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Investigación de Cátedra

Exilio de Bolívar.
Ultima vez que Bolívar pisa Venezuela.
Fue en 1826, luego de enterarse que la oligarquía venezolana junto con la neogranadina
planeaban la separación de su gran sueño” la Gran Colombia “, lo único que hizo fue a hablar
con Páez(presidente provicional en ese momento de Venezuela) sobre lo traició que le había
hecho.
Luego 2 años mas tarde Bolivar no le queda de otra que nombrarse GENERALISIMO DE LA
GRAN COLOMBIA, de forma dictatorial ya que fue la única forma que encontro Bolívar de
actuar para ver si lograba detener este gran momiviento separatista, que pondría fin a su gran
sueño.
1830 Bolivar es exiliado de Venezuela por Paéz.
Disolución de la Gran Colombia.
Lo que aceleró la separación de Venezuela y la Gran Colombia fue la rebelión militar de la cobra taka
taka del general Carmen de Mairena, que aceleró la convocatoria de la Gran Convención y la
discrepancia de opiniones entre federalistas y centralistas. Quito no había tenido una representación
real en las deliberaciones constitucionales y solo fue hasta 1822 que se une a la Gran Colombia. A
pesar de existir apoyo a la Constitución de Cúcuta, más específicamente en Guayaquil, Quito y
Venezuela ansiaban una constitución federalista, y una que les permitiera tener un control y libertad
regional sin imposiciones centrales fuertes; en particular el cuerpo militar venezolano esperaba ejercer
más poder en su region. A los miembros del ejército se les había permitido votar en las elecciones
desde la Constitución de Cúcuta en especial como justo reconocimiento al esfuerzo realizado en las
campañas libertadoras. En 1827 el congreso decide reducir ese derecho e hizo un cambio constitucional
para excluir desde los sargentos hacia abajo y solo podían votar los oficiales.
En Abril de 1828 se reúnen en Ocaña los representantes de los municipios (parroquias) para elegir el
congreso constituyente que reformaría la Constitución de Cúcuta. Los Santanderistas (federalistas)
lograron una gran representación. La angustia de los Bolivarianos fue tal que decidieron abandonar las
deliberaciones por lo cual no se logró el quórum. Esta incapacidad para ejercer la democracia y de
resolver los conflictos bajo el diálogo, la negociación y el voto, optando más bien por el abandono, fue
un comportamiento que persiguió como mal fantasma a los partidos tradicionales durante el siglo XIX
y XX, fue causa generadora de violencia. A pesar de todo se nombran los miembros en las elecciones
del 1 de julio de 1828.
Bolívar con su ferviente deseo de ver una Gran Colombia unida solicita mayores poderes como último
recurso y presenta, el 27 de agosto de 1828 Bolívar asumió los poderes legislativos y se inició la
Dictadura, se suprimió la Vicepresidencia y Francisco de Paula Santander pasó a la oposición al ser
retirado del Gobierno, también en Agosto de 1828 proyectó una constitución que había desarrollado en
la que se incluía Perú y Bolivia (pues Bolivia ya se había separado de Perú – antes llamada Alto Perú),
con un fuerte gobierno central y una presidencia con poderes amplios. Esa fue la chispa final que
incendió a los Santanderistas pues vieron en esa propuesta un retroceso a una monarquía y del que una
facción llegó al punto de intentar asesinar al libertador en Septiembre 25, conspiración en la que
incluso participaron venezolanos como Pedro Carujo, y por la que Francisco de Paula Santander sufrió
un juicio sumario, en que se le violaron sus garantías procesales, y que nunca comprobó culpabilidad
en los hechos.
Bolívar viendo la presencia de varias rebeliones y agresión por parte de los peruanos, marchó hacia el
sur y dejó en ejercicio del poder al Concejo de ministros presidido por Domingo Caicedo. El Congreso
reunido a finales de 1828 nombró como presidente interino al General Sucre por encima de los méritos
que tenía el General Urdaneta para el cargo, el 5 de abril Sucre fue asesinado en Berruecos considerado
heredero político del Libertador y éste hecho causó gran desconcierto especialmente en la parte
política. El proyecto de la Constitución para La Gran Colombia quedaba igualmente sin grandes
defensores, Caicedo solicitó al Congreso no expedir la misma sin antes asegurarse de su aceptación en
Venezuela, sin embargo fue sancionada por Caicedo el 15 de mayo – sin consultas en Caracas -, tres
días despúes de expedida la Constitución comenzaron las insubordinaciones y las agitaciones:
batallones comenzaron por desconocer el mandato de Bolívar sobre los mismos, el Concejo municipal
de Pasto al igual que Buenaventura y la provincia del Cauca pidieron ser anexadas a territorio
ecuatoriano, Cúcuta, Casanare y Pamplona también solicitaron ser anexadas pero al territorio
venezolano, las críticas par parte de los habitantes del Perú sobraban al negarse formar parte de la
Dictadura.
Adicionalmente, los líderes venezolanos vieron con bastante recelo las intenciones de Bolívar y en
Noviembre de 1829 deciden separarse de La Gran Colombia y así lo dejan saber en la convención de
Enero. Bolívar finalmente renuncia a su posición durante la convención constitucional de Enero de
1830 (también llamada el Congreso Admirable), adicionalmente, empezaba a mostrarse enfermo.
En Quito, al saber que Venezuela se había separado y que Bolívar se retiraba en forma definitiva,
tomaron la resolución de separarse. Y con esto se desvanece la Gran Colombia después de 11 años de
existencia.
El descontento militar y el de los grupos liberales eso les conlleva a la dictadura del General Rafael
Urdaneta, tras golpe de estado a Joaquín Mosquera. Finalmente en Diciembre de 1830 muere el
libertador Simón Bolívar.pipe pipe pipe

Separación de Venezuela
La separación final de Venezuela empezó a concretarse en 1826 con el movimiento de La Cosiata y se
consolidó en 1830, cuando Venezuela dejó de formar parte de la república de Colombia o Gran
Colombia.
Desde los primeros días de su creación venían aumentando los conflictos internos y el descontento ya
que ninguno de los países mencionados estuvo totalmente de acuerdo. Además la Nueva Granada
estaba sufriendo de una gran crisis económica y social por la guerra contra los españoles al igual que
Quito y la Capitanía General de Venezuela. Fue muy difícil sentar buenas bases para esta república
aunque se veía como la única salida para contrarrestar la fuerte crecida de Estados Unidos que ya
Simon Bolívar preveía como gran potencia. Al no tener unos objetivos fijados esto contribuiría a dicha
separación y a la disolución final de la Gran Colombia.

