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El Cristo de la filosofía

XAVIER TILLIEITE*
Instirut Catholique
PARíS

Trataré de sintetizar, en esta lección, los principales resultados de


una investigación, todavía sin acabar, que estoy desarrollando desde
hace varios años, y que ha cuajado ya en libros, fascículos, artículos y
pláticas -desde luego sin apurar el tema-o Teniendo que hablar del
Cristo de los filósofos, no me conformaré con algunos botones de
muestra, que pudiera escoger entre la serie de monografías que está a
punto de salir en la editorial La Queriniana de Brescia'. Esos reflejos
darían la impresión de un kaleidoscopio. Pero detrás de las imágenes y
representaciones filosóficas de Cristo se plantea el problema del Cristo
de los filósofos, es decir, si hay tal entidad -y más allá- se asoma la
difícil cuestión de una eventual cristología filosófica, de una disciplina
teórica capaz de competir con la teología filosófica. Esta disciplina se
halla fuera de la crisrología dogmática y de la cristología histórica (exe-
gética), desde luego, pero muy cerca de la cristología especulativa de
teólogos como Schleiermacher o Günter, y especialmente de la cristo-
logía trascendental de Karl Rahner'.

* Tilliette, Xavier. Jesuita francés, profesor emérito del Instituto Católico de París,
profesor invitado de la Universidad Gregoriana de Roma. De formación filosófica
intensa, crítico sagaz del pensamiento moderno, defensor de la tradición católica en el
campo de la teología. Ha estudiado de un modo especial la teología de la Cruz, inter-
pretada como centro del cristianismo; desde esa perspectiva ha mantenido un amplio
diálogo intelectual con E. Stein, tendiendo de esa forma un puente entre la figura de
Cristo y el pensamiento europeo, especialmente idealista. Entre sus obras: Schelling.
Une Pbilosophie en devenir, 1-11 (Paris 1970); La Christologie idealiste (Paris 1986); Le
Christ des philosophes I-III (Curso forocop., Instituto Católico, Paris 1974/6); Le
Christ de la Philosophie, Cerf, Paris 1990 (trad. castellana, Santander 1994).
1. Filosofi davanti a Cristo, 1989.
2. Christologia (Münster, 1970-1971); Grundkurs des Glaubens. Herder,
Fribourg/Br., 1976, pp. 178-312; Schriften zur Theologie IV (1960) 137-155; V (1962)
183-221; XlI (1975) 370-383.
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Debemos adentrarnos en las premisas. El Cristo de los filósofos es Summus Philosophus de Espinosa. Conviene asimismo citar por enci-
una expresión inocente, inocua, si se trata solamente de indicar los ma de Erasmo y Pico de la Mirandola al cardenal Nicolás de Cusa, el
retratos filosóficos de Cristo. Sin embargo la fórmula o el sintagma cual se afanó por desentrañar todas las riquezas intelectuales incluidas
despierta a menudo recelos, sospechas, hasta el rechazo. Lo he obser- en el misterio de Cristo".
vado muchas veces, a través de objeciones, discusiones, resistencias, sin La gran tradición de la filosofía cristiana no desaparece con la haza-
conseguir en los más de los casos quitar los prejuicios. El paralelo del ña de Descartes y con la independencia de la filosofía. Sobrevive, por
Dios de los filósofos y del Cristo de los filósofos goza de un impacto ejemplo, en las obras de Malebranche y de Leibniz. Ellos otorgan a
tan fuerte que no puede menos que poner en tela de juicio la compa- Cristo un puesto de honor, al Verbo alumbrador (<<Razónuniversal de
tibilidad de Cristo y de la filosofía. Un Cristo filosófico habría escan- las alrnas»), al Sabio revelador, si bien Jesús de Nazaret queda algo
dalizado a Pascal más que el Dios de los filósofos y sabios. Recordando difuminado. Sin embargo la autonomía conquistada por la filosofía
la palabra de la Cruz, escándalo de los judíos, locura para los paganos, lleva a la preponderancia de la ilustración. En adelante las relaciones,
toda una tendencia viva, vehemente del pensamiento religioso rehusa por supuesto difíciles, de la filosofía y de la teología enmarcan la figu-
enérgicamente cada forma de alianza entre Cristo y la filosofía. Por ra de Jesucristo. El vínculo de la especulación y de la fe, que Él ataba
otra parte la hostilidad de la filosofía emancipada, cabal, a veces no es en la obra del cardenal de Cusa (De docta ignorantia), se ha deshecho
menos firme. Se muestra tan reacia a la contaminación como la fe o roto. La escisión lleva el sello de la Aufklarung, cuyo mayor expo-
pura. Por lo tanto la noción de cristología filosófica, más aún que la de nente, Lessing, ha acuñado la expresión de la «zanja espantosa»,
filosofía cristiana, necesita ser entablada con pies de plomo. Garstiger Graben, es decir entre verdades históricas (dogmáticas) y ver-
Con todo, el filósofo no puede prescindir de Cristo, huir el dades racionales -también un lema de nuestros tiempos-o No obs-
encuentro con Él. No sólo porque es un hombre y porque cada uno, tante el alejamiento, la filosofía no renuncia a su tarea de comprensión
tal vez secretamente, está confrontado a Jesucristo sino también por- total y se esfuerza por superar la fractura, por 10 menos asintótica-
que la filosofía, en cuanto quiere abarcar la totalidad, tropieza necesa- mente. El idealismo alemán es ese esfuerzo.
