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La literatura venezolana

La literatura venezolana comenzó a desarrollarse a partir de la época colonial, con alocuciones


a las nuevas tierras y sus pobladores originarios. Las crónicas y varios estilos de poesía fueron
las principales manifestaciones literarias durante el siglo XVIII. En este primer período se
destaca la figura de Andrés Bello, poeta, filólogo, gramático y educador de renombre universal.
Bello desarrolló obras como Alocución a la Poesía (1823) y Silva a la Agricultura de la Zona
Tórrida (1826), las cuales fueron precursoras de la temática americanista que se desarrollaría
tiempo después en otras zonas del continente. Simón Rodríguez representa un ejemplo más
de renombre en todo el continente, con obras como Sociedades Americanas (1828), Defensa
de Bolívar (1830), Observaciones sobre el terreno de Vincocaya (1830), y Luces y virtudes
sociales (1834).

Aspectos generales de la literatura de venezolana


La historia de la Literatura venezolana, es de importancia valorizar toda una gama de cambios
desde la época de la colonia hasta la actualidad.

La literatura venezolana logro de muchos escritores, poetas, etc. Los cuales con sus
sentimientos, llenaron a todos sus lectores de conocimientos, sentimientos, en todos los
sentidos.

En este trabajo se escriben algunas características de ilustres personajes de nuestra literatura


Venezolana.

Exponentes Mas Resaltes de la literatura venezolana


Andrés Bello
Muy joven logró el título de Bachiller en Artes. En 1808 redactó la Gaceta de Caracas. En 1809,
junto con Simón Bolívar, marchó a Londres, donde permaneció hasta 1829 y coincidió allí con
Franciso Miranda y el español Blanco White. Allí estudió en la biblioteca del Museo Británico,
realizó traducciones de Lord Byron, Molière, Delille y Boiardi, y dirigió las revistas Biblioteca
americana y El repertorio americano. Se instaló en Chile, donde ocupó altos cargos en diversos
ministerios, una senaduría y el rectorado de la universidad santiaguina. Redactó el Código Civil
y orientó a numerosos intelectuales del país y exilados, como los argentinos Juan María
Gutiérrez y Domingo Faustino Sarmiento, con quien polemizó acerca del castellano en
América.

Rómulo Gallegos
La obra literaria de Rómulo Gallegos está muy ligada a su compromiso político que arranca del
planteamiento de la regeneración nacional. Sus novelas, dentro de la corriente regionalista, se
inspiran en la tierra americana y trata de unir y resolver el conflicto que él ve entre una
naturaleza exuberante y salvaje y la necesidad de hacer de ella una civilización moderna.

Teresa de la Parra
Seudónimo de la escritora venezolana Ana Teresa Parra Sanoja. Nacida en París, con 17 años
viaja a España donde cursa estudios en el colegio Sacré Coeur de Valencia y más tarde a París
donde permanece algún tiempo antes de regresar a Caracas. Firma sus primeros cuentos con
el seudónimo de “Fru-Fru” y en 1924 consigue el primer premio en un concurso de escritores
por su novela Ifigenia. Esta obra narra el drama de la mujer frente a una sociedad que como la
de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, no le permitía expresar sus ideas ni elegir su
destino. En 1927 viaja a Cuba como representante de Venezuela en la Conferencia
Interamericana de Periodistas y en 1928 regresa a Europa donde comienza a escribir su
segunda novela Memorias de Mamá Blanca.

Arturo Uslar Pietri


Fue un polímata: abogado, periodista, escritor, productor de televisión y político venezolano.
En su país ha sido considerado como uno de los intelectuales más importantes del siglo XX. Su
obra narrativa demuestra el enorme interés que tenía en el derrotero de Venezuela. Fue
desterrado una y otra vez y una y otra vez volvió a Venezuela.

Miguel Otero Silva


Escritor venezolano. Por sus actividades políticas debió marchar al exilio en varias ocasiones, a
partir de 1930, residiendo en diversos países de Europa y América. En 1937 publica un
poemario, Agua y cauce, pero su fama literaria se debe a una serie de novelas que van
describiendo la historia social y política de Venezuela, en forma de crónica que recorre
ambientes y épocas diversos. Casas muertas, en 1954, lo lanza a la notoriedad, inscribiéndolo
en el realismo social, que aborda la descripción de ambientes aldeanos, pobres, desamparados
y sumidos en el abandono. En 1961 publica Oficina número 1, que continúa la saga anunciada
en la anterior. La dictadura de Marcos Pérez Jiménez aparece en La muerte de Honorio (1963)
y la guerrilla urbana de la década de 1960, en Cuando quiero llorar no lloro (1970).

Características
-Se muestra muy aficionada al genero novelistico.

-Tiene un Alto Sentido Pedagócigo.

-Lucha entre civilización y barbarie como temática recurrente.