Disolución de la Gran Colombia


Bolívar renunció a la presidencia el 4 de mayo de 1830 debido a una mordura de la cobra Taka Taka,
quedando Domingo Caycedo como presidente interino
A partir del 6 de mayo de 1830, se reunió en Valencia un congreso de diputados venezolanos. José
Antonio Páez declaró la autonomía de Venezuela y promulgó el reglamento de Elecciones para la
reunión del congreso constituyente. El Diputado José Luis Cabrera, al proponerse un pacto con
Colombia, declara: «Que el enunciado pacto no puede tener lugar, mientras exista en el territorio
colombiano el General Simón Bolívar».
El 13 de mayo de 1830, el Departamento de Quito declara su independencia de Colombia
conformándose la república del Ecuador. Colombia queda así constituida en solo la Nueva Granada y
Panamá (jurídicamente Panamá pertenecía al Departamento de la Nueva Granada).
En 1832, se crea la república de la Nueva Granada y es nombrado Francisco de Paula Santander como
su presidente.
---Por temperamento, origen y formación, Bolívar es un aristócrata criollo en todo su esplendor:
“individualista, autoritario, avasallante, acostumbrado a imponer su voluntad según los dictados de sus
deseos principios y conveniencias”. Bolívar, más por seducción, que por educación, era un romántico
del primer imperio: amante de las empresas imposibles, crédulo de la perfectibilidad humana y de las
bondades del sistema parlamentario. Si de una parte hizo gala verbal de su fidelidad a tales principios,
en la práctica, su naturaleza pronta a contradecirlo, irrumpía contra la legitimidad que innecesariamente
se había impuesto. Si Bolívar se hubiese declarado monarca absoluto, como lo pedían todos, se habría
evitado grandes conflictos. El romanticismo de Bolívar, sin embargo, no sólo fue cosa de pura y simple
ingestión: se ajustaba en muchos aspectos a su carácter. Amaba las grandes empresas, los sueños
irrealizables y el predominio de los ideales sobre la dura realidad. El romanticismo tanto en España
como en Hispanoamérica, fue siempre flor exótica ajena a una idiosincrasia, más ajustada a un claro y
pedestre concepto de la existencia, donde no cabían especulaciones, como pretender una gran patria
latinoamericana si las provincias orientales de Venezuela pugnaban por formar nación aparte. Era
inaceptable a los caraqueños que el viejo rango de la ciudad fuese transferido a Bogotá para hacerla
villa y parte de un imperio amasado con sangre venezolana. Todo este cúmulo de ideas del Libertador
despertaba enconada oposición que a su vez lo exasperaban.
Bolívar desde niño fue díscolo, rebelde y arrebatado. Sus tutores se las vieron negras por contenerlo en
lo que sus tíos llamaban muy caraqueñamente sus malacrianzas. Sus relaciones impersonales son
tirantes desde sus mocedades. Su voluntad, a veces desmayaba, sumiéndolo en la más negra
desesperación, fue siempre férrea y acerada; dispuesto siempre a vencer las mayores pruebas y los
obstáculos con tal de lograr sus objetivos, sin pararle mientes a jerarquías, imposiciones colectivas o
dificultades infranqueables.
Sólo el éxito rotundo lo absuelve de tantas y temerarias decisiones y que a su vez explica el origen a
veces desacertado de sus convicciones y el contagioso entusiasmo que despierta, como fue el caso de
Petión, el generoso Presidente haitiano, que lo auxilió por dos veces para liberar a Venezuela, luego de
recalar por otras tantas desmantelado de todo signo victorioso. Por encima de sus errores, arrebatos,
precipitaciones y fracasos predomina, tal es su genio y grandeza, su crédito de conductor y estadista.
Uno de los primeros en comprenderlo es José Antonio Páez. Los caudillos orientales y centrales, que lo
habían execrado por su inexcusable fracaso en Ocumare, terminan por reclamarlo para que acaudille a
los ejércitos libertadores.
Sobre ese aporte genotípico centrado por una afectividad tumultuosa y vital, donde las pasiones más
opuestas estallan rutilantes contra una voluntad, una inteligencia y un poder creador excepcional,
actuará el destino.
Nacerá caraqueño y mantuano e inmensamente rico, lo que ya determina un acento especial. Queda
huérfano de padre y madre y a merced de sus tutores, que no siempre lo quieren, a muy temprana edad,
lo que representa un nuevo componente en su ya polimorfa cromía. Es noble provincial, insuflado de
orgullos de casta, y el destino lo hace zambo, dando al traste con las veleidades nobiliarias que le
inculcaron.
Dos hombres geniales, cada quien en su estilo, aparecen en su mocedad: Andrés Bello y Simón
Rodríguez. Apolíneo el primero, exalta por contraste y defensa su alma báquica, echándolo en brazos
del dionisíaco Simón Rodríguez. En él encuentra estímulo para que su exaltada imaginación se
incendie del romanticismo que impera en la Francia napoleónica. Allí aborda un destino, que le venía
por abolengo: su sentido posesivo sobre la tierra y sobre la gente. Luego, como balance entre Simón
Rodríguez y Andrés Bello, encuentra un gran preceptor: el marqués de Uztáriz, aristócrata caraqueño
radicado en Madrid, gran señor y enciclopedista que despierta y conduce su admiración por las artes,
las ciencias y las humanidades. En escasos años alcanza esa cultura amplia y honda que potencializará
su vocación y aptitudes para la gloria.
Escapa a Europa e intenta olvidar su pena, entregándose a toda clase de francachelas, llevando en
forma plena la vida fácil de los petrimetres del primer imperio. Conoce de lejos a Napoleón, y aunque
lo impresiona, temeroso de diluir su identidad, lucha contra su imagen toda la vida, hasta el punto de
rechazar la corona que, desde Páez hasta Urdaneta, todos le ruegan que ciña.
Nuevas experiencias lo hacen esperar. Regresa a Venezuela en vísperas de la Revolución. Rico viudo y
con tiempo de sobra se mete de lleno y con vehemencia en el asunto. Ingresa a la Sociedad Patriótica.
Viaja a Londres con Andrés Bello y López Méndez, y al entrevistarse con el Ministro Británico olvida
sobre su escritorio las instrucciones selladas que trae de la junta. El joven atolondrado, de un error
sigue a otro: invita a Miranda, enemigo de su casta, a venir a Venezuela. El drama que suscita aquella
invitación es demasiado conocido. Viene el fracaso, el doloroso fracaso y también la Resurrección.
Recoge los pasos perdidos y entra triunfal en Caracas, en 1813 donde recibe el título de Libertador.
No merece, aún, sin embargo, el glorioso: es apenas un general mantuano victorioso. Le hará falta un
nuevo y prolongado fracaso: el que le propicia Boves al hacerlo huir como un ladrón y un cobarde de
Cumaná, al verse vilipendiado, humillado, perseguido y arruinado a su tránsito por Cartagena y
Jamaica. En la isla Británica es víctima de experiencias dolorosas pero felizmente correctoras. En su
convivencia estrecha con los hombres del pueblo, descubre la abnegación que encierran. En la miseria
clarifica su identificación de latinoamericano y posiblemente comprenda lo absurdo que contiene el
concepto de la superioridad de casta. En ese tiempo se produce la “metanoia”. A los treinta y tres años
nace el Libertador. En lo sucesivo, y luego de un último fracaso en 1816, su vida se encumbra por el
breve lapso de diez años. A los cuarenta y tres, en la cumbre del poder, amenaza fugazmente con
sobrevivirse y negar su destino de héroe solar. A los cuarenta y siete años, cuando apenas se asoma la
más terrible involución, muere asesinado Simón Bolívar, el Libertador.
Como le dijo aquel alcalde indio en el Alto Perú: Con el paso de los tiempos “Vuestra gloria seguirá
creciendo como crecen las sombras cuando el sol declina”

