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INTRODUCCIÓN

Esta guía propone el recorrido por algunas de las fortalezas más


emblemáticas del ámbito castellano y leonés, de manera especial
aquéllas situadas en las fronteras del territorio.
Las primeras fronteras que conocemos para nuestros castillos son las
que van marcando el paso repoblador impulsado por la monarquía
asturiana hasta que ya en el siglo X se llega al río Duero.
Posteriormente serán ya el reino de León y el condado de Castilla los
que construyan fuertes torres y amurallen villas para proteger ese
terreno recién repoblado.
El devenir de la historia hizo que surgieran otras rayas interiores, que
separaban los reinos cristianos también en conflicto casi constante.
Nace así la frontera entre León y una Castilla independiente, y la
separación con Portugal, especialmente en la zona salmantina
conocida como la Raya Seca.
Las siguientes divisorias de las que tratamos, además de físicas son
mentales, entre las gentes y sus estamentos. El ascenso de la nobleza
hace que muchos señores construyan impresionantes castillos con los
que demostrar su poder.
Por último, hablaremos de una frontera del tiempo, que supone un
cambio dentro de los mismos castillos para adaptarlos a las nuevas
necesidades que supone la implantación de la artillería, cada vez más
destructiva.

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LA FRONTERA DEL DUERO
La repoblación de los territorios de la meseta se efectuó de forma
simultánea en las tierras leonesas y en las castellanas. En una
primera etapa, durante los siglos IX y principios del X, se ocupó todo
el territorio hasta el río Duero.
Las primeras fortificaciones son simples torres que no han llegado a
nuestros días, aunque en el lugar de aquellas, aprovechando su
posición estratégica, se levantaron algunos de los castillos
bajomedievales más emblemáticos. Éstas surgieron en los siglos IX y
X en torno a una línea defensiva creada por los cristianos frente al
territorio dominado por los musulmanes, y con el Duero como
referencia natural. Toda esta red de castillos resultó completamente
desbaratada en el último cuarto del siglo X debido a las razias de
Almanzor. La recuperación de los cristianos en el siglo XI permitió
reconstruirlas.
Además, se fortifican con murallas las ciudades avanzadas de la
repoblación, en la margen derecha del río: Simancas, Toro o Zamora.
Un siglo después, el avance repoblador hasta el sistema central y la
debilidad de los reinos musulmanes, ahora divididos, supuso la
desaparición definitiva de esta frontera.

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CASTILLO Y FORTIFICACIONES DE PEÑAFIEL
El castillo de Peñafiel está situado sobre la plataforma alargada de un
cerro que domina las confluencias del río Duratón en el Duero.
Las primeras noticias de su existencia se remontan al siglo X, aunque
su imagen actual responde a numerosas reformas y ampliaciones que
parten del siglo XV, cuando eran señores de Peñafiel los Téllez Girón.
El lugar, atacado por Almanzor en el 983, fue tomado por el conde
castellano Sancho García en el 1013, pasando así a formar parte del
condado de Castilla.
No se conoce el emplazamiento exacto de aquellos primeros castillos,
a pesar de los trabajos de excavación arqueológica realizados en la
década de 1990.
En época del infante D. Juan Manuel, señor de Peñafiel, el estado de
abandono del castillo le valió una severa reprimenda por parte del
rey, su tío.
EL CASTILLO
El castillo de Peñafiel debe su fisonomía actual a las obras de
restauración realizadas en el siglo XV por don Pedro de Girón, cuyo
escudo de armas se puede ver en la torre del homenaje.
Este castillo se extiende sobre una plataforma rocosa en 210 metros
de largo y 23 de ancho y está conformado por un recinto amurallado
reforzado por torres semicirculares y dominado por una torre del
homenaje que se levanta 34 metros. La torre permanecía aislada por
la existencia de un foso interior. A ambos lados de la misma se sitúan
los patios: el del norte albergaba los aljibes y almacenes, y el del sur,
las caballerizas y guarniciones .
De ambos extremos del recinto descendían las murallas que rodeaban
la villa, de unos 2.200 metros y abiertas en cinco puertas. A día de
hoy se conservan retazos de aquellas así como cuatro cubos.