riamente con la cristología, a la encrucijada de la moral, de la antro- El ser doble de Cristo padece, pues, de la dicotomía mal resarcida
pología, de la historia, de la religión, especialmente del cristianismo. de la fe y de la razón. El Dios-Hombre del misterio de la fe cristológi-
Ahora bien, la filosofía, acendrada en el mundo de la cultura cristiana, ea está fuera del alcance. Pero la razón ilustrada acata al Lehrer, al
no puede cancelar la persona y el mensaje de Jesucristo. maestro sin par, al Modelo, cuya doctrina anticipaba y aceleraba las
De hecho la filosofía moderna, aunque laicizada, y a pesar de los conquistas progresivas de la razón, la cual ahora la completa y la lleva
recelos a los cuales aludía, manifiesta en su conjunto un vivo interés a cabo. Pronto se dibuja en Lessing la idea de un Christentum der
por Cristo. Casi se podría hablar de una seducción, de una atracción Vernunfty, por lo tanto, de un Cristo de la Razón -el Hijo eterno-o
de su figura, a menudo ocultadas por esos intermediarios que son los Lessing esboza una teoría especulativa de la Trinidad, un brote que
historiadores de la filosofía: esos quieren ser inás católicos que el Papa tendrá sus frutos en los sistemas de Hegel y de Schelling'.
y más laicos de la cuenta, entonces pasan por alto evidencias como el Pero, en la mentalidad de la Aufkliirung, la instancia crítica es
papel fundamental de Cristo en la Religión de Kant'. Pero los esque- dominante, el lazo se hace cada vez más flojo entre el Jesús de la
matismos cristológicos han sido, pues, para mí un motivo de asombro Historia y el Cristo de la Fe, aunque ése es objeto de una admiración
cuando empecé a recoger sus huellas en las grandes filosofías de la edad sin par (recuerden a Jean-Jacques Rousseau en la «Profesión de Fe del
moderna. Los pensadores religiosos como Pascal, Kierkegaard y
Chestov pueden erguirse ... la afinidad entre la filosofía y Cristo per-
siste. Había sido puesta en relieve, con innegable continuidad, por la
Philosophia Christi de Erasmo -la sabiduría de Cristo- hasta el 4. Sobre todo en el tercer libro de su De docta ignorantia.
5. Hegel en la exposición de la religión manifiesta (religión absoluta) de su
Filosofla de la Religión con los tres reinos del Padre, del Hijo y de! Espíritu, y con el
triple silogismo de la Enciclopedia; Schelling en la teogonía trinitaria esbozada en las
3. Hasta un pensador de los más creyentes como Víctor De!bos en su gran obra Edades del Mundo, luego en el desarrollo de la Trinidad esencial (modalisra) y de la
La philosophie pratique de Kant se conforma con una paráfrasis muy escueta. Trinidad económica de su Filosofía de la Revelación (parte especulativa).
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EL CRISTO DE LA FILOSO¡:/A )"\ ".

Vicario saboyano»)", Desde luego no es el problema exclusivo de la juventud". En Sócrates el filósofo proyecta su situación, su perplejidad,
filosofía, es ante todo la cuestión de la cristología teológica. Ahora en Cristo mira su ideal o, mejor dicho, el ideal absoluto de un tcsti-
bien, como apuntamos al principio, la filosofía pura repele la coinci- monio de perfección vivida y rematada; pues la filosofía es por de
dencia del Cristo histórico y del Cristo dogmático. Ernst Troeltsch pronto una vivencia, un negocio hondamente existencial.
