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Fiebrefobia
FIEBRE. Definición

La fiebre, conocida como temperatura o calentura, es un aumento en


la temperatura corporal por encima de lo que se considera normal. La
temperatura normal del cuerpo humano oscila entre 35 y
37.5 °C. La fiebre es un signo de que algo fuera de lo común está
sucediendo en su cuerpo.

La fiebre actúa como respuesta adaptativa que ayuda al cuerpo a


combatir los organismos que causan enfermedades y surge en
respuesta a unas sustancias llamadas pirógenos que se derivan
de bacterias o virus que invaden el cuerpo, o que son producidas
por las propias células.

Debido al sistema inmunitario poco experimentado con el que cuentan,


los niños son más propensos a sufrir fiebres elevadas.

Las fiebres por encima de los 40,5 °C pueden amenazar proteínas


de vital importancia, provocando estrés celular, infarto cardíaco,
necrosis de tejidos, ataques paroxísticos y delirios

 Para los niños menores de tres años, una temperatura


ligeramente elevada puede indicar una infección grave.
 El grado de fiebre no indica necesariamente la gravedad de
la afección subyacente. Una enfermedad leve puede causar
una fiebre alta y una enfermedad más grave puede causar
un poco de fiebre.
 La fiebre juega un papel clave en ayudar al organismo a
combatir una serie de infecciones.
 la mitad de los padres consideran que una temperatura
corporal inferior a 38°C es fiebre, y un ¼ de ellos dan
antipiréticos en temperaturas inferiores a 37.8°C, y hasta un
85% despiertan a sus hijos para administrarles antitérmicos.

La mitad de los padres administran incorrectamente los


antitérmicos y de estos, lo que es más grave, el 15% lo hacen en
dosis superiores a las requeridas en fármacos como paracetamol
o ibuprofeno, los más comúnmente utilizados.

Los síntomas
La fiebre es un síntoma muy común, y más en la infancia, que llega a
suponer el 1/3 de las causas de consulta en estos estratos de
edad.

Es causa de ansiedad en los padres y de visitas urgentes y llamadas


intempestivas a los médicos pues es una situación que alarma a los
padres.

Dependiendo de lo que está causando la fiebre, signos


adicionales de fiebre y síntomas pueden incluir:
• Sudoración
• Escalofríos
• Dolor de cabeza
• Dolores musculares
• Pérdida del apetito
• La deshidratación
• Debilidad general

http://dra-amalia-arce.blogspot.com/2012/06/decalogo-de-la-fiebre.html
http://dra-amalia-arce.blogspot.com/2010/10/fiebrefobia-y-alternancia-de.html

Fiebrefobia
No es un trastorno mental; ni siquiera es un término aceptado en
los manuales de psiquiatría. Es, sencillamente, un estado de
ánimo que embarga a muchos padres y les lleva a experimentar
una angustia injustificada por el estado de salud de sus hijos.

Cuando se eleva la temperatura corporal de un menor, lo


habitual es pensar que ocurre algo malo. En absoluto. Algunas
infecciones graves cursan con fiebre muy baja, mientras que otras
mucho más leves pueden poner el termómetro al rojo vivo

Existe un mensaje que no acaba de calar en las mentes de los


progenitores, sobre todo si son primerizos: "La fiebre no es una
enfermedad, sino un síntoma

Los recién nacidos constituyen una excepción. "Si se trata de un


bebé menor de tres meses, siempre hay que acudir a urgencias
cuando tiene fiebre". En la mayoría de los casos, no se trata de un
problema grave, pero los neonatos son más vulnerables a las
infecciones.

Tratamiento de la fiebrefobia
tranquilidad, un poco de sentido común y, sobre todo, mucha
información.

Mitos entorno a la fiebre


 La fiebre alta puede producir daño cerebral permanente.
Salvo temperaturas por encima de los 42ºC (rarísimas) no hay
riesgo
 La fiebre alta provoca meningitis. La meningitis puede dar
fiebre alta, pero no al revés
 La fiebre elevada origina convulsiones febriles. Las
convulsiones febriles se pueden producir con cualquier
temperatura y suelen ser benignas, de hecho lo más típico es que
se produzcan cuando se inicia el proceso febril, con poca
temperatura" la propensión a las convulsiones febriles sólo se da
en, aproximadamente, el 2% de los niños, y cuando se
producen no quiere decir que vaya a causarles daño cerebral ni
que sean epilépticos". Lo cierto es que el cerebro no corre peligro
casi nunca. "Salvo con temperaturas por encima de los 42 º C,
que son rarísimas, no hay riesgo", En cuanto a las convulsiones
febriles, ciertamente ni tienen correlación con el nivel de
temperatura, ni tienen correlación con el tratar o no la fiebre. La
presentación típica de la convulsión febril es al inicio del cuadro
febril, cuando nadie sabe que ese niño está con fiebre porque
apenas hay síntomas. Lamentablemente las convulsiones febriles
son difíciles de prever y de prevenir farmacológicamente (salvo
con medicamentos antiepiléticos, que no están recomendados de
forma generalizada).
 Si no somos capaces de bajar la fiebre, es por que la causa
de la misma es grave. Una enfermedad banal puede dar fiebre
muy alta y al revés, enfermedades muy graves tener
temperaturas muy bajas (y analíticas normales.....). La escasa
respuesta al tratamiento antitérmico tampoco aporta datos
relevantes en cuanto a la severidad
 La presencia de fiebre indica la necesidad de tratamiento
antibiótico. La mayoría de veces serán cuadros virales que no lo
necesitan

Debe de bajarse la fiebre usando paños húmedos, baños de


alcohol, desnudar a los niños, o bañarlos frecuentemente… este
tratamiento de la fiebre está desaconsejado.

Debe abrigarse bien al niño cuando esta con fiebre

9. Ni la cantidad de fiebre ni el descenso de ésta después de


administrar ibuprofeno o paracetamol sirven para orientar sobre
la gravedad de la infección.

10. El tratamiento de la fiebre es un asunto aún no totalmente


dilucidado, y la norma general es intentar que el niño se encuentre lo
más confortable posible, sin embargo, el tratamiento de este estado no
se debe simplemente a la ausencia de fiebre, pues disminuyendo esta
por medios físicos (paños de agua tibia, baños...) disminuye la
temperatura sin resolver totalmente el resto de los síntomas.
La fiebre se puede tratar con medidas físicas y con antitérmicos.
Los antitérmicos más utilizados son el paracetamol y el ibuprofeno que
se pueden utilizar solos o de forma combinada.

La fiebre se trata, no porque sea mala, sinó porque cuando el


niño tiene fiebre se encuentra mal.

Bajar la fiebre no cura la enfermedad pero mejora el confort.

No hay que obsesionarse con bajar la temperatura y no hay que exceder


la dosis recomendada de los fármacos pues pueden originar toxicidad.

La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del


organismo contra las infecciones, tanto las causadas por virus como por
bacterias.

LO QUE TODO PADRE DE FAMILIA DEBE DE


SABER SOBRE LA FIEBRE
1. La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del
organismo contra las infecciones, tanto las causadas por virus como por
bacterias.

2. La fiebre por sí misma no causa daño cerebral, ni ceguera, ni


sordera, ni muerte.

3. Un 4% de los niños pueden tener convulsiones por fiebre, pero


el tratamiento de la fiebre no evita estas convulsiones. Nunca se
deberían dar medicamentos para bajar la fiebre con este propósito.

4. Hay que tratar a los niños sólo cuando la fiebre se acompaña


de malestar general o dolor. El ibuprofeno y el paracetamol tienen la
misma eficacia para tratar el dolor y su dosificación debe realizarse en
función del peso del niño y no de la edad. La combinación o alternancia
de ibuprofeno y paracetamol no es aconsejable.
5. El niño con fiebre debe estar bien hidratado. Hay que ofrecer
frecuentemente líquidos y procurar que éstos tengan hidratos de
carbono (zumos de frutas, batidos, papillas, etc.).

6. Está desaconsejado el uso de paracetamol o ibuprofeno tras la


vacunación para prevenir las reacciones febriles o locales.

7. Ni la cantidad de fiebre ni el descenso de ésta tras administrar


ibuprofeno o paracetamol sirven para orientar sobre la gravedad
de la infección.

8. Debe vigilar signos de empeoramiento y consultar con carácter


urgente si su hijo presenta

16. La fiebre es considerada una enfermedad en si misma cuando no es


más que una reacción fisiológica debido a una respuesta hipotalámica a
pirógenos endógenos o exógenos y por tanto beneficiosa pues permite
luchar contra la infección, al evitar el crecimiento de los
microorganismos y generar la producción de linfocitos T, ayudando a la
inmunidad celular.

17. Tratar la fiebre mejora el mal estado pero retrasa el


diagnóstico, el tratamiento específico y aumenta el riesgo de
fármacotoxicidad.

Bajar la temperatura se convierte en una obsesión para muchos padres


y pediatras. Y hay muchos niños que a pesar de estar con temperaturas
altas están como si nada, haciendo vida más o menos normal. En otros
casos no ocurre así y el aumento de la temperatura se relaciona con un
empeoramiento del estado general y una hipoactividad marcada. Quizá
como referencia para tratar la fiebre, más que un nivel de temperatura
en concreto, hay que fijarse en cómo está el niño y tratarle en función
de ese dato.

Cuándo buscar ayuda médica

 Si un niño menor de 3 meses tiene una temperatura rectal de


(38 C) o más, aun cuando no presente otros signos o síntomas
 Un niño menor de 2 años de edad tiene fiebre de más de un
día, o un niño de 2 años o más tiene una fiebre de más de
tres días

 Un fuerte dolor de cabeza


 Dolor de garganta
 Erupciones inusuales en la piel
 Rigidez en el cuello y el dolor cuando la cabeza está inclinada
hacia adelante

 Confusión mental
 vómito persistente
 El dolor abdominal o dolor al orinar
 Decaimiento, irritabilidad o llanto excesivo y difícil de
calmar.

 Dificultad para respirar (marca las costillas, se oyen como


silbidos cuando respira, respiración muy rápida, agitada, etc.).

 Vómitos y/o diarrea persistentes o muy abundantes que


causen deshidratación (lengua seca, ausencia de saliva, ojos
hundidos, etc.).

 Siempre requiere consulta urgente la fiebre en un niño


menor de 3 meses.

