotaciones consti- de la semiótica la convierte en una dis-
tuye la dimensión semántica. Finalmen- ciplina sin ningún poder predictivo y en
te, la relación de los signos con sus in- la que el objeto de estudio está siempre
térpretes representa la rama pragmáti- mediatizado por las presuposiciones
ca ( Morris, 1938, 6-7). Estas particio- generales de la propia teoría (Eco,
nes ayudan a establecer más claramente 1984, 10-13). En otras ocasiones, so-
algunos de los límites teóricos con res- bre todo cuando nos movemos en el ni-
pecto a otras disciplinas. A la lingüísti- vel descriptivo de las diferentes ramas
ca le corresponde fundamentalmente el de la semiótica, se defiende el carácter
ámbito que cubre la sintaxis descripti- empírico de la disciplina. Esta posición
va. A la lógica y la matemática les co- está especialmente extendida en el caso
rresponde la sintaxis pura. La semánti- de las semióticas particulares (p.e., se-
ca cubre, obviamente, la dimensión se- miótica narrativa, semiótica del folklo-
mántica de la semiótica, i.e., se ocupa re, semiótica de la conducta animal, de
del estudio de las relaciones entre los las prácticas e instituciones humanas,
signos y sus objetos, aunque depende etc.). Sin embargo, incluso en este ám-
parcialmente de la sintaxis, en el senti- bito descriptivo, la consideración em-
do de que el establecimiento de tales pírica de la semiótica se vuelve a veces
relaciones requiere tener una idea pre- problemática, especialmente cuando el
via de las relaciones entre los signos dominio de objetos que se considera
mismos. La pragmática es, finalmente, pertenece a una categoría que es ella
la disciplina más problemática a la hora misma teórica y abstracta. Finalmente
de asignarle un dominio que la diferen- -y sin que estas distinciones sean ex-
cie de las otras ramas de la semiótica haustivas-, la semiótica se considera a
mencionadas anteriormente. La razón veces como una metodología general o
principal es que el estudio de las rela- la suma de diversos métodos (método)
ciones entre el signo y su(s) intérpre- semiósicos. Entre estos métodos semió-
tes) abarca un campo complejo en el sicos podemos distinguir al menos tres:
que se incluyen «fenómenos psicológi- formalización, análisis lingüístico y el
cos, biológicos y sociológicos que ocu- método de interpretación.
rren en el funcionamiento de los sig- El método de formalización -parti-
nos» ( Morris, 1938, 30). Los enfoques cularmente formalización de lenguajes-
que dominan disciplinas como el psi- se concentra en las propiedades sintác-
coanálisis o la sociología del conoci- ticas de los signos, en lo que a veces se
miento son todos aplicaciones de la di- denomina el significado operacional;
mensión pragmática de la semiótica operacional porque se da normalmente
( Morris, 1938, 38). Lo son asimismo en forma de reglas que especifican las
muchos de los enfoques que dominan formas admisibles de manipulación de
la estética o la antropología. esos signos. Una vez despojados de sus
Hasta aquí la cuestión del objeto de propiedades semánticas y pragmáticas,
SENSACIbN / PERCEPCIbN
515

los signos forman un esqueleto pura- i nterpretarlos de este modo, dirigimos


mente sintáctico listo para ser revesti- nuestra atención más allá del objeto 0
do por diferentes interpretaciones. fenómeno mismo y, gracias a este pro-
El método de análisis lingüístico ceso, objetos y fenómenos que no son
consiste en la reconstrucción de la simbólicos en principio se convierten
estructura profunda de las expresiones en parte instrumental de nuestro siste-
analizadas y en la enumeración de to- ma de comunicación. Este es el méto-
das sus propiedades semánticas y prag- do más representativo de lo que se
máticas. La utilización de este método entiende normalmente por semiótica,
es así complementaria de la del méto- un tratamiento que puede considerar-
do de formalización y nos permite se una ampliación de los métodos de
averiguar lo que una expresión o un la hermenéutica y la exégesis, amplia-
texto determinado realmente significa ción en el sentido de aplicarse tam-
y qué información puede derivarse de bién a fenómenos no intrínsecamente
tal significado. El uso de este método simbólicos. La importancia de este
dio lugar al surgimiento de la denomi- método se pone especialmente de
nada lingüística estructural (Saussure, manifiesto en disciplinas como la his-
1916). Se ha aplicado igualmente al toria, la psicología o la sociología en
lenguaje de la distintas ciencias, pres- las que el tipo de explicación consiste,
tando atención fundamentalmente al entre otras cosas, en comprender las
proceso de elaboración de los lengua- i ntenciones y motivos que se expresan
jes científicos particulares y a la crea- i ndirectamente tanto en las acciones y
ción de nuevos términos. Una varia- conductas humanas como en sus crea-
ción de este método fue de especial ciones intelectuales.
i mportancia en los orígenes de la co-
rriente analítica en filosofía. La discu- ECO, U., Semiotics and the Philosophy of
sión sobre las propiedades ontológicas Language, London, MacMillan, 1984;
de ciertas entidades extralingüísticas HJELMSLEV, L., Essais Linguistiques (Tra-
pasaba entonces por la re-caracteriza- vaux du Cercle Liuguistique de Copenha-
gue 14), Copenhaguen, Nordisk-og Kul-
ción de esas entidades en términos ex-
turforlag, 1973; JACKOBSON, R., The Fra-
clusivamente lingüísticos, facilitando mework of Language, Ann Arbor, Mich.,
supuestamente de este modo la discu- Slavic, 1980; MORRIS, C. W., Fundamen-
sión filosófica. En epistemología, la tos de la teoría de los signos [1938], Méxi-
aplicación del método de análisis lin- co, UNAM, 1958; MORRIS, C. W., Sig-
güístico ha contribuido a la emergen- nos, lenguaje y conducta [1946], Buenos
cia de la denominada epistemología Aires, Losada, 1962; PEIRCE, Ch. S., Co-
semántica que, en lugar de analizar llected Papers, ed. d e Ch. Hartshorne, P.
relaciones entre proposiciones y he- Weiss y A. W. Burks, 8 vols., Cambridge,
HUP, 1931-1966; SAUSSURE, F. de, Cur-
chos reales, analiza relaciones entre
so de lingüística general [1916], Buenos
enunciados (enunciado) -cuyos signi- Aires, Losada, 1945.
ficados son las proposiciones- y lo que
l os enunciados representan. Jose fa Toribio Mateas
Por último, el método de interpre-
tación consiste fundamentalmente en
el tratamiento simbólico de objetos, Sensación / percepción
eventos, o fenómenos que no son en
sí mismos signos (p.e., comidas, ritua- Términos básicos en epistemología y
les, terremotos, o caras humanas). AI en psicología al abordar los problemas
516 SENSACIÓN / PERCEPCIÓN