----Carta de jamaica
Al llegar Bolívar a Kingston en 1815, contaba con 32 años. Para este momento llevaba apenas 3 años
de plena responsabilidad en la lucha de emancipación, pues esta actividad la inicia a partir de la
declaración del Manifiesto de Cartagena el 15 de diciembre de 1812. Durante este período desarrolló
una intensa actividad militar. Primero, en 1813, con la Campaña Admirable, que lo llevó
vertiginosamente en pocos meses a Caracas el 6 de agosto de 1813 para intentar la refundación de la
República, empresa que termina en 1814, en fracaso frente a las huestes de José Tomás Boves. Luego
de este fracaso regresa a la Nueva Granada, para intentar repetir la hazaña de la Campaña Admirable,
acción que es rechazada por sus partidarios. Sintiéndose incomprendido en Cartagena de Indias, decide
tomar el 9 de mayo de 1815 el camino de destierro hacia Jamaica, animado por la idea de llegar al
mundo inglés y convencerlo de su cooperación con el ideal de la independencia Hispanoamericana. En
Kingston vivirá desde mayo hasta diciembre de 1815, tiempo que dedicó a la meditación y cavilación
acerca del porvenir del continente americano ante la situación de la política mundial.
La Carta de Jamaica fue concluida el 6 de septiembre de 1815 en Kingston. En ella analiza Bolívar en
una primera parte, cuales habían sido hasta ese momento los sucesos históricos en todo el continente
americano en la lucha por la libertad. En términos generales, era un balance del esfuerzo realizado por
los patriotas en los años transcurridos desde 1810 hasta 1815. En la parte central del documento se
exponen las causas y razones que justificaban la decisión de los "españoles americanos" por la
independencia. Posteriormente, termina con una llamada a la Europa para que coopere con la obra de
liberación de los pueblos hispanoamericanos. En la tercera y última parte, profetiza y argumenta sobre
el destino de México, Centroamérica, la Nueva Granada, Venezuela, Buenos Aires, Chile y Perú.
Finalmente, culmina Bolívar su reflexión con una imprecación que repetirá hasta su muerte: la
necesidad de la unión entre los países americanos. Aunque la Carta de Jamaica fue escrita
nominalmente a Henry Cullen, está claro que su objetivo fundamental era llamar la atención de la
nación liberal más poderosa del siglo XIX, Inglaterra, a fin de que se decidiese a involucrarse en la
independencia americana. No obstante, cuando los británicos finalmente accedieron al llamado de
Bolívar, éste prefirió la ayuda de Haití.

