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LA FALTA DE PERDÓN Y SUS

CONSECUENCIAS.
HEBREOS 12:14-15
“14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie
verá al Señor. 15Mirad bien, no sea que alguno deje de
alcanzar la gracia de Dios que brotando alguna raíz de
amargura os estorbe, y por ella muchos sean
contaminados;”

Vargas Flores Óscar Elías

Sanidad Interior

Monterrey, N.L. a 06 de diciembre de 2018


INTRODUCCIÓN.-

A lo largo de nuestra vida nos encontramos con situaciones que nos hacen
caer en desánimo y nos llevan en muchas ocasiones a caer en las trampas del
enemigo. Lo que vale en estas situaciones es la actitud que nosotros tomemos
ante ellas, es nuestra relación e intimidad con Dios la que nos dará el camino
correcto y la guía a seguir para no errar. No subestimar el problema nos ayudará a
conocer contra qué nos estamos enfrentando y sobre todo, nos ayudará a luchar
con nuestras mejores armas.

La falta de perdón es un tema por demás escuchado en las iglesias y aún


en el mundo secular, pero pocas veces es tratado. En una sociedad como en la
que vivimos hoy en día se hacen cada vez más evidentes los casos de falta de
perdón y es hasta que llega a situaciones catastróficas que se le pone mayor
énfasis. No es un tema que deba tratarse de manera superficial, esto debido a que
surgen problemas en el alma y el corazón que resultan difíciles de sanar y que
merecen una mayor atención en el tratamiento.

Dios es amor es lo que nos enseña la primer carta de Juan en el capítulo 4,


de donde deducimos que: si conocemos a Dios entonces sabemos que nos amó y
con ese mismo amor debemos amar a nuestro prójimo no podemos concebir
entonces la idea que odiemos a alguien por muy mal que nos haya hecho si
decimos que “conocemos a Dios”.

Es por esto que decidí abundar en el estudio de este tema para examinar,
bajo la luz de la palabra, las causas, consecuencias y modos de ayudar a una
persona que está guardando raíces de amargura y que le impiden un crecimiento.
Entendiendo problemas sociales, pero sobre todo analizando qué dice Dios acerca
del perdón y también de la falta de perdón; tomando una postura bíblica para
conducirla a la sanidad de su alma y demostrando en todo tiempo que, teniendo el
amor de Dios es fácil perdonar y amar a nuestro prójimo.
DESARROLLO.-

Es la historia de dos hermanos que durante más de 20 años vivieron en


completa paz y armonía; el uno cuidó del otro mientras estaba pequeño, le dio
cariño y afecto fraternal, jugaban juntos y nunca se despegaban. Todos a su
alrededor los reconocían con ese cariño que se tenían entre sí, ese mismo cariño
que compartían con los demás. Hasta que sucedió algo que ninguno de los dos
tenía previsto. Un problema tan grande hizo que se dijeran cosas que sin pensarlo
hirieron el corazón de ambos, a partir de ese momento las cosas cambiaron, ya no
hubo más cariño, más risas, ni bromas, todo se convirtió en gris. A pesar de que
para uno de ellos fue fácil asimilar el problema, no lo fue para el otro y comenzó a
crecer en él un sentimiento de rencor hacia su hermano al grado de no querer
verlo.

Como este hay miles de casos que a diario ocurren y no sólo con la familia,
esto sucede con amigos, con personas de recurrencia frecuente por ejemplo del
trabajo, o de la escuela. En algún momento de nuestra vida todos nos hemos
topado con una situación en la que alguien nos ofendió o nos hizo tanto daño que
de sólo acordarnos nos vuelve a doler. ¿Qué hago? ¿por qué me es difícil
perdonar?, Como cristianos estamos en un gran predicamento, pero no por el
hecho de verlo como una obligación sino más bien es porque conocemos quién es
Dios y sabemos que en su amor tuvo a bien perdonarnos a nosotros, ¿por qué no
habremos de hacer lo mismo?