de cómo conocemos y de cuál es la que percibimos es su apariencia, el


relación entre el sujeto conocedor y el fenómeno. El conocimiento percepti-
objeto conocido. vo no es conocimiento directo de la
Suele distinguirse entre sensación, realidad, sino de ideas de los sentidos
entendida como un tipo de conoci- (Locke), cualidades sensibles ( Berke-
miento directo e inmediato que da ley), impresiones ( Hume)..., en defini-
lugar a estados mentales no proposi- tiva, de lo que Russell y Moore deno-
cionales que transmiten información minaron «datos de los sentidos» (sen-
no conceptualizada; y la percepción, se-data; datos sensibles), entidades en
que es un conocimiento derivado 0 la mente del observador, hechos acer-
basado en la experiencia sensorial, ca de cómo las cosas parece que son.
consistente en una combinación de Según la teoría representacional de la
elementos cognitivos y sensoriales. Sin percepción, esta es siempre indirecta.
embargo, esta distinción ha probado Ver un cuadro o escuchar un aria de
ser problemática y en los límites con- ópera consisten en la percepción de
fusos entre sensación, percepción y sus representaciones mentales internas,
cognición se desarrollan importantes sus «percéptos».
controversias epistemológicas. Aunque de la teoría representacio-
La sensación y la percepción cons- nal de la percepción autores como
tituyen la fuente principal de conoci- Berkeley hayan derivado conclusiones
miento sobre el mundo. A esto se debe i dealistas o antirrealistas, defendiendo
que su estudio haya ocupado un lugar que nada existe fuera de la mente que
destacado en todas las discusiones de lo percibe («ser es ser percibido»); esta
la filosofía occidental desde la antigüe- teoría ha adoptado generalmente la
dad y, especialmente, en la filosofía forma de un realismo representacio-
moderna. En particular, uno de los nal, según el cual se da una relación
problemas que han llegado hasta nues- causal entre los «objetos externos» y
tros días se refiere al tipo de acceso a l os «objetos internos», de tal manera
la realidad externa que nos proporcio- que la percepción es percepción de
na el conocimiento sensorial y percep- una realidad externa. El conocimiento
tivo; es decir, en qué medida lo que perceptivo, no obstante, es siempre in-
obtenemos es un conocimiento direc- directo en el sentido de que está me-
to de la «realidad» o más bien lo que diado por los datos de los sentidos, y
conocemos mediante la sensación y la requiere la presuposición, o la infe-
percepción es algo «interno» al propio rencia inductiva (no necesariamente
sujeto. En este debate pueden distin- consciente), de que existe una correla-
guirse posturas externalistas e interna- ción regular y uniforme entre cómo
listas (externismo / internismo). parecen las cosas y cómo son de he-
Frente al realismo directo (o inge- cho.
nuo) de la percepción, correspondien- Los argumentos a favor de la teoría
te a una postura externalista que asu- representacional de la percepción sue-
me que el contenido de nuestras per- len basarse en la intuición cartesiana
cepciones son las realidades mismas; de la incorregibilidad de la propia
el internalismo de la teoría represen- mente. Podemos equivocarnos acerca
tacional de la percepción, formulada de si las cosas son como nos parece
por Descartes y Locke y defendida por que son, pero el hecho de que nos
un buen número de filósofos, postula parezcan de determinada manera es en
que cuando percibimos un objeto, lo sí mismo infalible, como muestran los
SENSACIÓN / PERCEPCION
517

experimentos de ilusiones sensoriales determinar las propiedades de las uni-


o las alucinaciones, de tal manera que dades básicas de la conciencia, las sen-
las apariencias, los fenómenos, los per- saciones, y cómo se combinan estas
ceptor, tienen que ser algo interno a para dar lugar a percepciones. El enfo-
la mente. que de la Gestalt, por el contrario, re-
Para el realista directo, por el con- chazará la idea de que sea posible des-
trario, existe conocimiento perceptivo componer la percepción en sensaciones
directo que no se basa ni depende de si mples y se centrará en el estudio de
otros conocimientos. Es decir, desde las propiedades globales de la experien-
el realismo directo se niega que el co- cia perceptiva. En los años cincuenta
nocimiento perceptivo de las propie- del siglo xx aparecerán las primeras
dades de los objetos externos impli- versiones de los enfoques de «procesa-
que el conocimiento previo de las pro- miento de la información» que tratan
piedades de intermediarios subjetivos el cerebro como un ordenador biológi-
(«objetos internos»: datos de los senti- co e intentan determinar los programas
dos o perceptor) a partir de las cuales de procesamiento utilizados en la per-
se infieran aquellos. En condiciones cepción. El enfoque reciente de la eco-
perceptivas normales, los objetos tie- logía perceptiva critica la artificialidad
nen las propiedades que aparentan de las situaciones experimentales en las
tener. Desde esta perspectiva, los ar- que se ha estudiado tradicionalmente la
gumentos del representacionalista ba- sensación / percepción y propone su es-
sados en las alucinaciones y las ilusio- tudio en condiciones naturales, bajo el
nes sensoriales pueden volverse contra supuesto de que en estas es más fácil
él si en vez de dar a estos casos el captar las propiedades de los estímulos
mismo tratamiento que a las situacio- dístales.
nes perceptivas normales (suponiendo En general, estudio psicológico de
que ambas tienen en común el «objeto las sensaciones es el estudio de la ac-
i nterno»), se tratan como casos anó- tividad, estructura y fisiología de los
malos que requieren una explicación. receptores sensoriales, al entenderse
Nuestras experiencias subjetivas se las sensaciones como experiencias cua-
muestran, así, corregibles y falibles. litativas inmediatas y directas (duro,
En psicología experimental, el estu- caliente, rojo, dolor...) producidas por
dio empírico de la sensación / percep- estímulos físicos simples aislados. La
ción ha sido también un área funda- percepción, por otra parte, se define
mental desde sus orígenes, por su re- como un proceso psicológico que im-
lación con la memoria, el pensamien- plica significado, memoria y juicio; y
to o el aprendizaje; y por su relevan- su estudio se relaciona con la activi-
cia para determinados campos de la dad fisiológica del cerebro. No obs-
psicología aplicada. Mediante el con- tante, el tratamiento actual de la sen-
j unto de procesos y actividades que sación / percepción suele evitar la dis-
engloban los términos sensación y tinción clara entre ambos procesos y
percepción obtenemos información adoptar un enfoque integrado. Auto-
acerca del medio, nuestras acciones res como J. J. Gibson o Armstrong han
sobre él y nuestros propios estados in- subrayado el carácter activo de la sen-
ternos. sación y lo inadecuado de considerarla
La teoría clásica de la percepción como «reflejo» de la estimulación que
wundtiana integraba las ideas empiris- alcanza los sentidos. Los órganos de
tas con la psicofísica de Fechner para los sentidos no son receptores pasivos
SENTIDO COMÚN
518