En la actualidad, el castillo de Peñafiel aloja el Museo del Vino de la


provincia de Valladolid.

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CASTILLO DE SIMANCAS
El castillo de Simancas es el resultado de reconstrucciones, a lo largo
de los siglos, sobre una plaza fortificada que protegía la línea del
Duero y marcaba la frontera real entre el reino de León y el califato
de Córdoba a comienzos del siglo X.

La fortificación actual fue erigida por la familia Enríquez, almirantes de


Castilla y señores de Simancas, en el siglo XV. Poco después, los
Reyes Católicos la reclamaron para la corona y la convirtieron en
prisión del Estado, para después pasar a desempeñar la función de
Archivo General del Reino, que mantiene en la actualidad.
EL CASTILLO
El castillo se protege con una barrera exterior de planta cuadrangular
y un foso y fuerte talud en forma de alambor. La entrada se realiza a
través de dos puentes situados en lugares diferentes.
La fortaleza interior se estructura en torno a un patio central, en
cuyos extremos se alzan tres torres. El cuarto torreón posee una
estructura de casamata.
Las transformaciones más importantes en su interior se llevaron a
cabo a partir del siglo XVI, momento en que Felipe II ordenó los
trabajos del patio, sala de lectura y terminación en punta de las torres
con vistas a adecuar sus instalaciones como Archivo General del
Reino. Es en este momento cuando se proyectó la linterna de la torre
del Obispo con forma acampanada. Hubo más reformas en los siglos
XVII y XVIII.

Desde entonces se han efectuado grandes e importantes obras para


conservar el edificio como Archivo.

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CASTILLO Y FORTIFICACIONES DE PORTILLO

La existencia de un castillo en Portillo se remonta a inicios del siglo X.


Así se cita el hisn Burtill´Assim, un pequeño castillo de origen bereber
levantado en el conocido como El Pico del Calvario.

El castillo actual se levanta entre el siglo XIV y el XV en estilo gótico


por la familia Sandoval. Tras varios propietarios, el rey Enrique IV se
lo cedió a don Rodrigo Alfonso de Pimentel, en cuya familia se
mantendría hasta el siglo XIX, en que pasa a la casa de Osuna.

La villa de Portillo se amuralla a comienzos del siglo XII con un


perímetro de casi dos kilómetros. Conserva una puerta medieval, el
arco Grande, de unos cuatro metros de altura y rematada en un
matacán, así como una poterna, denominada postigo de Excuevas.

EL CASTILLO

El castillo se compone de dos recintos defensivos separados por un


estrecho pasillo.

El recinto interior, el más antiguo y más alto, es de planta


prácticamente cuadrada con cubos circulares en sus esquinas y con la
torre situada en uno de los ángulos. En él se abre una puerta
acodada que daba acceso al castillo desde el interior del recinto de la
villa, completando su defensa mediante la colocación de un rastrillo.

Una vez traspasada esta puerta se accedía a un patio, con pavimento


de cantos rodados del siglo XVI, rodeado de edificios de habitaciones
y servicios: almacenes, cocinas, etc.

El castillo conserva otra puerta al norte y dos poternas de acceso al


foso. La torre del homenaje, con sus 28 metros de altura fue
levantada con muros de más de tres metros de espesor. En la zona
inferior se planteó una estancia baja abovedada con arcos fajones
ojivales, y el remate superior se realizó mediante bóveda de crucería.

El recinto exterior es una barrera artillera, construida a finales del


siglo XV, de planta casi cuadrada flanqueado por gruesos torreones
cilíndricos en sus esquinas y alguno intermedio. En tres lados de este
recinto se abrían tres puertas defendidas por torres con matacanes.

En el centro del castillo hay un profundo pozo de 30 metros con una


escalera circular de 123 peldaños que desemboca en varias cámaras
situadas a diferentes niveles.