I. Causas de la falta de perdón.

Entonces ¿qué es lo que hace que, aunque en mí esté la intención de


perdonar, no haga nada por materializarlo? Encontramos que en el proceso de la
ofensa y cuando uno está en el papel de víctima, siempre es más difícil dejar que
sea el Espíritu de Dios quien gobierne nuestra vida y nos conduzca por el camino
de la reconciliación. El argumento más utilizado es “me lastimó mucho” o “es esa
persona la que me tiene que pedir perdón”, lo cierto es que aún cuando el dolor
que haya causado en nuestro interior haya sido grande y devastador, tenemos a
Jesús como el Sanador de nuestra alma. Lo triste es que, muchas veces eso no
es suficiente para las personas pues en su dolor dejan de enfocarse en Dios y
dejan que la amargura crezca en sus corazones.

Bajo este tenor, encontramos algunos factores que intervienen en esa toma
de decisión de no perdonar a las personas, influyéndonos a tomar una actitud
negativa en la que no permitimos que la reconciliación y la transformación de Dios
actúe en nuestra vida:

1. Orgullo: Entendemos por orgullo la arrogancia, que es tener un alto


concepto de sí mismo, totalmente opuesto al carácter humilde de Dios. Es altanero
y hace que no busquemos a Dios y que no tenga lugar en nuestros pensamientos
(Salmo 10:4). Esto afecta de manera que no reconocemos que necesitamos la
ayuda de Dios y es creer que en nuestras propias fuerzas y en nuestra sabiduría
conseguiremos salir adelante. Dios, sin embargo, siempre está presto a que nos
acerquemos a Él mediante su Hijo JesuCristo, “venid a mí todos los que estéis
cansados y cargados y hallen en mí reposo” es una invitación que nos hace a:
a. Reconocer: que en nuestras fuerzas no podemos.
b. Aceptar: su ayuda.
c. Decidir: entregarle nuestras cargas.
d. Encontrar: en Él descanso.
2. Falta de amor: Si decimos que conocemos a Dios entonces sabemos que
Dios es amor. Un fariseo le preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más
importante, él le respondió
a. <<amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y
con todas tus fuerzas>> haciendo una breve pausa aquí, me impresiona la manera
en la que Jesús les declara que este es el primer mandamiento más importante
¿por qué? No será que estaba impulsando a primero tener un amor profundo
hacia Dios, porque si no amamos no podemos decir que conocemos a Dios y si no
le conocemos no es posible que amemos a los demás.
b. Lo que les declara enseguida realmente impresiona <<el segundo es
semejante a este: ama a tu prójimo como a ti mismo>> si amamos a Dios
podemos amar a nuestro prójimo y aún más alta está la medida amarlo como a
mí mismo.
El mayor ejemplo que tenemos de amor y perdón sobre esta tierra es
cuando en la cruz, Jesús le pide al Padre que no tome en cuenta: las ofensas, las
burlas, los golpes, etc. de todos los que le acusaban. ¿por qué lo hizo? Por amor.
1 Juan 4:9 nos habla que fue por amor que entregó Dios a su Hijo único en
propiciación por nuestros pecados. Si Dios por medio de la sangre de JesuCristo
perdonó tus pecados por amor ¿no puedes perdonar las ofensas de los demás?
Por supuesto que sí.

II. Consecuencias de la falta de perdón.

No caigamos en el error de permitir que estos elementos gobiernen nuestra


vida y nuestro pensamiento. Hebreos 12:15 nos exhorta a que no permitamos que
alguna raíz de amargura crezca en nuestros corazones, nos envenene y nos
estorbe resultando en perjuicio de otras personas.

Cuando encontramos el término corazón, el hebreo lo trata en un sentido


mucho más amplio que en nuestro lenguaje actual que se basa en sentimientos,
emociones y afectos. El corazón es lo que se halla en lo más interior; ahora bien,
en lo íntimo del hombre se hallan, sí, los sentimientos, pero también los recuerdos
y los pensamientos, los razonamientos y los proyectos. A lo que debemos poner
mayor atención es a que “Dios mira nuestro corazón”1, aun cuando pensamos
que estamos haciendo bien las cosas o que no tenemos de qué preocuparnos,
Dios ya analizó nuestro interior, mejor de lo que podríamos pensar.