de estimulación, sino transmisores ac- portante transformación de su conte-


tivos de información. La sensación y nido. De formar parte de una teoría
la percepción dependen en parte de de la sensibilidad y de la estructura
los recursos de procesamiento del per- cognoscitiva durante la época clásica y
ceptor. Edad Media, pasa a significar lo que
En cualquier caso, las sensaciones y actualmente se conoce como juicio 0
las percepciones consisten en patrones conocimiento ordinario, incidiendo
de eventos neuronales en el cerebro, sobre todo en el aspecto práctico. En
lo que origina una pregunta que, si esta última acepción, esta serie de
bien los psicólogos empíricos renun- nociones de «sentido común» deben
cian en general a intentar responder, tener tal arraigo y tal evidencia que su
constituye uno de los problemas cen- contradicción implicaría un completo
trales de la filosofía de la mente: absurdo. De este modo lo contrario
cómo pueden fenómenos mentales al sentido común es así pues el sin-
emerger de procesos puramente físi- sentido. Las posturas que admiten la
cos? Se trata, por supuesto, del pro- existencia del sentido común son las
blema mente-cuerpo. realistas (realismo) y a su vertiente
epistemológica le sigue una moral y
AUSTIN, J. L., Sense and Sensibilia, también política. Otras concepciones
Oxford, OUP, 1962; DRETSKE, F., Seing filosóficas como el idealismo, el empi-
and Knowing, Chicago, University of Chi- rismo o el escepticismo niegan la po-
cago Press, 1969; GOLDSTEIN, E. B., Sen-
sibilidad de su existencia.
sación y percepción [1976], Madrid, De-
Aristóteles es el primero en emplear
bate, 1988; SCHIFFMAN, H. R., Sensation
and Perception, New York, John Wiley, la noción de sentido común bajo la
1976. denominación de koine aisthesis (Ét.
Nic.; De anima). Fundamentalmente
Marta I. González García lo que el Estagirita propone es la exis-
tencia de un sentido -sensible- que
permite poner en contacto o en rela-
Sentido común ción el contenido de los demás senti-
dos -vista, oído, tacto, gusto-. El sa-
o conocimiento bor, color y olor de una manzana in-
ordinario hieren en la misma sustancia, siendo
el sentido común quien permite cono-
De forma genérica, la doctrina del sen- cer estas diversas sensaciones como
tido común o conocimiento ordinario pertenecientes a un mismo objeto.
establece la existencia de una serie de Además la koiné aisthesis tiene la par-
conocimientos o nociones básicas ticularidad de permitir reconocer o
compartidas por los seres humanos saber al sujeto que siente que está sin-
acerca del mundo. Estas nociones bá- tiendo. Tomás de Aquino continúa en
sicas permiten contemplar el mundo gran medida el pensamiento de Aris-
como algo con exitencia real, indepen- tóteles bajo la denominación de sensus
diente de la mente y al mismo tiempo communis (Summa. Theol., I, a.q.78,
teniendo una influencia directa en la a.4,r.2; Comentarios al De anima de
estructura epistémica humana, dándo- Aristóteles). En la ordenación episte-
le ciertos contenidos claves para el co- mológica del Aquinate, el sentido co-
nocimiento práctico. En el concepto mún es una de las cinco facultades
de sentido común se detecta una im- cognociscitivas sensibles interiores que
SENTIDO COMÚN 519

