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Introducción: Crítica y creación poética

“Es la vieja y desigual lucha entre la crítica y la creación, entre la ciencia y el arte; y
mientras los representantes del primero pueden haber tenido siempre la razón, sin beneficio
para nadie, los otros han continuado esparciendo la semillas de la fe, del amor, del consuelo
y de la belleza, hallando siempre buena tierra donde germinar...”
Hermann Hesse, 1906:50
Pregunta problema: ¿Por qué, en general, a la hora de realizar la lectura de una creación
artística de Alejandra Pizarnik se remite a la crítica para poder interpretarla?

Hipótesis: A veces, a la hora de efectuar la lectura de una creación poética de Alejandra


Pizarnik se remite a la crítica como punto de referencia para poder interpretarla porque los
lectores desprestigian sus propios conocimientos; ignoran el significado de los recursos literarios
que se utilizan para la composición de la obra o cómo proceder para estudiarla desde todos los
puntos de vista disponibles, cayendo en la creencia de que la crítica literaria ofrece la perspectiva
más adecuada desde la cual abordar y explicar el significado de un texto.
Aunque el planteo de mi inquietud parezca contradictorio, si bien accedí a distintas
explicaciones de la crítica para desarrollar este trabajo, pretendo justificarlo en su transcurso y
aclarar que no desacredito ninguna interpretación. Al contrario, ser tolerante de la diversidad de
lecturas que se puede hacer de un texto, a mi parecer, es enriquecedor porque provee de
herramientas para juzgar los propios gustos y adoptar una postura en base a nuestra
documentación.

Desarrollo: Análisis alternativo


Nuestro poder de razonamiento puede igualar o inclusive sobrepasar el nivel de lectura de
la crítica (que en el caso de Pizarnik se limita a captar el mensaje superficial, más evidente de los
poemas). Sin embargo, es primordial concentrarse en el texto y exprimir todos sus sentidos
posibles, sin tener que considerar la información de datos biográficos, que se lee en las críticas,
que suele atribuir el origen de poemas a una vida traumática, de drogadicción y complejos
estéticos o psicológicos por parte de la autora.
Ej.: “Su primer contacto con las anfetaminas no tuvo nada que ver con la poesía. En la
década del ‘50, cuando iba al colegio secundario, todos la recuerdan gordita, con el delantal
arrugado y las medias caídas y granitos en la cara. La escritora Cristina Piña cuenta que "a pesar
de que ya había empezado a tomar Parobes (remedio para adelgazar hecho a base de anfetaminas),
en uno de los bolsillos del delantal guarda los restos de unos adorados sandwiches de mortadela
que, pese a la batalla contra la gordura, no puede dejar de comer".” (Gorbato, 1997)

Analizaré, a modo de ejemplo y como contraposición a las interpretaciones que la crítica


pretende imponer, dos estrofas del poema “El despertar” (Pizarnik, 1968). Para su análisis tendré
en cuenta la métrica, el plano fónico, el plano morfosintáctico y el plano léxico-semántico. Voy a

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detallar la estructura del poema a través de los distintos recursos literarios empleados en su
procedimiento de escritura, como una mirada objetiva de la composición. Develando luego, la
información o contenido que expresa el uso de dichos recursos en el poema, desde mi punto de
vista, que es subjetivo y por eso tan válido como cualquier otro.

“Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo


Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa


ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos…”

Con respecto a la métrica los versos son irregulares, también son libres o sueltos; lo que significa
que no hay rima. Lo que siempre tiene es ritmo, determinado por el tipo de acento de las palabras
que finalizan cada verso. Acompañando la falta de rima, en el plano fónico se hace uso de la
anáfora, si considerásemos el poema entero, la palabra “Señor” se repite al comienzo de varias
estrofas. A su vez hay metonimia al emplear la palabra “Señor” que hace referencia a una
autoridad específica ajena a la realidad. No se refiere a cualquier ser superior.
En la primera estrofa, en el plano morfosintáctico hay polisíndeton de la conjunción “y”. En el
último verso de la misma estrofa podemos identificar un hipérbaton. El verso que le sigue repite
una estructura sintáctica, por lo que evidenciamos un paralelismo. Finalmente, en el plano léxico-
semántico, en el último verso, hay una personificación o prosopopeya: “mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte y sonríe”.

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En la segunda estrofa “Ya no baila la luz en mi sonrisa/ ni las estaciones queman palomas en mis
ideas/ Mis manos se han desnudado” observamos un uso reiterado de la personificación. El último
verso “se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos” es una antítesis.

