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La proporción áurea, el número de oro

¿Sabéis qué relaciona la manzana de Apple con la proporción áurea?, ¿Y con la distribución de
los pétalos en una flor?, ¿Y con las proporciones de nuestro cuerpo?.Esta proporción ha
fascinado desde hace siglos al ser humano, que lo ha considerado un indicador de la perfección
y la estética. En el Renacimiento, muchos artistas y arquitectos compusieron sus trabajos con la
intención de aproximarse a la proporción áurea, convencidos de que esta relación atribuía a las
obras un carácter estético especial.

Ejemplos como, el hombre ideal o el Hombre de Vitruvio, dibujado por Leonardo Da Vinci y
considerado un ideal de belleza, está proporcionado según el número áureo. En la antigua Grecia
se utilizó para establecer las proporciones de los templos tanto en su planta como en sus
fachadas, como en El Parthenon. La Gioconda o La última cena de Leonardo Da Vinci, El David
o La Sagrada Familia de Miguel Ángel, El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli son sólo
algunas de las obras más conocidas que se crearon respetando esos conceptos.

Ese es el caso de phi, el número de oro. No es nada más que una cifra: 1,61803… seguido por
infinitos decimales. Sin embargo, se trata de uno de los números que más fascinación ha
levantado a lo largo de la historia.

Conviene distinguir tres componentes distintos en la historia del número áureo.


– El número de oro, ‘phi’ o número áureo, es un número irracional que se expresa con la fórmula:

NUMERO AUREO ESTRELLA

– La divina proporción o proporción áurea, es un concepto geométrico, que se da cuando al


partir un segmento en dos partes desiguales, dividiendo el total por la parte más larga
obtenemos el mismo resultado que al dividir la más larga entre la más corta. Podemos ver cómo
aparece esa relación en el pentágono áureo:

– La sucesión de Fibonacci, entra en el campo de la aritmética y está íntimamente relacionada


con el número de oro. Se trata de una serie infinita de números naturales que empieza con un
0 y un 1, y continúa añadiendo números que son la suma de los dos anteriores, quedando con
la forma siguiente: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1.597, 2.584,
4.181, 6.765, 10.946, 17.711, 28.657… Uniendo el concepto aritmético con su representación
geométrica se obtiene una de las imágenes más comúnmente asociadas al número y la razón
áurea: la espiral de Fibonacci.

La relación de esta sucesión con el número de oro estriba en que al dividir cada número por el
anterior de la serie se obtiene una cifra cada vez más cercana a 1,61803, quedando el resultado
alternativamente por debajo y por encima del número preciso, sin llegar nunca a alcanzarlo
absolutamente.

Diferenciados y relacionados estos tres conceptos, me gustaría animaros a descubrir en nuestra


vida diaria, detalles sorprendentes que nos rodean y se relacionan con el número áureo. Su
descubrimiento se lo debemos a los griegos, ellos le dieron un tratamiento básicamente
geométrico, y fue Euclides en su obra Elementos uno de los primeros que se refirió a este
concepto. A este número se le han dado muchos nombres: áureo, dorado, divino… pero se llamó
por primera vez “Divina Proporción” a principios del Siglo XVI . La fascinación por la proporción
áurea ha sido tal a lo largo de la historia que en 1509 el matemático y teólogo italiano Luca
Pacioli publicó un libro titulado La Divina Proporción, en el que daba cinco razones por los que
el número áureo era divino:

– La unicidad del número, que se asemeja a la unidad de Dios;

– El hecho de que esté definido por tres segmentos de una recta, asemejándose así a la Trinidad;

– La inconmensurabilidad del número, igual que Dios es inconmensurable;

– Dios es omnipresente e invariable, igual que lo es este número;

– Dios dio ser al Universo a través de la quinta esencia, representada por un dodecaedro, y el
número áureo dio ser al dodecaedro.

Nuestros ojos analizan más eficazmente una imagen si está encuadrada en un rectángulo áureo,
de forma que ésta proporción áurea, se ha utilizado de forma intuitiva desde la Antigüedad hasta
nuestros días, porque es la forma más cómoda y agradable a la vista.

Si trasladamos la secuencia numérica a un rectángulo nos encontramos con el siguiente ejemplo


para una mejor comprensión:
Si seguimos la división con la sucesión de Fibonacci:

Uno de los motivos por los que esta cifra lleva siglos fascinando a los que la estudian, es que se
encuentra de forma natural en los lugares más insospechados. Por ejemplo, la formación de
borrascas, la disposición de los pétalos de las flores, la caracola de algunos animales, la
distribución de las pipas en un girasol, las órbitas de los planetas, nuestra propia oreja…

Efectivamente, hasta en el cuerpo humano podemos encontrarnos con la proporción áurea. En


nuestra misma oreja, al unir diferentes vértices con una línea, nos aparecerá la famosa Espiral
de Oro que se encuentra muy presente en la naturaleza resultando visualmente una proporción
“natural”.