guarda una peculiar relación con los escocesa del sentido común la que
cinco sentidos exteriores. produce la consolidación del significa-
Descartes es el iniciador del cambio do de este término hacia el significado
en la noción de sentido común. La que conlleva en la actualidad, y que,
función de los sentidos queda fuerte- al mismo tiempo es una reacción con-
mente relegada en la filosofía cartesia- tra el empirismo. Entre sus autores
na por no ser fiables, y de ahí que el destacan George Turnbull, Thomas
sentido común deba jugar otro papel Reid o Dougal Stewart. Mención
si es que realmente posee cierto valor especial merece Reid (1710-1796),
cognoscitivo. Aun más, de acuerdo con quien realizó un profundo análisis y
Descartes, el juicio sobre los datos de críticas de los postulados humeanos
los sentidos no son propiedad del respecto a su teoría cognoscitiva y
cuerpo sino del alma, por lo tanto no mantuvo la pertinencia del sentido
puede haber lugar para una facultad común. De acuerdo con Reid, la posi-
sensible-corporal, como en Aristóteles ción escéptica de Hume es inconsis-
o Aquino. Descartes considera que el tente pues niega teóricamente la exis-
sentido común está estrechamente li- tencia de un mundo estable en térmi-
gado a las operaciones mentales de las nos cognoscitivos mientras que en la
matemáticas. Es la facultad que permi- práctica vive y actúa, contradiciendo
te reconocer, p.e., que un triángulo el principio eminentemente práctico
tiene tres lados, o que sus ángulos su- del sentido común, que es absoluta-
man 180°. Nada en los datos sensoria- mente necesario para cualquier acción.
les permite llegar a este conocimiento Asimismo, en un mundo caracterizado
y revela el interés de Descartes de se- por agregados de eventos, es del todo
parar estas verdades matemáticas de la i mposible el juicio moral. Por contra,
modificación física de los sentidos. según Reid, la percepción implica en
Según él, el sentido común se localiza- sí misma un juicio, a diferencia de los
ría en la glándula pineal, que es el empiristas, juicio que revela cierto co-
lugar donde cuerpo y alma se unen. El nocimiento previo y común a los seres
sentido común deja de por lo tanto humanos. Reid sostiene la existencia
ser una facultad sensorial interna. de una serie de principios del sentido
El empirismo inglés negará la exis- común (first principies of common sen-
tencia del sentido común explícita- se). Estos no se someten a prueba al-
mente, como es el caso de Hume y guna pues son condición necesaria
Berkeley. Berkeley argumentará que para conocer el mundo. En la moral
muchas nociones que se colocan bajo existen también similares first princi-
la rúbrica de «sentido común» no son p~es que son el amor a uno mismo y el
tales, y que ha de realizarse un análisis sentido del deber. Esta doctrina del
crítico de ellas. Hume especialmente sentido común escocesa tuvo una am-
ataca esta noción pues no existe nada plia influencia especialmente en Ingla-
en la mente excepto ünpresiones e terra y Estados Unidos y se extiende a
ideas derivadas de impresiones. El sen- diversos ámbitos filosóficos, especial-
tido común representaría la existencia mente la moral y la política. Cabe
a priori de estructuras de razonamien- anotar así la obra del americano Tho-
tos que no se han obtenido de las im- mas Paine (1737-1809), que refiere
presiones sino directamente de la rea- sobre todo a cuestiones políticas: el
lidad y por lo tanto ha de ser falso. sentido común es la base para la orga-
Sin embargo, es justamente la escuela nización política en libertad. Posterior-
520 SIGNO

mente, autores como William Hamil- RAND Corporation intentaron forma-


ton (1788-1856) tratarán de refundir lizarlo pues su implantación en una
las teorías de Reid con las de Kant. Se máquina supondría crear un a inteli-
desarrolla así una corriente llamada gencia artificial. A pesar que esta
del «sentido común crítico», que son aproximación, llena de dificultades in-
autores que, aceptando la existencia superables, ha sido relegada en favor
del sentido común, ven también la ne- de l as redes neuronales, Douglas Le -
cesidad de establecer una crítica para nant continúa en esta metodología.
depurarlo. Entre estos se contarían
Ch. S. Peirce (1839-1914) y Bertrand COATES, J., The claims of common sense:
Russell. Cambridge philosophy and the social
En el siglo xx es el filósofo inglés sciences, New York, CUP, 1996; GRAVE,
S. The Scottish philosophy of common
George Edward Moore (1873-1958)
sense, Oxford, Clarendon, 1960; MOO-
quien revitaliza la doctrina del sentido
RE, G. H., «A Defense of Common Sen-
común esta vez no en la sensación o se», en Id., Selected writings, ed. d e T.
en la estructura cognoscitiva humana, Baldwin, London-New York, Routledge,
sino el lenguaje. En parte su teoría es 1993; PAINE. T. Common sense, and
un ataque al idealismo imperante en la other political writings, ed. d e N. F. Ad-
Inglaterra de fines del xIx y como kins, Indianapolis, Bobbs-Merrill, 1953;
contrapeso apuesta por un realismo REID, Th., Investigación sobre la mente
moderado. Su artículo A De fense o f humana según los principios del sentido
común, ed. d e E. Duthie, Madrid, Trotta,
Common Sense (1925) es el punto de
en prensa; WITTGENSTEIN, L., Sobre la
partida para la refundación de dicha
certeza, Barcelona, Gedisa, 1988.
doctrina. La existencia de un mundo
exterior, de acuerdo con este realis-
Andoni Alonso Puelles
mo, es una verdad de sentido común,
es decir, de un conocimiento compar-
tido por todos los seres humanos. La
existencia de los datos de los sentidos Signo
está fuera de toda duda, aunque su
status sea discutible. Moore llegará a El reconocimiento de la relevancia de
afirmar que el sentido común es la los signos en el orden del conocimien-
base de todo conocimiento y aquella to presupone, en cierta medida, el
epistemología que no la comparta es o abandono -como ilusoria- de la hipó-
bien falsa o bien autocontradictoria. tesis de un «contacto inmediato» entre
Su influencia se extenderá a la corrien- el entendimiento y su objeto (pues, en
te analítica, en especial en Norman tal caso, los signos serían innecesarios
Malcolm y Ludwig Wittgenstein. De o representarían niveles de conoci-
este último, sin duda Sobre la certeza, miento subordinados o inferiores) y la
es la mejor crítica a la postura de asunción como forzosa de la media-
Moore. En la actualidad, la doctrina ción de los signos en el terreno epis-
del sentido común ha adquirido un temológico. Dicho esto, en la noción
inesperado giro, gracias a los trabajos más extendida de «signo» («algo que
en inteligencia artificial en lo que se~ representa algo para alguien en algún
conoce como «procesamiento simbóli- aspecto»), notamos en seguida el ca-
co». En los comienzos de esta discipli- rácter tridimensional que la caracteri-
na, se dio por sentada la existencia del za, bien identificado por Ch. S. Peirce,
sentido común. Newell y Simon en la que nombra estas tres dimensiones,
SIGNO
521