escribe: Ahora bien, el modelo se convierte cada vez en imagen, en tipo, en
la mente del filósofo, el cual no puede menos que enfocado con su
El Absoluto en la Historia que se quiere tener de una manera abso- congenialidad, con su propia particularidad. No extraña, pues, que el
luta en un solo punto particular es un delirio que fracasa no sólo por filósofo que compite con Sócrates para encabezar a los filósofos y ser
culpa de su imposibilidad de ser realizado, sino también de su propia
su santo patrono de ellos, el eslabón de oro de la cadena inmortal de
contradicción interna con respecto a toda religiosidad histórica'.
los pensadores, quiero decir Benedicto Espinosa, haya definido a Jesús
Ahí, pues, yace el escándalo de la filosofía, el sacrificium intellectus, como al filósofo por excelencia, summus philosophus, según los apuntes
el salto mortale para Jaspers, la piedra de toque de la no-filosofía, de la de una conversación del joven Leibniz con el joven matemático y
sinrazón (Unuernunfi)". amigo alemán de Baruch Espinosa, Tschirnhausen". Por ese atajo de la
Pero, como dijimos, es el eco y el rebote del reto de la fe dirigido a posible fantasía del soñador Tschirnhausen, entra Cristo sin avisar en
la razón. la filosofía como paradigma. El Cristo del filósofo, sentido subjetivo,
Desde luego, tal actitud desecha toda posibilidad de cristologfa se dispone a ser el Cristo del filósofo -sentido objetivo-o Para enten-
filosófica. Pero, justamente, no puede mantener su extremismo, pues- der mejor este matiz importante, véanse por ejemplo la distinción
to que la filosofía busca más allá de la paradoja la comprensión y el entre la «Europa de los Franceses» como ellos la conciben, quizá diver-
porqué de la paradoja. El mismo Jaspers, quien se mece en la parado- samente, Europa de las Naciones, Europa unida, y la «Europa de los
Iogía, no duda en recuperar la lexis del Hombre-dios en cuanto es sím- Franceses», como la cultura europea del siglo XVIII o la Europa del
bolo o cifra de la trascendencia ligada a la existencia. La Cruz es una imperio de Napoleón, que España puso en peligro, o, si se quiere el
expresión palmaria de la cifra suprema, es decir del Scheitern, fracaso, Cristo de la filosofía. ¿Qué es del Cristo filósofo y sumo filósofo? Un
o mejor naufragio (como el barco que encalla; Jaspers emplea también escolión de la Ética, al final, invoca de manera sorprendente al Espíritu
la palabra stranden). de Cristo. La alusión se aclara por las explicaciones del Tratado teolá-
Cabe preguntarse de dónde arranca una atracción misteriosa a la gico-político. Ahí Cristo toma su estatura de filósofo insigne, y vemos
cual pocos pensadores escapan -valdría la pena insistir en el Cristo de por qué el Espíritu de Cristo se cierne sobre la frente del pensador de
los ateos y descreídos, de Heine y Nietzsche a Unamuno y a Amsterdam. ¿Cuál, es, pues, este Cristo cuya inspiración invade la
Machovec. Es verdad que el patronato reconocido de la filosofía toca Ética? Leemos en la carta 73:
a Sócrates. Pero él tampoco ha escrito, Sócrates ha sido condenado a
dico ad salutem non esse omnino necesse, Christum secumdum
muerte y el paralelo Sócrates-Jesús, ya iniciado por los padres de la carnem noscere, sed de aeterno illo Filio Dei, hoc est Dei aeterna
Iglesia, es un lugar común de la filosofía sin tutela, sobre todo a partir sapientia, quae sese in omnibus rebus, et maxime in Mente humana,
del siglo XVIII; el emblema socrático es típico de la orgullosa modes- et omnium maxime in Christo Jesu manifestavit longe aliter sentien-
tia de la filosofía. En la figura de Jesús el filósofo barrunta que hay allí dum.
más que Salomón y más que Sócrates. La célebre fórmula de Jean- (digo que no es nada menester para la salvación conocer a Cristo
Jacques Rousseau podría ser firmada por la gran mayoría de sus cole- según la carne, pero que hace falta pensar muy diversamente de aquel
gas. El Hegel maduro aventaja a Jesús, a quien había rebajado en su Hijo de Dios, es decir de la eterna Sabiduría de Dios, que se manifes-

6. Incluida en el EmiLe.
9. No cabe duda de que hay una sima entre la precoz Vida de jesús de Berna
7. «El carácter absoluto del cristianismo y la historia de la religión» (Mohr,
(1795) y las Leccionessobre FiLosofia de la Religión de los años de enseñanzaen Berlín.
Tübingen, 1929), p. 80.