¿Qué entonces ocurre cuando dejamos que nuestro corazón sea


contaminado por el orgullo y la falta de amor? Crece una raíz de amargura. En el
griego del Nuevo Testamento, “amargura” proviene de una palabra que significa
punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo pesado. Finalmente, el uso en el
griego clásico revela el concepto de algo fuerte. La amargura, entonces, es algo
fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón. Esto ocurre
cuando no permitimos ser sanados por Dios y comenzamos a maquinar más
ofensas de las personas creyendo, equivocadamente, que todo es su culpa.

1 Vid. 1 Samuel 16:7 […] Pero el Señor mira el corazón.


Hebreos 12:15 continúa diciendo que es la amargura la que termina en
perjuicio de las personas. Esto es porque generalmente la amargura no viene sola
y conjunto con lo que viene tras de ella nos envenena y provoca que las personas
a nuestro alrededor salgan lastimadas. ¿De qué manera lastimamos a los demás?
Esto es muy importante de entender, debido a que la amargura, como ya se dijo.,
no viene sola y son esto los síntomas que presenta una persona con el problema
de falta de perdón: enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. De lo
cual Pablo habla a la iglesia de los Efesios 4:31 a que sea quitada de en medio
de ellos. Esto es lo que ocurre en nosotros y terminamos produciendo los frutos
amargos que contaminan a los de nuestro alrededor. ¡Es necesario Sanar!

III. ¿Cómo ser sanados?

En primera instancia es necesario aclarar que por nuestras propias fuerzas


no podemos lograr nada, necesitamos el poder de Dios y la obra de su Espíritu
Santo para que, la obra de sanidad y transformación sea completada en nuestra
vida. ¿Cómo poner de mi parte? la Biblia nos habla en Santiago 1:20 que la ira
del hombre no obra la justicia de Dios; y Proverbios 29:11 nos dice que la ira es
característica del necio que le da rienda suelta. Pero aún la misma palabra de Dios
nos ayuda a resolver los conflictos Santiago 1:19-20 sigue diciendo “pues la ira
del hombre no obra la justicia de Dios. {Esto} sabéis, mis amados hermanos. Pero
que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira;” y;
Proverbios 14:29 “El lento para la ira tiene gran prudencia” buscando la sensatez
en Dios es como vencemos y cortamos esa raíz de amargura.

Ahora bien, para no dejar la entrada abierta al enemigo y que haga estragos
en nosotros, no debemos mostrarnos orgullosos, sino humildes de corazón
entendiendo que debemos dejar de lado la altanería que no nos conlleva a lo
bueno. Dios promete estar con nosotros y lo más importante es que
reconozcamos que ni Jesús mismo se exaltó el cual, siendo en forma de Dios, no
estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí
mismo, tomando forma de siervo2, de esta manera es que entendemos el mejor y

2 Filipenses 2:6
gran ejemplo de humildad: cuando Jesús dio su vida en rescate por muchos a
pesar de que no todos le corresponderían a su amor. Perdonó así nuestros
pecados y con su sangre nos lavó, aún cuando no lo merecíamos, Cristo pagó el
precio por nosotros.

Para ser sanados no se necesita encontrar quién fue quien tuvo la culpa,
sino que, a pesar de que una persona u otra haya sido el causante, tomemos la
iniciativa de pedir perdón y también de perdonar. A futuro esta acción dará frutos
por medio del Espíritu Santo de Dios actuando en nosotros, transformando esa ira
y amargura en: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, templanza,
mansedumbre.

IV. Conclusión
Pablo exhorta a los Romanos 12:2 a que sean transformados por medio de
la renovación del entendimiento, para entender cuál sea la buena voluntad del
Padre, agradable y perfecta. Es pues que debemos perdonar para alcanzar a
cumplir la voluntad de Dios en nosotros. Esta transformación parte de la necesidad
de cambio y de una mejor comprensión del amor hacia Dios, por lo tanto, hacia
nuestro prójimo. Entendiendo que sí, en ocasiones la decisión de perdonar va a
costar más trabajo, pero confiamos en que Dios tiene el gran poder sanador y
restaurador en sus manos.
La gran premisa de JesuCristo en la oración que enseña a sus discípulos
es: perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos
ofenden3. La pregunta de reflexión es ¿estamos dispuestos a ser perdonados por
Dios a medida que nosotros perdonamos? ¿has perdonado como deberías?.

3 Mateo 6:12