respectivamente, como objeto (aquello tras que otros extienden la noción de


cuyo lugar ocupa el signo), interpre- «interpretarte» (una conducta puede,
tarte (aquello que lo interpreta como p. e., ser interpretarte de un signo)
tal) y fundamento (el aspecto en el hasta hacerla prácticamente sinónima
cual el signo vale por el objeto). Cada de «significado», y c) aun hay otros
una de estas dimensiones constituye, autores (entre los que se encuentra E.
por sí misma (como ya notara el pro- Benveniste) que emplean el termino
pio Peirce), un campo distinto de con- «interpretancia» en una acepción más
sideración de los signos. amplia (como «capacidad de un siste-
La relación de un signo (a partir de ma de signos para interpretar otros sis-
ahora habrá que emender en cada oca- temas», p. e.). Centrándonos en la
sión de uso de este término el corola- acepción b, diremos que todo signo,
rio: «o un conjunto de signos») con el además de poder ser empleado para
«objeto» ha sido, tradicionalmente, el referirse a objetos o hechos del «mun-
terreno privilegiado para plantear la do», tiene forzosamente un contenido,
cuestión de la verdad o falsedad de los un significado o un sentido (Sinn, Me-
signos y, por tanto, la cuestión de su aning, Sens), que constituye su carga
validez cognoscitiva. De acuerdo con connotativa o su intensión. Uno de los
la concepción de la verdad como «con- grandes progresos que, en este terre-
formidad» o «adecuación», un signo es no, representan obras como las de
verdadero cuando se corresponde con Frege o Saussure, consiste en haber
el objeto que designa (que también mostrado la relativa autonomía del
puede ser descrito como un «hecho» o problema del sentido (o del significa-
un «estado de cosas»). Pero quizá el do) con respecto al problema de la
modo más sensato de plantear el pro- verdad (o de la referencia). La «tenen-
blema consistiría en sostener -como cia de sentido» de un signo remite,
hacía Frege- que los signos solo pue- fundamentalmente, a las relaciones
den ser declarados verdaderos o fal- que mantiene con otros signos con los
sos, es decir, solo tienen valor de ver- cuales forma un sistema (la Largue de
dad, cuando están dotados de re feren- Saussure, la Competente de Chomsky
cia o, lo que podría ser considerado o el Código de los semiólogos), y la
hasta cierto punto equivalente, cuan- relación -interna al signo- entre signi-
do se observan desde la perspectiva de ficante y significado es una relación,
su denotación o de su extensión. Es en lo esencial, inmotivada o «no natu-
obvio, por tanto, que lo que aquí se ral». Sin embargo, al decir que se trata
contempla es la relación del signo con de una relación convencional no esta-
algo que no es signo (o que provisio- mos diciendo que sea una relación
nalmente no es interpretado como tal) arbitraria que los usuarios de un siste-
y que no depende de los signos. ma de signos puedan cambiar ad libi-
La relación del signo con su(s) tum: hay estratos del «sistema» (por
interpretante(s) representa un pro- ejemplo, las «convenciones implícitas»
blema añadido, en la medida en quer o «sentidos figurados», así como la
a) algunos autores tienden a restringir estructura fonemática del significante,
esta noción («interpretarte») a la dè en el caso del lenguaje verbal) que solo
intérprete (humano), poniendo de ma- cambian lenta e imperceptiblemente,
nifiesto todas las cuestiones concer- mientras que otros (las «convenciones
nientes a la relación entre el signo y explícitas» ligadas a contextos y co-
sus emisores y/o receptores; b) mien- yunturas determinables que fijan un
522

«significado recto» o «propio» para un BARTHES, R, Elementos de semiología,


significante) son mucho más sensibles Madrid, Alberto Corazón, 1971; BENVE-
a los impactos de las circunstancias y NISTE, E., Problemas de lingüística gene-
ral, Buenos Aires, Siglo XXI, 1973; DE-
permiten modificaciones fechables y
LEUZE, G., Lógica del sentido, Barcelona,
con protagonistas identificables.
Paidós, 1989; ECO, U., Tratado de semió-
Finalmente, la noción de «funda- tica general, Barcelona, Lumen, 1977;
mento» remite al problema de la crea- FREGE, G., «Sobre sentido y referencia»,
tividad semiótica o la producción de en Id., Escritos filosóficos, Barcelona, Crí-
significado y de verdad. Podríamos tica, 1996, 172-197; PEIRCE, Ch. S.,
decir que, en este punto, el debate se Collected Papers, Cambridge, Mass., Har-
ha movido, durante demasiado tiempo, vard University Press, 1965; SAUSSURE, F.
entre quienes intentan reducir el senti- de, Curso de lingüística general, Buenos
Aires, Losada, 1945.
do de los signos a su referencia o «de-
rivar» la intensión a partir de la exten-
José Luis Pardo
sión (un ejemplo de estas posiciones
sería el llamado «criterio empirista del
significado» (verificación) y cualesquie-
ra otros intentos de definir el significa-
do en términos de «condiciones de ver-
dad») y quienes pretenden reducir el
valor de verdad de los signos a su sig-
nificado -indisociablemente unido al
significante- (echando mano de una
«verdad» más «originaria» que la refe-
rencia de los signos a hechos objetivos,
implícita en su significado, como es ca-
racterístico de las corrientes hermenéu-
ticas) o, dicho de otro modo, entre
quienes pretenden extraer «sentido» a
partir de los «estados de cosas» y quie-
nes pretenden descubrirla verdad a
partir del «significante» (o de la «estruc-
tura») -dos pretensiones igualmente
condenadas al fracaso-. Si bien los úl-
ti mos están en lo cierto en el sentido
trivial de que un signo siempre desplie-
ga un horizonte de significación (una
galaxia de connotaciones e intensio-
nes), los primeros tienen a la razón de
su parte cuando recuerdan que no es
posible «deducir» la referencia de un
signo a partir de sus intensiones ni se-
leccionar a priori una denotación a
partir de las innumerables connotacio-
nes posibles. El punto de encuentro
entre ambas posturas es, en nuestros
días, la consideración pragmática del
uso de los signos.
Sistema / modelo
La idea de «sistema» es propia de la
época moderna, si bien el término es
de origen griego (systema) y frecuen-
temente empleado como sinónimo de
systasis; término este último designati-
vo de una noción fundamental en la
filosofía estoica: la systasis («sintaxis»
o «articulación matricial») formada
por los logoi spermatikoi, que llenan
toda la materia, produce una trabazón
de todas las cosas (una sympatheia ton
holon). Esta idea es retomada por
Leibniz (Monadologia, ~ 56; Teodicea,
~~ 130, 360), quien exige la sistema-
ticidad al conocimiento, y en cuya
obra matemática y filosófica, la idea
de sistema cobra nuevas y más preci-
SISTEMA / MODELO
527