En 1945, el histólogo don Pío del Río Hortega, natural de Portillo, dona
el castillo a la Universidad de Valladolid.

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EL CASTILLO DE ÍSCAR
La fortaleza se halla al norte de Íscar sobre un borde de páramo que
facilitaba la defensa.
El castillo aparece mencionado por primera vez en el año 939 con
ocasión del relato del itinerario que el ejército del califa Abderramán
III realiza para llegar a la batalla de Simancas.
A comienzos del siglo XIV, el castillo de Íscar pertenecía a los reyes
de Castilla y León, con alternancias de la casa de Lara y Haro. A partir
de 1371 pasó a los Avellaneda y en el siglo XV, por casamiento de
doña Aldonza con un Zúñiga, a estos últimos.
De hecho, el castillo actual se debe a don Pedro de Zúñiga, como lo
atestiguan los escudos de armas que adornan la torre del homenaje.
LA FORTIFICACIÓN
La entrada se realiza a través de un foso por el que se accede a una
puerta y de ahí a un patio hasta la barbacana que protege el acceso a
la torre del homenaje. Esta torre de planta pentagonal o rematada en
punta de proa, alberga en su interior varios niveles de ocupación con
soluciones constructivas diversas (cámara abovedada y pilar central
en la inferior, mientras la superior presenta plantas diáfanas con
distintas alturas y escaleras en los muros). Muy curiosa es la garita
tripartita de la zona alta.
Todo el conjunto se remata con un recinto amurallado varias veces
rectificado. La introducción de la artillería supuso la modificación de
las troneras originales por cañoneras de buzón.

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ALCÁZAR DE TORO
El alcázar se construyó en la margen derecha del Duero sobre la
terraza que domina el río.
La edificación de las primeras murallas y del castillo se inicia bajo el
reinado de Alfonso IX, y serían María de Molina y Enrique IV los
encargados de llevar a cabo las diferentes reconstrucciones.
La lucha por los derechos sucesorios de Enrique IV llevaron a los
portugueses, seguidores de la princesa Juana, a tomar el castillo,
sitiado y conquistado posteriormente por los castellanos. Los Reyes
Católicos se preocuparon de su restauración al final del conflicto.
En el siglo XIX se encontraba arruinado pero en la actualidad se han
realizado numerosas obras de mejora.
EL CASTILLO
En la actualidad presenta planta romboidal, rodeada de un foso
colmatado, con cubos circulares.
En el lado sur se halla la puerta de acceso, con portada del siglo
XVIII, para cuya abertura se derribó la torre del homenaje.
A los lienzos del castillo, en la zona interna, se adosan habitaciones
rectangulares que dejan un espacio abierto en el centro, a modo de
patio.

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MURALLAS Y CASTILLO DE ZAMORA

Alfonso III construyó en el siglo IX el primero de los tres


amurallamientos de la ciudad, ampliado dos siglos más tarde.
En la zona occidental del espigón fortificado en el que se ubica
Zamora se levantó el castillo en el siglo XIII, aunque algunos autores
proponen que en el XI ya debería haber contado con un elemento así
al tratarse de una plaza fuerte de la reconquista.

LAS FORTIFICACIONES

En la actualidad se conservan unos tres kilómetros de muralla y tres


puertas enteras en la parte del castillo y la catedral: la puerta de la
Traición, por donde la tradición dice que entró Bellido Dolfos tras
matar al rey Sancho II en 1072; la puerta Óptima y la puerta de
doña Urraca. También se mantiene otra puerta en el castillo, cegada
actualmente, la puerta de Santa Colomba.
El castillo actual se compone de varios recintos levantados con el
propio material procedente de la excavación del foso.
En época medieval la fortaleza tenía una planta romboidal con ocho
torres que defendía una puerta de acceso acodada. Estaba rodeado
por un segundo recinto almenado, englobado a su vez por un tercer
recinto con una torre circular albarrana.
En el siglo XVI, el castillo de Zamora tuvo que ser remodelado tras su
participación en la guerra de Sucesión entre Alfonso de Portugal y
Fernando el Católico.
En los siglos XVIII y XIX el castillo se convierte en una ciudadela
artillera con garitas en el segundo recinto que también fueron
levantadas en la muralla urbana. A estos momentos corresponde la
desaparición de las almenas medievales y la construcción de una
nueva fachada de arcadas en la crujía sur. Igualmente se derribaron
cinco de las ocho torres medievales para rellenar la liza y permitir el
acceso de la artillería hasta las troneras.
A finales del siglo XIX el castillo perdió su uso defensivo y se convirtió
en cárcel y en el XX en centro docente, rellenándose además el
espacio del parque.

