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Escuela catedralicia

Enseñanza monástica
Una escuela catedralicia o escuela episcopal es una institución de origen medieval que se desarrolló
alrededor de las bibliotecas de las catedrales europeas. Las escuelas catedralicias deben su nombre a
su vinculación con una iglesia catedral de una diócesis particular de la Iglesia católica, y su
vocación era la formación superior de los candidatos de la diócesis al estado clerical. Eran
complementarias de las escuelas parroquiales o de la enseñanza en los conventos, que eran más
básicas.

Su origen está en las escuelas municipales romanas que tras la caída del Imperio de Occidente y la
subsiguiente desaparición de las instituciones romanas, terminaron por adherirse a la Iglesia, única
organización que sobrevivió en la institución educativa. Durante el renacimiento carolingio se
sentaron las bases para su reorganización, adoptando estructuras similares a la de la Escuela
Palatina de Aquisgrán, fundada por el propio Carlomagno y dirigida por su consejero Alcuino de
York. Estas primeras escuelas fueron el caldo de cultivo del que saldrá la Reforma gregoriana, y,
con ella, la plenitud de las escuelas catedralicias. Definitivamente adoptoron el sistema de
enseñanza basado en los estudios de las artes liberales, según el esquema didáctico ideado por
Severino Boecio. Estos estudios eran previos a las disciplinas eclesiásticas propiamente dichas:
Teología, Apologética, Sagradas Escrituras y Derecho.

Cuando empiezan a aplicarse los principios de la Reforma gregoriana, estas escuelas y sus alumnos
van poco a poco separándose del poder civil por dos medios: logran de la Iglesia (de cada obispado)
exenciones y medios suficientes; y de las autoridades civiles, el estatuto gremial de estudiantes y
maestros... esto es el inicio de la mayor parte de las universidades medievales.

Hubo escuelas catedralicias de gran importancia en toda la Cristiandad, aunque destacaron


especialmente las de Chartres, París, Reims y Toulouse, en Francia; la de Oxford, en Inglaterra; las
de Salamanca y Palencia, en Castilla y León; la de Lérida, en Aragón; la de Leipzig, en el Sacro
Imperio Romano-Germánico; las de Pisa y Siena en Italia. Estas escuelas estuvieron en la base del
renacimiento cultural y filosófico del siglo XII y precedieron a la fundación de universidades en el
siglo XIII, cuando muchas se convertirán en Estudios Generales y, más adelante, muchas de ellas en
universidades. No todas las escuelas catedralicias llegaron a constituirse en Studium generale, por
lo que sobrevivieron hasta el Concilio de Trento, y sus canónigos las recompusieron para formar los
seminarios mayores.

Algunas de esas escuelas medievales, ya radicalmente transformadas, han sobrevivido hasta


nuestros días. Otras fueron refundadas recientemente.

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San Agustín había escrito De doctrina christiana un texto en el que se desarrolló un programa de
cultura cristiana y mostró cómo se podían aprovechar los estudios en las escuelas romanas para
comprender mejor el mensaje cristiano y, en particular, el texto bíblico. Para él, se trataba de
explicar los textos bíblicos con los métodos utilizados por los gramáticos cuando comentaban los
textos paganos y era esencial que el cristiano dominase las reglas del discurso para poder desarrollar
una retórica cristiana y así convencer al público de los méritos del cristianismo. En particular, san
Agustín defendía las siete artes liberales, es decir, las disciplinas fundamentales como la gramática,
la retórica, la dialéctica, la aritmética, la geometría, la astronomía y la música.
Reforma carolingia

Centros de estudio en Occidente en el siglo XII.


Este movimiento fue sistematizado cuando, en 789, Carlomagno promulgó la capitular Admonitio
generalis (Exhortación general).3 Carlomagno, para controlar su vasto imperio necesitaba un bien
entrenado servicio civil que pudiera sostener una entonces necesaria burocracia estatal, por lo que
se decidió a llevar a cabo una profunda reforma educacional, aparejada a su reforma administrativa,
que le permitiera sostener por medios pacíficos en el tiempo lo ganado por la conquista militar. En
la Admonitio generalis se manifiesta su esfuerzo de cristianización y toma algunas decisiones
importantes, como la restauración de las escuelas. En esta capitular de 82 artículos, Carlomagno
dirigía a todos sus súbditos, laicos, religiosos, sacerdotes y obispos, una exhortación que había
estudiado con todos sus asesores eclesiásticos seculares y en la que se prescriben para todos sus
deberes, y en particular:

c23. Ordenaba la destrucción de árboles, piedras (menhires, hitos, estelas galo-romanas) y fuentes
que fueran objeto de cultos paganos. Para no indisponerse con las poblaciones, aceptaba que esos
objetos de culto se cristianizasen mediante la adición de una cruz o de varios motivos que ilustrasen
la nueva religión.

c72. recomendaba a los obispos atraer no sólo a los niños de condición servil, sino incluso a los
hijos de los hombres libres, y organizar en las iglesias catedrales y monasterios escuelas para
enseñar a los niños a leer, a cantar, a contar, y finalmente, asegurar que los salterios, los libros de
música, la aritmética y la gramática fuesen de una corrección perfecta.

c80. Recomendaba el uso del canto romano o canto gregoriano, cuyo uso fue establecido por su
padre, Pipino el Breve.

Fijó las primeras grandes líneas directrices de la reforma carolingia, que supuso en particular la
creación de escuelas en cada obispado. En 799 Leidrade fundó la escuela de la catedral de Lyon y le
siguieron otras escuelas importantes en Francia, como las de Chartres, Orléans, Reims, Paris, Laon,
Rouen y Langres (Alto Marne). En el Sacro Imperio destacaron las de Utrecht, Liège, Cologne,
Metz, Spira, Würtzburg, Bamberg, Magdeburgo, Hildesheim o Freising.

Estas escuelas proporcionaban no solo las elites intelectuales para el alto clero, sino también
administradores que podían hacer frente a las tareas cada vez más complejas de la administración
civil. Spira, por ejemplo, era conocida por suministrar sus diplomáticos al Sacro Imperio Romano.5
La corte de Enrique I de Inglaterra (el mismo un ejemplo de un rey que había recibido una
educación superior) estaba en estrecho contacto con la escuela de la catedral de Laon.