sas determinaciones. Es Galileo quien mal en sí mismo (sintaxis), sino en


utiliza por primera vez el término en relación con otra estructura distinta de
el ámbito científico: Dialogi supra i él (semántica). Resulta, por lo demás,
due massimi sistemi del mondo (1632). i mposible trazar la frontera entre la
A partir del siglo xv[[ la idea de siste- sintaxis (estructura y propiedades del
ma se va determinando y desarrollan- sistema formal sin referencia a una
do en múltiples ámbitos del saber: i nterpretación intuitiva) y la semántica
matemáticas (Leibniz-Newton), botá- (estudio del sistema formal en sus re-
nica (Línneo), filosofía ( Kant y Hegel). l aciones con un dominio intuitivo de
En el siglo XIX, a través del estructu- objetos), porque muchas de las cate-
ralismo (Saussure) y del funcionalismo gorías sintácticas (coherencia, deriva-
(Martinett), ha pasado a la lingüística bilidad, etc.) se configuran a través de
(sistema y estructura). A principios del categorías semánticas (modelo, conse-
siglo xx ha sido ejercitada especial- cuencia, etc.), y recíprocamente: para
mente por el formalismo de Hilbert edificar una semántica rigurosa es pre-
(sistema formal axiomático), y de la ciso utilizar un metalenguaje axioma-
mano de Tarski ha pasado a la lógica, tizado.
en cuyo ámbito se configura por su 1. Definición de sistema. Un siste-
coordinación con la idea de modelo, y ma es un conjunto de objetos entre
ambas reorganizando a su vez otros los cuales se establecen ciertas relacio-
conceptos fundamentales de la lógica nes (y operaciones). Cuando los obje-
y de las matemáticas (deducción, iso- tos del sistema son conocidos exclusi-
morfismo...). vamente a través de las relaciones del
Situados en el ámbito lógico-mate- sistema, el sistema es abstracto o for-
mático y partiendo in medias res, cual- mal. Quedan, entonces, sin especificar
quiera de las dos ideas (sistema formal qué sean los objetos en particular,
l modelo) puede ser tomada como apareciendo, así, como objetos inde-
punto de partida para determinar la terminados, pero queda establecida la
otra: cabe obtener un sistema formal estructura del sistema. La construcción
mediante la abstracción fiel de una es- de un sistema formal incluye las si-
tructura particular, en el sentido, guientes fases:
p.e., en que utiliza el término «mode- I. Elección de un conjunto enume-
lo» Hockett (y luego Chomsky) para rable de símbolos, repartidos en diver-
aplicarlo a la lingüística: «modelo» es sas categorías, y perteneciendo cada
una «teoría» que refleja o simula la símbolo a una sola categoría. Así,
realidad lingüística. O bien cabe cons- ejemplificando con el sistema axiomá-
truir un sistema formal arbitrariamen- tico de Peano, (1) a, b, c,..., símbolos
te y buscar luego una interpretación de variables pertenecientes a la prime-
en un dominio o estructura particular, ra categoría; (2) O, N, +1, símbolos
en el sentido, p.e., en el que los ele- de constantes, pertenecientes a la se-
mentos (las variables) 0, N, +1 del gunda categoría; (3) E, ~, _, ..., sím-
sistema axiomático de Peano reciben bolos de constantes lógicas, matemáti-
una interpretación en el dominio D~ _ cas, pertenecientes a la tercera catego-
<cero, número natural y sucesor de >, ría; (4) símbolos adicionales: (,), (.),
o en el domino D Z = < uno, miembro (:), (:.), (::), etc. Este conjunto bien
de la sucesión 1, 1/2, 1/4, 1/8, ..., y la definido de los símbolos formales se
mitad de >. En cualquiera de los casos denomina el alfabeto del sistema.
anteriores no se estudia el sistema for- II. Los símbolos se combinan for-
528 SISTEMA / MODELO

mando secuencias finitas de símbolos, cuencia lógica de 0, y se representa: ~


y denominadas las palabras del siste- ~B; (3) existe al menos una fórmula
ma. De entre estas secuencias se dis- de S que no es válida en D,R (elimi-
tinguen aquellas que se atienen a cier- nación del modelo trivial en el que
tas reglas (reglas de formación), explí- toda fórmula fuese válida).
citamente definidas de manera recur- Esta definición exige precisar los
siva, y se denominan fórmulas del sis- conceptos que en ella intervienen.
tema. Por ejemplo, a E N. ~. a+ 1 E N. (Y utilizando el lenguaje del cálculo
III. De entre las fórmulas del siste- funcional de primer orden) D es un
ma se elige un conjunto (recursiva- conjunto no vacío de objetos a 1, a z, a .3,
mente enumerable) de ellas, que son ...a de cualquier clase pero distingui-
demostrables en el sistema, y son lla- bles, puestos en correspondencia con
madas tesis iniciales o axiomas (en el l os símbolos argumentos del sistema.
caso del sistema axiomático). Los axio- Este conjunto D, que comprende los
mas de Peano son cinco. valores o denotaciones de los argu-
IV. Mediante reglas explícitamente mentos de S se denomina universo
definidas, llamadas reglas de transfor- (universo de discurso o dominio o do-
mación (o de inferencia), cabe pasar minio de interpretación) del sistema.
de unas fórmulas a otras. Si la fórmula R es un conjunto de funciones de
se obtiene mediante tales reglas a par- orden n. Y R. es una función con x.
tir de axiomas, se denomina teorema. argumentos cuyo dominio es D (i = 1,
Por ejemplo, 2 E N es un teorema 2, 3, ..., n). Por lo tanto R determina
derivable a partir de los axiomas de una familia de subconjuntos de D (en
Peano. la que pueden figurar el conjunto va-
En resumen, un sistema formal vie- cío y el propio D). Estos subconjuntos
ne caracterizado por un alfabeto, sus lo serán: de elementos, si la función es
reglas de formación, sus tesis iniciales monaria; de pares de elementos, si es
o axiomas (si es axiomático) y sus re- binaria, etcétera.
glas de transformación. Las dos pri- La correspondencia F es una aplica-
meras partes (los símbolos y las reglas ción de S en D,R: a cada símbolo de
de formación) se denominan la «gra- S asigna una interpretación en <D,R>,
mática del sistema», en tanto que las de modo que a una fórmula A de S, tal
otras dos reciben el nombre de «apa- que A = P. (x~, x z , x 3 , ..., x .) corres-
rato deductivo». Sobre la gramática del ponde en, <D,R>, Ri (a~, a 2 , a3 , ...,
sistema se basa el concepto semántico a, .), siendo R~, Rz, R3 , ... funciones bien
de modelo. definidas en D. Así, p.e., sobre la fór-
2. Definición de modelo. Dado un mula a E N. ~. a+ 1 E N, pertenecien-
sistema formal S, un modelo M de S es te al sistema axiomático de Peano,
un par ordenado de entidades, M= cabe establecer la aplicación F~ sobre
<D,R>, puesto en correspondencia F el dominio de los números naturales y
con S, y tal que: (1) todo axioma de S la función o predicado monario «es su-
es válido en <D,R>; (2) si en S de un cesor de», obteniendo el enunciado:
conjunto de fórmulas P = {A~, A2 , A 3 , <~si a es número natural, entonces el
..., A~} se deduce B (en símbolos: I' sucesor de a también es número natu-
~B), y A l , AZ , A3 , ..., An son válidas en ral». Pero cabe también establecer otra
<D,R> formando el conjunto ~, en- aplicación, FZ, sobre otro dominio (la
tonces también B es válida en <D,R>, sucesión 1, 1/2, 1/4, 1/8...) y otra fun-
dicho de otro modo, B es una conse- ción monaria («la mitad de»), en cuyo
SISTEMA / MODELO 529