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LA FRONTERA OCCIDENTAL
El siglo XI marca el inicio de la separación de Portugal del reino de
León, primero con la condesa Teresa de Portugal frente a su
hermanastra Urraca de León y luego con Alfonso Henriques, que es
reconocido como rey de Portugal por Alfonso VII en 1143, aunque
bajo su vasallaje.
Desde ese momento y hasta entrada la Edad Contemporánea, los dos
reinos fueron construyendo su propia red de fortificaciones a ambos
lados de la frontera. Tan sólo el periodo de la unión de ambas coronas
entre 1580-1640 supuso la relajación de este afán defensivo.
De los primeros tiempos nos quedan restos de castillos y murallas,
especialmente al oeste de la provincia de Salamanca. La frontera
natural de las Arribes, difícil de traspasar, se transforma en un campo
abierto y llano denominado Raya Seca. Este factor geográfico ha
hecho de la zona un lugar de conflictos permanentes. Aquí se sitúan,
entre otros, Ciudad Rodrigo, San Felices de los Gallegos, Castelo
Mendo, Castelo Bom o Castelo Rodrigo, estos tres últimos
portugueses pero cuyo origen se debe a los monarcas de León.
Mucho más al norte, Puebla de Sanabria también contó con murallas,
castillo y mucho después un fuerte, enfrentados a los de la vecina
Braganza. También el majestuoso Fuerte de la Concepción, terminado
a finales del siglo XVIII, tiene como vecino/contrario el conjunto de
impresionantes fortificaciones abaluartadas que defienden la ciudad
de Almeida.

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MURALLAS Y CASTILLO DE CIUDAD RODRIGO
La posición estratégica de Ciudad Rodrigo en la línea fronteriza con
Portugal ha condicionado su desarrollo histórico.
La repoblación de la villa fue realizada en el siglo XI por el conde
Rodrigo González de Cisneros. Sin embargo, el florecimiento de la
ciudad llegaría con Fernando II, quien la repobló con gentes de Ávila,
Zamora, León y Salamanca, y reconstruyó las murallas.
En 1372 se iniciaron las obras de construcción de una fortaleza con el
fin de controlar el puente y el paso de personas y mercancías por él.
Hasta el siglo XVI, la ciudad vive una época de esplendor durante la
cual los grandes linajes se van haciendo fuertes y construyendo
palacios y casas solariegas, muchas de las cuales aún se conservan.
Tras el breve espacio de tiempo en que Felipe II pasa a ser rey de
Portugal en 1580 y con la independencia definitiva de este país,
Ciudad Rodrigo se amuralla con un sistema en forma de estrella, con
foso y contrafoso, diseñado para luchar contra la artillería.
Un hecho importante en su historia es su participación en la guerra de
la Independencia. Durante los seis años que duró, sufrió dos fuertes
asedios que destruyeron parcialmente sus defensas. El primero por
las tropas francesas (1810) y cuando éstas ocupaban la ciudad, el del
los aliados anglo-portugueses (1812), que la saquearon.
LAS FORTIFICACIONES
Las primeras murallas datan del siglo XII y su fábrica repite el modelo
seguido en ese momento en el reino de León. Se conserva una buena
parte del trazado de esta cerca, utilizada en los proyectos posteriores
como la parte interna de las defensas.
Enrique II comenzó en 1372 la construcción de un castillo, que fue
modificado en el siglo XV por Diego del Águila, alcaide de la ciudad.
Se levantó la torre mayor y se reforzó la fortaleza por medio de
almenas, así como la puerta principal y la de la torre del homenaje.
El alcázar se compone de una torre central con dos pisos abovedados
con arcos ojivales, a los que se accede por una escalera adherida al
muro. La torre central es de planta cuadrada y tiene una altura de 17
metros. Su cuerpo inferior está fabricado con sillerías en las esquinas
y piedras de cantos rodados en el resto, terminando en almenado. En
el centro se alza el cuerpo superior, más pequeño, con terraza que
culmina a su vez en almenas. Alrededor de ella existe un doble recinto
con torres cuadradas en las esquinas y semicirculares en las líneas
medias de los lienzos. La entrada al recinto se realiza a través de una
puerta situada en una de las torres cuadradas, por un acceso acodado
en el que destaca un blasón de los reinos de Castilla y León.
A la muerte del alcaide, su hijo realizará importantes
transformaciones y construirá la barrera con el objetivo de