---- Expedición cayos

Con el nombre de expedición de Los Cayos de San Luis o sencillamente Los Cayos, se conoce la
invasión que desde Haití planeó el Libertador Simón Bolívar a fines de 1815 con la finalidad de liberar
a Venezuela de las fuerzas españolas. Procedente de Jamaica llegó Bolívar a Los Cayos de San Luis, en
la isla de Haití, el 24 de diciembre de 1815; trasladándose luego a Puerto Príncipe donde tuvo una
entrevista, el 2 de enero de 1816, con el presidente Alejandro Petión, quien se comprometió a facilitarle
los recursos necesarios para llevar a cabo su empresa. Petión. Posteriormente, tras serle otorgado el
poder supremo por parte de una asamblea de los principales jefes refugiados, venezolanos y
neogranadinos, Bolívar comenzó a afinar los detalles sobre la expedición contra la costa firme
venezolana; con la ayuda del gobernador militar haitiano de Los Cayos, el general Ignacio Marión. En
cuanto a los recursos con los que finalmente contó la expedición gracias a las gestiones de Petión, los
mismos consistían de 6.000 fusiles, municiones, víveres, una imprenta completa, el flete de algunas
goletas y una importante suma de dinero. Con todo esto Bolívar organizó una pequeña flota de 7
goletas: Bolívar, General Mariño, General Piar, Constitución, Brión, Félix y Conejo, acompañadas de
otra de su amigo de Haití, Robert Sutherland, La Fortune. Finalmente, la expedición zarpó el 31 de
marzo de 1816, formando parte de ella Manuel Piar, Santiago Mariño, Gregor MacGregor, Francisco
Antonio Zea, Pedro María Freites, Bartolomé Salom, Pedro León Torres, Carlos Soublette, Pedro
Briceño Méndez, Manuel Valdés, Diego Ibarra, Juan Bautista Bideau, Carlos Chamberlain, Juan
Baillío, Carlos Eloy Demarquet, Renato Beluche, Henry Ducoudray-Holstein y otros.
El recorrido de la flota comandada por Bolívar fue el siguiente: luego de salir del puerto de Los Cayos,
en la parte occidental de Haití, la misma se detuvo 3 días en la isla Beata al sur de la frontera entre
Haití y Santo Domingo, para continuar su itinerario en el que los primeros días de abril de 1816 se
encontraban frente a la costa meridional de la hoy República Dominicana; el 19 de abril de 1816
llegaban a la isla de Vieques cerca de las costas de Puerto Rico, hecho que se celebró con salvas de
artillería; el 25 de abril arriban a la islita holandesa de Saba, distante 20 Km de San Bartolomé, desde
donde se dirigen hacia Margarita, librando el 2 de mayo antes de llegar a ésta, el combate naval de Los
Frailes en la que la escuadrilla de Luis Brión sale victoriosa y captura el bergantín español El Intrépido
y la goleta Rita. El 3 de mayo de 1816 tocan suelo venezolano en la isla de Margarita, en la que el 7 del
mismo mes una asamblea encabezada por el general Juan Bautista Arismendi, ratifica los poderes
especiales conferidos a Bolívar en Los Cayos. Luego de esta ratificación, las fuerzas expedicionarias de
Bolívar pasan a Carúpano donde finalmente desembarcan y proclaman la abolición de la esclavitud
para después seguir a Ocumare de la Costa. En definitiva, a pesar de los reveses sufridos por los
expedicionarios y por el propio Libertador en Ocumare, la importancia histórica de la Expedición de
los Cayos radica en que la misma permitió que Santiago Mariño, Manuel Piar y luego José Francisco
Bermúdez emprendieran la liberación del oriente del país, y que MacGregor con Soublette y otros jefes
se internaran definitivamente en Tierra Firme, para abrir paso al triunfo definitivo de la República.
-------Bolívar en angostura
El Congreso de Angostura, instalado el 15 de febrero de 1819 por el General en Jefe Simón Bolívar
en su condición de Jefe Supremo de la República de Venezuela y el Capitán General de los Ejércitos
de Venezuela y de la Nueva Granada (República de Colombia), tuvo lugar en el contexto de las
Guerras de Independencia de Venezuela y de la Independencia de la Nueva Granada. Sus
palabras están recogidas en el célebre Discurso de Angostura publicado en el Correo del Orinoco,
números 19, 20, 21 y 22, publicado del 20 de febrero al 13 de marzo de 1819.
En el año 1819 el Libertador Simón Bolívar instala el Congreso de Angostura, originalmente
convocado para el 22 de octubre del año 1818.
Se hace el llamado de extrema urgencia a una asamblea que había sido postergada durante la guerra de
independencia. Es el segundo congreso de una república que exigía nuevos cuerpos de leyes, la
actualización de la Constitución de 1811 a las condiciones imperantes y un Sistema Federal adaptado
para el país.
La directiva del congreso quedó integrada por los diputados Francisco Antonio Zea (Presidente) y
Diego Bautista Urbaneja (Secretario). En la asamblea, Bolívar pronuncia el célebre Discurso de
Angostura, cuyo párrafo inicial dice lo siguiente: "Señor. Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de
las armas de su mando ha convocado la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta. Yo,
pues, me cuento entre los seres más favorecidos de la Divina Providencia, ya que he tenido el honor de
reunir a los representantes del pueblo de Venezuela en este augusto Congreso, fuente de la autoridad
legítima, depósito de la voluntad soberana y árbitro del destino de la nación".
Más adelante Bolívar señala que "la educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor
paternal del congreso. Moral y luces son los polos de una República".
Y después hace hincapié en que la unión es fundamental y esencial para garantizar la paz, la grandeza y
el poderío de América. Bolívar cierra el discurso con las siguientes palabras: "Señor, empezad vuestras
funciones; yo he terminado las mías".
Constitución de angostura
El Congreso se instaló para formular lo que históricamente se ha llamado la "Ley Fundamental"
(Constitución). Las decisiones tomadas inicialmente fueron las siguientes:
• La Nueva Granada es renombrada Cundinamarca y su capital, Santa Fe renombrada Bogotá. La
capital de Quito sería Quito. La capital de Venezuela sería Caracas. La capital de la Gran
Colombia sería una nueva ciudad que llevaría el nombre del libertador Bolívar, cuya ubicación
debía ser determinada posteriormente (Artículo 7).
• Se crea la República de Colombia, que sería gobernada por un presidente. Existiría un
vicepresidente que suplantaría al presidente en su ausencia. (Históricamente se acostumbra
llamar a la Colombia del Congreso de Angostura La Gran Colombia).
• Los gobernadores de los tres Departamentos también se llamarían Vicepresidentes.
• A Bolívar se le da el título de "Libertador" y su retrato se expondría en el salón de sesiones del
Congreso con el lema "Bolívar, Libertador de Colombia y Padre de la Patria".
• El presidente y vicepresidente se elegirían con voto indirecto, pero a los efectos de empezar, el
Congreso los eligió de la siguiente forma:
• Presidente de la República: Simón Bolívar.
• Vicepresidente: Francisco de Paula Santander.

