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EL CAPITALISMO A LA LUZ DEL MATERIALISMO DIALECTICO DE MARX.

El materialismo dialéctico es la filosofía de la ciencia que se rige, en el aspecto metodológico por la


dialéctica La dialéctica es el método de aproximación al conocimiento objetivo de la realidad, como totalidad:
la realidad física, biológica, social y cultural. La dialéctica intenta una explicación de las contradicciones y
conflictos en la sociedad formulando de esta manera una actitud analítico-sintética respecto al objeto.

En palabras de Marx:
“Mi método dialéctico no sólo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino
que es, en todo y por todo, su reverso. Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que
él convierte, incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo
de lo real, y esto la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es,
por el contrario, más que lo material traducido y transpuesto a la cabeza del
hombre.”(Karl Marx, El Capital)Así pues, Marx toma el método dialéctico de Hegel en
clave materialista, introduciendo lo que se conoce como materialismo histórico, es
decir, la interpretación materialista de la Historia según la cual ésta se desarrolla a
partir de las relaciones de producción, basadas éstas en la propiedad privada de los
medios de producción.
Nos dicen Marx y Engels en “La ideología alemana” que el hombre se distingue en cuanto
tal del resto de animales fundamentalmente en cuanto empieza a producir sus medios
de vida, produciendo, así, indirectamente, su propia vida material. Los individuos serán
de una forma u otra según las condiciones materiales de su producción. El materialismo
histórico parte de las condiciones reales materiales condicionadas en última instancia
por las relaciones productivo-económicas y, a partir de ahí extrae los reflejos
ideológicos. Resumiendo, el materialismo histórico explica la historia de la humanidad
paralelamente a la historia de la industria y el intercambio.
A este pilar que es el materialismo histórico, Marx le une el otro pilar de su doctrina, el
materialismo dialéctico (o la dialéctica hegeliana en clave materialista), mostrando que
toda la historia de la humanidad ha sido la historia de la lucha de clases, es decir, la
lucha de los oprimidos contra los opresores, de los esclavos contra los amos, de los
propietarios de los medios de producción contra los que no tienen más que su fuerza de
trabajo; en última instancia, del proletariado contra la burguesía. Ésta, que había
eliminado el feudalismo con la Revolución Francesa, pasó de ser una clase revolucionaria
a ser una clase conservadora y reaccionaria. Eliminado el yugo feudal se instauró el libre
comercio, es decir, el liberalismo económico; el libre mercado. Progresivamente, la
burguesía acaparó los medios de producción y se fue gestando el capitalismo, el cual
crece constantemente y cuyo resultado más devastador es la proletarización de las
masas y la concentración de los medios de producción en manos más reducidas.