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incrementar su defensa. Gracias a estas reformas, Diego de Águila
consigue derrotar, en 1472, a los portugueses que habían sitiado
Ciudad Rodrigo.
Tras la guerra de Sucesión, Felipe V decide fortificar la villa creando
una tenaza en la puerta del Sol, con cuerpos de guardia en las
puertas del recinto amurallado. Además se acomodan las murallas con
terraplenes y adarves, adaptados a la nueva artillería con la creación
de cañoneras. Se construye entonces la fortificación en forma
estrellada, que resultaría insuficiente en el momento de las guerras de
la Independencia.
En la actualidad el castillo se dedica a Parador Nacional

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CASTILLO DE SAN FELICES DE LOS GALLEGOS
Este lugar fue repoblado por gentes procedentes de Galicia, que le
dieron su nombre, y Fernando II lo anexionó definitivamente al reino
de León, efectuando la primera obra amurallada de la villa.
Sancho IV la otorga al noble Martín Pérez de Puertocarrero, que
conseguirá la denominación de villa y su derecho a celebrar mercado
el lunes. Este linaje se encargó de reforzar las murallas.
Hasta el siglo XVIII, la villa se vio inmersa en diferentes luchas
fronterizas que le llevaron de un lado a otro. En 1643, San Felices se
convierte en puesto fronterizo con Portugal, y durante la guerra de
Sucesión fue tomada por los portugueses, momento en que se
construyeron baluartes. También se produjeron algunas
modificaciones de sus defensas a lo largo del siglo XVIII.
LAS FORTIFICACIONES
Será Alfonso IX quien, para reforzar el entorno de Ciudad Rodrigo,
creó pequeñas poblaciones fortificadas, entre ellas San Felices de los
Gallegos, que había sido ya repoblada por Ramiro II.
La conquista por Fernando II supuso la construcción de una cerca que
protegía el núcleo recién conquistado, realizada con medios locales y
sin dirigentes expertos. Se trata de una muralla denominada «cerca
vieja», con siete torres que tienden a ser cuadradas, realizado con
grandes sillares graníticos blancos colocados a soga y tizón, que
alternan con mampostería irregular y que protegían la primera torre-
castillo. A este momento pertenecen también las dos puertas de
acceso al recinto, la del Moro y la de la Torre.
Don Dionis edificó las torres albarranas de la muralla y adaptó el
castillo para uso residencial. Con la construcción de las torres se
buscaba reforzar el recinto murado precedente, guarneciendo los
flancos que quedaron expuestos por su rápida y descuidada
construcción anterior. Una de las torres acogía bajo ella el paso de la
puerta principal de la Cerca Vieja.
En el siglo XV se llevó a cabo una intensa labor de edificación. En esta
centuria se refuerza la muralla preexistente y se interviene también
en el castillo. Se levantó así la torre del homenaje que ha subsistido
hasta nuestros días, en cuyo cuerpo inferior se aprecian, por el
cambio en el modelo constructivo, los restos de la primera torre.
Al siglo XVII pertenecen las fortificaciones en forma de estrella de
mampostería así como obras de mampostería y ladrillo realizadas en
las inmediaciones del castillo, atribuidas a los portugueses. Se
considera desde entonces como una plaza de armas que forma una
línea estratégica junto con Ciudad Rodrigo y el Fuerte de la
Concepción. La fortaleza desempeñaría un importante papel en la
guerra de la Independencia. Al finalizar dicha guerra sería convertida
en hospital de inválidos.