 La sensibilidad inusual de los ojos a la luz brillante


No existen evidencia de que la fiebre pueda aumentar el riesgo
de daños cerebrales, como comúnmente se cree. No obstante, la
fiebre producida por enfermedades infecciosas, debe distinguirse de la
hipertermia maligna (temperaturas > 41ºC) por fallo de los mecanismos
hipotalámicos de regulación del calor, que puede conducir a
convulsiones, delirio, obnubilación y coma. Situación esta
extremadamente rara.

no está demostrado que el tratamiento con antitérmicos


disminuya la recurrencia de convulsiones febriles, de tal modo
que darlos profilácticamente no tiene mucho sentido. Otro, es la
práctica de dar antitérmicos antes de inyectar una vacuna para evitar la
reacción febril, que se ha demostrado que disminuye la respuesta
inmunológica del niño tratado.

El paracetamol es el fármaco que se ha posicionado en primer lugar


tras demostrarse la relación entre la aspirina y el síndrome de Reye, y
su retirada de esta del mercado en estos estratos de edad. La
dosificación es simple y se encuentra entre 10-15 mg/Kg por dosis, cada
4-6 horas, haciendo efecto en el 80% de los niños a los 30-60 minutos.
Dosis más elevadas (de choque) vía oral (30 mg/Kg/dosis) o rectal (40
mg/Kg/dosis) no tienen mayor efecto que la dosis convencional, y
aumentan el riesgo de hepatotoxicidad al llegar a dosis tóxicas (más de
90 mg/kg/día), por lo que están desaconsejadas. En este aspecto
estarían desaconsejadas las administración de presentaciones de
adultos.
El ibuprofeno, sería el segundo fármacos más comúnmente utilizados,
siendo su efecto en reducción de la fiebre parecido al del paracetamol a
dosis de 10 mg/kg/dosis, y mayor a dosis de 15 mg/kg/dosis.
No existen diferencias en seguridad y eficacia a dosis convencionales
entre un fármaco u otro en niños con fiebre de entre 6 meses y 12 años,
y si bien es cierto que el ibuprofeno, como cualquier antiinflamatorio
(AINE) puede ser causa de gastritis. Por otro lado, no empeora, al
contrario de lo que se cree, los síntomas del asma bronquial.
Si que es cierto, algo que no se tiene en cuenta, que el ibuprofeno
puede ser causa de nefrotoxicidad, que achacada a todos los AINES,
puede conducir a la insuficiencia renal en niño febriles pequeños y
deshidratados, por lo que debemos ser cautos al utilizarlo en niños con
posible deshidratación o lactantes menores de 6 meses. En estas edades
existen otros riesgos como la persistencia del ductus arterioso, la
infección por varicela y del estreptococo invasivo del grupo A -aunque
los datos hasta el momento son insuficientes.
La alternancia entre ambos es algo corriente (superior al 70%
según las encuestas) pero en los 5 estudios identificados en esta
revisión, no muestran diferencias con respecto a cada uno de los
fármacos por separado en cuanto a la reducción de la temperatura, pero
sí en cuanto a la duración de esta y mejoría del resto de síntomas
acompañantes. Con todo esta práctica hace más fácil la posibilidad de
sobredosificación no intencionada por parte de los padres, algo que
puede ocurrir al tiempo que se utilizan otros productos antigripales que
tengan a su vez antipiréticos.

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/02/04/noticias/129683504
4.html

'Fiebrefobia'
Los pediatras confirman que la fiebrefobia, que no es un fenómeno
nuevo, afecta a numerosos padres y más en esta época del año, en la
que la gripe, los resfriados y las neumonías están a la orden del día.
Otro fracaso de la era de la información.

José Cristóbal Buñuel, coautor del blog 'Pediatría basada en pruebas',


Existe un mensaje que no acaba de calar en las mentes de los
progenitores, sobre todo si son primerizos: "La fiebre no es una
enfermedad, sino un síntoma que, además, es útil para combatir las
infecciones". Santiago García-Tornel, responsable del blog 'Reflexiones
de un pediatra curtido', corrobora que se trata de "un mecanismo de
autoesterilización" frente a los gérmenes, es decir, sirve para
destruirlos.

. Amalia Arce, artífice del 'Diario de una mamá pediatra', recalca que lo
importante "son los otros síntomas y cómo se encuentra el niño". Si
éste sigue jugando, los padres pueden estar más tranquilos que
si se encuentra apagado.
A medida que un bebé va cumpliendo meses, su organismo se va
fortaleciendo. "A partir de los dos años, el sistema inmune está mucho
más desarrollado", señala García-Tornel. Por eso, "no hace falta ser tan
agresivo con el tratamiento", añade.

Los especialistas coinciden en señalar que muchos padres –y algún que


otro médico– tienen la mano demasiado larga al administrar
antipiréticos a sus retoños. "La gente cree que se emplean para bajar
la fiebre, pero en realidad son para que el niño se encuentre mejor",
precisa el 'pediatra curtido'.

Síntomas
la necesidad de acudir inmediatamente a Urgencias o al pediatra ante la
menor elevación de la temperatura corporal de un niño y la
administración innecesaria de medicación.

Tratamiento
tranquilidad, un poco de sentido común y, sobre todo, mucha
información. Los progenitores siguen dando crédito a los mitos en
torno a la fiebre.

¿Cuándo se debe recurrir al paracetamol o al ibuprofeno? "Cuando el


niño esté muy decaído o cuando su estado general esté muy afectado",
aclara el doctor Buñuel. En caso de duda, siempre será mejor
consultar al pediatra antes de atiborrar al pequeño a fármacos.

Afortunadamente, "los antitérmicos tienen un perfil de seguridad muy


amplio", indica Amalia Arce. "Pero yo siempre les digo a los padres que,
si das más cantidad, a lo mejor consigues que desaparezca la fiebre,
pero aumenta el riesgo de efectos secundarios", agrega. De hecho,
estos medicamentos no son inocuos y hay pruebas sobradas de
la toxicidad del paracetamol sobre el hígado. En todo caso, la
mayoría de las intoxicaciones por estos productos no se debe a una
sobredosificación, sino al consumo accidental.
Mitos
El uso indiscriminado de antitérmicos está, por lo tanto, totalmente
fuera de lugar si se tiene en cuenta que la fiebre se produce, en la
inmensa mayoría de los casos, por procesos infecciosos banales que
habitualmente se resuelven por sí solos. Pero la sensación de peligro
sigue ahí y los pediatras tienen la importante labor de desmontar las
creencias falsas en torno a la elevación de la temperatura.

Otra creencia incorrecta es la de que si no somos capaces de bajar


la fiebre es porque se trata de una enfermedad muy grave.
Finalmente, hay que desterrar el uso sistemático de antibióticos. Éstos
sólo actúan frente a las bacterias y la mayoría de las infecciones que
provocan fiebre es por virus.

The Section on Clinical Pharmacology and Therapeutics and Committee


on Drugs
Fever and Antipyretic Use in Children. Originally published online Feb
28, 2011; Pediatrics 2011;127;580-587

http://dra-amalia-arce.blogspot.com/

DECALOGO DE LA FIEBRE
1. La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del
organismo contra las infecciones, tanto las causadas por virus como por
bacterias.

2. La fiebre por sí misma no causa daño cerebral, ni ceguera, ni


sordera, ni muerte.

3. Algunos niños predispuestos (4%) pueden tener convulsiones por


fiebre, pero el tratamiento de la fiebre no evita estas
convulsiones. Nunca se deberían dar medicamentos para bajar la
fiebre con este propósito.

4. Hay que tratar los niños febriles sólo cuando la fiebre se


acompaña de malestar general o dolor. El ibuprofeno y el
paracetamol tienen la misma eficacia para tratar el dolor y su
dosificación debe realizarse en función del peso del niño y no de la edad.
La combinación o alternancia de ibuprofeno y paracetamol no es
aconsejable.

5. El uso de paños húmedos, friegas de alcohol, desnudar a los


niños, duchas, baños… para el tratamiento de la fiebre está
desaconsejado.

6. No abrigar ni desnudar demasiado al niño con fiebre.

7. El niño con fiebre debe estar bien hidratado. Hay que ofrecer
frecuentemente líquidos y procurar que éstos tengan hidratos de
carbono (zumos de frutas, batidos, papillas, etc.).

8. Está desaconsejado el uso de paracetamol o ibuprofeno tras la


vacunación para prevenir las reacciones febriles o locales.

9. Ni la cantidad de fiebre ni el descenso de ésta tras administrar


ibuprofeno o paracetamol sirven para orientar sobre la gravedad
de la infección.

10. Debe vigilar signos de empeoramiento y consultar con carácter


urgente si su hijo presenta:

 Manchitas en la piel, de color rojo oscuro o morado, que no


desaparecen al estirar la piel de alrededor.
 Decaimiento, irritabilidad o llanto excesivo y difícil de calmar.
 Rigidez de cuello.
 Convulsión o pérdida de conocimiento.
 Dificultad para respirar (marca las costillas y hunde el esternón, se
oyen como silbidos cuando respira, respiración muy rápida,
agitada, etc.).
 Vómitos y/o diarrea persistentes o muy abundantes que causen
deshidratación (lengua seca, ausencia de saliva, ojos hundidos,
etc.).
 Si no orina o la orina es escasa
 Siempre requiere consulta urgente la fiebre en un niño
menor de 3 meses.

La fiebre es el principal motivo de consulta en Urgencias y con


frecuencia alarma a las familias y no en pocos casos, también a los
profesionales. Sin haber participado en la redacción de este decálogo mi
visión es que se ha intentado redactar teniendo en cuenta por un lado
qué dice la evidencia científica y por otro lado intentando seguir el
principio de "primum non nocere", es decir, que lo primero sea no hacer
daño (e intentar que tratar la fiebre no acabe causando efectos adversos
indeseados). También creo que se parte de la premisa que la principal
causa de la fiebre en los niños son los virus y que por tanto la mayoría
de enfermedades que originan fiebre, no van a ser "peligrosas".