caso se obtiene el enunciado: «si a es primer orden es completo semántica-


un miembro de la sucesión 1, 1/2, 1/ mente, esto es, que toda fórmula váli-
4, 1/8, ..., entonces la mitad de a tam- da es derivable, es equivalente a la de
bién es miembro de la sucesión 1, 1/2, que toda fórmula es refutable o satis-
1/4, 1/8...». La aplicación F se llama facible. Por lo tanto, la prueba de
también interpretación de S en <D,R>. Gödel de la completitud incluye la
La función V es una función de prueba del teorema de Löwenheim-
funciones; esto es, dada una fórmula Skolem, el cual establece que una fór-
A de S, p.e., O E N, en virtud de la mula satisfacible en un dominio no
oportuna aplicación F. obtenemos el vacío es también satisfacible en un
enunciado E de <D,R>: «cero es nú- dominio enumerable.
mero», y la función V -establecida De forma general, pues, la comple-
según reglas recursivas- asigna a A un titud semántica no implica la comple-
valor en función de E, según que los titud sintáctica. Pero, siendo S el siste-
argumentos de E cumplan, o no, su ma de lógica de primer orden, el teo-
correspondiente función. En el ejem- rema de Gödel dice que toda fórmula
plo, el argumento «cero» cumple cier- válida es una tesis de S, esto es, que si
tamente, la función «es número». Si ~A, entonces ~A, definición de com-
el conjunto de los valores para ser pletitud sintáctica. La recíproca, si FA,
asignados por V consta de dos valo- entonces ~A, define la consistencia de
res veritativos (representados por 1 y S: si A es derivable en S, entonces es
0), se dice que la fórmula A es verda- lógicamente válida. Y, puesto que la
dera para la interpretación F si el definición de modelo exige en su cláu-
valor de la función V es 1, esto es, sula (1) que todo axioma de S sea
VF D,R (A) = 1; y que la fórmula A es válido en <D,R>, esto significa que si
falsa para la interpretación F si el un sistema admite un modelo, es con-
valor de la función V es 0, esto es, sistente.
VF <D.R> (A) -0. 3.2. Sistema categórico. Un sistema
Si A es una fórmula de S y F una formal S se llama categórico si todos
interpretación de A en D,R tal que sus modelos son isomorfos. Dos mo-
VF
<D,R> (A)=1, se dice que la inter- delos, M y M', de un sistema S son
pretación F satisface A en <D,R>. isomorfos si y solo si:
3. Relaciones entre las categorías I. Existe entre sus dominios respec-
semánticas y las categorías sintácticas. tivos un conjunto F = { f , fz, f , ..., f }
3.1. Sistema semánticamente com- de correspondencias biunívocas (a cada
pleto. Si toda fórmula válida en el elemento de M corresponde uno y solo
modelo M es una tesis del sistema S, un elemento de M; y recíprocamente),
se dice que S es completo semántica- tales que
mente con relación a M. Gödel (Die II. Para toda fórmula A de S y cual-
Vollständigkeit der Axiome des logis- quiera que sea la interpretación consi-
chen Funktionenkalküls, 1930) probó derada en M, el valor que toma A en
que el sistema de la lógica de primer M es idéntico al que toma A en M'
orden es semánticamente completo para la interpretación que se aplica a
con relación a todo modelo con domi- los elementos que en M' son imágenes
nio enumerable, quedando, así, como (por F) de los elementos que en M
corolario de esta prueba el teorema de constituyen la interpretación de A.
Löwenheim-Skolem, ya que la afirma- Esto es, para todo par de modelos M.,
ción de que el cálculo de preciados de M, se cumple que VM . (A) = VM_(A).
530 SISTEMA / MODELO