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CASTILLO Y MURALLAS DE CASTROTORAFE
Situado estratégicamente en la provincia de Zamora, en un altozano
escarpado en la margen derecha del río Esla, entre los reinos de León,
Castilla, Galicia y Portugal, ha sido de importancia decisiva a lo largo
de la historia.
En la actualidad es un despoblado del que únicamente quedan restos
del castillo, de la ermita y de la muralla. Del puente se conservan
únicamente los pilares, y sólo se pueden ver cuando descienden las
aguas del pantano que hoy ocupa ese tramo del Esla.
Fue Fernando II quien repobló definitivamente el lugar en la segunda
mitad del siglo XII. Este monarca lo donó en 1176 a la Orden de
Santiago, a la que perteneció hasta 1493.
En el siglo XII se construyó el puente que cruza el río Esla y junto a él
se levantó el castillo, dominando así el vado del río.
Tras la muerte de Alfonso IX se abre un pleito por el control de la villa
entre la Orden de Santiago, la iglesia de Roma y el nuevo rey
Fernando III. Fue la Orden de Santiago quien finalmente obtuvo su
control, aunque no cesaron las luchas nobiliarias por controlarlo.
En el siglo XIV pasó a formar parte de las posesiones de Juan Alfonso
de Alburquerque, valido del rey Pedro I, quien lo utilizó contra el
propio rey en las luchas castellanas. Enrique II, en represalia por
haber apoyado la villa a su hermano en dichas luchas, mandó destruir
la fortaleza, que fue reparada después la Orden de Santiago.
En 1604 se sabe que se habían restaurado los corredores, los tejados
y las cubiertas de madera de las torres, y faltaban por reparar la torre
del homenaje, la bodega y el lagar. En 1688, después de las guerras
por la independencia de Portugal, la situación de la villa y de las
habitaciones del castillo era lamentable, con lo que parece que está
arrasada. En 1712 ya se habla de la villa despoblada de Castrotorafe.
LA MURALLA Y EL CASTILLO
La primera cerca se construye antes del año 1140 bajo el reinado de
Alfonso VII y es reforzada en la segunda mitad del siglo por Fernando
II, quien reconstruye las cercas, que definen en conjunto un núcleo de
forma ovalada de aproximadamente nueve hectáreas.
La planta tiene forma de trapecio irregular. El recinto interior,
construido en los últimos años del siglo XIII y principios del XIV,
presenta obra de sillarejo, con dos torres circulares en el lienzo sur y
cuadradas en las esquinas. En la actualidad se encuentra
prácticamente arruinado.
El castillo conserva restos de la obra de los siglos XII y XIII, la obra
principal del siglo XIII y de principios del XIV, y la barrera artillera
que se levantó en el siglo XV.

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El recinto exterior se construye en el último tercio del siglo XV. La
barrera exterior presenta muros de gran grosor y cubos circulares en
las esquinas. Su fábrica es de mampostería y muestra una planta
similar al recinto interior. En sus lienzos se abrían dos puertas, la
occidental que daba acceso a la villa, y la oriental, de acceso al
puente. Este recinto se conserva parcialmente en pie, aunque sus
cubos están destruidos. Además rodeaba a esta barrera un foso.