Todas estas elecciones lingüísticas no son azarosas e inciden en el entendimiento del poema de
manera significativa. Por ejemplo: la anáfora de “Señor” le da un tinte de súplica. El polisíndeton
sigue con esta tendencia de desesperación o imploro a alguien que tiene la solución al problema
que el yo poético está planteando.
Las imágenes descriptas, para mí, explican una sensación de nostalgia por el paso irremediable del
tiempo, y el destino inexorable de las personas en el mundo tal cual lo conocemos, y dependiendo
de nuestras creencias, la posibilidad de la existencia de otro mundo después de la muerte. Como lo
puede reflejar esta estrofa:
“(…) El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado…”

El fin de las cosas no va a cambiar su condición. Hasta puede haber metáforas en ciertos versos
que aquella gente que se enfoca en los sentidos literales de las palabras no podría percibirla.
Cuando dice “la jaula se ha vuelto pájaro/ y se ha volado” el pájaro puede ser símbolo de una
etapa de su vida que pasó y el comienzo de una nueva. Esto podría estar relacionado con la idea
de despertar, en el sentido de darse cuenta del comienzo o del fin de alguna etapa. También, la
palabra despertar podría referirse a “traer a la memoria algo ya olvidado” (RAE, 2012); la
melancolía que provoca recordar una etapa que ya finalizó. El yo poético concluye pidiendo una
respuesta de “qué hará con el miedo” que todos los cuestionamientos o afirmaciones hechas le
generan sobre comenzar otra etapa, dejando en claro que la incertidumbre origina temor.

Los recursos poéticos son efectivos a la hora de interpretar. Sin embargo, no son suficientes para
entender la carga semántica de las palabras y sus representaciones en nuestra mente. Nuestros
códigos y competencias ayudan a profundizar la lectura. El simple contacto con el poema define
lo que nos provoca, no que existan maneras formales de analizarlo.

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Vemos entonces, después del análisis hecho, que un poema necesita de procesos interpretativos
variados que no tienen porqué estar relacionados a lo leído sobre la vida de la poetisa, porque a
veces debemos recordar leer el poema como ficción; sin buscar correspondencias con la realidad.
Un escritor o escritora puede expresar lo que quiere, como quiera; y la gracia está en que las
interpretaciones de lo que cree sean infinitas. Sobre todo en el área del arte donde todo es relativo,
donde las lecturas argumentadas son válidas, independientemente de su abstracción.
“El despertar” presenta cuestiones metafísicas, existencialistas. El campo semántico empleado
puede sugerir un sentido turbio u oscuro, lo que no implica que el mensaje que se pretenda
transmitir sea meramente apocalíptico, fatalista o suicida, como suele atribuírsele a la escritora.
Estas falsas ideas se transmiten fácilmente porque se propagan por medio de una de las instancias
de la institucionalización de la literatura: la crítica, que dota al pensamiento del yo poético una
referencia exofórica inherente a Pizarnik como ser humano. Sin siquiera distinguir entre el
enunciador del poema y la autora. En algunos casos podría coincidir pero en otros casos puede ser
una falacia. Voy a citar un caso evidente de la interpretación superficial que se hizo de las obras de
la escritora en un sitio web.

“(…) En El infierno musical ya hay imágenes de principio de locura: “Risas en el interior de las
paredes” (…) Se hace evidente la disociación de la personalidad de Pizarnik, las múltiples
personalidades y las diferentes voces que la atormentan: “Ya no puedo hablar con mi voz, sino
con mis voces”. Este volumen termina en un tono de desesperanza, en una serie de preguntas
ansiosas y desesperadas, “Cuándo dejaremos de huir? Cuándo ocurrirá todo esto? Dónde? Cómo?
Cuánto? Por qué? Para quién?...” (Haydu, 2009)

Lo que me pregunto es si la persona responsable de lo escrito en lo citado alguna vez pensó en


otra cosa que no sea la felicidad absoluta; si para ella no existe la tristeza como un estado de
ánimo que hay que tener esporádicamente; si ve el cuestionamiento sobre nuestra existencia o la
dicotomía de voces que vienen del yo poético, que puede ser ficticia, como un indicio de locura en
una persona.

Otro ejemplo es el siguiente:

“Si toda literatura es autobiográfica, en Alejandra Pizarnik la literatura es la propia vida; más aún,
es el único lugar en que la vida es posible; el resto de espacios se convierten en salas de tortura, en

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senderos al borde del abismo que producen el dolor y la angustia necesarios para nutrir la palabra,
la escritura” (Lahera, 2000)

Claramente hay una corriente que considera a la literatura como autobiográfica y no como una
creación ficticia que pueda referirse a otra realidad que no sea la de la autora. Se sabe que algún
rastro subjetivo sobre la vida de quien escribe se refleja en sus escritos pero eso no puede impedir
la posibilidad de que se trate de algo dentro del texto, con referencias anafóricas y no exofóricas
en todos los casos. Porque que la poetisa escriba la palabra “noche” no significa que el único
horario en el que viva sea la noche y que le guste la oscuridad.

