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LAS 15 HORAS A JESUS NAZARENO

Yo os adoro Sagrado Rostro de mi Señor Jesucristo, dibujado con el pincel de la


Caridad, e iluminado con vuestra preciosísima sangre;

Yo os suplico, por el consuelo que sentísteis al contacto de aquel tosco lienzo


humedecido con las lágrimas de aquella piadosa mujer;

Yo os suplico, por la impresión que le causó ver estampado en él vuestro semblante


divino, para servir de veneración a los que os aman con la esperanza de conoceros en
el cielo;

Yo os suplico, por este hecho que no volverá a repetirse y que se ha hecho memorable
de siglo a siglo, de generación en generación;

Yo os suplico, por la intensa pena con que vísteis a vuestra Santísima Madre en el
primer encuentro, sin poderla consolar;

Yo os suplico, por el dolor tan grande y sonrojo que sufriste cuando aquel hombre
descargó sobre tu Santo Rostro la terrible bofetada;

Yo os suplico, por la vergüenza que os causó cuando despojado de tus vestiduras


delante de aquella muchedumbre implacable y corrompida os hallasteis;

Yo os suplico, por los dolores que os causó la corona de espinas que puso vuestra
cabeza teñida de sangre;

Yo os suplico, por el desfallecimiento que sentísteis cansado con el peso de la Cruz,


por los pasos que dísteis en la Calle de la Amargura, por los suspiros que dísteis, por
las lágrimas que derramasteis, por Vuestra Sangre regada en las calles de Jerusalén,
por el dolor de los clavos, por la hiel y vinagre, por las siete palabras que
pronunciasteis, por el desconsuelo que sufristeis, encontrándonos abandonados del
Eterno Padre, por la agonía que tuvisteis para morir, por aquel dolor tan grande que
padecisteis viendo a la Santísima Virgen inconsolable en aquella angustia sin poderos
desprender de la Cruz;

Padre mío, por estos recuerdos para nosotros tan dolorosos, yo os pido de limosna la
salvación de mi alma y la salud de mi cuerpo. Amén.

(Se reza un Padre Nuestro y un Ave María)


Señor mío Jesucristo, que no queréis que ninguno perezca; a quien nunca se pide sin
esperanza de misericordia, porque dijiste por tu propia, santa y bendita boca, que
todas las cosas que se pidiesen en tu Santo Nombre, las concederás, te pido por tu
Santo Nombre me concedas (se hace la petición).

A JESÚS CRUCIFICADO

Aquí me tenéis, Señor, acatando vuestros eternos e impenetrables designios, y a ellos


me someto de todo corazón. Por el amor que os tengo todo lo acepto por Vos, y uno
este inmenso sacrificio al que hicisteis en esa Cruz por nuestro amor.

Dirigid, Señor, una tierna mirada a los que postrados a vuestros pies claman a Vos y
os llaman en su auxilio. Jesús de mi vida, mi amor y único consuelo de mi alma
desolada. Aquí estoy también, Señor, a vuestros pies, regándolos con mi amargo
llanto, e implorando vuestra infinita misericordia en mi inmenso dolor y mi
abandono. Bien lo sabéis, Señor me hallo en lúgubre oscuridad y lleno de tristeza,
apurando el cáliz de amargura que me estaba destinado: sólo Vos podéis darme
fuerza para luchar y vencer.

No permitáis, Jesús mío, que la desesperación ni el desaliento claven en mí sus


garras: antes bien, ayudadme con vuestra gracia para desafiar serenamente las
tempestades del dolor.

Si todos me abandonan e insultan mi pena, si mis enemigos se gozan en mis males,


apartad de mí sus depravados designios y mostraos propicios a mi aflicción. A Vos
solo pongo mis quejas, pues sois mi padre, mi amigo y mi único Juez; perdonadme
como padre, consoladme como amigo y defendedme siempre como justo Juez.

También os dirijo Jesús mío, una súplica ferviente por todos aquellos a quienes debo
gratitud y afecto: pagadles mil veces el bien que me han hecho y bendecidles.

Tened piedad de los que sufren. Consolad en su aflicción a los tristes y atribulados,
fortaleced a los débiles, socorred a los agonizantes, atraed a Vos todos los pecadores y
aliviad las almas del Purgatorio.

Dadnos, Señor, a todos los que os servimos vuestra paciencia, vuestra humildad y
vuestra divina gracia, sobre todo a los que amo; y ya que me dísteis desde esa Cruz la
edificante enseñanza del perdón, concédeme, amor mío crucificado, que perdonando
y amando como Vos a los que me han hecho mal, viva con Vos en esa Cruz, en esta
vida, para poder gozar la eterna gloria y vivir eternamente en vuestra compañía.
Amén.