-Es de carácter realista

-Se caracteriza por una estructura anecdótica de marcada influencia vanguardista

-Tiene una recurrente temática Histórica

Temas
La novela
Las primeras novelas:

Muchos autores coinciden al afirmar que la novela venezolana surge a mediados del Siglo XIX,
tras la publicación de Los mártires, de Fermín Toro en 1842. Las primeras novelas venezolanas
siguen los postulados de las corrientes literarias que para la época prevalecían en el ámbito
mundial. A excepción de las inscritas en el marco del modernismo, movimiento literario de
origen latinoamericano. En el tardío romanticismo venezolano, tuvieron gran aceptación las
novelas de carácter histórico que se adaptaban al espíritu romántico, como Blanca de
Torrestella (1868), de Julio Calcaño. Bajo estas influencias románticas se escribieron muchas
novelas de tono sentimental, así como también novelas de denuncia: Zárate (1882) de Eduardo
Blanco y Peonía (1890) de Manuel Vicente Romero García.
El cuento
En cuanto a los cuentos venezolanos, los autores destacados a lo largo de la historia fueron
muchos y de estilos muy variados. Fermín Toro (1806–1865), por ejemplo, es considerado
como el padre de la novela por “Los mártires”, pero también fue un pionero de la narrativa
fantástica con su cuento “La viuda de Corinto”. Se trata de un relato publicado el 25 de julio de
1837 en el diario “El liberal”.

El ensayo
El ensayo en el Siglo XIX y principios del XX

Diversos autores coinciden en señalar que el origen del ensayo venezolano se remonta a los
años finales del Siglo XIX. En este período los ensayistas se dedicaron a reflexionar en torno a
la identidad nacional. El objetivo principal de sus escritos fue el de elaborar las bases
ideológicas para fundar la nación recién independizada. En el modernismo esta temática se
amplía al incluir lo estético y lo literario. En el primer número de la revista Cosmópolis, el 1ro
de mayo de 1894, aparecen los ensayos Sobre Literatura Nacional y Más sobre Literatura
Nacional de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, manifiesto donde señala los lineamientos del
Criollismo, estilo en el cual plasmaría imágenes de las formas de vida, problemas, tradiciones y
costumbres de la gente y el ambiente rural, en pequeños poemas en prosa denominados
“acuarelas”.

Poesía
Poesía en el Siglo XIX

A principios del Siglo XIX Andrés Bello despunta como uno de los poetas más significativos del
momento con una obra que se inscribe primero dentro del neoclasicismo y luego dentro del
romanticismo. Estos movimientos literarios de origen europeo, al igual que el parnasianismo,
tuvieron gran repercusión en los primeros poetas venezolanos. Andrés Bello escribió sus
famosas silvas entre 1823 y 1826 en un estilo emparentado con el movimiento neoclásico que
dictaba las pautas en la literatura de esos días. Más tarde, mientras se encontraba en Londres,
descubrió el romanticismo, con el que nutrió sus siguientes poemas.

LA INDEPENDENCIA
La literatura hispanoamericana se hizo autónoma de la española durante este periodo (1823)
gracias a los trabajos de Andrés Bello, porque él lo llenó todo con su obra intelectual, la cual
traza el sendero que iba a recorrer esta literatura naciente y emancipada. Sin embargo,
durante la etapa bélica (1810-1826) predomina la literatura de orientación política, cuya gran
figura para Venezuela, sin duda alguna, fue Simón Bolívar, quien, además de ser el Libertador
de Venezuela, fue también un escritor epistolar, orador, periodista y orientador de lo que sería
la independencia.

ROMANTICISMO
Será dentro del romanticismo cuando la literatura venezolana logre sus primeras obras
significativas. En poesía brillan los nombres de José Antonio Maitín, el primer poeta romántico,
y Antonio Pérez Bonalde (1846-1892), quien logra una plena expresión romántica,
convirtiéndose así en el escritor mayor de esa escuela. En prosa, la novela da sus primeros
pasos, pero no logrará desarrollarse hasta finales de siglo, pese a que la primera publicada, Los
mártires (1842) de Fermín Toro, sea una obra de los años cuarenta.

MODERNISMO
Durante el modernismo hispanoamericano (1882-1916), desde la publicación del Ismaelillo
(1882) de José Julián Martí hasta la muerte de Rubén Darío (1867-1916), Venezuela aportó su
contribución. Y lo hizo más por el camino de la prosa que de la poesía. De ahí que haya que
comenzar citando al gran maestro de la prosa modernista, Manuel Díaz Rodríguez: novelista,
cuentista, orador, ensayista, crítico, gran esteta de la palabra de todo el continente; no se
podría dejar de mencionar a Pedro Emilio Coll, ensayista, pensador, cuentista, o al gran satírico
de la novela: Rufino Blanco Fombona (1874-1944), polígrafo de esa generación.

Neoclasicismo y Romanticismo
En los inicios de la era republicana figuran cuatro grandes nombres de las letras venezolanas:
Andrés Bello, Fermín Toro, Rafael María Baralt y Juan Vicente González. El más destacado
poeta, de clara autenticidad romántica, se llama Juan Antonio Pérez Bonalde.

Entre los costumbristas venezolanos están Daniel Mendoza, Francisco de Sales Pérez, Nicanor
Bolet Peraza, Francisco Tosta García, Rafael Bolívar Alvarez, Rafael Bolívar Coronado y Miguel
Mármol. Dos escritores de carácter señalan la transición hacia nuevas posiciones intelectuales
y creadoras: Cecilio Acosta y Arístides Rojas.

Positivismo, Modernismo y Literatura Venezolana


Fue después de 1880 cuando se perfiló en Venezuela un movimiento literario de más
ambiciosa inspiración. En el género narrativo, el descubrimiento del naturalismo inspiró a
Tomás Michelena una novela: Débora (1884) y a Manuel Vicente Romero García, su obra
Peonía (1890), primera tentativa de novela criolla integral. Otros autores dentro de la
tendencia serían Gonzalo Picón Febres (El sargento Felipe, 1899), y Miguel Eduardo Pardo
(Todo un pueblo).