Desde el área educativa, por lo general, nos concientizan de nuestra incapacidad para crear una
explicación coherente y personal sobre una creación que no impone límites, ni se encierra en una
sola idea, ni se agota; se puede leer en distintas épocas y cambiar su significado, que no es algo
estático ni permanente (como lo discutimos en clase). Nos enseñan a atarnos a un análisis ajeno y
apropiárnoslo a través de un parafraseo. Es normal que reproduzcamos ideas ajenas que nos
influyen pero eso no es motivo para subestimar el contacto que uno tiene con el poema, lo que le
genera al leerlo. Al subestimar el contacto personal que tenemos con el texto alimentamos al
sistema impuesto. Por ende, la mayoría de los lectores que responde a ese modo de pensamiento a
la hora de desentrañar la poética es vulnerable ante la crítica literaria (que es la entidad que regula
o limita las formulaciones que clasifica como desviadas) previniendo o anulando lo que su
imaginación o su ideología quieran leer.
Deberíamos pensar entonces a la crítica literaria como una referencia más, si tenemos sentido
común y podemos pensar un poco más allá de lo que expresa un poema literalmente, podemos
escribir con autonomía. La crítica no es la santa guía de lectura sino que impone una corriente de
pensamiento y limita otros; es un “índice expurgatorio” de las distintas interpretaciones que se
pueda hacer de una creación literaria determinada.
En Pizarnik es evidente que los lectores absorben mucho los prejuicios ajenos y tienden a
reproducirlos. Admito que como lectora también sufrí esta dominación por eso estoy haciendo
este trabajo. Si bien había oído nombrar a la escritora años atrás y al leer sus poemas ya arrastraba
como punto de partida el discurso que encontré repetidas veces, en referencia a la vida de
Alejandra Pizarnik, en las fuentes que consulté para poder elaborar esta monografía, que al fin y al
cabo también absorbió la persona que me la introdujo. Es como que la autora viene de la mano de
su mito suicida y todo lo que haga es una exteriorización de los acontecimientos de su vida. En la
prosa de la escritora se desarma esta costumbre de relacionar texto-vida del autor. Por ejemplo:

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“(…) Como una voz no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni huesos andan los
animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un solo pájaro te había aproximado al
calor más agudo. Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor, mira cómo la pequeña calavera
de perro suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea con hojas secas que tiemblan en
torno de ella. Grietas y agujeros en mi persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el
tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable
mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin
aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía a una causa primera: un grito, un soplo, un respirar entre
dioses. Yo relato mi víspera, ¿Y qué puedes tú? Sales de tu guarida y no entiendes. Vuelves a ella
y ya no importa entender o no. Vuelves a salir y no entiendes. No hay por donde respirar y tú
hablas del soplo de los dioses (…)”
En la prosa el enunciador está en primera persona del singular, después cambia a tercera del
singular. Esos cambios, que no siguen una estructura predeterminada cambian el enfoque, se hace
visible el enunciador. Se nota que es ficción. Además las palabras usadas son distintas a sus
poemas, solo se reiteran temas como los huesos o la idea de la muerte.

Otra contradicción en mi trabajo es que hago uso de herramientas literarias que también son
impuestas por la crítica; en este caso el contexto académico requiere que emplee esos
conocimientos para darme a entender.

Conclusión
A pesar de todo lo planteado y cuestionado, la pluralidad de visiones es necesaria para hacer
comparaciones; para reformular ideas; para asemejarnos o diferenciarnos de los otros porque
vivimos en sociedad. Mientras exista la crítica también van a existir opiniones diversas por más de
que no sean publicadas o sean publicadas y poco leídas. El lector es quien tiene el libre albedrío
de optar por leer lo que hacen que sea obvio y expresan como única verdad; o por reflexionar
sobre la creación poética con los procesos y herramientas de interpretación que tenga en su poder
proveyendo una nueva mirada no menos válida que la impuesta.

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Bibliografía del corpus

PIZARNIK, Alejandra: 1958 “Las aventuras perdidas”


PIZARNIK, Alejandra: 1968 “Extracción de la piedra de la locura”

Bibliografía general

Diccionario de la Lengua Española- Vigésima segunda edición, RAE 2012


GORBATO, Viviana: (1997) “Noche tras noche”

HAYDU, Susana H.: (2009) “Alejandra Pizarnik: Evolución de un lenguaje poético”.


http://www.sololiteratura.com/piz/pizsemblanza.htm

HERMANN, Hesse: (1908) “Bajo las ruedas”

LAHERA, Emilio: (2000) “El caleidoscopio”


http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/07/diarios.asp

Unidad IV Estilística