En cuanto a la fiebre, en más de una ocasión he comentado, que lo más


importante es la valoración del estado general y no el nivel de
temperatura en sí mismo. Por eso se indica tratar la fiebre en función
del malestar y/o del dolor. Habitualmente cuando la fiebre es elevada,
hay malestar y ése será el motivo para tratarla. No en pocas ocasiones
uno se da cuenta de que su hijo tiene fiebre porque empieza a quejarse
o a estar poco activo y no porque cada día les pongamos el termómetro
de forma rutinaria. De esa manera, lo más conveniente es continuar
valorando cómo está, más que continuar termometrando de forma
horaria.

La fiebre asusta bastante. Se ha llegado a acuñar el término de


fiebrefobia para expresar este temor. La perseverancia en mantener una
situación afebril hace que a veces se opte por alternar los antitérmicos.
La alternancia de antitérmicos está en el imaginario colectivo,
seguramente alentada por los pediatras. Sobre este tema se ha escrito
bastante en la literatura pediátrica.
Igualmente es bueno conocer que el nivel de temperatura no se
correlaciona con el nivel de gravedad de la enfermedad que provoca la
fiebre.

En algunas ocasiones he recomendado medidas físicas contra la fiebre


(baños de agua tibia). Pero es verdad que tienen una eficacia limitada y
transitoria y tal como explica una mamá en un comentario de ayer, a
veces provocan reacciones desagradables en los niños. Con frecuencia
se utilizan temperaturas muy frías y poco convenientes. Me parece una
medida que puede mejorar el confort en ciertos casos puntuales,
siempre que el contraste de temperaturas no sea muy exagerado.

Ante la fiebre, a veces queremos hacer muchas cosas, tenemos la


sensación -padres y pediatras- de que debemos actuar y con frecuencia
nos olvidamos de que la fiebre es un mecanismo de defensa contra la
infección y que lo bueno es en realidad, que la fiebre exista.

Fever
http://www.mayoclinic.com/health/fever/DS00077

Tomando la temperatura
Para comprobar su temperatura o su hijo, usted puede elegir entre
varios tipos de termómetros, incluyendo rectal por vía oral, y los
termómetros de oído (timpánica).
A pesar de que no es la forma más exacta de tomarle la temperatura, se
puede usar un termómetro oral de la axila (axilar) que diga:
• Coloque el termómetro en la axila y cruzar los brazos o en los brazos
de su hijo sobre el pecho.
• Espere a que cuatro o cinco minutos. La temperatura axilar es
ligeramente inferior a la temperatura oral.
• Si usted llame a su médico, informe del número real en el termómetro
y el lugar del cuerpo donde se tomó la temperatura.
Use un termómetro rectal para los niños:
• Coloque un poco de vaselina en el bulbo.
• Coloque a su bebé sobre su estómago.
• Introduzca con cuidado la bombilla de media pulgada a una pulgada
en el recto de su bebé.
• Sostenga la bombilla y su bebé aún por tres minutos.
• No dejar de lado el termómetro mientras está dentro de su bebé. Si su
bebé se retuerce, el termómetro podría ir más profundo y causar una
lesión.

Los bebés
Una fiebre de origen desconocido es mayor motivo de preocupación en
los lactantes y en niños que en adultos. Llame al médico si su bebé tiene
una fiebre de 101 F (38.3 C) o más. También se debe consultar al
médico si su bebé:
• Tiene fiebre y es menor de 3 meses de edad.
• Se niega a comer o beber.
• Tiene fiebre y la irritabilidad inexplicable, como el llanto
marcados durante un cambio de pañal o cuando se mueven.
• Tiene fiebre y parece aletargado y no responde. En los lactantes
y niños menores de 2 años de edad, éstos pueden ser signos de la
meningitis, una infección e inflamación de las membranas y el líquido
que rodean el cerebro y la médula espinal.

¿Es un recién nacido y tiene un menor a la temperatura normal -


menos de 97 F (36.1 C). Los bebés muy pequeños no pueden regular
su temperatura corporal, así cuando están enfermos y pueden llegar a
ser fría y no caliente.

Niños
Probablemente no hay motivo de alarma si su hijo tiene fiebre, pero es
sensible - el contacto visual con usted y responder a sus expresiones
faciales y su voz - y es beber líquidos y de juego.
Llame al médico si su hijo:
• ¿Es apático o irritable, vomita repetidamente, tiene un fuerte dolor de
cabeza o de estómago, o si tiene otros síntomas que provocan un
malestar significativo.
• Tiene fiebre después de haber sido dejado en un automóvil caliente.
Busque atención médica de inmediato.
• Tiene fiebre que persiste más de un día (en niños menores de 2 años)
o más de tres días (en los niños de 2 años y mayores).
Pregúntele al médico de su hijo para obtener orientación en
circunstancias especiales, como un niño con problemas del sistema
inmunológico o con una enfermedad preexistente. El médico de su hijo
también puede recomendar precauciones si su hijo ha comenzado a
tomar un nuevo medicamento recetado.

Adultos
Llame a su médico si:
• Su temperatura es de más de 103 F (39.4 C)
• Usted ha tenido fiebre por más de tres días
Además, busque atención médica inmediata si presenta cualquiera de
estos signos o síntomas acompaña a la fiebre:
• Dolor de cabeza severo
• inflamación de garganta fuerte
• erupción inusual de la piel, especialmente si la erupción empeora
rápidamente
• Sensibilidad inusual a la luz brillante
• Rigidez en el cuello y dolor al doblar la cabeza hacia adelante
• Confusión mental
• Vómitos persistentes
• Dificultad para respirar o dolor en el pecho
• apatía o irritabilidad extrema
• Dolor abdominal o dolor al orinar
• Todos los otros signos o síntomas inexplicables
Causas
Su temperatura normal del cuerpo varía a lo largo del día - es menor en
la mañana y más alta en la tarde y la noche. De hecho, su temperatura
normal puede variar desde aproximadamente 97 F (36,1 C) a 99 F (37,2
C). Aunque la mayoría de la gente considera que 98.6 º F (37 C)
normal, su temperatura puede variar en un grado o más. Otros factores,
como su ciclo menstrual o el ejercicio intenso, pueden afectar su
temperatura.

La fiebre puede ser causada por:


• Un virus
• Una infección bacteriana
• Agotamiento por calor
• quemadura de sol extremo
• Ciertas enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide:
inflamación del revestimiento de las articulaciones (sinovial)
• Un tumor maligno
• Algunos medicamentos, como antibióticos y fármacos utilizados para
tratar la presión arterial alta o convulsiones
• Algunas vacunas, como la tos ferina la difteria, el tétanos y acelular
(DTaP) o vacunas contra el neumococo
A veces no es posible identificar la causa de una fiebre. Si usted tiene
una temperatura de 101 ° F (38.3 C) o superior durante más de tres
semanas y su médico no es capaz de encontrar la causa después de una
extensa evaluación, el diagnóstico puede ser fiebre de origen
desconocido.
Complicaciones
Las complicaciones de una fiebre pueden incluir:
• La deshidratación severa
• Alucinaciones
• La fiebre inducida por ataque (convulsión febril), en un pequeño
número de niños de 6 meses a 5 años
Las convulsiones febriles
Las convulsiones febriles suelen implicar la pérdida de la conciencia y
sacudidas de las extremidades en ambos lados del cuerpo. Aunque
alarmante para los padres, la gran mayoría de las convulsiones febriles
no causan efectos duraderos.
Si se presenta una convulsión:
• Coloque a su niño en su lado o boca abajo en el piso o el suelo
• Retire los objetos cortantes que están cerca de su hijo
• Afloje la ropa apretada
• Mantenga a su niño para evitar lesiones
• No coloque nada en la boca de su hijo o tratar de detener la
convulsión

 La mayoría de las convulsiones desaparecen por sí solos. Lleve a


su hijo al médico tan pronto como sea posible después de la toma
para determinar la causa de la fiebre.
 Solicite ayuda médica de emergencia si una convulsión dura más
de 10 minutos.

La fiebre es un signo de una variedad de condiciones médicas,


incluyendo la infección. Su temperatura normal puede diferir
ligeramente de la temperatura corporal promedio de 98.6 F (37 C).

Para los niños pequeños y recién nacidos, especialmente los recién


nacidos - incluso temperaturas ligeramente elevadas pueden indicar una
enfermedad grave. Para los adultos, la fiebre por lo general no es
peligroso hasta que llegue a 103 F (39.4 C) o más.

Para los adultos, no tratar la fiebre por debajo de 102 ° F (38.9 C), con
cualquier otro medicamento a menos que su médico se lo indique. Si
usted tiene una fiebre de 102 F (38.9 C) o más, su médico puede
sugerirle que tome un medicamento de venta libre, como acetaminofén
(Tylenol, otros) o ibuprofeno (Advil, Motrin y otros).

Los adultos también pueden utilizar la aspirina, pero no le dé aspirina a


niños o adolescentes menores de 19 años. Se puede desencadenar una
enfermedad rara, pero potencialmente fatal, trastorno conocido como
síndrome de Reye. Además, no se le dé ibuprofen a bebés menores de 6
meses de edad.
Fahrenheit-Celsius tabla de conversión
Fahrenheit Centígrados
105 40.5
104 40.0
103 39.4
102 38.9
101 38.3
100 37.7
99 37.2
98 36.6
97 36.1
96 35.5
¿Cómo tomar la temperatura
La mayoría de los termómetros tienen lecturas digitales. Algunos toman
rápidamente la temperatura del conducto auditivo externo y puede ser
especialmente útil para los niños pequeños y adultos mayores. Otros
termómetros se pueden utilizar por vía rectal, oral o debajo del brazo
(axila).

Si usted usa un termómetro digital, asegúrese de leer las instrucciones


para que usted sepa lo que significa que los pitidos y el momento de
leer el termómetro. En circunstancias normales, las temperaturas
tienden a ser más altos alrededor de 4 a 6 pm y la más baja a las 6 am

Debido a la posibilidad de que la exposición al mercurio o ingestión, los


termómetros de mercurio se han eliminado y se recomienda no más.

Por vía rectal (para niños)


Para tomar la temperatura rectal a su niño:

Coloque un poco de vaselina u otro lubricante en la punta del


termómetro.
Coloque a su niño en su estómago.
Introduzca con cuidado la bombilla de media pulgada a una pulgada
en el recto.
Sostenga el termómetro y el niño todavía durante un minuto
aproximadamente, hasta que escuche un pitido. Para evitar lesiones, no
dejar de lado el termómetro mientras está en el interior de su hijo.
Retirar el termómetro y leer la temperatura recomendada por el
fabricante.