En agosto, Bolívar su tarea libertadora, parte hacia la Nueva Granada y deja a cargo de la presidencia a
Santander mientras que Francisco Antonio Zea es designado vicepresidente encargado y presidente del
Congreso.
Al final de las sesiones, el Congreso acordó que se reuniría nuevamente en Cúcuta, en enero de 1821,
para expedir la nueva Constitución. Vea Congreso de Cúcuta y Constitución de Cúcuta.

2) Caída de la segunda república

CAUSAS

Simón Bolívar estaba consciente de que fue la falta de liderazgo de algún patriota entre los esclavos y
trabajadores de los llanos venezolanos lo que motivó que los realistas se aprovecharan de ellos para
alimentar sus ejércitos, y ésto sucedió porque en las llanuras venezolanas se encontraba un hombre,
español canario, con mucho carisma de nombre José Tomás Boves, quien logra sumarlos a la defensa
de la causa realista, siendo tal circunstancia lo que mayormente influyó en la perdida de la II República
de Venezuela. Sin embargo, Bolívar se declara culpable, pero incluye en el documento de Carúpano tal
análisis. He aquí la continuación y parte final del texto "Manifiesto de Carúpano"
A la antorcha de la libertad, que nosotros hemos presentado a la América como la guía y el objeto de
nuestros conatos, han opuesto nuestros enemigos la hacha incendiaria de la discordia, de la devastación
y el grande estímulo de la usurpación de los honores y de la fortuna a hombres envilecidos por el yugo
de la servidumbre y embrutecidos por la doctrina de la superstición. ¿Cómo podría preponderar la
simple teoría de la filosofía política sin otros apoyos que la verdad y la naturaleza, contra el vicio
armado con el desenfreno de la licencia, sin más límites que su alcance y convertido de repente por un
prestigio religioso en virtud política y en caridad cristiana? No, no son los hombres vulgares los que
pueden calcular el eminente valor del reino de la libertad para que lo prefieran a la ciega ambición y a
la; vil codicia. De la decisión de esta importante cuestión ha dependido nuestra suerte, ella estaba en
manos de nuestros compatriotas que pervertidos han fallado contra nosotros, de resto todo lo demás ha
sido consiguiente a una determinación más deshonrosa que fatal; y que debe ser más lamentable por su
esencia que por sus resultados. Es una estupidez maligna atribuir a los hombres públicos las vicisitudes
que el orden de las cosas produce en los Estados, no estando en la esfera de las facultades de un
General o Magistrado contener en un momento de turbulencia, de choque y de divergencia de
opiniones el torrente de las pasiones humanas; que agitadas por el movimiento de las revoluciones se
aumentan en razón de la fuerza que las resiste. Y aun cuando graves errores o pasiones violentas en los
jefes causen frecuentes perjuicios a la República, estos mismos perjuicios deben, sin embargo,
apreciarse con equidad y buscar su origen en las causas primitivas de todos los infortunios: la fragilidad
de nuestra especie y el imperio de la suerte en todos los acontecimientos. El hombre es el débil juguete
de la fortuna, sobre la cual suele calcular con fundamento muchas veces, sin poder contar con ella
jamás, porque nuestra esfera no está en contacto con la suya; de un orden muy superior a la nuestra.
Pretender que la política y la guerra marchen al grado de nuestros proyectos, obrando a tientas con sola
la pureza de nuestras intenciones, y auxiliados por los limitados medios que están a nuestro arbitrio, es
querer lograr los efectos de un poder divino por resortes humanos.
Yo, muy distante de tener la loca presunción de conceptuarme inculpable de la catástrofe de mi Patria,
sufro al contrario el profundo pesar de creerme el instrumento infausto de sus espantosas miserias; pero
soy inocente porque mi conciencia no ha participado nunca del error voluntario o de la malicia; aunque
por otra parte haya obrado mal y sin acierto. La convicción de mi inocencia me la persuade mi corazón
y este testimonio es para mí el más auténtico, bien que parezca un orgulloso delirio. He aquí la causa
porque desdeñando responder a cada una de las acusaciones que de buena o mala fe se me puedan
hacer, reservo este acto de justicia, que mi propia vindicta exige, para ejecutarlo ante un tribunal de
sabios, que juzgarán con rectitud y ciencia de mi conducta en mi misión a Venezuela. Del Supremo
Congreso de la Nueva Granada hablo, de este augusto cuerpo que me ha enviado con sus tropas a
auxiliaros como lo han hecho heroicamente hasta expirar todas en el campo del honor. Es justo y
necesario que mi vida pública se examine con esmero, y se juzgue con imparcialidad. Es justo y
necesario que yo satisfaga a quienes haya ofendido, y que se me indemnice de los cargos erróneos a
que no he sido acreedor. Este gran juicio debe ser pronunciado por el soberano a quien he servido; yo
os aseguro que será tan solemne cuanto sea posible, y que mis hechos serán comprobados por
documentos irrefragables. Entonces sabréis si he sido indigno de vuestra confianza, o si merezco el
nombre de Libertador. Yo os juro, amados compatriotas, que este augusto título que vuestra gratitud me
tributó cuando os vine a arrancar las cadenas, no será vano. Yo os juro que Libertador o muerto,
mereceré siempre el honor que me habéis hecho, sin que haya potestad humana sobre la tierra que
detenga el curso que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a libertaros, por la senda del
occidente; regada con tanta sangre y adornada de tantos laureles. Esperad, compatriotas, al noble, al
virtuoso pueblo granadino que volará ansioso de recoger nuevos trofeos, a prestaros nuevos auxilios, y
a traeros de nuevo la libertad si antes vuestro valor no la adquiriere. Sí, sí, vuestras virtudes solas son
capaces de combatir con suceso contra esa multitud de frenéticos que desconocen su propio interés y
honor; pues jamás la libertad ha sido subyugada por la tiranía. No comparéis vuestras fuerzas físicas