8. Recordemosel título Vernunft und Unvernunft unserer Zeit. 10. Manuscritos de Leibniz (Ed, Bodemann), p. 103.
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tó en todas las cosas, y muchísimo en la mente humana, y más que en Ilustración, al principio de la extraordinaria plasticidad de la figura de
ningún otro en jesucristo)". Jesucristo, que lo disfraza en símbolo de! hombre y que estriba en la
Siguiendo los agudos análisis de Alejandro Matheron", e! Cristo «policristía» de los herejes según Adam Moehler. Pero el espejo filosó-
Jesús, en e! cual reside la Sabiduría divina, es filósofo, y hasta filósofo fico lleva más alcurnia y dignidad. No faltan señales furtivas de iden-
espinosista per anticipationem (puesto que la filosofía de Espinosa se tificación en e! viejo Schelling, por ejemplo, o en e! joven Fichte.
precia de ser lafilosofia vera)13,en cuanto e! «Credo mínimo», quinta- También el Fichte maduro, e!l su filosofía «juanica», alcanza posicio-
esencia del Sermón en la Montaña, se parece a un concentrado de la nes cercanas a las de Espinosa. Por una especie de anticipación genial
Ética. Por lo tanto no basta decir que es un profeta o un sabio ejem- Cristo ha entendido y proclamado lo que la Doctrina de la Ciencia,
plar, como Moisés o Salomón o Pablo, pues enseña un camino de sal- dieciocho siglos más tarde, demostrará «científicamente», a saber la
vacíón verdadero, una vía de verdad y de vida. Entonces es por lo identidad espiritual de Dios y de! Hombre, la consanguinidad huma-
menos filósofo. Pero hay más aun que Espinosa, él mismo lo daría a no-divina, la mística racional. Pichte, si bien Schelling se lo echa en
entender con e! epíteto de! summus philosophus. Por cierto la predica- cara, no tiene la sorna de otorgarse una superioridad: permanece, pues,
ción de Cristo tuvo que adaptarse, vulgarizarse, arroparse con imáge- asombroso para siempre e! hecho de que e! maestro del Evangelio, en
nes y parábolas: ha sido un filósofo esotérico (indirecto). Sin embargo esa época lejanísima, haya descubierto, él solo, sin ser ayudado por los
merece ser llamado e! philosophus supremo ¿cómo es posible? Porque debates filosóficos, la verdad última que desvela la naturaleza del hom-
ha tenido la evidencia intelectual de cosas que superan la capacidad de! bre. Por otra parte, sin e! precedente de la doctrina cristiana ¿habría
entendimiento de Espinosa mismo: es clarividente ya que ha tenido descubierto Pichte aquella verdad? Es muy improbable. Sin embargo,
por la razón y el conocimiento de! tercer género aquello de lo cual e! conocimiento religioso es superado por e! conocimiento filosófico
Espinosa tiene sólo una certidumbre moral, es decir, la posibilidad de especulativo, quinto y último grado de! saber. En fin de cuentas, la
la salvación de los ignorantes. Ha predicado una salvación, y una sal- filosofía tiene la clave y la explicación de la cristología (entendida
vación auténtica, por e! medio de la obediencia y de las buenas obras cormo enseñanza de Cristo)".
o de la caridad, no por la vía real de la inteligencia. Esto, Espinosa lo Así, pues, para varios filófosos y entre los mejores, Cristo es suyo,
puede y debe admitir, pero no logra entenderlo. Ahora bien, Cristo sin son hijos de su espíritu, su filosofía enseña una afinidad con Él: e!
duda conoce, palmariamente, las razones. Es comprehensor, poseedor Urbild moral o e! Hombre agradable a Dios de Kant, e! Genio re!igio-
de luces y evidencias que hacen de él el sumo filósofo, super-filósofo. so, de Pichre, e! Virtuoso melancólico de Schleierrnacher en los
Al menos queda a Espinosa el mérito de desentrañar racionalmente la Discursos sobre fa religión, la «Luz de las Gentes» de Schelling, e!