El capitalismo se caracteriza fundamentalmente porque la clase dominante (la


burguesía) acapara los medios de producción y los utiliza para acrecentar
constantemente su capital (dinero acumulado) a costa de la explotación de los obreros
(el proletariado, clase desposeída). La característica más propia del capitalismo es,
pues, la propiedad privada de los medios de producción, y sus fuerzas productivas
propias son los obreros industriales y las máquinas. El modo de producción capitalista se
sustenta en el liberalismo, es decir, el libre mercado (o libertad económico-comercial),
y se fundamenta en el intercambio, comprando para vender (más caro) y aumentar el
capital privado. Pero, pese a que el mercado es libre, tiene dos leyes que se cumplen
connaturalmente: la ley de la oferta y la demanda (regulación de los precios según la
abundancia o escasez); y la ley del valor (relación directa del valor de un producto con
el tiempo de trabajo invertido en su producción). En el sistema capitalista, el producto
de trabajo es denominado mercancía, las cuales están destinadas a intercambiarse por
otras según su valor. Hay, pero, una mercancía especial, la cual funciona como método
de intercambio básico: el dinero. Otra mercancía especial es la fuerza de trabajo del
obrero, el cual debe venderla al capitalista trabajando para él y recibir un salario. Así,
el capitalista da dinero al obrero a cambio de su fuerza de trabajo, la cual éste
incorpora a la mercancía producida. Entonces, vemos que el obrero ha dado x cantidad
de la mercancía denominada fuerza de trabajo y ha recibido unas mercancías
equivalentes en forma de la mercancía denominada dinero (es decir, el salario). Pero el
capitalista, además de dar dinero equivalente a la fuerza de trabajo recibida, ha
incorporado esta fuerza de trabajo en los productos del trabajo, con lo cual éstos valen
más de lo que ha pagado por ellos. La diferencia que el capitalista se ha granjeado a su
favor es la plusvalía, es decir, la parte del valor producido por el obrero que el
capitalista se apropia sin pagarla, es decir, es el beneficio que el capitalista obtiene.
Hay, además, dos maneras de incrementar el beneficio, o sea, dos tipos de plusvalía: la
absoluta (aumento de la jornada laboral) y la relativa (disminución del tiempo de
trabajo necesario para la producción de las mercancías mediante el contrato de mano de
obra más barata o bien perfeccionando los medios de trabajo). El núcleo central de la
economía capitalista es, según Marx, la plusvalía, puesto que el capital son plusvalías
acumuladas, y estas son trabajo cristalizado pero no consumido. Surge así, pues, una de
las contradicciones básicas del capitalismo: mientras que la producción es social, la
apropiación del producto es privada. En base a esto, se establece otra contradicción:
entre las clases propietarias y las clases desposeídas; lo que el marxismo reduce a
burguesía y proletariado.El hombre, pues, es alienado de sí mismo y de su producción
bajo el régimen capitalista. El capitalismo, además, debido a la libre competencia, hace
que diversas empresas no consigan salir a flote y se arruinen (especialmente la pequeña
empresa), proletarizando progresivamente a las masas y concentrando en manos cada
vez más reducidas los medios de producción.

CRITICA. El marxismo fue, una revolución de la filosofía y en la filosofía, es decir,


contiene a la lógica dialéctica, pero no terminada (no podría estarlo); partiendo de la
contradictoria identidad sujeto-objeto, ser-pensar, teoría-práctica, etc., supone
también hacia su interior, la existencia de la contradicción entre lo objetivo y lo
subjetivo, entre el idealismo y el materialismo, cuyos contrarios disputan, cada vez, la
supremacía en el terreno del pensamiento, y –en gran medida a través de éste- de la
práctica social concreta de los hombres.

Esto habla de una función crítica y autocrítica del propio marxismo para consigo
mismo, aunque, indudablemente, esta última fue poco desarrollada. Hoy día, la
revitalización del espíritu autocrítico del marxismo está directamente emparentada con
lo que en nuestro medio algunos hemos dado en llamar: formación de un nuevo
pensamiento.

Las bases teórico-filosóficas de este nuevo pensamiento fueron trazadas apenas hace
150 años, precisamente por Marx y Engels. De la mixtura entre dialéctica y realidad,
partiendo de esta última, elaboran un nuevo pensamiento social, un nuevo modo de
abordar el conocimiento y la práctica social (que lo presupone y lo incluye).

Retomando precisamente ese espíritu dialéctico, retomando su necesaria vocación


crítica y autocrítica, es que hoy es posible hablar de la necesidad de superar el
esquema de que el marxismo agotaba en sí mismo toda la teoría de la transformación
social, a la vez que hacerse cargo de la necesidad y urgencia de actualizar el
pensamiento social de y para la transformación.

Es necesario hoy construir un pensamiento social que dé cuenta de las nuevas


realidades histórico-sociales, de los cambios al interior del capitalismo, y del desarrollo
de multiplicidad de actores sociales que reclaman su protagonismo, su participación en
las decisiones del rumbo a seguir, es decir, que reclaman articularse como sujetos
sociales plenos, para intervenir en el diseño y alcances del proyecto, y construir –
desde abajo- el poder necesario para concretarlo y desarrollarlo. Y esto habla de la
necesidad de actualizar, reeditar o re-fundar el pensamiento social, que lejos de dar la
espalda a los aportes de Marx, de Engels, y tantos otros, dé cuenta de ellos
proyectándolos hacia el mañana en el nuevo pensamiento histórico.