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Manifiesto o “la lección imponente”

Por Nancy Rojas

«Nosotros pues impelidos por los españoles y su Rey nos hemos constituido independientes
(…)», 1817.1

Firmes declaraciones supeditadas a la idea de una verdad sostenida y por defender, una serie de
manifiestos del siglo XIX señala a la emancipación como un procedimiento político y social de
revolución y lucha, que resignificó las nociones de pueblo, constitución, rebelión, anarquía e
independencia, entre otras.
A la luz de estos documentos, la pieza videográfica de Cecilia Lenardón pone en escena al
concepto de manifiesto, transformándolo en una retórica performativa que nuevamente da lugar a
la larga tradición del arte como evidencia de un modelo social de pensamiento y construcción
colectiva.
Por fuera de los relatos épicos, Manifiesto se inscribe en el umbral de las imágenes y de las
palabras. Sujetándose al principio de torsión, instaura una dimensión en la que unos cuerpos se
desenvuelven espacialmente para señalar que, acaso, ¿no es un manifiesto un despliegue de
sentidos capaces de desdoblarse y expandirse hacia el gran afuera de sus propios campos?
Fotográficamente la escena se compone de varios cuadros. En cada uno se observa un ensayo
que es, a la vez, un episodio, una suerte de rapsodia física y colectiva.
Las indicaciones se constituyen en insignias en off. La pauta sigue siendo la medida de la forma,
pero también de su deformación.
La impronta, cuasi-teatral, parece ser imaginar al lenguaje como un suspiro de la libertad de
acción, y a la sintaxis, como una promesa anclada a la imagen del alfabeto antropomorfo. Una
práctica arcaica cuya perspectiva es la figuración de la lengua como una inscripción ornamental,
donde el cuerpo humano es soporte y condición esencial de una estructura caligráfica.
Por ende, lo que se pone en juego ideológicamente es la autorización de una visión: la de la
metáfora del cuerpo del artista como cimiento de un sistema (del arte actual) fundado en los
cruces, en la euforia relacional y en la necesidad de movimiento, de prácticas migratorias y
constructivas.
En este contexto, donde a su vez las proyecciones del colonialismo y de la redefinición de
autonomía y ciudadanía se presentan como una de las estructuras del pensamiento crítico
contemporáneo, prescriben varias preguntas. ¿Qué implica ser artista, escritor, hacedor, veedor?
¿Qué significa aquí y ahora serlo de manera independiente? Y, asimismo, ¿cuánto puede una
1
Manifiesto que hace a las Naciones el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata,
sobre el tratamiento y crueldades que han sufrido de los Españoles, y motivado la declaración de su Independencia,
Buenos Aires, Imprenta de la Independencia,1817, p. 11.
acción colectiva? ¿Cuáles son sus escalas posibles? ¿Qué connotaciones tienen la prueba y el
error cuando pueden ser considerados más allá de sus derivas estéticas?
En el horizonte de las paradojas de los manifiestos vanguardistas del siglo XX, el llamamiento que
propone esta pieza es también a otorgarle a la palabra la resonancia de una arquitectura efímera
asignando al lenguaje un sentido originario e inestable. Y en relación con las del archivo de este
museo, asume al manifiesto como incógnita antes que como recurso programático. Invoca al
fantasma del arte como documento historiográfico de las transformaciones culturales y, al mismo
tiempo, como instancia de una futuridad imponente y vacilante.