Cómo tomar la temperatura rectal es también una opción para los


adultos mayores cuando se toma la temperatura oral no es posible.

Una lectura de la temperatura rectal es generalmente de 1 grado


Fahrenheit (aproximadamente 0,5 grados centígrados) por encima de
una lectura oral.

Oralmente
Para tomar la temperatura por vía oral:

Coloque la punta del termómetro debajo de la lengua


Cierre la boca de la cantidad recomendada de tiempo o hasta que
escuche un pitido, por lo general un minuto
Bajo el brazo (axila)
A pesar de que no es la forma más exacta de tomarle la temperatura,
también puede utilizar un termómetro oral para una lectura axila:

Coloque el termómetro debajo del brazo con el brazo hacia abajo.


Mantenga los brazos sobre el pecho.
Espere un minuto o hasta que escuche un pitido.
Retire el termómetro y leer la temperatura.

Para tomar la temperatura axilar de su hijo, que el niño se sienta en su


regazo, mirando hacia el lado. Coloque el termómetro debajo del brazo
cerca de su hijo, que debe estar contra su pecho.

Una lectura axilar es generalmente de 1 grado Fahrenheit


(aproximadamente 0,5 grados Celsius) más bajo que una lectura oral.

Fever Increases Numbers of Immune Cells


http://www.scientificamerican.com/podcast/episode.cfm?id=fever-
increases-numbers-of-immune-c-11-11-15

Siempre he pensado que cuando me da fiebre, que es mi cuerpo,


tratando de hacer las cosas más incómodas para el patógeno invasor. Y
eso suele ser cierto-las temperaturas más altas pueden inhibir la
capacidad de los chicos malos 'para replicar. Sin embargo, la fiebre
puede ser en realidad una sola de dos golpes. Además de frenar al
invasor, el calor ayuda al sistema inmunológico reclutar más tropas para
un contraataque. Ese hallazgo fue publicado en Journal of Leukocyte
Biology. [Thomas A. Mace et al., "Diferenciación de células T CD8 + en
las células efectoras se ve reforzada por la hipertermia rango
fisiológico"]

Los investigadores calentado un grupo de ratones de la temperatura


corporal de alrededor de 103 grados Fahrenheit. Salieron de otro grupo
en el núcleo de lo normal la temperatura sobre la misma que la nuestra.
Luego se inyecta ambos grupos de ratones con un antígeno, una
sustancia que atrae la atención del sistema inmune.

Las muestras de sangre tomadas tres días más tarde revelaron que los
ratones febriles tenían casi el doble de las células T asesinas: el tipo de
células inmunológicas que pueden perseguir a las células infectadas o
las células tumorales y matarlas.

Así que cuando estás enfermo y te dan escalofríos, dicen los autores, su
cuerpo puede estar tratando de decirle a saltar en unas mantas.
Acuéstese, calentar y enviar un mensaje. El calor está encendido.

What causes a fever?


http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=what-causes-a-fever

La fiebre es una temperatura elevada del cuerpo humano que es


sustancialmente más allá del rango normal. La temperatura corporal
normal fluctúa todos los días de alrededor de un grado por debajo de
98.6 grados Fahrenheit en un grado por encima de ese número. Las
temperaturas más bajas del cuerpo por lo general se producen antes del
amanecer, las temperaturas más altas en la tarde.

La temperatura corporal también varía ligeramente dependiendo de en


qué parte del cuerpo humano se mide. Rectal (interna) de temperatura
tiende normalmente a ser mayor que la piel (superficie) de la
temperatura. Las temperaturas orales y la axila pueden temperatura
aproximada real del cuerpo y son más convenientes para medir.

La presencia de fiebre suele estar relacionada con la estimulación de la


respuesta inmune del cuerpo. La fiebre puede apoyar el intento del
sistema inmunológico para ganar ventaja sobre los agentes infecciosos,
como virus y bacterias, y hace que el cuerpo sea menos favorable que
una gran cantidad de virus que se replican y bacterias, que son
sensibles a la temperatura. Los agentes infecciosos no son las únicas
causas de la fiebre, sin embargo. El consumo de anfetaminas y la
abstinencia de alcohol puede provocar tanto las altas temperaturas, por
ejemplo. Y las fiebres del medio ambiente, tales como los relacionados
con el golpe de calor y las enfermedades relacionadas - también puede
ocurrir.

El hipotálamo, que se encuentra en la base del cerebro, actúa como


termostato del cuerpo. Es provocada por sustancias bioquímicas
flotantes llamados pirógenos, que se derivan de los sitios donde el
sistema inmunológico ha identificado un problema potencial en el
hipotálamo a través del torrente sanguíneo. Algunos pirógenos son
producidos por el tejido corporal; muchos patógenos también producen
pirógenos. Cuando el hipotálamo los detecta, se le dice al cuerpo para
generar y retener más calor, lo que produce la fiebre. Los niños suelen
tener fiebres más altas y más rápido, lo que refleja los efectos de los
pirógenos sobre un sistema inmune sin experiencia.

Si uno come poco o nada, mientras que febril, como dice el dicho
"alimenta un resfriado, mata de hambre una fiebre", sugiere? Sí. Las
razones para esto son tres. En primer lugar, durante la fiebre, todas las
funciones del cuerpo se producen en medio de creciente estrés
fisiológico. Provocando la digestión durante el estrés fisiológico sobre
estimula el sistema nervioso parasimpático, cuando el sistema nervioso
simpático está activo. En segundo lugar, es posible que el cuerpo podría
malinterpretar algunas sustancias absorbidas en el intestino como
alergenos durante una fiebre. Por último, la fiebre excesiva puede, en
raras ocasiones, convulsiones, colapso y provocar el delirio - todos los
cuales pueden complicarse aún más por comer reciente.

La fiebre puede ayudar a combatir las infecciones, pero a veces puede


subir demasiado alto para el bien del propio cuerpo. La temperatura
interna del cuerpo por encima de 105 grados F, por ejemplo, exponer a
proteínas y las grasas del cuerpo al estrés directas de la temperatura.
Esta forma de la angustia de calor puede poner en peligro la integridad
y la función de las proteínas acostumbrados a las variaciones de la
temperatura corporal habituales y las fiebres ocasionales menos
excesivas. Estrés celular, infarto, necrosis, convulsiones y delirio son
algunas de las posibles consecuencias de las fiebres prolongadas y
graves. El entorno del receptor en el hipotálamo mantiene limitaciones a
las fiebres altas. En los raros casos en que el hipotálamo en sí un mal
funcionamiento, el resultado suele ser la temperatura del cuerpo baja,
no la temperatura corporal elevada.

Management of fever in children


http://adc.bmj.com/content/96/12/1173.full
La fiebre es un síntoma común en los niños y, probablemente, la razón
más común para que un niño sea llevado a la doctor.1 Se trata de una
causa de ansiedad para los cuidadores, trayendo a la superficie los
temores de muchos, la mayoría de los cuales son unfounded.2, -, 5 La
reacción del profesional de la salud puede reforzar estas
preocupaciones, sobre todo si la naturaleza de la fiebre y su significado
no está bien comunicada y la fiebre se gestiona como una enfermedad
en lugar de un symptom.3

Uso de antipiréticos es generalizado tanto en la configuración


prehospitalaria y hospitalaria. Cuando la reducción de temperatura se
considera como el punto final, no es sorprendente que diversos
fármacos y combinaciones de fármacos han sido utilizados. La revisión
sistemática de estudios que compararon el tratamiento combinado de
los comúnmente utilizados antipiréticos, paracetamol e ibuprofeno-llega
a la conclusión de que hay poco beneficio a partir de una
polypharmaceutical approach.6 También es un recordatorio de cuán
intensamente los estudios de investigación han aplicado la reducción de
la temperatura como el punto final primario, quizás a expensas de más
puntos finales importantes y de pensar de la fiebre como una respuesta
fisiológica.
¿Qué es la fiebre?
Todas las formas de vida tienen un rango de temperaturas preferidas
del medio ambiente y parecen tener mecanismos termorreguladores.
Como homeotermos, los seres humanos a regular y mantener la
temperatura central dentro de límites muy estrechos, a pesar de las
variaciones mucho mayores en la temperatura ambiente.

La fiebre no es más que una temperatura corporal elevada, pero una


elevación controlada de la temperatura corporal por encima de lo normal
range. El aumento en los resultados de la temperatura del cuerpo de
una elevación del punto de ajuste hipotalámico termorregulador.
Importante en este proceso es la interleucina 1, un pirógeno endógeno y
potente modulador de la respuesta inmune, trabajando a través de
mediadores como prostaglandinas. Mecanismos termorreguladores
operar para defender este nuevo punto de ajuste. Una analogía
comúnmente usada es que el termostato se ha subido. Cuando la
temperatura del cuerpo nuevo se logra, los mecanismos de
termorregulación todavía operan y responden a los estímulos térmicos,
pero su objetivo de mantener la temperatura del núcleo en un nivel
superior preestablecido. Esto lo distingue de la hipertermia en la
elevación de la temperatura se debe a que tanto la ganancia de calor
supera la capacidad de calentamiento de los mecanismos de perder, por
ejemplo, sentarse en una sauna o porque no es el fracaso de los
mecanismos de regulación, por ejemplo, la hipertermia maligna.
¿Hay que tratar la fiebre?

Los métodos físicos de la disminución de temperatura, tales como paños


tibios puede resultar incómodo para el niño y no se restablezca el
"termostato central que determina la temperatura del cuerpo. Ellos no
son parte de los actuales recommendations.9 antipiréticos se han
convertido en una parte establecida de la gestión de los niños febriles.
Durante la fiebre, el paracetamol y el ibuprofeno no
efectivamente restablecer el "termostato central '. Tanto si se
utiliza solo o en combinación, por lo general como resultado una rápida
reducción en el cuerpo de temperature.10 midiendo el cambio en la
temperatura del cuerpo es un punto final fácil de determinar y puede
explicar por qué hay tantos estudios que informan sobre este punto
final. Sin embargo, no quiere decir que sea el punto final, sólo vale la
pena considerar. Si las drogas son para ser tan ampliamente utilizado,
es crucial que sus efectos secundarios y los resultados adversos se
entienden bien y sopesar los riesgos y beneficios potenciales de fever.11

Así que, ¿cómo sopesar los riesgos y beneficios de la


fiebre y su tratamiento? La fiebre es una respuesta altamente
conservado a la infección por todo el reino animal que ha sido durante
mucho tiempo argumentó que debían ser beneficiosas y tienen un
potencial de supervivencia advantage.7 De hecho la fiebre ha sido
considerada una terapia potencial para algunas enfermedades en el
preantibiótica era.12 La evidencia actual sugiere que la fiebre puede
mejorar el funcionamiento inmune.