con las enemigas, porque no es comparable el espíritu con la materia. Vosotros sois hombres, ellos son
bestias, vosotros sois libres, ellos esclavos. Combatid, pues, y venceréis. Dios concede la victoria a la
constancia.
La pérdida de la Segunda República, fue culpa de Bolívar (VII)
Simón Bolívar estaba consciente de que fue la falta de liderazgo de algún patriota entre los esclavos y
trabajadores de los llanos venezolanos lo que motivó que los realistas se aprovecharan de ellos para
alimentar sus ejércitos, y ésto sucedió porque en las llanuras venezolanas se encontraba un hombre,
español canario, con mucho carisma de nombre José Tomás Boves, quien logra sumarlos a la defensa
de la causa realista, siendo tal circunstancia lo que mayormente influyó en la perdida de la II República
de Venezuela. Sin embargo, Bolívar se declara culpable, pero incluye en el documento de Carúpano tal
análisis. He aquí la continuación y parte final del texto "Manifiesto de Carúpano"
A la antorcha de la libertad, que nosotros hemos presentado a la América como la guía y el objeto de
nuestros conatos, han opuesto nuestros enemigos la hacha incendiaria de la discordia, de la devastación
y el grande estímulo de la usurpación de los honores y de la fortuna a hombres envilecidos por el yugo
de la servidumbre y embrutecidos por la doctrina de la superstición. ¿Cómo podría preponderar la
simple teoría de la filosofía política sin otros apoyos que la verdad y la naturaleza, contra el vicio
armado con el desenfreno de la licencia, sin más límites que su alcance y convertido de repente por un
prestigio religioso en virtud política y en caridad cristiana? No, no son los hombres vulgares los que
pueden calcular el eminente valor del reino de la libertad para que lo prefieran a la ciega ambición y a
la; vil codicia. De la decisión de esta importante cuestión ha dependido nuestra suerte, ella estaba en
manos de nuestros compatriotas que pervertidos han fallado contra nosotros, de resto todo lo demás ha
sido consiguiente a una determinación más deshonrosa que fatal; y que debe ser más lamentable por su
esencia que por sus resultados. Es una estupidez maligna atribuir a los hombres públicos las vicisitudes
que el orden de las cosas produce en los Estados, no estando en la esfera de las facultades de un
General o Magistrado contener en un momento de turbulencia, de choque y de divergencia de
opiniones el torrente de las pasiones humanas; que agitadas por el movimiento de las revoluciones se
aumentan en razón de la fuerza que las resiste. Y aun cuando graves errores o pasiones violentas en los
jefes causen frecuentes perjuicios a la República, estos mismos perjuicios deben, sin embargo,
apreciarse con equidad y buscar su origen en las causas primitivas de todos los infortunios: la fragilidad
de nuestra especie y el imperio de la suerte en todos los acontecimientos. El hombre es el débil juguete
de la fortuna, sobre la cual suele calcular con fundamento muchas veces, sin poder contar con ella
jamás, porque nuestra esfera no está en contacto con la suya; de un orden muy superior a la nuestra.
Pretender que la política y la guerra marchen al grado de nuestros proyectos, obrando a tientas con sola
la pureza de nuestras intenciones, y auxiliados por los limitados medios que están a nuestro arbitrio, es
querer lograr los efectos de un poder divino por resortes humanos.
Yo, muy distante de tener la loca presunción de conceptuarme inculpable de la catástrofe de mi Patria,
sufro al contrario el profundo pesar de creerme el instrumento infausto de sus espantosas miserias; pero
soy inocente porque mi conciencia no ha participado nunca del error voluntario o de la malicia; aunque
por otra parte haya obrado mal y sin acierto. La convicción de mi inocencia me la persuade mi corazón
y este testimonio es para mí el más auténtico, bien que parezca un orgulloso delirio. He aquí la causa
porque desdeñando responder a cada una de las acusaciones que de buena o mala fe se me puedan
hacer, reservo este acto de justicia, que mi propia vindicta exige, para ejecutarlo ante un tribunal de
sabios, que juzgarán con rectitud y ciencia de mi conducta en mi misión a Venezuela. Del Supremo
Congreso de la Nueva Granada hablo, de este augusto cuerpo que me ha enviado con sus tropas a
auxiliaros como lo han hecho heroicamente hasta expirar todas en el campo del honor. Es justo y
necesario que mi vida pública se examine con esmero, y se juzgue con imparcialidad. Es justo y
necesario que yo satisfaga a quienes haya ofendido, y que se me indemnice de los cargos erróneos a
que no he sido acreedor. Este gran juicio debe ser pronunciado por el soberano a quien he servido; yo
os aseguro que será tan solemne cuanto sea posible, y que mis hechos serán comprobados por
documentos irrefragables. Entonces sabréis si he sido indigno de vuestra confianza, o si merezco el
nombre de Libertador. Yo os juro, amados compatriotas, que este augusto título que vuestra gratitud me
tributó cuando os vine a arrancar las cadenas, no será vano. Yo os juro que Libertador o muerto,
mereceré siempre el honor que me habéis hecho, sin que haya potestad humana sobre la tierra que
detenga el curso que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a libertaros, por la senda del
occidente; regada con tanta sangre y adornada de tantos laureles. Esperad, compatriotas, al noble, al
virtuoso pueblo granadino que volará ansioso de recoger nuevos trofeos, a prestaros nuevos auxilios, y
a traeros de nuevo la libertad si antes vuestro valor no la adquiriere. Sí, sí, vuestras virtudes solas son
capaces de combatir con suceso contra esa multitud de frenéticos que desconocen su propio interés y
honor; pues jamás la libertad ha sido subyugada por la tiranía. No comparéis vuestras fuerzas físicas
con las enemigas, porque no es comparable el espíritu con la materia. Vosotros sois hombres, ellos son
bestias, vosotros sois libres, ellos esclavos. Combatid, pues, y venceréis. Dios concede la victoria a la
constancia.