enseñanza exotérica de las Bienaventuranzas. Además, a la solidaridad Socialista de Pierre Leroux y de Proudhon, e! «rebelde por amor» de
espiritual se añade probablemente una semejanza moral. Espinosa, el Bloch, el universal Estigmatizado de Blondel, e! Supermístico de
«cordero» Espinosa, como dice Constantin Brunner", solitario, calla- Bergson, etc. Siempre con e! peligro de que sea el Cristo revenant
do, perseguido, echado de la Sinagoga, alternando con pequeñas espectro, del cual Baader hablaba criticando a Hegel. Sea lo que sea, la
comunidades de cristianos marginados, columbraba en Cristo rasgos intención filosófica es imantada por e! hecho de Cristo. Pero ¿se puede
del propio rostro, analogías con su destino personal. Lo mismo valdría pasar de los retratos esparcidos al original, de los reflejos prismáticos al
para Jean-Jacques Rousseau, con más reservas". Estamos, en la centro luminoso? Ahora bien, Enrique Gonhier, quien recalcó e! papel
de Cristo en las filosofías modernas, no quería sobrepasar una cristo-
logía empírica, sendas veces ligada a la idiosincrasia de! filósofo y a su
11. Carta dirigida a H. Oldenbourg (LXXIII). sistema. A lo mejor no basta para hacer una cristología filosófica. El
12. Le Christ et le salut des ignorants chez Spinoza. París, Aubier, 1971.
13. Carta LXXVI a Alberto Burgh.
14. "Das Larnm Benedikt Spinoza», Zukunft, 27 sept. 1913. Cfr. Unser Christus
oder das ~sen des Genies. Kiepenhuer & Witsch. Cologne-Berlin, nouveIle edition 16. Ese parecer de Fichte está desarrollado en las últimas lecciones de la Doctrina
1958, p. 149. de la Ciencia de 1804. Sobre la cristología fichtiana: X. Tilliette. Chrisrologie et
15. Por lo menos es lo que insinúa Burgelin, haciendo hincapié en la Lettre ti Doctrine de la Science, dans Erneurung da Transzendentalphilosophie (Prornman,
Monsieur de Franquiéres. Stuttgart, 1980), pp. 425-435.
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anhelo filosófico apunta a la unidad y a lo universal. Hace falta pasar idea de la Mediación (Schleiermacher) o de la consanguinidad
del Cristo en espíritu o del espíritu de Cristo, viviente en el espíritu del (Fichte), pero eso no excluye que no haya otros mediadores, otros
filósofo, a Cristo ideado o a la Idea de Cristo, esbozada, además, en el Wissenschaftslehrer, que en cierta manera superan al Primero -lo que
análogon del Cristo histórico. La idea de Cristo, Idea Christi, pues, es queda dicho con mucha cautela, pues la trascendencia del Hombre
el arranque, la energía y el contenido virtual de una cristología filosó- Jesucristo parece inalcanzable-o De este hombre y maestro todavía a
fica subrayando el adjetivo -idea de Cristo que roza la gnosis- y, nuestro alcance, ¿se puede-pasar al Hombre perfecto, a Dios hecho
como Hijo Eterno, engendra la frondosidad de la tradición teosófica y hombre? Es un paso al límite, una asíntota, cumplida por la comuni-
sofiológica, la Kabbalah cristiana, etcétera. dad de los creyentes (Hegel): y se pregunta si la filosofía puede ir más
En sus Lecciones sobre el Método de los estudios universitarios (1803), allá, transgredir la hipótesis. Luego se puede hacer intervenir la histo-
Schelling caracteriza muy bien esa cristología filosófica, lo hace tam- ria, en el sentido de la «plenitud de los tiempos», de la división del
bién per transennam en el Bruno y en la Filosofia del Arte. Cristo es el antiguo y del nuevo Mundo: la partición y el nuevo curso de las cosas
exponente de una Revelación eterna (la Encarnación de toda eterni- humanas arrancan de la aparición de Jesús, quien es así como el eje y
dad, Menschwerdung von Ewigkeit). Cristo enmarcado en la cristología el punto estable de la historia. Pero, de todas formas, hace falta acudir
filosófica es un objeto metafísico o, en el vocabalario de Schelling, una a la conciencia de la primera generación cristiana y a la garantía de la
«persona simbólica». Cristo es tarmbién sin duda un individuo histó- fe. Una filosofía cristiana de la historia apuntala solamente el testimo-
rico, pero como tal es «perfectamente comprensible», es decir una per- nio de los contemporáneos, la divinidad de Jesús estriba en la fe y en
sona empírica, un predicador esseniano. En cambio el Hijo es el Finito la tradición.