¿Podría la supresión de la fiebre ser perjudicial?


Existe alguna evidencia de que el uso de antipiréticos aumenta la
longitud de la replicación viral y longitud de 14 illness.13 También puede
tener un impacto negativo sobre las enfermedades bacterianas.
Además, antipiréticos son conocidos para reducir la respuesta de
anticuerpos vacuna, aunque el mecanismo exacto de esto no es clara y
bien puede ser independiente de fever.15

Por el contrario, a pesar de los temores de muchos, no hay evidencia


para decir que la fiebre en sí mismo tiene efectos nocivos. Muchas de las
ansiedades de los padres, a menudo se denomina fobia fiebre, carecen
de fundamento y puede originarse debido a la fiebre se confunde con la
hipertermia, una condición que aunque poco frecuentes, sin duda, tiene
resultados adversos graves. El resultado de una enfermedad febril
depende de la enfermedad subyacente y no hay evidencia que
sugiere que la reducción de la fiebre reduce la mortalidad o
morbidity.10 Del mismo modo, a pesar de las preocupaciones
comprensibles sobre las convulsiones febriles, no hay evidencia de que
el uso de antipiréticos rutina les impide que se repitan. 16

Entonces, ¿por qué damos antipiréticos? El bienestar general y la


comodidad de un niño se ve a menudo a mejorar después de
antipiréticos y el beneficio se atribuye a menudo, con razón o sin ella, a
la reducción de la temperatura corporal. Sin embargo, antipiréticos
también será analgésicos eficaces y muchos de los beneficios bien puede
resultar del efecto analgésico. También puede haber algunos beneficios
potenciales adicionales para reducir la temperatura del cuerpo, tales
como la reducción de la pérdida de líquido insensible y la reducción de la
demanda metabólica, aunque éstos también pueden ser exageradas en
la mayoría de los niños febriles. El mecanismo por el cual las mejoras en
el bienestar general se producen puede ser incierto, pero los beneficios
que los cuidadores y los médicos se ven en la condición del niño un
marcado impulso a la práctica de dar antipiréticos. En efecto, esta
mejora en la comodidad del paciente es un objective.10 terapéutica
razonable

En la consecución de este objetivo es importante para evitar daños,


especialmente teniendo en cuenta cómo el uso de antipiréticos es
generalizado. Tanto el paracetamol y el ibuprofeno son antipiréticos
eficaces. No hay diferencias sustanciales en la reducción de la
temperatura o los datos que indican que otros resultados de importancia
clínica son sustancialmente different.1 10 resultados adversos con las
dosis estándar de ibuprofeno o el paracetamol en el contexto de la
gestión de la fiebre son raras, pero todavía tienen que ser considerados.
Los efectos secundarios de los fármacos no esteroideos sobre el sistema
gastrointestinal, tales como gastritis están bien descritos, en caso de
sobredosis accidental, puede haber efectos agudos sobre la renal
function.17 18 El paracetamol es generalmente considerado seguro en
las dosis estándar, pero puede tener una sobredosis accidental y la
acumulación de la ingesta no reconocida tener consecuencias graves en
el hígado function.19 20 Las guías actuales apoyan el uso de cualquiera
de paracetamol o ibuprofeno y precaución contra la alternancia /
combinación regimes.1 10 La presente revisión sistemática no encontró
evidencia para apoyar un enfoque combinado ("polypharmaceutical")
cuando las monoterapias eficaces exist.6

La Academia Americana de Pediatría, en su informe sobre el uso de


antipiréticos en los niños, señalan que el principal objetivo de tratar a
los niños con fiebre debe ser para mejorar el confort general del niño en
lugar de centrarse en la normalización del cuerpo temperature.10 Del
mismo modo, en el Reino Unido El NICE guías clínicas de enfermedad
febril en el estado de los niños que los agentes antipiréticos no deben
usarse sistemáticamente con el único objetivo de reducir la temperatura
corporal en niños con fiebre que por lo demás well.1 Tenemos
medicamentos que pueden bajar la temperatura en la fiebre, pero sólo
porque son disponibles no quiere decir que siempre es lo correcto hacer.
Todavía hay una brecha entre la práctica en el manejo de la fiebre y lo
que la evidencia actual sería support.21 Es necesario que haya una
mejor comprensión compartida entre los profesionales y cuidadores de
lo que la fiebre es y por qué está ahí. Con esto en su lugar, un enfoque
de gestión más lógica es alcanzable, en la que el uso de antipiréticos se
centra en la comodidad del niño, minimizar el daño y mejorar el
resultado global.

¿Debe tratarse la fiebre en el niño?

La fiebre es un síntoma muy común, y más en la infancia, que llega a


suponer el 1/3 de las causas de consulta en estos estratos de edad. Es
causa de ansiedad en los padres y de visitas urgentes y llamadas
intempestivas a los médicos pues es una situación que alarma a los
padres. La excesiva preocupación por la fiebre es denominada
actualmente como fiebrefobia, relacionando infundadamente a la fiebre
con todo tipo de efectos dañinos sobre el cerebro.
Según nos informa este artículo, que recomendamos, la mitad de los
padres consideran que una temperatura corporal inferior a 38°C es
fiebre, y un ¼ de ellos dan antipiréticos en temperaturas inferiores a
37.8°C, y hasta un 85% despiertan a sus hijos para administrarles
antitérmicos. También, como se hace eco el artículo, hay que decir que
la mitad administran incorrectamente los antitérmicos y de estos, lo que
es más grave, el 15% lo hacen en dosis superiores a las requeridas en
fármacos como paracetamol o ibuprofeno, los más comúnmente
utilizados.
La realidad es que la fiebre es considerada una enfermedad en si misma
cuando no es más que una reacción fisiológica debido a una respuesta
hipotalámica a pirógenos endógenos o exógenos y por tanto beneficiosa
pues permite luchar contra la infección, al evitar el crecimiento de los
microorganismos y generar la producción de linfocitos T, ayudando a la
inmunidad celular. Solo en los casos de niños con enfermedades de
base, crónicos, la fiebre podría ser causa de descompensación y de
agravamiento al poder descompensarlos metabólicamente –diabéticos..-
pero no es lo general.
Con todo, y si bien es cierto que tratar la fiebre tendría el efecto de
disminuir el mal estado general y evitar la deshidratación, podría por el
contrario, retrasar el diagnóstico, el tratamiento específico y aumentar
el riesgo de fármacotoxicidad. No existen evidencia de que la fiebre
pueda aumentar el riesgo de daños cerebrales, como comúnmente se
cree. No obstante, la fiebre producida por enfermedades infecciosas,
debe distinguirse de la hipertermia maligna (temperaturas > 41ºC) por
fallo de los mecanismos hipotalámicos de regulación del calor, que
puede conducir a convulsiones, delirio, obnubilación y coma. Situación
esta extremadamente rara.
El tratamiento de la fiebre es un asunto aún no totalmente dilucidado, y
la norma general es intentar que el niño se encuentre lo más confortable
posible, sin embargo, el tratamiento de este estado no se debe
simplemente a la ausencia de fiebre, pues disminuyendo esta por
medios físicos (paños de agua tibia, baños...) disminuye la temperatura
sin resolver totalmente el resto de los síntomas. En este aspecto no se
recomienda hacer fricciones de alcohol por la posible absorción de este a
nivel cutáneo. Es por ello que los antitérmicos además de bajar la fiebre
tienen acciones analgésicas y antinflamatorias que mejorarían el estado
general del niño. Teniendo más acción cuanta más edad tiene el niño
(mayores de 6 años) y cuanta mayor es la temperatura alcanzada.
Otros aspectos que se comentan en el artículo es que no está
demostrado que el tratamiento con antitérmicos disminuya la
recurrencia de convulsiones febriles, de tal modo que darlos
profilácticamente no tiene mucho sentido. Otro, es la práctica de dar
antitérmicos antes de inyectar una vacuna para evitar la reacción febril,
que se ha demostrado que disminuye la respuesta inmunológica del niño
tratado.
El paracetamol es el fármaco que se ha posicionado en primer lugar tras
demostrarse la relación entre la aspirina y el síndrome de Reye, y su
retirada de esta del mercado en estos estratos de edad. La dosificación
es simple y se encuentra entre 10-15 mg/Kg por dosis, cada 4-6 horas,
haciendo efecto en el 80% de los niños a los 30-60 minutos.
Dosis más elevadas (de choque) vía oral (30 mg/Kg/dosis) o rectal (40
mg/Kg/dosis) no tienen mayor efecto que la dosis convencional, y
aumentan el riesgo de hepatotoxicidad al llegar a dosis tóxicas (más de
90 mg/kg/día), por lo que están desaconsejadas. En este aspecto
estarían desaconsejadas las administración de presentaciones de
adultos.
El ibuprofeno, sería el segundo fármacos más comúnmente utilizados,
siendo su efecto en reducción de la fiebre parecido al del paracetamol a
dosis de 10 mg/kg/dosis, y mayor a dosis de 15 mg/kg/dosis.
No existen diferencias en seguridad y eficacia a dosis convencionales
entre un fármaco u otro en niños con fiebre de entre 6 meses y 12 años,
y si bien es cierto que el ibuprofeno, como cualquier antiinflamatorio
(AINE) puede ser causa de gastritis. Por otro lado, no empeora, al
contrario de lo que se cree, los síntomas del asma bronquial.
Si que es cierto, algo que no se tiene en cuenta, que el ibuprofeno
puede ser causa de nefrotoxicidad, que achacada a todos los AINES,
puede conducir a la insuficiencia renal en niño febriles pequeños y
deshidratados, por lo que debemos ser cautos al utilizarlo en niños con
posible deshidratación o lactantes menores de 6 meses. En estas edades
existen otros riesgos como la persistencia del ductus arterioso, la
infección por varicela y del estreptococo invasivo del grupo A -aunque
los datos hasta el momento son insuficientes.
La alternancia entre ambos es algo corriente (superior al 70% según las
encuestas) pero en los 5 estudios identificados en esta revisión, no
muestran diferencias con respecto a cada uno de los fármacos por
separado en cuanto a la reducción de la temperatura, pero sí en cuanto
a la duración de esta y mejoría del resto de síntomas acompañantes.
Con todo esta práctica hace más fácil la posibilidad de sobredosificación
no intencionada por parte de los padres, algo que puede ocurrir al
tiempo que se utilizan otros productos antigripales que tengan a su vez
antipiréticos.