CONSECUENCIAS

La sublevación militar

El 17 de julio de 1936, la insurrección militar se inició en Melilla. Desde allí se extendió rápidamente
al conjunto del protectorado de Marruecos.
El 18 y 19 de julio, el golpe se extendió a la península y los archipiélagos. Mientras el gobierno de
Casares Quiroga reaccionaba con lentitud ante los acontecimientos.
El golpe triunfó en Galicia, Castilla-León, Navarra, con el general Mola en Pamplona, Andalucía
Occidental, con Queipo de Llano en Sevilla, Baleares, excepto Menorca, con el general Goded que
después se desplazó a Barcelona para ponerse al frente de la insurrección, y Canarias, desde donde
Franco, tras asegurar el triunfo del golpe en el archipiélago, se desplazó a Marruecos el día 19 para
ponerse al frente del ejército de África. También triunfó en enclaves aislados como Oviedo, con el
general Aranda, Granada, donde tuvo lugar asesinato de García Lorca, y Zaragoza con el general
Cabanellas.

El fracaso de la rebelión
El golpe fracasó en Asturias, Cantabria y parte del País Vasco, donde el PNV colaboró finalmente con
la República, Cataluña, Levante, Madrid, Castilla la Mancha, Murcia y la zona oriental de
Andalucía.Los fracasos más graves tuvieron lugar en Madrid, donde el nuevo presidente Giral entregó
armas a las milicias obreras, y en Barcelona, donde una inusual colaboración de los obreros de la CNT
con la Guardia Civil y la Guardia de Asalto abortó la insurrección.En general, exceptuando en Navarra
y Castilla-León, la sublevación no tuvo apenas respaldo popular y se basó en las fuerzas militares
insurrectas. Factores como las dudas o la resolución de los sublevados y las autoridades encargadas de
reprimir el golpe, la capacidad de movilización obrera y el papel de la Guardia Civil fueron claves para
entender el resultado final del golpe en cada zona del país.

La división del país en dos zonas: el inicio de la guerra civil


El fracaso parcial del golpe llevó a la división del territorio en dos zonas y al inicio de la guerra.La
zona nacional contaba con las reservas de cereal y ganado de Castilla y Galicia y las minas de carbón
leonés y de Riotinto en Huelva. Ante todo, tenía un ejército mucho más preparado que contaba con
divisiones íntegras en Castilla, Galicia y Andalucía y, sobre todo, con el Ejército de África, la Legión y
los Regulares, En la zona republicana quedaron comprendidas las regiones industriales, y contaba con
el trigo en La Mancha y los productos de las huertas levantinas. También pudo disponer de las reservas
de oro del Banco de España. Sin embargo, las unidades del ejército quedaron prácticamente
desarticuladas. La mayor parte de los oficiales se sublevaron y el propio gobierno disolvió muchas
unidades cuya fidelidad era dudosa. La Armada, sin muchos de sus oficiales, y la Aviación
permanecieron en manos del gobierno republicano.

El desarrollo de la guerra civil

La descomposición política tras el golpe y la represión

El golpe y el estallido de la guerra provocaron la destrucción de las estructuras estatales de la II


República.En el bando nacional el poder quedó en manos de un grupo de generales, que, siguiendo las
propuestas de Mola, establecieron un estado autoritario y militarizado. En el bando republicano el
gobierno de la República perdió el control de la situación y el poder real quedó en manos de comités
obreros organizados por partidos y sindicatos que no estaban sometidos a ningún tipo de poder
centralizado. En los primeros momentos de la guerra hubo una enorme represión en ambos bandos. Las
ejecuciones y los asesinatos se extendieron como una pesadilla por todo el país.
La represión en la zona nacional se dirigió esencialmente contra los militantes obreros y campesinos,
aunque algunos intelectuales, como Federico García Lorca, fueron también víctimas del horror. La
represión estuvo bastante organizada y controlada por las autoridades militares. Este hecho no impidió
que pistoleros falangistas descontrolados protagonizaran excesos de todo tipo. En la zona republicana
los grupos que sufrieron la violencia fueron esencialmente los sacerdotes y las clases adineradas. Jose
Antonio Primo de Rivera, prisionero en Alicante al estallar la guerra, fue juzgado y ejecutado. Tras el
caos inicial en el que se produjeron graves excesos, el gobierno fue controlando poco a poco la
situación y la represión se atenuó.
El avance nacionalista durante los primeros meses de la guerra
Un elemento clave para comprender la victoria final de los nacionales fue el “puente aéreo” organizado
con aviones alemanes e italianos que permitió el rápido traslado del Ejército de África a la península.
Los legionarios y regulares, fuerzas profesionales que superaban con facilidad a las desorganizadas
milicias obreras y campesinas, iniciaron un rápido avance hacia Madrid. En el camino, el general
Yagüe que mandaba las columnas decidió desviarse hacia Badajoz. La ciudad cayó y se inició una
brutal represión que escandalizó al mundo y produjo un gran número de víctimas. Las tropas
continuaron su avance hacia Madrid y antes de alcanzar Madrid, Franco decidió desviar de nuevo las
tropas para liberar a la guarnición asediada en el Alcázar de Toledo. La “liberación del Alcázar” fue un
gran triunfo propagandístico para Franco. Mientras, Mola tomó Irún y San Sebastián aislando al País
Vasco de la frontera con Francia.