eterno, que se hizo un Dios doliente, padeció y se sometió a las con- Con todo, la fe supone la inteligencia y la Idea Christi queda como
diciones del tiempo. En su última aparición, su último avatar -y no el punto imprescindible de la especulación cristológica, también de esa
cabe duda de que se trata de Jesús- Cristo es el último de los dioses, enarbolada por los grandes sistemas. Schelling viejo, muy atento a la
de la estirpe de los dioses del rostro humano, la cumbre y el fin de la positividad histórica del cristianismo", no renuncia a la representación
mitología antigua y del paganismo. Simboliza, pues, a la vez el Mundo de la Idea: ésta transluce en la persona humana de Jesús, en su diafa-
(el Hijo del Timaios), el segundo Dios (el Demiurgo) o el Infinito bajo neidad, aun prescindiendo de su pasado algo fantástico de Dios míti-
la potencia de la finitud, la Naturaleza cuyo rostro doloroso «señala en co y oculto. La Encarnación considerada por Schelling no tiene todo
todas partes a un dios perdido» (la palabra de Pascal, reiterada por el impacto de una presencia humana. Cristo es el vehículo de una
Jacobi y por Hegel), yel Hombre adánico que el proceso vuelve a traer potencialidad de sacrificio y de muerte punitiva. En Hegella realidad
al origen. Sin embargo Schelling en los confines gnósticos se niega a histórica estricta corre el riesgo de difuminarse: en la Filosofía de la
separar el Cristo simbólico del Cristo histórico y pretende conciliados, Religión la evocación de Jesús, el Sermón del Monte, dan un poco la
algo escuetamente: ¿quién, dice, ha manifestado el Infinito mejor que impresión de trozos sueltos, mientras que una cristología grandiosa
éste?". proporciona el esquema dominante de la especulación.
Con todo, la facticidad de la Encarnación sigue siendo la dificul- La transición se efectúa llanamente, como ya hemos indicado, en
tad, la traba de la cristología filosófica. Su tentación es superada, desde las filosofías de Espinosa y de Fichte, En ambos casos el hombre ins-
luego sin valerse de la fe, pero tampoco cancelando a Jesucristo. La pirado, superior, el filósofo fuera del tamaño común, acatado por la
cristología teológica tiene el recurso de la confesión de fe, que afirma: muchedumbre, cede el paso a un Singular Universal, a un Logos, del
Jesús es el Cristo. La cristología filosófica dispone de varias soluciones. cual es un representante insigne, tal vez insuperable, pero no el único
Puede hacer de Jesucristo un personaje sin par, absolotamente desta- y exclusivo absolutamente. En cambio el Cristo de Hegel es el
cado, el filósofo supremo -que es ya colocado por encima de la his- Revelador mismo, objetivado; apura la Revelación. Sin embargo Hegel
toria-. Hasta puede considerado como el Único (Holderlin) por lo había empezado su carrera con el hombre Jesús, en su mediocre escri-
menos el Único como Iniciador, porque el primero ha concebido la

18. La filosofía «positiva", contrapuesta a la filosofía negativa o racional (de sello


17. Schellings Wrke (Colta) V 298. idealista), abarca toda la historia, mitología prehistórica y cristianismo.
EL CRISTO DE LAFILOSOFíA (¡ I
260 SALVADORDEL MUNDO
Pese a la variedad de sus expresiones, la idea de Cristo o la cristo-
to juvenil La Vida de jesús y en los demás fragmentos teológicos, donde
logía filosófica, asimismo la figura de Jesús, no es una concepción arbi-
retrata a Jesús como imagen del «alma hermosa», schiine Seele. La Leben
traria o fantástica. Tiene sus topoi, sus lugares, como el Prólogo de San
jesu es en conjunto una paráfrasis kantiana y moralizante del
Juan y el Himno de los Filipenses, sus fórmulas de predilección como
Evangelio. Los textos más tardíos del Espíritu del Cristianismo y su
el «Primogénito de toda creación», el «Hijo del Hombre», el «Verbum
Destina? ostentan otros aspectos relacionados con el acontecimiento
caro» y el exinanivit semetipsum, etc. Sus temas, la Imagen, la Sophia,
pascual y la memoria espiritual de la comunidad. Los conceptos de
el Devenir, el Proceso, el Reino, el Viernes Santo especulativo ... por fin
Vida, de Luz, de Amor expresan la experiencia inefable de unión y de
tiene sus peligros, que se resumen en el «robo de las cosas santas»,
comunión, la vivencia de Cristo y de sus discípulos, y de Cristo en sus
como recuerda de Lubac, o en el hecho de que la razón, para decirlo
discípulos, la formación de la nueva comunidad cristiana, frente a la
con Von Balthasar, «olfatea en todas partes una presas".
dura ley ya la rigidez del pueblo judío.