The Section on Clinical Pharmacology and Therapeutics and Committee


on Drugs
Fever and Antipyretic Use in Children. Originally published online Feb
28, 2011; Pediatrics 2011;127;580-587

Alternating acetaminophen and ibuprofen


for pain in children
http://www.cfp.ca/content/58/6/645.full

Resumen

Pregunta Dado que el dolor es una condición muy común en los niños,
como después de las lesiones músculo-esqueléticas, muchos padres se
preguntan si pueden alternar en-analgésicos de venta libre para tratar el
dolor de sus hijos. Si bien algunas pautas aconsejan contra esto, es
práctica común. En caso de alternar acetaminofen y el ibuprofeno se
recomiendan para el tratamiento del dolor en los niños?

Los niños responden que tienen dolor sin resolver a pesar del uso de
ibuprofeno o acetaminofeno deben tener su régimen de medicamentos
revisados para asegurar que están recibiendo el medicamento en una
dosis adecuada y el intervalo. Si la monoterapia no ha logrado, un
ensayo corto de un régimen de alternancia podría ser implementado. Sin
embargo, existe una falta de pruebas de seguridad con el uso
prolongado de alternar el ibuprofeno y el acetaminofeno.
El ibuprofeno y el paracetamol son los más comúnmente utilizados
analgesics1 over-the-counter, 2 y antipiréticos en hijos.3, 4 La
Academia Americana de Pediatría y el Instituto Nacional para la Salud y
la Excelencia Clínica ha aconsejado a los padres contra la rutina alterna
o simultánea con paracetamol y el ibuprofeno 5,6 A pesar de estas
recomendaciones, alternando dosis de acetaminofén e ibuprofeno
todavía es practicada por muchas parents7 y la salud professionals8 en
el tratamiento del dolor en niños.9

El uso de ibuprofeno y paracetamol en la población pediátrica ha sido un


tema de investigación durante más de 30 años. Hay una falta de
pruebas para la seguridad del uso de cualquiera de estos medicamentos
por periodos prolongados, 4 y estudios hasta la fecha sólo ofrecen
seguridad a corto plazo información.3, 10 La percepción general de la
seguridad de un exceso de analgésicos de venta libre podrían contribuir
a una dosis inadecuada y una falta de reconocimiento de los niños en
mayor riesgo de efectos secundarios o reacciones adversas de estos
medications.11 mayoría de los estudios sobre seguridad y eficacia de
paracetamol e ibuprofeno en niños han sido ampliamente centrado en su
papel como agentes antipiréticos. Un meta-análisis de 19 estudios
controlados aleatorios que evaluaron la seguridad del ibuprofeno en
comparación con paracetamol como terapia única en niños demostró
ninguna diferencia significativa en el número de eventos adversos entre
los niños que recibieron la medicación (odds ratio 0,82, IC 95%: 0,6 a
1,2) 0,9
Sección SectionNext anterior
Los beneficios teóricos y los riesgos

El mecanismo de acción de acetaminofén sigue sin estar claro. Tanto el


paracetamol y el ibuprofeno son metabolizados por vías separadas en el
hígado y se elimina por los riñones. Aproximadamente 5% a 10% de
acetaminofeno se metaboliza por oxidación en el compuesto
hepatotóxico y nefrotóxico N-acetil-p-benzoquinoneimine (NAPQI). La
conjugación de NAPQI con glutatión produce un metabolito no tóxico
para la excreción en la kidney.11

El efecto analgésico de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), tales


como el ibuprofeno, se produce principalmente por la inhibición de la
biosíntesis de prostaglandinas. La reducción en los resultados de las
prostaglandinas en una menor producción de glutatión y de la perfusión
renal reducida. Cuando la terapia combina acetaminofeno e ibuprofeno,
existe un riesgo teórico aumento de toxicidad hepática y renal, como
resultado de la acumulación de subproductos oxidado (NAPQI) de
acetaminofén metabolism.12 Aunque esta teoría no ha sido clínicamente
justificada, estudios recientes de casos en los hijos de documentos de
literatura con insuficiencia renal reversible temporalmente relacionado
con el uso de acetaminofén y el ibuprofeno menos aparente terapéutica
doses.13

Los beneficios del uso de un AINE y el acetaminofeno al mismo tiempo o


alternativamente, se han sugerido, debido a la posibilidad de sinergismo
de los efectos antinociceptivos y también la conveniencia de tener un
analgésico para el dolor que aún no ha respondido a un solo agente o la
dosis. El potencial de sinergia entre un AINE y el paracetamol ha sido
descrita por el análisis isobolográfico en el dolor animal de
experimentación models.14 Si bien los recientes revisiones sistemáticas
demuestran las ventajas cuando se combina el analgésico paracetamol y
AINE en comparación con, ya sea como agente único en el tratamiento
del dolor postoperatorio en adultos y pacientes pediátricos, 15 no está
claro si se trata de sinergismo o más bien el efecto de la terapia
analgésica dual.
Sección SectionNext anterior
Se alterna segura?

El acetaminofeno tiene un pico de concentración plasmática a los 30


minutos comparado con 60 minutos para el ibuprofeno. En estudios de
los efectos antipiréticos, paracetamol tiene un efecto máximo a
aproximadamente 2 horas y el ibuprofeno menos 3 horas. Los intervalos
entre dosis recomendadas son cada 6 y cada 8 horas durante el
acetaminofeno y el ibuprofeno respectively10, por lo que teóricamente
podría ser alternado cada 3 horas.11 Sin embargo, muchos niños son
infratratados, 16,17, con más del 50% de los padres se muestran para
dar una dosis incorrecta de estos analgesics.17, 18 En un estudio,
después de la amigdalectomía, la gravedad de los niños documentado el
dolor no se correlaciona con la provisión de la analgesia en el hogar (2 º
día postoperatorio, P = 0,43; día 3, P = 0,95; la semana 1, P = 0,25; la
semana 2, p = 0,81). A pesar de un 86% de niños que reportaron dolor
intenso después de la operación (día 2), un cuarto de los niños estaban
recibiendo una dosis de analgesia o ninguno en all.16 Por lo tanto, en
muchos casos un óptimo régimen terapéutico es mejor que la aplicación
de una alternancia plan.16 , 18 Garantizar la dosis segura y la
administración es de vital importancia en todos los regímenes para
evitar un mayor riesgo de eventos adversos, sobre todo en la cara de
los rangos de las formulaciones y la brecha de conocimiento de los
padres a veces.
Sección SectionNext anterior
La evidencia de los medicamentos alternos

En 2010, los autores de una revisión sistemática de la analgesia


postoperatoria en adultos y niños llegó a la conclusión de que la
combinación de paracetamol y AINE proporcionan una analgesia
superior a cualquier fármaco solo después de una amplia gama de
aparatos ortopédicos, oído, nariz y garganta, ginecológica y
odontológica procedures.15 Sin embargo, la verdadera magnitud del
posible beneficio es incierto, ya que estos estudios fueron demasiado
heterogéneos para la estadística cuantitativa comparison.15 La
generalización de los resultados está limitada por la corta duración de la
terapia y el seguimiento, y los pequeños tamaños de muestra (N = 40 a
246) utilizado en estos estudios.

Al comparar alterna frente a monoterapia para los niños febriles, los


autores de otra revisión sistemática informó que los tamaños pequeños
de la muestra (n = 18 a 155 por grupo de tratamiento) y la corta
duración del seguimiento en estudios disponibles como resultado una
falta de poder estadístico para formular las recomendaciones generales
relacionadas con la safety.19 Es de destacar que no hubo reportes de
efectos secundarios en estos estudios.
Sección SectionNext anterior
Conclusión

A pesar de ibuprofeno y acetaminofeno se alternan con frecuencia para


el tratamiento del dolor en los niños, la evidencia de la seguridad y la
eficacia es insuficiente. Los estudios de niños con fiebre no reportan
aumento de los eventos adversos, sin embargo, estos estudios tienen
una duración corta de la terapia y tienen limitados períodos de
seguimiento. Los médicos deben asegurar que los niños están recibiendo
la dosis adecuada y la terapia de intervalo de un solo agente. Uso a
corto plazo de un régimen de alternancia puede ser considerado para el
dolor que no responde a la monoterapia.

http://www.nuevoslicenciados.com/sf2.html.pdf

SÍNDROME FEBRIL EN URGENCIAS. APROXIMACIÓN

DIAGNÓSTICA Y TERAPÉUTICA

http://www.medicosecuador.com/revecuatneurol/vol10_n3_2001/fiebre_de_or
igen_central.htm

Fiebre de origen central en el ictus

Resumen. Introducción. La fiebre aparece aproximadamente en la


cuarta parte de los enfermos con ictus. Aunque en la mayoría de los
enfermos es infeccioso, su origen resulta difícil de demostrar en una
minoría de casos. El mecanismo de la fiebre en el ictus no está aclarado,
y se ha sugerido que tanto la propia lesión isquémica, bien por lesión
hipotalámica o por segregación de pirógenos endógenos, sea la
responsable de la hipertermia. Objetivos. Valorar la frecuencia de fiebre
de origen no infeccioso durante un ictus y analizar si esta fiebre posee
un patrón o características especiales que la diferenciarían de la fiebre
infecciosa. Pacientes y métodos. Se evaluaron prospectivamente 103
pacientes con ictus; si presentaban fiebre, se realizaba un protocolo
buscando una causa infecciosa. Se dividieron los casos en ‘fiebre de
origen infeccioso’ y ‘fiebre sin infección documentada’ y se analizaron las
características de los ictus en cada grupo y el comportamiento de la
fiebre. Resultados. El 23% de los pacientes presentaron fiebre, el 33%
fueron sin infección documentada. Este último grupo presentó mayor
precocidad de la fiebre, mayor afectación clínica inicial, mayor
mortalidad precoz, mayo-res temperaturas máximas y falta de
respuesta al tratamiento antitérmico al compararlo con el grupo
infeccioso. El resto de los parámetros estudiados no mostraron
diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos.
Conclusiones. Los pacientes con fiebre de origen no infeccioso tienen un
patrón claro y definido, diferente a la fiebre de origen infeccioso.
Proponemos un mecanismo central de la fiebre en dichos casos.