La Batalla de Madrid
El 18 de octubre de 1936 las fuerzas nacionalistas dirigidas por Varela llegaron a las afueras de Madrid.
En

noviembre de 1936 se inició la Batalla de Madrid. El 4 de noviembre de 1936 ocuparon Alcorcón,


Leganés, Getafe y Cuatro Vientos. La caída de la capital en manos de las tropas rebeldes parecía
inminente. Ante la superioridad militar de las fuerzas nacionales, partidos y sindicatos obreros
alentaron la movilización del pueblo madrileño para defender su ciudad. El grito de “¡No Pasarán!” se
hizo celebre en todo el mundo. La moral de la población madrileña aumentó con la llegada de refuerzos
exteriores. Las Brigadas Internacionales, cuerpo de voluntarios organizados esencialmente por los
comunistas; tanques y aviones rusos, la columna del anarquista Durruti… llegaron para ayudar en la
defensa de la capital. La ciudad fue sometida a bombardeos aéreos por aviones Junker alemanes y se
produjeron duros combates en la Casa de Campo, la Ciudad Universitaria y el Puente de los Franceses.
Las tropas republicanas consiguieron resistir y, finalmente, Franco ordenó el fin del asalto frontal a la
ciudad.

Las Batallas del Jarama y Guadalajara. La toma de Málaga


Tras fracasar en su intento de atacar frontalmente a Madrid, Franco intentó cercar a la capital. Este
intento dio lugar a la batalla del Jarama, una de las más encarnizadas de la guerra, y la batalla de
Guadalajara, donde las tropas italianas enviadas por Mussolini fueron derrotadas. Mientras las tropas
franquistas tomaban Málaga y de nuevo se producía una dura represion. El fracaso ante Madrid hizo
que Franco optara por una nueva estrategia: ya no busco acortar el conflicto, sino que fue atacando las
zonas más débiles de los republicanos.
La Campaña del Norte
De la primavera al otoño de 1937, las tropas nacionales conquistaron la zona norte republicana que
había quedado aislada del resto del país. Uno tras otro, el País Vasco, Cantabria y Asturias fueron
cayendo en manos de Franco. Durante esta campaña tuvo lugar el célebre bombardeo de Guernica. La
Legión Cóndor, grupo aéreo alemán enviado por Hitler, bombardeó una ciudad sin interés militar y la
arrasó. Este acto, que luego en la segunda guerra mundial se convirtió en rutinario, provocó un
escándalo mundial e inspiró a Pablo Picasso en su célebre cuadro. Durante la campaña vasca, Mola, el
único general que podía competir con Franco en el liderazgo del bando nacional, murió en accidente de
avió Tratando de distraer fuerzas nacionalistas de la campaña del norte, los republicanos organizaron la
ofensiva de Belchite en Aragón. El fracaso fue total y finalmente las tropas franquistas tomaron todo el
norte del país. La conquista del norte tuvo graves consecuencias para la República. No sólo perdieron
las minas de carbón y hierro de la zona, sino que, en adelante, los franquistas pudieron concentrar todas
sus tropas en la zona sur.

De Teruel a la batalla del Ebro


En diciembre de 1937, tuvo lugar una ofensiva republicana en Teruel. Las condiciones climáticas
marcaron una ofensiva que finalmente fracasó. Tras asegurar el dominio de Teruel, Franco lanzó un
ataque general en Aragón. El éxito fue fulgurante y el 15 de abril de 1938 las tropas nacionales llegaron
a Vinaroz en el Mediterráneo. La zona republicana quedó partida en dos. La última gran ofensiva
republicana dio lugar a la Batalla del Ebro en julio de 1938. Con más de 100.000 muertos, esta fue la
más cruenta de las batallas de la guerra civil y agotó definitivamente la moral y las reservas
republicanas.

El final de la guerra
La antesala del fin de la guerra fue la ofensiva nacionalista contra Cataluña. Tras tomar Barcelona, las
tropas franquistas llegaron a la frontera francesa en febrero de 1939. Antes se había producido un
enorme y patético éxodo de población. Más de 500.000 personas huyeron a Francia, donde fueron
hacinadas en campos de concentración. Ante la inminente derrota, las divisiones internas se hicieron
aún más profundas en el bando republicano. El gobierno de Negrín, con el apoyo de los comunistas y
parte de los socialistas, proponía la resistencia a ultranza. El objetivo era que el conflicto español
quedara integrado en la inminente guerra europea y mundial que todo el mundo veía venir. De esa
manera, la República española encontraría aliados que le permitirían cambiar el signo de la guerra.
Contra esta posición, y defendiendo la negociación de la derrota con Franco, el coronel Casado dio un
golpe contra el gobierno de Negrín. Pese a las propuestas de negociación de Casado, Franco exigió la
rendición incondicional. El 28 de marzo, las tropas franquistas entraron en Madrid y el 1 de Abril de
1939terminaba la sangrienta guerra. Una larga dictadura vino a sustituir al ensayo democrático de la
segunda república.