Volvemos a la dificultad central que la agilidad de la fe salta de un
El prólogo de San Juan es un bosquejo, aunque bastante grosero y
brinco: el ajuste del ideal a los hechos y documentos, la conformidad
pesante, de la novedad cristiana. Entonces, sin embargo, la diviniza-
de la realidad a la idea. Existe una tentativa original, en forma de fic-
ción del Crucificado no agrada a Hegel, hasta despierta un movi-
ción, para resolver el hiato. Es el hermoso libro de George Santayana,
miento de repulsión. Por lo tanto el camino recorrido de los Escritos
The idea of Christ in the Gospels, or of God in mano La idea de Cristo
teológicos de la juventud a la Fenomenología del Espíritu ya la Filosofia
en los Evangelios, o Dios en el hombre. Estriba en una ambigüedad
de la Religión es considerable. Pues en la madurez de Hegel el misterio
voluntaria: entender al Cristo a través de los relatos evangélicos. Ahora
de la Cruz y de la Redención señala el centro y el foco del sistema; la
bien, Santayana analiza a Cristo como un mito maravilloso, una crea-
palabra austera «Dios ha muerto» está clavada en la conciencia desgra-
ción del genio apostólico. Sin embargo se trata de una pura y sencilla
ciada o infeliz, muelle del proceso de enajenación y reintegración. De
ficción. No niega la existencia de Jesús y hasta admite una fusión, un
suerte que el sistema se despliega como una inmensa «estaurologia»,
amalgama de la personalidad histórica y de la idea. Pero lo más impor-
cuya inversión dialéctica es lo extremo de la finitud: la muerte. Pero la
tante es la representación, su intensidad, su belleza. Santayana escribe
transposición especulativa, la significación simbólica universal, borra
estas líneas memorables:
la facticidad del hecho evangélico.
Asimismo la cristología schellingiana, desarrollada en la filosofía El valor espiritual de la Idea de Cristo no depende de su realidad
llamada positiva, inclina, como hemos dicho, a la objetivación, es ya efectuada, sino de la profundidad en donde cala la vocación última
decir, no arranca desde la subjetividad de Jesús. Cristo es el objeto yel de cada ser humano. Lucifer podría admitir la existencia de un Cristo
contenido de la filosofía de la Revelación. Ésta es verdaderamente una divino, pero desdeñar de imitarlo, mientras que un filósofo desenga-
ñado podría aspirar a imitarlo sin creer en su existencia",
Revelación histórica, pero sus preparativos abarcan todo lo anterior, de
manera que Cristo, o la Idea de Cristo, es coextensiva a la Historia El ensayo, por supuesto conmovedor, de George Santayana hace
entera. Es, pues, persona simbólica, como en el escrito de 1803. Sin alarde de los prestigios de la cristología filosófica. Una intuición
embargo Schelling procura reforzar la aparición concreta, localizada. incomparable brota sobre las huellas confusas, medio borradas, del
Comentando el himno de los Filipenses (Phil. 2 6. 11), elabora una Jesús histórico: el hijo de Dios, el Verbo Eterno, presente en cada hom-
teoría original de la Encarnación como kenosis, vacuidad, anonada- bre. En definitiva, el lugar de realización de ese significante prodigio-
miento. El hacerse hombre es un acto kenótico, pues significa la so es la inteligencia humana, esto se debe conceder a Kant (el arqueti-
renuncia a la morphé, forma de Dios, que no es la pérdida de una divi- po sellado en la razón) y a Merleau-Ponty (<<sansDieu en idée, le
nidad todavía sin destacar de la divinidad esencial pretrinitaria, sino Christ n'est qu'un hornme»)", y por añadidura es la inteligencia del
más bien la exinanición con respecto a la gloria del Olimpo rnitoló-
gICO.

20. VON BALTHASAR,H. U.: Concilium, junio 1965, p. 39.


21. SANTAYANA,Jorge: The idea 01 Christ in the Gospels, or 01 God in mano
Scribner's Sons. New York. 1946.
19. Es un fajo de fragmentos fechados del fin del siglo, el título proviene del edi-
22. MERLEAU-PONTY. Maurice: Signes, p. 307.
tor (Herman Nohl), pp. 241-342.
262 SALVADOR DEL MUNDO EL CRISTO DE LA FlLOSO¡:!" ei:\

filósofo, la cual de este modo confiesa una vez más su secreta homo- consideraciones racionales y las fórmulas de la re, prcsci lid" ¡tI (lVi,¡
geneidad con la idea de Cristo. Pero el problema queda planteado de nalmente de la adhesión. Es en el cauce de las «exigencias /i 10,\(') Ij\ ." ••
encerrarse en el paradigma intelectual, o de proceder al intellectus fidei, que se asoman el Mediador, el Pontífice, el Integrador, el 'Icsiigo. 1.1
subrayando cristología filosófica o cristología filosófica, esto último pre- Verdad ... La problemática sale al paso de Cristo, porque desen trafin los
supone una filosofía cristiana. Desde luego la intención no basta, y me interrogantes a los cuales sólo Cristo puede contestar. Desde luego, tal
parece que una hermenéutica de proyecto decidamente cristiano, obra supone de antemamo a ~n filósolo creyente. Lo mismo se podría
como la de Paul Ricoeur, una fenomenología de los símbolos e imáge- decir del pancristismo de Teilhard de Chardin.