Summary. Introduction. Fever appear in a fourth of stroke


approximately. Its origin (the most of them are infectious) are unknown
in a minority of the cases. Some hypothesis indicate that central
mechanisms like hypothalamic lesion or segregation of endogenous
pyrogens may be implicate. Objective. To value the frequency of central
fever during the stroke, and to appoint if there are clinical differences
between infectious and central origin of the fever. Patients and methods.
103 patients were evaluated prospectively, if someone had fever, an
investigation about an infectious origin were made. We divided the fever
patients into two groups: ‘infectious fever’ and ‘fever without infection
documented’ and we analyzed the clinical differences between them.
Results. 23% of the patients had fever, 33% without infection
documented. This last group had earlier the fever. They had more
clinical severity and more mortality. The fever was highest and it wasn’t
response to the antipyretic treatment also. The others parameters didn’t
show any difference between the two groups. Conclusions. The patients
with fever without infection documented (probably fever of central
origin) had a defined model with his own characteristics, in a different
way of infectious fever.

__________________________________________________

La presencia de fiebre durante un ictus ha sido objeto de investigación


desde el año 1976, cuando Hindfelt [1] demostró que la fiebre en los
primeros días del mismo empeoraba el pronóstico. A partir de ese
momento se han realizado múltiples trabajos investigando el papel
negativo que la fiebre representa en un ictus. Hasta el momento se sabe
que la presencia de fiebre es más frecuente en los ictus de gran tamaño
y con mayor afectación clínica, que empeora el pronóstico si la fiebre
aparece en las primeras 24 horas y que existe una asociación entre
fiebre alta y mayor mortalidad [2-4]. Según algunos trabajos
experimentales [5] se hipotetiza que la hipertermia aumenta el área de
penumbra isquémica probablemente porque se produce un aumento de
la acidosis láctica y se acelera la muerte neuronal [6]. Por todas estas
razones, actualmente se baraja el uso de la hipotermia en las primeras
horas tras un ictus como mecanismo de neuroprotección, al
salvaguardar el área de penumbra y disminuir la extensión del infarto
[5,7]. Otro punto conflictivo, motivo de nuestro trabajo, es el origen de
la fiebre: la mayoría de los episodios febriles que acontecen durante los
primeros días tras un ictus son producidos por infecciones. La polémica
surge en aquellos casos en los que aparece fiebre y no se encuentra una
infección que explique la causa. Para estos casos, que son una minoría,
se especulan diversos orígenes.

Clásicamente se hablaba de fiebre central o neurogénica [1], haciendo


referencia a la fiebre que aparecía en el contexto de un ictus de tronco o
una hemorragia. Para otros autores, esta fiebre estaba provocada por
lesiones en la región anterior del hipotálamo, asiento del centro
regulador de la temperatura. En estudios más recientes, implicando a la
interleucina 1 y 6 como pirógenos endógenos, se considera que lesiones
cerebrales con grandes áreas de necrosis e inflamación podrían inducir
por sí solas la liberación de estos pirógenos,
produciendohipertermiaporla propialesión[8]. Algunos estudios actuales
sugierenque no esfrecuente unorigen central de la fiebre, y atribuyen el
origen de esta fiebre inexplicable a infecciones previas al ictus que
pasan desapercibidas [9]. Dada esta controversia, en este trabajo nos
planteamos valorar la frecuencia de la fiebre no infecciosa y analizar las
características clínicas, radiológicas, analíticas y pronósticas de los
casos de ictus con fiebre de origen no infeccioso.

http://tratado.uninet.edu/c080602.html

Consideración aparte merece la fiebre hipotalámica o central. La


mayoría de los pacientes con daño hipotalámico tienen hipotermia o no
responden adecuadamente a cambios térmicos ambientales leves; pero
es posible que en algunos pacientes, el punto de equilibrio hipotalámico
esté elevado debido a traumatismo local, hemorragia, infarto, tumor,
enfermedades degenerativas o encefalitis. La fiebre hipotalámica se
caracteriza por la ausencia de variación circadiana, anhidrosis (que
puede ser unilateral), resistencia a los antipiréticos con respuesta
exacerbada ante las medidas de enfriamiento externo y disminución del
nivel de consciencia. En los pocos pacientes en los que se sospeche
fiebre hipotalámica, el diagnóstico dependerá de demostrar otras
funciones hipotalámicas anormales, como la presencia de diabetes
insipida

PACIENTES Y MÉTODOS

Se recogieron prospectivamente todos los enfermos que ingresaron en


nuestro Hospital por accidente cerebrovascular agudo, entre el 1 de
marzo y el 15 de agosto del año 2000. Se incluyeron todos los tipos de
ictus, sin excluir las hemorragias subaracnoideas (HSA). A su llegada al
Servicio de Urgencias, se tomó la temperatura y se obtuvo hemograma
con fórmula leucocitaria. Se registraron factores de riesgo de infección,
presencia de enfermedades que pudieran producir fiebre de origen no
infeccioso (neoplasia, vasculitis, etc.) y la posibilidad de un proceso
infeccioso en la semana previa al ictus. En el protocolo analítico se
incluyó un nuevo hemograma con fórmula leucocitaria, reactantes de
fase aguda (VSG, PCR, plaquetas y fibrinógeno), sedimento de orina, así
como radiografía de tórax y TAC craneal. Se recogieron datos sobre la
etiología del ictus, localización de la lesión, tamaño de la misma y la
presencia de edema o efecto de masa en la TAC. Se valoró el déficit
neurológico mediante la escala canadiense, a la llegada y al alta del
hospital, y se registraron datos sobre el tratamiento empleado y la
evolución durante la estancia hospitalaria. La temperatura se registró
tres veces al día –cada ocho horas–.

Se consideró hipertermia a partir de 37,3ºC, febrícula hasta 37,8ºC y


fiebre a partir de 37,9ºC. Si el enfermo presentó fiebre se investigaron
los síntomas infecciosos, se le realizó una exploración sistematizada
buscando signos infecciosos,se repitió el protocolo analítico–hemograma
y reactantes de fase aguda–, una nueva radiografía de tórax, un
sedimento de orina y se realizó alguna prueba más en algún caso
concreto, cuando se estimaba conveniente.

Cuando la temperatura fue superior a 38 ºC se cursaron dos


hemocultivos y un urocultivo.

En una gráfica se registró el patrón de la fiebre, de acuerdo con los


patrones clásicamente descritos [9]: fiebre mantenida–elevación térmica
persistente, conmínimos cambios–, fiebre intermitente–picos febriles
altos conperíodos en los que se queda normotérmico a lo largo de 24
horas, exageración del ritmo circadiano normal–, fiebre recidivante–días
enteros con fiebre y otros días afebril– y fiebre remitente –fiebre
constante que desciende todos los días, pero no llega a la temperatura
normal–. Se anotó en lagráfica la respuesta de la fiebre al tratamiento
antitérmico o antibiótico. El proceso febril se trató con antibiótico, según
el protocolo habitual de nuestro hospital.

Se establecieron unos criterios explícitos de fiebre de origen infeccioso:


1) síntomas infecciosos de cualquier origen (respiratorio, urinario, etc.);
2) exploración compatibleconprocesoinfeccioso; 3)sedimento urinario
patológico o radiografía de tórax con infiltrado neumónico; 4)
urocultivos o hemocultivos positivos; 5) otro origen claro de la fiebre
(absceso, flebitis, etc.). En estos casos se especificó además el origen
de la infección. En los casos en los que la fiebre no cumplía ninguno de
estos criterios se clasificó como fiebre sin infección documentada. Los
datos obtenidos se analizaron con el paquete analítico SPSS, realizando
prueba T, el test U de Mann-Whitney o el test de la ji al cuadrado, para
analizar las diferentes variables según sus características cualitativas o
cuantitativas.

RESULTADOS

Se recogieron 103 pacientes, con una edad media de 71 años, y una


distribución por sexos de 50 hombres y 53 mujeres. Hubo 87 ictus
isquémicos –55 aterotrombóticos,16 embólicos,14 lacunares y uno de
causa inusual– y 17 hemorrágicos–una hemorragia intraventricular, un
hematoma subdural, dos HSA, siete profundas y seis lobares–. Entre los
factores de riesgo por infección se encontró siete enfermos
diagnosticados de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC),
uno inmunodeprimido–neoplasia de próstata no controlada–, cuatro con
síndrome prostático, cinco con datos de vejiga neurógena y cuatro con
otras causas de inmunosupresión. Solamente dos enfermos refieren
síntomas y signos sugerentes de infección la semana previaal ictus.
Hubo un16% de exitus y otro 16% con recuperación completa; un 20%
de enfermos quedaron con déficit agudo, 19% con déficit moderado y
32% con déficit ligero al alta. La estancia media fue de 9,37 días.

El 23% de los casos presentaron fiebre, con una edad media de 73, 25 y
una distribución por sexos de nueve hombres y 15 mujeres. Hubo 17
fiebres y siete febrículas–todas infecciones de orina–, con una estancia
media de 12,7 días. Fueron consideradas de origen infeccioso 16
fiebres: cinco respiratorias –dos bronco aspiraciones y tres infecciones
respiratorias–, ocho urinarias, dos sepsis y un absceso glúteo. Se
consideraron fiebres sin infección documentada ocho casos. Sólo uno de
los enfermos con infección previa al ictus presentó fiebre durante la
estancia hospitalaria (infección urinaria). Dos enfermos presentaron
fiebre desde su llegada al Servicio de Urgencias –uno de ellos se
diagnosticó de infección de orina y en el otro no se encontró causa
infecciosa–. Con respecto al resto de los factores de riesgo
parainfección, presentaron fiebre sólo un enfermo de los siete con EPOC,
un enfermo de los cuatro con prostatismo, dos enfermos de cinco con
vejiga neurógena y sólo uno con datos de inmunosupresión.