La categoricidad de S implica su mejorando la comunicación entre los


completitud sintáctica, ya que (prueba especialistas».
por reducción al absurdo), suponga- La teoría general de sistemas tiene
mos que S es categórico y sintáctica- por objeto la exploración de las pro-
mente incompleto. Se puede, enton- piedades, leyes y modelos de los siste-
ces, encontrar una fórmula A, tal que mas. Las nociones fundamentales aquí
(1) A no es una tesis de S, y añadida son las de totalidad, analogía u homo-
a los axiomas de S se obtiene un siste- logía lógica e isomorfismo, cuya traba-
ma S' consistente; (2) y añadida -A a zón ha contribuido al desarrollo y
l os axiomas de S se obtiene otro siste- enriquecimiento de la idea de sistema.
ma S' también consistente. Al ser S' y Además de la teoría de los sistemas
S" consistentes, tienen modelos M' y estáticos (lógico-matemáticos, axiomá-
M", que también son modelos de S. ticos) centrada en el estudio sincróni-
Tenemos, entonces que M' y M" no co -su definición, relaciones entre sus
pueden ser isomorfos, ya que VN, ( A) elementos y sus leyes de deducción- se
= 1 y V„,,( -A) = 1 (o su equivalente ha desarrollado la teoría dinámica de
V~A ,(A) = 0). Pero como, por hipóte- sistemas, que se ocupa de la variación
sis, M' y M" son isomorfos (por ser S de los sistemas en el tiempo (de su
categórico), cabe concluir (por reduc- «conducta»). Estos se clasifican por
ción al absurdo) que S es sintáctica- órdenes, grados, número de variables
mente completo. dependientes, etc. La noción funda-
4. Teoría de sistemas. La expresión mental aquí es la de variable de esta-
«teoría general de sistemas» fue em- do. El sistema viene definido, enton-
pleada por primera vez por Von Ber- ces, como un conjunto de n variables
talanffy en los años cuarenta del siglo de estado y su variación en el tiempo
Xx: «La teoría general de sistemas es se expresa usualmente (Bertalanffy)
una teoría lógico-matemática que se mediante un conjunto de n ecuaciones
propone formular y derivar aquellos diferenciales simultáneas de primer
principios generales aplicables a todos orden de la forma:
los "sistemas"». El fuerte desarrollo de
esta disciplina y el creciente interés
por ella de los investigadores llevó a El conjunto de ecuaciones diferen-
la fundación de la sociedad para la In- ciales de esta forma permite expresar
vestigación de Sistemas Generales, formalmente las propiedades esencia-
como filial de la Asociación America- les de este tipo de sistemas, tales
na para el Progreso de la Ciencia. El como totalidad, suma, estabilidad,
programa de la Sociedad, formulado crecimiento, competición, alometría,
en 1954, establece que «las funciones finalidad, etc., y describe la «conduc-
de mayor importancia son: 1) investi- ta» del sistema.
gar el isomorfismo de conceptos, leyes 5. Tecnología de sistemas. El fuerte
y modelos en varios campos, y pro- desarrollo de la teoría de sistemas ha
mover transferencias útiles de un cam- venido dado en un proceso de reali-
po a otro; 2) favorecer el desarrollo mentación e influjo recíproco entre
de modelos teóricos adecuados en categorías científicas y técnicas. La
aquellos campos donde falten; 3) re- ingeniería de sistemas ha desarrollado
ducir en lo posible la duplicación del técnicas, modelos, planteamientos de
esfuerzo teórico en campos distintos; otras disciplinas como la teoría de cir-
4) promover la unidad de la ciencia cuitos, la cibernética, etc. y sobre todo,
531
recientemente, la Inteligencia Artifi- memos metodológicos para la adquisi-
cial: sistemas expertos. ción de conocimiento, para el aprendi-
6. Filosofía de sistemas. Finalmen- zaje del lenguaje, para la elaboración de
te, hay un proceso de influjo recípro- metáforas, (método muy utilizado ya
co entre las técnicas y categorías de la desde Aristóteles), y para todo proceso
teoría de sistemas y las ideas (plano «creador».
filosófico). La raíz de la noción de
sistema y su influencia en el ámbito de ADDISON, J., W., HENKIN, L. y TARSKI,
las ideas (de la filosofía) está en la A. (eds.), The Theory of Models. Procee-
afirmación platónica (Teeteto, 204 B) dings of the 1963 International Sympo-
de que el conocimiento del todo -el sium at Berkeley, Amsterdam, North-Ho-
carro- no se reduce al de sus partes lland, 1965; ARACIL, J., Máquinas, siste-
mas y modelos, Madrid, Tecnos, 1986;
-las «cien piezas»-. El sistemismo o la
BADIOU, A., El concepto de modelo
sistémica ha crecido lejos del atomis- [1969], Buenos Aires, Siglo XXI, 1972;
mo y más cerca del holismo y del or- BERTALANFFY, L. von, Teoría general de
ganicismo, echando muchas ramas fi- los sistemas [1968], México, FCE, 1976;
losóficas (ontológicas y epistemológi- BUNGE, M., A World of Systems, Dordre-
cas, principalmente) de gran consisten- cht, Reidel, 1979; FREUDENTAHAL, H.
cia. La sistémica estudia la estructura- (ed.), The Concept and the Role of the
ción de la realidad en sistemas físicos, Model in Mathematics and Natural and
Social Sciences, Dordrecht, Reidel, 1961;
químicos, vivientes y sociales en su
KLIR, G. J., An Approach to General Sys-
creciente complejidad, y busca los pa- tems Theory, New Yorlc, Van Nostrand
ralelismos comunes entre sistemas para Reinhold, 1969; LASZLO, E. y VON BER-
extraer leyes (isomórficas) que resul- TALANFFY, L., Hacia una filosofía de sis-
tan luego útiles para conocer múlti- temas. Valencia, Cuadernos Teorema,
ples realizaciones (modelos) de un 1981; NAGEL, E., SUPPES, P. y TARSKI,
mismo sistema. A. (eds.), Proceedings of the 1960 Interna-
En el plano más estrictamente epis- tional Congress on Logic, Methodology,
temológico, la sistémica sostiene que un and Philosophy of Science, Stanford, SUP,
1962.
objeto es tal y se define por sus interre-
laciones con los demás (en el sistema) y
Julián Velarde Lombraña
es objeto de conocimiento o de expe-
riencia en tanto que soporte de relacio-
nes de múltiples sujetos (en un sistema).
Frente a la filosofía empirista o positi-
vista, solidaria del atomismo y del fisi-
cismo, esta filosofía sostiene que un
ecosistema o un sistema social son tan
reales y tan objetos de conocimiento y
de experiencia como un árbol o un
perro. Y, finalmente, la filosofía de sis-
temas ha dado un gran impulso a una
noción esencial para la epistemología:
la analogía. La analogía queda enrique-
cida a través del isomorfismo entre sis-
temas. Buena parte del pensamiento
humano es analógico: los esquemas
analógicos constituyen potentes instru-