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CASTILLO Y FORTIFICACIONES DE PUEBLA DE SANABRIA
El desarrollo de la villa medieval está marcado por las luchas
señoriales por su control entre los Losada y el conde de Benavente.
Esta dualidad se originó cuando, en 1447, los herederos de Martín
Alfoz y Alvar Vázquez de Losada, a quienes Enrique II les había
concedido la villa en 1371, vendieron la mitad de ésta a Alfonso
Pimentel, conde de Benavente, dándose así una situación muy atípica,
con dos linajes y dos castillos.
El cuarto conde de Benavente consiguió expulsar de la villa a la
familia de los Losada en 1462, que sin embargo recuperaron su poder
en Puebla gracias a la ayuda del conde de Lemos.
El castillo actual, que se asienta sobre las ruinas de la fortaleza
plenomedieval, comenzó a construirse a mediados del siglo XV con el
tercer conde de Benavente, Alonso Pimentel. Al cuarto conde se le
atribuye la barrera que rodea el recinto. Las obras se concluyen en
1510, con el quinto.
La villa de Puebla de Sanabria jugó un papel muy importante en la
guerra con Portugal, época en la que se construyó el fortín de San
Carlos. Hacia 1647, el maestre de Campo habló de la fortaleza
medieval como arruinada, y en esa época se reconstruyeron y
levantaron de nuevo las murallas de la villa.
Tras la finalización de los enfrentamientos con Portugal y la vuelta de
la villa a manos españolas en 1716, el estado de la muralla y del
fuerte de San Carlos era bastante precario.
La guerra de Sucesión y las Carlistas, en el siglo XIX, terminan de
dañar el recinto amurallado, que sólo se repara muy superficialmente.
En el siglo XX el castillo sufre sus últimos daños con la construcción
de un depósito de agua en uno de los cubos. Recientemente ha sido
rehabilitado y consolidado.
LA FORTIFICACIÓN
En Puebla de Sanabria se conservan los restos del castillo, el recinto
amurallado y el fuerte de San Carlos.
La fortaleza, del tipo castillo-palacio, responde al modelo propio de
finales del siglo XV e inicios del XVI, con un cuerpo interior rodeado
de una barrera. El recinto es de planta cuadrada protegido por cubos.
En el patio destaca la torre conocida como El Macho, que presenta
planta cuadrada con cuatro pisos cubiertos con bóveda de cañón. La
fábrica es de buena sillería de granito. Se sitúa en posición centrada y
exenta con respecto al recinto exterior. Se accede a ella por una
escalera situada en un cubo semicircular, a la que se llega por un
puente móvil.
Se rodea de barrera de planta cuadrangular con cinco torres en las
esquinas y en los lienzos, que alternan las plantas circulares con las

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cuadradas. Destaca la entrada al castillo, que se realiza con una
segunda puerta en codo. En los muros destacan las troneras como
elemento artillero.
En el lado sur, adosado al lienzo de la barrera, se desarrollan tres
pisos con una galería dividida interiormente en dos amplias y largas
habitaciones, como muestra de su uso residencial.
El recinto amurallado de la Puebla rodeaba la zona alta del espigón
con planta ovalada. Una primera muralla, de origen medieval, recorría
la zona más elevada, con planta ovalada, cubos semicirculares y dos
puertas situadas enfrentadas al este y al oeste.
A principios del XVIII se realizaría la cerca del Arrabal, ampliando la
zona amurallada. Contaba con tres puertas hoy desaparecidas, la de
Galicia, la de Sanabria, que era la principal, y la de San Francisco. Del
perímetro apenas quedan restos, restaurados recientemente.
El tercer elemento de la fortificación es el fuerte de San Carlos. Es un
pequeño fortín abaluartado construido a finales del siglo XVII y
principios del XVIII. Se localiza al oeste de la villa y fuera del recinto
amurallado, aunque se entiende como parte integrante de todo el
sistema defensivo de la población. Presenta planta cuadrada con
puntas de diamante y barrera exterior, también estrellada. Su
pequeño tamaño y su ubicación hace pensar que no hicieron de él un
punto elemental en la defensa de la villa.