El ideal de belleza sería expresado de la siguiente manera: la altura total debe ser igual a la
distancia entre las puntas de los dedos teniendo los brazos y las manos totalmente abiertos.
Esto equivale a ocho palmos, ocho veces la cara o seis veces los pies. En total, es la misma
distancia que obtendríamos si multiplicásemos por 1,618 la distancia que separa nuestro
ombligo del suelo.

Insospechado también, es ver la sucesión de Fibonacci, en la Bolsa. Entre las herramientas que
utilizan los analistas para intentar predecir el comportamiento de un valor están las
proyecciones de Fibonacci. Marcan niveles en los que se pueden producir picos en la gráfica:
tanto rebotes de subida si el valor está cayendo como de bajada si se encuentra al alza.

Pero podemos encontrar ejemplos de ésta proporción, tan celebrada, sin tener que irnos a un
museo, ni mirar a las estrellas, ni invertir en bolsa. Las tarjetas de crédito que utilizamos a diario,
el diseño de las páginas web, las cajetillas de tabaco y hasta un simple folio son todos rectángulos
áureos. Eso quiere decir que se dividimos su lado más largo por el más corto, la solución sería
1,618.
De una forma u otra, esta ley matemática, así como su historia y su relación con la creatividad
humana resulta increíble, fascinante y misteriosa, y su vínculo con el diseño actual de logotipos
es sin duda también un tema curioso:

El común denominador de todos estos hechos, es que de una forma u otra están relacionados
con la proporción áurea o con la serie de Fibonacci. Por eso algunos expertos postulan que el
número Phi sea al crecimiento orgánico y a los cánones de belleza lo que Pi es a la medición del
círculo: el número en el que están basados todos los cálculos y fenómenos.

Os dejo un vídeo, donde podéis compartir unos minutos con el Pato Donald y vuestros hijos, y
descubrir con ellos, la magia del número de oro.

NUMERO AUREO PLANTAS

El Número de Oro está presente en todas las plantas y significativamente en sus hojas, con
alguna de sus expresiones básicas: él mismo ( F =1,618...), su inverso (1/ F=0,618...) su
cuadrado ( F2=2,618...) u otra relacionada, como Ö5.

La solución propuesta para cada árbol no es la única posible porque siendo el Número de Oro
el rector de la forma de sus hojas, se puede encontrarlo de diferente forma, dependiendo del
proceso de cálculo que en cada caso se elija.

No importa que una especie tenga heterofilia (fenómeno de polimorfismo de las hojas
normales), como es el caso del Ginkgo Biloba; sus diferentes formas de hojas siempre estarán
determinadas por el Número de Oro.

Aquí se presenta una pequeña muestra de hojas de árboles de ornato urbano, con la clara
expresión del canon de armonía de las proporciones.

CARACOL

Y todas las medidas que son proporcionales con esta razón, , se conocen
como proporción áurea o divina proporción. Y esto es lo que se manifiesta en la
reproducción de los conejos también aparece en otros aspectos de la naturaleza.
Por ejemplo, en las espirales de un caracol nautilus cumplen que en cada parte
las proporciones siguen las mismas que dos números de Fibonacci consecutivos:
La razón áurea en el cuerpo humano: PABELLON DE LA OREJA

Se han encontrado relaciones áureas entre distintas partes del cuerpo humano. Por ejemplo, la

relación que hay entre la altura de una persona y la altura a la que se encuentra su ombligo. La

misma relación aproximada guardan nuestras extremidades. Asimismo, mantienen esta

proporción los huesos de los dedos de la mano formados por los metacarpianos y las tres
falanges.

También encontramos las proporciones áureas en los dientes y labios humanos.


Figuras geométricas

Tomemos un segmento de longitud uno y hagamos en él la división áurea. Obtenemos una


ecuación de segundo grado, cuya solución positiva es el llamado Número de Oro o Número
Áureo, representado por el símbolo griego Φ (PHI).

Un rectángulo de proporciones áureas (o proporciones divinas, como también se han


denominado) guarda una relación entre sus lados igual a este número.

Para dibujarlo (figura de la izquierda), trazamos un cuadrado y marcamos el punto medio de uno
de sus lados. Luego unimos este punto con uno de los vértices del lado opuesto y llevamos esa
distancia sobre el lado inicial, obteniendo el lado mayor del rectángulo.

La relación entre la diagonal del pentágono y su lado (figuras de la derecha) también representa
el número de oro PHI. También podemos comprobar que los segmentos QN, NP y QP están en
proporción áurea.