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Casa de Luz, mayo 2019 Parte 1

Lectura de la mujer samaritana en Juan.


Era una mujer rechazada, amargada, desesperada, angustiada, tenía una marca en su
ser, era amargada porque era una prostituta. Pero fue prostituta hasta que tuvo un encuentro
con Jesús. Y hoy vamos a ver a través de este mensaje la conversación (evangelizadora) de
Jesús con esta mujer samaritana. Juan 4:5-7. Jesús fue a esa ciudad llamada Sicad de
Samalia. La hora sexta eran las 12 del día. Que iba a hacer Jesús a esa hora sentado en ese
pozo. Solo un apasionado por las almas puede estar a las 12 del día en un pozo para dar una
palabra. ¿Habrá aquí hombres apasionados por las almas como Jesús? Si Jesús lo hizo
también nosotros lo podemos hacer. La hora sexta era una hora donde ninguna persona iba
al pozo a buscar agua, porque si nos ponemos a pensar, esa era una hora de calor, todos
estaban en su casa, y a esa hora era que salía la mujer samaritana a llenar su cántaro de agua.
Y el estaba allí esperándola a ella. Llegó la mujer samaritana con su cántaro al pozo. Quizás
ella no venía al pozo a buscar agua cuando estaban los demás porque sentían vergüenza por
su condición de prostituta. Quizás ella sentía que esas personas la rechazaban, murmuraban
de ella, a avergonzaban. En el versículo 7 vamos a ver algo muy importante de lo que le dijo
Jesús: “Dame de beber”. Ella le dijo: ¿cómo tu me vas a pedir agua a mí? Si tu siendo judío
no te puedes juntar con los samaritanos. Pero eso a Jesús no le importaba. Un hombre judío
no podía hablar en público con una persona samaritana. Pero el en ese momento no le
importó, rompió con toda estructura con el fin de llevar la palabra de Dios. No le importó
romper la ley judía. Así mismos debemos ser nosotros, que no nos importe en que condición
estén las personas para nosotros hablarles de la palabra de vida. Sin importar si es alcohólico,
una prostituta, un homosexual, esto nos esta diciendo que nosotros tenemos que romper con
todo eso para ser unos evangelizadores, porque Dios no hace acepción de personas, y el señor
vino a buscar lo que se había perdido.
Esa palabra “dame de beber” se convierte en una llave para establecer un diálogo con
esa mujer, cuando Él le dice dame de beber es porque el quiere hablar con esta mujer, el
quiere transformarla en una mujer diferente, ese fue el día que el señor escogió para
transformarla y cambiarla y hacerla una mujer diferente. Y al paso de esta predicación vamos
a ver el trabajo que hizo Jesús en esta mujer.
El versículo 10.
El versículo 14. El agua que él nos da salta para vida eterna. Eso significa que nosotros
tenemos vida eterna, y esa vida eterna tenemos que predicarla a los demás, somos nosotros
los únicos responsables para que todos esos que necesitan la vida eterna, de esa agua viva la
puedan obtener por medio de nuestro mensaje, de nuestro testimonio, para que la vida eterna
arrope a esas personas necesitadas de vida eterna. Somos instrumentos suyos para llevar su
palabra.
El versículo 15. Ya el señor sabía que ahí ella estaba aceptando la salvación cuando
ella le dice dame de esa agua. ¿Cómo nos sentimos nosotros cuando alguien recibe a Cristo?
Así se sintió Jesús. Él la llevó al punto en que la mujer entendió que necesitaba la salvación.
En ese punto Jesús le dice lo que dice el versículo 16, es ahí donde Jesús la confronta con el
pecado. Esa mujer fue liberada de su vergüenza, de la desconfianza de la gente, se sintió
perdonada porque recibió perdón de Jesús, y como resultado de esa conversión (porque fue
convertida), la mujer se siente redargüida, deja su cántaro que representa la vida antigua y
gana toda esa ciudad de Samalia para Cristo. Que dirían las personas de esa ciudad al ver lo
que hizo Jesús con esta mujer.
Los resultados de lo que hizo Jesús con esta mujer lo podemos observar en los
versículos del 39 al 42. ¿Quién introdujo a Jesús en la ciudad de Sicar? Fue la mujer, ¿y que
dirían los demás? Por lo general todos los hombres que se acercaban a esta mujer era por
algún objeto sexual, pero Jesús no fue como uno de ellos, sino que se acercó a ella para
transformarla, para redargüirla, para consolarla, para perdonarla. Cuando Jesús se reunió con
los Samaritanos ellos creyeron aún más en la palabra de Él. Y en el 42 se ve la confesión del
pueblo diciendo que ya no solo creen por la palabra de la mujer si no porque ellos mismos lo
oyeron y lo vivieron en carne propia, y creyeron verdaderamente.
Juan 7:38. Si creemos en Jesús, si hemos creído entonces de nuestro interior correrán
ríos de agua vida, pero esos ríos son para llevarlos, para compartirlos, para que el reino de
Dios crezca y los que necesiten de estos ríos de agua vida, de la vida eterna lo puedan obtener.
Es necesario hablar a tiempo y fuera de tiempo como lo hizo Jesús.