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FUERTE DE LA CONCEPCIÓN
Se localiza en el este de la provincia de Salamanca, en la localidad de
Aldea del Obispo, próximo a Ciudad Rodrigo.
La independencia de Portugal en 1640 determinó su construcción. La
divisoria entre ambos reinos discurría por el río Coa en Portugal y el
Águeda, en España. Portugal contaba con las fortificaciones de Castelo
Rodrigo al norte, Almeida en el centro y Alfayate al sur, y España con
San Felices de los Gallegos al norte y Ciudad Rodrigo al sur, con lo
que quedaba un espacio amplio entre ellos. Para remediar este vacío,
se proyectó la construcción de un fuerte frente a la localidad de
Almeida, y se eligió un cerro con buenas comunicaciones y en posición
muy avanzada.
Construido con poco acierto por el duque de Osuna en 1663, se
demolió en 1664 por la debilidad de sus instalaciones
En el siglo XVIII se resolvió su reconstrucción y se inició un largo
periodo de obras según los planos de Moreau. El proyecto seguido
diseñaba un fuerte con cuatro baluartes y cuatro revellines, y un
reducto que se situaba en posición avanzada sobre un teso que
dominaba la fortaleza. Las obras terminaron en 1797 pero las críticas
al constituir un fuerte de pequeñas dimensiones y pocas defensas hizo
que fuera destruido en parte en 1810 por el general Crawford para
impedir que sirviera al enemigo.
Así, la ruina que dejó Crawford, unida al deterioro por el paso del
tiempo y su utilización como cantera, han provocado el estado del
fuerte tal y como lo vemos. En la actualidad se han iniciado labores de
restauración parcial.
LA FORTIFICACIÓN
El fuerte presenta una planta pentagonal que engloba el cuadrilátero
de Osuna. Consta de tres partes que son: el reducto de San José, las
caballerizas y el fuerte propiamente dicho. Ocupaba una extensión de
unas doce hectáreas y tenía cabida para dos mil soldados, 200
caballos y víveres para resistir unos noventa días.
El fuerte es de planta cuadrada con un patio de armas central rodeado
de cuarteles cuyas cubiertas abovedadas les protegían de los
proyectiles, y constituían además, en su parte exterior, las corinas o
lienzos de la muralla.
Delante de cada uno de los lienzos hay un revellín que refuerza la
defensa, todo ello rodeado de un foso exterior. En total, la
construcción contaba con 16 puntas.
El fuerte se comunicaba mediante un camino cubierto con el reducto
de San José, estando a mitad de camino las caballerizas. Éstas, de las
que sólo se conserva una, tenían planta pseudocircular. El reducto de
San José era un fortín perfectamente fortificado.

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FUERTE DE CARBAJALES DE ALBA
Carbajales de Alba se encuentra en la provincia de Zamora, próxima a
la actual frontera con Portugal. Esta localización determinará la
construcción del fuerte de San Carlos como punto estratégico en las
luchas con el país vecino del siglo XVII.
Su construcción se inicia a principios del siglo XVII y finaliza en 1702.
Se levantó cercando la iglesia parroquial de San Pedro. Conocemos su
planta por los planos que de él levantaron los ingenieros militares
Robelín y Moreau en 1721 y 1739, respectivamente. En ellos se
pueden leer los nombres de sus cuatro baluartes: San Amaro, Santa
Engracia, Peñas Coronas y el de Portugal. Es en 1740 cuando se dice
de él que se hallaba en mal estado y que se había fortificado sin
inteligencia, con débiles defensas que impedían su uso en conflictos
militares.
Se utilizó fundamentalmente en las guerras fronterizas, aunque
también jugó un papel muy importante en la guerra de la
Independencia. Sus instalaciones se mantuvieron hasta finales del
siglo XIX. En la actualidad sólo quedan sus ruinas y están
parcialmente colmatadas. El relieve de la tierra marca claramente su
planta. Además, se han realizado algunas intervenciones
arqueológicas encaminadas a su exhumación y así se ha vaciado
parcialmente el foso y se han limpiado dos de los ángulos de sus
baluartes.
LA FORTIFICACIÓN
Se trata de un fuerte abaluartado de planta rectangular con torreones
en punta de diamante en las esquinas y foso, repitiendo el modelo
clásico de esta arquitectura defensiva de frontera.

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