En las tablas I yII se muestran los datos sobre la etiología y localización


del ictus de los enfermos que presentaron fiebre. Destacamos que los
dos casos de HSA presentaron fiebre, pero no la tuvo ningún enfermo
con infarto lacunar.
En el análisis del grupo de enfermos que presentó fiebre se encontraron
algunas diferencias entre ellos, dependiendo del origen infeccioso o no
de la misma. Así, desde el punto de vista clínico, los enfermos con fiebre
sin infección documentada presentaban un peor estado de conciencia a
su llegada al hospital: cinco pacientes en coma, uno con somnolencia y
sólo dos sin alteración de la conciencia, y habían diferencias
significativas con respecto a los enfermos con fiebre con infección, cuyo
estado de conciencia a la llegada al hospital era mejor. También había
diferencias en la evolución: de los enfermos con fiebre sin infección, seis
fueron exitus y dos quedaron con déficit agudo. De esta manera, los
enfermos con fiebre en los que no se encontró infección tenían ictus con
mayor afectación clínica de inicio y una evolución peor que los enfermos
con fiebre debida a infección; estas diferencias fueron estadísticamente
significativas. La temperatura máxima de los enfermos con fiebre sin
infección documentada fue mayor que en los casos de fiebre de origen
infeccioso (p> 0,01). Los 16 casos que fueron exitus, tuvieron fiebre
alta en el anteóbito. No hubo respuesta al tratamiento antipirético en
estos enfermos, y se encontraron diferencias estadísticamente
significativas respecto a los enfermos con infección. Sin embargo, no
hubo diferencias entre ambos grupos en cuanto a la respuesta a
antibiótico.

La fiebre apareció antes en los enfermos en los que no se encontró


infección (Figura). Este dato también presentaba diferencias
estadísticamente significativas cuando se comparaba con el grupo
infeccioso. Al comparar los distintos patrones de fiebre entre los
distintos grupos no se obtuvieron diferencias estadísticamente
significativas entre ellos, aunque el grupo de fiebre sin origen claro
tendía a presentar fiebre mantenida. No se encontraron diferencias
entre los dos grupos de fiebre al analizar la etiología del ictus, el tamaño
o la localización de la lesión, ni con la presencia de edema o efecto
masa.

En el análisis de los datos analíticos –leucocitos, plaquetas, fibrinógeno,


VSG y PCR– no se observaron diferencias en dichos parámetros ni antes
ni después de la fiebre, ni según el origen de la fiebre. Hay que reseñar
que la PCR no se pudo obtener en muchos enfermos del grupo de fiebre
sin origen infeccioso, a causa de la alta mortalidad precoz de este grupo.

DISCUSIÓN

El porcentaje de individuos que presenta fiebre durante su estancia


hospitalaria oscila entre el 20 y el 40%, dependiendo de la antigüedad
del estudio y de la frecuencia con la que se registra la temperatura [1-
3,11]. En nuestro trabajo, el 23% de la muestra presentaron fiebre
durante su estancia en el hospital, un porcentaje similar al de la mayoría
de los estudios revisados. Con respecto al origen de la fiebre, lo más
frecuente en nuestro caso fue la fiebre infecciosa, como en el resto de
los estudios publicados. En nuestro trabajo, el mayor número de fiebres
infecciosas fue de origen urinario, seguida de la infección respiratoria.
En otros estudios, la causa más frecuente fue infección respiratoria,
seguida de infección urinaria [9,11-13]. Estas diferencias podrían
atribuirse a que en nuestro hospital es frecuente el uso de la sonda
urinaria en el ictus agudo, a la llegada al hospital.

El porcentaje de fiebres sin infección documentada de nuestro trabajo


(33%) es mayor que el referido en otros estudios similares –en torno al
15-17%, según las series [9,12,13]–; solamente hemos encontrado un
estudio con un porcentaje similar al nuestro (42%) [11]. El protocolo
aplicado en nuestro estudio para determinar el origen de la fiebre es
similar al utilizado en las otras investigaciones. Sólo hay un trabajo más
completo ya que incluye análisis serológicos de virus, pero estos tests
no aportan más información [9]. Quizás nuestro mayor porcentaje de
fiebres no documentadas se deba a que nosotros incluimos las
hemorragias subaracnoideas o al tamaño reducido de nuestra muestra.

La mayor frecuencia de mujeres en el grupo de enfermos con fiebre ya


se había descrito en el trabajo de Georgilis et al [13], sin que sepamos
explicar la causa de ello. Hemos intentado valorar cuidadosamente la
presencia de fiebre en la semana previa al ictus, dado que en trabajos
recientes se destaca su importancia, tanto como factor desencadenante
del ictus [14,15] como factor causante de la fiebre al inicio del ictus [9].
Por ese motivo recogimos, entre los antecedentes, la presencia de una
infección en la semana previa al ictus y se constató la temperatura a la
llegada al hospital de todos los enfermos. Sólo uno de los dos enfermos
con antecedentes de infección presentó fiebre durante el ictus (fiebre
infecciosa), y de los dos enfermos que llegaron con fiebre al hospital,
uno de ellos tenía una infección urinaria.

La presencia de factores de riesgo recogidos que predisponen a infección


no parecen desempeñar un papel importante en la aparición de una
infección durante un ictus; este dato concuerda con los hallazgos en
otros trabajos [13] y probablemente se explica porque el factor que más
influye en la presencia de fiebre es la gravedad del ictus, lo que resta
importancia a los factores de riesgo de infección. No apareció fiebre en
ningún infarto lacunar; este dato ya se había descrito anteriormente
[12] y concordaría con la teoría según la cual los infartos que producen
fiebre con mayor frecuencia son los clínicamente más graves [1,2,6].
Nuestros datos confirman que las hemorragias presentan fiebre con más
frecuencia que los isquémicos.

En nuestra serie, el tipo de infarto isquémico más afectado por la fiebre


es el infarto embólico; esto apoyaría la teoría de que a mayor tamaño,
más posibilidad de fiebre –los infartos embólicos suelen ser de mayor
tamaño que los aterotrombóticos–. Los datos más innovadores de
nuestro trabajo son los referentes al análisis de las posibles diferencias
en la clínica, presentación y demás datos del ictus entre los enfermos
con fiebre infecciosa y aquellos con fiebre de origen no aclarado.
Solamente hemos encontrado un trabajo en la literatura de
características similares al nuestro [13], aunque nuestro estudio es más
concluyente.

Los enfermos con fiebre sin infección documentada tienen un comienzo


de la fiebre más precoz; este dato es similar al obtenido en el estudio al
que antes hacíamos referencia [13]. Ello se debe probablemente a que
la fiebre de origen infeccioso necesita un período de incubación más
largo. Un dato novedoso obtenido en nuestro estudio es que los
enfermos con fiebre sin origen infeccioso tienen mayor gravedad clínica
a su llegada.

También obtuvimos una mortalidad precoz mayor en los enfermos con


fiebre de origen no infeccioso. Por otra parte, las temperaturas fueron
más altas en los enfermos con fiebre no infecciosa. Estos dos últimos
datos difieren de los obtenidos en un trabajo realizado por Castillo et al
[11], donde presentaron mayor mortalidad y mayores temperaturas los
enfermos con fiebre de origen infeccioso. Pensamos que las diferencias
obtenidas entre nuestro trabajo y aquél se deben a que la finalidad del
otro trabajo era un estudio pronóstico; por ello, desestimaron de la
muestra aquellos pacientes con fiebre que presentaron mortalidad en los
tres primeros días, que fueron precisamente los que tuvieron fiebre más
alta. Es posible que en ese grupo de pacientes la mayoría de las fiebres
fueran de origen no infeccioso, correspondiendo precisamente con la
fiebre sin infección documentada.

El análisis de los datos no ha mostrado diferencias entre leucocitos,


VSG, plaquetas y fibrinógeno, ni antes ni después de la fiebre, ni según
el origen de la fiebre. Probablemente, el infarto cerebral en sí mismo
produzca una leucocitosis que haga imposible utilizar este parámetro
como índice de la presencia de una infección [6]. Lo mismo sería
aplicable a los otros reactantes de fase aguda. En un trabajo reciente
[16], la proteína C reactiva se ha utilizado para diferenciar la etiología
de la fiebre en pacientes neutropénicos, y se ha observado que cuando
la fiebre era de origen infeccioso se obtenían valores más altos.
Basándonos en este dato y la opinión de otros expertos [13], decidimos
incluir este parámetro en nuestro estudio. Los resultados no han sido
concluyentes, dado que no observamos diferencias significativas en la
PCR según el origen de la fiebre, ni en los valores previos o posteriores
a la fiebre. Sin embargo, debemos puntualizar que en muchos de
nuestros enfermos no fue posible obtener los valores de PCR tras la
fiebre, a causa de la mortalidad precoz –primeras 48 horas–, por lo que
nuestra muestra resulta quizás excesivamente reducida para ser
analizada desde el punto de vista estadístico.

Pensamos que, para ser estrictos en la valoración del papel de la PCR,


habría que realizar estudios más extensos sobre el tema, para
discriminar el origen de la fiebre en el ictus. No hemos obtenido
diferencias en cuanto a la localización, tamaño, presencia de edema o
efecto masa entre los diferentes tipos de fiebre. Este dato es similar al
obtenido previamente [13]. Este hecho iría en contra de la hipótesis que
sostiene que la afectación de la región hipotalámica produciría fiebre de
origen central con mayor frecuencia. Si esto fuera así, los infartos con
afectación profunda, mayor tamaño o efecto masa producirían fiebre de
origen no infeccioso, lo que no confirman nuestros resultados. En
conclusión, si consideramos que la mayoría de nuestras fiebres de
origen no infeccioso tienen un mecanismo ‘central’, es decir, son
producidas por la propia lesión isquémica, estaríamos en condiciones de
poder definir un patrón característico de la fiebre de origen
central en el ictus: sería la fiebre que aparece en
enfermos clínicamente graves, de manera precoz en las
primeras 48 horas, alcanzándose altas temperaturas
rápidamente, con más frecuencia una hipertermia
mantenida con ausencia de respuesta a antipiréticos, y
una alta mortalidad precoz con tendencia a fallecer con
fiebre alta. Sería necesario la realización de más
trabajos, quizás con muestras más amplias, para
confirmar estos resultados.