nes, no está del todo exenta del peligro de disolver el significado en los ¿En qué medida la cristología de los filósofos, y concretamente la
significados. de Blondel, se diferencia de la «cristología trascendental»? Karl Rahner
Contra la tendencia casi inevitable de la cristología filosófica, el conocía, por supuesto, la obra de Blondel. Su cristología trascendental
realismo ontológico de Maurice Blondel aparece mucho mejor prote- presupone abiertamente la realidad histórica de la Revelación de
gido. Lo que él llamaba su «pancristismo», una hipótesis de gran Jesucristo, pero el trascendental de la Idea Christi, el cual es también
envergadura, constituye el fundamento de una cristología filosófica. un existencial, es un «a priori»: precomprensión de la existencia en
Esta cristología abarca todos los «estados» de Cristo, preexistente, vista de la confesión de fe, potencia obediencial en vista de Cristo", El
encarnado, humillado, crucificado, resucitado, glorioso, eucarístico, parámetro de la Idea Christi desempeña un doble papel: objetivamen-
místico, Cristo de los pobres, Cristo de la devoción, Criador y criatu- te, sirve para la preordinación de la existencia a la invocación del
ra, Hijo de Dios, Hijo del Hombre, Primogénito de toda creación ... Hombre perfecto, subjetivamente, para la correlación de la Idea y de
En Él «todo tiene su consistencia», Blondel parte de la noción leibni- la existencia en la Persona, o en la Conciencia, de Cristo, por consi-
ziana del «Vínculo sustancial». Cristo es el Vínculo ontológico de los guiente la base de una cristología ascendente, de abajo arriba. Sin
cuerpos, de las almas, de los espíritus, el Mediador universal. Blondel embargo, bajo este segundo aspecto, a la aclaración de la existencia
establece, o más bien sobreentiende, una dialéctica compleja en la cual conforme a la idea falta la decisión teológica, y bajo el primer aspecto,
todas las cosas están referidas a, relacionadas con, penetradas por la Idea por sí misma no alcanza nunca el hecho de Jesús de Nazareth.
Cristo. A eso empuja todo su esfuerzo, que la Acción y el Verbo al Las aporías del teólogo especulativo, si bien se suman a los desa-
principio son una sola cosa, coinciden. Metódicamente es el procedi- ciertos del filósofo, dan al menos la prueba del interés de la razón reo-
miento de Nicolás de Cusa o de Ramón Lulio, pero con otras prerni- lógica en la búsqueda de una cristología filosófica, cuyos jalones acom-
sas filosóficas, pues se trata menos de especulación que de dialéctica pañan la vía de la historia de la filosofía. Pues desde la manifestación
existencial y práctica, que desarrolla apologéticamente las condiciones del Logos en Jesucristo, una alianza misteriosa y tenaz ha sido firmada
e implicaciones de la acción humana. La Encarnación -y luego la entre la filosofía y la cristología.
Eucaristía- interpretada con un máximo de realismo sobrenatural,
lleva a cabo y hace aflorar una verdad ontológica: así la estabilidad
objetiva del mundo preceptivo se afianza en la visión que los ojos de
Cristo tenían de las cosas. Sólo Teilhard de Chardin irá quizá más allá
aún de tal realismo, cuando devuelve a Cristo el papel del atlante del
Cosmos.
Blondel intenta sacar todas las consecuencias del pancristianismo
de la tradición patrística, ahogado por el juridismo dogmático.
Deseaba la convocación de un Concilio, para definir el Primogenitus
omnis creaturae... ¿Se trata todavía de filosofía? Blondel recalcaba el
carácter auténticarnente filosófico de su actitud". Aunque mezcla las
da entre Henry Duméry y Henry Bouillard. Para sus adentros no cabe duda de que
23. Sobre todo en sus cartas dirigidas a filósofos. Después recalcó e! carácter filo- Blonde! seguía pensando: "la apologética y la filosofía son para mí una sola cosa».
sófico de su intención fundamental. Sobre su tumba se encendió una disputa encona- 24. Grundkurs des Glaubens. Freiburg, Herder, 1976, pp. 216, 296.